1Entre la admiración y el recelo: Cultura clásica y formación      humanista en los monjes de la Alta Edad MediaPodemos de...
2Emmeram de Ratisbona, que en dos de sus obras, “Sobre las propiastentaciones, sobre el propio destino y sobre los propios...
3El monje inglés se veía en estrecha relación con los antiguos. En su dialogo Devirtutibus et vitiis muestra a Carlomagno ...
4Porqué el conocimiento del latín en aquellos tiempos era deplorable10. La genteni lo hablaba, ni lo entendía. Muy pocos t...
5Las escuelas monásticasCarlomagno se mostró muy interesado en la organización de las escuelas de suimperio, sabía que par...
6que el que actualmente podamos darle, comprendía mucho más, era de hechouna introducción a la literatura latina clásica. ...
7encontraban en todas las bibliotecas. Otras obras, más raras, como las deServio, Diomedes o Dositeo no eran desconocidas ...
8ejemplo, Prudencio de Troyes acusa frontalmente a Juan escoto de pelagiano ya su doctrina de “ciencia vana e inflada”, de...
9monásticas22. Por otro lado, en aquellos tiempos el nivel cultural medio de lascomunidades monásticas había alcanzado un ...
10      “Hay muchos católicos que por la refinada elegancia de la lengua      anteponen la frivolidad de los libros pagano...
11tuvo como consecuencia su condena, suerte que recibieron otros muchosdialécticos contemporáneos suyos.La fuerza de los c...
12autores, exentos de todo peligro para la fe, de forma que les pudieran servir denorma i guía.Otro ejemplo a favor de la ...
13pensar y vivir de muchos filósofos era sencillamente admirable; podían servirde modelo a los cristianos y, incluso, a lo...
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Entre la admiración y el recelo cultura cásica y formación humanista en los monjes de la alta edad media

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Entre la admiración y el recelo cultura cásica y formación humanista en los monjes de la alta edad media

  1. 1. 1Entre la admiración y el recelo: Cultura clásica y formación humanista en los monjes de la Alta Edad MediaPodemos decir, sin dudar, que la Edad Media comienza con dosRenacimientos1: el Renacimiento carolingio y el Renacimiento del siglo XII2, yque dentro de este marco temporal se dio el fenómeno cultural que conocemoscomo el humanismo medieval. Pero ¿en que consiste este humanismo?Ciertamente no se reduce a un conocimiento suficientemente amplio del latín,ni al uso de figuras retóricas y citaciones clásicas, si no más bien en laconjunción de una experiencia y una cultura. Y la vida monástica propiciaráeste movimiento de encuentro. En efecto, el monje medieval quiere desarrollarsu naturaleza humana en el dominio del conocimiento pero, por otro lado, sólolo puede hacer a partir de su condición de cristiano, a la luz de las exigenciasdel Evangelio y en vistas a hacer crecer en él la vida en Cristo3.De esta manera, el humanismo de los monjes de la Edad Media supone laalianza de la cultura y de la vida espiritual, con todo lo que esta comporta deascesis y oración. Pues toda su cultura está condicionada por su experiencia dela vida monástica. El monasterio ofrece al monje los medios de cultura, y laexperiencia religiosa que experimenta en él da una finalidad a esta cultura.Hace llegar a la persona humana, por esta experiencia, más allá de ella, hasta launión con Dios4.Para el monje, el humanismo integral consiste en hacer crecer en el hombre lainfluencia de Aquél que es el único “hombre perfecto”, Cristo, el Hijo de Dios,que ha de volver un día en su gloria. Este humanismo escatológico no excluyeel humanismo histórico, que pide a los testigos del pasado lecciones capaces decontribuir al desarrollo armónico del hombre5.Pero acceder a este humanismo histórico exige el contacto con textosprocedentes de autores paganos, hecho que puede llegar a producir problemasen los jóvenes monjes y, quizás, también en los no tan jóvenes. Tenemos, porejemplo, el testimonio de Othlon (+1070), monje del monasterio de san1 VIGNEAUX, Paul, El pensamiento en la Edad Media, p13.2 Se puede discutir el uso del término „Renacimiento‟ para estos episodios culturales, Jean DÉCARREUX en su obra Moines et monasteres à l’époque de Charlemagne (pp. 66-69), ofrece argumentos a favor y en contra, decantándose finalmente por su uso.3 LECLERCQ, Jean, L’Humanisme des moines au Moyen Age, DS vol. VII, 960.4 Cfr. Ibid., 963.5 LECLERCQ, Jean, El amor de las letras y el deseo de Dios, p. 189.
