Diez damas que hicieron historiaSortearon las rígidas tradiciones coloniales -casarse por decisión paterna, quedarse en la...
Quizás haya sido esta cualidad la que permitió que Manuela Pedraza recogiera el arma de sumarido cuando éste cayó muerto e...
DE AMORÍOS, INTRIGAS Y TERTULIASImposible hablar de Liniers sin mencionar a Ana Perichon de Vandeuil, abuela de la infortu...
El convento no la hizo desistir de su deseo de casarse con Martín Thompson, un primo segundo.Ella y Martín le escribieron ...
los vecinos, la joven Remedios llamaba la atención de todos, hasta del austerísimo tenientecoronel, que nunca faltaba porq...
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Mientras Juana Azurduy nacía en la finca familiar de los Azurduy, los territorios colonizados por losespañoles en América ...
Argentina, reclamando su pensión y relatándole su vida a un sobrino que la acompañó hasta sumuerte.LA RESISTENCIA SALTEÑAE...
galope de caballo por los caminos que conoce desde su infancia hasta el campamento paraavisarle de alguna emboscada. Cuand...
Intimidad y política. Diarios y cartas de Mariquita Sánchez de Thompson, EditorialAdriana HidalgoY algunos sitios web:www....
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Mujeres en la revolución

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Mujeres en la revolución

  1. 1. Diez damas que hicieron historiaSortearon las rígidas tradiciones coloniales -casarse por decisión paterna, quedarse en lacasa, mantenerse analfabetas- y se jugaron por la patria que nacíaLa esposa del Libertador. San Martín cruzó los Andes financiadopor las damas mendocinas, un grupo que su esposa, Remedios de Escalada, ayudó a organizar.Foto:Archivo¿Es posible contar la historia desde un punto de vista femenino? La pesquisa se torna complicada,casi arqueológica, porque al no ser tenidas en cuenta hasta hace muy poco, no existen escasoslugares que centralicen la información sobre ellas.Nacer mujer en la época de la colonia, en América del Sur, significaba diferentes cosas según laraza y la familia de origen. Características comunes a todas: con muy pocas excepciones, seesperaba que vivieran recluidas en el hogar, se casaran de acuerdo con la decisión del padre o delamo, fueran analfabetas sin distinción de clase social, no tuvieran voz ni voto, ni disponibilidad desus bienes.Aun así, hubo algunas que, forzadas o favorecidas por circunstancias especiales, atravesaron lafisura en el tejido de la realidad que aparece en toda situación de crisis. Y, lo más importante,hicieron cosas que, por su relevante influencia en el curso de los acontecimientos, dejaron unapequeña señal para sus sucesores.El coraje, ¿es un rasgo viril o humano?Los estadounidenses han hecho investigaciones de las cuales se desprende que, provistas de unarma de fuego, las mujeres tienen naturalmente mejor puntería que un varón en igualescircunstancias. Por esta razón, en los Estados Unidos dicen que el revólver es "el granecualizador". De nada sirve la fuerza física masculina frente a una mujer armada.
