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ORIGEN Y APOGEO DEL IMPERIO DE LOS AUSTRIAS: 1516-1598
Carlos I de España y V del Imperio
Alemán, 1516-1556
Felipe II de España: 1556-1598
Durante el siglo XVI la política de Europa estuvo dominada por la dinastía de los Habsburgo, llamados los Austria en
España; cuyos dominios se extendían por amplias regiones de Europa, de América; incluso enclaves en Asia (Filipinas)
y África.
La extensión de sus dominios hizo temer a las demás potencias europeas, lo que provocó suspicacias, roces y
continuas guerras con esas potencias: Francia, Inglaterra, Venecia, Estados Pontificios, principados alemanes, etc.
Pero es que tuvo entre sus objetivos el hacer triunfar el catolicismo en Europa (lo que le enfrentaba con
Inglaterra, los estados reformados de Alemania y Países Bajos), y la superioridad de su dinastía en el concierto
europeo, lo que le atraía la hostilidad de Francia, y los estados italianos: Venecia, Florencia, Estados Pontificios, etc.
A la postre, los Austrias hicieron de los territorios en la Península Ibérica, y sobre todo de Castilla y su Imperio
Americano, las bases de su poder. Aquella política castigó a Castilla, que debió hacerse cargo de sufragar las
ambiciones de Imperio Universal de una dinastía que nunca se acabó por considerar ni castellana, ni española.
Por una serie de accidentes dinásticos, Carlos de Habsburgo, nacido en Gante (Bélgica), y que tenía
por lengua materna el francés; recibió una enorme pero dispersa herencia; de lenguas y costumbres
muy diferentes:
- De su padre, Felipe el Hermoso, recibió los territorios del antiguo ducado de Borgoña; ahora
divididos entre el Franco Condado (al sur) y los Países Bajos (actuales Bélgica y Holanda.
- De su madre, Juana la Loca, reina de Castilla, recibió el reino de Castilla, y su creciente imperio en
Las Indias (América)
- De su abuelo Fernando de Aragón recibía este reino tripartito (Aragón, Valencia y Cataluña); más
sus dominios en Italia (Cerdeña, Sicilia y Nápoles)
- De su abuelo Maximiliano de Austria recibía una larga serie de territorios en el sur y sudeste del
Imperio; además de la corona de Bohemia, y la opción al título de Emperador
El resultado final fue que la
diversidad y la dispersión de sus
dominios le impidieron realizar
una política unificada y coherente.
No tenía ni tampoco desarrolló
instrumentos de gobierno, de
legislación o de impuestos;
comunes a sus territorios.
Los propios reinos españoles,
tanto Castilla como Aragón,
quedaron desatendidos; sin que
Carlos se molestase en ellos más
que para recabar dinero
Lo más que se le puede imputar
es la idea de dirigir una Universitas
Christiana, para lo cual necesitaba
eliminar las diferencias entre
luteranos y católicos.
En esta política le eran fieles sus
súbditos españoles; pero
encontraba no poca enemistad
entre los príncipes alemanes, e
incluso entre el Papado.
Por otro lado, su poder Imperial
le enfrentaba con el otro gran
adversario imperial, el Sultán
Solimán III “el Legislador” o
“Magnífico”; las grandes ofensivas
turcas por el Danubio y por el
Mediterráneo las tendrá que tratar
de contener, como Emperador, y a
título particular, como rey o duque
del área atacada.
El imperio donde “no se pone el sol”.
Felipe II no heredó el Imperio Alemán, pero
sí importantes territorios en Europa (mapa
derecha); lo que le obligaba a seguir, hasta
cierto punto, la política de su padre
Pero también se extendieron mucho los
dominios en Las Indias, África y Asia, sobre
todo después de la anexión de Portugal y su
propio imperio, en 1580:
Felipe II estableció el sistema de gobierno mediante Consejos y
Virreinatos (página 245 del libro de texto); a los que habría que
añadir las Cortes y las Audiencias, hasta cierto punto dependientes
de los virreyes, hasta cierto punto autónomas.
Los Consejos eran grupos de expertos en asuntos técnicos de
gobierno (Inquisición, Guerra, Hacienda), o en reinos, en cuyo caso
colaboraban con los virreyes de esos reinos: Consejos de Aragón,
Flandes, Italia, Nueva España, Perú. Destacaba el papel y poder del
Consejo de Castilla.
Los Consejos emitían sus juicios sobre las cuestiones que el rey
Felipe, y sus sucesores, les remitían; las trataban, y respondían
mediante la Consulta; que era presentada al rey por el Secretarios
del Consejo.
Esta figura, el secretario, llegó a tener una gran influencia, pues
era el único miembro de cada consejo que trataba o hablaba
directamente con el rey.
El gran autócrata estableció una nueva capital, Madrid, y fue Felipe II quien estableció la capital en Madrid, y quien
estableció el sistema de gobierno que iba a mantenerse durante toda la dinastía, y que siempre residiría en Madrid (con
un breve episodio en Valladolid); por eso se empieza a llamar a esta rama de los Habsburgo la “Monarquía Hispánica”;
para diferenciarla de la rama austríaca, que seguía rigiendo Austria y el Imperio Alemán. P Pero ambas ramas se
cruzaban continuamente en matrimonios, y se apoyaban políticamente.
El poder de los virreyes podía quedar restringido por los poderes locales: los casos
de los Estados Generales de Flandes o del Justicia de Aragón, contrastaban con la
sumisión de los parlamentos de Nápoles, Portugal o Valencia; por citar algunos. Estos
parlamentos eran los encargados de recaudar impuestos y sancionar las reyes del rey.
También los tribunales de justicia, las Chancillerías, estaban presididas por los
virreyes respectivos; teniendo como presidente el propio virrey; y como órgano
superior el Consejo correspondiente (de Castilla, Aragón, Nápoles, Países B ajos, Milán,
Países Bajos, etc.).
Las Chancillerías se dividían en Audiencias, para cubrir la función de impartir la
justicia por las diferentes áreas del Imperio. Este sistema se aplicó por Las Indias,
Castilla, Aragón, Portugal y reinos en Italia; aunque no en los reinos de Borgoña (Países
Bajos y Franco Condado); que tenían sus sistemas de justicia propios.
Mucho menos hubo unidad en los sistemas fiscales; pues cada reino mantuvo sus
sistemas de impuestos, y la necesidad de voto de sus parlamentos, cortes o estados
generales para recaudarlos.
El hecho de que el reino de Castilla fuese a la vez el que menos defensas
constitucionales presentaba; y el que disponía de mayores flujos de riqueza en
metálico, en plata; hizo que el sostén de todos estas grandes estructuras y necesidades
administrativas y políticas, recayesen siempre sobre Castilla.
Los Virreinatos eran los lugares donde Felipe II era rey, pero no podía estar presente: Nápoles, Milán, Países
Bajos, Portugal (desde su anexión); y también las tierras de Las Indias, que se dividieron en dos enormes
virreinatos: Nueva España (México y América Central) y Perú (Sudamérica)
Los Virreyes gozaban de gran prestigio y riquezas, además de amplios poderes, pues representaban al rey.
Por tanto, eran generales de sus ejércitos, presidentes de sus tribunales de justicia (Chancillerías), y convocantes
de sus Cortes, Parlamentos o Estados Generales ; pues de muchas formas se llamaban esas asambleas
representativas de cada reino.
Los virreyes americanos, de Perú y Nueva España, gozaban todavía de mayores poderes. Debido a la distancia
en tiempo con respecto a Madrid, a los enormes territorios que administraban, a que no tenían que pactar o
tener en consideración a familias o costumbres nativas, a que operaban en tierras donde se producían y
transitaban enormes riquezas.
Eran virreinatos privilegiados para sus titulares: siempre un príncipe de sangre real, o algún altísimo
aristócrata. Estos virreyes acumulaban grandes fortunas durante su cargo, incluso los europeos.
Una dinastía de conflictos
La llegada de Carlos a sus reinos peninsulares ya provocó el recelo de
castellanos y catalanes. Entre los primeros, por repartir importantes cargos del
reino entre su séquito de flamencos. Entre los catalanes por aferrarse éstos a su
hermano, D. Fernando de Habsburgo, que era muy apreciado en los reinos de
Aragón.
Sus solicitudes de fondos para obtener su elección como Emperador del Sacro
Imperio fueron rechazadas por las Cortes de los diversos reinos, si bien en Castilla
se recaudó un subsidio, con la promesa de no ser usado el dinero fuera del reino.
La salida del rey Carlos I para dirigirse a Alemania, dejando como regente a Adriano
de Utrecht, a quien había nombrado arzobispo de Toledo (la más alta dignidad
eclesiástica en Castilla); fue la señal para el levantamiento de las ciudades de
Castilla la Vieja: Toledo, Salamanca, Segovia, Zamora, Etc.
Se trataba de una alianza entre la baja nobleza urbana, y las clases artesanales
de las ciudades, que veían como la riqueza del reino aprovechaba a extranjeros, y
sus peticiones nunca eran atendidas.
Pero la alta nobleza (los Alba, Manrique, Enríquez, Velasco, Medina-Sidonia,
etc.) juntaron sus esfuerzos al ejército real; y los Comuneros, nombre que se
habían dado los ciudadanos alzados, fueron fácilmente barridos en la batalla de
Villalar (1521); siendo seguidamente ejecutados sus jefes (pág. 247 del libro)
También tuvo un claro componente social el conflicto de las Germanías, que se
levantó en Valencia y Baleares durante tres años: 1520-1523.
Se trató de una alianza entre los payeses campesinos y los artesanos urbanos,
ambos en contra de las duras condiciones que les imponían los nobles locales; y su
movimiento se dirigió contra las propiedades nobiliarias, y contra sus más dóciles
servidores, los moriscos.
Otra vez, la alta nobleza hizo causa común con el ejército real; la rebelión fue
aplastada, y siguió una larga represión en la cabeza de los principales jefes.
