Secuela de el extraordinario libro El Nombre del Viento. 
El Temor De Un Hombre Sabio es la segunda entrega de esta fantás...
Patrick Rothfuss 
El Temor de un Hombre Sabio 
Crónica del Asesino de Reyes: Segundo Día 
Copyright © 2011 por Patrick Rot...
IMPORTANTE 
Esta es una traducción hecha por y para fans sin ningún fin de lucro o malicia, aun así 
sabemos que infringim...
Para mis pacientes fans, por leer el blog y decirme lo que realmente quieren, es un libro 
excelente, aunque un poco más e...
Prólogo: Un silencio de tres partes 
El amanecer estaba próximo. La Posada Roca de Guía estaba en silencio, y fue un silen...
Capítulo 1: Manzana y Baya de Sauco 
Bast se inclino contra la larga y estrecha barra de caoba, aburrido. Mirando alrededo...
Piedra y estrofa. 
Viento y agua— 
El entarimado crujió y Bast miro hacia arriba sonriendo brillantemente. “Buenos días, R...
La diversión se asomó por la cara del posadero. “Y voy a llamar antes de que empecemos.” Hizo 
un movimiento con una mano ...
manos. “¿Te gustaría echarme una mano? Odiaría dejar caer uno y arruinar tus pisos.” 
Se pusieron a ello. 
Dos de los barr...
todo el amor y oro del mundo con lo más pesado de la cosecha a medias. Incluso Carter no pudo 
remplazar a Nelly después d...
ser manzana para sidra, descuartizada y arrojada a una tina de estaño de gran tamaño. 
Mientras clasificaba y empacaba el ...
Capítulo 2: Acebo 
Cronista llegó al fondo de las escaleras y entró en la sala común de la Roca de Guía con su maletín 
de...
El posadero frunció el ceño. “Si es algo que todos saben, no puedo permitírmelo preguntar”, dijo. 
Se oyó el ruido de un p...
preguntar. “¿Cómo sabemos que no está todavía aquí?” Se sentó muy tieso en su asiento. “¿Cómo 
sabemos que no está en uno ...
Moviéndose con la dignidad ofendida, Cronista se ocupó de poner las mesas y sillas derechas, 
golpeando contra el suelo má...
“Toma.”, Tendió el círculo de acebo al hombre sentado. 
Cronista no hizo ademán de cogerlo. 
La sonrisa de Bast no desapar...
“Eso es de esperar. Yo no me preocuparía si fuera tú. “Bast le sonrió alentadoramente. “La vida es 
demasiado corta para q...
“¿Y qué piensa tu madre sobre que aceptes la moneda del rey?” 
El rostro del muchacho se vino abajo. “Ahora no te pongas d...
Kote sonrió débilmente. “Aparte de muerto.” 
“Sabía todo tipo de magia secreta”, dijo Aarón. “Sabía seis palabras que podí...
otra vez. “Si realmente eres…” Su voz se apagó, pero su expresión se convirtió en una pregunta. 
“Realmente lo soy”, Kote ...
Había- 
El aprendiz de herrero frunció el ceño. “No puedo recordar el resto. Había algo en el fuego… .” 
La expresión del ...
“¿Se supone que voy a sentir mejor porque yo no he sido capaz de persuadir a un idiota, Bast?” 
Cronista se aclaró la garg...
una sonrisa repentina, y por un breve momento no se parecía en nada a un posadero. Sus ojos eran 
agudos y brillantes, ver...
Capítulo 3: Suerte 
Cada término en la Universidad comienza de la misma manera: el sorteo de admisiones seguido por 
un ci...
Vi algunas hojas caer alrededor de los adoquines, y cuando levanté la vista vi a Fela 
devolviéndome la mirada desde trein...
“Oh.” Ella parecía incómodo, y rápidamente agregó: “Es probable que simplemente no le ha 
pedido todavía. O está pensando ...
“Me muero de hambre”, dijo Fela repente. “¿Quieres ir a tomar un almuerzo temprano en alguna 
parte?” 
Yo estaba dolorosam...
“Guardo mi empatía para aquellos lo suficientemente inteligentes como para evitar llevar al 
Maestro Archivista en cólera ...
Capítulo 4: Alquitrán y Estaño 
La ciudad que había crecido a lo largo de los siglos alrededor de la Universidad no era gr...
brillante o el embudo de calor más eficiente de la historia de la Artesanía. Hasta que alguien lo 
compraba no conseguías ...
puesta. No quiero derramarla por las escaleras.” 
Había que subir tres tramos para ir a mi diminuta habitación. Después de...
apretadas detrás de su espalda. 
“Sabe que es una calabaza,” dije. “Pero pretende hacerse pasar por el sol del atardecer” ...
Su pequeño rostro hizo una mueca. “Seis días no es pronto,” dijo. “Mañana es pronto.” 
“Seis días es pronto para una piedr...
Capítulo 5: El Eolio 
Los días sucedieron cancinamente. Trabajaba en la Factoría hasta que mis dedos se entumecían, y 
ent...
Por suerte, tenía un último as en la manga. 
–––––––––––––––––––––— 
Forcé mis piernas hacia la el Gran Camino de Piedra, ...
Encontramos una mesa para los cuatro cerca de la pared trasera, con buena vista del escenario. 
Eché un vistazo a las mesa...
caminar alrededor y coger sus bebidas. Tehlu y todos sus ángeles no serán capaces de mantenerte a 
salvo en caso de que ha...
si les causas problemas.” Me miró seriamente. “Tú vas a recibirlo desde ambos extremos esta vez. 
¿Cuántas veces has sido ...
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El temor de un hombre sabio patrick rothfuss [dillodenim]

  1. 1. Secuela de el extraordinario libro El Nombre del Viento. El Temor De Un Hombre Sabio es la segunda entrega de esta fantástica trilogía de Patrick Rothfuss. Retomando la historia de Kvothe Kingkiller una vez más, le seguireis en el exilio, en la intriga policital, el cortejo, la aventura, el amor y la magia … y en la misma ruta que se ha convertido Kvothe, el mago más poderoso de su época, una leyenda en su propio tiempo, en Kote, el dueño de un pub sin pretensiones. Lleno de magia, aventura y drama de cosecha propia como El nombre del viento, se trata de una secuela en todos los sentidos; el equivalente a su predecesor y una lectura obligada para todos los fans de la fantasía-paranormal. Legible, atractiva y apasionante El Temor Del Hombre Sabio es la más grande y mejor novela de fantasía que podemos tener hoy en día…
  2. 2. Patrick Rothfuss El Temor de un Hombre Sabio Crónica del Asesino de Reyes: Segundo Día Copyright © 2011 por Patrick Rothfuss lSBN : 978-1-101-48640-5
  3. 3. IMPORTANTE Esta es una traducción hecha por y para fans sin ningún fin de lucro o malicia, aun así sabemos que infringimos las leyes de copyright pero nuestra intención no es afectar en ningún modo a Patrick a quien agradecemos este gran libro, si no ayudar a aquellos que por su escaso manejo del ingles no podrían haber leído el libro si no hasta noviembre o cuando saliera en español en su país. Traduccion no oficial: http://spanish-edena-ruh.blogspot.com/ ¡¡ Gracias a los traductores !! Créditos Capítulo 1: Suchan Capítulo 2: Charlie Capítulo 3: Suchan Capítulo 4: Charlie Capítulo 5: Vicente Capítulo 6: Laura Arrias Capítulo 7: Laura Arrias Capítulo 8: Suchan Capítulo 9: Vicente Capítulo 10: Rodolfo Padilla Capítulo 11: Charlie Capítulo 12: Suchan Capítulo 13: Lynda Capítulo 14: Fernando Capítulo 15: Uyalala Capítulo 16: Neithor Capítulo 17: Uyalala Capítulo 18: Estefanía/Suchan Capítulo 19: Adolfo Capítulo 20: Laura Capítulo 21: Suchan Capítulo 22: Suchan Capítulo 23: Vicente Capítulo 24: Uyalala Capítulo 25: Mario Capítulo 26: Laura Capítulo 27: Vicente Capítulo 28: Arispell Capítulo 29: Lynda Capítulo 30: Arón/Arispell/Uyulala/Suchan Capítulo 31: Arispell Capítulo 32: Arispell Capítulo 33: Laura Capítulo 34: Vicente Capítulo 35: Lynda Capítulo 36: Laura Capítulo 37: Felix Capítulo 38: Arispell Capítulo 39: Vicente Capítulo 40: Pauli Capítulo 41: Alfonso Capítulo 42: Suchan Capítulo 43: Lynda Capítulo 44: Alfonso Capítulo 45: Arispell Capítulo 46: Arispell Capítulo 47: Suchan Capítulo 48: Laura A. Capítulo 49: Suchan Capítulo 50: Marcelo S.
  4. 4. Para mis pacientes fans, por leer el blog y decirme lo que realmente quieren, es un libro excelente, aunque un poco más extenso. A mis lectores experimentales, por su inestimable ayuda y su tolerancia a mi paranoico secretismo. A mi fabulosa agente, por mantener a los lobos lejos de la puerta en más de un sentido. A mi sabio editor, por darme el tiempo y el espacio para escribir un libro que me llena de orgullo. A mi amada familia, por apoyarme y recordarme que salir de la casa de vez en cuando es bueno. A mi comprensiva novia, porque no me dejo cuando la tensión de la revisión sin fin me hizo raro y monstruoso. A mi dulce bebé, por amar a su padre a pesar que tengo que ir lejos y escribir todo el tiempo. Incluso cuando estamos teniendo un tiempo muy agradable. Incluso cuando estamos hablando de patos
  5. 5. Prólogo: Un silencio de tres partes El amanecer estaba próximo. La Posada Roca de Guía estaba en silencio, y fue un silencio de tres partes. La parte más obvia era una vasta, calma de eco constituido de las cosas que faltaban. Si hubiera habido una tormenta, las gotas de lluvia podrían haber golpeado y crepitado contra los sembradíos de vid detrás de la posada. La tormenta habría murmurado y retumbado y perseguido el silencio por el camino como hojas de otoño caídas. Si hubiera habido viajeros agitándose en sus habitaciones ellos habrían estirado y hecho quejarse lejos al silencio como deshilachándolo, como sueños casi olvidados. Si hubiera habido música… pero no, por supuesto, no había música. De hecho no había ninguna de estas cosas, así que el silencio permaneció. Dentro de la Roca Guía un hombre de cabello oscuro dejo que la puerta trasera se cerrara tras él. Moviéndose a través de la perfecta oscuridad, se deslizó por la cocina, a través de la cantina, y bajo las escaleras del sótano. Con la facilidad de una gran experiencia, evitó las tablas sueltas que pudieran gemir o suspirar bajo su peso. Cada paso lento hizo sólo el más elemental tep contra el suelo. Al hacer esto añadió su pequeño silencio, un furtivo silencio al mayor eco de uno. Estos hicieron una especie de aleación, un contrapunto. El tercer silencio no era una cosa fácil de notar. Si has escuchado lo suficiente podrías comenzar a sentirlo en el frío del cristal de la ventana y las paredes de escayola lisa de la habitación del posadero. Estaba en el cofre negro que descansa a los pies de una cama dura y estrecha. Y estaba en las manos del hombre que yacía allí, inmóvil, buscando el primer pálido indicio de la luz proveniente del alba. El hombre tenía el pelo verdaderamente rojo, rojo como una llama. Sus ojos eran oscuros y distantes y yacía con el aire resignado de quien hace tiempo abandonó toda esperanza de dormir. La posada Roca de Guía era suya, al igual que el tercer silencio. Así debía ser, ya que ese era el mayor silencio de los tres, y envolvía a los otros dos. Era ancho y profundo como el final del otoño. Era grande y pesado como una gran roca alisada por la erosión de las aguas de un rio. Era un sonido paciente e impasible como de flores cortadas; el silencio de un hombre que está esperando la muerte.
  6. 6. Capítulo 1: Manzana y Baya de Sauco Bast se inclino contra la larga y estrecha barra de caoba, aburrido. Mirando alrededor la habitación vacía, suspiro y rebuscó alrededor hasta que encontró un trapo limpio. Luego con una mirada resignada, comenzó a lustrar una sección de la barra. Después de un momento Bast se inclinó hacia delante y entrecerró los ojos mirando pequeña mancha que medio vio. La froto y frunció el ceño a la mancha aceitosa que dejo su dedo. Se inclinó más cerca, empaño la barra con su aliento, y la pulió con fuerza. Luego se detuvo, exhalo con fuerza contra la madera, y escribió una palabra obscena en lo empañado. Lanzando a un lado el trapo, Bast se abrió paso entre las mesas y sillas vacías hacia las amplias ventanas de la posada. Se quedó allí durante un largo rato, mirando el camino de tierra que atraviesa el centro del pueblo. Bast dio otro suspiro y comenzó a pasearse por la habitación. Se movió con la gracia informal de un bailarín y la perfecta indiferencia de un gato. Pero cuando se pasó las manos por el cabello oscuro su gesto era inquieto. Sus ojos azules merodeaban por la habitación sin cesar, como si buscaran una salida. Como si buscaran algo que no hubieran visto cientos de veces antes. Pero no había nada nuevo. Mesas y sillas vacías. Taburetes vacíos en la barra. Dos grandes barriles se asomaban en el mostrador detrás de la barra, uno para whisky, uno para cerveza. Entre los barriles estaba una vasta colección de botellas: de todos colores y formas. Arriba de las botellas colgaba una espada. Los ojos de Bast regresaron a las botellas. Se concentró en ellas por un largo, reflexivo rato, entonces regreso detrás de la barra y saco una pesada tasa de barro. Respiro profundamente, señalo con el dedo la primera botella de la fila de abajo y comenzó a canturrear con forme iba contando hacia atrás en la fila. Maple. Palo de Mayo. Atrapar y acarrear. Fresno y Brazas. Baya de saúco. Termino el canturreo mientras señalaba una rechoncha botella verde. Destapo el corcho, tomo un meditabundo sorbo luego puso una mueca agria y se estremeció. Rápidamente dejo la botella en su lugar y agarro en su lugar una roja curveada. Sorbió esta también, acto seguido se froto los labios húmedos pensativamente, luego asintió y se sirvió una porción generosa en la taza. Señalo la siguiente botella y comenzó a contar otra vez. Lanudo. Mujer. Luna en la noche. Sauce. Ventana. Luz de las velas. Esta vez fue una botella con un licor amarillo pálido dentro. Bast arranco el corcho y desparramo una gran porción en la taza sin molestarse en probarlo primero. Colocando la botella a un lado, recogió la taza y la revolvió dramáticamente antes de tomar un trago. Sonrió con una sonrisa brillante y dio un golpecito con su dedo a la nueva botella, haciéndola timbrar ligeramente antes de comenzar su canto monótono de nuevo: Barril. Cebada.
