Quédate conmigo (v.o)

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Quédate conmigo (v.o)

  1. 1. Quédate conmigoVanessa M. Olasagaste 1
  2. 2. Quédate conmigo Vanessa M. OlasagasteE l se encontraba justo detrás de ella, vedando sus ojos con sus propiasmanos. Llevaban así un par de minutos. Él había distorsionado su voz y lehabía hecho la típica pregunta de “quién soy”. La verdad era que la respuestaera demasiado obvia, ya que ella conocía muy bien las manos de aquel sujetotan encantador. Pero ninguno de los dos quería que el juego acabara pronto,solo porque no les gustaba lo que vendría luego de eso. -Tal vez seas Johnny –dijo ella entre risas. El otro se las ingenió para continuar tapando sus ojos con una sola manomientras inclinaba su cara sobre ella y le daba un tierno beso en la punta delhombro. -Estás bien lejos –murmuró él contra su piel tras depositar aquel delicadobeso. -¿Y qué tal mi hermano? –preguntó ella con un susurro mientras inclinaba sucabeza hacia una lado exponiendo aun mas su cuello. El muchacho que se encontraba detrás de ella sonrió sin reír, tanto por lapregunta de la muchacha como por su gesto. Sin dudarlo se trasladó desde suhombro hacia su cuello, rozando su nariz por cada parte del cuerpo de ellahasta llegar a su destino y depositar un beso justo en el hueco debajo de suoreja. -¿En verdad tu hermano haría algo así? Él suspiró contra su piel, soltando una leve risita, la cual hizo que la chica seestremeciera y riera incómodamente. -Eso sería raro –volvió a murmurar él, ahora riendo un poco mas sin poderevitarlo mientras al mismo tiempo quitaba la mano de encima de los ojos de lamuchacha. -Eso creo –rió al mismo tiempo ella mientras a pesar de tener ahora los ojoslibres los mantenía cerrados. Pero las risas se acabaron pronto. El juego había terminado y ambos lo sabían.Solo faltaba que se miraran a los ojos para que los dos comprendieran que era elfinal, que había llegado la hora de la despedida, aun cuando ninguno de ellosestuviera de acuerdo con eso. La muchacha soltó un suspiro profundo y aun sin abrir los ojos notó como laslágrimas comenzaban a abandonar sus pupilas y comenzaban a caer con lamisma intensidad que el torrente de un río. A pesar de que sonaba raro ambos 2
  3. 3. Quédate conmigo Vanessa M. Olasagastesabían que la despedida le afectaba mucho más a ella que a él. Pero tambiénambos sabían que no había ninguna forma de cambiarlo. En verdad era elmomento de decir adiós. El joven se acercó aun más a ella y acabó ocultando su cara entre sus cabellosmientras utilizaba sus brazos para abrazarla fuertemente y atraerla aun másjunto a él. Él no iba a llorar, ambos lo sabían. Pero la tristeza que ella destilaba erasuficientemente fuerte como para afectarlo a tal punto de no poder moverse deaquel sitio. -No quiero –balbuceó ella mientras se llevaba las manos a su rostro con laintención de contener las lágrimas que caían-. No quiero que te vayas, quédateconmigo. -No es cuestión de querer –él ahogó las palabras contra su cabello, pero estabaseguro de que ella oiría-. Si realmente se tratara de lo que yo quiero, nosotrosno estaríamos teniendo esta conversación ahora. No habría razón paradespedirnos, siempre permanecería a tu lado –esta vez fue él quien acabósoltando un fuerte suspiro-. Pero no es el caso. No se trata de lo que podríahaber sido sino de lo que es. No podemos cambiar las cosas. Con un repentino golpe de furia la muchacha bajó las manos de su rostro y lasllevó a las de él que descansaban en su vientre. Rápidamente las alejó. Lo queestaba por hacer no era lo más indicado, pero en verdad ya no tenía más fuerzaspara soportarlo. Sin pensarlo más se giró sobre sí misma y encaró al muchachohasta que sus ojos estuvieron fijos los de uno en el otro. Él se sorprendió por suacto, ya que hasta ese momento estaba seguro de que al menos ella querríaprolongar un poco mas aquel instante. Pero esos pensamientos rápidamenteabandonaron su cabeza en cuanto se encontró con sus ojos; aquellos ojos verdesque siempre le habían sostenido la mirada. Esa sería la última vez que lo harían. -Te amo –susurró él mientras los ojos de ella desprendían lágrimas sin cesar. -No lo haces –lo contrarió la joven sacudiendo la cabeza pero sin quitarle losojos de encima-. Si realmente me amaras no estaríamos aquí. El joven rebuscó en su interior, tratando de encontrar una buena respuesta alo que ella le decía, algo que la dejara conforme, algo que los dejara conformes alos. Pero había una sola cosa que siempre había sido buena entre ellos, y eso erala honestidad. Decir la verdad siempre había sido su característica en particular,y eso no tenía por qué cambiar en este último momento. No tenía y no lo haría. 3