Pero, podemos concluir, Carlos supo tener a la alta nobleza de su parte. Para aupar
más los escalones creó la “grandeza” , un sobretítulo con el que distinguía a los
nobles más leales. Y la nobleza se veía respaldada en sus propiedades y su dominio
de la sociedad.
1- Los conflictos internos
Felipe II, que casi siempre residió en Madrid o Valladolid (salvo una estancia en Lisboa
con motivo de la anexión de Portugal), no se apoyó en la alta nobleza, a la que sólo
otorgó cargos fuera de la península: como virreyes, o como embajadores.
Sus Consejos estaban formados por nobles de mediana y pequeña condición, de
origen urbano la mayoría de las veces, con estudios en leyes. A ellos se añadían clérigos,
con estudios en teología y lenguas extranjeras.
Su aceptación fue mucho mayor entre los reinos hispánicos, se puede hablar de un rey
muy popular.
Pese a ello, no dejó de tener sus conflictos internos, y de alguna seriedad:
Las ideas de Felipe II acerca de la “pureza de sangre” y de la necesidad de unificar en la
fe cristiana y católica a toda la población, le llevaron a prohibir el uso de indumentarias
árabes, el empleo de baños públicos, donde se decía que se seguían realizando los rezos
en común; les obligó a demostrar la propiedad de sus bienes en nuevas cédulas; y la
población morisca, cristiana de nombre o de corazón, pero sometida por igual a tales
humillaciones explotó en 1566.
La rebelión no logró tomar la ciudad de Granada, a pesar del gran número de moriscos
alzados. Pero se hizo fuerte en las Alpujarras (vertiente sur de Sierra Nevada), donde los
moriscos eligieron un emir, y buscaron ayuda en Argel y Constantinopla.
Durante 5 años, aquellos “míseros como las ratas y sabandijas, sin más armas que su
desesperación” (se admiraba Guillermo de Orange) fueron capaces de mantener a raya a
las tropas españolas locales. Hubo que formar un Tercio de veteranos, y ponerlo bajo D.
Juan de Austria, para lograr sofocar aquella dura revuelta de los restos del islam español.
Vencidos, la población morisca granadina fue obligada a dispersarse por las regiones de
Castilla; llevando así el problema de los moriscos a regiones
como León, o Cáceres, donde hacía siglos que no lo conocían
De menor importancia fue el asunto de Antonio Pérez; secretario desleal de Felipe II, que logró huir a Aragón, y
una vez allí acogerse a los fueros y privilegios de este reino en materia de justicia.
Felipe II trató de forzar su vuelta por medio de la Inquisición, acusándole de un absurdo delito de herejía; aquello
ofendió a ciertas masas urbanas de Zaragoza, que sacaron a Pérez de la cárcel del Inquisidor General, y la llevaron a la
del Justicia de Aragón.
El cargo de Justicia era una reliquia medieval que ostentaba la familia Lanuza, y que nunca se usaba en favor de
pobre o siervo alguno. Pero ahora el joven Juan de Lanuza se vio apelado por una muchedumbre y ciertos nobles para
que usase sus poderes y pusieses a Antonio Pérez bajo su jurisdicción. Cosa que hizo, finalmente (1590).
La respuesta del rey fue formar un ejército que, sin ninguna oposición, incluso con la decidida aportación de los
campesinos aragoneses, tomó Zaragoza, y ejecutó a Juan de Lanuza (1591); aunque respetó los fueros de Aragón.
Pero Antonio Pérez, entre tanto, se las había arreglado para huir a Francia. Desde allí alimentaría mucho de la
Leyenda Negra de Felipe II.
Los conflictos externos
1- Con los piratas berberiscos y el Imperio Otomano en el Mediterráneo. Por sus posesiones en África y en Nápoles
2- Con Francia por la influencia en Italia, en Alemania, y en Países Bajo. Por sus dominios en Milán, Países Bajos y
Franco condado. Por el reino de Navarra, antiguo feudo francés, anexionado a Castilla en 1515.
3- Con los Países Bajos, después de 1566; por la rebelión de esta región.
4- Con Inglaterra, desde 1586, por la amenaza que suponen las fuerzas españolas en Países Bajos
5- Los problemas austro-imperiales: la necesidad de mantener una frontera en tierra contra los turcos, y un sinfín de
pugnas, rebeliones, intrigas y disensiones religiosas entre los príncipes alemanes.
A Felipe II le
toca, por su
herencia de su
padre Carlos :
Números 1-4
A Fernando I, hermano
de Carlos, le toca por
delegación.
Letras A-B
El Mediterráneo fue uno de los principales escenarios de lucha para Carlos V, que tuvo que hacer frente a las ofensivas turcas.
El primer ataque lo llevaron a cabo sus aliados berberiscos, en concreto el famoso Barbarroja, que, saliendo de Argel,
atacó y conquistó Tremecén; lo que motivó la contundente respuesta del gobernador español de Orán, el marqués de Comares;
que venció y mató a Barbarroja.
Pero su hermano Jarriadín Barbarroja recogió la dirección de los piratas de Argel, convirtiéndose en la pesadilla de la
navegación en el Mediterráneo Occidental; incluso conquistando la importante ciudad de Túnez (1532), y aliándose con Solimán
(1533). Su osadía le permitió llegar a un acuerdo con Francisco I de Francia para invernar en Tolón (Francia).
El emperador Carlos logró poner de acuerdo a castellanos, catalanes e italianos, para conseguir una poderosa flota y un
ejército de veteranos que logró volver a tomar Túnez (1535); aunque Jariadín Barabarroja escapó; y la nueva flota del emperador
fracasó en su intento de conquistar Argel acabó en un desastre, si bien que debido al mal tiempo sobre todo.
Felipe II introdujo fuertes sumas en la construcción de una
flota española (pues había de estar tripulada por catalanes,
valencianos y castellanos) en nuevos astilleros en Valencia y
Cataluña; una flota de galeras que, de principio, patrulló las
costas del sudeste.
Pero que pronto tuvo que enfrentarse a una operación
mayor: en 1565 los turcos atacan la isla de Malta; que es
defendida heroicamente por los Caballeros de Malta; pero que
es salvada por la flota española, que logra evitar luchar con la
flota turca, pero desembarca a los temibles tercios; que pronto
baten por tierra a los turcos, y levantan el asedio.
La gran batalla, “la más alta ocasión que vieron los siglos”
enfrentó por fin a la flota española, muy aumentada; y aliada
de la flota veneciana y de la genovesa; las tres potencias
navales, donde la participación en naves y hombres españoles
fue muy superior, se encontraron a la gran flota turca en
Lepanto, en 1571, en las costas de Grecia; y tras una
sangrienta batalla, vencer de forma indiscutible a los turcos, y
vencerles en el Mediterráneo Central.
No deja de ser cierto que al poco, en 1574, el sultán Selim II
lograba recuperar Túnez.
Pero poco después ambas potencias, España y los
Otomanos, tienen otros intereses aparte, y a ambos les
satisface el mapa que ha quedado, con los españoles
dominando la mitad noroccidental, y los turcos la sud-oriental
del Mediterráneo.
Felipe II heredó pues un doble frente, contra los
corsarios berberiscos al sudeste, y contra las flotas
turcas en el Mediterráneo Central.
La rivalidad entre Carlos I (1516-1556) y Francisco I de Francia (1515-1547)
fue constante: en Italia, Alemania, Países Bajos, en Navarra o en Saboya.
Las fuertes posiciones españolas al sur de Italia, en Nápoles, Sicilia y
Cerdeña; permitieron a Carlos tomar ventaja: en 1525 venció en la importante
batalla de Pavía, quedando preso el mismo rey de Francia; y quedando el
Milanesado (actual Lombardía), con sus ricas ciudades y sus pasos alpinos, en
poder de los españoles; a cuyos reinos unió el importante ducado.
Francisco no se rindió por ello; y además de apoyar todas las revueltas de los
príncipes alemanes, protestantes o no; no dudó en aliarse con turcos y piratas
berberiscos; llegándose al escándalo de que flotas musulmanas invernaban en
Francia, y hacían sus oraciones a Alá, y sus ritos y llamadas, en tierra de Francia.
También se lanzó a una larga serie de guerras, entre 1526 y 1544 sostuvo
diferentes enfrentamientos con el emperador; lo que se saldó con el Sacco di
Roma (1527); o la conquista por parte francesa de Verdún (1544).
Felipe II y Enrique II de Francia protagonizaron la resolución de la
lucha, al menos por lo que quedaba de siglo.
Enrique II de Francia vecería brillantemente a Carlos I en Metz, 1562,
Pero la guerra con Felipe II le fue totalmente adversa: tropas españolas, flamencas y alemanas
derrotaron a los franceses de forma rotunda en las batallas de San Quintín y Gravelinas (1567-68), que
55dejaban abierto el camino a París. Enrique II tuvo que firmar la Paz de Cateau-Cambrèsis (1559) que
dejaba Italia para los españoles: pues Saboya se convertía en aliada de España, y Milán se reconocía
como posesión hispana.
Poco después, en 1560, moría accidentalmente Enrique
II; seguido rápidamente por su hijo Francisco II.
Francia entra en una crisis monárquica, acompañada de
unas guerras civiles de los nobles, que invocan la religión
como pretexto para ellas (Guerras de Religión en Francia); y
que se verían acompañadas por un creciente desprestigio
de los últimos monarcas de la dinastía Valois: Carlos IX y
Enrique III
Felipe II iba a tener tiempo y dinero para volcarse en el
tercero de sus grandes objetivos: el Atlántico.
Los Países Bajos eran la parte
mayor y mejor de la herencia
borgoñona de Carlos I, y le
habían sido dejado a Felipe II
porque éste era el único hijo legal
de Carlos; y porque tenía el
mayor poder militar para
defenderlos.
También se reforzó su defensa
mediante el matrimonio de
Felipe II con María Tudor de
Inglaterra; pero ni duro mucho, ni
tuvieron descendencia.
