Interpretaciones subliminales detrás de las obras argentinas
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Interpretaciones subliminales detrás de las obras argentinas Interpretaciones subliminales detrás de las obras argentinas Presentation Transcript

  • Interpretaciones subliminales detrás de las obras Argentinas Por Jorge Andrés Petersen.
  • Índice: Prólogo - - - - - - - - - - - - - - - - 3 Explicación de los textos - - - - 4 El matadero - - - - - - - - - - - - - 8 Manuelita - - - - - - - - - - - - - - 20 Casa tomada - - - - - - - - - - - - 21 Juan Lopez y Jhon Ward - - - - 24 La nona - - - - - - - - - - - - - - - 25
  • A modo de Prólogo.Alegoría:Del griego allegorein «hablar figuradamente», es una figura literaria o temaartístico que pretende representar una idea valiéndose de formashumanas, animales o de objetos cotidianos. La alegoría pretende dar unaimagen a lo que no tiene imagen para que pueda ser mejor entendido por lageneralidad. Dibujar lo abstracto, hacer «visible» lo que solo esconceptual, obedece a una intención didáctica. Así, una mujer ciega conuna balanza, es alegoría de la justicia, y un esqueleto provisto de guadaña esalegoría de la muerte. El creador de alegorías suele esforzarse en explicarlaspara que todos puedan comprenderlas. Por su carácter evocador, se empleóprofusamente como recurso en temas religiosos y profanos. Fue usada desde laantigüedad, en la época del Egipto faraónico, la AntiguaGrecia, Roma, la Edad Media o el Barroco.
  • También se denomina alegoría a un procedimiento retórico de más amplioalcance, en tanto que por él se crea un sistema extenso y subdividido deimágenes metafóricas que representa un pensamiento más complejo o unaexperiencia humana real, y en ese sentido puede constituir obras enteras, comoel Roman de la Rose de Jean de Meung; la alegoría se transforma entonces enun instrumento cognoscitivo y se asocia al razonamiento por analogías oanalógico.Por ejemplo, Omar Khayyam afirma que la vida humana es como una partidade ajedrez, en la cual las casillas negras representan las noches y las blancaslos días; en ella, el jugador es una pieza más en el tablero. Jorge Manrique, porotra parte, afirma, tomándolo del Eclesiastés, que nuestras vidas son ríos ycomo ellos sólo parecen diferentes en su curso y caudal, pero no en su final, quees el mar/la muerte: el final ha sido ya escrito, pero no el transcurso de la vida.A continuación veremos la interpretación de 5 obras alegóricas argentinas como“El matadero” de Echeverría, o “La nona” de Roberto Cossa, entre otras.
  • El Matadero es un texto literario romántico del autorargentino Esteban Echeverría, quien lo escribió entre 1838 y1840. Es considerado el primer cuento realista del Río de laPlata, además de ser una de las obras más célebres de estetrascendente escritor. Fue publicado en 1871 en la Revista delRío de la Plata. Más tarde, Juan María Gutiérrez lo incorpora asu edición de las Obras completas de Echeverría (1870-1874).El cuento actualmente se lo considera unos de los pilares de laliteratura hispanoamericana, por la forma en que se plantea elambiente del matadero como una metáfora de la época delgobernador Juan Manuel de Rosas, período donde los queejercían el poder solían asesinar a los que no comulgaban consus políticas.
  • Los hechos relatados tienen lugar años después la Revolución deMayo, durante el período en que Juan Manuel de Rosas gobernóla provincia de Buenos Aires. Más concretamente, el marcotemporal se ubica en algún momento de la década de1830, luego de la muerte de la esposa deRosas, doña Encarnación Ezcurra, y durante la época dela cuaresma católica. La acción se desarrolla en un mataderovacuno localizado en un sector marginal de la ciudad de BuenosAires, la cual en aquél tiempo integraba con la provincia delmismo nombre una misma jurisdicción política y administrativa.
  • El relato, hace una descripción de la sociedad y la situaciónpolítica de la época, comienza dando cuenta de un gran diluvio,después del cual el pueblo estuvo 15 días sin carne de res yafectó la economía del país. Se produjo una crisis en laprovisión de alimentos, dado que por la imposibilidad demovilizar la hacienda hasta el matadero durante ese período,hubo falta de carne. Esta carencia, que por otra parte venía acoincidir fortuitamente con los mandatos cuaresmales dela iglesia, en lo referido a la abstinencia de carne en la zona.
  • Sucede que las vísceras, llamadas "achuras" y lógicamentemucho menos apreciadas que la carne, eran usualmentedesechadas. Estas personas, en su afán de conseguircomida, acostumbraban a asistir a las matanzas de reses y seapropiaban de ellas, habitualmente protagonizando fuertesdisputas. Como es de suponer, en este caso en que laescasez de alimentos estaba haciendo estragos la expectativaera aún mayor que la habitual.
  • El último de los animales que queda vivo de aquella tropa resultaser un toro, que ofrece feroz resistencia a los faenadores queintentan reducirlo. Luego de una violenta contienda la bestia seescapa. Echeverría cuenta que por esta refriega se produceindirectamente la muerte de un niño, decapitado por el chicotazo deun lazo al romperse. No obstante, esta tragedia es rápidamenteolvidada por los asistentes, obsesionados de que se muera al animal.El brioso ejemplar es perseguido por varios jinetes, que al final deuna tenaz y accidentada persecución logran atraparlo y matarlo.Luego del episodio del toro tiene lugar la parte culminante delrelato. Acierta a pasar cabalgando por el lugar un joven, al que lamuchedumbre identifica rápidamente como unitario, por nollevar luto -por la muerte de la esposa de Rosas- ni la divisapunzó y por su apariencia en general. El mozo es atrapado y llevadoa la casilla del «Juez del Matadero» (especie de comandante dellugar), donde es interrogado y torturado por varios de lospersonajes de esta historia, todos ellos simpatizantes del partidofederal.
  • El joven unitario (personificación de Echeverría en el relato deficción) se resiste en todo momento durante este injustificadocalvario, manteniendo una actitud digna y desafiante ante lascrueldades de los federales. Finalmente, en un momento en el quepensaban continuar torturándolo, el joven literalmente estalla derabia, muriendo heroicamente sin haber sido desmoralizado por latortura, y luego de haber expresado abiertamente sus pensamientosacerca del régimen gobernante.
  • El Matadero es una obra que refleja la Argentina del primer tercio delSiglo XIX, cuando se vivía la lucha entre unitarios y federales.Primer cuento de la literatura argentina.Leído desde la perspectiva del Romanticismo, “El matadero” es unrelato de denuncia política y social que muestra hasta qué punto, enesa época, la superación del enfrentamiento entre unitarios yfederales era impensable. Los jóvenes del matadero, entrenados en elcuchillo y en la pelea, difícilmente podrían ser la cabeza pensante deuna nación.Esta representación del conflicto político propio de la época enfrentados mundos: el del joven unitario y el de la Mazorca, el de lacivilización y el de la barbarie, el de la ciudad y el del campo, el delespíritu y el del materialismo. Esta brutal oposición sólo pudoproducir violencia y muerte.
  • MANUELITA de María Elena Walsh (1 de febrero de 1930 – 10 deenero de 2011) fueuna poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga compositora argentina, queha sido considerada como «mito viviente, prócer cultural (y) blasón de casi todaslas infancias. Desde muy temprana edad escribió de una forma que revolucionariala literatura argentina, compenetrada con su propia historia, la canciónManuelita, fue escrita haciendo alusión al exilio a Paris, con su compañera LedaValladares, a causa de discrepar con el peronismo y su sistema de gobierno, era unamujer sin prejuicios y en las letras de sus obras expresaba sus sentimientos sinreparos, tal es el caso de lo que opino sobre Dalí al conocerlo ( crónicapublicada en la revista El Hogar –1949– que dice así: "Salvador Dalí es, en primerlugar, una gran descortesía telefónica, una descortesía cortante ymonosilábica, como de burócrata de filme. Su prisa es nada más que una prisa decoleccionista de relojes doblados, que no quiere desdoblar para que no se le vuele elmenor ápice de tiempo", o de Juan Ramón Jiménez (Con generosa intención, conprotectora conciencia, Juan Ramón me destruía, y no tenía derecho a equivocarseporque él era Juan Ramón, y yo, nadie. ¿En nombre de qué hay que perdonarlo? Ennombre de lo que él es y significa, más allá del fracaso de una relación".
