Pagola, jose antonio accion pastoral

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Pagola, jose antonio accion pastoral

  1. 1. José Antonio Pagóla ccion pastoral para una nueva evangelización
  2. 2. José Antonio Pagóla ACCIÓN PASTORAL PARA UNA NUEVA EVANGELIZACION Editorial SAL TERRAE Santander
  3. 3. índice general Nota bibliográfica 7 Presentación 9 Primera Parte «ID Y EVANGELIZAD» 1. La evangelización, un reto a la acción pastoral 2. Hacia una pastoral con fuerza evangelizadora 15 45 Segunda Parte «LOS POBRES SON EVANGELIZADOS» © 1991 by Editorial Sal Terrae Guevara, 20 Santander Con las debidas licencias Impreso en España. Printed in Spain ISBN: 84-293-0916-0 Dep. Legal: BI: 1.650-91 Fotocomposición: Didot, S.A. Bilbao Impresión y encuademación: Grafo, S.A. Bilbao 3. Acción evangelizadora y marginación. Tareas prioritarias 4. Nuevo impulso del servicio caritativo-social 5. Hacia una renovación del servicio de caridad en la comunidad cristiana 6. La evangelización en el mundo de la prisión 65 81 95 113 Tercera Parte «ID Y SANAD» 7. Enviados a evangelizar sanando 8. El servicio evangelizador a los enfermos 9. Ante los enfermos más necesitados y desasistidos . 137 163 181
  4. 4. 6 ACCIÓN PASTORAL PARA UNA NUEVA EVANGELIZACION Cuarta Parte «HACED ESTO EN MEMORIA MÍA» 10. Celebración litúrgica y acción evangelizadora 11. La pastoral litúrgica hoy. Objetivos y tareas 12. La parroquia, comunidad orante NOTA BIBLIOGRÁFICA 207 229 249 Quinta Parte «ANUNCIAD EL EVANGELIO A TODA CRIATURA 13. Dimensión universal de la evangelización 269 En la base de la redacción de este libro están los siguientes trabajos: Capítulos 1 y 2: «La evangelización, un reto a nuestra acción pastoral», en Surge 415-416 (abril-mayo de 1982), pp. 158-190. Capítulos 3 y 4: «Acciones prioritarias que habría que impulsar en los servicios caritativo-sociales de la Iglesia en España hoy», en Corintios XIII 46 (abril-junio de 1988), pp. 99-130. Capítulo 5: «Hacia una renovación de Caritas en la comunidad parroquial», en Corintios XIII 33 (enero-marzo de 1985), pp. 106-124. Capítulo 6: «La Iglesia y la prisión», en CorintiosXIII41 (eneromarzo de 1987), pp. 119-146. Capítulo 7: «Modelo cristológico de salud. Acercamiento a la experiencia de salud en Jesús», en Labor Hospitalaria 219 (1991), pp. 23-29. «La acción evangelizadora de la comunidad cristiana en el campo de la salud», en Labor Hospitalaria 215 (1990), pp. 21-27. Capítulo 8: «Cómo renovar la acción evangelizadora de las comunidades cristianas en el campo de la salud», en Labor Hospitalaria 215 (1990), pp. 45-51. Capítulo 9: «Jesús y los enfermos desasistidos y necesitados», en Labor Hospitalaria 208 (1988), pp. 135-141. Capítulo 10: «Celebración litúrgica en la Iglesia diocesana» en Boletín Oficial de la Diócesis de San Sebastián 437 (julio de 1987), pp. 666-696. Capítulo 11: «La pastoral litúrgica en la diócesis. Objetivos y tareas», en Boletín Oficial de la Diócesis de San Sebastián 437 (julio de 1987), pp. 636-664. Capítulo 12: «La parroquia, comunidad orante», en Boletín «Amigos de Orar» 8 (julio-agosto de 1989), pp. 2-13. Capítulo 13: «Dimensión universal de la acción pastoral diocesana», en Boletín Oficial de la Diócesis de San Sebastián 384 (noviembre de 1982), pp. 1066-1081.
  5. 5. Presentación Desde hace unos años se viene hablando entre nosotros de la necesidad de impulsar una «segunda evangelización» o «nueva evangelización». No hemos de creer fácilmente en la magia de las palabras. Todos conocemos el uso y abuso de palabras, en principio atractivas y estimulantes, que terminan luego vaciándose rápidamente de verdadero contenido renovador. Pero lo cierto es que el lenguaje de una «nueva evangelización» está indicando una sensibilidad y una conciencia pastoral nuevas. El Congreso Nacional «Evangelización y hombre de hoy», celebrado en Madrid en 1985, precisaba así la nueva terminología: «Cuando hablamos de segunda evangelización, hacemos referencia a la nueva evangelización que debe fecundar a todo un país de tradición cristiana que, al cabo del tiempo y con la evolución histórica y cultural, tiene estratos más o menos amplios y profundos que ya no están impregnados por el Evangelio: sectores importantes de población que desconocen la fe cristiana o que se han alejado de ella, grupos numerosos de bautizados que no han personalizado la fe, estructuras vitales de la sociedad (familia, cultura, economía, política...) en grado tal de transformación que manifiestan en el presente serias incoherencias con una concepción cristiana de la vida» (Evangelización y hombre de hoy, Madrid 1986, p. 115).
  6. 6. 10 ACCIÓN PASTORAL PARA UNA NUEVA EVANGELIZACION Para impulsar esta nueva evangelización hay que actuar con realismo. No basta con elaborar brillantes reflexiones teóricas. Hemos de partir de lo que actualmente son muchas de nuestras Iglesias diocesanas y comunidades cristianas y, teniendo en cuenta nuestras posibilidades reales, ir concretando los pasos que en estos momentos podemos y debemos dar, abiertos al Espíritu que nos urge a esta nueva evangelización. No partimos de cero. Son muchos los esfuerzos que se vienen realizando en las diócesis por renovar la acción pastoral y reavivar la misión evangelizadora. A veces se trata de experiencias que van consolidando un nuevo dinamismo y estilo pastoral. Otras veces sólo se puede hablar de un trabajo de búsqueda y siembra, pero que señala hacia dónde apunta la preocupación evangelizadora. Este libro ha nacido de ese esfuerzo de búsqueda pastoral realizado, día a día, durante estos últimos diez años desde una Iglesia diocesana concreta que intenta reavivar su acción pastoral poniéndola al servicio de la nueva evangelización. No se trata de una reflexión académica elaborada en una biblioteca. Mi servicio de Vicario General en la diócesis de San Sebastián me ha llevado a tomar parte activa en Jornadas, Convivencias y Encuentros pastorales donde he podido conocer de cerca los esfuerzos concretos de muchos pastores y comunidades cristianas por responder hoy a su misión evangelizadora. Este libro no hace sino recoger ese nuevo espíritu pastoral que se va abriendo camino en no pocas Iglesias diocesanas. Como se podrá ver, no me detengo en el tratamiento de la acción propiamente catequética orientada a educar la fe de niños, jóvenes o adultos. Abordo más bien aquellos campos pastorales en los que más se trabaja hoy desde las comunidades cristianas, y cuya renovación es necesaria si la Iglesia quiere hacer presente la fuerza salvadora del evangelio en la sociedad actual. Una «nueva evangelización» exige una «nueva acción pastoral». PRESENTACIÓN 11 En la primera parte, que sirve de marco a todo el estudio, pretendo mostrar los principales retos que la evangelización plantea hoy a la acción pastoral tradicional (capítulo 1), al mismo tiempo que sugiero algunas pistas para ir configurando una pastoral con más fuerza evangelizadora (capítulo 2). Pero es superfluo seguir hablando de «nueva evangelización» si los pobres no son evangelizados y siguen sin poder percibir la Buena Noticia de Jesucristo en nuestra acción pastoral. Por ello, en la segunda parte se señalan algunas tareas ineludibles de una Iglesia evangelizadora ante los marginados (capítulo 3); se sugieren luego pistas para impulsar una respuesta pastoral más adecuada a los problemas de pobreza y marginación de la sociedad actual (capítulo 4); se ofrecen directrices para renovar el servicio de caridad en la comunidad cristiana (capítulo 5) y, por último, se aborda la evangelización en el campo de la prisión, un mundo de sufrimiento y marginación bastante olvidado en no pocas diócesis (capítulo 6). Difícilmente podrá la Iglesia impulsar una nueva evangelización si no es capaz de ofrecer al hombre de hoy la salvación de Jesucristo como fuerza sanadora, capaz de generar salud integral en los individuos y en la sociedad entera. En la tercera parte trato de mostrar la necesidad de recuperar hoy la dimensión sanante que se encierra en toda auténtica evangelización (capítulo 7); de esta manera, podremos situar de modo adecuado la pastoral sanitaria o pastoral de la salud (capítulo 8) y estar cerca de los enfermos más necesitados y desasistidos (capítulo 9). Si queremos impulsar desde su raíz la nueva evangelización, hemos de recuperar el lugar central de la celebración litúrgica, «cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, fuente de donde mana toda su fuerza» (Sacrosanctum Concilium, 10). En la cuarta parte se expone la estrecha relación que existe entre
  7. 7. 12 ACCIÓN PASTORAL PARA UNA NUEVA EVANGELIZACION celebración de la fe y acción evangelizadora (capítulo 10); se concretan los objetivos y tareas de la pastoral litúrgica hoy en una Iglesia comprometida en la nueva evangelización (capítulo 11) y, por último, se señalan las posibilidades que ofrece la parroquia como comunidad orante, donde puede y debe alimentarse la vida de los creyentes y su fuerza evangelizadora (capítulo 12). La nueva evangelización que se quiere impulsar en las Iglesias del Primer Mundo no debe olvidar la dimensión universal de la misión evangelizadora. En la quinta parte reflexionamos sobre la dimensión universal de la evangelización, tratando de concretar cómo hemos de entender y vivir hoy desde las Iglesias de Occidente la apertura universalista de la acción pastoral. Una nueva evangelización exige una nueva acción pastoral. Recientemente se han celebrado dos Congresos que deberían tener una importante repercusión en nuestras diócesis: el Congreso sobre «Evangelización y hombre de hoy» (1985) y el Congreso sobre «Parroquia evangelizadora» (1988). Son muchas las comunidades cristianas que se esfuerzan por renovar su acción pastoral tratando de responder al espíritu y las directrices de ambos Congresos. Nuestro trabajo quiere ofrecerles un servicio que les ayude en esa tarea tan urgente hoy entre nosotros. San Sebastián 31 de julio de 1991 Fiesta de San Ignacio de Loyola Primera Parte «ID Y EVANGELIZAD»
  8. 8. 1 La evangelización, un reto a la acción pastoral SUMARIO 1. De la inercia pastoral a la actitud evangelizadora • Dos presupuestos cada vez más falsos — Una fe hereditaria — Pertenencia a la Iglesia • Nuevas urgencias 2. De la primacía de lo cultual a la acción misionera • Predominio de la pastoral sacramental • Nueva orientación misionera 3. De la polarización parroquial a la presencia en el am biente • La actividad parroquial • Presencia evangelizadora 4. De la atención privilegiada a la infancia a la creación de comunidades adultas • La pastoral de la infancia • Hacia unas comunidades adultas 5. Del predominio pastoral del clero a la promoción de un laicado responsable • Predominio clerical • Un laicado más responsable 6. A modo de conclusión
  9. 9. «Evangelizar no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que pesa sobre mí. Pobre de mí si no evangelizare» (1 Co 9, 16). Las palabras de S. Pablo siguen teniendo actualidad permanente para quienes hemos creído en Jesucristo y nos sentimos enviados a anunciar su evangelio. Es claro que la evangelización es algo esencial en la acción pastoral de la Iglesia de Jesús. Las primeras comunidades cristianas que conocemos son comunidades en estado de misión, comunidades que viven en actitud evangelizadora y tienden a crecer, a salir de sí mismas para hacer presente la realidad del evangelio en la sociedad. ¿Sucede también hoy así entre nosotros? ¿Son nuestras diócesis Iglesias evangelizadoras? Nuestro trabajo pastoral, nuestras líneas de acción, nuestros objetivos y programas, el talante pastoral de nuestras Iglesias, ¿están respondiendo adecuadamente a las exigencias de una verdadera evangelización hoy? La descristianización que, de múltiples maneras y en diversos grados, percibimos en nuestra sociedad, ¿no nos está urgiendo a promover de manera más firme y decidida la dimensión misionera y evangelizadora de nuestra acción pastoral? Antes que nada, y para evitar ambigüedades, es bueno que tratemos de describir qué entendemos aquí por evangelización. Prescindiendo de ulteriores precisiones, nos parece suficiente la descripción de J. María Rovira Belloso: «Por evangelización entendemos el ofrecimiento li-
