Immanuel
Kant
CRÍTICA DE LA RAZÓN
PURA
Prólogo, traducción, notas e índices de
Pedro Ribas
taurus
──────────────────
PENSA...
Título original: Kritik der reinen Vernunft
© de la traducción: Pedro Ribas
ISBN: 84-306-0594-0
Dep. Legal: M-32.409-2005
Índice
ÍNDICE  II 
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR.   KANT Y LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA»  XI 
Advertencia Preliminar  XI 
I. ...
[§ 3   Exposición trascendental del concepto de espacio  46 
Sección segunda.   EL TIEMPO  49 
[§4   Exposición metafísica...
Exposición sumaria sobre la corrección de esta deducción de los conceptos puros del 
entendimiento y sobre la única posibi...
4   LOS POSTULADOS DEL PENSAR EMPÍRICO EN GENERAL  175 
Refutación del idealismo  179 
Observación general sobre el sistem...
TERCER CONFLICTO DE LAS IDEAS. TRASCENDENTALES  299 
OBSERVACIÓN SOBRE LA TERCERA ANTINOMIA  301 
CUARTO CONFLICTO DE LAS ...
Sección quinta   IMPOSIBILIDAD DE UNA PRUEBA COSMOLÓGICA DE LA 
EXISTENCIA DE DIOS  370 
DESCUBRIMIENTO Y EXPLICACIÓN DE L...
X KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XI
Introducción del traductor.
KANT Y LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN
PURA»
Advertencia Preliminar
Las ...
XII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
formaba parte de las materias impartidas por el Collegium Fridericianum. De ahí que
enco...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XIII
La siguiente década, 1790-1800, sigue siendo de gran actividad, pero se observa
una notabl...
XIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
rico Guillermo II. Al parecer, en esta ocasión el imperativo categórico se convirtió
sut...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XV
facultad cognoscitiva la que se rige por la naturaleza del objeto, es éste el que se rige po...
XVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
cognoscente organiza la naturaleza, es decir, establece las leyes de ésta. Aquí se ha vi...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XVII
plantearlo, forma que podríamos denominar, en términos de K. Popper, problema de la
demarc...
XVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
concebir el tiempo sin fenómenos, «pero el tiempo mismo (en cuanto condición general
d...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XIX
lo que él llama la deducción trascendental de las categorías. Ese principio es para el
filó...
XX KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
noce Kant como condiciones necesarias de la experiencia. Así queda establecida, a la
vez,...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXI
en el de la razón, que es la «facultad de la unidad de las reglas del entendimiento bajo
pr...
XXII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
rencias» reciben el nombre de paralogismo (psicología racional), antinomia (cosmología
...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXIII
entendimiento. Pero, precisamente por situar tan lejos el objetivo al que ese mismo
enten...
XXIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
tras que en la segunda esta palabra ha sido sustituida por eine solche. En estos casos ...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXV
la conveniencia de sustituir los pronombres personales (er, sie, es) por los nombres
design...
XXVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
uso, no me ha parecido indispensable modificarla. Sí considero, en cambio, un error el
...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXVII
En los márgenes se ofrece la paginación de la primera y segunda ediciones ale-
manas, A y...
XXVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
Nota a la octava edición
Tengo que expresar mi grata sorpresa al aparecer ahora una o...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXIX
«espíritu». Lo cierto es que «mente» tiene en castellano un sentido intelectual que no
rec...
XXX KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
Cronología
1724
Nace en Konigsberg, el 22 de abril, como cuarto hijo del guarnicionero J...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXI
Junio: Meditationum quarumdam de igne succint; delineatio (tesis doctoral); septiem-
bre: ...
XXXII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
1770
Nombrado profesor ordinario de lógica y metafísica en la Universidad de Konigsber...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXIII
1791
Sobre el fracaso de todos los ensayos filosóficos en la teodicea.
1793
La religión ...
XXXIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
Bibliografía
Una útil bibliografía de las traducciones de Kant al castellano, así como...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXV
ESTUDIOS Y COMENTARIOS
Alain: Lettres à Sergio Solmi sur la philosophie de Kant, París, 19...
XXXVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
Heidemann, Ingeborg: Spontaneitat und Zeitlichkeit. Ein Problem der Kritik der reinen
...
INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXVII
Smith, Norman Kemp: A Commentary to Kant’s «Critique of Pure Reason», London,
1918, LXI ...
XXXVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 1
CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
2 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 3
Critik
der
reinen Vernunft
von
Immanuel Kant
Professor in Königsberg
Riga,
verlegts Johann ...
4 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
BACO DE VERULAMIO
INSTAURATIO MAGNA PRAEFATIO
De nobis ipsis silemus: De re autem, quae ag...
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 5
A Su Excelencia
el real ministro de Estado,
Barón de Zedlitz
SEÑOR:
Contribuir al crecimien...
6 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
Prologo de la primera edición1
La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus ca...
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 7
temente pareció, por un momento, que una cierta fisiología del entendimiento humano
(la del...
8 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
No entiendo por tal crítica la de libros y sistemas, sino la de la facultad de la
razón en...
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Kant - Crítica de la razón pura

  1. 1. Immanuel Kant CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Prólogo, traducción, notas e índices de Pedro Ribas taurus ────────────────── PENSAMIENTO
  2. 2. Título original: Kritik der reinen Vernunft © de la traducción: Pedro Ribas ISBN: 84-306-0594-0 Dep. Legal: M-32.409-2005
  3. 3. Índice ÍNDICE  II  INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR.   KANT Y LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA»  XI  Advertencia Preliminar  XI  I. Vida  XI  II. La crítica de la razón pura  XIV  III. Observaciones sobre esta traducción  XXIII  Nota a la octava edición  XXVIII  Cronología  XXX  Bibliografía  XXXIV  OBRAS GENERALES  XXXIV  ESTUDIOS Y COMENTARIOS  XXXV  CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA  1  Prologo de la primera edición  6  Prologo de la segunda edición  12  Introducción  27  I. DISTINCIÓN ENTRE EL CONOCIMIENTO PURO Y EL EMPÍRICO  27  II. ESTAMOS EN POSESIÓN DE DETERMINADOS CONOCIMIENTOS A PRIORI QUE SE  HALLAN INCLUSO EN EL ENTENDIMIENTO COMÚN  28  III. LA FILOSOFÍA NECESITA UNA CIENCIA QUE DETERMINE LA POSIBILIDAD, LOS  PRINCIPIOS Y LA EXTENSIÓN DE TODOS LOS CONOCIMIENTOS A PRIORI  30  IV. DISTINCIÓN ENTRE LOS JUICIOS ANALÍTICOS Y LOS SINTÉTICOS  32  V. TODAS LAS CIENCIAS TEÓRICAS DE LA RAZÓN CONTIENEN JUICIOS SINTÉTICOS A  PRIORI COMO PRINCIPIOS  34  VI. PROBLEMA GENERAL DE LA RAZÓN PURA  36  VII. IDEA Y DIVISIÓN DE UNA CIENCIA ESPECIAL CON EL NOMBRE DE CRÍTICA DE LA  RAZÓN PURA  39  I. DOCTRINA TRASCENDENTAL DE LOS ELEMENTOS  42  PRIMERA PARTE    LA ESTÉTICA TRASCENDENTAL  42  [§1]  42  Sección primera. EL ESPACIO  44  [§2   Exposición metafísica de este concepto]  44 
  4. 4. [§ 3   Exposición trascendental del concepto de espacio  46  Sección segunda.   EL TIEMPO  49  [§4   Exposición metafísica del concepto de tiempo]  49  [§5    Exposición trascendental del concepto de tiempo  50  [§6]    Consecuencias de estos conceptos  50  [§7]   Explicación  53  [§8]   Observaciones generales sobre la estética trascendental  55  Conclusión de la estética trascendental  61  SEGUNDA PARTE   LA LÓGICA TRASCENDENTAL  62  Introducción   IDEA DE UNA LÓGICA TRASCENDENTAL  62  I.  La lógica en general  62  II La lógica trascendental  64  III División de la lógica general en analítica y dialéctica  65  IV División de la lógica trascendental en analítica trascendental y dialéctica  trascendental  67  PRIMERA DIVISIÓN.   LA ANALÍTICA TRASCENDENTAL  69  Libro primero.    ANALÍTICA DE LOS CONCEPTOS  69  Capítulo I.    GUIA PARA EL DESCUBRIMIENTO DE TODOS LOS CONCEPTOS PUROS  DEL ENTENDIMIENTO  70  Sección primera.    USO LÓGICO DEL ENTENDIMIENTO EN GENERAL  71  Sección segunda  72  [ §9] Función lógica del entendimiento en los juicios  72  Sección tercera  75  [§10]  Los conceptos puros del entendimiento o categorías  75  [§11  79  §12  81  ANALÍTICA DE LOS CONCEPTOS  83  Capítulo II    DEDUCCIÓN DE LOS CONCEPTOS PUROS DEL ENTENDIMIENTO  83  Sección primera.  83  [§13]   Principios de una deducción trascendental en general  83  §14   Paso a la deducción trascendental de las categorías  87  DEDUCCIÓN DE LOS CONCEPTOS PUROS DEL ENTENDIMIENTO  89  Sección segunda   Los fundamentos a priori de la posibilidad de la experiencia  89  Advertencia previa  91  1. La síntesis de aprehensión en la intuición  91  2. La síntesis de reproducción en la imaginación  92  3. La síntesis de reconocimiento en el concepto  93  4. Explicación preliminar de la posibilidad de las categorías como conocimientos a priori   96  Sección tercera   LA RELACIÓN DEL ENTENDIMIENTO CON LOS OBJETOS EN  GENERAL Y LA POSIBILIDAD DE CONOCERLOS A PRIORI  99 
  5. 5. Exposición sumaria sobre la corrección de esta deducción de los conceptos puros del  entendimiento y sobre la única posibilidad de tal deducción  105  DEDUCCIÓN DE LOS CONCEPTOS PUROS DEL ENTENDIMIENTO  106  Sección segunda   DEDUCCIÓN TRASCENDENTAL DE LOS CONCEPTOS PUROS DEL  ENTENDIMIENTO  106  §15   Posibilidad de una combinación en general  106  §16   La originaria unidad sintética de apercepción  107  §17   El principio de la unidad sintética de apercepción es el principio supremo de  todo uso del entendimiento  109  §18   La unidad objetiva de la autoconciencia  110  §19   La forma lógica de todos los juicios consiste en la unidad objetiva de  apercepción de los conceptos contenidos en ellos  111  §20  Todas las intuiciones sensibles se hallan bajo las categorías como únicas  condiciones bajo las cuales puede coincidir la diversidad de esas intuiciones en  una conciencia  112  §21   Observación  112  §22   La categoría no tiene otro uso para el conocimiento de las cosas que su  aplicación a objetos de la experiencia  113  §23  114  §24   La aplicación de las categorías a los objetos de los sentidos en general  115  §25  118  §26   Deducción trascendental del uso empírico universalmente posible de los  conceptos puros del entendimiento  119  §27   Resultado de esta deducción de los conceptos del entendimiento  122  Breve resumen de esta deducción  123  Libro Segundo   ANALÍTICA DE LOS PRINCIPIOS  125  Introducción   EL JUICIO TRASCENDENTAL EN GENERAL  126  Capítulo I   EL ESQUEMATISMO DE LOS CONCEPTOS PUROS DEL ENTENDIMIENTO   128  Capítulo II   SISTEMA DE TODOS LOS PRINCIPIOS DEL ENTENDIMIENTO PURO  134  Sección primera   EL PRINCIPIO SUPREMO DE TODOS LOS JUICIOS ANALÍTICOS 135  Sección segunda   EL PRINCIPIO SUPREMO DE TODOS LOS JUICIOS SINTÉTICOS 136  Sección tercera   REPRESENTACIÓN SISTEMÁTICA DE TODOS LOS PRINCIPIOS DEL  ENTENDIMIENTO PURO  139  1   AXIOMAS DE LA INTUICIÓN  142  2   ANTICIPACIONES DE LA PERCEPCION  145  3   ANALOGÍAS DE LA EXPERIENCIA  151  A   PRIMERA ANALOGÍA  PRINCIPIO DE LA PERMANENCIA [DE LA SUSTANCIA]  155  B   SEGUNDA ANALOGÍA PRINCIPIO DE LA SUCESIÓN TEMPORAL SEGÚN LA LEY DE  CAUSALIDAD  159  C   TERCERA ANALOGÍA  PRINCIPIO DE LA SIMULTANEIDAD SEGÚN LA LEY DE LA  ACCIÓN RECIPROCA O COMUNIDAD  170 
