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DE LA PUREZA DEL ALMAEl gran Alejandro Dumas al escribir “Los tres mosqueteros” puso en boca del Señor deTreville una expr...
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santa libertad. La dictadura de Rosas se apoyaba en la libertad del continente americano.Quiroga devastaba y cubría de san...
sobre la vida pastoril permanece salvaje estancada en la indiferencia al paso del tiempo,necesariamente han debido acercar...
pero sin importar la dimensión de sus hazañas no es más que el héroe de unaparcialidad, un héroe pequeño, y a otros ojos, ...
sus columnas se divisan ya, aún antes de entrar, urnas cinerarias, sepulcros, columnas ysarcófagos y la bella estatua del ...
del país, la censura de severos críticos como Juan Bautista Alberdi, especialmenteporque se hacía en alianza con el Brasil...
Consecuente con sus aspiraciones “Dominguito fue el primero de los enrolados. Mitreera su amigo, su tutor, y nada resistía...
sufrieron las fuerzas aliadas. En carta a Mary Mann del 13 de diciembre de 1866,aseguraba Sarmiento que “En la guerra ha m...
recia matrona de la vieja Esparta, que a la preocupada y protectora Tetis. Con todo, lavalentía del capitán Sarmiento no c...
una población entera, propendiendo a la mejora de todos. Conócelo mejor su país engeneral: conócelo más tarde con respeto ...
en armas de Buenos Aires en 1880, la Revolución del Parque en 1890, y posteriormentela tradición motinera del radicalismo ...
y científicas y le despierta su afición por los deportes. Es decir, lo arraiga en las dosdirecciones fundamentales en que ...
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Un ensayo para el patriotismo emocional y pensante de los argentinos. La evolución del concepto del heroísmo en la búsqueda de la verdadera gloria. Apunte para el debate de ideas en la República Argentina en homenaje a los combatientes de Malvinas.

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  1. 1. Ariel Corbat EL HEROÍSMO Y LA GLORIAUn ensayo para el patriotismo emocional y pensante de los argentinos. “Se levanta en la faz de la tierra una nueva gloriosa Nación” LA PLUMA DE LA DERECHA www.plumaderecha.blogspot.com 1
  2. 2. CONSIDERACIONESHabrá en toda historiadolores evidenciables,los habrá silenciososy también soportables.Particularmente en estalos hay de todas clases,como agudamente eternoscomo así de intolerables.Es notable que evidenciomuchos dolores ajenosevidentemente debe ser asíya que es la forma en que lo siento.Con el triunfo y la derrotausurpándonos la vida,con logros y postergaciones,con deseos y designios,con causas y consecuencias,con pausas y devenires,con fracasos, resentimientosy batallas de por vida.A pesar de la derrota,a saber de la desdicha,traiga acaso como excusalos versos que me rediman...Oscar Ledesma (Odas arrebatadas) 2
  3. 3. DE LA PUREZA DEL ALMAEl gran Alejandro Dumas al escribir “Los tres mosqueteros” puso en boca del Señor deTreville una expresión de notable verdad: “Los soldados son como niños adultos”. Yesa frase era dicha al joven D’Artagnan para que comprendiera la naturaleza de los tresformidables mosqueteros en cuestión: Athos, Porthos y Aramís.Entiéndase que el propio Treville fundaba su lealtad al Rey en los recuerdos de unainfancia compartida con Luis XIII a través de juegos y peleas; eso se lo narraba el padrede D’Artagnan a su hijo en la misma oportunidad en que, instándolo a convertirse enmosquetero, lo guió hacia el capitán Treville encomendándole el siguiente y muysignificativo mandato: “Eres joven, y por dos razones poderosas debes ser valiente: laprimera porque eres gascón; y la segunda porque eres hijo mío”.A Dumas le bastó recurrir al genial Don Miguel de Cervantes Saavedra para delinear deuna plumada el retrato del joven D’Artagnan, así eligió presentarlo tal y como era DonQuijote de la Mancha a los 18 años, sin casco ni armadura, vestido sencillamente conuna lanilla de color azul. De hecho, expresamente presenta Dumas a D’Artagnan comoun nuevo Don Quijote. Lo curioso es que mientras Alonso Quijano brotó de laimaginación cervantina, D’Artagnan, en cambio, tuvo una existencia real y Dumas norecurre al Quijote para subrayar los rasgos de comicidad del personaje por él novelado,sino que apela así a la pureza del espíritu. Aún desde la burla, lo ridículo de DonQuijote tiene una esencia sublime sin la cual no hubiera podido construirse personajetan entrañablemente querible y de vigencia incuestionable mientras quede algo deromanticismo en la humanidad.Esa frase del capitán de Mosqueteros también pudo ser aplicada por Cervantes alIngenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ¿acaso –hermosa palabra la palabra“acaso”- no era propiamente un niño aquel hombre mayor cuando arremetía contra losmolinos de viento a los que imaginaba como colosales enemigos? Los juegos de niñosson exactamente eso que hacía Don Quijote, y tal vez sea esa la razón por la que todobuen guerrero, para ser honorable, requiere conservar algo de esa pureza del alma que espropia de la niñez. ¿Locura? Algunos pueden llamarlo así. Pero esa locura, mezcla deromanticismo e imaginación infantil que se percibe en los mejores soldados, los hacecapaces de intentar proezas imposibles con el alma dispuesta a la protección de lossuyos. ¿Quién estaría dispuesto a sacrificarse desde la austeridad moral del mero cálculoracional? Aún con dudosa posibilidad o desventajosas probabilidades, la historia exhibepara orgullo de las naciones, entre mitos, leyendas y tradición los nombres de quienes,igual que niños, alzaron espadas de madera para luchar con suerte dispar contra enormesmolinos de viento. Si así no fuera, Don Quijote sería apenas un antiguo escrito españolpublicado allá por el 1605, pero afortunadamente es otra cosa, es una joya de laliteratura universal.En Buenos Aires, adosada a un muro de la Iglesia de Santo Domingo, en recordación delos caídos en defensa de la Ciudad durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, unaemotiva placa honra la memoria de la Reconquista y la Defensa de Buenos Ayres con lasiguiente frase: “De intrépido valor sublime ejemplo, buscad su tumba y hallaréis untemplo”. Puesta bajo la luz del romanticismo quijotesco, que forma parte de nuestra 3
  4. 4. herencia cultural, resulta válido parafrasear esa expresión del siguiente modo: “Si hadado ejemplo de intrépido valor, buscad su alma y hallaréis al niño”.NOSOTROS Y LOS HÉROESQuiere la historia. Y de esa voluntad surgen los mitos. Jorge Luis Borges, que algo delasunto entendía, supo resignarse antes que pretender hallar las razones por las que unnombre cruza el umbral de la leyenda. Tan simplemente, sucede; y las explicacionesque se intentan nunca son suficientes ni exactas. Acaso sea en parte necesidad de loscomunes, simples mortales destinados al olvido, alzar ciertos nombres de entre nosotrosen señal de resistencia y rebelión para proyectar a través de ellos una vana idea deinmortalidad.En su milonga para Jacinto Chiclana, desde lo poético, Borges teoriza sobre la creacióndel héroe. Allí advierte que sólo Dios puede conocer con exactitud la laya fiel de aquelhombre tras el nombre idealizado, y así nos dice que el héroe es inalcanzable. El héroees en sí mismo una ilusión. Casi podríamos decir que se trata de una ilusión óptica enojos ciegos, en cierta medida para ver al héroe es preciso cerrar los ojos y dejar de ver alhombre o al menos borronearlo en pos de exaltar el ideal. A Borges le basta un nombreque alguien deja caer, junto con la referencia de algunos hechos brumosos, para adosaresa fonética a la visión de un varón cabal de alma comedida “capaz de no alzar la voz yjugarse la vida”. Y no conforme con ello le otorga otra distinción todavía mayor, la deser único e inigualable, pues “nadie habrá habido como él en el amor y en la guerra”. Deun plumazo, de los que su pluma sabía dar, le otorga a un compadrito de Balvanera,cuyos méritos más que saberse se adivinan, una dimensión muy próxima, e inclusosuperior por estar despojada de todo conflicto o vulnerabilidad, al paradigma del héroefundado por la tradición oral de los griegos y plasmada por Homero entre los siglos IXy VIII antes de Cristo.No hay grandes precisiones sobre la vida de Homero, de cuya memoria se desprendenmontones de misterios. Se da por sentado que el auténtico es el que escribió la Ilíada, yque luego algún otro, incluso tal vez un conjunto de narradores, tomó su nombremanteniendo el estilo en la Odisea.A través de la Ilíada, pilar fundamental de la literatura occidental, Homero mezclahistoria y mitología receptando la tradición oral para describir, poéticamente, un mundoen el que los dioses interactúan con los humanos al punto de verse involucrados en losmismos conflictos. Tan así, que el eje de la narración pasa por Aquiles, cuya existenciaes fruto de la unión de la diosa Tetis, una nereida, y del mortal Peleo, rey de losmirmidones. La vida de Aquiles queda completamente signada por esa complejidad delmundo homérico, donde la convivencia entre mortales y dioses, por cotidiana y cercana,dista mucho de ser amena. Allí la tragedia domina la trama por la diferente naturalezade unos y otros; aunque en rigor de verdad las divinidades griegas representanexacerbaciones del carácter humano. Ninguno de esos dioses, empezando por Zeus quees el de mayor relevancia, puede ser considerado todopoderoso; por lo tanto, más allá desus distintas jerarquías, también se influencian recíprocamente. 4
  5. 5. Lo que describe la Ilíada es un pasaje de la Guerra de Troya, apenas un episodio dentrode esa contienda que duró aproximadamente una década y que se estima pudo haberselibrado cerca del año 1200 antes de Cristo. Lo asombroso es que más de 3.000 añosdespués el concepto del héroe sigue vinculado al prototipo poético establecido porHomero en la figura de Aquiles.Lo que hace singular a Aquiles no es el valor, ni la habilidad como guerrero, ni siquieraestar emparentado con los dioses, pues otros personajes de la Ilíada son tan valientescomo él, igual de buenos guerreros y también tienen, por así decirlo, sangre celestial ynoble corriendo por sus venas. Ni textual ni conceptualmente es Aquiles el único héroedel que da cuenta la Ilíada. Incluso algunos de esos otros, empezando por Héctor, obranal impulso de motivaciones mucho más virtuosas que las de Aquiles. La singularidad deAquiles es que a diferencia de todos los que participan del conflicto él carga con lacerteza de ir al encuentro del fin de sus días en el transcurso de esa guerra. Sabe que vaa morir joven, en combate y gloriosamente. Es el héroe predestinado.La mortalidad de Aquiles obsesiona a Tetis quien, ejemplo de instinto maternal, seesmera en otorgarle la mayor protección posible sin poder nunca cubrirle todavulnerabilidad. El famoso talón de Aquiles, en cualquiera de las dos versiones que seconocen sobre su origen (baño en las aguas del Estigia sosteniéndolo por el talón, que esla más difundida, o el proceso de quemar para curar al niño con el néctar de los diosesiniciado por Tetis y que Peleo -por incomprensión de sus propósitos- impidiócompletar), es producto de esos esfuerzos maternos; que llegaron al punto de pretenderhacer pasar a su hijo por niña cual modo de evitar que fuera a esa guerra en la queestaba sentenciado a morir. No fue el talón la única debilidad de Aquiles, la vanidadtambién cuenta. La cólera que en principio lo lleva a no participar de la batalla seorigina en lo que entiende es falta de reconocimiento a sus méritos, y luego, tras lamuerte de Patroclo a manos de Héctor, esa cólera se transforma en necesidad devenganza. Aquiles, quien es emocionalmente inestable y cruel, llorará ante su madre,ante el cadáver de Patroclo y ante el viejo Príamo, padre de Héctor.Héctor, vencido en duelo singular por Aquiles, está mucho más cerca de la perfección.Prácticamente encarna la corrección política siendo el civilizado que enfrenta el asediode los bárbaros. Visto desde lo moral Héctor es un hombre de Estado sirviendo a suPatria, responsable de sus acciones, intachable en todos los campos y que siendo dueñode un coraje excepcional no desdeña el sacrificio personal para cumplir con los suyos.Caído en el cumplimiento del deber el mayor reconocimiento debió ser para Héctor, sinembargo es sólo a la sombra de la fama adquirida por el mítico Aquiles que su memoriasubsiste.Al margen de la victoria o la derrota, quiso la historia -esa voluntad que la humanidadno puede domesticar a su antojo-; que fuera Aquiles el héroe destacado por sobre todoslos demás. E interpretando esa voluntad de tradiciones habladas pasando por los oídosde varias generaciones de griegos, Homero, que hasta se anticipó a Borges en eso dequedar ciego y escribir luminosamente desde sus penumbras, fue el instrumento paraque perdurase la fama de Aquiles en el mito del héroe joven, hermoso y temperamental,molde prototípico de todos los héroes que han conocido las culturas occidentales.La perduración del mito quizá se deba a las enseñanzas de Aristóteles al jovenAlejandro, hijo de Filipo de Macedonia, quien encontró en Aquiles un ideal de juventud 5
