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Edificio transparente.Arquitectura del Palacio de Zulueta

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Julián Zulueta Amondo, nacido en Anúcita (Ribera Alta) el 9 de enero de 1814.
Llegó a reunir una hacienda de más de doscientos millones de reales, la mayor riqueza del país en que estableció sus negocios, Cuba. La caña de azúcar estuvo en el origen de esta fortuna pero, sin embargo, no la logró por procedimientos limpios ya que se le consideró como el último
gran traficante de esclavos.

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Edificio transparente.Arquitectura del Palacio de Zulueta

  1. 1. Arquitectura del Palacio de Zulueta Anton López de Aberásturi
  2. 2. Arquitectura del Palacio de Zulueta Anton López de Aberásturi Arquitectura del Palacio de Zulueta Arquitectura de la villa frente a la arquitectura urbana Desde el original de Vitrubio, todos los tratados clásicos de Arquitectura –Alberti, Serlio, Filarete, etc.- distinguían dos tipos de edi- ficios residenciales: las viviendas urbanas y las villas del campo. Dos cuestiones marcaban la diferencia entre ambos tipos: la referencia al espa- cio público, inexistente en la villa rural pero esencial en la casa urbana, y la autonomía edificatoria, que en el caso de la villa rural requería un com- plejo sistema de espacios subsidiarios condicionados a la producción agropecuaria, mientras que en la casa urbana solo aparecían los espacios puramente residenciales o en todo caso los locales auxiliares del comer- cio o taller artesanal, de escaso tamaño. Durante el Renacimiento la ilus- trada nobleza y los ricos hacendados de las ciudades de Toscana imitaron el modelo de villa ajardinada de la antigüedad clásica construyendo casas rurales en los alrededores en las que los jardines tenían cada vez más importancia en detrimento de las dependencias estrictamente agrícolas. La moda de las villas rústicas se expandió por otras regiones italia- nas y posteriormente en Francia, donde estas villas se revistieron con el carácter arquitectónico de los castillos medievales: fosos, torreones, bar- bacanas exteriores, etc. 93
  3. 3. SANCHO EL SABIO Villa Foscari o “La Malcontenta” de Palladio. Se atribuye a los mercaderes urbanos de la región véneta en el siglo XVI la reinvención de un nuevo tipo de vivienda que realmente no tenía carácter rural -aunque estaba inserta en este medio- y cuya arquitectura utiliza los sistemas constructivos cultos y la ornamentación clásica propia de los palacios urbanos. El arquitecto que creó este tipo edificatorio fue Andrea Palladio. La villa palladiana copia del palacio urbano el interés por la com- posición de las fachadas y la regularidad de la distribución interior, pero mantiene la total autonomía respecto al entorno, permitiendo al arquitec- to total libertad para situar la fachada principal y el resto de las fachadas complementarias, que también reciben un tratamiento claramente ilustra- do. En el siglo XVII el modelo de villa palladiana fue llevado a Inglaterra por el arquitecto Iñigo Jones, obteniendo gran éxito entre la pequeña nobleza urbana e incluso de la burguesía, que querían emanci- parse de un entorno urbano excesivamente constreñido e insano, buscan- do para sus nuevas viviendas un medio despejado y la posibilidad de dis- poner de un espacio “rural” propio, un jardín rodeando la casa, sin carác- ter productivo, sino únicamente paisajístico, como fondo de la arquitectu- ra aislada. 94
  4. 4. Arquitectura del Palacio de Zulueta Casa de Jefferson en Monticello, paradigma de la “casa americana” El modelo palladiano pasó al continente americano, en contraposi- ción al modelo urbano de ciudad compacta impuesto por los mercaderes de los países colonizadores. Por esta razón fue adoptado como el modelo ideal de “casa americana” por los padres de la Constitución de los EEUU, extendiéndose por todo el país y, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, por las colonias del centro y Suramérica. Foto aérea del barrio del Vedado en la Habana. 95
