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33 y 1/tercioDigamos que en esta ciudad viven unos diez millones / Unos habitan agujeros,otros habitan mansiones / Pero no...
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33 y 1/tercio—¿Le ha visto alguna vez?—¿Yo? ¿Está bromeando? ¡Suerte tengo si alcanzo a ver a mis nietos!—Entonces, ¿cómo ...
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33 y 1/tercio—Eso es absurdo,—No seas tan racionalista.—Nadie es racionalista, Kaiser. —Ella encendió un cigarrillo—. Lo ú...
33 y 1/tercio—Siéntate —dijo levantando los ojos de sus spaghettis. Me acercó el anillo.Sonreí mostrando todos los dientes...
33 y 1/tercio—¿Por qué?—Por la respuesta, Pontífice.Me metí en un taxi y crucé volando el puente George Washington. En elc...
33 y 1/tercio—Kaiser —dijo ella, presa de un súbito estremecimiento—, ¿me entregarás?—¿Cómo no, muñeca? Cuando el Ser Supr...
33 y 1/tercio                         guillermo cabrera infante                           (gibara, 1929 – londres, 2005). ...
33 y 1/terciola parodia consiste en conseguir la felicidad por la infelicidad, mostrando que unestilo o todos los estilos ...
33 y 1/tercioque la caja tenía resonancias sexuales. Pero Pandora abrió su caja y —bueno—aquí estamos: hijos de una caja y...
33 y 1/tercioLa parodia sutil corre siempre el riesgo de hacerse invisible, mera paráfrasis,para confundirse con el objeto...
33 y 1/terciofamiliaridad engendra ahora aprecio y es el contento de la parodia: no se puedeparodiar más que lo familiar. ...
33 y 1/tercioes mi lengua una beldad?», y el muro repetir como un eco de pared: Veldá. Escasi peor que ese dicho enemigo d...
33 y 1/tercioademás parienta pobre de la paradoja, opinión que se hace notar por suespíritu de contradicción. Es decir dic...
33 y 1/tercioJames Joyce hizo al pun inexpunnable al declararlo sagrado, hostia de letras.Indicó, reivindicó, que la funda...
33 y 1/terciodeclaró: «El Primer Ministro goza de un perfecto estado de salud. Solamentepadece un foco neumático en un pul...
33 y 1/terciomucho menos cantarla. Pero oigan cómo la letra expone un tema de ordenético y filosófico que ha tratado con p...
33 y 1/tercio                           la histeria me disolverá                 33 (coma) 3 preguntas a Michel Encinosa (...
33 y 1/tercioSábanas no muy blancas colgadas en los balcones. Perros insoportables a lastres de la madrugada. La cola de l...
33 y 1/terciotriple A, pues no… Prefiero el sexo al natural. ¿Has tú soñado con unapalangana llena de mentol? ¿O metil? ¿O...
33 y 1/tercio¿Qué es lo mejor de no tener televisión por cable?La cantidad de gente que conoces intercambiando .avi y .mpe...
33 y 1/tercioCon las musas es decepcionante. Cualquier relación que no trasciende loplatónico es decepcionante. Las musas ...
33 y 1/terciomierda, y por eso hago lo que me da la gana con ella. La literatura es unalesbiana, y a mí me encantan las le...
33 y 1/tercio¡HENTAI!... qué digo… ¡BANZAI!Y chao.Hasta la próxima.Si es que hay próxima.Si es que hay luna.Si es que hay ...
33 y 1/tercio                              michel encinosa fú                              (la habana 1974 – tokio ¿?)    ...
33 y 1/tercio«Enano… Eres tú.»«Sí, espérate, déjame pensar… ¿Te duele?»Me quedé sin respuesta. Pensé con esperanza y susto...
33 y 1/tercioPareció funcionar, al principio. Después empecé a resbalar en la sangre. Ellasoltó un gritico. Yo me caí sobr...
33 y 1/tercioLa avenida. Un túnel iluminado hasta ambos confines del mundo. Autosescasos, veloces, muy veloces. Traté de d...
33 y 1/tercio—Llame a la policía, o al hospital.—El problema es que no puedo…—Hey, no me busque líos, mire que esto no es ...
33 y 1/tercioque me aplastaba, supongo que sin intención, me hundió un codo en el cuello.Luego, en la oreja. El auto zigza...
33 y 1/tercioFui a ver. Le traje pastillas. Yo también tomé. Las bajamos con TuKola. Fría.Apenas lo sintió. Apenas parecía...
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  1. 1. 33 y 1/tercio
  2. 2. 33 y 1/tercioDigamos que en esta ciudad viven unos diez millones / Unos habitan agujeros,otros habitan mansiones / Pero no hay un lugar para nosotros, mi amor / nohay un lugar para nosotrosAlguna vez tuvimos un país y nos gustaba / Todavía lo podemos encontrar enun atlas / Pero ahora, no podemos ir allá, mi amor / ahora no podemos ir alláEn la parroquia de nuestro pueblo crece un árbol viejo / Que cada primaveraflorece de nuevo / Pero los viejos pasaportes no florecen de nuevo, mi amor /los viejos pasaportes no florecen de nuevoEl cónsul azotó la mesa con prepotente gesto / "Si no tienen pasaportes,oficialmente están muertos” / Pero seguimos vivos, mi amor, seguimos vivosFui a un comité, me ofrecieron asiento y me escucharon / Y cortésmente mepidieron que volviera el próximo año / Pero ¿qué vamos a hacer hoy mismo, miamor? / ¿Qué vamos a hacer hoy mismo?Fui a oír a los políticos, a un orador que argüía / "Si los recibimos aquí, nosquitarán nuestro pan de cada día” / Y hablaba de ti y de mí, mi amor, hablabade ti y de míCreí que era un relámpago lo que atronaba sobre mí / Pero era Hitler sobreEuropa, diciendo: "Deben morir” / Y pensaba en nosotros, mi amor, pensabaen nosotrosVi un perro que pasaba muy orondo y abrigado / Vi que una puerta se abríapara que pasara un gato / Pero ellos no eran judíos alemanes, mi amor / ellosno eran judíos alemanesBajé a la orilla del mar y me detuve sobre el muelle / Para ver cómo nadabanen su libertad los peces / Apenas a unos cuantos metros, mi amor / apenas aunos cuantos metrosCaminé por el bosque, vi en los árboles a los pájaros / Que no tienen políticos,y cantan a su agrado / Pero no eran de la raza humana, mi amor / no eran dela raza humanaSoñé con un edificio que llega hasta el número mil / Y tenía mil ventanas y suspuertas eran mil / Y ninguna era para nosotros, mi amor ninguna era paranosotrosMe paré en mitad de una explanada cuando la nieve caía / Diez mil soldadosmarchaban para abajo y para arriba / buscándonos a ti y a mí, mi amor,buscándonos w. auden
  3. 3. 33 y 1/tercio equipo de redacción: 33 y 1/tercio portada: composición de raúl flores iriarte sobre fotografía de leordanis hernández diseño de portada: damián flores iriarteLa publicación no se haceresponsable de las opinionesexpresadas por los autores. Los responsables de los autores no expresaránLos autores no nos hacemos opiniones en público.responsables de las opinionesde la publicación. Las opiniones que usted se haga no son responsabilidad de los autores y menos si las expresa públicamente. si deseas contactar, dar opiniones, donar textos (sin compromisos de publicación) escribe a: 33y1tercio@gmail.comsi no tienes el 33 y 1/3 anterior escribe a la misma dirección (prometemosenviarlo) o descárgalo en: http://revista33y1tercio.blogspot.com
  4. 4. 33 y 1/tercio aquí (a la manera de allá) on allen, woody (para acabar con la filosofía / para acabar con los libros de memorias / para acabar con las novelas policíacas cabrera infante, guillermo (ars poética, o el oro de la parodiaentrevista (la histeria me disolverá: 33 coma tres preguntas a michel encinosa fú encinosa fú, michel (buenas noches, claudia / helena y la insularidad postergada gumucio, rafael (la transición en trance bolaño, roberto (de amberes dos hombres en el castillo (una conversación electrónica sobre philip k. dick dick, philip k. (extraños recuerdos de muerte / valis pérez, luis eligio (no sé, no puedo pasar / circulo / cristo en la calle fernández porta, eloy (retórica y punk en el relato contemporáneo pardo, orlando luis (horror civis: side a / side b fresán, rodrigo (chucky palahniuk, chuck (tripas / cuando tenga 68 off bonus track: villoro, juan (la frase triunfal
  5. 5. 33 y 1/tercio on33 y 1/3 no tuvo muchas oportunidades en la Billboard (escritura posible: Bill-bored, a la manera de Kurt Cobain, pequeño KC sin sunshine band). Lanzada el22 de noviembre (cualquier semejanza con el White Album de los Beatlescomienza y termina allí) del 2005, debutó en el número 182, y osciló durantecuatro semanas en la lower half del top 200, alcanzando el número 178 comosu más alta posición (cualquier semejanza con el Unfinished music de JohnLennon comienza y termina aquí; aunque a semejanza de aquella Música SinTerminar, podríamos subtitular esto Literatura Sin Terminar). Por supuesto, enlas emisoras nacionales no llegamos a ninguna posición, aunque dudo de quetengamos emisoras nacionales.En todo caso, locales.¿Por qué no sacaron singles?, nos preguntan por ahí, Les hubiera ayudado unmontón en las ventas. Tienen razón; podíamos haber sacado como singlesLaura llama desde Manhattan, y Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pero alfinal decidimos que no. Ni singles, ni videoclips. Piense lo que piense la MTV denosotros.O nosotros de la MTV.Ahora continuamos aquel número con este número llamado El laberinto. Quizássaquemos como single Helena y la insularidad postergada. Quizás no. Por lodemás, aquí está. En Tahoma, tamaño 12. En español. Cualquier semejanzacon 33 y 1/3 comienza aquí.No sabemos cuando termine. replay
  6. 6. 33 y 1/tercio woody allen (saxofonista, también conocido como allen stewart konigsberg (new york, 1935). los siguientes fragmentos pertenecen a su libro Getting even) para acabar con la filosofía mi filosofíaLa evolución de mi filosofía se dio de la siguiente manera: mi mujer, alinvitarme a probar el primer soufflé que había hecho, dejó caer por accidenteuna cucharadita del mismo sobre mi pie fracturándome varios pequeñoshuesos. Acudieron los médicos, hicieron y examinaron radiografías y meordenaron un mes de cama. Durante la convalecencia, me concentré en la obrade algunos de los pensadores más eximios de Occidente –una pila de libros queyo había seleccionado para ocasiones como esta. No presté atención al ordencronológico y empecé por Kierkegaard y Sartre, luego pasé rápidamente aSpinoza, Hume, Kafka y Camus. No me aburrí como había temido; en cambio,me fascinó la energía con la que esas grandes mentes atacaban resueltamentela moral, el arte, la ética, la vida y la muerte. Recuerdo mi reacción a unaobservación típicamente luminosa de Kierkegaard: «Semejante relación, que serelaciona con su propio ser (es decir, un ser), debe haberse constituido a símisma, o ha sido constituida por otra.» El concepto me arrancó lágrimas de losojos. ¡Dios santo, pensé, ser tan inteligente! (Soy un hombre con dificultadespara escribir dos frases coherentes sobre Un día en el zoo.) La verdad es que elpasaje me resultó totalmente incomprensible, pero ¿qué más da si Kierkegaardse lo había pasado bien? Súbitamente me convencí de que la metafísica era loque siempre había querido hacer: tomé mi bolígrafo y empecé en el acto agarabatear la primera de mis propias fantasías. La obra avanzó aprisa y en solodos tardes (con tiempo para echarme una siesta), completé la obra filosóficaque espero no será descubierta hasta después de mi muerte o hasta el año3000 (lo que ocurra primero) y que modestamente creo me asegurará un lugarprivilegiado entre los pensadores de más peso en la historia. Aquí presento unbreve ejemplo del cuerpo principal de tesoros intelectuales que lego a laposteridad, o hasta que llegue la mujer de la limpieza. crítica de la sinrazón puraAl formular cualquier filosofía, la primera consideración siempre debe ser: ¿Quépodemos saber? Es decir, qué podemos estar seguros de saber, o seguros dequé sabemos que sabíamos, si realmente es de algún modo cognoscible. ¿O lohabremos olvidado todo y tenemos demasiada vergüenza de decir algo?Descartes insinuó el problema cuando escribió: «Mi mente jamás puedeconocer mi cuerpo, aunque se ha hecho bastante amiga de mis piernas». Porcognoscible, dicho sea de paso, no quiero decir aquello que puede ser conocido
  7. 7. 33 y 1/terciopor medio de la percepción de los sentidos o que puede ser comprendido por lamente, sino más bien aquello que puede decirse que es Conocido o que poseeun Conocimiento o una Conocibilidad, o algo que al menos puedas mencionar aun amigo.¿Podemos en realidad conocer el universo? Dios santo; no perderse enChinatown ya es bastante difícil. Sin embargo, el asunto es el siguiente: ¿Habráalgo allá afuera? ¿Y por qué? ¿Por qué tendrán que hacer tanto ruido? Porúltimo, no cabe duda de que la característica de la realidad es que carece deesencia. Esto no quiere decir que no tenga esencia, sino simplemente quecarece de ella. (La realidad a la que me refiero es la misma que describióHobbes, pero un poco más pequeña.) Por lo tanto, el dictum cartesiano«Pienso, luego existo» podría expresarse mejor por «¡Eh, allí va Edna con elsaxofón!». Así, pues, para conocer una sustancia o una idea, debemos dudar deella y así, al dudar, llegamos a percibir las cualidades que posee en su estadofinito, que están en, o son realmente «la misma cosa», o «de la misma cosa», ode algo, o de nada. Si esto está claro, podemos dejar por el momento laepistemología. la dialéctica escatológica como medio de lucha contra el zonaPodemos decir que el universo consiste en una sustancia y que a esta sustanciala llamamos átomo, o también mónada. Demócrito la denominó átomo. Leibnitzla llamó mónada. Por fortuna, los dos hombres jamás se conocieron, de locontrario se hubiera armado una discusión muy aburrida. Estas partículasfueron puestas en movimiento por alguna causa o principio fundamental, oquizás algo se cayó en algún lugar. El asunto es que ahora ya es demasiadotarde para remediarlo, salvo quizás comer mucho pescado crudo. Por supuesto,esto no explica por qué el alma es inmortal. Tampoco dice nada sobre una vidaultraterrena ni aclara la sensación que siente mi tío Sender de que le persiguenlos albanos. La relación causal entre el primer principio (es decir, Dios o vientofuerte) y cualquier concepción teológica del ser (Ser), según Pascal, es «tanridícula que ni siquiera es graciosa (Graciosa)». Schopenhauer llamó a estovoluntad, pero su médico la diagnosticó como fiebre del heno. En sus últimosaños, se amargó por eso o, más aún, por la creciente sospecha de que él noera Mozart. el cosmos por cinco dólares al día¿Qué es, entonces, lo bello? ¿La fusión de la armonía con lo justo, o la fusiónde la armonía con algo que solo se parece a «lo justo»? Quizás la armonía sehaya fundido con «la costra terrestre» y eso es lo que nos ha estado dandotantos problemas. La verdad, podemos estar seguros, es la belleza –o «lonecesario». Es decir, lo que es bueno, o que posee las cualidades de «lobueno», da como resultado «la verdad». Si no lo da, siempre puedes apostar aque la cosa no es bella, aunque aún puede que sea impermeable. Estoyempezando a pensar que tenía razón antes y que todo tendría que fusionarsecon la costra. Ah, bueno.
