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Por una parte, se reconoce al Dios de la Vida actuante en nuestra historia así como ladifusión del Reino de vida a través ...
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ante estas realidades no somos defensores de la vida del Reino y nos situamos en elcamino de la muerte… (DA 358).1.1.2. El...
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El Reino que Jesús vino a instaurar es el “Reino de la vida”; en consecuencia, losseguidores de Jesús deben dejarse guiar ...
Cristo deben iluminar con la luz del Evangelio todos los ámbitos de la vida social.         […]. Si muchas de las estructu...
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Manual cp. 1. anibal. corregido abca2012

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Manual cp. 1. anibal. corregido abca2012

  1. 1. BORRADOR DE MANUAL CAPITULO 11. La Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia. La Iglesia vive de la Palabra de Dios.  La Palabra de Dios, “es viva, es eficaz y más cortante que una espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4, 2). Que con estas palabras debemos tener clara conciencia de que la iglesia es toda palabra de Dios y Tradición, que ellas están íntimamente unidas y compenetradas, son base fundamental en que se basa la vida y misión de la Iglesia, es en ella donde se refleja la eficacia del fruto del mandato de nuestro señor Jesucristo, “id por todo el mundo y predicar el evangelio”. 1.1-La palabra de dios en la vida de la Iglesia.La Iglesia ha venerado siempre la Sagrada Escritura, al igual que el mismo Cuerpo delSeñor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto depalabra de Dios como del Cuerpo de Cristo. Siempre la ha considerado y considera,juntamente con la Tradición, como la regla suprema de su fe. (CVII, DV#21)Cuando el Espíritu Santo inicia a mover la vida del pueblo, uno de los primeros y másfuertes signos es el amor a la Palabra de Dios en la Escritura y el deseo de conocerlamejor. Tiene una inmediatez extraordinaria y el poder de penetrar en lo íntimo del serhumano.La Biblia es el libro de un pueblo para un pueblo. Ella es una herencia, un testamentoconsignado a lectores, para que realicen en sus vidas la historia de la salvaciónatestiguada en lo que está escrito.Existe, por lo tanto, una relación recíproca y de vital pertenencia entre pueblo y Palabra:La Biblia continúa siendo una colección de libros vivos con el pueblo que la lee; elpueblo no subsiste sin ellos, porque en éstos encuentra su razón de ser, su vocación y suidentidad.Habrá fidelidad a la Palabra cuando la primera forma de caridad se realice en el respetode los derechos de la persona humana, en la defensa de los oprimidos y de los que sufren.Principalmente cuando se asume desde dentro de las estructuras eclesiales, para luegotambién ser transformado por dicha palabra, y que con ello conlleva a una buenarealización del objetivo principal de la Iglesia: que es Evangelizar. 1.1.1-Una realidad que nos interpela.En la primera parte del documento de Aparecida se expresa la coexistencia de una doblerealidad en nuestros pueblos de América Latina y el Caribe: vida y anti-vida… Por unaparte, se reconoce y se agradece a Dios la existencia de muchos signos de vida (cap. I) y,por la otra, se describe una realidad preñada de signos de negación de la vida (muerte)(cap. II). 1
  2. 2. Por una parte, se reconoce al Dios de la Vida actuante en nuestra historia así como ladifusión del Reino de vida a través de nuestra libre colaboración:Bendecimos a Dios con ánimo agradecido, porque nos ha llamado a ser instrumentosde su Reino de amor y de vida, de justicia y de paz […]. Él mismo nos ha encomendadola obra de sus manos para que la cuidemos y la pongamos al servicio de todos.Agradecemos a Dios por habernos hecho sus colaboradores para que seamossolidarios con su creación de la cual somos responsables […] (DA 24).