Los Países Bajos se habían
acostumbrado a ser gobernados
por sus propios Estados
Provinciales (de Flandes, de
Brabante, de Utrech); que eran
convocados como Estados
Generales cuando el duque de
Borgoña precisaba ayudas
económicas o militares, en
Bruselas. Así lo hizo Carlos, que
había nacido y crecido allí; y era
duque de Borgoña, además de
otros títulos.
De forma que los Países Bajos
no mostraron oposición a Carlos,
ni a su política; más allá de las
quejas habituales.
Otra cosa fue cuando se
vieron gobernados por un rey
desconocido y extranjero; y que
no gustaba nada de asambleas,
como los Estados, provinciales o
generales.
Otro problema era el de la nobleza de estas regiones; que esperaba ser la representante del poder, en
ausencia del rey. Pero que se vio marginada por los virreyes, como el cardenal Granvela, o la hermana de
Felipe II: María de Hungría.
Se añadía la situación social: estamos ante una región donde hay que hablar de pre-capitalismo; con
alta concentración de manufacturas, de ingenios mecánicos, de materias primas y productos semi-
terminados; todo esto supone una gran masa de dinero, de capital invertido.
Pero también supone una gran masa de asalariados, de gentes que tienen trabajo, o están en paro,
según la demanda de artículos que allí se producían, sobre todo textiles, pero también vidrio, tonelería,
forjados y objetos de metal, etc.
Las ciudades de Ypres, Brujas, Gante, Malinas o, sobre todo, Amberes, el gran centro industrial y
comercial; podían ser unos años tan prósperas que atraían a los campesinos de los alrededores; pero
seguían años de declive, y grandes masas urbanas caían en la desesperación; y en esperanzas de una vuelta
al mundo de Jesucristo, de un reparto de los bienes terrestres, de la abolición de los poderes y jerarquías.
Precisamente la religión ponía el último hilo de la madeja anudada: la entrada primero del luteranismo,
pero luego del calvinismo, por el sur, por Arras y Valenciennes, hacia las décadas de 1550-1560; había
atraído a importantes sectores de la burguesía, dueños de los telares y las forjas; pero también a altos
nobles, desairados por no contarse con ellos en el gobierno: Guillermo de Orange, Lamoral de Egmont,
Felipe de Hor, o Montigny. Todos ellos se hacen calvinistas, y “defensores de la libertad religiosa”.
La situación estalló en 1566, cuando un motín de trabajadores desempleados, se identificaron con las
doctrinas “anabaptistas” (negaban la validez del bautismo dispensado por sacerdotes) y atacaron y
destruyeron numerosas iglesias y obras de arte en las ciudades
del sur de los Países Bajos.
La nobleza y los burgueses no habían tenido nada que ver con
aquella violencia. Pero tampoco la habían tratado de evitar. Tan-
to para Felipe II, como su virreina, Margarita de
Parma; había una clara desobediencia de las clases
dirigentes, que favorecía las rebeliones del pueblo
llano. Y aunque Margarita pedía prudencia, Felipe
decidió que era el momento de golpear.
Nombró nuevo virrey a un aristócrata y militar
experto, el duque de Alba, y le encargó reclutar un
fuerte ejército de 40,000 veteranos en el norte de
Italia.
El gran ejército, tras cruzar, bordeando pero
asustando, las fronteras de Suiza, Francia y Alema-
nia; entró en Bruselas en 1568.
El duque de Alba implantó sólidamente su autoridad, tanto que ordenó la ejecu-
ción de los altos nobles Lamoral de Egmont y Felipe de Horn; mientras Guillermo de
Orange huía a toda prisa a Alemania.
También impuso los decretos de Trento, lo que convertía en posibles víctimas a
los calvinistas, muy numerosos entre los trabajadores burgueses. Y, sobre todo,
trató de introducir impuestos al estilo castellano: sobre el comercio y el consumo; y
sin necesidad de convocar ninguna asamblea o Estado.
Aquello levantó una gran oleada de indignación; tanto hacia el gobierno de
Alba, como hacia el comportamiento de las tropas “españolas” (había también mu-
chos mercenarios alemanes, italianos, incluso belgas). Pero lo peor vino por el mar:
un grupo de corsarios holandeses capturó la ciudad de Brill, en una de las bocas del
delta del Rin. Y, ante la imposibilidad del duque de Alba de llevar su ejército contra
ellos, empezaron a usar sus barcos para ir capturando las costas e islas de Frisia,
logrando finalmente dominar la salida al mar de Amberes, lo que suponía un terri-
ble golpe a la economía de los Países Bajos.
Ante el fracaso de la fuerza bruta, Felipe II recurre a dos nuevos virreyes: D. Luis de Requesens, y
D. Juan de Austria; ambos apenas tienen tiempo de realizar política alguna, pues fallecen con
rapidez : 1576 y 1578. Mientras, el dominio de los mares por parte de los rebeldes del norte les
permite ir ampliando su zona de acción; a pesar de que ciudades como Amsterdam tratan de
resistirles. Pero las tropas españolas no pueden ayudar a los cercados en aquellas áreas pantanosas
y semi lacustres.
El desplome del poder español llega cuando, al decretar Felipe II una suspensión de pagos, las
tropas se quedan sin jefe (ha muerto Requesens) y sin paga. Enfurecidos por la actitud de la
población de aquellas tierras, se lanzan contra las ciudades que debían proteger, llegando a saquear
la opulenta Amberes (1576). El terrible motín de las tropas de Felipe II, en el que los españoles
participan, arruina todo prestigio del rey.
El nuevo y enérgico virrey, Alejandro Farnesio, duque de Parma, logra dominar el amotinamiento;
así como volver a la obediencia a las provincias del sur de los Países Bajos: Artois, Hainault, Flandes,
Brabante, etc. Con estas provincias crea la Unión de Arrás (1579), que le permitió concentrar sus
esfuerzos en las ciudades de Gante, Brujas o Malinas; hasta conseguir su gran triunfo: la reconquista
de Amberes, en 1586.
Pero al noroeste, protegidas por los ríos y las marismas, la rebelión se afianzó. Sobre todo con la
formación de la Unión de Utrech, que creaba una República de los Países Bajos, formada por las
Siete Provincias (Holanda, Zelanda, etc).
Empezaba así una guerra , que iba a durar 80 años, que iba a consumir las riquezas de Castilla, y
aun de España, que iba a saldarse con una derrota. Pero que Felipe II creyó poder ganar en otro país
Inglaterra había sido siempre una potencia que se buscaba como aliada, a pesar de las diferencias religiosas que hubo durante el gobierno de
Enrique VIII, no por ello el emperador Carlos había roto relaciones o alianzas. La boda de Felipe II con María I de Inglaterra parecía consolidar esa
alianza; pero la repentina muerte de María (1558) echaron por tierra la asociación de tronos.
Pues su sucesora, Isabel I (1558-1603), estaba dispuesta a no compartir su trono (la “Reina Virgen”), a mantener e imponer el anglicanismo
como Iglesia de Estado, bajo unas directrices dogmáticas emanadas por la corona; y a no ligarse en política exterior a ninguna potencia superior
a la suya, fuese Francia o España, sino atender los intereses particulares de Inglaterra, y sus posesiones en Gales e Irlanda.
Por ello, no dejó de ver como una amenaza la llegada de los 40.000 soldados del duque de Alba en 1557, frente a las próximas costas de
Devon. Por ello, auxilió a los rebeldes holandeses, que encontraban ene Inglaterra un lugar donde vender el botín y rehacer sus barcos. Y por eso
hizo la vista gorda ante las expediciones entre comerciales y corsarias de Hawkins y Drake en las Indias.
Pero en 1580 Felipe II había adquirido Portugal; y con él, una nueva fachada al Atlántico, y una nueva flota. Y en 1586 había retomado
Amberes, quedando la rebelión de los Países Bajos limitada a las provincias marítimas del norte. Ante la imposibilidad de seguir avanzando por
los arenales y pantanos de Zelanda y Holanda; ¿no sería mejor idea conquistar Inglaterra, y dejar aislados a los holandeses?
El plan fue sugerido al rey por marinos experimentados, como el marqués de Santa Cruz,
vencedor en Lepanto; pero que creía posible usar las galeras mediterráneas en los mares
atlánticos. También Felipe recibió críticas al plan, la principal de ellas por parte de su virrey
en Bruselas, Alejandro Farnesio, que no veía factible tomar Inglaterra sin antes asegurar los
Países Bajos.
Fue Felipe II quien decidió: enviaría al duque de Me-
Dina Sidonia, no familiarizado con el mar, como coman-
dante de una gran escuadra; que habría de recoger a
los veteranos tercios de Farnesio; y trasportarlos a
Inglaterra. Todo ello ignorando que los españoles no
tenían un solo puerto en Flandes donde pudiesen atra-
car los galeones.
El resultado fue que, tras una inútil batalla con la flo-
ta inglesa; los galeones se vieron obligados a atracar
pegados a una costa, donde fueron fácilmente disper-
sados por un ataque nocturno inglés: 1588
Siguió una tormenta, que obligó a los derrotados na-
víos a tratar de dar la vuelta a las Islas Británicas, per-
diéndose gran parte de ellos en las costas de Irlanda.
Las bajas en marinos experimentados fueron las más
graves, pues era lo más difícil de reemplazar.
La guerra con Inglaterra proseguía a la muerte de Fe-
Lipe II; así como también la rebelión de los holandeses.
Mientras que el fin de la guerra civil en Francia amena-
zaba con otro enemigo para España.
Exploración, conquista y explotación de Las Indias
La isla de Cuba fue el lugar donde se gestaron el descubrimiento del Pacífico por
Vasco Núñez de Balboa (1513); y de donde el extremeño Hernán Cortés se lanza a
internarse en el continente desde Veracruz; para descubrir el joven y vigoroso Imperio
Azteca.
Con gran don de gentes, y de la oportunidad política, Cortés consigue hacerse con
la voluntad del soberano azteca Moctezuma, así como la alianza de las tribus
indígenas enemigas de los aztecas; entrando en la capital, Tenochtitlan, en 1520.
