EL CAYO JUAN CLARO                        RemembranzasQuiero dedicar estas líneas, extraídas desde lo más recóndito de mim...
EL VIAJE                      Vista de almacenes de El Cayo desde el marNavegaba la lanchita lenta, pero persistentemente,...
Se distinguían pececitos de múltiples colores, siendo tal la transparencia, queentusiasmado por su aparente cercanía traté...
EL CAYO                 El Pedraplén que conecta El Cayo con la tierra firmeMi padre había sido nombrado a una posición gu...
asimismo tuviera el suficiente calado para albergar todo tipo de buques, fueelegido El Cayo, lugar que reunía todas esas c...
Era de gran provecho para la administración de los ingenios que mi padreresidiera en El Cayo y no en Puerto Padre, porque ...
LA CASA DE V IVIENDA                                   “Chalet”Todas las casas de vivienda en El Cayo habían sido construi...
un pequeño pasillo, se ubicaban dos cuarticos que eran utilizados, uno paraalmacenar el carbón vegetal que alimentaba el f...
EL PRIMER RECORRIDO                           Cargando “miel de purga”Debido a la previsora iniciativa de mis padres, dese...
nos mostró las distintas secciones de que contaba, así como algunasmercancías.Nuestra última visita fue a la fonda, donde ...
EL CLUB NÁUTICO                                  El Club NáuticoA un lado del muellecito donde atracaban las lanchitas que...
Aunque no se efectuaban muchas fiestas en El Club, se celebraban actos losdías festivos, patrióticos o tradicionales, cuba...
Era una “cornuda”, o “pez cabeza de martillo” que había penetrado a travésde un poste defectuoso, probablemente carcomido ...
LAS SUBVENCIONES                                Teléfono de El CayoLa Compañía proveía los elementos imprescindibles para ...
Ese servicio no ofrecía ninguna privacidad, porque todos los que estaban enla misma línea podían escuchar las conversacion...
de mi formación, encomendada la tarea de utilizarla para traer a la casa elprecioso líquido, cada vez que fuera necesario....
LOS JAMAIQUINOS                        “Jamaiquino” Pescando desde un muelleHabitaba El Cayo una amalgama étnica de emplea...
Ambos fueron grandes amigos, no solamente entre ellos, sino también de mipadre y míos.Los dos hablaban un español pasable,...
Cuando un pez picaba lo que le había parecido una apetitosa presa, con unsúbito movimiento conseguían engancharlo, subiénd...
Hasta ahora, aunque parecidas, no he encontrado ningún lugar, ni nadie enparticular, que sepa prepararlas con el mismo del...
LOS MUELLES Y LA GUASA                                 La GuasaA los muelles atracaban todo tipo de barcos, movidos por va...
encontraba habitado por una enorme Guasa, con una descomunal boca, lacual se suponía había quedado atrapada al crecer en e...
LAS LANCHITAS                              Lanchita de pasajerosExistían en Puerto Padre, dos pequeñas empresas de transpo...
movíamos en ellos las facturas mensuales que adquiríamos en una tienda devíveres propiedad de Carlos Jesús Llerena, en Pue...
PIRULÍ                                    PirulíPara Rafael De la Rosa, un tío paterno, yo era, o por lo menos meconsidera...
fiero y hábil, que aunque tuerto, estaba seguro que mandaría al otro mundo acualquier contendiente que se le enfrentara.Pa...
Les pusimos los correspondientes espolones y los topamos de nuevo,soltándolos finalmente en la pequeña vallita.La lidia du...
Cuestionó a su hijo, quien por supuesto se aferró a la patraña que habíamoselucubrado, negando estar vinculado o tener con...
EL ANCIANO Y EL MAR                    El tiburón que capturaron el anciano y su nietoUn conocido libro titulado El Viejo ...
De pronto hubo una enorme conmoción, y los pescadores se agrupaban en lapunta del muelle, llamando a los que se encontraba...
EL CAMPEÓN                           Los Guantes del CampeónNació en El Cayo un hijo de Juan Herrera, un estibador cubano ...
Debido a complicaciones causadas por heridas recibidas en combate, muriócorto tiempo después de ganada la independencia, d...
Siendo aún campeón, realizó un viaje a Jamaica, porque sentía necesidad deconocer sus abuelos maternos.En Kingston no tuvo...
EL DEPORTE NACIONAL                                Aspirante a PeloteroEn aquel lugar, ni en ninguno de los pueblos cercan...
Ante la frustración que eso nos causaba, con la ayuda de la maestra delcolegio público, le escribimos una carta en inglés ...
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La película, hablada en Ingles, tenía títulos en español en el borde inferior dela pantalla.Como utilizaban un solo proyec...
LOS BARRACONES                                   BarracónLos empleados laborales vivían gratuitamente en grandes barracone...
lados, que les permitían conectar sus deseados utensilios. Tenía además ensu extremo inferior, otra conexión, con su corre...
EL QUESO Y LA RASPADURA             “El Queso”                        “La Raspadura”Mi hermano menor, Rafael era seis años...
Acercándome a mi hermanito puse gran atención a lo que decía, y despuésde escucharlo repetidas veces, caí en cuenta que lo...
EL MONTE DE CLAVO Y CANELA                               El Pirata “Diente de Perro”Lo nombraron el monte “de clavo y cane...
La regla primordial consistía en que siempre tenían que ganar “los buenos”,que hacían prisioneros a los corsarios que qued...
Cuando Jorgito no regresó a su casa, después de muchos gritos, cada vezmás angustiosos, la progenitora de sus días acudió ...
Ignoro si Jorgito habrá podido recuperarse mentalmente de ese incidente, oquedó traumatizado el resto de su vida.Lo que má...
EL DESVASTADOR CICLÓN DEL AÑO 1932                              El Desvastador HuracánUno de los huracanes más mortíferos ...
Teníamos la certeza de que una vez que los fuertes vientos comenzaran, nosería factible evacuar por ferrocarril, porque el...
La mayoría de los habitantes, temerosos del huracán, abandonaros sus casasy barracones, buscando refugio en los grandes al...
Pasado algún tiempo, que pareció más largo de lo que realmente fue, losfuertes vientos concluyeron su fuerza destructiva y...
LA BOLA DE FUEGO                                 El MeteoritoUna tranquila noche nos encontrábamos acomodados en holgados ...
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EL MACHADATO                      Gerardo Machado rodeado por sus “Guatacas”                              (Caricatura de l...
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Para burlar a sus perseguidores, por medio de conexiones del mismo Gálvezfue trasladado subrepticiamente a Puerto Padre.Co...
EL ESBIRRO                                   El Cabo VázquezDurante la lucha contra la satrapía de Machado hubo muchas acc...
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  1. 1. EL CAYO JUAN CLARO RemembranzasQuiero dedicar estas líneas, extraídas desde lo más recóndito de mimemoria a mis padres, Ricardo De La Rosa Rosende y EulaliaMachado Montes de Oca.El siguiente relato no tiene pretensiones historias ni literarias,siendo su única intención describir vivencias de mi infancia.Aunque perduran indelebles recuerdos, que espero exponerfidedignamente, siempre existe la posibilidad de que algunos datospudieran contener erratas.Algunas veces el tiempo es cruel e inexorable.Miami, Mayo del 2008. Richard 1
  2. 2. EL VIAJE Vista de almacenes de El Cayo desde el marNavegaba la lanchita lenta, pero persistentemente, rumbo a su destino, elCayo Juan Claro.El rítmico sonido del motor de sesenta caballos de fuerza lanzaba quejidoslastimeros, como queriendo expresar lo tedioso de su trabajo, el esfuerzoinmenso de mover aquel barquichuelo sobrecargado de personas sobre unmar, cuyas olas, aunque no peligrosamente altas, sí algo inquietas.Había quienes se habían instalado no solamente en la popa, sino tambiénsobre el techo y ambas bordas.Sentado en una de ellas, con su espalda muy cerca del agua, iba un señorllamado Segundo Betancourt, muy famoso por sus chistosas ocurrencias,quién poniéndose de pie súbitamente al ser salpicado por una ola exclamó: -¡Se me ha mojado el As de Oro!”.Yo me había acomodado en la proa, debido al panorama privilegiado que meofrecía ese lugar.En aquella época de mi vida, la vista era larga, por ser la edad corta, y másque simples siluetas, podía distinguir en la lejanía diáfanos detalles de lo queme brindaba el horizonte.Por mucho que indagué, nadie supo informarme en honor a que personaje leotorgaron el apelativo Juan Claro. En lo adelante, lo nombraré simplemente“El Cayo”.Cuando atracamos a un pequeño muellecito, sus límpidas aguas permitíanobservar con nitidez el fondo del mar. 2
  3. 3. Se distinguían pececitos de múltiples colores, siendo tal la transparencia, queentusiasmado por su aparente cercanía traté de capturarlos, lograndosolamente empapar las mangas de mi camisa.Para mi asombro, descubrí que había más de dos brazas de calado,encontrándose totalmente fuera de mi alcance.Esa fue la inicial de innumerables sorpresas, así como la primera lección delas muchas que allí recibí.Para mí, aquel paradisíaco lugar se convirtió súbitamente en un amor aprimera vista. 3