  8. 8. 33 y 1/tercio dos parábolasUn hombre se acerca a un palacio. La única entrada está guardada por unosfieros hunos que solo dejan pasar a hombres llamados Julius. El hombre tratade sobornar a los guardias ofreciéndoles por un año las mejores partes delpollo. Ellos ni se burlan de su oferta ni la aceptan, sino que simplemente locogen por la nariz y se la tuercen hasta que parece un tornillo. El hombre diceque tiene que entrar a la fuerza en el palacio porque le trae al emperador unamuda de calzoncillos. Al ver que los guardias siguen negándose, el hombreempieza a bailar el charleston. Ellos parecen divertirse con su baile, pero prontose ponen tristes por el trato que el gobierno federal otorga a los navajos. Sinaliento, el hombre se derrumba. Muere sin haber visto al emperador y dejandouna deuda de sesenta dólares a los de la Steinway por un piano que les habíaalquilado en agosto.Me entregan un mensaje para un general. Cabalgo y cabalgo, pero el cuartelgeneral del general parece distanciarse siempre más. Por último, se arrojasobre mi una gigantesca pantera negra que me devora la mente y el corazón.Me paso la tarde terriblemente angustiado. Por más que lo intente, no puedollegar al general a quien veo corriendo a lo lejos en pantalón corto y musitandola palabra nuez moscada a sus enemigos. aforismosEs imposible vivir la propia muerte con objetividad y, además, cantar unacanción.El universo no es más que una idea transitoria en la mente de Dios. Es unhermoso pensamiento, aunque bastante incómodo, sobre todo si acabas depagar el anticipo de una casa.La nada eterna está muy bien si vas vestido para la ocasión.No solo no hay Dios, sino que ¡intenta conseguir un electricista en un fin desemana! ●●● para acabar con los libros de memorias memorias de los años veinteLlegué por primera vez a Chicago en los años veinte para presenciar uncombate de boxeo. Ernest Hemingway estaba conmigo y ambos noshospedamos en el campo de entrenamiento de Jack Dempsey. Hemingwayacababa de terminar dos cuentos sobre boxeo y, si bien Gertrude Stein y yopensamos que eran bastante potables, creíamos que aún necesitaban cierta
  9. 9. 33 y 1/tercioelaboración. Le hice unas bromas a Hemingway sobre su novela en preparacióny nos reímos mucho y nos divertimos y luego nos calzamos unos guantes deboxeo y me rompió la nariz.Ese invierno, Alice Toklas, Picasso y yo alquilamos una villa en el sur de Francia.En ese entonces, yo estaba trabajando en lo que me parecía que iba a ser unagran novela americana, pero los caracteres eran demasiado pequeños y nopude terminarla.Por las tardes, Gertrude Stein y yo salíamos a la caza de antigüedades en lastiendas locales, y recuerdo que, en cierta ocasión, le pregunté si considerabaque yo tenía que hacerme escritor. En la típica manera enigmática, que a todosnos tenía encantados, me contestó: No. Consideré que me había querido decirque sí y, al día siguiente, partí hacia Italia. Italia me recordó mucho Chicago, enespecial Venecia, ya que ambas calles tienen canales y en las calles abundanlas estatuas y las catedrales, producto de los más grandes escultores delRenacimiento.En ese mes fuimos al taller de Picasso en Arles, que en aquel tiempo se llamabaRouen o Zurich, hasta que los franceses volvieron a bautizarlo en 1589 bajo elreinado de Luis el Vago. (Luis fue un rey bastardo del siglo XVI que se portócomo un cerdo con todo el mundo.) Entonces, Picasso estaba a punto deempezar lo que más tarde se conocería como el período azul, pero GertrudeStein y yo tomamos café con él y tuvo que empezarlo diez minutos más tarde.Duró cuatro años y, por tanto, esos diez minutos no significaron gran cosa.Picasso era un hombre bajo que tenía un modo gracioso de caminar poniendoun pie delante del otro hasta que daba lo que él denominaba «un paso». Nosreímos de sus deliciosas ideas, pero a fines de 1930, con el fascismo en alza,había muy pocas cosas de que reírse. Tanto Gertrude Stein como yoexaminamos con meticulosidad las últimas obras de Picasso, y Gertrude Steinopinó que «el arte, todo el arte, es simplemente la expresión de algo». Picassono estuvo de acuerdo, y dijo: «Déjame en paz. Estoy comiendo.» Mi opinión fueque Picasso tenía razón: estaba comiendo.El taller de Picasso era muy distinto al de Matisse. Mientras el de Picasso eradesordenado, en el de Matisse reinaba el más perfecto orden. Bastante curioso,pero precisamente lo inverso era cierto. En septiembre de ese mismo año, aMatisse se le encargó que pintara una alegoría pero, por la enfermedad de sumujer, no pudo pintarla y, en su lugar, se le enganchó papel pintado. Recuerdotodas esas anécdotas porque ocurrieron justo antes del invierno y todosestábamos viviendo en un piso barato en el norte de Suiza, un lugar dondellueve de improviso y luego del mismo modo deja de hacerlo. Juan Gris, elcubista español, había convencido a Alice Toklas para que posara para unanaturaleza muerta y, con su típica concepción abstracta de los objetos, empezóa romperle la cara y el cuerpo para llegar a sus básicas formas geométricashasta que llegó la policía y los separó. Gris era provincianamente español, yGertrude Stein decía que solo un español de verdad podía comportarse comoél, es decir, hablaba en castellano y a veces iba a visitar a su familia en España.Realmente era algo maravilloso verle y oírle.
  10. 10. 33 y 1/tercioRecuerdo una tarde en que estábamos sentados en un alegre bar en el sur deFrancia con nuestros pies cómodamente puestos sobre taburetes en el norte deFrancia cuando, de pronto, Gertrude Stein dijo: «Estoy mareada». Picassopensó que se trataba de algo sumamente gracioso, y yo lo tomé como unaseñal para largarme a Africa. Siete semanas después, en Kenya, nosencontramos con Hemingway. Entonces, bronceado y con barba, empezaba yaa madurar ese estilo tan suyo: no se le veía más que los ojos y la boca. Allá, enel continente negro inexplorado, Hemingway había tenido que padecer, loslabios partidos más de mil veces.¿Qué hay, Ernest?, le pregunté. Se puso a hablar sobre la muerte y lasaventuras como solo él podía hacer y, cuando me desperté, ya había levantadolas tiendas y estaba sentado al lado de una gran fogata preparando unosaperitivos cutáneos para todos. Le hice una broma sobre su nueva barba y nosreímos tomando unos tragos de coñac y luego nos calzamos unos guantes deboxeo y me rompió la nariz.Ese año fui por segunda vez a París a hablar con un compositor europeo, flacoy nervioso, de aguileño perfil y ojos admirablemente rápidos, que algún díallegaría a ser Igor Stravinsky, y luego, más tarde, su mejor amigo. Me hospedéen casa de Sting y Man Ray, donde Salvador Dalí iba a cenar a menudo, y Dalídecidió montar una exposición individual, cosa que hizo, y resultó un éxitoestrepitoso ya que apareció un solo individuo, y fue un invierno alegre y muyfrancés, de los buenos.Recuerdo una noche en que Scott Fitzgerald y su mujer regresaron a su casadespués de la fiesta de Noche Vieja. Era en abril. Hacía tres meses que notomaban otra cosa que champagne; una semana antes, vestidos de etiqueta,habían arrojado su coche desde un acantilado al océano a raíz de una apuesta.Había algo auténtico en los Fitzgerald: sus valores eran fundamentales. Erangente tan sencilla que cuando más tarde Grant Wood les convenció para queposaran para su Gótico americano, recuerdo lo contentos que estaban. Zeldame contó que, mientras posaban, Scott no paró de dejar caer al suelo la horca.En los años siguientes creció mi amistad con Scott; la mayoría de nuestrosamigos creía que el protagonista de su última novela estaba inspirado en mi yque mi vida estaba inspirada en su anterior novela. Acabé siendo consideradoun personaje de ficción.Scott tenía un grave problema de disciplina y, si bien todos adorábamos aZelda, pensábamos que ejercía una influencia nefasta en la obra de él,reduciendo su producción de una novela al año a una ocasional receta demariscos y una serie de comas.Finalmente, en 1929, fuimos todos juntos a España. Allí, Hemingway nospresentó a Manolete que era tan sensible que parecía una loca. Llevabaajustados pantalones de torero o, a veces, de ciclista. Manolete era un gran,gran artista. Su gracia era tal que, de no haberse convertido en matador detoros, podría haber llegado a ser un contable mundialmente famoso.Nos divertimos mucho en España aquel año y viajamos y escribimos yHemingway me llevó a pescar atún y pesqué cuatro latas y nos reímos y Alice
  11. 11. 33 y 1/tercioToklas me preguntó si estaba enamorado de Gertrude Stein ya que le habíadedicado un libro de poemas aunque eran de T. S. Elliot y dije que sí, que laamaba, pero el asunto nunca podría funcionar porque ella era demasiadointeligente para mí y Alice Toklas estuvo de acuerdo y luego nos calzamos unosguantes de boxeo y Gertrude Stein me rompió la nariz. ●●● para acabar con las novelas policíacas el gran jefeEstaba sentado en mi despacho limpiando el cañón de mi 38 y preguntándomecuál sería mi próximo caso.Me gusta ser detective privado. Cierto, tiene sus inconvenientes, me han dejadomás de una vez las encías hechas papilla, pero el dulce aroma de los billetes debanco tiene también sus ventajas. No hablo siquiera de las mujeres que sonuna preocupación menor para mí y que coloco, en mi escala de valores, justoantes del acto de respirar. Por eso, cuando se abrió la puerta de mi oficina yentró una rubia de pelo largo llamada Heather Butkiss y me dijo que eramodelo y que necesitaba mi ayuda, mis glándulas salivares se pusieron asegregar como locas.Tenía puestos una minifalda y un jersey ajustado, y su cuerpo describió unaserie de parábolas que podrían provocar un ataque cardíaco a un buey.—¿Qué puedo hacer por ti, muñeca?—Quiero que me encuentre a una persona.—¿Una persona perdida? ¿Has hablado con la policía?—No exactamente, señor Lupowitz.—Llámame Kaiser, muñeca. Pues bien, ¿de quién se trata?—Dios.—¿Dios?—Así es. Dios. El Creador, el Principio Universal, el Ser Supremo, elTodopoderoso. Quiero que usted Lo encuentre.He tenido ya en mi despacho a más de un buen bocado, pero cuando una chicaestá tan buena como esta, uno debe escucharla hasta el final.—¿Por qué?—Kaiser, ese es asunto mío. Usted ocúpese de encontrarlo.—Lo siento, bombón. No diste con el tipo indicado...—Pero, ¿por qué?