  10. 10. 18 «ID Y EVANGELIZAD» bre de la buena noticia de Jesús a un medio —una clase social, un barrio, un país, un sector de población— cuyas gentes aún no han recibido el mensaje evangélico o lo han recibido de manera insuficiente, puesto que apenas han captado la significación que tiene este mensaje en su propia vida» . Sin entrar ahora en el contenido mismo de la acción evangelizadora, queremos subrayar que la evangelización se dirige a quienes no conocen el significado del Reino de Dios anunciado e inaugurado por Jesús, los «medios alejados» en los que no es posible percibir la eficacia liberadora del evangelio. Si entendemos así la evangelización y examinamos ahora la acción pastoral de nuestras diócesis, es fácil deducir que nuestra pastoral es más una «pastoral de mantenimiento» que una pastoral evangelizadora. Es decir, nuestros esfuerzos pastorales están orientados preferentemente a educar y alimentar la fe de los ya creyentes, y no tanto a suscitar la adhesión al evangelio en los sectores alejados. Sin duda, podemos observar aspectos muy positivos en el trabajo pastoral de las diócesis. Son bastantes los sacerdotes y seglares que adoptan una postura sincera de búsqueda y renovación en su acción pastoral. Poco a poco, se va aprendiendo a programar y revisar la acción pastoral con cierta eficacia. Se hacen esfuerzos notables por una incorporación corresponsable de los laicos a la tarea pastoral. Hay intentos muy valiosos de actualización litúrgica y reanimación de la pastoral sacramental. Son de destacar los logros en la catequesis infantil y los esfuerzos que se están realizando en la educación de la fe de jóvenes y adultos, promocionando una preparación adecuada a la 1. J. M. ROVIRA BELLOSO, «La primacía de la evangelización en la pastoral», en Pastoral Misionera 4-5 (1980), p. 352. LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 19 Confirmación y suscitando grupos de reflexión cristiana o experiencias catecumenales. Sin embargo, quien observa todo este trabajo pastoral con ojos críticos no puede evitar la impresión de un cierto olvido de la preocupación misionera, una falta de atención a ese sector amplio y siempre creciente de «alejados». De alguna manera, se puede percibir en la organización pastoral un cierto replegamiento, una tentación de limitarnos al ámbito intraeclesial, una pérdida casi inconsciente, pero real, del dinamismo propiamente evangelizador. Es cierto que en nuestros programas aparece con frecuencia cada vez mayor un lenguaje que habla de «evangelización» y de «pastoral misionera» y que denota, sin duda, una sensibilidad y una actitud pastoral nuevas; pero en la mayoría de los casos se trata de designar, con nombres diferentes y claramente inadecuados, una actividad pastoral que no es propiamente evangelizadora. Es verdad que no hemos de pensar exclusivamente en una acción evangelizadora «hacia fuera», orientada a aquellos sectores que se han alejado decisivamente del ámbito eclesial. Tenemos que hablar de una evangelización «hacia dentro», en el mismo seno de la Iglesia. Hoy no basta decir con Godin que Francia es país de misión, o que España es país de misión. Hoy se está diciendo que «la Iglesia es país de misión» . En este sentido, creo que algunos de los esfuerzos que se hacen entre nosotros, en el campo de la educación de la fe de jóvenes y adultos y en la pastoral sacramental, están adquiriendo un carácter evangelizador, y se inscribirán cada vez más claramente en un proyecto fundamentalmente evangelizador y misionero. A pesar de todo, la 2. J. MARTÍN VELASCO, «El anuncio del Evangelio y la educación en la fe. Propuesta para una situación en deterioro», en 5a/ Terrae 12 (1979), p. 821.
  11. 11. 20 «ID Y EVANGELIZAD» evangelización propiamente dicha queda muy difuminada en el conjunto de nuestra organización pastoral. No se advierte, al menos de manera significativa, ese dinamismo propio de la evangelización que consiste en salir del propio ámbito cristiano «hacia aquello que no es cristiano». Y esto acontece precisamente en un monento en que el espacio de la increencia y de la lejanía del evangelio crece y se consolida cada vez más en nuestra sociedad. No es éste el momento de describir una vez más la crisis religiosa que estamos viviendo, pero sí de tomar conciencia de su profundidad. No se trata simplemente de que la Iglesia católica haya perdido gran parte de su prestigio social, o de que el lenguaje religioso se haya convertido en algo difícilmente inteligible en nuestra cultura actual, o de que haya disminuido de manera espectacular la práctica religiosa. Como dice Juan Martín Velasco, «es en buena medida una crisis de civilización que afecta a la 'infraestructura espiritual' de la vida religiosa y hace imposible su realización para un número cada vez mayor de personas» . Afecta a las conciencias; afecta al modo de pensar la realidad y de pensar al hombre; afecta al sistema de valores, ya que lo práctico, lo útil y lo eficaz amenazan la dimensión transcendente y el valor absoluto de la persona; afecta a la realización misma de la persona, pues, aunque se reconocen formalmente sus derechos, se la reduce a su condición de productor y consumidor, olvidando prácticamente su dignidad inalienable. Es en el horizonte de esta crisis religiosa y de esta descristianización creciente en nuestra sociedad donde hemos de revisar nuestra acción pastoral, no para minusvalorar lo que venimos haciendo y desalentarnos ante las limitaciones y deficiencias de lo que realizamos, sino para recoger el reto del momento, escuchar lúcidamente las exigencias de la evangelización y promover con mayor 3. Art. cit., p. 820. LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 21 convicción el dinamismo misionero de nuestra tarea pastoral. El P. Chenu resumió el significado del Concilio Vaticano II diciendo que se trataba del «paso de una Iglesia en estado de cristiandad a una Iglesia en estado de misión». Creo que, en definitiva, ése es el reto más importante ante el que se enfrentan nuestras Iglesias diocesanas. ¿Es posible poner a una diócesis en estado de misión? ¿Seremos capaces de despreocuparnos de cuestiones más laterales y accidentales, para centrar nuestra atención en un planteamiento serio de evangelización, tanto de los sectores no evangelizados dentro de la misma comunidad como de los alejados a los que ya no llega por ningún cauce el anuncio de Jesucristo? No lo sé. Pero, en cualquier caso, ésa es la opción más importante que deberán hacer hoy nuestras diócesis: replegarse en una pastoral intraeclesial que se esfuerza por defender y asegurar la vida cristiana de los creyentes integrados en la comunidad, o promover decididamente una pastoral misionera y evangelizadora encaminada a suscitar y edificar comunidades vivas. El método que seguiremos es el siguiente: sin pretender ser exhaustivos, constataremos algunos rasgos o constantes de nuestra acción pastoral; los analizaremos a la luz de la nueva situación socio-religiosa que se viene creando entre nosotros; y trataremos de escuchar el reto de la evangelización viendo hacia dónde nos invita a orientar nuestros esfuerzos. 1. De la inercia pastoral a la actitud evangelizadora Nuestra acción pastoral parece indicar que, en general, las Iglesias diocesanas no han tomado todavía conciencia suficiente del cambio socio-religioso que se viene dando entre nosotros. De manera global, se puede decir que nuestra organización pastoral sigue respondiendo en muchos de sus
  12. 12. 22 «ID Y EVANGELIZAD» esquemas y planteamientos a una situación religiosa que ha cambiado profundamente y que, ciertamente, no es ya la de hace unos años. Sin duda, se están haciendo esfuerzos notables por renovar y mejorar diversos aspectos de nuestro quehacer pastoral. Se han iniciado también acciones que suponen un cambio profundo de actitud pastoral. Pero, en términos generales, se observa una cierta inercia pastoral, y nuestros planteamientos fundamentales siguen respondiendo a una situación de cristiandad que ya no existe entre nosotros. • Dos presupuestos cada vez más falsos Nuestra acción pastoral funciona, en gran parte, a partir de dos presupuestos que cada día son más falsos en nuestra sociedad. —Una fe hereditaria Casi inconscientemente, seguimos pensando que la fe es entre nosotros un dato hereditario, algo que es transmitido al individuo por el grupo social (familia, escuela, ambiente social). Por lo general, se sigue actuando como si todos los miembros de la sociedad tuvieran fe. Entonces, es normal que la principal preocupación de nuestra pastoral sea instruir esa fe que se supone en todo individuo, y que se atienda mucho menos a una acción pastoral orientada preferentemente a suscitar la fe como conversión y decisión personal. Por otra parte, si se presupone la fe, lo importante es conservarla por la práctica sacramental. De esta manera, la Iglesia organiza la vida religiosa de sus fieles, ofreciéndoles un personal, unos lugares y unos servicios necesarios para conservar su vida religiosa. Naturalmente, el riesgo está en que la Iglesia pierda su dinamismo evan- LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 23 gelizador y se convierta en «administradora de la religiosidad implantada» . Incluso los sacramentos, que deberían ser los gestos más expresivos de la vida de fe de la comunidad, terminan por «ser administrados». Naturalmente, los pastores han tomado conciencia del fenómeno creciente de descristianización actual. Muchos lamentan el alejamiento de las gentes, denuncian su indiferencia, hacen llamadas al retorno y la reintegración, pero no cambian su actitud pastoral. Otros están promoviendo la línea catecumenal y de educación de la fe, tratando de responder a la crisis religiosa existente. Pero todavía no se observa, en general, un replanteamiento profundo de los proyectos pastorales en el contexto nuevo de una sociedad en vías de descristianización progresiva. —Pertenencia universal a la Iglesia Durante mucho tiempo, lo religioso ha sido entre nosotros el factor tal vez más importante de integración social, hasta el punto de que se podían identificar, de alguna manera, la pertenencia social y la pertenencia eclesial. Hemos vivido en una sociedad en la que todos eran «cristianos» y todo era «cristiano» o, al menos, todo quedaba, de alguna manera, bajo el control de la Iglesia. Todavía hoy, nuestra Iglesia aparece como una organización sociológica que abarca a todos los ciudadanos registrados como bautizados. Cuando queremos conocer el número de nuestros diocesanos, acudimos a las estadísticas civiles, pues sabemos que prácticamente todos los ciudadanos están registrados en los libros parroquiales. Este estado de cosas ha tenido y tiene unas consecuencias concretas en nuestra acción pastoral. El punto de 4. C. MARTÍ, «Perspectiva histórica de la pastoral misionera», en Pastoral Misionera 5 (1981), p. 414.
