El hombre carnal y el espiritual, y sus virtudes o valores
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Porque los que viven según los deseos u pasiones del cuerpo, se
saborean con las cosas que son del cuerpo. Sin embargo, qu...
El hecho es que Dios permitió que todas las gentes quedasen
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que no provenga de Dios, y Dios es el que ha establecido las que
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No tengáis otra deuda con nadie, que la ...
Cuando yo distribuyese todos mis bienes para sustento de los
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A hora permanecen estas tres virtudes, la fe, la esperanza y el
amor; pero de las tres el amor es la más excelente de toda...
Digo esto, hermanos míos: porque la carne y sangre a los hombres
carnales no pueden poseer el reino de Dios, ni la corrupc...
Sabemos también, que si esta casa terrestre o el cuerpo corruptible
en que habitamos viene a destruirse, nos dará Dios en ...
Al contrario, los frutos del espíritu son amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe o ...
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El hombre carnal y el espiritual

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Comprender que virtudes son importantes cultivar para mejorar nuestra calidad de vida, y nuestras relaciones personales es muy importante.

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El hombre carnal y el espiritual

  1. 1. El hombre carnal y el espiritual, y sus virtudes o valores Porque bien sabemos que la ley es espiritual: pero yo por mí soy carnal, vendido para ser esclavo y estar continuamente errando. Por lo que yo mismo no apruebo lo que hago: pues no hago el bien que amo, sino antes el mal que aborrezco, ése lo hago. Mas por lo mismo que hago lo que no amo, reconozco la ley como buena. Y en este lance no tanto soy yo el que obra aquello, cuanto el errar o equivocarse es concupiscencia que habita en mí. Qué bien conozco que nada de bueno hay en mí, quiero decir en mi persona. Pues aunque hallo en mí la voluntad para hacer el bien: no hallo cómo cumplirla. Por cuanto no hago el bien que quiero; antes bien hago el mal que no quiero. Y así es que, cuando yo quiero hacer el bien, me encuentro con una ley o inclinación contraria porque el mal está pegado a mí. De aquí que me complazco en la ley de Dios según el hombre interior; mas al mismo tiempo echo de ver otra ley en mis miembros, la cual resiste a la ley de mi espíritu, y me sojuzga a la ley del pecado, que está en los miembros de mi cuerpo (Romanos, capítulo 7, versículo 14 a, 23).
  2. 2. Porque los que viven según los deseos u pasiones del cuerpo, se saborean con las cosas que son del cuerpo. Sin embargo, quienes viven según el espíritu, gustan de las cosas o actividades que son del espíritu. La sabiduría o prudencia del cuerpo es la muerte; en lugar de que la sabiduría de las cosas del espíritu, es vida y paz (romanos capítulo 8, versículo 5 y 6). Siendo cierto que los que se rigen por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Mientras que quienes se dejan llevar por las pasiones y deseos del cuerpo necesitan establecer valores o cultivar virtudes. Así las criaturas todas están aguardando con grande ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad o mudanza no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción; con la esperanza de que sean también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Así que no es obra del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que usa de misericordia. De donde se sigue que con quien usa de misericordia, y endurece o abandona en su pecado al que quiere. Según está escrito. Les ha dado Dios hasta hoy día en castigo de su rebeldía, un espíritu de estupidez y contumacia: ojos para no ver, y oídos para no oír.
  3. 3. El hecho es que Dios permitió que todas las gentes quedasen envueltas en la incredulidad, para ejercitar su misericordia con todos. El amor sea sin fingimiento. Tened horror al mal, y aplicaos perennemente al bien; amándonos recíprocamente con ternura y caridad fraternal; procurando anticiparos unos a otros en la señales de honor y de deferencia. Bendecid a los que os persiguen; bendecidlos, y no los maldigáis. A nadie volváis mal por mal; procurando obrar bien no sólo delante de Dios, sino también delante de todos los hombres. Vivid en paz, si se puede, y cuanto esté de vuestra parte, con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, queridos míos, sino dad lugar que se pase la cólera; pues está escrito: A Dios le toca la venganza; y el hará justicia, dice el Señor. Antes bien si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber, que con hacer eso, amontonarás ascuas encendidas sobre su cabeza. No te dejes vencer del mal o del deseo de venganza, mas procura vencer el mal con el bien o a fuerza de beneficios. Toda persona esté sujeta a las potestades superiores: porque no hay potestad
  4. 4. que no provenga de Dios, y Dios es el que ha establecido las que hay en el mundo. No tengáis otra deuda con nadie, que la del amor que os debéis siempre unos a otros; puesto que quien ama al prójimo, tiene cumplida la ley. Andemos con decencia y honestidad como se suele andar durante el día: no en comilonas y borracheras, no en deshonestidades, y disoluciones, no en contiendas y envidias; más revestíos de los principios del evangelio, y no busquéis cómo contentar los antojos de vuestra sensualidad o pasiones y deseos del cuerpo. Descripción del amor y de sus propiedades (I corintios, capítulo 13, versículo 1 al 13) Cuando yo hablara todas las lenguas de los hombres y el lenguaje de los ángeles mismos, si no tuviere amor, vengo a ser como un metal que suena, o campana que retiñe. Y cuando tuviera el don de profecía, y penetrase todos los misterios, y poseyese todas las ciencias; cuando tuviera toda la fe posible, de manera que trasladase de una a otra parte los montes, no teniendo amor, soy un nada.