  5. 5. SANCHO EL SABIO En esta tierras, contrariamente al modelo urbano de la colonización española, cuadriculado y compacto, las nuevas construcciones residencia- les que desde mediados del siglo XIX jalonan las extensiones de las ciu- dades más prósperas de Latinoamérica pertenecen al tipo de la villa ame- ricana independiente en parcela propia, con dimensiones que van desde la humilde casa de madera aislada en el centro de su parcela, hasta el pala- cio que ocupa una “cuadra” completa. Por supuesto, gran parte de estas villas fueron construidas por emi- grantes que, llegados al continente tras múltiple penurias, consiguieron levantar grandes fortunas, distinguiéndose de la burguesía local por este hecho de ocupar barrios periféricos, con amplias calles y baja densidad residencial. Tal vez el caso de La Habana, con los barrios de Miramar y el Vedado levantados entre 1875 y 1950, con los mismos criterios de las ciudades más prósperas de Norteamérica, constituya la mejor explicación. Villas en Vitoria En la Vitoria del barroco aparecieron tímidos intentos de insertar el modelo de la villa aislada en pleno contexto urbano, solucionando el pro- blema que planteaba su inserción en el tejido urbano medieval de estre- chas y alargadas parcelas mediante la suma de varias contiguas para con- seguir un frente amplio de fachada e incluso un espacio ajardinado. Algunos ejemplos permanecen en el actual casco medieval: Palacio del Marqués del Fresno, Palacio Aguirre-Montehermoso, etc… También hacia finales del siglo XVIII las élites ilustradas impor- taron el modelo de la villa aislada con jardín pero ubicada en una parce- la independiente en el exterior de la ciudad. De hecho, en el plano de Vitoria en la época de Napoleón que se conserva en el Chateau de Vincennes, aparecen varias casa de este tipo, aunque son pocas las que han sobrevivido en la actualidad: la Casa de Díaz de Espada en Armentia, la Casa Etxezarra en el portal de Castilla, el palacete de Zurbano, el del Marqués de Foronda… Con el inicio del siglo XIX la villa aislada perdió protagonismo. Primero porque el impulso edificador se dirigió por un lado a las grandes operaciones de la expansión neoclásica de la ciudad –Plaza Nueva, 96
  6. 6. Arquitectura del Palacio de Zulueta Plano de Vitoria y sus alrededores en 1812. Château de Vincennes. Arquillos y el Prado– y por otro lado aparece el desarrollo un tanto desor- denado de los arrabales del extrarradio. Por ello, siguiendo el ejemplo de otras capitales y el nuevo marco legal, a partir del último tercio del siglo se puso en marcha el proceso del ensanche que debía poner orden en la acelerada expansión urbana. No tuvo Vitoria un plan de ensanche propiamente dicho sino el dise- ño de alineaciones de nuevas calles que, gracias a los esfuerzos del arqui- tecto Francisco de Paula Hueto, acabaron por constituir una trama urbana bastante regular. Las nuevas construcciones que se levantaron en esta expansión de Vitoria volvieron a ser plenamente urbanas, formando calles rectas y alineadas, con una altura regular de tres o cuatro plantas. 97
  7. 7. SANCHO EL SABIO En este ámbito del ensanche vitoriano, especialmente en las partes más alejadas del centro urbano, hacia el final del siglo aparecieron nue- vas villas que ocupaban parcelas libres de amplias dimensiones. Se podían distinguir por su arquitectura culta, firmada por arquitectos, unas villas que compatibilizaban perfectamente su condición de edificaciones aisla- das y con jardín, con las construcciones entre medianeras típicas de los ensanches. Se pueden citar a título de ejemplo las manzanas que se plan- tearon entre las calles Florida y Manuel Iradier (entonces Sur) con algu- nos palacetes –casi todos desaparecidos- de buena arquitectura y refinada ornamentación. A finales de ese siglo el pequeño espacio designado por los planes de ensanche quedó desbordado, buscando las nuevas construcciones un entorno adecuado a su condición que se plasmó fundamentalmente en torno al parque de la Florida primero y al Paseo de la Senda después. En este marco Alfredo Zulueta Ruiz de Gámiz presentó en 1902 la solicitud para construir una villa en el Paseo de la Senda, en una parcela triangular justo detrás de las casas que tenían frente al Parque. El proyec- to había sido realizado por el prestigioso arquitecto Fausto Iñiguez de Betolaza en uno de sus mejores trabajos profesionales. La casa del Indiano En el siglo XIX las guerras civiles, la