  2. 2. 2Emmeram de Ratisbona, que en dos de sus obras, “Sobre las propiastentaciones, sobre el propio destino y sobre los propios escritos” y “De cursuspirituali”, narra su lucha contra las tentaciones producidas por la lectura de losclásicos, de las cuales sólo se liberó gracias a la inspiración divina6.Este ejemplo, y otros muchos, hará decir a Jean Leclercq que el problema delhumanismo se reduce a un doble conflicto. El primero consiste en la relaciónentre vida espiritual cristiana y las realidades profanas de donde adquiere elconocimiento estudiando la lengua latina. El segundo es el conflicto resultadodel enfrentamiento entre la debilidad de la persona humana y su nobleza7.En las siguientes páginas veremos, a grandes trazos, el marco en el cual se dioesta lucha de la cual, podemos avanzar, los monjes salieron vencedores.El primer renacimiento carolingioEn el siglo VIII los monasterios son el refugio de la cultura. En Inglaterraaparece una cultura netamente monástica que será motor para la culturamedieval. Nombres como Beda, Aldhelm, Bonifacio y Alcuino, en susprimeros años de formación, son muestra de esta pujanza cultural. Tomemospor ejemplo Alcuino, gracias a sus Versos evoracenses, nos es dado conocerparte del catálogo de la biblioteca a la que tenia acceso en York. Sabemos quecontenía obras de Aristóteles y Cicerón, los poetas Virgilio, Estacio y Lucano,y los gramáticos Donato y Prisciano como autores principales. También estababien representada la literatura patrística latina, y tampoco faltaban autorescomo Boecio, Casiodoro, Isidoro y Beda, tan apreciados en aquel tiempo por elcarácter compilatorio y didáctico de sus obras: “Aquí brilla lo que Jerónimo, Ambrosio, Hilario enseñaron O Anastasio y Agustín escribieron. Orosio, León, Gregorio el Grande Junto a Basilio y Fulgencio fulguran. El grave Casiodoro y Juan Crisóstomo Junto al maestro Beda y el ilustrado Aldhelmo vienen. Mientras Victorino y Boecio están Con Plinio y Pompeyo, mano a mano”8.Para revitalizar culturalmente su imperio Carlomagno se hace rodear de losmejores consejeros de su tiempo, entre los que se encontraban numerososmonjes anglosajones. Alcuino es uno de ellos, y el emperador lo llama para quese haga cargo de la reforma educativa del imperio.6 Cfr. LECLERCQ, Jean, Umanesimo e cultura monástica, pp. 48-52.7 Cfr. LECLERCQ, Jean, L’Humanisme des moines au Moyen Age, DS vol. VII, 960.8 ALCUINO, Versus de Sanctis Eboracensis Ecclesiae, vs. 1535-1543.
  3. 3. 3El monje inglés se veía en estrecha relación con los antiguos. En su dialogo Devirtutibus et vitiis muestra a Carlomagno como la virtud, la ciencia, la verdad,valen por sí mismas; el cristianismo las estima, las cultiva. Pregunta el alumno:“¿Y los filósofos?” “Ellos supieron que estas cosas pertenecen a la naturalezahumana y las cultivaron con extremo cuidado”. “Pero entonces, ¿quédiferencia hay entre tales filósofos y cristianos?” “La fe solamente y elbautismo”. La sabiduría antigua hace que se reconozca su valor; los filósofospresentan ante el cristiano al hombre sencillamente hombre; para losmedievales que se distinguen de ellos tan sólo en el orden de la gracia, losantiguos definen la naturaleza.En una carta que Alcuino dirige al emperador, le anima a levantar en Franciauna nueva Atenas, superior a la antigua, puesto que ésta tendría las enseñanzasde Cristo. Instruida por Platón, la primera tuvo el brillo de las siete artesliberales; los siete dones del Espíritu Santo elevarán a la segunda por sobretoda sabiduría de este mundo. Aunque para ello tendrá primero que enseñar sindescanso el latín, dándole un nuevo brillo a una lengua que hasta aquelmomento se estaba perdiendo completamente.El latínPero, ¿por qué volver al latín? Hay diversas razones. Una es la intención deCarlomagno de restaurar el antiguo imperio romano, y así poder asumir toda suherencia cultural. Otra es el hecho de que la Iglesia romana continuaseutilizando el latín en su liturgia, en sus leyes y en sus documentos. Las lenguasvernáculas todavía no habían alcanzado un lenguaje suficientemente precisopara poder expresar las doctrinas de la Iglesia, con el riesgo de poder introducirerrores en el dogma. Y también, especialmente, la idea de que Dios hablaba enlatín. ¿No estaban las sagrada escrituras escritas en esta lengua? ¿no hablabanlos interpretes de la Sagrada Escritura en latín? Así pues, quedaba claro queDios sólo podía hablar a los monjes, y estos a Dios, en latín9.Lamentablemente esta idea comportaría un problema, creaba una separacióncada vez mayor entre el mundo eclesial y el resto de sociedad. Entre los quesabían latín y los que no. Porque incluso dentro de los monasterios seestablecieron esas diferencias. Así, mientras los monjes que habían entrado depequeños no tenían ningún problema para aprender del latín, los que lo habíanhecho de mayores sólo adquirían los rudimentos de la lengua con enormedificultad.9 Cfr. COLOMBÁS, García Mª., La tradición benedictina, Vol. III, p. 252.
