Algo tan trivial 1er cap

Algo tan trivial
Fausto Alzati Fernández
Algo tan trivial
Primera edición, 2015.
© Festina Publicaciones.
© Fausto Alzati Fernández.
© Emmanuel Peña, por el diseño de la colección.
D.R. © MONTZALEZ EDITORES S.C.
Santa María la Ribera 151, A-201,
Col. Santa María la Ribera, Del. Cuauhtémoc,
C.P. 06400, México, D.F.
Tel. 55 41 26 74
Corrección de estilo: Ainamar Clariana Rodagut.
Cuidado Editorial: Festina Publicaciones.
ISBN:
Queda rigurosamente prohibido, bajo las sanciones establecidas por
la ley, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier me-
dio o procedimiento sin la autorización por escrito de los editores.
Impreso en México.
Printed in Mexico.
5
World in my eyes
1. Este libro no es un exorcismo. Este libro es una declaración
de amistad para mis demonios. Sin demonios mi vida hubiese
sido más apacible hasta ahora, quizás habría sido más orde-
nada. Pero sin ellos no habría saboreado el mundo, ni hubiera
sido masticado y escupido, crudo, ante la vida, para descubrir
de qué estoy hecho. Sólo habría dormido y seguido la rutina
hasta el final. Solamente habría seguido instrucciones, sin si-
quiera revolcarme en las olas de la angustia y la duda. Básica-
mente habría perdido todo indicio de candor. Y eso sí es triste.
Entre otras cosas, este libro trata sobre la naturaleza de la
adicción. Porque los demonios tienen nombre y “adicción” es
uno de ellos. Apelativo que conlleva más azufre que Belcebú o
Satanás. Pero esta obra no es una historia de redención; es un
testimonio, nada más. Consiste en un ejercicio por el cual me he
obligado a visitar lugares a los que no quería volver. Y menos aún
compartir. No es un lamento y mucho menos una advertencia.
Estoy lejos de arrepentirme del pasado y tampoco he escrito esto
considerando que pueda ayudar a alguien. Si los demás se dro-
gan o dejan de hacerlo me tiene sin cuidado. No me incumbe. Y
escribir un testimonio sobre la adicción, buscando, de entrada,
informar a otros o arreglarles un problema que quizás no tienen,
me parece de lo más desatinado e insípido; mientras ignore cómo
se entrelazan nuestros sufrimientos, si soy sincero, no puedo decir
que me importe.
6 7
todo el interior de la casa, de nuevo, de blanco. Aún así, al
entrar a esa habitación que había evidenciado el cauce de mis
demonios, sentía escalofríos.
El fuego no es lo mismo que aquello que quema, pero
tampoco es ajeno a su material de combustión. Justo así son
los demonios: no son iguales a quien los padece, pero sus voces
e impulsos tampoco son ajenos al que los sufre. Ese incendio
se llevó mis ganas de fumar mota. No porque ésta fuese mala,
sino porque mi relación con esa sustancia que no generaba
adicción fisiológica estaba dictada por la desesperación. No
era ella, era yo. No conocía la calma necesaria para esperar la
siguiente dosis; sentía pánico al ver que mi guardadito se iba
acabando. No angustia, pánico.
Pero el incendio fue aún más generoso: a su paso quemó
toda una colección de fantasías metafísicas que llevaba años
coleccionando. Eran un síntoma. Me dejó solo ante el mundo,
a secas; solo con mi condición de adicto y la mente quebrada.
Así son los demonios, inadvertidamente generosos, a pesar de
sus métodos malditos. De otro modo no son demonios, sino
meras bestias, torpes y crueles.
1a. A lo largo de estes ensayo he intentado articular algunas de
mis experiencias, con la ambición de que al enunciarlas se rom-
pa otro pedazo de su hechizo. Deseando que, al pronunciarlas,
aquellas partes antes obviadas de mis vivencias dejen, a su vez, de
señalarme a mí como uno más de sus síntomas. Este libro no es
un exorcismo; es una declaración de amistad para mis demonios.
Porque si los lastimo, me lastimo yo. Es así de sencillo.
Esto lo he escrito evitando cualquier nota al pie. He pro-
curado expresar lo que ronda en mi mente y no los índices de
los libros que he leído, acaso. No he pretendido comprender
la adicción, sólo he procurado recordar y transmitir una ex-
periencia. Lo he escrito de modo algo fragmentado, porque
La adicción abarca mucho más que las drogas; sin embargo,
el enganche a éstas sigue siendo su demostración más explíci-
ta. Los narcóticos a veces son un placebo, y otras pueden ser