  12. 12. 33 y 1/tercio—...a no ser que me des toda la información —dije poniéndome de pie.—Está bien, está bien —dijo ella y se mordió el labio inferior. Enderezó lascosturas de sus medias, gesto hecho evidentemente para mí, pero, cuandotrabajo, trabajo, y no era el momento de andarse con tonterías.—No nos apartemos del tema, nena.—Bueno, la verdad es... que en realidad no soy modelo.—¿No?—No. Tampoco me llamo Heather Butkiss. Soy Claire Rosensweig, y estudio enVassar. Filosofía. Historia del pensamiento occidental y todo eso. Tengo queentregar un trabajo en enero. Sobre religión occidental. Todas las chicas de laclase entregarán estudios teóricos. Pero, yo, ¡quiero saber! El profesorGrebanier dijo que, si alguien descubre la verdad, puede llegar a aprobar elcurso. Y mi padre me prometió un Mercedes si apruebo con sobresaliente.Abrí un paquete de Lucky, luego otro de chiclet, y mastiqué el cigarrillo y fuméel chiclet. La historia empezaba a interesarme. Una estudiante demasiadomimada. Inteligente y con un cuerpo por el que reto a cualquiera haber vistootro mejor.—Su Dios, ¿que aspecto tiene?—Nunca Lo he visto.—Entonces, ¿cómo sabes que existe?—Eso es lo que usted tiene que averiguar.—¡Ah! ¿Con que no sabes qué aspecto tiene? ¿Ni dónde debo empezar abuscarlo?—No, en realidad, no. Aunque sospecho que está en todas parles. En el aire, encada flor, en usled y en mí... y en esta silla.—Ya.Así que la chica era panteísta. Tomé nota mental del detalle y dije que haría unesfuerzo por cien dólares al día, gastos a parte y una cena con ella.Sonrió y aceptó al acto. Bajamos juntos en el ascensor. Afuera anochecía.Quizás Dios exista, o quizás no, pero en alguna parte de esta ciudad conseguridad había un montón de tipos que iban a tratar de impedirmeaveriguarlo.Mi primera pista fue la del rabino Itzhak Wiseman, un clérigo local que medebía un favor por haberle averiguado quién le ponía cerdo en el sombrero. Medi cuenta al acto de que algo no pitaba cuando le hice unas preguntas porquese azaró mucho. Estaba asustado.—Por supuesto que existe ya-sabe-quién, pero no puedo siquiera pronunciar Sunombre, de lo contrario me fulminaría en el acto. Entre nosotros, le diré quejamás he podido comprender por qué alguien se vuelve tan quisquilloso alpronunciar Su nombre.
  13. 13. 33 y 1/tercio—¿Le ha visto alguna vez?—¿Yo? ¿Está bromeando? ¡Suerte tengo si alcanzo a ver a mis nietos!—Entonces, ¿cómo sabe que existe?—¿Cómo lo sé? ¡Vaya pregunta! ¿Podría comprarme un traje como éste porcatorce dólares si no hubiera nadie allá arriba? ¡Toque, toque esa gabardina!¿Cómo puede dudar?—¿No tiene ninguna otra prueba?—Oiga, ¿qué es para usted el Antiguo Testamento? ¿Un plato de garbanzos?¿Cómo cree que Moisés pudo sacar a los israelitas de Egipto? ¿Con una sonrisay un claque americano? Créame, ¡no se abren las aguas del mar Rojo con polvode rascarse! Se necesita poder.—Así pues, es un duro, ¿eh?—Sí, un duro. Podría pensarse que con tantos éxitos estaría más amable, perono.—¿Cómo es que sabe usted tanto?—Porque somos el Pueblo Elegido. Cuida más de nosotros que de todas Susdemás criaturas. Este es un tema que, por cierto, también me gustaríacomentar con Él.—¿Cuánto Le pagan para ser los elegidos?—No me lo pregunte.Entonces, así iba la cosa. Los judíos estaban liados con Dios hasta el cuello. Elviejo negocio de la protección. Los cuidaba mientras pasaran por caja. Y por lamanera en que el rabino Wiseman hablaba, Él encajaba lo suyo. Me metí en untaxi y me fui al salón de billar Danny en la Décima avenida.El gerente era un tipo pequeñito y sucio que no podía tragar.—¿Está Chicago Phil?—¿Quién quiere saberlo?Lo agarré por las solapas pellizcando a la vez un poco de piel.—¿Qué pasa, basura?—En la sala del fondo —dijo cambiando actitud.Chicago Phil. Falsificador, asaltante de bancos, hombre duro y ateo confeso.—El tío nunca existió. Kaiser. Información de buena tinta. Es un bulo. No existetal gran jefe. Es un sindicato internacional. Casi todo en mano de sicilianos.Pero no hay una cabeza visible. Salvo quizás el Papa.—Tengo que ver al Papa.—Se puede arreglar —dijo guiñando un ojo.—¿Te dice algo el nombre Claire Rosensweig?—No.
  14. 14. 33 y 1/tercio—¿Y Heather Butkiss?—¡Eh, espera un minuto! ¡Sí, claro, ya lo tengo! Esa rubia teñida que anda porahí con los tipos de Radcliffe.—¿Radcliffe? Me dijo Vassar.—Pues, te está mintiendo. Es maestra en Radcliffe. Estuvo liada con un filósofodurante un tiempo.—¿Panteísta?—No. empirista, que yo recuerde. Un tipo de poco fiar. Rechazabacompletamente a Hegel y a cualquier metodología dialéctica.—Con que uno de esos, ¿eh?—Sí. Primero fue batería en un trío de jazz. Luego, se dedicó al PositivismoLógico. Cuando el asunto le fue mal, intentó el Pragmatismo. Lo último quesupe de él fue que había robado dinero para montar un curso sobreSchopenhauer en Columbia. A los compañeros les gustaría ponerle la manoencima, o dar con sus libros de texto para poder revenderlos.—Gracias, Phil.—Hazme caso, Kaiser. No hay nadie por encima nuestro. Sólo el vacío. Nopodría emitir todos esos talones falsos ni joder a la gente como lo hago si porun segundo tuviera conciencia de un Ser Supremo. El universo es estrictamentefenomenológico. No hay nada eterno. Nada tiene sentido.—¿Quién ganó la quinta en Aqueduct?—Santa Baby.—Eso sí tiene sentido.Tomé una cerveza en O’Rourke y traté de hilvanar todos los datos, pero no dioresultado. Sócrates era un suicida, o por lo menos así decían. A Cristo lomataron. Nietzsche murió loco. Si había realmente alguien responsable de todoeso, era lógico que quisiera que se guardara el secreto.Y, ¿por qué había mentido Claire Rosensweig acerca de Vassar? ¿Podía habertenido razón Descartes? ¿Era el universo dualista? ¿O es que Kant dio en elclavo cuando postuló la existencia de Dios por razones morales?Aquella noche cené con Claire. Diez minutos después de que pagó la cuenta,estábamos en la cama y, hermano, te regalo todo el pensamiento occidental.Organizó para mí una demostración de gimnasia que se hubiera llevado lamedalla de oro en los Juegos Olímpicos de la Tía Juana. Más tarde, descansósobre la almohada a mi lado con sus largos cabellos rubios desparramados.Nuestros cuerpos, desnudos aún, estaban entrelazados. Yo fumaba y miraba eltecho.—Claire, ¿y si Kierkegaard tuviera razón?—¿Qué quieres decir?—Si realmente jamás se pudiera saber. Sólo tener fe.
  15. 15. 33 y 1/tercio—Eso es absurdo,—No seas tan racionalista.—Nadie es racionalista, Kaiser. —Ella encendió un cigarrillo—. Lo único que tepido es que no empieces con la ontología. No en este momento. No podríaaguantar que fueras ontólogo conmigo, Kaiser.Se había mosqueado. Me acerqué para besarla cuando sonó el teléfono. Ellacontestó.—Es para ti.La voz al otro lado de la línea era la del sargento Reed, de Homicidios.—¿Todavía a la caza de Dios?— Sí.—¿Un ser Todopoderoso? ¿El Creador? ¿El Principio Universal? ¿El SerSupremo?—Así es.—Un tipo, que se ajusta a la descripción, acaba de aparecer en el depósito decadáveres. Mejor que venga a echarle un vistazo.Era Él sin lugar a dudas y, por lo que quedaba de él, se trataba de un trabajoprofesional.—Ya estaba muerto cuando Lo trajeron.—¿Dónde Lo encontraron?—En un depósito de la calle Delancey.—¿Alguna pista?—Es el trabajo de un existencialista. Estamos seguros.—¿Cómo lo saben?—Todo hecho muy al azar. No parece que hayan seguido ningún sistema. Unimpulso.—¿Un crimen pasional?—Eso es. Lo que significa que eres sospechoso, Kaiser.—¿Por qué yo?—Todos los muchachos del departamento conocen tus ideas sobre Jaspers.—Eso no me convierte en un asesino.—Aún no, pero sí en un sospechoso.Una vez en la calle, llené mis pulmones de aire puro y traté de poner orden enmis ideas. Tomé un taxi a Newark y caminé cien metros hasta el restauranteitaliano Giordino. Allí, en una mesa del fondo, estaba Su Santidad. Era el Papa,seguro. Sentado con dos tipos que yo había visto media docena de veces en lacomisaría en sesiones de identificación.
  16. 16. 33 y 1/tercio—Siéntate —dijo levantando los ojos de sus spaghettis. Me acercó el anillo.Sonreí mostrando todos los dientes, pero no se lo besé. Le molestó, y yo mealegré. Un punto para mí.—¿Te gustarían unos spaghettis?—No gracias, Santidad. Pero siga comiendo, que no se le enfríen.—¿No quieres nada? ¿Ni siquiera una ensalada?—Acabo de comer.—Como quieras, pero mira que aquí sirven una estupenda salsa Roquefort conla ensalada. No como en el Vaticano donde es imposible conseguir una comidadecente.—Iré al grano, Pontífice. Estoy buscando a Dios.—Has llamado a la puerta adecuada.—Entonces, ¿existe? —Mi pregunta les pareció divertida y se rieron. El hampónsentado a mi lado, dijo:—¡Eso sí tiene gracia! ¡Un chico inteligente que quiere saber si Él existe!Moví la silla para estar más cómodo y coloqué mi pierna izquierda sobre sudedo gordo del pie.—¡Lo siento! —dije, pero el tipo estaba que bramaba.El Papa tomó la palabra:—Por supuesto que Él existe, Lupowitz. Yo soy el único que se comunica con Él.Sólo habla a través mío.—¿Por qué usted, amigo?—Porque yo soy quien lleva el traje rojo.—¿Este atuendo?—¡No toques con esos dedos sucios! Me levanto cada mañana, me pongo estetraje rojo y, de pronto, me convierto en un gran queso. Todo está en el traje.Imagínate si anduviera por ahí en pantalones estrechos y en nike ¿qué sería dela cristiandad?—¡El opio del pueblo! ¡Ya me lo temía! ¡Dios no existe!—No lo sé. Pero, ¿qué más da? Mientras haya dinero...—¿No le preocupa que la tintorería no le devuelva a tiempo el traje rojo yvuelva a ser como todos nosotros?—Uso un servicio especial de veinticuatro horas. Vale la pena gastarse un pocomás y estar seguro.—¿El nombre Claire Rosensweig le dice algo?—Seguro. Está en el departamento de ciencias de Bryn Mawr.—¿Ciencias, dice? Gracias.
