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TFM Masculinidades

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TFM Masculinidades

  1. 1. El trabajo con masculinidades en prevención de violencia de género: Una aproximación desde el discurso de los expertos The work with masculinities in the prevention of gender-based violence: An approach from the experts’ discourse Trabajo Fin de Máster GÉNERO Y SALUD Estudio original Carla Filipa Pereira Afonso Departamento de Medicina y Cirugía, Psicología, Medicina Preventiva y Salud Pública e Inmunología Microbiología Médica y Enfermería y Estomatología Facultad de Ciencias de la Salud. Director: S. García Dauder
  2. 2. AUTORIZACIÓN  DEL  TUTOR/A  DEL  TRABAJO  FIN  DE  MÁSTER   Centro   FACULTAD  DE  CIENCIAS  DE  LA  SALUD   Titulación   Campus   MÁSTER  EN  GÉNERO  Y  SALUD   DATOS  DEL  ALUMNO/A   Apellidos  Pereira  Afonso  Nombre  __  Carla  Filipa  DNI/Permiso  de  residencia  _  X5543119g   Dirección  Postal_  C/  Blasco  de  Garay,  1-­‐  3ºC.    C.Postal  28015     Localidad  __  Madrid    ___Provincia  _  Madrid     Teléfono  ______________________  E-­‐mail__mteresa.rivas89@gmail.com   TITULO  DEL  TRABAJO  FIN  DE  MÁSTER   El  trabajo  con  masculinidades  en  prevención  de  violencia  de  género:  Una  aproximación  desde  el   discurso  de  los  expertos   LOS/LAS  DIRECTORES/AS   Apellidos  ___García  Dauder________Nombre_____S.__   Apellidos  ____________________________________________Nombre__________________________   AUTORIZACIÓN  DEL/DE  LOS  DIRECTOR/ES   D/Dª.S.  García  Dauder,  profesor/a  del  Departamento  de  Medicina,  Cirugía,  Psicología,  etc.   AUTORIZA   a  D/Dª  .. Carla  Filipa  Pereira  Afonso..,  a  presentar  la  propuesta  de  TRABAJO  FIN  DE  MÁSTER,  que   será  defendida  en  español  (indicar  idioma).   OBSERVACIONES  Y  COMENTARIOS         _Madrid___,  a_26___  de  __Mayo__de  2016___   LOS/LAS  DIRECTORES/AS     Firmado:__________________________________   SR.  PRESIDENTE  DEL  TRIBUNAL  DE  EVALUACIÓN       V06-­‐22062012  
  3. 3.   Índice Introducción………………………………………………………………………….. 6 Objetivos e Hipótesis………………………………………………………………… 10 Material y Método………………………………………………………………….... 12 Resultados…………………………………………………………………………… 14 Conclusiones………………………………………………………………………… 22 Agradecimientos…………………………………………………………………….. 25 Bibliografía………………………………………………………………………….. 26 Anexos………………………………………………………………………………. 29
  4. 4.   Resumen/Abstract Introducción y objetivos La violencia de género en parejas adolescentes en un problema actual que requiere medidas de prevención. En el contexto español la realidad sigue mostrando datos de desigualdad, entre otros, la persistencia de la violencia de género mantenida por roles complementarios de desigualdad entre hombres y mujeres y conductas de control y vigilancia a través de las nuevas tecnologías. En este estudio se pretendió analizar la construcción de masculinidades y su relación con la violencia de género en parejas adolescentes. En concreto, nos interesaba el discurso de los/as expertos/as sobre cómo trabajar masculinidades con fines preventivos. Material y método Para ello se llevó a cabo un estudio exploratorio cualitativo a partir del contacto con tres expertos/as en intervención psicosocial en prevención de violencia de género, a los que se entrevistó y analizó su discurso en función de los objetivos planteados. Resultados Hemos podido constatar, a través de la opinión de los expertos, que los/as adolescentes no tienen conciencia de desigualdad y perciben la violencia de género como un problema de adultos. En prevención, existe una brecha entre el plano de los discursos y el plano de las acciones, así como mensajes contradictorios entre programas institucionales y los medios de comunicación. Es preciso trabajar con masculinidades desde los “haceres”, los privilegios y las relaciones de poder, así como deconstruir nociones de amor romántico basadas en el control y favorecidas por las nuevas tecnologías. Discusión y Conclusiones Los/as expertos/as recomiendan empezar a trabajar desde la infancia de cara a obtener resultados más eficaces a largo plazo, donde interactúen familias, escuela, medios y gobierno para trabajar sobre las causas psicosociales de la violencia basadas en roles dicotómicos complementarios y desiguales. Palabras Clave: masculinidades,   violencia   de   género,   prevención,   igualdad,   adolescentes     Introduction and Objectives Gender-based violence in teen dating is a current problem that requires preventive measures. In the Spanish context, the social reality provides revealing facts that point to the existence of inequality; among others, the persistence of gender violence due to complementary unequal roles between men and women, and the behavior of surveillance and control allowed by new technologies. This study is focused on the analysis of the construction of masculinities and its relationship with gender-based violence in teen dating. In particular, we were interested
  5. 5.   in studying the experts’ discourse on how to deal with masculinities for preventive purposes. Material and method To this end an exploratory and qualitative study was developed by making contact with three experts in psychosocial intervention about gender-based violence. They were interviewed and their discourse was then analyzed on the basis of intended objectives. Results We have been able to verify –through the experts’ opinions- that adolescents lack awareness of inequality and that they perceive gender-based violence as a problem of adults. Regarding prevention, there is a gap between words and action, as well as conflicting messages from both institutional programs and the media. It is necessary to work on masculinities from ‘habits’, privileges and power relationships, as well as to deconstruct romantic love notions based on control and facilitated by new technologies. Discussion and conclusions The experts recommend to start working in childhood so as to achieve better long term results, where interaction of families, school, the media and governmental institutions can interact in order to tackle the psychosocial causes of gender violence based on dichotomous complementary and unequal roles. Keywords: masculinities, gender violence, prevention, equality, adolescents.
  6. 6.   6   Introducción Desde la década de los sesenta, la investigación psicológica sobre el desarrollo humano, con John Flavell a la cabeza, ha puesto su mirada en la construcción de las representaciones y esquemas que están implicados en la concepción del mundo social (Flavell y Ross1 ; Turiel2 ; Turiel, Enesco y Linaza3 entre otros). Dentro de este amplio capítulo, el desarrollo de los esquemas relacionados con los otros ha ocupado un lugar cada vez más relevante dando lugar a fenómenos tan decisivos como son los que se ocupan de los estereotipos, del prejuicio o de las distintas manifestaciones que adquiere la discriminación, el rechazo o la exclusión social. Siguiendo la propuesta de Tajfel4   partimos de que las relaciones con los otros se dan no tanto a nivel personal, sino sobre todo en tanto que pertenecientes a un grupo o categoría social. Una de las más evidentes, y de las más prematuras en el desarrollo humano, es la categoría sexual hombre-mujer. El sistema sexo/género dirige las reglas de la sociedad y el modo como esta se comporta5 . A partir de la división sexual del trabajo y la división de esferas público vs privado, se reparten los roles de cada uno organizando el organigrama de una cultura desde el área de la salud, la educación, hasta el ámbito laboral, familiar y relacional. Izquierdo6 añade que, culturalmente, “la mujer, como el hombre, no son un punto de partida sino un resultado. Esto significa que la mujer y el hombre, es decir, las construcciones históricas, económicas, sociales y psíquicas mujer y hombre, son la respuesta que hemos dado al hecho de que en nuestra especie la procreación sea sexuada y las criaturas totalmente dependientes en los primeros años de vida”. La sociedad patriarcal construyó el sistema sexo/género y con ello la categorización sexual y la dominación masculina7 . Al género femenino se le adjudicó el hogar, el cuidado, la emoción, la pasividad, la sumisión; al género masculino, el ágora, la fuerza, la frialdad, la valentía, placeres garantizados debido al poder que dan por sentado en el interior de una cultura patriarcal8 . A la par que se construye el rol femenino se forma el rol masculino por oposición y complementariedad. Si la mujer se ocupa de la casa, el hombre se ocupa de estar fuera de ella; si la mujer cuida, el hombre produce9 . De esta forma, se camufla la desigualdad entre hombres y mujeres alegando que somos
  7. 7.   7   diferentes “por naturaleza” y que por lo tanto tenemos aptitudes complementarias según nuestro sexo, obviando los solapamientos entre sexos, la diversidad intrasexos y, sobre todo, el carácter social de las diferencias. El patriarcado define un orden social donde quienes cuidan a las personas dependientes son tipificadas y subordinadas como femeninas, “respecto de quienes producen y transforman el medio, y administran las relaciones sociales, políticas y económicas, que se tipifica como masculinos”6 . Bonino7   afirma que lo masculino y sus valores siguen aún asumiéndose en la cultura -y por supuesto también en el ámbito de la salud mental- como paradigma de normalidad, salud, madurez y autonomía, y este androcentrismo parece no requerir cuestionamiento. La complementariedad, base fundadora de la sociedad patriarcal, surge entonces como la función necesaria para el buen funcionamiento de esta sociedad, donde formamos parte de una cadena que sólo funciona si cada sexo/género cumple con su rol. La diferencia crea desigualdades porque se esencializa y porque la sociedad adjudica distinto valor a las actividades adscritas a cada sexo. Tal como afirma Cristina Garaizábal10 , “la división de roles entre unas y otros en la sociedad lleva a que a las mujeres se nos eduque fundamentalmente en el desarrollo de roles expresivos y a los hombres en el desarrollo de roles instrumentales”. Los hombres se ven privados de los sectores más emocionales11 , como es la participación de las dinámicas familiares o expresar debilidades, porque un hombre no llora; y a la mujer se le veta el poder de la opinión, la autoridad, el acceso al espacio público o al no querer cuidar a alguien, está condicionada por el ser buena, que implica la sumisión y ceder siempre a favor de los demás. Los roles de género han estado asentados en los estereotipos que simplifican y prescriben cómo debe comportarse un hombre y una mujer; “además esta forma dominante de entender la masculinidad se concibe en oposición a la feminidad, de tal modo que la masculinidad y la feminidad se presentan como realidades duales, estando condenadas a demarcar los límites de sus fronteras por el peligro ulterior de rebasar las prescripciones asignadas para ambos géneros”11 . Trabajar las relaciones de desigualdad entre los géneros implica la colaboración de hombres y mujeres para la eliminación de la brecha que generan los mandatos de esta