“Mirada de los discípulos sobre la realidad” así se presenta el segundo capítulo deldocumento de aparecida y nos presenta una “realidad que nos interpela a todos”. A partirde un breve análisis del fenómeno de la globalización señala y denuncia la dinámica demuerte que dicho fenómeno ha venido generando en las últimas décadas; esto, sindesconocer sus aspectos positivos.- Se reconoce la existencia de grandes cambios que afectan profundamente la vida de nuestros pueblos y el desafío que estos nos presentan:Los pueblos de América Latina y de El Caribe viven hoy una realidad marcada porgrandes cambios que afectan profundamente sus vidas. Como discípulos de Jesucristo,nos sentimos interpelados a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del EspírituSanto, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para quetodos tengan vida y “para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). (DA 33).- Se señala el alcance global de dichos cambios y su impacto en todos los ámbitos de la vida humana:El fenómeno de la globalización ha ido desquebrajando las bases de una sociedad mássolidaria, y por lo tanto debe ser redireccionado para que la misión de llevar un mensajede esperanza penetre en los sectores más marginados.Esta nueva escala mundial del fenómeno humano trae consecuencias para todos losámbitos de la vida social, impactando la cultura, la economía, la política, las ciencias, laeducación, el deporte, las artes y también, naturalmente, la religión (DA 35).Conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, laglobalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos depocos, […] lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitadose informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continentey que mantiene en la pobreza a una multitud de personas… (DA 62).[…] Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres.Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algonuevo: la exclusión social […]. Los excluidos no son solamente “explotados” sino“sobrantes” y “desechables” (DA 65). 2
  3. 3. - En cuanto “signo de los tiempos”, se reconoce en el fenómeno de la globalización una manifestación de “la profunda aspiración del género humano a la unidad”, pero al mismo tiempo se advierte que dicho fenómeno “comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo” (DA 60), con consecuencias muy graves en contra de la vida humana:Asimismo se señala la fuerza destructora de la globalización, en su fase actual, contra lasidentidades culturales y contra la naturaleza:Hoy, los pueblos indígenas y afros están amenazados en su existencia física, cultural yespiritual… pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propiaexistencia como pueblos diferentes… (DA 90).La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La tierra fue depredada (DA 84).En efecto, la compleja problemática por la que está pasando la humanidad, querámoslo ono, nos pone ante “el peligro de una muerte planetaria” y, por ende, ante la perspectiva deun humanicidio global. ¿Cuáles serían las posibles formas de una muerte del planeta? Losgestores de “la moral planetaria” vislumbran al menos dos escenarios: “la conflagraciónnuclear y la fractura Norte/Sur, es decir, el mundo abrazado por la guerra nuclear y elmundo demolido por la revuelta de los países pobres. Se trata, en definitiva, de dosbombas igualmente destructoras: la bomba ‘termonuclear’ y la ‘bomba de la miseria’, quepueden ocasionar una muerte violenta. Pero también puede darse – ya se está dando- unamuerte gradual del planeta. Se trata de una muerte tan radical como la violenta” 1.En síntesis, el análisis de la realidad que se presenta en Aparecida nos permite vislumbrar“una nueva civilización emergente, marcada por la globalización y por la búsqueda de unmundo solidario, como dos fuerzas que debaten entre sí y que tratan de sobreponerse. Porun lado, encontramos una globalización de corte neoliberal, como una realidadconsumada y, al mismo tiempo, como una tendencia que lo está afectando todo y a todos,con prácticas predatorias que están causando estragos inimaginables en la humanidad yen el planeta entero; por el otro lado está la lucha por valores y prácticas esencialmenteconstructivos, orientadas a una solidaridad universal. En el fondo se trata de una luchaentre la vida y la muerte, no sólo de la familia humana, sino del planeta mismo”2.