llantodemudo      poesía     narrativa     historieta
Ilustraciones de tapa e interior: Nicolás Brondo.Diseño edición: D.C.-llantodemudo.Las obras publicadas en la revista pert...
llantodemudo         Guillermo Bawden           Andrés Nieva            Jorge Rossi         Iván Wielikosielek           D...
poesía
Guillermo Bawden  Mantra:  El pétalo que reluce en el basural  es sólo un pétalo  Bienvenidos a la máquina   La ciudad es ...
La vieja urbe dormida:                    Culebra bestial,                                       alucinada   En la piel br...
La ventana es el primer instrumento educativo, ayuda a com-prender la pasión divina de observarlo todo.   Primera función ...
Cuando mueran los peceslas langostas dominarán el mundoforjando su reino desde la palma de mi manoUn cordero sobre la niev...
Andrés Nieva EINICHLIEBE La esperó sentado mirando de frente a los colectivos que llegaban. Le llamó la atención que a su ...
Sacó de su bolsillo un chocolatese lo metió en la bocay le dijo a él que le sacara la mitad.Hicieron eso un par de veces.A ...
LOVE WILL TEAR US APARTAnoche estuve presente en cuerpopero ausente por el cansancioen una charla sobre el suicidio.Primer...
QuintoAlguien pensó suicidarsey ella olvidóun frasco de pastillasen su estómago.SextoSobre las paredes había montadosvario...
La soledad.Las ganas de escribir.El suicidio.No tiene lugar.
FEDERICOEstoy en un depósito de camionesesperando para ir a Nogoyork.Se acerca Federico,el hijo del dueñoy me comenta de su...
Éste asustadoLe dijo:-Que hacés?Respondió:-Un custodio no puede estar sin armas.En todas las esquinas apuntabaa la gentey s...
UN PACTOEn el camino de Los Puentespaso por un monolitoadonde en el pasadoen la zanjados adolescenteshicieron un pacto de ...
caminahaciendo una carrera en marcha.Todos los que hacen footingcada díaa través de los puentespasan por el monolito, bebe...
SOMBRERO DE WESTERN MEXICANOEn Villa de las Rosascompro ensalada macrobióticay camino viendosus árboles centenarios.Pasan ...
LA PLACITAMe sientoen la placita Champanaty fumo.La genteme traspasacuando camina.En la despensaalguien de camisa amarilla...
Camino dos cuadrasy me acuestoborrachoy sin fantasmas.Andrés NievaNació en 1973 en Villa Dolores, provincia de Córdoba. Es...
narrativa
Hospital de palomas                                                    Jorge Rossi    Ya eran más de las diez cuando me de...
Vi unos chicos que tiraban con la gomera. Eran los hermanosPicca, famosos por ser aplicados en todo: en peinarse, en estud...
Salí de la estación y doblé por la esquina de la carpintería. De re-pente me di cuenta de que tenía que pasar por el talle...
cima de mi hombro, se sonrió de repente y me dijo ¡guarda! Y sentíque algo me pegó en la espalda. Me di vuelta y vi que era...
-¿Dónde está tu novia? -preguntó Bobatto, cada vez más pesado.Después la siguió -Le falta algo en la cabeza a ese chico, ¿...
cuando todo comenzó a moverse y casi me caigo, y las casitas delHospital se derrumbaron y los techitos y paredes de ladril...
Se dio vuelta e hizo como el más grande de los Picca: le enroscóel cogote y dijo, - Tomá, salvala vos-, y me arrojó la cabe...
Conociendo a Madame Lisa                                        Iván Wielikosielek   1-    La mujer a la que todos llamaba...
aquello, mi madre dejó de amasar tortitas de carne molida. Yo mirésus manitos de mujer divorciada que también eran “un hec...
Madame Lisa”, decía el ama de llaves, como si con esa sola invoca-ción diera por sentado un exhaustivo control de calidad....
-Que conste que sólo lo hago por vos. Y algún día acompañámea La Copa, que el Chino Luna nos lleva a todos en la chata y n...
6-    Golpeamos la puerta de la casa más aristocrática del pueblo peronadie atendió. Golpeamos por segunda vez.    -Parece...
Al cabo de unos segundos que me parecieron eternos, se abrie-ron dos altas hojas de madera con un crujido de siglos. Y ent...
9-    Después de haber probado de aquella copa, no puedo recordarcon exactitud lo que pasó. Quizás porque me sobrevino un ...
10-    Di la vuelta manzana con lentitud, sin esperanza alguna de en-contrar a Luchi a semejante hora. Pero contra todos l...
j
historieta
de cero Guión y dibujos:Diego Simone
historiade la guerra      Guión:Federico Reggiani      Dibujos:Lauri Fernández
Llantodemudo nueva epoca 01
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  • LLANTODEMUDO 01 – NUEVA ÉPOCA
    POESÍA-NARRATIVA-HISTORIETA

    Bueno, si conocen un poco la editorial sabrán que editamos 5 números de una revista de poesía hace muchos años (pueden descargarlas acá: www.llantodemudodigital.blogspot.com.ar ) con el nombre de la editorial.
    Ahora vamos a hacer esta nueva, con la misma locura que antes.
    Trae poesía, narrativa e historietas. Van a salir 4 al año. Cada dos números puestos digitalmente realizaremos una tirada limitada en papel.
    Lo más importante es esto: se recibe material.
    Los que quieran mandar poemas, cuentos e historietas pueden hacerlo a llantodemudo@hotmail.com, con un par de requisitos:

    Poesía: 8 poemas no demasiado largos, o menos muy largos.
    Cuento: 1 o 2 (se publica uno por persona).