  4. 4. 4Porqué el conocimiento del latín en aquellos tiempos era deplorable10. La genteni lo hablaba, ni lo entendía. Muy pocos tenían el suficiente dominio paraleerlo sin dificultad, por no decir ya escribirlo. Ni siquiera entre los clérigoshabía un conocimiento suficiente. Un obispo que examinaba a uno de sussacerdotes le preguntaba: “Cuándo bautizas, ¿sabes distinguir el masculino delfemenino? ¿el singular del plural?” 11 . Carlomagno hizo destruir muchoscódices, incluso de los mismos libros sagrados, a causa de la multitud deerrores que se había incurrido en la copia de los mismos. Podemos leer en unacapitular del 789: “Que haya escuelas para la instrucción de los niños. Que en cada obispado, en cada monasterio, se enseñe los salmos, las notas, el canto, el cálculo, la gramática y que se tengan los libros cuidadosamente corregidos. Pues a menudo los hombres, queriendo rezar a Dios, rezan mal por causa de los libros incorrectos que tienen en las manos”12.¿Y donde podían encontrar los mejores modelos para mejorar su conocimientodel latín si no en los autores paganos de la antigüedad? Aunque, hay quetenerlo en cuenta, ya desde tiempos de san Jerónimo la aproximación a lacultura clásica siempre ha sido contradictoria en los autores monásticos. Por unlado muestran su admiración, por otro, prevención. Es cierto que muchosautores monásticos alertan sobre la lectura de los clásicos paganos y ladesaconsejan, pero no es menos cierto que estos mismos autores los conocen ylos utilizan.No fue el griego igualmente apreciado, es más, de hecho se lo miraba concierta reticencia, resultado sin duda de un alejamiento que se había iniciadohacía tiempo entre Occidente y Oriente, así como las difíciles relaciones que semantenían en aquel tiempo con la Iglesia bizantina. Las obras de los padresgriegos se conocían sólo a través de sus traducciones al latín y muy pocos eranlos que lo conocían con solvencia13.10 Ferdinad LOT en su libro La fin du monde antique et le début du moyen âge narra de forma conmovedora la situación de la lengua latina en los albores del renacimiento carolingio, pp. 402-40611 Cfr. DÉCARREUX, Jean: Moines et monasteres à l’époque de Charlemagne, p. 75.12 Ed. Pierre RICHÉ, Educación en la cristiandad antigua, p. 13013 Siendo ésta la opinión generalizada de los diversos autores consultados (Cfr., por ejemplo, Emilio MITRE, en «Sociedad y cultura en el Occidente altomedieval», en Hª del Cristianismo Vol. 2, p. 124), no podemos menor que tener en cuenta la opinión contraria de una autoridad en el tema de Pierre RICHÉ (Cfr. Écoles et enseignement dans le Haut Moyen Age, pp 92-96).