llaves para abrir todo tipo de puertas. La adicción, en cambio,
si llegamos al chicloso relleno de su naturaleza, es una educa-
dora salvaje, despiadada. Pareciese estar diseñada para hundir
y humillar a quien la porte. Las estadísticas no son favorables
respecto a los que sobreviven a tal lección. A ratos pienso que
me hubiera encantado ser un consumidor prudente de drogas;
no un adicto —que no es para nada lo mismo—. Me hubiese gus-
tado cosechar la mejores motas del mundo para sólo fumarlas
en ocasiones especiales, por gusto, por hedonismo. Escoger de
cada sustancia lo mejor, estudiarla, conocerla y preparar cada
experiencia con curiosidad y avidez. Las drogas aún me parecen
geniales como tal: sus efectos, su inmediatez para dislocar la
percepción. Son elementos del mundo; mismo al que no me
niego. Pero jamás fui capaz de ser consumidor. Y lo intenté. Y
lo intenté.
2. Cuando mis padres fueron por mí al psiquiátrico les vi la piel
morada. Después de tantos incidentes y tropiezos, ya ni siquiera
lloraron. Aún me negaba a tomar el medicamento que me habían
recetadolosdoctoresparabajarmedelavión.Cuandoalfinsalí,tras
ingerir las pastillas y con ello reconocer la pista de aterrizaje, tuve
que limpiar mi casa durante semanas. En una de tantas alucina-
ciones con temática metafísica que tuve aquel verano había dejado
encendida una vela frente a un altar, donde tenía, elaboradamente
colocadas, todo tipo de deidades (hindúes, católicas, santeras, sa-
tánicas, mágicas, budistas, wicca, etc.). El incendio se limitó a un
solo cuarto de la casa. La puerta logró contener el fuego.
Ya había retirado todos los aretes de mi cara y ahora me
disponía a sacar la alfombra chamuscada, y tallar las paredes y
el techo para quitar los rastros del humo. Fue necesario pintar
8 9
cias es así. No realmente. Quizás esa hielera es tan sólo la frontera
del Yo; quizás sea un delgado muro que permite, y no impide, el
contacto, por efímero que éste sea. No lo sé, pero me parece que
el acercamiento a la vida sigue siendo algo que pasa entre líneas.
Esto lo he escrito por gusto, pero también por necesidad.
En el proceso me encontré mucha resistencia. Pero si escribir no
altera la textura y ritmo de la realidad, no tiene chiste alguno. Este
libro es como si me hubiese recostado, sin quitarme los zapatos…
cerrado los ojos… y contado lo siguiente…
las vivencias son así. Mientras vivo una cosa, pienso en otra y
recuerdo otra. Las vivencias, así como el tiempo, no son tan
lineales como a ratos nos gusta creer. Estas páginas están llenas
de errores, y no tardará algún lisiado emocional en corregirlos,
cualesquiera que sean sus motivaciones. Pero para su satisfac-
ción está Google o Wikipedia a mano; este libro, en cambio,
versa sobre una experiencia, y como tal está repleto de las men-
tiras que la memoria cuenta, según el estado de ánimo en que
lo escribí. Pero a pesar de las jugarretas de la memoria, las dis-
torsiones de la vanidad, mis cobardes omisiones y la engañosa
prudencia, he buscado ser franco. Aunque con frecuencia he
fallado, el ejercicio mismo de intentarlo ha valido las madruga-
das en cafés 24 horas de esta voraz ciudad.
2a. ¿Quién, alguna vez, ha pedido dinero afuera del supermer-
cado, inventando que tu auto se quedó sin anticongelante, todo
para comprar una jeringa, porque la que traías ya no tenía filo?
1b. También me propuse este ejercicio porque continuamente
tengo la impresión de que no siento nada. Drogado o no. Puede
que sólo me abrume con facilidad y con ello acabe bloqueado,
pero dudo haber conectado realmente conmigo, con los demás,
con el mundo, con la vida. Y sin más evidencia que los gestos de
otros en la calle o alguna conversación a medias, intuyo que a
algunos les pasa algo similar. Es como si en el núcleo de la sub-
jetividad hubiese una hielera, de ésas que se llevan a los picnics
llenas de cervezas enlatadas. Sólo que esta hielera está sellada y
vacía. Aún huele a formol. Ahí, nada ha sucedido. Eso temo.
Quizás esperaba que el contacto con el mundo fuese más
contundente, más frontal, repleto de coincidencias y significa-
do. O que los sentimientos fuesen menos ambiguos, ¡carajo!
Como cuando se prueba una droga nueva por primera vez.
Pero no es así. Y si me sincero un poco, ni en esas circunstan-
1 de 4