    Historieta: una historieta en blanco y negro, o con grises, de 8 páginas, tamaño A5 (medio A4, 14.85x21 cms).

    En todos los casos mandar una bio y un mail de contacto.
    Y que en el título del mail que manden diga REVISTA LLANTODEMUDO:

    Bueno, empezamos con este primer número que tiene trabajos de:
    Andrés Nieva, Guillermo Bawden, Jorge Rossi, Iván Wielikosielek, Federico Reggiani, Lauri Fernández y Diego Simone. Tapa e ilustraciones de interior de Nicolas Brondo.
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Llantodemudo nueva epoca 01

  1. 1. llantodemudo poesía narrativa historieta
  2. 2. Ilustraciones de tapa e interior: Nicolás Brondo.Diseño edición: D.C.-llantodemudo.Las obras publicadas en la revista pertenecen en su totalidad a sus autores.La editorial se hace responsable de lo que sea, mientras no haya que pagar unasado.llantodemudoNueva época número 1Febrero 2013Ediciones Llanto de Mudo 2013.Colón 355 – Local 61 – Galería Cinerama – Córdoballantodemudo@hotmail.com
  3. 3. llantodemudo Guillermo Bawden Andrés Nieva Jorge Rossi Iván Wielikosielek Diego SimoneFederico Reggiani y Lauri Fernández
  4. 4. poesía
  5. 5. Guillermo Bawden Mantra: El pétalo que reluce en el basural es sólo un pétalo Bienvenidos a la máquina La ciudad es un insecto. Una boca que gotea sobre las cabezastranseúntes. Dueña de un vestido salvaje con el que puede cubrir-nos para tragarnos, sin que la molesten. Ciudad: Flor carnívora creciendo desde el asfalto.
  6. 6. La vieja urbe dormida: Culebra bestial, alucinada En la piel brillante de extrañas criaturas muertas al sol, comien-zan las ceremonias de la sal. Oscuras plumas viajan en el viento. Elamanecer y la sangre recorren los istmos del sexo. Una prisión cá-lida se eleva desde las sábanas. ¿Cuándo llegarán los días de la serpiente? Aguacero de verano, frío y gris sobre la ciudad, barro e incienso. El delta de las horas inunda la suave tierra del trigo y entoncesviajamos lejos, hacia el este. A la estepa, para visitar al Zar. El cerebro necesitaba algo más para evadir las sombras. Envió a las membranas mas delgadas a formar un círculo y posarse sobre la superficie, presionando la piel El ojo se formó para que el cerebro pueda entregarse al ocio.
  7. 7. La ventana es el primer instrumento educativo, ayuda a com-prender la pasión divina de observarlo todo. Primera función de cine adulto edulcorando la suave mente deun niño. Primer contacto con la noche. Maravillas del mundo moderno: El ojo y el yo hermanos siameses sin cirugía programada Insertas en el cráneo, dos joyas absorben ávidamente el mundo. ¿Sabremos cuidar el fuego? Un mundo duerme entre la seda y los días claros Necesitamos el descanso Saldremos al valle en procesión cuando el asesino retorne a casa
  8. 8. Cuando mueran los peceslas langostas dominarán el mundoforjando su reino desde la palma de mi manoUn cordero sobre la nievesobre la nievegotas rojascomo pétalosen un plato de leche Guillermo Bawden: (Córdoba 1977) Editó la novela “Letra Muerta”, junto a Cezary Novek (Llanto de mudo Ediciones – Fan Edicio- nes - 2012) “Cuando Mueran los peces” (Textos de Cartón- diciembre 2012) En el 2013 editará “Marlboro Vox” por Editorial Tintadenegros, de la cual es editor y co fundador. “Grimorio del Buho” permanece inédito.
  9. 9. Andrés Nieva EINICHLIEBE La esperó sentado mirando de frente a los colectivos que llegaban. Le llamó la atención que a su lado había unos pequeños televisores que mediante un peso empezaban a funcionar. Había cinco personas mirando las pantallas y los programas que cada uno miraban eran diferentes. Uno veía las noticias otro, un partido de bowling el de la izquierda, un canal de ciencia el que estaba a su lado, la señal española y por último tres nenes veían un canal de dibujitos animados. Cuando ella bajó del colectivo corrió a su encuentro y le dió un ardiente beso. Estuvieron un par de horas caminando conversando tomados de la mano. Ella era una rubia de ojos verdes descendiente de alemanes.
  10. 10. Sacó de su bolsillo un chocolatese lo metió en la bocay le dijo a él que le sacara la mitad.Hicieron eso un par de veces.A ella le encantan los chocolates.Después fueron a un hotel alojamiento.Hicieron varias veces el amor.Él pagó el hotel y la acompañóa tomar el colectivo de las 6 de la mañana.Se dieron varios besosy ella desde el colectivolo saludaba emocionada con sus manos.Esperó que se fuera el colectivoy cuando ya se había marchadodejando la huella de los neumáticos en el asfaltorecordó la frase que ellale dijo toda la noche.Einichliebe.
  11. 11. LOVE WILL TEAR US APARTAnoche estuve presente en cuerpopero ausente por el cansancioen una charla sobre el suicidio.PrimeroSe hizo en la Casona Municipal.Al subir las escalerashabía dos tipos disfrazados de Batman y Robin.De fondo se escuchaba Love will tear us apart de Joy DivisionSegundoUn escritordio una charla sobre Ian Curtisy en un momentó se enojó porque no lo dejaban hablarcon el bullicio que había alrededor.TerceroLlegó Vicente Luy, que tiene algunos poemas que me gustan,y varias veces intentó suicidarseCuartoComo decorado a la presentación habíaun colchón, una escalera y una cucarachade madera haciendo clara referenciaa Franz Kafka.En otro rincón había esculturas de Bukowski,Burroughs, y Poe, que no tienen nada que vercon el suicidio.
