EL PINTOR DE LOS MINEROS
EXPOSICIÓN TEMPORAL - DEL 9 DE ABRIL AL 26 DE JUNIO DE 2011
MSM
EXPOSICIÓN:
Comisario de Honor: Ambrosio Ortega Alonso
Coordinación General: MSM
Selección de obra y textos: Gonzalo Blanc...
JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN
Presidente de la Junta de Castilla y León
Juan Vicente Herrera Campo
Consejera de Cultura y Turis...
Ambrosio Ortega Alonso, Brosio, ha vivido durante muchos años en la oscuridad.
Primero fue la oscuridad de la mina. Con ap...
“Nunca podréis encadenarme el alma” 011 Gonzalo Blanco
A Brosio, el olvidado, jamás se le olvida 017 Fulgencio Fernández
B...
“Nunca podréis encadenarme el alma”
GONZALO BLANCO
Bajó tempranamente a la mina, a los l6 años, y se “escapó” un día de este horror cuyos pecu-
liares jinetes del Apocalipsi...
El retrato genial de un Brosio casi salvaje que creó Alberto Schommer, en 1970 que le equipa-
raba a los prohombres más em...
todo, por la tenacidad, destreza y buen hacer del Director Roberto Fernández en el plantea-
miento y en la ejecución de un...
Gracias a ese encuentro y a sus derivas posteriores, Carlos Paris hablaría de Brosio en El rapto
de la cultura; Laso le in...
A Brosio, el olvidado, jamás se le olvida
FULGENCIO FERNÁNDEZ
Vaya por delante una confesión, jamás había escrito en un catalogo de arte, ni una crítica de
arte, ni esperaba hacerlo en...
…Y mil historias más: tiernas, ejemplares, increíbles, admirables, seductoras… Pero solamen-
te dos veces me he quedado pa...
frase, muy corta, ingenua y valiente, que Brosio me había dicho durante una entrevista.
– ¿Cómo le llevaron a la cárcel si...
Aprendí la lección. Recogí el guante y seguí las huellas del pintor palentino. Y, curiosamente,
volví a escuchar muchas ve...
daba clase y José María Laso le dijo: “Soy viajante de chocolates Zahor y ahora estoy estudian-
do el bachillerato”.
Laso ...
él en los largos 23 años que Ambrosio Ortega permaneció en las cárceles franquistas. Más
tiempo incluso del máximo que per...
como Agustín Ibarrola o el palentino Ambrosio Ortega, “cuyos cuadros de temática minera reci-
birían años después el elogi...
dos mundos crueles en los que la supervivencia resulta penosa, porque con la mina también
se han contado muchas mentiras, ...
Al fin se sentó. Hablamos largo y tendido, con voz débil y pausada él. Al fin estaba ante Brosio,
el de Benjamín Rubio, el...
Había vivido más tiempo en la cárcel que en libertad (o, cuando menos, en la calle, lo de la
libertad en aquellos tiempos ...
Parecía que llegaba una nueva vida, más justa, para Brosio, a quien invitaron a exponer en
Quito y a su regreso todo estab...
Hace unos días, hablando con Evangelina Guerra, la de Los Llanos de Valdeón, recordé la refle-
xión de Brosio y le quise h...
Brosio,
el pintor invisible
JULIAN ALONSO
Las trayectorias existencial y pictórica de Ambrosio Ortega, a partir de cierta etapa de su vida,
son como dos líneas para...
De la cárcel había salido en 1970 después de 23 años de encierro, pero la mina no abando-
naría nunca su corazón porque ha...
de la mina, su magia y su poética, su drama y su ejemplario moral puestos a información en
esta pintura por un hombre que,...
guir. Trabajadas de una manera que yo calificaría de aerográfica, porque aunque se aprecia-
ban perfectamente las figuras ...
por tantos años de encierro, es una mirada introspectiva, hacia un universo hecho de recuer-
dos y sensaciones que el tiem...
picadores de Brosio, sosteniendo la herramienta entre sus manos como quien sostiene el pan
de todo un pueblo, verdaderos m...
la portada de un poemario de Carlos Álvarez, otro poeta que pasó lo mejor de su vida en la cár-
cel. Y descubre que tambié...
Seguro que él no le da importancia. Es un minero y un activista con muchas batallas sobre sus
espaldas y convencido de que...
