VIGILIA DE ORACIÓN MISIONERA
MONICIÓN DE ENTRADA
En esta vigilia de oración con motivo del
DOMUND, queremos ahondar en la ...
SEGUNDA PARTE: «LA ALEGRÍA DEL CIELO»
Gesto. Se presenta una vela encendida.
Lectura del evangelio (Mt 11,28-30).
En aquel...
UNA IGLESIA MISIONERA
AMBIENTACIÓN
Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente l...
LECTURA DEL EVANGELIO DE LUCAS
“En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, S...
RENACE LA ALEGRÍA
1. CANTO: Cantando la alegría (1)
Juntos cantando la alegría
de vernos unidos en la fe y el amor.
Juntos...
Los discípulos han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él a predicar el
Evangelio, y así se ven col...
REFLEXIÓN COMUNITARIA
La alegría es un don del Espíritu Santo, que nos
hace pobres y sencillos, serenos y contemplativos, ...
LA ORACIÓN SEGÚN SANTA TERESA DE JESÚS (I)
CANTO: Enséñanos a orar (1)
Señor, enséñanos a orar,
a hablar con nuestro Padre...
LA VOCACIÓN NO ES CUESTIÓN DE
EVIDENCIA, SINO DE AMOR
Oración vocacional del mes de noviembre
Monición de entrada
Esta Vig...
conocías hasta el fondo de mi alma,
nada mío te era desconocido.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en...
ORAR CON LOS OJOS
 Símbolo: poster de la imagen de Cristo.
1. AMBIENTACIÓN
Buenas tardes. Vamos a orar utilizando nuestro...
Sabiendo todo lo que puede decir una mirada, vamos a escuchar lo que Jesús nos quiere decir
esta tarde.
5. PROCLAMACIÓN DE...
 Porque, también, con frecuencia tus ojos ven la pelusa en el hermano y no ven la viga en el
propio.
Silencio
Pide al Señ...
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VIERNES DE ORACIÓN

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VIERNES DE ORACIÓN

  1. 1. VIGILIA DE ORACIÓN MISIONERA MONICIÓN DE ENTRADA En esta vigilia de oración con motivo del DOMUND, queremos ahondar en la propuesta que nos hace Obras Misionales Pontificias para unirnos a los misioneros y misioneras que dan la vida en todo el mundo para difundir el mensaje del Evangelio. Frente a la búsqueda de placeres superficiales y alegrías pasajeras que, por desgracia, reina en muchos ambientes, los misioneros y misioneras son enviados por la Iglesia como manifestación del amor universal de Dios por todos sus hijos y signo elocuente de la alegría del Evangelio, que es para todos. Siguiendo su testimonio, en nosotros y en nuestras comunidades, “renace la alegría”. Sois la semilla que ha de crecer, sois estrella que ha de brillar. Sois levadura, sois grano de sal, antorcha que ha de alumbrar. Sois la mañana que vuelve a nacer, sois espiga que empieza a granar. Sois aguijón y caricia a la vez, testigos que voy a enviar. Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la paz y el perdón. Sed, amigos, los testigos de mi resurrección, id llevando mi presencia, con vosotros estoy. PRIMERA PARTE: LA ALEGRÍA DE JESÚS Gesto. Se trae ante el altar la imagen del mundo. Lectura del evangelio (Lc 10,21-24). En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: «¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.» Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron.» Comentario El pasaje del Evangelio que hemos escuchado es el centro del Mensaje del papa Francisco para esta Jornada. En él se nos habla de la alegría de Jesús. Es una alegría que viene del Espíritu Santo, ya que consiste en ver cómo los “pequeños” conocen a Dios, “Señor de cielo y tierra”, como Padre de todos. El gozo de Jesús es ver cómo se realiza el plan del Padre, que todos vivamos como hermanos. Los discípulos de Jesús estamos llamados a hacer renacer esta alegría: ante un mundo que sufre por la falta de fraternidad, nuestra alegría debe ser en el Espíritu Santo, haciendo llegar el mensaje del Evangelio del reino de Dios a todos los hombres y pueblos. Para eso tenemos que hacernos “pequeños”, como lo fueron los primeros discípulos: personas normales y corrientes que, al encontrarse con Jesús, llegaron a ser sus apóstoles. Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la paz y el perdón. Sed, amigos, los testigos de mi resurrección, id llevando mi presencia, con vosotros estoy.