  5. 5. 5Las escuelas monásticasCarlomagno se mostró muy interesado en la organización de las escuelas de suimperio, sabía que para mejorar el nivel cultural de la sociedad y del clerodebía comenzar por facilitar una educación e inculcar una moral. Para ello noempezó de cero, si no que se aprovechó de las escuelas ya existentes, muchasde las cuales pertenecían a la Iglesia, y muy particularmente a los monasterios.Con este fin les dedicó diversas capitulares. Su intención no era otra que la deasegurar la formación de los cuadros necesarios para el buen funcionamientode las instituciones imperiales. Por otro lado, si Carlomagno quiso promoverlos estudios clásicos fue porqué estos debían procurar a los pastores y a susfieles la comprensión de las Escrituras14, ya que dentro de la concepción de laépoca el emperador tenia que preocuparse de satisfacer el bienestar de sussúbditos, tanto material como espiritual, y el estudio del latín permitía penetrarde manera más exacta en el sentido de aquellas.Para ello se apoyará, básicamente, en los monjes de procedencia anglosajona,donde sus escuelas ya habían alcanzado una reconocida fama gracias a supedagogía. Pierre Riché, entre otros, dirá sin rodeos que las escuelasmonásticas anglosajonas del siglo VIII supusieron el origen de la culturamedieval15. El impulso dado por Carlomagno a estas escuelas para que abriesenal público tuvo una repercusión indudable, y el freno que supuso el sínodo deAquisgrán del año 817, cuando se determinó su clausura, es decir, que sereservasen únicamente para los jóvenes monjes, no parece que les afectasedemasiado. Muchos monasterios resolvieron el problema dividiendo lasescuelas en internas, para los oblatos (oblati), y externas, para los alumnosseculares (nutriti), como sabemos que sucedió en monasterios como Saint Gall,Fleury, Gorze, Corbie, Saint Riquer, Reichenau, etc. Así, pues, en las escuelasmonásticas de esta época se formaron los monjes, los clérigos, y tambiénalgunos laicos, que tuvieron acceso a la cultura literaria.La cultura básica que se recibía en estas escuelas, tanto los oblatos como elresto de niños, consistía en leer, escribir y cantar, siempre en estrecho contactocon la Biblia, especialmente el salterio, y la práctica de la vida monástica. Enprincipio se enseñaban las disciplinas correspondientes al trivium y alquadrivium según el plan trazado antiguamente por Marciano Capella yrecomendado por Casiodoro: gramática, retórica y dialéctica para la primera,aritmética, música, geometría y astronomía para la segunda; es decir las sieteartes liberales, base de la formación humanista de la Edad Media. Aunque estono significa que se diese la misma importancia a cada una de las disciplinas. Lapreferida era, sin duda, la gramática como lo demuestra el hecho de que lamayoría los maestros más eminentes escribiesen su propio tratado gramatical.Hay que tener en cuenta que el término «gramática» no tenía el mismo sentido14 LECLERCQ, Jean, El amor a las letras y el deseo de Dios, p. 63.15 Cfr. RICHÉ, Pierre, Educazione e monaci, DIP 1061, Vol. 3.
  6. 6. 6que el que actualmente podamos darle, comprendía mucho más, era de hechouna introducción a la literatura latina clásica. La gramática era un instrumentoque facilitaba el camino hacia el cielo. Enseñaba la lengua latina, y la lengualatina podía llevar a los elegidos al conocimiento de Dios, pues sin ella no sepodría acceder a la lectura de la Biblia ni de los Padres.Rabano Mauro en su De clericorum institutione, declara que la gramática debeser el fundamento y el origen de todas las artes liberales: “Conviene que la «Schola dominica», esto es, los escolares que se preparen para servir al Señor, cuiden de leer la gramática, puesto que en ella reside la ciencia de hablar bien y escribir con corrección. Por ella se aprende el valor de la voz articulada, el poder de las letras y las sílabas, la distinción de los pies, de los acentos, el arte de la construcción. ¿Cómo reconocer sin ella los derechos de las partes del discurso, la belleza de los schemata, la virtud de los tropos, el método de las etimologías, la corrección de la ortografía? La gramática es el juez de los copistas, ella descubre y denuncia sus faltas”16.En los últimos capítulos de dicha obra se muestra favorable al conocimiento delos autores profanos, puesto que ayudan a entender e interpretar las SagradasEscrituras.Por otro lado, los padres de la Iglesia ya habían justificado el recurso a las“disciplinas externas” para la formación intelectual del intelectual cristiano: elPueblo de Israel, al salir de Egipto, se lleva consigo los vasos de oro y plata delenemigo. Las artes liberales, el trivium i el quadrivium, además, son creacionesdivinas, pudiéndose encontrar vestigios de ellas en las Sagradas Escrituras: sanPablo, por ejemplo, cita a Meandro en su carta a Tito. Así pues, el cristiano nohace más que recuperar de los paganos lo que le pertenece 17 . Por ejemplo,Rabano Mauro justificará el uso de la cultura profana con la teoría de la injustaposesión: “Si los filósofos han dicho en sus escritos cosas verdaderas y queestán de acuerdo con la fe, no se debe temer el reprenderlos como injustosposeedores”. Él está persuadido de que los filósofos las han descubierto encuanto que han sido guiados por la verdad, esto es, por Dios mismo: por eso noles pertenecen a ellos, si no a Dios. Es más, aparecen leyendas que cristianizana los clásicos: san Ambrosio y san Agustín dirán que Platón conocía las santasEscrituras, y Virgilio ya predijo el cristianismo18.Si inicialmente se aprendía rudimentariamente la gramática a partir del salterio,pronto, en la Inglaterra del siglo VII y VIII volverá a retomar su importancia,para no perderla a partir del renacimiento pedagógico de los s. VIII y IX. Losgramáticos de la antigüedad eran los más respetados. Donato y Prisciliano se16 RABANO MAURO, De clericorum institutione, III, 18.17VILANOVA, Evangelista, Historia de la teología cristiana, Vol. I, p. 288.18 LOT, Ferdinand, La fin du monde antique et le début du moyen âge, p. 399.