  12. 12. QuintoAlguien pensó suicidarsey ella olvidóun frasco de pastillasen su estómago.SextoSobre las paredes había montadosvarios puestos de venta de publicacionesde editoriales independientes.Me quedé leyendoNo sé porqué de deber morirde Alberto Mazzochique se suicidó el 5 de febrero de 1960.SéptimoMe ofrecieron un poco de vino y bebí dos tragosy me quedé apoyado sobre una pared.OctavoLa imágen que faltaba.Pasó Robintomando vino con la base inferior recortadade una caja de Tetra y Batman fumando.NovenoMe venció el desgano, el cansanciopero sobretodo tomar un poco de aire.DécimoMientras existan los libros.El vino.
  13. 13. La soledad.Las ganas de escribir.El suicidio.No tiene lugar.
  14. 14. FEDERICOEstoy en un depósito de camionesesperando para ir a Nogoyork.Se acerca Federico,el hijo del dueñoy me comenta de su dietade salamín con queso roqueforty que también le gusta comerberenjenas con ajo.En google puso en favoritosuna página con las caloríasde cada alimento.Los camioneroshacen bromasy le dicenque no le gusta trabajar.El les contesta:-Salí a mi viejo!Federico tiene epilepsiay cuando no toma los medicamentosse desmaya y empiezan los ataques.Federico tiene una bicicleta con motory en ella va al banco a hacer los depósitos.En el barrio a las vecinasles hace las instalaciones eléctricas.Ellas piensan que cobra caro.El les dice:-Es un trabajo de riesgo.Cuando vienen camionerosque no conocen la ciudadFederico les hace de guía.Una vez,compró un revolver de juguetey al subir al camiónle apuntó a la cabeza al transportista.
  15. 15. Éste asustadoLe dijo:-Que hacés?Respondió:-Un custodio no puede estar sin armas.En todas las esquinas apuntabaa la gentey suplicabanque no los mate.Federico cada díatiene algo nuevo que contar.Está enamorado de la china del super,relata que tiene lindas piernasy mucho dinero.Federico piensa que algún díapuede romperse la cabezacon sus ataques epilépticosal caer en el suelo.Siempre está serio.Carga cajas en un camión.Lo saludo con la mano.Subo a la camionetay voy a Nogoyork.
  16. 16. UN PACTOEn el camino de Los Puentespaso por un monolitoadonde en el pasadoen la zanjados adolescenteshicieron un pacto de sangrey planearon matarse.La piba no se animóa pulsar el gatilloy su noviola matócon el bebeque tenía en la panza.Cuando la vio tirada a su chicase asustóy salió corriendo.Los canas lo agarraron en su casa.Después del juicioviajó a USA.Sigo caminandoy veo tres pibes tirados en el pastojugando con una netbook.Debajo de uno de los puentes,una familia se bañaen agua con barro.Fumo.Julito el que cuida el parqueDice:“A Noyork hay que tenerle fe”Tacaño, un pibecada dos palabras dice “ey cholo”luego acelera la moto y se va.Sobre el puenteun exhibicionista en sungay en cuero
  17. 17. caminahaciendo una carrera en marcha.Todos los que hacen footingcada díaa través de los puentespasan por el monolito, beben aguay traspiransobre el asfaltoviejo por los añosy el sol.
  18. 18. SOMBRERO DE WESTERN MEXICANOEn Villa de las Rosascompro ensalada macrobióticay camino viendosus árboles centenarios.Pasan mujeres con pelosen las piernasy vestidos multicolores.Enfrente, hay un barcitoy en sus mesasconviven turistas y lugareños.Un hombre del pueblo,ebrio y con sombrerode western mexicanome da alegría.Los autos siguen girandoalrededor de la plazay las palomaseligen sus víctimaspara enviar sus cagadasdesde el cielo.
  19. 19. LA PLACITAMe sientoen la placita Champanaty fumo.La genteme traspasacuando camina.En la despensaalguien de camisa amarillatoma cervezacuando cae el sol.Acá podes beberhasta desmayartey la policíano dice nada.En Nogoyorklos pibesse suicidantodo el tiempoy las salas fúnebresno paran de recibircuerpos jóvenes.Cruzoy al entrar en la despensaun timbre chillónsimulala novena sinfoníade Bethoven.La gente habla muy rápidoy casi no logro entenderlo que dicen.La noche avanzahasta chocarcon la madrugada.