Recomendados

Ser y-tiempo. CuentoSer y-tiempo. Cuento
Ser y-tiempo. CuentoJose Gares Crespo
485 vistas17 diapositivas
Antologia de cuentos (1)Antologia de cuentos (1)
Antologia de cuentos (1)Jose Gares Crespo
167 vistas74 diapositivas

Más contenido relacionado

La actualidad más candente

La Puerta del DolorLa Puerta del Dolor
La Puerta del Dolorcuandoescribirduele
1.6K vistas112 diapositivas
83 blandon chiquin83 blandon chiquin
83 blandon chiquinAN NA
1.1K vistas91 diapositivas
El esclavo resumen novelaEl esclavo resumen novela
El esclavo resumen novelaIvan
29.1K vistas9 diapositivas
El EsclavoEl Esclavo
El EsclavoJuan Carlos Fernandez
3.3K vistas8 diapositivas
Línea roja (muestra)Línea roja (muestra)
Línea roja (muestra)Impronta Editorial
935 vistas10 diapositivas

La actualidad más candente(17)

La Puerta del DolorLa Puerta del Dolor
La Puerta del Dolor
cuandoescribirduele1.6K vistas
83 blandon chiquin83 blandon chiquin
83 blandon chiquin
AN NA1.1K vistas
El esclavo resumen novelaEl esclavo resumen novela
El esclavo resumen novela
Ivan 29.1K vistas
El EsclavoEl Esclavo
El Esclavo
Juan Carlos Fernandez3.3K vistas
Línea roja (muestra)Línea roja (muestra)
Línea roja (muestra)
Impronta Editorial935 vistas
El hijo que debí serEl hijo que debí ser
El hijo que debí ser
mislibros126 vistas
Novela el esclavoNovela el esclavo
Novela el esclavo
yare_santana3.1K vistas
Mi vida al desnudo Mi vida al desnudo
Mi vida al desnudo
Enxebrebooks989 vistas
Eva Perón    La razón de mi vidaEva Perón    La razón de mi vida
Eva Perón La razón de mi vida
ElCacerolo152 vistas
El águila en el gallineroEl águila en el gallinero
El águila en el gallinero
Lizethe Carrillo5.7K vistas
DESPERTAR  MORIR  Y  VIVIRDESPERTAR  MORIR  Y  VIVIR
DESPERTAR MORIR Y VIVIR
Marinalen155 vistas
Milagros mal intencionados Milagros mal intencionados
Milagros mal intencionados
Andy Ccama190 vistas
32   lacan - seminario 2732   lacan - seminario 27
32 lacan - seminario 27
Djalma Argollo262 vistas