- De manera clara y enfática, Aparecida señala cómo las consecuencias negativas de una globalización equivocada contradicen radicalmente el proyecto del Reino de vida y nos desafían a trabajar decididamente por una “cultura de la vida”: […] las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en sumiseria y su dolor, contradicen este proyecto del Padre e interpelan a los creyentes a unmayor compromiso a favor de la cultura de la vida. El Reino de vida que Cristo vino atraer es incompatible con esas situaciones inhumanas. Si pretendemos cerrar los ojos1 Valadez Salvador, Globalización y solidaridad. Una aproximación teológico-pastoral desde AméricaLatina, Publicaciones de la Universidad Pontificia de México, México 2005, p. 304.2 Ibíd., p. 9. 3
  4. 4. ante estas realidades no somos defensores de la vida del Reino y nos situamos en elcamino de la muerte… (DA 358).1.1.2. El ser humano en búsqueda de sentidoLa creación es el modo como la Biblia afirma la soberanía absoluta de Dios sobre elmundo: el creador es el dueño de todo, también del hombre: «Tú eres mío» (Is 43, 1). Poreso el que Dios entregue el mundo al hombre habla de la totalidad del don y de suslímites: «Todo es vuestro, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios» (1 Cor 3, 22-23). El creyente vive el mundo como don de Dios; de ahí procede una actitud deconfianza ante la vida, una confianza radical en la bondad del mundo basada en elconvencimiento de que el Creador del mundo es el Padre de Jesucristo y de todos loshombres:«¿Por qué preocuparos a causa de la ropa? Aprended de los lirios del campo, cómocrecen. Ni trabajan, ni hilan, y, sin embargo, os digo que ni siquiera el rey Salomón, contodo su esplendor, llegó a vestirse como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierbadel campo, que hoy está verde y mañana será quemada en el horno, ¿no hará mucho máspor vosotros? ¡Qué poca es vuestra fe! No os preocupéis pensando qué vais a comer, quévais a beber o con qué vais a vestiros. Esas son las cosas que preocupan a los que noconocen a Dios; pero vuestro Padre que está en los cielos ya sabe que las necesitáis» (Mt6, 28-32).La revelación bíblica acerca de la creación del mundo no significa, pues, una respuesta ala pregunta teórica sobre el origen de las cosas. Es una enseñanza acerca del modo devivir en el mundo y acerca del sentido de la vida, la creaturidad del mundo no disminuyesu dignidad, sino todo lo contrario: como obra de Dios, el mundo goza ya de por sí delrefrendo y la aceptación de Aquél que al crearlo lo encontró «muy bueno».Pero la responsabilidad del hombre es sobre todo activa: puede transformar el mundo,corrompiéndolo o mejorándolo. Cuando el hombre hace el balance de su actividadmundana, no puede dejar de hacerlo ante el mismo Dios. El juicio que recoge la Biblia esmás bien negativo: por el «pecado» humano la tierra sufre maldición (Gn 3, 17) y elmundo está «condenado al fracaso» y sometido a la «corrupción» (Rm 8, 19-22), aunquesu bondad radical no haya podido ser corrompida y los elementos sigan obedeciendo aDios a pesar de la desobediencia del hombre (Dt. 4, 26; Is 1, 2-3; Miq 1, 2; Jer 8, 7, etc.).1.1.3. La buena nueva de “salvación” hoy3: una vida plena en JesucristoEn efecto, la noción de vida, en el documento conclusivo de Aparecida, es esencialmentecristológica4. La “vida plena” sólo se comprende en y desde Cristo:3 Cf. Valadez Fuetes Salvador, Espiritualidad para la acción misionera, Medellín 135 (septiembre 2008)465-488, aquí p. 471-473.4 Cf. Fernández Víctor Manuel, “La misión como comunicación de vida: un estado permanente de Misiónpara la plenitud de nuestros pueblos”, en Consejo Episcopal Latinoamericano-Secretaría General, Testigos 4
