Revista Iberoamericana de Teología                  Número          6           enero-junio        •       2008U n i v e r...
REVISTA IBEROAMERICANA DE TEOLOGÍA         Publicación semestral, órgano oficial del Departamento de         Ciencias Reli...
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Bi XIX Asamblea Anual de Biblistas Mexicanos Matamoros, Tamaulipas (México) 2008         121 Javier QuezadaCOLABORADORES E...
Ribet 6 (2008)…PreámbuloElementos para la contextualización     rey la recepción de Aparecida*                            ...
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manera vendría siendo la historia del Dios cristiano en las Indias,2 en laNueva España y en el México actual, es decir, en...
una estructura piramidal. En ese terreno no podemos ignorar un paradigma              surgido en América Latina y constitu...
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La propuesta del Concilio Vaticano II construida colegiadamente por los              obispos de todo el mundo había lograd...
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funda preocupación y desconcierto, al constatar que lo modificado en el              mismo no sólo son cambios en el docum...
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1º. La nueva reubicación del catolicismo como uno más en relación con diver-              sas instituciones religiosas y e...
la capacidad de dar y recibir a los sujetos ahí involucrados. No hay alguienpermanentemente dando y alguien permanentement...
Ribet 6 (2008) 23-46                          DocuConferencia de Aparecida. Documento final                               ...
Introducción: contexto remoto                Frente a un texto escrito caben dos tendencias interpretativas. En la primera...
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En São Paulo, Brasil, se constituyó el Foro de Participación de la V Conferen-cia con el tema “Pueblo de Dios con Jesús Li...
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nivel más profundo del cambio de la época es el cultural. No sé si el temor a                algún resquicio de marxismo p...
Varios factores deciden la naturaleza del lenguaje. Los redactores son oficial-mente los obispos, aunque con la contribuci...
después se verá su grado de factibilidad. El actor tiende a ver mejor los erro-                res y las fallas en la real...
4. Eje de realidadEl Documento resumió la impresión general de la realidad actual: grandes ynuevas mudanzas afectan la vid...
En cuanto al cuadro político, el documento reconoció el fortalecimiento de                los regímenes democráticos, pero...
educacionales y sociales prestados por la Iglesia católica, particularmente alos pobres, a pesar de sus deficiencias y amb...
toda la humanidad y de la experiencia fundante del cristiano discípulo mi-                sionero. La teología se concentr...
en cristología y sin exegetas de peso, ¿cómo elaborar una cristología? El ca-mino viable fue asumir, de manera sencilla y ...
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Codina. eclesiología de aparecida

  1. 1. Revista Iberoamericana de Teología Número 6 enero-junio • 2008U n i v e r s i d a d I b e r o a m e r i c a n a
  2. 2. REVISTA IBEROAMERICANA DE TEOLOGÍA Publicación semestral, órgano oficial del Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, A.C. www.uia.mx/ribet Núm. 6, enero - junio, 2008 Comité Editorial: Eduardo Sota, Javier Quezada, Miguel Ángel Sánchez, Barbara Andrade, José de J. Legorreta, Alexander Zatyrka Coordinador Editorial: José de Jesús Legorreta Zepeda Secretario: Javier Quezada del RíoDistribución: Toda colaboración o correspondenciaUniversidad Iberoamericana, A.C. deberá dirigirse a:Prolongación Paseo de la Reforma 880 Revista Iberoamericana de TeologíaCol. Lomas de Santa Fe Departamento de Ciencias Religiosas01219 México, D.F. Universidad Iberoamericana, A.C. Prol. Paseo de la Reforma 880Impresión: Col. Lomas de Santa FeDiseños e Impresos Sandoval 01210, México D.F.Salto del Agua 274 Col. Evolución Tel.: (55) 950 403557700 México, D.F. Tel. 5793-4152 Fax: (55) 950 4256 E.Mail: ribet@uia.mxDerechos reservados conforme a la Ley Tiraje: 500 ejemplaresde Derechos de Autor No. 04-2004-112916541700-102 Todo artículo firmado es responsabilidadCertificado de licitud de título: de su autor. Se prohíbe la reproducción deen trámite los artículos, sin consentimiento del editor.Certificado de licitud de contenido:en trámite Revista Iberoamericana de TeologíaISSN 1870-316X aparece en los siguientes índices: Latindex.- Sistema Regional deImpreso en México Información en línea para RevistasPrinted in Mexico Científicas de América Latina, el Caribe y Portugal. Dialnet.- (Difusión de Alertas en la Red) plataforma de recursos y servicios documentales, cuyo objetivo fundamental se centra en mejorar la visibilidad y el acceso a la literatura científica hispana a través de internet.
  3. 3. ContenidoPREÁMBULO Elementos para la contextualización y la recepción de Aparecida 7 Alicia PuenteARTÍCULOS Conferencia de Aparecida. Documento final 23 João Batista Libanio Hacia la VI Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe 47 Jorge Costadoat Eclesiología de Aparecida 69 Víctor Víctor Codina La Teología India en la Iglesia. Apa Un balance después de Aparecida 87 Eleazar LópezNOTICIAS XI Asamblea General de la Conferencia de Instituciones Enero- Católicas de Teología (CICT/COCTI) Enero-Febrero 2008 119 Alexander Zatyrka
  4. 4. Bi XIX Asamblea Anual de Biblistas Mexicanos Matamoros, Tamaulipas (México) 2008 121 Javier QuezadaCOLABORADORES EN ESTE NÚMERO 125 PRESENTACIÓN ORIGINALESNORMAS PARA LA PRESENTACIÓN DE ORIGINALES 127
  5. 5. Ribet 6 (2008)…PreámbuloElementos para la contextualización rey la recepción de Aparecida* Alicia Puente Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México)IntroducciónLa recepción de Aparecida en cuanto documento, acontecimiento, y espíritu de res-puesta ante una realidad, nos coloca frente a un elemento revelador –en lo inme-diato– de las condiciones histórico-sociales y de las características histórico-eclesiales,que son las que han enmarcado dicho acontecimiento. Este acontecimientotambién nos revela más directamente la estructura eclesial y la concepción quela jerarquía episcopal tiene de la Iglesia. Esta afirmación no excluye la presen-cia en el documento de una cristología y de una teología con rasgos específicos,que se hicieron claramente presentes en todo el proceso de la V ConferenciaEpiscopal en Aparecida y se manifiestan en el Documento.Las condiciones histórico-sociales que constituyen el contexto inmediato deAparecida, marcado intensamente por una globalización impuesta por laspolíticas publicas y las realidades del mercado, que además de la extracciónpermanente de la fuerza de la vida en las mayorías de la población, de losrecursos, de las materias primas, muchas veces conlleva agresiones y repre-siones continuas apoyadas por los gobiernos dependientes de los países queencabezan esta destrucción. Se trata de represiones de muy diferente natura- A l i c i aleza que por lo mismo se expresan en diferentes campos sociales, económi-cos, políticos, educativos, culturales y aun en los eclesiales y religiosos. Todoello constituye un campo de fuerte debate en cuanto a la comprensión deesas medidas. Incluso hay quienes buscan su justificación aun cuando se hacenevidentes que son más negativas que positivas sus repercusiones e implica- P u e n t eciones sociales. Una característica evidente de este momento es el ingente* Conferencia presentada en el IX Simposio Internacional de Teología celebrado en la Uni-versidad Iberoamericana, Ciudad de México (20/09/2007). 7R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  6. 6. desarrollo tecnológico que va asociado a la simultaneidad de informaciones globales lo que reduce enormemente la distancia entre los pueblos, pero que al mismo tiempo impone por la publicidad desmedidas necesidades de con- sumo de productos cuyos efectos son contrarios a lo anunciado: productos alimenticios que no nutren y, por el contrario debilitan y enferman al orga- nismo, productos que en cualquier campo pueden fácilmente desecharse y que, sin embargo, plantean a núcleos enteros de población exigencias que pagan con trozos de salud, de estrés, de tensiones cotidianas, a cambio de productos que no tendrían otro destino más que ocupar de inmediato su lu- gar en la basura. La desigualdad radical es la expresión más visible que genera continuamen- te el neoliberalismo.1 Sin embargo, en esa gravedad con un contenido tan negativo, podríamos colocar una certeza que no alcanza a ocultar y menos a apagar la lucha de quienes se oponen a esta situación. Así se mantiene y re- nueva continuamente la esperanza de fortalecer una movilización social que parte del convencimiento y la convicción de que hay que enfrentar de la ma- nera más organizada y eficaz posible los efectos de esa globalización que re- quiere y urge su transformación aunque se trate de enfrentar a un enorme gigante. ¿Para animar este horizonte aporta algo el mensaje evangélico y la experiencia eclesial? Esto constituye y constituyó precisamente una de la ex- pectativas más esperadas en y de Aparecida. Algunos presupuestos previos En relación a la eclesiología, podemos considerar como un aspecto básico la forma de respuesta dada desde la institución eclesial a las condiciones socia- les y eclesiales que son palabra de Dios y que han influido directamente, o deben haber influido en la convocación a la reunión y en la elaboración del documento. Toda acción de la iglesia es como una palabra segunda que res-P u e n t e ponde a la primera palabra: la de Dios inscrita en la realidad de la que somos parte. En este aspecto es indispensable tomar en cuenta los grandes cambios de percibir y considerar cuál es la misión de la Iglesia y cómo se han manifesta- do a lo largo de la historia del cristianismo en América Latina, que de algunaA l i c i a 1 L. DÍAZ, “Utopía y liberación en América Latina: La teología de la liberación. Desarrollos recientes (El desafío globalizador y posmoderno)”, Tesis para obtener el grado de Doctor en Estudios Latinoamericanos, UNAM, México 2007.8 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  7. 