  5. 5. Cuando yo distribuyese todos mis bienes para sustento de los pobres, y cuando entregara mi cuerpo a las llamas, si el amor me falta, todo lo dicho no me sirve de nada. L amor es sufrido, es dulce, y bienhechor: el amor no tiene envidia, no obra precipitadamente ni temerariamente, no se ensorbece, no es ambicioso, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, siempre se complace de la verdad, a todo se acomoda, cree todo el bien del prójimo, todo lo espera, y lo soporta todo. El amor nunca funece; en lugar de que las profecías se terminaran, y cesarán las lenguas, y se acabará la ciencia. Porque ahora nuestro conocimiento es imperfecto, e imperfecta la profecía. Mas llegado que sea lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Así cuando yo era niño, hablaba como niño, juzgaba como niño, discurría como niño. Pero cuando fui ya hombre hecho, di de mano a las cosas de niño. Al presente no vemos a Dios sino como en un espejo, y bajo imágenes oscuras: pero entonces lo veremos cara a cara. Yo no conozco ahora sino imperfecciones; mas entonces lo conoceré con una visión clara, a la manera que soy yo conocido.
  6. 6. A hora permanecen estas tres virtudes, la fe, la esperanza y el amor; pero de las tres el amor es la más excelente de todas ellas. No des lugar a la seducción: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Estad alerta ¡oh justos! Y guardaos de errar: porque entre nosotros hay hombres que conocen a Dios, lo digo para confusión vuestra. Necio lo que tú siembras no recibe vida, si primero no muere. Y al sembrar no siembras el cuerpo de la planta que ha de nacer después, sino el grano desnudo, por ejemplo que es propio de ella. Hay asimismo cuerpos celestes, y cuerpos terrestres; pero una es la hermosura de los celestes y otra la de los terrestres. Pero no es el cuerpo espiritual el que ha sido formado el primero, sino el cuerpo animal; y enseguida el espiritual. El primer hombre es el terreno, formado de la tierra, y el segundo hombres es el celestial, que viene del cielo. Así como el primer hombre ha sido terreno, han sido también terrenos sus hijos; y así como es celestial el segundo hombre, son también celestiales sus hijos. Según esto, así como hemos llevado grabado la imagen del hombre terreno, llevemos también la imagen del hombre celestial.
  7. 7. Digo esto, hermanos míos: porque la carne y sangre a los hombres carnales no pueden poseer el reino de Dios, ni la corrupción poseerá esta herencia incorruptible. Ved aquí, hermanos, un misterio que os voy a declarar: Todos a la verdad resucitaremos, mas no todos seremos mudados en hombres celestiales. Para esos incrédulos cuyos entendimientos ha cegado el Dios de este siglo, para que no les alumbre la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque Dios, que dijo que la luz saliese a brillase de en medio de las tinieblas, él mismo ha hecho brillar su claridad en nuestros corazones, a fin de que nosotros podamos iluminar a los demás por medio del conocimiento de la gloria de Dios, según que ella resplandece en Jesucristo. Por lo cual no desmayamos: antes aunque en nosotros el hombre exterior o el cuerpo se vaya desmoronando; el interior o el espíritu se va renovando de día en día. Porque las aflicciones tan breves, y tan ligeras de la vida presente, nos producen el eterno peso de una sublime e incomparable gloria. Y así no ponemos nosotros la mira en las cosas visibles, sino en las invisibles. Porque las que se ven, son transitorias: más las que no se ven, son eternas.
  8. 8. Sabemos también, que si esta casa terrestre o el cuerpo corruptible en que habitamos viene a destruirse, nos dará Dios en el cielo otra casa, una casa no hecha de la mano de hombre, y que durará eternamente: que aun por eso aquí suspiramos, deseando la sobrevestidura del ropaje de gloria, o la habitación nuestra del cielo; si es que fuéramos hallados vestidos de buenas obras y no desnudos. Siendo como es forzoso, que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba el pago debido a las buenas o malas acciones, que habrá hecho mientras ha estado revestido de su cuerpo. Sabiendo pues el temor que se debe al Señor procuramos justificarnos delante de los hombres, mas Dios conoce bien lo que somos, y aun quiero creer que también somos conocidos de vosotros, allá en vuestro interior. Pues las armas con que combatimos no son carnales, sino que son poderosísimas en Dios para derrocar fortalezas, destruyendo nosotros con ellas los proyectos o raciocinios humanos. Bien conocidas son las obras de la carne, las cuales son… enemistades, pleitos, celos, riñas, disensiones, envidias, homicidios, y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen, no alcanzaran el reino de Dios.
  9. 9. Al contrario, los frutos del espíritu son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe o fidelidad, modestia, continencia, castidad. Para los que viven de esta manera no hay ley que sea contra ellos. Y los que han conocido el evangelio tienen crucificada su propia carne con los vicios y las pasiones. Si vivimos por el Espíritu de Dios, procedamos también según el mismo espíritu. No seamos ambiciosos de vana gloria, provocándonos los unos a los otros, y recíprocamente envidiándonos. Así es que lo que un hombre sembrare, eso recogerá. Por donde quien siembre ahora para su carne, de la carne recogerá después la corrupción y la muerte; más el que siembra para el espíritu, del espíritu cogerá la vida eterna. Por lo tanto, no nos cansemos pues de hacer bien: porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto (Gálatas, capítulo 5, versículo 19 al 25, y capítulo 6, versículo 8 al 10). Fuente de consulta La santa biblia, versión 1960 reina Valera o Vulgata Latina. Rezza Editores, México 2003. RUIZ LIMÓN, RAMÓN. CONSULTOR E INVESTIGADOR EN CIENCIAS.

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