  6. 6. 4   LOS POSTULADOS DEL PENSAR EMPÍRICO EN GENERAL  175  Refutación del idealismo  179  Observación general sobre el sistema de los principios  185  Capítulo III   EL FUNDAMENTO DE LA DISTINCIÓN DE TODOS LOS OBJETOS EN  GENERAL EN FENÓMENOS Y NUMENOS  188  APÉNDICE   La anfibología de los conceptos de reflexión a causa de la confusión del  uso empírico del entendimiento con el trascendental  201  Observación sobre la anfibología de los conceptos de reflexión  204  SEGUNDA DIVISIÓN   DIALÉCTICA TRASCENDENTAL  216  INTRODUCCIÓN  216  I   LA ILUSIÓN TRASCENDENTAL  216  II   LA RAZÓN PURA COMO SEDE DE LA ILUSIÓN TRASCENDENTAL  218  A   La razón en general  218  B   El uso lógico de la razón  220  C   El uso puro de la razón  221  Libro primero   LOS CONCEPTOS DE LA RAZÓN PURA  224  Sección primera   LAS IDEAS EN GENERAL  225  Sección segunda   LAS IDEAS TRASCENDENTALES  228  Sección tercera   SISTEMA DE LAS IDEAS TRASCENDENTALES  233  Libro segundo   LAS INFERENCIAS DIALÉCTICAS DE LA RAZÓN PURA  237  Capítulo I    PARALOGISMOS DE LA RAZÓN PURA  239  PRIMER PARALOGISMO DE LA SUSTANCIALIDAD  242  Crítica del primer paralogismo de la psicología pura  242  SEGUNDO PARALOGISMO DE LA SIMPLICIDAD  244  Crítica del segundo paralogismo de la psicología trascendental  244  TERCER PARALOGISMO DE LA PERSONALIDAD  248  Crítica del tercer paralogismo de la psicología trascendental  248  CUARTO PARALOGISMO DE LA IDEALIDAD   (DE LA RELACIÓN EXTERNA)  251  Crítica del cuarto paralogismo de la psicología trascendental  251  Consideración sobre el conjunto de la psicología pura a la vista de estos paralogismos   257  PARALOGISMOS DE LA RAZÓN PURA  268  Refutación de la prueba de la permanencia del alma, de Mendelssohn  271  Conclusión acerca de la solución del paralogismo psicológico  277  Observación general sobre el tránsito de la psicología racional a la cosmología  277  Capítulo II    LA ANTINOMIA DE LA RAZÓN PURA  279  Sección primera    SISTEMA DE LAS IDEAS COSMOLÓGICAS  281  Sección segunda    ANTITÉTICA DE LA RAZÓN PURA  286  PRIMER CONFLICTO DE LAS IDEAS TRASCENDENTALES  289  OBSERVACIÓN SOBRE LA PRIMERA ANTINOMIA  291  SEGUNDO CONFLICTO DE LAS IDEAS TRASCENDENTALES  294  OBSERVACIÓN SOBRE LA SEGUNDA ANTINOMIA  296 
  7. 7. TERCER CONFLICTO DE LAS IDEAS. TRASCENDENTALES  299  OBSERVACIÓN SOBRE LA TERCERA ANTINOMIA  301  CUARTO CONFLICTO DE LAS IDEAS TRASCENDENTALES  304  OBSERVACIÓN SOBRE LA CUARTA ANTINOMIA  305  Sección tercera   EL INTERÉS DE LA RAZÓN EN EL CONFLICTO QUE SOSTIENE  308  Sección cuarta   LOS PROBLEMAS TRANSCENDENTALES DE LA RAZÓN PURA Y LA  NECESIDAD ABSOLUTA DE SOLVENTARLOS  314  Sección quinta   REPRESENTACIÓN ESCÉPTICA DE LAS CUESTIONES  COSMOLÓGICAS MEDIANTE LAS CUATRO IDEAS  TRASCENDENTALES  318  Sección sexta   EL IDEALISMO TRASCENDENTAL COMO CLAVE PARA SOLUCIONAR  LA DIALÉCTICA COSMOLÓGICA  321  Sección séptima   SOLUCIÓN CRÍTICA DEL CONFLICTO COSMOLÓGICO DE LA RAZÓN  CONSIGO MISMA  324  Sección octava   EL PRINCIPIO REGULADOR DE LA RAZÓN PURA RESPECTO DE LAS  IDEAS COSMOLÓGICAS  328  Sección novena   EL USO EMPÍRICO DEL PRINCIPIO REGULADOR DE LA RAZÓN CON  RESPECTO A TODAS LAS IDEAS COSMOLÓGICAS  332  I   Solución de la idea cosmológica de la totalidad de la composición de los  fenómenos de un universo  333  II   Solución de la idea cosmológica Je la totalidad de la división de un todo dado en la  intuición  335  Observación final sobre la solución de las ideas matemático‐trascendentales y  advertencia preliminar sobre la solución de las ideas dinámica‐trascendentales  337  III   Solución de la idea cosmológica de la totalidad de la derivación de los  acontecimientos cósmicos a partir de sus causas  339  Posibilidad de conciliar la causalidad por libertad con la ley universal de la necesidad de  la naturaleza  342  Explicación de la idea cosmológica de libertad en su relación con la universal necesidad  de la naturaleza  343  IV   Solución de la idea cosmológica de la totalidad de la dependencia de los  fenómenos desde el punto de vista de su existencia en general  350  Observación final sobre toda la antinomia de la razón pura  353  Capítulo III   EL IDEAL DE LA RAZÓN PURA  355  Sección primera   EL IDEAL EN GENERAL  355  Sección segunda   EL IDEAL TRASCENDENTAL  (Prototypon transcendentale)  357  Sección tercera   LOS ARGUMENTOS DE LA RAZÓN ESPECULATIVA EN ORDEN A  PROBAR LA EXISTENCIA DE UN SER SUPREMO  362  No hay más que tres modos posibles de demostrar la existencia de Dios a partir de la  razón especulativa  365  Sección cuarta   IMPOSIBILIDAD DE UNA PRUEBA ONTOLÓGICA DE LA EXISTENCIA  DE DIOS  366 
  8. 8. Sección quinta   IMPOSIBILIDAD DE UNA PRUEBA COSMOLÓGICA DE LA  EXISTENCIA DE DIOS  370  DESCUBRIMIENTO Y EXPLICACIÓN DE LA ILUSIÓN DIALÉCTICA EN TODAS LAS PRUEBAS  TRASCENDENTALES DE LA EXISTENCIA DE UN SER NECESARIO  376  Sección sexta   IMPOSIBILIDAD DE LA DEMOSTRACIÓN FISICOTEOLOGICA  378  Sección séptima   CRÍTICA DE TODA TEOLOGÍA FUNDADA EN PRINCIPIOS  ESPECULATIVOS DE LA RAZÓN  383  APÉNDICE A    LA DIALÉCTICA TRASCENDENTAL  EL USO REGULADOR DE LAS IDEAS  DE LA RAZÓN PURA  388  EL OBJETIVO FINAL DE LA DIALÉCTICA NATURAL DE LA RAZÓN HUMANA  400  II. DOCTRINA TRASCENDENTAL DEL MÉTODO  415  Capítulo I    LA DISCIPLINA DE LA RAZÓN PURA  416  Sección primera   LA DISCIPLINA DE LA RAZÓN PURA EN SU USO DOGMÁTICO  417  Sección segunda   LA DISCIPLINA DE LA RAZÓN PURA CON RESPECTO A SU USO  POLÉMICO  429  Imposibilidad de una satisfacción escéptica de la razón pura en su desacuerdo consigo  misma  437  Sección tercera   LA DISCIPLINA DE LA RAZÓN PURA FRENTE A LAS HIPÓTESIS  441  Sección cuarta   LA DISCIPLINA DE LA RAZÓN RESPECTO DE SUS DEMOSTRACIONES   447  Capítulo II    EL CANON DE LA RAZÓN PURA  452  Sección primera   EL OBJETIVO FINAL DEL USO PURO DE NUESTRA RAZÓN  453  Sección segunda   EL IDEAL DEL BIEN SUPREMO COMO FUNDAMENTO  DETERMINADOR DEL FIN ÚLTIMO DE LA RAZÓN PURA  456  Sección tercera   LA OPINIÓN, EL SABER Y LA CREENCIA  463  Capítulo III    LA ARQUITECTÓNICA DE LA RAZÓN PURA  468  Capítulo IV   HISTORIA DE LA RAZÓN PURA  477  ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONA  480  ÍNDICE ANALÍTICO DE MATERIAS  482 
  9. 9. X KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
  10. 10. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XI Introducción del traductor. KANT Y LA «CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA» Advertencia Preliminar Las letras y cifras que aparecen en los márgenes indican la numeración de las páginas de la primera edición original, designada con la letra A, y de la segunda edición original, señalada con la letra B. Al iniciar la lectura de la Crítica de la razón pura, ténganse presentes las «Ob- servaciones sobre esta traducción», p. XXXV de la Introducción del traductor. I. Vida Immanuel Kant nace en Konigsberg, el 22 de abril de 1724, en el seno de una familia de artesanos. Era el cuarto de once hijos. Su padre trabajaba como guarnicione- ro1 . Tanto a él como a su madre se refirió siempre con cariño y gratitud, resaltando especialmente la integridad moral de ambos. A los ocho años ingresa en el Collegium Fridericianum, donde tiene ocasión de estudiar lenguas clásicas, religión... y más reli- gión. El pietismo imperante en el colegio no sólo imprimirá una disciplina tendente a «despertar y conservar» en los niños «el recuerdo de Dios, presente en todas partes», sino que este lema impregnaba el mismo contenido de la enseñanza. Incluso las lenguas clásicas se estudiaban en el Nuevo Testamento. No tiene nada de extraño que Kant mostrara después tan poca simpatía hacia ese tipo de educación y que insistiera reitera- damente en la necesidad de dejar que la razón descubra por sí misma la verdad, sin imposiciones previas y sin poner barreras a su afán de saber. Tras ocho años de colegio, muerta ya su madre, Kant ingresa en la Universidad de Konigsberg. Ahora posee libertad para elegir las materias que le interesan. Acorde con una época en que el saber es universal y no se conoce todavía al especialista en el sentido de hoy, Kant quiere conocer un poco de todas las ciencias, pero las que realmen- te le atraen son la filosofía, las matemáticas y las ciencias naturales. Ninguna de las tres 1 Tomo la mayoría de los datos de estas notas biográficas de Karl Vorländer; Kants Leben, Felix Meiner Verlag, Hamburg, 1974.
  11. 11. XII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA formaba parte de las materias impartidas por el Collegium Fridericianum. De ahí que encontrara en el joven profesor de lógica y metafísica, Martin Knutzen, al maestro prefe- rido. Knutzen, nacido también en Konigsberg, unía su saber filosófico y científico a un gran interés por lo religioso, todo lo cual se conjugaba bien con el horizonte teórico en el que se movía, es decir, el de Wolff y Leibniz. En cualquier caso, Kant no sólo aprendió de él lo que pudo oírle en las clases y en la conversación privada, sino que tuvo a su disposición la interesante biblioteca del maestro, donde encontró, entre otras cosas, las obras de Newton, figura clave en la visión científica del Kant maduro. Su padre muere en 1746. Terminados sus estudios universitarios, Kant enseña como profesor particular. Esta dedicación, que dura unos siete años y que le impide consagrarse plenamente a su labor propiamente teórica, indica la falta de medios económicos del futuro profesor universitario, pero no le distingue de otros muchos nombres célebres de la filosofía alemana, como, por ejemplo, Fichte o Hegel. A partir de 1755, una vez realizados docto- rado (Promotion zum Magister) y habilitación (Dissertation), enseña en la Universidad de Konigsberg, como Privatdozent, durante 15 años (1755-1770), sin un sueldo fijo. Por fin, tras haber rechazado ofertas de otras universidades, accede, a sus 46 años de edad, al puesto de profesor ordinario de lógica y metafísica en la Universidad de Konigsberg. Con motivo de este acontecimiento, defendió, en latín, su famosa Dissertatio. Al fin se sentirá liberado económicamente y, por ello mismo, cobrará la independencia suficiente para dedicarse a preparar a fondo las obras que le darían renombre universal. Kant era ya bastante conocido por entonces en Alemania. Durante sus años de profesor particular y los de Privatdozent, había publicado una serie de trabajos que le habían colocado en el primer plano de la filosofía alemana. Un simple vistazo a esa producción distingue inmediatamente cierto viraje a partir de 1760. Antes de esta fecha Kant se ocupó casi exclusivamente de temas científico-naturales. A partir de ahí, predominan los temas de lógica, antropología, moral. Después de la Dissertatio de 1770, se produce, en cambio, un paréntesis de casi once años en que Kant no publica más que algunos trabajos margi- nales. Es la larga gestación de su obra cumbre, la Crítica de la razón pura, que aparece en 1781, cuando Kant ha cumplido ya 57 años, La fuerza creadora de nuestro filósofo manifiesta su fecundidad en un período en que el espíritu comienza a decaer en muchos individuos. Más que de fecundo, habría que calificar el período que transcurre entre los 50 y los 60 años de Kant como una época que, si bien constituye la culminación de la anterior, es, sobre todo, innovación. Es la inauguración del criticismo en la filosofía europea. La Crítica de la razón práctica aparece en 1788 y, dos años más tarde, la Crítica del juicio. Pero las tres críticas no agotan la producción intelectual de Kant entre 1780 y 1790. En esta década aparecen trabajos tan relevantes como Prolegómenos a toda futura metafísica (1783), Idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita (1784), Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración? (1784), Fundamentación de la metafísica moral (1785), Fundamentos metafísicos de la ciencia natural (1786), ¿Qué significa «orientarse en el pensamiento» ? (1786). En 1787 aparece la segunda edición de la Crítica de la razón pura, con importantes modificaciones.