  13. 13. 24 «ID Y EVANGELIZAD» partida casi inconsciente de toda nuestra acción pastoral es el presupuesto de que todos los ciudadanos de nuestra sociedad pertenecen a la Iglesia. Es normal entonces que se haya insistido tanto en las obligaciones propias de la pertenencia (bautizo, práctica dominical, participación en los sacramentos, etc.) y en las prohibiciones y sanciones posibles a quien no actúe como miembro de la Iglesia (excomunión, negación de sacramentos, situaciones irregulares, etc.). Es normal también que en nuestra acción pastoral siga existiendo todavía la añoranza por una presencia masiva y visible de fieles en nuestra Iglesia. No somos capaces de plantearnos si nuestra pastoral sacramental es la más adecuada cuando aceptamos al bautismo, al matrimonio, a la confirmación, a hombres y mujeres cuya actitud de fe es muy cuestionable. En general, seguimos atendiendo más a un servicio cuantitativo que a una mejora cualitativa de nuestra acción pastoral. Por otra parte, nuestros planteamientos pastorales no tienen en cuenta suficientemente el pluralismo existente en nuestra sociedad y los diversos niveles de fe de las personas. • Nuevas urgencias La situación sociológica ha cambiado en pocos años. La secularización va penetrando progresivamente en nuestra sociedad, modificando profundamente la mentalidad, la concepción de la existencia y el comportamiento religioso de las gentes. Los miembros de nuestras Iglesias no son necesariamente convertidos al evangelio. «La Iglesia ha dejado de ser la comunidad de los convertidos al mensaje de Jesús y se ha configurado como la gran masa de los bautizados»5. La Iglesia actual no puede ser definida 5. J. M. CASTILLO, «La misión de la Iglesia», en Proyección 116 (1980), p. 20. LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 25 ni delimitada por el evangelio. No puede ser identificada con una comunidad evangelizada. Esta situación nos está urgiendo a: —Tomar conciencia más lúcida de la increencia, tanto en el interior como fuera de la Iglesia. Nuestra pastoral ha de ser más sensible a «las zonas de increencia» que crecen entre nosotros. Debemos atender más a los diversos niveles de fe o de pertenencia a la Iglesia (creyentes convencidos; practicantes rutinarios; gentes vinculadas de manera puramente ocasional; hombres que han roto definitivamente con la Iglesia). Más en concreto, tenemos que tener en cuenta, de manera muy especial, el sector de los no practicantes: ese gran número de personas que, sin rechazar abiertamente su adhesión a la fe cristiana, con su conducta práctica de ausencia permanente de la comunidad nos están indicando que el evangelio, al menos tal como ellos lo conocen, no tiene gran relevancia en sus vidas. Ese mundo de «los que viven al borde de la Iglesia» es un reto a nuestra pastoral. —Promover una acción pastoral orientada a suscitar la fe y la conversión. Nuestro trabajo pastoral no puede limitarse a sostener y reavivar la vida cristiana dentro de las fronteras de los practicantes. Hemos de encontrar cauces y medios para extender nuestra acción catequética y catecumenal hacia sectores más alejados. No se trata, al menos en primer lugar, de lograr que los no practicantes vuelvan de nuevo a ser practicantes. Tampoco se trata de considerarlos con indiferencia o condescendencia, resolviéndolo todo con la afirmación de que no es necesaria la pertenencia a la Iglesia visible institucional. Lo importante es que también en los sectores alejados y no practicantes se pueda escuchar el evangelio. 6. H. DENIS, «Significado para la Iglesia de la catequesis de los bautizados no practicantes», en Religiosidad y pedagogía de la fe, Madrid 1973, p. 114.
  14. 14. 26 «ID Y EVANGELIZAD» LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 27 —Impulsar una acción pastoral más diversificada y más acomodada a las diferentes situaciones de fe de las personas. ¿No ha llegado el momento de pensar en los diversos niveles de fe a la hora de celebrar la liturgia u organizar la acción catequética? ¿Se debe ofrecer hoy a todos, de manera indistinta, la Eucaristía dominical como única posibilidad de celebrar y recordar su fe tambaleante? ¿Se debe ofrecer de manera indiferenciada un mismo plan uniforme de educación de la fe a todos los jóvenes en su preparación a la confirmación? ¿No hay que promover proyectos de educación de la fe más adecuados para jóvenes alejados? ¿Hemos de presuponer siempre la fe en esos niños de familias indiferentes que se preparan para su primera y última comunión? Quizás hemos olvidado que la acción pastoral debe tener su ritmo y que la Iglesia se construye por etapas: tiempo de testimonio y anuncio, tiempo de evangelización, conversión, catecumenado, comunidad plenamente constituida. una relevancia grande. Si se tiene fe, lo normal es practicarla. —Despertar nuestra actitud evangelizadora también de cara a los mismos practicantes. Con frecuencia, es fácil observar en ellos los mismos esquemas de pensamiento, la misma concepción de la vida y semejante conducta individual y social que en los alejados. En ese sector de los practicantes que llenan nuestras Iglesias podemos encontrar el primer campo necesitado de evangelización. Naturalmente, no se trata ahora de minusvalorar la pastoral sacramental, pero es evidente que puede llegar a restar energías para otras actividades y bloquear otras exigencias de la vida eclesial. No son pocos los sacerdotes que lo sienten así. Leamos lo que dice José María Rovira: «La tarea de ofrecer celebraciones sacramentales para 'mantener' la 'demanda' religiosa de las mismas bloquea de tal manera las energías de la comunidad y de sus ministros que la vida interna de la comunidad —en vez de discurrir por los cauces de las reuniones gratuitas de oración, de Eucaristía, y por la presencia y envío de los miembros de la comunidad a las tareas de servicio al pueblo o de creación de nuevas comunidades— discurre por el único cauce de mantener lo que aparece como 'un servicio de signos sagrados', desvinculados de la historia común de la gente y ofrecidos con un espléndido y sagrado aislamiento» . Sin duda, sería injusto generalizar estas 2. De la primacía de lo cultual a la acción misionera El segundo dato que quiero constatar es el lugar privilegiado que ocupa la acción cultual, y concretamente la pastoral sacramental, en el conjunto de nuestro quehacer pastoral. • Predominio de la pastoral sacramental En una situación de cristiandad en la que todos son considerados como creyentes, es normal que el rito y el sacramento en los que se expresa la fe del bautizado tengan Hoy las cosas han cambiado. Los sacramentos han quedado vacíos de sentido para muchos hombres y mujeres que no sienten ya necesidad alguna de celebrar su fe. Si se acercan todavía a los sacramentos, es por pura costumbre sociológica o presión social. Y, sin embargo, el culto sigue teniendo una primacía casi absoluta en el quehacer de la Iglesia. La pastoral sacramental sigue ocupando gran parte del tiempo, la atención y las energías del clero y de la comunidad cristiana. Los pastores se encuentran con los fieles casi siempre con ocasión de alguna ceremonia cultual o la administración de algún sacramento. Hemos de decir que, proporcionalmente, es muy reducido el número de encuentros pastorales al margen del horizonte cultual. 7. Art. cit., p. 360.
  15. 15. 28 «ID Y EVANGELIZAD» palabras, pero es evidente que la insistencia unilateral sobre lo cultual nos conduce casi inconscientemente a minusvalorar o desatender otros aspectos de la acción pastoral catequética y evangelizadora. Por otra parte, y sin pretenderlo, podemos estar, de hecho, polarizando las exigencias del cristianismo hacia lo cultual, minusvalorando la importancia de la conversión y las exigencias prácticas de la fe en la vida individual, familiar y social. Es cierto que después del Concilio se han hecho esfuerzos muy notables por renovar la pastoral sacramental y reavivar la liturgia de la comunidad. Pero hemos de tomar constancia de un dato muy importante. Aunque bastantes se acercan sin una actitud básicamente creyente, nosotros seguimos «administrando sacramentos» desde una postura pastoral tolerante y pasiva. De esta manera, «la administración de los sacramentos se ha convertido prácticamente en la celebración de servicios religiosos puestos a disposición del público»8. Y, naturalmente, la gente participa indiscriminadamente, tanto los creyentes que viven convencidos del evangelio de Jesús como los que viven al margen e indiferentes a su mensaje. Estamos haciendo un esfuerzo notable por evangelizar por medio de la predicación y la educación de la fe, y nuestra palabra es bastante exigente, de acuerdo con el evangelio. Pero neutralizamos la fuerza evangelizadora de nuestra palabra con una pastoral sacramental excesivamente tolerante, de acuerdo con unas costumbres y tradiciones socialmente establecidas. «Lo que se evangeliza con la palabra se desautoriza con el sacramento»9. • Nueva orientación misionera No cabe duda de que también aquí el nivel de descristianización que podemos observar ya entre nosotros entraña un reto. 8. J. M. CASTILLO, art. cit., 9. Ibidem, p. 24. p. 23. LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 29 En primer lugar, hemos de continuar decididamente los esfuerzos que se vienen haciendo en la pastoral presacramental. Si no queremos «sacramentalizar» de manera ligera y precipitada, hemos de cuidar cada vez más el vínculo entre la fe y el sacramento. Es la fe la que ha de conducir a los fieles al sacramento. Toda nuestra pastoral sacramental ha de tener bien claro este criterio: «El sacramento está más en el momento de llegada que en el punto de partida» . Además, hemos de plantearnos seriamente cómo promover la orientación misionera de la pastoral sacramental. Cada vez con más frecuencia, nos encontramos con personas alejadas que no participan ordinariamente en la vida de la comunidad cristiana, pero que se encuentran en un determinado momento, por razones familiares o sociológicas, compartiendo una celebración religiosa junto a otros creyentes (funerales, bodas, bautizo de hijos de alejados...). ¿Pueden ser estas celebraciones plataforma de un anuncio misionero del evangelio? ¿Qué tratamiento dar a una celebración en la que se advierte una presencia notable de gente alejada? ¿Cómo se ha de enfocar el lenguaje, la homilía, el cantoral, las moniciones, el tono celebrativo de un funeral o una boda a la que asiste un número grande de no practicantes? No olvidemos que para muchas gentes lo cultual, tal como es detectado en nuestras Iglesias, es uno de los elementos más importantes a partir de los cuales se forman una idea de lo cristiano y lo eclesial. Sin pretender minimizar o minusvalorar la pastoral sacramental y la importancia de la acción cultual en la vida cristiana, parece necesario promover también una pastoral «más desinteresada» de lo sacramental, poner en marcha proyectos misioneros no directamente orientados 10. P. A. LIÉGÉ, «Una cuestión de pastoral: la administración de los sacramentos a los incrédulos», en Religiosidad y pedagogía de la fe, Madrid 1973, p. 102.