  7. 7. Piedra y estrofa. Viento y agua— El entarimado crujió y Bast miro hacia arriba sonriendo brillantemente. “Buenos días, Reshi.” El posadero pelirrojo estaba al pie de las escaleras. Se frotó las manos de dedos largos sobre el delantal limpio y las mangas largas que llevaba. “¿Está despierto ya nuestro invitado?” Bast sacudió la cabeza. “No a susurrado o dicho ni un pio” “Ha tenido un par de días difíciles”, dijo Kote. “Es probable que se estén poniendo al día con él.” Bromeó, luego levantó la cabeza y olfateó. “¿Has estado bebiendo?” La pregunta era más curiosa que acusatoria. “No”, dijo Bast. El posadero levantó una ceja. “He estado probando”, dijo Bast, haciendo hincapié en la palabra. “Probar viene antes de beber.” “Ah”, dijo el posadero. “¿Así que te preparabas para beber después?” “Pequeños dioses, sí”, dijo Bast. “En gran exceso. ¿Qué demonios más hay aquí para hacer?” Bast saco su taza de debajo de la barra y miro en ella. “Esperaba baya de sauco pero obtuve algún tipo de melón”. Revolvía la taza reflexivamente. “Más algo picante” Tomo otro sorbo y entrecerró los ojos pensativamente. “¿Canela?” pregunto, mirando a las filas de botellas. “Tenemos aún algo de baya de sauco?” “Esta allí en algún lugar” dijo el posadero, sin molestarse en ver las botellas. “Detente un momento y escucha Bast. Necesitamos hablar sobre lo que hiciste anoche.” Bast se quedó muy quieto. “¿Qué he hecho, Reshi?” “Detuviste esa criatura del Mael”, dijo Kote. “Oh.” Bast se relajó, haciendo un gesto despectivo. “Solo la frene, Reishi. Es todo.” Kote sacudió la cabeza. “Tu comprendiste que no era solo un hombre loco. Trataste de advertirnos. Si no hubieras sido tan rápido con tus pies…” Bast frunció el ceño. “No fue tan rápido, Reishi. Alcanzo a Shep”. Miro hacia el bien fregado entarimado cerca de la barra. “Me gustaba Shep”. “Todo el mundo pensará que el aprendiz de herrero nos salvó”, dijo Kote. “Y eso es probablemente lo mejor. Pero yo sé la verdad. Si no fuera por ti, eso hubiera matado a todos aquí. “ “Oh Reshi, que no es cierto”, dijo Bast. “Lo podrías haber matado como a un pollo. Solo lo alcance primero”. El posadero se encogió de hombros y desecho el comentario. “Lo de anoche me tiene pensando”, dijo. “Preguntándome que cosas podríamos hacer para hacer las cosas un poquito más seguras por aquí. Has escuchado alguna vez la caza de los “corredores blancos” ” Bast sonrió. “Fue nuestra canción antes que suya, Reishi”. Tomo un respiro y canto en un dulce tenor: Cabalgaron sus caballos blancos como la nieve. Hoja de plata y arco de cuerno blanco. Llevaban ramas frescas y flexibles, Rojo y verde sobre la frente. El posadero asintió. “Exactamente el verso en el que estaba pensando. Crees que podrías hacerte cargo mientras tengo las cosas listas aquí. Bast asintió entusiasmadamente y prácticamente se fue como un rayo, deteniéndose en la puerta de la cocina. “¿No empezaran sin mí?” pregunto ansiosamente. “Empezaremos tan pronto nuestro invitado este alimentado y listo”, dijo Kote. Luego, viendo la expresión en la cara de su alumno, cedió un poco. “Para todo eso, imagino que tienes una hora o dos”. Bast le hecho una ojeada a la puerta, luego se volvió.
  8. 8. La diversión se asomó por la cara del posadero. “Y voy a llamar antes de que empecemos.” Hizo un movimiento con una mano como ahuyentándolo. “Vete ya”. –––––––––––––––––––––––––- El hombre que se hacía llamar Kote llevo a cabo su rutina habitual en la posada Roca de Guía. Se movió como la maquinaria de un reloj, como un vagón rodando por el camino en surcos bastante gastados. Primero viene el pan. Mezclo harina, azúcar y sal con sus manos, sin molestarse en medir. Añadió una pisca de levadura de la jarra de barro en la despensa, amasó bien la maza, después redondeo los panes y los dejo reposar para que se elevara. Paleo las cenizas de la estufa en la cocina y encendió un fuego. A continuación se trasladó a la sala común y encendió la chimenea de piedra negra, cepillo la ceniza de la enorme chimenea a lo largo de la pared norte. Bombeo agua, se lavó las manos y trajo un pedazo de cordero del sótano, corto leña fresca, la acarreo a fuego, perforo por debajo el pan elevado y lo movió cerca de la estufa ahora caliente. Y luego, de pronto, no había nada más que hacer. Todo estaba listo. Todo estaba limpio y ordenado. El hombre pelirrojo estaba detrás de la barra, sus ojos lentamente regresaron de algún lugar lejano, concentrándose en el aquí y ahora, en la posada misma. Vinieron a descansar en la espada que colgaba en la pared arriba de las botellas. No era una espada particularmente hermosa. Sin ornamentos o algo que llamara la atención. Era amenazante, en un sentido. El mismo sentido en el que un alto acantilado es amenazante. Era gris, sin manchas y fría al tacto. Era filosa como un vidrio destrozado. Tallada en la oscura madera del borde de la montura tenía una sola palabra: Delirio. El posadero oyó pasos pesados en el descanso de madera de afuera. El picaporte de la puerta sacudido ruidosamente, seguido de un fuerte Holaaa y un golpeteo en la puerta. “¡Un momento!” llamo Kote. Apresurándose a la puerta dio vuelta en la cerradura metálica y brillante de la puerta, a la pesada llave. Graham se quedó con la mano lista para tocar en la puerta. Su cara abatida se rompió en una sonrisa cuando vio al posadero. “¿Bast comenzó a hacer de nuevo cosas para ti esta mañana?” Kote le dio una sonrisa tolerante. “Es un buen chico”, dijo Graham. “Solo un poco atolondrado. Pensé que podías haber cerrado tus puertas hoy.” Se aclaró la garganta y se miró los pies por un momento. “No me hubiera sorprendido, considerando lo que paso.” Kote puso la llave en su bolsillo. “Abierto como siempre. ¿Qué puedo hacer por ti?” Graham se apartó de la puerta y asintió a la calle donde estaban tres barriles en un carro cercano. Eran nuevos, con una pálida madera pulida y bandas de metal brillante. “Sabía que no podría dormir anoche, así que martille a prisa el ultimo para ti. También, oí que los Benton vendrían por acá hoy con lo primero de las últimas manzanas. “Te lo agradezco.” “Buenos y ajustados así que se mantendrán durante el invierno.” Graham camino hacia ellos y orgulloso golpeo con un nudillo contra un lado del barril. “Nada como una manzana de invierno para evitar la hambruna.” Miro hacia arriba con una destello en su ojo y golpeo el lado del barril de nuevo. “¿Lo tienes? ¿Evitar?” Kote gruño un poco, se restregándose la cara. Graham se rió entre dientes y corrió una mano sobre uno de las brillantes bandas de metal del barril. “Nunca había hecho un barril con bandas de bronce antes, pero resulto bien como esperaba. Hazme saber si no permanecen ajustados. Me ocupare de ellos.” “Me alegra que no fuera mucho trabajo”, dijo el posadero. “La bodega se humedece. Me preocupaba que el hierro acabara oxidado en un par de años.” Graham asintió. “Eso es sensato”, dijo. No mucha gente ve las cosas a largo plazo.” Se froto las
  9. 9. manos. “¿Te gustaría echarme una mano? Odiaría dejar caer uno y arruinar tus pisos.” Se pusieron a ello. Dos de los barriles con bandas de bronce fueron a dar al sótano mientras que el tercero fue maniobrado detrás de la barra, atreves de la cocina y en la despensa. Después de ello, los hombres hicieron su camino de regreso a la sala común, cada uno en su lado de la barra. Hubo un momento de silencio en el que Graham miro a su alrededor la cantina vacía. Había dos taburetes menos de los que debería haber en la barra, y un espacio vacío dejado por una mesa ausente. En la ordenada cantina estas cosas eran tan visibles como dientes perdidos. Graham desvió sus ojos del bien fregado pedazo de piso cerca de la barra. Busco en su bolsillo y saco un par de hierros, con su mano apenas temblando en absoluto. “Tráeme un poco de cerveza, quisieras, Kote?” pregunto, con su voz áspera. “Sé que es temprano, pero tengo un largo día por delante. Estoy ayudando a los Murrion a traer su trigo.” El posadero sirvió la cerveza y se la entregó en silencio. Graham se bebió la mitad de un gran trago. Sus ojos estaban rojos alrededor de los bordes. “Malos negocios ayer por la noche.” Dijo sin hacer contacto visual, luego tomo otro trago. Kote asintió. Malos negocios ayer por la noche. Era posible que fuera todo lo que Graham tuviera que decir sobre la muerte de un hombre que había conocido toda su vida. Esta gente sabía todo acerca de la muerte. Mataban su propio ganado. Morían de fiebres, caídas o huesos rotos que empeoraban. La muerte era como un vecino molesto. No hablabas sobre el por miedo a que te oyera y decidiera hacerte una visita. Excepto por las historias, claro. Cuentos de reyes envenenados, duelos y viejas guerras estaban bien. Estos vestían a la muerte con ropas extranjeras y la enviaban lejos de tu puerta. Un incendio en la chimenea o una tos persistente eran aterradores. Pero el juicio de Gibea o el sitio en Enfast, esos eran diferentes. Eran como rezos, como hechizos murmurados tarde en la noche cuando caminas solo en la oscuridad. Las historias eran como amuletos que compraste a un vendedor ambulante por medio penique, solo por si acaso. “¿Cuándo tiempo va a andar por aquí el compañero escribano?” Pregunto Graham después de un momento, su voz hacía eco en el tarro. ”Tal vez debería conseguir que me escriba un poco de algo, solo por si acaso.” Frunció el celo un poco. “Mi papa siempre los llamaba papeles de leyes. No puedo recordar cómo se llaman realmente.” “Si solo son tus vienes los que necesitas dejar, es una disposición de propiedad”, dijo el posadero de manera casual. “Si es referente a otras cosas se llama testamento de voluntad declarada.” Graham levantó una ceja al posadero. “Es lo que escuché, en todo caso”, dijo el posadero, mirando hacia abajo y frotando la barra con un blanco paño limpio. “El escribano menciono algo por el estilo.” “Testamento…” Graham murmuro en su tarro. “ “Creo que voy a peguntarle por unos papeles de leyes y le dejar que los oficie como a él le guste.” Miró hacia arriba al posadero. “Otra gente probablemente querrá algo similar, con los tiempos estando como están.” Por un momento pareció que el posadero frunció el ceño con irritación. Pero no, él no hizo nada por el estilo. De pie detrás de la barra se veía igual que siempre, con su expresión plácida y agradable. Le dio un guiño fácil. “Menciono que no montaría el negocio hasta alrededor del medio día”, dijo Kote. “Estaba un poco inquieto por todo lo de anoche. Si algunos se presentan antes del mediodía me imagino que se van decepcionar. “ Graham se encogió de hombros. “No debería haber ninguna diferencia. No habrá más que diez personas en todo el pueblo hasta el almuerzo de todos modos. Tomo otro trago de cerveza y miro por la ventana. “Hoy es un día de campo y eso es seguro.” El posadero pareció relajarse un poco. “Estará aquí mañana también. Así que realmente no hay necesidad de que todos se apresuren. Unas personas le robaron su caballo cerca de Ford Abad, y está tratando de encontrar uno nuevo.” Graham chasqueó la lengua con simpatía. “¡Pobre hijo de puta! No va a encontrar un caballo ni por
