1 EL     ESPEJO      DE     LA     CARIDADEL ESPEJO DE LA CARIDAD
2                CARTA DEL BIENAVENTURADO BERNARDO,                 ABAD DE CLARAVAL, AL ABAD ELREDO1. La humildad es la v...
33. Acojo encantado tu excusa, con la cual, lejos de apagarse siento que aumenta lachispa de mi deseo; pues me resulta muc...
4           COMIENZA EL PREFACIO DEL ABAD ELREDO AL LIBRO              QUE SE TITULA “EL ESPEJO DE LA CARIDAD”1. Sin duda ...
54. Al acoger el encargo de esta obra medité algunas cosas yo mismo, y otras casi yo mismo, oincluso más que yo mismo, pue...
6                 COMIENZAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO PRIMERO1. Lo más digno es que el Creador sea amado por su criatura.2. ...
7    desee la felicidad, rehuye del modo más infeliz el camino para alcanzarla.23. Sobre la prerrogativa de la criatura ra...
83. El amor modera con su tranquilidad todo lo que es accidental, y la concupiscencia todo lo    corrompe con su perversid...
926. El ansia de dominio.                 COMIENZAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO TERCERO1. Se expone la ley que distingue los s...
1021. Síntesis de lo dicho y cómo se reconoce el verdadero amor de Dios.22. Qué debe tenerse en cuenta en el amor al próji...
11           COMIENZA EL LIBRO QUE SE TITULA ESPEJO DE LA CARIDAD                                        CAPÍTULO PRIMERO ...
122. Resuene, pues, buen Jesús, tu voz en mis oídos5, para que aprenda cómo debe amarte micorazón, te ame mi mente, y te a...
13en cuanto que cada parte se armoniza con la totalidad, son hermosas; y si cada una halla en todoel conjunto su lugar, ti...
14Dios13 . Esta adhesión no es de la carne sino del alma, pues el Creador de las naturalezasinfundió en ella tres facultad...
15    El hombre se apartó del amor que contenía el gozo pleno de su felicidad, y también se    apartó de Dios; se volvió u...
16    Con la venida del Salvador se renueva en el hombre la imagen de Dios; su renovación    perfecta no ha de esperarse a...
1716. Mientras tanto, Señor Jesús, te pido que mi alma se emplume en el nido de tu disciplina,descanse en los huecos de la...
1819. Si me dices que el ángel puede hacer sabio a otro, ¿de dónde le viene ser sabio? Si es élquien se hizo sabio, volvem...
1922. ¡Qué admirable es, Señor, el conocimiento que tienes de mí! Es inmenso y no puedoabarcarlo27. Mientras tanto te abra...
20Salvador: Os doy un mandamiento nuevo38? Así pues, si el espíritu se reviste perfectamentede esta caridad reformará las ...
21  26. Pues después de disertar sutil y ampliamente sobre Dios, y demostrar con vehemenciacon textos de los filósofos que...
22 28. Así pues, entre estas dos realidades, es decir, lo que el Apóstol llama codicia de la carne,no porque toda codicia ...
2331. Dios actúa de un modo muy distinto en los seres que carecen de voluntad y de razón, y enconsecuencia, de libre albed...
24mismo Apóstol: El salario del pecado es la muerte, y el don de Dios es la vida eterna55. La vidaeterna -insisto- es grac...
25                                       CAPÍTULO        XII            Ni a los que se salvan ni a los condenados se les ...
2638. Creo que la cuestión está clara: ni la gracia elimina el libre albedrío, ni el libre albedríodebilita la gracia. ¿Có...
2741. Aunque el ángel en el cielo y el hombre en el paraíso no estaban coaccionados por ningunaflaqueza ni les dominaba la...
28enfrentas y calumnias? - Me respondes: si ambos niños son víctima de la misma condena ¿porqué se elige a uno y se rechaz...
2948. Y tú, alma mía, ¿no te sientes también sometida a este continuo merodear? Su cabeza nocesa de dar vueltas, dice la E...
30                                         CAPÍTULO       XVIII                       El sábado verdadero y espiritual ha ...
3153. Pero indiquemos brevemente las prerrogativas del día séptimo. Es innegable que fuegrande el día en que, disipadas la...
3256. La caridad es su descanso inmutable y eterno, su tranquilidad eterna e inmutable, suSábado eterno e inmutable. Ella ...
33Admira, pues, la excelencia de la caridad, en la cual el Creador y guía de todas las cosas quieredisfrutar una especie d...
3462. A ti, alma racional, te está reservado un privilegio que no poseen los demás seresanimados: superar los instintos ca...
3565. Criatura admirable e inferior sólo al Creador ¿a dónde te precipitas? ¿Amas el mundo?Tú eres más que el mundo. ¿Admi...
36profeta: ¡Ay del que acumula bienes ajenos87! Y al instante su mismo montón de monedas semofa diciendo: ¿para qué amonto...
3768. Hay que advertir que Salomón no dice: “el que tiene riquezas” sino el que ama lasriquezas no las aprovechará89. Porq...
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El espejo de la caridad san elredo de rieval(1)

  1. 1. 1 EL ESPEJO DE LA CARIDADEL ESPEJO DE LA CARIDAD
  2. 2. 2 CARTA DEL BIENAVENTURADO BERNARDO, ABAD DE CLARAVAL, AL ABAD ELREDO1. La humildad es la virtud más sobresaliente de los santos con tal que sea auténtica ymodesta. Porque la humildad no debe establecerse en el campo de la mentira ni debemantenerse con el sacrilegio de la desobediencia. Supliqué a tu fraternidad, o más biente mandé, e incluso te conjuré en el nombre del Señor, que me escribieras unas cuantaspáginas, y en ellas salieras al paso de las quejas de algunos que se esfuerzan por pasar deuna vida mediocre a otra más perfecta. No condeno ni reprendo tu excusa, perorepruebo tu obstinación. Será humildad presentar excusas, pero ¿es propio de lahumildad no obedecer? ¿Es un gesto de humildad no condescender? Todo lo contrario:la rebeldía es como un pecado de superstición y la arrogancia como un crimen deidolatría1.2. Pero replicas que no se deben imponer grandes pesos sobre hombros femeninos, yque es más prudente no aceptar la carga que se ofrece que desplomarse por la cargaque hayas aceptado. Tal vez te ordene algo difícil, arduo o imposible. Pero ni aun en esecaso tienes excusa. Insisto en mi criterio y renuevo el precepto. ¿Qué piensas hacer?¿Acaso no dijo aquel a quien prometiste seguir: Sepa el súbdito que así le conviene, yconfiando en la ayuda de Dios, obedezca?2. Has hecho, sin duda alguna, lo que debías,pero no más de lo que debías. Llegaste hasta donde podías. Has expuesto los motivosque te lo imposibilitaban, aduciendo que apenas conoces la literatura o que eres casi unignorante, que has venido al desierto no desde las escuelas sino desde la cocina, y queallí vives como un rústico y campesino entre rocas y montañas, agotándote con el hachay el martillo por el pan de cada día. Que allí no se aprende a hablar, sino a callar, y quebajo el sayal de unos pobres pescadores no encaja el coturno de los oradores. 1 1 Re 15,23. 2 RB 68,5.
  3. 3. 33. Acojo encantado tu excusa, con la cual, lejos de apagarse siento que aumenta lachispa de mi deseo; pues me resulta mucho más sabroso, al decirme eso, que no te haseducado con ningún gramático, sino en la escuela del Espíritu Santo, pues tal vez poseesun gran tesoro en una vasija de arcilla, y esa fuerza extraordinaria es de Dios y no tuya3.Y el hecho de que hayas sido trasladado de la cocina al desierto por un cierto presagiodel futuro, me agrada también mucho: tal vez se te confió durante una hora ladistribución de los alimentos corporales en la casa real, con el fin de que más tarde, en lacasa de nuestro Rey, prepararas alimentos espirituales para los hombres de espíritu yalimentaras a los hambrientos con el pan de la palabra de Dios.4. Tampoco me estremecen las crestas de las montañas, las asperezas de las rocas ni lahondura de los valles, pues en estos días los montes manan dulzura, y los collados sedeshacen en leche y miel, los valles rebosan de trigo, la miel se cría entre las peñas y elaceite en la roca de pedernal, y los peñascos y sierras producen el pasto de las ovejas deCristo. Por eso creo que con ese martillo eres capaz de cincelar de esas rocas algo quenunca hubieras conseguido con toda la sagacidad de tu ingenio en las aulas de tusmaestros, y que más de una vez en el ardor del mediodía experimentarás a la sombra delos árboles lo que jamás hubieras aprendido en las escuelas.5. Por tanto, no te ensalces a ti, sino glorifica al que no sólo sacó a un desesperado de lafosa fatal y de la charca fangosa, del prostíbulo de la muerte y del fango másvergonzoso, sino que como Señor compasivo y misericordioso, recordó sus antiguasmaravillas, y para levantar copiosamente la esperanza de los pecadores, dio vista alciego, instruyó al ignorante y educó al inexperto. Así pues, si todo el que te conoce sabeque no es tuyo lo que se te exige, ¿por qué te sonrojas, por qué vacilas, por quédisimulas? ¿Por qué, ante la voz imperiosa del que te lo concedió, rehúsas distribuir loque te otorgó? ¿Temes acaso la presunción o la envidia de otros? Como si fuera posiblealguna vez escribir algo útil sin suscitar envidias, o puedas ser tachado de presunciónpor obedecer como monje a un abad.6. Te mando, pues, en nombre de Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios, queescribas cuanto antes todo cuanto sabes, por tus continuas reflexiones, sobre laexcelencia de la caridad, sus frutos y su proceso; que en este trabajo, como en un espejo,veamos en qué consiste la caridad, cuánta dulzura se experimenta al poseerla, quéangustia se siente con la concupiscencia, que es su contraria; cómo el dolor externo nodisminuye el gozo de la caridad, como piensan algunos, sino que lo aumenta; yfinalmente, qué discreción se exige al ponerla en práctica. Y por consideración a tupudor, figure esta carta al comienzo de tu obra, con el fin de que todo aquello quedesagrade al lector en el Espejo de la Caridad -éste es el nombre que le pongo- no te loaplique a ti, que has obedecido, sino a mí, que he forzado al que se resistía.Vive bien en Cristo, querido hermano. 3 2 Cor 4,7.
  4. 4. 4 COMIENZA EL PREFACIO DEL ABAD ELREDO AL LIBRO QUE SE TITULA “EL ESPEJO DE LA CARIDAD”1. Sin duda alguna, la humildad verdadera y discreta es la virtud de los santos; en cambio, yo ylos que son como yo carecemos de esa virtud. De ella dice el profeta: Mira mi humildad ylíbrame 4. No pedía que le librase de ninguna virtud, ni se engreía de la humildad, sino queimploraba ayuda en su abyección. ¡Qué miserable es mi humildad, y ojalá que así como esverdadera fuese también una virtud discreta, si para que no parezca que la empaño con unaimportuna desobediencia, obedezco a la súplica tan amable, al mandato y a la persuasión,porque es digno, aunque por mi parte se hará con menos dignidad! Acojo, pues, una tareaimposible, inexcusable y digna de acusación; imposible por mi pusilanimidad, inexcusablepor tu mandato y expuesta a la acusación por cualquiera que la examine.2. Pues ¿quién soportará al que, alardeando de una especie de autoridad apostólica, pretendeescribir sobre el camino más excelente de la caridad, si es no sólo rudo para escribir o -como ati te gusta- iletrado y mudo, e incapaz todavía de beber leche? ¿Cómo va a tratar de laeminencia de la caridad el que sólo posee una mínima proporción o más bien ninguna con ella,o de su orden el que está desordenado, y el estéril de su fruto? ¿Extraerá su dulzura el fatuo einsípido? ¿Se podrá enfrentar a ella el esclavo de la concupiscencia? Finalmente, ¿quién soy yopara exponer cómo crece la caridad con el dominio de la carne, y cuál es su discretamanifestación? ¿No te das cuenta -y permíteme que te lo diga- que al venir de la cocina aldesierto cambié de lugar pero no de oficio?3. Tal vez me digas: no debes excusarte. Lo sé, señor, lo sé. Pero como no puedo excusarmequiero acusar, para que si el lector no se siente a gusto no se vea obligado a seguir, si ya desdeel comienzo advierte lo que con toda razón puede desagradarle. Por otra parte ¿inspira algunaconfianza para escribir ese afecto tan santo de caridad que me infundiste sin vacilar, paraacoger las molestias que me pudieran sobrevenir? Así pues, con muy poca esperanza derealizar lo que me mandaste sobre la caridad, hice lo que pude con ese martillo mío al que terefieres, para lograr un espejo, totalmente convencido de que aunque desaparezcan laesperanza y demás virtudes, la caridad siempre permanece. El que no concedió la habilidadotorgó la gracia. En efecto, en este espejo de caridad a nadie se le mostrará el rostro de lacaridad si no permanece en el amor, lo mismo que nadie puede ver su propio rostro si no está enla luz. 4 Sal 118,153.