  5. 5. Aparecida presenta a Jesucristo como una oferta de vida que integra los legítimos anheloshumanos y, al mismo tiempo, invita a que dichos anhelos se orienten hacia una vidaverdaderamente plena, la cual sólo se puede lograr en y desde Cristo5.Se trata de mostrar que la relación con Jesucristo no es un obstáculo para la felicidad,sino la forma más genuina para alcanzar dicha felicidad. Se deja claro que “Jesús no nosexige que renunciemos a nuestros anhelos de intensidad vital”, sino que nos ayuda adarles sentido y realización, pues “Él ama nuestra felicidad también en esta tierra” (DA355). En otras palabras: “la vida nueva de Jesucristo desarrolla en plenitud la existenciahumana “en su dimensión personal, familiar, social y cultural” (DA 356). Así es comoJesús se manifiesta “como nuestro Salvador en todo el sentido de la palabra” (DA 356).La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos, el entusiasmo por progresar, elgusto de trabajar y de aprender, el gozo de servir a quien nos necesite, el contacto con lanaturaleza, el entusiasmo de los proyectos comunitarios, el placer de una sexualidadvivida según el Evangelio, y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de suamor sincero. Podemos encontrar al Señor en medio de las alegrías de nuestra limitadaexistencia… (DA 356).Por otra parte, también se insiste en la dimensión social-comunitaria y oblativa de nuestraexistencia. La vida plena sólo se alcanza dando la propia vida, a ejemplo de Cristo:La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho,los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y seapasionan en la misión de comunicar vida a los demás. Aquí descubrimos otra leyprofunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entregapara dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión (DA 360; cf. 359).En la propuesta de Aparecida la palabra “salvación” adquiere un matiz especial: equivalea “vida plena en Cristo”. Por tanto, trabajar por la salvación significa trabajar para quetodos tengan vida plena en Él. Dicha salvación abarca a todos los hombres y mujeres(1Tm 4,2); a todo el ser humano, en la integralidad de su ser y a la creación entera. Sibien la salvación total sólo ocurrirá en el encuentro definitivo con Cristo (cf. Ap 19,1).Así pues, si el objetivo esencial de la misión es continuar la obra salvífica de Cristo, paranosotros dicha misión significará proclamar y hacer viable la “buena nueva de la vida”.En otras palabras: el objetivo esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia estrabajar para que todos y todo tengan vida plena en Cristo (Jn 14,6).Cabe señalar que la razón de ser de los valores que hacen visible el Reino: verdad,justicia, libertad, paz, solidaridad, amor, solo cobrarán sentido en la medida en quecontribuyan a la vida, pues el deseo y la Gloria del Padre es que todos sus hijos e hijastengan vida plena6.de Aparecida, Publicaciones del CELAM, 2008, p. 300-368. Aquí, p. 303.5 Cf. Fernández Víctor Manuel, “La misión como comunicación de vida”, op. cit., p. 304.6 Gloria Dei homo vivens: “La gloria de Dios es que el hombre viva” (San Ireneo). 5
  6. 6. El Reino que Jesús vino a instaurar es el “Reino de la vida”; en consecuencia, losseguidores de Jesús deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu de Jesús y “hacerpropia la pasión por el Padre y el Reino: anunciar la Buena Nueva a los pobres, curar alos enfermos, consolar a los tristes, liberar a los cautivos y anunciar a todos el año degracia del Señor (cf. Lc 4, 18-19)” (DA 152)7.1.2-La palabra de Dios en la misión de la Iglesia.Al anunciar la Buena Noticia la misión de la Iglesia está estrechamente vinculada a laexperiencia de la Palabra de Dios en la vida. El « ¡Ay de mí si no predico el Evangelio!»