  10. 10. todo el amor y oro del mundo con lo más pesado de la cosecha a medias. Incluso Carter no pudo remplazar a Nelly después de que esa cosa como araña lo ataco por el puente de piedra.” Negó con la cabeza. “Esto no se ve bien, que algo como eso pase ni a dos millas de tu propia puerta. Antes cuando–“ Graham se detuvo. “Señor y señora, sueno como mi viejo apa.” Metió su barbilla y añadió algo ronco al tono de su voz. “Antes cuando era un muchacho teníamos clima desdenté. El molinero mantenía su pulgar lejos de la escala y la gente se ocupaba de sus propios asuntos.” La cara del posadero dejo crecer una sonrisa nostálgica. “Mi padre decía que la cerveza sabia mejor y los caminos tenían menos baches.” Graham sonrió, pero esta se desvaneció rápidamente. Miro hacia abajo, como si le incomodara lo que estaba a punto de decir. “Sé que no eres no eres de por aquí, Kote. Eso es algo difícil. Alguna gente piensa que un extraño difícilmente puede saber ni la hora del día.” Respiro hondo, todavía sin encontrarse con los ojos del posadero. “Pero me imagino que sabrás cosas que otra gente no sabe. Tienes una visión más amplia de las cosas.” Miro hacia arriba, con sus ojos serios y cansados, oscuros alrededor de los bordes por la falta de sueño. “¿Las cosas están tan sombrías como se ven últimamente? Los caminos están mal. Las personas son asaltadas y…” Con un esfuerzo evidente, Graham se mantuvo mirando el piso vacío de nuevo. “Todos los impuestos nuevos haciendo las cosas tan apretadas. Los chicos Grayden a punto de perder su granja. Esa cosa como araña.” Tomó otro trago de cerveza.” ¿Están las cosas tan mal como se parecen? ¿O solo me he hecho viejo como mi apa, y ahora todo me sabe un poco amargo comparado a cuando era un muchacho?” Kote limpio la barra por un largo rato, como si estuviera reacio a hablar. “Creo que las cosas son por lo general malas de una manera u otra” dijo. “Podría ser que solo nosotros los viejos podemos verlo.” Graham comenzó a asentir, luego frunció el ceño. “¿Excepto que tú no eres viejo, o si? Lo olvido la mayoría del tiempo.” Miro al hombre pelirrojo de arriba abajo. “Quiero decir es que te mueves como un viejo, hablas como un viejo, pero no lo eres, ¿verdad?” Apuesto a que tienes la mitad de mi edad. “Miró al posadero. “¿Cuántos años tienes, para esto?” El posadero le dio una sonrisa cansada. “Suficientemente viejo para sentirme viejo.” Graham soltó un bufido. “Demasiado joven para andar haciendo ruidos de viejos. Deberías andar afuera persiguiendo mujeres y metiéndote en problemas. Déjanos a la gente vieja el quejarse sobre cómo al mundo se le están soltando todas las uniones. “ El viejo carpintero se empujó fuera de la barra y se giró para caminar hacia la puerta. “Regresare para hablar con tu escribano cuando hoy tomemos un descanso para almorzar. No seré el único. Hay un montón de gente que querrán obtener por escrito algunas cosas oficiales en cuanto tengan la oportunidad. El posadero respiró hondo y soltó el aire lentamente. “¿Graham? El hombre se volvió con una mano en la puerta. “No eres sólo tú,” dijo Kote. “Las cosas están mal, y mi instinto me dice que van a empeorar todavía. No le haría daño a un hombre prepararse para un invierno duro. Y tal vez asegurarse de que se pueda defender a si mismo si lo necesita.” El posadero se encogió de hombros. “Como sea, es lo que me dice mi instinto.” Él asintió una vez en un gesto grave. “Me alegro de que no sea sólo mi instinto, supongo.” Luego se obligó una sonrisa, comenzó a arremangarse las mangas de camisa y se volvió hacia la puerta. “Sin embargo”, dijo. “Tienes que recoger el heno mientras brille el sol.” No mucho después de eso los Bentons pararon con una carretilla con las últimas manzanas. El posadero compro la mitad que las que tenían y paso la siguiente hora clasificando y almacenándolas. Las más verdes y firmes fueron a parar a los barriles en el sótano, sus manos gentiles las pusieron en su lugar y las empacaron con aserrín antes de martillar las tapas. Aquellas más próximas a la plena madurez se fueron a la despensa, y cualquiera con un golpe o mancha café fue condenada a
  11. 11. ser manzana para sidra, descuartizada y arrojada a una tina de estaño de gran tamaño. Mientras clasificaba y empacaba el hombre pelirrojo se veía contento. Pero si veías más de cerca podrías notar que mientras sus manos estaban ocupadas, sus ojos estaban en algún lugar lejano. Y mientras su expresión estaba compuesta, incluso placida, no había alegría en ella. No tararear o silbo mientras trabajaba. No canto. Cuando la última de las manzanas fue clasificada, acarreo la tina de metal a través de la cocina y por la puerta trasera. Era una mañana fresca de otoño, y detrás de la posada estaba un pequeño jardín privado abrigado por árboles. Kote dejó caer una carga de cuartos de manzanas en la prensa de sidra de madera y giro la parte superior hacia abajo hasta que ya no se movía con facilidad. Kote se arremango las largas mangas de la camisa hasta pasando los codos, a continuación, se apoderó de las asas de la prensa con sus manos largas y gráciles y tiró. La prensa se atornillo, primero empacando las manzanas apretujadas, luego aplastándolas. Girar y volver a agarrar. Girar y volver a agarrar. Si hubiera habido alguien que viera, se habría dado cuenta de sus brazos no eran los brazos escuálidos de un posadero. Cuando tiro contra las asas de madera. Los músculos de sus antebrazos estaban marcados, tirantes como cuerdas retorcidas. Las viejas cicatrices cruzaban y volvían a cruzar la piel. La mayoría estaban pálidas y delgadas como grietas en el hielo invernal. Otras eran rojas y furiosas, sobresaliendo contra de su tez clara. Las manos del posadero agarraron y tiraron, agarraron y tiraron. Los únicos sonidos eran el rítmico crujido de la madera y el golpeteo lento de la sidra como lluvia en la cubeta debajo. Había un ritmo en ello, pero no música, y los ojos del posadero estaba distantes y sin alegría, de un verde tan pálido que casi podía haber pasado por gris.
  12. 12. Capítulo 2: Acebo Cronista llegó al fondo de las escaleras y entró en la sala común de la Roca de Guía con su maletín de cuero plano sobre un hombro. Deteniéndose en la entrada, vio al posadero pelirrojo inclinado sobre algo en la barra. Cronista se aclaró la garganta mientras entraba en la habitación. “Siento haber dormido hasta tan tarde”, dijo. “No es realmente…“ Se paró cuando vio lo que había en la barra. “¿Estás haciendo un pastel?” Kote le miró mientras pellizcaba con los dedos el borde de la corteza. “Pasteles”, dijo, haciendo hincapié en el plural. -“Sí. ¿Por qué?” Cronista abrió la boca, luego la cerró. Sus ojos miraban alternativamente a la espada que colgaba, gris y silenciosa detrás de la barra, luego de vuelta al hombre pelirrojo que pellizcaba cuidadosamente la corteza a lo largo del borde de un molde. “¿Qué clase de pastel?” “Manzana”. Kote se enderezo e hizo tres delicados cortes en la corteza que cubría el pastel. “¿Sabes lo difícil que es hacer un buen pastel?” “Realmente no”, admitió el cronista, a continuación, miró a su alrededor con nerviosismo. “¿Dónde está tu asistente?” “Sólo Dios puede adivinar tales cosas”, dijo el posadero. “Es muy duro. Hacer pasteles, quiero decir. No podrías creerlo, pero hay un largo proceso. El pan es fácil. El puré es fácil. El pudín es fácil. Pero el pastel es complicado. Es algo de lo que no te das cuenta hasta que lo haces por ti mismo.” Cronista asintió distraído, sin parecer seguro de que mas podría esperarse de el. Se quitó la mochila del hombro y la puso sobre una mesa cercana. Kote se limpió las manos en el delantal. “Al prensar las manzanas para sidra, ¿conoces la pasta que queda?” “¿La pulpa?” “Pulpa”, dijo Kote con profundo alivio. “Así se llama. ¿Qué hace la gente con eso, después de obtener el jugo? “ “Con la pulpa de uva se puede hacer un vino débil”, dijo el cronista. “O aceite si tienes mucho. Sin embargo, la pulpa de manzana es bastante inútil. Se puede utilizar como fertilizante o abono, pero no es tan bueno como otros. En su mayoría la gente lo usa para alimentar al ganado.” Kote asintió con la cabeza, pensativo. “No parecía que sólo la tiraran. Usan todo de una u otra manera. Pulpa.” Habló como si estuviera degustando la palabra. “Eso me ha estado molestando desde hace dos años.” Cronista se quedó perplejo. “Cualquier persona en el pueblo podría habértelo dicho.”
  13. 13. El posadero frunció el ceño. “Si es algo que todos saben, no puedo permitírmelo preguntar”, dijo. Se oyó el ruido de un portazo, seguido de un claro y distraído silbar. Bast apareció desde la cocina llevando un fardo repleto de ramas de acebo envuelto en una sábana blanca. Kote asintió forzadamente y se frotó las manos. “Encantador. Ahora que —” Sus ojos se estrecharon. “¿Son esas mis sabanas buenas?” Bast, miró el paquete. “Bueno Reshi”, dijo lentamente, “Eso depende. ¿Tienes algunas sabanas malas?” Los ojos del posadero brillaron con ira un segundo, y luego suspiró. “No importa, supongo.” Él se acercó y sacó una rama larga del paquete. “¿Qué hacemos con esto, de cualquier modo?” Bast, se encogió de hombros. “Me estoy preguntando lo mismo, Reshi. Sé que los Sithe solían salir a cabalgar llevando coronas de acebo cuando cazaron a los bailarines de piel… . “ “No podemos pasear llevando coronas de acebo”, dijo Kote despectivamente . “La gente podría hablar.” “No me importa lo que los lentos locales piensen,” Murmuró Bast mientras empezaba a tejer varias ramas largas y flexibles juntas. “Cuando un bailarín se mete dentro de tu cuerpo, eres como una marioneta. Puede hacer que te muerdas tu propia lengua. “Levantó un semicírculo formado hasta su propia cabeza, comprobando que cabía. Arrugó la nariz. “Espinoso”. “En las historias que he escuchado”, dijo Kote, “el acebo los atrapa en un cuerpo, también.” “¿No podemos simplemente llevar hierro?” Cronista preguntó. Los dos hombres detrás de la barra lo miraron con curiosidad, como si casi hubieran olvidado que estaba allí. “Quiero decir, si se trata de un ser Fata” “No digas fata”, dijo Bast despreciativamente. “Te hace sonar como un niño. Es una criatura Fae. Faen, si lo prefieres.” Cronista dudó un momento antes de continuar. “Si esa cosa se desliza en el cuerpo de alguien que lleve hierro, ¿no le dolerá? ¿No saltaría fuera otra vez? “ “Ellos pueden hacer que te muerdas. Tu propia. Lengua”, repitió Bast, como si hablara a un niño particularmente estúpido. “Una vez que entran en ti, usarán tu mano para sacarte un ojo tan fácil como tú recoges una margarita. ¿Qué te hace pensar que no podrían tomarse el tiempo de quitarte un anillo o una pulsera?“ Él negó con la cabeza, mirando hacia abajo mientras tejía otra rama de acebo de color verde brillante en el círculo que tenía. “Además, estaría condenado si me pongo hierro.” “Si ellos pueden saltar fuera de los cuerpos”, dijo el cronista. “¿Por qué no dejó el cuerpo de ese hombre la noche pasada? ¿Por qué no saltó en uno de nosotros? “ Hubo un largo momento de calma antes de que BastAnpauen. El último de los bailarines fue perseguido hace cientos de años. Mucho antes de mi tiempo. Sólo he oído historias. “ “Entonces, ¿cómo sabemos que no saltó?” Cronista dijo lentamente, como si aún fuera reacio a
  14. 14. preguntar. “¿Cómo sabemos que no está todavía aquí?” Se sentó muy tieso en su asiento. “¿Cómo sabemos que no está en uno de nosotros en este momento?” “Parece que murió cuando el cuerpo del mercenario murió”, dijo Kote. “Lo hubiéramos visto salir” Miró a Bast. “Se supone que parecen una sombra o humo cuando salen del cuerpo, ¿no?” Bast asintió con la cabeza. “Además, si hubiera saltado fuera, habría comenzado matar gente con el nuevo cuerpo. Eso es lo que suelen hacer. Ellos cambian y cambian hasta que todo el mundo está muerto. “ El posadero sonrió a Cronista tranquilizadoramente. “¿Ves? Puede que ni siquiera haya sido un bailarín. Tal vez fue algo similar. “ Cronista parecía un poco salvaje alrededor de los ojos. “Pero, ¿cómo podemos estar seguros? Podría estar dentro de cualquiera en el pueblo en estos momentos…” “Podría estar dentro de mí”, dijo Bast con indiferencia. “Tal vez estoy esperando a que bajes la guardia y a continuación te voy a morder en el pecho, justo sobre el corazón, y beber toda la sangre que salga. Como si succionara el jugo de una ciruela.” Se dibujo una delgada línea en la boca de Cronista. “Eso no es gracioso.” Bast miró hacia arriba y sonrió a Cronista desenfadado, enseñando los dientes. Pero había algo más en la expresión. Fue un poco más larga. La sonrisa era demasiado ancha. Sus ojos se centraron ligeramente a un lado del escriba, y no directamente sobre él. Bast, se quedó inmóvil por un momento, sus dedos ya no tejían con agilidad entre las hojas verdes. Se miró las manos, curiosamente, dejó caer el círculo de acebo a medio terminar en la barra. Su sonrisa se desvaneció lentamente y se convirtió en una expresión en blanco, y miró alrededor de la taberna débilmente. “¿Te Veyan?”, Dijo en una voz extraña, con los ojos vidriosos y confusos. “¿Ventelanet Te-tanten?” Luego, moviéndose con velocidad sorprendente, Bast se lanzó desde detrás de la barra hacia el cronista. El escriba voló fuera de su asiento, huyendo como un loco. Derribó dos mesas y una media docena de sillas delante de sus pies que se enredaron y cayó desordenadamente en el suelo, agitó los brazos y las piernas y se abrió camino frenéticamente hacia la puerta. Así como se había revuelto salvajemente, Cronista lanzó una rápida mirada por encima del hombro, con el rostro pálido y horrorizado, sólo para ver que Bast no había dado más de tres pasos. El joven de pelo negro estaba de pie junto a la barra, inclinado casi a la mitad y sacudiéndose con una risa indefensa. Una mano cubría la mitad de su rostro, mientras que la otra apuntaba a Cronista. Se reía tan fuerte que apenas podía tomar aliento. Después de un momento tuvo acercarse y sostenerse contra la barra. Cronista estaba furioso. “Estúpido, gritó mientras se levantaba penosamente. “Eres…Estupido! “ Riendo sin apeas poder respirar, Bast levantó las manos e hizo gestos débiles, a medias arañando, como un niño que pretende ser un oso. “Bast”, lo reprendió el posadero. “¡Vamos! ¿En serio?.” Pero mientras la voz Kote era severa, los ojos brillaban de risa. Sus labios temblaban, luchando por no sonreír.