Pero su ausencia momentánea, provoca una rebelión de los aztecas: Moctezuma
es asesinado; y la guarnición española es también capturada y asesinada. Cortés tiene
que improvisar una dura retirada (Noche Triste, 1521).
Sin embargo, una oportuna llegada de refuerzos españoles le permite retomar la
ofensiva, vencer en la batalla de Otumba; y poner asedio hasta su rendición a
Tenochtitlán . La venganza de los indios aliados de Cortés será terrible.
Cortés se adjudica un feudo imperial, para patrones europeos, pero tiene lo
suficiente como para no tomar la parte del rey Carlos I, a quien cede un enorme
territorio.
El éxito de Cortés no hace sino avivar el apetito de otros hombres de armas: su propio primo, Hernando
de Pizarro arriesga tres aventuras hasta lograr dar con el reino del fabuloso Inca; que sabe que está alterado
por una reciente guerra civil. En 1532 desembarca en la costa peruana, y sabiendo que está próximo
Atahualpa, decide internarse hacia Cajamarca (alto país), y solicitar una entrevista con el Inca.
Sin respetar la tregua, ni la persona del rey Inca, Pizarro se apodera de Atahualpa, y decide juzgarle por la
muerte de su hermano Huáscar en la reciente guerra civil. Atahualpa llega a ofrecer, y pagar, un enorme botín
en oro; pero Pizarro no duda en hacerle asesinar, tras declararle “culpable de usurpación del trono”
Y es como protector de los derechos de un nuevo Inca, Manco Cápac, como Pizarro alcanza la capital del
Imperio Inca, Cuzco, 1533. Si bien todavía los guerreros incas resistieron la dominación española en las altas
cumbres de Vilcabamba durante otros cuarenta años.
Otros viajeros, buscadores de riquezas o fortunas mágicas, recorrían costas o se internaban en el interior:
Almagro y Valdivia recorrieron los caminos incas hasta el actual Chile, donde les frenaron los araucanos
Orellana se internó en un afluente del Amazonas, y entre 1541-1542 recorrió el enorme río.
Cabeza de Vaca buscó la “fuente de la juventud eterna” en Florida, antes de recorrer el río Paraguay y
fundar Asunción (1541). Aunque el dominio sobre las costas del sur no se logró hasta que Garay acertó a
fundar Nuestra Señora de los Buenos Aires (1580); reina del Atlántico Sur.
Y hay que citar la gran expedición de Magallanes-El Cano, que entre 1519 y 1522 logró dar la primera
vuelta al mundo, demostrando la esfericidad de la tierra de forma inequívoca ya; así como idea de su tamaño.
La explotación de Las Indias
El oro fue la llamada más poderosa para los
conquistadores; todos ellos corroídos por la
fiebre del metal. Pero aunque no faltaron botines
fabulosos, como el que Pizarro le arrancó a
Atahualpa; pronto dieron paso a otro
rendimiento mayor: la minería de la plata.
Tanto en Perú (Potosí), como en México
(Zacatecas, Guanajauto) se encontraron
estupendos filones de plata.
A estos hallazgos se unió la difusión de un
nuevo método de extracción de la plata, por
amalgama con mercurio. Y España tenía, en
Almadén, las mayores minas de Hg del mundo.
El resultado fue que durante el período 1555-
1620 llegaron a España unas 11.000 Tm. de Plata,
pero apenas llegaron 344 Tm de oro.
Fue la abundancia de la plata lo que provocó
en Europa la Revolución de los Precios
La idea de los conquistadores fue
siempre la de obligar a los indígenas a
trabajar en beneficio de las nuevas
autoridades.
La resistencia que opusieron los
indígenas de las Antillas, nada
acostumbrados a este tipo de trabajo,
provocaron castigos atroces, que llegaron a
ser denunciados en Europa por Fray
Bartolomé de las Casas.
Con todo, las primeras violentas
epidemias, que castigaron estas islas del
Caribe, fueron las que atrajeron el
comercio de esclavos negros, africanos;
generándose así el infame tráfico de seres
humanos que iba a durar siglos.
Para poner en explotación las minas,
plantaciones y haciendas del Nuevo Mundo se
recurrió al sistema medieval de las
“Encomiendas”: los indios debían trabajar para
su Encomendero (un blanco beneficiario de
una Encomienda), a cambio de recibir la
cristianización.
Pero, a diferencia de la Encomienda en la
Edad Media, la obligación de trabajos no
terminaba cuando el indígena se bautizaba;
sino que eran una carga laboral extensiva a
toda la aldea, que había de entregar
trabajadores en proporción a su número de
“indios”.
Estos indígenas tenían jornadas agotadoras
en las minas y plantaciones de los Blancos
Su contacto con estos “blancos” les ponía en
contagio con enfermedades como la viruela,
peste, tifus o gripe. Y que ellos mismos difundían
en sus aldeas, a su vuelta.
América perdió 2/3 de sus habitantes
indígenas en el siglo XVI; y ¾ con el paso del XVII.
Las continuas denuncias del abuso de las
Encomiendas, llevaron a las cortes de Castilla a
emitir las Leyes Nuevas de Indias, 1542, con el
fin de limitar tiempo y trabajo de los indígenas.
Pero precisamente ahora se descubrían los
ricos filones de Potosí, Zacatecas y Guanajauto;
provocando un aluvión de nuevas encomiendas,
ahora sobre indios que, por haberse habituado a
los trabajos forzosos de aztecas e incas;
presentaban menos resistencia a estas tareas.
Donde más se desarrolló el sistema fue en
Perú y Bolivia, donde reapareció la Mita de los
incas: entrega periódica de trabajadores por
parte de las aldeas, para realización de puentes,
fuertes, acequias. Pero que los nuevos amos
dirigían a extraer el mineral argentífero de las
minas.
La revolución de los precios
Europa, que durante el siglo XV, y buena parte del XVI, se había visto frenada
económicamente por la falta de metal precioso para hacer monedas (numerario), ahora
empezaba a disfrutar de crecientes entradas de plata, y en menor medida, algo de oro.
El resultado inmediato fue que la liquidez, la capacidad de compra de los
poseedores de tales monedas, con alto contenido en plata, se incrementó; y estuvieron
dispuestos a pagar más dinero por los mismos bienes y servicios (inflación) o pagar dinero por
nuevos bienes y servicios (inversión)
Como toda Europa tenía una demanda creciente, derivada de su éxito agrario y
demográfico; había una mayor facilidad para todos aquellos que fuesen capaces de satisfacer
esa demanda: criadores de ganado, constructores de navíos, empresarios de telas, propietarios
de hornos de cerámica o de metal, etc.
Todos estos grupos sociales se vieron favorecidos por la continua inflación, o
crecimiento continuo de los precios durante este siglo XVI. Pues los productos con los que ellos
trabajaban , se iban revalorizando ya desde que eran materias primas; y todavía más cuando
eran productos terminados.
Esto daba una buena oportunidad a las clases productoras españolas, fuesen
portugueses, castellanos, navarros o aragoneses (sensu lato); pero la victoria de las
aristocracias en Castilla sancionó el reparto del tesoro americano en exclusiva para Castilla. Y su
actitud nada favorable a artesanos, prestamistas, banqueros o pequeños comerciantes; dejó a
la propia Castilla incapaz de recoger los mejores beneficios de esta era de expansión económica
y comercial.
La demanda creciente europea, y también americana, no pudo ser satisfecha
por la economía castellana; que exportaba productos agrarios (trigo y otros cereales, vino y
aceite) y algún mineral estratégico (el mercurio); pero que, pese a la reserva del puerto de
Sevilla para navíos y mercancías castellanas, no podía competir en vestuario humano,
herramientas agrarias o de carpintería, productos de loza, vidrio, velas de navíos, cuerdas, y
tantísimos otros productos con los que vendían a mejor precio los franceses, italianos,
holandeses, alemanes e ingleses.
Pero el alza de los precios perjudicó a las poblaciones que no tenían medios para
elevar sus ingresos, sobre todo los campesinos que trabajaban tierras ajenas, cuyos
arrendamientos a pagar subían; sin que sus cosechas fueran mejor valoradas. En parecida
situación se hallaban los burócratas de la corte, cuyos salarios, sobre todo en España, siempre
fueron por detrás de las subidas de precios.
Y además en España, estas brusca subidas de precios eran anteriores a que se
produjesen en el resto de Europa; pues los cargamentos de plata desembarcan en Sevilla. El
efecto contribuía a hacer menos competitivas las manufacturas españolas. Ver siguiente
El efecto de la llegada de las remesas de metales preciosos, plata sobre todo a
Sevilla, y luego al resto de Castilla o España provocaba una escalada de precios.
La razón era que había más moneda en circulación, y más posibilidad de
comprar en manos de los clientes; pero no había aumentado el número o calidad
de las mercancías en venta (mercancías agrarias, como vino, aceite, trigo;
mercancías urbanas, como carpintería, forja u otras).
El resultado era que el precio de los bienes subía, hasta igualar la nueva capa-
cidad de gasto de los compradores.
A este modelo corresponde el diagrama de abajo, donde en verde aparece el
Crecimiento de los metales en circulación monetaria; en y rojo el crecimiento de
los precios:
Esta Revolución de los Precios también afectó a Países Bajos, ejemplo en la
esquina, abajo izquierda. Pero observamos como los precios se mantienen más
bajos, por lo menos hasta 1575, que los españoles. Esto es debido a un aumento
de la producción, que absorbe la mayor circulación de monedas; aunque compensa
a los productores con una inflación suave y continua.