  8. 8.   8   complementariedad. Pero esto no es un puzzle donde las piezas tengan que encajar, esto es una sociedad formada por personas cuyo desarrollo e identidad particular están atravesados por múltiples variables más allá de su sexo y responderán de diferente forma, y a veces se resistirán, a las expectativas y mandatos de género. El modelo de masculinidad dominante está entrando en crisis con los modelos femeninos emergentes entre sectores crecientes de la población12 . Con el surgimiento de los sucesivos movimientos feministas se han producido transformaciones en las relaciones de género y la creación de modelos a seguir como respuesta al cambio. Sin embargo, son muchos/as los que piensan que el cambio no se ha producido por igual en los hombres: el miedo a la pérdida de poder y privilegios ha influido en que se muestren más reticentes a las políticas de igualdad y resistentes a percibir su beneficio para todos y todas8 . A su vez parece haber una mayor desorientación respecto al papel de las masculinidades en una sociedad más igualitaria que pretende alejarse del modelo patriarcal complementario. Siguiendo a Kimmel13, cuando hablamos de masculinidad nos referimos a: “un conjunto de significados siempre cambiantes, que construimos a través de nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros, y con nuestro mundo. La virilidad no es ni estática ni atemporal; es histórica; no es la manifestación de una esencia interior; es construida socialmente; no sube a la conciencia desde nuestros componentes biológicos; es creada en la cultura. (…) Hemos llegado a conocer lo que significa ser un hombre en nuestra cultura al ubicar nuestras definiciones en oposición a un conjunto de otros, minorías raciales, minorías sexuales, y, por sobre todo, las mujeres”. Al contrario que las mujeres, los hombres solamente ahora empiezan a vislumbrar un modelo de acción igualitario, todavía en pruebas se podría decir, pero que requiere conciencia de la desigualdad y reflexión práctica sobre las posiciones de privilegio; nuevos modelos de “ser hombres” más allá del modelo hegemónico de masculinidad, que se define como un esquema culturalmente construido en donde se presenta al varón como esencialmente dominante y que sirve para discriminar y subordinar a la mujer y a otros hombres que no se adaptan a este modelo12 . Así, en la sociedad actual hay una cierta crisis de identidad de los roles mencionados, no se quiere hablar de Mujer o de Hombre, sino de mujeres y de hombres; se demanda más
  9. 9.   9   flexibilidad y variedad, sin normas tan rígidas o estanco en la formación de las varias masculinidades y feminidades. No obstante, el dualismo sigue regulando el orden social, y siguen existiendo desigualdades e inercias sociales que chocan con los intentos de transformación dando pie a diferentes violencias. Junto a ello, “se presenta la heterosexualidad como modelo preponderante, esencializado, ‘correcto’ y no únicamente circunscrito a las prácticas sexuales, sino íntimamente relacionado con la normatividad social, con el heterosexismo”14 . Los estudios nos dicen que las diferentes formas de masculinidades hegemónicas, entre las pandillas adolescentes, siguen prevaleciendo en relación a otros modelos y, con ello, la violencia de género sigue siendo una problemática asociada que requiere especial atención por parte de todos/as15,16,17,12 . A pesar de la existencia de leyes que protegen los derechos humanos y en especial los derechos de las mujeres, o manifestaciones culturales en contra de la violencia, no se puede suponer que la misma desaparezca de las nuevas generaciones de hombres y mujeres automáticamente18 . Hoy en día, bajo una supuesta igualdad, se siguen manteniendo los estereotipos sexistas en las nuevas generaciones. Da la impresión de que nos encontramos ante una vuelta de la cultura del honor en su sentido más tradicional y más violento19,20,21 . Según García de las Heras22 : “Las víctimas de violencia de género menores de 18 años van en aumento, un 15,4% más en 2014 con respecto al año anterior, pero lo más preocupante es la falta de percepción entre los jóvenes de la violencia de control y la asunción de peligrosos estereotipos machistas entre la población joven”. Estos datos constituyen ciertamente un problema y un retroceso en el campo de la igualdad y nos invitan a indagar qué está ocurriendo en la construcción de los roles de género, particularmente en las relaciones de pareja de las nuevas generaciones bajo las concepciones del amor romántico, el uso de las nuevas tecnologías, los mecanismos de control. Como señala Seidler23 , “Los varones jóvenes a menudo crecen dando por sentada su superioridad. Viendo que sus hermanas son tratadas de modo distinto, dan por sentado sus privilegios como hombres. Ello contribuye a mantener la existencia de unas formas de masculinidad en las que los jóvenes
  10. 10.   10   pueden considerar que tienen que estar continuamente a la defensiva y en guardia para probar sus identidades masculinas”. Como fenómenos paralelo, las mujeres jóvenes “que han crecido con las ventajas conseguidas por las feministas de los setenta y los ochenta, tienen una mayor consciencia de sus derechos y de la igualdad de género. Aunque también pueden negarse a identificarse con el feminismo”23 . Ambos fenómenos dificultan la conciencia de desigualdad y de las bases estructurales que son raíz de la violencia de género y de sus conatos en las relaciones de noviazgo entre jóvenes. Trabajar con la población masculina es fundamental de cara al aumento de las posibilidades de transformación y cambio social24,25 ; es más difícil hacer surgir nuevos modelos de interacción social si sólo se trabaja en prevención desde el sector femenino sin trabajar con el masculino, y se perpetua la problemática como un tema de mujeres. Por ello, necesitamos investigar la construcción de diferentes masculinidades y cómo afectan a las dinámicas en sociedad y en concreto a las relaciones de pareja. Explorar cómo se está trabajando con los jóvenes de hoy día, en particular los varones, la construcción de sus masculinidades y cómo esto afecta a sus relaciones de noviazgo. El objetivo con ello es detectar necesidades de intervención y poder diseñar un plan de acción para frenar la violencia que sigue existiendo en las relaciones afectivas de los jóvenes. Objetivos e hipótesis El presente trabajo de investigación tiene tres objetivos generales: 1) Analizar la construcción de las masculinidades hegemónicas como factor de riesgo en la violencia de género en las parejas adolescentes heterosexuales, a través de la mirada de 3 expertos/as en intervención psico-social en violencia de género. 2) Analizar cómo los/as expertos/as en intervención psicosocial están trabajando con masculinidades en prevención de violencia de género. 3) Utilizar el conocimiento de expertos/as sobre masculinidades en la elaboración de posibles programas preventivos socio-educativos sobre violencia de género. En función de ello, se han establecido los siguientes objetivos específicos:
  11. 11.   11   - Constatar, desde la mirada de expertos/as en violencia de género, las transformaciones de los roles femeninos y masculinos en las parejas de adolescentes; - Explorar por medio de los/as expertos/as en violencia de género si ha habido cambios en los comportamientos de varones jóvenes respecto a los varones adultos; - Explorar, a través de las entrevistas realizadas a expertos/as en violencia de género, si los adolescentes, mujeres y hombres, son sensibles a la violencia de género; - Explorar, a través de las entrevistas realizadas a expertos/as en violencia de género, si los adolescentes, mujeres y hombres, son conscientes de las desigualdades de género; - Analizar desde la mirada de los/as expertos/as hasta qué punto las nuevas tecnologías son facilitadoras de conductas de violencia de género en las parejas de adolescentes; - Explorar, a través de las entrevistas a expertos/as, cómo trabajar masculinidades para prevenir violencia de género en parejas de adolescentes; - Analizar, a través de las entrevistas a expertos/as en violencia de género, qué fuentes de socialización son factores de riesgo en violencia de género y en el mantenimiento y potenciación de roles machistas. A partir de dichos objetivos, se han planteado las siguientes hipótesis: H1: Los/as adolescentes de hoy día interactúan en sus relaciones de pareja asumiendo que la igualdad ya ha sido conseguida y no tienen conciencia de la violencia de género como fenómeno que también les afecta; H2: Las masculinidades hegemónicas son factores de riesgo en violencia de género; H3: El trabajo con masculinidades es fundamental en el proceso preventivo respeto a violencia de género; H4: Los medios de comunicación, con sus modelos de referencia, son una fuente de socialización clave para el mantenimiento de los roles tradicionales y la resistencia a nuevos modelos de género;
  12. 12.   12   H5: Las masculinidades hegemónicas siguen siendo transmitidas por la familia/escuela llevando a la desigualdad en las parejas adolescentes heterosexuales. Material y Método Diseño y técnica de recogida de datos De cara al estudio de los fenómenos sociológicos, los métodos cualitativos se han revelado los más indicados y eficaces a la hora de obtener resultados explicativos de los sucesos sociales. Dentro de ello, la entrevista en profundidad, técnica cualitativa de recogida de información elegida en este estudio, permite al/la investigador/a explorar, no sólo las particularidades de una determinada sociedad, sino también analizar la variedad de discursos y la idiosincrasia de los/as entrevistados/as quienes a su vez forman parte de la sociedad que explican. Al trabajar el fenómeno social y de salud pública de la violencia de género en parejas de adolescentes, teniendo en cuenta la construcción de las masculinidades, nos parecía adecuada la utilización de una técnica como la entrevista que nos facilitase recoger información amplia y de manera informal. Así, el carácter de la entrevista en profundidad nos ha permitido encuentros cara a cara con especialistas y, a través de preguntas de respuesta abierta, que pudieran exponer y desarrollar sus puntos de vista. Elegida la herramienta facilitadora de información, se estructuró un guión de preguntas con el objeto de establecer una conversación con un hilo conductor entre investigadora- entrevistado/a, con fines orientados a los objetivos de la investigación, donde expertos/as en el tema pudieran exponer sus experiencias y creencias. Las entrevistas tuvieron una duración de alrededor de una hora. Las primeras dos han tenido lugar en el local de trabajo de los expertos en cuestión y la última en una cafetería de Madrid que proporcionaba las condiciones necesarias para mantener una conversación. Todas las entrevistas fueron grabadas (audio) con la autorización previa de los participantes, en un ambiente relajado y siguiendo un guión semi-estructurado, de tal forma que, a medida que iban surgiendo respuestas, podrían aparecer nuevas dudas/preguntas.
  13. 13.   13   Ámbito de estudio y muestra Para la selección de los expertos a entrevistar se tuvo en cuenta que fueran personas que pudieran aportar información relevante para responder a la pregunta de investigación y como tal lograr los objetivos del estudio. Los criterios de selección fueron: profesionales de la psicología clínica o intervención psicosocial, que trabajasen desde una perspectiva de género, con adolescentes y que hubieran tratado de forma directa o indirecta con violencia de género. Junto a ello, que fueran físicamente accesibles y quisieran participar de forma voluntaria como informantes. Debido a las características del TFM, el número de entrevistas no se determinó en función del principio de saturación de información, es decir, hasta que ésta comenzase a ser redundante (ya que generaría un trabajo demasiado extenso y se saldría de las normativas del mismo); en este caso, el análisis se redujo a tres entrevistas en profundidad. No obstante, el material analizado sí nos ha permitido un primer estudio exploratorio para seguir investigando en un futuro la construcción de las masculinidades en adolescentes y su relación con la violencia de género y su prevención (tanto mediante metodologías cuantitativas como cualitativas). En la siguiente tabla exponemos las características de los/as tres expertos/as entrevistados/as: Experto 1 (E1) Fabián Luján Acebedo. Sociólogo. Experto en Coordinación de Grupos comunitarios para la salud. Experto en masculinidad y trabajo con hombres. Experto 2 (E2) Ana García Mañas. Psicóloga. Centro de Planificación Familiar para Jóvenes. Psicoterapeuta con formación de género, psicología y sexología. Experto 3 (E3) Miguel Ángel López Sáez. Psicólogo en Fundación DIAGRAMA y Fundación ASPACIA – trabaja con menores agresores y menores en riesgo, tutelados por la CAM.     Análisis de datos y consideraciones éticas Tras la transcripción de las entrevistas (Anexo II), se procedió a su análisis, seleccionando, ordenando y clasificando ejes temáticos o discursivos en función del marco teórico y los objetivos de la investigación. La estrategia de análisis ha sido el análisis del discurso para identificar “repertorios interpretativos” y sus variaciones a partir de la información aportada por las personas entrevistadas.