  6. 6. que intentar alcanzar. La vida de Alejandro Magno es la emulación del héroe homérico;tanto que cuando alguien se admira por la conquista de buena parte del mundo realizadapor él, llevada hasta el punto en que sus tropas le dicen que no hay más, se descubre sinmayor dificultad la inspiración en Aquiles. El parecido entre uno y otro es enorme. Losdos son hijos de rey, valientes guerreros que arremeten la batalla en pos de la conquista,ambos dejan descendencia, cultivan amistades personales de extrema intimidad yrecíproca lealtad, no dominan sus emociones ni se sienten enteramente reconocidos porsus contemporáneos, son hermosos y mueren jóvenes cubiertos de gloria. Es verdad quela muerte no toma a Alejandro en el fragor de ninguna batalla, pero esa circunstancia nole resta gloria. Ya era “el grande”, la gloria iba con él.En cierto modo Alejandro preservó para la humanidad el mito de Aquiles y reforzó elconcepto del héroe; no porque a la par de la conquista se lo haya propuesto, sino porquetales éxitos militares fueron registrados con la suficiente certeza histórica como para quesu fama no se fundiera en un nuevo mito heroico que eclipsara al originario. Adiferencia de Aquiles, que fue narrado por la tradición oral hasta ser poéticamenteasentado por Homero, Alejandro quedó documentado en su propio tiempo, consolidadocomo un personaje histórico; de tal suerte que, por ser el espejo en el que pretendíaverse, revitalizó el preexistente mito de Aquiles.Incluso con el advenimiento del cristianismo el concepto del heroísmo mantuvo suesencia guerrera. Cristo, visto como el hijo de Dios –ya no de un dios-, no representó elcambio radical del concepto sino que implicó en sus seguidores la emulación de unavariante al valor en combate. Con su ejemplo, a través de la prédica y los hechos, surgehacer del sacrificio un calvario para reafirmar la convicción a través del martirio. La feen una vida más allá de la muerte justifica esos padecimientos. En principio elpacifismo de los cristianos hace mártires, no héroes. El Mesías no confrontó con elpoder terrenal imponiendo su voluntad por medio de la espada. Del mismo modo queSócrates pudo manifestar su rebeldía ejecutando de propia mano la condena a muerte,Cristo se somete al castigo que le es impuesto equiparándose con el más vulgar de losmortales. La difusión del cristianismo se realizó sobre la base de la resignación,ofreciendo la otra mejilla, y bajo la consigna de dar al César lo que es del César. Si bienel monoteísmo ofrecía un relato simplificado en relación a la multiplicidad de diosesgriegos y romanos, la necesidad de compatibilizar las realidades terrenales con lasesperanzas celestiales añadió una nueva tensión al poder.Atravesando períodos de tolerancia y persecución la prédica cristiana fue imponiéndosesobre las tradiciones paganas de los romanos, hasta el punto de llegar a ser la religiónoficial del Imperio Romano. Es un largo camino el que va desde el mártir con la coronade espinas agonizando en la cruz hasta el héroe cruzado que a la par de la cruz empuñala espada, pero ese proceso demuestra que el concepto del héroe se mantiene intacto ensu esencia guerrera. Como en los remotos tiempos de Aquiles, el héroe sigue siendo larepresentación colectiva del espíritu guerrero de un pueblo determinado.Esa razón de identidad es la que va a determinar que a la desintegración del mundoromano la fragmentación de Europa en la Alta Edad Media alumbre nuevos héroes, queal transcurrir de la historia irán sirviendo de factor aglutinante para ir generando lascondiciones que van luego a decantar en el Estado Nación. El caso de Rodrigo Díaz deVivar, El Cid Campeador, siendo a España lo que Aquiles al mundo antiguo, resultarepresentativo de esa tendencia. En tiempos de monarquías los héroes seguirán siendo 6
  7. 7. en su mayor parte de origen noble, con algunas excepciones como Juana de Arco enFrancia, campesina y analfabeta, quien si bien no estaba emparentada por sangre con lamonarquía obraba en su defensa siguiendo mandatos divinos; es decir que de una u otramanera el héroe va a reafirmar los fundamentos en los que se basa el poder según laépoca; por caso el designio de Dios.Conquista y colonización mediante, toda esta tradición heroica de raigambre europea seva a constituir en parte de la herencia cultural recibida a través de la colonización porlos pueblos americanos, lo que va a cobrar un rol fundamental al desencadenarse elespíritu independentista. Se comprende así que al cambiar el paradigma sobre lasustentación del poder en forma paralela también se modifique el perfil del héroe, lo quese aprecia con singular claridad en el caso de George Washington como uno de losprimeros héroes americanos. Nacido sobre suelo continental en el seno de una familiade buena posición, Washington se va a destacar en batalla como héroe, sin tener linajenoble o divino, aún antes de liderar la guerra contra la corona británica que finalizarácon la Independencia de los Estados Unidos.En la América del Sur, específicamente en Buenos Ayres, la incipiente identidadargentina comenzará a consolidarse a partir de las victorias de 1806 y 1807 sobre elinvasor inglés; porque de allí surgen sus primeros héroes. Si bien la gloria de la ciudadde Buenos Aires se debía principalmente al español Martín de Álzaga y al francésSantiago de Liniers, ambos defensores de la corona española, la ciudad entera cobrósúbita conciencia de su propio heroísmo, porque aquellos vecinos se habían visto en lascalles venciendo a las tropas de uno de los países más poderosos de la época, y porquesu principal cuerpo de milicias, los Patricios, era constituido solamente por criollos conjefes elegidos por los propios milicianos.Así Buenos Aires, que había receptado como suya la tradición heroica de España, alforjar su propia gloria comenzó a experimentar aceleradamente el proceso descripto porErnesto Renán en su celebre conferencia de 1882, cuando sostuvo que una Nación es unprincipio espiritual, resultado histórico de una serie de hechos que convergen en unmismo sentido, siendo lo esencial para que una población llegue a ser tal: poseer gloriascomunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosasjuntos y querer hacerlas todavía.Como el presente pasa muy rápidamente a integrar el pasado (sic transit gloria mundi)pocos años después el relato de la nueva Nación, ya rebelándose contra España, ibaquedar plasmado en la letra del máximo poeta argentino, Don Vicente López y Planes,consagrada el 11 de Mayo por la Asamblea del Año XIII como única marcha patrióticade las Provincias Unidas1. El Himno Nacional Argentino, acaso el más preciadosímbolo de la argentinidad, no solamente es una obvia apelación al heroísmo -comocorresponde a un instrumento de propaganda bélica-, sino que a través de su estiloneoclásico expresa el anhelo de emular la mitología grecorromana reviviendo, opretendiendo revivir, a orillas del Río de la Plata una épica merecedora de un Homero.Vicente López es desde entonces, a no dudarlo, nuestro poeta y nuestro Homero.La visión de López, compartida por la clase ilustrada de Buenos Aires y tan luegoasumida propia por las otras clases del pueblo, reboza heroicidad. Cada verso delHimno es un impulso poderoso encauzado sobre el más puro romanticismo a través delcristal épico, que sella la identidad y el destino de la nueva gloriosa Nación. Si bien es 7
  8. 8. evidente por las muchas similitudes que López tuvo como modelo La Marsellesa, en susversos se puede rastrear la inspiración homérica marcando una huella mucho másprofunda y que conduce directamente al prototipo poético del héroe original.La palabra “héroe” no fue utilizada por López en la letra del Himno, pero el concepto esmás que claro. Así, si Aquiles era el guerrero de los pies ligeros, no lo será menos “elvaliente argentino” que “a las armas / corre ardiendo con brío y valor”, más replicandoen modo colectivo la cólera del Pelida que buscaba venganza por la muerte de su amigoPatroclo, aquí será “todo el país” el que “se conturba por gritos / de venganza, de guerray furor”. La nueva Nación que se levanta en la faz de la tierra, con la forma humana deuna joven mujer por contraposición a la bestialización del enemigo, “tigres sedientos desangre”, tiene los adornos propios de una divinidad grecorromana, “coronada su sien delaureles, / y a sus plantas rendido un león”, razón para que sus hijos, de ella como Tetisy del extinto Inca como Peleo, vuelvan a emparentarse con el mito de Aquiles al ver que“de los nuevos campeones los rostros / Marte mismo parece animar” y al igual queaquel estén pendientes del debido reconocimiento a sus hazañas.La Marsellesa no tenía que demostrar la existencia de Francia, que preexistente comoNación tenía conciencia de sus propios héroes y la explícita certeza de poder generarotros nuevos, por lo tanto sólo apela a su propia historia y a la coyuntura política delmomento; por el contrario, la Marcha Patriótica de López, anterior a la Independencia,vino a servir de partida de nacimiento para Argentina, de suerte que había necesidad degritar al mundo el alumbramiento de la nueva Nación con expresiones dirigidas a ese fintales como: “Oíd mortales”, “desde un polo hasta el otro resuena / de la Fama el sonoroclarín” “y los libres del mundo responden”. Decirle al mundo era existir, de allí quehiciera relucir la chapa de los recientes logros enumerando las batallas ganadas como“letreros eternos que dicen / aquí el brazo argentino triunfó”, y no bastando la simplezadel triunfo necesitaba ensalzarlos con el barniz de la gloria más clásica: “la victoria alguerrero argentino / con sus alas brillantes cubrió”; sin ningún margen de casualidad nidisimulo se buscaba emparentarse con el heroísmo prototípico ya que, finalmente, eraesa raíz de civilización grecorromana la que se anhelaba representar.Sobre esos parámetros el Himno Nacional da significado al valor en combatesintetizando, a través del estribillo, la disyuntiva de hierro que hace a la razón esencialdel héroe argentino: Sean eternos los laureles Que supimos conseguir Coronados de gloria vivamos O juremos con gloría morir.Obrar valientemente en pos de la causa común con severo riesgo de muerte en sudefensa, u ofrendar la vida misma en la acción, son los rasgos distintivos del héroenacional. Aunque parezca una obviedad, no hay héroe nacional sin causa nacional, niheroísmo sin riesgo mortal. Y sin embargo, si esas dos condiciones bastan para decirfundadamente que tal o cual es un héroe nacional, no alcanzan por sí solas para que unhéroe trascienda el anonimato. Todos los países que han debido luchar por suindependencia tienen, seguramente, una larga galería de héroes olvidados como extensaresulta la de la República Argentina. La fama del héroe es necesaria para cumplir con lafunción de motivación ejemplificadora que es medular en el concepto de lo heroico. Lo 8