  12. 12. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XIII La siguiente década, 1790-1800, sigue siendo de gran actividad, pero se observa una notable disminución (tanto si se tienen en cuenta las cartas conservadas, cuyo volu- men había aumentado enormemente en la década anterior, como las obras publicadas) al aproximarse el fin de siglo. De todas formas, La religión dentro de los límites de la mera razón (1793), La paz perpetua (1795) y El conflicto de las facultades (1798) per- tenecen al catálogo de las obras destacadas de Kant. En relación con el primero de los tres títulos precedentes, habría que reseñar las presiones que la censura eclesiástica comenzó a ejercer sobre Kant. En 1786 había muerto Federico el Grande, cuyas simpat- ías hacia la Ilustración dieron lugar a una relativa liberalización y, en la esfera religiosa, a una notable tolerancia. De ambas cosas se beneficiaron todas las instituciones cultura- les de frusta y, cómo no, el autor del que estamos tratando, entusiasta de las ideas de la Ilustración2 . La dedicatoria al Barón de Zedlitz, con que se abre la Crítica de la razón pura, no es un acto de adulación, sino un tributo sincero al «conocedor ilustrado y entu- siasta» de las ciencias, como dice Kant en la misma dedicatoria. Zedlitz, ministro de asuntos eclesiásticos y culturales, promovió de forma notable la modernización de las universidades y favoreció a los hombres que él creía capaces de llevarla a cabo. Kant recibió de este ministro, que en 1778 se confesaba alumno suyo y le pedía el manuscrito de sus lecciones de geografía, atenciones personales y una admiración constante. Kant rechaza en este mismo año los 800 táleros —frente a los 236 que percibía en Konigs- berg— ofrecidos por el ministro si se trasladaba a la universidad de Halle, centro de la Alemania culta. Zedlitz pensaba que un hombre de las cualidades de Kant tenía la obli- gación de difundir sus conocimientos ante un auditorio más amplio. Pues bien, Federico Guillermo II, sucesor de Federico el Grande, nombra a Wollner como sustituto de Zed- litz. Wollner, teólogo y enemigo de los ilustrados, promulga edictos de censura que, inicialmente, no parecen afectar a nadie, pero que en 1794 tienen como consecuencia, en lo que a Kant se refiere, una dura reprensión redactada por Wollner y firmada por el mismo emperador. En ella se dice, entre otras cosas: «Con gran disgusto ha sabido nuestra Altísima Persona, desde hace ya bastante tiempo, que abusáis de vuestra filosof- ía deformando y profanando no pocas doctrinas centrales y básicas de las Sagradas Escrituras y del Cristianismo, como habéis hecho especialmente en vuestro libro La religión dentro de los límites de la mera razón». En el mismo texto se exige a Kant abstenerse de tales faltas en el futuro y contribuir, en cambio, «a que nuestro soberano propósito sea progresivamente alcanzado». De un temperamento tan poco dado a las brusquedades como el de Kant y de una conducta tan respetuosa con la autoridad, nadie hubiese esperado una respuesta excesivamente enérgica a la admonición regia. Pero algunos de sus amigos le reprocha- ron el que, si bien rechazaba la acusación de cometer abusos en su puesto y en sus escri- tos, se comprometiera a no tratar temas religiosos ni en clase ni por escrito. La decep- ción no quedó enmendada, sino todo lo contrario, cuando Kant afirmó, tras la muerte del monarca, que el mencionado compromiso sólo se refería al tiempo en que viviera Fede- 2 Véase Max Horkheimer: «Kants Philosophie und die Aufklärung», en Zur Kritik der in- strumentalen Vernunft, Athenäum, Fischer Taschenbuch Verlag, Frankfurt am Main, 1974, pp. 203- 215.
  13. 13. XIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA rico Guillermo II. Al parecer, en esta ocasión el imperativo categórico se convirtió sutilmente en hipotético. Desde un punto de vista político podría decirse que Kant mostró un espíritu cada vez más juvenil y reclamó más insistentemente la necesidad de libertad a medida que entraba en sus años de vejez. Su visión de la historia es típica del racionalismo del siglo XVIII y, si en algo se diferencia de él, es en su providencialismo. En cualquier caso, esa visión, que es en realidad una aplicación de las consecuencias que lleva consigo la moral de Kant, hace depender la racionalidad de la historia de la observancia de una ley uni- versal. En efecto, sólo una sociedad fundada en la justicia puede hacernos pasar de un estado de naturaleza, es decir, regido por el instinto, a un estado legal, esto es, regido por la razón. En tal sociedad son prioritarios los intereses de la comunidad. Los del indivi- duo son respetados sólo en la medida en que sean compatibles con el bien de todos. En esta línea se mueven los escritos sobre filosofía de la historia en los últimos veinte años de la vida de Kant3 , que muere en Konigsberg en 1804. II. La crítica de la razón pura Kant habla de una. revolución copernicana del pensamiento. ¿Qué sentido tiene tal revolución? En el prólogo a la segunda edición de la Crítica de la razón pura nos dice que algunas disciplinas (las matemáticas y la física) han encontrado el camino de la ciencia. La metafísica, en cambio, no ha logrado descubrir ese camino. «Y ello —escribe Kant— a pesar de ser más antigua que todas las demás y de que seguiría existiendo aunque éstas desaparecieran totalmente en el abismo de una barbarie que lo aniquilara todo». Dado que la metafísica trata de las cuestiones «más importantes de nuestro anhelo de saber», sería de sumo interés el averiguar a qué se deben sus fracasos. ¿Por qué no intentar seguir el camino de las ciencias en que el conocimiento avanza sobre un terreno firme y no el sendero por el que se ha movido la metafísica? Los incesantes fracasos de ésta la han convertido en un mero tejer y destejer, en un «andar a tientas» (Herumtappen). La revolución copernicana que propone Kant es la de suponer que, en vez de ser nuestra 3 El intento neokantiano de enlazar a Kant con Marx surge, especialmente, tomando como base las ideas morales del filósofo de Konigsberg. Pero más que un esclarecimiento de éste, consti- tuye una expresión del revisionismo que, a partir de la última década del siglo pasado, se introduce en la socialdemocracia alemana. Véase sobre esta cuestión Hans Jorg Sandkühler und Rafael de la Vega (eds.), Marxismus und Ethik; Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1974, con introducción de H. J. Sandkühler. Esta cuestión reviste un interés que desborda los esquemas puramente teóricos. Para el historiador de las ideas el tema adquiere proporciones insospechadas al esrudiar el socialis- mo de los teóricos españoles del P.S.O.E., en lo que a España se refiere.
  14. 14. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XV facultad cognoscitiva la que se rige por la naturaleza del objeto, es éste el que se rige por aquélla. En palabras de Kant: el nuevo método partirá de la premisa de que «sólo cono- cemos de las cosas lo que nosotros mismos ponemos en ellas». De esta forma será posi- ble conocer algo a priori sobre la naturaleza del objeto, tal como hacen las mencionadas ciencias que han encontrado el camino firme. El problema consiste, pues, en ver cuáles son las condiciones de posibilidad del conocimiento a priori. ¿Qué es el conocimiento a priori? Según Kant, es el «absolutamente indepen- diente de toda experiencia». Las proposiciones matemáticas poseen este carácter. La universalidad y la necesidad son propiedades distintivas del mismo. Frente a este cono- cimiento está el empírico o a posteriori, que nunca es ni estrictamente universal —es simplemente una generalización inductiva— ni estrictamente necesario —su negación no implica contradicción—. Kant afirma que no sólo hay juicios a priori, sino también conceptos a priori (por ejemplo, el de sustancia). Ahora bien, ¿cuál es el alcance de nuestro conocimiento a priori? El poseer co- nocimientos independientes de la experiencia ¿significa acaso que podemos construir una ciencia desentendiéndonos totalmente de lo empírico? Aquí distingue Kant los juicios sintéticos y los analíticos. Estos últimos son aquellos en los que el predicado explica lo ya implícitamente contenido en el sujeto. « Un día lluvioso es un día húmedo» sería un juicio analítico, ya que, por una parte, el predicado «húmedo» no añade nada nuevo al sujeto «día lluvioso» y, por otra, si negáramos tal predicado a ese sujeto incu- rriríamos en una contradicción. Por eso dice Kant que los juicios analíticos son simple- mente explicativos; es decir, no hacen progresar nuestro conocimiento, sino que se limitan a explicitarlo. Los juicios sintéticos añaden, en cambio, algo que no estaba contenido en el su- jeto. «Un día lluvioso es un día frío» es un juicio de este tipo, ya que el predicado «frío» no se halla incluido en el sujeto. La verdad de este juicio no depende, pues, del principio de contradicción, sino de la experiencia, la cual puede ofrecernos un día lluvioso frío o un día lluvioso que no sea frío. Todos los juicios empíricos son sintéticos, es decir, amplían el contenido del sujeto. Pero, como ya hemos dicho, carecen de universalidad y de necesidad en sentido estricto. Si la síntesis o adición se justifica siempre por la expe- riencia no habrá, por tanto, posibilidad de proposiciones que extiendan nuestro conoci- miento y sean, a la vez, universales y necesarias. Es decir, si tocios los juicios sintéticos son a posteriori no salimos de la esfera de lo contingente y particular (o, a lo más, de una universalidad relativa). Tomemos ahora la proposición «Todo lo que sucede posee una causa». No es un juicio analítico, teniendo en cuenta lo dicho sobre esta clase de juicios. Tampoco es un juicio justificable por la experiencia, dada su universalidad y su necesidad. Es, por tanto, un juicio sintético a priori. Con esto hemos llegado al núcleo del planteamiento kantiano y, a la vez, a lo más problemático de este planteamiento. Pero, dado que no pretendo ahora sino exponer a Kant desde Kant mismo, sigamos el desarrollo. El concepto de juicio sintético a priori es la base sobre la que se produce la revolución kantiana, ya que es en él, o desde él, donde las estructuras cognoscitivas construyen el objeto. En otras palabras, el acto intelectual de ese juicio representa la síntesis mediante la cual el sujeto
  15. 15. XVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA cognoscente organiza la naturaleza, es decir, establece las leyes de ésta. Aquí se ha visto la gran contradicción de Kant en el sentido de que no se habría decidido con claridad ni por el idealismo ni por el realismo, sino que habría oscilado entre las dos direcciones, acentuando en un lado lo que negaba en otro. En efecto, habría afirmado, por una pane, que la naturaleza determina el entendimiento, pero, a la vez, habría sostenido que el entendimiento determina la naturaleza. Esta interpretación, iniciada por Schopenhauer y propagada por Kuno Fischer, enlaza con las teorías que han interpretado la Crítica de la razón pura como un agregado de materiales que Kant jamás habría llegado a unificar (Adickes, Vaihinger, N. K. Smith). Pero a tal interpretación se opone la que, partiendo de un análisis de la coherencia interna de la obra, afirma su consistencia y su unidad (H.J. Paton, F. Grayeff)4 . El ejemplo que ofrece Kant como juicio sintético a priori («Todo lo que sucede posee una causa») es la conexión entre el concepto «todo lo que sucede» y el concepto de causalidad. ¿Qué es lo que permite unir ambos conceptos? En términos de Kant: ¿cuál es la incógnita (la x) en que se funda tal conexión necesaria, una vez excluida la experiencia y el simple análisis de los conceptos? La respuesta a esta pregunta constitu- ye en realidad toda la crítica de la razón pura, pero adelantemos ya que el medio en cuestión es el tiempo. Por de pronto, todas las proposiciones matemáticas constituyen juicios sintéticos a priori, tanto los de la aritmética (por ejemplo: 7 + 5 = 12) como los de la geometría (por ejemplo: «La línea recta es la más corta entre dos puntos»). En la física hay igual- mente juicios sintéticos a priori. Por ejemplo: «En todas las modificaciones del mundo sensible permanece invariable la cantidad de materia». En la metafísica debiera ocurrir lo mismo, si tenemos en cuenta que se trata, por una parte, de una tentativa de ampliar nuestro conocimiento y, por otra parte, de hacerlo con independencia de la experiencia, es decir, a priori. Pero ¿puede la metafísica dar razón de tal conocimiento? La respuesta depende de la contestación que se dé a la pregunta general con la que Kant plantea el problema: «¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?» Naturalmente, este planteamiento viene motivado por la necesidad de aclarar la metafísica. De las matemáticas y la física no hay que preguntar si son posibles, sino cómo lo son, ya que su existencia en cuanto ciencias es un hecho. De la metafísica, en cambio, hay que comenzar cuestionando su propia existencia como ciencia, ya que «la marcha negativa que hasta la fecha ha seguido hace dudar a todo el mundo, con razón, de su posibilidad»?. Sin embargo, dado que «la razón humana vuelve inconteniblemen- te» a las cuestiones de la metafísica y dado que ésta es, por ello mismo, una realidad como «disposición natural», sean cuales sean sus posibilidades de convertirse en ciencia, es indispensable esclarecer su estatuto. Esta tarea de esclarecimiento no es otra que el análisis del conocimiento humano, de sus fuentes, de su mecanismo y de sus límites. El problema con el que Kant se enfrenta no es, por tanto, ninguna novedad. Es el viejo tema de la relación entre el pensamiento y la realidad. Lo nuevo se halla en la forma de 4 Sobre las interpretaciones de Kant véase Gerhard Lehmann, Beiträge zur Geschichte und Iníerpretation der Phiíosophie Kants, Walter de Gruyter, Berlín, 1969, pp. 87-151.