Mina
Barrenistas
Acuarela, 64 x 88 cm
Propietario Galería Ármaga
Barrenistas II
Acuarela, 63 x 87,5 cm
Propietario Ángeles Riaño Reyero
Picador IV
Acuarela, 68 x 47 cm
Propietario Vicente de los Ríos López
045el pintor de los mineros
Pozo Calero
Acuarela, 67 x 43 cm
Propietario Galería Ármaga
Entrando en la mina
Acuarela, 48 x 63 cm
Propietario Izquierda Unida Palencia
Entrando en la mina II
Acuarela, 49 x 63 cm
Propietario Galería Ármaga
(no expuesto)
Minero
Acuarela, 51 x 66,5 cm
Propietario Julian Zapico
049el pintor de los mineros
Galería de mina
Acuarela, 86 x 53 cm
Propietario Gonzalo Suárez
Cargando la vagoneta
Acuarela, 50 x 70 cm
Propietario Jesús Revilla
(no expuesto)
051el pintor de los mineros
Mula y mina
Acuarela, 51,5 x 69,5 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
Picadores en la mina
Acuarela, 97 x 67 cm
Propietario Obra Social Caja España-Caja Duero
053el pintor de los mineros
Picador III
Acuarela, 97 x 66,5 cm
Propietario Familia Arias Navarro Tronco
Picador
Acuarela, 96,5 x 66,5 cm
Propietario Diputación Provincial de Palencia
Picador II
Acuarela, 73,5 x 51cm
Propietario Galería Ármaga
Trabajo en las galerías
Acuarela, 97 x 67 cm
Propietario Galería Ármaga
057el pintor de los mineros
Entibador II
Acuarela, 97 x 66,5 cm
Propietrio Mª Dolores Garrido Prieto
Entibando la Galería
Acuarela, 96,5 x 66 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
059el pintor de los mineros
Entibando
Acuarela, 87 x 55 cm
Propietario Rosa María Riaño Reyero
(no expuesto)
Entibador
Acuarela, 67 x 47 cm
Colección Izquierda Unida Palencia
061el pintor de los mineros
El derrabe
Acuarela, 96 x 66,5 cm
Propietario Antonio Herreros
Minero herido
Acuarela, 53 x 67,5 cm
Propietario Feli Cueto
063el pintor de los mineros
Entierro
Acuarela, 68,5 x 97 cm
Propietario Feli Cueto
Tirando de la mula
Acuarela, 64 x 48 cm
Propietario Jesús Revilla
(no expuesto)
065el pintor de los mineros
Sudando sangre
Acuarela, 47 x 70 cm
Propietario Jesús Revilla
(no expuesto)
Mitin en el pozo calero
Acuarela, 50 x 70 cm
Popietario Jesús Revilla
(no expuesto)
067el pintor de los mineros
Lucha obrera,
Acuarela, 9,5 x 66,5 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
Dando la tira
Cera, 44,5 x 61,5 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
069el pintor de los mineros
Basculador
Cera, 44,5 x 56,5 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
Protesta
Carboncillo, 67 x 46,5 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
071el pintor de los mineros
Picador andando
Carboncillo, 46 x 65,5 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
Eco
Carboncillo, 31,5 x 46 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
073el pintor de los mineros
Cara
Carboncillo, 33 x 46 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
Descanso
Cera, 33 x 45 cm
Propietario Mª Rosa Ramos Calvo
Serie Negra
075el pintor de los mineros
Picando
Cera, 64,5x 45,5 cm
Propietario Jesús María Fernández Corral
Serie Negra
Cárcel
Durmiendo en la celda
Acuarela, 59 x 44 cm
Propietario Galería Ármaga
Durmiendo en la celda II
Acuarela, 59 x 44,5 cm
Propietario Izquierda Unida Palencia
Entierro en la cárcel
Acuarela, 66,5 x 96,5 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
Entierro en la cárcel II
Acuarela, 66,5 x 96,5 cm
Propietario Familia Arias Navarro Tronco
Celda de día
Acuarela, 59,5 x 44,5 cm
Propietario Galería Ármaga
Celda de día II
Acuarela, 58 x 42,5 cm
Propietario Izquierda Unida Palencia
Fusilamiento
Acuarela, 67 x 97 cm
Propietario Sandra Ruiz Ogarrio González
Campo y mar