  9. 9. que le da fama al héroe, generalmente, es la excepcionalidad. Excepcionalidad de supersona y/o de sus circunstancias. En los tiempos de la Guerra de la Independenciafueron muchos los que reunieron las condiciones objetivas para acreditar heroísmo, peroapenas algunos resultaron ser atractivos a la atención pública y a la memoria colectiva.Hay un cierto misterio, una fibra intangible, en las razones por las que unos destacansobre otros; lo reconocemos cuando decimos “la historia quiere”.Pocos memoriosos pueden reunir cada una de las victorias enumeradas en el HimnoNacional con el nombre de alguno de los héroes que participaron de esas acciones, perocualquier argentino promedio sabe que el granadero Juan Bautista Cabral murió en elCombate de San Lorenzo intentando salvar la vida de José de San Martín. NotoriamenteCabral es mucho más popular que el sobreviviente Baigorria, el otro granadero queacudió en auxilio de San Martín cuando su caballo cayó muerto y quedó con una piernaatrapada bajo el cuerpo del animal. Los méritos de Baigorria no fueron menores que losde Cabral, incluso por sobrevivir siguió peleando e incrementando esos méritos. Son losmismos camaradas los que colocan por encima de sí al hermano de armas caído encombate y los primeros que le dan fama. Las circunstancias hicieron de Cabral un héroecuya fama logró perdurar y engrandecerse con el tiempo, en buena medida debido a laposterior campaña que cruzando Los Andes culminó asegurando la IndependenciaArgentina. La victoria vino en definitiva a justificar su sacrificio. La muerte de Cabral,producida en un momento de absoluta vulnerabilidad de San Martín, quien iba a ser elmayor héroe de la historia argentina, lo convirtió tanto en sinónimo de lealtad como depatriotismo. Si San Martín se hubiera eclipsado -como tantos otros revolucionarios-antes de ser El Libertador, probablemente la fama de Cabral se hubiese perdido con él.Además de ser declarada en el papel, la Independencia debió ganarse en los campos debatalla. Las espadas de los valientes guerreros que hazaña tras hazaña lo hicieronposible generaron legítimos héroes, pero por esas otras cosas nefastas que quiere lahistoria y de las que a la hora de la cuenta nadie se hace cargo -la orfandad de loscaprichos podríamos decir-, esa gloria deslumbró hasta el encandilamiento. La mejorgloria que conoció el país, la de las luchas por la Independencia con su forja de héroes,tenía el grave inconveniente de no poder repetirse. Esa imposibilidad, unida al brillo delacero, determinó que el concepto mismo del heroísmo se degradara en la barbarie unavez obtenida la libertad exterior del país.El gran ausente de la historia argentina, Juan Bautista Alberdi, jurista visionario -quecomo buen visionario pecaba a veces de iluso-, ensayó en 1871 una muy atendibleexplicación de la barbarización del héroe en ese gran manifiesto pacifista que es “ElCrimen de la Guerra”. Puede cuestionarse que Alberdi habla allí desde el exilio y con laasepsia moral del teórico, lejos de las responsabilidades del hombre de Estado queempeña el cuerpo en los asuntos públicos como lo fueron Domingo Sarmiento oBartolomé Mitre, por sólo citar dos ejemplos entre sus contemporáneos, pero si seobservan las sangrientas luchas civiles que consolidada la Independencia impidieron laorganización constitucional del país hasta 1853, la voz de Alberdi es un llamado a lacivilización desde la civilización, acaso contrariando a Sarmiento quien sería lacivilización desde la barbarie.La principal idea de Alberdi es que el crimen insalvable de toda guerra consiste en serjuez del adversario. De la imposibilidad de hacer Justicia cuando se es parte y litigante 9
  10. 10. deviene la criminalidad intrínseca de la guerra, que sólo puede justificarselegítimamente en el derecho a defender la propia existencia y hasta ese preciso límite.Desde esa concepción, sostiene Alberdi que: “Lejos de ser un crimen, la guerra de laindependencia de Sudamérica fue un grande acto de justicia por parte de ese país2”. Tanclaro reconocimiento no le impide relativizar la intervención de los nombres que másdestacaron en ella, entendiendo que el proceso revolucionario fue el producto natural dela evolución social, por las necesidades e intereses de la civilización, antes que metasimpuestas desde la acción providencial de algunos líderes militares. Dolido porque en laAmérica del Sud, a falta de avances científicos y tecnológicos “todo el círculo de susgrandes hombres se reduce al de sus grandes militares en el tiempo de la guerra de laindependencia3”, el tucumano cuestiona que San Martín sea propuesto a la juventudargentina como un ejemplo de gloria a imitar.En opinión de Alberdi, San Martín es cuestionable en sus motivos, en su proceder yhasta en su muerte. Así, respecto de sus motivaciones, le atribuye haber retornado alpaís no por amor al suelo natal sino por consejo de un general inglés de los que queríanla emancipación americana para beneficiar el comercio de Gran Bretaña y tras 18 añosde servir en España a la causa del absolutismo. Sobre su proceder reprocha tanto el quehaya conspirado políticamente a través de una sociedad secreta cuando ya la Revoluciónde la libertad podía predicarse a la luz del día, como que siendo el único objetivoencomendado por el gobierno a su campaña militar liberar a las provincias argentinasdel Alto Perú las haya dejado en manos de los españoles. Finalmente critica su regreso aEuropa para morir bajo el poder de los Borbones, legándole su espada a Rosas en méritoa sus resistencias a la Europa liberal.Todo ello lo hace concluir que “La vida de San Martín prueba dos cosas: que larevolución, más grande y elevada que él, no es obra suya, sino de causas de un ordensuperior, que merecen señalarse al culto y al respeto de la juventud en la gestión de suvida política; y que la admiración y la imitación de San Martín no es el medio de elevara las generaciones jóvenes de la República Argentina a la inteligencia y aptitud de susaltos destinos de civilización y libertad americana4”.Los cuestionamientos de Alberdi al héroe mayor de la Independencia Argentina, unarareza –aunque no única- frente a la estimación general, no están dirigidos a menoscabarla memoria del prócer sino a desanimar la pasión guerrera que, luego de rotos los lazoscon España, contribuyó a sostener el estado de guerra civil permanente. Esa pasión porla guerra, alimentada a través de la poesía con cantos a los héroes y las batallas de laIndependencia, estimulaba la búsqueda militar de una gloria que no podía repetirse. Asíla gloria posible, la que quedaba al alcance de los émulos del General San Martín, eraapenas una falsificación de la verdadera, y ellos mismos una caricatura del General. Conellos, lejos de la paz y el progreso que son propios de la civilización, las ProvinciasUnidas se encerraron en la barbarie de emprender una tras otra guerras llamadas ennombre de la libertad interior. Pero la guerra, que pudo ser adecuada para obtener laIndependencia, no era el medio idóneo de alcanzar la libertad interior. Cualquierterritorio en guerra permanente, aunque reconocido en su unidad por el extranjero,queda librado a la anarquía o a su natural heredera que es la tiranía sin importar lasrazones que puedan esgrimirse junto con las espadas de los pretendidos nuevoslibertadores batiéndose en su seno: “No hay guerra en Sudamérica que no invoque pormotivo los grandes intereses de la civilización; ni despotismo que no invoque la más 10
  11. 11. santa libertad. La dictadura de Rosas se apoyaba en la libertad del continente americano.Quiroga devastaba y cubría de sangre el suelo argentino en nombre de la libertad, y fuevíctima de su idea de proclamar una Constitución, según la crónica viva de ese país,confirmada en ese punto por una carta en que el defensor de la libertad del continenteamericano probó al defensor de la libertad del pueblo argentino, que el país no estaba enestado de constituirse, es decir de ser libre (porque constituir un país no es más queentregarle la gestión de sus destinos políticos)5”.El heroísmo de la barbarie es un heroísmo sin causa nacional, conceptualmente unretroceso al privilegiar el valor por el valor mismo en detrimento de los propósitos. Lasideas que alientan la guerra civil son facciosas, parciales por definición; y mucho máscuando la contienda, como en el caso de la lucha entre unitarios y federales, no arroja unvencedor nato sino que concluye en una suerte de fusión pragmática de intereses,hombres y principios.En palabras de Alberdi, la guerra civil es la antítesis de la guerra de independencia ycomo tal “baja por su objeto, tan desastrosa por sus efectos, tan retrógrada yembrutecedora por sus consecuencias necesarias, como la guerra de la independenciafue grande, noble, gloriosa por sus motivos, miras y resultados. Los héroes de la guerracivil son monstruos y abominables pigmeos, lejos de ser rivales de Bolívar, de Sucre, deBelgrano y San Martín6”.El héroe bárbaro por antonomasia, de entre los muchos que registra la historia argentina,había sido consagrado tal por Domingo Faustino Sarmiento al escribir el “Facundo” en1845. En muchos sentidos “El crimen de la guerra” es una expresa contestación deAlberdi a Sarmiento; no sólo al Presidente Sarmiento que le acusó de traición a la Patriapor haberse opuesto a la guerra contra el Paraguay, sino -y fundamentalmente- alrazonamiento sarmientino que a través del Facundo justifica y alienta la guerra civil.Más allá de lo que indica el título y el desarrollo narrativo del Facundo, el verdaderoprotagonista de sus páginas no es Facundo Quiroga sino Juan Manuel de Rosas.Sarmiento, hombre de ideas y de acción, lo escribe desde el exilio en Chile con laurgencia del panfleto político, deseoso de propiciar el fin de la tiranía rosista, pero conel gran mérito de ahondar en la profundidad del ser argentino. Si bien son obras dedistinta filosofía, El crimen y el Facundo tienen en común, acaso por haber sido escritosdesde el exilio, explicar lo nacional desde un enfoque de cultura universal. En lasmentes de Sarmiento y de Alberdi lo argentino no queda aislado del mundo. Los dosresponden a un alto ideal de civilización; coinciden en el fin, pero mientras el tucumanoconfía en que los procesos históricos decantarán por sí solos en un tiempo de libertad, aSarmiento lo domina la impaciencia y el nervio le reclama no desdeñar ningún medio.“Esperemos”, pareciera decir Alberdi, “hagámoslo” es el credo metodológico deSarmiento, y así mientras el primero plantea no romper la dicotomía “civilización obarbarie”, el segundo la sintetiza.Sarmiento propugna la existencia de efectos benéficos en la guerra civil argentina, lamisma que impide la organización constitucional del país, porque encuentra más allá deunitarios y federales que tiene su razón social en el enfrentamiento cultural entre laciudad y la campaña. En el transcurso de esa guerra prolongada -a fuerza de combatirse-aquellas dos sociedades antagónicas, una que tiende al progreso desde la educación, laciencia y la industria, con una vida activa deseosa de novedades, y otra que cerrada 11