  4. 4. EL CAYO El Pedraplén que conecta El Cayo con la tierra firmeMi padre había sido nombrado a una posición gubernamental: Jefe deInspectores de la Aduana, en mi pueblo natal, Puerto Padre, e íbamos aresidir a El Cayo.Tenía el progenitor de mis días la responsabilidad de aprobar losmanifiestos, despachos y mercancías de los navíos que arribaban a puerto,para descargar productos o cargar azúcar y miel de purga, destinados adistintos puntos del planeta.Aunque le llamaban Cayo, el ingenio fecundo del hombre, sin tener encuenta la poco avanzada tecnología de la época, logró convertir un islote enuna península.El General Mambí Mario García Menocal, quien habí sido Presidente de laRepublica, elegido democráticamente por nuestros ciudadanos por dosperíodos consecutivos, y líder del partido político Conservador, eraasimismo un ingeniero covil muy talentoso, graduado en la Universidadnorteamericana de Cornell, quien recientemente había consumado laconstrucción en nuestro municipio del Central azucarero “Delicias”, elmayor del mundo en esa época.Dicho central, unido al ya existente “Chaparra” constituían dos colososazucareros, con una enorme capacidad de producción.Ambos eran propiedad de la empresa Cuban Ameriacan Sugar Mills, la quesubsecuentemente nombraré “La Compañía”.Ante la necesidad de encontrar un lugar conveniente para embarcar susproductos, que estuviera ubicado en la cercanía de ambos centrales y 4
  5. 5. asimismo tuviera el suficiente calado para albergar todo tipo de buques, fueelegido El Cayo, lugar que reunía todas esas condiciones, menos una, quefue habilidosamente solucionada, cuando Menocal planeó y edificó una obraportentosa.Rellenando partes bajas de la bahía conectaron aquella islita con la tierrafirme, montando sobre el construido pedraplén una vía férrea, así comotendidos eléctricos y telefónicos.También fueron creadas en el lugar elegido todas las condicionesadicionales, imprescindibles para su buen funcionamiento, incluyendoviviendas, facilidades ferrocarrileras, almacenes y enormes tanques para la“miel de purga”.Los almacenes destinados a guardar el azúcar eran enormes. El mayor deellos, por su gran tamaño era llamado “El Capitolio”.Los tanques de miel eran también descomunales, siendo sus facilidades debombeo hacia los buques cisternas las mayores y más modernas del mundo.Cerca de los muelles se encontraba el Departamento Comercial, una tiendamixta, propiedad de La Compañía, donde podían adquirirse gran diversidadde artículos, víveres, y enseres.Frente a ese comercio se encontraba una “fonda”, cuyo propietario brindabaexcelente comida a precios razonables.Por no ser demasiado extenso el territorio, solo contaba con un número muyreducido de calles, así como angostos callejones al fondo de las residencias.No rodaban por sus calles ningún tipo de automóviles o camiones, que poraquella época de los años treinta ya se hacían notar en muchas ciudades ypueblos.Los medios de transportación eran solamente tres carretones tirados pormulas, que se utilizaban con el propósito de acopiar la basura, repartir elhielo y acarrear agua para la limpieza y el aseo personal.Todo otro movimiento urbano era efectuado a pie o en bicicleta. 5
  6. 6. Era de gran provecho para la administración de los ingenios que mi padreresidiera en El Cayo y no en Puerto Padre, porque al no tener que aguardarpor el viaje del inspector jefe cada vez que arribaba una nave de banderaforánea, los trámites se efectuarían al momento de su llegada, ahorrándoseLa Compañía el pago de cargos extra, que cobraban las empresas navieraspor cualquier tiempo adicional que sus buques estuvieran ociosos en puerto.Debido a esa conveniencia y la importancia del empleo de mi padre nosbrindaron gratuitamente una de las mejores residencias del lugar, con otrosbeneficios adicionales sin cargo alguno, como teléfono, luz e hielo. 6
  7. 7. LA CASA DE V IVIENDA “Chalet”Todas las casas de vivienda en El Cayo habían sido construidas por LaCompañía para albergar las familias de sus empleados.A las mejores, reservadas para los ejecutivos, las llamaban “Chalets”.El que nos adjudicaron era muy espacioso, situado cerca del extremo norte,en la mejor parte de la calle principal, convenientemente alejado de losembarcaderos y almacenes.Era de recia construcción, edificado en forma de “U”, montado sobre pilotesde aproximadamente cuarenta pulgadas de altura, con la finalidad deprevenir inundaciones.El techo, corredores y los pisos habían sido construidos utilizando maderasde excelente calidad.Al frente tenía un portal que cubría toda la fachada, detrás del cual seencontraban, en el centro una enorme sala, donde debido a su amplitud mimadre pudo instalar cómodamente su piano, y todas las piezas que componíaun juego de muebles. La seguía un pasillo techado que conectaba doshileras de aposentos, formando una “U”.En su ala izquierda estaba la extensa habitación de mis padres, seguida portres más, no tan grandes, destinadas a invitados y el servicio doméstico.En la fila derecha quedaba mi dormitorio, que aun cuando era algo reducidome satisfizo, porque tenía una ventana con vista a la calle, proseguido por unvasto comedor, y detrás de éste, la cocina, al fondo de la cual, separados por 7
  8. 8. un pequeño pasillo, se ubicaban dos cuarticos que eran utilizados, uno paraalmacenar el carbón vegetal que alimentaba el fogón de la cocina, y el otroque al no existir tuberías para duchas, era empleado para bañarse por mediode un “balde” y una lata, sobre el piso de madera, que había sidoconvenientemente barrenado para que el agua cayera bajo la casa.Tenía un patio grande, rodeado por una cerca, donde con cierta separaciónde la vivienda, había una casita preparada para evacuar las necesidadesfisiológicas, por no haber en todo el lugar agua corriente ni alcantarilladopara inodoros.Junto a la empalizada derecha, que colindaba con un pequeño callejón,estaban situados dos bidones de madera que se empleaban para almacenar elagua destinada a la limpieza y el aseo personal. 8
  9. 9. EL PRIMER RECORRIDO Cargando “miel de purga”Debido a la previsora iniciativa de mis padres, desembarcamos consolamente un ligero equipaje de mano.Al arribar a nuestro nuevo domicilio, los muebles, la mayoría de la ropa,utensilios y artículos personales, así como una factura de víveres habíanllegado anticipadamente.Todo había sido conveniente y anteladamente colocado en sus sitioscorrespondientes, cuando mis padres realizaron un viaje previo.Llegando a la casa, Cuca, la cocinera, que ya estaba instalada desde el díaanterior, comenzó a confeccionarnos un exquisito almuerzo, pidiéndonosque le concediéramos algún tiempo para terminarlo.Mientras esperábamos, para aprovechar el intervalo, decidimos pasar revistalos alrededores.Como el lugar no era muy extenso, mis padres pudieron mostrarme variossitios en los contados minutos que teníamos disponibles.Pudimos ver de cerca los almacenes de azúcar, muelles, tanques, einstalaciones de bombeo.Inspeccionamos el Departamento Comercial, donde tuvimos la oportunidadde conversar con su administrador, el señor Ríos, quien muy amablemente 9
  10. 10. nos mostró las distintas secciones de que contaba, así como algunasmercancías.Nuestra última visita fue a la fonda, donde después de haber tomado unrefrigerio, su propietario nos dio la bienvenida obsequiándonos con uno delos deliciosos postres que allí se confeccionaban.Cuando regresamos a nuestro recién estrenado hogar, ya nada me eracompletamente desconocido, faltándome solamente volver a recorrerminuciosamente los lugares que brevemente había visitado, algunos de loscuales habían incentivado mi interés o curiosidad.Sabía que mi estancia en El Cayo iba a ser extensa y me quedaba suficientetiempo para efectuarlo. 10
  11. 11. EL CLUB NÁUTICO El Club NáuticoA un lado del muellecito donde atracaban las lanchitas que iban y veníandesde y hacia Puerto Padre y la playa de la Boca, se encontraba el ClubNáutico.Consistía de una amplia casa club, toda de madera, edificada encima del marsobre enormes pilotes.Era administrado y subvencionado por La Compañía, a cuyo lugar asistían,sin costo alguno de membresía, sus empleados de cierto rango, invitadosespeciales, y por supuesto nosotros.Su función primordial era proporcionarles a las familias de sus ejecutivos unlugar de esparcimiento donde recrearse y socializar.Había un sitio destinado a la natación, cercado por grandes horcones, paraguarecer a los concurrentes del peligro de los tiburones, que pululaban por labahía.En su orilla existía una playita artificial, pero nunca era utilizada debido a lagran cantidad de erizos que cubría su fondo, por lo cual era convenientenadar únicamente en la parte honda, obviando de ese modo los dolorosospinchazos de aquellos animalejos.A mí me encantaba escapar del fuerte calor dándome un chapuzón en susfrescas y límpidas aguas. 11
  12. 12. Aunque no se efectuaban muchas fiestas en El Club, se celebraban actos losdías festivos, patrióticos o tradicionales, cubanos o norteamericanos.En ese sitio pude aprender lo que significa Haloween, Thanksgiving, y quienera Santa Claus.Aunque las grandes fiestas no eran muy frecuentes, la más importante y demayor asistencia y elegancia (porque el atuendo era de largo para las damasy formal para los caballeros), era la que efectuaban las noches del treinta yuno de Diciembre, amenizadas por conocidas orquestas, donde el arribo delnuevo año era celebrado con un brindis de champagne.Para las familias era una bendición El Club, y a no ser por él, la vida enaquel apartado lugar hubiera sido no solamente aburrida y monótona, sinoinsoportable.Un caluroso domingo fuimos a pasarlo al Náutico, como era nuestracostumbre.Aunque mi padre me había convertido en un excelente nadador, mi madre,que era precavida al extremo, no me permitía deambular por el lugar sinllevar un molesto salvavidas, cuyo requisito no me quedaba otra alternativaque acatar, porque en mi época se hacía lo que los padres ordenaran, sinderecho a disentir.Acudía a nuestro lugar de recreo un adolescente llamado Raúl, quien erainquieto e intrépido, siendo su actividad favorita brincar sobre un trampolínsituado en la parte más profunda, efectuando audaces piruetas y tiradas.Yo correteaba por los alrededores, sobre el pulido y encerado piso demadera, cuando escuché a mi padre gritarle al temerario mocetón: -“Raúl,no te tires al agua y sal inmediatamente de ese trampolín, porque hay untiburón dentro de la poceta”.Obedeciendo, Raúl salvó su vida ese día.Cuando nos acercamos pudimos divisar una enorme figura, que daba vueltasdentro del lugar cercado. 12