Campo
Acuarela, 54,5 x 75 cm
Propietario Gonzalo Suárez
089el pintor de los mineros
Labores de campo
Acuarela, 55 x 76 cm
Propietario Galería Ármaga
Atardecer
Acuarela, 44 x 60,5 cm
Propietario Antonio Herreros
Atardecer II
Acuarela, 49,5 x 64,5 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
(no expuesto)
Tractorada Comunera
Acuarela, 66,5 x 96,5 cm
Propietario Antonio Herreros
093el pintor de los mineros
Campo sembrado
Acuarela, 38,5 x 64 cm
Propietario José María Carnero Huerga
Sembrando en el campo
Acuarela, 47,5 x 59 cm
Propietario Izquierda Unida Palencia
095el pintor de los mineros
Agricultores
Acuarela, 44 x 61 cm
Propietario Galería Ármaga
Segador
Acuarela, 62 x 79 cm
Propietario Mª Dolores Garrido Prieto
097el pintor de los mineros
Secando la hierba
Acuarela, 65 x 48,5 cm
Propietario Galería Ármaga
Mariscadoras
Acuarela, 33 x 47,5 cm
Propietario Gonzalo Suárez
099el pintor de los mineros
“Rula” de mariscadoras
Acuarela, 33,5 x 48 cm
Propietario Galería Ármaga
Retratos
Autorretrato
Pastel, 64,5 x 48,5 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
103el pintor de los mineros
Rosana
Carboncillo, 64,5 x 49,5 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
Feli
Acuarela, 59 x 46,5 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
(no expuesto)
105el pintor de los mineros
Retrato
Sanguina, 70 x 50 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
(no expuesto)
Paisajes
Paisaje
Óleo, 101 x 94 cm
Propietario Marcelina Benito Camino
(no expuesto)
109el pintor de los mineros
Paisaje
Óleo, 63 x 101 cm
Propietario Marcelina Benito Camino
(no expuesto)
Paisaje
Óleo, 47 x 96cm
Propietario Marcelina Benito Camino
(no expuesto)
111el pintor de los mineros
Paisaje
Óleo, 44 x 69 cm
Propietario Marcelina Benito Camino
(no expuesto)
Otra Obra
Frescos de la Ribera
Es el único artista no vasco participante en la colosal obra de los llamados “Frescos de
la Ribera”, ...
115el pintor de los mineros
Brosio despliega en este proyecto, él, un hombre de tierra adentro, privado de luces y
paisaje...
Frescos de la Ribera
Detalle
117el pintor de los mineros
Frescos de la Ribera
Detalle
119el pintor de los mineros
Frescos de la Ribera
Detalle
121el pintor de los mineros
Frescos de la Ribera
Detalle
123el pintor de los mineros
Bosnia, niños
Acuarela, 88 x 64 cm
Propietario Galería Ármaga
125el pintor de los mineros
Ferrocarril
Acuarela, 68,5 x 99 cm
Propietario Vicente de los Ríos López
Arrastre
Acuarela, 66,5 x 96,5 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
127el pintor de los mineros
Aizcolari
Acuarela, 96,5 x 66,5 cm
Propietario Alfredo Escandón Ales
La Ermita
Acuarela, 61 x 80,5 cm
Propietario José Fraguas Álvarez
129el pintor de los mineros
Florero
Óleo, 63,5 x 48,5 cm
Propietario Ambrosio Ortega Alonso
(no expuesto)
Escultura
133el pintor de los mineros
Monumento a los mineros
Detalle
Villablino (León)
Monumento a los mineros
Detalle
Villablino (León)
135el pintor de los mineros
137el pintor de los mineros
Monumento a los mineros
Detalle
Villablino (León)
Monumento a los mineros
Detalle
Villablino (León)
139el pintor de los mineros
Monumento a los mineros
Detalle
Villablino (León)
Exposición
MSM
Ambrosio Ortega Alonso, en persona, con sus ochenta y seis años recién cumplidos, y
una salud cuarteada por tantos avatare...
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)
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Antología de cuadros del gran pintor expresionista BROSIO, el preso político que más años estuvo en las cárceles franquistas (no Marcos Ana).