(1 Co 9, 16) de San Pablo resuena también hoy en la Iglesia con urgencia y es para todoslos cristianos no en una simple información, sino una llamada al servicio del Evangeliopara el mundo.Desde el concilio Vaticano II en su constitución dogmatica Dei Verbum, la misión de laiglesia con respecto a la Palabra de Dios, logro dar avances significativos en cuanto a laforma de realizar los acercamientos a la Palabra de Dios en todos los niveles, así nos lodice en DV#25, el santo Concilio recomienda insistentemente a todos los cristianos enparticular a los religiosos, a que aprendan “ el sublime conocimiento de Jesucristo” (Fil3,8) con la lectura frecuente de las Divinas Escrituras.Es de esta fuente primordial en donde la iglesia fundamenta sus acciones pastorales, en laque ayuda a las obras que coloque como metas, y que su accionar todo este impregnadode las sagradas Escrituras para así dar directrices, luces y acciones que lleven alconocimiento pleno de la Verdad.1.2.1. Ser fuente de vida: horizonte de la misión de la IglesiaSe señala que la Iglesia está orientada al primer anuncio, "ad gentes", a los que todavíano conocen al Verbo, Palabra de Dios, pero también a aquellos que han sido bautizadospero que necesitan una nueva evangelización para redescubrir la Palabra de Dios". Colocar la vida plena como el horizonte de la misión, la brújula orientadora de laevangelización, tiene enormes consecuencias pastorales, en el contexto actual. Veamosalgunas:1) El espíritu misionero deberá estar marcado por un profundo amor al Dios de la Vida y por una radical “pasión por la vida”.2) La Iglesia debe crear dinamismos generadores de vida y desechar todos aquellos factores que merman o dificultan la circulación de la “savia del Espíritu”, generadora de vida divina. Dicho de otro modo: debe entrar en un proceso radical de conversión pastoral. Conversión que implica hacer reformas “espirituales, pastorales e institucionales” (DA 367), “abandonar estructuras caducas” (365), etc. Dicha conversión debe estar orientada a “someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. (DA 366).3) La acción evangelizadora debe incidir en los ámbitos donde se encuentran los dinamismos generadores de vida o de muerte: “Los discípulos y misioneros de7 Cf. DA 149-151. 6
  7. 7. Cristo deben iluminar con la luz del Evangelio todos los ámbitos de la vida social. […]. Si muchas de las estructuras actuales generan pobreza, en parte se ha debido a la falta de fidelidad a sus compromisos evangélicos de muchos cristianos con especiales responsabilidades políticas, económicas y culturales” (DA 501).4) Luchar con decisión y radicalidad por una “cultura de la vida” implica para la Iglesia, trabajar sin tregua por: - El rescate de la dignidad humana (cap. 8): “la importancia de la lucha por la vida, la dignidad y la integridad de la persona humana. La defensa fundamental de la dignidad y de estos valores comienza en la familia” (DA 468). - El fortalecimiento de la Familia (cap. 9): “la familia es uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños, y es patrimonio de la humanidad entera” (DA 432). - La promoción integral de nuestros Pueblos (cap. 10): valorar y promover las culturas e identidades, así como cuidar de nuestra casa común. Teniendo como trasfondo la opción preferencias por los más pobres (cf. DA 396).5) Esta firme decisión misionera, en busca de una vida plena para todos, debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia… (DA 365).6) La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios (DA 367).7) Perfilar un nuevo modelo de Iglesia: Discípula-Misionera-Madre-Pedagoga- Samaritana. Es necesario que la Iglesia se manifieste “como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (DA 370).8) “Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano [así como] “crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos” (DA 384; cf. 385).En fin, la opción por la vida plena en Cristo, exige una reeducación radical del serhumano8, que implica un cambio de mentalidad, opciones y actitudes, así como unamodificación radical de nuestras conductas y comportamientos. es necesario educar (nos)para desechar de nuestros esquemas tantas necesidades ficticias, creadas por unapublicidad agresiva y falsa. Para transformar la actual sociedad de consumo es necesariovolver al “buen uso de la vida monástica”9, es decir, el de la moderación, la austeridad yla ascesis, que nos “desintoxiquen” del espíritu materialista, nos liberen del consumismohedonista, y nos permitan un desarrollo espiritual, así como una profunda interiorización8 Cf. M. Lacroix, Por uma moral planetária, op. cit. p. 135-158.9 Ibíd., p. 142. 7