  13. 13. Era una “cornuda”, o “pez cabeza de martillo” que había penetrado a travésde un poste defectuoso, probablemente carcomido por los efectos del mar yel transcurso del tiempo.Hubo que llamar a un pescador experto, de apellido Gisbert, para quearponeara y se deshiciera de aquel temible escualo.Al día siguiente remplazaron el madero dañado e inspeccionaron los demás,sustituyendo todos los que lucían desgastados o defectuosos,Aún con todas las precauciones y reparaciones, en lo sucesivo, antes delanzarnos al agua escudriñábamos el fondo minuciosamente, hasta estarcompletamente seguros que no había peligro. 13
  14. 14. LAS SUBVENCIONES Teléfono de El CayoLa Compañía proveía los elementos imprescindibles para la subsistencia y elbuen funcionamiento del lugar, comenzando con el fluido eléctrico, que erade doscientos veinte voltios en lugar del convencional de ciento diez.La electricidad provenía de dos potentes plantas eléctricas que habían sidoconstruidas en los Centrales Delicias y Chaparra, las cuales, concatenadassuministraban ese servicio, no solamente a los ingenios, sus “bateyes” y ElCayo, sino también al resto del municipio de Puerto Padre, y los de Holguíny Gibara.Como en aquella época temían poco tiempo de inventados los refrigeradoresy eran muy costosos, nos valíamos de neveras, que funcionaban con bloquesde hielo suministrados por La Compañía.También brindaban un conveniente servicio telefónico que operaba desdecentrales regionales, utilizando conexiones manuales y unidades de paredcon “maniguetas”, instaladas en las oficinas de La Compañia y los hogaresde sus ejecutivos.Como todos los teléfonos estaban en línea, para diferenciar a quien ibadirigida cualquier llamada, empleaban un código de timbrazos distintivos,siendo el de mi casa dos cortos y uno largo. 14
  15. 15. Ese servicio no ofrecía ninguna privacidad, porque todos los que estaban enla misma línea podían escuchar las conversaciones de los demás, pero todoera tolerable, debido a ser gratuito.La gran ventaja era que teníamos la capacidad de comunicarnos con todo elmunicipio, pues la red se extendía hasta el más recóndito rincón, nosolamente en los poblados, sino también en las colonias cañeras, algunasbien adentradas el lo profundo de la campiña.Siendo un islote en medio de una gran bahía, era de esperar que el subsuelono ofreciera agua idónea para el consumo humano.Al no existir acueducto, o pozos artesanales con molinos de viento, como enPuerto Padre, y debido a que el agua que se encontraba a pocos pies deprofundidad era muy salobre, suministraban dos tipos, una muy pura paraingerir y cocinar y otra destinada a las demás necesidades, arribando ambaspor ferrocarril en grandes tanques de acero.La de uso común era distribuida por medio de un carretón tirado por unamula, que transitaba por los angostos callejones que separaban losdomicilios.Cada vivienda contaba con dos grandes barriles de madera, ubicados al ladode las cercas que las rodeaban, y para conveniencia de sus moradores,situados lo más cercanamente posible a ellas, para facilitar su posterioracarreo.El encargado del carretón del agua, como le llamábamos, colocaba unagruesa manguera de goma dentro del tanque que llevaba su carreta, eintroduciendo en su boca la otra punta absorbía fuertemente hasta que ellíquido brotaba por el tubo y era transferida a los bidones.Era la responsabilidad de cada uno de los habitantes del lugar el acarreo dela potable, y se obtenía directamente de los carros tanques, que estacionabanen una línea convenientemente alejada del resto del transito ferrocarrilero.Mi padre, quien durante toda su vida me inculcó la importancia de cumplircon los deberes y obligaciones que debe mantener todo hombre de biendesde una temprana edad, ordenó la construcción de una carretilla queacomodara dos grandes garrafones de cristal, siéndome, como parte inicial 15
  16. 16. de mi formación, encomendada la tarea de utilizarla para traer a la casa elprecioso líquido, cada vez que fuera necesario.El viaje de ida con los recipientes vacíos me era fácil completarlorápidamente y lo consideraba casi un juego.El regreso, debido a mis cortos años, estatura y peso, era una labor fuerte,viéndome en la necesidad de descansar múltiples veces antes de completarcada faena.Por supuesto, mi padre se encargaba de cargar los receptáculos al interior dela casa, pues yo físicamente no podía.Ese fue mi primer deber y obligación, y aunque no era remuneradomonetariamente, cada vez que completaba una de aquellas misiones,olvidándome del cansancio me sentía extremadamente orgulloso y satisfechode haber podido contribuir con mi esfuerzo al bienestar colectivo de nuestrohogar. 16
  17. 17. LOS JAMAIQUINOS “Jamaiquino” Pescando desde un muelleHabitaba El Cayo una amalgama étnica de empleados laborales, originariosde distintas islas cercanas a Cuba.Procedían de Barbados, Antigua, las islas Caimán, Turcos, Caicos, lasBahamas e Islas Vírgenes, pero la mayoría eran oriundos de Jamaica.Los había, aunque en números menores de otras procedencias.Para simplificar las cosas, todos los que hablaban el idioma Ingles eranllamados Jamaiquinos, sin importar cual fuera su lugar de origen.Constituían un núcleo monolíticamente unido, quizás debido a que en casi sutotalidad no dominaban el idioma español.Aunque muy reservados eran educados, respetuosos y corteses.Recuerdo con gran afecto a Ernest King, que había sido sargento del ejércitoIngles durante la primera guerra mundial, quien por heridas recibidas enbatalla cojeaba al caminar, llevando siempre prendidas en su camisa variascondecoraciones otorgadas por el gobierno Inglés por su valentía encombate.El señor King era un hombre altísimo, pero delgado. Por el contrario, suhomónimo e inseparable Ernest Young era de estatura baja, a la vez quefornido. 17
  18. 18. Ambos fueron grandes amigos, no solamente entre ellos, sino también de mipadre y míos.Los dos hablaban un español pasable, acentuado con el melodioso deje delos habitantes de las indias occidentales.Por mediación de los dos Ernests, que se convirtieron en mis guías ymentores dentro de aquel mundo cerrado para ajenos, conocí a los demás yaunque siempre existió cierta dificultad con el idioma, pudimos entendernosy hasta lograron enseñarme lo primordial del Ingles del Rey, como ellos lollamaban.Aunque imperaba cierta dificultad cuando hablaban apresuradamente entresí, yo me las ingeniaba para intercambiar ideas y aprender su gran habilidadpara la pesca, que se sentían complacidos en transmitir a aquel chiquilloblanco que no les temía como la mayoría de los otros niños del lugar,mostrándoles agradecimiento por sus enseñanzas.La pesca en los entornos era abundante y ellos, en sus ratos de ocio, laefectuaban desde los muelles.Mientras esperaban pacientemente para capturar sus presas, ingerían unamezcla de lo que algunas personas consideran venenosa, ron antillano y“guineos” (más conocidos en la Habana como platanitos Johnson), peronunca tuve conocimiento que ninguno se hubiera intoxicado o enfermadocon aquella inusual combinación.Una de sus técnicas de pesca era extremadamente peculiar, porque en lugarde los tradicionales avíos, confeccionaban, tallando huesos de animales, unartefacto al cual le proporcionaban la configuración mas parecida que podíana un pececito, labrando su extremo en forma de un anzuelo convencional,que les permitían no tener que utilizar carnada. Los mencionados einusuales señuelos eran atados primeramente a un trozo corto de alambre, alque le agregaban lastre, y luego a un cordel de pita, amarrado a una varita debambú.Al entronizar aquel insólito atuendo en el agua, comenzaban a moverlo conun ritmo constante de izquierda a derecha y viceversa, pero siempre con lavista fija en el lugar donde quedaba sumergido. 18
  19. 19. Cuando un pez picaba lo que le había parecido una apetitosa presa, con unsúbito movimiento conseguían engancharlo, subiéndolo con presteza eintroduciéndolo en un balde que precavidamente tenían lleno de agua demar, para que no muriera pronto y poder llevarlo lo mas fresco posible a susmoradas.Esos hábiles pescadores suplementaban así las dietas de sus familias, puesera tal su habilidad que no pasaba un día sin que atraparan lo suficiente parasu sustento.Mis amigos me instruyeron también en la táctica de confeccionar angoa paraatraer los peces, cuando en el tiempo muerto estaban los muelles vacíos, sinbuques que arrojaran desperdicios de comida sobre sus bordas.Otra de las habilidades que pude observar en ellos, era su formacaracterística de capturar cangrejos.Para hacerlos salir de sus cuevas vertían en ellas chorritos de agua dulce,poniendo sobre las mismas, con el fondo hacia arriba, latas vacías demediano tamaño, sobre las cuales hacían con sus dedos un sonido quesimulaba truenos.Los crustáceos, creyendo que estaba lloviendo, salían de sus guaridas, encuyo instante eran atrapados y echados en un saco.Las muelas de cangrejo moro son un delicioso manjar.Una de sus especialidades culinarias era confeccionar empanadas de maiz, alas que llamaban “patties”, las cuales horneaban saludablemente, en lugar defreírlas.Algo deliciosamente inolvidable, que para mi deleite me brindaban cada vezque las elaboraban, eran las apetitosas sopas de cobo.Su distintivo gusto nunca podrá borrarse de mi paladar, y aún las añoro,ordenándolas cada vez que aparecen en el menú de cualquier restaurante quevisito. 19