  • CASA TOMADA: de Julio Cortazar, cuya auténtica subliminalidad es esta: Elperonismo acababa de arribar a Argentina, con toda su carga ideológica. “Tomaronla parte de atrás”, insinúa que lo autoritario, lo profano irrumpe frecuentemente porel fondo. Cortázar lo deslizó solapadamente cuando confesó “llegado el peronismoinstalaron un altoparlante frente a mi casa que durante las 24 horas propalaba lamarcha peronista. No pude más leertranquilo y me fui a Francia”. Nunca más volvió.Admite tantas interpretaciones como lectores y como veces se lo haya leído, todasválidas En 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial y, por ello, se suspendióprácticamente toda comunicación y comercio con Europa. A eso se refiere elpersonaje con que no llegaba nada valioso desde el ’39. Además era la época de la“década infame”, en la que cuatro gobiernos de derecha, bastante cuestionables,ocuparon la presidencia de la Argentina.Este cuento está muy bien camuflado con los miedos y ruidos de la casa tomada.Pienso que es un cuento que dá cuenta de toda la angustia, tristeza y atropellos quevivieron los argentinos en la época del peronismo militarizado.
  • Juan López y Jhon Ward: de Jorge Luis Borges, durante toda suvida él trataría de rescatar, destacar y fomentar la individualidad porsobre los movimientos de masas. En particular en aquellosmovimientos que, amparados en la figura de un líder carismático, semultiplicaban en las décadas de los treinta y cuarenta en la Argentinay el mundo. Borges, lejos de estar fuera de los acontecimientos de suépoca, interpretaba y criticaba muchos de ellos en el mismomomento en que sucedían. Durante la guerra de Malvinas, (Borges)nos recordó que la obligación del escritor es decir la verdad más alláde la popularidad. Es lo que hizo con su comentario, brillante ysagaz, de que la guerra no era más que "dos pelados peleándose porun peine".Aparte de ese comentario, Borges logró sintetizar lo absurdo de losnacionalismos y de las guerras en su poema Juan López y JohnWard, en este poema vemos claramente como la guerra de lasMalvinas fue totalmente inútil y sin sentido para nuestra nación.
  • La nona: de Roberto Cossa, la nona es una obrade teatro del dramaturgo argentino Roberto Cossa. Se trata de una de las obras másimportantes del teatro argentino. Esta fue llevada al cine en una película argentinahomónima de 1979 dirigida por Héctor Olivera, la cual fue escrita por Cossa yOlivera y protagonizada por Pepe Soriano en el papel de "La nona".En una familia argentina, de origen italiano, hay una abuela (la nona) de avanzadaedad. La nona come sin parar, en tanto que la familia se va a la ruina y buscan losmás diversos caminos para ganar dinero (prostitución, mendicidad, engaños, etc.).En un momento la familia comienza a intentar asesinar a la nona, pero son losmiembros de la familia los que van resultando muertos en esos intentos, hastaque, en el final, sólo queda la nona.Con este simple resumen podemos decir que esta obra hace alusión al regimenmilitar de 1976-1983, donde hubo 30 mil desaparecidos, la mayoría estudiantes oenemigos políticos, miles de exiliados, y otros tantos muertos. A lo alrgo de estaobra vemos como la dictadura va consumiendo a la población argentina yfragmentándola, haciéndola vivir con miedo hasta que esta se cansa, pero aún asi sinpoder deshacerse de ella, que los oprimía, llevando a cabo métodos extremistas.
  • EL MATADEROA pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noéy la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo losantiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestrosprototipos. Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo, lasque callo por no ser difuso. Diré solamente que los sucesos de minarración, pasaban por los años de Cristo del 183... Estábamos, amás, en cuaresma, época en que escasea la carne en BuenosAires, porque la Iglesia, adoptando el precepto deEpicteto, sustine, abstine (sufre, abstente), ordena vigilia yabstinencia a los estómagos de los fieles, a causa de que la carne especaminosa, y, como dice el proverbio, busca a la carne. Y como laIglesia tiene ab initio y por delegación directa de Dios, el imperioinmaterial sobre las conciencias y estómagos, que en manera algunapertenecen al individuo, nada más justo y racional que vede lo malo.
  • Los abastecedores, por otra parte, buenos federales, y por lo mismo buenoscatólicos, sabiendo que el pueblo de Buenos Aires atesora una docilidad singularpara someterse a toda especie de mandamiento, sólo traen en días cuaresmales almatadero, los novillos necesarios para el sustento de los niños y de los enfermosdispensados de la abstinencia por la Bula y no con el ánimo de que se hartenalgunos herejotes, que no faltan, dispuestos siempre a violar las mandamientoscarnificinos de la Iglesia, y a contaminar la sociedad con el mal ejemplo.Sucedió, pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron;los pantanos se pusieron a nado y las calles de entrada y salida a la ciudadrebosaban en acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por elRiachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el piede las barrancas del Alto. El Plata creciendo embravecido empujó esas aguas quevenían buscando su cauce y las hizo correr hinchadas por sobre campos,terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas lasbajas tierras. La ciudad circunvalada del Norte al Este por una cintura de agua ybarro, y al Sud
  • por un piélago blanquecino en cuya superficie flotaban a la venturaalgunos barquichuelos y negreaban las chimeneas y las copas de losárboles, echaba desde sus torres y barrancas atónitas miradas alhorizonte como implorando la misericordia del Altísimo. Parecía elamago de un nuevo diluvio. Los beatos y beatas gimoteabanhaciendo novenarios y continuas plegarias. Los predicadoresatronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos. Es el díadel juicio, decían, el fin del mundo está por venir. La cólera divinarebosando se derrama en inundación. ¡Ay de vosotros, pecadores!¡Ay de vosotros unitarios impíos que os mofáis de la Iglesia, de lossantos, y no escucháis con veneración la palabra de los ungidos delSeñor! ¡Ah de vosotros si no imploráis misericordia al pie de losaltares! Llegará la hora tremenda del vano crujir de dientes y de lasfrenéticas imprecaciones. Vuestra impiedad, vuestras herejías,vuestras blasfemias, vuestros crímenes horrendos, han traído sobrenuestra tierra las plagas del Señor. La justicia del Dios de laFederación os declarará malditos.
  • Las pobres mujeres salían sin aliento, anonadadas deltemplo, echando, como era natural, la culpa de aquella calamidad a losunitarios.Continuaba, sin embargo, lloviendo a cántaros, y la inundación crecíaacreditando el pronóstico de los predicadores. Las campanascomenzaron a tocar rogativas por orden del muy católicoRestaurador, quien parece no las tenía todas consigo. Loslibertinos, los incrédulos, es decir, los unitarios, empezaron aamedrentarse al ver tanta cara compungida, oír tanta batahola deimprecaciones. Se hablaba ya, como de cosa resuelta, de unaprocesión en que debía ir toda la población descalza y a cráneodescubierto, acompañando al Altísimo, llevado bajo palio por elobispo, hasta la barranca de Balcarce, donde millares de vocesconjurando al demonio unitario de la inundación, debían implorar lamisericordia divina.Feliz, o mejor, desgraciadamente, pues la cosa habría sido deverse, no tuvo efecto la ceremonia, porque bajando el Plata, lainundación se fue poco a poco escurriendo en su inmenso lecho sin
  • Lo que hace principalmente a mi historia es que por causa de lainundación estuvo quince días el matadero de la Convalecencia sinver una sola cabeza vacuna, y que en uno o dos, todos los bueyes dequinteros y aguateros se consumieron en el abasto de la ciudad. Lospobres niños y enfermos se alimentaban con huevos y gallinas, y losgringos y herejotes bramaban por el beefsteak y el asado. Laabstinencia de carne era general en el pueblo, que nunca se hizo másdigno de la bendición de la Iglesia, y así fue que llovieron sobre élmillones y millones de indulgencias plenarias. Las gallinas sepusieron a seis pesos y los huevos a cuatro reales y el pescadocarísimo. No hubo en aquellos días cuaresmales promiscuaciones niexcesos de gula; pero en cambio se fueron derecho al cieloinnumerables ánimas, y acontecieron cosas que parecen soñadas.
