ÑANI DE TACANDA
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El tren llegó al pueblo, Ñani de Tacanda. La vieja le dijo a Malcolm que ella
tenía una pequeña y acogedor...
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Ñani de Tacanda. Cuento de terror

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Cuento de terror autores: Carmen Calvo Corrales, David García Aguilar

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Ñani de Tacanda. Cuento de terror

  1. 1. ÑANI DE TACANDA Próxima la época de exámenes, Malcolm Malcolmson decidió ir a algún lugar solitario donde poder estudiar sin ser interrumpido. Buscaba un pequeño pueblo donde nada lo distrajera del estudio. Decidió por sí mismo el lugar. Hizo su equipaje, tan solo una maleta con un poco de ropa y todos los libros que necesitaba, y compró un billete para el primer nombre desconocido que vio en los itinerarios de trenes de cercanías. Su medio de transporte salía dos horas más tarde. Mientras esperaba se encontró con una anciana muy simpática que esperaba precisamente el mismo tren que el suyo. La anciana le pareció muy, pero que muy vieja; Malcolm no mostró ningún inconveniente al respecto. Ella se acercó y ambos se adentraron en una conversación en la cual Malcolm se sentía muy incómodo, no le gustaba hablar de su día a día. Su vida era complicada ya que en casa siempre había peleas y discusiones, raro era el día en el cual no se escuchara nada. Él no entendía, no sabía cómo ni por qué le había contado cosas que nunca antes le había confiado a nadie. La vieja pasó de ser una abuela simpática a siniestra cuando comenzó a relatarle una historia cuyo protagonista era el pueblo al que se dirigían. La historia trataba de un niña pequeña perdida en el dicho pueblo, llegada de no se sabe donde. Cuando su mirada se cruzaba con la tuya te inundaba un inmenso sentimiento de agonía y te paralizabas al momento, dejándote vulnerable al espíritu maligno que la niña llevaba dentro. Toda persona que se cruzara con la pequeña no volvía a ser vista. La niña aparecía las noches de niebla y luna llena. Llegó el tren a la estación, ya habían pasado dos horas y Malcolm no se había percatado ni siquiera de que ya estaba oscureciendo. El tranvía tenía un aspecto bastante normal y moderno, pero cuando Malcolm subió no vio a ningún pasajero aparte la anciana. Era muy extraño y transmitía un misterio peligroso. El muchacho avanzó por el tren y se sentó en uno de los asientos individuales que se encontraban próximos a unas ventanillas bastante amplias. La vieja lo siguió hasta pararse justo en frente de él, lo observó fijamente por un instante con una mirada escalofriante y un segundo después la vieja retomó su paso hasta colocarse un par de asientos por delante del de Malcolm. Ya había entrado la noche cuando Malcolm se despertó de un sueño del cual se había percatado en ese mismo momento. Miró hacía un lado, y a pesar de las estaciones que el tren había visitado mientras él dormía, seguía sin haber pasajeros. Miró hacía el otro lado y la anciana tenía la mirada perdida en la ventanilla, parecía que estaba recordando sucesos anteriores de su vida. Mientras el muchacho pensaba esto, una enigmática sonrisa apareció en los
  2. 2. labios de esta. El tren llegó al pueblo, Ñani de Tacanda. La vieja le dijo a Malcolm que ella tenía una pequeña y acogedora casa en el pueblo y le ofreció la oportunidad de hospedarse en ella, ya que ella solo iba a recoger sus pertenencias porque iba a emprender un largo viaje. Malcolm accedió de inmediato y la vieja le mostró todas las habitaciones de la casa. Luego partió hacia Deracesva a visitar a unos viejos amigos. La rutina de Malcolm se centra en estudiar y alimentarse. Así estuvo durante una semana en la cual notó como si alguien le hubiera estado vigilando. Durante su estancia en la casa, descubrió una puerta oculta detrás de un gran cuadro. En ella encontró ropas de niña pequeña, llenas de manchas de humedad. Malcolm supuso que era de una nieta de la vieja, así que no le prestó mucha atención. Al terminar la semana decidió marcharse a casa y cogió nuevamente un tren que salía por la noche de la estación. Había luna llena y niebla espesa. Subió al tranvía y un sentimiento de agonía le inundó al encontrase con la anciana. La miró a los ojos y notó como su cuerpo se paralizaba. En ese momento se dio cuenta de que la vieja era aquella niña del pueblo. Las vías del tren comenzaron a chirriar y este empezó a temblar, ya habían llegado a su destino. AUTORES: DAVID GARCÍA AGUILAR Y CARMEN CALVO CORRALES

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