  2. 2. SEGUNDA PARTE: «LA ALEGRÍA DEL CIELO» Gesto. Se presenta una vela encendida. Lectura del evangelio (Mt 11,28-30). En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Acudid a mí los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y os sentiréis aliviados. Porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera.» Comentario. Los discípulos vienen alegres por los éxitos cosechados en la misión; por eso, Jesús les ayuda a dirigir su alegría hacia aquello que es para siempre y que no es pasajero: “Jesús les advierte que no se alegren tanto por el poder recibido, cuanto por el amor recibido: «porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10,20)” (Mensaje DOMUND 2014, 2). La alegría que da Jesús es para todos los que se sienten “cansados y agobiados”. Él se ha hecho “manso y humilde de corazón”, precisamente para acercarse a los más pequeños y a los que más sufren en este mundo a causa de su pequeñez: la soledad, la pobreza, la marginación, la persecución... En su amor hasta el extremo, instituye la Eucaristía para quedarse con nosotros. Como decía san Juan Pablo II, la Eucaristía es “el tesoro más valioso” que la Iglesia ha heredado de Cristo, porque es presencia viva suya y alimento en nuestra pobreza. Junto a Jesús en la Eucaristía, nuestra alegría está en el cielo; así Él nos convierte en testigos suyos. Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la paz y el perdón. Sed, amigos, los testigos de mi resurrección, id llevando mi presencia, con vosotros estoy. TERCERA PARTE: «DIOS AMA AL QUE DA CON ALEGRÍA» (2 Cor 9,7) Gesto. Se expone el cartel del DOMUND. Lectura de 2 Cor 9,6-10. Mirad: A siembra mezquina cosecha mezquina, a siembra generosa cosecha generosa. Cada uno aporte lo que en conciencia se ha propuesto, no a disgusto ni a la fuerza, que Dios ama al que da con alegría. Y Dios puede colmaros de dones, de modo que, teniendo siempre suficiente de todo, os sobre para toda clase de obras buenas. Como está escrito: Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta. El que provee la semilla al sembrador y el pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y hará crecer la cosecha de vuestra limosna. Comentario. A todos, creyentes y no creyentes, nos impacta el testimonio de los misioneros y las misioneras. Ellos no son héroes; un héroe actúa movido por su propio ideal y voluntad. Son personas que se han entregado a Dios para seguir el mandato de Jesús de ir por todo el mundo a predicar la Buena Noticia. Ellos experimentan la alegría del Evangelio: la de seguir a Jesús, la de estar al lado de los más necesitados, la de compartir la fe, la de amar sin esperar recompensa... Es lo que irradian y lo que contagian; por eso su testimonio es atrayente. En esta Jornada Mundial de las Misiones, pidamos al Señor que en nosotros y en nuestras comunidades cristianas renazca la alegría: la alegría del encuentro con Jesús, la alegría del dar y del darse, la alegría de sabernos enviados. Es esta alegría la que hará a nuestras comunidades atractivas para todos; porque, como decía Benedicto XVI y recordaba el papa Francisco en Evangelii gaudium, “la Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (n. 14). Sois una llama que ha de encender resplandores de fe y caridad. Sois los pastores que han de guiar al mundo por sendas de paz. Sois los amigos que quise escoger. Sois palabra que intento gritar. Sois reino nuevo que empieza a engendrar justicia, amor y verdad. Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la paz y el perdón. Sed, amigos, los testigos de mi resurrección, id llevando mi presencia, con vosotros estoy.
  3. 3. UNA IGLESIA MISIONERA AMBIENTACIÓN Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la Iglesia están llamados a participar, ya que la Iglesia es misionera por naturaleza: la Iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las Iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría: de gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a los que se dejan guiar por Él; de alegría, porque Jesús sostiene y acompaña nuestra obra misionera. CANTO: Tengo que gritar Antes que te formarás dentro del vientre de tú madre, antes que tu nacieras te conocía y te consagré. Para ser mi profeta de las naciones yo te escogí, iras donde te envíe lo que yo mande proclamarás. Tengo que gritar, tengo que arriesgar. ¡Ay, de mí si no lo hago! ¡Cómo escapar de Ti! ¡Cómo no hablar, si tu voz me quema dentro! Tengo que andar, tengo que luchar. ¡Ay, de mí si no lo hago! ¡Cómo escapar de Ti! ¡Cómo no hablar, si tu voz me quema dentro! ORACIÓN Virgen y Madre María, ayúdanos a decir nuestro "sí" ante la urgencia, más imperiosa que nunca, de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús. Intercede por la Iglesia, para que nunca se encierre ni se detenga en su pasión por la actividad misionera. Ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, de la fraternidad y la solidaridad, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DEL EVANGELIO El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. Lucas nos presenta primero a Jesús hablando a sus discípulos; luego se vuelve hacia el Padre y de nuevo comienza a hablar con ellos. Les quiere hacer participar a los discípulos de su alegría, que es diferente y superior a la que ellos habían experimentado. Jesús les advierte que no se alegren tanto por el poder recibido, como por el amor que han recibido: «porque vuestros nombres están escritos en el cielo» (Lc 10,20). A ellos se les ha concedido la experiencia del amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo.