  • No quedó en el matadero ni un solo ratón vivo de muchos millaresque allí tenían albergue. Todos murieron o de hambre o ahogados ensus cuevas por la incesante lluvia. Multitud de negras rebusconasde achuras, como los caranchos de presa, se desbandaron por laciudad como otras tantas arpías prontas a devorar cuanto hallarancomible. Las gaviotas y los perros, inseparables rivales suyos en elmatadero, emigraron en busca de alimento animal. Porción de viejosachacosos cayeron en consunción por falta de nutritivo caldo; pero lomás notable que sucedió fue el fallecimiento casi repentino de unoscuantos gringos herejes que cometieron el desacato de darse unhartazgo de chorizos de Extremadura, jamón y bacalao y se fueron alotro mundo a pagar el pecado cometido por tan abominablepromiscuación.
  • Algunos médicos opinaron que si la carencia de carnecontinuaba, medio pueblo caería en síncope por estar los estómagosacostumbrados a su corroborante jugo; y era de notar el contrasteentre estos tristes pronósticos de la ciencia y los anatemas lanzadosdesde el púlpito por los reverendos padres contra toda clase denutrición animal y de promiscuación en aquellos días destinados porla Iglesia al ayuno y 1a penitencia. Se originó de aquí una especie deguerra intestina entre los estómagos y las conciencias, atizada por elinexorable apetito y las no menos inexorables vociferaciones de losministros de la Iglesia, quienes, como es su deber, no transigen convicio alguno que tienda a relajar las costumbres católicas: a lo que seagregaba el estado de flatulencia intestinal de loshabitantes, producido por el pescado y los porotos y otros alimentosalgo indigestos.
  • Esta guerra se manifestaba por sollozos y gritos descompasados en laperoración de los sermones y por rumores y estruendos subitáneos enlas casas y calles de la ciudad o dondequiera concurrían gentes.Alarmóse un tanto el gobierno, tan paternal como previsor, delRestaurador, creyendo aquellos tumultos de origen revolucionario yatribuyéndolos a los mismos salvajes unitarios, cuyas impiedades,según los predicadores federales, habían traído sobre el país lainundación de la cólera divina; tomó activas providencias,desparramó sus esbirros por la población, y por último, bieninformado, promulgó un decreto tranquilizador de las conciencias yde los estómagos, encabezado por un considerando muy sabio ypiadoso para que a todo trance y arremetiendo por agua y todo, setrajese ganado a los corrales.
  • En efecto, el decimosexto día de la carestía, víspera del día deDolores, entró a nado por el paso de Burgos al matadero del Altouna tropa de cincuenta novillos gordos; cosa poca por cierto parauna población acostumbrada a consumir diariamente de 250 a300, y cuya tercera parte al menos gozaría del fuero eclesiástico dealimentarse con carne. ¡Cosa extraña que haya estómagosprivilegiados y estómagos sujetos a leyes inviolables y que laIglesia tenga la llave de los estómagos!
  • Pero no es extraño, supuesto que el diablo con la carne suele meterseen el cuerpo y que la Iglesia tiene el poder de conjurarlo: el caso esreducir al hombre a una máquina cuyo móvil principal no sea suvoluntad sino la de la Iglesia y el gobierno. Quizá llegue el día en quesea prohibido respirar aire libre, pasearse y hasta conversar con unamigo, sin permiso de autoridad competente. Así era, poco más omenos, en los felices tiempos de nuestros beatos abuelos que pordesgracia vino a turbar la revolución de Mayo.Sea como fuere; a la noticia de la providencia gubernativa, loscorrales del Alto se llenaron, a pesar del barro, decarniceros, achuradores y curiosos, quienes recibieron con grandesvociferaciones y palmoteos los cincuenta novillos destinados almatadero.
  • -Chica, pero gorda -exclamaban-. ¡Viva la Federación! ¡Viva elRestaurador!Porque han de saber los lectores que en aquel tiempo la Federación estabaen todas partes, hasta entre las inmundicias del matadero, y no había fiestasin Restaurador como no hay sermón sin San Agustín. Cuentan que al oírtan desaforados gritos las últimas ratas que agonizaban de hambre en suscuevas, se reanimaron y echaron a correr desatentadas conociendo quevolvían a aquellos lugares la acostumbrada alegría y la algazara precursorade abundancia.El primer novillo que se mató fue todo entero de regalo alRestaurador, hombre muy amigo del asado. Una comisión de carnicerosmarchó a ofrecérselo a nombre de los federales delmatadero, manifestándole in voce su agradecimiento por la acertadaprovidencia del gobierno, su adhesión ilimitada al Restaurador y su odioentrañable a los salvajes unitarios, enemigos de Dios y de los hombres. ElRestaurador contestó a la arenga, rinforzando sobre el mismo tema yconcluyó la ceremonia con los correspondientes vivas y vociferaciones delos espectadores y actores. Es de creer que el Restaurador tuviese permisoespecial de su Ilustrísima para no
  • abstenerse de carne, porque siendo tan buen observador de las leyes, tanbuen católico y tan acérrimo protector de la religión, no hubiera dado malejemplo aceptando semejante regalo en día santo.Siguió la matanza y en un cuarto de hora cuarenta y nueve novillos sehallaban tendidos en la playa del matadero, desollados unos, los otros pordesollar. El espectáculo que ofrecía entonces era animado y pintorescoaunque reunía todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de unapequeña clase proletaria peculiar del Río de la Plata. Pero para que el lectorpueda percibirlo a un golpe de ojo preciso es hacer un croquis de lalocalidad.El matadero de la Convalecencia o del Alto, sito en las quintas al Sud de laciudad, es una gran playa en forma rectangular colocada al extremo de doscalles, una de las cuales allí se termina y la otra se prolonga hacia el Este.Esta playa con declive al Sud, está cortada por un zanjón labrado por lacorriente de las aguas pluviales en cuyos bordes laterales se muestraninnumerables cuevas de ratones y cuyo cauce, recoge en tiempo delluvia, toda la sangraza seca o reciente del matadero. En la junción delángulo recto hacia el Oeste está lo que llaman la
  • casilla, edificio bajo, de tres piezas de media agua con corredor al frente que daa la calle y palenque para atar caballos, a cuya espalda se notan varios corralesde palo a pique de ñandubay con sus fornidas puertas para encerrar el ganado.Estos corrales son en tiempo de invierno un verdadero lodazal en el cual losanimales apeñuscados se hunden hasta el encuentro y quedan como pegados ycasi sin movimiento. En la casilla se hace la recaudación del impuesto decorrales, se cobran las multas por violación de reglamentos y se sienta el juezdel matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros y que ejerce lasuma del poder en aquella pequeña república por delegación del Restaurador.Fácil es calcular qué clase de hombre se requiere para el desempeño desemejante cargo. La casilla, por otra parte, es un edificio tan ruin y pequeñoque nadie lo notaría en los corrales a no estar asociado su nombre al del terriblejuez y a no resaltar sobre su blanca pintura los siguientes letreros rojos: "Vivala Federación", "Viva el Restaurador y la heroína doña EncarnaciónEzcurra", "Mueran los salvajes unitarios". Letreros muy significativos, símbolode la fe política y religiosa de la gente del matadero. Pero algunos lectores nosabrán que la tal heroína es la difunta esposa del Restaurador, patrona muyquerida de los carniceros, quienes, ya muerta, la veneraban como viva por susvirtudes cristianas y su federal heroísmo en la revolución contra
  • Balcarce. Es el caso que un aniversario de aquella memorable hazaña de lamazorca, los carniceros festejaron con un espléndido banquete en la casillaa la heroína, banquete al que concurrió con su hija y otras señoras federales,y que allí en presencia de un gran concurso ofreció a los señores carnicerosen un solemne brindis, su federal patrocinio, por cuyo motivo ellos laproclamaron entusiasmados patrona del matadero, estampando su nombreen las paredes de la casilla donde se estará hasta que lo borre la mano deltiempo.La perspectiva del matadero a la distancia era grotesca, llena de animación.Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca dedoscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre desus arterias. En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas detez y raza distinta. La figura más prominente de cada grupo era el carnicerocon el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto,camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre. A sus espaldas serebullían caracoleando y siguiendo los movimientos, una comparsa demuchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba lasarpías de la fábula, y entremezclados con ellas algunos enormes mastines,olfateaban, gruñían o
  • se daban de tarascones por la presa. Cuarenta y tantas carretas toldadas connegruzco y pelado cuero se escalonaban irregularmente a lo largo de laplaya y algunos jinetes con el poncho calado y el lazo prendido al tientocruzaban por entre ellas al tranco o reclinados sobre el pescuezo de loscaballos echaban ojo indolente sobre uno de aquellos animados grupos, alpaso que más arriba, en el aire, un enjambre de gaviotas blanquiazules quehabían vuelto de la emigración al olor de carne, revoloteaban cubriendocon su disonante graznido todos lo ruidos y voces del matadero yproyectando una sombra clara sobre aquel campo de horrible carnicería.Esto se notaba al principio de la matanza.Pero a medida que adelantaba, la perspectiva variaba; los grupos sedeshacían, venían a formarse tomando diversas actitudes y sedesparramaban corriendo como si en el medio de ellos cayese alguna balaperdida o asomase la quijada de algún encolerizado mastín. Esto era, queinter el carnicero en un grupo descuartizaba a golpe de hacha, colgaba enotro los cuartos en los ganchos a su carreta, despellejaba en éste, sacaba elsebo en aquél, de entre la chusma que ojeaba y aguardaba la presa deachura salía de cuando en cuando una mugrienta mano a dar un
  • tarazón con el cuchillo al sebo o a los cuartos de la res, lo que originaba gritosy explosión de cólera del carnicero y el continuo hervidero de losgrupos, dichos y gritería descompasada de los muchachos.-Ahí se mete el sebo en las tetas, la tía -gritaba uno.-Aquél lo escondió en el alzapón -replicaba la negra.-Che, negra bruja, salí de aquí antes de que te pegue un tajo -exclamaba elcarnicero.-¿Qué le hago, ño Juan? ¡No sea malo! Yo no quiero sino la panza y las tripas.-Son para esa bruja: a la m...-¡A la bruja! ¡A la bruja! -repitieron los muchachos-: ¡Se lleva la riñonada y eltongorí! - Y cayeron sobre su cabeza sendos cuajos de sangre y tremendaspelotas de barro.Hacia otra parte, entretanto, dos africanas llevaban arrastrando las entrañas deun animal; allá una mulata se alejaba con un ovillo de tripas y resbalando derepente sobre un charco de sangre, caía a plomo, cubriendo con su cuerpo lacodiciada presa. Acullá se veían acurrucadas en hilera cuatrocientas negrasdestejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que elavaro cuchillo del carnicero había dejado en la tripa como rezagados, al pasoque otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmonespara depositar en ellas, luego de secas, la achura.