  16. 16. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XVII plantearlo, forma que podríamos denominar, en términos de K. Popper, problema de la demarcación. La respuesta a la pregunta acerca de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en las matemáticas y en la física viene dada en la analítica trascendental, aunque los juicios matemáticos quedan ya parcialmente explicados en la misma estética trascen- dental. Los juicios matemáticos son posibles porque sus conceptos son representables en el espacio y en el tiempo5 . La respuesta a la pregunta relativa a la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en la metafísica constituye la dialéctica trascendental. La Crítica de la razón pura se presenta como una labor propedéutica o, como dice también Kant, no como un organon, sino como un canon de la facultad cognosciti- va. Un canon es un medio para ordenar los conocimientos. Un organon es un medio de adquirirlos. De ahí el nombre de crítica que lleva el libro de Kant y de ahí también el que éste haya recalcado la utilidad negativa de su obra, que «no serviría para ampliar nuestra razón, sino sólo para clarificarla y preservarla de errores, con lo cual se habría adelantado ya mucho». Kant distingue dos fuentes del conocimiento que «proceden acaso de una raíz común, pero desconocida para nosotros: la sensibilidad y el entendimiento. A través de la primera se nos dan los objetos. A través de la segunda los pensamos». La parte de la Crítica dedicada a estudiar la sensibilidad es la estética trascendental o «ciencia de todos los principios de la sensibilidad a priori». 1. La estética trascendental.—En la estética trascendental se analizan los ele- mentos a priori del conocimiento sensible, o mejor dicho, del conocimiento en su aspec- to sensible, puesto que el conocimiento sintético es para Kant una unidad en la que intervienen todas las facultades cognoscitivas. Pues bien, en este aspecto sensitivo el conocimiento es intuición (Anschauung), que puede ser externa e interna. Con la prime- ra aprehendemos los objetos externos; con la segunda, nuestros estados anímicos. La intuición puede ser empírica y pura. Aquélla se refiere a un objeto mediante la sensa- ción; ésta no es más que la forma de la sensibilidad (espacio y tiempo) en cuanto intuida. Kant distingue la materia y la forma del fenómeno u objeto de la intuición empírica. La materia es la sensación misma; la forma es el medio por el que organizamos la diversi- dad del fenómeno. Esta forma reside en nosotros. Kant observa que «jamás podemos representarnos la falta de espacio, aunque sí podemos muy bien pensar que no haya objetos en él». El espacio es la forma a priori de los fenómenos externos. El tiempo lo es, en cambio, de los internos (y, mediatamente, también de los externos). Podemos 5 Sobre la distinción entre el conocimiento filosófico y el matemático, véase pp. 574 y ss. Cfr., sobre esta cuestión, Lewis White Beck: «Can Kant’s Synthetic Judgements be made Analy- tic?», así como «Kant’s Theory of Definition», en Kant: a Collectiotí of Critical Essays, Macmi- llan, London, 1968, pp. 4-22 y 23-36, respectivamente; S. Korner, Kant, Penguin Books, Middle- sex, 1955, especialmente pp. 36-42; R. Torretti, «La geometría en el pensamiento de Kant», Anales del Seminario de Metafísica (Universidad Complutense de Madrid), Madrid, 1974, pp. 9-60 (con bibliografía sobre el tema).
  17. 17. XVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA concebir el tiempo sin fenómenos, «pero el tiempo mismo (en cuanto condición general de su posibilidad) no puede ser suprimido». La consideración de espacio y tiempo como condiciones a priori de la sensibili- dad, es decir, como formas inherentes, no a los objetos, sino al sujeto que los intuye, es una piedra angular de la teoría kantiana del conocimiento. La idealidad trascendental atribuida al espacio y al tiempo marca la distancia que separa a Kant tanto de Newton, para quien constituyen realidades independientes de nosotros, como de Leibniz, el cual los considera como el conjunto de las relaciones que ligan a los objetos entre sí. De la explicación del espacio (con sus tres dimensiones) y del tiempo (con su única dimensión: la sucesión) como formas a priori de la sensibilidad deriva el carácter fenoménico de nuestro conocimiento sensible. Lo que intuimos no es tal como lo intui- mos. Sólo conocemos nuestro modo de conocer los objetos, no lo que éstos sean en sí mismos. En otras palabras: a través de la sensibilidad conocemos fenómenos, no cosas en su realidad independiente del sujeto cognoscente, lo que Kant llama el númeno. El carácter a la vez polémico e innovador de esta posición kantiana se pone de manifiesto cuando se la compara con la filosofía de Wolff y Leibniz6 . La importancia y la fecundidad de la explicación kantiana del conocimiento sen- sible se aprecia sobre todo al ser conectada con la analítica trascendental, pero queda ya en realidad anticipada en la misma estética trascendental. Kant no pretende convertir el fenómeno en «mera apariencia». Al contrario, afirma que eso es lo que ocurre cuando consideramos el espacio y el tiempo como propiedades de cosas en sí y no como normas a priori de la sensibilidad, ya que entonces se toma el objeto por una cosa en sí y no por un objeto construido u organizado por nosotros. Es decir, si queremos formular juicios objetivamente válidos acerca de la naturaleza sólo podemos referirlos a fenómenos, esto es, a objetos dados en el espacio y el tiempo. Formular juicios relativos a objetos no informados espa-cio-temporalmente equivale a formular juicios sobre «meras aparien- cias». Desde el punto de vista kantiano es, por tanto, el carácter fenoménico del objeto lo que nos permite enunciar verdades acerca del mundo. 2. La analítica trascendental.—Una vez analizados en la estética trascendental cuáles son los elementos a priori del conocimiento en su aspecto sensible, Kant estudia en la analítica trascendental cuáles son los elementos a priori del conocimiento en su aspecto intelectual. Más que en decirnos cuáles son, Kant se centra en realidad en decir- nos cuáles han de ser. El conocimiento procede, según él, de dos fuentes: la sensibilidad y el entendimiento. La primera intuye; la segunda entiende. Ambas funciones son indis- pensables, ya que el conocimiento no puede surgir de una sola de ellas, sino de la unión de ambas: «sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado y, sin entendimiento, ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas». Kant intenta en la analítica trascendental hallar el principio de unidad del pensar y lo descubre, no analizando todos los conceptos, sino su fuente y sus reglas. Es 6 Sobre la relación Kant-Leibniz véase Gottfried Martin, Immanuel Kant, Walter de Gruy- ter, Berlín, 1969.
  18. 18. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XIX lo que él llama la deducción trascendental de las categorías. Ese principio es para el filósofo de Konigsberg la relación entre el concepto superior y el inferior7 . Como esa relación se produce en el juicio, hay lógicamente una interdependencia entre el juicio y el concepto. Mejor dicho: concepto y juicio son equivalentes, ya que el último queda involucrado en la relación entre concepto superior e inferior. De ahí que las formas de juicio contengan las distintas «funciones del entendimiento», es decir, los diferentes tipos de síntesis conceptual o categorías. Podemos, pues, derivar del esquema clásico de los juicios las reglas básicas del pensamiento. La deducción trascendental de las categorías (§§ 15-27) es en realidad el núcleo a partir del cual se desarrollan todas las demás secciones de la obra de Kant. Pero es también el más difícil y controvertido. En definitiva, trata de probar la realidad subjetiva y validez objetiva de las categorías, por una parte, y la necesidad de referirlas a los fenómenos, por otra. Dejando ahora a un lado la dependencia histórica de los supuestos en que se basa todo el libro (lógica aristotélica, geometría euclídea, física newtoniana) y de las limitaciones que tales supuestos implican, la lectura de las páginas dedicadas a este tema producen la impresión de que Kant incurre en la contradicción siguiente: por un lado, las categorías carecen de contenido si van desligadas de la experiencia o, lo que es equivalente, dependen de ella; por otro, la experiencia es imposible sin tales concep- tos o, lo que es equivalente, la experiencia depende de las categorías. Sin embargo, el partir de ahí para proclamar que Kant se contradice equivale a no entender que él no sostiene las dos tesis alternativamente. Al contrario, buena parte de su obra intenta mostrar cómo se relacionan ambas, prescindiendo ahora de que esta presentación del problema constituye ya una deformación, puesto que no hay para Kant experiencia y categorías, como no hay espacio y percepción, sino que hay experiencia conforme a las categorías, como hay percepción en el espacio. Sin entrar en detalles, podemos decir que Kant establece la necesidad de que las categorías sean consideradas como las reglas que unifican o sintetizan la diversidad dada en espacio y tiempo. El principio supremo de tal unificación es la autoconciencia, lo que llama Kant la apercepción, es decir, el acto por el que el sujeto produce la unidad de la experiencia. Pero, aparte de esta unidad suprema, que refiere a mi yo todas mis percep- ciones, poseemos unos conceptos puros o categorías (doce, en total) que, en cierto mo- do, desempeñan respecto del pensamiento la misma función que el espacio y el tiempo respecto de la intuición. Es decir, mientras que estas formas a priori de la sensibilidad permiten intuir los objetos, las categorías permiten pensarlos. En este sentido las reco- 7 Se trata de un punto de vista que nos muestra un aspecto importante de la lógica de Kant, a saber, que todo conocimiento se puede representar como un juicio, lo cual significa a la vez, que tal conocimiento es siempre mediato. «Por ejemplo escribe Kant—, en el juicio ‘Todos los cuerpos son divisibles’ el concepto de lo divisible se refiere a otros conceptos; de éstos se refiere aquí, de modo especial, al concepto de cuerpo y este último, a su vez, a determinados fenómenos que se nos ofrecen.» «En efecto, para conocer el objeto se utiliza, en vez de una representación inmediata, otra superior, la cual comprende en sí la anterior y otras más; de esta forma se sintetizan muchos cono- cimientos posibles en uno solo».