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CATÁLOGO DE LA RETROSPECTIVA DEL PINTOR BROSIO (1925-2015)

  1. 1. EL PINTOR DE LOS MINEROS EXPOSICIÓN TEMPORAL - DEL 9 DE ABRIL AL 26 DE JUNIO DE 2011 MSM
  2. 2. EXPOSICIÓN: Comisario de Honor: Ambrosio Ortega Alonso Coordinación General: MSM Selección de obra y textos: Gonzalo Blanco Diseño: MSM / Artefacto Producciones / Mónica Pérez Registro y Logística: MSM / Artefacto Producciones / Arancha Espadas Patrocinio: Caja España – Caja Duero Propietarios de las obras: Gonzalo Blanco, José María Carnero, Feli Cueto, Vicente de los Ríos, Alfredo Escandon, José Fraguas, María Dolores Garrido, Antonio Herreros, Ambrosio Ortega, Gonzalo Suárez, Rosa Ramos, Sandra Ruiz Ogarrio, Julián Zapico, Familia Arias Navarro, Galería Ármaga, Caja España-Caja Duero, Izquierda Unida Palencia, Diputación Provincial de Palencia Imágenes: Alberto Schommer, Ambrosio Ortega, Fernando Cuevas, Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullan, Manuel Ramos, Rubén del Valle, TVE, MSM Textos: Ambrosio Ortega, Gonzalo Blanco, Fulgencio Fernández, Julian Alonso, MSM Transporte y montaje: Artefacto Producciones, León Seguros: Hiscox CATÁLOGO Edita: Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León Coordinación: MSM / Gonzalo Blanco Diseño y Producción: MSM / BN Comunicación Textos: Gonzalo Blanco / Fulgencio Fernández / Julián Alonso Fotografías: MSM / Alberto Schommer / Rubén del Valle / Ambrosio Ortega / Fernando Cuevas / Manuel Ramos. Impresión: BN Comunicación Este catálogo ha sido editado con motivo de la exposición “Brosio, el pintor de los mineros” celebrada en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León en Sabero (León-España) entre el 9 de Abril y el 26 de Junio de 2011. Todos los derechos reservados. Esta publicación no podrá ser reproducida ni transmitida por ningún medio sin el permiso de la Junta de Castilla y León. Copyright fotografías y textos: Los autores. Copyright Reproducciones Autorizadas: Propietarios de las fotografías. Distribución gratuita. Créditos
  3. 3. JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN Presidente de la Junta de Castilla y León Juan Vicente Herrera Campo Consejera de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León María José Salgueiro Cortiñas Viceconsejero de Cultura de la Junta de Castilla y León Alberto Gutiérrez Alberca Secretario General de la Consejeria de Cultura y Turismo José Rodríguez Sanz Pastor Director General de la Fundación Siglo para las Artes de Castilla y León José Luís Fernández de Dios
  4. 4. Ambrosio Ortega Alonso, Brosio, ha vivido durante muchos años en la oscuridad. Primero fue la oscuridad de la mina. Con apenas diecisiete años cumplidos comenzó a tra- bajar en las peligrosas minas palentinas de Barruelo de Santullan. En ellas conoció a fondo el duro trabajo del minero, trabajo que quedó para siempre grabado en su retina y que supo reflejar años después en sus extraordinarias acuarelas. Luego fue la oscuridad de la cárcel. Más de veinte años en prisión por motivos estrictamen- te políticos marcaron para siempre su trayectoria vital, pero también su trayectoria artísti- ca, ya que como él dice “la cárcel me dio un oficio que no tenía”. Ambrosio aprende de forma autodidacta a pintar en prisión y sus escenas carcelarias encierran un dramatismo difícil de superar. Finalmente fue la oscuridad de la enfermedad. La brillante carrera de este pintor, cuando ya tenía proyectada su primera gran exposición en Nueva York, se vio truncada por graves problemas de salud. El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León ha querido rescatar la figura de Ambrosio Ortega de esta oscuridad y darle la luz que se merece. Para ello, y con el título “Brosio, el pintor de los mineros”, el centro ha organizado la mayor muestra que hasta la fecha se ha realizado de este pintor, toda una retrospectiva, con más de cincuenta cuadros y cien bocetos, que abarca varias décadas de trabajo intenso y que recorre una amplia temática: mina, cárcel, campo y mar, paisajes, retratos … Brosio es uno de los principales acuarelistas de nuestro país. Sus obras aúnan