  • Varios muchachos gambeteando a pie y a caballo se daban de vejigazos o setiraban bolas de carne, desparramando con ellas y su algazara la nube degaviotas que columpiándose en el aire celebraban chillando la matanza.Oíanse a menudo a pesar del veto del Restaurador y de la santidad deldía, palabras inmundas y obscenas, vociferaciones preñadas de todo elcinismo bestial que caracteriza a la chusma de nuestros mataderos, con lascuales no quiero regalar a los lectores.De repente caía un bofe sangriento sobre la cabeza de alguno, que de allípasaba a la de otro, hasta que algún deforme mastín lo hacía buena presa, yuna cuadrilla de otros, por si estrujo o no estrujo, armaba una tremenda degruñidos y mordiscones. Alguna tía vieja salía furiosa en persecución de unmuchacho que le había embadurnado el rostro con sangre, y acudiendo asus gritos y puteadas los compañeros del rapaz, la rodeaban y azuzabancomo los perros al toro y llovían sobre ella zoquetes de carne, bolas deestiércol, con groseras carcajadas y gritos frecuentes, hasta que el juezmandaba restablecer el orden y despejar el campo.
  • Por un lado dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillotirándose horrendos tajos y reveses; por otro cuatro ya adolescentesventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo quehabían robado a un carnicero; y no de ellos distante, porción de perrosflacos ya de la forzosa abstinencia, empleaban el mismo medio para saberquién se llevaría un hígado envuelto en barro. Simulacro en pequeño eraéste del modo bárbaro con que se ventilan en nuestro país las cuestiones ylos derechos individuales y sociales. En fin, la escena que se representabaen el matadero era para vista, no para escrita.Un animal había quedado en los corrales de corta y ancha cerviz, de mirarfiero, sobre cuyos órganos genitales no estaban conformes los pareceresporque tenía apariencias de toro y de novillo. Llególe su hora. Dosenlazadores a caballo penetraron al corral en cuyo contorno hervía lachusma a pie, a caballo y horquetada sobre sus ñudosos palos. Formaban enla puerta el más grotesco y sobresaliente grupo varios pialadores yenlazadores de a pie con el brazo desnudo y armado del certero lazo, lacabeza cubierta con un pañuelo punzó y chaleco y chiripá colorado,teniendo a sus espaldas varios jinetes y espectadores de ojo escrutador yanhelante.
  • El animal prendido ya al lazo por las astas, bramaba echando espumafuribundo y no había demonio que lo hiciera salir del pegajoso barro dondeestaba como clavado y era imposible pialarlo. Gritánbanlo, lo azuzaban envano con las mantas y pañuelos los muchachos prendidos sobre lashorquetas del corral, y era de oír la disonante batahola de silbidos,palmadas y voces tiples y roncas que se desprendía de aquella singularorquesta.Los dicharachos, las exclamaciones chistosas y obscenas rodaban de bocaen boca y cada cual hacía alarde espontáneamente de su ingenio y de suagudeza excitado por el espectáculo o picado por el aguijón de algunalengua locuaz.-Hi de p... en el toro.-Al diablo los torunos del Azul.-Malhaya el tropero que nos da gato por liebre.-Si es novillo.-¿No está viendo que es toro viejo?-Como toro le ha de quedar. ¡Muéstreme los c... si le parece, c...o!-Ahí los tiene entre las piernas. ¿No los ve, amigo, más grandes que lacabeza de su castaño; ¿o se ha quedado ciego en el camino?
  • -Su madre sería la ciega, pues que tal hijo ha parido. ¿No ve que todo esebulto es barro?-Es emperrado y arisco como un unitario. -Y al oír esta mágica palabratodos a una voz exclamaron-: ¡Mueran los salvajes unitarios!-Para el tuerto los h...-Sí, para el tuerto, que es hombre de c... para pelear con los unitarios.-El matahambre a Matasiete, degollador de unitarios. ¡Viva Matasiete!-¡A Matasiete el matahambre!-Allá va -gritó una voz ronca, interrumpiendo aquellos desahogos de lacobardía feroz-. ¡Allá va el toro!-¡Alerta! ¡Guarda los de la puerta! ¡Allá va furioso como un demonio!Y en efecto, el animal acosado por los gritos y sobre todo por dos picanasagudas que le espoleaban la cola, sintiendo flojo el lazo, arremetió bufandoa la puerta, lanzando a entre ambos lados una rojiza y fosfórica mirada.Dióle el tirón el enlazador sentando su caballo, desprendió el lazo delasta, crujió por el aire un áspero zumbido y al mismo tiempo se vio rodardesde lo alto de una horqueta del corral, como si un golpe de hacha lahubiese dividido a cercén, una cabeza de niño cuyo tronco permanecióinmóvil sobre su caballo de palo, lanzando por cada arteria un largo chorrode sangre.