  15. 15. Moviéndose con la dignidad ofendida, Cronista se ocupó de poner las mesas y sillas derechas, golpeando contra el suelo más fuerte de lo necesario. Cuando por fin regresó a su mesa original, se sentó rígidamente. Para entonces Bast había vuelto de pie detrás de la barra, respirando con dificultad y centrándose deliberadamente en el acebo que tenia en sus manos. Cronista lo fulminó con la mirada y se frotó la pantorrilla. Bast sofocó algo que podría, posiblemente, haber sido una tos. Kote luchó por mantener una carcajada dentro de su garganta y tiró de otra rama de acebo del paquete, agregándola a la larga cuerda que estaba haciendo. Alzó la vista para captar la atención de Cronista. “Antes de que se me olvide mencionarlo, la gente vendrá hoy para aprovecharse de tus servicios como escribano.” Cronista pareció sorprendido. “¿Vienen ahora?” Kote asintió con la cabeza y dio un suspiro de irritación. “-Sí. La noticia ya está dada, por lo que no se puede evitar”. Vamos a tener que tratar con ellos cuando vengan. Por suerte, cualquiera con buenas manos estará ocupado faenando en los campos hasta el mediodía, así que no tendrás que preocuparte por ello hasta que…” Los dedos del posadero manosearon torpemente, cortando la rama de acebo y clavándose una espina profundamente en la parte carnosa del pulgar. El pelirrojo no se inmutó o soltó una maldición, sólo miró abajo frunciendo el ceño con enojo hacia la mano, donde brotaba una gota de sangre, brillante como una baya. Con el ceño fruncido, el posadero se llevó el pulgar a la boca. Todo rastro de sonrisa se desvaneció de su rostro y sus ojos eran duros y oscuros. Tiró a medio terminar la trenza de acebo a un lado en un gesto tan deliberadamente informal que era casi aterrador. Miró de nuevo a Cronista, y dijo con su voz perfectamente tranquila. “Mi opinión es que debemos hacer un buen uso de nuestro tiempo antes de ser interrumpidos”, dijo. “Pero primero, me imagino que querrás algo para desayunar.” “Si no es mucha molestia”, dijo el cronista. “Ninguna en absoluto”, dijo Kote volviéndose y dirigiéndose a la cocina. Bast lo vio salir con una expresión preocupada en su cara. “Tendrás que sacar la sidra de cerca de la estufa y ponerla a enfriar en la parte de atrás.” Bast le gritó en voz alta. “La última tanda estaba más cerca de la mermelada que del jugo. Y también me encontré con algunas hierbas, mientras estaba fuera. Están en el barril de agua. Debes echarles un ojo para ver si van a ser de alguna utilidad para la cena. “ Una vez solos en la taberna, Bast y Cronista se observaron entre sí a través de la barra durante un buen rato. El único sonido era el ruido de la puerta al cerrarse de nuevo. Bast hizo una puesta a punto final a la corona en sus manos, mirándola desde todos los ángulos. La llevó a su cara como si fuera a olerla. Pero en lugar de eso sacó una profunda bocanada de aire, cerró los ojos, y sopló en contra de las hojas de acebo, tan suavemente que apenas se movió. Al abrir los ojos, Bast sonrió encantadoramente a modo de disculpa y se acercó a Cronista.
  16. 16. “Toma.”, Tendió el círculo de acebo al hombre sentado. Cronista no hizo ademán de cogerlo. La sonrisa de Bast no desapareció. “No te diste cuenta porque estabas muy ocupado cayéndote”, dijo con su voz aguda baja y tranquila. “Pero en realidad se echó a reír. Tres buenas carcajadas desde el estómago. Tiene una risa maravillosa. Es como la fruta. Como la música. No la había escuchado en meses.” Bast le ofrecía el círculo de acebo otra vez, sonriendo tímidamente. “Así que esto es para ti. He seguido todas las instrucciones para ello. Por lo tanto, se mantendrá verde y viva más tiempo de lo que parece. Recogí el acebo de la forma adecuada con mis propias manos. Buscado, tejido y transportado a propósito.” Lo sostuvo un poco más lejos, como un niño nervioso con un ramo de flores. “Toma. Es un regalo gratuito. Te lo ofrezco sin compromiso.” Vacilante, Cronista extendió la mano y cogió la corona. Lo examino, girándolo en sus manos. Los frutos rojos se encontraban en las hojas verde oscuras, como joyas, y había sido hábilmente trenzado para que las espinas estuvieran en ángulo hacia el exterior. La colocó cuidadosamente en la cabeza, y se ajustó perfectamente a su frente. Bast sonrió. “¡Viva el Señor del los locos!”, Gritó, alzando las manos. Rió de felicidad. Una sonrisa tiró de los labios de Cronista mientras se quitaba la corona. “Así que,” dijo en voz baja mientras ponía las manos en su regazo. “¿Esto quiere decir las cosas se resuelven entre nosotros?” Bast, inclinó la cabeza, perplejo. “¿Perdón?” Cronista parecía incómodo. “De lo que hablamos… ayer por la noche… “ Bast miró sorprendido. “Oh no”, dijo seriamente, moviendo la cabeza. “No. No, en absoluto. Me perteneces, hasta la médula de tus huesos. Eres un instrumento de mi deseo.” Bast lanzó una mirada hacia la cocina, con una expresión amarga. “¿Y sabes lo que yo deseo? Haz que recuerde que es más que un posadero que hornea pasteles. “Prácticamente escupió la última palabra. Cronista se removió inquieto en su asiento, mirando hacia otro lado. “Todavía no sé lo que puedo hacer.” “Harás todo lo que puedas”, dijo Bast, en voz baja. “Lo sacarás de sí mismo. Lo despertarás.“ Dijo las últimas palabras con fiereza. Bast colocó una mano sobre el hombro de Cronista, sus ojos azules se dilataron muy ligeramente. “Lo harás recordar. Lo harás”. Cronista dudó un instante y luego bajó la mirada hacia el círculo de acebo en su regazo y asintió ligeramente con la cabeza. “Haré lo que pueda.” “Eso es todo lo que cualquiera de nosotros puede hacer”, dijo Bast, dándole una palmada amistosa en la espalda. “¿A propósito, cómo está el hombro?” El escribano lo hizo girar sobre si mismo, el movimiento parecía antinatural mientras el resto de su cuerpo permanecía rígido e inmóvil. “Entumecido. Frío. Pero no duele. “
  17. 17. “Eso es de esperar. Yo no me preocuparía si fuera tú. “Bast le sonrió alentadoramente. “La vida es demasiado corta para que gente se preocupe por cosas sin importancia.” –––––––––––––––––––––––– El desayuno vino y se fue. Patatas, pan tostado, tomates y huevos. Cronista comió una porción respetable y Bast comió lo suficiente para tres personas. Kote estaba entretenido, trayendo mas leña para el fuego, atizando el horno para preparar los pasteles, y llenando jarras con sidra fría Llevaba un par de jarras de la barra cuando sonaron unas botas en el descansillo de madera fuera de la posada, enérgicas como cualquier golpeteo. Un momento después entró el aprendiz de herrero a través de la puerta. Con apenas dieciséis años, era uno de los hombres más altos de la ciudad, con hombros anchos y brazos gruesos. “Hola Aarón”, dijo el posadero con calma. “¿Puedes cerrar la puerta? Fuera hay polvo.” A medida que el aprendiz de herrero volvió hacia la puerta, el posadero y Bast escondieron la mayor parte del acebo debajo de la barra, moviéndose rápidamente en equipo sin hablar. En el tiempo que el aprendiz de herrero volvió a ponerse enfrente, Bast estaba jugando con algo que fácilmente podría haber sido una pequeña corona de flores, a medio terminar. Algo hecho para mantener los dedos ociosos ocupados contra el aburrimiento. Aarón no pareció darse cuenta de algo diferente mientras se apresuraba a la barra. “Sr. Kote “, dijo emocionado,” ¿podría conseguir algo de comida de viaje?” Movió un saco de arpillera vacía. “Carter dijo que sabría lo que significa.” El posadero asintió con la cabeza. “Tengo un poco de pan y chorizo, queso y manzanas.” Hizo un gesto a Bast, que agarró la bolsa y corrió fuera a la cocina. “¿Carter irá a alguna parte hoy?” “Él y yo”, dijo el muchacho. “El Orrisons están vendiendo algunos corderos hoy en Treya. Nos contrataron a Carter y a mi para ir, a causa de lo mal que están los caminos.” “Treya”, reflexionó el posadero. “No volverás hasta mañana entonces.” El aprendiz de herrero puso cuidadosamente un Delgado trozo de plata sobre la brillante caoba de la barra. “Carter va con la esperanza de encontrar un reemplazo para Nelly, también. Pero si no puede venir con un caballo dijo que probablemente tomará la moneda del rey. “ Las cejas de Kote se levantaron. “¿Carter se va a alistar?” El muchacho esbozó algo que era una mezcla de mueca y sonrisa. “Dice que no puede hacer mucho más si no puede volver con un caballo para su carro. Dice que cuidan de ti en el ejército, consigues alimento y viajar por el mundo. “Los ojos del joven se emocionaron al hablar, en una expresión atrapada en algún lugar entre el entusiasmo de un niño y la preocupación grave de un hombre. “Y no sólo dan plata noble a la gente, simplemente. En estos días difíciles te entregan un real cuando te alistas. Un real de oro entero. “ La expresión del posadero se tornó sombría. “Carter es el único que piensa en coger la moneda, ¿no?” Miró al chico a los ojos. “Un real es un montón de dinero”, admitió el aprendiz de herrero, mostrando una sonrisa socarrona. “Y los tiempos son difíciles desde que mi padre falleció y mi madre se mudó a Rannish”.
  18. 18. “¿Y qué piensa tu madre sobre que aceptes la moneda del rey?” El rostro del muchacho se vino abajo. “Ahora no te pongas de su lado”, se quejó. “Pensé que lo entenderías. Eres un hombre, sabes que un hombre tiene que hacer lo correcto por su madre. “ “Sé que tu madre preferiría que tuvieras un hogar seguro antes que nadar en una tina de oro, muchacho.” “Estoy cansado de la gente que me llama ‘niño’”, el aprendiz de herrero se quebró, sonrojándose. “Puedo hacer algo bueno en el ejército. Cuando consigamos que los rebeldes juren fidelidad al Rey Penitente, las cosas empezarán a mejorar de nuevo. La recaudación de impuestos parará. Los Bentley no perderán sus tierras. Los caminos estarán a salvo de nuevo.” Luego su expresión se tornó triste, y por un segundo su rostro no parecía tan joven en absoluto. “Y entonces mi madre no tendrá que sentarse ansiosa cuando no estoy en casa”, dijo con voz siniestra. “Dejará de despertarse tres veces cada noche a comprobar los postigos de las ventanas y la barra de la puerta.” Aarón se encontró con los ojos del posadero, y enderezó su espalda. Cuando dejó de encorvarse, era casi una cabeza más alto que el posadero. “A veces un hombre tiene que defender a su rey ya su país.” “¿Y Rose?”, Preguntó el posadero en voz baja. El aprendiz se sonrojó y bajó la mirada, avergonzado. Sus hombros cayeron de nuevo y se desinfló, como una vela cuando el viento pasa por ella. “Señor, ¿todo el mundo sabe lo nuestro?” El posadero asintió con una sonrisa suave. “No hay secretos en un pueblo como este.” “Bueno”, dijo Aarón resueltamente: “Estoy haciendo esto por ella también. Para nosotros. Con mi moneda y el sueldo que he guardado, me puedo comprar una casa, o crear mi propia tienda sin tener que ir a algún prestamista”. Kote abrió la boca, luego la cerró de nuevo. Él se quedó pensativo mientras respiraba larga y profundamente, a continuación, habló como si estuviera eligiendo sus palabras con mucho cuidado. “Aarón, ¿sabes quién es Kvothe?” El aprendiz de herrero puso los ojos en blanco. “No soy un idiota. Estuvimos contando historias acerca de él la noche pasada, ¿recuerdas? “Miró por encima del hombro del posadero hacia la cocina. “Mira, tengo que seguir mi camino. Carter estará loco como una gallina mojada si no… “ Kote hizo un gesto tranquilizador. “Voy a hacer un trato, Aarón. Escucha lo que tengo que decir, y te daré la comida gratis. “Él empujó la moneda de plata al otro lado de la barra. -Entonces, podrás usarlo para comprar algo bueno a Rose en Treya. “ Aarón asintió con cautela. “me parece justo”. “¿Qué sabes acerca de Kote de las historias que has oído? ¿Que se supone que debería ser? “ Aarón se echó a reír. “¿Aparte de muerto?”