  16. 16. 30 «ID Y EVANGELIZAD» hacia lo sacramental, acercarnos a sectores alejados sin un interés sacramental inmediato. En este sentido, ¿es normal que nuestro trabajo pastoral con adolescentes y jóvenes se reduzca prácticamente a la preparación al sacramento de la confirmación? ¿No hay entre nosotros jóvenes tan alejados ya de lo sacramental que nos están urgiendo un planteamiento más misionero? Es evidente que la inmensa mayoría de los sacerdotes y seglares comprometidos están más capacitados para impulsar y animar una pastoral centrada en lo sacramental que para suscitar una pastoral evangelizadora. Pero ¿no ha llegado el momento de que algunos sacerdotes y seglares inicien experiencias más directamente misioneras? 3. De la polarización parroquial a la presencia en el ambiente Vamos a examinar, en tercer lugar, lo que P. A. Liégé ha llamado «totalitarismo de lo parroquial» . Sin ignorar algunas realidades pastorales que se promueven al margen de la parroquia, constatamos que nuestra acción pastoral está prácticamente polarizada en la parroquia. • La actividad parroquial La parroquia se ha convertido a lo largo de los siglos en la comunidad más importante para integrar la vida cristiana en todos sus aspectos. De hecho, es el marco normal en el que vive su vida cristiana la inmensa mayoría de los creyentes. El «espacio natural» de la asamblea litúrgica, el marco del proceso de iniciación y catequesis de la fe y el lugar concreto en el que los creyentes viven la frater- 11. Art. cit., p. 100. LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 31 nidad cristiana. Por su parte, el Sínodo de Roma de 1958 decía así: «La parroquia es como el pivote de la diócesis: alrededor de ella se reúnen, desarrollan y ordenan todas las iniciativas pastorales». En la vida parroquial podemos constatar, en primer lugar, un conjunto de actividades que se desarrollan en función de los servicios internos a la comunidad creyente (celebración del culto a lo largo del año litúrgico, administración de sacramentos, catequesis infantil, pastoral juvenil, educación de la fe de adultos, despacho parroquial, Caritas, administración económica, etc.). Pero además, en parroquias de cierta importancia, podemos observar también un conjunto de obras y actividades en función de servicios a diversas necesidades del barrio o de la zona (escuelas, dispensario, guardería, hogar del jubilado, cine, club juvenil, actividades deportivas y culturales, etc.). Ciertamente, no se puede hablar entre nosotros de un tipo uniforme de parroquia. Juan José Tamayo-Acosta, al ofrecer una tipología de la parroquia12, habla de tres tipos de parroquias: a) «parroquias autoritarias», dirigidas por un clero autoritario, con una organización burocrática sin demasiada acogida personal, unos servicios religiosos masivos y despersonalizados, unos servicios catequéticos rutinarios, un servicio asistencial de carácter benéfico; b) «parroquias consultivas», con un clero más relacionado con la comunidad, una acogida mayor de los problemas, una liturgia más participada, una catequesis más viva; c) «parroquias participativas», con un clero muy secularizado, mínima estructura burocrática, liturgia de signo popular y participado, servicios de catecumenado permanente, gestión cada vez más democrática de la vida parroquial. 12. J. J. TAMA YO ACOSTA, Un proyecto de Iglesia para el futuro en España, Madrid 1978.
  17. 17. 32 «ID Y EVANGELIZAD» Independientemente del acierto o desacierto de esta clasificación, existen parroquias de carácter urbano y de carácter rural, parroquias pequeñas y grandes, parroquias de gran vitalidad y parroquias de vida lánguida. En cualquier caso, podemos decir que la actividad parroquial absorbe prácticamente toda la atención pastoral del clero de nuestras diócesis, si excluimos el campo de la docencia y los servicios diocesanos. Nuestro clero se ocupa de la feligresía practicante, una feligresía a veces numerosa, con frecuencia bastante pasiva y poco comprometida, que exige unos servicios religiosos y catequéticos, pero que está lejos de sentir una responsabilidad misionera y evangelizadora. Las parroquias, tal como funcionan entre nosotros, se han ido configurando en una sociedad rural y cristiana, y están concebidas más para la «administración de la vida religiosa» que para impulsar una pastoral misionera. Nuestras parroquias, cuando funcionan bien, llegan a ser comunidades donde se educa y se celebra la fe, pero rara vez se puede afirmar que son centros de verdadera evangelización. Una pastoral polarizada exclusivamente en la marcha de nuestras parroquias actuales corre el riesgo de privilegiar la dimensión catequética y cultual, pero también de empobrecer y hasta desatender la acción evangelizadora. • Presencia evangelizadora Sin embargo, es precisamente el mundo de los alejados e indiferentes el que nos está urgiendo a una renovación del estilo de organización parroquial. No se trata de «liquidar» la parroquia, ni mucho menos, pues ella sigue siendo el marco estable más válido para la vida de la comunidad cristiana. Se trata de escuchar desde nuestras parroquias el reto de la evangelización. Antes que nada, hemos de ser conscientes de que la vida social ha cambiado profundamente y se ha hecho más LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 33 compleja, más móvil. Se diversifica el ámbito del trabajo, de la diversión y la vida familiar. Los desplazamientos de las personas son cada vez más frecuentes y constantes. Se intensifican las interrelaciones personales y grupales. Los servicios de docencia, atención sanitaria, etc. desbordan el ámbito territorial de la parroquia . En esta situación, muchas parroquias pueden quedar desbordadas e incapacitadas para atender incluso a los servicios tradicionales si no se abren a unos planteamientos pastorales de carácter inter-parroquial y zonal. Servicios como la formación de catequistas, la pastoral de juventud, presencia en el mundo de la docencia, atención a los hospitalizados, etc. exigen hoy una coordinación y una conjunción de esfuerzos que desbordan el ámbito de lo parroquial. Pero además, y sobre todo, desde la misma comunidad parroquial tenemos que tomar conciencia de «las zonas de increencia» que hay dentro de la misma feligresía. El nivel actual de descristianización nos obliga a plantearnos cómo impulsar la orientación misionera de las parroquias, cómo prolongar la acción pastoral parroquial hacia sectores más alejados, pero todavía vinculados de alguna manera con la parroquia. En concreto, hemos de plantearnos cómo dar fuerza más misionera a la liturgia parroquial y cómo celebrar el culto parroquial cuando se hacen más presentes, aunque de manera puramente ocasional, los alejados. Tenemos que estudiar también si la catequesis infantil y la pastoral con los jóvenes nos ofrecen posibilidades, cauces u ocasiones de acercamiento y presencia en ambientes familiares y sectores más descristianizados. Hemos de plantearnos si esas obras y servicios de carácter asistencial, cultural, deportivo, etc., que hay en 13. Para estudiar el fenómeno sociológico de la movilidad y sus implicaciones pastorales, cfr. J. BESTARD, Mundo de hoy y fe cristiana, Madrid 1979.
  18. 18. 34 «ID Y EVANGELIZAD» algunas de nuestras parroquias, pueden ser plataforma para una presencia misionera de la comunidad parroquial en el barrio o la zona, y si están animados por un proyecto evangelizador. En bastantes parroquias se están abriendo espacios nuevos de actividad pastoral y vida cristiana: comunidades de estilos diferentes, grupos de reflexión cristiana, encuentros de oración... Por otra parte, se está haciendo un esfuerzo grande en la formación de catequistas y la preparación de monitores. Sin abandonar todo esto, ¿no ha llegado el momento de abrir espacios y plataformas de proyección directamente misionera y de preocuparnos por suscitar y animar grupos de creyentes con preocupación evangelizadora? ¿Es impensable que en nuestas parroquias, y junto a los catequistas, monitores, lectores o colaboradores de Caritas, haya un grupo de creyentes más directamente comprometidos en una acción misionera, que sean una especie de vanguardia o punta evangelizadora de la comunidad parroquial? Pero, aun así, la evangelización de ambientes profundamente descristianizados y muy alejados del mundo parroquial está exigiendo un planteamiento misionero que desborda la parroquia territorial y exige una presencia evangelizadora que probablemente sólo se puede asegurar desde los movimientos apostólicos especializados. ¿No debe prestarse una atención mucho mayor a la promoción de estos movimientos? El quehacer es amplio: formación de verdaderos militantes, preparación de sacerdotes capaces de animar estos movimientos, pedagogía de una presencia evangelizadora en el medio, recuperación de la revisión de vida, superando los defectos e insuficiencias anteriores. No se trata de «resucitar» sin más los movimientos apostólicos que conocimos hace años. Han cambiado profundamente la sociedad y los problemas estructurales; han surgido partidos políticos, sindicatos, asociaciones y organizaciones de todo tipo. El análisis que se hace de la LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 35 sociedad es diferente. Habrá que reinventar cómo debe concebirse hoy un movimiento apostólico y su presecia evangelizadora en esta sociedad. Por otra parte, habrá que superar el distanciamiento y la desvinculación entre los movimientos apostólicos y las comunidades parroquiales. ¿Cómo superar una dicotomía entre, por una parte, parroquias centradas en lo cultual y lo catequético y, por otra, equipos evangelizadores de los movimientos especializados? ¿Cómo hacer que un movimiento apostólico mantenga viva su agilidad y movilidad misionera sin desarraigarse de la comunidad cristiana? Son planteamientos que hoy, tal vez, nos desbordan, pero que nos los tenemos que hacer. Naturalmente, antes hay otras preguntas: ¿por dónde empezar? ¿Pueden ser nuestras experiencias catecumenales y grupos de reflexión cristiana origen de equipos evangelizadores o germen de algún movimiento apostólico? ¿Qué complementación es necesaria si queremos hacer surgir creyentes más misioneros? La pastoral de preparación de los jóvenes a la confirmación y los grupos juveniles de post-confirmación ¿pueden ser plataforma de una educación más apostólica y dar origen a movimientos apostólicos juveniles? 4. De la atención privilegiada a la infancia a la creación de comunidades adultas Otro dato a considerar es la atención claramente preferente que se da en nuestra acción pastoral al mundo de los niños. En una sociedad tradicionalmente cristiana es normal que se dé a la infancia una importancia especial, por ser el tiempo más adecuado para transmitir a las nuevas generaciones las tradiciones religiosas, las creencias, costumbres y disciplina de la comunidad. En la edad adulta, la única preocupación es conservar y vivir la fe. ¿Debe ser hoy exactamente así?