  14. 14.   14   Se les ha hecho una petición verbal para utilizar sus nombres en el TFM, que se puede corroborar en el audio y en los e-mails intercambiados. Resultados En función de los objetivos de la investigación, la información obtenida en las entrevistas ha sido sintetizada, clasificada y analizada en los siguientes ejes temáticos o discursivos. La violencia de género “es un problema de adultos” Nos interesaba conocer, en primer lugar, cuál era la opinión de los expertos a partir de su experiencia profesional sobre la conciencia de equidad de género de nuestra sociedad y, en concreto, de jóvenes –varones y mujeres- y hasta qué punto la perciben como un valor social a tener en cuenta en el proceso socializador. Según E1, sociólogo-experto en masculinidades, la equidad de género No es un valor que los individuos tengamos incorporado. Y con los adolescentes pues siento que tampoco les podemos pedir que lo hagan porque desde el mundo adulto tampoco está incorporado. No siento que eso sea algo que se planteen los adolescentes, posiblemente el problema es que den por hecho que viven en una sociedad igualitaria. (E1) Este experto llama la atención sobre el hecho, la “fantasía adulta”, de querer cambiar a nuestros jóvenes sin cambiarnos a nosotros/as como adultos/as, como si fueran cosas independientes; y a cómo la sociedad en general no tiene incorporado el valor de la
  15. 15.   15   equidad por cuanto se asume que la igualdad ya está conseguida entre hombres y mujeres. Los jóvenes, en definitiva, no hacen más que reproducir lo que ya está presente en la sociedad: A los adolescentes no les podemos pedir algo distinto a lo que estamos haciendo nosotros. ¿Cómo les vamos a pedir que tengan relaciones de equidad si lo que les damos no tienen nada que ver con equidad? Es una fantasía del mundo adulto, Si tu les estás dando estas películas, esta sociedad, este mundo ¿qué van hacer ellos y ellas? Pues reproducirlo. (E1) La disociación que los/as adultos/as hacen al presionar a la juventud para un cambio donde ellos y ellas, adultos y adultas, no quieren participar, empuja a alejar a los adolescentes de su proceso como miembros de la sociedad en que viven. Según la experiencia de E2, psicóloga y experta en intervención psicosocial con adolescentes, pareciera que ser joven es algo autónomo de la influencia de una persona adulta y ellos/as mismos/as se perciben como parte no integrante de la sociedad: Ellos no perciben que sus problemas son como el resto de la humanidad (…) y quizá porque es algo que me pasa solo a mí no lo identifico como algo que sucede en el resto del entorno. (E2) La idea de que el colectivo joven siente que vive ya en una sociedad igualitaria se ve reflejada en el discurso de los expertos de varias maneras. Los informantes manifiestan que los/as adolescentes perciben la violencia de género como algo ajeno a su realidad, son conscientes de que existe, pero que es “cosa de adultos”: “Esto les pasa a otros pero no a mí”, es decir, yo veo las noticias de hoy de la mujer de Zaragoza, porque eso los adolescentes lo ven, lo ven igual que todos, pero piensan, “Adultos de Zaragoza…”, sobre todo que lo tienen muy asociado al mundo adulto. (E2) Los informantes también señalan, a partir de su experiencia, la ausencia de marcos interpretativos estructurales, en la sociedad en general y en la juventud en particular, que tienden a percibir sus problemas con la violencia de forma individual y/o psicológica, “mi novio es así”, como parte de sus vivencias idiosincrásicas. Como refiere E2 en uno de sus testimonios: Lo que les sucede no lo interpretan como desigualdad de género sino como algo que les pasa individualmente. “¡A mí mi novio me mira el móvil porque mi novio es así!”, no porque haya afán de control desde lo masculino, no porque a los hombres se les enseñe o porque los celos se gestionen de una manera distinta si eres hombre o mujer, sino porque él es así, igual que una amiga mía es así. (E2) Los expertos, no obstante, refieren la idea de un discurso de cambio, pero que después no se lleva a la práctica, ya sea por demasiados miedos o por falta de medios. Aluden a la necesidad de cambios estructurales e integrales en diferentes niveles, y la ineficacia de intentar cambios individuales sin hacerlo socialmente, “serían solo parches”. Como expresa E1, “la propia sociedad desea cambiar sin cambiar”; o, como explica E3, psicólogo con experiencia en trabajo con menores agresores, refiriéndose a la brecha
  16. 16.   16   actual entre discurso y acciones que promueve la confusión y genera dificultades en los jóvenes a la hora de decidir cuál será la mejor actitud a tomar, pues lo que se defiende no es lo que se hace o lo que ven en los medios: Hay una base, una estructura social de desigualdad, queremos cambiar los individuos pero que lo social no se transforme, pero va a ser imposible, tiene que haber un cambio interno, un cambio relacional, un cambio social a la vez, si no, ponemos parches. (E1) Cuando llegamos sobre todo al trabajo de los celos y del control es muy complicado porque lo tienen muy normalizado y además te ponen ejemplos de lo que pasa en la tele, de lo que ellos ven en su día-a-día. No se nos puede olvidar eso, y lo que tenemos que hacer es ver cómo se puede convertir eso en un referente negativo o en un aliado. Trabajamos también que ni todo lo que sale en los medios es real. A través de dinámicas de “¿Cómo debería ser un hombre?”, ellos mismos se dan cuenta de que no cumplen todo eso de la identidad masculina tradicional y que ellos mismos podrían sufrir insultos al no estar dentro de la caja. (E3) Hay unanimidad entre los entrevistados acerca de la necesaria utilización de los recursos públicos para la prevención de violencia de género, pero también en la falta de coherencia a la hora de ponerlos en práctica. Las leyes existen, la sociedad pretende ser igualitaria pero, como afirma E3: Aunque la administración diga una campaña, luego parece que está diciendo la contraria. Qué mensaje estoy dando como sociedad cuando se eliminan asignaturas como Educación para la Ciudadanía que tenía competencias especificas en materia de equidad de género y diversidad afectivo sexual, y se deja como optativa, alternativa, en muchas ocasiones, la Religión. Los expertos son de la opinión que tal disonancia cognitiva entre creencias y realidad social se refleja en los/as jóvenes, adquiriendo la percepción de que ya no hay desigualdades y por lo tanto: No perciben diferencia de género en la distribución desigual de los roles, no perciben que el acceso a los trabajos sea diferente. Incluso, ya en la universidad, que ya tienen 22/23 años creen que en los trabajos cobramos lo mismo… y eso en la pareja lo codifican como esto me pasa a mí y no como esto nos pasa como grupo social a las mujeres y a los hombres. (E2)   El trabajo preventivo con masculinidades: De las emociones a los haceres y al estatus Al centrar el estudio en la violencia de género en el noviazgo adolescente, queríamos conocer cómo veían nuestros/as expertos/as, a partir de su experiencia profesional, la postura de los/as jóvenes respeto a los roles desiguales de género. E2 nos explicaba: Tengo la sensación de que les incomoda la relación con su propio privilegio (a los varones), es decir, “yo estoy en una situación de poder privilegiada, ¿cómo puedo moverme desde esa posición sin hacer el mal o sin ser culpabilizado por mis propias creencias?”. Entonces se resisten a cambiar pequeñas cosas porque eso les lleva a darse cuenta de que no pueden seguir manteniendo esa postura de esa posición de poder. Y a las chicas adolescentes les jode verse en una posición de sumisión porque ahora mismo los ideales de feminidad son que tú eres todo, eres hipersexual, súper trabajadora, súper guay y también eres macarra; tienes que hacer malabares con la vida, estar buena, ir al gimnasio, y al final pues decir, “No no”, aunque hagas todo y seas capaz, fíjate que estás en una posición subordinada. De eso no quieren saber nada, no lo ven, no es tan visible, se ha generado esa capa, creen la igualdad ya está conseguida.
  17. 17.   17   En la línea de lo que comenta E2, de las resistencias masculinas a la renuncia de privilegios y de mandatos de género imposibles en la feminidad, E1 reflexiona sobre la construcción del rol masculino desde la infancia como rechazo, “desprecio”, de lo femenino convertido en inferior, “secundario”, y como uno de los primeros actos de microviolencia: El guión social de la masculinidad viene desde la infancia y se ve bastante pronto. Tiene que ver con el desprecio al mundo femenino, a la necesidad de diferenciarme, de despreciar, con lo cual me pongo por arriba, no es que quiera ser distinto es que lo mío es mejor. Y ese desprecio se ve ya desde una muy temprana infancia. (…) Posiblemente el desprecio sea la primera violencia que sufren las niñas por parte de sus compañeros, de muchos modos, habría que ver esas micro violencias que se dan ya en la infancia y que las niñas incorporan, ese ser de segunda. Como los niños incorporan desde muy tempranito el ser de primera, el ser ciudadano de primera clase, y eso lo incorporan desde muy temprano. Así, según los/as informantes, la diferenciación junto con la jerarquía juegan un papel importante en las relaciones entre hombres y mujeres. En ese sentido, los entrevistados hacen alusión a la socialización diferencial emocional entre chicos y chicas, pero también advierten que la prevención de violencia sería incompleta si solo se centrara en la gestión de emociones, o solo en creencias igualmente; según E1 tiene que partir de los “haceres”, de las conductas, y apuntar al “estatus”, es decir, a las relaciones de poder: Creo que hay algo importante en el trabajo con hombres que es centrarse mucho en los haceres masculinos, en lo que hacemos, no tanto en lo emocional: qué hacemos los hombres en relación a las mujeres. Del qué hago; luego podemos investigar qué emoción y qué creencias implica hacer lo que hago, pero los haceres masculinos, las conductas, creo que son muy importantes y es algo de lo que no se habla. (E1) En tono irónico, E1 insiste en esta idea: Qué tiene que ver el hecho de que yo no limpie el baño con el mundo emocional de las tristezas, miedos… ¿Yo no limpio el baño por miedo? ¿Porque me da miedo? No. ¿Desarrollando mi mundo emocional voy a limpiar el baño? No, no tiene nada que ver, yo no limpio el baño porque no quiero y de una manera u otra se lo exijo a mi compañera, esa es la violencia, la expectativa de que la otra vaya hacer lo que yo creo que tenga que hacer. (E1) Según nuestros/a expertos/a, el miedo a la pérdida de privilegios es un denominador común entre chicas y chicos. Muchas veces perciben sus roles actuales como ganancias que no quieren perder por miedo a lo que significa el cambio, en qué lugar les va a poner. E2 lo explica desde el punto de vista de los varones: Creo que hay cosas que han cambiado, pero por otro lado los hombres se niegan a compartir el poder, quieren seguir destacando en ciertas cosas y cuando no destacan se les genera esa rabia que se gestiona muchas veces de forma violenta. (E2) Y E3 lo complementa abordando el aparente privilegio por parte de las chicas: Siempre ha habido un discurso muy positivo sobre el eufemismo de la caballerosidad, no se ha considerado que era una forma de declarar a la otra como vulnerable, “Soy educado contigo porque te considero inferior”, eso es lo que no se ha dicho hasta ahora. Es muy difícil que yo como chica diga, “No quiero que dejen de abrirme la puerta, que me cedan el sitio. Yo no quiero