7. manera vendría siendo la historia del Dios cristiano en las Indias,2 en laNueva España y en el México actual, es decir, en el México colonial, republi-cano, revolucionario y contemporáneo. Tendríamos que preguntarnos cuáleshan sido sus principales modificaciones en acentos o en propuestas expresa-das a lo largo de su recorrido histórico. Aparentemente el núcleo central dela doctrina se mantiene el mismo: Jesús es el Señor de la Historia, es el Hijode Dios, el problema, lo sabemos, comienza cuando se plantea que fue en-viado para solidarizarse con la vida y como consecuencia sufrió la muerte,que es diferente al planteamiento de que fue enviado a morir por las fallasdel género humano. Ese núcleo fundamental de la creencia como propuestaeclesial va simultáneamente asociado a la forma de estructuración institu-cional y a la concepción que de la Iglesia tienen sus autoridades lo cual leslleva a ubicarse de cierta manera no sólo en el espacio eclesial sino tambiénen el social, y esto les lleva a establecer relaciones con los cristianos de unmanera vertical, lo cual contradice la experiencia de comunidad como voca-ción fundamental de la Iglesia y mediación indispensable para el cumplimientode la primera experiencia real de Dios como padre: la fraternidad.Todo esto tiene que ver con las diferentes formas de condensar el mensajebásico y de difundirlo dentro del ropaje de las condiciones históricas quehan caracterizado los diferentes tiempos de la Iglesia. Esto es lo que algunosestudiosos denominan como los cambios de paradigmas eclesiales. El nom-bre que le asignemos no es tan importante como los significados históricosque descubrimos en esas diferencias. Entre esos paradigmas los que han te-nido más influencia en nuestra América son el cristianismo helenístico y elcristianismo católico-romano-medieval, con su ropaje monárquico y su for-ma piramidal, que fue sometido a una ruptura precisamente al enfrentarse al‘reformista-protestante’ que coexiste con el de la modernidad ilustrada yculmina con el cristianismo ecuménico conocido por una apertura a las de- A l i c i amás expresiones no sólo cristianas sino religiosas. Para este momento posconci-liar de apertura, el núcleo central de la creencia interactúa con diferenteslecturas de ‘este mundo y los habitantes y pueblos que ahí existen’ y se ex-presa con una diferente percepción de la Iglesia de sí misma, lo cual le otor- P u e n t ega un lugar a los creyentes que la constituyen como comunidad y no como2A este respecto para la etapa franciscana inicial, es excelente el libro de Elsa CeciliaFROST, La historia de Dios en las Indias, visión franciscana del Nuevo Mundo, Tusquets,México 2002. 9R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  8. 8. una estructura piramidal. En ese terreno no podemos ignorar un paradigma surgido en América Latina y constituido por un pensamiento y una práctica personal y colectiva, con suficientes repercusiones a diferentes niveles que constituye el paradigma de un cristianismo de liberación, el cual durante las tres últimas décadas del siglo XX se insertó como parte de la historia real ins- piró e inspira procesos históricos significativos, por lo cual muestra la auto- nomía de lo social y no ve afectada su existencia por el reconocimiento o no de algunas autoridades eclesiásticas. En este contexto mi propuesta de lectura sobre la recepción de Aparecida es hacerla desde el pueblo creyente para lo cual es fundamental tomar en cuen- ta cuál es la relación y percepción que ese pueblo tiene de sus obispos, cuál es lugar que les asigna como actores episcopales y, para el caso de la V CELAM que hoy nos ocupa, los principales protagonistas del acontecimiento junto con todos aquellos que los rodean y los constituyen como sujeto episcopal. Son pues los laicos de ese pueblo creyente quienes otorgan una razón histó- rico-social desde la realidad de América Latina, a la misión episcopal en sus líneas pastorales, magisteriales, culturales y cultuales. 1. El sujeto de recepción y emisión del documento y del acontecimiento Este enfoque nos conduce a mirar con atención la segunda mitad del siglo XX, que etapa en la que se da un desplazamiento cultural y estructural que conduce a la construcción de diferentes sujetos colectivos dentro de la insti- tución eclesial. Todos serían sujetos eclesiales con sus especificidades, algunos de ellos son resultados de condensación de actores eclesiásticos provenientes de asociaciones anteriores. Así para la segunda mitad del siglo XX es clara la constitución del sujeto episcopal a través del Episcopado Latinoamericano y más específicamente la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Se trata pues deP u e n t e un sujeto específico con una función propia. Otro sujeto sería el laicado que tendrá para expresarse y representarse a través de determinados actores colec- tivos como el Consejo Nacional de Laicos. Pero históricamente se ha dado un sujeto eclesial combinado, resultado de la interacción laicos, hombre y mujeres, religiosas, religiosos, sacerdotes, que constituyen un conjunto horizontal deA l i c i a cristianos sensibles y dispuestos a comprender como se generan las estructuras sociales de injusticia y a contribuir para evitarlas. El campo de acción de estos colectivos muchas veces ha estado constituido por espacios comunitarios, so- ciales y políticos, donde ellos y ellas concretan sus acciones, espacios de forta-10 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  9. 9. lecimiento que muchas veces son religiosos y desde ahí adquieren la fuerzanecesaria para influir e interactuar en los otros campos.Ubicada esta quinta conferencia del episcopado, denominada Aparecida porla advocación de la virgen patrona del santuario y de Brasil, país que losacogió durante dos semanas del mes de mayo del 2007, quedan coloca-dos los obispos y su reunión en una línea unisecular pero no horizontal, quese produce ciertamente en la misma dirección pero con una diversidad detonos, acentos y puntos de enfoque, como los siguientes:a) El siglo XIX podría ser marcado como punto de inicio con la reunión delConsejo Plenario Latinoamericano realizada en Roma en 1890 y que precedió alI Concilio Plenario Latinoamericano, convocado por León XIII y realizado tam-bién en Roma en 1899. El documento final se expresa en cánones que trans-miten propuestas romanas para defender la fe agredida y agraviada por loserrores modernos, objeto del Syllabus de Pío IX. Considero que ahí se manifiestamuy poca conciencia e información sobre los magníficos documentos y acon-tecimientos que fueron los concilios limenses y mexicanos, especialmente losterceros de ambos países en el siglo XVI.b) Es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se da explícitamente la bús-queda e identificación de estructuras, objetivos y contenidos específicos queexpresan ya una forma común en la maneras de designar estas asambleas: en1955 con la conferencia de Río de Janeiro,3 seguida en 1968, 1979 y 1992 por lasde Medellín, Puebla y Santo Domingo respectivamente. Considero fundamen-tal retomar y derivar del objetivo y propuesta central marcados en cada una deellas, la singularidad de su aporte y de su postura eclesial. A l i c i a3 Ciertamente, el primer encuentro de obispos de América Latina se llevó a cabo en1899 en Roma, donde acudieron convocados por León XIII al Primer Concilio PlenarioLatinoamericano. Sin embargo, la visión de Iglesia ahí expresada era fortalecer los lazosde dependencia de una romanización fortalecida desde el Vaticano I. Tuvo que pasar P u e n t emás de medio siglo par que se iniciara la expresión de una identidad latinoamericanaque debe aportar a la fortaleza de la iglesia universal desde sus condiciones sociales ysus realidades peculiares, es decir, que dentro de la heterogeneidad latinoamericana,había una unidad de desafíos en la respuesta eclesial, lo que inicia, precisamente, has-ta la reunión de Río de Janeiro. 11R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  10. 10. La propuesta del Concilio Vaticano II construida colegiadamente por los obispos de todo el mundo había logrado plasmar en sus constituciones, do- cumentos y declaraciones, una exigencia fortalecida por la concepción de iglesia no como el espacio de salvación, sino como el sacramento encarnado en el mundo, designado entonces con la propuesta comunión Iglesia-Mundo que transformaba totalmente la percepción de una Iglesia fuera y arriba del mundo. Este cambio suponía un reconocimiento fiel, de parte de la misma institución, a los valores y realidades temporales del amplio, desafiante, cambiante y heterogéneo mundo socio-político, económico y cultural en el cual está inserto el pueblo creyente, el mundo de los laicos y las laicas, para reconocerles no como concesión episcopal sino como vocación basada en su propio caminar eclesial, desde el sacramento del bautismo como iniciación de su ser y no sólo su pertenecer a la iglesia. Es así que en 1968, en la segunda conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, signada por la primera presencia de un Papa, en América, Pablo VI, los obispos concretan en las características propias del mundo latinoame- ricano, una sociedad dependiente en continuo proceso de empobrecimiento, en una experiencia permanente y creciente de injusticia que denuncia la fal- sedad del desarrollo y sus imaginarias etapas que ubicaban siempre para después la mejoría de los países subdesarrollados. Se hace mención explícita del pecado social y la necesidad de dejar de escudriñar solamente los peca- dos individuales. Se plantea la necesidad inexcluible de responder con- gruentemente a esa comunión iglesia-mundo en nuestra América, la cual sólo podía tener una forma de concretarse: la opción por los pobres y esta re- sulta afirmada dentro de un contexto denunciado de violencia institucionali- zada, la cual encuentra como respuesta una segunda violencia generada como consecuencia de la primera. Los documentos de Medellín, al abordar así la realidad latinoamericana conforman una denuncia y una propuesta enP u e n t e su llamado urgente a luchar por la transformación de la Iglesia,4 de sus acti- 4 Es importante desde este momento, considerar los títulos finales de los documentos de las cinco conferencias: (1955) Río de Janeiro, Conclusiones, las cuales son expresadasA l i c i a en once títulos: vocaciones, formación de seminaristas, el laicado y la Acción Católica; la defensa de la fe ante la prensa, radio, cine y televisión; el protestantismo, las misio- nes y los inmigrantes (1968) Medellín: La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio; (1979) Puebla: La evangelización en el presente y el futuro de América Latina; Santo Domingo (1998) Nueva Evangelización, Promoción Humana y Cul- tura Cristiana; (2007) Aparecida, no aparece un título en la edición cuya portada dice:12 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  11. 