  19. 19. 36 «ID Y EVANGELIZAD» • La pastoral de la infancia Si observamos los programas de nuestras parroquias y la actividad de sacerdotes y seglares, veremos que gran parte de nuestro quehacer pastoral está centrado en los niños. En cierto sentido, es más fácil la pastoral de la infancia que la de jóvenes y adultos. Se asegura con mayor facilidad su presencia en nuestros locales. Es más sencillo encontrar y preparar catequistas de niños que educadores de la fe de jóvenes y adutos. Los niños no nos pueden plantear directamente las cuestiones y las críticas a la religión que plantean los jóvenes y adultos. Sin duda, es muy positiva esta labor que se hace con los niños, y hay que seguir impulsándola, pero siendo conscientes de un hecho: a ese nivel todavía infantil, se le está ofreciendo al niño una vivencia y una comprensión de la fe que, como es natural, no puede responder todavía a las cuestiones, interrogantes y críticas que se planteará ese niño cuando sea joven o adulto. Y, naturalmente, si no existe una continuidad en la educación de la fe, esa visión infantil, por excelente que haya sido, será normalmente insuficiente para que ese joven o adulto siga creyendo con convicción en medio de una sociedad descristianizada. Otro hecho fácilmente constatable es la presencia muy numerosa de los niños en nuestra liturgia. Los practicantes entre los ocho y los doce años son más que los de otras edades. Normalmente, según van creciendo, van alejándose de la participación cultual. El hecho de unos niños que vienen solos a nuestra liturgia, sin ser acompañados por sus padres o sus hermanos mayores, se explica hoy fácilmente, pero ha creado una situación extraña. Ciertamente, no estaba pensando en esto S. Pío X cuando, al hablar de la comunión de los niños, pide que los niños de las familias verdaderamente cristianas «acompañen» a sus padres a la Mesa Santa. No se trata de minusvalorar ahora la vida cristiana de los niños, pero sí hemos de constatar unos riesgos. La LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 37 presencia tan numerosa de los niños en nuestra catequesis y liturgia, junto con el alejamiento, a veces masivo, de jóvenes y adultos, puede reforzar la idea de que la religión es, en definitiva, un asunto de niños que luego, normalmente, un adulto ha de abandonar. Por otra parte, si los sacerdotes y los seglares más inquietos de nuestras parroquias se dedican preferentemente, y a veces casi exclusivamente, al mundo infantil, es difícil evitar el riesgo de una cierta «infantilización» de nuestra pastoral y de una cierta incapacidad o malestar para abordar el mundo complejo y problemático de los jóvenes y adultos. • Hacia unas comunidades adultas El contexto descristianizado en el que estamos realizando esta pastoral de infancia nos invita a alguna reflexión. Es importante, antes que nada, cuidar y mejorar la pastoral de infancia (catequesis, pedagogía, metodología, experiencia religiosa...). Es importante también estar atentos al ambiente descristianizado y hasta hostil en el que ha de moverse y vivir más de un niño. No se debe presuponer fácilmente que el niño tiene fe y que lo único que necesita son unos conocimientos doctrinales que lo capaciten para recibir conscientemente la primera comunión. Pero, aun así, no hemos de olvidar nunca que la pastoral de la infancia es sólo una etapa y una parte de una preocupación pastoral que ha de centrarse normalmente en el mundo de los adultos, pues la conversión al Reino de Dios y la aceptación de Jesucristo es una decisión de personas adultas. Si en nuestras parroquias no somos capaces de promover una pastoral articulada y ofrecer un servicio continuado de educación de la fe (infancia - adolescencia - jóvenes - adultos), gran parte de nuestros es-
  20. 20. 38 «ID Y EVANGELIZAD» fuerzos con los niños quedarán neutralizados más tarde y se perderán en una sociedad tan descristianizada. Por otra parte, un planteamiento responsable de la pastoral de infancia nos obliga a preguntarnos cómo crear comunidades vivas de adultos donde esos niños y jóvenes puedan integrarse, identificarse como creyentes y encontrar un marco para vivir su vida cristiana. No es coherente emplear tantos esfuerzos en la pastoral de los niños sin preocuparse de crear el ámbito comunitario donde puedan vivir el día de mañana su fe. De ahí la necesidad de implicar a padres y catequistas adultos para ir creando el marco cristiano o la comunidad viva donde la fe de estos niños y jóvenes pueda crecer y desarrollarse. 5. Del predominio pastoral del clero a la promoción de un laicado responsable Hay otro dato que no podemos menos de constatar. La acción pastoral se desarrolla entre nosotros de tal manera que parece un asunto casi exclusivo del clero. • Predominio clerical Si dejamos a un lado la catequesis infantil, en la que interviene gran número de seglares, podemos decir que la acción pastoral está casi en su totalidad en manos del clero. Incluso, cuando hay alguna participación de seglares, la responsabilidad de dirección recae casi siempre en los sacerdotes. La acción pastoral está pensada, dirigida, planificada, encauzada y hasta realizada, en muchos casos, casi exclusivamente por el clero. Esta situación es perfectamente explicable en una sociedad donde todos están bautizados. El bautismo, administrado masivamente a todos los niños, pierde importancia; y, como consecuencia, se llega a una devaluación LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 39 de la vocación bautismal del cristiano. Entonces, es normal que se valoren eclesialmente y hasta sociológicamente las vocaciones sacerdotales y religiosas. Todavía hoy, cuando hablamos de vocación, pensamos normalmente, no en una vocación bautismal cualquiera, sino en la vocación al ministerio sacerdotal o a la vida religiosa. Esto ha supuesto un debilitamiento grande de la responsabilidad evangelizadora en los seglares. Apenas siente nadie la llamada a confesar su fe y extender el evangelio de Jesús. Se diría que la evangelización es asunto del clero y de los religiosos. De ahí la paradoja señalada por J. Martín Velasco: «En la Iglesia se reconoce la existencia de una gran masa de cristianos que ni son objeto de evangelización, porque ya son cristianos, ni sujetos activos de la misma» . Esta situación resulta tanto más grave cuanto que la responsabilidad evangelizadora queda en manos de un clero que, como decíamos arriba, está ocupado en tareas cultuales y catequéticas y se mueve en el ámbito interno de la comunidad creyente, sin apenas hacerse presente en los ambientes alejados. El sacerdote, que hace unos años podía aún hacerse presente en casi todas las esferas de una sociedad sacralizada, va quedando hoy cada vez más alejado de muchos ambientes y sectores profanos que sólo podrán ser evangelizados por la presencia de seglares creyentes. En todas las diócesis se observa un esfuerzo grande por superar la configuración predominantemente clerical de nuestras Iglesias y lograr una incorporación progresiva de los seglares a las responsabilidades eclesiales. Sin embargo, hemos de hacer, por lo menos, dos observaciones. En general, esta incorporación creciente de los seglares se orienta hacia una participación mayor y más responsable 14. J. MARTÍN VELASCO, art. cit., p. 281.
  21. 21. «ID Y EVANGELIZAD» 40 en servicios internos a la comunidad (catequesis, liturgia, Caritas, administración económica...)» pero apenas se advierte una incorporación a tareas propiamente misioneras y evangelizadoras. Por otra parte, hemos de preguntarnos si la presencia cada vez mayor de seglares en nuestros organismos pastorales, consejos, juntas parroquiales, actividades eclesiales, está suponiendo realmente una «desclericalización» de nuestras Iglesias o una extensión mayor de nuestro dominio clerical. A veces se diría que promovemos la participación de los seglares más «clericales» o que, sin respetar suficientemente su propia personalidad laica, los clericalizamos. Los sacerdotes seguimos teniendo la tentación de considerar la acción pastoral de los laicos como una ayuda al clero, y no como una misión suya propia. Recordemos aquella concepción de la Acción Católica «entendida como participación de los seglares en el apostolado jerárquico y sacerdotal por medio de un mandato especial conferido por la misma jerarquía a algunos seglares cristianos»15. Debemos preguntarnos si la mayor participación de los seglares en las tareas eclesiales está logrando una apertura mayor del clero a la problemática profana y una mayor sensibilización a la misión evangelizadora, o más bien una incorporación de los seglares más válidos al mundo de preocupaciones cultuales, catequéticas y organizativas del clero, con el olvido consiguiente de la dimensión evangelizadora en los sectores laicales más comprometidos. • Un laicado más responsable En una Iglesia que quiere ser más evangelizadora, los sacerdotes han de ser conscientes de que su ministerio es indispensable en la comunidad creyente, pero limitado. LA EVANGELIZACION, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL Deben vivir su propia responsabilidad, sin pretender monopolizar toda la acción pastoral y evangelizadora de la Iglesia. Si pretenden hacerlo todo, corren el riesgo de no llegar debidamente a nada y de «desresponsabilizar» al conjunto de la comunidad. La acción evangelizadora no puede ser normalmente obra de algunos «francotiradores», sino de toda la comunidad cristiana. «La tarea de la evangelización es obra del conjunto de la comunidad que ésta no puede delegar en ningún representante sin peligro de que su vida creyente caiga en la rutina y el conformismo»16. Además, como nos recordaba el Concilio, hay tareas evangelizadoras que sólo los seglares pueden realizar. «Los laicos están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos» . Los sacerdotes han de buscar cuál ha de ser hoy su manera de estar y de servir en una comunidad cristiana que debe recuperar toda ella la orientación misionera y evangelizadora. Probablemente, su tarea principal en estos momentos no es la de entregarse a una tarea evangelizadora directa y personal de «francotiradores» solitarios, sino la de promover comunidades más responsables y evangelizadoras. En este sentido, si queremos poner a nuestras comunidades en estado de misión y en actitud más evangelizadora, debemos plantearnos como tarea urgente el concienciar a ese sector amplio de cristianos convencidos que, sin embargo, viven «sin vocación» dentro de la Iglesia. Por otra parte, debemos resistir la tentación de acudir a los seglares únicamente para incorporarlos a servicios internos de la comunidad, resolviendo así necesidades inmediatas. La incorporación de los laicos no debe pro- 16. J. MARTÍN VELASCO, art. cit., p. 15. J. J. TAMAYO ACOSTA, op. cit., pp. 31-32. 41 17. Const. Lumen Gentium, yb,2. 824.
  22. 22. 42 «ID Y EVANGELIZAD» moverse sólo en función de los vacíos y huecos a los que ya no pueden llegar los sacerdotes, sino en función de una tarea evangelizadora que hay que promover entre todos. 6. A modo de conclusión En cada uno de los puntos tratados he querido indicar algunos retos que la evangelización parece hacernos hoy. No se trata ahora de repetirlos aquí de nuevo, sino de recoger brevemente esta reflexión en cuatro afirmaciones que puedan servirnos para nuestro diálogo y discusión pastoral: 1. No hemos de minusvalorar la acción pastoral que venimos realizando. El impulso de una pastoral más evangelizadora no ha de ser motivo de debilitamiento o desatención del trabajo pastoral que se viene promoviendo en nuestras comunidades cristianas. Al contrario, esta misma acción pastoral puede y debe ser, al menos en bastantes aspectos, punto de arranque de un dinamismo más evangelizador (v.gr., educación de la fe de adultos, pastoral de preparación a la Confirmación, grupos juveniles cristianos de post-confirmación, renovación de Caritas, etc.). 2. Para ello no basta, sin embargo, promover y mejorar de cualquier manera nuestra pastoral actual. Debemos situarnos siempre en el contexto de una descristianización progresiva que nos urge a una acción más evangelizadora. Esto nos obliga a revisar constantemente el contenido y estilo de nuestra educación de la fe, el tipo de cristiano que está surgiendo de nuestras comunidades cristianas, el grado de conciencia misionera de nuestras asambleas litúrgicas, la ausencia de proyección evangelizadora de nuestras parroquias, etc. 3. El objetivo pastoral no puede limitarse a asegurar bien el servicio del culto y la catequesis de la fe. Si queremos que esta acción pastoral, necesaria para el mante- LA EVANGELIZACIÓN, UN RETO A LA ACCIÓN PASTORAL 43 nimiento y la vida de la comunidad cristiana, no se estanque y degenere, hemos de crear las condiciones para hacer surgir comunidades más vivas y evangelizadoras. Como elementos importantes a promover dentro de la parroquia, señalaría dos: a) Un grupo responsable de seglares capaz de animar y asegurar los servicios de educación de la fe (infancia, juventud y adultos), celebración litúrgica y oración de la comunidad, servicios de acogida y solidaridad, administración parroquial. Muchos servicios internos estables, como la preparación a la primera comunión, preparación de los padres ante el bautismo de sus hijos, acogida de las parejas de novios, preparación de los jóvenes a la Confirmación, etc., pueden ir quedando poco a poco en manos de responsables especializados, permitiendo una dedicación mayor de algunos presbíteros y otros seglares a tareas más evangelizadoras. b) Formación de equipos de «militantes» o agentes de evangelización, no comprometidos de manera fija en servicios internos de la comunidad, sino dedicados a promover y llevar adelante proyectos y acciones de carácter misionero y a asegurar la presencia cristiana en ambientes más descristianizados de la parroquia. 4. Parece necesario, además, impulsar más los movimientos apostólicos, tanto a nivel de diócesis como desde la acción pastoral a promover en los arciprestazgos o zonas pastorales. Ni la renovación de las parroquias ni las «comunidades de base» parecen haber demostrado por ahora la capacidad misionera y evangelizadora de movimientos directamente orientados sobre la experiencia pasada para evitar deficiencias (desvinculación de las comunidades parroquiales, deficiente formación cristiana de bastantes militantes, uso algo ingenuo de la revisión de vida) y para promover sus valores y posibilidades (conciencia apostólica de los seglares, presencia de los cristianos en los diversos ámbitos de la sociedad, formación cívica desde una preocupación evangelizadora, la revisión de vida como instrumento de educación cristiana...).