  17. 17. 33 y 1/tercio—¿Por qué?—Por la respuesta, Pontífice.Me metí en un taxi y crucé volando el puente George Washington. En elcamino, me detuve en mi oficina para hacer unas verificaciones rápidas.Durante el trayecto hacia el piso de Claire, aclaré el rompecabezas. Las piezas,por primera vez, encajaban a la perfección. Cuando llegué a su casa, ellallevaba su diáfana bata y parecía estar preocupada por algo.—Dios ha muerto. La policía estuvo aquí. Te están buscando. Piensan que hasido un existencialista.—No, querida, fuiste tú.—¿Qué? No hagas bromas, Kaiser.—Tú fuiste quien lo hizo.—¿Qué estás diciendo?—Tú, angelito. Ni Heather Butkiss ni Claire Rosensweig, sino la doctora EllenShepherd.—¿Cómo supiste mi nombre?—Profesora de física en Bryn Mawr. La persona más joven que llegara a estar alfrente de un departamento en esa universidad. Durante la fiesta de fin decurso, te liaste con un músico de jazz que se inyecta mucha filosofía. Estácasado, pero eso no te detuvo. Un par de noches revoleándote con él en elheno y ya te pareció que era el gran amor. Pero no funcionó, porque alguien seinterpuso entre los dos: ¡Dios! Ves, muñeca, él creía, o quería creer, pero tú,con esa hermosa cabecita científica, necesitabas la certeza absoluta.—No, Kaiser, te lo juro.—Entonces, simulas estudiar filosofía porque eso te da la posibilidad de eliminarciertos obstáculos. Te deshaces de Sócrates con cierta facilidad, pero apareceDescartes y, entonces, te sirves de Spinoza para liquidar a Descartes, y, cuandollega Kant, también tienes que eliminarlo.—No sabes lo que dices.—A Leibnitz lo hiciste picadillo, pero eso no fue suficiente, porque sabías que, sialguien oía hablar a Pascal, estabas lista; entonces, también a él había quesacártelo de encima, pero allí fue donde cometiste el error, porque confiaste enMartin Buber. Te falló la suerte. Creía en Dios y, por tanto, tenías que librartedel mismo Dios y, por si fuera poco, por tus propias manos.—¡Kaiser, estás loco!—No, nena. Te hiciste pasar por panteísta creyendo que eso te conduciría hastaÉl, si es que Él existía, y existía. Te llevó a la fiesta Shelby y, cuando Jason nomiraba, lo mataste.—¿Quién diablos son Shelby y Jason?—¿Qué importancia tiene? Ahora, de cualquier modo, la vida es absurda.
  18. 18. 33 y 1/tercio—Kaiser —dijo ella, presa de un súbito estremecimiento—, ¿me entregarás?—¿Cómo no, muñeca? Cuando el Ser Supremo recibe una paliza como ésta,alguien tiene que pagar los platos rotos.—Oh, Kaiser, podemos escaparnos juntos, lejos de aquí. Sólo nosotros dos.Podríamos olvidar la filosofía. Establecernos en algún lugar y, tal vez, más tardededicarnos a la semántica.—Lo lamento, nena. No hay trato.Ya estaba bañada en lágrimas cuando empezó a bajarse la bata por loshombros. Quedó de pronto desnuda ante mí como una Venus cuyo cuerpoparecía decirme: «Tómame, soy tuya». Una Venus cuya mano derecha meacariciaba el pelo mientras la izquierda empuñaba una 45 que apuntaba miespalda.Le descargué en el cuerpo mi 38 antes de que pudiera apretar el gatillo; dejócaer la pistola y se dobló con un gesto de total sorpresa.—¿Cómo pudiste hacerlo, Kaiser?Se debilitaba rápidamente, pero me las arreglé para contarle el resto de lahistoria.—La manifestación del universo, como una idea compleja en sí misma, enoposición al hecho de ser interior o exterior a su propia Existencia, es inherentea la Nada conceptual en relación con cualquier forma abstracta existente, porexistir, o habiendo existido en perpetuidad sin estar sujeto a las leyes de lafísica, o al análisis de ideas relacionadas con la antimateria, o la carencia de Serobjetivo o subjetivo, y todo lo demás.Era un concepto sutil, pero espero que lo haya entendido antes de morir. replay
  19. 19. 33 y 1/tercio guillermo cabrera infante (gibara, 1929 – londres, 2005). ars poética, o el oro de la parodia (transcripción)Esta charla debía llamarse «Parodio no por odio». Pero creí que si tenía untítulo en latín ustedes pensarían que soy un hombre culto, cuando soy unhombre oculto. Oculto detrás de mis gafas, oculto detrás de mi nombre, ocultodetrás de las palabras. Una de esas palabras es parodia. Todos la conocemos,aunque nadie recuerda que está emparentada con paranoia —o maníapersecutoria. Afortunadamente parodia queda cerca de parótido que, como lasparótidas, tiene que ver con el oído, no con el odio. Parodia y paronomasia,jugar con las palabras, son vocablos vecinos. Se puede hacer parodia sinparonomasia, pero muchas veces la paronomasia es una parodia de una solapalabra. ParonomAsia es una tierra donde abundan las parodias. De ese Orientevengo y voy.Mamá yo quiero saberde dónde son las parodias.Yo las quiero, tú las odias.¿De dónde serán?¿Serán de La Habana?Tierra vana, soberana.Mamá, ¿por qué tú las odias?Así paro días y paro noches. Éste es un introito. Ahora el exergo:Hay gente que odia la parodia.VLADIMIR NABOKOVY una opinión antagónica:Nunca he hecho un secreto de mi enemiga por las parodias.GOETHEUna canción declara a la felicidad una quimera. La felicidad no es una quimerasino otra invención griega: una parodia. En inglés felicity es felicidad de estilo, y
  20. 20. 33 y 1/terciola parodia consiste en conseguir la felicidad por la infelicidad, mostrando que unestilo o todos los estilos son como el hombre mismo: no importa lo felices quehayan sido alguna vez, al final son siempre infelices. Estilo, destino. Stylesalways become stale —y mueren todos en su propia parodia que es su salsa.Pero, mientras dura, es bueno saber que felicidad viene de felix en latín.Prefiero el félix de los ingenios a ese fénix que arde cada cien años de rabiainútil que lo consume —para nacer de nuevo de sus cenizas frías. Esta hazaña,Manuel, es tan dudosa como ver un habano consumido surgir del cenicero,fénix consumado. Me pregunto, ¿un ave vestida de asbesto sería la felicidadfinal del fénix? Nadie puede responderme, ni siquiera como a Narciso su Eco ennombre de la rosa.Para el fénix la felicidad entonces no es una quimera, monstruosa colega, sinouna quemada. Es por esa leve quemadura que dura, que comienza el fénix aarder que da gusto. Al menos le da gusto al fénix, que arde de tarde en tarde.La felicidad, más félix que fénix, es algo que vive para nacer pero todavía no hanacido. Nuestra felicidad viene de felicitas en latín. (Absent thee from felicityawhile, le pide en inglés el moribundo danés a Horacio: To tell my story, y noes la historia de la felicidad, pues Hamlet era un melancólico tenaz.) Felicitas,decíamos antes de que Hamlet dictaminara The rest is silence, viene defecundus, y fecundo, Facundo, viene de feto. Para los latinos —se ruega noconfundir con los latinoamericanos— nacer era una felicidad. Esos romanosescasos no conocían la superpoblación, mucho menos la explosión de lapoblación por la eliminación (favor de notar la brutal rima prima) de lamortandad infantil, que a su vez ha obligado al control de la natalidad por lavasectomía o unión de los vasos deferentes en versos diferentes. La felicidadentre nosotros no viene de feto, sino de la ausencia del feto o de que la posibleportadora del feto no sea fecunda. La felicidad no es una niñera, es unaquimera. Quimera en la mitología era un monstruo primo del fénix que echabafuego por todos sus orificios: ése era su oficio. Pero los griegos jugaban confuego en sus mitos más íntimos y en sus guerra frígidas. Además de inventar elfuego fatuo: fuego inútil, fuego fofo.Ahora un poco de esa historia más antigua, mito mutuo. Prometeo, uno de lostitanes, era en su juventud poco más que un prestidigitador de sombrero decopa y capa, cuando se le ocurrió inventar al hombre. ¡Presto! Y lo hizo, yasabemos que lo hizo. Pero lo hizo de la arcilla más barata. El hombre, como elladrillo, para cocer necesitaba el fuego, y Prometeo, ceramista, lo robó de lafragua de Hefesto, nefasto a quien algunos íntimos llamaban Vulcano. Estossicofantes de Hefesto, en efecto, vivían y morían bajo Vulcano. Al conocer elrobo de la llama eterna, Vulcano eruptó en ira, expelió gases y vomitó lava.Zeus, lava la lava, condenó a Prometeo a un martirio que duró duro mientrasduró: los dioses, como se sabe, no mueren, sólo se transforman. Pero no pudocumplir Prometeo lo prometido y no tuvo tiempo de crear a la mujer. Zeus,celoso, se encargó de hacer a la mujer a su medida y la llamó Pandora y leregaló para la boda una caja cofre. Dentro del estuche, aparentes bombonespero en realidad una bomba, estaban todos los males del mundo —incluyendo,por supuesto, el feminismo, que es como llamar al pan, vino. «Recuerda noabrir la caja de Pandora, Pandorita», recomendó Zeus con un guiño, insinuando
  21. 21. 33 y 1/tercioque la caja tenía resonancias sexuales. Pero Pandora abrió su caja y —bueno—aquí estamos: hijos de una caja y un ladrillo. Mientras tanto, Prometeo padecíaeterno. Pero el hombre vive demostrando que todo ardor perecerá. Eso sellama divorcio.Una de las consecuencias del «fuego prometeico», como lo llama Shakespeare,fue el conmovido monólogo de Otelo, marido que, extrañamente, no quierematar a su mujer: Put out the light. Ese soliloquio ha causado parejas parodiaspor amor y desdén de Desdémona. Otra consecuencia fue la invención delfuego griego, arma terrible, tanto como el arma atómica ahora, inventada porArquímedes, el hombre que fue eureka. Era un arma tan temida que laConvención de Ciudades Egregias prohibió su uso, a menos que se empleara encontiendas convencionales.Arquímedes, que había planeado un uso comercial para su fuego no fatuo (paraemplearlo, por ejemplo, en revivir al fénix), se sintió agredido en Agrigento.¡Agria gente! Movido por la furia inventó la palanca y amenazó a su vez conmover al mundo por diez días. Murió buscando apoyo.(PAUSA)Tal vez alguno entre ustedes habrá advertido que llevo unos diez minutoshaciendo parodia sin que se note, como el buen burgués de Molière quehablaba en prosa y no lo sabía. «Pero cómo, ¿yo también hablo en prosa?» Síseñor, sí, y ha hablado usted en prosa toda su vida. Pero, ¿y entonces laparodia? Todos debíamos hacer parodia a sabiendas: parodiar por odiar,parodiar para no odiar. Debíamos vivir en Parodia, estado de sitio incómodopara los que hablan en prosa y no lo saben. Tampoco saben ellos que laparodia es una forma de poesía en prosa, como ya demostró Aristófanes enGrecia hace 2500 años con un par de parodias.La parodia puede ser grosera o sutil, como la trompetilla que imita un viento ocomo el aire de un gesto. En Sir Topaz, Chaucer parodia a Molière desde elportal de la Edad Media, «Por Dios», dice su anfitrión airado, «su puerca rimano vale un mojón duro... Escriba cosas en que haya alegría y no alergia». «Congusto», responde nuestro poeta medieval y moderno, «le voy a contar unacosita que yo me sé en prosa». Para el gran Godofredo Chaucer, a quien no semerece la poesía hay que darle prosa prúsica como un ácido. Pero la parodia,gorda, puede llegar a la vulgaridad —que no está mal del todo: todo lo que espopular es siempre vulgar. Hay una larga digresión en un libro que yo me sé enque el narrador hace una defensa vehemente de la vulgaridad. Allí, pedante,pudiente, ese álter ego altanero muestra que la raíz de vulgaridad es vulgus, yvulgus en latín quiere decir el pueblo, de donde viene lo popular. Todo folklorees vulgar. También lo es cualquier literatura popular. Los novelones de latelevisión son formas de una tragedia a la que el jabón ha lavado hasta dejarlaen sólo espuma. Los trapos de seda sucios se exhiben ahora en público pormuy privados que sean. La radio, creo, era más dada a la comedia y fue miprimera escuela de parodias.