  19. 19. XX KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA noce Kant como condiciones necesarias de la experiencia. Así queda establecida, a la vez, la posibilidad de los juicios sintéticos a priori. El principio de causalidad, por ejemplo, recibe, desde estos supuestos, una ex- plicación opuesta a la de Hume. Este lo había explicado diciendo que se reducía a una sucesión de fenómenos que nosotros vinculamos debido a la costumbre de ver que se suceden. Es, por tanto, un principio extraído de la experiencia y carente de necesidad. Kant afirma, en cambio, que «constituye la condición de validez objetiva de nuestros juicios empíricos con respecto a la serie de percepciones y, consiguientemente, la condi- ción de su verdad empírica y, por ello mismo, la condición de la experiencia». Si el principio de causalidad no fuese a priori, las secuencias fenoménicas serían impensa- bles, ya que no estarían sometidas a un orden de sucesión o, lo que es lo mismo, no habría experiencia, que se basa en la «unidad sintética de los fenómenos, es decir, en una síntesis conceptual del objeto de los fenómenos en general». No habría más que «una rapsodia de percepciones que no adquirirían cohesión en ningún contexto regulado por normas de una (posible) conciencia completamente ligada..., un conglomerado de percepciones que no se acomodarían a la trascendental y necesaria unidad de apercep- ción». Esta posición no sólo se enfrenta a Hume, sino también al «intelectualismo» de Leibniz, quien intentaba, por el contrario, según Kant, determinar los objetos sin ayuda de los sentidos, es decir, sólo concedía a aquéllos lo contenido en su concepto. Con ello olvidaba Leibniz que el uso objetivo de los conceptos consiste en su referencia a la intuición. En otras palabras, olvidaba que el uso del entendimiento no es trascendental, sino empírico (véase la «Observación sobre la anfibología de los conceptos de re- flexión», pp. 281-294). Sólo una intuición intelectual podría conocer el objeto en sí mismo o númeno. Pero nuestra intuición no es intelectual, sino sensible, y ésta sólo nos permite conocer el fenómeno. El númeno u objeto trascendental no es, por tanto, nega- do, sino situado fuera del alcance de nuestro modo de conocer. El númeno desempeña en la teoría kantiana el papel de lo que llamaríamos hoy un concepto teórico, al menos en el sentido de que sólo puede ser interpretado en el contexto de esa teoría. La dialéctica trascendental.- Mientras que en la analítica trascendental se nos dice cuáles son los conceptos primarios a priori y las condiciones de su aplicación a las percepciones, la dialéctica trascendental se ocupa de la aplicación errónea de tales con- ceptos. Seguimos, pues, en el terreno de la lógica8 , pero ahora no en el nivel del enten- dimiento, que es la «facultad de la unidad de los fenómenos mediante las reglas», sino 8 Tanto la analítica trascendental como la dialéctica trascendental son partes de la lógica trascendental, es decir, de una lógica que no se limita a describir relaciones formales o que no prescinde del contenido, sino que tiene en cuenta las condiciones de la aplicación del pensamiento a los objetos. En otras palabras, la lógica trascendental no es una lógica puramente deductiva, sino constructiva. (Véase Félix Grayeff, Deutung und Darstellung der theoretischen Philosophíe Kants, Félix Meiner, Hamburg, 1951, p. 87. Sobre la relación y diferencia entre lógica formal y lógica trascendental en Kant véase Rainer Stuhlmann-Laeisz, Kants Logik. Walter de Gruyter, Berlín-New York, 1976).
  20. 20. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXI en el de la razón, que es la «facultad de la unidad de las reglas del entendimiento bajo principios», formulado de otra manera: la dialéctica trascendental examina el intento de hacer un «uso material de los principios meramente formales del entendimiento puro y de formular juicios indiscriminadamente sobre objetos que no nos son dados, e incluso sobre objetos que quiza no se nos pueden dar de ningún modo». La razón es, pues, una facultad distinta del entendimiento y posee principios y conceptos que no toma ni de los sentidos ni del entendimiento. Kant distingue un uso lógico y un uso puro de la razón. El primero consiste en emplearla en el terreno formal, como facultad de inferir mediata- mente. El segundo es el que pretende descubrir la totalidad de las condiciones, esto es, completar la unidad de las categorías. Al igual que en la analítica Kant extrae las categorías de las formas del juicio, en la dialéctica extrae las ideas o conceptos puros de razón de las clases de inferencia me- diata. «Consiguientemente, habrá que buscar: en primer lugar, un incondicionado de la síntesis categórica en un sujeto; en segundo lugar, un incondicionado de la síntesis hipotética de los miembros de una serie; en tercer lugar, un incondicionado de la síntesis disyuntiva de las partes de un sistema»9 . La unidad de la razón es también distinta de la unidad del entendimiento. Esta última, expresada por la categoría, es relativa, ya que no hace más que representar la síntesis de la diversidad de los fenómenos. La unidad de la razón tiende, en cambio, a ser absoluta, es decir, a «recapitular todos los actos del enten- dimiento relativos a cada objeto en un todo absoluto». Las tres ideas trascendentales o incondicionados absolutos derivados de las tres formas silogísticas son para Kant: la unidad absoluta del sujeto pensante o alma (objeto de la psicología racional), la unidad absoluta de la serie de las condiciones del fenómeno o mundo (objeto de la cosmología racional) y la unidad absoluta de la condición de todos los objetos del pensamiento en general o Dios (objeto de la teología trascendental). Con esto queda especificado el campo de la razón. De la realidad que corresponda a esas ideas no podemos tener un concepto váli- do, sino, a lo más, un concepto problemático. Los silogismos mediante los cuales llega- mos a ellas son «sofismas, más que inferencias de la razón, si bien podrían llevar este último nombre en virtud de su motivación, ya que no se trata de ficciones ni de produc- tos fortuitos, sino que han surgido de la naturaleza de la razón». Los sofismas o «infe- 9 No hay duda de que los esquemas de la lógica escolástica han suministrado las claves de la sistematicidad kantiana. Pero no sin un grado de artificiosidad que hace problemáticos algunos de sus pasos. Es difícil, por ejemplo, evitar la sospecha de que el alma, el mundo y Dios sean sólo proyecciones de una razón que, basándose en tres formas de inferencia, busca la totalidad de las condiciones o una premisa incondicionada, y no más bien la sombra de una metafísica —la de Wolff— que opera ya en esos esquemas. Tan difícil, por lo menos, como entender que las leyes universales dictadas por la razón sean precisamente las de la moral crisriana. Pero la dificultad surge especialmente a la hora de explicar la función reguladora que Kant atribuye a las ideas de la razón, teniendo en cuenta que, por una parte, tales ideas tenderían a unificar las reglas del entendi- miento, reglas que hacen posible la ciencia, mientras que, por otra, el mismo Kant afirma que la ciencia no necesita la idea de un absoluto. Véase sobre esta cuestión Wolfgang Rod, Dialektische Philosophie der Neuzeit, C. H. Beck, München, 1974, vol. 1, p. 61 y ss.
  21. 21. XXII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA rencias» reciben el nombre de paralogismo (psicología racional), antinomia (cosmología racional) e ideal de la razón pura (teología trascendental). Naturalmente, hoy nos resulta difícil entender que Kant haya dedicado más de cincuenta páginas a la crítica de una «ciencia» como la psicología racional. Pero, aparte de mostrar que Kant es hijo de su tiempo, como todos los mortales, estas páginas ilustran su posición frente a Descartes y constituyen una prolongación de lo anticipado en la analítica trascendental. La antinomia de la razón pura, tema al que Kant dedica más de cien páginas es el más complejo de los estudios que dedica a los sofismas o inferencias dialécticas. La razón no hace aquí, al igual que en los otros dos, sino seguir su principio de que «si se da lo condicionado, se da también la suma de las condiciones y, por tanto, lo absoluta- mente incondicionado». Kant propone que dejemos hablar libremente a los defensores de las contrapuestas tesis metafísicas y nos limitemos a detectar las insuficiencias lógi- cas de las respectivas argumentaciones. En la primera y segunda antinomias, el error se halla en presentar como compatible lo que es en sí mismo incompatible, es decir, el fenómeno como cosa en si misma; en la tercera y cuarta consiste en presentar como incompatible lo que es compatible. La tercera inferencia dialéctica consiste en hipostasiar la idea de un todo del que derivaría el conjunto de las cosas. Por una «subrepción trascendental» ese todo queda convenido, como ser particular, en «el concepto de una cosa que se halla en la cúspide de la posibilidad de todas las cosas y que suministra las condiciones reales para determi- narlas completamente». Kant da a esta tercera idea el nombre de «ideal de la razón pura» por contener todas las perfecciones y ser, por tanto, un arquetipo que desempeñará un papel regulador en la moral, es decir, en la esfera de la razón práctica, aunque la razón especulativa sea, naturalmente, incapaz de demostrar su realidad objetiva. En este capí- tulo se examinan las pruebas de la existencia de Dios y se manifiesta la incorrección lógica de las mismas. Tras haber analizado las tres inferencias dialécticas de la razón, Kant concluye que ésta posee una tendencia natural a sobrepasar el campo de la experiencia; «que las ideas trascendentales son tan naturales a la razón como las categorías al entendimiento, si bien con la diferencia de que mientras las últimas nos conducen a la verdad, es decir, a la concordancia de nuestros conceptos con su objeto, las primeras producen una simple ilusión, pero una ilusión que es irresistible y apenas neutralizable por medio de la crítica más severa». ¿No hay entonces un uso correcto de las ideas? Kant contesta que sí lo hay, y consiste en emplearlas, no como principios constitutivos, es decir, como representando objetos reales, sino como principios reguladores, es decir, como polos imaginarios en los que convergen las reglas del entendimiento. En la metafísica, representada por las tres ideas analizadas en la dialéctica tras- cendental, son, por tanto, imposibles los juicios sintéticos a priori, únicos capaces de constituir conocimiento científico, en opinión de Kant. Este expresa así tal imposibili- dad: «Así, pues, la razón pura, que parecía ofrecernos inicialmente nada menos que ampliar nuestro conocimiento más allá de todos los límites de la experiencia, no contie- ne otra cosa, cuando la entendemos correctamente, que principios reguladores. Es cierto que éstos imponen una unidad mayor de la que se halla al alcance del uso empírico del
  22. 22. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXIII entendimiento. Pero, precisamente por situar tan lejos el objetivo al que ese mismo entendimiento tiene que aproximarse, dan lugar, gracias a la unidad sistemática, a su máximo grado de coherencia interna. Por el contrario, si en virtud de una ilusión que no por brillante es menos engañosa, se entienden erróneamente y se los toma por principios constitutivos de conocimientos trascendentes, ocasionan persuasión y saber imaginario, y, con ello, contradicciones y disputas inacabables». Las pretensiones científicas de la metafísica quedan así privadas de fundamento. Pero ello no significa —Kant lo subraya con énfasis— que las ideas de la metafísica tengan que ser rechazadas sin más. Al con- trario, dado que constituyen, según Kant, un «anhelo inextinguible», habrá que dar cuenta de ellas por un camino distinto del especulativo, aparte de que, aun suponiendo que pudiéramos conocer teóricamente esas supuestas entidades a las que se refiere la metafísica, tal conocimiento no serviría de mucho a nuestros fines prácticos. Nuestra razón nos impone unas leyes morales (Kant parte de este hecho de modo parecido a como parte de la física newtoniana o de la geometría de Euclides). Por ello es posible un canon de la razón en su uso práctico o moral. Este canon regula, no su uso especulativo —ya hemos visto que éste carece de la necesaria referencia empírica—, sino su uso práctico. Este uso nos conducirá a los resultados que la razón nos había negado en su uso especulativo: inmortalidad del alma y existencia de Dios. «Es necesa- rio que el curso entero de nuestra vida se someta a máximas morales, pero, al mismo tiempo, es imposible que ello suceda si la razón no enlaza con la ley moral —que no es más que una idea— una causa eficiente que determine para la conducta que observe esa ley un resultado que corresponda exactamente a nuestros fines supremos, sea en ésta, sea en otra vida». Esta parte la trata Kant más apresuradamente en la Crítica de la razón pura, pero la desarrolla extensamente en la Crítica de la razón práctica, y la Fundamen- tación de la metafísica moral. III. Observaciones sobre esta traducción El texto traducido es el de A (primera edición, de 1781) y el de B (segunda edi- ción, de 1787). Los he diferenciado de la forma siguiente: los añadidos de B van entre corchetes10 : las modificaciones de redacción íe superponen en la misma página, quedan- do B en la parte superior y A en la inferior. Cuando las modificaciones son muy exten- sas, como ocurre en la «deducción trascendental» de las categorías y en los cuatro «para- logismos de la razón pura», se traduce primero el texto de A y a continuación el de B. No se hace constar, en cambio, lo que son modificaciones que pueden traducirse con el mismo término. Por ejemplo, en A6.B10 puede leerse diese en la primera edición, mien- 10 El lector los distinguirá fácilmente de los corchetes que representan aclaraciones del tra- ductor (en los comienzos de las notas correspondientes a números volados, al final de las notas de Kant, señaladas con k voladita, y al comienzo de las notas del traductor).