crisis del campo y una cierta superpoblación que afectaron especialmente a varias poblaciones del Norte de España dieron lugar a una corriente migratoria importante que se dirigió especialmente a los países del Río de la Plata y Chile. Una gran parte de los emigrantes que partieron al continente americano para hacer fortuna tenían la intención de volver a sus tierras de origen en cuanto fuera posible. Sin embargo, la mayoría se asentó definitivamente en aque- llos países siendo muy pocos los que volvieron enriquecidos a sus lugares de origen. Conocidos genéricamente por el despectivo término de “indiano” fue frecuente querer dar testimonio a sus paisanos de la riqueza acumula- da en ultramar, levantando suntuosas mansiones con amplios jardines en los que destacaban especies botánicas exóticas que de ningún modo deja- 98
  8. 8. Arquitectura del Palacio de Zulueta ban indiferentes a sus paisanos: son las casas de indianos, villas que a veces recuerdan a la arquitectura americana y que otras veces importan el modelo de palacete francés. Estas casas de indianos abundan en el entor- no de ciudades gallegas, asturianas y cántabras, de donde arrancó esa gran corriente migratoria, pero también se pueden ver en las poblaciones de la vertiente cantábrica del País Vasco, donde la emigración a América tuvo especial incidencia en el siglo XIX por la crisis agrícola y el efecto de las guerras carlistas. Dos casas de indianos en Luarca (Asturias): Villa excelsior y villa Tarsila No es de extrañar que en algunos países suramericanos se denomi- ne genéricamente “gallegos” a los oriundos españoles o que incluso se afirme que Chile es una aportación vasca a América por el alto porcenta- je de su población con apellidos de origen euskeldun. Algunos de estos emigrantes consiguieron acaparar inmensas fortunas como fue el caso del alavés Julián Zulueta Amondo, nacido en Anúcita (Ribera Alta) el 9 de enero de 1814. Llegó a reunir una hacienda de más de doscientos millones de rea- les, la mayor riqueza del país en que estableció sus negocios, Cuba. La caña de azúcar estuvo en el origen de esta fortuna pero, sin embargo, no la logró por procedimientos limpios ya que se le consideró como el últi- mo gran traficante de esclavos. El prestigioso historiador Hugh Thomas, en su obra Cuba, la lucha por la libertad, estudió su figura como paradigma del poderoso hacenda- do que se enriqueció con la trata de esclavos y así lo presenta en la intro- ducción de este trabajo: 99
  9. 9. SANCHO EL SABIO “Me interesó especialmente un vasco, Julián Zulueta, el últi- mo gran negrero de Cuba (si se me permite el adjetivo) y, por tanto, de las Américas, un hombre que comenzó desde muy abajo, comer- ciando con toda clase de mercancías en La Habana de los años 1830, y que a finales de la década siguiente era un nombre maldito en la mente y en los diarios de a bordo de las patrullas navales bri- tánicas que intentaban impedir la trata, pues Zulueta poseía en Cuba sus propias plantaciones de caña de azúcar, a las que lleva- ba, en rápidos clipers, a menudo construidos en Baltimore, cuatro- cientos o quinientos esclavos, directamente desde Cabinda, en la orilla septentrional del río Congo. Como era hombre moderno, Zulueta solía hacer vacunar a sus esclavos antes de que emprendieran el viaje a través del Atlántico, y en la década de 1850 empezó a emplear vapores que podían transportar hasta mil cautivos. Como era católico, hacía bautizar a sus esclavos antes de que abandonaran Africa. Me pre- guntaba qué clase de hombre podía ser el que se dedicaba a la trata en una colonia cristiana cuatro siglos después de que un papa, Pío II, hubiese condenado la costumbre de esclavizar a africanos bau- tizados. ¿Y cómo podía Zulueta justificar su insaciable demanda de esclavos casi un siglo después de que Adam Smith hubiera insistido fríamente en que éstos eran menos eficientes que los hombres libres? ¿Por qué el gobierno español le hizo marqués? Y cuando se llamaba a sí mismo marqués de Álava, ¿pensaba más en el nombre de su plantación de caña que en su provincia natal? ¿Qué sucedió con su gran fortuna? ¿Qué fue de sus papeles y documentos?” Este personaje, que controlaba las zonas azucareras del centro de Cuba, fundando incluso una ciudad que lleva su nombre y varios “inge- nios” (haciendas destinadas a la destilación de la caña) con nombres tan próximos como Vizcaya, Alava o Vitoria. Fue de ideología extremista y tuvo una influencia notoria sobre el devenir político de Cuba, siendo designado alcalde de la Habana en 1864 y en 1876, donde llevó a cabo una profunda renovación urbana al promover el derribo de las murallas y la edificación de los terrenos liberados. Hoy día este espacio – que en su 100