  22. 22. 33 y 1/tercioLa parodia sutil corre siempre el riesgo de hacerse invisible, mera paráfrasis,para confundirse con el objeto parodiado. Ésta era la ambición de MaxBeerbohm, escritor inglés, que al parodiar tanto y tan bien a Henry James,consiguió que el meticuloso novelista americano que quería pasar por inglés, alpreguntarle un periodista por su estilo, no echó mano a su estilográfica sinoque respondió sin malicia en el país de la maravilla: «¡Pregúntele usted al jovenBeerbohm!», dijo James, «que parece saber más de mi estilo que yo mismo».Esa declaración era un doble homenaje: un elogio al homenaje que Beerbohmhabía hecho antes a James, y el homenaje de James al reconocer la parodiacomo fuente de conocimiento del estilo. No es necesario, creo, que les enseñeahora muestras del estilo de James ni de la parodia de Beerbohm, porque nohe venido a hablar de ellos y su afán está en los libros: pertenece a la bibliotecaen arte y en parte. Pero quiero decirles que Henry James, al final, era unaparodia de Henry James al principio, mientras Beerbohm, camaleón literario,seguía haciendo parodias a pares, a mares, adoptando el color local de cadaautor, cada vez más feliz, cada vez menos escritor: la parodia es el estilográfico. James completó su propia parodia de americano que deseaba ser inglésmás que nada en la vida, y murió siendo un súbito súbdito de Su MajestadBritánica que hablaba con acento de Boston. Debo anunciarles que yo heempezado por donde terminó James y soy súbdito de otra Majestad Británica,Isabel II, que Dios y la penicilina guarden. Creo que es pertinente avisarles quesoy el único escritor inglés que escribe en cubano y el único escritor cubanoque escribe en inglés de Inglaterra. Pero la parodia da para más. Paridora. Parareidora.Hablando de improbables ingleses, quiero recordarles un dicho inglés que diceque la familiaridad engendra siempre desprecio. Es por ello que tantosproverbios, lemas, refranes, aforismos y frases hechas, además del ocasionaljingle oído por la radio, que la televisión hace odiovisual —y en esta palabra,odio viene de detesto no de texto—, nos parecen insoportablemente familiares,más odiosos que sosos. Alguien observó que el primer hombre que comparó ala mujer con una rosa era un poeta, pero el segundo, que dijo que la mujer eracomo una rosa, era un idiota detestable por detectable. Quiero añadir de miparte que el poeta que cogió a una mujer como una rosa debió sufrir lasespinas.Hablando de poetas, mujeres y rosas, es evidente que de una manera o de otratodos somos idiotas alguna vez en la vida. Creo que fue Andy Warhol, artistapop, quien dijo que todos merecíamos ser idiotas al menos durante quinceminutos. ¿O dijo famosos en vez de fatuos? Siempre somos loros literarios,dados a repetir la voz del amo de ocasión. Para evitar parecer ser siempreidiota o loro está el oro de la parodia. (Por favor, que ningún bilingüe entreustedes acentúe el parecido entre parodia y parrot: pan y parodia para el loro.)Por medio de la parodia se puede decir que la mujer es una rosa, dos mujeresuna risa y la tercera una rusa. (Según estadísticas hechas públicas por la UniónSoviética, una de cada tres mujeres nacidas en Rusia es rusa, las otras dos sonrusos o al menos parecen rusos: he vivido en el monstruo y conozco esasextrañas. Las mejores mujeres barbudas están en circos rusos: cuando unarusa ve las barbas de su vecina arder, pone las suyas en asbesto.) La
  23. 23. 33 y 1/terciofamiliaridad engendra ahora aprecio y es el contento de la parodia: no se puedeparodiar más que lo familiar. Sólo mi estancia en Siberia me permite decir quea Iberia le faltará una ese pero la comida es la misma, a menos que se vueleentre comisarios. Entonces, si uno ve las barbas del compañero de viajeardiendo, es por el vodka de los caribes, el Barbacardí, inventado por unespañol. ¡Bah caribe!Hablando de españoles con zetas que se beben, hay un refrán, odioso porrepetido, que declara con énfasis español que quien hace un cesto hace unciento. Yo he transformado esta nadería tejedora en algo más excitante ypeligroso: Quien hace incesto hace un ciento. Mi refrán es tal vez más caro queel otro adagio de plagio, pero mi versión es por lo menos más temida. No hayduda de que, entre hacer un cesto de paja o cometer incesto, cuál es laactividad más aburrida. Instrucciones: Estire y doble la paja, insértela en laranura, vuelva a repetir el proceso. Ad nauseam. Mientras que el papa Borgia,su hijo Cesare de daga y toga, y la nunca decepcionante Lucrecia, hija yamante, que ya antes de Lucrecer cazaba incestos sin red, atrapándolos con lasenaguas, entre las aguas: esos tres Borgia y alguien más hubieran estado deacuerdo conmigo. Aviso: se ruega echar los papeles al incesto.De regreso a épocas más divertidas en que los italianos no descubrían América,como Colón, para terminar siendo un distrito en Washington y un circo enNueva York y un país al sur del continente, mientras un segundo que llegótercero se quedaba con el resto. Fue ese Americano Vespucci que ahora rimacon Gucci. De vuelta a Roma, donde el papa era el padrino que escribía Maffiacon dos efes: figlio e figlia. En el Renacimiento, un cardenal no sólo era uneclesiástico vistiendo ropas de color subido, sino un hombre, y era también elnombre de un pecado de moda, como un perfume. Call me Cardinal Sin. Lasmujeres por sus partes eran como un escándalo carnal, llenas de cardenalescomo iban. Arriba ellas descollaban descotadas y descocadas. Mientras tanto,en la ciudad de los rascacielos, en Little Italy, los Borgias no rimaban todavíacon órgias.Esta digresión puede parecerles a ustedes una agresión, pero está hecha conamor eterno. No puede ser una violación porque es un palíndromo: amor aRoma. Si no a Roma al menos a Lucrecia, que cantaba un madrigal (And theChurch belongs to Daddy), Little Lu, Lulu que se negaba a crecer: Petra Pun.De ésa, de ella, yo habría sido padre y hermano cariñosos. Palimpsesto palincesto. O témpora, o amores. Teníamos entre nosotros a un papa Borges queno pudo ser nunca un Borgia. Una falla técnica le impidió cometer incesto: notuvo hijas. Ni hijos. Sólo tuvo libros y aunque sabía llevárselos a la cama, nuncapudo hacer otra cosa que leerlos en silencio —labios que no se mueven, dedosque acarician las páginas: están en Braille y son pecado nuevo.Pasemos de la mala lengua a la lengua que nunca pudo ser mala. Otro lugarcomún oral. Algunos son capaces de decir, «Mi lengua es la más hermosa detodas», sin referirse para nada al órgano que llevan oculto en la boca. Hablandel idioma que exhiben cada vez que abren los labios. La idea de que unalengua pueda ser la más bella es, si se mira de cerca la lengua, perfectamenteabsurda. Es como acercarse a un muro y decirle: «Dime, muro, la verdad, ¿no
  24. 24. 33 y 1/tercioes mi lengua una beldad?», y el muro repetir como un eco de pared: Veldá. Escasi peor que ese dicho enemigo de Chesterton, que dice, «Con mi patria,cierta o errada». Añadió Chesterton, metafísico del humor: «Eso es como decircon mi madre ebria o sobria». Ahora lo que quiere decir el hablante (o peoraún, el escribiente: no tienen ustedes idea de cuántos escritores creen a ciegas,y por supuesto a sordas, que el español es un idioma idóneo, cuando es sólo ellatín del pobre) es que esa voz ha estado en contacto íntimo con su lengua portanto tiempo que se le ha hecho familiar, y de ahí la ha convertido en bella. Lafamiliaridad atrae la belleza como la luz al insecto (el que alumbra a un insectodeslumbra a un ciento), y en ese caso la belleza está sólo en la oreja deloyente. Para mí la familiaridad trae siempre tedio, si no odio. De tanto oír unalengua termina uno por estar hasta los ojos de esa rapsodia que odia. Ésta fuela razón por la que Van Gogh, que no podía sacarse los ojos como Edipo, secercenó una oreja. Este holandés errático no sabía soportar la lengua viperinade Gauguin, el francés, idioma dado a repetir cada declaración hasta el hastío.De ahí que los franceses inventaran una palabra, ennui, que parece contenertodo el aburrimiento de París —es decir, del mundo.Una frase española que ha prosperado en América en velorios, funerarias yentierros (y no es Viva la muerte) y en otras acciones dolorosas, es dichasiempre en voz baja, fenómeno curioso en una lengua, la española, que hayque hablar alto para entenderse mejor, y demasiado alto para no entendersenunca. En español hay suspiros pero no hay susurros. Ese suspiro social enmomentos tristes es: «No somos nada». Que puede quedar convertidoenseguida en un ninguneo nada fúnebre: «No somos nadie». Hay variación queapenas me atrevo a repetir aquí, donde los ángeles no se aventuran, perocomo un inadvertido me entrometo en lugar tan sagrado como una tumba. Estavariante atroz la encontré en un inodoro y creo que debo ser excusado porrepetir lo que es literatura de letrina. Decía esta variación —parodia popular,frase hecha física feliz por el folklore, ese ¡No somos nada!, metafísica que esahora mea tu física—, declaraba ese graffito gráfico: NO SOMOS NALGA. Éstees el pueblo parodiando en público lo privado, enriqueciendo las eses y lasenes, mostrando que la mejor lengua es aquella que se saca en burla y semuestra roja, móvil, viva.He venido a hablarles esta noche no de mi lengua sino de mi estilo. Debodecirles que no tengo ninguno. La frase «El estilo soy yo», dicha por GustaveFlaubert, o «El estilo es el hombre», según Buffon, no tienen para mí ningúnsentido. Estilizar viene de demasiado estilo y de estilo viene estilete. El estilo nosoy yo, son los otros, que es el infierno literario. La noción de estilo haterminado hasta en Francia, tierra que, si no inventó el estilo, necesitabahaberlo hecho, por la cantidad de eruditos del estilo que han nacido bajo lostilos de París. ¿Puede un estilo nacer bajo un tilo? Estilo, además, rima consigilo y escribir es como un complot. Dijo Danton: De laudace, encore delaudace, toujours de laudace, que viene muy bien a esta charla consideradacomo una asamblea. No falta más que la guiñotina.La parodia es una forma del delirio de persecución: perseguir un modelo hastahacerlo delirar o tocar la lira. Si piensan que me repito es porque los respeto.Es lo que consigue su sonrisa o su risa y hasta su carcajada. La parodia es
  25. 25. 33 y 1/tercioademás parienta pobre de la paradoja, opinión que se hace notar por suespíritu de contradicción. Es decir dicción contraria: donde dicen sí, yo digo no.La parodia es el espejo aberrante del alma seria, del lector serio, del autorserio: la importancia de ser serio es para darse importancia. Es sabido que losespejos cómicos (si te reflejo te aberro) no se ven más que en las ferias, juntoa la muñeca gorda que ríe toda la noche o el portero flaco vestido de negro queconvoca o suplica: Pasen, señores, pasen y nos describe acto seguido losmonstruos de la diversión que son los sueños de la razón comercial.Mi parodia continúa como empezó —no por odio, sin odio, nada de odio. Perola parodia no es amor, es humor. Sé que parodia y parásito se parecen y eldiccionario reconoce el parentesco. Si ustedes creen que he hecho crecer miprosa parásita pero alegre en vegetación más triste, piensen siempre que heabonado una semilla para que produzca frutos, que he trepado a un árbol ajenopara adornarlo, que, como la orquídea, supe ser flor desde una rama seca.Estas casi cursis imágenes vegetales se me ocurren ahora porque es cierto quela parodia se nutre de un alimento extraño, que a veces, como el maná, cae delcielo. Hay ocasiones en que el maná es un misterio y el único alimento en eldesierto literario. Así lo declara una versión del son:Maná, yo quiero saberde dónde son las parodias.Son de la lengua,son de la burlay encantan en vano.Conrad decía que la literatura como arte debía tener su justificación en cadalínea. Creo, casi con Conrad, que toda escritura debe tener su justificación encada palabra. Para ello es necesario usar la palabra como si fuera una línea:algo más que una palabra y más larga que una frase. Hasta un refrán latinosirve para que el adagio sea siempre alegre: Nulla dies cine linea, donde cineviene de cinema: Voy al cine. Como ven, para conseguir mi propósito uso laparonomasia aliada a la parodia que no odia. La otra figura retórica, laparonomasia, no más, tan griega y ajena, es lo que todo el mundo conoce hoydía como pun, como el refrán al pun pun y al vino vino. Fue Lewis Carroll, ensus libros de ALICIA, el primer escritor que dio al pun su carácter elegante,usado en la gran literatura aunque con el pretexto de un cuento para niñas noñoñas. Respetabilidad a la que según los gramáticos sajones no podía aspirar elreverendo por ser el pun (no las niñas) la forma más inferior del ingenio.Carroll, con el sí de sus niñas, fue un precursor. El Reverendo Dogson, su aliasinter pares, ha llegado muy lejos viajando en su pun púber, niñas como ninfas,meninas que son musas paradisíacas. La película Dreamchild lo exalta, loexcita, y el periódico madrileño Diario 16 publica en sus clasificados privados,para uso púbico, esta parodia pudenda de una pupila: Alicia, ojos verdes, rubia,delicada, de 18 años, te invita al país de las maravillas. Este guiño perverso, deojo meneado, es un homenaje impúdico al pudoroso autor victoriano.