  20. 20. Hasta ahora, aunque parecidas, no he encontrado ningún lugar, ni nadie enparticular, que sepa prepararlas con el mismo delicioso sabor que ellos leproporcionaban. 20
  21. 21. LOS MUELLES Y LA GUASA La GuasaA los muelles atracaban todo tipo de barcos, movidos por vapor de agua omotores de petróleo, desde pequeños dedicados al cabotaje, entre los cualesrecuerdo el Polar y el Tropical, medianos para travesías a puertos cercanosde los Estados Unidos y Méjico, combinados de carga y pasajeros como elHabana, así como los de gran calado, que viajaban los siete marestransportando los productos de los centrales azucareros.Los mayores eran enormes navíos que cargaban azúcar envasada en sacos deyute de doscientas veinte libras de peso, y los buques cisternas, a los quebombeaban dentro de sus inmensos vientres la “miel de purga”.Allí se encontraba la mayor, a la vez que la más sofisticada y moderna detodas las instalaciones de bombeo de ese tipo.Dichos atracaderos estaban capacitados para albergar cualquierembarcación, pues aquella parte de la bahía tenía la profundidad suficientepara acomodarlas sin importar cual fuera su calado.A un lado de los muelles había un sitio muy profundo, en forma de “veril”,cerrado por una muralla natural rocosa. Se decía que ese lugar se 21
  22. 22. encontraba habitado por una enorme Guasa, con una descomunal boca, lacual se suponía había quedado atrapada al crecer en ese cercado recinto.En honor a la verdad nunca tuve la oportunidad de verla, porque mi madreme había prohibido terminantemente acercarme donde supuestamente vivíael monstruo.Según una leyenda local, que nunca escuche refutar, el infeliz que tuviera lamala suerte de caer donde ella moraba terminaría su existencia dentro de subuche, pues se rumoraba que en una ocasión se había tragado una persona deun solo bocado.Igual que todo el resto de los habitantes, yo le tenía un gran respeto a eselugar. 22
  23. 23. LAS LANCHITAS Lanchita de pasajerosExistían en Puerto Padre, dos pequeñas empresas de transporte marítimo,que prestaban servicios hacia y desde El Cayo y la Playa de La Boca, la máshermosa del mundo.Los propietarios de las mismas eran dos señores nombrados Juan Mora yEnrique Roque.Constaban ambas con lanchitas que movían pasajeros entre esos puntos,cubriendo una necesidad imprescindible a un precio módico.Aunque sus asientos no eran muy confortables por ser de madera, sin ningúnacolchonamiento, tenían suficiente capacidad para transportar múltiplespasajeros.Partían en Puerto Padre desde dos lugares distintos.Las de Juan Mora desde un muellecito que llevaba su nombre, situado entreel Boquerón y el manantial de agua dulce que brota dentro del mar.Las de Enrique Roque desde el muelle principal del pueblo, que teníaadjunto un pequeño atracadero para botes menores, con un adyacente pontónflotante que se ajustaba a la altura de la marea para mayor facilidad deembarque.Las dos contaban con respectivas facilidades en sus puntos de destino.Debido a que nuestras familias vivían en Puerto Padre, y nosotros en ElCayo, nos transportábamos en esos barquitos asiduamente, así como 23
  24. 24. movíamos en ellos las facturas mensuales que adquiríamos en una tienda devíveres propiedad de Carlos Jesús Llerena, en Puerto Padre.Fueron en su época modelo de eficiencia y seguridad, no recordando quehubiera ocurrido ningún accidente.Los viajes en que nos servimos de ellas fueron más que travesías necesarias,aventuras placenteras. 24
  25. 25. PIRULÍ PirulíPara Rafael De la Rosa, un tío paterno, yo era, o por lo menos meconsideraba, su sobrino predilecto.Era familiar, afable, alegre, parrandero y mujeriego, además de ser muyelocuente y con mucha imaginación.Tenía una habilidad única para otorgarles nombres peculiares a sus animales,ejemplo de ello era que tuvo un caballo al que llamó Parranda y en ciertaocasión me regalo un “pineo” al que por sus cortas piernas había nombradoPata de Palo.Mi tío era muy aficionado a los gallos de lidia, los cuales criaba, compraba,mejoraba, vendía, entrenaba, y al apostar a ellos percibía gananciasadicionales. Su favorito, por haber sido extremadamente fiero y hábil, lehabía proporcionado fuertes sumas de dinero.Un domingo de peleas, Pirulí, que así lo había nombrado con su habitualgracejo, aunque mató su contrincante, quedó tuerto.Tío Rafael no volvió a pelearlo para evitar que lo mataran en desventaja.Me lo ofreció como regalo, probablemente con la intención de aficionarme asu deporte favorito.Al entregármelo, me encomendó que lo cuidara hasta su muerte natural, peromanteniéndolo en forma, advirtiéndome tener sumo cuidado, porque era tan 25
  26. 26. fiero y hábil, que aunque tuerto, estaba seguro que mandaría al otro mundo acualquier contendiente que se le enfrentara.Papa por su parte me construyó en el patio una pequeña vallita, así como unajaula techada para Pirulí.Me enseño como tuzarlo, alimentarlo y hasta como colocarles las espuelasde pelea.Para mi Pirulí era lo que un perro faldero para otros niños.Amarrándole “una cabuya” a una pata y la otra punta a uno de mis tobillos,lo hacía correr conmigo por todo el patio, manteniéndolo en forma, a la vezque forzándolo a estar a mi lado el mayor tiempo posible.El hijo del dueño de la fonda era uno de mis amigos y compañero de juegos.Su padre había adquirido un pollo de pelea, por el cual había pagado unarespetable suma de dinero, pues venia de la gallería de Pepe Villegas, una delas mas afamadas de Cuba, y por lo tanto era de muy buena casta.Un día mi amiguito se apareció en mi casa para mostrarme el gallo que era elorgullo de su padre.Como la mayoría de los niños, cada uno de nosotros ensalzó la habilidad yfiereza de nuestros respectivos animales, y para probar nuestrasaseveraciones decidimos “toparlos”.Debido a mi poca experiencia, Pirulí quedo de su lado tuerto y no pudiendover de donde procedía el picotazo recibió una herida en la cabeza.Inmediatamente mi compañerito me dijo: -“Como acabas de ver, haquedado probado que el pollo de mi padre es mejor que tu gallo, y si losechamos a pelear, el tuerto va a perder miserablemente”.Esa fue una costosa equivocación del hijo del fondero, pues, para salvartanto el honor de Pirulí como el mío, lo reté a someterlos a una prueba encombate. 26
  27. 27. Les pusimos los correspondientes espolones y los topamos de nuevo,soltándolos finalmente en la pequeña vallita.La lidia duro solamente unos segundos, pues al primer revuelo Pirulí dejomuerto a su contrincante.Estupefactos por lo corto y fulminante de la pelea, cuando miré a micompañerito de juegos, por primera vez contemplé un enorme pánicoreflejado en el rostro de otro ser humano.Gritos angustiosos emanaron de su garganta, cuando, pávido de terrorexclamó: ¡Ay, mi madre!, ¿Qué hago ahora?. Mi padre, si no me fríe enaceite, por lo menos me introduce en una cazuela de agua hirviendo hastaque suelte la piel, y después me da una paliza hasta gastar su grueso cinto decuero.Tienes que ayudarme. Yo no puedo regresar a mi casa y contar lo sucedidoporque no quiero morir tan joven.Decidimos que para salvar la situación tenía que desaparecer el cuerpo deldelito, introduciendo el plumífero muerto en un saco, junto a un pesadohierro.Nos dirigimos al mar por la parte menos transitada de la barriada, echándoloal agua en el lugar mas profundo que conocíamos.Por suerte nadie nos vio y allí mismo juramos que negaríamos hasta lamuerte lo sucedido, sin importar la presión a que pudieran someternosnuestros padres.Mi amiguito negaría que hubiese llevado el pollón a mi casa y yo por miparte juraría que eso era cierto y que nos habíamos pasado la tarde jugando ala pelota.Cuando al caer la noche el fondero fue a revisar el lugar donde guardaba suplumifero y no lo encontró, enormemente contrariado comenzó a indagarentre los vecinos si sabían que había sucedido, o quien podía habérselollevado. 27
  28. 28. Cuestionó a su hijo, quien por supuesto se aferró a la patraña que habíamoselucubrado, negando estar vinculado o tener conocimiento de ladesaparición, poniéndome a mí como testigo.Yo, por mi parte corroboré su historia, librándolo de toda sospecha.El fondero llamó a la Guardia Jurada de La Compañía, encargada de laseguridad del lugar, y a todos sus conocidos para conducir una búsquedatendiente a encontrar su costoso animal.Se mencionaron nombres de sospechosos del supuesto robo, pero comoninguno de ellos había cometido el delito, todos los acusados pudieroncomprobar su inocencia.Hasta hoy, que escribo estas líneas no se ha disipado el enigmático misteriode la desaparición, y cuento ahora esta historia con la tranquilidad de quedespués de tanto tiempo, ni mi cómplice de aquella inocente fechoría, ni yo,vamos a ser castigados. 28