  10. 10. Arquitectura del Palacio de Zulueta arranque junto al Castillo del Morro lleva el nombre del ilustre alavés- constituye la arteria vital que une la vieja Habana con los ensanches. Palacio Presidencial de la Habana, en el arranque de la calle Zulueta Julián Zulueta y Amondo, fue nombrado primer marqués de Álava debido a los servicios prestados a la corona, y falleció en La Habana el 6 de mayo de 1878, a causa de lesiones que recibió al caer de un caballo cuando acudía urgentemente a un servicio público. A su muerte queda- ron paralizadas numerosas obras y proyectos que había iniciado. Se opuso al marqués de Almendares y al de Dávalos, por la venta de los bie- nes embargados a varios precursores de la Independencia y siendo con- sultado por el gobernador y capitán general de la Isla de Cuba, sobre asun- tos de la insurrección, se asegura que pronunció esta frase: “A los cuba- nos conviene darles todo, todo menos la independencia”. Tres veces casó el primer marqués de Álava, buscando siempre la mejor conveniencia: la primera con doña Francisca Samá y Mota, perte- neciente a poderosa la casa de los marqueses de Marianao, de Villanueva y Geltrú y de Samá; la segunda con su sobrina doña Juliana Ruiz de Gámiz y Zulueta, y la tercera con doña María, hermana de esta última, con quienes dejó una numerosa y distinguida descendencia. Al menos cuatro de los trece hijos que se le conocen volvieron a la tierra de origen: Julián, hijo de su segunda mujer y Alfredo, Luis y Elvira, estos últimos hijos de María Ruiz de Gamiz. Julián aparece como promo- tor de un edificio en el cruce de las calles Florida y San Antonio y Elvira Zulueta fue reconocida benefactora de Vitoria, costeando en gran parte la construcción del nuevo Seminario de Vitoria y el Santuario de Arantzazu. Promovió la construcción de ocho villas en la calle que hoy lleva su nom- 101
  11. 11. SANCHO EL SABIO bre y debió plantear también la edificación de casas para obreros al otro lado del ferrocarril, donde hoy arranca la Avenida de Gasteiz. Se casó con Ricardo Agustín y Ortega, encargando el proyecto de su residencia a los arquitectos Julián Apraiz y Miguel Luque, en el Paseo de Fray Francisco, justo tras el ferrocarril y siguiendo las primeras villas construidas en este Paseo por el arquitecto Saracibar. Hoy día este edificio es la sede del Museo de Arte de Álava. Alfredo Zulueta Ruiz de Gámiz, al que hemos visto solicitando el permiso para edificar su vivienda al inicio de la Senda, era el octavo hijo de Julián, nacido de María su tercera mujer. Residió en Cuba hasta la pro- clamación de la Independencia llevando parte de los negocios azucareros de su padre. Fue diputado en el Congreso por Cuba (Cárdenas) en la legis- latura de 1896 hasta febrero de 1898. Tras el desastre de Cuba se estableció en la Metrópoli con parte de su fortuna, contrayendo matrimonio con Carmen Enríquez y Luque, Condesa de la Puebla de Portugal, de quien tuvo tres hijos. Establecido en Vitoria, realizaba frecuentes viajes a Madrid y Cádiz, regentando sus negocios y disfrutando largos periodos de vacaciones en su villa de San Sebastián, donde falleció el 1 de octubre de 1934. El Palacio de Zulueta: situación, el Jardín La parcela adquirida por Alfredo Zulueta para asentarse en su país de origen ya figuraba grafiada en el Plano que levantó el arquitecto Francisco de Paula Hueto en 1867 para plasmar la configuración final del ensanche vitoriano. Por la forma de los caminos interiores se podía adivi- nar que su uso entonces era para huertas. A esta parcela triangular se le añadió otro pequeño terreno rectan- gular, al parecer usado como jardín posterior de la casa de Eduardo Dato Iradier, que ocupaba entonces la esquina de la Senda con el Parque de la Florida. Su extensión total actual es de 3.820 m2 y abarca prácticamente todo el frente de fachada del primer tramo del paseo de la Senda, más de 110 metros en total, con la única excepción del extremo que daba al Parque de la Florida. En breve, un lugar idóneo para una vivienda que iba a ser relevante por su arquitectura pero discreta por su situación. 102