  5. 5. 54. Al acoger el encargo de esta obra medité algunas cosas yo mismo, y otras casi yo mismo, oincluso más que yo mismo, pues se las había dictado a mi entrañable y queridísimo prior Hugo,que es para mí más íntimo que yo mismo, para ser expuestas en forma de cartas. De ello me heservido para esta obra, e insertándolas donde parecía más oportuno, dividí el conjunto en trespartes. Y aunque en cualquier parte trato de todo, en la primera parte se recomiendaespecialmente la excelencia de la caridad, ya sea por su dignidad o reprobando su contraria laconcupiscencia; en la segunda se sale al paso de las objeciones infundadas de algunos; y en latercera se intenta concretar cómo debe manifestarse la caridad.5. Así pues, si con nuestro sudor surge algo adecuado a lo que he pretendido, se debe al que dala gracia y a tu oración; lo que no sea así, atribúyaseme a mí que carezco de habilidad ycostumbre. Y para que no te asuste la prolijidad de esta obra, fíjate primero en los capítulos quesiguen, y al verlos elige lo que merece leerse y lo que hay que desechar. ACABA EL PRÓLOGO
  6. 6. 6 COMIENZAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO PRIMERO1. Lo más digno es que el Creador sea amado por su criatura.2. Naturaleza, forma y utilidad otorgadas, en común a todas las criaturas.3. El hombre ha sido creado a imagen de su Creador y es capaz de la bienaventuranza4. El hombre se apartó del amor que contenía el gozo pleno de su felicidad, y también se apartó de Dios; se volvió un miserable y corrompió la imagen de Dios en sí, aunque no la suprimió.5. Con la venida del Salvador se renueva en el hombre la imagen de Dios, y su renovación perfecta no ha de esperarse aquí sino en el futuro.6. Disputa contra el necio que dice en su corazón: No hay Dios.7. El hombre se alejó de Dios por el afecto del alma.8. El hombre se reforma como imagen de Dios por el afecto de la caridad.9. Nuestro amor está dividido contra sí mismo por las tendencias contrarias de la caridad y de la concupiscencia .10. El libre albedrío ocupa un lugar central en el alma, pero no influye del mismo modo en el bien como en el mal.11. La gracia no suprime el libre albedrío.12. Ni a los que se salvan ni a los condenados se les priva del libre albedrío; y la gracia sólo actúa mediante el libre albedrío.13. Por qué razón no influye del mismo modo el libre albedrío en el bien que en el mal.14. Qué diferencia existe entre la gracia de los primeros hombres en el paraíso y la que poseen los predestinados en este mundo; al hombre se le imputa con justicia la mala voluntad, aunque para obtener la buena voluntad no basta la facultad del libre albedrío.15. La condenación, incluso la de los niños, es muy justa.16. La caridad posee toda la perfección.17. La circuncisión espiritual se contiene en la caridad.18. El sábado verdadero y espiritual ha de buscarse en la caridad.19. Cuánto ha de preferirse el día séptimo a los demás y ensalzar en él la caridad de Dios.20. Por qué se consagra el numero seis a la obra de Dios y el séptimo a su descanso.21. En todas las criaturas aparece algún vestigio de la caridad divina, y por eso todas tienden a una especie de sábado o descanso.22. La criatura racional sólo descansa cuando consigue la bienaventuranza, y por qué, aunque
  7. 7. 7 desee la felicidad, rehuye del modo más infeliz el camino para alcanzarla.23. Sobre la prerrogativa de la criatura racional, y cómo el descanso que naturalmente anhela no debe buscarse en la salud corporal ni en las riquezas de este mundo.24. Cuál es la diferencia entre los ricos elegidos y los ricos réprobos.25. Ni siquiera en la amistad mundana se debe buscar el reposo.26. El descanso no se halla en el placer corporal ni en el poder mundano,27. La caridad es aquel yugo suave, bajo el cual se halla el verdadero descanso, como un auténtico sábado.28. El ejemplo de sí mismo y de su conversión.29. Cuánto se equivocan los que se quejan de la aspereza del yugo del Señor, ya que el peso que se siente procede de las lacras de la concupiscencia, y el descanso es fruto de la infusión de la caridad.30. Quienes se quejan que la carga del Señor es pesada están muy dominados por el peso del mundo.31. Cuánta perfección hay en la caridad, cómo se diferencia de las demás virtudes, y cómo las otras virtudes no son tales sin ella.32. Las obras de los seis días se aplican a las otras virtudes, pero el descanso del séptimo día se asigna a la caridad.33. En esta vida las demás virtudes sirven a la caridad, y después de esta vida se fundirán en la plenitud de la caridad.34. Por la muerte de un amigo se pospone la consideración de la triple concupiscencia y su epitafio pone fin a este libro primero. ACABAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO PRIMERO COMIENZAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO SEGUNDO1. Consideraciones expuestas en el libro primero y cómo los viciosos públicos deben ser apartados de esta consideración.2. El cansancio exterior proviene de la actitud interior, y a veces disminuye por causa del interior.
  8. 8. 83. El amor modera con su tranquilidad todo lo que es accidental, y la concupiscencia todo lo corrompe con su perversidad.4. De la triple concupiscencia procede todo el sufrimiento interior.5. Sobre la opinión de quienes afirman que las mortificaciones exteriores son contrarias a la caridad y a la dulzura interior.6. La opinión anterior se rechaza con la autoridad de apóstoles y profetas.7. Por qué algunos sienten una compunción más tierna en una vida moderada que en otra más rigurosa.8. Tres causas de la visita espiritual.9. El primer género de compunción, como otras gracias, incita a los réprobos al juicio y a los elegidos a progresar.10. Dos motivos de la segunda visita, y cómo de ella se pasa a la tercera que es la más perfecta.11. Qué realiza Dios en cada una de estas visitas.12. En la primera visita domina el temor, en la segunda el consuelo y en la tercera el amor.13. Cuál es el fruto de cada una y por qué algunos se privan del consuelo de la segunda visita.14. Se citan algunos testimonios divinos para que cada uno examine su estado.15. Cómo se pasa a los consuelos espirituales.16. Nadie debe abandonar el propósito de una vida más estrecha, aunque no se experimente aquel suave afecto.17. Se incluyen las preguntas de un novicio y las respuestas.18. En qué debe creerse que consiste el amor de Dios.19. Se responde a un novicio que pregunta cuál es el fruto de las diversas compunciones.20. Donde el novicio afirmaba que más había amado a Dios se convence que era donde menos le había amado. (Y se indica a quiénes aprovecha derramar lágrimas).21. De todo lo anterior se puede comprender qué realizan la caridad y la concupiscencia en elproficiente.22. Qué gozo tan grande engendra el desprecio y victoria de los placeres.23. El vano placer de los oídos.24. La concupiscencia de los ojos, que consiste en la curiosidad exterior e interior, aflige a los que se convierten a una vida más perfecta.25. Sobre la soberbia de la vida. Trata en primer lugar de la vanidad.
  9. 9. 926. El ansia de dominio. COMIENZAN LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO TERCERO1. Se expone la ley que distingue los sábados.2. La distinción entre estos sábados ha de buscarse en un triple amor; y qué conexión existe en este triple amor.3. El sábado espiritual se experimenta en el amor de sí mismo.4. Qué sábado se percibe en el amor fraterno, y cómo se armonizan con la caridad los seis años que preceden al séptimo.5. Cómo se conserva este doble amor con el amor de Dios.6. El sábado perfecto se halla en el amor de Dios, y el año quincuagésimo se compara a este amor.7. En qué consiste el amor, la caridad y la concupiscencia.8. El ejercicio recto o perverso del amor depende de la elección, del movimiento y del fruto.9. Qué nos conviene elegir para disfrutar.10. Nuestro amor se inclina hacia el acto y el deseo, unas veces lo hace por el afecto y otras por la razón.11. Se expone qué es el afecto y cuántos son los afectos, y se indica que el afecto espiritual tiene una doble acepción.12. El afecto racional e irracional.13. El afecto obligado.14. El afecto natural.15. El afecto carnal tiene un doble contenido.16. Qué pensar de estos afectos.17. Cómo mueve la razón al alma al amor de Dios y del prójimo.18. Distinción del doble amor, entre los cuales fluctúa el espíritu del proficiente.19. Se prueba con dos comparaciones por qué el hombre benévolo y manso, aunque sea menos perfecto, es amado con un afecto mayor y más dulce que el austero y más perfecto; y se muestra cómo no es peligroso amar a ambos.20. Existen tres amores: el del afecto, el de la razón, y el de ambos.
  10. 10. 1021. Síntesis de lo dicho y cómo se reconoce el verdadero amor de Dios.22. Qué debe tenerse en cuenta en el amor al prójimo.23. Qué afectos no deben admitirse y cómo hay que seguir el espiritual que procede de Dios.24. Cómo seguir el afecto racional.25. Cómo precaverse y admitir el afecto obligado26. Qué normas hay que observar en el afecto natural y en qué consiste amar en Dios y porDios.27. El afecto carnal no se debe rechazar totalmente ni admitírsele sin reservas.28. Se examina no sólo el origen, sino también el proceso y el fin de los afectos, y se dan ejemplos de cómo se cambia un afecto en otro.29. Muchas veces diversos afectos luchan en la misma alma, y por eso se indica con ejemplos cuál debe anteponerse.30. Qué utilidad ha de buscarse en los afectos.31. Con qué actos nos conviene tender a Dios y con cuáles atender a nosotros mismos y al prójimo.32. Al comenzar a tratar de cómo moderar la vida humana, indica la sobriedad a seguir en el orden natural.33. Se describe el modo de satisfacer y expiar en el orden necesario.34. Cuál es el orden voluntario y modo de actuar en él.35. Controversia sobre cierta carta referente a la regla y profesión de los monjes.36. Se exponen las normas a seguir en el orden voluntario.37. Se indica qué debe hacer el hombre para sí mismo y qué para el prójimo, y se expone si debe preferirse a sí mismo o al prójimo.38. Se precisa a qué prójimo debe darse la preferencia.39. De quiénes podemos disfrutar en esta vida.40. Cómo debemos disfrutar mutuamente.
  11. 11. 11 COMIENZA EL LIBRO QUE SE TITULA ESPEJO DE LA CARIDAD CAPÍTULO PRIMERO Lo más digno es que el Creador sea amado por su criatura1. Extendiste, Señor, el cielo como una piel1, colocando en él las estrellas para que nosiluminen en esta noche en que rondan las fieras de la selva y los cachorros de los leones rugenpara devorar y hacer de nosotros su comida2. Cubres también con aguas los espacios más altos,con los cuales, a través de secretas cataratas empapas la tierra de nuestro corazón, para queabunden sus frutos de trigo, vino y aceite3 y no nos afanemos inútilmente en busca de nuestropan, sino que quienes buscamos encontremos, los que encontramos nos alimentemos yexperimentemos qué dulce eres, Señor. Mi alma, un alma árida, un alma estéril einfructuosa, ansía empaparse de estas gotas que destilan, para que también a ella se le aparezcaaquel pan celestial que alimenta a los ángeles y del que chupa el niño. Que mi paladar saboreetodos los deleites y ya no suspire por las ollas de carne que dejé en Egipto, donde por orden delFaraón hacía adobes sin dárseme la paja4. 1 Sal 103,2. 2 Sal 103,21. 3 Sal 4,8. 4 Ex 5,7.