  • -Se cortó el lazo -gritaron unos-: ¡allá va el toro!Pero otros deslumbrados y atónitos guardaron silencio porque todo fue comoun relámpago.Desparramóse un tanto el grupo de la puerta. Una parte se agolpó sobre lacabeza y el cadáver palpitante del muchacho degollado por el lazo,manifestando horror en su atónito semblante, y la otra parte compuesta dejinetes que no vieron la catástrofe se escurrió en distintas direcciones en pos deltoro, vociferando y gritando:-¡Allá va el toro! ¡Atajen! ¡Guarda!-¡Enlaza, Siete pelos!-¡Que te agarra, botija!-¡Va furioso; no se le pongan delante!-¡Ataja, ataja, morado!-¡Déle espuela al mancarrón!-¡Ya se metió en la calle sola!-¡Que lo ataje el diablo!El tropel y vocifería era infernal. Unas cuantas negras achuradoras sentadas enhilera al borde del zanjón oyendo el tumulto se acogieron y agazaparon entrelas panzas y tripas que desenredaban y devanaban con la paciencia dePenélope, lo que sin duda las salvó, porque el animal lanzó al mirarlas unbufido aterrador, dio un brinco sesgado y siguió adelante perseguido
  • por los jinetes. Cuentan que una de ellas se fue de cámaras; otra rezó diezsalves en dos minutos, y dos prometieron a San Benito no volver jamás aaquellos malditos corrales y abandonar el oficio de achuradoras. No se sabesi cumplieron la promesa.El toro entretanto tomó hacia la ciudad por una larga y angosta calle queparte de la punta más aguda del rectángulo anteriormente descripto, calleencerrada por una zanja y un cerco de tunas, que llaman sola por no tenermás de dos casas laterales y en cuyo apozado centro había un profundopantano que tomaba de zanja a zanja. Cierto inglés, de vuelta de su saladerovadeaba este pantano a la sazón, paso a paso, en un caballo algo arisco, ysin duda iba tan absorto en sus cálculos que no oyó el tropel de jinetes ni lagritería sino cuando el toro arremetía al pantano. Azoróse de repente sucaballo dando un brinco al sesgo y echó a correr dejando al pobre hombrehundido media vara en el fango. Este accidente, sin embargo, no detuvo nirefrenó la carrera de los perseguidores del toro, antes al contrario, soltandocarcajadas sarcásticas:
  • -Se amoló el gringo; levántate, gringo -exclamaron, y cruzando el pantanoamasando con barro bajo las patas de sus caballos, su miserable cuerpo.Salió el gringo, como pudo, después a la orilla, más con la apariencia de undemonio tostado por las llamas del infierno que un hombre blancopelirrubio. Más adelante al grito de ¡al toro, al toro! cuatro negrasachuradoras que se retiraban con su presa se zambulleron en la zanja llenade agua, único refugio que les quedaba.El animal, entretanto, después de haber corrido unas veinte cuadras endistintas direcciones azorando con su presencia a todo viviente, se metiópor la tranquera de una quinta donde halló su perdición. Aunquecansado, manifestaba bríos y colérico ceño; pero rodeábalo una zanjaprofunda y un tupido cerco de pitas, y no había escape. Juntáronse luegosus perseguidores que se hallaban desbandados y resolvieron llevarlo en unseñuelo de bueyes para que expiase su atentado en el lugar mismo donde lohabía cometido.
  • Una hora después de su fuga el toro estaba otra vez en el Matadero donde lapoca chusma que había quedado no hablaba sino de sus fechorías. La aventuradel gringo en el pantano excitaba principalmente la risa y el sarcasmo. Del niñodegollado por el lazo no quedaba sino un charco de sangre: su cadáver estabaen el cementerio.Enlazaron muy luego por las astas al animal que brincaba haciendo hincapié ylanzando roncos bramidos. Echáronle, uno, dos, tres piales; pero infructuosos:al cuarto quedó prendido en una pata: su brío y su furia redoblaron; su lenguaestirándose convulsiva arrojaba espuma, su nariz humo, sus ojos miradasencendidas.-¡Desjarreten ese animal! -exclamó una voz imperiosa. Matasiete se tiró alpunto del caballo, cortóle el garrón de una cuchillada y gambeteando en tornode él con su enorme daga en mano, se la hundió al cabo hasta el puño en lagarganta mostrándola en seguida humeante y roja a los espectadores. Brotó untorrente de la herida, exhaló algunos bramidos roncos, vaciló y cayó elsoberbio animal entre los gritos de la chusma que proclamaba a Matasietevencedor y le adjudicaba en premio el matambre. Matasiete extendió, comoorgulloso, por segunda vez el brazo y el cuchillo ensangrentado y se agachó adesollarlo con otros compañeros.
  • Faltaba que resolver la duda sobre los órganos genitales delmuerto, clasificado provisoriamente de toro por su indomable fiereza; peroestaban todos tan fatigados de la larga tarea que la echaron por lo pronto enolvido. Mas de repente una voz ruda exclamó:-¡Aquí están los huevos! -Y sacando de la barriga del animal ymostrándolos a los espectadores, dos enormes testículos, signo inequívocode su dignidad de toro. La risa y la charla fue grande; todos los incidentesdesgraciados pudieron fácilmente explicarse. Un toro en el Matadero eracosa muy rara, y aún vedada. Aquél, según reglas de buena policía debióarrojarse a los perros; pero había tanta escasez de carne y tantoshambrientos en la población, que el señor Juez tuvo a bien hacer ojo lerdo.En dos por tres estuvo desollado, descuartizado y colgado en la carreta elmaldito toro. Matasiete colocó el matambre bajo el pellón de su recado y sepreparaba a partir. La matanza estaba concluida a las doce, y la pocachusma que había presenciado hasta el fin, se retiraba en grupos de a pie yde a caballo, o tirando a la cincha algunas carretas cargadas de carne.Mas de repente la ronca voz de un carnicero gritó:
  • -¡Allí viene un unitario! -y al oír tan significativa palabra toda aquellachusma se detuvo como herida de una impresión subitánea.-¿No le ven la patilla en forma de U? No trae divisa en el fraque ni lutoen el sombrero.-Perro unitario.-Es un cajetilla.-Monta en silla como los gringos.-La mazorca con él-¡La tijera!-Es preciso sobarlo.-Trae pistoleras por pintar.-Todos estos cajetillas unitarios son pintores como el diablo.-¿A que no te le animás, Matasiete?-¿A qué no?-A que sí.Matasiete era hombre de pocas palabras y de mucha acción. Tratándosede violencia, de agilidad, de destreza en el hacha, el cuchillo o elcaballo, no hablaba y obraba. Lo habían picado: prendió la espuela a sucaballo y se lanzó a brida suelta al encuentro del unitario.
  • Era éste un joven como de veinticinco años de gallarda y bien apuestapersona que mientras salían en borbotón de aquellas desaforadas bocas lasanteriores exclamaciones trotaba hacia Barracas, muy ajeno de temerpeligro alguno. Notando empero, las significativas miradas de aquel grupode dogos de matadero, echa maquinalmente la diestra sobre las pistoleras desu silla inglesa, cuando una pechada al sesgo del caballo de Matasiete loarroja de los lomos del suyo tendiéndolo a la distancia boca arriba y sinmovimiento alguno.-¡Viva Matasiete! -exclamó toda aquella chusma cayendo en tropel sobre lavíctima como los caranchos rapaces sobre la osamenta de un buey devoradopor el tigre.Atolondrado todavía el joven, fue lanzando una mirada de fuego sobreaquellos hombres feroces, hacia su caballo que permanecía inmóvil no muydistante a buscar en sus pistolas el desagravio y la venganza. Matasietedando un salto le salió al encuentro y con fornido brazo asiéndolo de lacorbata lo tendió en el suelo tirando al mismo tiempo la daga de la cintura yllevándola a su garganta.
  • Una tremenda carcajada y un nuevo viva estentóreo volvió a vitorearlo.¡Qué nobleza de alma! ¡Qué bravura en los federales! siempre en pandillascayendo como buitres sobre la víctima inerte.-Degüéllalo, Matasiete: quiso sacar las pistolas. Degüéllalo como al toro.-Pícaro unitario. Es preciso tusarlo.-Tiene buen pescuezo para el violín.-Tocale el violín-Mejor es la resbalosa.-Probemos, dijo Matasiete y empezó sonriendo a pasar el filo de su dagapor la garganta del caído, mientras con la rodilla izquierda le comprimía elpecho y con la siniestra mano le sujetaba por los cabellos.-No, no lo degüellen -exclamó de lejos la voz imponente del Juez delMatadero que se acercaba a caballo.-A la casilla con él, a la casilla. Preparen la mazorca y las tijeras. ¡Mueranlos salvajes unitarios! ¡Viva el Restaurador de las leyes!-¡Viva Matasiete!-¡Mueran! ¡Vivan! -repitieron en coro los espectadores y atándolo codo concodo, entre moquetes y tirones, entre vociferaciones e injurias, arrastraronal infeliz joven al banco del tormento como los sayones al Cristo.
  • La sala de la casilla tenía en su centro una grande y fornida mesa de la cual nosalían los vasos de bebida y los naipes sino para dar lugar a las ejecuciones ytorturas de los sayones federales del Matadero. Notábase además en un rincónotra mesa chica con recado de escribir y un cuaderno de apuntes y porción desillas entre las que resaltaba un sillón de brazos destinado para el Juez. Unhombre, soldado en apariencia, sentado en una de ellas cantaba al son de laguitarra la resbalosa, tonada de inmensa popularidad entre losfederales, cuando la chusma llegando en tropel al corredor de la casilla lanzó aempellones al joven unitario hacia el centro de la sala.-A ti te toca la resbalosa -gritó uno.-Encomienda tu alma al diablo.-Está furioso como toro montaraz.-Ya le amansará el palo.-Es preciso sobarlo.-Por ahora verga y tijera.-Si no, la vela.-Mejor será la mazorca.-Silencio y sentarse -exclamó el Juez dejándose caer sobre su sillón. Todosobedecieron, mientras el joven de pie encarando al juez exclamó con vozpreñada de indignación.-Infames sayones, ¿qué intentan hacer de mí?