  23. 23. XXIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA tras que en la segunda esta palabra ha sido sustituida por eine solche. En estos casos mi preferencia ha obedecido en general a motivos puramente estilísticos. Cuando los cam- bios afectan a palabras que no pueden traducirse con el mismo término, como ocurre en A584.B612. donde el nach de la primera edición ha sido corregido en la segunda por noch, se traduce siempre según B. En vida de Kant aparecieron todavía otras tres ediciones (1790. 1794 y 1799. es- ta ultima en Leipzig, pero todas ellas a cargo del editor de las dos primeras, Hartknoch). Sin embargo, apenas ofrecen novedades y, aunque se remite en esta traducción a algún cambio aparecido en esas tres ediciones, hay que considerar como texto básico el ofreci- do por A y B. Las diferencias entre estas dos ediciones son consideradas por Kant como cambios relativos a la forma, no al fondo. Las investigaciones sobre Kant ponen, sin embargo, de manifiesto interpretaciones cuyas líneas difieren, según se basen en A o en B. en puntos que van mucho más allá de la simple forma. De ahí la conveniencia de tener a la vista el texto de ambas ediciones. La mayoría de las observaciones críticas que aparecen como notas del traductor están hechas a partir de la edición de Raymund Schmidt de la Kritik der reinen Vernunft, Félix Meiner Verlag, Hamburg, 1956. En esa edición se hallarán, pues, las referencias bibliográficas exactas, que no hago constar en dichas notas por no alargar excesivamente el ya extenso texto kantiano. También he tenido presente la excelente edición de Inge- borg Heidemann (Kritik der reinen Vernunft, Reklam Jun., Stuttgart, 1966), donde se recogen variantes no anotadas por R. Schmidt. He manejado igualmente el texto de la Akademie-Ausgabe, pero sólo para comprobar referencias de las dos ediciones mencio- nadas. La razón por la que no he adoptado como texto básico el de la Akademie- Ausgabe, a pesar de introducir en la traducción muchas de sus variantes, merecería una explicación algo detallada. Pero los pormenores del asunto requerirían un análisis erudi- to que no me parece apropiado aquí. Baste decir que el manuscrito kantiano de la Crítica de la razón pura no se ha conservado y que, en consecuencia, la fuente de toda edición crítica tiene que ser el texto de las ediciones originales, máxime teniendo en cuenta que Kant mismo revisó en B el texto de A. Esto no quiere ser, por supuesto, un juicio sobre la Akademie-Ausgabe, que es, globalmente, la edición más completa y más elaborada de la obra de Kant11 . Dado que existen ya traducciones castellanas de la presente obra, las he tenido, naturalmente, en cuenta: sobre todo la de Perojo (incompleta), la de García Morente (incompleta) y la de Rovira Armengol, que completa la de Perojo. Esto supone ciertas ventajas para mí y espero que, sobre todo, para el lector de un texto tan difícil como es el de Kant. He tenido también a la vista la traducción italiana de G. Gentile, la francesa de A. Tremesaygues y B, Pacaud y la inglesa de N. K. Smith. Mis deudas como traduc- tor creo que son especialmente notables con esta última, que considero la mejor de todas. A N. K. Smith debo, sobre todo, la convicción de la posibilidad y de la necesidad de cortar en dos, y a veces en tres o cuatro, las frases interminables de Kant, así como de 11 Sobre el proyecto, realización e insuficiencias de la Akademie-Ausgab: véase, por ejem- plo, Gerhard Lehmann, op. cit., pp. 3-85.
  24. 24. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXV la conveniencia de sustituir los pronombres personales (er, sie, es) por los nombres designados, siempre que la claridad del texto permita tal sustitución. Estos pronombres personales son ya de por si de un empleo oscuro en alemán, pero en el caso de nuestro filósofo la oscuridad llega a niveles de tortura intelectual. No he seguido, en cambio, el procedimiento de N. K. Smith de hacer de algunos pasajes kantianos una verdadera interpretación. El escribir con mayúsculas Juicio, como traducción de Urteilskraft, y Fenómeno, como traducción de Phaenomenon o Phaenomen, para distinguirlos de juicio (Urteil) y fenómeno (Erscheinung), creo que complica menos el texto que el escribir siempre la palabra alemana correspondiente entre paréntesis. Inicialmente pensé distinguir también «Objeto» (traducción de Objekt) y «objeto» (traducción de Gegenstand). Pero decidí después traducir ambos términos como «objeto» porque, si bien los dos vocablos son empleados por Kant en sentido distinto, con frecuencia son intercambiables. La traduc- ción de Gemüt como «psiquismo» me fue sugerida por Javier San Martín, quien la em- plea en su artículo «La teoría del Yo trascendental en Kant y Husserl», Anales del Semi- nario de Metafísica, Madrid, 1974. «Completud» (traducción de Vollständigkeit) no es una palabra del lenguaje or- dinario, ni tiene en Kant el sentido técnico que posee en los sistemas axiomáticos; es simplemente el sustantivo de «completo»; pero me ha parecido un término más apropia- do que «integridad», dadas las connotaciones morales que esta última palabra tiene en castellano. Las dificultades que ofrece la traducción de términos tan importantes como durchgängig, Schein, überhaupt, no son fáciles de subsanar, aun reconociendo que están muy lejos de constituir el problema más difícil en la versión del lenguaje kantiano. Durchgángig debería traducirse mediante una frase («que recorre» o «que atraviesa»), y no mediante una palabra. Sin embargo, normalmente he traducido este vocablo como «completo» o «de cada», ya que a menudo es imposible hacer una frase de un adjetivo sin desvirtuar el contexto dentro del cual se inserta. Schein posee varios sentidos. Con frecuencia lo he traducido como «apariencia» o «ilusión». Pero también como «verosi- militud». Überhaupt es un vocablo no siempre fácil de interpretar en el lenguaje kantia- no. Sin duda tiene razón Rovira Armengol12 al advertir que überhaupt es una partícula enfática y que el traducirla como «en general» ocasiona «frases absurdas». El absurdo no puede producirse nunca, sin embargo, si se recuerda que «en general», como traduc- ción de überhaupt, se refiere al término al que acompaña, no al verbo de la oración o a la oración entera. Lo más que puede producirse es redundancia. Y este es el problema, saber cuándo es redundante überhaupt. Mi criterio ha sido el de no traducir esta partícu- la siempre que es clara su redundancia. La be vertido como «en general», aun estando convencido de que no es una buena traducción. Probablemente sería más correcto «sin más» o «como tal». Pero, dado que «en general» es una expresión ya consagrada por el 12 Véase la «Advertencia del traductor» en su versión de la Crítica de la razón pura, II, Losada, Buenos Aires 1973, p. 8. En esta versión, los errores del traductor están notablemente aumentados por una edición no corregida.
  25. 25. XXVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA uso, no me ha parecido indispensable modificarla. Sí considero, en cambio, un error el no traducirla, error en que incurre a menudo Rovira Armengol. A este respecto citaré lo que dice Ratke sobre la partícula en cuestión: «Todos los términos acompañados de ‘en general’, como, por ejemplo, ‘naturaleza en general’, ‘experiencia en general’, ‘sensibi- lidad en general’, ‘objeto en general’, ‘intuición en general’, ‘diversidad en general’, ‘cosa en general’, no se refieren a conocimientos u objetos empíricos, sino siempre a elementos puros del intuir o del pensar, elementos que son los que fundan el conoci- miento empírico»13 . Con lo dicho queda claro que no he intentado reflejar el estilo de Kant. Por un lado, hay que reconocer que, desde criterios puramente estilísticos, el texto de la Crítica de la razón pura no es, en líneas generales, un modelo literario, ni ha pretendido serlo14 . Por otro, he partido del principio de que en una buena traducción, el lector no debe notar que está leyendo la versión de un texto escrito en otra lengua. Naturalmente, en el caso en que nos encontramos, es decir, en la traducción de la Crítica de la razón pura, este principio es irrealizable; en primer lugar, por el grado de abstracción en que se mueve el discurso kantiano; en segundo lugar, por la distancia histórica de la obra. Este segundo punto es, en mi opinión, más difícil de salvar que el primero, ya que los contenidos designados por ese discurso, contenidos no totalmente desvinculables de un período histórico —el de Kant— no pueden traducirse sin más a un lenguaje que designa conte- nidos distintos, al menos relativamente distintos. En cualquier caso, he intentado conju- gar la fidelidad al texto de Kant con las exigencias que lleva consigo el escribir en caste- llano. La literalidad de la traducción no es entendida, por tanto, en el sentido de transcri- bir con palabras castellanas, pero con sintaxis alemana, como le ocurre con frecuencia a la versión de García Morente. En cualquier caso, he sacrificado siempre, de acuerdo con el espíritu de Kant, la elegancia a la claridad. 13 Heinrich Ratke, Systematisches Handlexikon zu Kanís Kriíik der reinen Vernunft, Félix Meiner Verlag, Hamburg (reimpr. de 1965), p. 256. 14 «... He preferido sacrificar la elegancia del lenguaje, que dificultar el idioma pedagógico con el menor obstáculo de comprensión», escribe Kant en la nota de la p. 330. Algunos criterios sobre el lenguaje de Kant pueden extraerse de Josef Lauter, Untersuchungen zur Sprache von Kants «Kritik der reinen Vernunft», Westdeutscher Verlag, Koln und Opladen, 1966. Se trata de un estudio cuantitativo donde se comparan algunas variables tomando como base el lenguaje de Kant, de Goethe y de Herder. Véase también Gerold Ungeheuer (ed.), Untersuchungen zur Sprache Kants, Helmut Buske Verlag, Hamburg, 1970. El Allgemeiner Kantindex, tan gigantesco como útil, ofrece posibilidades de interpretación que apenas se han iniciado. La obra (que toma como base la Akademie-Ausgabe) fue comenzada en 1952 por Gottfried Martin, utilizando métodos tradicionales hasta 1958. A partir de este año empe- zaron las discusiones sobre la elaboración del índice a base de computación electrónica. En 1963 se puso en marcha el proyecto, llevado a cabo conjuntamente por tres institutos de la Universidad de Bonn: el Seminario de Filosofía (G. Martin), el Instituto de Investigación sobre Comunicación y Fonética (G. Ungeheuer) y la Sociedad de Matemáticas y Elaboración de Datos (H. Hunger). Según indica G. Martin en el prólogo del tomo XVI, se espera que el índice (más de 20 volúmenes) esté terminado para 1994. Hasta la fecha sólo han aparecido tres tomos: el XVI, el XVII y el XX, más un extracto provisional sobre la Crítica de la razón pura.
  26. 26. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXVII En los márgenes se ofrece la paginación de la primera y segunda ediciones ale- manas, A y B respectivamente. No he hecho constar la paginación de la Akademie- Ausgabe porque, al tomar como base de la traducción las dos mencionadas ediciones, me ha parecido más oportuno el remitir también a ellas. De todas formas, esta pagina- ción es igualmente útil de cara a los tomos III (texto de B) y IV (texto de A) de la Aka- demie-Ausgabe, ya que también en ellos se recoge la paginación de A y E (en el caso del tomo IV, sólo hasta la página ). La traducción se completa, finalmente, con un índice de nombres y un índice de materias. P. R. 1977
  27. 27. XXVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Nota a la octava edición Tengo que expresar mi grata sorpresa al aparecer ahora una octava edición de esta traducción de Kant, 15 años después de haber salido la primera. Doy por bien em- pleado el tiempo que le dediqué entre 1973-75, época en la que «gozaba» de los años «sabáticos» con que el franquismo nos obsequió a un grupo de profesores que no caímos simpáticos al que fue rector de la recién estrenada Universidad Autónoma, Julio Rodrí- guez. Algunos colegas me han hecho interesantes observaciones acerca de la traduc- ción, gracias a las cuales he podido corregir algún que otro error. Pero soy muy cons- ciente de que quedan muchos problemas por resolver. Tal como escribí ya en mi intro- ducción de 1911, creo que el escollo más difícil de superar, en la traducción de un texto como éste, es reflejar, en el lenguaje de hoy, lo designado por el lenguaje de un autor del siglo XVIII. Este problema sólo puede ser verdaderamente resuelto por los analistas de la obra de Kant, tanto extranjeros como españoles. En concreto, los estudios españoles pueden ofrecer al traductor aclaraciones útiles para mejorar la traducción. Pero los espe- cialistas saben muy bien —y esto me dispensa de entrar en multitud de detalles que ofrecen problemas de interpretación— que el traductor no puede ahorrar a los estudiosos el análisis histórico-filológico, ni la exégesis hermenéutica o el examen crítico de las múltiples facetas que comprende la obra de Kant. La versión castellana de la Crítica de la razón pura cumple satisfactoriamente su función, a mi juicio, si permite al lector de lengua castellana acceder, sin más trabas que las normales, al texto de Kant. Desentrañar su sentido en un nivel que no es del lector corriente, sino el del intérprete, es una tarea que no toca al traductor, sino al especialista. Creo que yerran quienes piden al traductor que, además de traducir, resuelva los pro- blemas de interpretación. Es más, en mi opinión, el buen traductor es el que ofrece una lectura fiel del texto traducido y desbroza el camino a los intérpretes, evitando conscien- temente entrar en interpretaciones específicas, dejando éstas sea para un lugar distinto de la traducción, cuando el mismo traductor se considera especialista, sea para otros estu- diosos del texto. Los problemas que encierran las palabras Gegenstand-Objekt, Wirklichkeit- Realität, dobletes que en castellano hay que traducir como «objeto» y «realidad», res- pectivamente, pero que son usados por Kant como cuatro conceptos distintos, constitu- yen un ejemplo de la labor con que el intérprete tiene que completar el trabajo del tra- ductor. Mi intención, al poner en los márgenes la paginación de las ediciones originales primera (A) y segunda (B), es precisamente facilitar la confrontación con el texto alemán, texto que el especialista, a diferencia del lector corriente, debe tener siempre a la vista, como lo debe tener el intérprete de Aristóteles, de Spinoza o de Descartes. La traducción de Gemüt como «psiquismo» no ha gustado a algunos lectores, como me han manifestado amablemente varios colegas. Confieso que a mí tampoco me satisface. Alguno me ha sugerido traducirlo por «mente»; otros, por «ánimo»; otros, por
  28. 28. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXIX «espíritu». Lo cierto es que «mente» tiene en castellano un sentido intelectual que no recoge la dimensión sensitivo-volitiva que abarca el concepto kantiano. «Animo» reco- gería, en cambio, esa dimensión (el propio Kant emplea «animus» en latín), pero deja fuera el matiz intelectual de Gemüt. La palabra «espíritu» la reservo exclusivamente para traducir «Geist». Mientras no se descubra una palabra más adecuada, creo que es mejor traducir Gemüt como «psiquismo», que, si bien tiene el inconveniente de su im- precisión y de su carácter culto, tan lejos del sabor ordinario de la palabra alemana, pienso que apunta correcamente, con su componente psique, a un fondo anímico que puede ser tanto intelectual como sensitiva-volitivo. En cualquier caso, la palabra Gemüt debería ser explicada acudiendo a la psicología dominante en tiempo de Kant y a la evolución histórica de los significados que el término ha tenido en la lengua alemana. El diccionario de Grimm (Wörterbuch der deutschen Sprache) dedica 34 páginas a esta palabra. El Kant-Index de Gottfried Martin, al que me refería en mi introducción de 1977 y que quedó inacabado tras la muerte de su promotor, ocurrida en 1972, debe ser com- pletado con el Kant-Index de Norbert Hinske15 , profesor de la Universidad de Tréveris. PEDRO RIBAS San Sebastián de los Reyes, enero de 1993 15 Norbert Hinske: Kant-Index, Stuttgart, Fromman-Holzboog, 1988 y ss., 14 tomos. Hasta la fecha, han aparecido 4 tomos: el 1, el 2, el 3 (en tres vols.) y el 14.