11. tudes, percepciones y formas de relación ante las mayorías afectadas enAmérica Latina. La tarea de la Iglesia, quedó subrayada como una tarea pro-fética, que exige un cambio permanente de lo hasta ahí recorrido. Es en estecontexto donde se manifiestan y expresan nuevas formas de organización dela pastoral, de la participación de sacerdotes, religiosos y laicos con unaapertura a interactuar con procesos sociales no forzosamente surgidos deiniciativas parroquiales; uno de los cambios más significativos se da en lavida religiosa que deja la exclusividad de los conventos para iniciar diversasexperiencias de inserción5 entre otras opciones. Sin embargo, es importanteconsignar que Medellín no fue conocido y apreciado por las grandes mayo-rías de católicos, en amplios espacios eclesiales muy pronto fue dosificado,casi silenciado, hecho pasar a gotas.En 1979 la tercera conferencia, Puebla, asociada al primer viaje de Juan Pablo II,viaje con el cual iniciaría un abundante camino de presencias activas y arrolla-doras en diferentes países del mundo, va a quedar sellada por constatacioneseclesiales y sociales que plantean la urgencia de un convencimiento de la con-ciencia sobre los diferentes rostros que asume la pobreza en América Latina.Con motivo de la llegada de los obispos a Puebla, su paso casi obligado porla ciudad México, significó la posibilidad de contactos en grupos militantesde laicos o espacios de pastorales activas, con grupos dinámicos como losque integraban la Pastoral Familiar, Cursillos de Cristiandad y otros gru-pos organizados que ya había empezado a generar cierta orientación de laconciencia en laicos activos que se planteaban la exigencia de una respuestacristiana más allá de los propios espacios eclesiásticos, es decir, se incorpo-raba una visión de compromiso social. Los límites de acción comprometidaque su fe y su sociedad señalaban, los empujaban a extender sus espacios deacción-reflexión, a la integración de nuevas formaciones de grupos que deja- A l i c i aDocumento de Aparecida, XXXI Asamblea Ordinaria, con una foto que resalta a Bene-dicto XVI, con una pequeña imagen al lado de la Virgen Aparecida y en la sección infe-rior una foto colectiva de los obispos asistentes. Sin embargo, es oportuno consignaraquí que el tema que convocó a la reunión fue “Discípulos y misioneros de Jesucristo P u e n t epara que nuestros pueblos en El tengan vida”.5 Ana María Bidegain, quien acompañó una interesante iniciativa de la CLAR para reco-ger la historia de la vida religiosa femenina en América Latina, plantea una sintéticareflexión al respecto en “De la vida centrada en la regla y la clausura, a la vida centra-da en la misión” en A. PUENTE, (coord.), Actores y dimensión religiosa en los movimientossociales latinoamericanos, 1960-1992, Porrúa-UAEM, México 2006, 95-107. 13R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  12. 12. ban una dependencia de la jerarquía y una dirección sacerdotal, para inte- grarse en espacios constituidos por otro estilo y otra forma de relación que dejaba la verticalidad para acentuar una horizontalidad en una relación ge- neradora de corresponsabilidad eclesial, con una visión real de compromiso Iglesia-mundo sí, pero con acento en los preferidos del Señor, los pobres. Así Puebla hace resaltar la comunión y participación en una visión más eclesiás- tica cuyo texto final La evangelización en el presente y el futuro de América Lati- na, ofrece materia de inspiración a las dos grandes tendencias opuestas en las orientaciones eclesiales, las que se centran más en actividades cultuales y devocionales y las que encuentran en estas actividades un alimento impor- tante para un trabajo comprometido en la búsqueda conjunta de mejores condiciones de vida digna. La conferencia de Santo Domingo en 1992, en el contexto del V Centenario se sitúa en una dinámica de mayor conciencia de la capacidad de los pueblos autóctonos como sujetos inexcluibles de los procesos sociales, a quienes per- tenece un lugar y un papel que había sido casi borrado de la historia escrita, pero en ese casi se coló la vida completa, se manifestó la dignidad de su lucha, se hizo presente con todas sus dimensiones y capacidades el sujeto olvidado. En congruencia con estas posturas y con grandes tensiones, el documento de Santo Domingo exhibe una propuesta de interculturalidad que podríamos entender fue una victoria del lenguaje, empujada por la conciencia de algu- nos, pero no todavía por un convencimiento general. En todos los documentos es posible encontrar apoyos para las posturas di- versas de los miembros del pueblo creyente. Mediante ciertas estrategias puede darse un enfoque determinado a las diversas frases o enunciados de los documentos.6 2.- 2.- Acontecimiento, documento y espírituP u e n t e La misma realización del evento de Aparecida, la presencia y participación de los laicos y otros sectores de Iglesia, dentro y fuera, pero alrededor deA l i c i a 6 Existe abundante material para un acercamiento más detallado a este recorrido de las Conferencias Episcopales, entre éstos sugiero: G. MELÉNDEZ, “El concilio plenario y las con- ferencias generales del episcopado de América Latina y el Caribe” en: E. DUSSEL (edit.), Resistencia y Esperanza, Historia del Pueblo cristiano en América Latina y El Caribe, DEI, Costa Rica 1995. E. DUSSEL, Historia de la Iglesia en América Latina, medio milenio de coloniaje y liberación (1492-1992), Mundo Negro-Esquila Misional, Madrid 1992.14 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  13. 13. Aparecida,7 nos ofrece pistas de análisis para entender las diversas expresio-nes de entusiasmo, debilidad, ánimo y desánimo que se manifiestan en lasdiversas reacciones ante la recepción de este acontecimiento.El mensaje que los laicos y otros grupos eclesiales quisieron hacer llegar a lareunión Episcopal trató de recoger la vida recorrida en décadas de martirio,sangre, trabajo y esperanza y así la tienda de los mártires, hizo presente esecaminar de la Iglesia latinoamericana que no podía ser olvidado en la reunión,constituyó asimismo un espacio de diálogo, reflexión y oración. La magna pe-regrinación con esa gran multitud de jóvenes; el Seminario latinoamericano deteología convocado por el Consejo Nacional de Laicos de Brasil; la presenciaactiva, generosa y eficaz de Amerindia y de las CEBS, logrando una interacciónfuera-dentro para hacer llegar sustentos de reflexión y diálogo a los obisposahí reunidos, nos hace ver la fuerte esperanza eclesial.3.-3.- Implicaciones y repercusiones de un diferen sujeto de recepción y sus diferentes lecturasPodemos tener elementos para valorar la apropiación y asimilación de losplanteamientos generados en la V Conferencia de Aparecida, a partir de las si-guientes hipótesis:a) Hipótesis general “Habrá más interés en la recepción de un documento yen la comprensión del acontecimiento eclesial que lo genera, en la medida enque los creyentes se hayan sentido y se sientan reconocidos como parte acti-va y corresponsable del pueblo de Dios, del hacer y quehacer de la Iglesiacomo comunidad heredera de una tarea específica.2.-Hipótesis específica. De acuerdo a la orientación del Concilio Vaticano II,los laicos han asumido un papel más corresponsable en los trabajo de iglesia A l i c i acuya conciencia se fue fortaleciendo a lo largo del tiempo de Medellín a Pue-bla. Época que quedó sellada por vida, cuerpo, entrega y sangre de innume-rables mártires que desde su fe entregaron su vida por la construcción de unmundo que reconociera la dignidad de los pobres. P u e n t eCiertamente para caracterizar la recepción es necesario tener en cuenta elcontexto socio-eclesial y el papel que en su difusión tienen los medios de7 O. ELIZALDE, Camino de Aparecida, Crónicas, Brasil, mayo 2007. 15R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  14. 