Credo7

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Credo7

  1. 1. Credo 7 Jesucristo
  2. 2. En la gruta de Belén están la pobreza y el abandono; en la huída a Egipto, la nostalgia de la patria; en la casa de Nazaret, la escasez y el trabajo; en la vida pública, fatigas, engaños, contradicciones, odios; al final, el camino de la cruz y la muerte. En toda la vida terrena de Jesucristo está presente el dolor.
  3. 3. Aunque Jesucristo padeció mucho en su vida, como víctima de salvación, cuando en el Credo se dice que “padeció”, se refiere a todas las penas que Jesucristo sufrió en su Pasión.
  4. 4. Toda la creación tiene un sentido de unión con Dios. Sin embargo, el pecado alteró profundamente el orden de la creación; el hombre dejó de ver el mundo como una obra llena de bondad y puso su esperanza en las creaturas poniendo como meta falsos fines terrenos. El misterio del sufrimiento se encuadra en el marco general del proyecto de Dios y de la venida de Jesús al mundo.
  5. 5. Para ello, Jesús, verdadera Cabeza del género humano, asumió toda la realidad humana degradada por el pecado, la hizo suya, y la ofreció filialmente al Padre. De este modo Jesús restituyó a cada relación y situación humana su verdadero sentido, en dependencia a Dios Padre. La venida de Jesucristo al mundo tiene como finalidad reimplantar en el mundo el proyecto de Dios y conducirlo eficazmente a su destino de unión con Él.
  6. 6. Dios tiene que castigar el pecado, y si Dios nos castigara de verdad a nosotros por nuestros pecados, todos estaríamos condenados al infierno para siempre. Pero el Salvador, por amor, estuvo dispuesto a morir en nuestro lugar, como nuestro sustituto, para tomar sobre sí mismo el castigo que nosotros merecíamos.
  7. 7. La finalidad propia del misterio de la Cruz es cancelar el pecado del mundo, algo completamente necesario para que se pueda realizar la unión filial con Dios. Esta unión es el objetivo último del plan de Dios.
  8. 8. El sacrificio de Jesús "por los pecados del mundo entero" es la expresión de su comunión de amor con el Padre. Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación. Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora:
  9. 9. San Marcos, en su relato de la pasión nos presenta a Jesús como el justo que sufre sin culpa la persecución de los hombres. El es el Siervo de Yavé, tan desfigurado que no parecía hombre, sin apariencia ni presencia, despreciable y desecho de los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, ante quien se vuelve el rostro. Carga sobre sí nuestros sufrimientos y dolores, azotado, herido de Dios y humillado. Herido, ciertamente, por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas, soportando Él el castigo que nos trae la paz, pues con sus cardenales hemos sido nosotros curados. Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores (Is 52,13-53,12).
  10. 10. No hay hermosura que atraiga las miradas. Automático
  11. 11. No hay en Él belleza que agrade,
  12. 12. Menospre- ciado, estimado en nada.
  13. 13. Despreciado, desecho de los hombres.
  14. 14. Varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos.
  15. 15. Ante quien se vuelve el rostro.
  16. 16. Pero fue Él el que cargó con los pecados.
  17. 17. Maltratado, mas Él se sometió.
  18. 18. como un cordero llevado al matadero.
  19. 19. Maltratado Hacer CLICK
  20. 20. Cristo padeció en la cabeza la corona de punzantes espinas; en las manos y pies, el taladro de los clavos; en la cara, las bofetadas y salivazos; y en todo el cuerpo, los azotes. Algunos dicen que fueron los mayores entre los dolores de la vida presente. Sobre todo unido a lo interno. Los padecimientos de Jesús en su Pasión fueron grandes en todo su cuerpo.