  23. 23. 2 Hacia una pastoral con fuerza evangelizadora SUMARIO 1. Recuperar la conciencia de misión 2. Superar una evangelización puramente doctrinal • Pastoral propagadora de doctrina cristiana • Pastoral con fuerza transformadora 3. La búsqueda del auténtico lugar social para la acción evangelizadora • Superar la tentación del aislamiento • El desplazamiento a la vida • Los pobres, lugar auténtico de la acción evangelizadora 4. Claves para una acción pastoral con fuerza evangelizadora • • • • • • • Desde Desde Desde Desde Desde Desde Desde la experiencia salvadora de Jesucristo el estilo evangelizador de Jesús la comunidad creyente la escucha de la vida el compromiso transformador los medios pobres el contagio de esperanza cristiana
  24. 24. Las diócesis han de escuchar hoy el reto de la evangelización. Sólo entonces descubrirán que «evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia» . Pero ¿cómo caminar hacia una acción pastoral con más fuerza evangelizadora? ¿Cómo ir transformando nuestro trabajo pastoral al servicio de la «segunda evangelización»? Señalamos algunos pistas para ir configurando una pastoral más evangelizadora. 1. Recuperar la conciencia de misión Antes que nada, hemos de recuperar la conciencia de misión. No basta con lamentarse o esperar pasivamente a que las cosas cambien. Hemos de desarrollar ese «dinamismo apostólico del Pueblo de Dios»2 de que habla el Vaticano II, despertando la conciencia de misión en las personas y los grupos y desencadenando un cambio de orientación de estructuras y actividades hacia la misión estrictamente evangelizadora. La conciencia de misión han de recuperarla, antes que nadie, los mismos sacerdotes. El nombramiento que recibe actualmente el sacerdote puede provocar en el clero la 1. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 14. 2. Apostolicam Actuositatem, 1.
  25. 25. 48 «ID Y EVANGELIZAD» conciencia de sentirse enviado a una circunscripción religiosa y no a una tarea evangelizadora. El sacerdote se siente llamado a cumplir su función de párroco o coadjutor. Bastantes cabildos parroquiales se preocupan de atender el funcionamiento de los diferentes servicios de la parroquia, pero no siempre se sienten «equipo evangelizador» enviado a evangelizar aquella zona o, mejor, enviado a animar una comunidad cristiana que haga presente allí el evangelio de Jesucristo. Con frecuencia, el sacerdote suficientemente ocupado por el culto, la catequesis y la administración de los servicios parroquiales, queda bastante satisfecho, aunque en su acción pastoral no se pueda percibir ninguna inquietud propiamente evangelizadora. Sería una equivocación, sin duda, pensar que a todos los sacerdotes se les pide lo mismo en estos momentos, prescindiendo de la edad, la formación recibida y la trayectoria personal de cada uno. Probablemente, a un gran sector del clero se le pide atender dignamente a la gran comunidad en el culto y la catequesis ordinaria, mejorando la calidad de esa atención pastoral, acogiendo con talante evangelizador a los que se acercan y promoviendo, en la medida de lo posible, la dimensión misionera en todo el trabajo que se realiza en el interior de la comunidad. Pero, sin duda, hay sacerdotes que hoy se han de sentir llamados a promover una pastoral directamente evangelizadora animando proyectos misioneros que superen planteamientos de carácter puramente sacramentalista o catequético, impulsando movimientos apostólicos, desarrollando una pastoral de ambiente, capacitando a seglares para una presencia evangelizadora en medio de la sociedad. HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA procesos catequéticos, catecumenados y grupos cristianos ha de estar más presente la sensibilidad hacia la misión. Los seglares han de sentirse llamados personalmente a irradiar su fe en el seno de esta sociedad descreída e indiferente a través, sobre todo, de su testimonio de vida y esperanza cristiana. «En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?»4. Todos los creyentes comprometidos en la tarea pastoral, sacerdotes y seglares, hemos de preguntarnos si nuestro trabajo está animado por esa llamada a la evangelización. Una llamada que no nos llega desde fuera, desde los programas y planes pastorales de la diócesis, sino que brota en nosotros desde la experiencia personal de la salvación de Jesucristo vivida por uno mismo en el seno de la comunidad creyente. Es el evangelizador el primero que ha de conocer por propia experiencia la fuerza transformadora y humanizadora que se encierra en el evangelio. Es precisamente esta experiencia la que sostiene al evangelizador en su trabajo pastoral, en medio de limitaciones y fracasos, ausencia de resultados visibles o el desgaste de los años. La evangelización es siempre irradiación y comunicación de la experiencia de salvación que vive la comunidad creyente. Cuando falta esta experiencia y la conciencia de misión que de ella brota, el trabajo pastoral se convierte fácilmente en actividad profesional, la evangelización se degrada en propaganda religiosa ideologizada, la liturgia degenera en ritualismo vacío y la acción caritativa se reduce a servicio social o filantrópico. Es urgente también despertar y potenciar mucho más la vocación misionera y apostólica de los seglares. No hemos de olvidar que «la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es vocación también al apostolado»3. En los 3. Apostolicam Actuositatem, 2. 49 4. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 2.
  26. 26. 50 «ID Y EVANGELIZAD» 2. Superar una evangelización puramente doctrinal Si observamos la acción pastoral que se desarrolla en las diócesis, a veces se diría que hemos reducido toda la evangelización a palabra, catequesis, exposición verbal, escritos... Nuestros esfuerzos parecen concentrarse en el anuncio verbal del contenido del cristianismo. Naturalmente, nadie discute la importancia de la palabra en la tarea de la evangelización, pero no se observan entre nosotros demasiadas acciones dirigidas a transformar un determinado ambiente, humanizar una realidad social o hacer presentes los valores y el espíritu del evangelio en el mundo. Una de nuestras primeras tareas hoy en el trabajo pastoral es, sin duda, superar una concepción excesivamente doctrinal de la evangelización, pues evangelizar no significa sólo anunciar una Buena Noticia, sino transformar la realidad buscando la instauración del Reinado de Dios. • Pastoral propagadora de doctrina cristiana Con frecuencia, la acción evangelizadora es entendida casi exclusivamente como anuncio de un mensaje. Evangelizar sería, sobre todo, dar a conocer la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente. Entendida como propagación de la doctrina cristiana, la evangelización crea todo un estilo de acción eclesial y trabajo pastoral. Veámoslo más en concreto. Si evangelizar es, sobre todo, dar a conocer el mensaje cristiano, la primera preocupación será asegurar los medios eficaces que garanticen la propagación adecuada del mensaje frente a otras ideologías. La atención se centra entonces en la publicación de catecismos y materiales de reflexión cristiana, utilización de técnicas pedagógicas HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 51 idóneas, defensa de plataformas desde las que se pueda ejercer un poder social de propaganda religiosa (escuela, medios de comunicación social, etc.). Por otra parte, serán necesarios hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y sean capees de transmitirlo de manera persuasiva y convincente a los demás. De ahí la preocupación por promover escuelas de teología, procesos de formación, cursillos, etc. para capacitar a catequistas, monitores o profesores de religión. En tercer lugar, la Iglesia necesitará estructuras eficaces, una organización adecuada que es necesario desarrollar y perfeccionar constantemente al servicio de la transmisión de la doctrina cristiana. De ahí la inclinación a convertir a la Iglesia en una especie de empresa bien organizada, con una planificación eficaz, estructuras pastorales especializadas y una estrategia bien pensada para una propagación eficaz del mensaje cristiano. Por último, será importante el número de personas comprometidas en la acción pastoral. A veces se diría que, en el fondo, buscamos el mayor número de personas que, con los medios más eficaces y la mejor preparación posible, lleguen a convencer al mayor número de gentes de la verdad del cristianismo. Naturalmente, todo esto es muy importante. La evangelización implica el anuncio de un mensaje, y ciertamente necesitamos medios eficaces, cristianos bien formados, una organización pastoral eficaz y un número mayor de creyentes comprometidos en la acción pastoral. Pero hemos de preguntarnos desde qué espíritu se ha de orientar y animar todo ese trabajo pastoral. • Pastoral con fuerza transformadora Hemos de recordar, antes que nada, que el evangelio no es sólo ni, sobre todo, una doctrina. El evangelio es la Persona de Jesucristo y la salvación que en él se nos
  27. 27. 52 «ID Y EVANGELIZAD» ofrece: esa experiencia humanizadora, salvadora, liberadora, que comienza con Jesucristo. Por ello mismo, evangelizar es hacer presente hoy en la vida de las personas, en la historia de los pueblos y en el tejido de la convivencia social esa fuerza salvadora, humanizadora, transformadora que se encierra en la persona y el acontecimiento de Jesucristo. Entendida así, la evangelización crea todo un estilo diferente de entender y promover la acción pastoral. Antes decíamos que para transmitir el mensaje cristiano son necesarios medios de poder eficaz, plataformas de captación, técnicas adecuadas de propaganda. Pero para comunicar la experiencia salvadora de Jesucristo lo más decisivo son los medios empleados por el mismo Jesús mientras predica su mensaje, y precisamente para dar contenido a su palabra. Medios aparentemente pobres, pero insustituibles para introducir «eficacia evangelizadora»: solidaridad con los más olvidados y marginados; acogida cálida a cada persona; cercanía a las necesidades más vitales del ser humano; creación de relaciones más justas y fraternas; defensa de la verdad; ofrecimiento de perdón y rehabilitación; oferta de sentido último a la vida y esperanza definitiva ante la muerte. ¿Son éstos los medios que se emplean en el trabajo pastoral? El anuncio del mensaje cristiano tendrá fuerza evangelizadora si las comunidades cristianas se esfuerzan por ofrecer al hombre de hoy el mismo servicio liberador que Jesús ofrecía. En segundo lugar, hemos de decir que son necesarios testigos. Para transmitir una doctrina es importante contar con personas competentes y bien preparadas. Para evangelizar es decisivo además, y sobre todo, que sean testigos, es decir, creyentes en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora, transformadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido de manera responsable por un grupo humano. Lo que necesitamos hoy es promover comunidades evangélicas capaces de irradiar un nuevo estilo de vida y una esperanza nueva. Comunidades cre- HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 53 yentes que ofrezcan un modelo convincente de convivencia, propio de «hombres nuevos», y sirvan de referencia a quien busca una sociedad más humana. En tercer lugar, hemos de recordar que para extender la fuerza liberadora del evangelio no sirve, sin más, cualquier estructura u organización. Adquiere primacía absoluta el testimonio evangélico de la comunidad creyente. Esto no significa rechazar las estructuras, sino darles su verdadera importancia y contenido. La estructuración de la comunidad cristiana es necesaria precisamente para sostener el testimonio y encauzar el servicio liberador de los creyentes. En el trabajo pastoral no hemos de olvidar que el evangelio sólo admite una estrategia evangélica. Si la Iglesia se empeña en utilizar los resortes, cauces y métodos de la sociedad competitiva, al servicio de una eficacia y una rentabilidad inmediatas, correrá el riesgo de comprometer el espíritu mismo que se encierra en el evangelio. Por último, lo decisivo para la tarea evangelizadora no es el número de evangelizadores, sino la calidad de vida evangélica que pueda irradiar una comunidad cristiana. No se trata de promover una acción proselitista encaminada a imponer por medios más o menos nobles la visión cristiana de la vida, sino de hacer presente la fuerza salvadora de Jesucristo desde comunidades creyentes que ofrezcan el testimonio de una vida liberada de «hombres nuevos». 3. La búsqueda del auténtico lugar social para la acción evangelizadora Una de las primeras tareas de la Iglesia hoy es buscar su auténtico lugar social, pues no se puede promover la fe y hacer presente la fuerza del evangelio desde cualquier punto. Hemos de encontrar el lugar adecuado desde el que escuchar hoy fielmente el evangelio de Cristo, leer los signos de los tiempos y promover la nueva evangelización.