una mezcla de tonos fríos y cálidos y presentan una técnica muy personal, casi aerográfica, que otorga a los personajes que la pueblan, muchos de ellos mineros, un aura especial, que los hace aparecer como sombras vencidas por el trabajo que realizan. El realismo social de la obra de Ambrosio Ortega nos permite conocer la dureza de muchos oficios. La Consejería de Cultura y Turismo agradece a Ambrosio Ortega Alonso su disposición y generosidad para la realización de esta exposición, así como la colaboración de todos los prestadores de obra y el patrocinio de Caja España – Caja Duero, segura del éxito de la misma y esperando que sea del agrado y sirva de disfrute para todos cuantos la visiten. María José Salgueiro Cortiñas Consejera de Cultura y Turismo
  5. 5. “Nunca podréis encadenarme el alma” 011 Gonzalo Blanco A Brosio, el olvidado, jamás se le olvida 017 Fulgencio Fernández Brosio, el pintor invisible 031 Julián Alonso Catálogo de Obras 041 041 Mina 077 Cárcel 087 Campo y mar 101 Retratos 107 Paisajes 113 Otra Obra 131 Escultura “A los mineros” Exposición 141 Sumario
  6. 6. “Nunca podréis encadenarme el alma” GONZALO BLANCO
  7. 7. Bajó tempranamente a la mina, a los l6 años, y se “escapó” un día de este horror cuyos pecu- liares jinetes del Apocalipsis se llaman grisú, derrumbamiento de capas, silicosis o muer- te. Ingresó en la guerrilla, en los maquis de El Norte de Palencia y pudo sortear las per- secuciones de una guardia civil, la de posguerra, ebria de detenciones y palizas. Ingresó en prisión, y allí estuvo la friolera de veintitrés años y medio. Protagonizó una fuga (una de tantas en su vida) mítica en la historia de los penales españoles. Pero fracasó, fue capturado de nuevo y regresó a la celda, tanto a la convencional como la de castigo. ”Huyó” de dos penas de muerte precisamente con ese cumplimiento sobrado de su tiempo en cárceles. Tras un paréntesis de éxito civil, de exposiciones con acogida fulgurante de crítica y venta, de vida en libertad, de reconocimiento público como militante político, como artis- ta, amigo y tertuliano de Blas de Otero, de Buero Vallejo, de Tierno Galván, de Carlos París… se cierne sobre su salud un mazazo súbito: una encefalopatía, con tres “répli- cas” como en los peores terremotos, que le sumerge en un coma severo. Otro descen- so a la oscuridad pero con una diagnosis desesperada. Se fuga también. Sobrevive contra todo pronóstico y tiene que empezar de nuevo a aprender a leer y a escribir, se hace poco a poco con su conciencia, retoma pacientemente sus pinceles, prosigue su labor de militante, de modo épico y precario, de resistente neto y puro. Después, despojado de sus principales recursos, herido en sus núcleos vitales –cerebro, manos y ojos– es sometido a una existencia errática en una cartografía vital igualmente errática. Afuera la transición política, descafeinada por el tiempo, el desarrollismo precoz, la fiebre recién inventada del consumo, instalan una marea de vaselina sobre el tejido social de la España contemporánea. 011el pintor de los mineros
  8. 8. El retrato genial de un Brosio casi salvaje que creó Alberto Schommer, en 1970 que le equipa- raba a los prohombres más eminentes del país, empezó a virarse de pronto, a perder sus per- files de reto y lucha, y así, el ser humano de nombre de pila Ambrosio Ortega Alonso, natural de Barruelo de Santullán (Palencia), es devorado en una ceremonia larga y minuciosa por el dios Moloc del olvido. Entra casi a formar parte de la nómina de los habitantes oscuros de las cunetas y de las tapias de cementerios. Hoy tiene ochenta y seis, vive en un humilde piso en Herrera de Pisuerga (Palencia) sin apenas recursos económicos, recién operado de cataratas y sometido a pastillas y a dietas estrictas. No obstante mantiene en toda su pujanza la mirada penetrante de sus ojos azules y el farallón poderoso de su frente despejada. También el aplomo en las respuestas y en el afecto viril del saludo. Esta exposición en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, ¿es la última, por ahora, fuga de este prometeo barruelano, de este Harry Houdini de nuestros días, dotado de una