  2. 2. Quizás haya sido esta cualidad la que permitió que Manuela Pedraza recogiera el arma de sumarido cuando éste cayó muerto en la defensa de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas, yapuntara contra el soldado inglés que acababa de matarlo, matándolo a su vez. Manuela hizomucho más que eso. Siguió combatiendo. Luego recogió las armas de todos los caídos a sualrededor y las entregó a Liniers, jefe de la contraofensiva criolla, que la cita en el parte de acción yla nombra alférez.Otras versiones de este hecho dicen que Manuela y su marido peleaban codo a codo en unaunidad casi invencible y que, caído él, ella le arrebató el arma al inglés; acabadas las balas,forcejeó cuerpo a cuerpo hasta matar al soldado con sus propias manos. También haydiscrepancias en cuanto al grado militar otorgado a Pedraza -apodada "La Tucumanesa" porquevenía de esa provincia-: algunos apuntan que el título que le fue otorgado habría sido el desubteniente de infantería. Lo que es seguro es que hubo una mujer tucumana de nombre ManuelaPedraza que peleó junto a su marido durante la Primera Invasión Inglesa en las calles de BuenosAires, y que Santiago de Liniers consideró que su actuación había sido heroica y le otorgó un rangomilitar.Otro camino eligió Martina Céspedes, vecina de San Telmo que vivía con sus tres hijas; en plenaSegunda Invasión, el 5 de julio de 1807, se encontraba en casa con ellas cuando un grupo de docesoldados ingleses golpeó a su puerta buscando bebidas. Otra versión dice que madre e hijasatendían un negocio de tabaco y alcohol. Ya fuera en el hogar o en el despacho, hizo pasar a losdoce varones, extranjeros y armados, a una sala contigua, y junto a su progenie les sirvió tanto licorcasero como para que bajaran las defensas hasta el momento en que, de a una y silenciosamente,salieron de allí dejándolos encerrados. Luego se dirigió adonde estaba Liniers y, entregándole lallave del cuarto, le comunicó que acababa de tomar 11 prisioneros.¿El duodécimo inglés? Se lo quedó una de sus hijas y luego se casó con él.Algunos imperios hacen lo mismo: un poco conquistan por la fuerza y otro poco seducen con lacultura. Liniers nombró a Martina Céspedes sargento mayor, con sueldo y uniforme. Y con esegrado continuó la Céspedes participando de los acontecimientos de la Revolución.¿Por qué contar algo que ocurrió cuatro años antes de los hechos de Mayo? Porque es durante lasInvasiones Inglesas cuando los españoles residentes y los criollos se dan cuenta de que se puedenorganizar y defender sin la ayuda de la metrópoli.
  3. 3. DE AMORÍOS, INTRIGAS Y TERTULIASImposible hablar de Liniers sin mencionar a Ana Perichon de Vandeuil, abuela de la infortunadaCamila O´Gorman, y famosa por derecho propio. Francesa de origen, era joven, hermosa y casadacon Edmundo O´Gorman, un irlandés que tuvo que huir corrido de aquí por las deudas. Quedó sujoven esposa, que muy pronto entabló amores con su compatriota don Santiago de Liniers, héroede la Reconquista de Buenos Aires. Su relación amorosa se convirtió en cosa pública. Hay quienesdicen que oficiaba de espía para los ingleses, y otros sugieren que en realidad estaba del lado delos independentistas. La realidad es que ambas cosas podrían ser ciertas en una historia en la quelos mismos patriotas criollos no siempre estuvieron seguros sobre cuál era la mejor manera de serlibres: si a través de una monarquía alternativa a la española o mediante un gobierno criollo, entreotras posibilidades.Las reuniones de los patriotas se realizaban en casa de las damas de mejor posición económica,atendidas por ellas mismas y sus mulatas y negras. Además de las tertulias de Mariquita Sánchezde Thompson -sobre la que hablaremos más abajo-, estaban las de Ana Riglos, Melchora Sarrateay Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña, en cuya casa se reunió durante años (1804-1810) una delas primeras sociedades secretas de la emancipación. Se llamaba Partido de la Independencia yestaba integrado por Juan José Castelli, Nicolás y Saturnino Rodríguez Peña, Manuel Belgrano,Juan José Paso y Martín Rodríguez, entre otros.El 18 de mayo de 1810 se encontraban reunidos esperando a un indeciso Cornelio Saavedra, sin elcual era imposible realizar nada de lo que tramaban. Las mujeres, con Igarzábal a la cabeza,fueron a buscarlo a su casa. Cuentan que fue suya la frase que terminó de convencer alcomandante del Regimiento de Patricios. "No hay que vacilar", dicen que dijo Casilda Igarzábal, ySaavedra la siguió hasta la reunión en la que se decidió el Cabildo Abierto del 22 de mayo. Ni másni menos.EL CASO MARIQUITAEl primer gran acto revolucionario de María de Todos los Santos Sánchez fue casarse por amor.Los matrimonios en esa época eran arreglados por el padre, cuya autoridad en esto, como en casitodo lo demás, era indiscutible. Quienes se negaban a hacerlo iban a parar al convento, salida quemuchas elegían con alivio, ya que, dependiendo de su dote (la Iglesia también la exigía), podíanllevar allí una vida tranquila y privilegiada, pero sobre todo porque las salvaba de tener que convivircon un señor mucho mayor o, peor aún, con alguien que les resultaba repulsivo.