  4. 4. LECTURA DEL EVANGELIO DE LUCAS “En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido. Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; y nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer.» Volviéndose a los discípulos, les dijo a ellos solos: «Felices los que vean lo que vosotros estáis viendo; porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver esto que veis, y no lo vieron; quisieron oír esto que oís, y no lo oyeron.» REFLEXIÓN  ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! Sumérgenos Padre en la alegría del Evangelio.  Alimenta en nosotros un amor capaz de iluminar vuestra vocación y vuestra misión.  Haznos recordar como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que caldeaste nuestro corazón… Recuerda ese primer amor, vuelve a sentirlo para mantenerte en la alegría.  Tú sabes que el discípulo de Jesús sólo conserva la alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad.  Sabes que el discípulo sólo mantiene su alegría cuando comparte la fe…, cuando comparte la esperanza… cuando comparte la caridad evangélica…  ¡Señor, dispón de mí según tu voluntad! ¡Señor, envíame a los caminos desiertos! Haz que sea una lámpara que ilumine los pasos de los perdidos en la oscuridad, hazme ser fuego en la noche que caliente a los que tienen frío.  Haz que sea testigo de la compasión para aquellos que caminan en su soledad.  Haz que lleve la paz a los que viven en discordia, que lleve el consuelo a los que sufren, la felicidad a los afligidos.  Que dé felicidad a todos los desposeídos que encuentre en mi camino.  Haz que ningún miedo me detenga, que avance por el océano de la vida con un corazón como un volcán y manos suaves como las de una madre.  Señor, que a todos lleve la paz y la alegría de la felicidad.  Mi suerte la pongo en tus manos. Tú que eres Dios, Amor y Sentido de la vida, dame la plenitud de tu esperanza para que en ti y sólo en ti encuentre mi felicidad.  Pídele a María que la Iglesia sea casa de puertas abiertas.  Dirige tu oración a María para que nuestra comunidad se convierta en un hogar para muchos.  Pídele a María que sea madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo. Padre nuestro… CANTO FINAL: Tengo que gritar No temas arriesgarte porque contigo yo estaré. No temas anunciarme porque en tu boca yo hablaré. Te encargo hoy mi pueblo para arrancar y derribar, para edificar, destruirás y plantarás. Tengo que gritar, tengo que arriesgar. ¡Ay, de mí si no lo hago! ¡Cómo escapar de Ti! ¡Cómo no hablar, si tu voz me quema dentro! Tengo que andar, tengo que luchar. ¡Ay, de mí si no lo hago! ¡Cómo escapar de Ti! ¡Cómo no hablar, si tu voz me quema dentro!
  5. 5. RENACE LA ALEGRÍA 1. CANTO: Cantando la alegría (1) Juntos cantando la alegría de vernos unidos en la fe y el amor. Juntos sintiendo en nuestras vidas la alegre presencia del Señor. Somos la Iglesia peregrina que Él fundó, somos un pueblo que camina sin cesar. Entre cansancios y esperanzas hacia Dios, nuestro amigo Jesús nos llevará. 2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lc 10,20-23. Los setenta y dos volvieron y le dijeron a Jesús llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Os he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañaros». En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo: «¡Felices los ojos que ven lo que vosotros veis!» 3. REFLEXIÓN MEDITATIVA. “Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. La Iglesia es misionera por naturaleza. Los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las Iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar el mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera. La alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. El Maestro Divino les dijo: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: ‘Te doy gracias, Padre’ (…). Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!’» Los discípulos estaban llenos de alegría, entusiasmados con el poder de liberar a las personas de los demonios. Sin embargo, Jesús les advierte que no se alegren tanto por el poder recibido, cuanto por el amor recibido: «porque vuestros nombres están escritos en el cielo». A ellos se les ha concedido la experiencia del amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo. Y esta experiencia de los discípulos es motivo de gozosa gratitud del corazón de Jesús. Dios ha escondido todo esto a aquellos que están demasiado llenos de sí y pretenden saberlo ya todo. Están como cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. En cambio, los ‘pequeños’ son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado ‘benditos’. «Sí, Padre, porque así te ha parecido bien». La expresión de Jesús debe entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres. Se trata de la buena Noticia que conduce a la salvación. Se trata de una alegría por la salvación que tiene lugar, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad. «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».