  12. 12. 122. Resuene, pues, buen Jesús, tu voz en mis oídos5, para que aprenda cómo debe amarte micorazón, te ame mi mente, y te amen hasta las entrañas de mi alma. Que te abrace la médula demi corazón, pues eres mi bien único y verdadero, mi gozo dulce y exquisito. Pero ¿qué es elamor, Dios mío? Si no me engaño es una admirable complacencia del alma, tanto más dulcecuanto más pura, tanto más suave cuanto más verdadera, tanto más gozosa cuanto más amplia.Es el paladar del corazón el que te saborea, porque eres dulce; es el ojo el que te ve, porque eresbueno; y es el espacio capaz de acogerte, a ti que eres inmenso. Pues quien te ama te contiene,y te contiene en la medida que ama, porque tú eres amor, eres caridad. Esa es aquella opulenciade tu casa de la que se embriagarán tus amados, los que se pierden a sí mismos para pasar a ti.¿Y cómo se realiza eso, Señor, sino amándote? Pero con todo el ser. Descienda, Señor, teruego, a mi alma una partícula de esta inmensa dulzura tuya, con la que se endulcen los panesde su amargura. Guste de antemano con la prueba de un pequeño sorbo aquello que desea, loque ansía, por lo que suspira en esta peregrinación. Saboree y siga con hambre, beba y siga consed, pues los que te comen tendrán más hambre, y los que te beben tendrán más sed6. Pero sesaciarán cuando aparezca tu gloria7, cuando se manifieste el cúmulo inmenso de tu dulzura, quereservaste para los que te temen8, porque sólo lo revelas a los que te aman.3. Mientras tanto, Señor, que yo te busque, y te busque con el amor; porque quien caminaamándote es indudable, Señor, que te busca; y quien te ama perfectamente ése es, Señor, el queya te ha encontrado. ¿Hay algo más justo que el que te ame tu criatura, que recibió de ti ese donpara poder amarte? Los seres irracionales o insensibles no pueden amarte: no son capaces deello. Tienen su naturaleza, su figura y su orden, no para ser felices o poder serlo amándote, sinopara que todo lo hermoso, bueno y bien ordenado por ti contribuya a la gloria de aquellos quepueden ser dichosos porque pueden amarte. CAPÍTULO II Naturaleza, forma y utilidad otorgadas en común a todas las criaturas4. Nuestro Dios, que es el ser sumo e inmutable, que es siempre el mismo, como dice David:Tú eres siempre el mismo9, dio a todas las criaturas estas tres cosas: naturaleza, forma yutilidad. Por la naturaleza son buenas; por la forma son hermosas; por la utilidad sonprovechosas si están bien ordenadas. Quien les dio el ser las hizo también buenas, hermosas ybien ordenadas. Y como proceden del que es infinito e inmutable, por eso existen todas. Comoaquel de quien dimanan es infinita e inmutablemente hermoso, todas son hermosas. Y todasson buenas por causa del que es la bondad suma e inmutable; todas están bien ordenadas por elque es infinita e inmutablemente sabio. Son, pues, buenas por naturaleza, hermosas por laforma y bien ordenadas al esplendor de todo el conjunto.5. Vio Dios, dice, todo lo que había hecho y era muy bueno10. Por el hecho de ser, son buenas; 5 Cant 2,14. 6 Eclo 24,21. 7 Sal 35,15. 8 Sal 30,20 9 Sal 101,28. 10 Gen 1,31.
  13. 13. 13en cuanto que cada parte se armoniza con la totalidad, son hermosas; y si cada una halla en todoel conjunto su lugar, tiempo y modo adecuado, entonces están perfectamente ordenadas. Cadacosa tiene un lugar propio para estar; por ejemplo, el ángel el cielo, los seres irracionales latierra, y el hombre -como intermedio- el centro del paraíso. Tienen también el tiempo en queexisten o hasta cuando existen, de manera que en la belleza del conjunto unos comienzan todosa la vez, como sucede en la naturaleza angélica; otros no comienzan todos a la vez, pero unavez que comienzan no dejan de existir, como los hombres; y otros tampoco comienzan a la vez,y con el tiempo dejan de existir, como los irracionales.6. Para que no se piense que callo el modo en que subsiste cada criatura y cuál es el másadecuado de cada una, ¿hay algo más propio de la criatura racional que la bienaventuranza, sies justa? ¿Y algo más apropiado que la miseria si es malvada? ¿O qué modo más oportuno parala criatura irracional e insensible, incapaz de ser feliz ni miserable, que servir a la salud de unoso aumentar la desdicha de otros? Tiene mucha razón el sabio que dice: El agua, el fuego y elhierro, la leche, el pan y la miel, el racimo de uvas, el aceite y el vestido, todo eso se convierteen bueno para los santos11 y en malo para los impíos y pecadores. Y no se queje el hombre detener el mismo lugar que las bestias, pues no comprendió la dignidad que poseía, y por eso serebajó con los animales y se hizo semejante a ellos12. Y no sólo por el lugar. ¿Quién es capaz dedecir cuánta semejanza con los animales irracionales brotó al quedar abolida en el almaracional, no la imagen, pero sí la semejanza divina? Pero esto queda para otro momento.7. Ahora hay que resaltar y predicar la sabiduría del Creador: él no es el origen ni provocadorde los males, pero sí es su prudentísimo coordinador. ¿Por qué no impide mi Señor dulcísimo yomnipotentísimo que exista el mal, de modo que no pueda manchar ni lo más mínimo su planeterno? ¿No brillaría más su omnipotencia, no sería más admirable su sabiduría, y más dulcesu misericordia si convirtiera con su poder los males en bienes, ordenara sabiamente loordenado y otorgara misericordiosamente la bienaventuranza a los miserables? CAPÍTULO III El hombre ha sido creado a imagen de su Creador y es capaz de la bienaventuranza8. Así pues, en el conjunto de toda la creación, al hombre no sólo se le ha concedido existir, oser simplemente algo bueno, hermoso u ordenado como las demás criaturas, sino también serdichoso. Pero así como ninguna criatura existe por sí misma, ni es hermosa o buena por símisma, sino por el que es infinito y totalmente hermoso o bueno, y es, en consecuencia, labondad de todo lo bueno, la belleza de todo lo hermoso y la causa de todo cuanto existe,tampoco el hombre es dichoso por sí mismo, sino por aquel que es infinitamente feliz y por ellola felicidad de todos los bienaventurados.9. Únicamente la criatura racional es capaz de esta bienaventuranza. Creada a imagen de suCreador, posee la capacidad de adherirse a aquel de quien es imagen, y esto es un bienexclusivo de la criatura racional, como dice el santo David: Para mí lo bueno es adherirme a 11 Cfr Eclo 39,33. 12 Sal 48,13.
  14. 14. 14Dios13 . Esta adhesión no es de la carne sino del alma, pues el Creador de las naturalezasinfundió en ella tres facultades para hacerle capaz de la eternidad divina, partícipe de lasabiduría y saboreador de la dulzura. Estas tres son la memoria, la ciencia y el amor o voluntad.La memoria es capaz de la eternidad, la inteligencia lo es de la sabiduría, y el amor de ladulzura. Creado el hombre con estas tres facultades a imagen de la Trinidad, tenía presente aDios en la memoria sin olvidarle, le conocía sin error por la inteligencia, y con el amor loabrazaba sin ansiar nada más. Por eso era feliz. CAPÍTULO IV 13 Sal 72,28.
  15. 15. 15 El hombre se apartó del amor que contenía el gozo pleno de su felicidad, y también se apartó de Dios; se volvió un miserable y corrompió la imagen de Dios en sí, aunque no la suprimió.10. Aunque la felicidad consista en estas tres cosas o se consiga con ellas, sin embargo sudeleite reside propiamente en la tercera. Es indudable que deleitarse en cosas viles es lo másrepugnante, pero donde no existe deleite tampoco hay felicidad. Y donde falta el amor tambiénel deleite. En cambio, cuanto más se ama el bien supremo, mayor es el deleite y la felicidad. Yapuede la memoria recordar muchas cosas, y la inteligencia comprender lo más profundo, si lavoluntad no se ocupa de lo recordado y conocido no existe deleite alguno.11. Nuestro primer padre, dotado del libre albedrío, con la ayuda de la gracia de Dios podíadeleitarse perpetuamente, amando siempre a Dios con su recuerdo y conocimiento, y sersiempre dichoso. También pudo dirigir su amor a otra realidad inferior, y de ese modo enfriarseal apartarse de su amor y condenarse a la miseria. Si la dicha única de la criatura racional esadherirse a Dios, su miseria consiste en apartarse de Dios. Pero encumbrado en dignidad, nocomprendió. ¿Qué? Tal vez lo que comprendió uno que entró en el santuario de Dios y percibiólas realidades presentes y las últimas; pues como él dice: Los que se alejan de ti perecerán;destruyes a los que te son infieles14. No comprendió que quienes abandonan a Dios por lasoberbia caen en la necedad, y que quien usurpa la semejanza con Dios por la rapiña, se vistejustamente con la desemejanza de los jumentos.12. Al abusar, pues, del libre albedrío, desvió su amor del bien inmutable, y cegado por lapropia codicia se volvió a otro menor; al apartarse del bien verdadero y pasarse a lo que no erabueno por sí mismo, donde se imaginaba que iba a ganar, en realidad perdió; y al amarseperversamente se perdió a sí mismo y a Dios. La consecuencia justísima fue que a quienatentaba contra Dios ansiando la semejanza de Dios, si la curiosidad le incitó a querer sersemejante a Dios la codicia le volvió más desemejante. La imagen de Dios en el hombre quedócorrompida, aunque no totalmente eliminada. Por ello conserva la memoria, aunque expuestaal olvido; y la inteligencia, aunque sometida al error; y el mismo amor, aunque proclive a lacodicia.13. Todavía persevera en el alma racional en esta trinidad la marca muy pobre de la Trinidadbienaventurada, y volviéndose hacia la substancia misma el alma recuerda quién es, seconoce y se ama. Ama, conoce y recuerda su propia memoria; y recuerda, conoce y ama supropia ciencia y ama, recuerda y conoce su propio amor. En la sustancia está la unidad y en lastres palabras que citamos aparece la trinidad. Por eso dice el salmista: El hombre permanece enla imagen, pero se turba inútilmente15. Con estas palabras el santo David insinúa de maneraconcisa pero muy clara que el alma humana posee la imagen por naturaleza, y la corrupción porel pecado. Pues el olvido corrompe la memoria, el error oscurece la ciencia y la codicia menguael amor. CAPÍTULO V 14 Sal 72,27. 15 Sal 38,7.