  7. 7. 7encontraban en todas las bibliotecas. Otras obras, más raras, como las deServio, Diomedes o Dositeo no eran desconocidas en las mejores bibliotecas.Las obras retóricas de Cicerón se encuentran con frecuencia en los catálogos delas bibliotecas. Por el contrario Quintiliano es un autor raro, y MarcianoCapella era todavía poco conocido.Los poetas eran la continuación de los gramáticos, pues era necesario conocerlas leyes de la prosodia. En la época carolingia, Virgilio se encontraba confacilidad en todas partes. Ovidio era conocido, pero no universalmente.Horacio, Estacio y Marcial aparecían en algunas bibliotecas como las deCorbie o Saint-Denis. Por su parte, Terencio gozaba de gran prestigio. Menosinterés despertaban los historiadores: Cesar, Tito Livio, Salustio y Suetonio.Tampoco los filósofos: Macrobio todavía no era muy conocido, las obrasfilosóficas de Cicerón y la Historia natural de Plinio no alcanzaron una grandifusión19.Pero hay que tener en cuenta que la gramática y la retórica, al menos en elprimer renacimiento carolingio, no se estudian por ellas mismas, si noorientadas a la investigación exegética. Lo mismo podemos decir delquadrivium, que permitía reconocer la realidad de las cosas y que tenía queayudar al exegeta en el comentario alegórico de las Escrituras.Entre las artes liberales hay una que fue especialmente considerada: Ladialéctica. Hay que decir que ésta, después de Boecio, no formaba parte delprograma escolar pues se la consideraba una herramienta peligrosa, viéndose alos que la utilizaban, los filósofos y los dialécticos, como los progenitores delos herejes. Pero los sabios carolingios acabarán elogiándola así, por ejemplo,Rabano Mauro definirá la dialéctica como la “disciplina de las disciplinas,pues enseña a aprender y a enseñar. Gracias a ella la razón se toma a símisma por objeto de demostración y descubre lo que ella es, lo que ella quiere,lo que ella ve”. Por eso, con el tiempo, llegará a ocupar un puesto importantedentro del ciclo de estudios.Una vez recorridos todos los grados de la formación humanista, cuando elalumno dominaba la dialéctica, componía versos conforme a los modelosantiguos y las compilaciones del cálculo ya no tenían secretos para él, pasaba alestudio de la teología, es decir a la interpretación de la Sagrada Escritura, metay corona de todos los esfuerzos de maestros y discípulos.Así, gracias a los tratados de lógica y de dialéctica, los carolingiosdescubrieron la importancia de los medios racionales para el estudio. Con todo,con el paso del tiempo, la actitud propia de la teología monástica se mostraráreservada ante los peligros de la dialéctica. Algunos teólogos, aferrados alprincipio de la tradición y la autoridad se opondrán a las artes liberales. Así por19 PAUL, Jacques, La Iglesia y la cultura en Occidente, p. 81.
