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Los colegios de la iglesia

  1. 1. El objetivo general y urgente de la evangelización está pidiendoclamorosamente una revisión del proyecto educativo de los colegioscatólicos. Comencemos, como es de justicia, por reconocer la grantarea al servicio de las personas, de las familias y de toda la sociedad quehan realizado y están cumpliendo los colegios de la Iglesia.Reconozcamos también las muchas dificultades existentes. Unasprovienen de la administración, otras de la falta de colaboración de lasfamilias, algunas más de la complejidad de educar en el clima dematerialismo y superficialidad en que viven los jóvenes.
  2. 2. Pero valorando y agradeciendo todo, es necesario afirmar que los centroscatólicos de educación tienen que entrar vigorosamente en elmovimiento de evangelización de la Iglesia. Para un educadorcristiano, educar sin evangelizar no es educar, porque sólo Jesucristoes modelo y fundamento de una personalidad verdaderamente humana.Nuestros alumnos tienen derecho a encontrar en sus colegios la ayudanecesaria para llegar a ser hombres y mujeres que por una identificacióncon Cristo logren situarse armoniosa y creativamente frente a su proyectopersonal, a su familia y a la sociedad. No va contra la libertad de losalumnos que un colegio católico les ofrezca, consciente de que es el mejoraporte que puede hacerles para su vida, una propuesta clara y atrayentede la fe cristiana ante la que ellos puedan tomar sus decisiones.
  3. 3. Los colegios de la iglesia no cumplen serexcelentes centros docentes; esto lo puedenhacer otros. Es preciso, en primer lugar, queformen cristianos. En una sociedad decristiandad, dábamos por supuesta laevangelización que estaba a cargo de lasfamilias, las parroquias y la misma sociedad. Loscolegios se creaban, más que todo, para cumpliruna labor social y cultural; hoy existen, encambio, prioritariamente para evangelizar. Sien la actualidad son también una obra deservicio social es porque son capaces deentregar algo más: la fe cristiana como ejecentral y unificador de laLa evangelización no se puede suponer en los formación. colegio; es preciso realizarla con mucho cuidado y con perseverante esfuerzo. Dentro de una formación integral, es necesario presentar explícitamente la persona de Jesús y su programa de vida plena y abundante, que fascine, ilumine, inspire soluciones adecuadas a los problemas de la existencia, infunda aliento y esperanza.
  4. 4. De otra parte, es necesario que los colegios católicos desarrollen una mentalidad eclesial; en el fondo no son entidades privadas sino entidades de la iglesia, al servicio de su misión. Sea quien sea el titular inmediato, si son colegios de la Iglesia tienen que sentirse encuadrados en la misión de la iglesia, que es quien en último término los promueve, los autoriza y los respalda ante la sociedad como colegios católicos. Muchas veces su coordinación y animación, más técnica que pastoral está en una confederación, pero no arraiga, como debería, en la vida y la misión de la Iglesia diocesana.Al terminar sus estudios, la primera identidad delos alumnos no debería ser su condición deexalumnos de tal colegio sino de miembrosvivos de la Iglesia, que los ha engendrado en lafe y los ha ayudado a ser capaces de situarseen el mundo. Tenemos que valorar y defender laidentidad católica de nuestros centros, pues es lajustificación de su existencia y también el origende su profunda capacidad educativa. Todo estoimplica pensar en cosas y tareas muy concretas.
  5. 5. A la vez, las parroquias y los arciprestazgos tienen que pensar en loscolegios de la Iglesia que estén en su territorio como institucionespastorales con las que hay que contar, no para pedirles que hagan cosasdistintas de las que ya hacen,, sino para integrar lo que hacen como partedel trabajo pastoral de conjunto. Los colegios pueden llenar muchosvacíos en el apostolado de la parroquia, pueden ofrecer posibilidades deconexión con algunas familias que no se acercan a la Iglesia, pueden serlugares de convocatoria para los jóvenes en actividades promovidas por laparroquia en el colegio, pueden ayudar a forma asociaciones culturalesque abran caminos a la fe. Si se tiene ardor apostólico se ven muchasposibilidades.
  6. 6. El tiempo de la formación escolar coincide el tiempo en el que se ayuda a losniños y a los jóvenes a vivir un proceso de iniciación cristiana. No se tratasimplemente de la celebración aislada de algunos sacramentos como unaactividad o servicio más que desarticuladamente se tiene la costumbre derealizar en el colegio. Da alegría pensar que los colegios católicos pueden serverdaderamente sedes de un catecumenado especial tanto para losalumnos como para sus padres. Pero esto exige contar con un equipo deauténticos catequistas, crear un espacio apropiado para realizar un seriocamino de formación y de experiencia de la vida cristiana, proceder enprofunda vinculación con las parroquias que podrían garantizar que esosprocesos y experiencias se prolonguen más allá del ciclo escolar.
  7. 7. Delante de Dios, no es posible admitir ladesarticulación con quefrecuentemente funcionan los colegioscatólicos es increíble que el egoísmo quele sugiere a cada uno la “gloria” delevantar su propio feudo se impongasobre la razón que muestra la fuerza de launidad y, especialmente, sobre lanecesidad de la comunión para poder serrealmente lo que somos: la única Iglesiadel Señor que cumple con un solo corazónel mandato de evangelizar. Es posibleincluso dar nuestra capacidad de aportar ala promoción integral de la persona dedespertar el alma humana y cristiana denuestros educandos, de fomentar el amor,que es lo que se propone el mundo de laeducación, si llegamos a preferir ladecadencia y la muerte de nuestroscentros educativos más bien con unaválida y útil cooperación que nos ayudea realizar la difícil e importante misión que
  8. 8. La aceptación e implementación de todo lo anterior se orienta, en la línea deaparecida, a la valentía de abandonar las estructuras caducadas, que yano favorecen la transmisión de la fe y, con una actitud de permanenteconversión pastoral, despertar la capacidad de someterlo todo a servicio dela instauración del Reino de Dios (cf DA 355-366). Solo de esta manera loscolegios católicos entrarán realmente en la evangelización que se empeña entransformar los criterios del juicio, los valores determinantes, los puntos deinterés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelo s devida de la humanidad que están en contraste con la palabra de Dios y con sudesignio de salvación (cf EN 19). Nada de lo que aquí queda dicho será posiblesi, más allá de implementación de tecnologías, de Alianzas estrategias yaprovechamiento de ciertas tácticas en los colegios de la Iglesia no se abreamplio espacio a la luz y a poder creador del espíritu de Dios.

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