  16. 16. 16 Con la venida del Salvador se renueva en el hombre la imagen de Dios; su renovación perfecta no ha de esperarse aquí sino en el futuro.14. Una vez saldada la deuda que pesaba sobre la naturaleza humana, por el Mediador entreDios y los hombres Jesucristo hombre16, y cancelado el documento por el cual nos teníaamarrados la cruel soberbia del enemigo antiguo; expoliados los principados y potestades17, alos que nos había sometido la justicia divina, y aplacado Dios Padre por aquella hostia única dela cruz, la memoria se repara de nuevo por la doctrina de la Sagrada Escritura, el entendimientopor el sacramento de la fe y el amor por el crecimiento diario de la caridad. La renovación de laimagen sería perfecta si el olvido no alterase la memoria, si ningún error ofuscara lainteligencia, y ninguna especie de codicia turbara el amor. Pero ¿dónde y cuándo sucederá eso?Esa paz, esa tranquilidad y esa felicidad hay que esperarlas en la patria, donde no existe elolvido entre los que viven en la eternidad, ni se desliza el error en quienes disfrutan de laverdad, ni ataca la codicia a los que están absortos en la caridad divina. ¡Oh caridad eterna yverdadera, verdadera y amada eternidad, amada y eterna verdad, eterna, verdadera y amadatrinidad! Aquí, aquí está el descanso, aquí la paz, aquí la dichosa tranquilidad, aquí la tranquilafelicidad, aquí el gozo tranquilo y dichoso.15. ¿Qué haces, alma humana, qué haces? ¿Por qué te enredas con tantas cosas? Sólo una cosaes necesaria. ¿Para qué más? Lo que ansías en tantas cosas lo tienes en uno. La grandeza, laciencia, el deleite, la abundancia, todo lo tienes aquí, plenamente aquí, y en ningún otro lado.¿Acaso existe la verdadera grandeza en esta fosa fatal y charca fangosa? ¿Se halla la cienciaperfecta en este país de sombras de muerte? ¿Es posible el gozo puro en este lugar horroroso yen esta inmensa soledad, o la plena abundancia entre tanta miseria? ¿Qué grandeza existe en elmundo que no la destruya el temor? ¿Qué ciencia tiene el hombre si se desconoce a sí mismo?Y si te gozas en la carne, eso es propio del caballo y del mulo que carecen de razón 18. Si terecreas en la fama o riquezas, cuando mueras no te llevarás nada ni te acompañará tu fama19.Así pues, la verdadera grandeza reside donde ya no hay nada mayor a que aspirar; la cienciaverdadera consiste en no ignorar nada; el auténtico placer es el inmune al hastío; y la auténticaabundancia es la que nunca se agota. ¡Ay de nosotros, Señor, que nos alejamos de ti! ¡Ay de mí,que se ha prolongado mi destierro!20 ¿Cuándo llegaré y me presentaré ante ti?21 ¡Quién mediera alas de paloma para volar y descansar!22 16 1 Tim 2,15. 17 Col 2,15. 18 Sal 31,9. 19 Sal 48,18. 20 Sal 119,5. 21 Sal 41,3. 22 Sal 54,7.
  17. 17. 1716. Mientras tanto, Señor Jesús, te pido que mi alma se emplume en el nido de tu disciplina,descanse en los huecos de la peña y en las grietas del cercado. Que te abrace ahora a ticrucificado y beba un sorbo de tu dulcísima sangre. Que esta meditación apacible llene mimemoria, para que el olvido no la oscurezca por completo; que declare no saber otra cosa sinoa mi Señor y a éste crucificado23, y así la vanidad del error no desvíe mi conocimiento de lasolidez de la fe. Que tu amor admirable se apodere de todo mi amor, y no lo arrastre la codiciadel mundo. ¿Pero qué digo? ¿Deseo esto sólo para mí? Que se cumpla, Señor, que se cumplapor favor lo que dijo el profeta. Se acordarán y volverán al Señor todos los confines de latierra24. Dice que se acordarán. Por lo tanto, comprendo que el recuerdo de Dios estáescondido, pero no totalmente sepultado en la mente racional, para que sientas que no se tratade algo nuevo que se incluye sino de lo antiguo que se restaura. Pues si la razón humana noresplandeciera al menos un poco y de modo casi espontáneo en el recuerdo de Dios, creo que nisiquiera el insensato diría en su corazón. No hay Dios. CAPÍTULO VI Disputa contra el necio que dice en su corazón : “No hay Dios”.17. Si eres, pues, tan necio que dices en tu corazón: No hay Dios, ¿crees que habrá algúnsabio? Tal vez tú. Supongamos que así sea, ¿y eres tan sabio que no puedes volverte necio? ¿Otan necio que no puedas llegar a sabio? Si rechazas ambas cosas, no sólo diría que has perdidoel juicio sino que ni siquiera vives. Pero porque tú devanees ¿crees que ha desaparecido lasabiduría? No, puedes llegar a sabio. ¿Y con qué otro medio sino con la sabiduría? Por lo tanto,aunque tú pierdas el juicio, existe la sabiduría. - Es cierto, me dirás, pero en el sabio. - ¿Perohay acaso un hombre que no pueda desvariar? Aunque todos los hombres pierdan el juicio,persiste la sabiduría, pues en caso contrario no podrían volver a saber. - Me dirás que lasabiduría persiste en los ángeles. Incluso ellos por naturaleza pueden desvariar, como lomuestra la inmensa multitud de ángeles necios, cuya naturaleza era igual que la de los otros,aunque su gracia es distinta. Por lo tanto ninguna criatura es sabia por sí misma. ¿Cómo lo será,pues, sino por la sabiduría? ¿Y dónde la encuentra el necio para ser nuevamente sabio? Si laencuentra, la sabiduría hallada por el necio le hace sabio. Pero, ¿cómo encontrar lo que noexiste si no comienza antes a existir?18. Yo no la encuentro así -replicas-, sino que me hago sabio con la meditación y el ejercicio.- Así que ¿te haces tú mismo sabio? ¿Tú mismo creas la sabiduría? - ¿Y por qué no? - Yo tehabía imaginado necio, y tú te has hecho tan sabio que eres capaz de conseguirte la sabiduría.¿Acaso sabe poco el que hace a otro sabio? Porque si alguien afirma que un necio puede hacersabio a otro, todos se reirán de él. ¿De dónde, pues, le viene al necio la sabiduría? Tal vez deotro hombre sabio. ¿Y ése por qué es sabio? Tal vez se hizo él mismo sabio. Pero antes dehacerse sabio ¿no era necio? Caemos en la misma contradicción del necio que hace sabio aotro. 23 1 Cor 2,2. 24 Sal 21,28.
  18. 18. 1819. Si me dices que el ángel puede hacer sabio a otro, ¿de dónde le viene ser sabio? Si es élquien se hizo sabio, volvemos a la contradicción antedicha. Concluyamos, pues, que lasabiduría que hace sabios a los demás no es una realidad creada. La sabiduría no puedevolverse necia, porque no puede ser necedad, como la muerte no puede ser vida, aunque lamuerte de Cristo sea nuestra vida. Ni la luz puede ser tiniebla, aunque nosotros fuimos en otrotiempo tinieblas y ahora somos luz en el Señor. Ni el mismo Juan era luz, sino el que dabatestimonio de la luz. Existía ya la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a estemundo25. Esa es la verdadera sabiduría, que se infunde en las almas santas, para que tambiénellas sean sabias. ¿Te parece poco todo esto, oh necio?20. Vuelvo a preguntarte: ¿sabes que existes? Me dirás que nadie lo ignora. Cierto, nisiquiera el escolar. Pero ¿has existido siempre? ¿De dónde has recibido la existencia? ¿Te hashecho a ti mismo? Si no eras nada ¿cómo pudiste hacer algo tan grande? ¿De dónde, pues, teviene la existencia? ¿Acaso de otro hombre? ¿Y al otro? ¿Acaso del ángel? ¿Y al ángel?Concluyamos, pues, que la esencia que da el ser a todos los demás no ha sido creada, comotampoco ha sido creada la sabiduría que otorga el saber a todo lo demás. No te escuches, portanto, a ti para saber esto o lo otro, o para ser así o de otro modo; que te hable en el corazón elque es la sabiduría y el ser, y no dirás en tu corazón: No hay Dios, porque en él percibirás que nisiquiera puedes existir ni decir en tu corazón: No hay Dios, si no existiera Dios.21. Insisto: ¿quieres existir y saber? Creo que no lo rechazas. Pues reúne estas tres cosas: elser, el saber y el querer. Vuélvete, oh rebelde, al corazón26. Considera qué unidad e igualdadreina entre las tres. Y cuando percibas que estas tres se hallan en ti y que no proceden de ti,piensa en la esencia eterna, en la sabiduría eterna y en la voluntad eterna de la sabiduría yesencia eterna, y no digas en tu corazón. No hay Dios, sino que, al recordarla conviértete alSeñor tu Dios con todos los confines de la tierra. CAPÍTULO VII El hombre se alejó de Dios por el afecto del alma 25 Jn 1,9. 26 Is 46,8.
  19. 19. 1922. ¡Qué admirable es, Señor, el conocimiento que tienes de mí! Es inmenso y no puedoabarcarlo27. Mientras tanto te abrazaré, Señor Jesús. Como pequeño al pequeño, como débilal débil, como un hombre a otro hombre, y aún más, como pobre a pobre. Porque tú, Señor, eresun pobre, te montaste sobre una borrica y sobre una cría de borrica28. Así te abrazaré, Señor.Pues toda mi grandeza proviene de tu pequeñez, toda mi fortaleza de tu debilidad, toda misabiduría de tu necedad. Señor: correré tras el aroma de estos ungüentos29. ¿Te asombra quellame ungüento lo que sana al enfermo, fortalece al débil y alegra al triste? Te seguiré, pues,Señor Jesús, estimulado por el olor de estos ungüentos y confortado con su aspersión. Teseguiré, Señor, si no a los montes de los aromas, donde te encontró tu esposa30, sí al huerto,Señor, donde quedó sembrada tu carne. Allí, sin duda, exultas; aquí duermes. Aquí, Señor, aquíduermes, aquí descansas31, aquí gozas de ese dulce Sábado. Que mi carne, Señor, quedesepultada contigo, para que lo que vivo en la carne no lo viva en mí sino en ti, que te entregastepor mí32. Sea yo ungido contigo, Señor, con la mirra del pudor, para que el pecado no reine másen mi cuerpo mortal33, ni me vuelva un jumento que se pudre en su propio estiércol34.23. Pero ¿de dónde viniste al huerto? ¿De dónde, sino de la cruz? ¡Ojalá, Señor, tome tu cruz yte siga! Pero ¿cómo te voy a seguir? - Tú me respondes: ¿Cómo te apartaste de mí? - Creo,Señor, que no fue con los pasos de los pies sino con el afecto del alma. No quise conservar parati la substancia de mi alma y me la apropié; y al querer poseerme a mí mismo sin ti, te perdí a tiy a mí. Y yo mismo me siento muy pesado35; me he convertido en un antro de miseria ytinieblas, en un lugar horroroso y en un campo de escasez. Por lo tanto, me levantaré e iré a miPadre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti36. CAPÍTULO VIII El hombre se reforma como imagen de Dios por el afecto de la caridad24. Si no me engaño, está claro que la soberbia humana se malogra a sí misma y corrompe laimagen de Dios que hay en ella, cuando se aleja del sumo bien, no con los pasos de los pies sinocon los afectos del espíritu; y que la humildad humana se renueva a imagen de quien la creócuando se acerca a Dios con el afecto del espíritu. Por eso dice el Apóstol: Renovaos en elespíritu de vuestra mente y revestíos del hombre nuevo, que fue creado a imagen de Dios37. ¿Ycómo se realizará esta renovación sino con el precepto nuevo de la caridad, del que afirma el 27 Sal 138,6. 28 Jn 12,15. 29 Cant 1,3. 30 Cant 8,14. 31 Cant 1,6. 32 Gal 2,20. 33 Rom 6,12. 34 Joel 1,7. 35 Job 7,20. 36 Luc 15,18. 37 Ef 4,23-24.
  20. 20. 20Salvador: Os doy un mandamiento nuevo38? Así pues, si el espíritu se reviste perfectamentede esta caridad reformará las dos facultades que dijimos están corrompidas, es decir, lamemoria y el conocimiento. Por eso se nos inculca como muy saludable para nosotros elcontenido de este único precepto, del cual depende el despojo del hombre viejo, la renovacióndel espíritu y la reforma de la imagen divina.25 . Nuestro amor, en efecto, envenenado de codicia y miserablemente amarrado en la reddel placer, se hundía en el abismo, esto es, iba de vicio en vicio por su propio peso. Pero alinfundírsele la caridad, y disolver ésta con su calor su innata indolencia, se eleva a las alturas,se despoja de la vetustez y se reviste de la novedad, y adquiere las alas plateadas de paloma 39para volar hacia el bien sublime y puro, de quien todos proceden, como lo proclamaabiertamente el bienaventurado Pablo a los Atenienses40. 38 Jn 13,34. 39 cfr Sal 67,14. 40 Hech 17,28.
