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N.o
LO AUTÉNTICO NO ES ÚNICO
JORGE LOZANO GÉRALD MAZZALOVO
CHIARA CASARIN
OMNISCÓPICA
DESDE EL ORIGEN
A NUESTROS DÍAS Y MÁ...
Lo auténtico no es único, pero aún así... Jorge Lozano 5
Autenticidades de las marcas. Gérald Mazzalovo 15
La consabida du...
El canon de la Mediología
MARIO PIREDDU y MARCELLO SERRA (Eds.): Mediología. Cultura, tecnología y
comunicación. Barcelona...
144 LIBROS
(Harold Laswell, Paul Lazarsfeld, Robert Merton et alii) y de la Escuela
de Chicago (Walter Rothenbuhler, el ma...
LIBROS 145
Inevitablemente, con esa decisión los coeditores se expusieron a la
acusación que persigue a los antólogos: ¿po...
146 LIBROS
a la vez que supera su obsesión por los efectos de la comunicación masiva
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Mediología. Revista de Occidente, enero de 2015

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Mediología. Revista de Occidente, enero de 2015

  1. 1. N.o LO AUTÉNTICO NO ES ÚNICO JORGE LOZANO GÉRALD MAZZALOVO CHIARA CASARIN OMNISCÓPICA DESDE EL ORIGEN A NUESTROS DÍAS Y MÁS ALLÁ PEDRO R. GARCÍA BARRENO ENTREVISTA A RICHARD FORD ALFONSO ARMADA Viñeta: Santiago Ydáñez Enero 2015 N.o 404 / 8 euros L PONEMOS ENERGÍA EN COSAS QUE IMPORTAN APOYANDO LA CULTURA Y RESTAURANDO EL PATRIMONIO En la Fundación Iberdrola ponemos toda nuestra energía en promover la cultura y conservar el patrimonio artístico y cultural de los países donde tenemos actividad. www.fundacioniberdrola.org Programa de Restauración del Museo del Prado SOSTENIBILIDAD Y BIODIVERSIDAD FORMACIÓN E INVESTIGACIÓN COOPERACIÓN Y SOLIDARIDAD ARTE Y CULTURA 404 Enero2015
  2. 2. Lo auténtico no es único, pero aún así... Jorge Lozano 5 Autenticidades de las marcas. Gérald Mazzalovo 15 La consabida duda sobre la autenticidad. Chiara Casarin 37 José Janés, editor de Camilo José Cela. Adolfo Sotelo Vázquez 57 La gran ilusión de Victoria Ocampo: nuestra efímera belle époque. Consuelo Triviño Anzola 73 Omniscópica. Desde el origen a nuestros días y más allá. Pedro R. García Barreno 87 ENTREVISTA Richard Ford: «Como Graham Green, yo también tengo una aguja de hielo en el corazón». Alfonso Armada 103 NOTAS Factores determinantes de la exclusión social. Maite Blázquez Cuesta 123 Los flashes y las manchas que nos hacen humanos. Sobre Emmanuel Carrère. Jorge Carrión 127 CREACIÓN LITERARIA Silencios desde la Guerra Civil Española. Jane Duran 135 LIBROS El canon de la Mediología. Pablo Francescutti 143 La ambigüedad del mago astuto. Juan Ángel Juristo 146 Una historia personal de la literatura. Eduardo Moga 151 SUMARIO
  3. 3. El canon de la Mediología MARIO PIREDDU y MARCELLO SERRA (Eds.): Mediología. Cultura, tecnología y comunicación. Barcelona: Gedisa, 2014, 240 pp. ¿Existe realmente la disciplina denominada «ciencias de la comu- nicación»? En el ámbito institucional español parecería que sí, a tenor de la cantidad de facultades que ostentan tal marchamo. En el plano estrictamente epistemológico las cosas no parecen tan claras. Sus detractores la tachan de mera amalgama de trocitos de psicología social, retazos de sociología, un poquito de análisis del discurso, algo de etnografía y un toque de cibernética vagamente articulada en torno a los procesos y fenómenos de la comunicación de masas. En contra, sus avalistas insisten en que su solvencia está más que fundamentada, y una de las pruebas que esgrimen a su favor es la existencia de un cuerpo de textos teóricos y pesquisas empíricas que constituyen un canon. Ese conjunto de textos señeros –léase: que aparecen una y otra vez en las bibliografías de la especialidad– no es otro que el legado por la Mass Communication Research. Generado a partir de los años cuarenta en Esta- dos Unidos por las contribuciones conjuntas de la Escuela de Columbia LIBROS [143]
  4. 4. 144 LIBROS (Harold Laswell, Paul Lazarsfeld, Robert Merton et alii) y de la Escuela de Chicago (Walter Rothenbuhler, el matrimonio Lang, Elihu Katz...), dicho canon –ejemplarmente recogido por Katz y Daniel Dayan en su Canonic Texts in Media Research– tomó forma en respuesta a problemáticas muy específicas de su contexto social y geográfico enmarcado en paradig- mas teóricos autóctonos (el conductismo, principalmente); sin embargo, sea por su productividad empírica, su adecuación a los requisitos de las revistas de alto impacto o por simple imperialismo intelectual, se ha convertido en la referencia dominante en las casas de estudios donde se forman nuestros comunicadores y comunicólogos. Fuera de ese corpus ha quedado un conjunto de textos originados en países cuyos mejores cerebros reflexionaron con clarividencia so- bre los mismos asuntos. Y no nos referimos únicamente a la Escuela de Frankfurt, pues en esa cartografía intelectual hay mucha más vida aparte de Theodor Adorno y los suyos –dicho esto sin negar ni un ápice de su inmenso mérito–; y de una enjundia tal que ningún estudioso o es- tudiante de la comunicación puede darse el lujo de ignorar. De ahí lo oportuno de la edición española del volumen publicado en Italia por Mario Pireddu y Marcello Serra. Con el título Mediología pro- ponen una relectura de textos fundacionales de una «disciplina que elige los medios como territorio de observación privilegiado para el estudio de la sociedad y de sus mutaciones». Para