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España bajo los Austrias 1

  • 1. ORIGEN Y APOGEO DEL IMPERIO DE LOS AUSTRIAS: 1516-1598 Carlos I de España y V del Imperio Alemán, 1516-1556 Felipe II de España: 1556-1598 Durante el siglo XVI la política de Europa estuvo dominada por la dinastía de los Habsburgo, llamados los Austria en España; cuyos dominios se extendían por amplias regiones de Europa, de América; incluso enclaves en Asia (Filipinas) y África. La extensión de sus dominios hizo temer a las demás potencias europeas, lo que provocó suspicacias, roces y continuas guerras con esas potencias: Francia, Inglaterra, Venecia, Estados Pontificios, principados alemanes, etc. Pero es que tuvo entre sus objetivos el hacer triunfar el catolicismo en Europa (lo que le enfrentaba con Inglaterra, los estados reformados de Alemania y Países Bajos), y la superioridad de su dinastía en el concierto europeo, lo que le atraía la hostilidad de Francia, y los estados italianos: Venecia, Florencia, Estados Pontificios, etc. A la postre, los Austrias hicieron de los territorios en la Península Ibérica, y sobre todo de Castilla y su Imperio Americano, las bases de su poder. Aquella política castigó a Castilla, que debió hacerse cargo de sufragar las ambiciones de Imperio Universal de una dinastía que nunca se acabó por considerar ni castellana, ni española.
  • 2. Por una serie de accidentes dinásticos, Carlos de Habsburgo, nacido en Gante (Bélgica), y que tenía por lengua materna el francés; recibió una enorme pero dispersa herencia; de lenguas y costumbres muy diferentes: - De su padre, Felipe el Hermoso, recibió los territorios del antiguo ducado de Borgoña; ahora divididos entre el Franco Condado (al sur) y los Países Bajos (actuales Bélgica y Holanda. - De su madre, Juana la Loca, reina de Castilla, recibió el reino de Castilla, y su creciente imperio en Las Indias (América) - De su abuelo Fernando de Aragón recibía este reino tripartito (Aragón, Valencia y Cataluña); más sus dominios en Italia (Cerdeña, Sicilia y Nápoles) - De su abuelo Maximiliano de Austria recibía una larga serie de territorios en el sur y sudeste del Imperio; además de la corona de Bohemia, y la opción al título de Emperador El resultado final fue que la diversidad y la dispersión de sus dominios le impidieron realizar una política unificada y coherente. No tenía ni tampoco desarrolló instrumentos de gobierno, de legislación o de impuestos; comunes a sus territorios. Los propios reinos españoles, tanto Castilla como Aragón, quedaron desatendidos; sin que Carlos se molestase en ellos más que para recabar dinero Lo más que se le puede imputar es la idea de dirigir una Universitas Christiana, para lo cual necesitaba eliminar las diferencias entre luteranos y católicos. En esta política le eran fieles sus súbditos españoles; pero encontraba no poca enemistad entre los príncipes alemanes, e incluso entre el Papado. Por otro lado, su poder Imperial le enfrentaba con el otro gran adversario imperial, el Sultán Solimán III “el Legislador” o “Magnífico”; las grandes ofensivas turcas por el Danubio y por el Mediterráneo las tendrá que tratar de contener, como Emperador, y a título particular, como rey o duque del área atacada.
  • 3. El imperio donde “no se pone el sol”. Felipe II no heredó el Imperio Alemán, pero sí importantes territorios en Europa (mapa derecha); lo que le obligaba a seguir, hasta cierto punto, la política de su padre Pero también se extendieron mucho los dominios en Las Indias, África y Asia, sobre todo después de la anexión de Portugal y su propio imperio, en 1580: Felipe II estableció el sistema de gobierno mediante Consejos y Virreinatos (página 245 del libro de texto); a los que habría que añadir las Cortes y las Audiencias, hasta cierto punto dependientes de los virreyes, hasta cierto punto autónomas. Los Consejos eran grupos de expertos en asuntos técnicos de gobierno (Inquisición, Guerra, Hacienda), o en reinos, en cuyo caso colaboraban con los virreyes de esos reinos: Consejos de Aragón, Flandes, Italia, Nueva España, Perú. Destacaba el papel y poder del Consejo de Castilla. Los Consejos emitían sus juicios sobre las cuestiones que el rey Felipe, y sus sucesores, les remitían; las trataban, y respondían mediante la Consulta; que era presentada al rey por el Secretarios del Consejo. Esta figura, el secretario, llegó a tener una gran influencia, pues era el único miembro de cada consejo que trataba o hablaba directamente con el rey. El gran autócrata estableció una nueva capital, Madrid, y fue Felipe II quien estableció la capital en Madrid, y quien estableció el sistema de gobierno que iba a mantenerse durante toda la dinastía, y que siempre residiría en Madrid (con un breve episodio en Valladolid); por eso se empieza a llamar a esta rama de los Habsburgo la “Monarquía Hispánica”; para diferenciarla de la rama austríaca, que seguía rigiendo Austria y el Imperio Alemán. P Pero ambas ramas se cruzaban continuamente en matrimonios, y se apoyaban políticamente.
  • 4. El poder de los virreyes podía quedar restringido por los poderes locales: los casos de los Estados Generales de Flandes o del Justicia de Aragón, contrastaban con la sumisión de los parlamentos de Nápoles, Portugal o Valencia; por citar algunos. Estos parlamentos eran los encargados de recaudar impuestos y sancionar las reyes del rey. También los tribunales de justicia, las Chancillerías, estaban presididas por los virreyes respectivos; teniendo como presidente el propio virrey; y como órgano superior el Consejo correspondiente (de Castilla, Aragón, Nápoles, Países B ajos, Milán, Países Bajos, etc.). Las Chancillerías se dividían en Audiencias, para cubrir la función de impartir la justicia por las diferentes áreas del Imperio. Este sistema se aplicó por Las Indias, Castilla, Aragón, Portugal y reinos en Italia; aunque no en los reinos de Borgoña (Países Bajos y Franco Condado); que tenían sus sistemas de justicia propios. Mucho menos hubo unidad en los sistemas fiscales; pues cada reino mantuvo sus sistemas de impuestos, y la necesidad de voto de sus parlamentos, cortes o estados generales para recaudarlos. El hecho de que el reino de Castilla fuese a la vez el que menos defensas constitucionales presentaba; y el que disponía de mayores flujos de riqueza en metálico, en plata; hizo que el sostén de todos estas grandes estructuras y necesidades administrativas y políticas, recayesen siempre sobre Castilla. Los Virreinatos eran los lugares donde Felipe II era rey, pero no podía estar presente: Nápoles, Milán, Países Bajos, Portugal (desde su anexión); y también las tierras de Las Indias, que se dividieron en dos enormes virreinatos: Nueva España (México y América Central) y Perú (Sudamérica) Los Virreyes gozaban de gran prestigio y riquezas, además de amplios poderes, pues representaban al rey. Por tanto, eran generales de sus ejércitos, presidentes de sus tribunales de justicia (Chancillerías), y convocantes de sus Cortes, Parlamentos o Estados Generales ; pues de muchas formas se llamaban esas asambleas representativas de cada reino. Los virreyes americanos, de Perú y Nueva España, gozaban todavía de mayores poderes. Debido a la distancia en tiempo con respecto a Madrid, a los enormes territorios que administraban, a que no tenían que pactar o tener en consideración a familias o costumbres nativas, a que operaban en tierras donde se producían y transitaban enormes riquezas. Eran virreinatos privilegiados para sus titulares: siempre un príncipe de sangre real, o algún altísimo aristócrata. Estos virreyes acumulaban grandes fortunas durante su cargo, incluso los europeos.
  • 5. Una dinastía de conflictos La llegada de Carlos a sus reinos peninsulares ya provocó el recelo de castellanos y catalanes. Entre los primeros, por repartir importantes cargos del reino entre su séquito de flamencos. Entre los catalanes por aferrarse éstos a su hermano, D. Fernando de Habsburgo, que era muy apreciado en los reinos de Aragón. Sus solicitudes de fondos para obtener su elección como Emperador del Sacro Imperio fueron rechazadas por las Cortes de los diversos reinos, si bien en Castilla se recaudó un subsidio, con la promesa de no ser usado el dinero fuera del reino. La salida del rey Carlos I para dirigirse a Alemania, dejando como regente a Adriano de Utrecht, a quien había nombrado arzobispo de Toledo (la más alta dignidad eclesiástica en Castilla); fue la señal para el levantamiento de las ciudades de Castilla la Vieja: Toledo, Salamanca, Segovia, Zamora, Etc. Se trataba de una alianza entre la baja nobleza urbana, y las clases artesanales de las ciudades, que veían como la riqueza del reino aprovechaba a extranjeros, y sus peticiones nunca eran atendidas. Pero la alta nobleza (los Alba, Manrique, Enríquez, Velasco, Medina-Sidonia, etc.) juntaron sus esfuerzos al ejército real; y los Comuneros, nombre que se habían dado los ciudadanos alzados, fueron fácilmente barridos en la batalla de Villalar (1521); siendo seguidamente ejecutados sus jefes (pág. 247 del libro) También tuvo un claro componente social el conflicto de las Germanías, que se levantó en Valencia y Baleares durante tres años: 1520-1523. Se trató de una alianza entre los payeses campesinos y los artesanos urbanos, ambos en contra de las duras condiciones que les imponían los nobles locales; y su movimiento se dirigió contra las propiedades nobiliarias, y contra sus más dóciles servidores, los moriscos. Otra vez, la alta nobleza hizo causa común con el ejército real; la rebelión fue aplastada, y siguió una larga represión en la cabeza de los principales jefes. Pero, podemos concluir, Carlos supo tener a la alta nobleza de su parte. Para aupar más los escalones creó la “grandeza” , un sobretítulo con el que distinguía a los nobles más leales. Y la nobleza se veía respaldada en sus propiedades y su dominio de la sociedad. 1- Los conflictos internos
  • 6.