  • -¡Calma! -dijo sonriendo el juez-; no hay que encolerizarse. Ya lo verás.El joven, en efecto, estaba fuera de sí de cólera. Todo su cuerpo parecíaestar en convulsión. Su pálido y amoratado rostro, su voz, su labio trémulo,mostraban el movimiento convulsivo de su corazón, la agitación de susnervios. Sus ojos de fuego parecían salirse de la órbita, su negro y laciocabello se levantaba erizado. Su cuello desnudo y la pechera de su camisadejaban entrever el latido violento de sus arterias y la respiración anhelantede sus pulmones.-¿Tiemblas? -le dijo el juez.-De rabia porque no puedo sofocarte entre mis brazos.-¿Tendrías fuerza y valor para eso?-Tengo de sobra voluntad y coraje para ti, infame.-A ver las tijeras de tusar mi caballo: túsenlo a la federala.Dos hombres le asieron, uno de la ligadura del brazo, otro de la cabeza y enun minuto cortáronle la patilla que poblaba toda su barba por bajo, con risaestrepitosa de sus espectadores.-A ver -dijo el Juez-, un vaso de agua para que se refresque.-Uno de hiel te haría yo beber, infame.
  • Un negro petiso púsosele al punto delante con un vaso de agua en la mano.Dióle el joven un puntapié en el brazo y el vaso fue a estrellarse en el techosalpicando el asombrado rostro de los espectadores.-Este es incorregible.-Ya lo domaremos.-Silencio -dijo el juez-, ya estás afeitado a la federala, sólo te falta el bigote.Cuidado con olvidarlo. Ahora vamos a cuentas. ¿Por qué no traes divisa?-Porque no quiero.-¿No sabes que lo manda el Restaurador?-La librea es para vosotros esclavos, no para los hombres libres.-A los libres se les hace llevar a la fuerza.-Sí, la fuerza y la violencia bestial. Esas son vuestras armas; infames. Ellobo, el tigre, la pantera también son fuertes como vosotros. Deberíais andarcomo ellas en cuatro patas.-¿No temes que el tigre te despedace?-Lo prefiero a que maniatado me arranquen como el cuervo, una a una lasentrañas.-¿Por qué no llevas luto en el sombrero por la heroína?-Porque lo llevo en el corazón por la Patria, ¡por la Patria que vosotroshabéis asesinado, infames!
  • -¿No sabes que así lo dispuso el Restaurador?-Lo dispusísteis vosotros, esclavos, para lisonjear el orgullo de vuestroseñor y tributarle vasallaje infame.-¡Insolente! Te has embravecido mucho. Te haré cortar la lengua si chistas.-Abajo los calzones a ese mentecato cajetilla y a nalga pelada dénleverga, bien atado sobre la mesa.Apenas articuló esto el Juez, cuatro sayones salpicados desangre, suspendieron al joven y lo tendieron largo a largo sobre la mesacomprimiéndole todos sus miembros.-Primero degollarme que desnudarme; infame canalla.Atáronle un pañuelo a la boca y empezaron a tironear sus vestidos.Encogíase el joven, pateaba, hacía rechinar los dientes. Tomaban ora susmiembros la flexibilidad del junco, ora la dureza del fierro y su espinadorsal era el eje de movimiento parecido al de la serpiente. Gotas de sudorfluían por su rostro grandes como perlas; echaban fuego sus pupilas, suboca espuma, y las venas de su cuello y frente negreaban en relieve sobresu blanco cutis como si estuvieran repletas de sangre.-Atenlo primero -exclamó el Juez.-Está rugiendo de rabia -articuló un sayón.
  • En un momento liaron sus piernas en ángulo a los cuatro pies de la mesavolcando su cuerpo boca abajo. Era preciso hacer igual operación con lasmanos, para lo cual soltaron las ataduras que las comprimían en la espalda.Sintiéndolas libres el joven, por un movimiento brusco en el cual parecióagotarse toda su fuerza y vitalidad, se incorporó primero sobre susbrazos, después sobre sus rodillas y se desplomó al momentomurmurando:-Primero degollarme que desnudarme, infame, canalla.Sus fuerzas se habían agotado. Inmediatamente quedó atado en cruz yempezaron la obra de desnudarlo. Entonces un torrente de sangre brotóborbolloneando de la boca y las narices del joven, y extendiéndose empezóa caer a chorros por entrambos lados de la mesa. Los sayones quedaroninmóviles y los espectadores estupefactos.-Reventó de rabia el salvaje unitario -dijo uno.-Tenía un río de sangre en las venas -articuló otro.
  • -Pobre diablo: queríamos únicamente divertirnos con él y tomó la cosademasiado a lo serio -exclamó el Juez frunciendo el ceño de tigre-. Espreciso dar parte, desátenlo y vamos.Verificaron la orden; echaron llave a la puerta y en un momento se escurrióla chusma en pos del caballo del Juez cabizbajo y taciturno.Los federales habían dado fin a una de sus innumerables proezas.En aquel tiempo los carniceros degolladores del Matadero eran losapóstoles que propagaban a verga y puñal la federación rosina, y no esdifícil imaginarse qué federación saldría de sus cabezas y cuchillas.Llamaban ellos salvaje unitario, conforme a la jerga inventada por elRestaurador, patrón de la cofradía, a todo el que no era degollador,carnicero, ni salvaje, ni ladrón; a todo hombre decente y de corazón bienpuesto, a todo patriota ilustrado amigo de las luces y de la libertad; y por elsuceso anterior puede verse a las claras que el foco de la federación estabaen el Matadero.
  • Nota sobre “El matadero”, por Juan María GutiérrezEl artista contribuye al estudio de la sociedad cuando estampa en el lienzouna escena característica, que transportándonos al lugar y a la época en quepasó, nos hace creer que asistimos a ella y que vivimos con la vida de susactores. Esta clase de páginas son escasas, y las pocas que existen seconservan como joyas, no sólo para su estudio del arte sino también de lascostumbres cuyo verdadero conocimiento es el alma de la historia.Nosotros, a medida que crecemos en edad como pueblo y adelantamos encultura como sociedad, nos interesamos con mayor anhelo en conocer lopasado y deseamos hallar testimonios a este respecto que guíen nuestrojuicio. Pero este deseo no es fácil de satisfacer, tanto en la época antiguacomo en la reciente, porque no habiendo tenido arte ni literatura nacional,han desaparecido los tipos sociales tan fugazmente como huye el tiempo,sin que manos de observadores los hayan fijado ni con la escritura ni conlos medios que proporcionan
  • las bellas artes. La rica imaginación de Walter Scott, habría sido impotentepara interesar a sus contemporáneos con escenas de la pintoresca edadmedia, si escritas en las crónicas, si pintadas en los museos, si talladas enpiedra, no hubiera hallado las costumbres anglosajonas que proporcionanasuntos, movimiento y color a sus célebres novelas. Así como es imposiblela restauración de un monumento derruido cuando sólo se conoce el lugardonde existía, es igualmente obra superior a la inteligenciahumana, comprender los tiempos sin examinar sus vestigios. De maneraque, cuando con relación a una época cualquiera de nuestra vida, tengamosla fortuna de encontrar un testigo, que vio o sintió por sí mismo, debemosapresurarnos a consignar el precioso testimonio que nos suministra parailustrar con él las páginas hasta ahora pálidas de nuestra historia.
  • Estas páginas no fueron escritas para darse a la prensa tal cual salieron de lapluma que las trazó, como lo prueban la precipitación y el desnudo realismocon que están redactadas. Fueron trazadas con tal prisa que debieron exigirleal autor más tiempo que el que emplea un taquígrafo para estampar lapalabra que escucha: nos parece verle en una situación semejante a la delpintor que abre su álbum para consignar en él con rasgos rápidos ygenerales, las escenas que le presenta una calle pública para componer mástarde un cuadro de costumbres en el reposo del taller.Esos croquis, bosquejos, o como quiera llamárseles, tienen gran precio paralos conocedores en las artes, por cuanto son como improvisacionesextemporáneas que permiten traslucir sin engaño la manera, el genio, y hastael alma de quien les produjo. Por imperfectos que sean los lineamientos conque se revelan de este modo una personalidad o un ingenio, los estima enmucho el amigo de la originalidad y les prefiere a todo otro antecedente parafundar su juicio sobre las cualidades del artista.