  26. 26. 33 y 1/tercioJames Joyce hizo al pun inexpunnable al declararlo sagrado, hostia de letras.Indicó, reivindicó, que la fundación del cristianismo se hizo en efecto sobre unpun. Es aquel en que Cristo llama a Simón a su lado y ladeado le propone: «Túeres Pedro y sobre tu piedra edificaré mi iglesia». Para poder ver ese punfuncionando a la perfección hay que oírlo en francés, idioma en que Pierre elnombre y pierre, la piedra, comparten el mismo sonido. Joyce, irlandés exiliado,podría haber separado a la Iglesia católica de la anglicana y hacer decir a Jesúsen español: «Sobre ti edificaré mi inglesia.» Esta última variante es a la vez puny parodia. Hablar del pun me llevaría a navegar por mares de locura verbal. Melimitaré a la parodia, parda y pura:En el monte seco y pardotiene el leopardo su abrigo.Yo tengo más que el leopardoporque tengo un buen abrigohecho de piel de leopardo.Firmado: OJOS PARDOS.Para mí, como habrán visto (y oído), no hay más que escritura y parodia. Nootra cosa hace el lenguaje (el español es, por ejemplo, una parodia del latín)que procede por la creación, la repetición y la destrucción para la creación. Voya demostrarlo aquí in situ, in vivo, in corpore. El latín, de Petronio a Rabelais,es la lengua de la parodia, que se moviliza recorriéndolos desde modelosgriegos a obsesiones francesas: La Odisea, O diosa sea, el amor, la merde y loque los latinos llamaban cacata carta y, franceses in fraganti, la divine bouteille.Como habrán visto, parodiar no es por odiar: Petronio era un cortesano que noodió nunca a Nerón aunque lo condenara a muerte, y Rabelais amaba el vino,las palabras y el papel higiénico, en ese desorden. En Gargantúa y Pantagruelhay una lista larga de posibles rollos para evitar el mal olor. Vive la Fragance!(PAUSA)Quiero decirles cómo escribí algunas de mis parodias contándoles cómo concebíuna sola de ellas, la primera —que dio origen a las demás que aparecen en milibro Tres tristes tigres.(HACER EL CUENTO DE LA CAVA EN LA EMBAJADA EN BRUSELAS)Desde entonces he quedado marcado con una flor de lis en el hombro. Antesera un periodista, ahora soy un parodista. Es, en definitiva, lo que un Ministrode Cultura cubano llamó, en serio, los gases del oficio. Este ciudadanoinminente, al explicar la súbita desaparición del Máximo Líder ante la televisión,
  27. 27. 33 y 1/terciodeclaró: «El Primer Ministro goza de un perfecto estado de salud. Solamentepadece un foco neumático en un pulmón.» Hijo más de Mrs. Malaprop que deMarx, estuvo en este augusto recinto y al regresar a La Habana, después deuna estancia cultural en París y de cenar en el Elíseo con el anterior jefe delEstado, confesó: «Y hasta estuve en la Soborna.» Ante estas parodiasmáximas, ustedes pensarán que soy un escritor realista —y hasta realistasocialista. Pero tengo que confesar que estos borborigmos son los ruidos de lastripas de las tropas.En mis días de bachillerato, cuando aprendí que ir a clases era la peor manerade educarse, que fueron los días de ocio que formaron mi humor, había unacanción, compuesta por un compositor extraordinario que adoptó el insólitoseudónimo de Ñico Saquito. Su canción, que era el hit del momento, se quejabamelodiosa de otras canciones, también de moda, que hablaban con diversasvoces. Una decía que la luna tenía amores con un gitano, otra comentaba queun negro llamado Facundo no trabajaba nunca, y finalmente un pasodoblemexicano cantaba a un torero llamado Silverio que tenía un hermano muerto,Carmelo, también torero, que solía verlo torear desde el cielo. Nuestro Ñico,ángel vengador musical, concibió una letanía letal para acabar con estos ritmospersistentes, insistente. Decía así su parodia no por odio:Qué ganas tengode que la luna se case,Facundo trabajey a Carmelo le tapen el hoyoque tiene en el cielopor donde mirar.Ahora, casi cincuenta años después, participo de ese humor popular paródico,periódico, de situaciones que pueden no ser ya tan populares. Mejor que yo loexpresa ese Ñico en otra de sus canciones inmensamente célebres y al mismotiempo particularmente idiosincráticas, con un humor que no se ofrece, ay,todos los días. Aquí parodia es lo contrario de parroquia: no hay arte másuniversal. Cito un fragmento de María Cristina, la canción tal vez más conocidadel Señor Saquito: María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar.Olvídense, por favor, de la música —porque yo no puedo tararear una canción,
  28. 28. 33 y 1/terciomucho menos cantarla. Pero oigan cómo la letra expone un tema de ordenético y filosófico que ha tratado con profunda seriedad germánica alguien tanversado en metafísicas como Guillermo Federico Hegel: el mismo Hegelvenerado por los hermanos Marx y Engels. Esta canción no es más que lailustración poética del tema del amo y del esclavo que Hegel llama dialéctica delpredominio.Observen que María Cristina, que es, por supuesto, una mujer, colocada en sueterna situación de dominada, quiere gobernar al narrador, marido o amante, yconvertirse en dominatrix. Mientras el interpelado, a su vez, cede a lasintentonas de dominio absoluto de su mujer, haciendo ver que cede a susdemandas (le sigue la corriente), porque el autor de la canción o su personajecantante no quiere que la gente (es decir, sus amigos, otros hombres, el pueblode Cuba) hable de que María Cristina lo quiere controlar —cosa que es evidenteya ha logrado ella. (Mis interpolaciones son debidas a las calificaciones.)Esta canción inconsecuente y olvidable para muchos es para mí una obramaestra de humor sutil —y por supuesto, popular. Universal también porque eléxito cruzó los mares, viajó a otras tierras y volvió en las ondas cortas y largasde la radio. Ya rendí homenaje a María Cristina en Tres triste tigres y en unbreve libro de ensayos titulado O —O por cero, pero también Oh por elasombro. La traigo aquí ahora no sólo como una forma de tributo oral, sinopara que disfruten ustedes su humor bien pensado, bien realizado, y al mismotiempo sepan, si no lo han adivinado ya, que éste es uno de mis ideales deescritura: quiero hacer música popular por otros medios. Si es cierto que todaslas artes aspiran a la condición de música, mi arte o mi parte en el arte, haaspirado siempre a la condición de música popular: con cierto concierto. Perocomo esta clase de música clásica quiere llamarse seria (imaginen, por favor, algran Satie serio y no satírico: el fue el autor que llamó a una de suscomposiciones Una pieza en forma de pera), he abandonado tientos y tantointento porque quiero serlo todo menos serio. Ser serio es ser grave y comoustedes saben, grave, en inglés, es la tumba. Ya Shakespeare lo dijo en Romeoy Julieta, entre versos y veras, cuando las palabras como con las espadas(swords, words, swear words), defendiéndose de una con otras, siemprejugando herido de muerte, tiene todavía una última paronomasia mercurial:Ask for me tomorrowAnd you shall find meA grave man!La parodia è finita (Tomado de Letras Libres) replay
  29. 29. 33 y 1/tercio la histeria me disolverá 33 (coma) 3 preguntas a Michel Encinosa (Fú)Aquí debieran ir unas palabras. Masturbación podría ser una de ellas. Haymucho de embarro en una entrevista masturbatoria. Es posible que JorgeEnrique Lage haya tecleado las preguntas. El Chino Fú alega no ser responsablede las respuestas: basta leer lo que sigue para detectar un influjo psicotrópico. JEMichel, ¿cómo es el Barrio Chino de La Habana? ¿Cómo se escribe ocómo no se puede escribir en un Barrio Chino?
  30. 30. 33 y 1/tercioSábanas no muy blancas colgadas en los balcones. Perros insoportables a lastres de la madrugada. La cola de la carnicería sentada en pleno en los bajos detu escalera. Paredes fermentadas. Los chinos… bueno, solo turistas de ojosrasgados. A veces teñidos de rubio. O rojo. Creo que se escribe como encualquier otra parte: como mejor y buenamente se pueda. La vida es dura.¿Cómo se iba a llamar la banda de rock que nunca formaste? ¿Cómosonaba?Tuvo tantos nombres… El mejor creo que era algo así como OscurasDistracciones Bajo La Estrella del Autarca. Alguien me propuso El Micho y susPiojos del Vaivén. También quise ponerle Guerreros Legendarios en la ArcanaTorre del Mórbido Edén o Los Héroes Invictos de la Legión Celeste… Ningunopegó, al final. (Suspiro). Así que opté por Brute. Sigo creyendo que era unabuena opción. Y sonaba… no sé… muy épico, muy satánico, muy poético y muybestial. Mucha guitarra. Mucho bajo, también. Mucha batería, claro. Muchoteclado, por supuesto. Y mucha, muchísima voz. Como que cantaba yo… Escribívarias letras, que después convertí en cuentos y publiqué en mi primer libro. Lavida es dura.¿Sigues creyendo que Dios es baterista de heavy metal?Lo que realmente no me importa es si Él lo cree o no. Hubo una época en laque Dios era solo otro mito para mí, junto a los Jackson Five y Mazinger Z. Side verdad existe, entonces tiene que ser un pésimo aporreador de cueros. Peroes normal, les ocurre a todos los webmaster aficionados. Un socio mío erawebmaster y tenía un pececito, como el de la rubia karateka en Domino. Y elpececito se le murió, igual que a la rubia karateka. Aunque a ella se le murierondos, ahora que me acuerdo. ¿Ves? Eso es lo que hace Dios. Matar pececitos.Con un golpe de baqueta, PUM. Y todavía nos preguntamos por qué diantredicen que el heavy ha muerto. El heavy no ha muerto, nunca murió. Solo que siDios es el baterista, pues bien… Como que… En realidad no, nunca creí talcosa, vaya idea.¿Qué opinas de las notas a pie de página?Caracoles, jamás pensé que tendría que tener una opinión sobre eso. ¿Quéopinas tú de los interruptores?¿Qué estabas viendo la última vez que pensaste: it´s just a movie?La batalla de Moscú.¿A qué le tienes miedo?Vivo en el constante terror de descubrir que le temo a algo que aún no hedescubierto.¿Has soñado con cosas eléctricas?Ejem… ¿Voltus V era eléctrico? No estoy seguro. En todo caso, he soñadotambién con fallos de sistema de Windows XP, con teclados Yamaha y porsupuesto, con las legendarias cuerdas de acero; I love the sound of electricguitars… Si por casualidad tu interés son los adminículos de placer a baterías
  31. 31. 33 y 1/terciotriple A, pues no… Prefiero el sexo al natural. ¿Has tú soñado con unapalangana llena de mentol? ¿O metil? ¿O leche caliente, recién ordeñada? ¿Hastomado leche recién ordeñada? ¿Has soñado con palanganas?¿Alguna vez te has salpicado de sangre?Puedo hacer el amor con o sin menstruación. Pero nunca olvido envolver mialmohadilla sanitaria en algo antes de botarla.¿Alguna vez has visto a la mujer más hermosa del mundo?(AY) Sí…¿La luna es una cruel amante? ¿Tokio ya no nos quiere?La última vez que salí de Ciudad Habana pasé mucho frío. No había suficienteron. Había poesía. Había ranas. Había poetas y narradores. Había putas ymaricones. Había enanos y… enanos. No había luna. Y no, esto no ocurrió enTokio. Tokio nunca nos quiso. Tokio jamás se enteró de que estábamos aquí,añorantes, apasionados, adolescentes púberes al umbral del misterio supremo…Si alguna vez nos follamos una vaca, Tokio nunca lo supo. Tokio es un cruelamante, y la luna es una… mira, déjame no decir lo que pienso de la luna.¿Qué grafitti pondrías en el metro de Nueva York?VIVA LA EMULACIÓN.¿Quién es el Enemigo? CENSURADO¿De qué color es tu cepillo de dientes?¿Y tú crees que voy a levantarme de esta silla solamente para ir a averiguartede qué color es mi cepillo de dientes?¿A quién le pedirías un autógrafo?Al primer famoso que me encuentre y que se esté muriendo. Hay que pensaren el mañana. En cuanto a los ya muertos, si los veo alguna vez, dondequieraque sea, prefiero sentarme con ellos a encender una pipa y comentar sobre lobien (¿?) que terminó todo.¿A quién no querrías conocer nunca?Pon el nombre de quien peor te caiga en este continuum espacio temporal en lalínea de arriba, y dalo por mi respuesta. Esto se llama compañerismo,fraternidad, igualdad, de derechos, humanos, y animales, y botánicos, y hastadel plancton, vaya, que no me acuerdo si es animal o vegetal, pero que se locomen las ballenas, tú sabes, se meten un buche de agua salada cochina ypuerca y petrolera esa del océano y la filtran a chorros por entre las varillas.¿Has tenido sexo oral con una ballena?Lo de las varillas esas que mencioné tiene su talla, tú.Te vas a acordar de mí.