más señas, el subtítulo Cultura, tecnología y comunicación precisa que dicho territorio se ubica en la inter- sección de estas tres vastas esferas. A Pireddu, docente de la Universidad Roma Tre, y Serra, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (GESC), la idea organizadora de este libro se les ocurrió mientras coordinaban la sección de críticas de una publicación especializada; en concreto: ¿por qué no reseñar clásicos de la mediología «como si se publicasen hoy», a la luz de su influencia en las problemá- ticas actuales? Dicho y hecho: tras consultar a un grupo integrado por estudiosos adscritos a la universidad italiana, con las excepciones del francés Michel Maffesoli y del primer espada de la semiótica hispana, Jorge Lozano, escogieron diecinueve obras que jalonan el recorrido del pensamiento mediológico.
  5. 5. LIBROS 145 Inevitablemente, con esa decisión los coeditores se expusieron a la acusación que persigue a los antólogos: ¿por qué incluyeron a tales au- tores y excluyeron a los demás? No sorprenderá, por ende, que alguien cuestione su arranque con un texto de Georg Simmel sobre la vida urbana en vez de hacerlo con el precursor trabajo de Gabriel Tarde acerca de la opinión de masas; ni que otros duden del encaje de la teoría de la novela de György Lukács en los escenarios de la comunicación masiva; ni faltarán los que lamenten la conspicua ausencia de Umberto Eco y Stuart Hall. En cambio, nadie reprochará el rescate del fascinante texto de Rudolf Arnheim sobre la radio y el arte de la escucha; ni la inclusión de la his- toria de la opinión pública de Jürgen Habermas y del ineludible análisis de Raymond Williams sobre la televisión. Totalmente justificada es la presencia de La Dialéctica de la Ilustración, de Max Horkheimer y Theodor Adorno, junto con La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica y El Libro de los Pasajes, de Walter Benjamin. Otro tanto vale para la escuela de Toronto, representada por obras de Marshall McLuhan (La Galaxia Gutenberg y Comprender los medios de comunicación), Eric Havelock (Prefacio a Platón) y Harold Innis (Empire and Communication), que, al decir de su discípulo Derrick de Kerckhove, comparten un enfoque centrado en la «primacía de la comunicación en la estructuración de la mente humana». La aportación francesa se concretiza en dos piezas clave en el desve- lamiento ideológico de la cultura de masas y el consumismo: Mitologías, de Roland Barthes, y El Sistema de los Objetos, de Jean Baudrillard. De la Escuela de Columbia los comentaristas escogieron La Influencia Personal, de Katz y Lazarsfeld, un estudio imprescindible para entender las redes sociales. Y acertaron de pleno al elegir Mnemosyne, del historiador del arte Aby Warburg, cuyo Atlas de las imágenes ilumina el funcionamiento de la iconosfera de nuestros días. La selección finaliza con No sense of Place, de Joshua Meyrowitz, un texto de reciente publicación (1985) que se ha ganado el rango de clásico al describir cómo la televisión ha trastocado los espacios de la interacción social. En el conjunto predominan las contribuciones procedentes de Francia, Reino Unido y Alemania, configurando una réplica europea a las sagradas escrituras de la Mass Communication Research; una réplica que desborda el limitado perímetro socio-psicológico en que aquella corriente se encerró,
  6. 6. 146 LIBROS a la vez que supera su obsesión por los efectos de la comunicación masiva adoptando una visión abarcadora de sus imbricaciones culturales, sociales y antropológicas. El lector agradecerá que cada reseña venga precedida de una ficha del correspondiente libro confeccionada por los coeditores, lo que deja a los comentaristas las manos libres para centrarse en la lec- tura crítica hecha desde hoy. Las interpretaciones son, por lo general, de un alto nivel, y hacen gala de un conocimiento riguroso de las obras, de las circunstancias de su génesis y de su impacto en el tiempo transcurrido. En breve: Pireddu y Serra han reunido un canon original y provo- cativo que abre el abanico de las opciones teóricas disponibles, digno de figurar en las bibliografías universitarias y en las bibliotecas de los inte- resados en la larga revolución cultural que los medios han propiciado.— PABLO FRANCESCUTTI La ambigüedad del mago astuto GIORGIO MANGANELLI: La literatura como mentira. Traducción de Mariagio- vanna Lauretta. Madrid: Editorial Dioptrías, 2014, 283 pp. En un artículo, hasta entonces inédito en español, que publicó La Van- guardia el 3 de mayo de 2002, Giorgio Manganelli se interroga sobre su oficio: «¿Por qué escribo? Confieso no saberlo, confieso no tener la más remota idea y confieso también que la pregunta es graciosa y aterradora a la vez. En calidad de pregunta graciosa, sin duda tendrá respuestas graciosas: como por ejemplo, que escribo porque no sé hacer otra cosa; o porque soy demasiado deshonesto como para ponerme a trabajar. Me viene a la memoria George Bernard Shaw: «Demasiado cansado como para trabajar, escribía libros». Escribir es sin duda una manera astuta para evitar tener que «hacer»; a mi alrededor la gente se preocupa por vivir, tiene familia, cobra nóminas, enferma y muere. Oh, yo también cobro una nómina pero ¿se puede llamar «nómina» lo que se obtiene a cambio de

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