  18. 18.   18   renunciar a estos privilegios”. Es que no son privilegios, no lo hacen porque tú seas una privilegiada, lo hacen porque te ven inferior, y eso es lo que no queda claro. (E3) Construir una sociedad de equidad pasaría, según los profesionales entrevistados, por una intervención en las relaciones de poder y el estatus, pues como indica uno de nuestros expertos: El tema de la violencia no es algo que tenga que ver tanto con la diversidad, sino más bien con las jerarquías y en relación a las mujeres. (E1) En el trabajo nos interesaba conocer de la mano de los/a expertos/a si consideraban relevante y cómo se estaba trabajando con masculinidades en violencia de género. E3 no duda en sentenciar que: La perspectiva de género lo es todo, así te lo digo, (…) en el nuevo PRIA (Programa de Intervención con Agresores) ya se tiene una intervención con perspectiva de género que anteriormente no se tenía. Es esencial porque también nos estamos posicionando de diferente manera, si nos posicionamos desde una perspectiva cognitivo-conductual quizás solamente lo estamos viendo desde el trastorno, desde el modelo clínico de patologización y lo que yo trabajo no es una patología. Por otro lado, E1 habla desde su experiencia en intervención de la necesidad de una perspectiva de género que trabaje con masculinidades, pero no tanto desde el bienestar del propio individuo, “el foco no puede ser yo yo yo”, sino de cómo se relaciona con su compañera: La perspectiva que siento es necesaria, que yo intento poner en práctica, no es tanto mí propio bienestar, sino qué puedo hacer yo para generar bienestar en mi entorno. Y si genero bienestar en mi entorno, igual yo me sienta bien por generar ese bienestar en mi entorno, pero el foco no puede ser yo yo yo. (E1) Así, se defiende una perspectiva de intervención relacional, donde los hombres se sientan responsables por sus conductas y puedan ver que sus actos tienen consecuencias. En esa línea, E1 y E3 refieren: Yo siento que lo que yo trabajo y donde pongo mucho la perspectiva (…) es en el relacional no tanto el yo yo yo, sino tú en relación a. (E1) Vamos a identificar los tipos de violencia pero con el daño que se causa, con la consecuencia del daño que se causa. (E3) E2 desde su intervención en prisiones, en programas de tratamiento penitenciario en violencia de género, incide en la voluntariedad de los tratamientos y en los pequeños pero importantes cambios que pueden conseguir “cuestionando cosas”: Tiene que ser una intervención en que la persona quiera participar. Creo que ahí la voluntariedad es fundamental, ellos tienen que venir porque ellos crean o porque ellos quieran, pero en cualquier caso con cualquier tipo de demanda terapéutica las personas que trabajamos con perspectiva de género hacemos cambios, cambios pequeños en la masculinidad pero chulos. Y se pueden trabajar muchas cosas que hacen a la gente cuestionar cosas porque si no nadie se cuestiona nada. (E2)
  19. 19.   19   Es sabido que muchas veces la participación en este tipo de programas con los agresores es “obligatoria”, esto de partida dificulta la intervención y los resultados que se pueda sacar de ella; llegar a los agresores, conseguir que asuman responsabilidades y provocar un cambio no parece ser tarea fácil; no obstante, E3 nos cuenta la aplicación de estrategias utilizadas: Una de las cosas que se trabaja es la asunción de que se ha hecho algo mal, pero no se trabaja desde el juicio… se mostrarían muy reacios. Lo que vamos trabajando son situaciones y la violencia que va surgiendo en esas situaciones, el daño y a quién se va causando ese daño, que son la víctima, la familia, los hijos, y también lo vamos trabajando desde las propias identidades, trabajando el género desde una perspectiva más transversal. (E3) En prevención primaria con jóvenes, el trabajo con masculinidades y feminidades varía según se trabaje con chicos o chicas. Como comenta E3: La intervención con mujeres va en la línea de empoderamiento y cuando se interviene con chavales va mucho más en la línea de vamos a deconstruir nuestra masculinidad, porque la idea de las nuevas masculinidades nosotros la trabajamos desde la deconstrucción de la masculinidad, es la única forma de acercarnos a muchos aspectos de la feminidad que son súper positivos, por no decir todos, que la nueva masculinidad tiene mucho de feminidad. (E3) Las “nuevas masculinidades” van dirigidas a una reflexión que confronte actos automáticos y naturalizados de chicos y chicas, que funcionan como verdades incuestionables por identificación con modelos y, a partir de ahí, la búsqueda de referentes alternativos. E3 cuenta cómo trabaja esta toma de conciencia: Con los adolescentes se trabaja mucho la confrontación desde los referentes, otros modelos en que ellos y ellas puedan fijarse, desde la identificación porque identificarse como agresor es duro pero identificarse como víctima es mucho más duro. (E3) También se trabaja el tema de privilegios. ¿Qué privilegios tienen mujeres, qué privilegios tienen hombres, de qué manera socialmente? La confrontación es mucho mayor. (E3) Finalizando el tema de los programas de intervención y sus estrategias más adecuadas, E3 nos alertaba sobre de la extrema relevancia de tener interventores que entiendan y conecten con la cultura que se está trabajando: Tengo que empaparme de la ideología feminista, y de la ideología y contexto sociocultural donde se mueven; para la intervención terapéutica es clave, si yo no conecto con sus modelos, sus referentes, con la base de donde vienen, no estoy conectando con sus creencias. ¿Cómo voy a saber cómo confrontarles? ¿Cómo voy a saber qué modelos exponerles, con qué modelos ejemplificarles? Creo que sería un grave error tratarlo como una patología, y creo que no sería eficaz. (E3) Junto a ello, la necesidad de formar a los profesionales que trabajan directamente con estos chavales, ya que el organigrama de los programas de intervención está circunscrito a un número de sesiones limitado: Se trabaja con los profesionales que están tutelándoles diariamente para que ellos sigan trabajándolo y sí nos dicen que hay ciertos cambios, incluso en las relaciones que se establecen; las chicas saben cuándo identificar cuando están viviendo violencia de una forma más temprana,
  20. 20.   20   cuándo apoyarse las unas a las otras identificando que lo que está sufriendo la otra es violencia. ¡Eso es un paso grande! (E3) Concepción de pareja en los/as adolescentes: ¡Llegamos tarde! Al abordar con los entrevistados el tema de las primeras relaciones amorosas que se producen en la adolescencia, estos están de acuerdo en afirmar que intervenir en esta fase puede ser demasiado tarde, ya que la formación de roles acerca de lo que deben hacer chicos y chicas empieza mucho antes: Llegamos súper tarde en la adolescencia. Por lo evidente, desde que nacemos o desde que nace el bebé se lo inserta en este mundo en un guión de vida social que si eres chica es uno y si eres chico es otro. (E1) Este guión social al que se refiere E1, fomenta la segregación y diferenciación de espacios, ocio y consumo, en definitiva una división en dos grupos, por lo que no es de extrañar que no se entiendan y se miren con rareza en las relaciones de noviazgo adolescentes. E1 comenta la situación desde el punto de vista de los varones: Llegamos a la adolescencia y resulta que tiene que gustarme esa, a quien no he mirado en mí vida, no me he preocupado, no he aprendido a conversar con ella, me he creado en un ambiente homo-sociable entre chicos (…). Llegamos súper tarde, llegamos ya con una carga de creencias interiorizadas en relación a lo que son las mujeres enorme, que son las creencias que hay que desmontar, creencias sobre mí en relación a ellas. (E1) Junto a ello, los/a expertos/a nos explican cómo se mantienen las concepciones del amor romántico, fantaseando un ideal de pareja donde todo es perfecto. Trabajar con este mito es complicado y es necesario el aprendizaje de negociar: Lo que hacemos es desilusionarles todo el rato, decirles que estar en pareja no es maravilloso, no es siempre el amor romántico; estar en pareja es negociar todo el rato, no hay democracia de dos en cada decisión, va a ganar uno y van a tener que cambiarlo por una decisión en otra cosa y cuando hay discrepancia no se puede llegar a un acuerdo y ahí hace falta negociar. (E2) Nuestros adolescentes perpetúan un ideal de pareja tradicional donde la fidelidad ocupa un lugar de relieve. La clave, como explica E3, es el lugar que la confianza y el acuerdo o el control y los celos ocupan en la gestión de la relación: La fidelidad sale como elemento muy central; nuestros jóvenes a día de hoy no hablan de parejas abiertas u otros modelos, no, fidelidad tradicional, pero el caso es cómo la entendemos. ¿Se entiende desde el control o desde la confianza? Porque si se entiende desde la confianza en el otro y la autoconfianza en uno mismo no tiene por qué ser dañina, es un acuerdo en una pareja; pero si se entiende desde el control al otro, desde la duda en el otro, ahí nos planteamos dificultades, de la posesión, de los celos, de la desconfianza. (E3) Al hablar de estar en pareja, los/a expertos/a cuentan cómo nuestros adolescentes se vuelven inseguros y con necesidades de control (principalmente los varones), algo facilitado por las nuevas tecnologías y que se normaliza entre chicos y chicas:
  21. 21.   21   Establecen un control sobre cómo tiene que ir vestida, con quién se relaciona, sobre todo esto, con quién se relaciona, les preocupa mucho, y ese control se establece a través de las nuevas tecnologías. Envíame tu localización. Tienen súper normalizado responder sin enfadarse a los mensajes de, ¿Qué haces?, ¿Con quién estás? Aun así no se puede hablar de una violencia indistintamente entre adolescentes, es distinto, las mujeres adolescentes que al fin y al cabo son dobles victimas, porque se creen esa forma de respuesta, se han creído el sistema donde viven, se han creído esa ideología machista como algo totalmente normal, como algo a lo que tienen que responder, esa violencia es cometida contra la mujer por el hecho de serlo. (E3) Se entiende, por parte de los expertos/a, que esta necesidad de control es una característica de la cual los varones no son conscientes, ya que el discurso que manifiestan es bien distinto manteniendo un doble mensaje/vínculo: Oficialmente los adolescentes quieren una novia que no les agobie, es lo que venden, “Yo lo que quiero es una tía que no me persiga, que me deje ir con mis amigos”, pero luego cuando tienen ese tipo de chica lo que quieren es, “¿Y con quién vas?”, y “¿Qué has hecho?” De alguna manera no es eso que quieren porque luego buscan todo lo contrario, el control, el saber en todo momento qué está haciendo el otro, las inseguridades. Cuando empieza el vinculo entra la inseguridad y ahí como no lo puedo controlar recurro a la violencia, pero oficialmente lo que quieren es una chica maravillosa, que sea súper simpática que se lleve bien con todo el mundo. (E2) Según nuestros informantes, es la propia sociedad la que envía estos dobles mensajes y existe mucha confusión en los mandatos y expectativas de género. Esto lleva a que nuestros/as adolescentes reciban informaciones contradictorias desde diferentes estancias (por ejemplo, las administraciones y los medios de comunicación): Hay poco cuidado social porque están muy normalizadas determinadas relaciones de noviazgo; y la imagen que se da desde los medios es otra, se puede tener una campaña de la Administración sobre la violencia que hay en el whatsapp y a la vez tener series de televisión que muestran referentes femeninos que al fin y al cabo aunque sean muy modernas terminan ocupándose de la casa y de las tareas domesticas, y si no es eso que a lo mejor ha cambiado un poco, tenemos referentes masculinos muy machos, o sea, independientemente que la mujer salga con otro rol, los referentes masculinos siguen siendo muy machos, el éxito social es muy macho e incluso el éxito social de las mujeres son modelos masculinizados en muchas ocasiones. (E3) Se habla de responsabilidad social, del papel de la educación activa por parte de las familias y de la fuerza que tienen los media especialmente en los adolescentes: Que si las familias no están de apoyo para los adolescentes, muchas veces se pueden dejar llevar por cosas tan sencillas como el cine. (E2) Por todo ello, según los/as entrevistados/as, la dinámica de las parejas adolescentes no se ha desviado de los roles tradicionales. Las chicas ocupan un lugar más comprensivo y sumiso: A las mujeres nos queda mucho para aprender a negociar bien, identificar lo que queremos, expresarlo y arriesgarnos al conflicto que muchas veces nos da miedo a que se enfaden: que si se enfada se enfada, ¿pero tú qué quieres? tú a lo tuyo también, que él va a lo suyo, que a ellos sí que les han enseñado a ir a lo suyo, a no tener miedo al rechazo, a arriesgarse que haya conflicto y al día siguiente todos tan amigos. Nosotras tenemos un conflicto y parece que se nos cae el mundo, que tenemos que ser siempre las más majas. Hay que currar con ellas para que hagan valer los que ellas quieren y que lo tengan muy claro, Yo puedo cambiar esto pero esto otro me lo tienes que dar porque si no vas perdiendo, y vas perdiendo el terreno. (E2)