  29. 29. XXX KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Cronología 1724 Nace en Konigsberg, el 22 de abril, como cuarto hijo del guarnicionero Johann Georg Kant y de su mujer, Anna Regina. 1730-1732 Asiste a una Hospitalschule. 1732-1740 Se educa en el pietista Collegium Fridericianum, dirigido entonces por el profesor de teología Franz Albert Schultz, hombre de influencia decisiva sobre Kant, que reaccio- nará, sin embargo, censurando duramente el pietismo extremado imperante en el centro. 1738 Muere su madre. 1740-1746 Estudia Filosofía, matemáticas y ciencias naturales en la Universidad de Konigsberg, contrayendo especial amistad con el profesor de lógica y metafísica, Martin Knutzen. Da clases privadas que le permiten vivir con independencia de sus padres. 1746 Muere su padre. Escribe Pensamientos sobre la verdadera estimación de las fuerzas vivas (aparece en 1747). 1746-1755 Trabaja como profesor particular en casa de familias de los alrededores de Konigsberg. 1755
  30. 30. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXI Junio: Meditationum quarumdam de igne succint; delineatio (tesis doctoral); septiem- bre: Principiorum primorum cognitionis metaphysicae nova dilucidado (habilitación). 1756 Monadologia physica (disertación para recibir un puesto de profesor). 1758 Nuevo concepto doctrinal del movimiento y el reposo. 1759 Ensayo de algunas consideraciones sobre el optimismo. 1762-1764 Herder asiste a las clases de Kant. 1763 Recibe el «accessit» en el concurso organizado por la Academia de Ciencias de Berlín, por su Investigación sobre la claridad de los principios de la teología natural y de la moral. 1764 Rechaza la cátedra de poesía que le es ofrecida. 1765 Nombrado subbibliotecario de la biblioteca real de Konigsberg, con lo que obtiene su primer sueldo fijo. 1769 Llamado por las Universidades de Erlangen y Jena, como profesor ordinario. Kant no acepta, en espera de una plaza en Konigsberg.
  31. 31. XXXII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA 1770 Nombrado profesor ordinario de lógica y metafísica en la Universidad de Konigsberg, ocasión para la cual escribe la dissertatio: De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis. 1772 Deja el puesto de subbibliotecario. 1780 Ingresa en el senado académico de la Universidad de Konigsberg. 1781 Crítica de la razón pura. 1783 Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia. 1785 Fundamentación de la metafísica moral. 1786 Nombrado rector de la universidad. Principios metafísicos de la ciencia natural. 1787 Segunda edición de la Crítica de la razón pura. Kant ocupa una casa propia en Konigs- berg. 1788 Crítica de la razón práctica; Sobre el uso de principios ideológicos en la filosofía.
  32. 32. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXIII 1791 Sobre el fracaso de todos los ensayos filosóficos en la teodicea. 1793 La religión dentro de los límites de la mera razón; Sobre el lugar común: esto puede ser correcto en teoría, pero no vale para la práctica. 1794 Conflicto con la censura prusiana. 1795 Para la paz perpetua. 1797 Abandona su actividad docente. Metafísica moral. 1798 El conflicto de las facultades. 1800 Su discípulo Wasianski se encarga del cuidado de Kant, cuyas fuerzas disminuyen pro- gresivamente. Alumnos y seguidores suyos inician la edición de los cursos y escritos inéditos de Kant. 1804 Muere el 12 de febrero.
  33. 33. XXXIV KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Bibliografía Una útil bibliografía de las traducciones de Kant al castellano, así como de escri- tos sobre Kant en castellano, es la elaborada por Juan Miguel Palacios y José Luis Moli- nuevo en Anales del Seminario de Metafísica, Universidad Complutense de Madrid, 1974, pp. 195-214. La más completa bibliografía se hallará en los Kanstudien, revista fundada por H. Vaihinger en 1896 y continuada (con intermitencias, pues no apareció entre 1937-1942, ni entre 1944-1954) hasta nuestros días. La selección bibliográfica aquí ofrecida se refiere preferentemente a la Crítica de la razón pura. OBRAS GENERALES Cassirer, E.: Kant, vida y doctrina, traducción de W. Roces, México, 1948, 497 pp. Fischer, Kuno: Vida de Kant e historia de los orígenes de la filosofía crítica, escrito que figura como introducción de la versión (parcial) de la Crítica de la razón pura, efectuada por José del Perejo y publicada por Editorial Losada, Buenos Aires, 1973. Gaos, J.: Las «Críticas» de Kant, Caracas, 1962, 163 pp. García Morente, M.: La filosofía de Kant, Madrid, 1917 (reimpresión en Í961, 342 pp.). Kaulbach, Friedrich: Immanuel Kant, Berlín, 1969 (Sammlung Góschen, N. 536). Korner, Stephan: Kant, Harmondsworth, 1955 (21960,31964, 41966, H967). Kojève, Alexandre: Kant, París, 1973, 218 pp. Külpe: Kant, traducción de D. Miral López, Barcelona, 1951, 184 pp. (La primera edi- ción española había aparecido en 1929). Ortega y Gasset, J.: Tríptico: Mirabeau o el político. Kant. Goethe desde dentro, Buenos Aires, 1944, 168 pp. (Col. Austral, N. 181). Vanni Rovighi, S.: Introducción al estudio de Kant, traducción y presentación de R. Ceñal, Madrid, 1949, 232 pp.
  34. 34. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXV ESTUDIOS Y COMENTARIOS Alain: Lettres à Sergio Solmi sur la philosophie de Kant, París, 1946. Bennet, J.: Kant’s Analytic, Cambridge, 1966, XXI + 251 PP. Bird, Graham: Kant’s Theory of Knowledge. An Outline of One Central Argument in the Critique of Pure Reason, London, New York, 1962, X + 210 pp. Brocker, Walter: Kant über Metaphysik und Erfahrung, Frankfurt a.M., 1970. Buhr, Manfred y Oisermann, T. I. (eds.): Revolution der Denkart oder Denkart der Revolution. Beitrage zur Philosophie Immanuel Kants, Berlín-Este, 1976, 395 pp. Cassirer, Heinrich Walter: Kant’s First Critique. An Appraisal of the Permanent Sig- nifícame of Kant’s Critique of Pure Reason, London, 1955, 367 pp. (Muirhead Library of Philosophy). Cohén, Hermann: Commentar zu Immanuel Kant Kritik der reinen Vernunft, Leipzig, 1907, IX + 233 pp. (Philosophische Bibliothek, N. 113). Conink, A. de: L’analytique transcendentale de Kant, 2 vols. Louvain, 1955-1956, 327 y 327 pp. respectivamente (Bibliothéque philosophique de Louvain). Cornelius, Hans: Kommentar zu Kants Kritik der reinen Vernunft, Erlangen, 1926, VIII + 152 pp. Drescher, Wilhelmine: Vernunft und Transzendenz. Eiunfübrung in Kants «Kritik der reinen Vernunft», Meinseheim, 1971 (Monographien zur philoso- phischen Forschung, N. 73). Dufranne, Mikel: La notion d’a priori, París, 1959, 292 pp. (Epimethée). Ewing, Alfred Cyril: A short commentary on Kant’s Critique of pure reason, Chicago, 1950, VIII + 278 pp. Grayeff, Félix: Deutung und Darstellung der theoretischen Philosophie Kants. Ein Kommentar zu den grundlegenden Teilen der Kritik der reinen Vernunft, Hamburg, 1951, XXII + 225 pp. Graubner, Hans: Form und Wesen. Ein Beitrag zur Deutung des Formbegriffs in Kants «Kritik der reinen Vernunft», Bonn, 1972 (Kant Studien, Erganzungsheft 104). Heidegger, Martin: Die Frage nach dem Ding. Zu Kants Lehre von den transzendenta- len Grundsatzen, Tubingen, 1962, VII+ 189 pp. Heideger, Martin: Kant y el problema de la metafísica, traducción de G. I. Roth, Méxi- co, 1954, 212 pp.
  35. 35. XXXVI KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Heidemann, Ingeborg: Spontaneitat und Zeitlichkeit. Ein Problem der Kritik der reinen Vernunft, Koln, 1958, 275 pp. (Kantstudien, Erganzungshefte, N. 75). Heimsoeth, Heinz: Transzendentale Dialektik. Ein Kommentar zu Kants «Kritik der reinen Vernunft», Berlín-New York, 4 vols., 1966-1971. Heinemann, Fritz: Der Aufbau von Kants Kritik der reinen Vernunft und das Problem der Zeit, Gießen, 1913. Holzhey, Helmut: Kants Erfahrungsbegriff: Quellengesehichtliche und bedeutungsana- lytische Untersuchungen, Basel-Stuttgart, 1970. Kaulbach, Friedrich: Die Metaphysik des Raumes bei Leibniz und Kant. Koln, 1960, 152 pp. (Kantstudien. Erganzungshefte. N. 79). Kimpel, Benjamín Franklin: Kant’s Critical Pbilosophy. Critique of Pure Reason and Prolegomena, Boston, 1964, XI + 155 pp. (Vital guide book). Kopper, Joachim y Malter, Rudolf (eds.): Materialien zu Kants «Kritik der reinen Ver- nunft», Frankfurt a.M., 1975, 361 pp. (Suhrkamp Taschenbuch Wissen- schaft, N. 58). Lachieze-Rey, Fierre: L’idealisme kantien, París, 1931 (21950, H972). Ley, Hermann (ed.): Zum Kantverständnis unserer Zeit, Berlín-Este, 1975. Martin, G.: Kant. Ontología y epistemología, traducción de L. F. Carrer y A. A. Raggio, Córdoba (Argentina), 1960. Miller, Osear W.: The Kantian Thing-in-itself or the Creative Mind, New York, 1956, 142 pp. Montero Moliner, F.: El empirismo kantiano, Valencia, 1973, 295 pp. Muralt, André de: La conscience transcendentale dans le criticisme kantien. Essai sur l’unitéd’appeneption, París, 1958, 198 pp. (Philosophie de l’esprit). Natorp, M.: Kant y la escuela de Marburgo, traducción y prólogo de M. Bueno, México, 1956. Patón, H. J.: Kant’s Metaphysic of Experience. A Commentary on the First Half ofthe «Kritik der reinen Vernunft», 2 vols., London, 1936, 2.a ed., 1951, 585 y 510 pp., respectivamente (Muirhead Library of Philosophy). Prauss, Gerold: Erseheinung bei Kant. Ein Problem der Kritik der reinen Vernunft», Berlín, 1971 (Quellen und Studien zur Philosophie, 1), 339 pp. Rábade Romeo, Sergio: Kant. Problemas gnoseológicos de la «Crítica de la razón pura», Madrid, 1969, 190 pp. Sachta, Peter: Die Theorie der Kausalitat in Kants «Kritik der reinen Vernunft», Meis- enheim, 1975 (Monographien zur philosophischen Forschung, n. 131). Santinello, G.: Metafísica e critica in Kant, Bologna, 1965, VII + 353 pp.