  32. 32. 33 y 1/tercio¿Qué es lo mejor de no tener televisión por cable?La cantidad de gente que conoces intercambiando .avi y .mpeg y .dat. Sobretodo, las chicas. El thriller de tener una serie hasta el episodio catorce y nosaber si te van a caer algún día los restantes. O ver la estación tres antes quela uno y la dos. Además, la inmensa ventaja de ahorrar tubo de pantalla ycorriente.¿Dan mala suerte las niñas de 13 años?Según. Si las usas como personajes, todo puede ir bien, si mantienes el sentidocomún. En cambio, el mundo se te puede caer encima si son ellas las que teusan como personajes.¿Cómo se encienden los vibropuñales?Nada más sencillo… Basta con apretar el… (¿cómo era?) Sí, viejo, colocarle la…(¿Era así?) Bueno, mira, tú lo coges y lo abres… (¿se abrían?) Okay, no loabres… (¿o sí?) Nada, nada, fíjate, con el pulgar… (el pulgar… ¿de verdad?)ARGH!!! La verdad es que nunca había pensado en eso, tú, so jerbo. ¿Que nose te ocurre nada mejor que abochornarme en público?¿Con qué te drogas habitualmente?Gameboy, .mp3, chocolate, google, papitas fritas, Etecsa, John Grisham,Blizzard North, nicotina, Naruto - Bleach - Full Metal Alchemist - D. Gray Man -Ranma ½, pantallazos azules, Will Cuppy, Les Luthiers, Yu-Gi-Oh, MenaSuvari… Ah, y barras de maní molido de 10 pesos.¿Estás de acuerdo con Chris Carter: The truth is out there?En animosa batalla contra los engendros termonucleares, las mutacionesapócrifas de la historia y el papel sanitario con olor a manzana, me abalanzosobre el recinto clausurado de mis tedios y te respondo que… Chico, ¿realmenteexiste un out there?¿Cuál es la diferencia entre un gato común y un gato samurai?Veamos. Los gatos comunes no hablan, no hacen chistes pujones, no peleancontra pájaros malos con katanas, no vuelan en Catatónicos Supremos, noreparten pizza a domicilio… Aunque sí suelen caer peor que una bola de pelosen la garganta.¿Ya están escritos los mejores diálogos?Sí, ya los escribí.¿A qué personaje(s) de ficción te gustaría parecerte?Creo que a esos heroicos, trágicos, desdichados que terminan su historiasentados en un cuarto vacío, y soñando con salir a cazar dragones que noexisten con las guitarras eléctricas que no tienen, para salvar un mundo que notiene importancia alguna.¿Cómo es el sexo con las musas? ¿Y con las mutantes?
  33. 33. 33 y 1/tercioCon las musas es decepcionante. Cualquier relación que no trasciende loplatónico es decepcionante. Las musas no tienen vagina. Tampoco tienen carro.L.q.q.d.Las mutantes son mejores. Tienen más de una vagina. Tienen tentáculos,aguijones, exoesqueleto. La crema, tío. Si llegas a ver algún día en plena accióna dos o más mutantes lesbianas, comprenderás. Ah, sí, comprenderás…Ah…¿Te gustaría ser un jerbo?Documéntame sobre el perfil político-ideológico de los jerbos, y te daré unarespuesta fiable. De momento, no. Hay que jugar al seguro.¿Qué estás leyendo ahora?Orlán Twentyfive, de Juan Abreu. El Tribuna de la Habana. Esta sarta deperturbadoras preguntas tuyas.¿Por qué recomendarías que te leyeran?No lo recomiendo. Lo EXIJO. Sobre todo los que tienen que publicarme.Después de publicado, pues… en fin, si alguien quiere…(COMERCIAL) Yo hablo de la transgresión intertextual, hablo de la glorificaciónde la cultura basura, hablo de sueños, de pesadillas, de traumas, de la guerra yde la paz, de los gays y los judíos, de los paramilitares y los paralíticos, mislibros hablan de todo eso. Al final todo libro es el hijo bastardo de algún otrolibro. Puedo escribir sobrio, puedo escribir borracho, puedo escribir alucinado ydormido, puedo escribir inocente y culpable, puedo escribir como sea, y aveces, en mis mejores días, pienso que puedo escribir. La crítica me harápedazos, y por eso no creo en la crítica. Todas las mujeres son mis novias. Lainspiración nace de mi pene. Mi pene mide cuarenta pulgadas. Quién carajo esHarold Bloom. La literatura no existe y, por tanto, no lleva a ninguna parte.La realidad ya no es lo que solía ser. La cultura es un subproductosubvencionado y subvertido. Los géneros desaparecen. Ficción, realismo social,fantasía, horror, fábula, testimonio, ciencia ficción, todo es lo mismo. Hombresy mujeres, todo es lo mismo. Todos tenemos penes y vaginas. Todos somossubvencionados y subvertidos. Todos somos violados. Todos vivimos unarealidad que no existe.Yo, por otro lado, soy un tipo maduro e inteligente. Por eso mi obra hace todolo posible por resultar inmadura y estúpida. Es el único modo de tener público.No creo en la estética y me cago olímpicamente en la moral. La mayoría de misamigos de la secundaria ya están divorciados y con hijos. Odio el trabajo y novivo para trabajar, sino que sufridamente trabajo para vivir. Soy unsuperviviente y un sobreviviente. Mi pene, erecto, llega a medir sesentapulgadas. Ya no soy joven y, por tanto, me niego a pasar cursos de albañilemergente. Mi dignidad la llevo bien guardada en el calzoncillo, que es dondedebe estar. Me encantan las lesbianas y todas mis novias lo han sido. Todas lasmujeres son lesbianas. Recelo de los maricones, y todos mis amigos lo son.Todos los hombres somos maricones. Vivo en un país libre, y por eso no tengoque estar luchando cada día por la libertad. La literatura es una soberana
  34. 34. 33 y 1/terciomierda, y por eso hago lo que me da la gana con ella. La literatura es unalesbiana, y a mí me encantan las lesbianas.La gestalt ce moi. (FIN DEL COMERCIAL)¿Crees que los japoneses se están extinguiendo?Me pregunto qué se preguntarán los putos japoneses sobre nosotros.Si hubiera que reinventar Cuba, ¿dónde quedarías tú?En el Tibet. O el Vaticano. O en Marte o Saturno. En la luna no… Creo que ya tedije lo que pienso de la luna.¿Qué te parece 33 y 1/3? ¿Alguna sugerencia?Le falta el ISBM(ierda). Por lo demás, muy bonito, sí, muy bonito. Se agradecela iniciativa, sí, pero… No olviden, cabrones, dedicarle alguna página a…Por último, Michel: ¿algún motivo para seguir escribiendo?Bueno, sí… (PAUSA COMERCIAL)Tenemos coño que escribir porque si no escribimos coño no escribimos nada.(Un momento)Tenemos (coma) coño (coma) que escribir (coma) porque si no escribimos(coma) coño (coma) no escribimos nada.(Ahora sí (coma) coño.)(Y seguimos el COMERCIAL…)El que no escribe, no come. Y el que escribe, no come tanto como el que noescribe. Pero esta es la vida que nos ha tocado vivir. Una vida dura2. Una vidasin cama de rosas, sin crucero de ocio, sin cascos para motoristas. La vida, cualvasto cristal azogado, túrbida recurrencia de arcanos carruseles, distanteturbamulta en la penumbra oscura y sombría del día del radiante mañanaluminoso de la aurora de la Humanidad de las personas… Por eso (coma) coño(coma) hay que escribir (punto) Para hablar de todas estas cosas, porque hayque hablar de estas cosas, y nunca callar estas cosas que no deben sercalladas. Masturbadme, no importa, la histeria me disolverá.(FIN DEL COMERCIAL)P.D.:¡Ah, porque al final no te dicho aun lo que pienso de la luna…!Pues te jodes, porque tú tampoco me has dicho lo que opinas de losinterruptores.Y te saco la lengua.Cambio y fuera.GAME OVERSe acabó.Koniec.Made in gao.Abur.Dasvidania.Sayonara.
  35. 35. 33 y 1/tercio¡HENTAI!... qué digo… ¡BANZAI!Y chao.Hasta la próxima.Si es que hay próxima.Si es que hay luna.Si es que hay algo.Algo que escribir, claro.Porque hay que escribir (coma) coño.Apaga, que pusieron el patrón de pruebas.Ahorra corriente.Mira que subió la cuenta.Voy a bañarme.Y después al cine.No… no voy a ver La batalla de Moscú.¿A ti te gustó La batalla de Moscú?Chico, no sé, la verdad.Muchos tanques.Eso sí (coma) coño. Muchísimos tanques.Ah, la infraestructura industrial socialista.No falla.Muchos tanques.Y en Afganistán también.¿Quién lo hubiera dicho?Coño.Y ya ves cómo estamos.Conozco a pila de gente con cáncer de piel.¿La capa de ozono esa no fue la que Walter Raleigh puso a los pies de la ReinaIsabel?¿Ah, no?Coño.Yo hubiera jurado.¿Juras decir la verdad?¿De verdaaaaad?Tú eres un tipo listo.Igual que yo.Vaya (coma) que me cae bien la revistica.¿Cuánto pagan, por cierto? Sí, viejo, por las colaboraciones y…¡EEEEEHHHHH!¡Ah, pues te vas pa´l carajo!Coño. replay
  36. 36. 33 y 1/tercio michel encinosa fú (la habana 1974 – tokio ¿?) buenas noches, claudiaUn asesino profesional siempre será un ladrón, cuando menos, competente. Larelación inversa, por algún raro motivo, tiende a fracasar.Por eso, mientras Claudia se desangraba en el piso, yo solo pensaba enayudarla.Los profesionales del hurto solemos eludir muchos errores, excepto uno, elfundamental; nunca robes a alguien conocido. Y entre los conocidos, evitasobre todo a tus padres, tus amigos, y a esa persona especial que parece tenertodo lo que tú deseas, incluyéndose a sí misma en el lote.—Aguanta, Claudia, por favor —le rogaba yo, sin dejar frotarme la boca, lascejas, las sienes, la frente, la nariz, en esa pantomima tan frecuente deldesespero.Ella asentía, desde el piso, apretándose la barriga con ambas manos.—Aguanta ahí, regreso enseguida, te juro que regreso —y yo salía corriendopara la calle, sin pensar siquiera en que necesitaba tiempo para pensar,inventar una fábula, ponerme de acuerdo con ella, porque eso sí, seguro, nospondríamos de acuerdo, ella no me iba a delatar, ella iba a entender, ellasiempre entendía.La calle era un túnel con dos finales oscuros. Elegí el de la derecha. El opuestoal que yo había usado para venir. Puro instinto, supongo.Todo había salido tan bien.La copia de su llave. Las pistas falsas en la ventana de la cocina, incluso en elcésped del patio. El recorrido planificado, contando los segundos en silencio.Sala, cuarto de sus padres, cuarto del hermano. El botín colocado por severoorden en la mochila. DVD, dinero, incunables del 1700. Ni un gesto de más. Laavaricia es una trampa.Y entonces, al doblar la esquina del pasillo, la puerta del baño, de golpe la luz,ella sin un grito, valiente, siempre valiente, mi Claudia, con el cuchillo derecho ami barriga, triunfante, mis manos nerviosas, los reflejos inevitables, el cuchilloen su barriga, y la sangre, toda esa sangre en la oscuridad, después fluyendohacia la línea de luz de la puerta del baño, como si se hubiera roto un pomo dejarabe.«Apriétate ahí», le dije un minuto después, y le cogí las manos y le enseñécómo.
  37. 37. 33 y 1/tercio«Enano… Eres tú.»«Sí, espérate, déjame pensar… ¿Te duele?»Me quedé sin respuesta. Pensé con esperanza y susto que estaba desmayada,pero no. Con los ojos entreabiertos, solo respiraba, respiraba de a poquito,rapidito, y después apretaba los ojos y empezaba a lloriquear con unossoniditos…Ahora iba por la calle mirando las ventanas y las puertas. Si no fuera por esascercas de alambre tan altas, esos candados, esos perros en lo oscuro. Pensé entirar piedras contra las ventanas. No había piedras. Tirar latas, entonces. Nohabía latas. Era el residencial más limpio de la ciudad. Modelo de urbanidad,ejemplo de civismo.Sacudí algunas rejas. Manipulé algunos cerrojos, metiendo los dedos,rasgándome la piel de las muñecas. Inútil. Llamé; “Oigan, por favor, hola,buenas noches, oigan, oigan oigan, por favor”. Todo siguió apagado. Solosalieron algunos perros, a tirarse iracundos y suicidas contra su lado de lascercas, y otros a olerme de lejos, con el rabo entre las patas. A las cinco cuadras desistí y regresé corriendo. ¿Cuán difícil podían ser unosprimeros auxilios?Ella me miró desde el piso. Una cara negra, con dos puntos de luz.—No me sale nadie, en ninguna casa… —le expliqué—. ¿Es muy hondo?—El teléfono, comemierda —me respondió.Solo para complacerla, fui a la sala, marqué números:—No hay línea.Yo mismo la había cortado. No era necesario, pero, la tradición, la buenaescuela.—Enciende la luz.Obedecí. Quedé medio ciego unos momentos. Tanto cristal, tanto plásticoplateado, tanta pared blanca.Tanta sangre brillante.Ella también la vio:—No, Enano, apágala.Obedecí.—¿Qué vas a hacer? —exigió.—Déjame ver. ¿Puedes moverte un poco para allá? —indiqué el trapecioiluminado del piso, frente a la puerta del baño.Era solo un metro. Ella asintió. Me agaché para ayudarla, metiendo las manospor debajo de su muslo.Ella lo intentaba empujando con la espalda. Hacerlo con las piernas,obviamente, era doloroso. Yo agachado no tenía buen apoyo. Me arrodillé.