  12. 12. Arquitectura del Palacio de Zulueta A la izquierda, la parcela que adquirió Alfredo Zulueta en el Plano de Vitoria de 1867 El jardín actual, que apenas ha sufrido cambios desde entonces, se concibió en el espíritu de la escuela paisajística romántica, buscando ele- mentos de contraste y sorpresa, por lo que se huyó sistemáticamente de los caminos rectos y accesos frontales. Por eso la entrada principal de la casa, que se encuentra en el centro de la parcela, está alejada de los dos accesos de la finca, oculta tras la masa forestal que la esconde de miradas curiosas, apareciendo de repente con su impresionante escalinata, los pináculos de remate de las ventanas superiores y las chimeneas de las esquinas. Hoy día el lugar sufre el tremendo impacto del desproporcionado volumen del Hotel Canciller Ayala, cuya fachada sobre el jardín recibe un tratamiento más propio de un patio de vecindad, borrando la intimidad que en su día tuvo que tener este recoleto lugar. Además se mantiene la incógnita del futuro que planea sobre el límite suroeste del jardín, que 103
  13. 13. SANCHO EL SABIO El Palacio de Zulueta desde al camino de acceso y plano del jardín linda con la parcela de equipamiento municipal en la que estuvo proyec- tado un Auditorio diseñado por Juan Navarro Baldeweg. No obstante, el jardín –abierto al público desde quince años- sigue conservando el carác- ter misterioso de su diseño inicial, manteniendo una gran parte de las especies vegetales originales incluyendo las inevitables palmeras –del género chamaerops excelsa- que en ninguna casa de indiano podían fal- tar. El Palacio de Zulueta en su Jardín 104
  14. 14. Arquitectura del Palacio de Zulueta El edificio ocupa el centro de la irregular parcela, dejando el mayor retranqueo -15 metros- en la fachada principal que da al Paseo de la Senda. Su planta es rectangular, de 16 por 20 metros, aunque en los ejes los cuerpos se prolongan entre 2 y 4,5 metros sobresaliendo del rectángu- lo principal, salvo en la fachada principal, prácticamente plana, de la que únicamente sobresale la elegante escalinata de acceso. Junto a la tapia del jardín había pequeñas edificaciones auxiliares para invernaderos, depósito de herramientas y aperos y un cobertizo situado en el ángulo oeste que se utilizó para caballerizas primero y garaje después. Tipología edificatoria Fausto Iñiguez de Betolaza, el arquitecto del palacete, inició su acti- vidad profesional en 1878 con una pequeña capilla para el deán de la cate- dral. Tras unos inicios titubeantes, con pocas obras y de escasa conside- ración (modificaciones de fachadas, miradores, apertura de huecos, levantes, etc.) a sus espaldas, a partir de 1887 son ya numerosos los expe- dientes que firma según consta en los archivos municipales. Su fama cre- ció al hacerse cargo del Convento de las Salesas, apareciendo a partir de entonces como el arquitecto de las obras más relevantes de Vitoria, com- pitiendo con arquitectos consagrados como Saracibar o Aguirre. En 1894 proyectó un “Hotel” en la calle Florida esquina a San Antonio para Julián Zulueta, hermano mayor de Alfredo. Este edificio, por desgracia desaparecido, tenía una particular elegancia por la alternan- Casa construida por Julián Zulueta en el cruce de las calles Florida y San Antonio. Fachada y fotografía. 105
  15. 15. SANCHO EL SABIO cia de pilastras y recercados de ventanales y puertas en piedra de sillería y los vanos de ladrillo rojo. La cubierta, con mansarda de pizarra, contri- buía a dejar todo el protagonismo del edificio a la planta baja y a la prin- cipal. Fue probablemente este precedente el que aconsejó a Alfredo Zulueta elegir al mismo arquitecto y diseño del edificio. Fausto Iñiguez de Betolaza eligió una tipología clásica en planta centrada con doble simetría casi perfecta. Su ornamentación responde sin embargo al modelo francés de una “maison de campagne”. La planta del palacete tiene tres crujías de estructura en el sentido perpendicular