  20. 20. Camino dos cuadrasy me acuestoborrachoy sin fantasmas.Andrés NievaNació en 1973 en Villa Dolores, provincia de Córdoba. Es autor deBoca del Río (Llanto de mudo, 2004), Una colcha es muy poco para tapareste invierno (Llanto de mudo, 2005), Say yes (Llanto de mudo, 2007),La suerte del perdedor afortunado (Llanto de mudo, 2007), El tiempo esun perro que huele mal y golpea a tu puerta (Textos de cartón, 2009),Poemas piedras (Textos de cartón, 2009), El cuchillo que detuvo los la-tidos (Felicita cartonera, Paraguay, 2010), Love will tear us apart (Edi-ciones diatriba, 2011), Punk espacial (Textos de carton, 2012), Losdiarios robados (Postales japonesas editora, 2012)Escribe en: www.lospoetasseaburren.blogspot.com
  21. 21. narrativa
  22. 22. Hospital de palomas Jorge Rossi Ya eran más de las diez cuando me despertaron. Me había dor-mido viendo tele, en la silla, como siempre. Dije que no estaba dor-mido pero igual me mandaron a bañar. En el espejo del baño memiré el pelo revuelto y opaco de tierra, la cara de sueño y la manchamorada en la remera roja, justo al medio, entre el pecho y el estó-mago. Al verla me acordé de cómo había llegado hasta ahí. Esa mañana me había levantado como a las diez porque, graciasal paro de las maestras, no había clases. Me vestí y, como todos ibany venían por la casa sin hablar, preocupados por la recaída delabuelo, aproveché y me fui sin decir nada. Después de dudar unas cuadras y volver sobre mis pasos variasveces, descartando posibles destinos, acepté con un poco de resig-nación que no me quedaba otra que ir del Juan. Antes de llegar a sucasa lo reconocí, desde lejos, parado en la vereda. Tenía un buzoblanco atado al cuello, nuevo o limpio, como las zapatillas. Bañadoy cambiado se daba cierto aire, no parecía él. Sin que nos saludemosme dijo que se iba a Villa María con su mamá, para que le revisenel oído. Después del médico iban a ir a visitar a su abuelo, el padrede su mamá, mientras ella aparecía justo en ese momento y cerrabala puerta del frente con todo, con un bolso a los pies y un cigarrilloen la boca. Los acompañé unas cuadras, hasta la estación de ferrocarril.Ellos siguieron hasta la terminal de ómnibus y yo desvié antes ycrucé la estación por entre los eucaliptus.
  23. 23. Vi unos chicos que tiraban con la gomera. Eran los hermanosPicca, famosos por ser aplicados en todo: en peinarse, en estudiar,en vestirse humildemente. Siempre se los veía en tres lugares: ti-rando con la gomera con recortes en la estación, en la escuela, o enmisa. Nunca jugaban al fútbol y no sé si alguien los habrá invitadoalguna vez. Nunca tuve mucho trato con ellos y esa mañana no ibaa ser muy diferente que digamos. Solamente me acerqué para verqué hacían. Cazaban, me dijo el más chico de los dos. No sé por quéme contestó el saludo. No le preguntaba qué hacían, porque eraobvio. Pero esa reacción me hizo pensar en que no querían que losmolesten. Me quedé mirando cómo estiraban hasta el miedo sus gomeras,cómo con sus recortes llegaban hasta lo más alto de las ramas, endonde ellos veían turcas, pichones, de la virgen, y yo no veía nada.Y caminaban después tranquilos hasta las que caían aleteando,entre colchones de hojas sueltas, perfumadas, opacas, brillantes porla humedad. -¿Está muerta o está viva?-, le pregunté al mayor en cuanto vique agarraba una del piso. -Se va a morir-, me dijo, mientras el más chico le traía la bolsadonde ponían las palomas muertas. Y ahí nomás, dejando caer lagomera y sin ninguna lástima, la sujetó con la derecha y con lazurda le empezó a enroscar el cuello, dos o tres vueltas, hasta quede un tirón le arrancó la cabeza al pobre bicho antes de meter elcuerpo decapitado en la bolsa que sostenía su hermano con cara debuen monaguillo. Me pareció de lo más cruel. Si los viera mi vieja, sin importarleque fueran los hijos de Picca, los hubiese cagado a pedo igual. Como no me ofrecían para tirar, disimulé un rato y me fui, con-tinuando el camino que me había llevado hasta allí, sin saber muybien adónde ir. Pensé en llegarme hasta la canchita que estaba en la misma esta-ción, dos cuadras más allá. No sabía si mis otros compañeros iríana jugar al fútbol, aunque era difícil que nos juntáramos de mañana:seguro estarían durmiendo o tomando la leche en la cama. Descartéir del Gordo Francisco ya que su padre lo habría puesto a laburaren la verdulería y, además de todo, quedaba lejos, como a seis cua-dras.
  24. 24. Salí de la estación y doblé por la esquina de la carpintería. De re-pente me di cuenta de que tenía que pasar por el taller de Succo.Apuré el paso, sin mirar a ver si estaba. Siempre me decía guasadaspara que me pusiera colorado, y me las tenía que aguantar porqueera amigo de mi viejo. Sentí el olor a aceite mezclado con tierra, elruido del compresor cargándose, pero nadie me llamó ni dijo nada.Me había salvado Cuando llegué a la otra esquina estaba cerca de mi casa. No mequedaba otra que volverme. Y eso estaba por hacer cuando vi que eran varios chicos remoli-neando en la vereda de la casa de Horacio, el hijo del doctor delpueblo. Busqué con la mirada a ver si había alguno de mis compa-ñeros de quinto, pero no reconocí a nadie. Eran algunos de sexto ytambién estaban el Chano y el Virgilio, que ya habían terminado laprimaria y no quisieron seguir estudiando. Me acerqué. Pasé entre el 3CV y el 504 del doctor. Subí a la ve-reda, y ahí vi que estaban los boludos del Tito Bobatto y el MaritoBribott, que siempre nos hacían la vida imposible a mí y al Juan.Pasé de largo cuando me acerqué a ellos, sentados en sus bicis, yme dijeron algo al pasar, seguro, porque se reían y porque siempreme decían algo. La Casa de Horacio hacía esquina en una cortada. Junto a la tapiaque daba a esa cortada, a la vuelta de donde estaban esos estúpidos,iban y venían los otros, traficando con unos ladrillos en las manos.Hacían algo con la pila de ladrillos eternos y musgosos que estabanahí desde siempre. Le pregunté al Horacio que qué estaban haciendo. -A ver, correte-, me dijo el Chano, con dos ladrillos, uno en cadamano, como si no hubiese podido pasar por otra parte. -Estamos haciendo un Palomar. Las vamos a criar y a medidaque vayan teniendo crías se las vamos a ir vendiendo al club de ca-zadores.