  28. 28. 54 «ID Y EVANGELIZAD» • Superar la tentación del aislamiento No son pocos los que temen que la Iglesia pierda su identidad en medio del actual contexto socio-político. Surge entonces la tentación del aislamiento, que consiste en replegarse a posiciones o «reservas» cristianas, ignorando la nueva sociedad. No es difícil observar hoy un estilo de acción pastoral encaminada a crear espacios o «islotes» cristianos donde poder refugiarse del ambiente hostil que nos puede rodear: ciertos grupos y comunidades donde se fomenta inconscientemente el espíritu de «ghetto», una pastoral que se niega al diálogo y la colaboración con quienes no comparten nuestra visión cristiana de la vida, una huida sistemática de los campos de mayor conflictividad social... Por otra parte, es fácil detectar en ciertos sectores una tendencia a privatizar la fe, como si la fe fuera un asunto que ha de quedar encerrado en el ámbito interior de las conciencias, sin repercusión alguna en el campo temporal de lo sociopolítico. Sin duda, es explicable esta tentación de aislamiento en el contexto actual de crisis religiosa y crecimiento progresivo de la increencia. Pero una Iglesia que se aisla para «ponerse a salvo», ¿qué Buena Noticia puede aportar a un mundo tan necesitado de esperanza como es el nuestro? ¿Es esta pastoral defensiva, de mantenimiento y conservación, la que mejor responde al mandato de «proclamar la Buena Noticia a toda la creación» (Mt 16,15)? • El desplazamiento a la vida A lo largo de estos años hemos ido tomando conciencia de que nuestra acción pastoral sigue respondiendo, como por inercia, a una situación de cristiandad que ya no existe entre nosotros. Centramos la atención en el interior de las comunidades cristianas, pero sabemos que estamos au- HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 55 sentes de ambientes y sectores sociales que quedan lejos de nuestro horizonte pastoral. Damos primacía a la celebración de la fe, pero constatamos que cada día es mayor el número de gentes que no necesita celebrar su vida cristiana. Somos conscientes de que nuestra acción sólo llega a un determinado número de practicantes y «voluntarios», mientras la mayoría vive lejos de la comunidad cristiana. Es normal que se despierte entonces en nosotros la necesidad de desplazar nuestra atención, energías, tiempo y dedicación «hacia fuera». De hecho, se habla hoy de pastoral de alejados, diálogo con increyentes, presencia en ambientes indiferentes... Y, sin duda, es importante cuidar y desarrollar esta sensibilidad pastoral. Pero podemos correr un riesgo: creer que la evangelización ha de consistir, sencillamente, en intensificar nuestro trabajo pastoral, prolongando nuestra acción un poco más para que llegue hasta los que viven alejados. En definitiva, se trataría de seguir haciendo más o menos lo que venimos haciendo, sólo que tratando de llegar también a los que se han alejado y no piensan ya como nosotros. Y, sin embargo, esto es insuficiente. Si queremos hacer presente la fuerza salvadora del evangelio en la sociedad, la acción pastoral ha de desplazarse, no simplemente hacia los alejados, sino hacia la vida real del hombre de hoy. Hemos de redescubrir que es la vida misma de las gentes y la historia de los pueblos el lugar propio donde ha de crecer el Reinado de Dios. Y es precisamente esa vida de las personas y de los pueblos la que nos tiene que descubrir en qué hemos de cambiar y qué hemos de promover para que la presencia y la acción de las comunidades cristianas sea realmente evangelizadora. Hemos de hacernos una pregunta clave: Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se impulsa en el trabajo pastoral, ¿es Buena Noticia para los hombres de hoy?; ¿puede ser experimentado realmente como Evangelio de Jesucristo? Es, pues, la vida la que nos irá enseñando cuál ha de ser el contenido de «la nueva evangelización». Por eso
  29. 29. 56 «ID Y EVANGELIZAD» HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 57 hemos de aprender a «mirar la vida» con «ojos de evangelizados que trata de leer los signos de los tiempos para descubrir la ausencia del Reino de Dios y su justicia, para escuchar la interpelación de los que sufren, para dejarnos evangelizar por quienes se esfuerzan por ser humanos y humanizadores y para aprender qué puede ser hoy y aquí introducir la fuerza salvadora del evangelio. sia irá encontrando su auténtico lugar para evangelizar la sociedad actual desde la solidaridad con los más solos y abandonados, desde el contacto directo con el sufrimiento y la marginación, desde la defensa incondicional de los más indefensos, dede la denuncia de la injusticia y la opresión de los débiles, desde el servicio gratuito a los últimos. De lo contrario, la acción pastoral correrá siempre el riesgo de terminar girando una y otra vez en torno a una Iglesia más preocupada de sí misma que de los demás y más inclinada a defender sus propios intereses que a buscar el bien de los hombres y mujeres de hoy. El trabajo pastoral ha de mostrar que cada día es más verdad aquella proclamación del Vaticano II: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» . Hemos de preguntarnos constantemente: ¿somos Buena Noticia para los pobres? Lo que se impulsa desde las comunidades cristianas ¿puede ser experimentado por ellos como evangelio de Cristo? Si nuestra Iglesia desapareciera, ¿serían los pobres quienes más lo sentirían? • Los pobres, lugar auténtico de la acción evangelizadora El lugar social determinante desde el que Jesús evangeliza son los pobres. Ellos son el lugar privilegiado para ir haciendo sitio al Dios de Jesucristo entre los hombres. «Se anuncia a los pobres la Buena Noticia» (Mt 11,5): éste es también hoy para la Iglesia el criterio fundamental de discernimiento y el marco de referencia de su acción pastoral. Más adelante hablaremos del quehacer pastoral ante los marginados. Aquí sólo queremos recordar que la Igle- 5. Lumen Gentium, 1. Es fácil que muchas veces no podamos resolver grandes problemas ni obtener importantes resultados; pero, desde un punto de vista evangelizador, no hemos de dar primacía al «hacer», sino al contenido evangelizador que se encierra en el interior de esa acción. Un gesto sencillo y modesto puede revelar un amor y una cercanía grandes al necesitado, y puede anunciar un mundo nuevo, de relaciones más fraternas. Por el contrario, toda una actividad intensa, eficiente y hasta espectacular puede ser manifestación de protagonismo, paternalismo, fe en el rendimiento y poco interés por cada persona. Lo decisivo para la evangelización no es la aportación material para resolver los problemas, sino la autenticidad con que esa acción puede significar el amor al pobre y anunciar la salvación de Jesucristo. 4. Claves para una acción pastoral con fuerza evangelizadora Resumiendo lo que venimos diciendo, vamos a sugerir algunos rasgos que han de ir configurando nuestro estilo pastoral al servicio de una nueva evangelización. ¿Desde dónde hemos de evangelizar hoy?
  30. 30. 58 «ID Y EVANGELIZAD» • Desde la experiencia salvadora de Jesucristo Sólo quien cree realmente en el evangelio y posee alguna experiencia personal de la fuerza salvadora que el evangelio encierra, se siente llamado a evangelizar. El evangelio es la fuerza salvadora de Dios en acción, «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rm 1,16). Por eso la evangelización acontece como penetración de la fuerza salvadora de Dios en la historia de los hombres, a través de unos creyentes que están haciendo en su propia vida esa experiencia salvadora de Cristo. De ahí la necesidad de cuidar la acogida del evangelio en el interior de las comunidades cristianas. «Evangelizados, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor... La Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el evangelio» . Hemos de cuidar de manera especial la experiencia cristiana de quienes se han comprometido en la acción pastoral (oración, encuentros de fe, escucha del evangelio, celebración de la Eucaristía, «fuente y culmen de toda evangelización»7, cultivo de un estilo de vida evangélico...). Una pastoral promovida por hombres y mujeres desbordados por una actividad excesiva, atrapados en la rueda de compromisos y reuniones, privados de suficiente alimento para su vida interior, difícilmente tendrá fuerza evangelizadora. Suprimir la contemplación y la oración de nuestro trabajo pastoral no le da nunca más eficacia, sino que lo empobrece de raíz. 6. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 15. 7. Presbyterorum Ordinis, 5. HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 59 • Desde el estilo evangelizador de Jesús El criterio de toda acción evangelizadora es la actuación de Jesús, primer evangelizador. Lo importante no es trabajar mucho y hacer muchas cosas, sino actuar con el espíritu de Jesús. Lo decisivo no es hacernos presentes en la sociedad de cualquier manera y como sea, sino hacernos presentes en esa fuerza salvadora con que se hacía presente Jesús. No hemos de olvidar que, en definitiva, evangelizan las personas que viven animadas por el espíritu evangélico. El estilo de vida del evangelizador es parte integrante de la acción evangelizadora. Un estilo de vida que no concuerda con ciertos esquemas de vida deshumanizada vigentes en la sociedad (austeridad, solidaridad con los más olvidados y marginados, reacción firme ante injusticias y abusos, disponibilidad a colaborar por una sociedad más humana, alegría interior, talante amistoso, esperanza...). «A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?» . Son estos creyentes quienes pueden impulsar una pastoral con fuerza evangelizadora. • Desde la comunidad creyente La responsabilidad y el dinamismo de la acción evangelizadora han de brotar de la comunidad, no de individuos aislados. Puede ser muy interesante la creatividad de un sacerdote o las iniciativas de un pequeño grupo, pero lo decisivo es ir construyendo una comunidad viva, capaz de impulsar la evangelización. 8. PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 21.