14. comunicación social. Para entender el momento eclesial en el cual se produce el acontecimiento de Aparecida, bastaría tomar dos elementos de suficiente repercusión social para entender los efectos de desánimo que en buena parte del pueblo creyente esto ha significado: La notificación de la “Congregación pa- ra la Doctrina de la Fe” señalando a Jon Sobrino que su cristología presenta notables discrepancias con la fe de la Iglesia. Las acusaciones crecientes so- bre la pederastia en diversas autoridades de la Iglesia católica. Estas lamen- tables situaciones no sólo ocupan los periódicos y los espacios de radio y televisión sino los espacios de comunicación en familias, en escuelas, en grupos eclesiales donde se expresa la desilusión y la repercusión que genera una mayor distancia y un impedimento para el diálogo. En relación a la re- cepción de Aparecida los efectos son debilitar, al menos, o eliminar, el inte- rés por conocer el documento episcopal. Es así que agrupo en dos extremos las diferentes reacciones a las que es po- sible hacer alusión: Un primer conjunto como parte de las mismas estructuras oficiales de la Iglesia debe involucrarse en la difusión entusiasta de las mejores propuestas logradas en Aparecida. De ahí destacamos que efectivamente el tono general de Aparecida es pastoral y contiene vertientes importantes para iluminar y animar el camino. Un segundo conjunto, el sector activo de los cristianos que han impulsado un cristianismo de apertura, de compromiso social, de involucramiento más di- recto y permanente de laicos y laicas en las decisiones eclesiásticas, pero que además interactúan con grupos u organismos con interés de promover un verdadero tejido con la sociedad, con la cual desarrollan las mejores alternati- vas de equidad y mejores condiciones de vida para todos. Trabajos que no los separan de su fe. Estos grupos han tenido un acercamiento más crítico al do- cumento y al marco general de su producción y sobre todo a lo que ha signifi-P u e n t e cado tocar el documento una vez aceptado colegiadamente. Esto lleva a los grupos involucrados como las CEBS, Amerindia y otros a destacar algunos elementos como los siguientes: Enfatizan la necesidad de contemplar el significado de la misión muy lejos de lo que equivaldría a reproducir la conquista espiritual; el compromiso social como gentes de Iglesia en los procesos políticos y de justi-A l i c i a cia agraria, laboral, etc., tiene que alejarse de los poderes partidarios; en lo teo- lógico reconocen y sustentan sus acciones en la certeza del Espíritu presente en todas las culturas, su visión de iglesia se enmarca en una dimensión de apertura permanente; Señalan con claridad, como se ha mencionado antes, la desilusión16 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  15. 15. y el descontrol que significa el que el texto aprobado haya sido tocado con unsignificado cualitativo en lo profundo. Pero tienen la certeza de que este do-cumento suscitará debates y apoyará así un camino de mayor congruencia ysentido eclesial en el mundo.84. Los diversos sujetos ante el DocumentoPodemos hablar de varias actitudes de los diversos sujetos eclesiales, ante eldocumento y acontecimiento de Aparecida:1.- Como lectores indiferentes, por lo mismo no interesados en qué se ha di-cho o se ha callado, que se ha resaltado, qué posturas se toman qué solucio-nes se ofrecen, que exhortaciones se plantean. Les da lo mismo pues no seinteresan.2.-Como lectores desilusionados, su ejercicio de acercarse al texto es paracomprobar su hipótesis, la falta de respeto de autoridades eclesiásticas para re-conocer el valor de un texto colectivo y el valor de un espacio de decisión.3.- Como lectores convencidos de que aun en las condiciones más difíciles ymenos creativas, las actitudes positivas, optimistas, personales, articuladas conlas mejores aptitudes y acciones de los cristianos, individual y colectivamente,podrán transformar el texto en una materia prima cuya lectura crítica ofrecegrandes orientaciones, importantes nutrientes de la fe, de la esperanza, delentusiasmo para continuar el camino y fortalecer los procesos que constru-yen sujetos corresponsables y alternativas reales, hacia la construcción de unmundo más fraterno, en la corresponsabilidad Iglesia-mundo. Es el caso delas CEBS que dirigen una atenta carta a los obispos en la cual expresan suagradecimiento por haber recuperado el método de ver, juzgar y actuar, A l i c i a−aunque este no esté tan claramente caracterizado− donde agradecen el apo-yo expresado durante la reunión que ayudó a fortalecer su identidad, al re-conocer el caminar de las CEBS en iglesias locales; agradecen también laopción por los y las pobres y junto con el agradecimiento expresan su pro- P u e n t e8 Algunas ideas en este sentido están claramente expresadas en el trabajo de MarceloBARROS, “Lo que aparece y lo que se oculta en Aparecida”, Informativo, Rede de Cris-taos, (Junio 12 del 2007). 17R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  16. 16. funda preocupación y desconcierto, al constatar que lo modificado en el mismo no sólo son cambios en el documento sino un cambio de documento, con lo cual queda en duda el Magisterio colegiado de los Obispos. Manifiestan así mismo su tristeza por ese atropello y manifiestan su esperanza de que sea recuperado el documento conclusivo original.9 En este aspecto, una de las expresiones más creativas de recepción se en- cuentra en la propuesta de dejarse inspirar por una nueva forma de hacer iglesia desde la experiencia de la misión que se desarrolla con una conciencia de innovación eclesial, que de alguna manera se plantea como una alternati- va diferente a la experiencia muchas veces repetitiva de las propuestas pa- rroquiales, con el convencimiento de que las realidades siempre nuevas requieren nuevas actitudes y formas de percibir la realidad y de insertar en ella el mensaje lleno de esperanza. En relación con las identidades diversas que nos conforman como América Latina, la recepción de las orientaciones de Aparecida destaca aquellas que tienen que ver directamente con la presencia de los pueblos originarios, de raíces autóctonas, y de los pueblos que por su condición de desarraigados de su propio continente aportan raíces afro y que juntas con migraciones prove- nientes de otros pueblos en tiempos más recientes convergen y fortalecen el mestizaje tan característico de nuestra América. De acuerdo a una de las expresiones concretas, que sin embargo han tenido manifestaciones permanentes de diferente magnitud a lo largo de nuestra historia, está precisamente la referente a las migraciones, hecho que resuena con efectos inmediatos en la vida cotidiana de múltiples familias que en los diferentes países se tornan familias incompletas por la ausencia de uno o dos de sus miembros, que se ven obligados a trasladarse a otros lugares en busca de mejorar el ingreso para el sustento personal y familiar, a costa de largas o de- finitivas ausencias con la consabida falta de relación y de comunicación aP u e n t e través de la cual se edifica el cariño filial y familiar. Una recepción crítica del documento o propuesta de Aparecida, permite identificar entre las grandes ausencias las referencias a los aportes teológicos produci- dos en América Latina y cuya ausencia en el documento contrastan con la certeza de su presencia en la realidad. Se trata de lo que se refiere a los gran-A l i c i a 9 CEBS, “A nuestros Obispos de América Latina y El Caribe”, Carta a los obispos en Apa- recida, Santo Domingo, 28 de julio del 2007.18 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  17. 17. des y reconocidos aportes al pensamiento y a una nueva práctica, a un nue-vo entusiasmo en la construcción eclesial que se han producido en este con-tinente y cuyas vertientes se han perfilado con más claridad en los últimosaños: los aportes que tienen que ver con la teología feminista, las teologíasafro e indígena, los aportes a una teología de las realidades ecológicas y laactualidad de una teología de la liberación que se mantiene vigente aunqueen el documento no aparezca mencionada.5. Consideraciones finalesTanto en la fase de elaboración del documento, como en los tiempos de di-fusión del mismo, la participación corresponsable de diversas instanciaseclesiales no ha sido la respuesta común. Por lo tanto se percibe como conse-cuencia lógica el poco interés que existe para siquiera informarse sobre eldocumento.Las observaciones en diferentes espacios de la Iglesia, el contacto con católi-cos por bautizo solamente o por decisión, que continúan llevando a sus hijosa algunas actividades impulsadas en las iglesias dio como resultados un des-conocimiento casi total de Aparecida. A pregunta directa, lo más que llega-ron a manifestar, además de desconcierto, fue que al aludir a la vista delPapa a Brasil, entonces recordaban algo muy vago. Esto nos indica que nohubo en su momento ni ha habido involucramiento de los medios de comu-nicación social que den a conocer lo que este acontecimiento ha significado.Ahora bien, la razón es que la Iglesia como actor social ha perdido importan-cia y lugar. En la fase de elaboración, puedo cualitativamente afirmar quehubo varias parroquias en las que no fue incluida, ni como intención de ‘ora-ción especial’ la reunión de Aparecida en las misas cotidianas o dominicalesde ese tiempo.Podríamos concluir, que el pequeño pero importante sector que sí ha seguido A l i c i acon interés el acontecimiento y la aparición del documento está configurado pordos grupos, uno más ligado en una relación de vinculación dependiente delepiscopado –por la propia estructura− y otro vinculado pero no dependiente,constituido por grupos eclesiales de sacerdotes, religiosas y laicos, hombres y P u e n t emujeres, que desde su experiencia de Comunidades de Base, profundizan con-tinuamente en el sentido actual y pertinente de una respuesta eclesial. Estasposturas las podríamos condensar en cinco núcleos: 19R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  18. 18. 1º. La nueva reubicación del catolicismo como uno más en relación con diver- sas instituciones religiosas y eclesiásticas, no puede, desde el punto de vista his- tórico-social, emitir su voz de la misma manera que cuando era el elemento central y reconocido como único, en el imaginario colectivo. 2º. Planteada la exigencia de valorar la presencia del Espíritu en todos los pueblos, por lo tanto en los pueblos originarios, en los pueblos desarraiga- dos de sus espacios culturales, en las poblaciones migrantes por tan diferentes motivos, la tarea de una evangelización hoy no puede volver a desconocer los valores que aportan estas comunidades en la planeación pastoral y en el desarrollo cultual que exige el reconocimiento y participación cotidiana de hombres y mujeres de toda comunidad. Esto requiere vivir con humildad el descubrimiento maravillado del don de Dios en las culturas originarias y afro- americanas del continente, de la riqueza de sus expresiones religiosas y de sus varia- das formas de comunicación con lo santo.10 3º Consideradas las repercusiones de la globalización neoliberal actual con sus lamentables efectos excluyentes y deshumanizante de un buen porcentaje de nuestros hermanos empobrecidos, manipulados y utilizados, esperaríamos de Aparecida un espacio para inspirar y fortalecer la decisión de optar por acom- pañarles solidariamente en esas lamentables condiciones sociales, con la certe- za de que el cotidiano vivir, sufrir y luchar de los humildes, es el lugar donde Dios y los pobres se encuentran y, además, el último lugar es también el único lu- gar de acceso universal.11 Los cristianos y cristianas que han optado en su vida cotidiana por vivir y trabajar paso a paso y al lado de los pobres, hacen visible hoy la certeza histórica, de que como el Nazareth histórico son los Nazareth ac- tuales; los lugares donde inicia el Reino, donde se inaugura nuevamente la utopía de la alianza de Dios con su pueblo.12 4º. Hay una coincidencia entre razones de fe y razones sociales que nuclean el espacio preferencial de los empobrecidos con un sentido múltiple queP u e n t e otorga también múltiples significados. Esos actuales Nazareth, son los luga- res del nacimiento de la utopía, son los lugares de la expresión del Reino, de la Alianza, del tejido concreto de la solidaridad que reubica continuamenteA l i c i a 10 CEHILA, “Carta a los Obispos de Aparecida”, mayo del 2007. 11 L. COVARRUBIAS, “Experiencia espiritual a partir de los excluidos” en: Interioridad y crisis del futuro humano, UIA, Puebla 2000; Hacia una nueva espiritualidad, Alternativas, Editorial Lascasiana, Managua (enero 2000) 138. 12 Ibid., o. c., 139.20 E l e m e n t o s p a r a l a c o n t e x t u a l i z a c i ó n y l a r e c e p c i ó n d e A p a r e c i d a