  29. 29. EL ANCIANO Y EL MAR El tiburón que capturaron el anciano y su nietoUn conocido libro titulado El Viejo y el Mar es una de las obras maestras dellaureado escritor Ernest Hemingway.En la vida real pude presenciar un acontecimiento, que aunque su tramatiene cierta similitud con el nombre de dicha novela, no contieneexactamente sus componentes.Para marcar la diferencia entre ambas, he titulado este capítulo con unnombre, que aunque tiene cierto parecido, es distinto al de la famosa novela.Una tarde del tiempo muerto, la época cuando estaban ociosos los doscolosos azucareros, y por cuyo motivo no se efectuaban embarques, meencontraba pescando desde uno de los muelles.El mar estaba apacible y una suave, pero persistente brisa hacia soportable elintenso calor.Flotaban en la bahía varios barquichuelos de pescadores, entre ellos el de unseñor de avanzada edad, quien acostumbraba buscarse el diario sustentoacompañado de su nieto. 29
  30. 30. De pronto hubo una enorme conmoción, y los pescadores se agrupaban en lapunta del muelle, llamando a los que se encontraban lejos.Cuando miré hacia la bahía observé que el botecito del anciano navegaba auna velocidad vertiginosa, como si fuera una lancha de carreras.El veterano lobo de mar iba en la proa, vigilando atentamente lo que tratarade hacer el enorme tiburón que había quedado enganchado en uno de susavíos.Con una hachuela en una mano no quitaba los ojos del agua, para que si elpez intentaba bajar a las profundidades cortar el cordel, evitando quearrastrara consigo su bote y sus ocupantes.El barquichuelo dio infinidad de vueltas por la bahía, pero por suerte paraellos el escualo no se sumergióAlgún tiempo después, que pareció más largo de lo que en realidad fue, eltiburón finalmente se cansó y el experimentado pescador lo arrimó a laborda, matándolo a palos.Cuando lo llevaron a tierra lo ataron por la cola, izándolo cabeza abajo en unalto poste del alumbrado público.Era tal su tamaño que su extremo posterior tocaba la parte alta del empinadomadero, mientras su nariz rozaba la tierra. 30
  31. 31. EL CAMPEÓN Los Guantes del CampeónNació en El Cayo un hijo de Juan Herrera, un estibador cubano de color,casado con una Jamaiquina, quien le puso el nombre de John.Años más tarde fue conocido en el mundo de los deportes como JohnnyHerrera.Desde muy pequeño se aficionó al pugilismo, llegando a ser campeónnacional en una de sus divisiones.Mi abuelo paterno, Don Nicolás De La Rosa, nacido en Santoña, España,poeta y ex capitán del ejército ibérico, se trasladó a Cuba con la idea deejercer el periodismo, lo cual consumó años mas tarde, pero el primerempleo que pudo conseguir fue el de telegrafista en la ciudad de Bayamo,ciudad declarada Monumento Nacional después de la Independencia cubana.Siendo un masón del supremo grado filosófico 33, y miembro de lacongregación de Los Iluninados, era íntimo amigo de los Céspedes, sushermanos de logia y cofradía, a los cuales se unió cuando lanzaron el gritode Independencia. La historia de mi abuelo es digna de contar, y aunquese merece un escrito aparte, es pertinente ofrecer un pequeño resumen. El españolito, como cariñosamente le llamaban sus amigos y hermanos de logia, llegó a ganarse los grados de Coronel en el Ejército Libertador de Cuba, y tenía el derecho de ser elegido Presidente de la República, aún siendo extranjero de nacimiento, privilegio otorgado por la primera Constitución de la República a todos los que habían participado en las tres guerras de emancipación. 31
  32. 32. Debido a complicaciones causadas por heridas recibidas en combate, muriócorto tiempo después de ganada la independencia, dejando a Papá huérfano ala temprana edad de siete años, encargándose de su formación su hermanaRosa, la mayor de los ocho hijos que sobrevivieron las distintas plagas deaquellos tiempos. Rosa nunca se casó, porque dedicó su vida a sacaradelante todos sus hermanos menores.Como mi tía era extremadamente austera y celosa del bienestar de la prole asu cuidado, el progenitor de mis días, que era el menor, para poder boxearsemi-profesionalmente sin que su hermana se enterara y lo impidiera, lohacía bajo el pseudónimo de “Kid Richard”.De ahí viene el nombre por el cual he sido conocido desde mi nacimiento,porque no gustándole el diminutivo de Ricardito, siempre me llamó Richard.No se como, pero cuando Johnny se enteró de esa historia, le pidió ayuda al“Kid”, para poder desarrollar sus habilidades en el ring.El aspirante a boxeador fue acogido con beneplácito bajo la tutela del ex-pugilista, quien le enseñó lo fundamental del deporte, y le transmitió todassus experiencias, adquiridas durante sus incursiones en el arte de fistiana.Parte de su entrenamiento de fortalecimiento era remar alrededor de ElCayo, en un pequeño botecito, el cual tenía que cargar sobre el pedraplénpara poder completar la circunvalación.Como en El Cayo no tenía ningún porvenir pugilístico, mi padre decidiótrasladarlo a La Habana, donde le serían factibles mejores oportunidadesbajo la dirección de experimentados entrenadores y managers profesionales.Pasaron años de dura preparación y acondicionamiento, pero bajo losauspicios de sus nuevos manejadores, añadidos a su fortaleza, dedicación,persistencia y habilidad natural, fue escalando consistentemente los peldañosde ese deporte.Ganó casi todos sus encuentros profesionales en las tres divisiones en quepeleó según fue aumentando de peso, llegando a coronarse campeónsemipesado de Cuba, título que mantuvo por varios años. 32
  33. 33. Siendo aún campeón, realizó un viaje a Jamaica, porque sentía necesidad deconocer sus abuelos maternos.En Kingston no tuvo problemas para comunicarse, pues su madre no solo lehabía enseñado el idioma inglés, sino también la jerga popular que allí sehabla.Decidió instgalarse en ese lugar, cuando conoció una bella jamaiquina, de lacual se enamoró perdidamente, contrayendo nupcias y retirándosedefinitivamente del boxeo.Johnny ganó en lo adelante su diario sustento, ejerciendo en Jamaica laprofesión de maestro de educación física, a la vez que entrenó y transmitiósus amplios conocimientos y experiencias en el cuadrilátero a muchospugilistas Jamaiquinos. 33
  34. 34. EL DEPORTE NACIONAL Aspirante a PeloteroEn aquel lugar, ni en ninguno de los pueblos cercanos existían comerciosdedicados a la venta de artículos deportivos, por lo cual eran difíciles deobtener.Estarían asimismo esos costosos renglones fuera del alcance económico dela mayoría de los moradores de El Cayo.El cubano siempre agudizó su inventiva para suplir sus carencias, utilizandolo que tenía a mano.Las pelotas eran confeccionadas enrollando pita de pescar, hilos o cordeles ycubrirlos con “tape“ o “esparadrapo”, según los materiales que pudieranconseguir.Utilizando pedazos de los toldos que protegían los sacos de azúcar y erandesechados cuando estaban rotos, construían guantes en forma demascotines, que servían para cubrir cualquiera posición; no solamente laprimera base.Yo era el feliz propietario de uno de ellos.Existía un terreno habilitado para jugar béisbol, pero los adultos lo teníanacaparado y no nos permitían utilizarlo. 34
  35. 35. Ante la frustración que eso nos causaba, con la ayuda de la maestra delcolegio público, le escribimos una carta en inglés al administrador generalde La Compañía, que era prácticamente dueña de todo, exponiéndole eldeseo que teníamos de practicar el deporte, así como la razón por la cual nopodíamos hacerlo.Sin excepción, todos los niños aficionados al juego de pelota la firmamos.El mencionado ejecutivo, en una decisión salomónica, decreto otorgarnos alos pequeños el derecho de practicar un día a la semana (los miércolesdespués de terminadas las clases) y jugar los sábados por la mañana de ochoa once antes meridiano, dejándole a los mayores a su entera disposición todoel resto del tiempo.Nos dividimos en dos equipos; involucramos a nuestros padres y conocidos,convenciéndolos para que fungieran como entrenadores y árbitros.Efectuamos prácticas y encuentros, y fue tan grande nuestro entusiasmo yauto-estima, que llegamos a creernos consumados jugadores.Siempre que los elementos no lo impidieran, no dejamos de hacerlo durantelos días y horas que nos habían asignado.El primer juego lo disfrutamos a plenitud, porque ese día marcó nuestrainiciación como peloteros pertenecientes a equipos organizados. 35
  36. 36. EL CINE Proyector portátilComo antes mencioné, las diversiones en El Cayo eran escasas, sobre todopara los que no tuvieran la dicha de poder frecuentar el Club Náutico.Una de las privaciones era, que no existiendo cine ni teatro, para asistir a unafunción había que trasladarse a Puerto Padre, lo cual resultaba además deincómodo, demasiado costoso para la economía de la mayoría.No sé de quien, ni como surgió la idea, probablemente de un ejecutivo de LaCompañía, que nunca escatimaba esfuerzos para proveer a los habitantes denuestra islita todas las amenidades que hicieran nuestras vidas lo másplacenteras posible.Un buen día llegó la agradable noticia de que iban a presentar una funcióncinematográfica gratuita al aire libre, en la explanada del campo de béisbol.Instalaron una elevada pantalla, proyector y altoparlantes portátiles.Notificaron que cada persona sería responsable de traer una silla o banquitodonde sentarse.La función comenzó como era natural ya entrada la noche, con un noticiero,muñequitos para los menores y un film norteamericano, cuya trama eran lasfantásticas aventuras de un niño muy travieso y audaz.La cinta estaba protagonizada por un personaje infantil, muy popular enaquel tiempo llamado Slokum. 36