  22. 22.   22   Y los chicos utilizan el control como demostración de cariño. Ambos siguen refiriendo conductas violentas como algo normal y necesario. Como sostiene E2 al referirse a los celos: Fíjate, los celos es algo que no termina de verse como algo negativo, como que un poquito de celos es bueno porque así demuestra que sí me quiere. “Un poquito de celos, no muchos”, dicen… Bueno en algo hemos cambiado, pero hay que cambiar más ¡Ni un poquito de celos es necesario! (E3) Conclusiones Este trabajo se enmarca dentro de un proyecto más amplio donde se pretende analizar de qué manera se puede prevenir la violencia de género en las parejas adolescentes desde la formación de nuevas masculinidades que puedan promover conductas de igualdad. Para tal objetivo, las entrevistas que hemos realizado con expertos en intervención y prevención de violencia de género nos han aportado un punto de partida fundamental para delinear futuros ejes de investigación. En primer lugar, encontramos acuerdo en el discurso de las/os informantes de que no existe una conciencia entre los adolescentes de desigualdad, sino más bien lo contrario, la ceguera de género y la fantasía de la igualdad. De ello deriva su percepción de que la violencia de género “es cosa de mayores” y no les afecta18 . Por otro lado, los entrevistados refieren la falta de marcos estructurales y de conciencia social para abordar las desigualdades. Además, aunque el trabajo de prevención/intervención se tenga que hacer con ambas partes, chicas y chicos, se percibe la necesidad de trabajar con los varones “sus masculinidades”, en el sentido de que sean conscientes de sus privilegios, de las relaciones de poder, que identifiquen los micromachismos y las micro-violencias que generan determinadas conductas en sus relaciones de pareja. Como señalan Colás y Villaciervos15 , “se observa que los chicos tienen más arraigados los estereotipos de género que las chicas. Siendo en ambos casos elevada su interiorización. Los adolescentes parecen mantener más consolidados los estereotipos de género que las adolescentes”. De ahí la necesidad de trabajar en conciencia y sensibilización, así como en los efectos de los estereotipos de género en la limitación de modelos a seguir y en la prescripción de conductas o mandatos de género. Pero trabajar no sólo con creencias estereotipadas o con gestión de emociones, también partir –como especifican las personas entrevistadas- de “los haceres”, de las situaciones y conductas
  23. 23.   23   específicas con el objeto de romper esa brecha detectada entre discursos y acciones; y, a partir de ello, analizar las relaciones de poder. Según los/as entrevistados/as, siguen prevaleciendo las masculinidades hegemónicas frente a nuevos modelos de igualdad, y ello sigue estando en la base estructural de la violencia de género. En esta línea, la influencia de la educación temprana en la construcción de roles machistas, y en la infra-valorización de lo femenino frente a lo masculino, es un tema subrayado por los/as informantes, en el sentido de que si trabajamos en el momento de la adolescencia “ya llegamos tarde”, lo cual nos indica la necesidad de investigaciones futuras centradas en la educación y socialización infantil. Al igual que destacan Sánchez-Palencia e Hidalgo26 , uno de los elementos más importantes en el trabajo con masculinidades y prevención de violencia es el material educativo dirigido a niños, el trabajo en el aula o en actividades extraescolares para examinar roles de género desde la infancia. En la línea de un amplio marco de investigaciones en educación, los/as entrevistados/as destacan la familia/escuela como las principales fuentes socializadoras, junto con los medios de comunicación, donde niños/as y adolescentes aprenden e interiorizan los roles de género27 . “Se confirma de nuevo la imperiosa necesidad de implantar programas de prevención dirigidos a las familias y a los colegios para la promoción de valores en defensa de los derechos humanos tales como la igualdad, el respeto y la consideración con otras personas”28 . Pero también, que dichas políticas públicas sean coherentes entre ellas y con otras fuentes de socialización. En ese sentido, los/as entrevistados/as también resaltan la importancia de los medios que con sus modelos de referencia refuerzan el mantenimiento de los roles tradicionales y mitos como el del amor romántico. Como indican muchos estudios sobre el tema29,30 , el mensaje que los jóvenes reciben a diario a través de los media no solo influye en sus conductas, generando modelos de identificación e imitación, sino que es contradictorio con los mensajes institucionales que luchan frente a la violencia de género y genera dobles mensajes y desorientación entre los y las adolescentes. Junto a ello, a lo largo de las entrevistas, el uso de las nuevas tecnologías aparece como un mecanismo que refuerza las conductas de violencia a través del control y la vigilancia. La existencia del móvil con servicio de mensajes instantáneos y el uso y
  24. 24.   24   acceso rápido a las redes sociales incrementan el acecho entre parejas31,32 , principalmente de chicos hacía chicas, pero no solo. La Fundación ANAR 33 (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) en el informe emitido sobre violencia de género (2014) entre niños/as y adolescentes, con edades comprendidas entre los 12 y 18 años, alerta del “alto porcentaje de casos (65,5%) en los que la violencia también se da a través de las nuevas tecnologías” en las relaciones de pareja; el agresor intenta limitar el acceso a Internet y redes sociales lo que provoca el aislamiento social que a su vez lleva a conductas de miedo, sumisión, vergüenza, culpa y baja auto-estima por parte de la víctima. La concepción de pareja basada en la fidelidad entendida desde la desconfianza y el control, refuerza la idea de los celos y la posesión como “pruebas de amor” y la justificación de conductas de violencia a través de las nuevas tecnologías. Los relatos de nuestros/as expertos/as también inciden en cómo ha afectado la retirada de ayudas económicas a la educación dirigida a sensibilizar hacía la igualdad entre géneros, en la formación de adolescentes tanto en educación sexual como emocional. Como señalan Barbé i Serra, Carro y Vidal34 , es perentoria una educación “que valore y atienda la diversidad, que fomente enseñar y aprender de forma ética, no discriminatoria, enseñar y aprender a cuidarnos y a cuidar a las personas, a mirarnos, a ponernos en la piel de las otras personas”. Estos recursos deben ir orientados a intervenir desde la perspectiva de género, pues solo un modelo psico-social de intervención –alejado del modelo patologizador e individual- puede introducir cambios estructurales que repercutan a su vez en cambios relacionales e individuales. Siendo un estudio exploratorio cualitativo hemos podido verificar que de cara a futuras investigaciones sería interesante trabajar sobre los factores socializadores de género ya en la temprana infancia, siendo pertinente dirigir los estudios y programas hacia esta franja de edades para obtener mayor probabilidad de éxito en el esfuerzo preventivo. Sería también conveniente extender el trabajo a un mayor número de expertos/as para poder saturar la información obtenida y trabajar con más rigor.
  25. 25.   25   Agradecimientos A Dauder por su paciencia, dedicación y disponibilidad a lo largo de estos meses de trabajo. Gracias por tus orientaciones y apoyo constante, tu sabiduría y críticas sugerentes. A los/as expertos/as participantes, elementos esenciales para la realización del TFM, Fabián, Ana y Miguel Ángel por la colaboración y amabilidad demostrada. A Maggie, que más que una profesora de inglés ha sido una amiga y consejera. Gracias por haberte convertido en investigadora feminista a raíz de mi trabajo, gracias por toda tu ayuda y entusiasmo contagiante. A Sepi y Madalena por su apoyo como amigas y Doctoras, que con su experiencia y cariño me han ayudado en los momentos de bloqueo mental y creativo. A mi madre y mi padre por haberme proporcionado la oportunidad de seguir creciendo en mi carrera profesional con su apoyo incondicional. A mis amigas y amigos que me acompañan en mis miedos y alegrías. Sois la fuerza del día a día que me motiva a continuar.
  26. 26.   26   Bibliografía 1. Flavell J, Ross L, editores. Social cognitive development. Frontiers and possible future. Cambridge: Cambridge University Press; 1982. 2. Turiel E. The development of social knowledge. Morality and Convention. Cambridge: Cambridge University Press; 1983. 3. Turiel E, Enesco, I, Linaza, editores. El mundo social en la mente infantil. Madrid: Alianza; 1989. 4. Tajfel, H. Grupos humanos y categorías sociales. Barcelona: Herder; 1984. 5. Rubin, G. The traffic in women: Notes on the 'political economy' of sex. En: Reiter, R, editor. Toward an Anthropology of Women. New York: Monthly Review Press; 1975. 157-210. 6. Izquierdo MJ. La socialización de género. En: Díaz Martínez C, Dema Moreno S. Sociología y género. Madrid: Tecnos; 2013. p.95. 7. Bonino L. Varones, género y salud mental: deconstruyendo la “normalidad” masculina. En: Segarra, M, Carabí, À, editoras. Nuevas masculinidades. Barcelona: Icaria Editorial; 2000. 8. Connell RW. Masculinities. Cambridge: Polity Press; 2006. 9. Oblitas Béjar B. Machismo y violencia contra la mujer. Investigaciones Sociales. 2009; 13(23):301-322. 10. Garaizábal C. Masculinidades y feminismos. En: Valcuende del Río JM, Blanco López J. La construcción cultural de las masculinidades. Madrid: Talasa; 2004. p.197. 11. Ceballos Fernández, M. Homofobia en clave masculina. Consideraciones para la intervención psicopedagógica en el contexto escolar. Apuntes de Psicología. 2012; 31(1): 21-28. 12. De Keijzer B. El varón como factor de riesgo: masculinidad, salud mental y salud reproductiva. En: Tuñón E, coordinadora. Género y salud en el sureste de México. Villa Hermosa: ECOSUR/UJAD;1997. 67-81.  