  • Aparte, pues del valor histórico que tiene el presente trabajo, como lonotaremos más adelante, la circunstancia que acabamos de recomendar, leda en nuestro concepto, un mérito especial, en cuanto nos proporciona unaoportunidad nueva para comprender mejor al autor de "La Cautiva" y del"Angel Caído", y para sorprenderle en los secretos de componer o de"artizar", como él diría. Los iniciados en este secreto del poeta, que élmismo no hubiera acertado a comunicar si lo hubiera intentado depropósito, saben que sus obras son el resultado de serias reflexiones, deensayos comenzados y abandonados, de experimentaciones sobre lasociedad, sobre el individuo, de exámenes prolijos de su propiaconciencia, de indagaciones pacientes acerca de los hechos que él mismono había presenciado. Cuando rebosaba su paleta de colores apropiados asu idea y ésta se le presentaba clara y luminosa en su mente, entonces seentregaba a la labor con el ardimiento de un inspirado y en corto espacio detiempo arrojaba de sí algunos de esos fragmentos que son partes aisladas dela vasta idea que había concebido su genio.
  • Como amigos del ilustre poeta y directores de la edición de sus obrascompletas, hemos tenido ocasión de examinar los papeles y borradores quedejó en gran cantidad y en sumo desorden, y podemos justificar lo quedecíamos un momento antes con documentos fehacientes. El tipo de donJuan fue varias veces modelado por su autor bajo diversos nombres, y ladisposición definitiva del poema en donde hace papel principal estepersonaje, es resultado de muchos ensayos y pruebas que arrojaba al fondode su cartera cuando no respondían al relieve y a la perfección queaspiraba dar a su obra.Hemos encontrado una interesante serie de estudios en forma decorrespondencia epistolar, sobre la naturaleza del terreno, el paisaje y loshabitantes de nuestras llanuras, que vemos utilizados más tarde en elpoema de "La Cautiva", en el cual si el lector se siente impresionado por lasolemne melancolía del conjunto, es a causa de la exquisita exactitud conque fueron observados los pormenores que sirven de fondo a losdesventurados personajes de aquel drama del desierto.
  • Para fines que pueden comprender leyendo el poema "Avellaneda",dagarreotipó su autor el cuadro que exponemos hoy al público. Lacasualidad y la desgracia pusieron ante los ojos de Echeverría aquellugar sui generis de nuestros suburbios donde se mataban las reses para elconsumo del mercado, y a manera del anatómico que domina susensibilidad delante del cadáver, se detuvo a contemplar las escenas queallí se representaban, teniendo el coraje de consignarlas por escrito paraofrecerlas alguna vez, con toda su fealdad, ante aquellos que estánllamados a influir en la mejora de las costumbres. Conociendo de cerca losinstintos y educación de aquella clase especial de hombres, entre quienesfue a buscar el tirano los instrumentos de su sistema de gobierno, pudopintar con mano maestra los siniestros caracteres que tejen la traición enque cae la noble víctima de su citado poema.
  • Aquella cuadrilla famosa que se llamó "la mazorca", es hasta hoy mismo uncurioso estudio, y aun hay quien pregunta ¿quiénes la compusieron? ¿Dedónde salió armada del terror y la muerte? Después de la lectura del presenteescrito quedarán absueltas estas dudas. El Matadero fue el campo deensayo, la cuna y la escuela de aquellos gendarmes de cuchillo quesembraban de miedo y de luto todos los lugares hasta donde llegaba lainfluencia del mandatario irresponsable.El poeta no estaba sereno cuando realizaba la obra de escribir esta elocuentepágina del proceso contra la tiranía. Si esta página hubiese caído en manosde Rosas, su autor habría desaparecido instantáneamente. El conocía bien elriesgo que corría; pero el temblor de la mano que se advierte en laimperfección de la escritura que casi no es legible en el manuscritooriginal, pudo ser más de ira que de miedo. Su indignación se manifiestabajo la forma de la ironía. En una mirada rápida descubre las afinidades quetienen entre sí todas las idolatrías y todos los fanatismos, y comienza por lasescenas a que dan lugar los ritos cuaresmales, para descender por unapendiente natural que los mismos hechos establecen, hasta los asesinatosoficiales que son la consecuencia del fanatismo político inoculado enconciencias supersticiosas.
  • Los colores de este cuadro son altos y rojizos; pero no exagerados porquesólo ellos remedan con propiedad la sangre, la lucha con el toro bravío, lapendencia cuerpo a cuerpo y el arma blanca, las jaurías de perroshambrientos, las bandadas de aves carnívoras, los grupos gárrulos denegras andrajosas, y el tumulto y la vocería de los carniceros insolentes. Eltono subido de este cuadro ni siquiera se atenúa con la presencia del jovenque aparece en él como víctima de su dignidad personal y de su cultura;porque lejos de amedrentarse y palidecer delante de susverdugos, despliega toda la energía, toda la entereza moral, todo el valorfisico, que inspira en el hombre de corazón el sentimiento del honorofendido.La escena del "salvaje unitario" en poder del "Juez del Matadero" y de sussatélites, no es una invención sino una realidad que más de una vez serepitió en aquella época aciaga: lo único que en este cuadro pudiera haberde la inventiva del autor, sería la apreciación moral de la circunstancia, ellenguaje y la conducta de la víctima, la cual se produce y obra como lohabría hecho el noble poeta en situación análoga.
  • Este precioso boceto aparecería descolorido, si llevados de un respetoexagerado por la delicadeza del lector, suprimiéramos frases y palabrasverdaderamente soeces proferidas por los autores en esta tragedia. Estasexpresiones no son de aquellas cuyo ejemplo pudiera tentar a laimitación, por el contrario, hermanadas por el arte del autor, con el carácterde quienes las emplean, quedan más que nunca desterradas del comercioculto y honesto y anatemizadas para siempre.No sabemos por qué ha habido cierta especie de repugnancia a confirmar deuna manera permanente e histórica los rasgos populares de la dictadura.Hemos pasado por una verdadera época de terrorismo que infundióadmiración y escándalo en América y Europa. Pero si se nos pidierantestimonios y justificativos escritos para dar autenticidad a los hechos quecaracterizan aquella época, no podríamos presentarlos, ni siquieranarraciones metódicas y anecdóticas, a pesar de oírlas referir diariamente deboca de los testigos presenciales. Cuando estos dejen de existir estamosexpuestos a que se crea que no hemos sido víctimas de un bárbaroexquisitamente cruel, sino de una pesadilla durante el sopor de una siesta deverano.
  • Los pueblos que por cualquier consideración se manifiestan indiferentespor su historia y dejan pasar los elementos de que ella se compone comopasan las hojas de otoño, sin que mano alguna las recoja, están condenadosa carecer de fisonomía propia y a presentarse ante el mundo insulsos ydescoloridos. Y si este olvido del cumplimiento de una obligación esresultado intencional de un falso amor patrio que silencia los errores y loscrímenes, entonces es más de deplorarse, porque semejante manera deservir a la honra del país, más que una virtud es un delito que se pagacaro, porque inhabilita para el ejemplo y para la corrección.Echeverría no pensaba así, y creía que si la mano de un hombre no puedeeclipsar al sol sino para sí mismo, el silencio de los contemporáneos nopuede hacer que enmudezca la historia, y ya que forzosamente ha dehablar, que diga la verdad. Su escrito como va a verse es una páginahistórica, un cuadro de costumbres y una protesta que nos honra. (G.)
  • ManuelitaManuelita vivía en Pehuajó En la tintorería de Paríspero un día se marchó. la pintaron con barniz.Nadie supo bien por qué La plancharon en francésa París ella se fue del derecho y del revés.un poquito caminando Le pusieron peluquitay otro poquitito a pie. y botines en los pies.Manuelita, Manuelita, Tantos años tardó en cruzar el marManuelita dónde vas que allí se volvió a arrugarcon tu traje de malaquita y por eso regresóy tu paso tan audaz. vieja como se marchó a buscar a su tortugoManuelita una vez se que la espera en Pehuajó.enamoróde un tortugo que pasó.Dijo: ¿Qué podré yo hacer?Vieja no me va a querer,en Europa y con pacienciame podrán embellecer.