  19. 19. Kote sonrió débilmente. “Aparte de muerto.” “Sabía todo tipo de magia secreta”, dijo Aarón. “Sabía seis palabras que podía susurrar en el oído de un caballo que lo hacían correr un centenar de millas. Podía convertir el hierro en oro y capturar rayos en un frasco y guardarlos para otro momento. Sabía una canción que abría cualquier cerradura, y podía romper una puerta de roble, fuerte, con una sola mano… . “ Aarón se paró. “Todo depende de la historia, la verdad. A veces él es el bueno, como un príncipe galante. Rescató a unas chicas de un grupo de ogros una vez….” Otra leve sonrisa. -Ya lo sé. “ “… pero en otras historias es un hijo de puta “, continuó Aarón. “Robó magia secreta de la Universidad. Es por eso que lo echaron, como sabes. Y no le llamaban Kote “Asesino de Reyes” porque fuera bueno con un laúd”. La sonrisa había desaparecido, pero asintió con la cabeza el posadero. “Muy cierto. Pero, ¿cómo se veía? “ La frente de Aarón se arrugó un poco. “Él tenía el pelo rojo, si eso es lo que quieres decir. Todas las historias lo dicen. Un verdadero diablo con la espada. Fue terriblemente inteligente. Tenía una lengua de plata, también, que podía hablar por su cuenta de la nada. “ El posadero asintió con la cabeza. “Así es. Imagina que eres Kvothe, inteligente y terrible, como dices. Y de repente, tu cabeza vale más de mil reales y un ducado a quien la corte, ¿qué harías? “ El aprendiz de herrero sacudió la cabeza y se encogió de hombros, claramente perdido. “Bueno, si yo fuera Kvothe”, dijo el posadero, “Fingiría mi muerte, cambiaría mi nombre, y encontraría alguna pequeño pueblo en medio de la nada. Entonces abriría una posada y me haría desaparecer lo mejor posible. “Miró al joven. “Eso es lo que yo haría.” Los ojos de Aarón pasaron del posadero pelirrojo, a la espada que colgaba sobre la barra, y luego de vuelta a los ojos del posadero. Kote asintió con la cabeza lentamente, y luego señaló a Cronista. “Ese tipo no es un simple escribano. Es una especie de historiador, está aquí para escribir la verdadera historia de mi vida. Te has perdido el principio, pero si lo deseas, puedes permanecer el resto. “Él sonrió con una sonrisa fácil. “Puedo contar historias que nadie ha escuchado antes. Historias que nadie va a escuchar de nuevo. Las historias sobre Felurian, como aprendí a luchar de los Adem. La verdad sobre la princesa Ariel. “ El posadero se inclinó sobre la barra y tocó el brazo del muchacho. “La verdad es que Aarón, me gustas. Creo que eres inteligente, y no me gustaría verte tirar tu vida.” Respiró hondo y miró al aprendiz del herrero a la cara. Sus ojos eran de un verde asombroso. “Yo sé cómo comenzó esta guerra. Yo sé la verdad acerca de ella. Una vez que escuches esto, no estarás tan ansioso por correr y morir luchando en medio de ella.” El posadero hizo un gesto a una de las sillas vacías en la mesa de al lado Cronista y sonrió con una sonrisa tan encantadora y sencilla que pertenecía a un príncipe de cuento de hadas. “¿Qué dices?” Aarón miró seriamente al posadero un largo rato, con los ojos clavados a la espada, y luego abajo
  20. 20. otra vez. “Si realmente eres…” Su voz se apagó, pero su expresión se convirtió en una pregunta. “Realmente lo soy”, Kote lo tranquilizó con suavidad. “… entonces puedo ver la capa de ningún color?” Preguntó con una sonrisa. La encantadora sonrisa del posadero era dura y frágil como una hoja de cristal roto. “Estás confundiendo a Kote con Taborlin el Grande”, dijo Cronista de manera casual. “Taborlin tenía la capa de ningún color.” La expresión de Aarón tan desconcertada como él se volvió hacia el escribano. “¿Qué tiene Kote entonces?” “Una capa de sombra”, dijo Cronista. “Si no recuerdo mal.” El muchacho se volvió hacia la barra. “¿Me puede mostrar su manto de sombra, entonces?”, preguntó. “¿O un poco de magia? Siempre he querido ver algo de magia. Sólo un poco de fuego o rayos sería suficiente. No quisiera cansarle.” Antes de que el tabernero pudiera responder, Aarón estallido en una carcajada súbita. “Estoy pasando buen rato con usted, Sr. Kote.” Él sonrió de nuevo, más que antes. “Dioses, nunca escuché a un mentiroso como usted. Incluso mi tío Alvan no podría decir una mentira así con cara seria.” El posadero bajó la mirada y murmuró algo incomprensible. Aarón llegó a la barra y puso una mano sobre el hombro amplio de Kote. “Sé que está tratando de ayudar, Sr. Kote”, dijo con gusto. “Es un buen hombre, y voy a pensar en lo que dijo. No voy a correr a alistarme. Sólo quiero revisar mis opciones otra vez.” El aprendiz de herrero sacudió la cabeza con tristeza. “Lo juro. Todo el mundo me ha tomado el pelo esta mañana. Mi madre dijo que ha enfermado de tuberculosis. Rose me dijo que estaba embarazada.“ Se pasó una mano por el pelo, riendo entre dientes. “Pero la suya fue la ganadora por mucho, tengo que decir.” “Bueno, ya sabes… “Kote dirigió una sonrisa enfermiza. “No hubiera podido mirar a tu madre a los ojos si no lo hubiera intentado.” “Es posible que hubiera tenido la oportunidad de creérmelo si hubiera elegido algo más fácil de tragar”, dijo. “Pero todo el mundo sabe que la espada de Kote estaba hecha de plata.” Movió los ojos hasta la espada que colgaba en la pared. “Tampoco se llamaba Delirio. Su nombre era Kaysera, la asesina de poetas. El posadero se echó hacia atrás un poco al oír eso. “¿La asesina de poetas?” Aarón asintió obstinadamente con la cabeza. “Sí, señor. Y su escribano tiene razón. Tenía su capa hecha de todas las telarañas y las sombras, y llevaba anillos en todos los dedos. ¿Cómo decía?” En su primer mano usaba anillos de piedra, Hierro, ámbar, madera y hueso.
  21. 21. Había- El aprendiz de herrero frunció el ceño. “No puedo recordar el resto. Había algo en el fuego… .” La expresión del posadero era ilegible. Se miró sus propias manos extendiéndolas en la parte superior de la barra, y después de un momento recitó: Había anillos invisibles en su segunda mano. Uno era sangre fluyendo en una cinta Uno todo de aire, susurro débil, Y el anillo de hielo tenía un defecto dentro. Brillaba débilmente el anillo de fuego, Y el anillo final no tenía nombre. “Así es”, dijo Aarón, sonriendo. “Usted no tiene ninguno de ellos detrás de la barra, ¿verdad?” Se puso de puntillas como si tratara de tener una visión mejor. Kote dedicó una sonrisa temblorosa, avergonzada. “No. No, no puedo decir que los tenga. “ Ambos se sobresaltaron cuando Bast golpeó con un saco de arpillera en la barra. “Esto debería ser suficiente para Carter durante dos días “, dijo Bast bruscamente. Aarón se echó el saco al hombro y comenzó a irse, luego vaciló y volvió a mirar a las dos de ellos detrás de la barra. “Odio pedir favores. El viejo Cob dijo que visitaría a mi madre por mí, pero… “ Bast, caminó alrededor de la barra y comenzó a acompañar a Aarón hacia la puerta. “Ella estará bien, espero. Visitaré a Rose también, si lo deseas.” Le dio una amplia sonrisa lasciva, al aprendiz de herrero. “Sólo para asegurarme de que no se siente sola ni nada.” “Se lo agradezco”, dijo Aarón, con alivio evidente en su voz. “Ella estaba un poco hecha polvo cuando me fui. Le vendría bien un poco de consuelo.” Bast se detuvo a medio camino de abrir la puerta de la posada y le echó al muchacho de espaldas anchas una mirada de incredulidad. Luego sacudió la cabeza y terminó de abrir la puerta. “Bien, vete. . Diviértete en la gran ciudad. No bebas el agua.” Bast, cerró la puerta y apretó la frente contra la madera como si de repente estuviera cansado. “¿Podrías darle algo de consuelo?” Repitió con incredulidad. “Me retracto de todo lo que he dicho acerca de que ese niño es inteligente.” Se giró frente a la barra, mientras dirigía un dedo acusador a la puerta cerrada. “Eso” dijo con firmeza a la sala en general, “es lo que viene de trabajar con hierro todos los días.” El tabernero le dirigió una risa malhumorada mientras se apoyaba en la barra. “demasiado para mi legendaria lengua de plata.” Bast, dio un bufido despectivo. “El muchacho es un idiota, Reshi”.
  22. 22. “¿Se supone que voy a sentir mejor porque yo no he sido capaz de persuadir a un idiota, Bast?” Cronista se aclaró la garganta con suavidad. “Parece más bien un testimonio de la función que has montado aquí, “dijo. “Has interpretado tan bien el papel de posadero que no puede pensar en ti de otra manera.” Él señaló en torno a la taberna vacía. “Francamente, me sorprende que estés dispuesto a arriesgar tu vida aquí sólo para mantener al niño fuera del ejército.” “No es arriesgar mucho”, dijo el posadero. “No es mucho una vida.” Arrastró los pies y caminó hacia el frente de la barra, recorriendo el camino hasta Cronista. “Yo soy responsable de todos los que mueren en esta guerra estúpida. Esperaba salvar una. Al parecer incluso eso está más allá de mí.” Se hundió en la silla frente a Cronista. “¿Dónde lo dejamos ayer? No tiene sentido que me repita si puedo evitarlo.” “Justo acababas de llamar al viento y le habías dado a Ambrose una parte de lo que se merecía”, dijo Bast, poniéndose de pie en la puerta. “Y estabas fantaseando intensamente sobre tu amada.” Kote levantó la vista. “Yo no fantaseo. Bast.” Cronista recogió su maletín de cuero plano y extrajo una hoja de papel con tres cuartos llenos de escritura precisa y pequeña. “Puedo leerte la última parte de nuevo, si lo deseas.” Kote tendió la mano. “Puedo recordar tu código lo suficientemente bien como para leerlo por mí mismo”, dijo con cansancio. “Le daré un vistazo. Es posible sirva de estímulo “Él miró a Bast. “Ven y siéntate si vas a escuchar. No te tendré rondando por aquí. “ Bast se precipitó hacia una silla, mientras que Kote respiró hondo y miró la última página de la historia del día anterior. El posadero se quedó callado un buen rato. Su boca hizo algo que podría haber sido el comienzo de un gesto fruncido, a continuación, algo así como una débil sombra de una sonrisa. Asintió con la cabeza, pensativo, con los ojos todavía en la página. “Gran parte de mi juventud transcurrió tratando de llegar a la Universidad”, dijo. “Yo quería ir allí incluso antes de que mi troupé fuera asesinada. Antes de saber que los Chandrian eran más que una historia de fogata. Antes de que comenzara la búsqueda de los Amyr”. El posadero se reclinó en su silla, su expresión cansada se desvaneció, volviéndose pensativa. “Creí que una vez que estuviera allí, las cosas serían fáciles. Me hubiera gustado aprender magia y encontrar las respuestas a todas mis preguntas. Pensé que todo sería un sencillo libro de cuentos.” Kote sonrió un poco avergonzado, la expresión dio a su rostro un aspecto sorprendentemente joven. “Y podría haberlo sido, si no tuviera tanto talento para hacer enemigos y problemas. Todo lo que quería era tocar mi música, asistir a mis clases, y encontrar mis respuestas. Todo lo que quería estaba en la Universidad. Todo lo que quería era quedarme.“ Asintió con la cabeza. “Ahí es donde debemos empezar.” El posadero devolvió la hoja de papel a Cronista, que distraidamente la alisó con una mano. Cronista destapó su tinta y mojó la pluma. Bast, se inclinó hacia adelante con entusiasmo, sonriendo como un niño emocionado. Los ojos brillantes de Kote se movieron por la habitación, mirándolo todo. Respiró hondo y esbozó
  23. 23. una sonrisa repentina, y por un breve momento no se parecía en nada a un posadero. Sus ojos eran agudos y brillantes, verdes como una brizna de hierba. “¿Listos?”