  6. 6. Los discípulos han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él a predicar el Evangelio, y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría? La humanidad tiene una gran necesidad de alcanzar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son aquellos que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. «Dios ama al que da con alegría». La Jornada Mundial de las Misiones es también un momento para reavivar el deseo y el deber moral de la participación gozosa en la misión ad gentes. La contribución económica personal es el signo de una oblación de sí mismos, en primer lugar al Señor y luego a los hermanos, para que la propia ofrenda material se convierta en un instrumento de evangelización de una humanidad que se construye sobre el amor. ‘¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!’ Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a alimentar un amor capaz de iluminar vuestra vocación y vuestra misión. Os exhorto a recordar el ‘primer amor’ con el que el Señor Jesucristo ha caldeado el corazón de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. 4. CANTO: Cantando la alegría (2). Juntos cantando la alegría de vernos unidos en la fe y el amor. Juntos sintiendo en nuestras vidas la alegre presencia del Señor. Hay una fe que nos alumbra con su luz, una esperanza que empapó nuestro esperar. Aunque la noche nos envuelva en su inquietud, nuestro amigo Jesús nos guiará. 5. GESTO-COMPROMISO. Padre nuestro… 6. ORACIÓN FINAL. María, no dejes que los afanes de cada día ahoguen el gozo de haber sido elegidos, para continuar la obra evangelizadora que Cristo nos encomendó. Ayúdanos a no perder la alegría que nace del encuentro con Cristo. Ruega por nosotros para que llevando a los demás la buena noticia del evangelio, podamos gozar de la dicha de ser evangelizadores. Amén. 7. CANTO FINAL: Cantando la alegría (3). Juntos cantando la alegría Es el Señor, nos acompaña al caminar, de vernos unidos en la fe y el amor. con su ternura a nuestro lado siempre va. Juntos sintiendo en nuestras vidas Si los peligros nos acechan por doquier, la alegre presencia del Señor. nuestro amigo Jesús nos salvará.
  7. 7. REFLEXIÓN COMUNITARIA La alegría es un don del Espíritu Santo, que nos hace pobres y sencillos, serenos y contemplativos, ser- viciales y misioneros. En una palabra, es el Espíritu de la santidad -que es la única alegría inalterable y verdade- ra– que engendra en nosotros el amor hecho oración y testimonio, presencia y apertura, donación y martirio. La alegría serena del evangelizador, es la fuerza que acompaña el mensaje, lo que le da credibilidad. La alegría supone una experiencia profunda del inalterable amor del Padre, de su fidelidad, de su misericordia. Es la fuente de la alegría en Cristo: el Padre me ama. Cristo tiene conciencia del amor del Padre. Por eso hay que definir al cristiano como al hombre que, por haber experimentado que Dios es Amor, sabe descubrir cotidianamente la alegría de las cosas y anunciar a sus hermanos la Buena Noticia de la presencia de Jesús y la llegada de su Reino. En definitiva, un cristiano es aquel que ha conocido y cree en el amor que Dios nos tiene. Por eso es inconmoviblemente alegre: con una alegría muy honda e imperdible, muy serena y contagiosa, muy nacida en el silencio y la cruz. “La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Evangelii Gaudium, 1). La exhortación del Papa Francisco tiene por finalidad abrir una nueva etapa evangelizadora mar- cada por la alegría. Esta alegría brota del encuentro (o reencuentro) personal con Jesucristo. El Papa nos invita a recobrar y acrecentar el fervor y la confortadora alegría de evangelizar, de manera que nuestra vida irradie el entusiasmo de quienes han recibido en sí mismos la alegría de Cristo.  ¿Crees que es posible, en medio de las frecuentes contradicciones y dificultades, de experiencias de debilidad y de muerte, de miseria y de fracaso, de desilusión y de sufrimiento, hablar de alegría, esperar la alegría?  ¿Tenemos los cristianos la experiencia de la alegría honda, y transformadora, que necesitan hoy los hombres: la alegría verdadera es fruto del amor, se engendra en la cruz y se expresa en se- renidad, gozo y esperanza?  ¿Cómo podemos, personalmente y en grupo, contemplar con amor el Evangelio, detenernos en sus páginas y leerlo con el corazón y así decidirnos a comunicar el Evangelio a los demás?  ¿Habitualmente tienes conciencia de que Jesús está junto a ti en tu tarea misionera?  ¿Cómo podemos, personalmente y en grupo, incorporar más claramente en nosotros el estilo evangelizador de María desde la ternura, la humildad y el cariño? Ser presencia, Señor, es hablar de Ti sin nombrarte; callar cuando es preciso que el gesto reemplace la palabra. Ser luz que ilumina el lenguaje del silencio y voz, que surgiendo de la vida, no habla. Es decirles a los demás que estamos cerca, aunque sea grande la distancia que separa. Es intuir la esperanza de los otros y simplemente, llenarla. Es sufrir con el que sufre y desde dentro, mostrarle que Dios cura nuestras llagas. Es reír con el que ríe y alegrarse del gozo del hermano porque ama. Es gritar con la fuerza del Espíritu la verdad que desde Dios siempre nos salva. Es vivir expuestos y sin armas, confiando ciegamente en tu Palabra. Es llevar el “desierto” a los hermanos, compartir tu Misterio y decirles que los amas. Es saber escuchar tu lenguaje en silencio. Y “ver” por ellos cuando la fe pareciera que se apaga. “Ser presencia”, Señor, es saber esperar tu tiempo sin apresuramientos y con calma. Es dar serenidad con una paz muy honda. Es vivir la tensión del desconcierto en una Iglesia que, porque crece, cambia. Es abrirse a los “signos de los tiempos” manteniéndose fiel a tu Palabra. Es, en fin, Señor, ser caminante en el camino poblado de hermanos, gritando en silencio que estás vivo y que nos tienes tomados de la mano.
  8. 8. LA ORACIÓN SEGÚN SANTA TERESA DE JESÚS (I) CANTO: Enséñanos a orar (1) Señor, enséñanos a orar, a hablar con nuestro Padre Dios. Señor, enséñanos a orar, a abrir las manos ante ti. Orar con limpio corazón que sólo cante para ti, con la mirada puesta en ti, dejando que hables, Señor. Orar buscando la verdad. Cerrar los ojos para ver. Dejarnos seducir, Señor, andar por tus huellas de paz. AMBIENTACIÓN Santa Teresa de Jesús dice que la oración, como trato entre dos personas, tiene las mismas reglas de la amistad. La oración, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y tratar de amistad y tratar a solas implica buscar estar a solas con Aquél que sabemos nos ama. A Dios le agrada estar con el hombre -como el amigo se goza en el amigo y un padre con su hijo-. Dios siempre se agrada cuando el orante decide estar a solas con El, orando, tratando con el Amigo. La oración, como la amistad, es un camino que comienza un día y va en progreso. El orante comienza a tratar al Amigo que le ha amado desde toda la eternidad, y así empieza a conocerle, a amarle, a entregarse a Él, en una relación que sabe no finalizará, pues en la otra vida será un trato cara a cara y en felicidad infinita y perpetua. DEDICAR TIEMPO Lo primero que hacemos cuando queremos conocer a alguien es dedicarle tiempo: hablarle por teléfono, encontrarnos en el descanso del trabajo, salir a tomar un café. Para hacernos amigos de Jesús también necesitamos apartar todos los días un tiempo para Él. En el libro de la Vida, Teresa nos dice: “Deseaba y procuraba algún lugar y tiempo para que estuviese conmigo” (Vida 8,8). ¿Cómo haces tiempo para Dios? CONOCER Y DEJARSE CONOCER Si te pregunto, seguramente podrás decirme qué es lo que le gusta a tu mejor amigo o amiga: cuál es su comida favorita, qué deporte le gusta jugar, para qué cosas tiene facilidad. También recordarás anécdotas de momentos divertidos que han pasado juntos, o situaciones difíciles en las que se han ayudado. La frecuencia en el trato permite conocernos y conocer a la otra persona y eso va fortaleciendo la amistad. Jesús nos conoce mejor que nosotros mismos; en la oración podemos irlo conociendo a Él y aprender qué le gusta, cuáles son sus sentimientos, cómo ama... Jesús también nos acompaña en la escuela o en el trabajo diario, en la vida de familia o en los problemas. Vivirlos acompañados de Jesús también nos ayuda a conocerlo y a conocernos mejor. ESCUCHAR Dicen por ahí que tenemos dos orejas y una boca porque debemos escuchar el doble de lo que hablamos. El diálogo sólo existe cuando se alterna el tiempo de hablar con el tiempo de escuchar. El mejor regalo que podemos dar a nuestro amigo es nuestra atención completa. Por ello no llenes tu oración con tus palabras y peticiones. Haz silencio y escucha... Dios nos habla de muchas maneras y sólo conocemos su voz si ejercitamos la “atención amorosa” que decía san Juan de la Cruz. Cuando estoy con un amigo que quiero mucho, me da gusto encontrarlo, caminar juntos, escucharlo, darle toda mi atención, aunque no se hablen muchas palabras. Teresa dice: “Bien habla al corazón cuando le pedimos de corazón” (Camino de perfección 24,5). CANTO: Enséñanos a orar (2) Señor, enséñanos a orar, a hablar con nuestro Padre Dios. Señor, enséñanos a orar, a abrir las manos ante ti. Orar hablándote de ti, de tu silencio y de tu voz, de tu presencia que es calor. Dejarnos descubrir por ti. Orar también en sequedad. Las manos en tu hombro, Señor. Mirarte en sinceridad. Aquí nos tienes, háblanos.