  37. 37. La película, hablada en Ingles, tenía títulos en español en el borde inferior dela pantalla.Como utilizaban un solo proyector, teníamos un tiempo de espera alterminar cada uno de los múltiples rollos, mientras instalaban el siguiente.Los asistentes aprovecharon esos lapsos para tornar la ocasión en un eventosocio-amistoso, con los consabidos intercambios de opiniones, discusionesde política y deportes, y por supuesto los inevitables chismes pueblerinosNo todas las semanas teníamos la suerte que ofrecieran programas de esaíndole, pero durante el tiempo que residí en El Cayo, ese evento tuvo lugaren múltiples ocasiones. 37
  38. 38. LOS BARRACONES BarracónLos empleados laborales vivían gratuitamente en grandes barracones demadera.Aunque habían algunos solteros, eran habitados por muchas familias, lamayoría con hijos, por lo cual, para la privacidad de las mismas les habíanadicionado paredes divisorias.Dentro de cada cubículo existía una conexión eléctrica, por la cual pagabansolamente un peso mensual, sin límite de consumo.Constaba dicha instalación de un cable único que colgaba del techo, con unbombillo incandescente en su final.Hubo dificultades, pues los usuarios tenían otras necesidades, como planchasy radios, por lo cual hubo algunos que manufacturaron líneas ilícitasadicionales, susceptibles a generar corto circuitos y por ende incendios.La Compañía les ofrecía proveerles cables auxiliares, instalados porelectricistas expertos, seguros contra fuegos, pero cargándolesmensualmente un peso extra por cada uno, lo cual constituía un gravamenpara sus magras economías.Si detectaban algo ilegal, los infractores perdían el derecho a esa prestacióny eran desconectados radicalmente.Siguiendo los consejos de Papá, pudieron solucionar ese problema en laforma siguiente: Utilizando exclusivamente el cable legal, les adicionaron ala rosca donde se encontraba el bombillo, un utensilio adquirido a bajo costoen el Departamento Comercial, el cual contaba con cuatro tomas en sus 38
  39. 39. lados, que les permitían conectar sus deseados utensilios. Tenía además ensu extremo inferior, otra conexión, con su correspondiente interruptor, aptapara reinstalar la bujía.Las familias que habitaban los barracones, muchas con prole, vivíanhacinadas en aquellos cubículos, que aunque moderadamente amplioscarecían de la privacidad adecuada.Para tener cierta intimidad a la hora de dormir, se veían en la necesidad decolgar sábanas a modo de divisiones.Nunca observé dentro del grupo de los jamaiquinos a los llamadosRastafarians, con sus pelos alborotados y gorras descomunales.Tenían mis amigos un modo ejemplar de vida y comportamiento, norecordando haber presenciado problemas o peleas. 39
  40. 40. EL QUESO Y LA RASPADURA “El Queso” “La Raspadura”Mi hermano menor, Rafael era seis años y medio menor que yo, muy albo detez y con cabellos de un rubio tan claro que lucían casi blancos.Habitaba en uno de los barracones. Jane, una adolescente de origenjamaiquino.Era de piel extremadamente obscura, al igual que la mayoría de losmiembros de su etnia.Cada día, terminadas las clases camino a su casa, la jamaiquinita visitaba lanuestra, tomándole un gran apego a mi hermanito.Constantemente le pedía permiso a mi madre para sacarlo a pasear,llevándolo enhorquetado en una de sus caderas por todo el vecindario.Mis padres comenzaron a preocuparse cuando mi hermano, que ya teníaedad suficiente para pronunciar muchas palabras, se expresaba por medio delo que para nosotros semejaba un enigmático y extraño lenguaje, imposiblede descifrar.En una ocasión los observé notoriamente desconcertados, debido a la grantribulación que les causaba no poder discernir lo que constante einsistentemente les estaba solicitando. 40
  41. 41. Acercándome a mi hermanito puse gran atención a lo que decía, y despuésde escucharlo repetidas veces, caí en cuenta que lo que continuamenterepetía era la palabra inglesa “water”.Temía sed y quería agua, pero la estaba pidiendo en Ingles.Entonces comprendimos que trataba de expresarse no en español, nitampoco balbuceaba en jerigonza, sino que por la constante compañía deJane había comenzado a pronunciar palabras en el léxico de los jamaiquinos,inclusive con su melodioso deje.La constante compañía de la adolescente y Rafaelito, les proporcionó unpeculiar sobrenombre por el que eran conocidos en El Cayo.Como eran inseparables y se hacía exageradamente notorio el gran contrastede sus pieles, les llamaban “El Queso y La Raspadura” 41
  42. 42. EL MONTE DE CLAVO Y CANELA El Pirata “Diente de Perro”Lo nombraron el monte “de clavo y canela”, debido al tipo de vegetaciónsilvestre que mayoritariamente crecía en él.No era verdaderamente un monte, mejor podrían haberlo llamado “laexplanada”, debido a que aparte de la flora que le daba su nombre, estabacompuesto por esporádicos grupos de tupidos matojos y unas pocas plantasde menor tamaño.Se encontraba situado al fondo de los chalets y casas, que estaban ubicadasen el oeste de la calle principal.El Monte era el sitio favorito de toda la muchachada para correr, retozar yjugar.Todas las tardes, después de bañarnos, pasábamos el tiempo en ese lugar,hasta que nuestras madres nos conminaban a regresar a nuestros hogarespara la cena.El juego favorito era el de los piratas, para el cual nos dividiéndonos en dosbandos. 42
  43. 43. La regla primordial consistía en que siempre tenían que ganar “los buenos”,que hacían prisioneros a los corsarios que quedaban con vida después defieras batallas, cuyos combates eran librados utilizando espadas de maderaconfeccionadas con deshechos de palos de escobas.Por supuesto, nadie quería pertenecer al bando de los filibusteros, de talmodo que teníamos que echarlo a la suerte, siendo éste el único método paralograr que algunos lo acataran.Los “malos” eran siempre, por la aversión a serlo, un número reducido ysabían de antemano que no existía para ellos la más ligera posibilidad detriunfo.Una tarde hicimos prisionero al bucanero más temido de todos, al que sinimportar quien hubiera tenido la desdicha de desempeñar su papel,llamábamos Diente de Perro.En esa aciaga ocasión le tocó a Jorgito, uno de los más jóvenes, la malasuerte de representarlo, y cuando cayó prisionero ya se acercaba la hora de lacena.Lo habíamos atado y amordazado a un pequeño arbusto dentro de un espesomatojo, buen oculto y fuera de la vista, para evitar que sus secuaces pudieranlocalizarlo y trataran de rescatarlo.Mientras decidíamos como íbamos a ajusticiarlo, fuimos conminados aregresar a nuestras respectivas casas porque ya era la hora de la comida.La mayoría de las madres llamaban a sus hijos a gritos, pero la mía noconsideraba educado vociferar, por lo cual mi padre era el encargado dehacerlo, y lo efectuaba por medio de un silbido peculiar, que si fuera posibleescribir su onomatopeya sonaría como: “Fuiiii….. Fiuuuu...... “Fuiiiii......Fiuuuuu...........”Cuando yo escuchaba ese sonido, regresaba a mi hogar sin dilación, como lohacían los demás niños al escuchar los gritos de sus madres.En el apresuramiento a regresar, se nos olvido liberar a Diente de Perro, quequedó oculto, atado y amordazado. 43
  44. 44. Cuando Jorgito no regresó a su casa, después de muchos gritos, cada vezmás angustiosos, la progenitora de sus días acudió a sus vecinos, solicitandoayuda.Eso desató una reacción inmediata y general, decidiéndose que había queefectuar una intensa búsqueda sin mas dilación.En ese instante comenzaron las especulaciones, habiendo infinidad deteorías acerca de lo que pudiera haber acaecido.Alguien dijo que quizás se había montado en un botecito y la fuerte corrientelo habría llevado a la deriva.Un señor de avanzada edad sugirió que a lo mejor se había caído al mardesde algún muelle y se había ahogado.La maestra sospechaba de la enorme y temible Guasa.Otra persona supuso que tal vez un brujo haitiano lo había secuestrado paraarrancarle el corazón o hacerlo un Zombi.Después de algún tiempo de infructuosa pesquisa, se inició una búsquedaorganizada y tenaz, porque un gran pavor ya se había extendido por todo elvecindario.Como medida de precaución, para prevenir mas desapariciones, a los niñosnos habían encerrado en nuestras casas, obligados a acostarnos, sin importarque aún era muy temprano, ni darnos explicaciones o responder nuestraspreguntas de por que razón lo hacían.A nadie se le ocurrió tratar de averiguar si alguno de nosotros sabía la suertede Jorgito, lo cual hubiera evitado no solamente el prolongado sufrimientode la madre, el terror en el bario y las angustias del muchacho, sino tambiénla gran búsqueda que se efectuó.Cuando al fin lo encontraron, casi al filo de la media noche, el pobrechiquillo estaba embolsado, tembloroso, hambriento, anegado en lágrimas ycasi muerto de miedo. 44
  45. 45. Ignoro si Jorgito habrá podido recuperarse mentalmente de ese incidente, oquedó traumatizado el resto de su vida.Lo que más nos dolió, fue que después de ese episodio, nos impusieroncomo castigo no permitirnos volver a jugar a los Piratas.Muy a nuestro pesar, Diente de Perro y todos los bucaneros, corsarios,filibusteros y demás aventureros desaparecieron para siempre de nuestrasvidas. 45