a la fachada formadas por cuatro muros de ladrillo de doble asta (aproxima- damente 52 cms.), estando los exteriores forrados de piedra. Esta ordena- ción básica está cruzada por otros dos muros transversales conformando una forma cruciforme, dejando un vacío central. Los cuatro locales exte- riores que quedan en el exterior de esta cruz, que opera de espacio de rela- ción pública, constituyen las habitaciones o estancias particulares en cuya composición resulta muy relevante la situación de las chimeneas, justo en el vértice exterior del rectángulo. Es la organización tipológica típica de las villas palladianas. Planta Baja. Estado actual tras las reformas efectua- das en 1991. 106
  16. 16. Arquitectura del Palacio de Zulueta En sección se puede distinguir un semisótano, que arquitectónica- mente es el podio o zócalo del edificio, una planta baja de acceso, la plan- ta primera o “principal”, una planta superior semicamuflada en altura por la cubierta amansardada y un pequeño espacio desván en entrecubierta. Una escalera de dos tramos, de trazado denominado “imperial” –un tramo de arranque con descansillo y dos tramos menores de llegada- unía las dos plantas principales mientras que el acceso a las otras dos plantas se hacía por escaleras camufladas en la planta. Todas las plantas estaban relacionadas por el espacio central de la cruz de modo que permitía el paso de la luz cenital a este espacio –lógi- camente el más oscuro del edificio- procedente del amplio lucernario que remataba el tejado. Los usos de la vivienda también estaban rígidamente estructurados por plantas. De este modo, el servicio –cocina, oficios, leñeras, almace- nes, etc., así como los dormitorios correspondientes a los criados- ocu- paba el semisótano. Los usos “sociales” de la familia tenían lugar en la planta baja, mientras que la vida doméstica de los señores tenía como escenario la planta primera. Por último, la entrecubierta era el espacio de los hijos, con los dormitorios, salas de juegos y de estudio, etc. Sección del Palacio de Zulueta 107
  17. 17. SANCHO EL SABIO La planta baja estaba destinada a la actividad social de los señores de la casa, muy intensa en esa época en la que era habitual la recepción diaria de visitas y la invitación a comidas y tertulias de las amistades de la familia, con frecuentes conciertos y sesiones de lectura. Esta intensa vida social se desarrollaba a partir del amplio recibidor que formaba el espacio central del edificio y en las cuatro salas que daban al mismo. Su acceso estaba controlado por la cancela de entrada, que permitía filtrar las visitas permitiendo su acceso al vestíbulo central o desviándolas al des- pacho o sala de recibir adjuntas. El vestíbulo-recibidor central en el que se cruzaban las dos crujías estructurales del edificio era el lugar más importante de la casa y así lo denotaba el espacio en doble altura iluminado desde el lucernario superior y la gran araña de cristal que colgaba desde su centro. En su eje principal tenía como fondo la puerta del comedor, la actividad social más impor- tante de la familia, una sala rectangular rematada por un ábside semicir- cular, con cinco puertas-ventanas que le proporcionaban gran luminosi- dad. El brazo transversal del vestíbulo estaba ocupado a la derecha por la escalera de honor, tras la que se camuflaba el acceso al semisótano de servicio, y a la izquierda por una sala abierta al jardín exterior, con cinco grandes ventanales que permitían captar la radiación solar en los fríos y largos meses invernales y abrirlos al exterior en los calurosos días del estío. Los cuatro locales exteriores a la cruz eran despachos de los seño- res, salas de estar para fumar y para el té, etc. El despacho principal, con Fotografías interiores 108