  12. 12. sobre la vida pastoril permanece salvaje estancada en la indiferencia al paso del tiempo,necesariamente han debido acercarse y llegado a conocerse, comenzando a simpatizar elgaucho lanzado sobre las ciudades con la causa del ciudadano. “La guerra civil hallevado a los porteños al interior, y a los provincianos, de unas provincias a otras. Lospueblos se han conocido, se han estudiado y se han acercado más de lo que el tirano(Rosas) quería; de ahí viene su cuidado de quitarles los correos, de violar lacorrespondencia y vigilarlos a todos. La unión es íntima7”. La explicación sociológicade Sarmiento supera en mucho la superficialidad panfletaria, de allí que en buenamedida anticipe que a la caída de Rosas han de contribuir tanto viejos unitarios comoantiguos federales para reorganizar el país con las nuevas generaciones en un sistemamixto que concilie las razones, ya entreveradas, de la unidad con el federalismo.A esa fisonomía política del país la encarnadura de Facundo Quiroga le caía pintadapara que Sarmiento pudiera explicar que “es desconocer mucho la naturaleza humanacreer que los pueblos se vuelven criminales, y que los hombres extraviados queasesinan, cuando hay un tirano que los impulse a ello, son, en el fondo, malvados. Tododepende de las preocupaciones que dominan en ciertos momentos, y el hombre que hoyse ceba en sangre, por fanatismo, era ayer un devoto inocente, y será mañana un buenciudadano, desde que desaparezca la excitación que lo indujo al crimen8”.Bajo esa consigna se entiende que en el retrato de Facundo, aún queriendo retratar a unbandido para castigar su memoria, Sarmiento reconozca y hasta reivindique los rasgosheroicos de quien “es el tipo más ingenuo del carácter de la guerra civil de la RepúblicaArgentina9”, “expresión fiel de una manera de ser de un pueblo, de sus preocupaciones einstintos10” y como tal dueño de “aquellas simpatías que los espíritus altamente dotadostienen por las cosas esencialmente buenas11”, aunque también “ignorante, bárbaro, queha llevado, por largos años, una vida errante que sólo alumbran, de vez en cuando, losreflejos siniestros del puñal que gira en torno suyo; valiente hasta la temeridad, dotadode fuerzas hercúleas, gaucho de a caballo, como el primero, dominándolo todo por laviolencia y el terror, no conoce más poder que el de la fuerza brutal12”. La contracara ala ingenuidad y el valor de Facundo Quiroga es la maldad fría y calculadora queSarmiento describe en Juan Manuel de Rosas, a quien responsabiliza por el asesinato deQuiroga: “falso, corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión, yorganiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo13”.A Sarmiento, finalmente, la sombra terrible de Facundo Quiroga acaba por seducirlo deun modo en que no sería concebible pudiera seducir a Alberdi: a través del puro coraje.El bruto espíritu guerrero, desprovisto de una causa nacional –que por definiciónalberdiana no puede estar presente entre los participantes de una guerra civil con lascaracterísticas del primer fratricidio argentino-, demuestra lo determinante que son lascircunstancias para la definición del héroe: piénsese en Juan Galo Lavalle, el León deRiobamba, quien fue un héroe indiscutido de la guerra de la Independencia, y al igualque Guillermo Brown héroe de la guerra contra el Brasil, claramente un héroe nacional,pero luego también, como Facundo Quiroga, otro héroe bárbaro de nuestra guerra civil.La circunstancia de combatir Quiroga por el bando federal (aunque fuera unitario porconvicción) y Lavalle por la facción unitaria, es irrelevante. La base del heroísmo estáen el valor del hombre demostrado con hechos, en méritos de guerra que provocan laadmiración de sus propios camaradas, pero la calificación depende de las circunstancias.El héroe bárbaro, sea unitario o federal, es reconocido valiente hasta por sus enemigos, 12
  13. 13. pero sin importar la dimensión de sus hazañas no es más que el héroe de unaparcialidad, un héroe pequeño, y a otros ojos, como los de Alberdi, resulta ser apenas unmonstruo grotesco y abominable.Sería idílico, ilusorio, suponer que la turbulencia de aquellos años hubiera podidodesaparecer por la simple sanción del texto constitucional. Era guerreando que se dabacada paso. La Constitución Nacional se alumbró luego de vencer Urquiza a Rosas enCaseros y el fin de la secesión de Buenos Aires llegó con la reforma constitucional de1860 porque antes se combatió en Cepeda. La forja de héroes bárbaros nunca se detuvo,por más que la evolución política se diera en los términos de mixtura que habíapronosticado Sarmiento la tentación del sable estaba latente en cada rincón del país.Paradójicamente la autoridad nacional que el Presidente Santiago Derqui, sucesor deUrquiza, no pudo sostener frente al Gobernador de Buenos Aires Bartolomé Mitre en labatalla de Pavón iba a ser refundada por Mitre como Presidente, haciendo que lasfuerzas nacionales impusieran la autoridad de sus instituciones sobre los resabios delpasado, con mucho en ello -claro- de ese mismo pasado que no podía serles ajeno.Así, durante la Presidencia de Bartolomé Mitre (1862-1868), el 11 de noviembre de1863, en el marco de la “guerra de policía” que el Presidente había ordenado llevaradelante contra el caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, conocido como “ElChacho”, la cabeza del rebelde fue puesta sobre una pica en medio de la plaza delpueblito de Olta. “Antes que el cuchillo separase la cabeza del cuerpo lo habían fusiladoa tiros, antes de eso lo habían lanceado, y antes que la lanza lo atravesara por el vientreel líder federal riojano era ya un prisionero que se había entregado mansamente. Conposterioridad Juan Bautista Alberdi dijo que ‘la vida real del Chacho no contiene unsolo hecho de barbarie igual al asesinato del que fue víctima’, por su parte Sarmiento,en carta a Mitre del 18 de noviembre de 1863, sostuvo desde San Juan, donde eraGobernador y Director de la Guerra contra el Chacho, que: ‘no sé lo que pensarán de laejecución del Chacho. Yo inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos yhonrados aquí he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabezaa aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habríanaquietado en seis meses. Los ejércitos harán paz, pero la tranquilidad no serestablecería, porque a nadie se le puede inspirar confianza de que no principie la guerracuando le plazca al Chacho invadir las provincias vecinas, es su profesión, ejercidaimpunemente durante treinta años, hallando siempre en la razón de Estado o en elinterés de los partidos medios para burlarse de las leyes y las constituciones yaceptándolo como uno de los rasgos de la vida argentina y de nuestro modo de ser. Sea,pero seamos lógicos: cortarle la cabeza cuando se le de alcance es otro rasgo argentino.El derecho no rige sino con los que lo respetan, los demás están fuera de la ley; y notiene el idioma en vano estas locuciones. Hizo él o Puebla degollar en el Valle Fértil ami primo Don Maximiliano Albarracín, como Carlos Ángel hizo ahorcar el año pasado,a mi primo hermano Ezequiel Salcedo, lo que no estorba que Carlos Ángel hayaobtenido indulto. La guerra civil concluye, pues, por actos militares gloriosos, como elde Caucete14, y por el castigo de Olta’15”.El país se civilizaba al modo de Sarmiento, que es decir a lo bárbaro, pero se civilizaba.Y el mismo Sarmiento, que plasmó a través del Facundo el arquetipo del héroe bárbaro,terminaría siendo, por esos giros trágicos que dispone el destino, la guía espiritual dequien iba a personificar el retorno a la consideración pública del héroe nacional. En latriste ocasión de acudir al cementerio de la Recoleta, observó Sarmiento que “Por entre 13
  14. 14. sus columnas se divisan ya, aún antes de entrar, urnas cinerarias, sepulcros, columnas ysarcófagos y la bella estatua del Dolor que vela gimiendo sobre la tumba de Facundo, aquien el arte literario más que el puñal del tirano, que lo atravesó en Barranca Yaco, hacondenado a sobrevivirse a sí mismo y a los suyos a quienes nos trasmiteresponsabilidades la sangre. El Dante puede mostrar a Virgilio este león encadenado,convertido en mármol de Paros y en estatua griega, porque del otro lado de la tumbatodo lo que sobrevive debe ser bello y arreglado a los tipos divinos, cuyas formasrevestirá el hombre que viene. He aquí –me decía un joven Arce, pariente de Quiroga-como yo llevo la toga y la clámide del griego, y no la túnica ni la dalmática del bárbaro.Pude decirle a mi vez que mi sangre corre ahora confundida en sus hijos con la deFacundo y no se han repelido sus corpúsculos rojos, porque eran afines. Quiroga hapasado a la historia y reviste las formas esculturales de los héroes primitivos, de Ajax yAquiles16”.Había por entonces, en el ánimo de Sarmiento, el hombre, una herida insanable de lasque irremediablemente permanecen llaga hasta el día de la muerte, y que sin embargosobrellevaba con el orgullo que confieren la dignidad y el convencimiento.El 14 de Enero de 1865 el Mariscal Francisco Solano López solicitó autorización algobierno argentino para que tropas paraguayas pudieran atravesar el territorio de laProvincia de Corrientes y así combatir a los brasileros. A principios de febrero elPresidente Bartolomé Mitre negó ese permiso. El gobierno paraguayo optó entonces porignorar la negativa, al punto que el 18 de marzo de 1865 el Congreso del Paraguayautorizó a Solano López a declarar la guerra a la República Argentina, cosa que seefectivizó al día siguiente y se materializó el 14 de abril cuando fuerzas al mando delgeneral Wenceslao Robles se apoderaron de la Ciudad de Corrientes. El 3 de mayo elGobierno Argentino se notificó de la declaración de guerra del Paraguay, la cual aceptóplenamente el 9 de mayo.En el interín, el 12 de abril de 1865, el Presidente Bartolomé Mitre dio un encendidodiscurso en la Plaza de la Victoria, cuyo párrafo saliente es el siguiente: “La hora hallegado. Basta de palabras y vamos a los hechos. Que esas exclamaciones que pueblanel aire no sean un vano ruido que se lleva el viento. Que ellas sean el toque de alarma, lallamada popular que convoque a todos los ciudadanos, para correr en veinticuatro horasal cuartel, en quince días en campaña, en tres meses en Asunción”.La juventud porteña se hizo eco del clima belicista y respondiendo al llamado delPresidente corrió a enlistarse con el fervor de servir a la Patria. Ante la recluta, losjóvenes hijos de padres prominentes se aprovecharon de las influencias que les brindabael parentesco, no para evitar la convocatoria, sino para asegurarse lugares en el frente debatalla. Así marcharon para morir en combate, entre otros, Domingo Fidel Sarmiento,hijo del Embajador argentino en los Estados Unidos Domingo Faustino Sarmiento, yFrancisco Paz, hijo del Vicepresidente Marcos Paz quien había quedado a cargo de laPresidencia por la presencia de Mitre en el teatro de operaciones.Desde que toda guerra es una controversia, los argumentos que pueden sostenerse afavor o en contra de su prosecución resultan controversiales. Las razones, laoportunidad, el contexto internacional, sus finalidades y alcances, todo lo que endefinitiva da cuerpo a su realización es susceptible de recibir cantidad decuestionamientos. La Guerra del Paraguay generó, además de resistencias en el interior 14