  8. 8. 8ejemplo, Prudencio de Troyes acusa frontalmente a Juan escoto de pelagiano ya su doctrina de “ciencia vana e inflada”, de “locura sofista”, de “disputaverbal”. Le hecha en cara de no haber utilizado a los Padres y opone elquadrivium a los cuatro evangelios 20 . No pudiendo decir que hubiese unaoposición generalizada, no dejarán de manifestar repetidamente sudesconfianza respecto al uso demasiado frecuente que se hará de la dialécticaen las escuelas.Caída del imperio carolingioCon la disgregación del Sacro Imperio y la venida de las diversas invasionespor parte de normandos, sarracenos y húngaros, entre otros, se alteró la vida denumerosas comunidades monásticas y la consecuente desaparición denumerosos monasterios y abadías. La vida cultural monástica sufrió un durogolpe del cual tardó algún tiempo en recuperarse. Pero la situación no fue tancrítica como se puede leer en algunos manuales de historia. Excepto en algunasregiones donde las invasiones sí dejaron marca profunda, en muchas otras lainterrupción únicamente sucedió por un breve espacio de tiempo o ni tan solose vieron afectadas.De hecho, a efectos de actividad intelectual, la generación que cubre los añosde desintegración del imperio puede ser considerada como la más dinámica delrenacimiento carolingio 21 . Personajes como Hincmaro de Reims, RabanoMauro y Escoto Eriúgena son un ejemplo de ello, y también escuelas como lasde saint Gallen i Reichenau, muestran como durante este tiempo la culturatambién tuvo la oportunidad de desarrollarse y manifestarse.Siglos X y XIDurante los siglos X y XI el monacato occidental renace, crece, se purifica yenfortece. Y también se ilustra. Supera, paso a paso, lentamente, lasturbulencias que siguieron al declive del imperio carolingio. Con el progreso delos diferentes movimientos de reforma, la cultura, siempre en íntima relacióncon la espiritualidad, acaba de recuperar en los monasterios el nivel que habíaalcanzado anteriormente. Los movimientos de reforma monástica, como Cluny,Gorze, o Brogne, dan un impulso importante en esta dirección. Losmonasterios continúan siendo el pilar de la cultura y la educación en Europa.Pierre Riché afirma que en el siglo X las únicas escuelas que existían eran las20 VILANOVA, Evangelista, Historia de la teología cristiana, Vol. I, p. 291.21 MITRE, Emilio, La Europa del siglo X y el mito del año mil, en Hª de Cristianismo,Vol II p. 128.
  9. 9. 9monásticas22. Por otro lado, en aquellos tiempos el nivel cultural medio de lascomunidades monásticas había alcanzado un nivel aceptable, que hacía preverla magnífica floración del siglo XII y que produjo autores de la talla de Juan deFecamp, Pedro Damián y, sobretodo, Anselmo.No se produjeron cambios notables respecto a la etapa anterior. Cultura yespiritualidad continúan manifestando las mismas características tradicionales,se condicionan y estimulan mutuamente. Los maestros del renacimientocarolingio habían abierto un camino, los autores del siglo X y XI continuaránavanzando por él, incluso los más grandes, sin más novedades que lasderivadas de una sensibilidad más refinada, un latín más evolucionado, y deuna teología más precisa.El programa de las escuelas monásticas sigue siendo similar al de la épocacarolingia. Fundamentado en la dialéctica y la retórica, Donato y Priscianocontinúan siendo imprescindibles. Una lectura de los clásicos citados en lostratados escolares de la época prueban que siempre son los mismos autores losque se estudian: Virgilio, Juvenal, Estacio, Plauto, y Terencio entre losclásicos. Richer de Reims dice que su maestro Gerberto, el futuro Silvestre II,familiariza a sus discípulos con estos autores y los instruye en su forma deelocución como paso previo antes de pasar al estudio de la retórica: “[…] Después del estudio de estas obras, quería que sus alumnos pasaran a la ciencia de la retórica, pero temía que les fuese imposible elevarse al arte oratorio sin el conocimiento de los modos de elocución que no pueden aprenderse más que en los poetas. Recurrió también a los poetas, con los que juzgó útil familiarizarlos. Leyó y comentó a los poetas Virgilio, Estacio y Terencio así como a los satíricos Juvenal, Perseo y Horacio, y al historiador Lucano. Cuando sus alumnos estuvieron familiarizados con estos autores e instruidos en su modo de elocución, los hizo pasar al estudio de la retórica…”23.Por otro lado, la retórica no es únicamente el arte de expresarse bien, si no quecontribuye a la formación moral de la persona. Por este motivo, algunosautores clásicos eran observados con reticencia. Así, por ejemplo, ya en el sigloX, la monja Rosvita se quejaba de que algunas de las monjas del monasterio deGandersheim se dedicaban con demasiado entusiasmo a leer a los clásicos,hasta el punto de descuidar la lectura espiritual. Uno de estos autores eraTerencio, considerado demasiado frívolo, y para evitar la tentación de sushermanas no duda en escribir comedias imitando el estilo del autor romano:22 Cfr. RICHÉ, Pierre, «Le latin dans les écoles Anglo-saxones», en La lexicographie du latin médiéval et ses rapports avec les recherches actuelles sur la civilisation du Moyen-Age, p. 124.23 Cfr. RICHER DE REIMS, Historia, III, 46-49 (Ed. Pierre RICHÉ, Educación en la cristiandad antigua, p. 142)
