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Estados Unidos quiere reconquistar su"patio trasero"Por Leandro Morgenfeld*.Tras casi una década de retroceder en América ...
Colombia, Trinidad y Tobago y Brasil, recepción de los mandatarios de Chile y Perú en la CasaBlanca, inminente visita de K...
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“Existe una cierta tendencia en nuestras perspectivas integracionistas a sobrecargar de ideologíalas lecturas sobre los di...
La Alianza del Pacíficonació en abril de 2001 con la “Declaración de Lima”, iniciativa del entoncespresidente Alan García,...
Las dificultades de la integraciónLos datos sobre inversión extranjera directa (IED) pueden tomarse como una radiografía d...
Chile no es capaz de absorber productivamente los enormes flujos de IDE que recibe, toda vez queel 26% son reinvertidos in...
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Hispanoamerica- Estados Unidos quiere reconquistar su "patio trasero"- Soberanía regional o periferia de lujo

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"América Latina es nuestro patio trasero... tenemos que acercarnos de manera vigorosa". Las palabras del secretario de Estado John Kerry, ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, el 17 de abril pasado, expresan un objetivo vital de la diplomacia estadounidense. El gran proyecto interamericano para la posguerra fría lo lanzó Bush padre en 1991: la "Iniciativa para las Américas".
La idea era construir una gran área de libre comercio, extendiendo el NAFTA (acuerdo de libre comercio entre EE.UU., Canadá y México) hasta Tierra del Fuego. La apuesta neoliberal del ALCA fue continuada por Clinton y Bush hijo, y derrotada en Mar del Plata a partir del cambio en la correlación de fuerzas y de la aparición de un proyecto alternativo de integración latinoamericana. El desgaste que implicó esta derrota para Washington, más las apremiantes preocupaciones en Irak, Afganistán, Irán, China, Oriente Medio y África, quitaron a América Latina del foco de atención del Departamento de Estado. Ese relativo descuido se prolongó durante el primer mandato de Obama. Simultáneamente, se fortaleció el eje bolivariano, aparecieron nuevos escenarios de integración en torno al ALBA, la UNASUR y la CELAC y se incrementó la presencia de China y otros emergentes extra-hemisféricos.
Desde el inicio de su segundo turno como presidente, Obama muestra claras señales del interés de la Casa Blanca por reposicionarse en la región. A partir de la muerte de Chávez, Washington intensificó su estrategia de recapturar un área que históricamente estuvo bajo su influencia, impulsando las relaciones comerciales y financieras con sus vecinos del sur (terreno en el que viene perdiendo posiciones frente al intercambio intra-regional y a la demanda de otros polos extra-continentales, como China). También busca retomar la iniciativa diplomática y debilitar todo lo posible a sus desafiantes regionales, especialmente el bloque de países del ALBA, con Venezuela a la cabeza. La desaparición del líder bolivariano y principal impulsor de la integración anti-estadounidense, fue entendida por el gobierno estadounidense como una gran oportunidad.

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Hispanoamerica- Estados Unidos quiere reconquistar su "patio trasero"- Soberanía regional o periferia de lujo

  1. 1. HISPANOAMERICA(NOTAS)Estados Unidos quierereconquistar su "patio trasero"Soberanía regional o periferiade lujoAnálisis internacional
  2. 2. Estados Unidos quiere reconquistar su"patio trasero"Por Leandro Morgenfeld*.Tras casi una década de retroceder en América Latina, Washington intenta responder a losdesafíos y consolidar su hegemonía en la región. A partir de la desaparición de Chávez, la CasaBlanca instrumentó una batería de iniciativas económicas, políticas, militares, diplomáticas eideológicas."América Latina es nuestro patio trasero... tenemos que acercarnos de manera vigorosa". Laspalabras del secretario de Estado John Kerry, ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámarade Representantes, el 17 de abril pasado, expresan un objetivo vital de la diplomaciaestadounidense. El gran proyecto interamericano para la posguerra fría lo lanzó Bush padre en1991: la "Iniciativa para las Américas".La idea era construir una gran área de libre comercio, extendiendo el NAFTA (acuerdo de librecomercio entre EE.UU., Canadá y México) hasta Tierra del Fuego. La apuesta neoliberal del ALCAfue continuada por Clinton y Bush hijo, y derrotada en Mar del Plata a partir del cambio en lacorrelación de fuerzas y de la aparición de un proyecto alternativo de integración latinoamericana.El desgaste que implicó esta derrota para Washington, más las apremiantes preocupaciones enIrak, Afganistán, Irán, China, Oriente