  9. 9. LA VOCACIÓN NO ES CUESTIÓN DE EVIDENCIA, SINO DE AMOR Oración vocacional del mes de noviembre Monición de entrada Esta Vigilia de oración quiere ser una invitación a orar por las vocaciones. Puede que entre nosotros haya jóvenes, chicos y chicas, que sientan inquietud ante su vida y ante su respuesta a Dios. La presencia del Espíritu de Dios entre nosotros quiere animar la vida de todos esos jóvenes. El nos dice: “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros”. Es la confianza que nos da Dios. Su amor por nosotros nos cautiva hasta el punto de seguirle con generosidad en todo lo que nos pida. Canto: Me has seducido, Señor (1) Señor, no soy nada. ¿Por qué me has llamado? Has pasado por mi puerta y bien sabes, que soy pobre y soy débil ¿Por qué te has fijado en mí? Me has seducido, Señor, con tu mirada, me has hablado al corazón y me has querido. Es imposible conocerte y no amarte, es imposible amarte y no seguirte. ¡Me has seducido, Señor! Lectura evangélica: Jn 15,1-11 Dijo Jesús a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Él corta todo sarmiento que, estando en mí, no da fruto, y poda y limpia todo sarmiento que produce fruto, a fin de que dé más. Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, que yo permaneceré en vosotros. Como el sarmiento no puede dar de sí fruto, si no está unido a la vid, tampoco vosotros sino permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Da mucho fruto aquel que permanece en mí y en el cual permanezco yo, porque sin mí no podéis hacer nada. El que no permanece en mí, es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca. Luego los recogen y los arrojan al fuego, para que ardan. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, que se os dará. Mi Padre queda glorificado, si dais muchos frutos, y si os mostráis como verdaderos discípulos míos. Como el Padre me amó, yo también os he amado. Permaneced en mi amor, en el amor que os tengo. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo guardo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Esto os lo he dicho, para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo quede colmado.” Salmo 138 Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco. ¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; Si vuelvo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. Si digo: “Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a mí”, ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras;
  10. 10. conocías hasta el fondo de mi alma, nada mío te era desconocido. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se escribían todas en tu libro; calculados estaban mis días antes que llegase el primero. ¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío, qué inmenso es su conjunto! Si me pongo a contarlos, son más que la arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú. Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno. Canto: Me has seducido, Señor (2) Señor, yo te sigo, y quiero darte lo que pides; aunque hay veces que me cuesta darlo todo. Tú lo sabes, yo soy tuyo, camina, Señor, junto a mí. Me has seducido, Señor, con tu mirada, me has hablado al corazón y me has querido. Es imposible conocerte y no amarte, es imposible amarte y no seguirte. ¡Me has seducido, Señor! Preces Invoquemos la misericordia divina sobre nosotros. Que la plegaria de todos sea escuchada por el Señor, Él que es la fuente de todos los dones.  Oremos para que el Señor conceda a su Iglesia el don de las vocaciones al ministerio sacerdotal y así no quede huérfana de pastores que prediquen la Palabra y celebren la Eucaristía. Roguemos al Señor.  