  21. 21. 21 26. Pues después de disertar sutil y ampliamente sobre Dios, y demostrar con vehemenciacon textos de los filósofos que Dios es único, y que en él vivimos, nos movemos y existimos,dice: Somos su raza. Y añade: Por tanto, si somos de la raza divina41. Nadie piense, sinembargo, que el Apóstol afirma que somos raza de Dios para demostrar que poseemos lamisma naturaleza o sustancia que Dios, y en consecuencia, que ya dejamos de ser mudables,corruptibles o miserables, como sabemos que lo es su Unigénito, nacido de su sustancia ysemejante en todo al Padre. Afirma que somos raza de Dios, o más bien no lo niega, porquesabemos que el alma racional, creada a imagen de él, puede participar de su sabiduría ybienaventuranza. La caridad, pues, eleva nuestra alma hacia aquello para lo que fue hecha; y lapasión le empuja hacia lo que libremente se deslizó. CAPÍTULO IX Nuestro amor está dividido contra sí mismo por las tendencias contrarias de la caridad y de la concupiscencia27. Como la única facultad de nuestra alma capaz de la caridad o de la pasión es lo quesolemos llamar el amor, éste es el que está dividido en sí mismo por una especie de dos apetitoscontrarios: la nueva infusión de la caridad y las secuelas de la inveterada pasión. A esto serefiere el Apóstol: No hago lo que quiero42. Y en otra ocasión: La carne desea contra elespíritu y el espíritu contra la carne. Son tan opuestos que no hacéis lo que queréis43. Aquí elApóstol, al hablar del espíritu y de la carne, no se refiere a dos naturalezas contrarias en cadahombre, como se imaginan los inmundos Maniqueos; sino que al referirse al espíritu expresa lanovedad de la mente por la infusión de la caridad, pues el amor de Dios se ha derramado ennuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado44. Y al hablar de la carne insinúala mísera esclavitud del alma por las secuelas de lo antiguo, y afirma que en una misma mentese entabla un conflicto continuo entre lo viejo tan arraigado y lo nuevo tan insólito. CAPÍTULO X El libre albedrío ocupa un lugar central en el alma, pero no influye del mismo modo en el bien como en el mal 41 Hech 17,28. 42 Rom 7,15. 43 Gal 5,17. 44 Rom 5,5.
  22. 22. 22 28. Así pues, entre estas dos realidades, es decir, lo que el Apóstol llama codicia de la carne,no porque toda codicia mala proceda de la carne, pues los demonios no tienen carne y poseen lacodicia, sino porque no viene de Dios sino del hombre, a quien la Escritura suele llamar carne.Entre ese apetito, que con pleno rigor se llama codicia, y aquel otro del espíritu, que con razónllamamos caridad, porque es del espíritu de Dios y no del nuestro, ya que la caridad de Dios hasido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado45; entre estasdos -insisto- ocupa en cierto modo el centro lo que en el hombre se denomina libre albedrío,porque cuando el alma se inclina a uno de los dos lo hace por el libre albedrío. Nadie sea tanignorante que se atreva a conceder que el hombre, por su libre albedrío, tiene la mismaposibilidad para hacer el bien que el mal, pues no somos capaces de pensar nada por nosotrosmismos46, ya que es Dios quien produce en nosotros el deseo y su realización, según sudesignio47; porque, no depende de querer ni de correr, sino de que Dios se apiade48.Conclusión: ¿negamos con esto que existe en el hombre el libre albedrío? De ninguna manera.29. El libre albedrío es esa energía o naturaleza del alma, o si es posible decirlo de maneraadecuada, eso propio del hombre por lo que consiente a algo con el juicio de la razón. No es elconsentimiento a esto o aquello, sea bueno o malo, sino aquello con lo que se consiente. Asícomo una cosa es la vista y otra la visión, ya que la vista es uno de los cinco sentidos corporalesy la visión es la actuación del sentido, del mismo modo distinguimos entre el consentimiento yaquello con que se consiente. El consentimiento es una acción del alma, y el libre albedrío escierta energía o naturaleza del alma por la cual consiente, y que posee un juicio innato, por elcual elige aquello en que consiente. Pero como el consentimiento se hace con la voluntad y eljuicio con la razón, la voluntad y la razón integran el libre albedrío. La razón propone el bien yel mal, lo justo e injusto, y lo intermedio; la voluntad consiente y todo consentir procede de lavoluntad.30. Donde hay voluntad, allí hay cierto grado de libertad. El libre albedrío, como he dicho,parece que incluye ambas facultades: la libertad de la voluntad y el juicio de la razón. Ya ves,pues, cómo el libre albedrío no está determinado por la buena voluntad del hombre, sea cual seasu origen, pues no pierde la decisión ante una voluntad buena ni mala; y en consecuencia,tampoco la libertad, ni la razón, ni el juicio. Pero como Dios produce en nosotros el deseo¿perdemos la capacidad de desear? Si es don de Dios el que usemos bien de la razón, ¿por esono usamos de la razón? Si se debe a Dios todo el bien que hacemos, ¿por eso no hacemos elbien? Si no podemos pensar nada por nosotros mismos, porque nuestra capacidad proviene deDios, ¿somos incapaces? Aunque todo esto lo hacemos por la gracia de Dios, sin embargo lohacemos, y lo hacemos con la voluntad y la razón; y por tanto, no lo realizamos sin el librealbedrío. CAPÍTULO XI La gracia no suprime el libre albedrío 45 Ibidem. 46 2 Cor 3,5. 47 Flp 2,1.3 48 Rom 9,16.
  23. 23. 2331. Dios actúa de un modo muy distinto en los seres que carecen de voluntad y de razón, y enconsecuencia, de libre albedrío -como por ejemplo las bestias- y tampoco ellas hacen nada deesto. El bien que Dios hace por medio de nosotros, o desde nosotros, pero sin nuestra voluntad,es exclusivo de Dios y no nuestro; y lo que hace con nuestra voluntad es suyo y nuestro. Si lohago queriendo -dice Pablo- recibo salario; si no es por mi voluntad es que me han confiadouna administración49. Por tanto, para que la obra que Dios realiza en nosotros y por nuestromedio sea también nuestra, él mueve nuestra voluntad para que consintamos; y de este modo,por su gracia nosotros tenemos recompensa. Pues si lo hago queriendo recibo salario; y paraque yo quiera hacer el bien Dios produce en mí el deseo. Excita la voluntad a pedir, a buscar ya llamar, y añade una gracia a otra, es decir, realizarlo con una voluntad buena.32. Finalmente, como la vida eterna es la recompensa de las obras buenas, al otorgarla Dioscorona sus dones, que quiso fueran méritos nuestros. Observa todo esto en Pablo: Fui blasfemoy perseguidor e insolente50. Aquí hay una voluntad, pero mala: hay méritos, aunque pésimos.Pero alcancé misericordia, para ser fiel. Aquí hay una voluntad buena; pero fíjate de dóndeprocede. No porque existió antes en mí algo bueno, sino porque me precedió su misericordia.Yo alcancé misericordia para ser fiel. Como dice San Agustín, uno puede ir a la iglesia,escuchar la palabra de Dios o recibir el sacramento de Cristo no queriéndolo. Pero creer sólo esposible queriéndolo. Sobre las obras escucha: Trabajé más que todos ellos51. ¿Esto es, Pablo, loque tienes y no lo recibiste? - Lo recibí. Es cierto que trabajé más que todos ellos, pero no yo.33. ¿Cómo es posible esto: yo y yo no? Yo no, porque no procede de mí, de mis fuerzas,sabiduría o méritos, sino de la gracia de Dios. ¿Que ha sucedido? ¿Te quita el libre albedrío,destruye tu voluntad y aniquila el juicio de la razón? De ninguna manera. Dije que yo no,porque es la gracia de Dios; pero dije que yo, porque la gracia de Dios está conmigo. ¿Cómoestá conmigo? Haciendo que consienta con el que obra, y de este modo coopere yo, y cooperequeriendo; pues si yo no quiero y él actúa desde mí o por medio de mí, no podré afirmar: Hepeleado un buen combate, he terminado la carrera, he mantenido la fe52. Por tanto, el librealbedrío no basta para hacer el bien, pero Dios hace muchas cosas buenas en él, con él y por él.En él cuando le incita al bien con una inspiración interior; con él, cuando une a él el librealbedrío por el consentimiento; por él, cuando con la cooperación de Dios, uno realiza algo pormedio del otro. Me espera la corona de la justicia53. ¿Qué corona, sino la vida eterna? Meespera la corona de la justicia, que el Señor me entregará aquel día.34. Dice que le entregará. Por tanto, si se la entrega, la recompensa es la vida eterna.Verdadera recompensa, porque ha precedido una buena obra: He peleado un buen combate.¿Pero de dónde procede esta obra? No yo, sino la gracia de Dios conmigo54. Los méritos son,pues, nuestros, y la gracia es de Dios. Y por esos méritos da la vida eterna: una gracia por otragracia. Dará a cada uno según sus obras. Pero sólo merecen la recompensa celestial aquellasobras que han sido dispensadas antes por su favor. Que la vida eterna es gracia nos lo dice el 49 1 Cor 9,17. 50 1 Tim 1,13. 51 1 Cor 15,10. 52 2 Tim 4,7. 53 2 Tim 4,8. 54 1 Cor 15,10.
  24. 24. 24mismo Apóstol: El salario del pecado es la muerte, y el don de Dios es la vida eterna55. La vidaeterna -insisto- es gracia y doble gracia. Es gracia porque se da por otra gracia; y es tambiéngracia porque la gloria supera a los méritos. Los sufrimientos del tiempo presente no tienenproporción con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros56. 55 Rom 6,23. 56 Rom 8,18.
  25. 25. 25 CAPÍTULO XII Ni a los que se salvan ni a los condenados se les priva del libre albedrío; y la gracia sólo actúa mediante el libre albedrío35. ¿Acaso en la gloria careceremos de voluntad para consentir un bien tan inmenso, oestaremos privados de la razón para apreciar ese bien nuestro? Por tanto, tampoco del librealbedrío; y no para poder hacer el mal sino para ser capaces de ese bien. Las bestias no estánexpuestas a la condenación ni son capaces de la salvación, porque carecen de razón y devoluntad. Los niños no poseen más razón y voluntad, pero sí una gracia más evidente; carecendel don de los méritos, pero aunque por la limitación que procede de la pena del pecado viven ymueren sin libre albedrío, al ser despojados de este envoltorio de la carne que les condiciona,en modo alguno debemos admitir que participarán de la felicidad eterna o de una merecidacondenación sin hacer uso de la voluntad racional.36. Los niños que se salvan muestran una gracia más evidente, pues carecen del librealbedrío al que puedan asignarse los méritos; la gracia que otorga los méritos y los premios meparece una gracia más colmada. De nada podemos gloriarnos, cuando no hay nada nuestro.¿Qué es lo que te distingue, oh hombre? ¿El libre albedrío? Sin duda, pero te distingue de losjumentos, no de los injustos. Porque también los malvados poseen libre albedrío, sin el cual nopodrían ser ni siquiera injustos. Exceptuando, pues, el pecado original, que por otro motivooprime incluso a los que no lo quieren, nadie puede ser justo o injusto sin su voluntad, y portanto sin el libre albedrío. Pero la voluntad sólo se levanta hacia la justicia con la gracia,mientras que se hunde por sí misma en la injusticia.37. Es indudable que donde existe la voluntad hay libertad. Pues donde se estávoluntariamente no se obliga a estar por coacción. ¿Quieres escuchar cómo se da cierta libertaden la injusticia? Atiende al Apóstol: Mientras erais esclavos del pecado os emancipabais de lajusticia57. ¿No adviertes cómo la voluntad no carece de libertad, incluso en la esclavitud delpecado? ¿Pero acaso falta el juicio de la razón en la libertad de una voluntad injusta? ¿Nopuede discernir lo que quiere de lo que no quiere, o juzgar que es provechoso, bueno odeshonesto incluso lo que quiere de manera desordenada? Porque si carece de alguna de estasfacultades podría apetecer sólo lo voluptuoso, tener los mismos instintos que los animales, perosin ser capaz de consentir o disentir de ellos por el juicio de la razón, que es lo propio del librealbedrío. El profeta nos demuestra que el hombre puede abusar de la razón haciendo el mal:Son sabios para obrar el mal58. El libre albedrío no deja de existir ni en las penas del infierno,ya que los réprobos rechazan voluntaria y libremente las penas que sufren; tampoco falta eljuicio de la razón, por el cual se acusan y juzgan a sí mismos como merecedores de lo quepadecen. 57 Rom 6,20. 58 Jer 4,22.