Medio y África, quitaron a América Latina del foco deatención del Departamento de Estado. Ese relativo descuido se prolongó durante el primermandato de Obama. Simultáneamente, se fortaleció el eje bolivariano, aparecieron nuevosescenarios de integración en torno al ALBA, la UNASUR y la CELAC y se incrementó la presencia deChina y otros emergentes extra-hemisféricos.Desde el inicio de su segundo turno como presidente, Obama muestra claras señales del interés dela Casa Blanca por reposicionarse en la región. A partir de la muerte de Chávez, Washingtonintensificó su estrategia de recapturar un área que históricamente estuvo bajo su influencia,impulsando las relaciones comerciales y financieras con sus vecinos del sur (terreno en el queviene perdiendo posiciones frente al intercambio intra-regional y a la demanda de otros polosextra-continentales, como China). También busca retomar la iniciativa diplomática y debilitar todolo posible a sus desafiantes regionales, especialmente el bloque de países del ALBA, con Venezuelaa la cabeza. La desaparición del líder bolivariano y principal impulsor de la integración anti-estadounidense, fue entendida por el gobierno estadounidense como una gran oportunidad.En los últimos tres meses, se aceleraron los tiempos del complejo ajedrez regional. Washingtonmovió vertiginosamente infinidad de fichas: gira de Obama por México y Costa Rica, nuevapromesa del cierre de la cárcel de Guantánamo, visita estratégica del vicepresidente Biden (quienes un precandidato a presidente y quiere captar el crecientemente influyente voto latino) a
  3. 3. Colombia, Trinidad y Tobago y Brasil, recepción de los mandatarios de Chile y Perú en la CasaBlanca, inminente visita de Kerry a Guatemala, invitación a Dilma Rousseff para una visita deEstado a Washington (única mandataria que tendrá este año ese privilegio, que ni siquiera recibióel premier chino la semana pasada), apoyo a la Alianza del Pacífico -los principales aliados deWashington impulsan esta integración, de matriz neoliberal y afín a la Asociación Transpacífica-,desestabilización en Venezuela a partir de no reconocer el triunfo electoral de Nicolás Maduro(aunque Kerry se reunió en la primera semana de junio con su par venezolano, lo cual podríaimplicar un giro luego de 3 años de ostracismo en las relaciones bilaterales), impulso al gobiernode Santos para proponer el ingreso de Colombia en la OTAN y recibir al opositor Capriles,negociación para que la DEA vuelva a actuar activamente en Argentina luego de la salida de laministra de Seguridad, Nilda Garré.En pocas semanas, la diplomacia de Washington actuó intensamente para reordenar el "patiotrasero", luego de una década signada por las turbulencias que supusieron las rebelionespopulares, el surgimiento de movimientos anti-imperialistas y la creación de instancias deintegración que apuntan a recuperar como horizonte la autonomía, o al menos una insercióninternacional de carácter multilateral. Desde el fin de la guerra fría, nunca habían los paíseslatinoamericanos desafiado tan abiertamente la agenda de Washington. Para el Departamento deEstado, contrariado por este inédito desafío regional, ya es hora de volver a poner las cosas "en sulugar".Históricamente las políticas de Washington hacia el sur del continente, desde que abandonaron lasinvasiones abiertas con marines en pos de la "buena vecindad", se nutrieron de dos componentes:"zanahorias" y "garrotes". Promesas de ayuda financiera, concesiones comerciales, inversiones eintercambios académicos convivieron históricamente con amenazas, desestabilizaciones,sanciones económicas y apoyos a militares golpistas. Así, para conseguir aprobar el TratadoInteramericano de Asistencia Recíproca en 1947, se prometió una suerte de "Plan Marshall paraAmérica Latina". Para lograr los votos que permitieran expulsar a Cuba de la OEA, se lanzó laAlianza para el Progreso.En esa línea, hoy conviven los ofrecimientos -acuerdos de libre comercio, inversiones, asistenciafinanciera-, que funcionan como "espejitos de colores" para los gobiernos neoliberales de laregión, con las amenazas para quienes confronten con los intereses de Washington: red de basesmilitares de nuevo tipo, desestabilización de los gobiernos bolivarianos, presión a través de lasgrandes corporaciones de prensa, financiamiento a grupos opositores a través de ONGs, quita debeneficios comerciales.Los movimientos sociales y las fuerzas políticas populares de la región están advirtiendo estanueva ofensiva imperialista, que aprovecha las debilidades del bloque bolivariano parareintroducir la agenda neoliberal. Retomar la integración desde abajo, aquella que hace casi unadécada logró derrotar el ALCA, parece uno de los caminos que están privilegiando para resistireste nuevo embate.