- dijo Horacio La idea me gustó y le pregunté cuántas tenían. Me dijo que dos,por ahora, y que estaban heridas. El Chano y el Virgilio se las habíanpedido a los Picca esa mañana. Las iban a curar para que despuéstuvieran las crías. Entonces le dije que más que un palomar estaban haciendo unHospital de palomas, y el Horacio se quedó mirando como por en-
  25. 25. cima de mi hombro, se sonrió de repente y me dijo ¡guarda! Y sentíque algo me pegó en la espalda. Me di vuelta y vi que era un palitode fresno con un gallo verde que había caído cerca de mi pie. Quisemirarme la remera para ver si me habían ensuciado, pero no pude.Me di cuenta que habían sido aquellos dos, ya que el palito era delárbol donde ahora estaban ellos con sus bicicletas, a metros de mí,haciéndose los que conversaban distraídos. Me alejé un poco más allá, mientras ellos se reían sin mirarme.Me paré junto a la pila, del otro lado para que no me molestaran. Virgilio era muy morocho, con músculos y una voz gruesa, peromedio petiso y algo cagón con los de su edad. Hablaba con losdemás y hacía de cuenta que yo no existía, y eso que estaba al ladosuyo. Me apoyé contra la pared con las manos atrás y los mirabahacer. La pila, así como estaba, habrá tenido un metro y algo de alto, yhabían acomodado los ladrillos de tal forma que quedaban comounos cuadraditos con techos donde tenían las dos palomas, una encada habitación. Aunque no las veía escuchaba sus ruidos, sus arru-llos asustados, las uñas raspando el ladrillo y algunos aleteos: ha-brán estado incómodas las pobres. Los otros dos se acercaron con las bicis por la calle y se me pu-sieron bastante cerca. No decían nada, pero se sonreían. Por ladudas evité mirarlos. El Chano volvió con una tapita de frasco de mayonesa llena deagua en una mano y en la otra, una latita vacía de picadillo consorgo partido. Horacio era piola, no como los otros. Arrancaba losyuyos que rodeaban la pila. Su perro, el Cartucho, nos ladraba atodos del otro lado del tapial y se abalanzaba con tanta fuerza quetodo se movía con un cimbronazo. -¿Y dónde está tu amigo?- me preguntó Bobatto. No le contesté. Ni siquiera lo miré. -¿Estás seguro de que son amigos?-, dijo el otro, que de los dosera el que menos me molestaba. -¿No son hermanos? Y se dabavuelta para no reírse descaradamente. Horacio le preguntó al Chano y al Virgilio si ese poquito de pastoque tenía cortado en la mano no les serviría para darle de comer alas palomas. Los dos se miraron; me pareció que no sabían y dijeronque sí, no muy seguros.
  26. 26. -¿Dónde está tu novia? -preguntó Bobatto, cada vez más pesado.Después la siguió -Le falta algo en la cabeza a ese chico, ¿no? A míme parece que no las tiene a todas. Lo sigue todo el día a éste comoun perro. ¿No son hermanos?- y escupió y el salivazo me cayó cercadel pie, por lo que se largaron a reír los dos. Y también el Chano yel Virgilio. Hasta el primo de Horacio que recién llegaba se rió. Esebostero iba conmigo, pero cuando se juntaba con los más grandeshacía como que no me conocía. Corrí los pies un poco más atrás. Estaba pensando en irmecuando Bobatto al parecer se cansó de molestarme, porque hizopara atrás en la bici, ayudado con los pies, y salió pedaleando contodo, sin decir chau a nadie. El Marito le dijo, -no saludés nunca,vos- y después, a los otros -también me voy a comer. Chau.- Y yo dije chau, como todos, aunque no fuera para mí el saludo. Mi compañero de curso le gritó que esta tarde tenían entrena-miento, y Bribott le contestó ¡bueno!, desde lejos. -Yo tengo una paloma en casa- le mentí al Chano, mientras losotros dos le explicaban al primo de Horacio qué estaban haciendo. -Y traéla- me dijo, sin dejar de hacer lo suyo. – La ponemos acáy te hacés socio nuestro. Me puse contento. Tendría que venir una vez cada cuatro días,me explicó, a revisar la comida y el agua y de paso fijarme que nohubiera perros ni gatos cerca. Me puse más contento todavía. Ahí nomás les dijo a los otros, -éste tiene un pichón en su casa-.Los otros se dieron vuelta y me miraron, y el Virgilio dijo.- Que lotraiga- y siguieron charlando como tipos adultos. -Y además tengo una pala ancha de medialuna para sacar losyuyos de acá, y porlan en el patio para pegar estos ladrillos y…- yhablaba y hablaba, y las palabras me salían volando de la boca,como las palomas en el Club de Cazadores, prometiendo cosas queeran todas verdaderas, menos lo del pichón, pero era lo de menos:ya era socio del Hospital de Palomas. Seguro que el Juan va a querer venir, pensé, pero lo iba a engañarpara que no me siguiera y arruinara todo como siempre. Seguro meiba a hacer quedar mal. Y pensaba en eso y en todo lo que le iba diciendo al Chano, queterminaba de sacar unos yuyos con las manos, cuando, sin prestaratención, me apoyé en la pila de ladrillos. Me di cuenta recién