  26. 26. 2638. Creo que la cuestión está clara: ni la gracia elimina el libre albedrío, ni el libre albedríodebilita la gracia. ¿Cómo va a suprimir la gracia el libre albedrío, si la gracia sólo actúa en ellibre albedrío? Y esta gracia de que hablamos no actúa en los brutos animales ni en lasrealidades insensibles, sino sólo en los que son capaces de sentir un precepto o prohibición yescuchan: haz esto o aquello, o no hagas esto o aquello. Lo cual únicamente se aplica a los quegozan de libre albedrío, y con él pueden querer esto o aquello. Para que quieran el bien, lagracia no actúa destruyendo el libre albedrío e impidiendo que quieran algo, sino inclinándolo aque quieran el bien. De este modo, cuando practicas el bien no creas que lo haces con tusfuerzas; pero no lo enajenes de tu voluntad, ya que no es posible llamarlo bueno si no esvoluntario. CAPÍTULO XIII Por qué razón no influye del mismo modo el libre albedrío en el bien que en el mal39. Dirá alguno: Estoy de acuerdo, y queda demostrado que la gracia de Dios puede obrartodo en todos sin atentar en nada contra la libertad de albedrío. Pero ¿quién sabe si eso sucedeasí? ¿Cuál es el motivo de que si no necesita la más mínima ayuda para el mal, no pueda obrarel bien? -¿Habrá alguien a quien no le baste el firme asentimiento de la fe católica, el peso de laexperiencia diaria del que vive bien, lo que afirman los profetas y apóstoles, y lo que es aúnmayor, el testimonio de aquellos labios verídicos que dicen: Sin mí no podéis hacer nada59? Enunos ojos purificados con esta fe no puede faltar la razón, la inteligencia estará presente ypenetrará la luz de la verdad.40. El que pueda que vea, y quien no pueda ver, crea. El que ve, gócese con humildad; el queno ve, crea con perseverancia, pues si no creéis no entenderéis60. Vea -insisto- que la criaturaha sido hecha de la nada y es mutable, y por un cierto impulso natural de su mutabilidad tiendea aquello de donde procede, es decir, a la nada. Y de hecho es muy fácil ver que todo lo que esmudable por naturaleza necesita de algo inmutable para no cambiar. Nada mudable posee en síla inmutabilidad, pues no sería mudable; y mucho menos puede dársela a otro. Pero si lacriatura cambia sin la ayuda de nadie, ¿no es evidente que cambia de manera más natural yvigorosa por un impulso necesario hacia aquello de que fue hecha? Por eso, para que por sumobilidad no se deslice hacia lo más bajo, para que mantenga su mutabilidad en lo que es, y seeleve hacia lo alto con felices auspicios, siempre necesitará la gracia de quien le creó con supoder. CAPÍTULO XIVQué diferencia existe entre la gracia de los primeros hombres en el paraíso y la que poseen los predestinados en este mundo; al hombre se le imputa con justicia la mala voluntad, aunque para obtener la buena voluntad no basta la facultad del libre albedrío. 59 Jn 15,5. 60 Is 7,9.
  27. 27. 2741. Aunque el ángel en el cielo y el hombre en el paraíso no estaban coaccionados por ningunaflaqueza ni les dominaba la maldad, por el hecho de poseer una naturaleza mudable ambosnecesitaban la gracia; y si no se les hubiera otorgado, hubieran tenido excusas de su pecado.Pero como por la gracia creadora se les otorgó una voluntad buena, y por la gracia auxiliante lafacultad de perseverar en ella si querían, no tenían motivos para quejarse de su naturalezamutable. La bondad divina no dejaría de mantenerla e impulsarla si su propia maldad no lahubiera abandonado. No me atrevo a opinar sobre si a los condenados se les dará una graciaespecial que les inspire una voluntad buena o si se les concede otra gracia, en la que no falte-si quieren- la posibilidad de perseverar.42. Si los elegidos sufren una miseria mayor que los primeros hombres en el paraíso,también reciben una gracia mayor; y cuanto más les ataca la fragilidad más poder de resistir seles concede. A aquellos, como dijimos, vemos que se les otorgó la posibilidad de perseverar, siquerían; a éstos se les otorgó también el hecho de perseverar. Pero ¿por qué el vicio espropiedad del hombre inicuo si carece de una voluntad buena, la cual no puede adquirir por sufuerza ni conservarla por sí mismo? El que ha sido dotado de buena voluntad ¿por culpa dequién se ha hecho malo? ¿No será más justo imputarle su impotencia, ya que no le fue impuestapor el Creador sino que fue él mismo quien se abrazó espontáneamente a ella? Si no parecejusto culparle de no tener la voluntad buena, que no podría tener si no la hubiera recibido, ¿seráinjusto que se le impute la que recibió y perdió? ¿Será injusto que se le impute el mal quecometió sin que nadie le obligara? CAPÍTULO XV La condenación, incluso la de los niños, es muy justa43. Me dices que la razón condena con toda justicia a quienes pueden usar la razón, y por ellono carecen de juicio para elegir o de voluntad para consentir. ¿Pero qué motivo existe paracondenar a los párvulos, que no son malos por creación ni la voluntad propia les hace injustos?- Dime: ¿crees que es injusto que el fuego consuma un árbol inútil y estéril? Mira, te ruego, atodo el género humano como un árbol seco, estéril, viciado de raíz, infectado del veneno de laantigua serpiente, destinado justísimamente a las llamas, reservado para el fuego y entregado ala condenación. ¿Qué dices? ¿Te irrita, árbol estéril, que algunas ramitas cortadas de tu raíz yamuerta sean arrebatadas del fuego, e injertadas en un tronco fecundo recuperen la prístinahermosura?44. Fíjate cómo aquel árbol verde, el árbol de la vida, cuyas hojas no se marchitan y todas susobras prosperan, ha hecho un lugar en su dulcísimo costado, que quiso le abrieran en la cruz,para aquellas ramas, separándolas de aquella raíz enferma por pura misericordia. Y así,injertadas y trasplantadas en él, y convertidas en una misma cosa con él, reviven y florecen, nopor su virtud -que es nula- sino participando de su espíritu; y al recibir la lluvia generosa queDios derrama sobre su heredad, y ser caldeadas con el sol de la caridad divina y saturadas de lasavia de la gracia celeste, den frutos espirituales que se almacenarán en los graneros del cielo. -Pero yo he quedado abandonada, dice aquella rama inútil. Totalmente abandonada. - ¿De qué tequejas? ¿Acaso tu ojo es malo porque yo sea bueno?45. He dado a muchos sin debérselo a nadie; ¿y tú -repito- eres por eso malo y envidioso, te
  28. 28. 28enfrentas y calumnias? - Me respondes: si ambos niños son víctima de la misma condena ¿porqué se elige a uno y se rechaza a otro? - Escucha el por qué: porque amé a Jacob y rechacé aEsaú61. - Es injusto, me gritas. - ¿Puede la obra reclamar al artesano por qué la hace así? ¿Notiene el alfarero libertad para hacer de la misma masa un objeto precioso y otro sin valor62?Pues si el hombre puede destinar algunos objetos que hace para usos nobles y reservar otrospara servicios innobles, sin que nadie le llame injusto, ¿murmuras tú, porque Dios tome para síalgunos objetos que estaban destinados con toda justicia para la ignominia y prescindir de losque quiera? ¿Ensalzar a su prístina dignidad a los que prefiera y dar a otros la condenamerecida? Si el alfarero hace de su voluntad la norma de justicia para clasificar los objetos quefabrica con una misma arcilla, ¿cómo no va a ser norma suprema de justicia la voluntad delOmnipotente, para separar, ordenar, tomar, rechazar, salvar y condenar a todo lo que ha creadode la nada?46. Por tanto, se compadece de quien quiere y otorga misericordia a quien le place; a otroendurece, abandonándolo justamente; a quien quiere lo ablanda con la ternura de sumisericordia; hace lo que quiere y no comete injusticia, pues la norma que distingue lo justo delo injusto es su voluntad, la cual se identifica con la equidad; y su voluntad no depende deninguna ley de justicia, sino que es la ley de la justicia la que dimana de su voluntad. He dichotodo esto para que no parezca injusta la condenación de los niños. Por tanto, oh hombre, nopenetres en lo sublime, sino teme. Pues si Dios no se compadece de las ramas que tienen lamisma naturaleza y el mismo mérito que tú, es posible que tampoco se apiade de ti.47. Contempla la severidad y bondad de Dios. La severidad con los que quedanabandonados, y la bondad contigo, con tal que permanezcas en la bondad. Pues en casocontrario también tú quedarás olvidado. Para no ser olvidado sino escogido de entre losolvidados, no presumas de ti, no desesperes de la bondad de Dios, no seas negligente en elobrar, ni perezoso para orar con el profeta que dice: Separa mi causa de la gente no santa63. Ypara perseverar en la bondad, no te complazcas en tus fuerzas, sino fíate de aquel a quien gritael profeta: Tú, Señor, nos guardarás y nos librarás eternamente de esa generación64. De esageneración de la que añade: Los malvados no cesan de dar vueltas . Son como Sansón, quedespojados de los cabellos de las virtudes y privados de las luces del conocimiento, se lesdestina a la muela del molino; abandonan el atajo de la caridad y giran en torno a la codicia. CAPÍTULO XVI La caridad posee toda la perfección 61 Rom 9,13. 62 Rom 9,20-21. 63 Sal 42,1. 64 Sal 11,8.
  29. 29. 2948. Y tú, alma mía, ¿no te sientes también sometida a este continuo merodear? Su cabeza nocesa de dar vueltas, dice la Escritura, y les abruma el esfuerzo de sus labios65. ¿Qué sacas contanto esfuerzo? ¿Unas simples algarrobas de cerdos? Eso no sacia. Y si te sacia, ¿a qué nivel?Es mucho más suave, gozoso y agradable tener hambre de caridad que hartarse de codicia. Y nopuede compararse en felicidad. Cuanto más enfrascado está uno en la codicia, más vacío deverdad y más miserable se siente. Al oír, pues, alma, el oprobio de tantos que merodean sincesar, hazte como un cacharro inútil, olvídate de ti misma y enfráscate en Dios; no vivas nimueras para ti, sino para aquel que murió y resucitó para ti.49. ¡Quién me diera embriagarme de esta saludable bebida, quedar absorto de admiración ypresa de este suavísimo letargo, para que, amando al Señor mi Dios con todo el corazón, toda elalma y todas las fuerzas, no busque jamás mis intereses sino los de Jesucristo! Y amando alprójimo como a mí mismo, no busque mi provecho sino el del otro. ¡Oh palabra que consuma ycondensa en la equidad! ¡La palabra caridad, la palabra amor, la palabra dilección, la palabrade la plena perfección interior! Palabra que desborda y nada le falta; palabra que condensa, y,en la que se compendia toda la ley y los profetas. Judío, ¿qué necesidad tienes de tantas cosas?Aquí está la circuncisión, aquí el sábado, aquí las hostias salvadoras, aquí el sacrificioperfumado, aquí el incienso más delicado. Posee la caridad y nada de esto te faltará; descuida lacaridad y nada te será provechoso. CAPÍTULO XVII La circuncisión espiritual se contiene en la caridad50. Aquí se halla, no la amputación de un miembro carnal, sino la verdadera y perfectacircuncisión del hombre interior y exterior, que refrena la lujuria, apaga la sensualidad, reprimela gula, domina la ira, disipa totalmente la envidia y derrota la soberbia, raíz de todos los vicios.Moderando con cierta dulzura espiritual los impulsos de la voraz tristeza, se enfrenta a lamolicie de su compañera la acedia. Hiriendo con la espada penetrante de la liberalidad la pestede la avaricia, libera y protege al alma del vicio de la idolatría. ¿Hay, acaso, algo más perfectoque esta circuncisión, por la que se amputan los miembros de los vicios, se aniquila el cuerpodel pecado, se deja el adorno velludo de los primeros padres, y desaparece toda la roña einmundicia de la antigua vetustez? Al alma que está llena de la dulzura de la caridad no lacohíbe el temor, no la mancha la sensualidad, no la desgarra la ira, no la encumbra la soberbia;no la agita el humo fatuo de la vanagloria, ni le turba la pasión, ni la consume el vértigo de laambición; no le halaga la avaricia, ni le hunde la tristeza, ni le corroe la envidia. Porque lacaridad no es envidiosa ni fanfarrona, no es orgullosa ni destemplada, no busca sus interés, nose irrita, no piensa mal ni se alegra de la injusticia66. Ya ves cómo esta circuncisión espiritualextermina todos los vicios y purifica los sentidos corporales con una especie de cuchillo divinoamputando la insolencia de los ojos, raspando la comezón de los oídos, alejando los inútilescaprichos del gusto, reduciendo el descaro de la lengua, evitando a la nariz los olores de lasrameras, y arrancando la molicie perniciosa del tacto. 65 Sal 139,10. 66 1 Cor 13,4-6.