  4. 4. El convento no la hizo desistir de su deseo de casarse con Martín Thompson, un primo segundo.Ella y Martín le escribieron sendas cartas al virrey Sobremonte, que era el único que podía lograr laexcepción. Y lo hizo.El "caso Mariquita" ocupó las conversaciones de la ciudad porteña mientras duró. Algunos estabana favor de la joven pareja enamorada y otros tantos en contra de que se transgrediera laprerrogativa paterna de elegir marido para las hijas.El segundo gran acto revolucionario consistió en abrazar la causa de la independencia, y comenzócon sus famosas tertulias apenas instalada en su casa. Para entender la importancia y el alcancede esas reuniones es necesario transportarse a la época.Las tertulias y saraos eran reuniones en casa de las principales familias de Buenos Aires. En lapreparación, lista de invitados, menú, ropa, disposición de muebles y otros detalles, se poníamucho tiempo y esmero. Recibir en casa de esta forma era considerado un arte. Y las anfitrionasque sobresalían en esto adquirían una bien ganada fama entre los vecinos de Buenos Aires. Eneste caso, no sólo se trataba de riqueza, educación superior (casi sobrenatural considerando que laenorme mayoría de las mujeres eran analfabetas, aun entre la clase acomodada), encanto personaly belleza. Mariquita era inteligente y estuvo involucrada en política toda su larga vida. En sustertulias se discutían los acontecimientos, se pasaba información, se opinaba, se urdía. Nadaocurría que no fuera comentado en su salón. Allí se susurraron órdenes y contraórdenes, se espióy se pasó información, se torcieron rumbos y se fraguaron alianzas. En la lista de invitados yasistentes figuran los nombres de José de San Martín, Manuel Belgrano, Fray Cayetano Rodríguez,toda la Logia Lautaro, y muchos más. Podría decirse que nada de importancia ocurría sin suconocimiento.El tercer acto revolucionario de Mariquita lo desarrolló toda su vida: escribir sus impresiones sobrelo que vivía, veía, pensaba. Gracias a eso es que existe un registro escrito de la visión de una delas mujeres más fascinantes de nuestra historia.LAS FRÁGILES DAMASEs probable que Remedios de Escalada no haya sido tanto la elegida como la que eligió. En ElSanto de la Espada, Leopoldo Torre Nilsson muestra a una Remedios adolescente que, junto a suchaperona, va a pasearse frente a la reja detrás de la cual un joven teniente coronel San Martínejercitaba a su batallón. En las fiestas de los Escalada, una de las familias más respetadas entre
  5. 5. los vecinos, la joven Remedios llamaba la atención de todos, hasta del austerísimo tenientecoronel, que nunca faltaba porque ese era también uno de los lugares donde se reunían, con laexcusa de la tertulia, las sociedades políticas secretas de la época. Fragilidad no es sinónimo dedebilidad; más bien puede ser todo lo contrario. No tardaron en casarse, y cuando San Martínpartió para Mendoza, ella llegó para acompañarlo un mes después. Al poco tiempo nació la únicahija, Merceditas, "la infanta mendocina". Allí languidecía y desesperaba como un león enjaulado elLibertador, con el título de gobernador intendente de la provincia de Cuyo, reclamando y esperandoque Buenos Aires enviara los recursos que le permitieran cruzar los Andes para liberar a Chile yPerú.San Martín cruzó los Andes financiado por las damas mendocinas, que organizadas -yposiblemente persuadidas por Remedios- no sólo bordaron la bandera y cosieron los uniformespara todo el regimiento: también entregaron sus joyas y otros bienes para comprar todo lo quehiciera falta para la expedición. Más de un político hoy querría tener al lado una dama frágil -escierto- pero tan eficaz a la hora de conseguir lo que hace falta para dar el paso definitorio de suplan de acción.Los restos de Remedios están en el cementerio de la Recoleta, y en la lápida que los identifica