  19. 19. la capacidad de dar y recibir a los sujetos ahí involucrados. No hay alguienpermanentemente dando y alguien permanentemente recibiendo, el tejidode crecimiento humano y de crecimiento en la fe y en la esperanza es simul-táneo; en esa forma si se concretaría el ser discípulos y misioneros para quenuestros pueblos tengan vida y la tengan en abundancia. A l i c i a P u e n t e 21R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  20. 20. Ribet 6 (2008) 23-46 DocuConferencia de Aparecida. Documento final João Batista Libanio Facultad de Filosofía y Teología de Belo Horizonte (Brasil) ResumenLa V Conferencia de Aparecida se entiende en la secuencia de otras confe-rencias y en el contexto del último período del Pontificado de Juan Pablo II.El discurso programático de Benedicto XVI trazó sus metas fundamentales.La estructura central del documento inicia con una primera mirada sobre elcontexto de crisis de la cultura actual debida especialmente a la globaliza-ción y a la significativa evasión de católicos hacia las denominaciones evan-gélicas. La Iglesia católica, conciente con gratitud y alegría de que tiene laverdad de la fe en Cristo, convoca con entusiasmo a sus miembros para quese hagan discípulos y misioneros, desde un encuentro personal con Cristo.Tocados así por tal experiencia, se sienten con ánimo para anunciar a nues-tros pueblos el Evangelio de la Vida. SummaryThe V Conference of the Latin American and Caribbean Bishops celebrated at Apare-cida, Brazil, can be understood in relationship and sequence to the previous Confer- J o ã oences and in the context of the last part of the pontificate of John Paul II. PopeBenedict XVI’s programmatic speech presented the fundamental goals of the Confer-ence. The central structure of the document begins with a description of the currentcrisis of contemporary culture due especially to the globalization process and consid- B a t i s t aers also the significant number of Latin American Catholics who have migrated to-ward Evangelical denominations. The Catholic Church, aware with gratitude andjoy that she is sustained by the truth of the faith in Christ, calls its members to growin their vocation as disciples and missioners, emerging from their personal encoun-ter with the Lord. Thus touched by that experience, they feel their call to announce L i b a n i othe Gospel of the Life to our peoples. 23R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  21. 21. Introducción: contexto remoto Frente a un texto escrito caben dos tendencias interpretativas. En la primera de ellas, se prefiere tomar el texto en sí mismo, haciendo salir de su interior suficientes reglas para su comprensión; el texto habla por sí mismo y nadie tiene la obligación de practicar retrocesos para entenderlo. Al terminar la re- dacción, el autor o los autores entregan el texto al lector sin otra pretensión que decir lo que consta en las letras consignadas. Para este tipo de interpre- tación se desarrollan reglas de lectura adecuadas. En la segunda tendencia, el intérprete se inclina por una postura contextual e histórica; el texto se in- terpreta dentro del contexto en el que se escribió. Es más se considera que ningún contexto existe en total aislamiento y, más bien, se articula hacia ade- lante y hacia atrás. Existe una tradición anterior que ilumina el contexto creador del texto y que orienta la interpretación de las futuras generaciones. Para analizar el texto de Aparecida en el contexto de la V Conferencia Gene- ral del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, nos situaremos en la se- gunda perspectiva de interpretación, elaborando el análisis en la secuencia histórica de otras conferencias y en la perspectiva del futuro de la Iglesia ca- tólica en el continente. Por lo tanto, tomaremos en consideración las tres di- mensiones de la historia: pasado, presente y futuro. Una vez definidas las circunstancias contextuales, y bajo esa óptica, interpretaremos el contenido del texto, reduciendo la parte contextual a lo mínimo necesario, para luego detenernos más en el documento como tal. El primer dato nos lo ofrece el número de la Conferencia: la quinta. HuboL i b a n i o cuatro antes, y aunque el número cinco parece a primera vista seguirse tran- quilamente al número cuatro, como sucede en aritmética, no pasa lo mismo en la historia. Como sucede con los hijos, al cuarto no necesariamente le si- gue el quinto, ya que la serie puede terminar con el cuarto. Parece que en de- terminado momento sucedió eso mismo con las Conferencias Generales delB a t i s t a Episcopado Latinoamericano. En el intervalo entre las dos últimas conferencias, Juan Pablo II instituyó en la Iglesia católica el Sínodo Continental, que tiene una estructura semejante a la de la Conferencia, pero con ventajas institucionales. De hecho, convocó al Sínodo de las Américas para 1997, y en él participaron en Roma, además de los países deJ o ã o América Latina y del Caribe, los Estados Unidos y Canadá. Con un reglamento mejor definido y realizado junto con la Sede Apostólica, había mayor segu- ridad sobre su trayectoria. La estructura del Sínodo Continental respondía mejor24 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  22. 22. al momento de una cierta centralización romana y de un disciplinar a las iglesiasparticulares. Por ello, se pensaba que el Sínodo sustituiría definitivamente a laConferencia del Episcopado de América Latina y del Caribe.Dejando a un lado las peripecias que llevaron a la convocatoria de la V Con-ferencia, el hecho de esta convocatoria significó mucho. Se trató de una Confe-rencia que tuvo que conquistar su derecho a existir. Y esto repercutió en eltexto, tanto en carácter propositivo y afirmativo, como en las reservas quetuvo que guardar. A modo de ejemplo, la cuestión ministerial recibió fuerterestricción. Ni siquiera pudo ser considerada la sugerencia formulada por laConferencia Nacional de los Obispos del Brasil en los siguientes términos:“Además de la necesidad de la creación de nuevos ministerios laicos, sobretodo de las mujeres que son la mayoría en nuestras comunidades, no estáfuera de propósito reflexionar sobre la posibilidad de la reinserción a la vidapastoral a los sacerdotes que dejaron el ministerio”.1 La razón aducida fue:“no pertenece a la agenda de Roma”, y el veto funcionó.Otra cuestión sobre la continuidad histórica en relación con las otras confe-rencias anteriores tiene una verdad y un mito. La verdad: hubo, de hecho,cuatro conferencias del episcopado latinoamericano: Río de Janeiro (1955), Me-dellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992). El mito: la continuidadeclesial, teológica y pastoral. De hecho, ocurrieron rupturas y desviaciones.Entre Río de Janeiro y Medellín, se realizó el Concilio Vaticano II, verdaderoterremoto en la Iglesia católica. Por lo tanto, entre ambas conferencias rigióla ruptura, no la continuidad. Después de Medellín, y sobre todo en relación J o ã ocon Santo Domingo, si la palabra ruptura es exagerada, por lo menos hubouna acentuada desviación de la línea de la liberación hacia crecientes reser-vas, y de una eclesiología de base y de compromiso hacia una eclesiología B a t i s t ainstitucional.Como el desplazamiento de Santo Domingo acentuó una creciente interven-ción romana y una menor libertad del episcopado latinoamericano, flotabansombras y dudas sobre lo que podría ser Aparecida: ¿acentuaría el alineamientopastoral y dogmático relacionado al universal trazado por Roma, o regresa-ría al espíritu de Medellín de valorizar la dimensión local? Esta tensión atra- L i b a n i o1Síntesis de las Contribuciones de la Iglesia de Brasil a la Conferencia de Aparecida.Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil. 61ª Reunión Ordinaria del ConsejoPermanente, Brasilia - DF, 24 a 27 de Octubre de 2006. 25R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  23. 23. vesó toda la Conferencia, y es necesario considerarla para la interpretación del texto, ya sea para percibir sus limitaciones o para admirar algunos de sus valientes trazos. 