Destacado

WORK EXAMPLEWORK EXAMPLE
WORK EXAMPLEJocelyn Colvin-Donald
277 vistas6 diapositivas
Escuela de Verano 2016Escuela de Verano 2016
Escuela de Verano 2016colo222
209 vistas7 diapositivas
GoogleGoogle
Googleuzitta
194 vistas40 diapositivas
March 2016March 2016
March 2016Keith Tauber
179 vistas24 diapositivas

Destacado(20)

WORK EXAMPLEWORK EXAMPLE
WORK EXAMPLE
Jocelyn Colvin-Donald277 vistas
Escuela de Verano 2016Escuela de Verano 2016
Escuela de Verano 2016
colo222209 vistas
Multivibrator bistabil edihandoyoMultivibrator bistabil edihandoyo
Multivibrator bistabil edihandoyo
edihandoyo96325 vistas
GoogleGoogle
Google
uzitta194 vistas
Pantalla de-interaccion-de-wordPantalla de-interaccion-de-word
Pantalla de-interaccion-de-word
Cristofer LB378 vistas
March 2016March 2016
March 2016
Keith Tauber179 vistas
Límites 1º bhsLímites 1º bhs
Límites 1º bhs
María José Mendoza574 vistas
Graña y monteroGraña y montero
Graña y montero
Xavi Silva426 vistas
Teoria de la formaTeoria de la forma
Teoria de la forma
Eanarch323 vistas
Conceptualizacion de un sgcConceptualizacion de un sgc
Conceptualizacion de un sgc
SGCGRUPOUNEFM332 vistas
Guerra mundial1Guerra mundial1
Guerra mundial1
Jeampierre Tlv Na326 vistas
DESCO-COIL Heat ExchangerDESCO-COIL Heat Exchanger
DESCO-COIL Heat Exchanger
Neil Kalson356 vistas
Latihan MRALatihan MRA
Latihan MRA
Pentadbiran Mra386 vistas
OKC March MadnessOKC March Madness
OKC March Madness
Anthony Martin227 vistas
oO Carlotas - Wer | Warum | Wie | Für wenoO Carlotas - Wer | Warum | Wie | Für wen
oO Carlotas - Wer | Warum | Wie | Für wen
Carla C. Scheidegger231 vistas
Simax - Test NeuSimax - Test Neu
Simax - Test Neu
Signtime502 vistas

Similar a Algo tan trivial 1er cap

Sex code ( PDFDrive ).pdfSex code ( PDFDrive ).pdf
Sex code ( PDFDrive ).pdfDominikAlsve
834 vistas3674 diapositivas
Angeles.y.mariposasAngeles.y.mariposas
Angeles.y.mariposasBeluAmelya
10.3K vistas251 diapositivas

Similar a Algo tan trivial 1er cap(20)

El regreso y la espera de R. PfeifferEl regreso y la espera de R. Pfeiffer
El regreso y la espera de R. Pfeiffer
Cruella Devil795 vistas
Sex code ( PDFDrive ).pdfSex code ( PDFDrive ).pdf
Sex code ( PDFDrive ).pdf
DominikAlsve834 vistas
Angeles.y.mariposasAngeles.y.mariposas
Angeles.y.mariposas
BeluAmelya10.3K vistas
¡Vaya Mierda! Fanzine Noviembre 2014¡Vaya Mierda! Fanzine Noviembre 2014
¡Vaya Mierda! Fanzine Noviembre 2014
David Juan Bonacho821 vistas
EL ABZ DE UN DEMENTEEL ABZ DE UN DEMENTE
EL ABZ DE UN DEMENTE
ULISES RANGEL2K vistas
Cuento me despierto.Cuento me despierto.
Cuento me despierto.
Lily Cipres272 vistas
TT
T
Camila Ison235 vistas
Angeles y mariposasAngeles y mariposas
Angeles y mariposas
nona lira1.2K vistas
Tecnicas literariasTecnicas literarias
Tecnicas literarias
hola hola1.2K vistas
Ella es mi amorElla es mi amor
Ella es mi amor
Luis Bermer352 vistas
El gato negroEl gato negro
El gato negro
cinstemova635 vistas
CARTA A UN AMIGO ADICTO- P.FUENTESCARTA A UN AMIGO ADICTO- P.FUENTES
CARTA A UN AMIGO ADICTO- P.FUENTES
BRIAN MOORE47.9K vistas
RomanRoman
Roman
Cynthia Maldonado23 vistas
2015 diario de viaje2015 diario de viaje
2015 diario de viaje
Josefina Delia423 vistas
El gato negroEl gato negro
El gato negro
Francisco Marqueli512 vistas