  30. 30. 30 CAPÍTULO XVIII El sábado verdadero y espiritual ha de buscarse en la caridad51. Advierta ya el judío cuál es este Sábado, si es que un hombre ruin que gime bajo el pesode los pecados67, está amarrado con las redes de las pasiones, y que no ha saboreado nada omuy poco estos consuelos, puede decir algo de esto. ¡Ojalá me concedieran un pequeñorespiro los capataces del Faraón, para que mi alma pudiera reposar media hora al menos en elsilencio de este Sábado! Seguro que callaría dormido en la paz y descansaría en mi sueño conlos reyes y magistrados que reconstruyen las ruinas y tienen sus casas repletas de dinero. Pero¿cómo puede esperar eso un miserable? Buscaré, buscaré este Sábado, pues tal vez tú, Señor,escucharás el deseo del pobre, y sacándolo un día de la fosa fatal y de la charca fangosa, leconcedas saborear un poquito y ver qué inmensa es la dulzura que reservas para tus fieles68(Sal 30, 20), porque sólo se la manifiestas a los que te aman.52. Pues quienes te aman descansan en ti; y allí se halla el verdadero descanso, la auténticatranquilidad, la paz verdadera, el auténtico sábado del espíritu. Pero a ti, judío, ¿de dónde teviene el Sábado? - Del hecho de que Dios descansó el día séptimo de todas sus obras, merespondes. - ¿Entonces no descansó en los seis anteriores? - Evidente -insistes-, duranteseis días Dios creó el cielo y la tierra; y en el séptimo descansó. Por eso se te manda estarocioso. Estar ocioso, repito y no danzar. ¡Ojalá supieses estar ocioso y ver que este Jesús esDios! Desaparecería al instante la tiniebla de la infidelidad, y contemplarías a cara descubiertapor la caridad el Sábado perfecto! Y no te afectarían ya tanto los manjares carnales de tu sábadocarnal, porque una vez dentro del tabernáculo admirable de la casa de Dios, envuelto en gritosde júbilo y acción de gracias, prorrumpirías gozoso en aquel canto: Nos regocijaremos yalegraremos en ti69, recordando tus pechos que son mejores que el vino70. Incluso en el colmode tu gozo harías tuyo lo que dijo Habacuc: Yo me gozaré en el Señor y me regocijaré enDios71, mi Jesús. CAPÍTULO XIX Cuánto ha de preferirse el día séptimo a los demás, y en él se ensalza la caridad de Dios 67 Sal 39,3. 68 Sal 30,20. 69 Is 25,9. 70 Cant 1,3. 71 Hab 3,18.
  31. 31. 3153. Pero indiquemos brevemente las prerrogativas del día séptimo. Es innegable que fuegrande el día en que, disipadas las tinieblas, por mandato de Dios brilló la luz; también fuegrande aquel otro en el que la voz divina separó las aguas inferiores de las superiores,colocando en medio el firmamento. No es menos hermoso aquel otro en el que, reunidas lasaguas por la palabra de Dios, la tierra seca se viste de hierba, se adorna de árboles, se embellececon flores y rebosa de frutos. Y no es inferior aquel otro en que el cielo se engalana con susinmensas lumbreras, con las cuales se establecen el correr de los días, la diversidad de climas,el curso del año y el conjunto del zodíaco. No digamos nada de la eminencia de aquel otro día,en el que el agua engendró toda clase de animales, sumergiendo a una parte entre sus olas yenviando a otra parte por los aires. No carece de admiración el día sexto, en el que nacen de latierra los cuadrúpedos y serpientes, y en el que el hombre, formado de arcilla, es animado conel aliento divino. Pero ninguno de éstos parece comparable al día séptimo, en el cual no se creanada en la naturaleza, pero se ensalza el descanso de Dios y la perfección de todas lascriaturas. Así te lo dicen: En el día séptimo completó Dios la obra que realizó, y descansó detodo lo que había creado72. Día grande, descanso inmenso, sábado sin fin.54. ¡Ojalá comprendieras! Si no me engaño, ese día no es fruto del curso del sol visible, nocomienza con su salida ni acaba con su ocaso; no tiene mañana ni tarde. Al día primero no veopor qué hay que llamarle primero, ya que la Escritura no lo llama primero sino uno. Me dirásque el siguiente no puede ser el segundo, si éste no es el primero. Fíjate bien si al segundo nose le llama también uno, y lo mismo al tercero; y si al hablar de un día repetido seis veces no senos recomendará el número seis. Sea lo que sea de esta ambigüedad, pasó, dice, una tarde yuna mañana: el día uno; y después añade: pasó una tarde y una mañana: el día segundo73. Y lomismo con los demás. Creo que con estas palabras se indica la mutabilidad de todas lascriaturas, sus avances y carencias, su comienzo y su fin. Pero del día séptimo no se dice nada deeso. No se dice que tenga tarde y mañana, comienzo ni fin. Por eso, el día del descanso de Diosno es temporal sino eterno. Hace un momento imaginabas a Dios trabajando durante ciertotiempo, y reposar de su cansancio durante otro tiempo. Eso no era pensar en Dios, sino fabricarun ídolo.55. Ten cuidado: no sea que carezcas de ídolos en el templo de Jerusalén y los tengas en tucorazón. No hizo nada con esfuerzo, pues lo dijo y se hizo. No descansó sólo un día porqueestuviera fatigado, sino que su día de descanso es eterno. Así pues, su descanso es su eternidad,que no es otra cosa que su divinidad. Creías que es como tú, y que había creado casi pornecesidad, para complacerse al mirarlo o disfrutar al descansar. Por eso no se dice que descansóen alguna criatura, para que sepas que no necesita nada, sino que se basta a sí mismo y que nocreó para remediar su carencia sino para satisfacer su absoluta caridad. En realidad creó todopara que exista, lo conserva para que persista, y todo lo que permanece lo dirige según susdesignios. Y no hace esto por necesidad sino sólo por su amable voluntad. Llega de un extremoa otro con firmeza, por su omnipresente y omnipotente majestad, pero lo dispone todo consuavidad, siempre tranquilo y descansando en su apacible caridad. 72 Gen 2,2. 73 Gen 1,5-8.
  32. 32. 3256. La caridad es su descanso inmutable y eterno, su tranquilidad eterna e inmutable, suSábado eterno e inmutable. Ella sola explica por qué creó todo lo que iba a crear, dirige lo quedebe ser gobernado, administra lo que necesita dirección, impulsa cuanto se mueve, promuevelo que debe progresar y perfecciona lo que necesita perfección. Por eso al recordar su reposo seindica con mucho acierto la perfección de todas las cosas. Su caridad se identifica con suvoluntad y su bondad: y todo esto no es otra cosa que su ser. Para él descansar en su íntimacaridad, en su apacible voluntad y en su bondad desbordante es lo mismo que ser. En los díasque se suceden y que en cierto modo se distinguen por sus alternancias de mañana y tarde, y enlos cuales se relata el conjunto de la creación, se indica la mutabilidad de la criatura; en cambio,en este día al que no se añade nada, ni le precede o sigue nada, que ignora las angustias delcomienzo y los límites del ocaso, se ensalza con razón su eternidad y en ella se describeperfectamente su descanso, para que nadie piense que creó algo por indigencia o con esfuerzo.¿Pero por qué allí se usa el número seis y aquí el siete? Acoge la explicación que puedoofrecerte. CAPÍTULO XX Por qué se aplica el número seis a la obra de Dios y el siete a su descanso57. El número seis parece que contiene toda la perfección: está formado por todas sus partesy no las supera. Sus componentes son el uno, el dos y el tres. Si preguntas qué parte del seis esel uno, se te dirá que es la sexta; y que el dos es la tercera, y el tres la mitad. Y ya no hay otronúmero que pueda ser una parte del seis. Así pues, las partes del número seis son el uno, el dosy el tres. Si los sumas verás que hacen exactamente seis. Por eso en la creación del mundo seconservó este número, para que no creas que hay algo superfluo o imperfecto en todas lascriaturas. Pero el número siete se dedica al descanso de Dios; y ya dije que el descanso de Dioses su caridad. Y con toda razón, pues el Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que hace74. Ymás aún: Yo cumplo los mandatos de mi Padre y me mantengo en su amor75. Y el mismo Padredice: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco76. Esta mutua dilección entre el Padre y elHijo es amor mutuo, abrazo entrañable, caridad dichosísima: por ella el Padre reposa en el Hijoy el Hijo en el Padre. En efecto, este es el reposo imperturbable de ambos, la paz sincera, latranquilidad eterna, la bondad incomparable y la unidad indivisible. Esto que es único para losdos, o que más bien los unifica, a ese espíritu dulce, suave y jubiloso lo llamamos EspírituSanto. Y se cree que asumió con toda propiedad este nombre porque consta que es común a losdos.58. Es verdad que el Padre y el Hijo son Espíritu, y ambos son santos; pero el que es propio deambos, esto es, la caridad y unidad consustancial de ambos, se llama con propiedad EspírituSanto. Es uno, y uno con el Padre y el Hijo, pero por la gracia septiforme que creemos brota dela plenitud de esa fuente, en las Escrituras se le aplica el número siete. Por eso, según Zacarías,en una piedra hay siete ojos77; y según el Apocalipsis hay siete espíritus ante el trono de Dios 78. 74 Jn 5,20. 75 Jn 15,10. 76 Mt 3,17. 77 Za 3,9. 78 Ap 1,4.