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  29. 29.   29   Anexos ANEXO 1 Guión de la Entrevista 1. ¿Cómo definirías el estado actual de las parejas de adolescentes teniendo en cuenta el tema de la equidad de género? 2. ¿Qué aspectos de las nuevas masculinidades hegemónicas están actuando como factores de riesgo de violencia de género? En adolescentes y adultos. 3. ¿Con qué aspectos de la subjetividad masculina trabajas más para intervenir en violencia de género (en el ámbito de las creencias, de las emociones, de conductas, de relaciones de pareja, etc.)? 4. ¿En tu práctica profesional cómo has trabajado la violencia de género y masculinidad en parejas jóvenes? 5. ¿En qué medida crees que ha influido la intervención terapéutica con perspectiva de género enfocada a la construcción de las masculinidades en tus “pacientes”? 6. La investigación de las últimas décadas revela que cada vez con mayor frecuencia el maltrato está presente en los noviazgos entre adolescentes y jóvenes. - ¿Cómo explicas el aumento de la violencia de género en los jóvenes cuando se supondría que tendría que estar disminuyendo a través de las campañas de sensibilización que existen? - ¿Qué está ocurriendo en la sociedad para que se produzca tal fenómeno? 7. Un estudio de la Fundación ANAR (Ayuda a niños y adolescentes en riesgo), 2015 revela que la mitad de las víctimas adolescentes no identifica la violencia machista. ¿Cómo se explica esto? ¿Micromachismo? ¿Qué son? 8. Los jóvenes están en una etapa donde están aprendiendo a ser pareja, a estar en pareja. ¿Cómo es el trabajo desde la concepción de pareja en los adolescentes?
  30. 30.   30   ANEXO 2 Transcripción de las entrevistas realizadas Entrevista 1 (E1) Transcripción de la entrevista de Fabián Luján Acevedo. Sociólogo. Experto en Coordinación de Grupos Comunitarios para la salud. Experto en Masculinidad y trabajo con Hombres 1. ¿Cómo definirías el estado actual de las parejas de adolescentes teniendo en cuenta el tema de la equidad de género? R.: Posiblemente, la equidad de género no es un valor social. No es un valor que los individuos tengamos incorporado. Y con los adolescentes pues siento que tampoco les podemos pedir que lo hagan porque desde el mundo adulto tampoco está incorporado. No siento que eso sea algo que se planteen los adolescentes, posiblemente el problema es que den por hecho de que viven en una sociedad igualitaria y que viven en un mundo de equidad como dices, o de equilibrio en relación a algunos temas… Donde yo veo más dificultad es en vivir en una equivalencia existencial y esa construcción de sujetos equivalentes que valen lo mismo y tienen el mismo valor y son sujetos por igual pues eso no existe. Esto en líneas muy generales porque sobre el discurso de la equidad siento que hay una percepción por parte de ellas que es mucho mayor por parte de ellos. 2. ¿Qué aspectos de las nuevas masculinidades hegemónicas están actuando como factores de riesgo de violencia de género? En adolescentes y adultos. R.: Así a nivel conceptual, a nivel teórico, me cuesta entender un poco que tienen que ver las nuevas masculinidades con la violencia. Porque así como los discursos hegemónicos que hay actualmente en relación a las nuevas masculinidades lo que hablan mucho es de la diversidad y se pone mucho el foco en diferentes maneras de ser hombres, y no es lo mismo la masculinidad japonesa, que la andaluza, que la vasca o la portuguesa… Entonces desde ahí me cuesta mucho pensar en tema de la violencia porque el tema de la violencia no es algo que tenga que ver tanto con la diversidad sino más con las jerarquías y en relación a las mujeres. Yo siento que actualmente los estudios de la masculinidad están poniendo mucho el foco en la diversidad de los hombres en relación a sí mismos y se está trabajando poco en pensar la masculinidad, a los hombres en relación a las mujeres, que yo creo que ahí es donde podríamos hablar de violencia. A ver todo esto no te hablo mucho de la seguridad, es lo que voy sintiendo, voy pensando, desde la experiencia, compartiendo con otros hombres, leyendo muchos feminismo, también en la clínica, bueno, que sí se está produciendo un cambio en los hombre que podría llevarnos a una diversidad. Hay toda una serie de mandatos en relación a lo masculino de cómo debe ser; creo que eso se está transformando y se habla del hombre bueno como el hombre más sensible, el hombre que rompe algunos roles tradicionales masculinos y coge algunos de los tradicionalmente femeninos o de los supuestos femeninos y como eso redunda en un beneficio para si mismos, como eso podría implicar una mayor salud y una ganancia vital para si mismos. Todo eso está muy bien, pero creo que el tema de la superioridad o del sentimiento de sentirse por encima de la mujeres no lo resuelve el que yo crezca de manera más saludable, el yo que rompa con algunos esteriotipos masculinos, el que yo me permita algunos roles de lo supuesto femenino. Son dos cosas distintas. Y en ese aspecto de yo soltar alguno ideales masculinos, el yo incorporar algunas actitudes que supuestamente son femeninas eso si está siendo un motor de cambio pero no encuentro el vínculo con la violencia.
  31. 31.   31   Con un grupo de adolescentes podrías decir y esteriotiparles de nuevo y ponerlos en 4 cajas distintas, pero ¿en relación a qué?, en relación a como se viven a si mismos, en relación a grupos sociales… pero creo que todos, y es algo que no se trabaja o se pone poco enfoco, tienen en común un guión social y un estatus sobre las mujeres, sobre sus compañeras de clase, sobre sus compañeras de patio, de discoteca, de parque, y por esto yo siento la masculinidad más como un status, como sentirme en un status distinto que las chicas no tienen y eso lógicamente les enseñamos los adultos a los adolescentes. Los adolescentes están aprendiendo, la adolescencia es un período donde se pueden reafirmar todas esas creencias y pensamientos… es una población muy importante para trabajar con ella desde luego, porque o se reafirman o entran en crisis con ese lugar, pero todo apunta a que el estatus no se trabaja, el status en relación a las chicas. Otro día veía un programa donde aparecían grupos de hombres trabajando con adolescencia y con los chicos trabajaban lo emocional, porque los chicos no podemos expresar tristeza o una serie de supuestas dificultades emocionales. Era un taller de prevención de violencia! ¿Y que tiene que ver esto que ver con la adolescencia? no sé como se pasa de A a B, no sé como se pasa que trabajándome una serie de dificultades emocionales como puede ser la tristeza, el miedo, etc, yo vaya a mantener relaciones de equivalencia existencial con las mujeres, no, hay un hueco ahí en el medio que no me lo creo. P.: ¿El tema del privilegio?, ¿El status, un privilegio que ellos tiene que nosotras mujeres no lo sentimos? R.: Y es un privilegio inconsciente aunque muchas veces muy consciente que no se aborda con los adolescentes. El abordaje de la masculinidad actualmente, de donde aparece también el discurso de las masculinidades está muy abordado desde los costes de la masculinidades, de los prejuicios que nos causa a los chicos ciertos mandatos masculinos. 3. ¿Con qué aspectos de la subjetividad masculina trabajas más para intervenir en violencia de género (en el ámbito de las creencias, de las emociones, de conductas, de relaciones de pareja, etc.)? R.: Para mí lo emocional es muy importante, forma parte del humano, lo que me preocupa e incómoda de los nuevos discursos es que se trabaje con toda una serie de emociones que supuestamente nos son robadas, que demos por hecho que se las expresamos vamos a resolver problemas relacionales, que se yo conecto más con mis emociones, me expreso mejor. Esto va a redundar en una equivalencia existencial con las mujeres, pero igual me hace más manipulativo! ¿Qué tiene que ver eso con la equidad? Pinochet lloró, pues para él será una ganancia pero ¿qué ganancia social da eso?, los futbolistas lloran, la gente, los estadios de futbol se emocionan muchísimo, ¿que ganancia da eso? Los programas de la igualdad en principio iban dirigidos a las poblaciones desempoderadas, a las personas que sufrían unas determinadas circunstancias porque había un grupo por encima de ellas, una población que estaba desfavorecida y el trabajo era poder empoderarlas a nivel social y a nivel terapéutico. Ahora estamos hablando que vamos a trabajar con una población que está por arriba, y le llamamos igualmente programas de igualdad y los discursos que oigo no son para desempoderar, son para empoderar también para que ellos estén mejor, hay algo que no me cuadra! Posiblemente la perspectiva que siento que es necesaria que yo intento poner en práctica no sea tanto mí propio bienestar sino qué puedo hacer yo para generar bienestar en mí entorno, y se genero bienestar en mí entorno igual yo me sienta bien por generar ese bienestar en mi entrono, pero el foco no puede ser yo yo yo. P.: ¿Una cuestión de empatía? R.: La empatía es otro discurso hegemónico, la resolución de conflictos, asuntos de violencia, la empatía talvez sea necesaria pero posiblemente no sea suficiente, porque puedo ser muy empático y no hacer nada. 4. ¿En tu práctica profesional cómo has trabajado la violencia de género y masculinidad en parejas jóvenes?