  8. 8. que nos haga capaces de disfrutar de los verdaderos valores, como son la alegríaprofunda, la paz y el amor.1.2.2. El mundo como «palabra» y «revelación»Para los griegos el concepto de verdad significa el hecho de que el ser es lo no-oculto, lopatente, lo que se desvela. El fariseo de la parábola es el hipócrita que se oculta tras lamaraña de su palabrería, y al enmarañarse y ocultarse huye de la luz y de toda posibilidadde ser justificado por la luz. Dios es la luz, como es el amor. Y el que la primera obra deDios sea la creación de la luz creación que, paradójicamente, precede a la de los astros(cf. Gn 1, 3-5 y 14-19)- indica cuál es el «ser» de toda realidad creada: la luz y la palabra.Dios es la palabra por esencia:«Cuando todas las cosas comenzaron ya existía aquél que es la Palabra, y aquél que es laPalabra vivía junto a Dios y era Dios. Junto a Dios vivía cuando todas las cosascomenzaron. Todo fue hecho por medio de él y nada se hizo sin contar con él» (Jn 1, 1-3).El mundo entero, creado por la palabra del Dios-Palabra, es él mismo «palabra». En laCreación entera hablan las cosas de Dios, habla el mismo Dios, con una palabrasilenciosa que se confunde con el «ser» obediente de las criaturas y que está siemprereclamando que se le una la palabra hablada del hombre. De este modo, el mundoadquiere sentido como revelación de Dios. En /Sb/13/01-09 y /Rm/01/18-23 se denunciael grave peligro de que por el pecado del hombre las cosas dejen de remitir a Dios y nohablen sino de sí mismas, convirtiéndose en ídolos. Rigurosamente, un ídolo es unarealidad que ha perdido su función simbólica y su relación con todas las demás cosas delmundo, y que, por ello mismo, tiende a reclamar para sí misma una consideraciónabsoluta y exclusiva. Indudablemente, hoy asistimos a esta total idolatría de las cosas,que han perdido su dimensión transitiva y simbólica y su significación última de ser«palabras de Dios». Esta última fórmula, que cierra la lectura litúrgica de los textosbíblicos, deberla poder ser dicha ante la contemplación del mundo; pero esa posibilidadnos ha sido casi totalmente arrebatada.En este contexto debe hablarse del tema de la IMAGEN DE DIOS. «Dijo Dios: Hagamosel hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza, y dominen en los peces del mar,en las aves del cielo, en los ganados y en las alimañas, y en toda sierpe que serpea sobrela tierra. Y creó Dios el hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; macho yhembra los creó» (Gn 1, 26-27. Cf. Gn 5, 1ss.; 9, 6ss.; Eclo 17, 2-4; Sab. 2, 23; 7, 26; Sal8).El hombre es la última palabra de Dios, la definitiva, la cumbre de su creación por lapalabra. De este modo interpretamos aquí la expresión bíblica, sin pretender que sea lamejor interpretación posible y sin ignorar que se han dado otras muchas, ya desde lamisma Biblia. Eclo 17, 2-4 habla del dominio sobre los animales, aunque inmediatamenteañade: «Les formó boca, lengua, ojos, oídos y un corazón para pensar. De saber einteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal. Puso su ojo en sus corazones, para 8