  15. 15. del país, la censura de severos críticos como Juan Bautista Alberdi, especialmenteporque se hacía en alianza con el Brasil, pero la invasión del territorio argentino era enel sentimiento de la juventud patriota una afrenta a la dignidad nacional que no podíaquedar impune. Los que ofrecieron su pecho para ir al combate lo hicieron entendiendoque era el riesgo que debían afrontar por lealtad a la Patria, y aún con todos loscuestionamientos posibles, nadie puede negarles a esos soldados la convicción, y elhecho, de haber combatido por la causa nacional.Refiriendo lo actuado por su propio hijo, dice Sarmiento que “debió, pues, ser uno delos primeros en acudir a los cuarteles a donde llamaba a la juventud el Presidente Mitre,en lenguaje del champagne, y le dio el título de Ayudante Mayor de Guardia Nacionalque había tomado por asalto en San Juan y viendo que a la Guardia Nacional lossoldados de línea le llamaban la niña Manuelita, porque se le economizaba su ración debalas, pidió y obtuvo del favor de todos sentar plaza de capitán en un batallón delínea17”.“En lenguaje del champagne”, ubica Sarmiento aquellas palabras de Mitre quepronosticaban una guerra relámpago, rápida y fácil, pero que chocaron con la realidadde trincheras inexpugnables y la bravura de los paraguayos. No fue un paseo de tresmeses, fueron cinco años de lucha encarnizada lo que demoró concluir la Guerra delParaguay desde 1865. Mitre terminó su mandato presidencial con la contienda en curso.Fue recién bajo el gobierno de su sucesor, el Presidente Sarmiento, que Asunción cayóen manos de los aliados el 5 de Enero de 1869 y que la última resistencia fueraextinguida en Cerro Coré el 1 de marzo de 1870 con la muerte del dictador FranciscoSolano López.Si la pluma de Sarmiento a través del Facundo fijó el prototipo del héroe bárbaro, suprédica política iba a moldear en la realidad a nuevos héroes nacionales; principiando, através del afecto paterno, por su propio hijo: “… y Dios me lo perdone, si hay que pedirperdón de que un hijo muera en un campo de batalla, pro patria pues yo lo vinedirigiendo hacia su temprano fin. Poco tenía que rondar el fuego para prender en estaalma harto excitable, para elevarse como fanal que ilumina la Historia o pira que seconsume a sí misma. Veníamos educando a la juventud de Buenos Aires, para la nuevavida a que llamaban la situación precaria del Estado, y el porvenir de las institucioneslibres. Habíanla retraído durante la tiranía de Rosas de empuñar las armas, la posiciónhíbrida del oficial, soldado y asesino a la vez, con la guerra a muerte y el degüello. Cuanlejos estábamos de la época de los Las Heras, los Necocheas, los Lavalles, cuyo valorera congénere de la belleza de la raza, la altivez caballeresca o la elegancia del alto tonosocial”.Para el comienzo de la guerra el poder estaba en manos de la llamada Generación del37, con la que el país empezaba a consolidarse como Estado y a proyectarseinstitucionalmente hacia el futuro. En esa concepción republicana se iban formando losjóvenes que sirviendo de recambio darían cuerpo a la Generación del 80. Domingo FidelSarmiento, “Dominguito”, nacido en Santiago de Chile el 17 de abril de 1845, era partede esa promesa argentina. Estudiante de Derecho, escritor, tenía las condicionesintelectuales, el carisma y la ambición necesaria para aspirar a ocupar puestos derelevancia en la carrera política. Ese impulso le venía heredado de su padre adoptivo,Domingo Faustino Sarmiento; era la contracara del sueño de aquel por verse superado,tanto en lo personal como en lo generacional, que es decir ver a la Patria florecer. 15
  16. 16. Consecuente con sus aspiraciones “Dominguito fue el primero de los enrolados. Mitreera su amigo, su tutor, y nada resistía aunque quisieran, a aquel torrente, que encontrabacomo un canal de molino, para apoderarse de la dirección dada desde la infancia a susideas, con los ideales que él había forjado. Aún después de calmado el primer ardorjuvenil en muchos que después de regularizada la guerra, pidieron licencia temporal ysu retiro, vueltos a Buenos Aires después de haber aspirado el humo de la pólvora,resistió Dominguito a los esfuerzos de sus amigos incitados a ello por la angustiamaterna, para que no abandonase el sendero que le trazaban sus brillantes estudiosuniversitarios. Entonces dijo al Dr. Avellaneda la razón de su persistencia: ‘Mi suerteestá echada. Me ha educado mi padre con su ejemplo y sus lecciones para la vidapública. No tengo carrera, pero para ser hombre de Estado en nuestro país, es precisohaber manejado la espada; y yo soy nervioso, como Enrique II, y necesito endurecermeal frente del enemigo’. ¿Qué oponer a esas razones?18”.El 21 de setiembre de 1866, víspera de la Batalla de Curupaití, Dominguito escribía a sumadre, la argentina Benita Martínez Pastoriza de Sarmiento:“Querida vieja:La guerra es un juego de azar. Puede la fortuna sonreír, como abandonar al que seexpone al plomo enemigo.Si las visiones que nadie llama y que ellas solas vienen a adormecer las curas fatigas,dan la seguridad de vida en el porvenir que ellas pintan; si halagadores presentimientosque atraen para más adelante; si la ambición de un destino brillante que yo me forjo, sonbastantes para dar tranquilidad al ánimo, serenado por la santa misión de defender a supatria, yo tengo fe en mí, fe firme y perfecta en mi camino. ¿Qué es la fe? No puedoexplicármelo, pero me basta.Más si lo que tengo por presentimientos son ilusiones destinadas a desvanecerse ante lametralla de Curupaití o de Humaitá, no sientas mi pérdida hasta el punto de sucumbirbajo la pesadumbre del dolor. Morir por su Patria es vivir, es dar a nuestro nombre unbrillo que nada borrará; y nunca jamás fue más digna la mujer que cuando con estoicaresignación envía a las batallas al hijo de sus entrañas.Las madres argentinas trasmitirán a las generaciones el legado de la abnegación y elsacrificio.Pero dejemos aquí estas líneas que un exceso de cariño me hace suponer ser letraspóstumas que te dirijo”.En esa misma hoja, hizo horas después el siguiente agregado:“Septiembre de 1866Son las diez. Las balas de grueso calibre estallan sobre el batallón. Salud mi madre!”El capitán Domingo Fidel Sarmiento cayó ese 22 de setiembre de 1866, en ocasión de laBatalla de Curupaití. Uno más entre las nueve mil bajas que en una sola jornada 16
  17. 17. sufrieron las fuerzas aliadas. En carta a Mary Mann del 13 de diciembre de 1866,aseguraba Sarmiento que “En la guerra ha muerto mi hijo, de un balazo en un pie, pordonde se desangró antes de recibir auxilios19”; añadiendo que “A los 21 ha muerto,combatiendo como un héroe20”, lo que probablemente refleje cual haya sido su primeranoticia sobre el hecho, recibida mientras era Embajador Argentino en los EstadosUnidos.Luego parece haber recibido otra versión, apenas distinta, sobre las circunstancias enque murió el capitán, porque al publicar “La vida de Dominguito” en 1886 sostiene que“mandando una compañía de línea al frente de las baterías que defendían elinoficiosamente atacado fuerte de Curupaití, un casco de bomba le cortó el tendón deAquiles y murió desangrado, al frente del enemigo, transportado el cadáver exánime alcuartel general por sus soldados, que lo amaban21”. “Hirióle un soldado anónimo en elpunto en que penetró a Aquiles la flecha de París, y murió desangrado como el héroegriego22”.En los manuscritos de la primera versión de “La vida de Dominguito”, escritos en 1867,refiere Sarmiento, trasluciendo su juicio íntimo sobre Mitre, que su hijo “Sacrificose enprosecución de la gloria, como tantos millares de soldados segados en yerba para que ungeneral florezca. Cuán orgulloso debió sentirse de morir por la Patria al pie de unatrinchera al frente de su compañía de granaderos. Dicen que no consintió al principio enque lo alzaran de donde cayó herido. Entusiasmo juvenil, a la misma edad yo lo hesentido. Moribundo y desangrado levantaba el revólver amenazando a los que sentíaacercarse. ¿Tomábalos por enemigos? Alarde de joven, para mostrarse guerrero, ypronto a la lid, aún muriendo23”.En carta al general Lucio V. Mansilla, Comandante del Batallón en el que revistabaDominguito “y a cuya vista murió”, Sarmiento le solicita información sobre eldesempeño militar de su hijo, ya que “me encuentro a oscuras, habiendo estado tan lejosdel teatro de los sucesos”. El 9 de junio de 1886, Mansilla respondió dando una versiónde la muerte del capitán distinta de las que hasta entonces parecía conocer el viejoMaestro: “Ud. no sabe quizás que Dominguito murió herido en el pecho, lejos, muylejos ya de aquellas terribles trincheras de Curupaití, lo que quiere decir que ni aún enretirada dejaba de tener para él, poesía e imán el peligro. Todo él entero y verdadero,estaba en eso: la guerra era para él, no un arte, no una ciencia, mucho menos un oficio,era una vocación. Y como el fraile de la Trapa que cava su propia sepultura, debió moriry murió, del modo más glorioso, en el campo de batalla y al pie de su bandera, que porél y Pedro Iparraguirre, se salvó. Un día, tan es exacto lo que voy diciendo, decíame éldespués del primer encuentro con el enemigo que fue recio, ‘y esto es pelear’.Dominguito, le contesté: si quieres más tienes que leerlo en la Mitología, y, mira, no teapures”.Este intercambio epistolar forma parte de la primera edición de La vida de Dominguito,con lo cual queda en evidencia que corrieron distintas versiones sobre la muerte delcapitán Sarmiento, coincidentes todas en su carácter heroico. Ya sea herido frente a lastrincheras, justo en el punto débil de Aquiles, el primero de los héroes, o lejos de lastrincheras poniendo el pecho para evitar que el enemigo capturase la Bandera, igual queCabral en San Lorenzo para impedir la muerte de San Martín, ninguna duda queda queaquel voluntario antepuso su palabra de defender a la Patria por encima de preservar supropia vida. Se lo había asegurado a su madre reclamándole que se pareciera más a una 17