1. Contexto preparatorio Desde la convocatoria de Juan Pablo II (2003), reconfirmada por Benedicto XVI (2005), hasta la sesión inaugural el día 13 de mayo de 2007, pasaron al- gunos años. El CELAM y las conferencias episcopales no estuvieron sedentarias. A nivel del CELAM se publicaron dos textos: el Documento de Participación y la Síntesis de las Contribuciones. El primer texto, escrito bajo una fuerte in- fluencia de la visión espiritualista de Schönstatt, recibió pesadas críticas, es- pecialmente en un congreso organizado por la Conferencia Episcopal del Brasil.2 El texto de Síntesis trabajó sobre 2400 páginas recibidas sobre sugeren- cias y críticas al texto anterior, procedentes de iglesias particulares, de los departamentos del CELAM, de instituciones académicas, de organismos y eventos continentales, de los dicasterios romanos y de otras fuentes. Uno de sus puntos cruciales tuvo que ver con el método. El Documento de Santo Do- mingo abandonó el método ver-juzgar-actuar, tradicional en la teología y en la pastoral de las iglesias del continente. El Documento de Participación tam- bién siguió la misma línea, alejándose del método. El clamor que sobrevino de las bases logró revertir la decisión, de manera que el texto de Síntesis lue- go lo retoma, y posteriormente el Documento final de Aparecida lo confirma, con algunos tintes espiritualistas.L i b a n i o Dígase de paso que se organizaron, ya sea por el CELAM o por diferentes confe- rencias episcopales, una serie de eventos preparatorios, tales como el “Primer Encuentro Continental de los Nuevos Movimientos Eclesiales y Nuevas Co- munidades” en Bogotá, el “Primer Foro Regional sobre Género” en República Dominicana, el “Seminario sobre Globalización” en Roma, y el “III SimposioB a t i s t a Latinoamericano de Teología India” en Guatemala. Estos y otros seminarios, simposios y encuentros nos muestran la dinámica que la convocatoria de la V Conferencia provocó.3 Ya se cosechaban frutos importantes.J o ã o 2 A. BRIGHENTI, “O Documento de Participação da V Conferência. Apresentação e co- mentário analítico”, REB 66 (2006) 312-336. 3 Seminario - Oficina para el Presbiterado en América Latina y el Caribe, Seminario de Laicos: Constructores de Sociedad, Encuentro de CEBS en Quito, Encuentro sobre las26 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  24. 24. En São Paulo, Brasil, se constituyó el Foro de Participación de la V Conferen-cia con el tema “Pueblo de Dios con Jesús Liberador rumbo a Aparecida”, ycon el lema “Vida plena para todas las criaturas”. Esto nació del maravillosotrabajo conjunto de CEBS, Consejo Nacional de Laicos, Centro Ecuménico deServicios y Evangelización y Educación Popular, Consejo Indigenista Misio-nero, Pastoral Obrera, Comisión Pastoral de la Tierra, Pastoral de la Juven-tud, Pastoral Carcelaria, algunas congregaciones religiosas y el Sector Socialde la Conferencia nacional de Obispos de Brasil ,que organizó varias activi-dades antes y durante la V Conferencia, y que promete continuar también sutrabajo después. inaugural2. Contexto inmediato: el discurso inaugural del PapaEl discurso de inauguración de la V Conferencia fue el más importante. De-jó una impresión general positiva y de serenidad, a pesar de que no trajoninguna novedad especial. El Papa retomó ideas que venía tratando en do-cumentos y discursos anteriores, y usó un tono conciliador y no amonesta-dor, además de excluir cuestiones polémicas al no abordarlas en formacondenatoria, sino señalando sus aspectos positivos.Se trató de un discurso doctrinal que partió de la visión de fe en Cristo, paraque después los obispos lo interpretaran para la realidad latinoamerica-na. Tenía una visión algo abstracta de la fe, así como una perspectiva idealista dela Iglesia. Dibujó un perfil de la fe y de la Iglesia que existen en los conceptosy elaboraciones teológicas, aunque no siempre en la realidad concreta de las J o ã opersonas que creen y que constituyen la Iglesia. Tal actitud básica afectó eltrato de los temas en particular. Para renovar la Iglesia, el Papa llamó laatención hacia diversos campos de acción de la Iglesia: la familia, los religio- B a t i s t asos y consagrados, los laicos, los jóvenes y la pastoral vocacional. Montó, porasí decirlo, la agenda para que los obispos la trabajaran en la Conferencia.Explicitó la naturaleza del actuar de la Iglesia en el mundo político: su con-tribución específica consiste en juzgar tal realidad a partir de las verdades dela fe y formar a los cristianos en ellas para que actúen en la sociedad. Ade- L i b a n i operegrinaciones y santuarios marianos en México, Seminario sobre cultura: construc-tora de la sociedad, Congreso Mundial de Fraternidades Laicas Dominicanas en Bue-nos Aires, etc. Ver <http://br.celam.info/content/view/115/174/>. Consultado el 31de mayo de 2007. 27R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  25. 25. más, invitó a que todos suprimieran las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes. Brighenti enumeró, con precisión y brevedad, algunos puntos importantes del discurso papal: la evangelización en cuanto enculturación del Evangelio; una globalización guiada por la ética; el fortalecer la pertenencia a la Igle- sia y la presencia pública de ésta; el presentar a Cristo en el contexto plura- lista actual como fuente de nuevos caminos; el que la vida en Él no es una huída de la realidad; el que la opción por los pobres está implícita en la fe cristológi- ca; la centralidad de la palabra de Dios; una cultura de vida como auténtico desarrollo; la necesidad de la “conversión de las estructuras”; y superar la mentalidad machista.4 3. Documento Final 3.1. Introducción El resultado de la Conferencia, en términos de texto, quedó resumido en el Men- saje Final y en el Documento Final. Dejando a un lado el Mensaje, que por su bre- vedad y transparencia permite una comprensión más fácil, nos detendremos únicamente en el Documento de conclusiones. Éste pasó por cuatro redacciones. La última fue enviada a Roma para su aprobación y regresó con innumeras co- rrecciones, unas de cierta relevancia y otras puramente lingüísticas. El documento se centra alrededor de la “vida”, aspecto que cataliza todos los demás temas. La forma en que se concibe la vida revela la postura funda-L i b a n i o mental de los obispos, apartándose de la concepción teilhardiana y de la eco- logía moderna. Para Teilhard de Chardin, la vida, y sobre todo la vida humana, surge de un inmenso proceso evolutivo de billones de años. Esta evolución lo fascinaba. Para la ecología, la vida de la Tierra está amenazada, y se parte de este hecho para organizar la lucha por la vida. Los obispos, enB a t i s t a la perspectiva teológica, se acercaron a la realidad tanto de los pueblos latinoa- mericanos como de los cristianos en cuantos discípulos y misioneros, desde la convicción de que Jesucristo es la Vida. Las tres miradas, que constituye-J o ã o 4 A. BRIGHENTI, O discurso inaugural do Papa Bento XVI – Síntese e Destaques, in Adital – Agência de Informação Frei Tito para a América Latina -.< www.adital.com.br >. Consul- tado el 16/05/2007.28 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  26. 26. ron las tres partes del texto, se impregnaron de la certeza de la fe en que co-nociendo a Jesús se tiene la solución para el problema de la vida.3.2. Esquema generalLa primera parte, que en principio sería la descripción de la realidad, no loes en el sentido sociológico, sino que se trata de una comprensión de la si-tuación de los pueblos de América Latina bajo la óptica de la vida, de la cualCristo es la fuente. Se titula “La vida de nuestros pueblos hoy”. La segundaparte trabaja explícitamente la vida de Cristo en el cristiano, y lleva por títu-lo “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros”. Finalmente, la terceraparte une las dos anteriores bajo el mismo enfoque central: “La vida de Jesu-cristo para nuestros pueblos”. Antes de abordar cada parte, cabe analizar lametodología subyacente a esta estructura central y a la naturaleza del len-guaje que usaron los obispos.3.3. MetodologíaHubo una constante insistencia por parte de muchos sectores de la Iglesia la-tinoamericana por regresar al método de “ver-juzgar-actuar”, por ejemplo,en la síntesis organizada por el episcopado brasileño. Entre más importantese juzgaba este regreso, más se imponía su abandono por el Documento deSanto Domingo y por el Documento de Participación, con consecuencias negati-vas para la comprensión de la realidad y para la pastoral.A pesar de la opción por el método, las resistencias persistieron y envolvie- J o ã oron a éste, en el transcurrir del documento final, en un cierto velo. En lugarde empezar con toda claridad la lectura de la realidad, se introdujo un capí-tulo de connotación espiritualista sobre el sujeto que mira la realidad: la B a t i s t aIglesia consciente y agradecida por sus propios dones. Así, la Iglesia, en sucondición de discípula y misionera, consideró con confianza las desconcer-tantes mudanzas del momento actual. El texto recitó brevemente un Te Deumpor las gracias recibidas del Señor y con eso ya anunció el eje central delmensaje: la alegría de ser discípulo y misionero de Jesús Cristo, desde un en-cuentro personal con Él, para anunciar el evangelio de la vida. L i b a n i oEntonces adoptó enseguida el método de comenzar por ver “la vida de nues-tros pueblos”, que nos interpela como discípulos y misioneros. Hay peque-ños detalles que reflejan la perspectiva del texto. Al analizar la realidad, secomenzó por el aspecto sociocultural, dándose como motivo de ello que el 29R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  27. 