  46. 46. EL DESVASTADOR CICLÓN DEL AÑO 1932 El Desvastador HuracánUno de los huracanes más mortíferos que azotó Cuba irrumpió por la ciudadde Santa Cruz del Sur, provincia de Camagüey, en Noviembre 9 del año1932.El fenómeno atmosférico atravesó perpendicularmente nuestra nación,egresando por la zona de Puerto Padre.En aquella época un sabio cura Jesuita, el Padre Mariano Gutiérrez Lanzafungía como director del observatorio del Colegio de Belén, en La Habana.Contando solamente con los escasos recursos de la meteorología deentonces, no solamente vaticinó la inminencia del ciclón y su rumbo exacto,sino también predijo que iría acompañado por un ras de mar.Casi nadie le prestó la debida atención a sus eruditos consejos, por lo cual, ladesafortunada población del mencionado pueblo pereció casi por completo,salvándose contadas personas.Según datos de la época, el maremoto, que alcanzó seis metros de alturacausó 3,303 muertes, obliterando dicha ciudad, que tuvo que serreconstruida algún tiempo después a dos kilómetros de su lugar original.Al salir de Cuba, por nuestra zona, nos impactó con gran intensidad.Fuimos afortunados, por que el vendaval, llevando una trayectoria de sur anorte, y entrando por ende desde tierra, no causó que el mar nos devastara. 46
  47. 47. Teníamos la certeza de que una vez que los fuertes vientos comenzaran, nosería factible evacuar por ferrocarril, porque el pedraplén quedaría a mercedde los elementos.Conocíamos asimismo que una retirada por mar constituiría prácticamenteun suicidio, pues bien es conocido cuan peligroso es navegar en una bahíatan grande como la nuestra durante un huracán.Mi padre, que en su juventud vivió algún tiempo en Pinar del Rió, provinciadonde era mas frecuente el azote de los ciclones, adquirió allí grandesconocimientos acerca de los mismos.Como sus deberes al frente de la Aduana no le permitían abandonar su sitiode trabajo, le sugirió a mi madre que ella y yo (mi hermano aún no habíanacido) nos trasladáramos a Puerto Padre mientras la calma que precede aesos fenómenos atmosféricos lo permitiera, y tomáramos refugio en laresidencia de mi abuela materna, doña Anita Montes de Oca viuda deMachado, pero mamá hizo valer su criterio de que la familia, en tiemposbuenos o malos, tenía que mantenerse unida, y por ninguna razón semarcharía.Papá sabía que nuestra casa era fuerte y resistiría, dándose a la tarea deprepararla, para juntos afrontar el embate de los terribles vientos que seavecinaban.Cuando se cercioró que primero seríamos azotados por el frente, aseguropuertas y ventanas, clavando maderas por fuera, dejando abiertas algunas dela parte posterior, para que si el vendaval rompiera y penetrara por lafachada, saliera por el fondo, evitando así que al no encontrar otra ruta,arrancara el techo.Los animales de corral que teníamos en el patio fueron resguardados bajo lacasa, donde usualmente pernoctaban, protegidos por un cercado de alambrecuadriculado, que fue reforzado con tablas.Una vez terminada la preparación preventiva, encendió su radio Philco deonda corta, larga y ultra-corta, para que antes que faltara el fluido eléctrico,escuchar la mayor cantidad posible de informaciones y noticias sobre lo quesucedía en el resto del país. 47
  48. 48. La mayoría de los habitantes, temerosos del huracán, abandonaros sus casasy barracones, buscando refugio en los grandes almacenes de azúcar, queconsideraron mas seguros debido a su recia construcción.Los vecinos que vivían al frente de nuestra casa, la maestra y su esposo,llamado Enriquito Julve, de oficio hojalatero, (quien evidentemente perdióparte de su rala cabellera en su travesía desde su Puerto Padre natal, donde leapodaban “cinco pelos” y al llegar a El Cayo fue rebautizado “cuatropelos”), decidieron guarecerse en nuestro hogar, debido a la seguridad queles brindaban la experiencia y conocimientos de mi padre.La tormenta irrumpió con gran poder, derribando a su paso tendidoseléctricos y telefónicos, lo cual nos dejó incomunicados y sin fluidoeléctrico, así como dañando parte del pedraplén; pero por suerte, causandomuy pocas averías a las edificaciones.Tal fue la intensidad de los vientos, que al sacar mi mano por una de lasventanas que fueron dejadas abiertas en el fondo de la casa, descubrí que alprobar el agua que la había mojado, ésta no era solamente de lluvia, sino quese había mezclado con la salada del mar.Al cabo de algún tiempo, arribó una calma absoluta.Cuatro pelos, al notarlo, le dijo a mi padre con incontrolable júbilo, que yaera hora de regresar a su hogar, porque el peligro había terminado, a lo cualPapá le replicó que estaba rotundamente equivocado, que esa tranquilidadera simplemente el ojo del ciclón y teníamos que prepararnos nuevamente,pues dentro de corto tiempo comenzaría a azotarnos por el lado opuesto.Desclavó las maderas con que había afianzado el frente, dejando abiertaalgunas ventanas y aseguró el fondo como lo había hecho anteriormente conla fachada.Buscó dos grandes aves de donde previamente las había guarecido, dándoleinstrucciones a nuestra cocinera, que hiciera con ellas sopa y arroz con pollo,adicionándoles tostones y ensalada.Cuando la fuerza de los elementos comenzó a hostigarnos de nuevo, nossentamos a la mesa a ingerir nuestros alimentos, bajo la luz de lámparas depetróleo. 48
  49. 49. Pasado algún tiempo, que pareció más largo de lo que realmente fue, losfuertes vientos concluyeron su fuerza destructiva y al fin vino la calmadefinitiva.Al saber que el peligro había terminado, alumbrado por un farol que yosostenía, Papá desclavó la parte posterior y se sintió aliviado al comprobarque no había ningún daño de consideración en nuestra vivienda.Los Julve se marcharon a su casa y los vecinos, que pasaron el huracán enlos almacenes de azúcar regresaron a sus hogares, cansados y hambrientos,porque en sus refugios no tuvieron víveres, ni las facilidades necesarias paracocinar o descansar cómodamente.Puedo asegurar que a quienes les fue mejor durante ese terrible episodio,fuimos nosotros 49
  50. 50. LA BOLA DE FUEGO El MeteoritoUna tranquila noche nos encontrábamos acomodados en holgados sillonesen el portal de nuestra casa, escuchando a través del radio un programamusical.Disfrutábamos de la placidez de una velada en familia, aliviados del calor yprotegidos de la molestia de los mosquitos por un potente ventilador de pié,que se había instalado con ese propósito.Mi madre, profesora y escritora, era también graduada de piano y música,alumna predilecta de la insigne maestra Umbelina Ochoa, natural deHolguín.No perdiendo nunca la oportunidad de proveerme educación adicional, mehablaba de la conveniencia de adquirir una cultura completa, incluidas todaslas artes, pero teniendo sumo cuidado de no menospreciar la musical, quesegún ella, algunas personas ilustradas marginaban inadvertidamente.Me hacía relatos y comentarios sobre las obras de los grandes compositoresde todos los tiempos, los clásicos Bethoven, Bach, Mozart, Tchaikowsky,Chopín, etc., y varios de los semi-clásicos, concluyendo con los de músicapopular, que según ella, muchos de sus autores estaban dotados de grantalento, cuyos méritos no se debían menoscabar por el solo hecho de no sermúsica selecta. 50
  51. 51. Entre sus favoritos se encontraban Miguel Matamoros, Sindo Garay yRosendo Ruiz, pero el de su predilección era Manuel Corona, quien ellaadmiraba, porque las letras de sus canciones eran portadoras de hermosospoemas, siendo sus composiciones favoritas Longina y Santa Cecilia.Durante reuniones de familiares y amigos, o funciones benéficas, muyacostumbradas y populares en aquellos tiempos, ella interpretaba al pianonúmeros de los mencionados autores, acompañando a Papá, que los cantabacon una bella voz, magnífica entonación y armoniosa melodía.La apacibilidad de aquella placentera noche fue interrumpida abruptamente,cuando un bólido de un resplandeciente color escarlata cruzó a muy bajaaltura, en forma perpendicular sobre nuestros hogares.Cuando segundos más tarde hizo contacto con la bahía, además de causar ungran estruendo, elevó un enorme surtidor de vapor.Debido a mis cortos años me asuste, corriendo a refugiarme en los brazos demis padres, temiendo que sin duda alguna mi vida iba a concluirabruptamente.Algunos vecinos, aterrorizados por aquel inusual y para ellos desconocidofenómeno comenzaron a elevar plegarias, pidiéndole a Dios y cuanto Santoconocían por la salvación de sus almas, pensando que había llegado el findel mundo y era hora de rendirle cuentas al Sumo Creador.En realidad, se trataba sencillamente de un pequeño meteorito, que alpenetrar la atmósfera a enorme velocidad, el roce contra la misma lo habíatornado en una bola de fuego. 51
  52. 52. EL MACHADATO Gerardo Machado rodeado por sus “Guatacas” (Caricatura de la época)Gerardo Machado y Morales, fue un excelente presidente de la Republicadesde el 20 de Mayo de 1925, durante sus primeros tres años de gobierno,realizando grandiosas obras públicas, incluyendo la carretera central y elCapitolio, mejorando no solamente la economía, sino también la producciónindustrial, minera y agrícola, cuando promulgó una ley imponiendo fuertesimpuestos a los productos de importación.Su nombre pudo haber quedado grabado en los anales de la historia como elmejor Presidente de todos los tiempos, echando por la borda esaoportunidad, cuando en 1928, mediante amenazas y sobornos se convirtió enel único candidato legal de todos los tres partidos, Conservador, Liberal yPopular, después de haber enmendado la Constitución, con lo que se conociócomo “la prórroga de poderes”, que le permitió reelegirse por un nuevotérmino de seis años.Como era natural, la mayoría del pueblo se opuso rotundamente a esamaniobra, especialmente los estudiantes universitarios, quienes se revelaroncontra lo que llamaron tendencias dictatoriales.En represalia, Machado ordenó al Consejo de la Universidad expeler loslíderes del Directorio Estudiantil, que se habían convertido en sus más fieros 52