  4. 4. * Docente UBA e ISEN. Investigador del CONICET. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina yEstados Unidos en las conferencias panamericanas (Ed. Continente, 2011), de Relacionespeligrosas. Argentina y Estados Unidos (Capital Intelectual, 2012) y delblogwww.vecinosenconflicto.blogspot.comFUENTE: http://www.marcha.org.ar/1/index.php/elmundo/126-analisis-internacional/3783-estados-unidos-quiere-reconquistar-su-patio-traseromartes, 18 de junio de 2013"Soberanía regional o periferia delujo". América Latina se debate entredos integraciones incompatiblesLos desafíos de la Alianza del PacíficoSoberanía regional o periferia de lujoRaúl Zibechi(ALAI)Dos proyectos de asociación regional se enfrentan en América del Sur: la Alianza del Pacífico y laUNASUR. Ambas son incompatibles, responden a intereses geopolíticos opuestos que colocan acada uno de los países de la región ante una disyuntiva. Ya no quedan espacios ni paraingenuidades ni para distracciones.
  5. 5. “Existe una cierta tendencia en nuestras perspectivas integracionistas a sobrecargar de ideologíalas lecturas sobre los diferentes proyectos subregionales”, escribió Carlos Chacho Álvarez,secretario general de Aladi (Tiempo Argentino, 2 de junio de 2013). Por esa razón considera quecontraponer la Alianza del Pacífico al Mercosur ampliado, “resulta claramente un signo negativo,cuando no un retroceso”. De todos modos, Álvarez apuesta por la Unasur y la Celac “como los dosproyectos más ambiciosos e integrales de la región”, que al excluir a Estados Unidos y Canadáenseñan también su costado ideológico. (1)“El continente se dividió”, apunta el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso enreferencia al nacimiento de la Alianza del Pacífico (Valor, 30 de noviembre de 2012). “De algunamanera perdemos nuestra relevancia política en el continente que era incontestable”, añade.Cardoso cree que la salida para su país es “una negociación a fondo con los Estados Unidos”, a laque “siempre tuvimos miedo”.Deslizándose por encima de los dos bloques, el presidente peruano Ollanta Humala recibió aprincipios de junio a Luiz Inácio Lula da Silva, en el marco del foro “10 Años de la AlianzaEstratégica Brasil-Perú 2003-2013”, y señaló que en diez años “se ha avanzado mucho en laintegración peruano-brasileña y sobre todo en el entendimiento de que es una alianza naturalpara poder integrar un bloque bioceánico Atlántico-Pacífico” (La Voz de Rusia, 6 de junio de 2013).En el mismo acto Lula recordó que una década atrás fue muy criticado en su país por firmar elacuerdo de integración con Perú, pues las elites brasileñas consideran que sólo se alcanzaría eldesarrollo en base a relaciones comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea: “América delSur no existía, ni América Latina, no existía África ni los países árabes, yo creía que se podíacambiar la geografía comercial y política del mundo si creíamos en nosotros mismos, pero no eraun discurso fácil”, sentenció el ex presidente.Lula apoyó su discurso en datos irrefutables: el comercio bilateral pasó de 650 millones de dólaresen 2003 a 3.700 millones en 2012. Las inversiones privadas brasileñas en Perú ascienden a 6.000millones de dólares y lanzó el desafío de exportar productos industriales y con elevadacomposición tecnológica con el objetivo de que ambas economías “puedan complementarse”.Conscientemente abordó el punto clave de cualquier proceso serio de integración.Los TLC hilvanados
  6. 6. La Alianza del Pacíficonació en abril de 2001 con la “Declaración de Lima”, iniciativa del entoncespresidente Alan García, entre cuatro países que tienen Tratados de Libre Comercio con EstadosUnidos: México, Colombia, Perú y Chile. El 6 de junio de 2012 se firmó el “Acuerdo Marco deAntofagasta” por los presidentes Sebastián Piñera, Juan Manuel Santos, Humala y Felipe Calderón.Panamá y Costa Rica fueron los primeros miembros observadores, a los que luego sesumaron España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay, y en las siguientes cumbres seincorporaron Ecuador, El Salvador, Francia, Japón, Honduras, Paraguay, Portugal y RepúblicaDominicana.Los defensores de la Alianza suelen decir que los cuatro países que la integran suman 200 millonesde habitantes, representan el 55 por ciento de las exportaciones latinoamericanas y el 40 porciento del PIB de la región. Dos destacados economistas