27. nivel más profundo del cambio de la época es el cultural. No sé si el temor a algún resquicio de marxismo postergó hasta el siguiente párrafo la situación económica. Sin embargo, el cambio cultural no se entiende por el simple hecho de la globalización, como parece suponer el texto, sino por el poder económico que la maneja y que marca profundamente la cultura actual. Para la realidad pastoral de nuestras Iglesias, tales sutilezas teóricas no tienen importancia, siempre y cuando no se navegue en la ingenuidad de imaginar cambios culturales profundos sin tocar las estructuras económicas del siste- ma neoliberal capitalista. De hecho, la mayor fuerza cultural en la actualidad son los medios de comunicación social. ¿Y quiénes los poseen? Los grandes capitales que se presentan como invencibles. Sin tocar la transformación económica, cualquier otro cambio sufre de idealismo y de ilusión alienante. El ver incluye dos puntos relativamente nuevos en las lecturas de la realidad de los documentos eclesiales. Abordó la biodiversidad y la ecología al llamar la atención hacia dos regiones geográficas del continente: la región amazóni- ca y la Antártida. En seguida, añadió la presencia de los pueblos indígenas y afroamericanos. Finalmente, se cerró el ver con la descripción de la situación de la Iglesia católica y sus desafíos en el actual momento histórico. El acto de ver de los obispos se distingue del análisis de las ciencias sociales, y aunque se nutre de algunos elementos de ellas, no persigue el mismo rigor científico. Tiene mucho de la percepción inmediata del sentido común, con todos los riesgos que Gramsci perspicazmente explicitó, sobre todo el de la presencia irreflexiva de los intereses de las clases dominantes. Se basa mu-L i b a n i o cho en la experiencia pastoral propia y revela una lectura tocada por la mi- rada de la fe que discierne los “signos de los tiempos” a la luz del Espíritu Santo. La categoría de los signos de los tiempos es teológica, implicando, sin embargo, conocimiento de la realidad bajo la perspectiva de la acción de Dios en la historia.B a t i s t a Las siguientes dos partes, que trabajan los criterios teológicos y la práctica pastoral, se extendieron más ampliamente. Corresponden al juzgar y al ac- tuar, cerrando así con coherencia el método asumido. 3.4. Naturaleza del lenguaje/discurso Por la rápida exposición de la metodología en curso, se nota ya la diferencia delJ o ã o abordaje y del lenguaje de un documento eclesial. Por eso, cabe detenernos en su tipo de discurso para evitar críticas fuera de lugar y expectativas desmedidas.30 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  28. 28. Varios factores deciden la naturaleza del lenguaje. Los redactores son oficial-mente los obispos, aunque con la contribución de otros peritos. En un últimoanálisis, ellos juzgan el contenido y la manera de comunicarlo. El Pueblo deDios se constituye en el principal destinatario y dentro de él, naturalmente, loscatólicos. Sin embargo, permanece el deseo de que el texto sirva a cualquierpersona que encuentre en él inspiración para actuar por el bien de la humani-dad. Es lo que el Mensaje Final llama “hombres y mujeres de buena voluntad”.La expresión necesita ser bien comprendida para no transformarse en ofensi-va, al considerarse como de “mala voluntad” a aquellos que no quieren acogertal mensaje. Recae sobre el redactor del texto y no sobre el destinatario el pesode la “buena voluntad”, es decir, el tener la capacidad de acoger y sintonizarseen la frecuencia del bien que existe en las personas.El método de la redacción y la naturaleza del discurso condicionaron alta-mente al texto. En ese sentido, la clave de lectura más importante nos vienede la naturaleza del discurso. Se intentó construir un discurso consensual en-tre personas de horizontes culturales y teológicos diferentes, de prácticaspastorales plurales, por medio de un estilo antes genérico, abstracto, ideali-zado y apreciado por la única autoridad común a todos ellos, el PontíficeRomano. Por eso lo citaron tantas veces.El documento pretende exhortar e impulsar la acción evangelizadora de laIglesia. Para esto, incentiva al católico, en tono algo moralista simplificador yde un vago idealismo, a asumir la misión de evangelizar con alegría y valor.Colorea la vida eclesial, reflexionando más sobre el deseo que sobre la reali- J o ã odad. Hoornaert advierte, sin embargo, sobre el riesgo de un discurso forradode sueños y carente de cálculo, sin responder a la sencilla pregunta de cómorealizar un sueño tan bonito.5 B a t i s t aAparecida representa el discurso del actor en oposición al del analista. Esteúltimo se inclina sobre la realidad, la desmenuza para conocerla y sólo des-pués emite juicios y traza estrategias. El discurso del actor, por el contrario,expresa lo que los autores del texto quieren y se proponen, prescindiendo deanálisis detallados, objetivos y científicos. Si es o no posible mover a los cató-licos de América Latina hacia la entusiástica Misión Continental no entra en L i b a n i oel campo del análisis. Se expresa el deseo decidido antes de realizarlo, y sólo5E. HOORNAERT, A Mensagem de Aparecida: Sonho e cálculo, en <www.adital.com.br>.Consultado el 01 de junio de 2007. 31R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  29. 29. después se verá su grado de factibilidad. El actor tiende a ver mejor los erro- res y las fallas en la realidad que le es opuesta, mientras valora la propia ins- titución de la que se hace portavoz. La parte analítica del discurso carece de rigor científico y se queda en afir- maciones genéricas, fácilmente perceptibles por el ciudadano común. El tono autoritario suple la carencia de rigor científico. La verdad vale por la autori- dad de quien escribe, en este caso los obispos, lo cual es una posición difícil de ser aceptada por la modernidad. El texto refleja la postura del conjunto del episcopado con anuencia de la Curia romana. Las posturas conflictivas se evitan. Si hubo aprobación masiva, significa que se lograron formulaciones suficientemente pulidas como para no desagradar ni comprometer a nadie. La real responsabilidad personal se diluye en el cuerpo social. En la Iglesia católica, la homogenización se logra con mayor facilidad debido a la indiscu- tible autoridad del Papa, a quien se recurre en las tensiones. La presencia romana se hizo sentir antes, durante y después de la Confe- rencia. Antes, por el discurso normativo del Papa. Durante, por el continuo recurrir a él y por la presencia de sus colaboradores cercanos, es decir, la Curia romana. Ciertas censuras de temas se dieron por dichas intervencio- nes y temores. Fue en cierta forma traumatizante la última de estas inter- venciones, cuando se modificó el texto que ya había sido aprobado por el Episcopado. 3.5 Trazos fundamentales del contenido del documento doL i b a n i o El documento se caracteriza por tres ejes de afirmaciones: el primero está constituido por la descripción de la realidad de nuestros pueblos bajo la perspectiva de la vida en la óptica de la fe; el segundo se propone explicitar la vida que los discípulos misioneros encuentran en Cristo; y el tercero se re- fiere a la acción de vivir y comunicar la vida de Cristo a nuestros pueblos.B a t i s t a La idea central y principal se resume en una primera mirada hacia el contex- to de crisis de la cultura actual y la evasión de católicos en América Latina. En seguida, la Iglesia católica, consciente con gratitud y alegría de que posee la verdad de la fe en Cristo, se siente llamada a hacer de todos sus miembros discípulos y misioneros, partiendo de un encuentro personal con Cristo, pa- ra así anunciar a nuestros pueblos el evangelio de la vida.J o ã o32 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  30. 30. 4. Eje de realidadEl Documento resumió la impresión general de la realidad actual: grandes ynuevas mudanzas afectan la vida sociocultural de los pueblos de AméricaLatina bajo el signo de la globalización y, articulándose con ésta, de la cien-cia y la tecnología en sus dos expresiones más importantes: la biotecnologíay la informática. Este tema ha venido persiguiendo los textos anteriores y sefirma en este último Documento.A la Iglesia le preocupa la fragmentación de sentidos, la pérdida de su uni-dad, la erosión de la religiosidad popular, el debilitamiento de la familia y lafalta de fe en Dios por la diluyente influencia de los medios de comunica-ción. Le sigue una detallada descripción de los cambios en la cultura actual,desde la desintegración del ser humano hasta un mercado que cosifica losvalores autónomos, pasando por la afilada subjetivación y el desenfrenadoconsumismo. El documento contrapone el cuadro sociocultural sombrío dela realidad con aspectos positivos de la valoración de la persona, su respon-sabilidad social y la conciencia de la diversidad cultural de los pueblos deAmérica Latina. Las transformaciones más profundas se dan a nivel cultural.Respecto a la situación económica, se inicia señalando el lado positivo de laglobalización con el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas. Sinembargo, permanece el riesgo de que tales novedades se rijan antes por lasganancias que por la ética. En la realidad, la globalización con más éxito seda en la dimensión económica, con la absolutización del mercado, privile-giando la utilidad y la competitividad, con las consecuencias inicuas de con- J o ã ocentración del poder y de riquezas en manos de pocos. También se amplió elconcepto de pobreza hacia el campo del conocimiento, del uso y acceso anuevas tecnologías. El texto aludió a la posibilidad del camino de formación B a t i s t ade pequeñas y medianas empresas asociadas al dinamismo exportador de laeconomía, aunque vulnerables. En fin, sueña con una globalización diferen-te, regida por la solidaridad, la justicia y el respeto a los derechos humanos.En este capítulo, se retomó otra vez la bella intuición de Puebla de los rostrossufridores, ampliándoles el rol.Los mecanismos del sistema financiero concentran utilidad y riqueza, prin- L i b a n i ocipalmente el capital especulativo. El texto recordó, en este caso, la doctrinasocial de la Iglesia que instituye como forma de organizar el trabajo a las au-ténticas necesidades humanas. Todavía añadió los problemas del desempleo,subempleo y migración por razones económicas. 33R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  31. 