  10. 10. 10 “Hay muchos católicos que por la refinada elegancia de la lengua anteponen la frivolidad de los libros paganos a la utilidad de las Sagradas Escrituras. Hay otros que, aún manteniéndose fieles a las páginas sagradas y despreciando otras obras de autores paganos, leen y releen frecuentemente las creaciones poéticas de Terencio y, mientras disfrutan de la dulzura de su lengua, son contaminados de la maldad de lo que tiene conocimiento. Por eso, mientras otros cultivan la lectura, yo, la voz estridente de Gandersheim, no tengo escrúpulos de imitarlo en mis composiciones, para que en el mismo género de composiciones en los que se representaban obscenidades de mujeres sin pudor fuese exaltada, en base a la modesta capacidad de mi ingenio, la encomiable virginidad de santas vírgenes cristianas”24.Pero lo que hace diferente esta época de las precedentes es el lugar en el quesitúa la dialéctica entre las ciencias y en el programa académico. En el siglo IXAlcuino habían introducido tímidamente la ratio en las discusiones teológicas.Juan Escoto había ido más allá, pero su iniciativa no fue comprendida por suscontemporáneos. Por el contrario, en el siglo XII la dialéctica es enseñada porella misma a partir de los tratados de Aristóteles traducidos por Boecio, lasCategorías y la Interpretación, del Isagogo de Porfirio, que conjuntamente conlos Tópicos de Cicerón formarán los cuatro libros fundamentales que seránconocidos como la logica vetus25.No cabe duda que el horizonte intelectual se había ampliado enormementedesde los tímidos pasos iniciales del renacimiento carolingio. Laprofundización en el estudio de los autores de la antigüedad desde mediadosdel siglo IX abrió el camino hacia un humanismo erudito y científico. Lasreferencias romanas del imperio permitían asimilar más fácilmente todo ellegado pagano. En definitiva no existía más que una cultura imperial y religiosaa la que los monjes que podían tenían que consagrarse en espíritu26.Pero no todo sería fácil, en el siglo XI también existió un fuerte sentimiento deoposición ante el papel cada vez más preponderante de la gramática y ladialéctica. Así, cuando Berenguer de Tours publicó el siguiente elogio de ladialéctica: “Es propio de un gran corazón recurrir a la dialéctica en toda cosa; porque recurrir a ella es recurrir a la razón; de suerte que el que no recurre a ella, estando hecho a imagen de Dios según la razón, desprecia su dignidad y no puede renovarse día a día a imagen de Dios”.24 ROSVITA, Prólogo a sus Dramas, II, 1-525 RICHÉ, Pierre, Écoles et enseignement dans le Haut Moyen Age, p. 263-266.26 PAUL, Jacques, La Iglesia y la cultura en Occidente, p. 189.
  11. 11. 11tuvo como consecuencia su condena, suerte que recibieron otros muchosdialécticos contemporáneos suyos.La fuerza de los contrarios a la dialéctica radicaba en un sentimiento religiosoexclusivo: un cristiano, un monje, debe pensar únicamente en su salvación. Porel contrario, las artes profanas corren el riesgo de distraerle, de apartarle de estaobra, que es la única necesaria. Pedro Damián, aún conociendo y citando a losclásicos en sus obras, será uno de sus detractores más insistentes. Así, porejemplo, cuando encuentra en Monte Casino jóvenes monjes que aplican almisterio de las personas divinas aquellos argumentos que aprenden dedialécticos y retóricos escribirá para responderles un tratado titulado “Cartasobre la omnipotencia divina”, donde defiende que todos aquellos que quierendedicarse a la vida monástica no pueden estudiar más que los textos sagrados.La ciencias seculares son útiles para aquellos que permanecen en el mundopero con la condición de que sean bien empleadas, porque el estudio de estasartes no tienen una finalidad por si mismo. No pueden llevar a los religiosos alos carreras reservadas a los laicos ni desviarlos de su vocación. Se puedeutilizar ocasionalmente el arte de la discusión pero únicamente para servir y darrazón de la fe. Y no será únicamente la dialéctica el foco de su oposición,también la gramática merecerá su atención, tal como muestra su opúsculo: “Losmonjes que se obstinan en aprender la gramática”. Sin olvidar que una de susmáximas particulares era: “mi gramática, es Cristo”. Pero no será el únicoautor que se expresa en este sentido, otros, como Alexandre de Villedieu, seindignaba porque se pronunciaba el nombre de dioses paganos aprendiendo lagramática y la retórica. En esta línea se puede leer, pues, el prefacio de la Vidade san Maximino, abad de Micy: “[…] Para nosotros que nos guardamos de estos extravíos, existe una física verdadera en los relatos históricos de la Escritura; una lógica verdadera en las contemplaciones de la fe, la esperanza y la caridad., una ética verdadera en la práctica de los preceptos divinos. Ésta es la filosofía que gustó a Dios: quiso dar el primer tipo de ella en la persona de Salomón. Los tres libros de éste ofrecen un triple ejemplo de esta filosofía: el Eclesiastés da a conocer la naturaleza; regulan las costumbres los proverbios; el Cantar de los Cantares enseña a buscar bajo los velos de la alegoría el secreto de las cosas divinas […]”27.Otros autores tendrán una visión más amplia de la problemática. A inicios delsiglo XI, Siro de Cluny, siendo consciente del problema, propone una solución:hace falta eliminar de la lectura de los “filósofos” todo aquello que lleve unveneno mortal o pueda perjudicar al monje28. Así, para solucionar el problemasurgió en la edad Media una amplia literatura escolar de florilegios, glosas yescolios. Mediante el florilegio se ponía en manos del alumno extractos de los27 Prefacio de la Vida de san Maximino, abad de Micy (Ed. Pierre RICHÉ, Educación en la cristiandad antigua, p. 136)28 Cfr. LECLERCQ, Jean, Umanesimo e cultura monastica, p. 48.