de la región, el peruano Oscar Ugartechey el brasileño José Luis Fiori, coinciden en analizar los procesos regionales como si fueran un juegode ajedrez, en el que la movida de una pieza por uno de los jugadores debe ir acompañada de unarespuesta del otro contendiente adecuada al desafío recibido. Cuando se produjo el “golpeconstitucional” que apartó a Fernando Lugo del gobierno, Paraguay fue separado del Mercosur yse le dio el ingreso a Venezuela. Del mismo modo debe interpretarse la creación de la Alianza delPacífico: una respuesta a la creación de la Unasur encabezada por Brasil.Cuando se formó la Alianza, Ugarteche sostuvo: “Los tres gobiernos sudamericanos del grupo(Chile, Colombia y Perú) tienen en común no haber firmado el acta de constitución del Banco delSur, no tener acuerdos comerciales con el Mercosur vigentes, son observadores, tener TLCsfirmados con Estados Unidos que aseguran arancel cero, lo que impide el acuerdo con el Mercosurcuyo piso es 5 por ciento, y carecer de un sector industrial nacional significativo” (Alai, 26 de abrilde 2011). Su conclusión era que la Alianza es “un contrapeso a la influencia brasileña enSudamérica” que “sirve no para competir sino para bloquear”.Sin embargo, en un reciente artículo el economista sostiene que en los últimos tiempos “quien harealizado los mejores movimientos ha sido sin duda la Alianza del Pacífico”, no tanto por suspropios méritos como por el notable estancamiento del Mercosur por el atasco en las relacionesentre Buenos Aires y Brasilia (Alai, 24 de abril de 2013). Entre esos avances figura el acercamientodel Paraguay pos Lugo. Así y todo, la Alianza debe sortear numerosas dificultades entre las quedestacan la oposición de sectores del empresariado colombiano a un acuerdo que no les generanuevas oportunidades sino “un detrimento de la balanza comercial y del empleo”.
  7. 7. Las dificultades de la integraciónLos datos sobre inversión extranjera directa (IED) pueden tomarse como una radiografía de laregión. La IED ha escalado de forma exponencial en América del Sur, pasando de poco más de30.000 millones de dólares anuales en los primeros años de la década de 2000 a 143.000 millonesen 2012. Se multiplicó por más de cinco, según el último informe de la CEPAL. (2)Vale la pena destacar que los tres países andinos de la Alianza del Pacífico pasaron de recibir unaIED de 11.000 millones de dólares al comenzar el siglo a percibir 58.000 millones. El mayorcrecimiento de la región. Pero lo que revela el carácter de las economías nacionales es el sector alque se dirigen.Chile es el segundo país en volumen de IED, con 30.000 millones de dólares en 2012, pero la mitadse invierte en la minería (49 por ciento) y un quinto en el sector financiero. Colombia recibió unaIED de 15.800 millones de dólares, pero más de la mitad van a petróleo y minería. En Perú, querecibió 12.200 millones, sólo la minería absorbe bastante más de la mitad de las inversiones (quizáel 70 por ciento, aunque no hay datos).En Brasil la relación es justamente la inversa: la industria manufacturera absorbe alrededor del 40por ciento de las inversiones (decayendo del 47 a 38 por ciento en los últimos años) mientras lasactividades extractivas concentran apenas el 13 por ciento. Esto quiere decir que el grueso de lainversión extranjera, de 66.000 millones de dólares (la cuarta del mundo luego de Estados Unidos,China y Hong Kong), se dirige a sectores que generan puestos de trabajo calificados y agreganvalor a la producción.Argentina tiene una situación intermedia entre Brasil y los países andinos. Luego de una década defuerte retracción, la IED hacia Argentina creció un 27 por ciento en 2012 hasta alcanzar 12.500millones de dólares. A fines de 2011 la composición sectorial de la IED acumulada en Argentinaestaba concentrada en un 44 por ciento en la industria y un 30 por ciento en servicios.Es cierto que toda la región sufre un proceso de desindustrialización como consecuencia de lacompetencia china. Pero los efectos son dispares: en algunos casos la dependencia de los bienesnaturales es apabullante, convirtiendo a esos países en absolutamente dependientes de losprecios de las commodities en las bolsas de valores y, muy en particular, de la evolución delmercado chino. Es posible que la mentada pujanza de la Alianza del Pacífico sea poco más quehumo y se evapore cuando esos precios caigan.