  • 7. Felipe II, que casi siempre residió en Madrid o Valladolid (salvo una estancia en Lisboa con motivo de la anexión de Portugal), no se apoyó en la alta nobleza, a la que sólo otorgó cargos fuera de la península: como virreyes, o como embajadores. Sus Consejos estaban formados por nobles de mediana y pequeña condición, de origen urbano la mayoría de las veces, con estudios en leyes. A ellos se añadían clérigos, con estudios en teología y lenguas extranjeras. Su aceptación fue mucho mayor entre los reinos hispánicos, se puede hablar de un rey muy popular. Pese a ello, no dejó de tener sus conflictos internos, y de alguna seriedad: Las ideas de Felipe II acerca de la “pureza de sangre” y de la necesidad de unificar en la fe cristiana y católica a toda la población, le llevaron a prohibir el uso de indumentarias árabes, el empleo de baños públicos, donde se decía que se seguían realizando los rezos en común; les obligó a demostrar la propiedad de sus bienes en nuevas cédulas; y la población morisca, cristiana de nombre o de corazón, pero sometida por igual a tales humillaciones explotó en 1566. La rebelión no logró tomar la ciudad de Granada, a pesar del gran número de moriscos alzados. Pero se hizo fuerte en las Alpujarras (vertiente sur de Sierra Nevada), donde los moriscos eligieron un emir, y buscaron ayuda en Argel y Constantinopla. Durante 5 años, aquellos “míseros como las ratas y sabandijas, sin más armas que su desesperación” (se admiraba Guillermo de Orange) fueron capaces de mantener a raya a las tropas españolas locales. Hubo que formar un Tercio de veteranos, y ponerlo bajo D. Juan de Austria, para lograr sofocar aquella dura revuelta de los restos del islam español. Vencidos, la población morisca granadina fue obligada a dispersarse por las regiones de Castilla; llevando así el problema de los moriscos a regiones como León, o Cáceres, donde hacía siglos que no lo conocían De menor importancia fue el asunto de Antonio Pérez; secretario desleal de Felipe II, que logró huir a Aragón, y una vez allí acogerse a los fueros y privilegios de este reino en materia de justicia. Felipe II trató de forzar su vuelta por medio de la Inquisición, acusándole de un absurdo delito de herejía; aquello ofendió a ciertas masas urbanas de Zaragoza, que sacaron a Pérez de la cárcel del Inquisidor General, y la llevaron a la del Justicia de Aragón. El cargo de Justicia era una reliquia medieval que ostentaba la familia Lanuza, y que nunca se usaba en favor de pobre o siervo alguno. Pero ahora el joven Juan de Lanuza se vio apelado por una muchedumbre y ciertos nobles para que usase sus poderes y pusieses a Antonio Pérez bajo su jurisdicción. Cosa que hizo, finalmente (1590). La respuesta del rey fue formar un ejército que, sin ninguna oposición, incluso con la decidida aportación de los campesinos aragoneses, tomó Zaragoza, y ejecutó a Juan de Lanuza (1591); aunque respetó los fueros de Aragón. Pero Antonio Pérez, entre tanto, se las había arreglado para huir a Francia. Desde allí alimentaría mucho de la Leyenda Negra de Felipe II.
  • 8. Los conflictos externos 1- Con los piratas berberiscos y el Imperio Otomano en el Mediterráneo. Por sus posesiones en África y en Nápoles 2- Con Francia por la influencia en Italia, en Alemania, y en Países Bajo. Por sus dominios en Milán, Países Bajos y Franco condado. Por el reino de Navarra, antiguo feudo francés, anexionado a Castilla en 1515. 3- Con los Países Bajos, después de 1566; por la rebelión de esta región. 4- Con Inglaterra, desde 1586, por la amenaza que suponen las fuerzas españolas en Países Bajos 5- Los problemas austro-imperiales: la necesidad de mantener una frontera en tierra contra los turcos, y un sinfín de pugnas, rebeliones, intrigas y disensiones religiosas entre los príncipes alemanes. A Felipe II le toca, por su herencia de su padre Carlos : Números 1-4 A Fernando I, hermano de Carlos, le toca por delegación. Letras A-B
  • 9. El Mediterráneo fue uno de los principales escenarios de lucha para Carlos V, que tuvo que hacer frente a las ofensivas turcas. El primer ataque lo llevaron a cabo sus aliados berberiscos, en concreto el famoso Barbarroja, que, saliendo de Argel, atacó y conquistó Tremecén; lo que motivó la contundente respuesta del gobernador español de Orán, el marqués de Comares; que venció y mató a Barbarroja. Pero su hermano Jarriadín Barbarroja recogió la dirección de los piratas de Argel, convirtiéndose en la pesadilla de la navegación en el Mediterráneo Occidental; incluso conquistando la importante ciudad de Túnez (1532), y aliándose con Solimán (1533). Su osadía le permitió llegar a un acuerdo con Francisco I de Francia para invernar en Tolón (Francia). El emperador Carlos logró poner de acuerdo a castellanos, catalanes e italianos, para conseguir una poderosa flota y un ejército de veteranos que logró volver a tomar Túnez (1535); aunque Jariadín Barabarroja escapó; y la nueva flota del emperador fracasó en su intento de conquistar Argel acabó en un desastre, si bien que debido al mal tiempo sobre todo. Felipe II introdujo fuertes sumas en la construcción de una flota española (pues había de estar tripulada por catalanes, valencianos y castellanos) en nuevos astilleros en Valencia y Cataluña; una flota de galeras que, de principio, patrulló las costas del sudeste. Pero que pronto tuvo que enfrentarse a una operación mayor: en 1565 los turcos atacan la isla de Malta; que es defendida heroicamente por los Caballeros de Malta; pero que es salvada por la flota española, que logra evitar luchar con la flota turca, pero desembarca a los temibles tercios; que pronto baten por tierra a los turcos, y levantan el asedio. La gran batalla, “la más alta ocasión que vieron los siglos” enfrentó por fin a la flota española, muy aumentada; y aliada de la flota veneciana y de la genovesa; las tres potencias navales, donde la participación en naves y hombres españoles fue muy superior, se encontraron a la gran flota turca en Lepanto, en 1571, en las costas de Grecia; y tras una sangrienta batalla, vencer de forma indiscutible a los turcos, y vencerles en el Mediterráneo Central. No deja de ser cierto que al poco, en 1574, el sultán Selim II lograba recuperar Túnez. Pero poco después ambas potencias, España y los Otomanos, tienen otros intereses aparte, y a ambos les satisface el mapa que ha quedado, con los españoles dominando la mitad noroccidental, y los turcos la sud-oriental del Mediterráneo. Felipe II heredó pues un doble frente, contra los corsarios berberiscos al sudeste, y contra las flotas turcas en el Mediterráneo Central.
  • 10. La rivalidad entre Carlos I (1516-1556) y Francisco I de Francia (1515-1547) fue constante: en Italia, Alemania, Países Bajos, en Navarra o en Saboya. Las fuertes posiciones españolas al sur de Italia, en Nápoles, Sicilia y Cerdeña; permitieron a Carlos tomar ventaja: en 1525 venció en la importante batalla de Pavía, quedando preso el mismo rey de Francia; y quedando el Milanesado (actual Lombardía), con sus ricas ciudades y sus pasos alpinos, en poder de los españoles; a cuyos reinos unió el importante ducado. Francisco no se rindió por ello; y además de apoyar todas las revueltas de los príncipes alemanes, protestantes o no; no dudó en aliarse con turcos y piratas berberiscos; llegándose al escándalo de que flotas musulmanas invernaban en Francia, y hacían sus oraciones a Alá, y sus ritos y llamadas, en tierra de Francia. También se lanzó a una larga serie de guerras, entre 1526 y 1544 sostuvo diferentes enfrentamientos con el emperador; lo que se saldó con el Sacco di Roma (1527); o la conquista por parte francesa de Verdún (1544). Felipe II y Enrique II de Francia protagonizaron la resolución de la lucha, al menos por lo que quedaba de siglo. Enrique II de Francia vecería brillantemente a Carlos I en Metz, 1562, Pero la guerra con Felipe II le fue totalmente adversa: tropas españolas, flamencas y alemanas derrotaron a los franceses de forma rotunda en las batallas de San Quintín y Gravelinas (1567-68), que 55dejaban abierto el camino a París. Enrique II tuvo que firmar la Paz de Cateau-Cambrèsis (1559) que dejaba Italia para los españoles: pues Saboya se convertía en aliada de España, y Milán se reconocía como posesión hispana. Poco después, en 1560, moría accidentalmente Enrique II; seguido rápidamente por su hijo Francisco II. Francia entra en una crisis monárquica, acompañada de unas guerras civiles de los nobles, que invocan la religión como pretexto para ellas (Guerras de Religión en Francia); y que se verían acompañadas por un creciente desprestigio de los últimos monarcas de la dinastía Valois: Carlos IX y Enrique III Felipe II iba a tener tiempo y dinero para volcarse en el tercero de sus grandes objetivos: el Atlántico.
  • 11. Los Países Bajos eran la parte mayor y mejor de la herencia borgoñona de Carlos I, y le habían sido dejado a Felipe II porque éste era el único hijo legal de Carlos; y porque tenía el mayor poder militar para defenderlos. También se reforzó su defensa mediante el matrimonio de Felipe II con María Tudor de Inglaterra; pero ni duro mucho, ni tuvieron descendencia. Los Países Bajos se habían acostumbrado a ser gobernados por sus propios Estados Provinciales (de Flandes, de Brabante, de Utrech); que eran convocados como Estados Generales cuando el duque de Borgoña precisaba ayudas económicas o militares, en Bruselas. Así lo hizo Carlos, que había nacido y crecido allí; y era duque de Borgoña, además de otros títulos. De forma que los Países Bajos no mostraron oposición a Carlos, ni a su política; más allá de las quejas habituales. Otra cosa fue cuando se vieron gobernados por un rey desconocido y extranjero; y que no gustaba nada de asambleas, como los Estados, provinciales o generales.