  32. 32.   32   R.: No trabajo con hombres maltratadores. El trabajo grupal e individual es con gente que en principio se cuestiona y entra en crisis, suelen ser hombres que vienen muy empujados por mujeres, sus parejas, amigas, madres, que han tenido experiencias donde ellas han sido las que les han motivado a cuestionarse cosas, con lo cual ya indica que cierta autoridad le dan a las mujeres, porque van. Tiene su peligro pero en principio van porque son buenos chicos, entonces hay un proceso que siento que es difícil porque, a veces, la actitud de ellos es la de, “Yo vengo porque me lo han dicho no sé lo que hago aquí”. Y por lo tanto tiene que haber un proceso de auto responsabilización de porque está aquí. Yo siento que lo que yo trabajo y donde pongo mucho la perspectiva, si lo que hay que trabajar son cuestiones de equidad, es en el relacional no tanto el yo yo yo, sino tu en relación a. A veces hay hombres que vienen a hacer un duelo con el padre y no se trabaja la relación con las mujeres porque la problemática es otra pero cuando la problemática es de las mujeres hay que trabajar en relación a las mujeres y siento que esto no se hace, que hay mucho discurso de nosotros sobre nosotros mismos, y lo relacional, lo intersubjetivo se pierde. Sí que hay una parte que hay que trabajar sobre mí mismo, lógicamente y ahí habría que pensar o intentar ir rastreando que subjetividad implica el estar en un status, que no depende de mí, que yo era un bebé, y nací cuando la fiesta estaba empezada y me dieron un lugar privilegiado en este mundo y eso genera un impacto subjetivo y eso habrá que trabajar que estudiarlo, habrá que ver en los grupos como se genera esa subjetividad por estar en un status diferente a lo de las mujeres, que me permite a mi verme de una manera que es por encima de, con más derechos que, como veo a los de abajo, a las de abajo en este sentido, pero subjetivamente de modo que también es muy inconsciente. P.: ¿Basado en creencias culturales? R.: Creencias, culturas que se interiorizan que forman parte de los individuos también y esa forma de percibirme me lleva a sentir y a actuar de determinadas maneras. Creo que hay algo importante en el trabajo con hombres que es centrarse mucho en los haceres masculinos, en lo que hacemos, no tanto en lo emocional, que hacemos los hombres en relación a las mujeres. Del que hago luego podemos investigar que emoción y que creencias implica hacer lo que hago, pero los haceres masculinos, las conductas, creo que son muy importantes y es algo de lo que no se habla. Conoces un texto que se llama micromachismos? Ese es un texto sobre los haceres masculinos, que hacemos los tíos en nuestra vida cotidiana que nos coloca en lugares de privilegio, de prestigio, de comodidad en relación a las mujeres, es un enfoque que yo siento que está mucho más dirigido a la masculinidad en relación a las mujeres es un enfoque donde se aborda directamente la violencia, en este caso micro. P.: ¿Que entiendes por micro? Inconscientes, que la gente no se da cuenta… R.: Por micro yo entendería que son más tolerables, aceptables, tipo, “¡Yo no lavo el baño de mi casa, lo hace mi pareja!” Está lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, “¡Yo no lavo!, Y eso para mi es un privilegio, una comodidad”, “¡Ahí están las mujeres a mí disposición que lo hacen!”, es una tarea que no me gusta y se tolera, me lo tolero, me doy el permiso para no hacerlo, y espero que ella lo haga. ¿Eso es inconsciente? No, es totalmente consciente, y yo me lo permito y habrá que ver porque ella también me lo permite, no me pone límites y yo tampoco me los pongo de, “Esto no se puede hacer, yo tengo que”. Que tiene que ver el hecho que yo no limpie el baño con el mundo emocional de las tristezas, miedos… “¿Yo no limpio el baño por miedo?”, “¿Porque me da miedo?” No. “¿Desarrollando mi mundo emocional voy a limpiar el baño?” No, no tiene nada que ver, yo no limpio el baño porque no quiero y de una manera u otra se lo exijo a mi compañera, esa es la violencia, la expectativa de que la otra vaya hacer lo que yo creo que tenga que hacer. A veces no hace falta emplear violencia porque ella lo hace con lo cual está todo bien y yo tendré que ir subiendo o bajando los niveles o la rudeza de mis haceres para que ella cumpla la expectativa, la mía, pero eso que tiene que ver con las emociones, ¿eso que tiene que ver con la diferencia entre la masculinidad japonesa y la vasca?, no hace mucho sentido eso. En principio preferiría estar con alguien a mí lado con cierta conexión emocional, es más agradable, que estar con un bloque de granito, pero no creo que esa sea la cuestión principal, porque la cuestión principal es la superioridad. El sentirse por en cima de, el sentirse con más derechos. P.: Que seria lo que habría que trabajar desde pequeños, ¿no?, más que el tema emocional… R.: Esto se plantea con el tema de género, con cualquier otro tema es implanteable. Tu trabajas el racismo y con los blancos no trabajas sus dificultades emocionales. ¿De qué estamos hablando? Tu juntas a los blancos ¿y entonces qué?, te dicen, “Es que los negros a veces te miran mal”, “Es que te entra un agobio”,
  33. 33.   33   “Es que estoy jugando al golf y detrás de la valla me están mirando, eso es muy desagradable…” Esto es lo que se está haciendo con los hombres en el trabajo de las masculinidades y es un problema en cuanto a que se habla de programas de igualdad, es decir, que si se hablase de hacer grupos de hombres de, “¡Vamos a trabajar para que nos sintamos mejor con nosotros mismos!”, vale, pero no digas que eso tiene que ver con la igualdad porque estás engañando principalmente a las mujeres que igual van y se lo creen, no puede ser. Cuando te vas a otros ámbitos del dominio y la sumisión o grupos privilegiados y otros subordinados, se ve más fácil. Te vas al tema del racismo y el planteamiento es más claro, ¿Cuantos tipos de blancuras hay? Pues no es lo mismo los blancos de aquí que los de ahí pero ¿qué tiene que ver eso con su relación con los negros? Habría quizás que pensar que pasó para que algunos blancos fuesen los que rompiesen con la esclavitud, que no fue una revolución de los negros. La esclavitud se cierra desde los blancos, se hace desde el grupo privilegiado, decidieron abolir la esclavitud. ¿Lo hicieron por cuestiones de conexión con no sé que emoción? Eso habría que pensarlo porque igual eso nos lleva a un paralelismos de trabajo que tenemos que hacer con los hombres. Aquellos blancos no hablaban de sus dificultades propias, hablaban de como el sistema aquel les ponía en un lugar privilegiado y a los otros de subordinado, y en su ideal estaba la igualdad que todos somos ciudadanos. Ese ideal les llevó a transformar esa relación y a romper con su sistema pero no hablaban de sus dificultades como blancos privilegiados… Desde la perspectiva actual de los hombres podrían haberlo pensado! En fin, que no estoy negando que el hecho de ser un tío en este mundo tenga sus dificultades pero que nos la imponemos entre nosotros, los hombres, es un traje que nos hemos inventado nosotros, el traje que se le han puesto a las mujeres no se lo ha inventado las mujeres, lo hemos inventado nosotros, lo hemos hecho a nuestra medida y cuando nos ha ido mal le hemos cambiado el traje para que se acoplasen a nuestra medida. Un empresario que gana muchísimo dinero, tendrá sus dificultades en la vida… pues que renuncie a ganar mucho dinero, que renuncie a ser el súper jefe y entonces quizás esos problemas desaparecen. 5. ¿En qué medida crees que ha influido la intervención terapéutica con perspectiva de género enfocada a la construcción de las masculinidades en tus “pacientes”? R.: Yo siento que hay un primer punto de cierta recolocación donde la persona puede ver que hay cosas que hace mal, modifica algunas cosas con lo cual se siente súper contento ya, y muy rápidamente se siente muy contento con muy poquito. Mi experiencia es que ese poquito cambio a la pareja también le sirve, con lo cual adiós. A veces hay casos que cambian un poquito pero a la pareja no le sirve y entonces ahí aparece una mirada autocomplaciente masculina, “¡Joder todo lo que yo hago y nada le vale, nunca le va a servir, siempre se queja, nunca está conforme, con todo lo que yo he hecho!” Entonces aparece algo así como un clásico que son las parejas domésticas; si tú ahora no haces prácticamente nada y yo hago todo esto, aprendemos a ver cuales son y como se gestiona, (porque no son sólo las tareas, es la gestión que habría que sumarle) y, “yo hago hasta aquí, y con esto siento que he hecho un cambio gigante”. No obstante sigue habiendo aquí una desigualdad y claro, yo, hombre, me siento muy ofendido porque no se me reconoce esto. Eso es en el mejor de los casos porque normalmente hasta aquí él se siente súper contento, ella se conforma y tira para adelante. Con cambiar un poco yo siento que es la bomba lo que he hecho. P.: También trabajas el tema de las masculinidades con las mujeres R.: Sí claro, si viene una mujer a hablar de su relación, te está trayendo a sus hombres, a los hombres de su vida y una de las tareas, así dicho en bruto, es redirigir la mirada de ellas hacia ellos a focos donde ellas no ven, donde ellas sienten culpa! Cuando pueden poner la mirada en otros aspectos no aparece tanto el autoreproche, la autoinculpación de la situación sino que es capaz de liberarse de un poco de culpa y ver que el otro hace cosas, haceres que la colocan en esos lugares donde ellas se siente mal. 6. La investigación de las últimas décadas revela que cada vez con mayor frecuencia el maltrato está presente en los noviazgos entre adolescentes y jóvenes. -­‐ ¿Cómo explicas el aumento de la violencia de género en los jóvenes cuando se supondría que tendría que estar disminuyendo a través de las campañas de sensibilización que existen?
  34. 34.   34   -­‐ ¿Qué está ocurriendo en la sociedad para que se produzca tal fenómeno? R.: Esas informaciones me generan cierto malestar, a los adolescentes no les podemos pedir algo distinto a lo que estamos haciendo nosotros. ¿Cómo les vamos a pedir que tengan relaciones de equidad si lo que les damos no tienen nada que ver con equidad? Es una fantasía del mundo adulto, Si tu les estás dando estas películas, esta sociedad, este mundo ¿qué van hacer ellos y ellas? Pues reproducirlo. P.: ¿Ley de género? R.: Ha sido un avance tremendo y que ha sido muy importante. Desde esa ley hasta ahora mismo en este país jamás se ha hablado tanto y estado tan presente en todos los sitios, quizás yo lo sienta más por el entorno en que me muevo pero siento que a partir de esa ley ha habido un cambio muy importante, de percepción y de que aparezca un nuevo ideal social en relación a las relaciones de parejas. El problemas está en que no sabemos hacer, la gente en su discurso habla de un ideal que resulta atractivo pero luego no sabemos como se hace… entiendo que la ley se podría haber profundizado mucho más, sacado del ámbito de la pareja a lo social, probablemente dotado de mucho más dinero, podría haber sido más amplia y profundizado y haber sido dotada de más dinero mucho más pero vaya es lo que hay. 7. Un estudio de la Fundación ANAR (Ayuda a niños y adolescentes en riesgo), 2015 revela que la mitad de las víctimas adolescentes no identifica la violencia machista. ¿Cómo se explica esto? ¿Micromachismo? ¿Qué son? R.: Rescataría esto de que hablamos antes que tiene que ver con la tolerancia, donde se suele hablar de lo visible y de lo invisible. Yo aquí pondría lo no tolerable y lo tolerable, y lo que ya no se acepta y lo que se acepta que es una barbaridad. Y luego que hay una base, una estructura social de desigualdad, queremos cambiar los individuos pero que lo social no se transforme, pero va a ser imposible, tiene que haber un cambio interno, un cambio relacional, un cambio social a la vez sino ponemos parches. P.: ¿Reestructurarías todos los programas de prevención de violencia machista? R.: Cuando me llegan programas de intervención me parece muy interesante no tanto ver los discursos o objetivos, todo eso ya hemos aprendido mucho, las feministas ya nos han dado palos para que entendamos ciertas cosas, por lo tanto la justificación, los objetivos, suelen ser bastante bonitos. Yo me iría a ver que es lo que hacen, que prácticas tienen para resolver eso que dicen porque ahí aparece el hueco de que hablaba antes: cuales son los ítems, las evaluaciones, que se siente como éxito del programa. Esto me parece muy importante más que la justificación y los objetivos que ya lo sabemos. ¿Qué haces en el programa? ¿A que te dedicas, como luego sabes que funciona, bajo que criterios tu te vas a dar un éxito? Aquí yo siento que se cae en la trampa que no sabemos pensar como trabajar las relaciones de poder, como trabajar con los poderosos. Con los que ejercen violencia no sabemos trabajar con el grupo privilegiado, es más fácil trabajar con la gente que está mal y entonces como está mal pues venga para arriba, pero ¡¿con los chicos?! Como personas que vamos a intervenir es necesario una cierta confrontación con el poderoso y un mantenimiento de cierta confrontación y no es fácil sostenerse en esa confrontación desde la paz, desde la tranquilidad, desde el no enjuiciamiento y no machacarle desde el no darle la vuelta a la tortilla de, “¡Como estás arriba te voy a hundir para abajo!” No es fácil. Tienes a los chavales adolescente que te dicen que las chicas se dividen entre las que son follables y las que no son follables, que ellas son las que tienen que participar, te lo dicen ellos. ¿Eso conecta con tu tristeza, a ver se te expresas? Si te expresas claramente, si no es un problema de expresión, ¿es un conflicto? ¿Cómo que resolución de conflictos? Si no hay conflicto. Los conflictos también me los llevo a otro lado: Israel y Palestina, ya pueden sentarse a negociar… uno no quiere y el otro no puede… entonces ¿qué les vas a enseñar? ¿A negociar? Hay que tener cuidado, con lo que se hace. El discurso me parece muy bien, programa para adolescentes pero ¿qué es lo que hacéis en el aula, a que os dedicáis?, y a lo que se dedican no suele tener mucho que ver con la promoción de vidas equivalentes. 8. Los jóvenes están en una etapa donde están aprendiendo a ser pareja, a estar en pareja. ¿Cómo es el trabajo desde la concepción de pareja en los adolescentes?