  4. 4. Quédate conmigo Vanessa M. Olasagaste -Tienes razón –volvió a susurrar él apenado-. No te amo ya –sus ojos semantenían fijos sobre los de ella ya que sabía que en cuanto los moviera todollegaría a su fin-. Pero sí lo hice, y estoy seguro de que eso lo sabes muy bien. -Lo sé –contestó ella rápidamente asintiendo con la misma vehemencia-. Peroeso no me sirve de nada y tú lo sabes. Silencio. El viendo se alzaba a su alrededor como un remolino y el único sonido que enverdad se escuchaba era el de sus respiraciones y el del viento que hacíasusurrar a las hojas de los árboles. -¿En verdad quieres que termine así? –preguntó él luego de unos minutos enlos que ninguno de los dos dijo nada, al menos no con palabras. La muchacha sacudió levemente la cabeza mientras una triste sonrisacomenzaba a asomar en su rostro. -Esto ya terminó –susurró ella mientras una última lágrima surcaba su rostro. -Prometo que no me recordarás. -Quiero recordarte. Obviando sus palabras el muchacho continuó hablando. -Prometo que todos los sentimientos que proferiste hacia mí se borrarán. -No quiero que se borren. -Prometo que encontrarás a alguien que realmente pueda estar a tu lado, quete ame por siempre y que jamás en la vida te haga sufrir. -Pero yo no quiero a nadie más. El joven mostró una sonrisa y por última vez frente a ella se determinó ahablar. -Ya te lo dije, Julie, no se trata de que lo que uno quiere. Si así fuera, las cosasserían demasiado fáciles. Antes de que Jules pudiera contestar, él se acercó a ella y, como la primeravez, posó sus labios sobre los suyos, dándole el beso más cálido que jamás lehabía dado, ni a ella ni a nadie. Sus ojos se mantuvieron en los del otro duranteun buen rato mientras duró el beso, al tiempo que ella lloraba nuevamentedesconsolada porque sabía lo que vendría después. No estaba lista, no quería hacerlo. No quería cerrar los ojos y enfrentarse a loque vendría. No quería perderlo. No quería que él la abandonara. Pero sinembargo estaba sucediendo. Él se iría, la abandonaría. Cerraría los ojos y él yano estaría a su lado, se iría para siempre y para nunca volver. Y entonces ella cedió. 4
  5. 5. Quédate conmigo Vanessa M. Olasagaste Los últimos meses habían sido estupendos a su lado, no podía negarlo. Todohabía sido como un sueño. Jamás nadie la había ayudado como él lo habíahecho. Pero todo sueño debe terminar en algún momento. Siempre llega la horade despertar. Y ese momento había llegado. Sin pensarlo más, sin dejar de besarlo, Julie cerró los ojos y sacó de su vistaaquellas dos estrellas de color celeste que siempre habían sido una trampamortal para ella. Nunca más lo serían ya. Nunca más las vería. Y entonces todo terminó. La muchacha dejó de sentir presión sobre sus labiosy sin volver a pensarlo abrió los ojos. Estaba sola. Sola en medio del bosque, aorillas de un sendero que la llevaría directamente hacia la ciudad. Jules miró elcielo y se dio cuenta de que ya estaba oscureciendo, por lo que ya era momentode regresar a su casa. La joven estaba por comenzar a caminar en dirección a la ciudad cuando sedio cuenta que a su alrededor una gran cantidad de plumas se encontrabantiradas a sus pies. Miró hacia arriba nuevamente justo para ver que una nuevapluma se encontraba cayendo desde el cielo. Julie la atrapó en el aire justo antesde que cayera. La pluma era de un hermoso color blanco con brillos que refulgían con losúltimos rayos del sol, y parecía que en ella se reflejaban los colores del arco iris,al igual que con las demás que se encontraban en el suelo. Era la cosa máshermosa que la muchacha había visto jamás. Parecía la pluma de un ángel. Con una sonrisa en su rostro Jules miró por última vez a su alrededor yentonces comenzó a caminar por el sendero en dirección a su casa, mientrasllevaba la pluma que había atrapado firmemente en sus manos, y pensaba almismo tiempo, cuál sería el hermoso pájaro que habría dejado aquellas plumasa su alrededor. FIN 5

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