  27. 27. cuando todo comenzó a moverse y casi me caigo, y las casitas delHospital se derrumbaron y los techitos y paredes de ladrillos aplas-taron a las palomas. -¡¿Qué pasó?! ¡¿Qué pasó?! –se vinieron al humo los otros. -¡Este pelotudo, se apoyó!- dijo el Chano y no dijo más. Él y Vir-gilio iban sacando de a uno los ladrillos. Horacio se mordía los la-bios con las manos cruzadas atrás de la nuca. Mi compañero de lamañana miraba y hacía que no con la cabeza. Sacaron una paloma muerta, la miraron entre los cuatro, yo unpoco más alejado. El Chano se la sacó al Virgilio de las manos y ha-ciendo unos pasos para atrás la tiró del otro lado de la tapia, dondeenseguida la habrá agarrado el Cartucho. Quedaba la otra que todavía se movía y aleteaba. A esa la junta-ron del suelo, escapando peligrosamente hacia la calle, hacia ningúnlado. La agarró el Horacio y la trajo al grupo. Se la pasaban de manoen mano, la daban vuelta, se la acercaban al oído como si fuera unreloj, con dudas de que anduviera o no. -Se va a morir- sentenció el Chano. -Seguro- dijo mi compañero de curso. -Se puede salvar- les dije, preocupado, acercándome- se puedesalvar. ¿O no que hasta los que tienen cáncer puede salvarse?- sentíque me temblaba la voz- Pregúntenle al padre de Horacio, si no.¿O no, Horacio? -Se va a cagar muriendo- me dijo con pena Horacio, -está reven-tada por dentro-. No se si sentía pena por mí o por la paloma. Me transpiraban las manos y sentía que se me aflojaban las pier-nas. En ese momento pensé, por qué no me fui del Gordo o mequedé jugando en mi casa con los perros. Los otros tres se alejaron. El Virgilio, unos pasos más allá, parecíaque quería cagarme a trompadas y los otros lo convencían de queno. Me acerqué al Chano, que se había quedado con la paloma deespaldas a mí y la miraba. -Enserio- le dije como en confianza- mi abuelo tiene cáncer y lollevan a Córdoba a curarse. Mirá si no tuviéramos esperanzas. ¿Quéharíamos nosotros? ¿Lo dejaríamos morir? Se va a salvar la paloma,estoy seguro de que se va a salvar.
  28. 28. Se dio vuelta e hizo como el más grande de los Picca: le enroscóel cogote y dijo, - Tomá, salvala vos-, y me arrojó la cabeza sueltaque me pegó acá, un poco más arriba del estómago y se fue, tirán-dole lo que quedaba del cuerpo al Cartucho. Me quedé solo, parado ahí. Eran más de las doce, cerca de la unahabrá sido. Me di cuenta porque en la calle no andaba nadie. Volví a casa. Comí y después no salí más. Preferí pasar la tardeen el patio jugando con los perros. Jorge Rossi nació en Pozo del Molle, provincia de Córdoba, en 1978. En 2008 participó de la an- tología de cuentistas villamarienses “Voces de este río” (Eduvim ediciones) y en 2009 publicó la novela “Murarena” con este sello editorial. Vive en Villa María y se desempeña como docente de literatura en el nivel medio. El presente relato era inédito.
  29. 29. Conociendo a Madame Lisa Iván Wielikosielek 1- La mujer a la que todos llamaban Madame Lisa, había venido avivir hacía pocos meses al pueblo. Los chicos no la conocíamos deningún lado pero los hombres más grandes sí. Según ellos, habíasido compañera de la escuela secundaria y además, “la chica máspretendida de la promoción”. A esto me lo había contado el ChicheEusebio, el carnicero del barrio en una de aquellas tardes en que mimadre me mandaba a comprar carne molida para mi abuelo. “Perose creía mejor que nosotros. Era como si los del pueblo fuéramospoca cosa para ella, que venía de la gran ciudad” decía el viejo conlas manos brillosas de grasa. Esa misma tarde, además, mi madreme contó el origen de su apodo. “En la escuela se daba tantas ínfulasque una vez el Chino Luna le había dicho ¿pero quién te creés quesos vos? ¿una madama? (que por otra parte era el único título nobi-liario que conocía el muchacho y no precisamente por su educaciónfrancesa); a lo que ella, extendiéndole una mano lánguida para quese la besara como en los palacios, le respondió, “sí, su majestad, soyuna madama… soy Madame Lisa”. Y según cuenta mi madre (y aella le contó su primo el Panchi) la chica se rió “con tanta sensuali-dad”, que dejó más embobados todavía a los hombres. Lo cierto es que antes de terminar el colegio, Madame Lisa y sufamilia se volvieron a vivir a Rosario porque “su papá estaba sos-pechado de un hecho sangriento que nunca se aclaró”. Y al decir
  30. 30. aquello, mi madre dejó de amasar tortitas de carne molida. Yo mirésus manitos de mujer divorciada que también eran “un hecho san-griento” y tuve lástima de ella y de toda su descendencia. 2- A los chicos de quince años nos costaba creer que Madame Lisahubiera sido bella alguna vez casi tanto como creer que alguna vezhabía sido joven; aunque a decir verdad nunca la habíamos visto ala luz del día. Vivía encerrada en la antigua casa familiar y su únicaaparición pública siempre se producía al caer la tarde, hora en quese asomaba al ventanal de calle con un pañuelo atado al cuello, an-teojos de sol y un sombrero negro. “No soporta verse vieja, por esonunca sale ni tiene espejos en la casa”, me había dicho mi madre.“De joven era una mujer hermosa pero ahora es una vieja comocualquiera, nada más que no lo acepta”, había dicho el Chiche Eu-sebio en otra de sus disertaciones, espantando moscas con susmanos enormes y rosadas. Lo cierto era que, desde su llegada, yo no conocía a nadie quepudiera afirmar haber visto de la nueva vecina algo más que aquellafigura en la ventana. Y hasta incluso este espectáculo era borroso;duraba apenas unos minutos, el suficiente para que “madame” sefumara un cigarrillo y luego entrecerrara las cortinas rojas por elresto de la noche. El almacenero Tito Licheri le llevaba dos pedidossemanales de mercadería pero siempre se los recibía doña Elvira;una señora del campo que era algo así como su ama de llaves. Elvirase limitaba a pagar la cuenta, dar las gracias con sequedad y cerrarla puerta enseguida. El canillita del pueblo, don Arsenio Melano, ledejaba todos los días un diario de la capital y unas revistas del jetset, pero siempre bajo puerta. Y todos los lunes, Elvira se dejabacaer por el kiosko y pagaba religiosamente la factura. “Vengo a can-celar la cuenta de la señora”, decía siempre. Don Eusebio tambiénhablaba de “la mucama de la colonia”, que tres veces por semanacompraba un kilo de bifes de hígado. “Córtelos finitos que son para