  9. 9. mostrarles la grandeza de sus obras. Por eso su santo nombre alabarán, contando lagrandeza de sus obras» (versículos 6-10). Sab. 2, 23 habla, en expresión helenística, de la«incorruptibilidad» del ser humano.La creación entera surge de la palabra de Dios y es palabra de Dios. También el hombrelo es, y en ello se asemeja a todas las demás criaturas. Pero la gran diferencia radica enque esa palabra se dirige al hombre, y por ello fue creado el sexto día y no el primero.Dios dialoga únicamente con el hombre: también el hombre puede pronunciar palabrasque brotan de su «ser-palabra». El hombre es, pues, imagen de Dios porque puederelacionarse con él en un diálogo auténtico.Pero hay que añadir algo más: siendo «imagen» de Dios, el hombre es la gran palabraque Dios dirige al hombre mismo: por medio del hombre habla Dios al hombre. En él serevela el Creador de un modo privilegiado, él es la única «visibilidad» posible de Dios, yqueda prohibido en la Ley bíblica hacer cualquiera otra «imagen» tomada del mundoastral o animal (Ex 20, 4-6; Dt. 4, 15-20). Juan expresa esta idea con particular fuerza en1Jn 4, 12 y 20.Juan nos da aquí una importante clave de «lectura»: sólo el amor es capaz de descubrir enel otro la imagen de Dios. Sin embargo, la pregunta de la «parábola» del Juicio final -«¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer...?» (Mt 25, 37-39)- parececontradecir esta afirmación, tampoco confirmada por nuestra propia experiencia. Por esohay que completar: sólo el amor... que nace de la fe en la encarnación de la Palabra deDios en el hombre-Jesús. Porque, efectivamente, el Nuevo Testamento no habla delhombre como imagen de Dios: la única imagen es Cristo, el Cristo glorificado, según lateología de Pablo 7. Dios ha dicho su primera palabra al hombre a través del hombremismo; pero su palabra última y definitiva la ha dicho por medio de su HiJo (Heb 1, 1-5),y quien por la fe y el amor descubre en todo hombre la presencia del Hijo sigueescuchando esa eterna palabra.1.2.3. El mundo como «historia hacia Cristo»La dependencia del mundo respecto a la palabra de Dios pone de manifiesto la dimensiónesencial de aquél: el mundo es, ante todo, Historia. «El mundo dice Wittgenstein alcomienzo de su Tractatus es todo lo que acaece. El mundo es la totalidad de los hechos,no de las cosas.» Cualquiera que sea la interpretación que se dé a esta cita, al menos alejade la consideración del mundo como «cosa que está ahí», y nos orienta hacia el mundocomo acontecimiento. Aún más: hay que pensar el mundo como mundo-del-hombre. Ycomo algo abierto «hacia adelante», pero no tanto como «evolución», sino comoHistoria. En este sentido, los conceptos de Naturaleza y de Historia se separan claramenteentre sí, evidenciándose de qué lado cae el concepto de Mundo. Si son la palabra y laacción humanas las creadoras de historia, lo que ha surgido de la palabra de Diospertenece con mayor razón a la Historia. Como veremos, ésta es la concepción bíblica dela realidad. 9
  10. 10. Con razón la Palabra es aquí denominada «Grito», puesto que es no sólo la Palabra queestá al principio del mundo, sino sobre todo la Palabra que llama desde su meta final.Dios es el futuro del mundo, y, por ello mismo, su sentido. Y aquí «sentido» no es ya«significación», sino «movimiento hacia», determinado por la Palabra de Dios. «El cieloy la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mc 13, 31; cf. Mt 5, 18): la palabra deDios impulsa la historia y sostiene el mundo en su dinámica, sin ella . «pasarían» comouna sombra y perderían todo su sentido. Todo esto nos obliga a profundizar en el tema dela Creación. El «grito» de Dios domina:«Voz de Yahvé sobre las aguas, el Dios que se manifiesta truena, es Yahvé sobre lasinmensas aguas, voz de Yahvé con fuerza, voz de Yahvé con majestad, voz de Yahvé quedesgaja los cedros...» (Sal 29, 3-5).Dios grita y surge el mundo. La Biblia emplea para designar esta actividad de Dios elverbo hebreo BARA, traducido ordinariamente por «crear». El sujeto de este verbo essiempre y exclusivamente Dios, nunca el hombre. no deja de actuar, su palabra no cesa,sino que es continuamente emitida, es un acto siempre presente. Hay, pues, una «creacióncontinuada» «creatio continua» en la teología clásica, pero que tiene una dimensiónfundamentalmente histórica: Dios es el «creador de Israel» (Is 43, 15), y