Oremos para que el Señor manifieste su gloria entre nosotros y haga sentir su voz a los jóvenes para que entreguen su vida al servicio de la Iglesia. Roguemos al Señor.  Oremos para que el Señor con su gran misericordia y con la fuerza del Espíritu suscite en el corazón de muchos jóvenes el deseo de seguirle. Roguemos al Señor.  Oremos para que todos los consagrados vivan su amor a Jesucristo con un corazón ardiente y sean con su vida signo de servicio y testimonio para todos los jóvenes. Roguemos al Señor. Padre nuestro… Oración final: Dame fuerzas para buscarte Señor y Dios mío, mi única esperanza, no permitas que deje de buscarte por cansancio, sino que te busque siempre con renovada ilusión. Tú, que hiciste que te encontrara y me inculcaste ese afán por sumergirme más y más en ti, dame fuerzas para continuar en ello. Mira que ante ti están mis fuerzas y mi debilidad. Conserva aquellas, cura ésta. Mira que ante ti están mis conocimientos y mi ignorancia. Allí donde me abriste, acógeme cuando entre. Y allí donde me cerraste, ábreme cuando llame. Haz que me acuerde de ti, que te comprenda, que te ame. Acrecienta en mí estos dones, hasta que me transforme completamente en nueva creatura (San Agustín). Canto a la Virgen: Tantas cosas en la vida Desde que yo era muy niño has estado junto a mí, y guiado de tú mano aprendí a decir “sí”. Al calor de la esperanza nunca se enfrió mi fe, y en la noche más oscura fuiste luz. No me dejes Madre mía, ven conmigo al caminar. Quiero compartir mi vida y crear fraternidad. Muchas cosas en nosotros son el fruto de tu amor. La plegaria más sencilla cantaré. Ave María, ave María, ave María, ave María.
  11. 11. ORAR CON LOS OJOS  Símbolo: poster de la imagen de Cristo. 1. AMBIENTACIÓN Buenas tardes. Vamos a orar utilizando nuestros sentidos, para ponernos en comunicación con el Señor. Hoy comenzaremos a orar con los ojos. Hay dos expresiones que nos van a ayudar a comprender mejor la importancia de nuestros ojos:  “Los ojos son espejo del alma”: a través de los ojos manifestamos nuestro interior, todo lo que tenemos dentro. Mirar a los ojos es mirar también el corazón.  “Una mirada vale más que mil palabras”: es verdad, los ojos pueden expresar tanto sentimientos de odio como de cariño. A veces no es necesario decir nada para saber qué pasa en nuestro interior, o para comunicamos con una persona. Hoy vamos a hacer oración con nuestros ojos. Y por ello contemplemos los ojos de Jesús; Él nos enseñará a ver con los ojos de Dios. Y pidámosle al Señor, también, que cure las cegueras que nos impiden reconocerlo vivo en medio de nosotros. 2. CANTO DE ENTRADA. A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo, a ti levanto mis ojos, porque espero en tu misericordia. Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia. 3. ORACIÓN. Aquí estamos, Señor, en tu presencia; venimos a ti esta tarde, tal vez con nuestros ojos cargados, pero con el corazón despierto para escucharte y contemplarte. Muchas veces, Señor, nuestra mirada se llena de cansancio y de tristeza, de rencores y de sombras. Ayúdanos a tener unos ojos como los tuyos, ayúdanos a mirar las cosas y las personas como lo haces Tú: con bondad, con cariño y con paz. Míranos Tú, ahora, Señor; haznos el regalo de tu mirada, y así nuestra vida se llenará de tu luz. 4. PRESENTACIÓN DEL SÍMBOLO. Utilizamos un poster o un icono de Jesucristo. Os invito a fijar vuestra mirada en esta imagen, y a contemplar el rostro de Jesús con PAZ, con SENCILLEZ, con una MIRADA LIMPIA, SERENA, CERCANA, llena de BONDAD... Mirad a Jesús. Una vez ha pasado un tiempo prudencial: Y ahora os invito a dejaros mirar por Él, a dejaras mirar por los grandes ojos de Jesús. No os ocultéis a su mirada.