  31. 31. Madame Lisa”, decía el ama de llaves, como si con esa sola invoca-ción diera por sentado un exhaustivo control de calidad. 3- El único intento de visita en esos tres meses a la recién llegada,lo había hecho doña Cata Sassi, su “mejor amiga” en tiempos de laescuela; aunque en el pueblo todos decían que la mujer nunca habíatenido “lo que se dice amigas”. Doña Cata había contado en la despensa de Licheri que al gol-pear la puerta, la mucama le había dicho que “por el momento laseñora no está recibiendo a nadie”. “¡Pero quién se creerá que es!”, había dicho doña Cata. “Por másque haya sido una reina cuando éramos unas mocosas, no es asícomo se trata a una vieja amiga”. “Pero Cata, la Lisa era más que una reina… era un diosa” habíadicho don Tito Licheri sin poder contenerse, en lo que la gente delpueblo consideró como su única pulsión romántica a lo largo desiete décadas; luego de lo cual agachó la cabeza y siguió con los bi-gotes sumergidos en los factureros. Entonces me dije que no pasaría una semana más sin que yo lafuera a visitar a la recién llegada; al fin y al cabo, yo nunca habíaconocido una diosa. Y en el pueblo sólo había chicas normales, vie-jas resentidas y mujeres divorciadas que producían hijos perturba-dos y albóndigas sangrientas. 4- Le pedí al Luchi Lualdi que me acompañara en mi expedición,quizás porque de todos los amigos del colegio que yo tenía por eseentonces, era “el más educadito”, al decir de mi madre. Y lo que yoquería hacer, sobre todas las cosas, era una visita seria. -¿Y qué le vas a decir a esa vieja si te abre? ¿Que viniste a ver siera cierto que estaba buena hace doscientos años? -Le voy a decir la verdad; que escuché hablar tanto de ella queme dio curiosidad conocerla…
  32. 32. -Que conste que sólo lo hago por vos. Y algún día acompañámea La Copa, que el Chino Luna nos lleva a todos en la chata y no po-nemos un mango… Le dije que lo iba a pensar pero que, de todas formas, no queríadebutar en un quilombo; “es la cosa más triste que le puede pasara un hombre”. A esto lo había dicho una vez mi padre y yo lo habíarepetido como una vieja letanía. Mi amigo hizo un silencio y pareciócomprenderme. -El domingo a las diez te paso a buscar por tu casa, Luchilú…-ledije, sabiendo que no le gustaba ese sobrenombre; era el que le habíapuesto la nieta de doña Cata Sassi, que hacía un mes lo había dejadocomo un perro. -Te espero a esa hora, boludo de mierda… 5- Y el domingo ahí estaba el amigo Lualdi, hecho un gardelito enla vereda con un traje estilo primera comunión que le quedaba untanto antiguo a un chico de nuestras épocas. -¡No me digás que esas flores son para la vieja! –me dijo apenasme vio. -Más vale… Ella es una reina y esto es una corona… -Vos estás pirado en serio… En realidad, aquello no era ninguna corona; era un ramo de cla-veles blancos. Se los había comprado a una de las señoras que teníanjardín cerca del cementerio. -¿A quien se las vas a regalar? -me había preguntado Doña Dora. -A una dama que no conozco -le había contestado yo. -Entonces llevále claveles blancos. No fallan nunca - dijo la mujercomo recomendando una medicina infalible. Y yo le creí a rajatabla.
  33. 33. 6- Golpeamos la puerta de la casa más aristocrática del pueblo peronadie atendió. Golpeamos por segunda vez. -Parece que no hay nadie –dijo Luchi. -Alguien tiene que haber porque hay luz –dije mirando entre lascortinas. -Lo único que veo son un montón de gatos en los sillones –dijomi amigo. -Esperáme que voy a ir por el patio de atrás, a lo mejor están delotro lado... Mi amigo me miró sin entender y a la vez dio un soplo de resig-nación, como diciendo: “está claro que hoy tengo que aguantarmede todo”. Entonces di la vuelta a la manzana en el preciso momento queel reloj de la iglesia marcaba las nueve y media. En verano, era lahora en que el sol se ponía en el horizonte. 7- La casa de los Amicarelli tenía un viejo portón de rejas cubiertode enredaderas. Hacía mucho tiempo atrás, había servido para laentrada de carruajes, cuando en el pueblo aún no había automóvi-les. A eso me lo había contado mi abuelo, que había visto entrar ca-rretas de otras ciudades como si fueran colectivos. También mehabía dicho que aquel portón era el último que quedaba de aquellaépoca en todo Ballesteros. Metiendo los brazos entre los barrotes oxidados, golpeé lasmanos entre ramas y hojas secas pero no atendió nadie. Entoncesvi encenderse una luz en una de las piezas; una tenue y pálida luzrosada. Tirando los claveles por encima del portón, salté la reja ylos recogí del otro lado, desparramados en el pasto. Luego atravesécorriendo un patio que nunca imaginé tan grande, lleno de plantasfrutales y senderos de ladrillo molido. Y una vez frente a la puertade pálidas cortinas color salmón, golpeé el cristal con los nudillos.