  24. 24. Capítulo 3: Suerte Cada término en la Universidad comienza de la misma manera: el sorteo de admisiones seguido por un ciclo completo de entrevistas. Eran una especie de mal necesario. No dudo que el proceso iniciara con sensatez. Antes, cuando la Universidad era más pequeña, puedo imaginarlas como entrevistas reales. Una oportunidad para un estudiante de tener una conversación con los maestros acerca de lo que había aprendido. Un diálogo. Una discusión. Pero en esos días la Universidad acogía a más de mil estudiantes. No había tiempo para debatir. En su lugar, cada estudiante era sometido a una lluvia de preguntas en un puñado de minutos. Breves como eran las entrevistas, una sola respuesta equivocada o un largo vacilar podrían tener un impacto dramático en tu matrícula. Antes de las entrevistas, los alumnos estudian obsesivamente. Después, beben en celebración o para consolarse. Debido a esto, por los once días de admisiones, la mayoría de los estudiantes se ven ansiosos y agotados en el mejor de los casos. En el peor, vagan arrastrando los pies por la Universidad, con ojos hundidos y caras grises de muy pocas horas de sueño, demasiada bebida, o ambos. Personalmente, me pareció extraño cuan serio todos tomaban todo el proceso. La gran mayoría de los estudiantes eran de la nobleza o miembros de familias de comerciantes ricos. Para ellos, una cuota de alta es un inconveniente, dejándoles menos dinero en el bolsillo para gastar en caballos y prostitutas. Los riesgos para mí eran mayores. Una vez que los maestros establecen una matrícula, no puede ser cambiada. Así que si la mía era demasiado alta, estaría excluido de la Universidad hasta que pudiera pagar. El primer día de admisiones siempre tuvo un aire festivo. El sorteo de admisiones tomaría la primera mitad del día, lo que significa que los desafortunados estudiantes que tomaban los primeros turnos se verían obligados a pasar a través de sus entrevistas pocas horas después. Para el momento en que llegué largas filas serpenteaban a través del patio, mientras que los estudiantes que habían sacado ya sus fichas se arremolinaban quejándose y tratando de comprar, vender o intercambiar sus turnos. No vi a Willem o a Simmon en ningún lugar, así que me uní a línea más cercana y traté de no pensar en lo poco que tenía en mi bolsa: un talento y tres iotas. En un momento en mi vida, hubiera parecido como todo el dinero en el mundo. Pero para la matrícula era en absoluto suficiente. Había carros dispersos con el propósito vender salchichas y castañas, sidra y cerveza caliente. Olí pan caliente y grasa de un carro cercano. Estaba lleno de pasteles de carne para la clase de gente que podía permitirse esas cosas. El sorteo era celebrado siempre en el patio mayor de la Universidad. Casi todos lo llamaban la plaza de los banderines, aunque una poca gente con mejor memoria se refería a él como el Salón las interrogantes. Yo lo conocía por un nombre aún más antiguo, la Casa del Viento.
  25. 25. Vi algunas hojas caer alrededor de los adoquines, y cuando levanté la vista vi a Fela devolviéndome la mirada desde treinta o cuarenta personas más cerca de la parte delantera de la línea donde ella estaba. Me dio una cálida sonrisa y un saludo con la mano. Le devolvi el saludo y ella salió de su lugar, y camino para llegar a donde yo estaba. Fela era hermosa. El tipo de mujer que esperarías ver en un cuadro. No la elaborada, artificial belleza que se suele ver en la nobleza, Fela era natural y sin conciencia de ello, con ojos grandes y la boca llena que estaba constantemente sonriendo. Allí en la Universidad, donde los hombres superaban diez a uno a las mujeres, se destacó como un caballo en un redil. “¿Te importa si espero contigo?”, Preguntó cuándo llegó a mi lado. “Odio no tener a nadie con quien hablar.” Sonrió graciosamente al par de hombres detrás de mí. “No estoy metiéndome”, explicó. “Solo estoy regresando.” No tenían objeciones, aunque sus ojos se posaron de ida y vuelta entre Fela y yo. Casi podía oírles preguntarse por qué una de las mujeres más hermosas de la Universidad quería ceder su lugar en la fila por estar junto a mí. Es una pregunta justa. Yo mismo tenía curiosidad. Me hice a un lado para hacerle espacio. Estuvimos hombro con hombro por un momento, ninguno de los dos hablando. “¿Qué estás estudiando este término?” Le pregunté. Fela se acomodó el pelo detrás del hombro. “Voy a seguir con mi trabajo en el archivo, supongo. Algo de química. Y Brandeur me ha invitado a matemáticas múltiples. “ Me estremecí un poco. “Demasiados números. No puedo nadar esas aguas. “ Fela se encogió de hombros y los rizos largos y oscuros del pelo que había apartado tomaron la oportunidad para regresar, enmarcando su cara. “No es tan difícil una vez que metes tu cabeza a su alrededor. Es más como un juego que otra cosa. “Ella inclinó la cabeza hacia mí. “¿Y tú?” “Observación en la Medica”, dije. “Estudio y trabajo en la Factoría. Simpatía también, si Dal me lo permite. Probablemente debería repasar mi Siaru también. “ “¿Hablas Siaru?”, Preguntó en tono sorprendido. “Puedo arreglármelas”, le dije. “Pero Wil dice que mi gramática es vergonzosamente mala”. Fela asintió con la cabeza y luego me miró de reojo, mordiéndose el labio. “Elodin me pidió unirme a su clase, también,” dijo ella, con la voz llena de temor. “¿Elodin tiene una clase?” Le pregunté. “No pensé que lo dejaran enseñar.” “Está empezando este término,” dijo ella, dándome una mirada curiosa. “Pensé que estarías en ella. ¿No te promovió el a Re’lar? “ “Si, Él lo hizo,” me dijo.
  26. 26. “Oh.” Ella parecía incómodo, y rápidamente agregó: “Es probable que simplemente no le ha pedido todavía. O está pensando en enseñarte por separado. “ Deseche su comentario, aunque estaba picado con el pensamiento de ser dejado afuera. “¿Quién puede decir con Elodin?” Me dijo. “Si no está loco, es el mejor actor que he conocido.” Fela empezó a decir algo, a continuación, miró a su alrededor nerviosamente y se acercó a mí. Su hombro rozó el mío y su pelo rizado me hacía cosquillas en el oído cuando me pregunto en voz baja: “¿Realmente te tiro de la azotea del sanatorio?” Le di una risita avergonzada. “Esa es una historia complicada,” dije, y luego cambié de tema bastante torpemente. “¿Cuál es el nombre de su clase?” Se frotó la frente y se echó a reír frustrada. “No tengo la menor idea. Dijo que el nombre de la clase era el nombre de la clase. “Ella me miró. “¿Qué significa eso? ¿Cuándo vaya a los libros de contabilidad y listas va a decir eso bajo el nombre de la clase?” Admití que no sabía, y desde allí era un pequeño paso para compartir historias de Elodin. Fela dijo que un secretario lo había sorprendido desnudo en el Archivo. Yo había oído que él había pasado una vez que un ciclo entero caminando por la Universidad con los ojos vendados. Fela había oído que había inventado un lenguaje completo desde cero. Yo había oído que había comenzado una pelea en una de las tabernas locales más sórdidas porque alguien había insistido en decir la palabra “utilizar” en lugar de “uso”. “Yo también lo oí”, dijo Fela, riendo. “Salvo que se encontraba en el Caballo y Cuatro, y era un barón que no podía dejar de usar la palabra” además”. Antes de darme cuenta que estábamos al frente de la línea. “Kvothe, hijo Arliden”, dije. La mujer de aspecto aburrido marcó mi nombre y sacó un suave azulejo de marfil de la bolsa de terciopelo negro. Decía: FELLING-MEDIODIA. Octavo día de admisión, un montón de tiempo para prepararse. Fela señaló a su propio azulejo y se alejó de la mesa. “¿Qué sacaste?” Le pregunté. Me enseñó su propio azulejo de marfil. Cendling a la cuarta campana. Fue un sorteo muy afortunado, una de las últimas plazas disponibles. “Wow. Felicitaciones. “ Fela se encogió de hombros y se metió el azulejo en su bolsillo. “Es lo mismo para mí. No hago un punto especial estudiar. Cuanto más me preparo, peor me va. Solamente me pone nerviosa.” “Deberías venderla entonces.” Dije, señalando a la arremolinada multitud de estudiantes. “Alguien pagaría un talento completo para obtener ese lugar. Tal vez más. “ “No se me da muy bien el regatear, o esas cosas,” dijo. “Solo asumo que cualquier azulejo que saque tiene suerte y me adhiero a ella.” Libres de la línea, no teníamos ninguna excusa para estar juntos. Pero yo estaba disfrutando de su compañía y no parecía terriblemente ansiosa por huir, por lo que los dos vagamos sin rumbo por patio, la multitud de fresado que nos rodea.
  27. 27. “Me muero de hambre”, dijo Fela repente. “¿Quieres ir a tomar un almuerzo temprano en alguna parte?” Yo estaba dolorosamente consciente de cuan ligera estaba mi bolsa. Si hubiera sido más pobre, tendría que ponerle una piedra para evitar que se batiera en la brisa. Mis comidas eran gratis en Anker porque tocaba música allí. Así que gastar dinero en comida en otro lugar, sobre todo tan cerca de ingresos, sería una tontería absoluta. “Me encantaría”, le dije con sinceridad. Luego le mentí. “Pero debo ver por aquí un poco a ver si hay alguien dispuesto a intercambiar lugar conmigo. Soy un regateador de ida y vuelta. “ Fela rebuscó en su bolsillo. “Si estas buscando más tiempo, puedes quedarte la mía.” Miré a la pieza entre sus dedos índice y pulgar, muy tentado. Dos días extras de preparación serían un regalo del cielo. O que podría hacer un talento revendiendola. Tal vez dos. “No me gustaría llevarme tu suerte”, le dije, sonriendo. “Y desde luego tu no quieres parte de la mía. Además, ya has sido demasiado generosa conmigo. “Tome mi capa sobre mis hombros intencionadamente. Fela sonrió a eso, haciendo llegar sus nudillos a la parte delantera de la capa. “Me alegro que te guste. Pero en lo que a mí respecta, yo todavía te debo”. Se mordió los labios con nerviosismo, y luego dejó caer la mano. “Prométeme que me dejaras saber si cambias de opinión.” “Te lo prometo.” Ella volvió a sonreír, a luego dio media vuelta y se alejó por el patio. Verla caminar por entre la multitud era como ver el movimiento del viento sobre la superficie de un estanque. Excepto que en vez de emitir ondas en el agua, eran las cabezas de los jóvenes las que volteaban a su paso. Yo seguía mirando cuando Willem se acercó a mi lado. “¿Ya has terminado con tu coqueteo entonces?”, Se preguntó. “Yo no estaba coqueteando,” dije. “Deberías haberlo estado”, dijo. “¿Cuál es el punto de que me esperara cortésmente, no interrumpiendo, si desperdicias tales oportunidades?” “No es así”, le dije. “Ella solo es amigable.” “Obviamente”, dijo, su con su áspero acento Cealdico hace el sarcasmo en su voz parecer el doble de espeso. “¿Qué sacaste?” Le enseñé mi azulejo. “Vas un día más tarde que yo.” Saco su azulejo. “Te la cambio por una iota.” Dudé. “Vamos”, dijo. “No es como si pudieras estudiar en el Archivo como el resto de nosotros.” Lo fulmine con la mirada. “Tu empatía es abrumadora.”
  28. 28. “Guardo mi empatía para aquellos lo suficientemente inteligentes como para evitar llevar al Maestro Archivista en cólera espumosa”, dijo. “Para gente como tú, sólo tengo una iota para cambiar. ¿Te gusta, o no? “ “Quisiera dos iotas”, dije, examinando a la multitud, en busca de los estudiantes con una desesperación salvaje alrededor de los ojos. “Si puedo conseguir.” Willem entrecerró los ojos oscuros. “Una iota y tres drabines”, dijo. Lo vi de nuevo, mirándolo con atención. “Una iota y tres”, le dije. “Y te toca Simmon como pareja la próxima vez que jugamos esquinas.” Dio un resoplido de risa y asintió con la cabeza. Intercambiamos tejas y metí el dinero en mi bolsa: un talento y cuatro. Un pequeño paso más cerca. Después de pensarlo un momento, metí mi pieza a mi bolsillo. “¿No vas a seguir traficando hacia abajo?” Wil preguntó. Negué con la cabeza. “Creo que voy a mantener este lugar.” Él frunció el ceño. “¿Por qué? ¿Qué puede hacer con cuatro días, excepto impacientarte y girar el dedo? “ “Igual que todos”, le dije. “Prepararme para mi entrevista de admisión.” “¿Cómo?”, Preguntó. “Sigues expulsado del Archivo, ¿no?” “Hay otros tipos de preparación,” dije misteriosamente. Willem resopló. “Eso no suena sospechoso en absoluto”, dijo. “Y te preguntas por qué la gente habla de ti.” “No pregunto por qué hablan”, le dije. “Me pregunto lo que dicen.”