  35. 35.   35   R.: Referente a las parejas heterosexuales, llegamos súper tarde en la adolescencia. Por lo evidente, desde que nacemos o desde que nace el bebé se lo inserta en este mundo en un guión de vida social que si eres chica es uno y se eres chico es otro. El guión social de la masculinidad viene desde la infancia y se ve bastante pronto. Tiene que ver con el desprecio al mundo femenino, a la necesidad de diferenciarme, de despreciar con lo cual me pongo por arriba, no es que quiera ser distinto es que lo mío es mejor. Y ese desprecio se ve ya desde una muy temprana infancia. Vas a un aula con una bolsa de juguetes y los juguetes supuestamente femeninos los niños no los quieren coger, los desprecian. En lo mejor de los casos, lo miran y ni les tocan, mientras que las niñas juegan a lo suyo y pueden jugar al otro sin ningún problema, esas niñas están viendo que lo suyo es despreciado, ya lo están viviendo, no lo piensan ni el profesorado lo piensa ni nadie lo piensa pero subjetivamente eso ya está funcionando. Que las chicas perciben, “Que lo mío no sirve, no vale, que el grupo desprecia lo mío”. Esa separación se vive durante toda la infancia y llegamos a la adolescencia y resulta que tiene que gustarme esa, a que no he mirado en mí vida, no me he preocupado, no he aprendido a conversar con ella, me he creado en un ambiente homo-sociable entre chicos. Sobretodo en la primera etapa de la adolescencia el grupo de chicos es súper importante, más que la pareja, incluso tener una pareja y enamorarme si el grupo es más cerradito le van hasta castigar por enamorarse y por abandonar al grupo por una chica. Llegamos súper tarde, llegamos ya con una carga de creencias interiorizadas en relación a lo que son las mujeres enorme, que son las creencias que hay que desmontar, creencias sobre mí en relación a ellas. Posiblemente el desprecio sea la primera violencia que sufren las niñas por parte de sus compañeros, de muchos modos, habría que ver esas micro violencias que se dan ya en la infancia y que las niñas incorporan, ese ser de segunda. Como los niños incorporan desde muy tempranito el ser de primera, el ser ciudadano de primera clase, y eso lo incorporan desde muy temprano. Todo esto son temas que yo siento que los hay que rastrear más que las nuevas masculinidades, la diversidad de los hombres, que tiene que ver eso con la violencia…
  36. 36.   36   Entrevista 2 (E2) Transcripción de la entrevista de Ana García Mañas. Psicóloga. Centro de Planificación Familiar para Jóvenes. Psicoterapeuta en Primera Vocal: Consulta de género, psicología y sexología. 1. ¿Cómo definirías el estado actual de las parejas de adolescentes teniendo en cuenta el tema de la equidad de género? R.: Yo creo que están retrocediendo, los adolescentes y también los adultos. Los adolescentes están retrocediendo en temas de igualdad porque hay muchas cosas que no las perciben como desigualdad, ellos creen que la igualdad ya está conseguida y parten de ahí y lo que les sucede no lo interpretan como desigualdad de género sino como algo que les pasa individualmente, “A mí mi novio me mira el móvil porque mi novio es así”; no porque haya afán de control desde lo masculino, no porque a los hombres se les enseñe o porque los celos se gestionen de una manera distinta si eres hombre o mujer sino porque él es así, igual que una amiga mía es así. No perciben diferencia de género en la distribución desigual de los roles, no perciben que el acceso a los trabajos sea diferente. Incluso ya en la universidad que ya tienen 22/23 años creen que en los trabajos cobramos lo mismo… y eso en la pareja lo codifican como esto me pasa a mí y no como esto nos pasa como grupo social a las mujeres y a los hombres. 2. ¿Qué aspectos de las nuevas masculinidades hegemónicas están actuando como factores de riesgo de violencia de género? En adolescentes y adultos. R.: Yo creo que en parte siguen siendo los mismos, no creo que haya cambiado mucho. Creo que hay una masculinidad tradicional que es la que empezó a visibilizar el tema de la violencia, que antes no era visible. Cuando se empieza a visibilizar mucha gente le atribuye en parte al rol masculino proveedor donde no había denuncia porque el hombre era el que traía el dinero a casa y entonces podía ser violento. Eso ahora los adolescentes saben que no va a ser así, ellos no se perciben como el que va a llevar el dinero a casa, ni ellas como las que se van a quedar en casa trabajando porque los dos van a salir, van a trabajar y competir fuera, creo que hay cosas que han cambiado pero por otro lado los hombres se niegan a compartir el poder, quieren seguir destacando en ciertas cosas y cuando no destacan se les genera esa rabia que se gestiona muchas veces de forma violenta. Por ejemplo ahora con la crisis se ve con los temas del paro masculino, sigue generando esa brecha en el rol de, “Yo tendría que tener un trabajo, tendría que tener esto y como no lo tengo estoy cabreado pero en vez de cabrearme con el sistema expreso mi rabia de otra manera”, igual en la relaciones… P.: ¿Los adolescentes no perciben desigualdad en la pareja porque hay una construcción de otro tipo de masculinidades? R.: Y una feminidad también muy de entenderlo todo, comprenderlo todo, vincularse a todo, ahí tampoco hemos avanzado mucho. Yo tengo la sensación que nuestras madres lucharon mucho por advertirnos de algunas cosas que ahora las nuevas generaciones las dan por sentadas y no advierten. Se ha vuelto al amor romántico, se ha vuelto a lo, tienes que darle todo, tienes que tragarlo todo. “Juntos podemos solucionarlo todo, porque si hay ese amor verdadero esto brilla eternamente…”, igual deberíamos volver un poco atrás y decir a la gente que hay cosas que no se solucionan y en todo caso tu no las puedes solucionar sola! A lo mejor el amor no es todo esto y a lo mejor también desde otras redes tendríamos que construir relaciones más sólidas para que ninguna mujer o ningún hombre se sientan solos en la pareja. Cuando empiezan a pasar estas cosas que los hombres puedan recurrir a ayuda sin ser monstruos y las mujeres puedan agruparse en otros espacios y no perder la media naranja sino perder el gajo de la mandarina, o sea, si yo pierdo la pareja no lo pierdo todo, es un poco la sensación del vínculo fusión a tope que se
  37. 37.   37   promueve desde el amor romántico, “Sin ti no soy nada”, pues no, “¡Sin ti soy muchas cosas, tengo amigas, familia, tengo compañeras, tengo un montón de redes que no estoy ahí sola frente a esto!” P.: ¿Y como reaccionan los varones a esto de las chicas de, “Tu no eres todo, eres solo una parte más de mi vida”? R.: Con resistencia! En la agenda visible es lo que ellos piden, oficialmente los adolescentes quieren una novia que no les agobie, es lo que venden, “¡Yo lo que quiero es una tía que no me persiga, que me deje ir con mis amigos!”, pero luego cuando tienen ese tipo de chica lo que quieren es, “¿Y con quien vas?”, y “¿Qué has hecho?” De alguna manera no es eso que quieren porque luego buscan todo lo contrario, el control, el saber a todo el momento que está haciendo el otro, las inseguridades. Cuando empieza el vínculo entra la inseguridad y ahí como no lo puedo controlar recurro a la violencia, pero oficialmente lo que quieren es una chica maravillosa, que sea súper simpática que se lleve bien con todo el mundo. Nosotros hacíamos una dinámica en los talleres de sexualidad que consistía en definir su pareja ideal. Era con grupos de la ESO, formaban grupos en parejas de tíos o tías, así espontáneamente. Todos los tíos querían eso, una chica que les dejara ir con sus amigos, que les dejara hacer todo; lo que ellos valoran aparte del físico era esa libertad, pero justo son los que no toleran la libertad en lo real cuando existe el vínculo. Lo ideal es una mujer que me deje hacer lo que me de la gana, está guay pero una vez que estoy con ella que ella haga lo que le de la gana no está guay. No lo valoran como un valor, de decir: “¡Yo valoro la libertad!” sino que “Yo valoro el hacer yo lo que yo quiera”, y es un poco esa contradicción, esto es una relación la otra persona también cuenta, y te lo dicen en plan broma pero cuando lo recibes desde lo que tu sabes que va a suceder no es nada de broma. P.: Valoran su libertad desde la sumisión de la otra persona… R.: Claro, pero ellos en la adolescencia no lo codifican así, ellos lo que la otra persona haga ya ni lo piensan, ellos no te están diciendo, “¡Yo quiero que ella esté pendiente!”, “¡Que se apunte a mis planes!”, no, ellos están pensando en ellos y ya está. Aquí es donde entra la contradicción entre lo libres que vamos a ser, “que voy hacer lo que me apetezca y ella no va a estar pendiente de mí pero yo voy a estar pendiente de ella”; al final ellos están atrapados también en el control, es como tener un curro, todo el día pendiente del móvil de la otra, de lo que hace la otra, de cómo se viste la otra… 3. ¿Con qué aspectos de la subjetividad masculina trabajas más para intervenir en violencia de género (en el ámbito de las creencias, de las emociones, de conductas, de relaciones de pareja, etc.)? R.: Yo no he intervenido en violencia. Cuando he detectado casos directamente lo he derivado, porque ahí los derivábamos al punto municipal. Con adolescentes alguna vez ha salido alguna creencia que dices, ¡Esto puede llevar a una relación de desigualdad! e intentando reconducir las conductas machistas, que se van viendo en ciertos aspectos. Por ejemplo, en terapia sexual que vienen a consultar porque ella no tiene orgasmos: pareja hetero, jovencita, vienen porque ella no tiene orgasmos. Él te dice que ella tiene un problema porque no tiene orgasmos y ella te afirma que ella tiene el problema. Cuando les preguntas que tipo de práctica realizan resulta que sólo tienen penetración vaginal y cuando les explicas un poco cual es la respuesta del organismo a la excitación y como algunas personas en su mayoría mujeres con penetración vaginal es muy difícil que logren el orgasmo por una cuestión de estimulación del sistema nervioso, genitales y demás, ellos a veces dicen que sí, pero que eso es lo que les gusta hacer! Intento pasarles el mensaje de que si tú quieres hacer esto y además quieres que ella disfrute hay que negociar algo… muchas veces ellas también dicen, “No, lo que hay que hacer es esto, yo quiero llegar al orgasmo con penetración vaginal”, o sea, yo quiero cumplir con los estándares que se me imponen desde lo el mundo masculino! Es un trabajo sobretodo en mí experiencia no confrontativo; vamos a ir viendo como vamos haciendo para que esto vaya cambiando, pero si se lo pones así en cima de la mesa, en plan, mira esto es una creencia que no tiene nada que ver, estos son los datos, normalmente lo rechazan. El discurso es, “A mí esto me da igual, yo quiero conseguir esto y se tu no me vas a ayudar pues me busco otra persona”. Entonces siempre ha sido proponiendo algún ejercicio para que vean que es posible disfrutar y que disfrute la otra persona al mismo tiempo y desde ahí ir trabajando la actitud pero con ejemplos muy

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