  53. 53. opositores, a quienes se les habían unido no solamente los líderes del PartidoConservador, sino también dos encumbrados miembros de su propio partido,Miguel Mariano Gómez y Carlos Mendieta.Fueron tiempos extremadamente turbulentos, porque la recién formadadictadura, no tardó en convertirse en sanguinaria.Un grupo de idealistas ciudadanos fundó una sociedad elitista y secreta, queestaba organizada en células para que sus miembros no fueran detectadosfácilmente.Para evitar posibles delaciones bajo tortura, solo se conocían entre sí las diezpersonas que constituían cada núcleo. y el jefe de cada uno de ellos podíaidentificar solamente al miembro principal del grupo inferior. y asísucesivamente. A esa organización se le llamó el ABC, a la cual se unió mi padre, en suafán de combatir la tiranía. Por haber sido su primer miembro en PuertoPadre, le fue otorgada la clasificación de A-1, la posición más alta ennuestro municipio.A principios del año 1933, la confrontación entre las fuerzas de Machado yla oposición, liderada por los estudiantes y el ABC creció en violencia yfrecuencia, convirtiéndose en una guerra sin cuartel.Para derrocar la satrapía, entre muchas otras tácticas, algunos combatientesutilizaron el procedimiento terrorista de detonar bombas, que causabanpérdidas a propiedades o muerte a inocentes, a cuyo método Papá se oponíaabierta y radicalmente.No me consta, pero se rumoraba en aquel tiempo, que un puertopadrensellamado “Yayo” Gálvez, hizo explotar en Santiago de Cuba un petardo, queera un espécimen de pequeña bomba cilíndrica, que hacía mas ruido que eldaño que causaba.No pudiendo descubrir quien había sido el verdadero autor de aquel hecho,culparon a un joven estudiante santiaguero amigo de Gálvez, nombradoAngulo Terry, quien para poder salvarse, tuvo que abandonar su ciudad natalurgentemente. 53
  54. 54. Para burlar a sus perseguidores, por medio de conexiones del mismo Gálvezfue trasladado subrepticiamente a Puerto Padre.Como era otro combatiente, mi padre lo reubicó en El Cayo, ocultándolo connombres ficticios en distintos buques de carga, donde a sus capitanes se leshacía creer que era un Inspector aduanero de menor rango.Angulo Terry, que era inquieto, audaz y valiente, no escuchando losconsejos de Papá de ocultarse por más tiempo, contra toda prudencia,decidió regresar a su natal Santiago, a continuar la lucha.Fue apresado, juzgado sumariamente condenado a muerte sin pruebas, yfusilado por un crimen que evidentemente no había cometido.Gallardo hasta el último momento, no intentó salvar su vida delatando alverdadero autor del hecho, cuya identidad él conocía sin lugar a dudas.Los miembros del ABC, unidos a todas las otras organizaciones opositorasno cejaron en su empeño, hasta obligar al tirano a abandonar la presidenciade Cuba y huir al extranjero. 54
  55. 55. EL ESBIRRO El Cabo VázquezDurante la lucha contra la satrapía de Machado hubo muchas accionesvalerosas por miembros de las organizaciones opositoras, lo cual desató unaferoz represalia hacia los que combatían valientemente el oprobiosorégimen.Hubo grandes desmanes y asesinatos, por lo que se conoció como La Porra,la Policía, y el Ejercito Nacional, que no cejaban en su cruento empeño deapoyar la dictadura, pensando equivocadamente que cumplían con su deberde proteger la Republica, cuando en realidad lo que estaban haciendo eraayudar a un tirano a aferrarse al poder.Muchos de los desafueros de algunos defensores del régimen en nuestrazona fueron cometidos por un miembro del ejército, conocido como el CaboVázquez, un individuo cruel y sanguinario, que no vacilaba en matarinocentes sin ningún remordimiento.Antes de cometer cualquier crimen o desmán, solía envalentonarseingiriendo ron.Si no bebía, no tenía agallas para asesinar.En una ocasión fue a El Cayo a buscar a mi padre con aviesas intenciones,pero al ser informado que Papá conocía de su presencia y los fines que traía, 55
  56. 56. ante el terror que le causó tener que enfrentarse a un hombre valiente,armado y dispuesto a defenderse, el cobarde asesino regresó rápidamente aPuerto Padre, sin atreverse siquiera a acercarse a su presunta víctima.A la caída de Machado el pueblo se volcó a las calles y persiguió a quienesde una forma u otra habían formado parte de la tiranía, para que sirviera deejemplo en el futuro, lo cual debían tomar en cuenta los esbirros que ahorasirven a la tiranía Castrista.Algunos escaparon, pero el cabo Vázquez fue capturado por una turbavengativa.Lo ataron a un automóvil, recibiendo una muerte horrible al ser arrastradovivo por las calles.Ya muerto, rociaron su cadáver con gasolina y le prendieron fuego.No sé si es verídico, pero se rumoró que después de muerto, alguien a quienle había asesinado un hermano, en un momento de locura temporal learrancó y se comió una de sus orejas. 56
  57. 57. ADIOS A EL CAYO Puerto Padre, Estatua de la Libertad y LiceoEn el año 1933, con el propósito de derribar el criminal gobierno deMachado, una de las muchas tácticas de la oposición fue efectuar una huelgageneral en toda la nación, de la cual uno de los principales organizadores ennuestra zona fue mi padre, siendo ese el colofón que culminó con elderrocamiento del déspota.El día 12 de Agosto de 1933 huyó hacia el extranjero el tirano, en lo que seconoce como “La caída de Machado”.El pueblo jubiloso se volcó a las calles, pero en medio de la gran alegría, elpopulacho, entre ellos algunos aprovechados, saquearon y quemaron variasmoradas y comercios en Puerto Padre, pertenecientes a quienes apoyaron ladictadura, o eran simplemente miembros del partido político gobernante.Fue tal la inverosímil falta de cordura, que lanzaron al mar desde la puntadel muelle el automóvil de un honorable ciudadano de apellido Pisonero,solo porque estaba afiliado al partido Liberal. 57
  58. 58. A solo dos casas de donde vivía mi abuela, trataron quemar, después desaquearla, una residencia de dos plantas perteneciente al Doctor Víctor VegaCevallos, un connotado machadista, que había logrado escapar a Camagüey,donde fijó posteriormente su residencia definitiva.El incendio fue impedido debido a la oportuna intervención de mis tíosClaudio y “Lito” Machado, muy respetados en el pueblo, y conocidosopositores al derrocado régimen, porque, debido a la cercanía con eldomicilio de su anciana madre, querían evitar que el fuego pudieraextenderse a éste.Como los que combatieron frontalmente y derrocaron a Machado, noalbergaban bajas pasiones, ni sed de venganza, escondieron en sus hogares,o ayudaron a escapar a muchos vecinos, amigos y conocidos que no habíancometido crímenes ni desmanes, salvándoles de las turbas furibundas, cuyosintegrantes en su gran mayoría no habían combatido al derrocado régimen.En la casa de mi abuela, mis familiares ocultaron a Guillermo Bernaza y sufamilia, un perfecto caballero cuyo único delito había sido ocupar el puestode Administrador de la Aduana, y haber pertenecido toda su vida al mismopartido político que Gerardo Machado.Mi tio Lito ayudó a escapar hacia La Haba a su hermano de la logiamasónica Los Perseverantes, Manuel Gonzáles Vázquez, el afamado“Manengue”, un connotado político del partido Liberal,Cuando la situación se normalizó y los ánimos se calmaron, las fuerzasvivas, para celebrar el triunfo, organizaron un gran acto cívico ymanifestación frente al Parque de Puerto Padre, al cual yo asistí luciendoorgullosamente en mi solapa un gallardete del ABC.Al retorno de la tranquilidad proseguimos nuestra vida cotidiana en ElCayo, donde mi padre continuó en el ejercicio de su posición aduanera.Como dice el dicho que la alegría dura poco en la casa del pobre, las cosasfueron de mal en peor en nuestra patria.Ante la evidente realidad de que un nuevo grupo se había adueñado deldestino del país, entre ellos el “hombre fuerte” Fulgencio Batista, un ex 58
  59. 59. sargento del ejército, y desde el 4 de Septiembre de 1933 coronel, el pueblovolvió a revelarse.En Marzo de 1935 se organizó una nueva huelga general, con el objeto dederrocar la ilegítima clase gobernante, a la cual, como era de esperar se unióy fue uno de sus principales organizadores mi padre.Para desdicha de nuestra patria, esa táctica no fructificó esta vez.Todos los empleados gubernamentales que participaron en ella fueron,primeramente suspendidos de empleo y sueldo, y luego cesanteados de suscargos.El autor de mis días, no teniendo ningún motivo para continuar viviendo enEl Cayo, decidió regresar inmediatamente a Puerto Padre para dedicarse alcomercio, y continuar desde allí su lucha contra Batista.Yo me había acostumbrado a la vida en El Cayo, siendo un duro, terrible einesperado golpe tener que abandonarlo tan abruptamente, y aunque no nacíallí, viví en él una parte de mi infancia, perdurando imperecederamente enmi memoria, a pesar de los años transcurridos, gratos e indelebles recuerdosde ese maravilloso lugar.Fin 59
  60. 60. Richard F. De la Rosa se adjudica y reserva todos los derechos deautor. 60

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