sepuede leer: "Aquí descansa doña Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín".Siempre estuvo claro que Remedios fue la esposa de San Martín. Pero quizás esté encerrada en laelección de la palabra "amiga" la posibilidad de que quien fue un hombre preclaro en política yestrategia militar también haya sabido reconocer y honrar el valor de su mujer.La reacción de los españoles al movimiento independentista de los patriotas llegó desde el Norte. Yhacia allí fueron las tropas enviadas desde Buenos Aires. Manuel Belgrano, abogado devenido engeneral del ejército patriota, no aceptaba que las mujeres acompañaran a los soldados. Esta erauna práctica más común de lo que podría pensarse, y muchísimas esposas -blancas, indias,mestizas, negras y mulatas- cargaron todas sus pertenencias y marcharon detrás de sus hombres.LA CAPITANAMaría Remedios del Valle, negra y pobre, había formado parte del Cuerpo de Andaluces quedefendió la ciudad de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas. En 1810 se incorporó alEjército Auxiliar para las provincias del Norte con su marido y dos hijos. Sólo ella volvió viva.Fue parte del ejército de 1500 hombres, de los que sólo 600 tenían armas de fuego. Se presentó
  6. 6. ante Belgrano para solicitarle permiso de atender a los heridos de las primeras líneas de combate.El se lo negó: ella se filtró entre las líneas de retaguardia y llegó al centro de la conflagración,donde asistió y alentó a los soldados. Entonces, Belgrano cambió de opinión y la nombró capitana.Cayó presa de los realistas en Ayohúma y fue sometida a nueve días de azotes públicos. Peroescapó, y volvió a sumarse al ejército.Años más tarde, una anciana negra mendigaba alrededor de las iglesias de la Recova (hoy Plazade Mayo). Se hacía llamar "La Capitana" y mostraba cicatrices que decía que le habían hechocuando peleaba por la patria. Algunos transeúntes le daban limosna y todos pensaban que estabaloca. Un frío agosto de 1827, pasaba por esa misma plaza el general José Viamonte, héroe de laIndependencia, y La Capitana extendió su mano para pedir limosna. Viamonte se detuvosorprendido: la cara de la mujer le resultaba familiar. Le preguntó su nombre. Ella se lo dijo. Luegode un silencio, Viamonte exclamó: "¡Pero si es la madre de la Patria!" Así la llamaban los soldadosque atendía en el campo de batalla.Cuando Viamonte la reconoció, quiso ayudarla, y como diputado de la Junta de Representantespresentó un proyecto para que se le otorgara una pensión en reconocimiento por los serviciosprestados. Se generó un debate en el que otros diputados pedían pruebas. Tomás de Anchorena,que había sido secretario del general Belgrano, se hallaba en el recinto y apoyó lo propuesto porViamonte. Finalmente, no sólo se le otorgó la pensión sino que además decidieron encargar unabiografía de Remedios y un monumento. Nunca le dieron la pensión, ni se escribió su biografía nise alzó su monumento. Murió en la miseria.LAS GUERRERASSerranías y arroyos, visión escarpada por ondulaciones del paisaje y mucho espacio fueron lasnodrizas de Juana Azurduy mientras crecía semisalvaje en las afueras de Chuquisaca, hoy Bolivia,ayer Alto Perú. ¿Cuáles son los ingredientes para forjar una heroína de todos los tiempos? ¿Unamadre india y un padre español permisivo, desilusionados por la muerte de un bebé varón y elnacimiento de una niña? Padre y madre dispuestos a dar amor a pesar de su desilusión, en todocaso. Primero fue una infancia poblada de nativos de la tierra y espacio para recorrer; más tarde,una educación formal a través de historias de santos guerreros en un convento. Y un padredeseoso de transmitir su oficio y su destreza a su progenie, fuera varón o mujer. Caballos paramontar, vocación para proteger lo vulnerable y una voluntad sin género. Restricciones constantes,impedimentos e injusticias hicieron el resto.