Último(20)

Teoria y Practica de Mercado 2023.docxTeoria y Practica de Mercado 2023.docx
Teoria y Practica de Mercado 2023.docx
Maribel Cordero45 vistas
La  Función de Tutoría   TOE1   Ccesa007.pdfLa  Función de Tutoría   TOE1   Ccesa007.pdf
La Función de Tutoría TOE1 Ccesa007.pdf
Demetrio Ccesa Rayme324 vistas
Contenidos y PDA 3°.docxContenidos y PDA 3°.docx
Contenidos y PDA 3°.docx
Norberto Millán Muñoz54 vistas
Contenidos y PDA 6° Grado.docxContenidos y PDA 6° Grado.docx
Contenidos y PDA 6° Grado.docx
Norberto Millán Muñoz39 vistas
Estrategias y Recursos en el Aula  Ccesa.pdfEstrategias y Recursos en el Aula  Ccesa.pdf
Estrategias y Recursos en el Aula Ccesa.pdf
Demetrio Ccesa Rayme226 vistas
Carta-Elfo-Llegada.pdfCarta-Elfo-Llegada.pdf
Carta-Elfo-Llegada.pdf
IsabelCalvoMartinez127 vistas
Contenidos y PDA 4° Grado.docxContenidos y PDA 4° Grado.docx
Contenidos y PDA 4° Grado.docx
Norberto Millán Muñoz59 vistas
DE OLLANTa.pptxDE OLLANTa.pptx
DE OLLANTa.pptx
alinargomedocueva227 vistas
Recreos musicales.pdfRecreos musicales.pdf
Recreos musicales.pdf
arribaletur108 vistas
semana 2 .pdfsemana 2 .pdf
semana 2 .pdf
ValdezsalvadorMayleM40 vistas
Misión en favor de los necesitadosMisión en favor de los necesitados
Misión en favor de los necesitados
https://gramadal.wordpress.com/213 vistas