cada pasajeimportante de su historia es una maravillosa aparición de «lo nuevo». Sacar el mundo delas aguas primitivas, sacar a Israel de Egipto, haciéndole pasar por las aguas del marRojo, o rescatar a los desterrados en Babilonia, devolviéndoles a su tierra a través de undesierto que recordará el comienzo del mundo (Gn 2, 5), son toda una misma accióncontinuada de la Palabra omnipotente. Con el trasfondo de la creación del mundo, elDeuteroisaías une el éxodo y el retorno del exilio, mostrando que Yahvé, el rey de Israel,es «el primero y el último, el único Dios» (Is 44, 6), el que pone en la existencia yconduce a la libertad final:«Así dice Yahvé, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas. El que hizosalir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse,se apagaron, como mecha se extinguieron. ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en lacuenta de lo antiguo? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no loreconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, senderos en el páramo. Las bestias delcampo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto yríos en la soledad para dar de beber a mi pueblo elegido. El pueblo que yo he formadocantará mi alabanza» (Is 43, 16-21).La responsabilidad del creyente es no quedarse en el «tiempo bíblico», sino vivir en elpresente la continua renovación del mundo como historia. Es culpable ceguera no saberdescifrar «los signos de los tiempos» (Mt 16, 3). Dios no visita el mundo para dejarlo ensu «ahora» estático, sino para moverlo en su avanzar hacia el «después» histórico.Por eso, el acercamiento de Dios al mundo es también histórico: la palabra de losprofetas, la encarnación de su Palabra, la presencia de su Espíritu. Cristo es, de hecho, elfuturo del mundo. El hombre ya no está sometido al «sistema» caduco de este mundo, nia sus leyes: « ¡Qué más da estar circuncidados o no estarlo! Lo que importa es ser 10
  11. 11. hombres nuevos» (Gál 6, 15). Lo que se impone es optar por el mundo que comienza conCristo: «El que está en Cristo es un hombre nuevo; lo viejo ha pasado, y una realidadnueva está presente» (2 Cor 5, 17). La dialéctica “viejo-nuevo” que aquí aparececoincide con la dialéctica muerte-resurrección, pero su dimensión cósmica es másevidente. Todas las promesas de Dios respecto al hombre y al mundo se encierran en «lonuevo»:«He aquí que Dios ha montado su tienda de campaña entre los hombres. Habitará conellos, ellos serán su pueblo y él será el Dios-con-ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos,y ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Es todo un mundo viejo el que pasó.Y el que estaba sentado en el trono anunció: Ahora voy a hacer nuevas todas las cosas»(Ap 21, 3-5).Y con una fuerte imaginaria apocalíptica, la segunda carta de Pedro concluye: «El día delSeñor vendrá como un ladrón. Entonces los cielos se derrumbarán con estrépito, loselementos del mundo quedarán pulverizados por el fuego, y desaparecerá la tierra concuanto hay en ella. Si todo ha de ser aniquilado, ¡qué vida tan entregada a Dios y tan fieldebe ser la nuestra, mientras esperáis y aceleráis la venida del día del Señor! Ese día enque los cielos arderán y se desintegrarán, y en que los elementos del mundo se derretiránconsumidos por el fuego. Nosotros, sin embargo, confiados en la promesa de Dios,esperarnos unos cielos nuevos y una tierra nueva que sean morada de la justicia» (2 Pe 3,10-13).El mundo nuevo no es dado al que simplemente «espera», sino al que vive y lucha en unaesperanza activa. O, como acabamos de leer, al que «acelera» la venida del día del Señor.La resurrección de Cristo debe convertirse en la insurrección de los hombres contra unmundo que han de denunciar como caduco y contrario al Reino de Dios. El anuncioevangélico se hace también denuncia. Y la proclamación alcanza una dimensión cósmica:«anunciad la buena noticia a toda la creación» (Mc 16, 15). 11

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