  21. 21. La naturaleza humana se unió a la persona divina, con todo sintió tanto lo acerbo de su pasión como si nunca se hubiese hecho tal unión; porque en la única persona de Jesucristo se conservaron las propiedades de ambas naturalezas, divina y humana, y por eso lo que era pasible y mortal, quedó mortal y pasible, y lo que era inmortal e impasible, como era la naturaleza divina, quedó también inmortal e impasible. Mayores fueron los sufrimientos en su alma. El tomó verdaderamente la naturaleza humana, y pudo decir en verdad: "Triste está mi alma hasta la muerte".
  22. 22. Una causa del sufrimiento de Jesús era el verse cargado con los pecados de todos, según aquellas palabras de Is 53,4: Verdadera-mente él soportó nuestros dolores.
  23. 23. Otra causa de sufrimiento era la capacidad de percepción de Jesús paciente, ya que su cuerpo había sido formado milagrosamente por obra del Espíritu Santo y sus sentidos debían ser más vivos. Por esto en Él fue exquisito el sentido del tacto, de cuya percepción se sigue el dolor. También su alma, conforme a sus facultades interiores, percibió muy eficazmente todas las causas de tristeza.
  24. 24. Otra causa fue porque Jesús aceptó aquella pasión y aquellos sufrimientos voluntariamente, con el fin de liberar del pecado a los hombres. Y, por ese motivo, asumió tanta cantidad de dolor cuanta fuese proporcionada a la grandeza del fruto que de ahí iba a seguirse.
  25. 25. En el huerto de Getsemaní, a pesar del horror que suponía la muerte para la humanidad absolutamente santa de Aquél que es “el autor de la vida” la voluntad humana del Hijo de Dios se adhiere a la voluntad del Padre. Para salvarnos acepta soportar nuestros pecados en su cuerpo, “haciéndose obediente hasta la muerte” (Flp 2, 8). Consideremos el sufrimiento interno de Jesús en el huerto de Getsemaní.
  26. 26. Al acercarse al huerto de Getsemaní, Jesús comenzó a sumirse en un extraño y agonizante silencio y en una profunda tristeza que embargó todo su ser. Toda la vida se había conducido en la presencia de Dios, pero ahora le parecía estar excluido de la luz proveniente del Padre y del Santo Espíritu. Ahora se contaba entre los transgresores y debía llevar sobre sí la culpabilidad de toda la humanidad caída.
  27. 27. Fue a corta distancia de ellos y cayó postrado en el suelo. Sentía que el pecado le estaba separando de su Padre. El abismo era tan ancho, negro y profundo que su espíritu se estremecía hasta lo sumo. Al llegar al huerto del Getsemaní con los discípulos, Jesús les dijo: "Quedaos aquí y velad conmigo."
  28. 28. Sobre quien no conoció el pecado, debía ponerse la iniquidad de todos nosotros. "Tan terrible le parece el pecado, tan grande el peso de la culpabilidad que había puesto sobre sus hombros, que estaba tentado a temer que quedaría privado para siempre del amor de Dios. Sintiendo cuán terrible es la ira de Dios contra la transgresión, exclamó "Mi alma está muy triste hasta la muerte."
  29. 29. Lo vivido por Jesús antes de ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad. Los escritores sagrados describen la oración de Getsemaní con enérgicas expresiones.
  30. 30. El estado de Cristo es de una angustia intensa. Él era Dios, pero también era hombre y como tal padeció. Sus temores y tristezas eran reales y no una ficción. Él necesitaba de sus amados discípulos pero todos le dejaron solo. Todos se durmieron mientras Él oraba.
  31. 31. “ Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” Lc 22: 43-44. Es interesante notar que el único evangelista que relata este hecho fue un médico, Lucas.
  32. 32. Fue tal el grado de sufrimiento moral, que presentó como manifestación somática, física; sudor de sangre (hematihidrosis o hemohidrosis). “sudor de sangre, que le cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta la tierra”. (Lc 22, 43)
  33. 33. Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo estaba sufriendo bajo la justicia divina. Veía lo que significaba la justicia. Hasta entonces había obrado como intercesor por otros; ahora anhelaba tener un intercesor para sí. Quería el consuelo de sus amigos y no lo encontró.