  18. 18. recia matrona de la vieja Esparta, que a la preocupada y protectora Tetis. Con todo, lavalentía del capitán Sarmiento no constituyó ninguna rareza entre nuestros combatientesde la Guerra del Paraguay, y del mismo modo que no fue singular su coraje tampoco lofue su muerte. Miles de soldados argentinos se inmolaron como él, batallandotozudamente contra las defensas paraguayas. Lo que constituye a Domingo FidelSarmiento en el héroe nacional paradigmático de la Guerra del Paraguay es el relato. Elrelato es en definitiva el elemento que otorgándole fama al héroe lo completa en sufunción ejemplificadora. En su persona y en sus circunstancias reunía las condicionesnecesarias para ser albergado por la memoria colectiva. Su muerte conmovió a loscontemporáneos, en especial a los jóvenes estudiantes, y fue una de las razones quehicieron de Sarmiento, su padre, el Presidente de la Nación. La carta a su madre,iniciada con un “Querida vieja”, tan coloquial, tan de todos nosotros, da cuenta de ladeterminación suya, capaz de afrontar el presentimiento mortal marchando hacia elcombate. Es totalmente insignificante si se pareció o no al bravo Aquiles en la heridafatal, el capitán Sarmiento fue Aquiles frente al destino.El héroe nacional volvía conceptualmente reafirmando el espíritu guerrero. Mucho antesa que el Presidente de los Estados Unidos John Fiztzgerald Kennedy dijera aquellaconsigna de no preguntar que puede hacer la Patria por uno, sino lo que uno puede hacerpor la Patria, los jóvenes argentinos de aquella generación empeñados en la Guerra delParaguay querían romántica y generosamente dar lo mejor de sí a la Argentina, y lohacían, sin reparos, sin mezquindades, como lo demuestran las palabras del aguerridoMartín Viñales que afrontando la amputación de su brazo por las heridas recibidas encombate, sentenció: “No es nada, apenas un brazo menos, la Patria merece más24”.Reflexionando sobre el heroísmo y la gloria a consecuencia de la Guerra del Paraguay,resulta una coincidencia singular que tanto el pacifista Alberdi como el belicosoSarmiento, en su afán civilizador y siendo polos opuestos en los medios a utilizar,pudieran tener una coincidencia de fines tan exacta en materia de lo que debe ser paralos pueblos “la verdadera gloria”.Al lamentarse Alberdi porque la única gloria conocida en Sudamérica fuera la gloriamilitar, específicamente decía: “Ninguna invención como la de Franklin, como la deFulton, como el telégrafo eléctrico, y tantas otras que el mundo civilizado debe aAmérica del Norte, ha ilustrado hasta aquí a América del Sud. Ni en las ciencias físicas,ni en las conquistas de la industria, ni en ramo alguno de los conocimientos humanos,conoce el mundo una gloria sudamericana que se pueda llamar universal25”.En un todo coincidente, y testimoniando el dolor por la muerte de Dominguito sinencontrar consuelo en el heroísmo militar, en la frase final e inconclusa de susmanuscritos de 1867, Sarmiento expone su queja por esa vida tronchada antes dealcanzar su mayor brillo: “¡La gloria! ¡La gloria! ¡Vana ilusión tras la cual corremos, ytantos, tantos, tropiezan para no levantarse más! Y sin embargo, una idea exacta y justade la gloria, cuando las creencias se amortiguan, supliría para las organizacionesprivilegiadas a suplir la falta de otras esperanzas. La gloria es el arte de vivir amado porel mayor número posible de hombres, por el mayor número de años. Los grandeshombres cuentan la vida por siglos. ¡Qué recompensa más grande para la virtud útil enla tierra! Tomemos a Franklin, como objeto de estudio. Conocido apenas de suscompañeros de trabajo en la imprenta, estudia laboriosamente sus intereses, sus deberesde ciudadano, y cultiva su inteligencia. Por un periódico que escribe se hace estimar de 18
  19. 19. una población entera, propendiendo a la mejora de todos. Conócelo mejor su país engeneral: conócelo más tarde con respeto la Inglaterra. La sencilla experiencia sobre laelectricidad de las nubes, le asegura un lugar distinguido en los anales de la ciencia. LaFrancia, después el mundo entero asocian su nombre al de los bienhechores de lahumanidad. La Patria de Franklin viene a hacerse la humanidad entera. Muere y sunombre sobrevive, y generación tras generación le conservan su estimación y afecto, porlo que de sus trabajos y su benéfica influencia todos aprovecharon. He aquí la más pura,de las glorias, la verdadera gloria. Tomemos otro modelo de la gloria Na…26”.Cabe comprender que con mirada vidriosa dejara Sarmiento la pluma a un lado en eseexacto punto, como si se descubriera reprochando la temprana muerte a su hijo, ese hijocon el que siendo pequeño leían, alternadamente, en voz alta, “La vida de Franklin”traducida por Juan María Gutiérrez.Las diferencias entre Sarmiento y Alberdi, en apariencia irreconciliables, no podíanempero ser más que efímeras, simplemente coyunturales, dado que los dos anhelabanpara la Patria la verdadera gloria en mérito al progreso de la humanidad antes que lagloria de los héroes militares, que no es algo que pueda plantearse como objetivo últimode ningún país civilizado. El heroísmo militar ocurre, se da cuando hombres comunesenfrentan circunstancias extraordinarias. Las glorias del progreso, en cambio, sí puedenser estimuladas, buscadas y provocadas por el avance ordinario de la ciencia y latecnología. En 1879, siendo Sarmiento ministro del Presidente Avellaneda, el país ibacon relativa paz y administración consolidando sus instituciones, contando para ello conalgo de lo que se carecía antes de la Guerra del Paraguay: un verdadero EjércitoArgentino. El 16 de septiembre de ese año regresó al país, tras 41 años de ausencia, eldoctor Juan Bautista Alberdi, y ya coincidiendo en el mismo lugar con DomingoFaustino Sarmiento los dos se encuentran en el Ministerio del Interior.“He aquí al tremendo ministro de Avellaneda. Conversa con algunos amigos, entre ellosAristóbulo del Valle. Sarmiento habla con locuacidad, bromea y ríe. De pronto pónensetodos muy serios. Es que acaba de entrar un ordenanza y anunciar que ha llegado eldoctor Juan Bautista Alberdi. Todos miran a Sarmiento. Parece impresionado. Todosmiran también hacia la puerta. Por fin se abre y entra Alberdi, y entonces los presentesasisten a una escena conmovedora, que les llena de lágrimas los ojos, y que muestracómo en el corazón de Sarmiento no hay odios. El hombre violento, el feroz enemigo desus enemigos, exclama: - Doctor Alberdi, ¡en mis brazos!Y los dos grandes argentinos se estrechan en un largo abrazo, el abrazo del destierro yde la vieja amistad en Chile, el abrazo que recuerda a cada uno lo que el otro ha hechopor la Patria, el abrazo del olvido y el perdón. Los dos están conmovidos hasta laslágrimas y algunos de los presentes lloran como criaturas ante el hermosoespectáculo27”.Al advenimiento del Siglo XX los desarrollos científicos y técnicos fueron tornándosecada vez más veloces, integrándose en mayor o menor medida a la vida cotidiana segúnla predisposición al progreso y las posibilidades materiales de cada Estado. Argentinafue recibiendo inmigrantes tanto como ciencias y artes, sin lograr nunca desprendersedel todo de la tentación bárbara de imponer la política a través del sable. El alzamiento 19
  20. 20. en armas de Buenos Aires en 1880, la Revolución del Parque en 1890, y posteriormentela tradición motinera del radicalismo dan cuenta de falencias en los medios para dirimirpacíficamente las diferencias, algo con lo que hemos convivido durante casi todanuestra historia hasta años muy recientes. En parte por ello, el concepto del heroísmoseguía ligado con exclusividad al arrojo demostrado en combate. El coraje era unacuestión de armas, aunque en situaciones especiales, como la epidemia de fiebreamarilla que azotó a Buenos Aires en 1871, y que dejó más de 10.000 muertos, aflorabaese otro heroísmo pleno de valentía y sólo destinado a salvar vidas por el cual muchosse arriesgaron a morir para asistir a los enfermos y evitar que se extienda la crisissanitaria. Los nombres de médicos insignes como Francisco Muñiz -un Patriota dedimensiones gigantes- y Manuel Argerich, son sólo algunos de los que murieron encumplimiento del deber afectados por la fiebre amarilla; merecedores de la misma honraque el soldado que destaca en el frente de batalla.Sin embargo esos héroes civiles no fueron percibidos por la sociedad como tales, sinomás bien como mártires frente a un evento desgraciado. Esa es una explicación posiblepara que, rompiendo definitivamente el límite estrictamente guerrero del heroísmo,recién en los comienzos del nuevo siglo el concepto quedara plenamente abierto a lavida civil con la aparición del Ingeniero Jorge Newbery. Newbery vino a ser el PrimerHéroe Civil de la República Argentina, no porque no hubiera habido héroes civilesantes que él, sino porque supo alcanzar la admiración y el reconocimiento popular comoningún otro hasta entonces.Newbery, padre de la aviación argentina, buscaba esa gloria de ciencia y tecnología queanhelaban ver alumbrar en la República tanto Sarmiento como Alberdi, pero adiferencia del científico o el técnico que hace fructificar sus estudios sin poner en riesgoevidente su propia integridad física, el intrépido Newbery llevaba su cuerpo al límite delo hasta entonces posible. Los pioneros del espacio desafiaban a la muerte adentrándoseen los cielos en la lucha por dominar los elementos de la naturaleza, y así ganaban laadmiración popular despertando sueños de maravillas futuras. Cada logro de aquelpuñado de locos del aire, que no se conformaban con que el volar fuera sólo para lospájaros, ilusionaba con el mañana despertando orgullo por lo que los argentinos podíanhacer. Fueron héroes; a fuerza de coraje lograron que el pueblo advierta el interésnacional en las posibilidades del tránsito aéreo, héroes nacionales desde que por unacausa nacional se jugaban la vida.Jorge Alejandro Newbery28 nació el 29 de mayo de 1875 en la casa de la calle Florida251 de la Ciudad de Buenos Aires. Su padre era el odontólogo Ralph Newbery, unestadounidense que a los 16 años había integrado el ejército federado a órdenes deUlises Grant, recibiendo una condecoración como premio a su coraje. El afán deaventura lo trajo a Buenos Aires donde conoció a Dolores Malagarie, con quien se casóel 26 de julio de 1873 y tuvo 12 hijos. El segundo de esos hijos, Jorge Alejandro, elmayor de los varones, viajó a los Estados Unidos sin compañía de sus padres paraconocer a sus abuelos paternos a la edad de 8 años. Luego volvió al país dondecompletó el bachillerato del que egresó con una vocación incontenible por la mecánica.Así volvió a dejar el país e “ingresa en la Universidad norteamericana de Cornell dondeestudia por espacio de dos años. De las distintas especialidades de la ingeniería le atraecon mayor fuerza la electricidad, cuyos notables avances se coronan con las invencionesde Edison, su profesor cuando pasa a estudiar en el Drexel Institute, de Filadelfia. Supaso por las universidades norteamericanas ahonda su amor por las disciplinas técnicas 20
  21. 21. y científicas y le despierta su afición por los deportes. Es decir, lo arraiga en las dosdirecciones fundamentales en que habrá de orientar su vida futura y que darán eternidada su nombre29”. A los 21 años, de regreso en Buenos Aires con su título de ingenieroelectricista comienza a trabajar en la Compañía Luz y Tracción del Río de la Plata, dosaños después ingresa en la Armada Nacional como ingeniero electricista de primeraclase y se le asigna el grado de capitán de fragata. Presta servicios en el crucero“Buenos Aires” y es enviado en comisión a Europa para adquirir equipos eléctricosdestinados a las unidades de batalla y la defensa de las costas. Aunque parezca absurdo,la generalidad de los egresados de la Escuela Naval no sabían nadar, por lo queNewbery, como deportista nato, hizo que se enseñara natación a los cadetes. En 1900 elIntendente porteño Adolfo Bullrich le ofreció el cargo de Director General deAlumbrado de la Municipalidad de la Capital, donde trabajó hasta su muerte, y desde1904 ejerció la cátedra de electrotécnica de la Escuela Industrial de la Nación.Newbery fue un personaje singular y polifacético. Funcionario probo y eficiente queextendió el alumbrado público, dandy que introdujo el Tango en los círculos altos de lasociedad, boxeador que peleaba clandestino en el Mercado Central de Frutos lo mismoque en la quinta de Carlos Delcasse y cuyos puños durmieron a más de un compadrito,esgrimista, nadador, remero, promotor de los deportes, innovador hasta el punto dedesafiar las buenas costumbres con un traje de baño que escandalosamente mostraba suspiernas, los brazos, parte del pecho y la espalda, pero sobre todo ello: el aviador.En 1907 Aarón Anchorena regresa de París trayendo su globo El Pampero, con el quetienta a Newbery. “Jorge acepta entusiasmado la invitación. Hombre de acción einvestigador de laboratorio –luego se verá- intuye claramente la gran mudanza que laaeronáutica operará en la vinculación entre las naciones, en las relaciones humanas.Piensa que su Patria, tan extensa, tan desguarnecida, con una población tan escasa, nopuede ni debe quedar al margen de ese avance30”. Ambos intrépidos realizan el 25 dediciembre de ese año el vuelo inaugural de la aeronavegación argentina uniendo BuenosAires con la costa de Conchillas, del Departamento de Colonia en Uruguay. El Pamperosigue volando y Eduardo Newbery, que compite con su hermano por superarlo enhazañas, va a convertirse el 17 de octubre de 1908, junto con el sargento EduardoRomero, en tripulante del fatídico último vuelo de ese primer globo que pretendiendollegar a Neuquén termina perdido en el mar.Jorge Newbery no se deja detener por la tragedia. Al contrario, vuelve a volar el 24 deenero de 1909 alistando un nuevo globo que ya desde el nombre anuncia lo irreversibleque es la empresa de conquistar los cielos: El Patriota.La actividad aeronáutica retoma así el impulso que la muerte amenazó paralizar. El 27de diciembre de 1909 parte en vuelo solitario a bordo de El Huracán y “con su travesía,Jorge, el ídolo criollo, ha batido el record sudamericano de duración y distancia al salvarquinientos cincuenta kilómetros en trece horas, y se coloca en el cuarto lugar en elrecord mundial del tiempo de suspensión y en el sexto con respecto al recorrido. ElAeroclub le entrega una medalla de oro y un diploma, testimonios de su record. Y unclub de fútbol, al nacer adopta el nombre y la insignia de su globo: Huracán31”. A losvuelos en ese globo se suman otros en el que lleva el nombre de su hermano, EduardoNewbery, y con el Buenos Aires, volando en compañía de los tenientes Melchor Escolay Raúl Goubat, el 5 de noviembre de 1912 imponen un nuevo record sudamericano dealtura: 5.100 metros soportando 16 grados bajo cero. 21