naturaleza de acero, que no se resigna como en los peores momentos del presidio y de las penas de muerte a aceptar la derrota? “Nunca podréis encadenarme el alma”. Es el título de uno de los cuadros de sus pri- meras exposiciones. Es, sobre todo, su ex libris, su logotipo, su marca, su eslogan, su denomina- ción de origen. Y la muestra del Museo de Siderurgía y la Minería de Castilla y León pretende levantar acta, contra del olvido, de este hombre y esta obra sencillamente prodigiosos. El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, en el corazón del valle de la monta- ña oriental leonesa, bañado por el Esla, se aposenta en los espacios recuperados de la Ferrería neogótica del siglo XIX y del antiguo centro minero del pueblo. Es todo ello como un templo laico, en el que durante unos meses se oficiará la liturgia en torno a Brosio, el pintor de los mineros. Este proyecto ha concitado una suma admirable de solidaridades, empezando por la Fundación Siglo de la Junta de Castilla y León que no ha escatimado ilusión y medios y, sobre
  9. 9. todo, por la tenacidad, destreza y buen hacer del Director Roberto Fernández en el plantea- miento y en la ejecución de un proceso, cuya prehistoria abarca varios años. Para los perfiles artístico y humano de Ambrosio Ortega hemos tenido la suerte de contar con dos escritores de fuste en nuestra región Julián Alonso, ensayista, poeta, crítico de arte, editor, poseedor de una vasta información cultural; un hombre que mientras anda escanea la realidad en sus capas más escondidas y luego la vierte de un modo escandalosamente connatural y de extraordinaria eficacia en poemas visuales, en publicaciones de culto, en exposiciones y encuentros de arte y letras. El otro es Fulgencio Fernández, conocido por Ful en los ambien- tes más lúcidos y populares de León. Un periodista que arrastra su corpachón profético por los pasillos del diario La Crónica, pero también y sobre todo por cualquier lugar insólito donde se esté larvando una noticia capaz de engendrar asombro. Es cronista con vocación de detective. En el disco duro de su cabeza revolotea una arquelogía viva de nombres, de anécdotas, de tipos humanos, de acontecimientos locales que él desencripta pacientemente y nos los entre- ga elevándolos a categoría de historia. Sin él una zona sustancial de la vida de León permane- cería opaca. Con la figura de Brosio vive, desde hace años, un jaleo personal de admiración y justicia: Ha hecho de guardaespaldas contra el asedio que el olvido ejerce sobre este acuare- lista excepcional y este político insobornable llamado Ambrosio Ortega. Al filo de estas observaciones deseo hacer mención especial de Jose Manuel Nebot, un legen- dario comunista de Oviedo, coetáneo de Brosio, testigo y alentador de sus primeros pasos tras salir de la cárcel (“casi no sabía caminar, no se acostumbraba a la luz, hablaba en voz baja como temiendo a ser escuchado”, comenta) un “canguro” providencial que le condujo a salas de exposición, a los periódicos, a las encuentros decisivos con los intelectuales y artistas de Asturias y fuera de Asturias. Él, junto a José María Laso Prieto –uno de los paradigmas indis- cutibles en las movilizaciones filosóficas y culturales en diferentes ambientes de Oviedo con amplia repercusión en el ámbito nacional– instalaron a Brosio, con ocasión de su exposición monográfica sobre la minería en la Galería Península de Madrid, en el corazón del núcleo de intelectuales y artistas más brillantes y combativos de la transición. 013el pintor de los mineros