  34. 34. Satanás presentaba al Redentor la situación en sus rasgos más duros: El pueblo te ha rechazado. Uno de tus propios discípulos te traicionará. Uno de tus más celosos seguidores te negará. Todos te abandonarán. Y venía la tentación: ¿qué se iba a ganar por este sacrificio? ¡Cuán irremisibles parecían la culpabilidad y la ingratitud de los hombres!
  35. 35. Dios, en forma humana, permitió hacerse pecado para salvarnos. En la cruz, Él cargó con todos los pecados del mundo debido a su amor. La única manera de completar su historia de amor es amándole. Esto traspasaba el alma de Jesús. El conflicto era terrible.
  36. 36. Pero Jesús lo veía necesario, como les había dicho a los apóstoles: Esto es lo que yo os dije estando con vosotros, que era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí; y que estaba escrito que convenía que Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos. Jesucristo no padeció por necesidad absoluta, sino porque quería salvarnos.
  37. 37. Dios quiso salvar el mundo por el camino de la Cruz, pero no porque ame el dolor o el sufrimiento, pues Dios sólo ama el bien y hacer el bien. No quiso la Cruz con una voluntad incondicionada, sino que la ha querido sobre el presupuesto del pecado. Hay Cruz porque existe el pecado. Pero también porque existe el Amor. La Cruz es fruto del amor de Dios ante el pecado de los hombres.
  38. 38. Lo que cuenta no es el dolor. ¿Cómo podría Dios complacerse en los tormentos de una criatura o de su propio Hijo? Lo que cuenta es la amplitud del amor. Sólo el amor da sentido al dolor.
  39. 39. No bastara que viniese un ángel a satisfacer por nosotros, porque la ofensa hecha a Dios por el pecado era, en cierta manera, infinita, y para satisfacer por ella se requería una persona que tuviese un mérito infinito.
  40. 40. Era menester que Jesucristo fuese hombre para que pudiese padecer y morir, y que fuese Dios para que sus padecimientos fuesen de valor infinito.
  41. 41. Jesucristo hubiera podido librarse de las manos de los judíos y de Pilato, mas se sujetó voluntariamente a padecer y morir para salvarnos, por saber que así lo quería su eterno Padre. Padeció libremente por amor.
  42. 42. No era absolutamente necesario que Jesús padeciese tanto, porque el menor de sus padecimientos hubiera sido suficiente para nuestra redención, siendo cualquiera acción suya de valor infinito.
  43. 43. Quiso Jesús padecer tanto para satisfacer más copiosamente a la divina justicia, para mostrarnos más su amor y para inspirarnos sumo horror al pecado.
  44. 44. “Debo ser bautizado con un bautismo, el bautismo de sangre, y qué angustia me embarga hasta que sea cumplido”! Impacienta a Jesús el ver llegar la hora en que podrá sumergirse en el sufrimiento y sufrir la muerte para darnos la vida. Por el inmenso amor de Jesús, deseaba que llegasen los tormentos. Les decía a los apóstoles:
  45. 45. Pero cuando llega, Cristo se entrega con el mayor ardor, aunque conoce de antemano todos los sufrimientos que esperan a su cuerpo y a su alma: He deseado vivamente comer esta Pascua con vosotros, antes de sufrir mi pasión”.
  46. 46. Jesús llama a sus discípulos, los de entonces y los de ahora, a tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16, 24), Jesús quiere asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios.
  47. 47. Esta visión bíblica de la cruz supone una revolución en relación a todas las religiones no cristianas. En la religiosidad natural, la expiación significa el restablecimiento de la relación con Dios, rota por la culpa, mediante sacrificios y ofrendas de los hombres. La obra expiatoria, con la que los hombres quieren pagar a la divinidad y aplacarla, ocupa el centro de las religiones.