  18. 18. Arquitectura del Palacio de Zulueta acceso desde la cancela de entrada y el vestíbulo central, disponía de una amplia terraza con acceso al jardín aprovechando la orientación sur de la estancia. La decoración interior estaba basada en un uso discreto de la made- ra: zócalos de nogal en los despachos de planta baja, roble en puertas con artesonados curvos y jambaje de estilo imperio y en las pilastras bajo arranque de falsos arcos formando el hueco octogonal del vestíbulo y pinotea en la tarima de los suelos. Junto a la madera es destacable el tra- bajo de la decoración en yeso y escayola de falsos techos y otros elemen- tos decorativos, subrayado por una pintura que imita materiales lujosos. Planta principal o primera y planta de entrecubierta amansardada en la actualidad. La planta principal estaba dividida también según la estructura cru- ciforme de los muros de carga. Las habitaciones de los señores se situa- ban en los ángulos exteriores de la cruz mientras que sus dependencias habituales -vestidores, costurero-tocador, salita de desayuno, aseo, baños y reservados- ocupaban las crujías centrales, aprovechando especialmen- te los dos miradores acristalados de los extremos sur y oeste de la cruz. La reforma efectuada en 1992 modificó sustancialmente la tabiquería de esta planta, no habiéndose encontrado planos que reflejen fielmente la situación anterior. Normalmente se diferenciaba claramente esta planta “solemne” exclusivamente para los señores de la casa y los invitados especiales, de las habitaciones para los hijos, situados en la planta superior, con unas 109
  19. 19. SANCHO EL SABIO dotaciones mucho más espartanas, cuya distribución era similar pero con las limitaciones que suponía la forma amansardada de la cubierta y la pequeñez de las ventanas abiertas en forma de buhardilla elíptica. Única- mente las tres ventanas centrales de las fachadas norte, este y sur, que sobresalían en el frente de fachada tenían relevancia. El desván, poco aprovechable por las cerchas de madera que daban forma a la cubierta, se usaba como almacén. Las fachadas exteriores Exteriormente el edificio se presenta como un cubo regular, al que se le macla una cruz que sobresale en planta y en altura, lo que propor- ciona cuatro fachadas de similar composición. Lógicamente, al no dispo- ner de una planta cuadrada las fachadas alineadas con el eje este-oeste son más apaisadas que las correspondientes al sentido contrario. La estricta simetría en planta del edificio, en los dos ejes de la cruz estructural, que habitualmente genera fachadas idénticas, fue manejada hábilmente por Fausto Iñiguez de Betolaza para diseñar cuatro fachadas totalmente diferenciadas, teniendo en cuenta su orientación y funcionali- dad. Fachada principal 110
  20. 20. Arquitectura del Palacio de Zulueta La fachada principal, de acceso, está orientada hacia el este. Como todas las fachadas está compuesta por tres cuerpos sobre un podio eleva- do, pero aquí una gran escalinata salva la diferencia de cotas uniendo el piso de acceso con el nivel del jardín. Esta escalera desemboca en el vano central del pórtico de entrada que ocupa la totalidad de la crujía central aunque está dividido en tres tramos por dos pilastras de sillería. Estos tres vanos se corresponden con tres ventanales en la planta superior remata- dos por un frente sobre la línea de cornisa, formado por una ventana cen- tral rematada por un gablete de piedra y un pináculo de estaño, con dos ménsulas invertidas que refuerzan la forma triangular del hastial. Junto a este cuerpo central los dos laterales, quedan en segundo plano al quedar- se bajo la línea de cornisa. Las chimeneas de ladrillo macizo que se ele- van en extremos, en línea con las grandes pilastras de sillería de las esqui- nas, subrayan con su verticalidad el remate de la fachada. Fachadas norte y sur. Las dos fachadas norte y sur corresponden a los lados más largos de la casa y aunque su composición es idéntica, el tratamiento del cuerpo central, totalmente abierto hacia el jardín en la fachada meridional y casi cerrado en la norte – con la única apertura para situar le vidriera que ilu- mina la escalera- les proporciona un carácter plenamente diferenciado. 111