31. En cuanto al cuadro político, el documento reconoció el fortalecimiento de los regímenes democráticos, pero aludió a la preocupación respecto al neo- populismo autoritario. Sin bajar a un caso concreto, se percibe el temor por lo que ocurre en Bolivia y en Venezuela con repercusiones sobre otros paí- ses. Propugnó una democracia participativa, basada en la promoción y el respeto a los derechos humanos. En estas líneas vio el surgimiento de nue- vos actores sociales populares. También señaló la existencia de cierta reac- ción positiva de las políticas públicas como reacción al debilitamiento del Estado debido a ajustes estructurales recomendados por organismos finan- cieros internacionales. El cuadro oscuro de la política viene de la corrupción, de la violencia, de decisiones parlamentarias injustas y antiéticas en el campo de la vida y de la libertad religiosa. Sin embargo, vislumbró con esperanza la voluntad de integración regional. En un párrafo propio, la biodiversidad, la ecología, la región amazónica y la Antártida merecieron énfasis. Nuestro continente está en el ojo del huracán de la crisis climática, ya sea por el riesgo de la devastación de la región ama- zónica o por el deshielo de las regiones polares antárticas. La presencia de los pueblos indígenas y afroamericanos en la Iglesia ocupó varios párrafos, mostrando su creciente relevancia. El texto reconoce que la identidad mestiza latinoamericana y caribeña lanza la primera raíz en las pobla- ciones indígenas, mismas que se entrelazaron después con los esclavos veni- dos de África y finalmente con los migrantes de Europa. Por un lado, pesan amenazas sobre los pueblos indígenas, pero del otro lado se ve el surgimien-L i b a n i o to de los indios y negros en la Iglesia y en la sociedad con valores humanos propios. Los ojos de la fe ven en ellos semillas del Verbo y la apertura para la acción de Dios que fueron enriquecidas por la evangelización y la religiosi- dad popular. Los obispos nos alentaron a participar en la vida eclesial. Se percibe un proceso de inculturación esperanzador. La Iglesia carga con elB a t i s t a deber hacia los pueblos indígenas de anunciar a Jesucristo y de denunciar las estructuras de muerte, violencia e injusticias internas y externas. Le corres- ponde fomentar el diálogo intercultural e interreligioso y hacer de los indios cristianos miembros vivos de la Iglesia y misioneros en sus comunidades. En relación con los negros, sugirieron la descolonización de la mente de los afrodescendientes y la recuperación de la memoria histórica con espacios yJ o ã o relaciones interculturales. El documento dedicó largos párrafos a la situación de la Iglesia católica en este momento histórico de retos. Recordó los servicios de evangelización,34 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  32. 32. educacionales y sociales prestados por la Iglesia católica, particularmente alos pobres, a pesar de sus deficiencias y ambigüedades. Señaló los aspectospositivos de varios campos de la catequesis, de la liturgia, del ministerio delos sacerdotes y de los laicos, de la vida y acción de los religiosos. Reconocióla generosidad de los misioneros y misioneras, la renovación parroquial, elflorecimiento de CEBS, el crecimiento de movimientos eclesiales y nuevascomunidades, la importancia de diversas pastorales (familiar, de la infancia,juvenil), en fin, la riqueza de su doctrina social. Percibió el testimonio y laacción solidaria de laicos, la mejor formación teológica, la diversificación dela organización eclesial, la pastoral orgánica, el diálogo ecuménico e interre-ligioso y el movimiento de espiritualidad como reacción al materialismo. Esel lado luminoso de la Iglesia.Las sombras quedaron en el no crecimiento del número de católicos y delclero en proporción al crecimiento poblacional, en el clericalismo, en el neo-conservadurismo pre-conciliar, en el reduccionismo en la interpretación yaplicación de la renovación conciliar, en la falta de autocrítica, de obedienciaauténtica y del ejercicio evangélico de la autoridad, en los moralismos, en lainfidelidad a la doctrina, a la moral y a la comunión, en el debilitamiento dela opción por los pobres, en la secularización de la vida consagrada, en ladiscriminación hacia la mujer, en el debilitamiento de la vida cristiana y delcuidado evangelizador de los fieles, en el espiritualismo individualista, en el re-lativismo ético y religioso y en tantas otras fallas.La simple lectura de esta enumeración hace que aparezca la doble orienta- J o ã oción subyacente, pero que se oculta en el listado continuo. Existen los quetemen los adelantos de la libertad, de la autonomía de las conciencias y deéstas frente a las instituciones, incluyendo religiosas y con el exceso de com- B a t i s t apromiso social. Por eso puntualizan los miedos en perspectiva conservadora.Existen aquellos que, a su vez, marcan la presencia de la línea social, seña-lando el peligro de la postura conservadora, clericalista, espiritualista. El textono hace ninguna síntesis, sino una yuxtaposición de perspectivas. Probable-mente las interpretaciones posteriores harán su elección según la anteriorbase ideológica. L i b a n i o5. Juzgar teológicoLa parte teológica ocupó un largo capítulo. El tema central, que se refirió a lateología que sería elaborada, gira en torno a Jesucristo, fuente de vida para 35R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a
  33. 33. toda la humanidad y de la experiencia fundante del cristiano discípulo mi- sionero. La teología se concentró en la cristología y de ella provino la eclesio- logía. Mirada teológica perspicaz, percibe, sin embargo, que existe cierta circularidad entre la cristología y la eclesiología; ambas se influencian mu- tuamente. En el centro está la persona de Jesucristo. El discípulo y el misionero nacen del encuentro personal con Cristo. Algunos aspectos contextuales influencia- ron la elaboración de la cristología. Pocos meses antes de empezar la Confe- rencia, hubo una modificación por parte de la Congregación de la Doctrina de la Fe respecto a dos obras cristológicas de Jon Sobrino.6 La cristología de Jon Sobrino se caracteriza por la valorización del Jesús de la historia en la tradición antioquena. Le resalta la humanidad concreta y lo relaciona con el Reino de Dios, anunciado privilegiadamente a los pobres. Dicha cristología simboliza, de manera ejemplar, la cristología de la liberación. Con la modifi- cación, la sospecha doctrinal sobre ella se expandió y la hizo inaplicable en una Conferencia episcopal. Además, el actual Papa, que hizo el discurso inaugural, intervino cristoló- gicamente de dos formas: directamente, con su discurso, e indirectamente, con su obra teológica y, de forma reciente, con un libro sobre Jesucristo. El Cardenal Martini, al referirse al libro de Benedicto XVI sobre Jesús de Na- zaret, llama la atención para “el recíproco entrecruzarse de conocimientos históricos y de conocimientos de fe”. Prefiere la cristología joánica, de Ale- jandría, base de la fe en Jesús, Verbo Divino, que asumió la carne en la his-L i b a n i o toria. Construye, en el lenguaje del Cardenal, una obra testimonial de fe en Jesús, más que realmente una cristología.7 Esos factores influyeron en la cristología de Aparecida. La cristología hoy implica un juego difícil entre la tradición de los concilios, la obra de los exégetas que cada vez escarban más la vida del Jesús palesti-B a t i s t a niense, y los desafíos de la cultura actual. En una Asamblea sin especialistas 6 CONGREGAÇÃO PARA A DOUTRINA DA FÉ, Notificação sobre as obras do P. JON SOBRI- NO S.I, Roma. 26/11/2006, en <www.vatican.va/roman_curia/congregations/ cfaith/do-J o ã o cuments/rc_con_cfaith_doc_20061126_notification-sobrino_po.html>. Consultado el 29 de junio de 2007. 7 Ver en Noticias, 29/05/2007 en <http://www.unisinos.br/ihu/index.php>. Consul- tado el 29 de junio de 2007.36 C o n f e r e n c i a d e A p a r e c i d a. D o c u m e n t o f i n a l
  34. 34. en cristología y sin exegetas de peso, ¿cómo elaborar una cristología? El ca-mino viable fue asumir, de manera sencilla y directa, afirmaciones sobre Jesús,más cercanas al antiguo modelo tradicional de las vidas de Cristo que de lacristología, más cercana del testimonio de fe sobre Jesús que del conocimien-to regido por los métodos histórico-críticos. Se recurrió a los textos bíblicosen su expresión inmediata, sin someterlos a ningún tratamiento teológi-co crítico. Así surgió una cristología vista preferentemente por encima de latrascendencia y preexistencia de Jesús. El Documento formuló la fe en Jesús,Hijo eterno del Padre, que vino hasta nosotros para enseñarnos el camino,la verdad y la vida. Es más, ésa es la cita bíblica escogida para el tema de laAsamblea. De ese encuentro de fe con Cristo nace la alegría de ser cristiano,discípulo y misionero del evangelio de la vida para los pueblos de nuestrocontinente.Antes de tocar el tema de la vocación, se introdujo un capítulo en el estilosemejante al del inicio del Documento, una especie de júbilo eclesial, bendi-ciendo a Dios por la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de lafamilia, de la actividad humana (trabajo, ciencia y tecnología), del destinouniversal de los bienes y de la ecología, y del sueño de que América Latinasea el continente del amor y de la esperanza.A partir del Verbo que baja y con el cual nos encontramos en la historia, naceel llamado al seguimiento, a la comunión con Él en la vida y en el destino:razón última de nuestra alegría y esperanza. Del seguimiento emana el amora los hermanos y el compromiso con la misión de Cristo. Él nos envía para J o ã oproseguirla, es decir, para proclamar el reino de la vida, animados por el Es-píritu Santo.En una palabra, los cristianos se sienten llamados por Cristo, fuente de vida. En B a t i s t ael seguimiento se configuran con Él. De ahí brota el entusiasmo de anunciaresa vida de y en Cristo como evangelio del reino de la vida. En todo esto es-tán animados por el Espíritu Santo.La eclesiología afirmó la continuidad con el llamado de Jesús al discípulopara vivir en comunión con Él, con el Padre, pues es en ella donde el discí-pulo experimenta el llamado, lo vive, se forma, se alimenta de la Palabra, de L i b a n i ola oración y, de modo especial, de la Eucaristía. Una cristología desde arriba,partiendo de la trascendencia, conduce a una eclesiología también de arriba, se-gún la cual la Iglesia se entiende como la que posee, guarda, cuida de la doc-trina a ser transmitida y ofrece el espacio de su vivencia. 37R e v i s t a I b e r o a m e r i c a n a d e T e o l o g í a

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