  7. 7. Mientras Juana Azurduy nacía en la finca familiar de los Azurduy, los territorios colonizados por losespañoles en América del Sur apenas se contenían dentro de las costuras impuestas por elrégimen. Matías Azurduy, por ejemplo, español casado con la chola Eulalia Bermúdez y dueño deextensas tierras que trabajaba con la ayuda de indios nativos y de una casa en la ciudad, teníatodos los derechos. Pero no así sus hijas.Cuando Juana, ya casada con Manuel Padilla y madre de cuatro hijos, se incorporó con toda sufamilia a la lucha contra los realistas, su cabeza ya tenía precio. La alternativa era seguir oculta enun promontorio sólo conocido por los indios, en eterna espera de su hombre, cuidando que losniños no cayeran al abismo. Quizá creyó que la guerra no duraría tanto tiempo. Y no sabía en esemomento que esos cuatro hijos no sobrevivirían para ver el mundo mejor por el que ella y Manuelestaban peleando.A partir de entonces, Juana participó de la guerra de guerrillas que se desarrolló en el Norte,hostigando a las tropas españolas, interceptándoles el paso hacia el Sur, impidiendo que recibieranvíveres, alzando a indios, mestizos y criollos, en alianzas precarias con otros caudillos. La asistíanun aura de Pachamama, su habilidad nata como amazona y una destreza fuera de lo común parael combate. Adiestró y lideró varios cuerpos de soldados; entre ellos, las Leales y las Amazonas.Hablaba aimara y quechua, además de castellano. Belgrano pidió conocerla, y le regaló ununiforme y su espada; solicitó al gobierno de Buenos Aires que se le diera el título de tenientecoronel del Ejército Patriota.En medio de una escaramuza feroz con los enemigos, Manuel le ordenó huir con los pequeñosmientras él y los pocos fieles que le quedaban los distraían. Debió internarse en un montepantanoso que desconocía. Los cuatro hijos se enfermaron y murieron. Cuando emergió de esepantano y se reencontró con Manuel, ya era otra Juana. Había perdido toda compasión. A partir deese momento, no tomará prisioneros. Ni siquiera la suavizará el nacimiento de una quinta hija,Luisa, la única que la sobrevivió. La había parido en pleno combate y para salvarla debió pelearcon ella en un brazo y la espada en el otro. La depositó con la india que la criaría y volvió a labatalla.La muerte de Manuel, el amor de su vida, marcó el momento en que se retiró de la lucha. Sólo sequedaría a la elección de su sucesor dentro del intrincado panorama de caciques que se dividían laresistencia en el Norte. Luego partió para Salta, donde acompañó a Güemes hasta la muerte deéste. Pasó los últimos años en su Chuquisaca natal, escribiendo cartas a los gobiernos de Bolivia y
  8. 8. Argentina, reclamando su pensión y relatándole su vida a un sobrino que la acompañó hasta sumuerte.LA RESISTENCIA SALTEÑAEn la provincia de Salta estaban Martín Güemes y sus gauchos, y una red femenina de espionajeaudaz e ingeniosa de la que participaban miembros de todas las clases sociales. Se disfrazaban,seducían, ocultaban papeles en el ruedo de la pollera, montaban a caballo y recorrían largasdistancias para obtener información y avisar a sus maridos, hermanos o hijos que estaban en elejército patriota. Los realistas no podían respirar sin que se enterara una de ellas y se activara lared de comunicación hasta llegar a oídos de los jefes independentistas.Una de ellas fue María Loreto Sánchez Peón de Frías. Para tener una comunicación rápida yfrecuente desarrolló un sistema simple: un buzón natural en medio de la nada. Un árbol al que se lehabía hecho un hueco y luego vuelto