  22. 22. Paralelamente Newbery comienza a volar aeroplanos. Son tiempos en los que la NaciónArgentina, tras la orgullosa celebración del Centenario está recreando su heroísmo,cuenta con un gran Presidente, el Dr. Roque Sáenz Peña que introduce sustancialesmodificaciones al régimen electoral. Además tiene Sáenz Peña, hijo de Luis -otroPresidente-, la particularidad de ser un héroe de guerra, pero no de Argentina, sinohéroe nacional del Perú por su participación como voluntario en la Guerra del Pacífico.Ese Presidente, romántico, audaz, ilustrado y con visión de futuro es quien firma el 10de agosto de 1912 el decreto por el cual se crea la Escuela Militar de Aviación, dondeNewbery es instructor. El 24 de noviembre Newbery cruza el Río de la Plata aterrizandoen Colonia y vuela de regreso en el mismo día. Siguiendo su estímulo, el jovenconscripto Teodoro Fels -quien gozando de buena posición económica hizo que sumadre le compre un aeroplano- vuela el 1 de diciembre de 1912 hasta Montevideosuperando a Newbery y batiendo el récord mundial de vuelo sobre agua. El heroísmoejemplifica y así “La gente sencilla celebra entusiasmada esa emulación, esta rivalidaden la proeza y el prodigio. El espíritu nacional vive horas ardientes. El brío crece en losjóvenes y son muchos los que se alistan en el Aero Club, los que inician el duro ysevero noviciado32”.Newbery se propone cruzar la Cordillera de los Andes, una proeza temeraria, quecomienza a preparar con dedicación científica. En ese afán el 5 de febrero de 1914 bateel récord mundial de altura al elevarse hasta los 6.225 metros. Ya decidido a realizar elcruce “una marca comercial porteña, al celebrar la marca de Newbery, instituye unpremio de cincuenta mil francos para el primer aviador que cruce los Andes. Nuestrohéroe manifiesta su contrariedad por la posición falsa en que lo coloca el oportunismopublicitario de esa firma. Sabido es que el único piloto preparado para la travesía ‘porsus esfuerzos propios y carácter de sportman’ es él. En consecuencia ‘para evitar –dice-los comentarios que originaría el hecho’, manifiesta su intención de renunciar a larealización ‘de lo que es un ideal superior a todo otro interés que no fuera sucooperación a la ciencia’. La declaración pública de Newbery produce una conmocióngeneral. La firma comercial se apresura a retirar la institución del premio. El episodiosirve para agrandar la admiración del pueblo hacia su ídolo. Si con el récord mundial dealtura había dado una prueba de bravura y pericia, con el repudio de un premio del quesería su lógico beneficiario y que disminuye ‘lo que es un ideal superior a todo otrointerés que no fuera su cooperación a la ciencia’, testimonia su desinterés y las normasmorales a que ajusta su conducta33”.Ese gesto de altura ética va a ser el último gran acto del Primer Héroe Civil de laRepública Argentina, porque el primero de mayo de 1914, antes de poder iniciar elcruce, se estrella y muere con el avión Morane-Saulnier de su amigo Teodoro Fels enLos Tamarindos, Mendoza, piloteando lo que no era más que un vuelo de exhibición.La trascendencia de Newbery hay que verla en su significación para el concepto delheroísmo. Ser héroe, servir a una causa nacional con riesgo de vida, hazañosamente, sinnecesidad de ninguna contienda bélica. Sarmiento y Alberdi soñaban con el ejemplo quevino a dar Newbery. El ingeniero electricista abrió el camino al reconocimiento públicode esa gloria superior que hace al progreso de la civilización por el desarrollo científicotecnológico, al orgullo nacional por logros civiles y en tiempos de paz. El viejoheroísmo guerrero se adaptaba a los nuevos tiempos y al vértigo de las innovaciones, dehecho cuando el 10 de diciembre de 1965 los diez militares de la expedición comandada 22
  23. 23. por el coronel Jorge Leal colocaban la Generala Albiceleste en el Polo Sur se convertíanen Héroes Nacionales de la misma categoría civil de Newbery, más allá de su condiciónmilitar, porque el logro para la soberanía no era bélico ni tenía que ver con el corajeguerrero.Newbery fue tanto un científico como un deportista, pero principalmente un señor delcoraje que animó el espíritu de la Nación Argentina incitando a la superación. No todocientífico alcanza la gloria en los términos de Sarmiento y Alberdi, ni todo científicoque la alcanza se convierte en héroe. El heroísmo requiere la exhibición de valentía, elandar sobre el filo de la navaja pudiendo quedar muerto o herido, y no cualquiervalentía sino aquella que toma una representación colectiva. Del mismo modo hay unagloria deportiva, que no necesariamente hace del campeón un héroe. Pero a partir deNewbery, tanto el mérito científico como el mérito deportivo se convirtieron en causade orgullo nacional. Incluso el orgullo por la cultura propia, a través del Tango, tambiénle debe mucho a un tipo como Newbery por no renegar de lo nuestro.Casi no es posible ver un avión en cielo argentino sin pensar en Newbery. Por eso nosarriesgamos a decir que si el país pudo vanagloriarse durante el Siglo XX por tenerganadores del Premio Nóbel como Bernardo Alberto Houssay, Luis Alberto Leloir yCésar Milstein, o un médico de la talla de René Favaloro, fue en parte porque a travésde Newbery el ciudadano común logró visualizar la importancia del conocimiento yapoyó con su esfuerzo los empeños por formar materia pensante que abriera nuevosrumbos y posibilidades para la vida corriente, la de todos los días.Desde luego que en el Siglo XX, problemático y febril como bien lo definiera EnriqueSantos Discépolo, no se caracterizó por concentrarse la humanidad en metas científicas.Las dos guerras mundiales y la guerra fría después, con la proliferación de conflictosperiféricos muy calientes, le dieron a la violencia un rol protagónico, que sin embargono detuvo el dinamismo del progreso científico tecnológico. El apogeo de las guerraspotenció el peso del héroe guerrero, no sólo por la normal práctica de todos los tiemposrespecto a realzar ejemplos que sirvieran para guiar la conducta de los hombres encombate, sino por las inéditas condiciones técnicas disponibles para difundirmasivamente esas hazañas.La radio, las historietas, las novelas, y especialmente el cine que desde su nacimientotrascendió las fronteras, sirvieron como elementos de propaganda y en cierto puntolograron emparentar el heroísmo real con el heroísmo de ficción, además de permitirque ciertos héroes pudieran ser reivindicados como tales sin importar su país de origen.Tal el caso de Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, el conocido Barón Rojo,quien siendo un piloto alemán prácticamente se convirtió en “el héroe” universal de laPrimera Guerra Mundial, obteniendo el respeto y la admiración de sus enemigos. Así sufigura fue rápidamente idealizada captando la atención de esas nuevas expresiones decomunicación que antaño estaban limitadas a la tradición oral, al pregón de los juglareso a la excepcionalidad de escritores como Homero. La cultura universal adoptó al BarónRojo como sinónimo de valor y de elegante caballerosidad que justificaba hacer laguerra casi con espíritu deportivo. Al tiempo de la Segunda Guerra Mundial lamasividad de la contienda bélica contribuye a democratizar la condición del héroe,porque el poder ha ido cambiando de manos, y tanto Vasili Zaitsev, un pastor de losUrales, como Audie Murphy, un chico pobre de Texas, se convierten en referenciasheroicas para la URSS y los Estados Unidos respectivamente. 23
  24. 24. Paralelamente, la historieta y el cine promueven al apogeo a personajes de ficción conpoderes extraordinarios que volviendo al modelo homérico con artificios de modernidadforman una nueva categoría de héroes: los superhéroes. Y de alguna manera los límitesde la realidad y la ficción se tornan luego algo difusos desde que Audie Murphy, elsoldado más condecorado de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial,protagoniza una película de guerra en la que se interpreta a sí mismo convirtiéndose enestrella de cine. Ese es un hecho paradigmático del cruce entre la realidad y la ficción,pero que reconoce el antecedente de William Frederick “Búfalo Bill” Cody, quienmontó su propio espectáculo circense recreando los episodios del salvaje oeste que lohicieron famoso.A la par de lo que ocurría en el mundo, siempre empañada por la tentación del sable quese manifestó en los golpes de Estado y la guerra fratricida que con intermitenciascondujo al desenlace sangriento de los años de plomo en la década del 70, la RepúblicaArgentina, tuvo empero, desde el arte, espacio para su propia cultura heroicamanifestada en la historieta, el cine y la música. El ícono de la historieta argentinaquedó encarnado en Patoruzú, el superhéroe local, creado en 1928 por Dante Quinternoy que adquirió una pronta representatividad de lo argentino. Así, Patoruzú fue, junto condibujos camperos de Florencio Molina Campos, pintado en los aviones de losvoluntarios argentinos descendientes de ingleses que se enlistaron en la RAF (la RealFuerza Aérea británica) para combatir durante la Segunda Guerra Mundial.Sobrevivientes de ese grupo de pilotos se ofrecieron luego, durante la Guerra deMalvinas, para integrar el Escuadrón Fénix de la Fuerza Aérea Argentina.Al margen de la pura ficción, el cine argentino dedicó un buen espacio a la honra de loshéroes nacionales, lo que hace posible destacar, entre otras, películas como “El santo dela espada”, recreando la gesta sanmartiniana e incluyendo la muerte de Cabral; “Sumejor alumno” dedicada a la vida de Domingo Fidel Sarmiento” y “Más allá del sol”sobre Jorge Newbery.En 1982, la Guerra de Malvinas fue la circunstancia extraordinaria que volvió a dar alpaís héroes nacionales de neta raigambre militar. Muchas consideraciones puedenhacerse respecto a las causas y oportunidad en que se desató la guerra por Malvinas, lomismo que sobre lo hecho en esos 74 días y lo que en consecuencia pasó después, peroentre los hechos innegables destaca el coraje, la bravura y el patriotismo de hombresque en el frente de batalla defendieron la dignidad nacional al límite e incluso más alláde sus posibilidades.Siempre es injusto que a igual entrega y con méritos semejantes algunos nombressobresalgan con una luz más fuerte que la de otros, pero esos que toman –porque loquiere la historia- la representatividad del conjunto son en definitiva los que impiden elolvido de todos para contar a las nuevas generaciones lo que hicieron por ellos.ENTRE MEMORIAS Y OLVIDOSLa fama del héroe de guerra es la síntesis emblemática del hecho histórico que necesitala memoria para perdurar. No hay posibilidad de recordar todo. Ni la esmerada y casi 24