  8. 8. Chile no es capaz de absorber productivamente los enormes flujos de IDE que recibe, toda vez queel 26% son reinvertidos inmediatamente fuera del país por las subsidiarias chilenas de empresasextranjeras. La CEPAL concluye que el país andino, colocado como modelo a seguir por buenaparte de los economistas de la región, es apenas “una puerta de entrada para otros mercadoslatinoamericanos”.Según Fiori los tres países sudamericanos de la Alianza del Pacífico “son pequeñas o medianaseconomías costeras y de exportación, con escasísimo relacionamiento comercial entre sí, o conMéxico”. El único país que tiene clima templado y tierras productivas, Chile, “es casi irrelevantepara la economía sudamericana, además de ser uno de los países más aislados del mundo”, dice eleconomista brasileño.Cree que la Alianza del Pacífico no tiene un futuro promisorio. Sus exportaciones son mayores quelas del Mercosur, pero el comercio intrazona es ínfimo (dos por ciento del total exportado frente al13 por ciento del Mercosur). En rigor, es una alianza comercial que no busca la integración.El problema no radica tanto en las virtudes de la Alianza sino en los problemas que atraviesa elMercosur. Por un lado, los cuatro países que lo crearon (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay)exportan los mismos productos (básicamente soja y carne) a los mismos mercados. Con esaestructura de exportaciones no hay integración posible, que sólo puede forjarse sobre la base dela complementación productiva. Como apunta Fiori, desde la crisis de 2008 y a caballo de laexpansión china, se han profundizado las características seculares de las economíassudamericanas que obstaculizan cualquier proyecto de integración: “El hecho de ser unasumatoria de economías primario-exportadoras paralelas y orientadas por los mercados externos”(Pontes, febrero 2013).Por otro, y estrechamente ligado a lo anterior, la permanente disputa entre Brasil y Argentina porsus exportaciones industriales (automotriz y de electrodomésticos) está empantanando la alianzaregional. Cada producto argentino que ingresa en Brasil, le hace perder puestos de trabajo, yviceversa. Los acuerdos comerciales existentes y la opción por la integración aún no se tradujeronen la creación de industrias capaces de complementarse.En su balance de la inversión extranjera en 2012, la Cepal no deja lugar a dudas: “En América delSur (sin incluir a Brasil), se ha ido profundizando un patrón de distribución de la IED en el cual los
  9. 9. sectores basados en recursos naturales son claramente el primer destino”. La minería absorbió el51 por ciento de las inversiones en la región, servicios el 37 y la industria apenas el 12 por ciento.Hora de elegir“Se puede decir con toda certeza que el ´cisma del Pacífico´ tiene más importancia ideológica queeconómica en América del Sur y sería casi insignificante políticamente si no se tratara de unapequeña franja del proyecto de Obama de crear una Asociación Transpacífico (TPP por sus siglasen inglés), pieza central de su política de reafirmación del poder económico y militar en la regióndel Pacífico”, señala Fiori (Pontes, febrero de 2013).Este es quizá el nudo de la cuestión. México es ya una pieza inseparable de la economíaestadounidense. Luego de la crisis de 2008, que le impone serias restricciones presupuestales, laestrategia de los Estados Unidos consiste en “tercerizar” la administración de su poder global perocon el cuidado de impedir que surjan potencias regionales que amenacen su posición y enparticular el predominio aéreo y naval. A través del sistema financiero, razona Fiori, lasuperpotencia sigue traspasando sus costos y sus crisis a terceros países, como sucedió con suprincipal aliado, la Unión Europea, manteniendo en tanto el “control monopólico de la innovacióntecnológica”.Ante este panorama, lo decisivo serán las opciones de los demás países, sobre todo el rumbo queadopte Brasil. El profesor Ricardo Sennes, analista internacional de la Universidad de Sao Paulo,sostiene que el crecimiento económico pos 2002 “profundizó las divergencias entre las estrategiaseconómicas de los países, así como se ampliaron las asimetrías entre Brasil y los países de laregión” (3).A esta dificultad estructural se suma que en Brasil prevalece “la preferencia por un patrón derelación regional basado en la proyección de las capacidades políticas brasileñas y no en un patrónde integración regional”. No es lo mismo la densificación de los negocios que una estrategia deintegración. En su opinión eso debe a que existe una débil “coalición interna” a favor de laintegración y se traduce en un elevado activismo diplomático que contrasta con la bajainstitucionalidad de la integración. En conclusión, “la regionalización, aumento de las relacionesregionales no derivadas de política y acuerdos entre estados, avanzó más rápida y profundamenteque la integración regional”.