  33. 33. 33Admira, pues, la excelencia de la caridad, en la cual el Creador y guía de todas las cosas quieredisfrutar una especie de Sábado perenne e inefable. CAPÍTULO XXI En todas las criaturas aparece algún vestigio de la caridad divina, y por eso todas tienden a una especie de sábado o descanso.59. Si contemplas atentamente todas las criaturas, desde la primera a la última, desde la mayora la menor, desde el ángel más excelso hasta el gusano más insignificante, comprobarás que labondad divina, que no es otra cosa que su caridad, lo contiene todo. No se propaga localmente,ni se difunde en los espacios, no se mueve de una parte a otra, sino que por la permanente eincomprensible simplicidad de su presencia sustancial, lo contiene todo, lo invade todo, lopenetra todo, une lo ínfimo con lo sublime, lo contrario con lo contrario, lo frío con lo caliente,lo árido con lo húmedo, lo suave con lo áspero, lo blando con lo duro, y lo establece en una pazarmónica. Su deseo es que entre todas las criaturas no haya nada opuesto ni contrario, nada quedesdiga o perturbe, nada que altere la hermosura del universo, sino que todas las criaturasdescansen en una paz tranquilísima, en la tranquilidad del orden que él había asignado aluniverso. Por eso lo que se engríe y rompe el orden de la bondad divina es expulsado al instantedel plan de su invicto poder, para que si él se halla inquieto y desordenado no turbe latranquilidad de todo lo demás, sino que sea de gran provecho, pues al compararse con él lohermoso parecerá más hermoso, y lo bueno mejor.60. He aquí por qué todo tiende a su orden, se dirige a su lugar, y fuera de su orden estáninquietos, y una vez ordenados descansan. Si lanzas una piedra al espacio ¿no vuelve alinstante a la tierra, como forzada por su propio peso? Y sólo reposará si no se desliza por lasladeras ni se precipita en el abismo al chocar contra otra piedra. Si mezclas aceite con otroslíquidos, al instante sube a la superficie como si estuviera inquieto por estar abajo, y no cesa ensu empeño hasta que disfrute del descanso que le pertenece, estando por encima de todos. ¿Quédecir de las hortalizas y arbustos? Para dar frutos más abundantes y sabrosos ¿no deseanuna tierra más consistente, esponjosa, fértil, arcillosa o arenosa?61. Si se plantan o trasplantan, si se las pone en un sitio o se las cambia de lugar, según suscondiciones naturales, con la expresión de su desarrollo nos dicen que ya están satisfechos.Finalmente, si observas atentamente los distintos cuerpos, verás que cada uno consta dediversas partes; que unas partes se unen a otras por un cierto vínculo de caridad, conservan elorden de su naturaleza y que en él hallan su paz. De tal modo que si intentas cambiar lasituación ordinaria de una cosa, se perturba de algún modo la paz de las partes, hasta que lascoloques en la nueva posición y descansan en la nueva tranquilidad que perciben.¡Qué afántienen los animales irracionales para conservar su salud, evitar la muerte, saciar los apetitoscarnales! Y cuando lo consiguen descansan, porque no apetecen otra casa. Carentes de razón yde conocimiento no pueden ni desear lo que supera el sentido carnal. CAPÍTULO XXII La criatura racional sólo descansa cuando consigue la bienaventuranza, y por qué, aunque desee la felicidad, rehuye del modo más infeliz el camino para alcanzarla.
  34. 34. 3462. A ti, alma racional, te está reservado un privilegio que no poseen los demás seresanimados: superar los instintos carnales y tender hacia realidades más dignas, y no saciar elapetito hasta que llegue en alas de una gozosa curiosidad al bien sumo y óptimo, al más excelsoy maravilloso de todos. Si te quedas en otro inferior, por muy digno, grande y gratificante queparezca, serás una desgraciada. Miserable por mezquina. Mezquina porque hay otroshorizontes: hay algo mejor a que aspirar, está la bienaventuranza, que el alma racional anhelapor un impulso natural. Y como la conciencia de cada uno atestigua que todos los hombresquieren ser felices, y esta aspiración es algo que no se puede suprimir, debemos concluir que lacriatura racional sólo puede alcanzar el reposo tan deseado por todos cuando posea labienaventuranza.63. Por eso debemos lamentar mucho la ciega perversidad del hombre miserable que deseaardientemente la felicidad, y no sólo no hace lo necesario para alcanzar lo que desea, sino quese dedica con más gusto a lo que aumenta su miseria. Creo que jamás obraría así si no estuvieraengañado por una imagen falsa de la felicidad, y le aterrara la visión de la verdadera miseria.¿Quién no ve que la pobreza, el llanto, el hambre y la sed son parte importante de la miseria?Pero con eso suele evitarse la verdadera miseria y alcanzar la bienaventuranza eterna. Dichososlos pobres, dice Jesús, porque es vuestro el reino de los cielos. Dichosos los que lloráisporque seréis consolados. Dichosos los que ahora pasáis hambre porque quedaréissaciados79. Así pues, la pobreza es galardonada con riquezas eternas, el llanto se torna en gozoeterno, al hambriento se le reserva una saciedad eterna. Nadie duda que la bienaventuranzaincluye riqueza, gozo y hartura. Pero como el réprobo queda engañado en el afecto de suvoluntad por una apariencia de felicidad, el falso placer le defrauda de conseguir su deseo, y elmiserable ignora el gozo inmenso de los elegidos en medio de las dificultades , y el parabién dela esperanza.64. Le horroriza la apariencia de infelicidad que aparece externamente, pero bajo la capa defelicidad se esconde una auténtica infelicidad, es un gozo falso que no ahuyenta el verdaderodolor, y se prefiere a la miseria cuyo fruto es la auténtica bienaventuranza. Le ocurre lo que aese enfermo que desea vivamente la salud, pero para evitar el dolor que le aqueja rechaza laintervención, aborrece la cauterización y, halagado por un dulce remedio, pide un lenitivo deungüentos, aunque la enfermedad es tan grave que con esta medicina se agrava aún más, y esimposible atajarla sin el dolor del bisturí y del fuego. Esto ocurre al hombre miserable: seengaña tomando por felicidad lo que no es, se lanza al consuelo de las realidades presentes y sehunde más en la miseria sin saciar el apetito de la felicidad, y presa del vértigo más desdichadono descansa nunca. Si únicamente Dios es superior al alma racional, el ángel es igual que ella,y todos los demás seres son inferiores ¿hay algo tan próximo a la locura como abandonar losuperior y buscar descanso en aquello que es un medio para mejorarse? CAPÍTULO XXIII Sobre la prerrogativa de la criatura racional, y cómo el descanso que naturalmente anhela no debe buscarse en la salud corporal ni en las riquezas de este mundo. 79 Mt 5,3.
  35. 35. 3565. Criatura admirable e inferior sólo al Creador ¿a dónde te precipitas? ¿Amas el mundo?Tú eres más que el mundo. ¿Admiras el sol? Eres más deslumbrante que el sol. ¿Discutes sobrela disposición de este cielo voluble? Tú eres más sublime que el cielo. ¿Escudriñas losmisterios de las criaturas? Ninguna te supera en misterio. ¿Dudas de que si tú reflexionas sobretodas ellas, ninguna de ellas piensa en ti? Júzgalas si quieres, pero no las ames. Ni amessiquiera el hecho de pensar. Ama al que te puso por encima de todas y no te sometió a ellas. Tepuso sobre ellas, no para que fueras más dichoso por ellas, sino para que, siendo tú superior ysometiéndolo todo a ti para plenitud de tu honor, él se reservara como fruto de tubienaventuranza. ¿Por qué, pues, persigues las hermosuras fugaces, si tu hermosura no semarchita con la vejez, no se desdora con la pobreza, no palidece con la enfermedad y nisiquiera muere con la muerte? Busca eso que buscas, pero no lo hagas allí. Busca que tu deseosea total y así descanses. Busca eso. - ¿Dónde? -me dices-. - No en la salud corporal, pues si laamas para hallar en ella descanso piensa cuánto cuesta recuperarla cuando falta, y en quépenoso desenlace acaba casi siempre una enfermedad grave. Si se tiene salud, ¡cuánto hay quecuidarla y cuántas enfermedades, fiebres, pestes, y muertes la acechan!66. ¿Acaso en las riquezas? ¡Cuánta fatiga para adquirirlas, qué preocupación paraconservarlas, cuánto miedo a perderlas y qué dolor si desaparecen! Aumentas el dinero yaumentas el miedo. Temes que te las quite otro más fuerte, o que te las robe el ladrón. O quelas pierda el siervo. Cuántas veces acontece lo que dice un sabio: Las riquezas guardadasperjudican al dueño80. El pobre descansa mucho más. El peregrino desnudo y sin nada,como dijo un autor, no teme las asechanzas del ladrón. El pobre duerme tranquilo de losladrones nocturnos, y no refuerza los cerrojos. Por eso canta el poeta: El viajero sin blanca, ante un ladrón canta81. Otro sabio se ríe graciosamente de las punzantes preocupaciones de los ricos: la harturadel rico no le deja dormir82. Esto suele suceder en sentido literal, pues hay ricos que comenhasta sentir náuseas y al acostarse con el estómago tan repleto se sobresaltan con continuoseructos. Pero hay que aplicarlo a ese sueño del que se gloría la esposa en el Cantar y del que sedice: Yo duermo pero mi corazón está en vela83. Y el salmista añade: Por eso yo dormiré ydescansaré en paz84.67. Ese sueño es aquel en que tras sosegarse los sentidos carnales y alejar de lo íntimo delcorazón las preocupaciones temporales, el alma santa descansa en la suavidad de Dios,saboreando y percibiendo qué dulce es el Señor85, y qué dichoso el que confía en él. No creasque rico alguno pueda disfrutar de este sueño, pues está siempre pendiente de las ganancias ycuanto más adquiere mayor es su ansia insaciable de lo que no posee. Por eso dice Salomón: Elcodicioso no se harta de dinero y el avaro no lo aprovecha86. Cae en aquella maldición del 80 Ecl 5,12. 81 Juvenal, Sat, X, 22 82 Ecl 5,11. 83 Cant 5,2. 84 Sal 4,9. 85 Sal 33,8. 86 Ecl 5,9.
  36. 36. 36profeta: ¡Ay del que acumula bienes ajenos87! Y al instante su mismo montón de monedas semofa diciendo: ¿para qué amontona tanto barro?88. CAPÍTULO XXIV Cuál es la diferencia entre los ricos elegidos y los ricos réprobos. 87 Hab 2,6. 88 Hab 2,6b.
  37. 37. 3768. Hay que advertir que Salomón no dice: “el que tiene riquezas” sino el que ama lasriquezas no las aprovechará89. Porque los elegidos, aunque tengan riquezas no las aman, y nobuscan en ellas descanso; atentos a lo que el Apóstol manda a los ricos de que no seenvanezcan ni pongan su esperanza en las riquezas inciertas90, sino que las distribuyan ycompartan de buena gana, para atesorar un buen capital y alcanzar la vida auténtica. Y de estemodo, con sus riquezas reciben un fruto no desdeñable, pues oirán al Señor: Venid, benditos demi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer...etc91.69. Estos no se afanan en adquirir riquezas pues temen lo que dice el Apóstol: quienes deseanenriquecerse caen en la trampa del diablo92. No les atormenta la frívola solicitud deconservarlas, conscientes por encima de todo de la promesa del Señor, que prohíbe todapreocupación y garantiza lo necesario al decir: No os angustiéis pensando qué comeremos oqué beberemos93. Y un poco más adelante: Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y lodemás os lo darán por añadidura94. Y por último no murmuran cuando las pierden, sino queaceptan gozosos que se les robe sus bienes, sabedores de que poseen otra herencia mejor yperenne. A los perversos, en cambio, les sucede lo contrario. Creen que con la vulgarabundancia de bienes mundanos pueden calmar el deseo del alma racional, que únicamente sesacia con Dios, y al no cesar de aumentar sus bienes no se liberan un momento de las malditaspreocupaciones ni dejan de trabajar. Y lo que es más lamentable, con el afán de esas cosas caenen una insensata ceguera. Eso ahora, pero ¿cuál será su final?70. Oigamos sus últimas palabras, que la santa Escritura no calla: Dirán entre síarrepentidos, entre sollozos de angustia95; y añade sus palabras, de las cuales citamos éstas:Nos enredamos en los matorrales de la maldad y la perdición, recorrimos desiertosintransitables, sin reconocer el camino del Señor. ¿De qué nos ha servido nuestro orgullo?¿Qué hemos sacado presumiendo de ricos? Todo aquello pasó como una sombra, como uncorreo veloz; como nave que surca las undosas aguas, sin que quede rastro de su travesía niestela de su quilla en las olas. Igual nosotros: apenas nacidos, desaparecemos, sin dejarrastro de virtud, nos consumimos por nuestra maldad. Esto decían en el infierno los quepecaron: la esperanza del impío es como tamo que arrebata el viento; como escarcha menudaque arrastra el vendaval; se disipa como humo al viento, pasa como el recuerdo del huéspedde una noche96. Por tanto, parece que hay que buscar en otra parte este descanso y este Sábado. CAPÍTULO XXV Ni siquiera en la amistad mundana se debe buscar el reposo 89 Ecl 5,9. 90 1 Tim 6,17. 91 Mt 25,35. 92 1 Tim 6,9. 93 Mt 6,31. 94 Mt 6,33. 95 Sab 5,3. 96 Sab 5,7-10.13.15.

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