  25. 25. utópica pretensión de Google de lograr sistematizar en la web toda la información útildel planeta puede revertir esa limitación. A veces sin prisa, pero siempre sin pausa, eltiempo tiende al olvido. Por ello el misterio casi nunca radica en la razón de los olvidos,que es lo corriente, sino en la persistencia de ciertos nombres. Que al paso deincontables generaciones, ya en otro mundo muy distinto, Aquiles siga siendo Aquiles,el héroe, es cosa de maravillarse.En los tiempos modernos la imposibilidad de mantener en la memoria colectiva elregistro completo y perdurable de los hombres que participaron en contiendas bélicas,algunas de dimensiones extraordinarias e inéditas en cuanto a demostrar la capacidadhumana para generar destrucción, han dado lugar a un culto emparentado con elheroísmo, pero mucho más amplio en su concepto, a través de la figura anónima delsoldado desconocido.El soldado desconocido merece el mismo respeto que el héroe, pero mientras el héroe esadmirado y tomado como el ejemplo de lo mejor entre los mejores, el soldadodesconocido es la representación de todos; incluye tanto a los valientes como a loscobardes, al esforzado como al que eludió responsabilidades, al voluntario como alobligado, al convencido como al dubitativo, al que buscó estar ahí como al que no tuvomás remedio que estar ahí, al cuerdo y al demente, al honesto y al vil, al abnegado y alventajero, al que pasó sin pena ni gloria, como al de las penas y al de la gloria. Elsoldado desconocido simboliza el drama mismo de la guerra, es todos y ninguno. Se loimagina a la altura de los héroes, pero eso no es más que la primera mirada conforme aldeseo del idealismo. Su figura, en rigor de verdad, es abarcativa del completo universohumano que envuelve el Dios Marte cuando al grito de guerra los hombres se matan.Así contempla tanto la virtud como la miseria, extremos a los que la guerra empuja laconducta humana, y sin dejar de elogiar el valor tiende un manto de piadosacomprensión a los que no tuvieron lo necesario para afrontar el miedo. ¿Quién, sinhaber pisado jamás el frente de batalla, puede reprochar esa debilidad? El desertor quehuye para no volver, igual que el “buen cobarde” –aquel que huye, y avergonzadovuelve para terminar huyendo una y otra vez, porque está fuera de sus capacidadespoder templar el ánimo durante el combate-, también son respetados en el esqueleto sinnombre tomado del frente y que sólo excluye de su alma, obviamente, al traidor.Huelga decir que no existe el soldado desconocido como tal, todo hombre que parte alfrente tiene una vida, por ende nombre y una historia personal conocida por otros, ya sufamilia, sus amigos o en última instancia sus camaradas de armas. Del mismo modo noexiste el héroe nacido tal, uno y otro son construcciones de ribetes ficticios que ensayala memoria colectiva para preservar el registro de los hechos históricos, lo real es lapersona, el hijo, el hermano, el padre, el amigo, el amante, el camarada y el sinfín deroles posibles en las relaciones humanas.La incertidumbre respecto a la identidad y méritos del soldado desconocido es elreverso opaco de una moneda en cuya cara brillante se ubica el héroe sobresaliente, eseindividuo determinado cuyo hacer hazañoso indica el ideal al que se supone debenaspirar todos quienes pueden verse en similares circunstancias. En el servicio a lamemoria, empero, no hay diferencia alguna entre uno y otro, ambos se significanpotenciándose mutuamente. 25
  26. 26. Breve en su duración, relativamente acotada a un teatro de operaciones determinado,clásica en cuanto a la identidad regular de los ejércitos enfrentados, intensa en laferocidad de los combates y prolífica en historias individuales de abnegación, coraje ysacrificio, con las grandezas y bajezas que afloran en todas la guerras, la Guerra deMalvinas conmocionó a la sociedad argentina modificando notoriamente el curso de suhistoria.La derrota representó un severo llamado de atención sobre la pérdida de lainstitucionalidad republicana. Desde el Golpe de 1930, -y aún antes en la tradiciónbárbara de hacer política blandiendo espadas, cosa que afloró en motines, revolucionesy sublevaciones varias desde mediados del Siglo XIX-, progresivamente se fuedesvirtuando el rol del instrumento militar, mismo que se había afianzadoinstitucionalmente luego de la Guerra del Paraguay. Alimentada por la indiferenciaciudadana, la incapacidad de las clases dirigentes y el acostumbramiento a la relatividaddel imperio de la ley, golpe tras golpe se instaló una suerte de constitución real y noescrita que determinaba la resolución prepotente de los conflictos políticos legitimandocomo sistema el imperio de la fuerza. Así, sobre el desprecio a la tolerancia y elconsenso, la sociedad argentina hizo que la herramienta militar se fuera degradando,alejándose de su misión principal al punto que la carrera del oficial se acortó de hechomanteniendo la profesionalidad hasta la jerarquía del teniente coronel y sus similares deMarina y Fuerza Aérea. Luego de esa instancia –y al margen de las honrosasexcepciones- los mandos superiores actuaban con vocación y ambición política,convirtiéndose en la peor clase de políticos, es decir aquellos que no necesitan de losvotos de sus conciudadanos para acceder al poder.Esa mutilación de la carrera militar no es un dato menor. Cuando se piensa en lagénesis, desarrollo y conclusión de la Guerra de Malvinas es posible advertir que setrató de un conflicto llevado hasta las últimas instancias sin el debido planeamientoestratégico, cuyo peso fue sobrellevado a duras penas en el campo de batalla por losmandos medios que tenían responsabilidades tácticas y que, todavía, seguían siendomilitares. La capacidad del planteo estratégico como previsión de la acción es algo queno brota mágicamente ni depende de algún providencial iluminado, sino que se generaen la continuidad coherente de las políticas de Estado. La República Argentina, con laendeblez de sus instituciones, no estaba en condiciones de ofrecer a sus combatientes elrespaldo más conveniente, que en este tipo de acciones es un marco teórico consolidadopor la práctica. Las falencias en tal sentido han sido evidentes desde que laimprovisación fue la constante. El estudio de una hipótesis de conflicto no se agota en elpaso inmediato, como en un juego de ajedrez se requiere contemplar la probableevolución en el corto, mediano y largo plazo, con el mayor número de variantes paraque ningún esfuerzo resulte en vano. Una vez materializada la reconquista, desplegadassobre el terreno sin un plan preciso -y muchas veces incoherente- las tropas argentinasquedaron muy tempranamente en desventaja; y aún así, casi en el abandono, faltos delogística y por ende de medios materiales, los nuestros ofrecieron una resistencia mayora sus posibilidades.De todos los libros que se han escrito sobre la Guerra de Malvinas, hay dos que sonestrictamente indispensables por su valor testimonial para comprender las diferentessituaciones que vivieron los combatientes argentinos: “Desde el frente34” y “El combatede Goose Green35”. 26
  27. 27. “Desde el frente”, escrito por el contraalmirante Carlos Robacio y el suboficial mayorJorge Hernández, da cuenta de lo actuado por el Batallón de Infantería de Marina 5(BIM 5) –que comandó Robacio-, unidad con asiento en la Provincia de Tierra delFuego, preparada para combatir en un terreno y clima riguroso como el de las IslasMalvinas que logró desempeñarse notablemente sosteniendo el combate hasta el final,sin acatar, por tres veces, la orden de rendición emanada de Puerto Argentino y que yaaceptado el desenlace se replegó gallardamente, marchando en forma ordenada y con lacabeza bien alta. Consecuentemente, el BIM 5 fue condecorado por la Nación Argentinacon la medalla “Honor al valor en combate” por “evidenciar durante el desarrollo detodas las operaciones una conducta agresiva, al combatir en primera instancia en laposición asignada, logrando el rechazo de varios ataques enemigos con considerablesbajas, y en segunda instancia, reaccionar ofensivamente para detener el avance defuerzas muy superiores. Combatir varias horas después de haberse ordenado larendición y replegarse en forma ordenada, previa destrucción de las armas que debíanser dejadas en el terreno36”.“El combate de Goose Green”, escrito por el teniente coronel Italo Ángel Piaggi, revelalos padecimientos de su Regimiento, el 12 de Infantería de Ejército “General Arenales”,con asiento en la Provincia de Corrientes, que sin estar preparado para combatir enterritorio insular y austral, con parte de sus soldados faltos de instrucción, fuemovilizado desde la mesopotamia al sur patagónico, primero para reforzar los controlesdel litoral marítimo, luego, cambio de órdenes mediante, desplazado a zona de fronteracon Chile y finalmente, sobre la marcha, vía aérea enviado a Malvinas con el equipomínimo que portaba cada hombre. Nunca le llegó a las Islas el material pesado que iba aser transportado en el buque “Córdoba”. Ya en Malvinas los hombres del 12 deInfantería, integrando la Fuerza de Tareas Mercedes, ocuparon con esfuerzo la porciónde terreno de Darwin – Ganso Verde que les fue encomendada proteger, y cuandoestuvieron posicionados desde Puerto Argentino, indolentemente, les ordenaronreposicionarse ampliando su perímetro. Darwin – Ganso Verde cayó en poder delinvasor inglés el 29 de mayo de 1982, 24 horas después de lo previsto por los mandosingleses al iniciar el ataque.En la lectura de ambos libros, contrastando las distintas realidades de una y otra unidadde batalla, se percibe claramente la orfandad estratégica en común; carencia que dejó elmayor peso de la defensa librada a la responsabilidad de los niveles tácticos aferrados alterreno. Y en esa instancia, con la suerte de la guerra prácticamente decidida deantemano, el factor humano cobró preponderancia dejando al descubierto el corazón decada hombre. Para entonces las incursiones de los pilotos argentinos sobre la flotainglesa habían hecho que la navegación hasta las Islas no fuera un paseo. Una vezdesembarcados los invasores, la intensidad del combate terrestre -sostenidoexclusivamente desde la determinación y el valor por parte de la tropa empeñada en ladefensa- hizo añicos la ilusión británica de que aquella campaña pudiera ser un picnic.Hay quienes pueden pensar que al fin de cuentas derrotas son derrotas y que ningunadiferencia hace la mayor o menor cantidad de sangre derramada, considerando vano quese haya opuesto resistencia a fuerzas superiores. Sin embargo, resulta un interesanteejercicio de historia contrafáctica pensar qué hubiera ocurrido en la RepúblicaArgentina si la Guerra de Malvinas se hubiese perdido en total deshonra, al mero humode unos cuantos cañonazos, sin hundir un barco, sin derribo de aviones y sin habercombatido encarnizadamente en la instancia crucial del cuerpo a cuerpo. 27

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