  12. 12. Sabiendo todo lo que puede decir una mirada, vamos a escuchar lo que Jesús nos quiere decir esta tarde. 5. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS ¿Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? ¡Hipócrita, sácate primero la viga que tienes en el ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano! (Mt 7, 1-2) Les preguntó Jesús a los dos ciegos: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Ellos dijeron: Señor, que se abran nuestros ojos. (Lc 18,35.43; Mt 20,29) Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: Sólo una cosa te falta: Anda, vende lo que tienes, y así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme. (Mc 10, 17-21) Simeón dijo: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, que Tú preparaste para presentarlo a todas las naciones: Luz para iluminar a todos los pueblos. (Lc 2,21) Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (Mt 5,8) 6. CANTO RESPUESTA. Señor, enséñanos a orar, a hablar con nuestro Padre Dios. Señor, enséñanos a orar, a abrir las manos ante ti. Orar con limpio corazón, que sólo cante para Ti, con la mirada puesta en Ti, dejando que hables, Señor. Orar buscando la verdad, cerrar los ojos para ver, dejarnos seducir, Señor, andar por tus huellas de paz. 7. ORACIÓN PERSONAL. En este momento vamos a vivir una experiencia de encuentro con Dios. Dejemos a un lado papeles y todo aquello que nos estorba, nos sentamos lo más cómodamente posible, apoyamos nuestros pies en el suelo, y hacemos descansar nuestras manos sobre las piernas. Si nuestra espalda está apoyada, mejor. Escucharemos, también, una música que nos va a ayudar a vivir momentos de paz. Intentemos relajar nuestros músculos, hace falta que nuestro cuerpo esté tranquilo... Cerrad los ojos y dejémonos envolver por la música. Respiremos hondo, poco a poco, repitiéndonos en nuestro interior, varias veces: paz, paz, paz... Le pedimos al Espíritu Santo que venga sobre nosotros y nos enseñe a orar. Con la mirada de Jesús presente en tu memoria: Agradece al Señor:  El que te haya dado los ojos, y sé agradecido con Él por todas las cosas hermosas que has podido contemplar: la Naturaleza, las personas...  Agradécele también al Señor que, a través de la mirada, te has podido comunicar con los demás. Y que tus ojos han expresado cariño, bondad, paz... y han sido capaces, también, de derramar lágrimas, de emocionarse ante el sufrimiento tuyo o el de los que te rodean. Silencio Pide perdón:  Por las miradas que odian, dividen, matan... Por las miradas severas, duras, frías, distantes, despreciativas. Por haber mirado con suciedad, con interés, con superficialidad.  Porque, a veces, a través de la mirada, tal vez hayas manifestado odio, violencia, intransigencia.  Porque tal vez no has sabido ver el dolor y el sufrimiento de los que te rodean.
  13. 13.  Porque, también, con frecuencia tus ojos ven la pelusa en el hermano y no ven la viga en el propio. Silencio Pide al Señor:  Que tus miradas y tus ojos sean limpios, que estén siempre abiertos, que estén llenos de amor y de fe.  Que tus ojos sepan mirar a Dios, a las personas, a la naturaleza.  Que tus ojos miren con la mirada de Dios: "el mirar de Dios es amar" (San Juan de la Cruz). Déjate mirar primero por el Señor. Siente su cariño, así podrás ver como Dios ve, y mira a los demás con ojos de misericordia.  Que tus ojos sean como los de Jesús, que miran con amor, que se elevan al cielo, que desde la cruz, miran con amor a la humanidad por la que está dando la vida. Que transmiten amor. Silencio Ofrece al Señor:  Tus ojos para que por medio de ellos, el Señor pueda seguir comunicando a los hombres su amor.  Que tus ojos descubran a Señor, que está presente y necesitado en el hambriento, en el desnudo, en el sediento, en el enfermo, en el encarcelado... en todos sus más humildes hermanos.  Y ahora, vamos a hacer un poco de silencio, siempre con esta música de fondo, para poder experimentar la cercanía del Señor, la paz que Él ha venido a traemos. Silencio Toma conciencia de nuevo de tu respiración. Respira lentamente. Mueve despacio tus manos y tus pies, abre los ojos poco a poco y mira de nuevo el rostro de esta imagen de Jesús que tantas cosas nos ha hecho ver esta mañana. 8. ORACIÓN COMUNITARIA. Pero aquí estamos orando no sólo cada uno individualmente, sino juntos. Juntos hemos escuchado la Palabra del Señor y juntos le hemos alabado. La oración se hace así oración de la comunidad; por eso, en este momento, vamos a presentarle al Señor nuestra oración, la que cada uno sienta, la que el mismo Señor le inspire. Y lo vamos a hacer en voz alta, para podemos ayudar así los unos a los otros. Hoy, podemos introducir esta oración comunitaria con una expresión similar a:  Señor, que vea...  Señor, ayúdame a ver...  Señor, dame ojos... Concluimos la oración comunitaria, rezando todos juntos la oración que el mismo Señor Jesús nos enseñó: Padre nuestro… 9. CANTO FINAL. Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre. En la arena he dejado mi barca, junto a ti buscaré otro mar. 1. Tú has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos, tan sólo quieres que yo te siga. 2. Tú sabes bien lo que tengo, en mi barca no hay oro ni espadas, tan sólo redes y mi trabajo.

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