  10. 10. Gracias a ese encuentro y a sus derivas posteriores, Carlos Paris hablaría de Brosio en El rapto de la cultura; Laso le incluiría como tema urgente –su persona, su obra, su pasión por la polí- tica y la libertad– en el núcleo de filósofos de Oviedo y Schommer le inmortalizó en el libro Retratos Psicológicos. Finalmente yo he tenido la fortuna de tener que movilizar a una larga lista de poseedores de obra de Brosio. No se trata, generalmente de coleccionistas al uso, sino más bien de “devotos” y amigos del pintor, en cierto modo los cuadros forman parte del paisaje más entrañable de sus vidas. No han puesto el menor reparo a ceder la obra para este proyecto. Aunque al descolgar- los de la pared he visto en sus rostros el mismo gesto disimulado que brota cuando se marcha de casa un hijo o un familiar querido. Aquí hay una nómina probablemente incompleta de nom- bres: Gonzalo Súarez, Maria Luisa Escandón, Vicente Rios, Feli Cueto, Sres. de Zapico, José María Carnero, José Fraguas, Antonio Herreros, Sandra Ruiz Ogario, Rosa Ramos, Antón Arias Tronco…; de instituciones (Diputación de Palencia, Caja España-Caja Duero, Agrupación Palentina de Izquierda Unida, Galería Ármaga…); de lugares (León, Palencia, Oviedo, Valladolid, Madrid, Barruelo, Guardo, Herrera). Como por una suerte de encantamiento pare- ce adquirir perfil y vida el universo Brosio: su biografía, su producción artística, el patrimonio político que sembró en numerosos ambientes y personas en su etapa de libertad. Sabero puede jugar el impagable papel de escaparate, de espejo, de onda expansiva, capaz de impregnar a la opinión con este capital simbólico que se esconde en la figura de Ambrosio Ortega Alonso, Brosio el pintor de los mineros.¿Seremos capaces, entre todos, de poner en valor este patrimonio, de actualizarlo a través de una Asociación o Fundación Brosio, que se con- vierta en foco de nuevas actividades artísticas y testimoniales a partir de esta muestra?
  11. 11. A Brosio, el olvidado, jamás se le olvida FULGENCIO FERNÁNDEZ
  12. 12. Vaya por delante una confesión, jamás había escrito en un catalogo de arte, ni una crítica de arte, ni esperaba hacerlo en mi vida pues, para qué ocultarlo, jamás me consideré capa- citado para ello, seguramente sea una herencia cruel de ser otro integrante de esa gene- ración de españoles que ya no íbamos al seminario, que estudiamos un bachillerato con desprecio absoluto del latín y las bellas artes… Dice un colega de aquellos tiempos: “Mérito tenemos de estar aquí habiendo aprendido música en los coches de choque y arte en los calendarios de Explosivos Río Tinto”. Ahora, eso sí, sabemos de memoria los cuadrados de los treinta primeros números y las raíces cuadradas de otros tantos. Entonces, ¿qué hago aquí, en el catálogo de Brosio? Muy sencillo. Me sugieren escribir de Ambrosio Ortega y antes de que mi cerebro me proponga ninguna reflexión, me recuerde mis carencias, ya he dicho que sí, convenci- do, porque me parece el mayor de los privilegios poder hablar de una de las personas cuya biografía más me ha impresionado en mi quehacer profesional como periodista, cuya personalidad más me ha atraído. Voy a tratar de explicarme. Hace muchos años que mi pasión es recorrer pueblos, hablar con la gente anónima, escuchar historias y tratar de contarlas. Llevar a las páginas del periódico historias humanas, personajes arrojados de manera injusta a las cunetas del olvido mientras llenan cada día los espacios que a ellos les corresponderían las mismas caras sin gesto, las mismas declaraciones sin sustancia, idénticas descalificaciones sin gracia, biografías vacías de verdad pero construidas en un gabinete especializado en adornar curriculums. 017el pintor de los mineros
  13. 13. …Y mil historias más: tiernas, ejemplares, increíbles, admirables, seductoras… Pero solamen- te dos veces me he quedado paralizado ante quien me contaba su peripecia vital, pedía no tener que decir nada y seguir escuchando. Escuchar. Fue ante Evangelina Guerra y ante Ambrosio Ortega, Brosio, el pintor de los mineros, el protagonista de la muestra que podre- mos ver en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MSM) durante unos meses. Reconozco que es especial para mi ver esta exposición pues muchas veces le había comenta- do al director del MSM: “¿Cómo un museo de la minería no ha mostrado nunca la obra del pin- tor de los mineros?”