  38. 38. 33 y 1/tercioPareció funcionar, al principio. Después empecé a resbalar en la sangre. Ellasoltó un gritico. Yo me caí sobre su regazo. Ella se olvidó del dolor y empezó apatalear y a darme piñazos. Yo consideré que era suficiente, ya podía vermejor.—Estate quieta, Claudia, por favor, déjame ver.Le aparté las manos, levanté el pulóver. Un corte limpio, en L, al sur delombligo, tirando a la izquierda.—Aguanta ahí otra vez, un momento.Saqué una toalla del baño y se la apliqué. Después, a falta de algo mejor, trajeuna sábana y la enticé, apretando bien. Incluso hice un torniquete con unaflauta. Su flauta. Me pareció lo más adecuado. Me estaba convirtiendo en unexperto.—¿Quieres algo?—Que acabes de traer una ambulancia, coño, Enano, coño.Me alcé, dispuesto a salir corriendo otra vez.—No, espérate, tráeme un poco de agua.Juzgué que la fría no era conveniente, así que cogí de la pila. Le llevé el vaso.—Fría, coño, Enano, agua fría.Le traje de la fría.—¡Me duele!Tiró el vaso contra la pared.—Creo que se me está saliendo por el hueco. El agua fría. Mira a ver.Puse la mano. Parecía que sí. No lo sabía de fijo. El estómago no queda tanabajo. No recordaba en qué ángulo había entrado el cuchillo. Tampoco teníaforma de averiguarlo, como no fuera metiendo los dedos.No creí que ella me fuera a dejar.—Dale, coño, Enano, no te quedes ahí, trae a alguien, a cualquiera.Salí otra vez a la calle, en dirección opuesta, a la avenida.¿Por qué lo había hecho? Porque es lo que hago. ¿Por qué a ella?No. No a ella. A sus padres, a su hermano. Tenían de todo y de sobra.De todos modos, ¿por qué en su casa? Ella era mi persona especial. Eso teníaque significar algo. Cuando menos un “eso no está bien”.Pero ella me llamaba Enano.Cuando una mujer te llama por tu apodo, en vez de por tu nombre, puedesolvidarte de cualquier oportunidad. Si te llama por tu nombre, cuando todos losdemás te sacan el apodo, eso significa algo. Si no es así, pues a silbar a la vía.A lo mejor fue por eso.
  39. 39. 33 y 1/tercioLa avenida. Un túnel iluminado hasta ambos confines del mundo. Autosescasos, veloces, muy veloces. Traté de detener algunos, pero terminé lleno depolvo y hierba. Me tiraba hacia un lado en el último segundo antes deconvertirme en plasta.—¡Oye, man!Un bicitaxi. Ilegal, en la avenida.Corrí hasta él. Tan pronto me vio lleno de sangre, el tipo le metió a sus pedalesy se perdió por una esquina.Derrotado en mi segundo round, regresé.—No puedo parar nada en la avenida. Tú sabes, Claudia, si yo fuera unamuchacha como tú, en minifalda, a lo mejor…Mi chiste no fue bien recibido:—Mira que eres comemierda, Enano, coño… A tres cuadras por la avenida hayuna embajada… No sé de dónde, pero es una embajada. Tiene que haber uncustodio, con un teléfono, un radio, yo qué sé…—Enseguida —me sentía el non plus ultra de la eficiencia.—Espérate. Ven acá.Me incliné sobre ella. Cogió mi camisa y tiró hacia abajo. Casi me derriba:—Ahorita me dio un mareo… Y me empezó a doler… ¿Me voy a morir, Enano?—No, carajo, no te vas a morir —la miré como si fuera estúpida. Yo aún nohabía pensado en eso, y empecé a preocuparme.Mucho.—¿Quieres más agua?—No, más agua no. Pero tráeme un libro. Así se me pasa todo más rápido…Fui a su cuarto y le traje Drácula.—No, ese no. Otro, el que está junto al mouse.Purificaciones, de Empédocles.—Bueno, dale, Enano, dale.Ya en la esquina di media vuelta, volví a toda carrera y pregunté desde lapuerta:—¿Tres cuadras para la izquierda o para la derecha?—Avenida arriba, coño.Obviamente, su arriba no era mi arriba. Tres cuadras en la dirección errónea,seis cuadras en la correcta. El custodio tan pronto me vio se llevó la mano alarma:—Hey, párese ahí, coja por la otra acera, por favor.—Mire, tengo una muchacha herida, me hace falta…
  40. 40. 33 y 1/tercio—Llame a la policía, o al hospital.—El problema es que no puedo…—Hey, no me busque líos, mire que esto no es de juguete —sacó el arma amedias.Era un hombre mayor, con unos espejuelos así de gordos. Sus ojos parecían losde un marciano. Tenía una panza que ni Oliver Hardy, y las piernas gambadas.—Mire, si usted pudiera coger ése teléfono… —señalé al que tenía en la garita.—Siga, circule… O no, párese ahí, que ya resolví su problema.Por la avenida se acercaba un patrullero. El custodio le hizo señas con unalinterna. Yo casi lo abrazo. El auto frenó, los policías se bajaron. Casi losabrazo. Lo primero que hicieron fue tirarme contra el asfalto y esposarme.—Miren… Una muchacha herida… Con un cuchillo… A unas cuadras de aquí…—No le hagan caso, es un bandolero —les explicaba el custodio, y ellos,conduciéndome al auto, asentían como bien entendidos.Ni siquiera me bajaron la cabeza para meterme dentro. Tumbado en el asientode atrás, con la nariz partida, les seguí diciendo, pero ellos respondieron connotoria suficiencia:—Está bien, vamos a ver. Y estate quieto.Una cuadra, dos cuadras…—Doblen por aquí para abajo.El auto inició el giro, pero no lo terminó. Aceleró de nuevo y frenó de golpe.Ellos salieron de estampida.Asomé la cabeza por la ventanilla.Por el medio de la avenida corría un tipo, sacudiendo una mochila. Tras él ibandos mujeres muy pálidas y rubias, en shorts caqui y camisetitas, gritando en unidioma desconocido.Los policías le salieron al paso al tipo, lo derribaron, le incautaron la mochila.Las dos mujeres se les acercaron, ya sin resuello. Vinieron todos para lapatrulla. Subieron.Quedé comprimido contra la puerta. Me aplastaba una de las mujeres, de buencuerpo, pero muy grande, con un escote coloradísimo. Ni siquiera me miró. Eltipo iba entre las dos, esposado. Me miró como a un primo muy querido. Lapatrulla salió quemando gomas, ignorando mis protestas:—¡Que era por aquella esquina, coño, por aquella esquina!—Después, esto tiene que ser primero —aclaró el copiloto—. Ya hicimos lanoche.Tres segundos después, las mujeres empezaron a hablar en su jerigonzasemivikinga o cuasieslava. Tres segundos después, empezaron a insultar altipo. Tres segundos después, una le espantó un piñazo. La otra la secundó. Eltipo respondió tirando el cuerpo sobre una y sonándole patadas a la otra. La
  41. 41. 33 y 1/tercioque me aplastaba, supongo que sin intención, me hundió un codo en el cuello.Luego, en la oreja. El auto zigzagueó, se detuvo, los policías se bajaron ysacaron los palos. Una patada empujó a la mujer que me aplastaba, y por esocaí contra las caderas del policía que abrió por mi lado. Rodamos por el asfalto.El tipo, ni corto ni perezoso, mordía a la otra en las tetas. Unos palos se alzarony otros bajaron. Algunos sobre el tipo, otros sobre las tipas, y otros sobre mí.Quise llorar.Una de las mujeres, hecha un manojo de gritos, se le prendió a la cintura a unpolicía y le sacó la pistola. Un Ford Sierra pasó junto a nosotros, como unrelámpago rojo. PAM PAM PAM PAM PAM PAM… El tipo quedó de rodillas frente a la puerta delauto, con la frente apoyada en el asiento. El policía que me pacificaba saltóhacia atrás, empujado por otra bala. El otro se mandó a correr, y le tocaron dostiros. La otra mujer se acercó a su amiga para tranquilizarla, y recibió la suyaen la cabeza.Ella no me podía ver, de momento, porque yo estaba en el suelo, al otro ladodel auto. Le saqué las llaves a mi policía, y en cuanto vi aquellos pies en Adidasempezar a contonear el vehículo, salí a todo tren.De todos modos, no escuché más disparos. Cargador agotado, tal vez. Muyposible.Traté de abrir las esposas mientras corría. Era inútil. Tuve que detenerme bajoun farol. Un Willys pasó lleno de Hip Hop y chicas encueras. Me silbaron.Arrojaron una lata de cerveza, que cogí al vuelo. Estaba mediada, y fría. Labajé hasta el fondo con un buche.Claudia parecía dormida, pero no.—¿Ya vienen?—Sí, ya vienen —le respondí. No tenía valor para desmentirla. Y de todosmodos, era cierto. En algún momento, por fuerza, vendría alguien.—Ven, Enano, siéntate aquí.Ya no le quedaba mucho volumen. Daba la impresión de oírse en mono, en vezde estéreo. También podía ser el codazo en mi oreja.Chapoteé con mis nalgas en su sangre, hasta quedar más o menos cómodo.Quise sugerirle que se recostase a mí, pero no lo juzgué conveniente. Podríaaumentar la hemorragia.—¿Me habrá jodido un ovario? —se preocupaba ella—. Yo quiero tener hijos,Enano. Tres niños. Un varón, una hembra, y otro varón… Me duele, Enano.—¿Tienes pastillas?—¿Qué clase de pastillas?—De las que son para el dolor.—Sí, mira a ver en el baño.
  42. 42. 33 y 1/tercioFui a ver. Le traje pastillas. Yo también tomé. Las bajamos con TuKola. Fría.Apenas lo sintió. Apenas parecía sentir nada.—¿Qué hora es, Enano?—Ahorita amanece —mentí, y saqué los cigarros.—Creí que lo estabas dejando. Que estabas fumando a partir de las cuatro dela tarde y hasta las ocho de la noche.Yo lo pensé un poco y respondí:—Ahora son las siete de la noche en Buenos Aires.Encendí el cigarro.Ella tenía el ceño fruncido, como calculando. Desistió al fin, y prestó atención asu barriga. Se palpó con timidez el entizado de sábana:—Esto me aguanta la sangre, ¿verdad?—Claro que la aguanta —solté un chorro de humo.—Tengo hambre… Quiero decir, creo que tengo hambre.—Mejor no comas nada.—No es eso. No tengo ganas de comer nada. Pero creo que tengo hambre.No se lo discutí. Me sentí magnánimo.—Se demoran.—Siempre se demoran —expliqué—. Si quieres salgo a la calle por si los veopasar.—No. Quédate. Conmigo.Unas horas antes aquellas palabras habrían sido maravillosas. La imaginé en sucuarto, en su cama. Me imaginé en su cuarto, en su cama. Lo imaginé todo,absolutamente todo.Debí imaginar un buen rato, porque cuando el cabito me quemó los dedos, ellaparecía dormida. Esta vez, de verdad.La sangre ya mojaba mi mochila, tirada en medio del pasillo. La casa tendríaalgún desnivel. Me levanté, puse mi mochila en el sofá de la sala, y encendí eltelevisor. Estática. Lo apagué. Encontré una discman, sobre la mesa. Me puselos audífonos. PLAY. EL soundtrack de Farinelli. Se al Labbro Mio non Credi.Nunca me gustó. Saqué el CD, y metí la discman en la mochila.Fui hasta ella y la miré de cerca, impunemente. Podría darle un beso. La sangreen su short empezaba a secarse. El libro estaba en el piso. Se me antojóaburrido. Lo hojeé un poco. Era aburrido.Si regresaba hasta el patrullero, cogía la otra pistola, y empezaba a disparar alaire, alguien me haría caso. Podría detener un vehículo a tiros… Demasiadaspelículas.Ella dijo algo. Me le pegué un poco más:
  43. 43. 33 y 1/tercio 

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