  • 12. Otro problema era el de la nobleza de estas regiones; que esperaba ser la representante del poder, en ausencia del rey. Pero que se vio marginada por los virreyes, como el cardenal Granvela, o la hermana de Felipe II: María de Hungría. Se añadía la situación social: estamos ante una región donde hay que hablar de pre-capitalismo; con alta concentración de manufacturas, de ingenios mecánicos, de materias primas y productos semi- terminados; todo esto supone una gran masa de dinero, de capital invertido. Pero también supone una gran masa de asalariados, de gentes que tienen trabajo, o están en paro, según la demanda de artículos que allí se producían, sobre todo textiles, pero también vidrio, tonelería, forjados y objetos de metal, etc. Las ciudades de Ypres, Brujas, Gante, Malinas o, sobre todo, Amberes, el gran centro industrial y comercial; podían ser unos años tan prósperas que atraían a los campesinos de los alrededores; pero seguían años de declive, y grandes masas urbanas caían en la desesperación; y en esperanzas de una vuelta al mundo de Jesucristo, de un reparto de los bienes terrestres, de la abolición de los poderes y jerarquías. Precisamente la religión ponía el último hilo de la madeja anudada: la entrada primero del luteranismo, pero luego del calvinismo, por el sur, por Arras y Valenciennes, hacia las décadas de 1550-1560; había atraído a importantes sectores de la burguesía, dueños de los telares y las forjas; pero también a altos nobles, desairados por no contarse con ellos en el gobierno: Guillermo de Orange, Lamoral de Egmont, Felipe de Hor, o Montigny. Todos ellos se hacen calvinistas, y “defensores de la libertad religiosa”. La situación estalló en 1566, cuando un motín de trabajadores desempleados, se identificaron con las doctrinas “anabaptistas” (negaban la validez del bautismo dispensado por sacerdotes) y atacaron y destruyeron numerosas iglesias y obras de arte en las ciudades del sur de los Países Bajos. La nobleza y los burgueses no habían tenido nada que ver con aquella violencia. Pero tampoco la habían tratado de evitar. Tan- to para Felipe II, como su virreina, Margarita de Parma; había una clara desobediencia de las clases dirigentes, que favorecía las rebeliones del pueblo llano. Y aunque Margarita pedía prudencia, Felipe decidió que era el momento de golpear. Nombró nuevo virrey a un aristócrata y militar experto, el duque de Alba, y le encargó reclutar un fuerte ejército de 40,000 veteranos en el norte de Italia. El gran ejército, tras cruzar, bordeando pero asustando, las fronteras de Suiza, Francia y Alema- nia; entró en Bruselas en 1568.
  • 13. El duque de Alba implantó sólidamente su autoridad, tanto que ordenó la ejecu- ción de los altos nobles Lamoral de Egmont y Felipe de Horn; mientras Guillermo de Orange huía a toda prisa a Alemania. También impuso los decretos de Trento, lo que convertía en posibles víctimas a los calvinistas, muy numerosos entre los trabajadores burgueses. Y, sobre todo, trató de introducir impuestos al estilo castellano: sobre el comercio y el consumo; y sin necesidad de convocar ninguna asamblea o Estado. Aquello levantó una gran oleada de indignación; tanto hacia el gobierno de Alba, como hacia el comportamiento de las tropas “españolas” (había también mu- chos mercenarios alemanes, italianos, incluso belgas). Pero lo peor vino por el mar: un grupo de corsarios holandeses capturó la ciudad de Brill, en una de las bocas del delta del Rin. Y, ante la imposibilidad del duque de Alba de llevar su ejército contra ellos, empezaron a usar sus barcos para ir capturando las costas e islas de Frisia, logrando finalmente dominar la salida al mar de Amberes, lo que suponía un terri- ble golpe a la economía de los Países Bajos. Ante el fracaso de la fuerza bruta, Felipe II recurre a dos nuevos virreyes: D. Luis de Requesens, y D. Juan de Austria; ambos apenas tienen tiempo de realizar política alguna, pues fallecen con rapidez : 1576 y 1578. Mientras, el dominio de los mares por parte de los rebeldes del norte les permite ir ampliando su zona de acción; a pesar de que ciudades como Amsterdam tratan de resistirles. Pero las tropas españolas no pueden ayudar a los cercados en aquellas áreas pantanosas y semi lacustres. El desplome del poder español llega cuando, al decretar Felipe II una suspensión de pagos, las tropas se quedan sin jefe (ha muerto Requesens) y sin paga. Enfurecidos por la actitud de la población de aquellas tierras, se lanzan contra las ciudades que debían proteger, llegando a saquear la opulenta Amberes (1576). El terrible motín de las tropas de Felipe II, en el que los españoles participan, arruina todo prestigio del rey. El nuevo y enérgico virrey, Alejandro Farnesio, duque de Parma, logra dominar el amotinamiento; así como volver a la obediencia a las provincias del sur de los Países Bajos: Artois, Hainault, Flandes, Brabante, etc. Con estas provincias crea la Unión de Arrás (1579), que le permitió concentrar sus esfuerzos en las ciudades de Gante, Brujas o Malinas; hasta conseguir su gran triunfo: la reconquista de Amberes, en 1586. Pero al noroeste, protegidas por los ríos y las marismas, la rebelión se afianzó. Sobre todo con la formación de la Unión de Utrech, que creaba una República de los Países Bajos, formada por las Siete Provincias (Holanda, Zelanda, etc). Empezaba así una guerra , que iba a durar 80 años, que iba a consumir las riquezas de Castilla, y aun de España, que iba a saldarse con una derrota. Pero que Felipe II creyó poder ganar en otro país
  • 14. Inglaterra había sido siempre una potencia que se buscaba como aliada, a pesar de las diferencias religiosas que hubo durante el gobierno de Enrique VIII, no por ello el emperador Carlos había roto relaciones o alianzas. La boda de Felipe II con María I de Inglaterra parecía consolidar esa alianza; pero la repentina muerte de María (1558) echaron por tierra la asociación de tronos. Pues su sucesora, Isabel I (1558-1603), estaba dispuesta a no compartir su trono (la “Reina Virgen”), a mantener e imponer el anglicanismo como Iglesia de Estado, bajo unas directrices dogmáticas emanadas por la corona; y a no ligarse en política exterior a ninguna potencia superior a la suya, fuese Francia o España, sino atender los intereses particulares de Inglaterra, y sus posesiones en Gales e Irlanda. Por ello, no dejó de ver como una amenaza la llegada de los 40.000 soldados del duque de Alba en 1557, frente a las próximas costas de Devon. Por ello, auxilió a los rebeldes holandeses, que encontraban ene Inglaterra un lugar donde vender el botín y rehacer sus barcos. Y por eso hizo la vista gorda ante las expediciones entre comerciales y corsarias de Hawkins y Drake en las Indias. Pero en 1580 Felipe II había adquirido Portugal; y con él, una nueva fachada al Atlántico, y una nueva flota. Y en 1586 había retomado Amberes, quedando la rebelión de los Países Bajos limitada a las provincias marítimas del norte. Ante la imposibilidad de seguir avanzando por los arenales y pantanos de Zelanda y Holanda; ¿no sería mejor idea conquistar Inglaterra, y dejar aislados a los holandeses? El plan fue sugerido al rey por marinos experimentados, como el marqués de Santa Cruz, vencedor en Lepanto; pero que creía posible usar las galeras mediterráneas en los mares atlánticos. También Felipe recibió críticas al plan, la principal de ellas por parte de su virrey en Bruselas, Alejandro Farnesio, que no veía factible tomar Inglaterra sin antes asegurar los Países Bajos. Fue Felipe II quien decidió: enviaría al duque de Me- Dina Sidonia, no familiarizado con el mar, como coman- dante de una gran escuadra; que habría de recoger a los veteranos tercios de Farnesio; y trasportarlos a Inglaterra. Todo ello ignorando que los españoles no tenían un solo puerto en Flandes donde pudiesen atra- car los galeones. El resultado fue que, tras una inútil batalla con la flo- ta inglesa; los galeones se vieron obligados a atracar pegados a una costa, donde fueron fácilmente disper- sados por un ataque nocturno inglés: 1588 Siguió una tormenta, que obligó a los derrotados na- víos a tratar de dar la vuelta a las Islas Británicas, per- diéndose gran parte de ellos en las costas de Irlanda. Las bajas en marinos experimentados fueron las más graves, pues era lo más difícil de reemplazar. La guerra con Inglaterra proseguía a la muerte de Fe- Lipe II; así como también la rebelión de los holandeses. Mientras que el fin de la guerra civil en Francia amena- zaba con otro enemigo para España.
  • 15. Exploración, conquista y explotación de Las Indias La isla de Cuba fue el lugar donde se gestaron el descubrimiento del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa (1513); y de donde el extremeño Hernán Cortés se lanza a internarse en el continente desde Veracruz; para descubrir el joven y vigoroso Imperio Azteca. Con gran don de gentes, y de la oportunidad política, Cortés consigue hacerse con la voluntad del soberano azteca Moctezuma, así como la alianza de las tribus indígenas enemigas de los aztecas; entrando en la capital, Tenochtitlan, en 1520. Pero su ausencia momentánea, provoca una rebelión de los aztecas: Moctezuma es asesinado; y la guarnición española es también capturada y asesinada. Cortés tiene que improvisar una dura retirada (Noche Triste, 1521). Sin embargo, una oportuna llegada de refuerzos españoles le permite retomar la ofensiva, vencer en la batalla de Otumba; y poner asedio hasta su rendición a Tenochtitlán . La venganza de los indios aliados de Cortés será terrible. Cortés se adjudica un feudo imperial, para patrones europeos, pero tiene lo suficiente como para no tomar la parte del rey Carlos I, a quien cede un enorme territorio. El éxito de Cortés no hace sino avivar el apetito de otros hombres de armas: su propio primo, Hernando de Pizarro arriesga tres aventuras hasta lograr dar con el reino del fabuloso Inca; que sabe que está alterado por una reciente guerra civil. En 1532 desembarca en la costa peruana, y sabiendo que está próximo Atahualpa, decide internarse hacia Cajamarca (alto país), y solicitar una entrevista con el Inca. Sin respetar la tregua, ni la persona del rey Inca, Pizarro se apodera de Atahualpa, y decide juzgarle por la muerte de su hermano Huáscar en la reciente guerra civil. Atahualpa llega a ofrecer, y pagar, un enorme botín en oro; pero Pizarro no duda en hacerle asesinar, tras declararle “culpable de usurpación del trono” Y es como protector de los derechos de un nuevo Inca, Manco Cápac, como Pizarro alcanza la capital del Imperio Inca, Cuzco, 1533. Si bien todavía los guerreros incas resistieron la dominación española en las altas cumbres de Vilcabamba durante otros cuarenta años. Otros viajeros, buscadores de riquezas o fortunas mágicas, recorrían costas o se internaban en el interior: Almagro y Valdivia recorrieron los caminos incas hasta el actual Chile, donde les frenaron los araucanos Orellana se internó en un afluente del Amazonas, y entre 1541-1542 recorrió el enorme río. Cabeza de Vaca buscó la “fuente de la juventud eterna” en Florida, antes de recorrer el río Paraguay y fundar Asunción (1541). Aunque el dominio sobre las costas del sur no se logró hasta que Garay acertó a fundar Nuestra Señora de los Buenos Aires (1580); reina del Atlántico Sur. Y hay que citar la gran expedición de Magallanes-El Cano, que entre 1519 y 1522 logró dar la primera vuelta al mundo, demostrando la esfericidad de la tierra de forma inequívoca ya; así como idea de su tamaño.