  29. 29. Capítulo 4: Alquitrán y Estaño La ciudad que había crecido a lo largo de los siglos alrededor de la Universidad no era grande. Realmente, era poco más que un pueblo. A pesar de esto, el comercio prosperó en nuestro extremo del Gran Camino de Piedra. Los mercaderes traían en sus carros materias primas: alquitrán y arcilla, gibbsita, potasa y sal marina. Traían artículos de lujo como café de Lanetti and y vino de Vintas. Ellos traian fina tinta negra de Arueh, arena blanca y pura para nuestros trabajos de cristal y resortes y tornillos de Cealdicos delicadamente moldeados. Cuando estos mismos mercaderes se iban, sus carros iban cargados de cosas que solo puedes encontrar en la Universidad. La Clínica preparaba medicamentos, medicamentos reales, no agua coloreada o remedios baratos. El complejo de alquimia producía sus propias maravillas de las que yo apenas tenia una ligera idea, así como materias primas como gasolina, sulfuros y cal viva. Podría estar predispuesto, pero creo que lo justo es decir que la mayoría de las maravillas tangibles de la universidad procedían de la Factoría. Lentes de vidrio esmerilado. Lingotes de wolframio y acero templado. Láminas de oro tan finas que se rasgaban como si fueran papel fino. Pero hacíamos mucho más que eso. Lámparas simpáticas y telescopios. Devoracalores y mecanismos extractores. Bombas de sal. Brújulas. Docenas de versiones de cabestrantes Teccam y ejes Delevari. Artífices como yo fabricaban estas cosas y cuando los mercaderes las compraban nosotros ganábamos una comisión: el sesenta por ciento de la venta. Esta era la única razón de que yo tuviera algo de dinero. Y como no había clases durante el periodo de admisión, disponía de un periodo completo de días para trabajar en la Factoría. –––––––––––––––––––– Me dirigí hacia el Depósito, el almacén donde los artífices retiraban herramientas y materiales. Me sorprendió ver un estudiante alto y pálido de pie en la ventanilla, que parecía profundamente aburrido. “¿Jaxim?”- Pregunté. “Que estas haciendo aquí? Este es un trabajo fastidioso.” Jaxim asintió malhumorado. “Kilvin todavía está un poco enojado conmigo” “Ya sabes, Por lo del incendio y todo eso.” “Siento oír eso” dije. Jaxim era un Re`lar en toda regla, igual que yo. Podía estar dedicado a investigar proyectos propios. Forzarle a realizar una tarea servil como esa no era solo aburrido, le humillaba públicamente además de costarle dinero y paralizar sus estudios. En lo que a castigos se refiere, era uno extraordinariamente completo. “De que andamos cortos?” Le pregunté. Elegir los proyectos en el taller era un arte. No era importante fabricar la lámpara simpática más
  30. 30. brillante o el embudo de calor más eficiente de la historia de la Artesanía. Hasta que alguien lo compraba no conseguías ni un solo ardite de la comisión. Para muchos de los otros trabajadores este no era un problema. Podían permitirse esperar. Yo, sin embargo necesitaba algo que pudiera vender rápido. Jaxim se inclinó sobre el mostrador. “La caravana acaba de comprar todas nuestras lámparas de cubierta” dijo. “Solo nos queda esa tan horrorosa que hizo Veston” Asentí. Las lámparas simpáticas eran perfectas para barcos. Difíciles de romper, mas baratas que las de aceite a largo plazo y no tienes que preocuparte de que puedan incendiar tu barco. Jugué con los números en mi cabeza. Podía hacer dos lámparas a la vez ahorrando algo de tiempo mediante duplicar esfuerzos, y estaría razonablemente seguro de que se venderían antes de que tuviera que pagar la matrícula. Desafortunadamente, las lámparas de cubierta era simple y llanamente un trabajo penoso. Cuarenta horas de un trabajo meticuloso, y si cometía algún fallo simplemente no funcionarían. Entonces no tendría nada a cambio de mi tiempo excepto una deuda con el depósito por los materiales que había gastado. Aún así, no tenía muchas opciones. “Supongo que haré las lámparas” dije. Jaxim asintió y abrió el libro de contabilidad. Comencé a recitar de memoria lo que necesitaba. “Necesitaré veinte emisores de materia medianos. Dos juegos de los moldes altos. Un cincel de diamante. Un cristal tenten. Dos crisoles medianos. Cuatro onzas de estaño. Seis onzas de acero de calidad. Dos onzas de níquel…” Asintiendo para si mismo, Jaxim lo anotó en el libro de contabilidad. ––––––––––––––––––– Ocho horas después entraba por la puerta principal de Anker`s oliendo a bronce caliente, alquitrán y humo de carbón. Era casi medianoche y la habitación estaba vacía a excepción de un puñado de entregados bebedores “Pareces agotado” Dijo Anker mientras me dirigía al bar. “Me siento agotado” dije. “Supongo que no queda nada en la olla?” El negó con la cabeza. “La gente estaba hambrienta esta noche. Tengo algunas patatas frías que iba a echar en la sopa mañana. Y media calabaza asada, creo” “Vendido,” dije. “Aunque sería de agradecer algo de mantequilla salada también.” El asintió y salio del bar. “No te molestes calentando nada,” dije. “Me lo voy a llevar a mi habitación” Trajo un bol con tres patatas de buen tamaño y media calabaza dorada con forma de campana. Había una generosa porción de mantequilla untada en medio de la calabaza de donde habían sido sacadas las semillas. “Me llevaré también una botella de cerveza de Bredon,” dije mientras cogía el bol. “Con la chapa
  31. 31. puesta. No quiero derramarla por las escaleras.” Había que subir tres tramos para ir a mi diminuta habitación. Después de cerrar la puerta, le di cuidadosamente la vuelta a la calabaza en el bol, coloque la botella encima y envolví todo en un trozo de tela de saco, transformándolo en un paquete que podía llevar debajo de un brazo. Entonces abrí mi ventana y subí al tejado de la posada. Desde aquí había un salto corto para llegar a la panadería atreves del callejón. Un trozo de luna asomaba abajo en el cielo, proporcionándome suficiente luz para ver sin sentirme expuesto. No es que estuviera muy preocupado. Se acercaba la medianoche y las calles estaban tranquilas. Además, estarías sorprendido de lo raramente que la gente mira hacia arriba. Auri estaba sentada en una ancha chimenea de ladrillo esperándome. Llevaba puesto el vestido que le había comprado y balanceaba ociosamente sus pies descalzos mientras miraba a las estrellas. Su pelo eran tan delicado y claro que creaba un halo alrededor de su cabeza moviéndose con el mas leve susurro de una brisa. Cuidadosamente pisé en mitad de un trozo plano de tejado metálico. Hizo un sonido grave bajo mis pies, como un distante y dulce tambor. Los pies de Auri dejaron de balancearse y se quedo paralizada como un conejo asustado. Entonces me vio y sonrió. La saludé con la mano. Auri salto de la chimenea y vino dando saltitos hasta donde yo estaba, con su pelo ondeando detrás de ella. “Hola Kvothe.” Dio medio paso atrás. “Apestas.” Sonreí con mi mejor sonrisa del día. “Hola Auri,” dije. “Tu hueles como una preciosa jovencita” “Es cierto,” convino alegremente. Dio un pasito a un lado y luego adelante otra vez, moviéndose ligeramente sobre las almohadillas de sus pies descalzos. “Que me has traído?” preguntó. “Que me has traido?” contesté “Ella sonrió.“ tengo una manzana que cree que es una pera,” dijo, mostrándola en alto. “Y un bollo que cree que es un gato. Y una lechuga que cree que es una lechuga.” “Entonces es una lechuga lista” “Difícilmente,” dijo resoplando delicadamente.“ “¿Porque creería cualquier cosa inteligente que es una lechuga?” “Aún siendo una lechuga?” pregunté “Especialmente siendo una lechuga,” dijo “Ya es bastante malo ser una lechuga. Que horror creer también que eres una lechuga”. Ella sacudió la cabeza con tristeza, su pelo acompañando el movimiento como si estuviese bajo el agua. Desenvolví mi paquete. “Te he traído algunas patatas, media calabaza y una botella de cerveza que cree que es una rebanada de pan.” “Que cree la calabaza que es?” pregunto curiosa, mirando a la calabaza. Manteniendo sus manos
  32. 32. apretadas detrás de su espalda. “Sabe que es una calabaza,” dije. “Pero pretende hacerse pasar por el sol del atardecer” “Y las patatas?” preguntó. “Están dormidas,” “Y frías, me temo.” Ella levanto sus dulces ojos hacia mí. “No tengas miedo” dijo posando sus dedos en mi mejilla el tiempo que dura un latido, su tacto mas ligero que el roce de una pluma. “Estoy aquí, Estas a salvo” –––––––––––––––––––– La noche era fresca, por eso en vez de comer sobre los tejados como solíamos hacer, Auri me llevo abajo a través de la rejilla de desagüe hasta la red de túneles bajo la Universidad. Ella llevo la botella y mantuvo en alto algo del tamaño de una moneda que emitía una suave luz verdosa. Yo llevé el bol y la lámpara simpática que había fabricado, la que Kilvin denomino lámpara de ladrones. Su luz rojiza era un extraño complemento para la mas brillante verde-azulada de Auri Llegamos a un túnel con cañerías de todas formas y tamaños que recorrían las paredes. Algunas de las tuberías de hierro más grandes llevaban vapor, y aún estando envueltas en tela aislante despedían un calor continuo. Auri colocó cuidadosamente las patatas en una curva de la tubería donde la tela se había despegado. Creó así una especie de horno pequeñito. Usando mi saco de tela como mesa, nos sentamos en el suelo y compartimos nuestra cena. El bollo estaba un poco pasado, pero tenía nueces y canela. El cogollo de lechuga estaba sorprendentemente fresco, y me pregunté donde lo habría encontrado. Tenía una taza de porcelana para mí, y una pequeña copa de mendigo de plata para ella. Sirvió la cerveza tan solemnemente que hubieras podido pensar que estaba tomando el te con el rey. No hubo charla durante la cena. Era una de las reglas que había aprendido mediante prueba y error. Sin tocarse. Sin movimientos repentinos. Sin preguntas ni remotamente personales. No podía preguntar acerca de la lechuga o la moneda verde. Cualquier cosa de este tipo podría provocar que se fuera correteando al interior de los túneles, y no volvería a verla hasta pasados varios días. En honor a la verdad, ni siquiera conocía su verdadero nombre. Auri era solo la forma en que había empezado a llamarla, pero en mi corazón, pensaba en ella como mi pequeño duendecillo lunar. Como siempre, Auri comió delicadamente. Se sentó con la espalda recta, tomando pequeños bocados. Tenía una cuchara que usamos para comer la calabaza, pasándonosla una y otra vez. “No has traído tu laúd” dijo cuando terminamos de comer. “Tengo que leer esta noche,” dije. “Pero lo traeré pronto.” “Como de pronto?” “Dentro de seis noches,” dije. Entonces habré terminado con las pruebas de admisión y seguir estudiando no tendrá sentido.
  33. 33. Su pequeño rostro hizo una mueca. “Seis días no es pronto,” dijo. “Mañana es pronto.” “Seis días es pronto para una piedra,” dije “Entonces toca para una piedra dentro de seis días.” Dijo “Y toca para mi mañana.” “Creo que puedes ser una piedra por seis días,” dije. “Es mejor que ser una lechuga.” Ella se río de esto último. “Es cierto” Después de acabar con la manzana, Auri me llevó a través de la Subrealidad. Fuimos en silencio a lo largo del camino principal, pasamos a través de Brincos y entramos en Trapo, un laberinto de túneles por donde circulaba un viento lento y constante. Probablemente podría haber encontrado el camino por mi mismo, pero preferí tener a Auri como guía. Conocía la Subrealidad como un calderero conoce sus mercancías. Wilem estaba en lo cierto, me habían prohibido el acceso al archivo. Pero yo siempre tenía algún truco para entrar en lugares donde no debería estar. Es una lastima. El Archivo era un inmenso edificio formado por un bloque de piedra sin ventanas. Sin embargo, los estudiantes en su interior necesitaban aire fresco para respirar y los libros más todavía. Si el aire era demasiado húmedo, los libros podrían pudrirse o enmohecerse. Si el aire era muy seco el pergamino podría volverse quebradizo y caerse a pedazos. Me llevó mucho tiempo descubrir como entraba aire fresco en el Archivo. Pero incluso después de haber encontrado el túnel correcto, entrar en el no era sencillo. Implicaba arrastrarse por un largo y terroríficamente estrecho túnel, un cuarto de hora reptando sobre mi vientre a través de la piedra sucia. Guardaba un juego de ropa en la Subrealidad, y después de apenas doce viajes estaba completamente destrozada, las rodillas y los codos casi completamente despellejados. De todas maneras, era un pequeño precio a pagar por acceder al archivo. Sería un infierno si alguna vez fuera descubierto. Tendría que afrontar la expulsión como poco. Pero si realizase un examen de admisión pobre y me pusiesen una matrícula de veinte talentos, sería casi lo mismo que ser expulsado. Realmente daba igual una cosa que otra. De cualquier forma, no estaba preocupado por ser descubierto. Las únicas luces en las Estanterías eran llevadas por estudiantes y secretarios. Esto significaba que siempre era de noche en el Archivo, y yo siempre me he sentido más cómodo de noche.