  12. 12. 12autores, exentos de todo peligro para la fe, de forma que les pudieran servir denorma i guía.Otro ejemplo a favor de la dialéctica fue Lanfranco. Maestro, colaborador yamigo de Anselmo, dirá que de ésta que bien utilizada puede confirmar laverdad de los misterios cristianos, aunque también sabrá distinguir aquello quees accesible a la inteligencia y aquello que le sobrepasa. O el mismo Anselmo,tal como comprobamos en una carta que dirige a un monje de Cluny donde lerecomendaba que se aplicase ya que tenía acceso a Virgilio y a otros autoresclásicos, pero siempre manteniéndose alejado de aquellos que eran inmorales.Llegados a este punto, podemos decir por lo que respecta a la cultura monásticaque a mediados del siglo XI se estaba entrando en una encrucijada. De hecho,la muerte casi simultanea de algunos grandes abades, como Oliva de Ripoll el1048, Bernon de Reichenau el mismo año y Odilón de Cluny al siguiente,marcan simbólicamente el fin del gran periodo monástico. Todavía faltaba porllegar el esplendor de la cultura monástica del siglo XII, pero a partir de estemomento ya serán la escuelas catedralicias, que comenzaban a multiplicarse enlas ya pujantes sociedades urbanas, las que tomarían el relevo en el dinamismocultural, pero con una aproximación totalmente diferente al estudio y a lacultura.A modo de conclusiónEn resumen, como afirma De Lubac 29 , el mérito de la ciencia – y aquíentendemos “la ciencia de las letras” – se considerará, al menos en muchosmonasterios medievales, como una parte integrante de la santidad.Bienvenidos, sean, pues, los clásicos latinos a la casa de Dios que es elmonasterio. Cierto es que constituyen un peligro para algunos, un medio deevasión, pero las ventajas superaban con mucho los posibles inconvenientes.Una de estas ventajas, y ciertamente no la más pequeña, fue el descubrimientode los valores del humanismo. Los autores ascéticos, las colaciones, lasexhortaciones de los abades y de los padres espirituales insistiríancontinuamente en el vacío de la vida del siglo y en el menosprecio del mundo,hasta llegar a hacer un tópico. Los autores paganos, prescindiendo delhedonismo y las provocaciones de algunas de sus páginas, les hacían descubrirla nobleza del amor humano, de la amistad, de la virtud, de la “vida feliz” delcampo, lejos de las ambiciones y los desvaríos de los licenciosos. La soledad yel silencio como condiciones para alcanzar la paz del corazón y el placer desaber eran ya conocidos por los antiguos. La constancia en la adversidad y lacontradicción, la magnanimidad, el desprendimiento, la lealtad, la fidelidad, lafilantropía, la modestia y muchas otras virtudes simplemente humanas eranpracticadas por hombres y mujeres que no conocían a Dios. La manera de29 DE LUBAC, Henri, Exégèse Médiévale. Les quatre sens de l’écriture, Vol. 1, 69
  13. 13. 13pensar y vivir de muchos filósofos era sencillamente admirable; podían servirde modelo a los cristianos y, incluso, a los monjes. En definitiva, las fuentesclásicas contribuyeron, no poco, a la formación de la cultura que se ibagestando en los monasterios30.30 COLOMBÁS, García Mª., La tradición benedictina, Vol. III, p. 248-249.

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