Algo tan trivial 1er cap

  • 1. Algo tan trivial Fausto Alzati Fernández Algo tan trivial Primera edición, 2015. © Festina Publicaciones. © Fausto Alzati Fernández. © Emmanuel Peña, por el diseño de la colección. D.R. © MONTZALEZ EDITORES S.C. Santa María la Ribera 151, A-201, Col. Santa María la Ribera, Del. Cuauhtémoc, C.P. 06400, México, D.F. Tel. 55 41 26 74 Corrección de estilo: Ainamar Clariana Rodagut. Cuidado Editorial: Festina Publicaciones. ISBN: Queda rigurosamente prohibido, bajo las sanciones establecidas por la ley, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier me- dio o procedimiento sin la autorización por escrito de los editores. Impreso en México. Printed in Mexico.
  • 2. 5 World in my eyes 1. Este libro no es un exorcismo. Este libro es una declaración de amistad para mis demonios. Sin demonios mi vida hubiese sido más apacible hasta ahora, quizás habría sido más orde- nada. Pero sin ellos no habría saboreado el mundo, ni hubiera sido masticado y escupido, crudo, ante la vida, para descubrir de qué estoy hecho. Sólo habría dormido y seguido la rutina hasta el final. Solamente habría seguido instrucciones, sin si- quiera revolcarme en las olas de la angustia y la duda. Básica- mente habría perdido todo indicio de candor. Y eso sí es triste. Entre otras cosas, este libro trata sobre la naturaleza de la adicción. Porque los demonios tienen nombre y “adicción” es uno de ellos. Apelativo que conlleva más azufre que Belcebú o Satanás. Pero esta obra no es una historia de redención; es un testimonio, nada más. Consiste en un ejercicio por el cual me he obligado a visitar lugares a los que no quería volver. Y menos aún compartir. No es un lamento y mucho menos una advertencia. Estoy lejos de arrepentirme del pasado y tampoco he escrito esto considerando que pueda ayudar a alguien. Si los demás se dro- gan o dejan de hacerlo me tiene sin cuidado. No me incumbe. Y escribir un testimonio sobre la adicción, buscando, de entrada, informar a otros o arreglarles un problema que quizás no tienen, me parece de lo más desatinado e insípido; mientras ignore cómo se entrelazan nuestros sufrimientos, si soy sincero, no puedo decir que me importe.
  • 3. 6 7 todo el interior de la casa, de nuevo, de blanco. Aún así, al entrar a esa habitación que había evidenciado el cauce de mis demonios, sentía escalofríos. El fuego no es lo mismo que aquello que quema, pero tampoco es ajeno a su material de combustión. Justo así son los demonios: no son iguales a quien los padece, pero sus voces e impulsos tampoco son ajenos al que los sufre. Ese incendio se llevó mis ganas de fumar mota. No porque ésta fuese mala, sino porque mi relación con esa sustancia que no generaba adicción fisiológica estaba dictada por la desesperación. No era ella, era yo. No conocía la calma necesaria para esperar la siguiente dosis; sentía pánico al ver que mi guardadito se iba acabando. No angustia, pánico. Pero el incendio fue aún más generoso: a su paso quemó toda una colección de fantasías metafísicas que llevaba años coleccionando. Eran un síntoma. Me dejó solo ante el mundo, a secas; solo con mi condición de adicto y la mente quebrada. Así son los demonios, inadvertidamente generosos, a pesar de sus métodos malditos. De otro modo no son demonios, sino meras bestias, torpes y crueles. 1a. A lo largo de estes ensayo he intentado articular algunas de mis experiencias, con la ambición de que al enunciarlas se rom- pa otro pedazo de su hechizo. Deseando que, al pronunciarlas, aquellas partes antes obviadas de mis vivencias dejen, a su vez, de señalarme a mí como uno más de sus síntomas. Este libro no es un exorcismo; es una declaración de amistad para mis demonios. Porque si los lastimo, me lastimo yo. Es así de sencillo. Esto lo he escrito evitando cualquier nota al pie. He pro- curado expresar lo que ronda en mi mente y no los índices de los libros que he leído, acaso. No he pretendido comprender la adicción, sólo he procurado recordar y transmitir una ex- periencia. Lo he escrito de modo algo fragmentado, porque La adicción abarca mucho más que las drogas; sin embargo, el enganche a éstas sigue siendo su demostración más explíci- ta. Los narcóticos a veces son un placebo, y otras pueden ser llaves para