  • Casa Tomada.Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casasantiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardabalos recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y todala infancia.Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura puesen esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpiezapor la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba aIrene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamosal mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unosplatos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda ysilenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamosa creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientessin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos acomprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de queel nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausurade la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nosmoriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa yla echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor,nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiadotarde.
  • Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividadmatinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sépor qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado enesa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosassiempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas ychalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en unmomento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla elmontón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunashoras. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en migusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yoaprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntarvanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegabanada valioso a la Argentina.
  • Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yono tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido.Uno puede releer un libro, pero cuando un pulóver está terminado no sepuede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de lacómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban connaftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle aIrene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos lavida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba.Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destrezamaravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizosplateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelodonde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
  • Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala congobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la partemás retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo consu maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había unbaño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cualcomunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por unzaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que unoentraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los ladoslas puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a laparte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta deroble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a laizquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrechoque llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertíauno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un
  • departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene yyo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más alláde la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómose junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, peroeso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en elaire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de lasconsolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajosacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momentodespués se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
  • Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstanciasinútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche yde repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por elpasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codoque llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en labiblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de sillasobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, almismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traíadesde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de quefuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente lallave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para másseguridad.
  • Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandejadel mate le dije a Irene:-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.-¿Estás seguro?Asentí.-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudarsu labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba esechaleco.Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado enla parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literaturafrancesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en unabotella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero estosolamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de lascómodas y nos mirábamos con tristeza.-No está aquí.Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de lacasa.
  • Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aunlevantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban lasonce y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigoa la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y sedecidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platospara comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultabamolesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse acocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y lasfuentes de comida fiambre.
  • Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yoandaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mihermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso mesirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en suscosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era máscómodo. A veces Irene decía:-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito depapel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy.Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puedevivir sin pensar.
  • (Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pudehabituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños yno de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandessacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios teníanel living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en lacasa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a lallave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumoresdomésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar lashojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, eramaciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nosponíamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. Enuna cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidosirrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, perocuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se poníacallada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yocreo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en altavoz, me desvelaba en seguida.)
  • Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, yantes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vasode agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; talvez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba elsonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vinoa mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notandoclaramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y elbaño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigohasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían másfuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancely nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y lashebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovilloshabían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
  • -¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.-No, nada.Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armariode mi dormitorio. Ya era tarde ahora.Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeécon mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimosasí a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entraday tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se leocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
  • JUAN LOPEZ Y JHON WARD "Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender."
  • La nona.LA ACCIÓN TRANSCURRE, FUNDAMENTALMENTE, EN UNACASONA ANTIGUA, DE BARRIO. A LA VISTA DEL ESPECTADORAPARECE UNA ESPACIOSA COCINA, DONDE HAY UNA MESAPARA OCHO PERSONAS, SILLAS, UN APARADOR Y UNA ENORMEHELADERA. A LA DERECHA, LA PIEZA DE CHICHO: UNACAMITA, UN ROPERO Y OTROS DATOS DEL TIPICO BULINPORTEÑO. A LA IZQUIERDA SE INSINUA LA PIEZA DE LANONA, UNA CUEVA POR DONDE ESTE PERSONAJE APARECERAY DESAPARECERA CONSTANTEMENTE.[…]
  • LA OBRA SE INICIA UN DIA DE SEMANA, PROXIMADAMENTE ALAS OCHO DE LA NOCHE. ESTAN EN LA COCINA: MARIA, QUEPELA ARVEJAS FRENTE A UNA ENORME OLLA; ANYULA, QUECEBA MATE, Y LA NONA. ESTA ÚLTIMA ESTA SENTADA EN UNASILLA Y COME POCHOCLO EN FORMA CONTINUADA.FINALMENTE, CHICHO, EN SU PIEZA, ESTA TIRADO EN LACAMA LEYENDO EL DIARIO DEL DÍA. ANYULA LE TIENDE UNMATE A MARÍA. MARÍA.- No quiero más. ANYULA.- Le voy a llevar a Chicho. (ANYULA SE DIRIGE A LAPIEZA DE CHICHO) MARÍA.- Dígale que es el último. ANYULA GOLPEA SUAVEMENTE LA PUERTA DE LA PIEZA DECHICHO. ESTE, REPIDAMENTE, DEJA EL DIARIO Y COMIENZAUNA ESPECIE DE TARAREO, SIMULANDO CANTAR UN TANGO.ANYULA ENTRA EN PUNTAS DE PIE, LE TIENDE EL MATE Y SESIENTA EN LA CAMA. CHICHO DA DOS O TRES SORBOS.
  • CHICHO.- Esta medio frío, tía. ANYULA.- Caliento el agua. ¿Vas a tomar más? CHICHO.- Eh… estoy componiendo. Y cuando compongo…(ANYULA LE ACARICIA LA CABEZA) ANYULA.- ¿Algo nuevo? CHICHO.- Hoy empecé otro tango. (PIERDE LA MIRADA YBALBUCEA UN TARAREO IMPRECISO.) “De mi pobre corazón…”(MARCA LOS TIPICOS COMPASES FINALES DEL TANGO.) ¿Legusta? ANYULA.- Mucho. Sacaste el oído de papá. De toda la familia sos elúnico que salio músico. ¡Y a el que le gustaba tanto! Si pudieraescucharte… CHICHO.- Me escucha, tía, me escucha… A veces siento aquí… (SESEÑALA EL PECHO) Es el Nono, desde el cielo, que me dice: “Bien,Chicho, bien”. (ANYULA QUEDA CON LA MIRADA FIJA Y ELMATE EN LA MANO, EMACIONADA. CHICHO LA MIRA DEREOJO.) CHICHO.- Cébese otro, tía. Pero calentito ¿eh?
  • ANYULA.- Si, querido, si. (ANYULA SALE HACIA LA COCINA.CHICHO TOMA EL DIARIO. A LO LARGO DE LA ESCENASIGUIENTE SE IRA QUEDANDO DORMIDO.) ANYULA, EN LA COCINA, TOMA LA PAVA Y LA COLOCA SOBREEL FUEGO. MARIA.- ¿Qué? ¿Va a seguir tomando? ANYULA.- Esta componiendo. Un tango muy lindo. MARÍA.- Usted es muy buena, - Anyula. ANYULA.- ¿Qué querés? Es mi sobrino preferido. Carmelo es muybueno, también, muy trabajador. Ya sabes como lo quiero. Pero Chicho…¡qué se yo! Es un artista. MARÍA.- (IRONICA.) Sé… Un artista. ANYULA.- Como papá. LA NONA AGITA LA BOLSITA DE POCHOCLO VACIA. NONA.- Má pochocho. MARÍA.- ¡Qué pochocho! Ahora vamos a cenar. LA NONA AGITA LA BOLSITA VACÍA CERCA DE LA CARADE ANYULA. NONA.- Má pochocho, nena.
  • ANYULA.- No quedo más, mamá. (A MARÍA) ¿Le voy a comprar? MARÍA.- ¡Pero no! No tiene que comer porquerías. NONA.- (A MARÍA) ¿No tené salamín? MARIA.- ¡Qué salamín! Espere la cena, le dije. SIN QUE NADIE LO ADVIERTA, LA NONA AGARRA UN PANY SE LO METE EN EL BOLSILLO. NONA- ¿Un po de formayo? MARÍA.- ¡Nada, le he dicho! Aguántese hasta la cena. Vaya a upieza,vamos. Cuando esté la cena, yo la llamo. (LA TOMA Y LAENCAMINA HACIA LA PIEZA. ESE MOMENTO MARÍA DESCUBREEL BULTO QUE HACE EL PAN EN EL BOLSILLO DE LA NONA.)¿Qué tiene en el bolsillo? (LE SACA EL PAN). ¡Pero qué cosa!(INTRODUCE A LA NONA EN LA PIEZA Y SE VUELVE. LA NONASALE REZONGANDO.) No tiene que comprarle todo lo que lepida, Anyula. Cossa, Roberto. La Nona. (BS. AS) (Fragmento.)
  • Quiero agradecer a todoslos que me apoyaronmientras realizaba misestudios para este libro, ami madre quien me ayudoe inculco susconocimientos y a miprofesora de literatura,María Concepción porpresionarme siempre parasacar lo mejor de mí.