a tapar con la misma corteza. Un árbol cerca de donde lascriadas iban todos los días a lavar la ropa y a buscar agua. Ellas transportaban el papel con la ropasucia y lo dejaban en el hueco sin ser vistas. Luego, el jefe patriota lo retiraba a la noche y dejaba asu vez instrucciones y pedidos de información.Por ejemplo, la cantidad de soldados realistas que había en cada momento. Doña Loreto sedisfrazaba de viandera e iba con su canasta de comida en la cabeza y granos de maíz en losbolsillos a sentarse a la plaza donde estos acampaban. Cuando aparecía el oficial y empezaba acantar uno por uno los nombres, ella pasaba un grano de maíz de un bolsillo a otro por cadapresente. Luego enviaba esa información vía el buzón arbóreo al jefe patriota. Cada vez que habíaun cambio, por deserciones o llegada de refuerzos, repetía la operación.Alguna vez tuvo que llevar la información ella misma porque no había tiempo para hacerlo de otromodo. Conocía ese territorio arbusto por arbusto y montaba a caballo como una amazona. Viviómás de 100 años, y llevó la insignia celeste en el pelo hasta el final.Otra punta de la red femenina en Salta fue Macacha Güemes, hermana de Martín. Casada desdemuy joven con un español simpatizante de los realistas, y parte destacada de la vida social salteñade ese momento, Macacha conseguía información que luego le hacía llegar a su hermano. Espíasagaz y operadora política de lujo, lo protegía, lo ponía sobre aviso de cualquier cambio de marcha.La Antígona salteña era ojos, oídos y brazo de su hermano en la ciudad. Armó un taller de costuraen su casa para vestir a los gauchos de Güemes. Y era capaz de ir sola, embarazada y de noche, a
  9. 9. galope de caballo por los caminos que conoce desde su infancia hasta el campamento paraavisarle de alguna emboscada. Cuando las negociaciones entre el jefe salteño y el general JoséRondeau, con órdenes de Buenos Aires, llegaron a un punto muerto y había amenaza de ruptura,ella destrababa y se llegaba a un acuerdo. Dicen que su hermano murió en sus brazos.Hasta aquí, el relato de la vida de diez mujeres de las que se guarda registro histórico sobre suparticipación en la gesta de la Independencia. Toda selección deja afuera elementos valiosos: hubomuchas más.Aun así, es posible una conclusión: las mujeres estuvieron muy presentes y activas antes, durantey después de la Revolución de Mayo. Desplegaron su potencial y afectaron el curso de losacontecimientos. Algunas, desde sus roles tradicionales, que son suficientemente heroicos,entonces y ahora. Otras, demostrando que el coraje, la voluntad, la capacidad de organización y eltalento no tienen género o época.Por Sylvia do Picorevista@lanacion.com.arTítulos para conocerlasMujeres en la sociedad argentina. una historia de cinco siglos, Dora Barrancos.Editorial SudamericanaMujeres Reveladas, Susana Dillon. Editorial VergaraDoña Juana Azurduy de Padilla, Joaquín GantierLupe, Silvia Miguens. Editorial TusquetsMariquita Sánchez. Vida política y sentimental, María Sáenz Quesada. EditorialSudamericanaAna y el Virrey, Silvia Miguens. Editorial TusquetsMariquita Sánchez y su tiempo, Jorge Zavalía Lagos. Editorial Plus UltraDiccionario Biográfico de Mujeres Argentinas, Lily Sosa de Newton, Editorial Plus UltraLa mujer argentina en la anécdota, Ediciones La Obra
  10. 10. Intimidad y política. Diarios y cartas de Mariquita Sánchez de Thompson, EditorialAdriana HidalgoY algunos sitios web:www.libresdelsur.org.arwww.institutoguemesiano.gov.arwww.lagazeta.com.ar.

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