abrir todo tipo de puertas. La adicción, en cambio, si llegamos al chicloso relleno de su naturaleza, es una educa- dora salvaje, despiadada. Pareciese estar diseñada para hundir y humillar a quien la porte. Las estadísticas no son favorables respecto a los que sobreviven a tal lección. A ratos pienso que me hubiera encantado ser un consumidor prudente de drogas; no un adicto —que no es para nada lo mismo—. Me hubiese gus- tado cosechar la mejores motas del mundo para sólo fumarlas en ocasiones especiales, por gusto, por hedonismo. Escoger de cada sustancia lo mejor, estudiarla, conocerla y preparar cada experiencia con curiosidad y avidez. Las drogas aún me parecen geniales como tal: sus efectos, su inmediatez para dislocar la percepción. Son elementos del mundo; mismo al que no me niego. Pero jamás fui capaz de ser consumidor. Y lo intenté. Y lo intenté. 2. Cuando mis padres fueron por mí al psiquiátrico les vi la piel morada. Después de tantos incidentes y tropiezos, ya ni siquiera lloraron. Aún me negaba a tomar el medicamento que me habían recetadolosdoctoresparabajarmedelavión.Cuandoalfinsalí,tras ingerir las pastillas y con ello reconocer la pista de aterrizaje, tuve que limpiar mi casa durante semanas. En una de tantas alucina- ciones con temática metafísica que tuve aquel verano había dejado encendida una vela frente a un altar, donde tenía, elaboradamente colocadas, todo tipo de deidades (hindúes, católicas, santeras, sa- tánicas, mágicas, budistas, wicca, etc.). El incendio se limitó a un solo cuarto de la casa. La puerta logró contener el fuego. Ya había retirado todos los aretes de mi cara y ahora me disponía a sacar la alfombra chamuscada, y tallar las paredes y el techo para quitar los rastros del humo. Fue necesario pintar
  • 4. 8 9 cias es así. No realmente. Quizás esa hielera es tan sólo la frontera del Yo; quizás sea un delgado muro que permite, y no impide, el contacto, por efímero que éste sea. No lo sé, pero me parece que el acercamiento a la vida sigue siendo algo que pasa entre líneas. Esto lo he escrito por gusto, pero también por necesidad. En el proceso me encontré mucha resistencia. Pero si escribir no altera la textura y ritmo de la realidad, no tiene chiste alguno. Este libro es como si me hubiese recostado, sin quitarme los zapatos… cerrado los ojos… y contado lo siguiente… las vivencias son así. Mientras vivo una cosa, pienso en otra y recuerdo otra. Las vivencias, así como el tiempo, no son tan lineales como a ratos nos gusta creer. Estas páginas están llenas de errores, y no tardará algún lisiado emocional en corregirlos, cualesquiera que sean sus motivaciones. Pero para su satisfac- ción está Google o Wikipedia a mano; este libro, en cambio, versa sobre una experiencia, y como tal está repleto de las men- tiras que la memoria cuenta, según el estado de ánimo en que lo escribí. Pero a pesar de las jugarretas de la memoria, las dis- torsiones de la vanidad, mis cobardes omisiones y la engañosa prudencia, he buscado ser franco. Aunque con frecuencia he fallado, el ejercicio mismo de intentarlo ha valido las madruga- das en cafés 24 horas de esta voraz ciudad. 2a. ¿Quién, alguna vez, ha pedido dinero afuera del supermer- cado, inventando que tu auto se quedó sin anticongelante, todo para comprar una jeringa, porque la que traías ya no tenía filo? 1b. También me propuse este ejercicio porque continuamente tengo la impresión de que no siento nada. Drogado o no. Puede que sólo me abrume con facilidad y con ello acabe bloqueado, pero dudo haber conectado realmente conmigo, con los demás, con el mundo, con la vida. Y sin más evidencia que los gestos de otros en la calle o alguna conversación a medias, intuyo que a algunos les pasa algo similar. Es como si en el núcleo de la sub- jetividad hubiese una hielera, de ésas que se llevan a los picnics llenas de cervezas enlatadas. Sólo que esta hielera está sellada y vacía. Aún huele a formol. Ahí, nada ha sucedido. Eso temo. Quizás esperaba que el contacto con el mundo fuese más contundente, más frontal, repleto de coincidencias y significa- do. O que los sentimientos fuesen menos ambiguos, ¡carajo! Como cuando se prueba una droga nueva por primera vez. Pero no es así. Y si me sincero un poco, ni en esas circunstan-