  31. 31. 60 «ID Y EVANGELIZAD» Hemos de evitar que el trabajo pastoral quede exclusivamente en manos de pequeños grupos que actúan según sus gustos y a su manera. Los verdaderos evangelizadores no actúan en nombre propio, ni siquiera en nombre del párroco, sino en nombre del Señor y de la comunidad de sus seguidores. Por otra parte, nadie ha de ser excluido de la tarea evangelizadora. Lo importante es introducir en la comunidad cristiana una pedagogía responsabilizadora que ayude a cada creyente a descubrir su propia vocación y tarea. • Desde la escucha de la vida Se evangeliza desde la vida. Es la vida misma de las gentes la que nos tiene que enseñar qué gestos y actuaciones puede ser leídos por los hombres y mujeres de hoy como evangelio de Jesucristo. La acción pastoral ha de estar atenta a la que se vive, se piensa, se goza y se sufre entre las gentes, sin quedarse siempre en los problemas y la organización interna de la comunidad. En esta línea, parece necesario potenciar más una lectura creyente de la vida, discerniendo la vida desde el evangelio e interrogando al evangelio desde la vida. Los sufrimientos y frustraciones del hombre contemporáneo, sus aspiraciones y conflictos, sus anhelos y esperanzas nos indicarán cuál es la Buena Noticia que se necesita escuchar hoy entre nosotros. • Desde el compromiso transformador Jesús no sólo anunciaba una Buena Noticia, sino que ponía en marcha una nueva realidad: el Reino de Dios entre los hombres. Por eso, para evangelizar no basta con hablar. Es necesaria la acción transformadora que busque abrir caminos al Reinado de Dios. «Evangelizar significa HACIA UNA PASTORAL CON FUERZA EVANGELIZADORA 61 para la Iglesia llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro y renovar a la misma humanidad... La Iglesia trata de convertir, al mismo tiempo, la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que están comprometidos, su vida y los ambientes concretos» . Así pues, la evangelización exige un esfuerzo por ir transformando las costumbres, las corrientes de opinión, los ambientes, las estructuras sociales, la cultura, etc. hacia la creación de una sociedad más acorde con el evangelio de Jesucristo. Esta evangelización está exigiendo una pastoral de gestos y no de palabras. Una pastoral que lleve a gestos proféticos, acciones de solidaridad con los marginados, tomas de posición ante injusticias concretas, colaboración en iniciativas humanizadoras... • Desde los medios pobres La acción evangelizadora de Jesús se apoya en medios sencillos y pobres. Hay que evitar planteamientos sutilmente triunfalistas orientados hacia la eficacia inmediata y visible, según nuestros planes y al servicio probablemente de nuestro éxito y protagonismo. La acción evangelizadora no se mide con datos, cifras o cantidades. Lo importante es sembrar, no cosechar. Poner bases para el futuro, sembrar inquietud, iniciar la conversión. El Reino de Dios llega como «grano de mostaza» y «levadura» en la masa (Mt 13,31-33). Una pastoral evangelizadora exige aceptar las limitaciones y contar con la fragilidad y el desgaste de las personas. Hemos de ser conscientes de que no podemos hacerlo todo y, además, ahora mismo. Lo importante es 9. Ibidem, 18.
  32. 32. 62 «ID Y EVANGELIZAD» valorar desde la fe lo que venimos haciendo, cuidar cada vez más el contenido evangelizador de nuestro trabajo y purificar nuestra acción pastoral de todo cuanto no sea evangélico. • Desde el contagio de esperanza cristiana Jesús fue, sobre todo, un creador de esperanza. Alguien que contagiaba la esperanza que él mismo vivía desde su confianza total en el Padre. La evangelización necesita siempre testigos de esperanza. Creyentes que sigan sembrando esperanza a pesar de todo. Si perdemos la esperanza, lo hemos perdido todo. Una pastoral vacía de esperanza es una pastoral incapaz de evangelizar. No hemos de olvidar que, en definitiva, evangelizan aquellos creyentes que, por su manera de ser, de amar, de trabajar, de humanizar la vida, se convierten en Buena Noticia de Cristo para quienes encuentran en su camino. Éstos son los que pueden impulsar una acción pastoral capaz de suscitar esperanza, sugerir el evangelio y atraer hacia Jesucristo. Segunda Parte «LOS POBRES SON EVANGELIZADOS»
  33. 33. 3 Acción evangelizadora y marginación. Tareas prioritarias SUMARIO 1. Anunciar el evangelio a los pobres • Anuncio del evangelio al «tercio marginado» • Llamada a la conversión en la «sociedad dual» 2. Educar para la solidaridad 3. Acercar la comunidad cristiana a los marginados 4. Hacer sitio a los pobres en la comunidad cristiana 5. Organizar la pastoral de caridad • Crear cauces de acción caritativa • Promover colaboradores • La formación de los colaboradores
  34. 34. Una Iglesia que quiera ser fiel a Jesucristo, «enviado a evangelizar a los pobres» (Le 4,18), ha de preguntarse también hoy si el evangelio que ella vive, anuncia y transmite es realmente «Buena Noticia» para los pobres y marginados de la sociedad contemporánea. La actual crisis económica está provocando nuevas situaciones de desamparo y necesidad. Cada vez son más los empobrecidos por unas estructuras y mecanismos injustos que necesariamente van generando marginación, desvalimiento, condiciones inhumanas de vida, soledad e inseguridad. Es superfluo seguir hablando de «nueva evangelización» si no se observa en nuestra acción pastoral una conversión clara a los pobres y un compromiso decidido en la transformación de esas «estructuras de pecado» que generan su pobreza y que ha denunciado con vigor Juan Pablo II1. ¿Qué evangelio se escucha en nuestra sociedad si los primeros beneficiarios no son los más olvidados e indefensos? ¿Cómo puede ser creíble el mensaje de una nueva evangelización si ésta no puede ser percibida como Buena Noticia por los más pobres? Nuestra acción pastoral será evangelizadora si ayuda a las comunidades cristianas a acercarse a los marginados de la sociedad para compartir sus problemas y sus sufrimientos, vivir en su defensa y a 1. JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis, 36-37.
  35. 35. 68 «LOS POBRES SON EVANGELIZADOS» su servicio y anunciarles la Buena Noticia de Jesucristo desde una actitud más pobre. Señalemos algunas tareas ineludibles. 1. Anunciar el evangelio a los pobres La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesucristo es anunciar el Reino de Dios como Buena Noticia para los pobres y como una amenaza para los intereses de los privilegiados que se niegan a una fraternidad más justa entre los hombres. Nuestra acción evangelizadora no será plena si no anuncia y promueve las exigencias concretas del Reino de Dios y su justicia en nuestra sociedad . Según los expertos, la economía actual se está diseñando y programando para mantener satisfechos a dos tercios de la población, a sabiendas de que el tercero restante quedará excluido. Está surgiendo así la llamada «sociedad de los tres tercios», donde en el primer tercio se encuentra el grupo privilegiado económica, social y políticamente; en el segundo tercio, los trabajadores con empleo estable; y en el tercer tercio, los excluidos. Se trata, pues, de una «sociedad dual o segmentada», en la que un 75 % se beneficiará del desarrollo y bienestar económico, mientras que un 25 % quedará marginado. Son los que no cuentan: jóvenes sin futuro laboral, adultos expulsados del mercado de trabajo, trabajadores obligados a aceptar empleos marginales y precarios. A mi juicio, ésta es la pregunta clave de la nueva evangelización entre nosotros: ¿Nos sentimos llamados a evangelizar precisamente a ese tercio marginado por la sociedad? ¿Cómo estamos haciendo presente la fuerza interpeladora y liberadora del evangelio en medio de esta «sociedad dual»? 2. Cfr. la Carta Pastoral de los Obispos vascos Los pobres: una interpelación a la Iglesia (marzo de 1981). ACCIÓN EVANGELIZADORA Y MARGINACION 69 • Anuncio del evangelio al «tercio marginado» Es la primera exigencia. Hacer presente la salvación de Jesucristo entre los pobres, llegando físicamente hasta ellos, acercándonos a sus problemas y sufrimientos, sintonizando con sus angustias, encarnando el mensaje evangélico en su lenguaje y promoviendo entre ellos una vida más humana como el signo más claro de la salvación total y definitiva que se nos ofrece en Cristo. La nueva evangelización será realidad entre los marginados si sabemos estar junto a su pobreza y marginación, no para despertar en ellos la envidia de posesión o la aspiración de pasar al nivel de los poderosos, sino para que puedan ser más protagonistas de su propia liberación. Ño se trata de crear nuevos ricos, sino «hombres nuevos». El evangelio puede ayudar a los marginados no sólo a desencadenar entre ellos movimientos de solidaridad y búsqueda de mayor justicia, sino también a descubrir la «pobreza liberada» como mayor capacidad de libertad, servicio y esperanza. • Llamada a la conversión en la «sociedad dual» Es fácil observar ya, en una sociedad en vías de «dualización», efectos claramente deshumanizadores: consumismo desmedido de unos y pobreza creciente de otros; especulación y búsqueda de dinero fácil en unos sectores y progresivo deterioro individual, familiar y social, desencadenado por el paro, en otros sectores. El evangelio ha de operar en esta sociedad como una llamada urgente a una actuación individual y colectiva a favor de los sectores más débiles e indefensos. No se ha de tolerar que la recuperación económica se esté llevando adelante bajo la ley del más fuerte, buscando siempre el pragmatismo económico y olvidando la recu-
  36. 36. 70 «LOS POBRES SON EVANGELIZADOS» peración humana y social de los más débiles. El desarrollo tecnológico no puede ser un proceso obligado, cada vez más impersonal y anónimo, en el que no se puede intervenir de manera responsable y humanizadora, como si el progreso exigiera necesariamente las víctimas que nosotros decidimos. El evangelio proclama lo contrario. No está hecho el hombre para la racionalidad técnico-económica, sino ésta para aquél. No puede justificarse el sacrificio de los que hoy son marginados en función de un proceso económico considerado como inexorable. Por otra parte, la sociedad contemporánea tiende a producir un tipo de «relaciones de intercambio» donde parece «estar prohibido el amor» (M. Weber) y la sensibilidad hacia los últimos, o donde sólo se genera una solidaridad de carácter corporativista al servicio de los intereses del propio grupo. En una sociedad así, la conversión que desencadena el evangelio constituye «una revolución antropológica» , pues, por una parte, significa una lucha contra nosotros mismos, contra los ideales interiorizados de tener siempre más, incluso a costa de quienes no tienen lo necesario, y, por otra, engendra una actitud nueva al servicio de los más desposeídos. Esta llamada a la conversión la hemos de escuchar todos: los que en el plano político, económico y social ocupan una posición privilegiada, y también ese sector amplio de ciudadanos que vivimos sin riesgos en esta sociedad, con una seguridad grande y con recursos relativamente abundantes. Una pregunta ha de inquietar a las comunidades cristianas: con nuestra falta de sensibilidad, nuestros silencios y pasividad, ¿no estaremos desarrollando, tal vez, una pastoral que, lejos de anunciar el evangelio a los pobres, termina confirmando de alguna manera una situación in- 3. J. B. METZ, Más allá de la religión burguesa, Salamanca 1982, pp. 46-48. ACCIÓN EVANGELIZADORA Y MARGINACION 71 justa cuyos resultados más inhumanos los podemos contemplar en esos marginados cuyos gritos no queremos escuchar? 2. Educar para la solidaridad El sistema actual de producción y distribución de bienes está en función, no de un hombre más fraterno y solidario, sino de un «hombre económico», individualista y competitivo. Sin duda, una tarea fundamental y permanente de la comunidad cristiana ha de ser la de educar para la solidaridad a ese «hombre individualista» que produce la sociedad. Las comunidades creyentes están llamadas hoy a promover todo aquello que pueda hacer crecer a las personas y grupos en solidaridad y fraternidad para que «cumplan, antes que nada, las exigencias de la justicia para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia»4. Esta solidaridad promovida por el evangelio desenmascara la ambigüedad de ese otro tipo de solidaridad, de carácter corporativista, al servicio de los intereses del propio grupo, sector social o país propio. La base común (el «in solidum») sobre la que se construye la solidaridad evangélica no es el interés del propio grupo, sino la necesidad de los desposeídos. La solidaridad cristiana nos pone junto a los últimos del propio país y junto a los países últimos de la tierra. Esta solidaridad no es algo teórico y abstracto. Se trata de ir dando pasos concretos para que los ricos vayan dejando de ser tan ricos y los pobres dejando de ser tan pobres, para encontrarse todos en una relación objetiva de mayor justicia y solidaridad. 4. Apostolicam Actuositatem, 8.

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