  48. 48. El «derecho violado» se restablece por la iniciativa del amor de Dios, que por su misericordia justifica al impío y vivifica a los muertos. Su justicia es gracia, que hace justos a los pecadores. El Nuevo Testamento nos ofrece una visión completamente distinta. No es el hombre quien se acerca a Dios y le ofrece un don para restablecer el equilibrio roto. Es Dios quien se acerca a los hombres para dispensarles un don.
  49. 49. Este es el misterio inaudito de la cruz. La reconciliación no parte de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. No es la obra de reconciliación que el hombre ofrece al Dios airado, sino la expresión del amor entrañable de Dios que se vacía de sí mismo para salvar al hombre. Es su acercamiento a nosotros. La acción del hombre -el culto- es acción de gracias: Eucaristía. Es, en vez de ofrenda de dones, aceptación del don de Dios.
  50. 50. Si no fuese así, dirá J. Ratzinger, los verdugos serían los auténticos sacerdotes; quienes provocan los sufrimientos serían quienes habrían ofrecido el sacrificio. Pero no es ésta la visión bíblica de la cruz. Es Cristo, y no sus verdugos, el Sacerdote, que con su amor unió los extremos separados del mundo: Dios y los hombres y éstos entre sí (Ef 2,11- 22).
  51. 51. Dios no ha querido librarnos de todas las penalidades de esta vida, para que aceptándolas nos identifiquemos con Cristo, merezcamos la vida eterna y cooperemos en la tarea de llevar a los demás los frutos de la Redención.
  52. 52. La enfermedad y el dolor, ofrecidos a Dios en unión con Cristo, alcanzan un gran valor redentor, como también la mortificación corporal practicada con el mismo espíritu con que Cristo padeció libre y voluntariamente en su Pasión: por amor, para redimirnos expiando por nuestros pecados.
  53. 53. Pero Cristo, no solamente nos enseña a soportar el sufrimiento,sino que, además, nos ayuda a soportarlo. Podemos convertir el sufrimiento en algo de mucho valor, uniendo nuestro sufrimiento a los sufrimientos redentores de Jesucristo. Todos los Santos se han dado cuenta de que su misión era sufrir en unión con Jesucristo.
  54. 54. Antes de Cristo, el hombre no sabía cómo reconciliarse con el sufrimiento. Pero vino Cristo y abrazó la cruz. La abrazó voluntariamente, amorosamente. Y este amor con que aceptó el sufrimiento y lo abrazó, quitó al dolor la maldición que estaba incrustada en él, y lo llenó de sentido.
  55. 55. Muchas veces se plantea la gran cuestión y se oye la terrible queja: "¿Por qué a mí? ¿Por qué he de sufrir precisamente yo? ¡Yo, que siempre he servido con fidelidad a Dios¡ Mientras que al vecino, a ese blasfemo, a ese frívolo y licencioso todo le sale bien..." El sufrimiento puede ser la última tentativa de Dios, el último recurso a que apela para salvar nuestra alma. Es otra manifestación de su misericordia.
  56. 56. De nada vale el sufrimiento por si mismo. Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de él a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible el desperdiciarla. El sufrimiento es una oportunidad para unirnos a Cristo y cooperar en la redención del mundo.
  57. 57. Por eso, si el dolor llama a nuestras puertas, sepamos aprovecharlo.
  58. 58. Cuando llame a tus puertas el dolor y te invada la tristeza y la opresión, Automático
  59. 59. piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
  60. 60. y verás que todo cambia de color.
  61. 61. piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
  62. 62. y verás que todo cambia de color.
  63. 63. Cuando sientas el vacío junto a ti, cuando sientas a tu lado soledad,
  64. 64. piensa en tu dolor, que el Señor también sufrió
  65. 65. y verás que todo cambia de color.
  66. 66. Que María, quien sufrió al tener a Jesús en sus brazos, nos ayude a saber ofrecer a Dios nuestros dolores y tener paz aquí y gloria en el cielo. AMÉN

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