  34. 34. Al cabo de unos segundos que me parecieron eternos, se abrie-ron dos altas hojas de madera con un crujido de siglos. Y entonces,frente a mí, se apareció en las penumbras una chica en camisónblanco; una adolescente de una belleza extraterrena que nuncahabía visto en el pueblo y que seguramente no vería jamás. -Sos bienvenido. Pasá por tu propia voluntad y dejá en esta casaalgo de la inocencia que traés –me dijo. Y entré. 8- Tomándome de las manos, la chica me sonrió como si nos cono-ciéramos desde hacía mucho; lo cual me incomodó. ¿Cómo iba a ol-vidarme yo de semejante mujer de haberla conocido? Sin embargo,al poco tiempo, noté que la chica tenía algunos rasgos que me ha-cían acordar a la vieja que por las tardes se asomaba a la ventana yque yo había venido a visitar. “Seguro que es la nieta y ya no sé sime interesa conocer a la abuela”, me dije. Pero la idea de haber en-trado sin que la dueña de casa supiera de mí, me puso repentina-mente incómodo. -Soy Mirki -dije. -Y yo soy Lisa… ¿Las flores son para mí? -Sí, para vos, pero… -Gracias… No sabía que hubiera gente tan atenta en este pueblode gringos brutos… -¿Y la vieja de la ventana? ¿No era esa Madame Lisa? –dije conagitación- ¿Y doña Elviraa? ¿Dónde está doña Elvira? -Doña Elvira tiene franco los domingos y se va al campo a visitara su hermana. En cuanto a lo otro, acá no hay ninguna vieja ni nin-guna madame ni nunca las hubo ni las va a haber. Ahora sacáte lacampera y tomá un poco de vino… -me dijo. Y me puso en la manouna copa en vidrio labrado que no sabía si se parecía a un cáliz demisa o a un florero de cementerio.
  35. 35. 9- Después de haber probado de aquella copa, no puedo recordarcon exactitud lo que pasó. Quizás porque me sobrevino un mareocomo nunca hube experimentado ni volvería a experimentar entoda mi vida y que me hace desconfiar bastante de mi percepción.Sin embargo, intentaré una descripción de los hechos tal cual los re-cuerdo. Tengo la idea de estar acostado en una cama inmensa com-pletamente desnudo, con Lisa también desnuda lamiéndome losbrazos, el pecho y las tetillas. Y luego la chica que toma mi sexo ylo mete en su interior con su risa cerca de mis ojos y entonces en-tiendo de qué se trata aquello que tanto predicaba el Chino Lunaentre los chicos del colegio. Pero al final, tras el estallido de placer,experimento un vaciamiento brutal, una especie de pequeñamuerte, como me enteraría años después le dicen los franceses. Yde pronto me siento como si me hubiera vuelto de piedra. No séexactamente cuánto dura esta sensación de petrificación, tal vez va-rias horas. Lo cierto es que mientras dura, la chica raspa mi cuerpocon un pequeño objeto de vidrio recto; como un escultor que em-pareja una estatua de arcilla fresca. Y así, a cada raspada, recogeunos cristalitos de epidermis que veo brillar a la luz de la luna comomicroescamas de vida marina. Luego los mete cuidadosamente enun frasquito azulado y lo tapa, como si guardara una valiosísimacaspa lunar. Varias veces realiza esta operación y llena varios fras-quitos más, hasta que se recuesta exhausta, sirviéndose una copade vino ella también. Pero no se trata del mismo vino que me dio amí sino de otra botella más oscura; un vino que se me antoja el jugosanguinolento de los bifes de hígado de Eusebio que han trasvasadoa las botellas del palacio. Luego, cuando empiezo a despertar y meincorporo a duras penas, la chica me acompaña de la mano hasta elportón de rejas del fondo. Y el portón se abre mágicamente sin chi-rrido alguno. “Volvé”, es todo lo que me dice a modo de despedida.Y se pierde como una mancha blanca en el fondo oscuro del patio.
  36. 36. 10- Di la vuelta manzana con lentitud, sin esperanza alguna de en-contrar a Luchi a semejante hora. Pero contra todos los pronósticos,mi amigo aún estaba ahí; espiando entre las cortinas de la casa. Miréel reloj de la iglesia. Todavía no eran ni las diez menos cuarto. -¿Y? ¿Tan rápido volviste? ¿No era que ibas a meterte por el por-tón de atrás? ¿Y las flores? ¿Qué hiciste con las flores? ¿Qué le vasa dar si no? -¿A quién? -¡A la vieja! ¿A quién va a ser?… -me dijo Luchi señalando al in-terior de la casa-. ¡A la vieja esa!... Y entonces la vi. Era Madame Lisa. Estaba con su sombreronegro y su pañuelo al cuello dándole de comer hígado crudo a losgatos de los sillones, sin mirar ni una sola vez hacia la ventana. Iván Wielikosielek nació en 1971 en Ballesteros, provincia de Córdoba. Entre sus libros de relatos se cuentan “Los ojos de Sharon Tate” (2006), “Crónicas del Sudeste” (2008) y “La profecía del Pozanjón” (2012). En poesía ha publicado “Coti- dianos funerales en la Tierra” (2008) y “Príncipe Vlad” (2012); todos por el presente sello editorial. Vive en Villa María, donde trabaja como perio- dista free-lance. El presente relato era inédito.
  37. 37. j
  38. 38. historieta
  39. 39. de cero Guión y dibujos:Diego Simone
  40. 40. historiade la guerra Guión:Federico Reggiani Dibujos:Lauri Fernández

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