  10. 10. Eso se manifiesta en que los miembros del Mercosur han establecido acuerdos más profundos conpaíses de fuera de esta alianza que entre ellos mismos. Sennes concluye que más allá de lasdeclaraciones, “el proyecto regional de Brasil no integra el eje central de su estrategiainternacional”. Suena fuerte, pero en modo alguno parece alejado de la realidad. En su apoyo,resume: preferencia por reuniones de cúpula antes que acuerdos institucionales; “integracióneconómica rasa”, o sea focalizada en cuestiones comerciales bilaterales en detrimento de laintegración productiva, financiera y logística; privilegiar agencias de crédito domésticas como elBNDES en vez de regionales; y apoyar las iniciativas privadas de inversiones en detrimento deacuerdos regionales de promoción de inversiones.A partir de este cúmulo de dificultades, Fiori plantea una disyuntiva de hierro. Que Brasil y laregión se conviertan en “periferia de lujo” de las grandes potencias, como ya fueron Australia yCanadá, con acuerdos de “socios preferenciales”, en línea con la propuesta de Cardoso y de laselites de cada país, atornillados al papel de exportadores de commodities. O bien emprender uncamino alternativo, asentado en la autosuficiencia energética y los recursos naturales estratégicos,combinando “una industria de alto valor agregado como un sector productor de alimentos ycommodities de alta productividad”, que no renuncie a la complementariedad y competitividadcon Estados Unidos pero que “luche para aumentar su capacidad de decisión estratégicaautónoma” (“Brasil e América do Sul: o desafío da inserçâo internacional soberana”, Brasilia,CEPAL/IPEA, 2011).Las elites han hecho su opción y pelean por ella. La Confederación Nacional de la Industria (CNI) yla Federación de las Industrias del Estado de San Pablo rechazan cada vez con mayor vigor elMercosur y ni siquiera toman en cuenta la Unasur. Aecio Neves, candidato por el Partido de laSocial Democracia que representa a esos sectores, habla claro: “Tenemos que tener el coraje derepensar y revisar el Mercosur. En este sentido, la Alianza del Pacífico, es un ejemplo ya demovilidad y dinamismo” (La Nación, 9 de junio de 2013).Esa claridad contrasta con las nebulosas y contradictorias posiciones del progresismo. En el actualpanorama global, no hay lugar para la neutralidad. “Los que se consideran neutros son siemprepaíses irrelevantes o que acaban sucumbiendo”, concluye Fiori. Por eso sostiene que la regióndebería construirse como “un grupo de países aliados capaces de decir no, cuando sea necesario, ycapaces de defenderse, cuando sea inevitable”.Notas
  11. 11. (1) Aladi: Asociación Latinoamericana de Integración. Unasur: Unión de NacionesSuramericanas. Celac: Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.(2) La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2012”, Santiago, 2013.(3) Revista “Tempo do Mundo”, Vol. 3, No. 2, Brasilia, diciembre 2012.- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.FUENTE: http://www.vecinosenconflicto.blogspot.com.ar/2013/06/soberania-regional-o-periferia-de-lujo.html

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