  36. 36. INTRODUCCIÓN DEL TRADUCTOR XXXVII Smith, Norman Kemp: A Commentary to Kant’s «Critique of Pure Reason», London, 1918, LXI + 615 pp. (2.a ed., 1923, LXI + 651 pp.; Remington, New York, 1962). Strawson, Peter Frederick: Los límites del sentido. Ensayo sobre la Crítica de la razón de Kant, Madrid, 1975, 261 pp. Swing, Thomas Kaehao: Kant’s Transcendental Logic, New Haven and London, 1969, XI + 399 pp. Torretti, R.: Manuel Kant, estudio sobre los fundamentos de su filosofía crítica, Santia- go de Chile, 1969, 603 pp. Vaihinger, Hans: Commentar zu Kants Kritik der reinen Vernunft, 2 vols., Stuttgart, 1881-1892, XVI + 507 y VIII + 563 pp., respectivamente. Reedición, Aalen, 1970, 2 vols. Vleeschauwer, Hermán Jean de: La déduction transcendental dans l’oevre de Kant, 3 vols., Atwerpen, 1934-1937, 332, 597 y 709 pp-, respectivamente. (Hay traducción española de la versión abreviada de esta obra, L’évolution de la pernee kantienne, bajo el título de La evolución del pensamiento kan- tiano. Historia de una doctrina, México, 1962). Weldon, Thomas Dewar: Introduction to Kant’s Critique of Pure Reason, Oxford, 1945, VIII + 205 pp., 2.a ed., 1958, 331 pp. Wolff, Robert Paul: Kant’s Theory of Mental Activity. A Commentary of the Transcen- dental Analytic of the «Critique of Pure Reason», Cambridge (Mass.), 1963, XII + 336 pp.
  37. 37. XXXVIII KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
  38. 38. PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 1 CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
  39. 39. 2 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA
  40. 40. PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 3 Critik der reinen Vernunft von Immanuel Kant Professor in Königsberg Riga, verlegts Johann Friedrich Hartknoch 1781. 
  41. 41. 4 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA BACO DE VERULAMIO INSTAURATIO MAGNA PRAEFATIO De nobis ipsis silemus: De re autem, quae agitar petimus: ut homines eam non opiniomm, sed opus esse cogitent; ac pro certa habeant, non sectae nos alicuius, aut placiti, sed utilitatis et amplitudinis humanae fundamenta moliri. Deinde ut suis com- modis aequi... in commune consulant... et ipsi in partem veniant. Praeterea ut bene sperent, neque instaurationen nostram ut quiddam infinitum et ultra mortale fingant, et animo concipiant; quum revera sit infiniti erroris finis et terminus legitimus. 1 1 Cita añadida en B. Los puntos suspensivos indican omisiones efectuadas por Kant. Tra- ducción: «Sobre nosotros mismos callamos. Deseamos, en cambio, que la cuestión aquí tratada no sea considerada como mera opinión, sino como una obra, y que se tenga por cierto que no sentamos las bases de alguna secta o de alguna idea ocasional, sino las de la utilidad y dignidad humanas. Deseamos, pues, que, en interés propio... se piense en el bien general... y se participe en la tarea. Asimismo, que no se espere de nuestra instauración que sea algo infinito o suprahumano, puesto que en realidad es el término conveniente y el fin de un error inacabable.» (N. del T.)
  42. 42. PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 5 A Su Excelencia el real ministro de Estado, Barón de Zedlitz SEÑOR: Contribuir al crecimiento de las ciencias según las posibilidades de cada uno es trabajar en la línea de intereses de Vuestra Excelencia, pues éstos se hallan estrechamen- te unidos a ellas, no sólo por vuestro elevado puesto de protector, sino por vuestra más íntima relación con las ciencias en cuanto conocedor ilustrado y entusiasta de las mis- mas. Por ello recurro yo, por mi parte, al único medio de que en cierto modo dispongo para expresar mi agradecimiento por la generosa confianza con que Vuestra Excelencia me honra considerándp-me capaz de realizar alguna contribución en este sentido1 . A la misma benévola atención que Vuestra Excelencia dispensó a la primera edición de esta obra dedico ahora esta segunda edición y, al mismo tiempo, le confío todos los demás aspectos de mi dedicación literaria. Con la más profunda veneración, vuestro subdito y obediente servidor, IMMANUEL KANT. Konigsberg, 23 de abril de 17872 1 [A continuación de este párrafo, decía Kant en A:] Quien en sus moderados deseos, gusta de la vida especulativa halla en la aprobación de un juez ilustrado y competente un poderoso estí- mulo en favor de trabajos cuya utilidad es grande, aunque sea lejana, y, por ello mismo, totalmente desdeñada por las miradas vulgares. A un juez semejante y a su benévola atención dedico este escrito y a su protección confío todos los demás aspectos de mi dedicación literaria. 2 En A: Konigsberg, 29 de marzo de 1781 (N. del T.).
  43. 43. 6 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA Prologo de la primera edición1 La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimien- to, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades. La perplejidad en la que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comien- za con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero, advirtiendo que de esta forma su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan libres de sospecha, que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así como incu- rre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que éstas se deben nece- sariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los prin- cipios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísi- ca. Hubo un tiempo en que la metafísica recibía el nombre de reina de todas las ciencias y, si se toma el deseo por la realidad, bien merecía este honroso título, dada la importancia prioritaria de su objeto. La moda actual, por el contrario, consiste en mani- festar ante ella todo su desprecio. La matrona, rechazada y abandonada, se lamenta como Hécuba: modo maxima rerum, tot generis natisque potens —nunc trahor exul, inops2 —. Su dominio, bajo la administración de los dogmáticos, empezó siendo despótico. Pero, dado que la legislación llevaba todavía la huella de la antigua barbarie, tal dominio fue progresivamente degenerando, a consecuencia de guerras intestinas, en una completa anarquía; los escépticos, especie de nómadas que aborrecen todo asentamiento duradero, destruían de vez en cuando la unión social. Afortunadamente, su número era reducido. Por ello no pudieron impedir que los dogmáticos intentaran reconstruir una vez más dicha unión, aunque sin concordar entre sí mismos sobre ningún proyecto. Más recien- 1 En B omitió Kant este prólogo (N. del T.) 2 Ovidio, Metamorfosis (XIII. 508-510): Hasta hace poco la mayor de todas, poderosa en- tre tantos yernos e hijos, y ahora soy desterrada como una miserable. (Versión del T.)
  44. 44. PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 7 temente pareció, por un momento, que una cierta fisiología del entendimiento humano (la del conocido Locke) iba a terminar con todas esas disputas y que se iba a resolver definitivamente la legitimidad de aquellas pretensiones. Ahora bien, aunque el origen de la supuesta reina se encontró en la plebeya experiencia común y se debió, por ello mis- mo, sospechar con fundamento de su arrogancia, el hecho de habérsele atribuido falsa- mente tal genealogía hizo que ella siguiera sosteniendo sus pretensiones. Por eso ha recaído todo, una vez más, en el anticuado y carcomido dogmatismo y, a consecuencia de ello, en el desprestigio del que se pretendía haber rescatado la ciencia. Ahora, tras haber ensayado en vano todos los métodos —según se piensa—, reina el hastío y el indiferentismo total, que engendran el caos y la noche en las ciencias, pero que constitu- yen, a la vez, el origen, o al menos el preludio, de una próxima transformación y clarifi- cación de las mismas, después de que un celo mal aplicado las ha convertido en oscuras, confusas e inservibles. Es inútil la pretensión de fingir indiferencia frente a investigaciones cuyo objeto no puede ser indiferente a la naturaleza humana. Incluso esos supuestos indiferentistas, por mucho que se esfuercen en disfrazarse transformando el lenguaje de la escuela en habla popular, recaen inevitablemente, así que se ponen a pensar algo, en las afirmacio- nes metafísicas frente a las cuales ostentaban tanto desprecio. De todas formas, esa indiferencia, que se da en medio del florecimiento de todas las ciencias y que afecta precisamente a aquéllas cuyos conocimientos —de ser alcanzables por el hombre— serían los últimos a los que éste renunciaría, representa un fenómeno digno de atención y reflexión. Es obvio que tal indiferencia no es efecto de la ligereza, sino del Juiciok 1 maduro de una época que no se contenta ya con un saber aparente; es, por una parte, un llamamiento a la razón para que de nuevo emprenda la más difícil de todas sus tareas, a saber, la del autoconocimiento y, por otra, para que instituya un tribunal que garantice sus pretensiones legítimas y que sea capaz de terminar con todas las arrogancias infun- dadas, no con afirmaciones de autoridad, sino con las leyes eternas e invariables que la razón posee. Semejante tribunal no es otro que la misma crítica de la razón pura. k De cuando en cuando se oyen quejas sobre la frivolidad de pensamiento en nuestra época y sobre la decadencia de la ciencia rigurosa. Sin embargo, yo no veo que las ciencias bien funda- mentadas, como la matemática, la física, etc. merezcan en absoluto tal reproche. Al contrario, mantienen el viejo prestigio del rigor y, en el caso de la física, incluso lo sobrepasan. El mismo espíritu se mostraría eficaz en otras especies de conocimiento si se pusiese una atención primordial en la rectificación de sus principios. A falta de tal rectificación, la indiferencia, la duda y, finalmen- te, la crítica severa, son más bien muestra de un pensamiento riguroso. Nuestra época es, de modo especial, la de la crítica. Todo ha de someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a causa de su majes- tad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero, respeto que la razón sólo concede a lo que es capaz de resistir un examen públi- co y libre (Nota de Kant). 1 Teniendo en cuenta que la palabra castellana juicio traduce tanto la capacidad de juzgar (Urteilskraft) como el juicio como acto de tal capacidad (Urteil), escribiré en mayúscula la palabra correspondiente al primer concepto y en minúscula la relativa al segundo (N. del T.)
  45. 45. 8 KANT/CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA No entiendo por tal crítica la de libros y sistemas, sino la de la facultad de la razón en general, en relación con los conocimientos a los que puede aspirar prescindien- do de toda experiencia. Se trata, pues, de decidir la posibilidad o imposibilidad de una metafísica en general y de señalar tanto las fuentes como la extensión y límites de la misma, todo ello a partir de principios. Este camino —el único que quedaba— es el que yo he seguido y me halaga el que, gracias a haberlo hecho, haya encontrado el modo de acabar con todos los errores que hasta ahora habían dividido la razón consigo misma en su uso no empírico. No he eludido sus preguntas disculpándome con la insuficiencia de la razón humana, sino que las he especificado exhaustivamente de acuerdo con principios. Una vez descubierto el punto de desavenencia de la razón consigo misma, he resuelto tales preguntas a entera satisfacción suya. Claro que las contestaciones a esas preguntas no han correspondido a las expectativas del exaltado y dogmático afán de saber. Tal afán sólo podría quedar satisfecho mediante poderes mágicos, de los que yo nada entiendo. Pero tampoco era ése el propósito de la constitución natural de la razón. El deber de la filosofía consiste en eliminar la ilusión producida por un malentendido, aunque ello supusiera la pérdida de preciados y queridos errores, sean cuantos sean. En este trabajo he puesto la mayor atención en la exhaustividad y me atrevo a decir que no hay un solo problema metafísico que no haya quedado resuelto o del que no se haya ofrecido al menos la clave para resolverlo. Y es que la razón pura constituye una unidad tan perfecta, que, si su principio resultara insuficiente frente a una sola de las cuestiones que ella se plantea a sí misma, habría que rechazar tal principio, puesto que entonces tampoco sería capaz de solucionar con plena seguridad ninguna de las restantes cuestiones. Al decir esto creo ver en el rostro del lector una indignación mezclada con des- precio ante pretensiones aparentemente tan ufanas y arrogantes. Sin embargo, tales pretensiones son incomparablemente más moderadas que las de cualquier autor del programa más ordinario en el que pretenda demostrar, pongamos por caso, la simplici- dad del alma o la necesidad de un primer comienzo del mundo. En efecto, este autor se compromete a extender el conocimiento humano más allá de todos los límites de la experiencia posible, cosa que desborda por completo mi capacidad, lo confieso humil- demente. En lugar de ello, me ocupo de la razón misma y de su pensar puro. Para lograr su conocimiento detallado no necesito buscar lejos de mí, ya que encuentro en mí mismo ambas cosas. La misma lógica ordinaria me ofrece una muestra de que todos los actos simples de la razón pueden ser entera y sistemáticamente enumerados. La cuestión que se plantea aquí es la de cuánto puedo esperar conseguir con la razón si se me priva de todo material y de todo apoyo de la experiencia. Hasta aquí lo que se refiere a la completud y exhaustividad de todos y cada uno de los objetivos que, como objeto de nuestra investigación crítica, nos plantea, no un propósito arbitrario, sino la misma naturaleza del conocimiento. Hay que considerar aún la certera y la claridad, dos requisitos que .afectan a la forma de dicha investigación, como exigencias fundamentales que se pueden imponer razonablemente a quien se atreva a acometer una empresa tan escabrosa.

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