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¿También vosotros queréis
iros?
21º domingo ordinario - B
Muchos de sus discípulos dijeron: ¡Duras son estas
palabras! ¿Quién puede oírlas? Sabiendo Jesús que
murmuraban, dijo: ¿Es...
Jesús era un hombre libre con una experiencia
extraordinaria de Dios que no tenían sus coetáneos.
Muchos no llegaron a com...
Jesús mostró otra cara de Dios: la del Padre misericordioso,
que no desea otra cosa que la felicidad de sus criaturas.
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La crítica brota de los celos, las comparaciones y los juicios
desacertados. Jesús no fue inmune al impacto de la envidia
...
Y, sin embargo, sus palabras son vida y alimento.
Jamás su mensaje se ha opuesto a la vida, la dignidad y
la felicidad hum...
He venido para que tengáis vida en plenitud: esta es la
misión de Jesús. Pero un sector de su pueblo, incluso de
los suyos...
Hoy mucha gente se aleja de la Iglesia. La pregunta de
Jesús se dirige a los cristianos de hoy:
¿También vosotros queréis ...
Pedro no vacila, y contesta con hermosa rotundidad:
¿A quién vamos a acudir? ¡Tus palabras son vida!
Reconocer que Cristo
es el Santo de Dios es
reconocer en él la
imagen más perfecta
del Padre. Aceptarlo y
acogerlo es deja...
Es muy frecuente oír: yo creo, pero no soy practicante. Sin
juzgar a nadie, podemos preguntarnos: ¿cómo vamos a
llegar a l...
Si decimos sí a Jesús, decimos sí a la Iglesia. Jesús no
quiso trabajar solo: llamó a unos discípulos y les
confió seguir ...
Concebir la fe sin comunidad y sin vivir la eucaristía es
imposible. Vivir la unión, la fraternidad, el amor mutuo,
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Textos: Joaquín Iglesias Aranda
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21 domingo ordinario B - Palabras duras

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21 domingo ordinario B - Palabras duras

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21 domingo ordinario B - Palabras duras

  1. 1. ¿También vosotros queréis iros? 21º domingo ordinario - B
  2. 2. Muchos de sus discípulos dijeron: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién puede oírlas? Sabiendo Jesús que murmuraban, dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Queréis iros vosotros también? Respondió Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Juan 6, 60-69.
  3. 3. Jesús era un hombre libre con una experiencia extraordinaria de Dios que no tenían sus coetáneos. Muchos no llegaron a comprenderlo y le echaron en cara su forma de hablar. ¡Son palabras inaceptables!, decían.
  4. 4. Jesús mostró otra cara de Dios: la del Padre misericordioso, que no desea otra cosa que la felicidad de sus criaturas. Con sus curaciones y sus predicaciones tocaba corazones y sanaba cuerpos y almas. Pero no se libró de la crítica, ese fenómeno tan viejo como la humanidad…
  5. 5. La crítica brota de los celos, las comparaciones y los juicios desacertados. Jesús no fue inmune al impacto de la envidia y las difamaciones.
  6. 6. Y, sin embargo, sus palabras son vida y alimento. Jamás su mensaje se ha opuesto a la vida, la dignidad y la felicidad humana.
  7. 7. He venido para que tengáis vida en plenitud: esta es la misión de Jesús. Pero un sector de su pueblo, incluso de los suyos, no lo comprendería, y esto lo llevaría a la muerte en cruz.
  8. 8. Hoy mucha gente se aleja de la Iglesia. La pregunta de Jesús se dirige a los cristianos de hoy: ¿También vosotros queréis iros? ¿Qué queremos hacer? ¿Continuamos dentro o fuera?
  9. 9. Pedro no vacila, y contesta con hermosa rotundidad: ¿A quién vamos a acudir? ¡Tus palabras son vida!
  10. 10. Reconocer que Cristo es el Santo de Dios es reconocer en él la imagen más perfecta del Padre. Aceptarlo y acogerlo es dejar que llene nuestra vida. Es abrazarlo y adherirnos a él. Y él nos colma de alegría y de una vida que es eterna.
  11. 11. Es muy frecuente oír: yo creo, pero no soy practicante. Sin juzgar a nadie, podemos preguntarnos: ¿cómo vamos a llegar a la plenitud espiritual sin vivir y encarnar nuestra fe en la comunidad?
  12. 12. Si decimos sí a Jesús, decimos sí a la Iglesia. Jesús no quiso trabajar solo: llamó a unos discípulos y les confió seguir su tarea. Creó una familia, no unida por vínculos de sangre, sino por la fuerza del Espíritu Santo.
  13. 13. Concebir la fe sin comunidad y sin vivir la eucaristía es imposible. Vivir la unión, la fraternidad, el amor mutuo, es nuestro alimento diario. Esta vivencia tiñe nuestra presencia en el mundo: la luz de Cristo, que alienta en nosotros, no puede pasar desapercibida.
  14. 14. Textos: Joaquín Iglesias Aranda http://homilias.blogspot.com

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