  21. 21. SANCHO EL SABIO De casa familiar a la casa de los libros. Con la muerte de Alfredo Zulueta el edificio perdió su esplendoro- sa vida familiar, ya que los herederos apenas hicieron uso del mismo. Tras la guerra civil y el largo periodo del franquismo el Palacio de Zulueta per- maneció con sus puertas y ventanas cerradas a cal y canto, como una fan- tasmagórica casona semioculta detrás de la descuidada valla desbordada por la vegetación. Tras la adquisición del Palacio por el Ayuntamiento de Vitoria- Gasteiz se plantearon diversos usos para el mismo, llegándose a un acuer- do con la Caja Vital Kutxa para instalar allí la Fundación Sancho el Sabio, que de este modo superaba las incertidumbres que planeaban sobre el futuro. El proyecto de rehabilitación de la Casa se encargó al arquitecto Antón Yeregui que realizó una cuidada labor de interiorismo y reparación de carpinterías exteriores e interiores, muy castigadas por años de aban- dono, conjugando las necesidades del nuevo uso con la arquitectura doméstica del Palacio. Se dotó a la casa de nuevas instalaciones eléctri- cas, abastecimiento de agua, saneamiento y climatización, con la inclu- sión de un bloque de aseos en cada planta y ascensor. La intervención más destacada en cuanto a cambios en la tipología fue la prolongación de la escalera hasta la segunda planta, que de este modo quedó plenamente incorporada al cuerpo central del edificio. Lógicamente, se mantuvo el carácter de la planta baja, prácticamente idéntica a su origen, pero fue necesario derribar las distribuciones secun- darias de las demás plantas. De este modo, el sótano se transformó en un gran archivo organiza- do a base de armarios compactos de gran capacidad. La planta baja, donde las reformas fueron mínimas, se habilitó como espacio de recepción, con- trol y distribución, con el comedor transformado en Salón de Consejos, dejando las cuatro salas exteriores para despachos del Presidente y Directora de la Fundación, así como para oficina de apoyo logístico y local para servicios y ascensor. Las plantas superiores se organizaron de manera idéntica, con el espacio de las dos crujías centrales cruzadas totalmente libre de tabiques, 112
  22. 22. Arquitectura del Palacio de Zulueta ocupado por las vitrinas de las distintas bibliotecas, mientras que las cua- tro salas exteriores servían como salas de consultas y lectura en tanto que la última estaba ocupada como en la planta baja, con ascensor y aseos. El jardín fue objeto de una cuidada restauración a cargo del Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, manteniendo el carácter romántico original. Desde entonces pasó a formar parte de la red de espacios públicos de la Ciudad. Con las reformas efectuadas se pudo adecuar el palacete a la orga- nización funcional de la Fundación Sancho el Sabio, habiendo cumplido magníficamente con los objetivos de la misma y acometiendo las tareas de adaptación de la Biblioteca y Archivos a las nuevas tecnologías, para lo que fue preciso transformar el antiguo garaje en sala de escaneado de documentos. A finales de los noventa se detectaron algunas deficiencias en la cli- matización y signos de vejez en las fábricas y las carpinterías exteriores que aconsejaron acometer una nueva rehabilitación de estos elementos puntuales afectados por patologías. Se descubrió además un importante ataque de termitas los complejos entramados de madera de la estructura que soporta la cubierta, que hizo preciso su sustitución o refuerzo por per- files metálicos. Sin duda, algunas patologías surgieron como consecuencia de acciones restauradoras, como la limpieza de fachadas que se llevó a cabo 113
  23. 23. SANCHO EL SABIO mediante el chorro de arena: esta limpieza se llevó también la pátina que consolidaba la piedra arenisca de los recercados de ventanas y de las cor- nisas, con lo que la piedra comenzó a descomponerse superficialmente, desprendiéndose también vetas completas de las piezas más expuestas a la humedad. Estos indicios aconsejaron llevar a cabo una segunda restauración que supuso la renovación total del aire acondicionado, con la instalación de un sistema modular de expansión directa que se adaptaría mucho mejor a los distintos requerimientos de los locales que el sistema unitario de la instalación inicial. 114
  24. 24. Arquitectura del Palacio de Zulueta Se repararon también las carpinterías exteriores, la cubierta –inclui- da su estructura-, limahoyas y limatesas, los canalones y bajantes, res- guardando los remates de piedra que quedaban al descubierto por una pro- tección de plomo. De este modo el Palacio de Zulueta, siguió siendo la Casa de los Libros, la Sede de la Fundación Sancho el Sabio, hasta su traslado a la nueva sede de Betoño el año 2009. 115

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