  • 16. La explotación de Las Indias El oro fue la llamada más poderosa para los conquistadores; todos ellos corroídos por la fiebre del metal. Pero aunque no faltaron botines fabulosos, como el que Pizarro le arrancó a Atahualpa; pronto dieron paso a otro rendimiento mayor: la minería de la plata. Tanto en Perú (Potosí), como en México (Zacatecas, Guanajauto) se encontraron estupendos filones de plata. A estos hallazgos se unió la difusión de un nuevo método de extracción de la plata, por amalgama con mercurio. Y España tenía, en Almadén, las mayores minas de Hg del mundo. El resultado fue que durante el período 1555- 1620 llegaron a España unas 11.000 Tm. de Plata, pero apenas llegaron 344 Tm de oro. Fue la abundancia de la plata lo que provocó en Europa la Revolución de los Precios La idea de los conquistadores fue siempre la de obligar a los indígenas a trabajar en beneficio de las nuevas autoridades. La resistencia que opusieron los indígenas de las Antillas, nada acostumbrados a este tipo de trabajo, provocaron castigos atroces, que llegaron a ser denunciados en Europa por Fray Bartolomé de las Casas. Con todo, las primeras violentas epidemias, que castigaron estas islas del Caribe, fueron las que atrajeron el comercio de esclavos negros, africanos; generándose así el infame tráfico de seres humanos que iba a durar siglos. Para poner en explotación las minas, plantaciones y haciendas del Nuevo Mundo se recurrió al sistema medieval de las “Encomiendas”: los indios debían trabajar para su Encomendero (un blanco beneficiario de una Encomienda), a cambio de recibir la cristianización. Pero, a diferencia de la Encomienda en la Edad Media, la obligación de trabajos no terminaba cuando el indígena se bautizaba; sino que eran una carga laboral extensiva a toda la aldea, que había de entregar trabajadores en proporción a su número de “indios”. Estos indígenas tenían jornadas agotadoras en las minas y plantaciones de los Blancos Su contacto con estos “blancos” les ponía en contagio con enfermedades como la viruela, peste, tifus o gripe. Y que ellos mismos difundían en sus aldeas, a su vuelta. América perdió 2/3 de sus habitantes indígenas en el siglo XVI; y ¾ con el paso del XVII. Las continuas denuncias del abuso de las Encomiendas, llevaron a las cortes de Castilla a emitir las Leyes Nuevas de Indias, 1542, con el fin de limitar tiempo y trabajo de los indígenas. Pero precisamente ahora se descubrían los ricos filones de Potosí, Zacatecas y Guanajauto; provocando un aluvión de nuevas encomiendas, ahora sobre indios que, por haberse habituado a los trabajos forzosos de aztecas e incas; presentaban menos resistencia a estas tareas. Donde más se desarrolló el sistema fue en Perú y Bolivia, donde reapareció la Mita de los incas: entrega periódica de trabajadores por parte de las aldeas, para realización de puentes, fuertes, acequias. Pero que los nuevos amos dirigían a extraer el mineral argentífero de las minas.
  • 17. La revolución de los precios Europa, que durante el siglo XV, y buena parte del XVI, se había visto frenada económicamente por la falta de metal precioso para hacer monedas (numerario), ahora empezaba a disfrutar de crecientes entradas de plata, y en menor medida, algo de oro. El resultado inmediato fue que la liquidez, la capacidad de compra de los poseedores de tales monedas, con alto contenido en plata, se incrementó; y estuvieron dispuestos a pagar más dinero por los mismos bienes y servicios (inflación) o pagar dinero por nuevos bienes y servicios (inversión) Como toda Europa tenía una demanda creciente, derivada de su éxito agrario y demográfico; había una mayor facilidad para todos aquellos que fuesen capaces de satisfacer esa demanda: criadores de ganado, constructores de navíos, empresarios de telas, propietarios de hornos de cerámica o de metal, etc. Todos estos grupos sociales se vieron favorecidos por la continua inflación, o crecimiento continuo de los precios durante este siglo XVI. Pues los productos con los que ellos trabajaban , se iban revalorizando ya desde que eran materias primas; y todavía más cuando eran productos terminados. Esto daba una buena oportunidad a las clases productoras españolas, fuesen portugueses, castellanos, navarros o aragoneses (sensu lato); pero la victoria de las aristocracias en Castilla sancionó el reparto del tesoro americano en exclusiva para Castilla. Y su actitud nada favorable a artesanos, prestamistas, banqueros o pequeños comerciantes; dejó a la propia Castilla incapaz de recoger los mejores beneficios de esta era de expansión económica y comercial. La demanda creciente europea, y también americana, no pudo ser satisfecha por la economía castellana; que exportaba productos agrarios (trigo y otros cereales, vino y aceite) y algún mineral estratégico (el mercurio); pero que, pese a la reserva del puerto de Sevilla para navíos y mercancías castellanas, no podía competir en vestuario humano, herramientas agrarias o de carpintería, productos de loza, vidrio, velas de navíos, cuerdas, y tantísimos otros productos con los que vendían a mejor precio los franceses, italianos, holandeses, alemanes e ingleses. Pero el alza de los precios perjudicó a las poblaciones que no tenían medios para elevar sus ingresos, sobre todo los campesinos que trabajaban tierras ajenas, cuyos arrendamientos a pagar subían; sin que sus cosechas fueran mejor valoradas. En parecida situación se hallaban los burócratas de la corte, cuyos salarios, sobre todo en España, siempre fueron por detrás de las subidas de precios. Y además en España, estas brusca subidas de precios eran anteriores a que se produjesen en el resto de Europa; pues los cargamentos de plata desembarcan en Sevilla. El efecto contribuía a hacer menos competitivas las manufacturas españolas. Ver siguiente
  • 18. El efecto de la llegada de las remesas de metales preciosos, plata sobre todo a Sevilla, y luego al resto de Castilla o España provocaba una escalada de precios. La razón era que había más moneda en circulación, y más posibilidad de comprar en manos de los clientes; pero no había aumentado el número o calidad de las mercancías en venta (mercancías agrarias, como vino, aceite, trigo; mercancías urbanas, como carpintería, forja u otras). El resultado era que el precio de los bienes subía, hasta igualar la nueva capa- cidad de gasto de los compradores. A este modelo corresponde el diagrama de abajo, donde en verde aparece el Crecimiento de los metales en circulación monetaria; en y rojo el crecimiento de los precios: Esta Revolución de los Precios también afectó a Países Bajos, ejemplo en la esquina, abajo izquierda. Pero observamos como los precios se mantienen más bajos, por lo menos hasta 1575, que los españoles. Esto es debido a un aumento de la producción, que absorbe la mayor circulación de monedas; aunque compensa a los productores con una inflación suave y continua.

Notas del editor

  1. Buscar en qué país o estado se encuentran los territorios que aparecen nombrados sobre áreas en verde o en rojo
  2. Señala qué territorios de los que recibió Carlos I en herencia pertenecía al Imperio Germánico.
  3. Comparando los dominios de Carlos I y de Felipe II, ¿por qué es razonable hablar de “monarquía hispánica” para su reinado? ¿Qué reino incorporó Felipe II a sus dominios?
  4. ¿Cuántos nombres podían recibir las Asambleas representativas de un país o de un reino? ¿Por qué los virreyes de Indias tenían mayores capacidades que los europeos? Señala tres diferencias entre el Virrey de Nápoles y el Consejo de Nápoles
  5. ¿Cómo se llamaban los jefes comuneros, que fueron ejecutados tras la derrota de Villalar? ¿Dónde se les ejecutó? ¿Qué fue la Germanía en Baleares?
  6. ¿A quienes se llamaba “moriscos”? ¿Por qué abundaban tanto en Granada? ¿Qué derechos o bienes se les había prometido respetar cuando la conquista? ¿Las medidas de Felipe II iban en contra de aquellas garantías?
  7. ¿Cuánto tiempo duró la guerra de los flamenco-holandeses para lograr su independencia de España? ¿qué motivos tenían para levantarse en esta guerra? ¿qué ventajas naturales o militares tenían sobre los españoles?
  8. ¿Quién era el almirante director de la escuadra “invencible” española? ¿Quién era el virrey de los Países Bajos, que iba a hacer cruzar sus tropas con aquellas naves? ¿Qué ocurrió?
  9. Cita alguna tribu indígena que ayudó a Hernán Cortés a luchar contra los Aztecas. La capital azteca se llamaba………………………., y estaba edificada sobre una ……………………………… Pizarro entró por la fuerza en la ciudad de …………………………, pero tuvo que asediar…………………….., que era la capital del imperio…………………….
  10. ¿Quién fue fray Bartolomé de las Casas?, ¿Qué hizo, qué escribió? Averigua sobre el efecto de alguna enfermedad contagiosa que los blancos hemos llevado a América, y su efecto sobre los indígenas (los “indios”) ¿Y algún abuso destructor de sus sociedades, conoces?