  34. 34. Capítulo 5: El Eolio Los días sucedieron cancinamente. Trabajaba en la Factoría hasta que mis dedos se entumecían, y entonces leía en los archivos hasta que mis ojos veían borroso. En el quinto día de admisiones finalmente conseguí acabar mis lámparas simpáticas y las llevé al Inventario, esperando que se vendieran rápidamente. Consideré empezar otro par, pero sabía que no estaría a tiempo de acabarlas antes de que mi matricula fuera pagada. Así pues, me puse a intentar hacer dinero de otras formas. Toqué una noche extra en Anker’s, ganando bebidas gratuitas y un puñado de calderilla de miembros de la audiencia agradecidos. Hice algún trabajo en la Factoría, haciendo simples, útiles objetos como engranajes de latón y unos cristales hechos de vidrio doblemente reforzado. Ese tipo de cosas podían ser vendidas al taller inmediatamente por un minúsculo beneficio. Entonces, ya que los minúsculos beneficios no iban a ser suficientes, hice dos tandas de emisores amarillos. Cuando son usados para hacer una lámpara simpática, su brillo era de un agradable amarillo muy parecido a la luz del sol. Estaban valorados en bastante dinero ya que implantarlos requería materiales peligrosos. Los metales pesados y ácidos vaporosos eran los últimos de ellos. Los bizarros compuestos alquímicos eran los realmente aterradores. Estos eran agentes de transporte que se moverían por tu piel sin dejar una marca, entonces silenciosamente se comen el calcio de tus huesos. Otros simplemente merodearían por tu cuerpo, permaneciendo inactivos durante meses hasta que empezaran a sangrarte las encías y perdieras tu cabello. Las cosas que producían en el Complejo Alquímico hacían parecer el arsénico como azúcar en tu té. Yo era minuciosamente cuidadoso, pero mientras trabajaba en la segunda tanda de emisores, mi vaso de tenten se rompió y diminutas gotas del agente salpicó el vidrio de la campana de gases donde estaba trabajando. Nada de él realmente tocó mi piel, pero una única gota aterrizó en mi camisa, por encima de los largos puños de los guantes de piel que llevaba. Moviéndome lentamente, usé un calibrador cercano para pellizcar el tejido de mi camisa y despegarla de mi cuerpo. Entonces, moviéndome torpemente, corté la pieza de tejido, de manera que no tuviera ninguna opción de tocar mi piel. El incidente me dejó temblando y sudando, y decidí que había mejores maneras de ganar dinero. Cubrí la falta de un alumno en observación en la Clínica a cambio de una iota y ayudé a un comerciante a descargar tres carretas de lima por medio penique cada una. Entonces, más tarde esa noche, encontré un puñado de despiadados jugadores queriendo que me sentase con ellos en su juego de aire. En el transcurso de dos horas conseguí perder dieciocho peniques y algún acero suelto. Aunque me dio rabia, me forcé a mi mismo a irme de la mesa antes de que las cosas fueran a peor. Al final de todo mi duro camino, tenía menos en mi monedero que cuando había comenzado.
  35. 35. Por suerte, tenía un último as en la manga. –––––––––––––––––––––— Forcé mis piernas hacia la el Gran Camino de Piedra, en dirección a Imre. Acompañándome estaban Simmon y Wilem. Wil había terminado de vender su última plaza a un desesperado secretario por un diminuto beneficio, así que ambos habían terminado con las admisiones y eran libres como gatitos. La matrícula de Wil se cuantificó en seis talentos con ocho, mientras Simmon estaba aún regodeándose de su impresionantemente baja de cinco talentos con dos. Mi monedero contenía un talento con tres. Un número desfavorable. Completando nuestro cuarteto estaba Manet. Su salvaje pelo gris y sus habituales arrugadas ropas, le hacían parecer vagamente desconcertado, como si se acabara de despertar y no recordara donde estaba. Nosotros le trajimos en parte porque necesitábamos un cuarteto para jugar a esquinas pero también porque creímos que era nuestro deber sacar al pobre tipo de la Universidad aunque solo fuera durante un rato. Los cuatro hicimos nuestro camino sobre el alto arco del Puente de Piedra, cruzando el río Omethi y hacia Imre. El otoño estaba en sus últimos momentos, y yo llevaba mi capa contra la oportunidad de que refrescara. Mi laúd, estaba colgado confortablemente a través de mi espalda. En el corazón de Imre cruzamos un gran patio de adoquín y caminamos por delante de la fuente central llenada con estatuas de sátiros persiguiendo ninfas. El agua salpicaba y abanicaba en la brisa mientras nos uníamos a la fila que conducía al Eolio. Cuando llegamos a la puerta me sorprendí de que Deoch no se encontrara allí. En su lugar, había un bajo, sombrío hombre con un ancho cuello. El nos mostró su mano. “Será una iota, joven señor.” “Perdón,” moví la correa de la funda de mi laúd fuera de su mirada y le enseñe el pequeño caramillo de plata cosido a mi capa. Hice un gesto a Wil, Sim y Manet. “Ellos vienen conmigo.” Él echó una mirada a mi caramillo sospechosamente. “Tu pareces espantosamente joven,” el dijo, sus ojos clavándose en mi rostro. “Soy espantosamente joven,” dije simplemente. “Es parte de mi encanto.” “Espantosamente joven para tener el caramillo,” él aclaró, haciendo de ella una razonablemente educada acusación. Titubeé. Mientras aparentaba ser mayor de lo que era, eso significaba que parecía unos pocos años más que mis actuales quince. Que yo supiera, era el más joven músico del Eolio. Normalmente, eso jugaba a mi favor, ya que me hacía un tanto novedoso. Pero ahora… Antes de que pudiera pensar algo que decir, una voz vino de la fila de detrás de nosotros. “No es una farsa, Kett.” Una alta mujer que llevaba un violín asintió hacía mí. “Él ganó su caramillo mientras tú estabas fuera. Es verdadero.” “Gracias Marie,” dije mientras el portero nos hacía un gesto hacía dentro.
  36. 36. Encontramos una mesa para los cuatro cerca de la pared trasera, con buena vista del escenario. Eché un vistazo a las mesas cercanas y evité un familiar deje de decepción cuando vi que Denna no estaba en ningún sitio a lar vista. “¿Cuál es el negocio de la entrada?” preguntó Manet mientras miraba alrededor, teniendo en el escenario el alto techo abovedado. “¿Estaba la gente pagando para entrar aquí?” Le miré. “¿Has sido estudiante durante treinta años y nunca has estado en el Eolio?” “Bueno, ya sabes.” Hizo un gesto impreciso. “He estado ocupado. No me voy a esta parte del río muy frecuentemente.” Sim se rió, sentándose. “Déjame poner esto en términos que entenderás, Manet. Si la música tuviera una Universidad, sería esta, y Kvothe sería un arcanista en pleno derecho. “Mala analogía,” dijo Wil. “Esto es una corte musical y Kvothe pertenece a su pequeña nobleza. Nosotros nos pegamos a sus faldones para entrar. Esa es la razón por la cual hemos tolerado su problemática compañía por tanto tiempo.” “¿Una iota entera por entrar?” preguntó Manet. Asentí Manet dio un evasivo resoplido mientras miraba alrededor, mirando los bien vestidos nobles en el balcón de arriba. “Bien entonces,” él dijo. “Supongo que he aprendido algo hoy.” ––––––––––––––––––––– El Eolio estaba apenas empezando a llenarse, por lo tanto pasamos el rato jugando a esquinas. Era solo un juego amistoso, un drabín una mano, doble para una falsificación, pero pobre como estaba, cualquier apuesta era alta. Afortunadamente, Manet jugaba con la precisión de un reloj de engranaje: sin trucos perdidos, ni salvajes intentos, ni corazonadas. Sim pagó la primera ronda de bebidas, y Manet la segunda. Para cuando las luces del Eolio se oscurecieron, Manet y yo estábamos diez manos por delante, mayoritariamente debido a la tendencia de Simmons a un entusiasta sobreoferta. Guardé en mi bolsillo la iota de cobre con desalentadora satisfacción. Un talento con cuatro. Un hombre viejo se abrió paso hacia arriba al escenario. Después de una breve introducción de Stanchion tocó una dolorosa y preciosa versión de “El día de retraso de Taetn” en mandolín. Sus dedos eran ligeros y rápidos y seguros en sus cuerdas. Pero su voz… Muchas cosas fallan con la edad. Nuestras manos y espalda se vuelven rígidas. Nuestros ojos se vuelven borrosos. La piel se arruga y la belleza se apaga. La única excepción es la voz. Apropiadamente cuidada, la voz no hace excepto crecer en dulzura con la edad y uso constante. La suya era como dulce vino de miel. El acabó su canción con un fuerte aplauso, y después de un momento, las luces volvieron y la sala se hinchó de conversaciones. “Hay pausas entre los intérpretes.” Expliqué a Manet. “De manera que la gente pueda hablar y
  37. 37. caminar alrededor y coger sus bebidas. Tehlu y todos sus ángeles no serán capaces de mantenerte a salvo en caso de que hables durante la actuación de alguien.” Manet se enfurruñó. “No te preocupes de que os avergüence. No soy un completo bárbaro.” “Solo te estoy dando una justa advertencia,” Dije. “Tú me mostraste qué era peligroso en la Artificiera. Yo te muestro lo que es peligroso aquí.” “Su laúd era diferente,” dijo Wilem. “Sonaba diferente del tuyo. Y era más pequeño.” Luché contra la necesidad de sonreír y decidí no hacer un tema de ello. “Ese tipo de laúd se llama un mandolín.” Dije “¿Vas a tocar verdad?” Simmon preguntó, retorciéndose en el asiento cómo un impaciente cachorro. “Deberías tocar esa canción que escribiste sobre Ambrose.” El la tarareó un poco, entonces cantó: A mule can learn magic, a mule has some class, Cause unlike Young Rosey, he’s just half an ass. Una mula aprender magia puede, una mula algo de clase tiene, Porque a diferencia del joven Rosey, el apenas si medio asno es. (Traduccion literal: Un asno puede aprender magia, un asno tiene algo de clase, Porque a diferencia del joven Rosey, él es solo medio asno) Manet se rió en su jarra. Wilem agrietó una escasa sonrisa. “No,” dije firmemente. “He acabado con Ambrose. Hemos quedado en paz desde hace tanto que estoy hasta preocupado.” “Desde luego,” Wil dijo, con cara de póquer. “Lo digo en serio,” dije. “No hay provecho en ello. Estas idas y venidas no hacen más que irritar a los maestros.” “Irritar es bastante suave,” dijo Manet secamente. “No es exactamente la que yo mismo habría escogido” “Tú se lo debes“, dijo Sim, con sus ojos destellando con ira. “Además, no te van a levantar cargos con Conducta Inapropiada de un Miembro del Arcano solo por cantar una canción.” “No,” dijo Manet. “Ellos simplemente subirán su matrícula.” “¿Qué? Dijo Simmon. “No pueden hacer eso. La matrícula está basada en la entrevista de admisiones.” El resoplido de Manet hizo eco en su jarra mientras tomaba otra trago. “La entrevista es sólo una parte del juego. Si tu puedes permitírtela, ellos te aprietan un poco. La misma cosa puede ser dicha
  38. 38. si les causas problemas.” Me miró seriamente. “Tú vas a recibirlo desde ambos extremos esta vez. ¿Cuántas veces has sido llevado ante las astas el último trimestre? “Dos.” Admití. “Pero la segunda no fue culpa mía.” “Desde luego,” Manet me miró honestamente. “¿Y eso es por lo que te ataron y azotaron sangrientamente, no? ¿Por qué no fue culpa tuya?” Me removí incómodamente en mi silla, notando el tirón de las medio curadas cicatrices a lo largo de mi espalda. “La mayoría de ello no fue culpa mía.” Me corregí. Manet se encogió de hombros. “Culpa no es el asunto. Un árbol no hace una tormenta, pero cualquier idiota sabe donde el relámpago va a golpear.” Wilem asintió seriamente. “Allí en mi casa decimos: El más alto tornillo es clavado con el martillo el primero.” El frunció el ceño. “Suena mejor en Siaru.” Sim parecía preocupado. ”¿Pero la entrevista de Admisiones aún determina parte de la matrícula, verdad?” Por su tono, supuse que Simmon no había siquiera considerado la posibilidad de rencores personales o políticos entrando en la ecuación. “La mayor parte,” admitió Manet. “Pero los maestros cogen sus propias preguntas, y cada uno dice la suya. A Hemme no le importas tu, y puede llevar el doble de su peso en rencores. Te subiste al lado equivocado Lorren pronto y aún sigues allí. Eres un alborotador. Te perdiste casi un ciclo entero hacia el final del trimestre pasado. Sin advertencias de antemano ni ninguna explicación después.” Me miró significativamente. Miré abajo a la mesa, deliberadamente consciente de que varias de las clases que me perdí habían sido parte de mi aprendizaje bajo Manet en la Artificería. Después de un momento, Manet se encogió de hombros y continuó. “Y por encima de todo, ellos te estarán probando como Re’lar esta vez. Las matrículas se elevan en los rangos superiores. Hay una razón por la cual he permanecido como E’lir todo este tiempo.” Me miró dura y fijamente. “¿Mi mejor estimación? Serás afortunado si sales por menos de diez talentos.” “Diez talentos.” Sim succionó el aire entre sus dientes y sacudió su cabeza empáticamente. “Menos mal que vas bien de dinero.” “No tan bien como para eso.” Dije “¿Como no puedes estarlo?” preguntó Sim. “Los maestros multaron a Ambrose con casi veinte talentos después de que rompiera tu laúd. ¿Que has hecho con todo el dinero?” Miré abajo y empujé suavemente con el pie a la funda del laúd.  !

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