. Pues ya está aquí. Os cuento primero lo de Evangelina Guerra para ayudar a entender mejor lo de Brosio. Evangelina es una mujer indomable de Los Llanos de Valdeón, donde aún vive con 95 años de edad. Todavía era muy joven cuando en aquella España cruel y en guerra fue madre soltera. Y orgullosa de serlo pues era lo que ella había querido y lo que pudiera pensar aquella sociedad ruin le traía sin cuidado. Estaba, y sigue estando, muy orgullosa de subir tres veces al día hasta Collado Jermoso cargada como una mula, con treinta, cuarenta o cincuenta kilos de material por escarpadas pendientes para que en aquel lejano alto construyeran su famoso refugio, al que montañeros avezados tardan hoy cuatro horas en subir con mochilas especiales y material sofisticado. “Yo subía en alpargatas de esparto, que nada más que se mojaban se estropeaban y quedaba prácticamente descalza”. ¿Se puede subir tres veces al día hasta Collado Jermoso? Casi todos opinan que no, pero ella podía, porque tenía un motivo para ello: “Había que darle de comer a una hija”. Y a un padre que tenía escondido en el pajar, era un topo, buscado por la Guardia Civil un día sí y otro tam- bién. Pero nadie le arrancó a Evengelina una palabra de su escondite o su paradero. Mientras esta mujer me contaba cómo tenía escondido durante años a su padre recordé una
  14. 14. frase, muy corta, ingenua y valiente, que Brosio me había dicho durante una entrevista. – ¿Cómo le llevaron a la cárcel siendo casi un niño?; le pregunté. – Pedía en la plaza dinero para los que estaban en el monte. No veía Evangelina el delito de ser libre y tener un hijo de soltera. No veía Brosio el delito de tener ideas y defenderlas. Si Brosio te habla, te cuenta su vida, sabes que todo es verdad y jamás lo vas a olvidar. Porque la mejor obra de este otro indomable es su biografía, sin que esto sea un menosprecio hacia su trabajo pictórico. Recuerdo como supe de la existencia de Brosio. (¡Qué contundente suena su nombre!). Había ido a la cuenca minera de Laciana para entrevistar a Benjamín Rubio, un histórico luchador, un minero al que había conocido en los días aquellos de la recordada Marcha Negra de 500 trabajadores sobre Madrid para exigir que no se cerraran las minas. Benjamín era uno de los históricos, había estado en la cárcel, fue uno de los fundadores de Comisiones Obreras en el valle. Le quise hacer una fotografía y él eligió el lugar: al lado del monumento al minero que hay en un parque de la villa. – Me parece muy apropiado el lugar y el motivo; le comenté. – No es por el lugar ni por el motivo, es por el autor del monumento, Brosio el de Barruelo de Santullán. Se quedó callado, como si no se pudiera pronunciar el nombre de Brosio en vano, y me pre- guntó: “¿No lo conoces?”. Por el respeto con el que aquel viejo luchador pronunció el nombre de Ambrosio Ortega creí que era alguien a quien no se podía negar, y en voz baja le dije, sinceramente le mentí: “Creo que sí”. Benjamín fue tajante: “Si dices que ‘crees es’ es que no lo conoces, te lo digo yo, si lo cono- ces no lo dudarías, a Brosio no lo olvidas jamás”. 019el pintor de los mineros
  15. 15. Aprendí la lección. Recogí el guante y seguí las huellas del pintor palentino. Y, curiosamente, volví a escuchar muchas veces esa frase del lacianiego: “A Brosio no se le olvida jamás”. Apunté el nombre de Brosio en rojo en la lista de trabajos pendientes. La admiración con la que hablaba de él un luchador como Benjamín Rubio aseguraba una biografía apasionante. Mi condición de estudiante en la Universidad de Oviedo había dejado algunos nombres pro- pios en la mitología del movimiento obrero y antifranquista, con especial cariño para Horacio Fernández Iguanzo, tal vez porque le llamaban El Paisano o porque resonaba en mi mente el estribillo de una recordada canción de la transición: “Hasta las piedras si hablaran, hablarían bien de Horacio”. No recuerdo qué disculpa utilicé para pedirle al luchador asturiano una entrevista cuando ya era un político en activo (¿que valorara la Marcha Negra de Laciana en el marco general de la lucha minera?) pero accedió sin problemas y en aquella entrevista le pregunté: “¿Conoce a Brosio?”. – ¡Como no! A Brosio no se le olvida. Los dos habían estado en el penal de Burgos y Horacio recordaba haber acudido a ver una exposición del palentino en Asturias. Valoraba mucho su pintura, su formación autodidacta, pero admiraba mucho más su biografía. Él mismo me puso en una pista fundamental, otro veterano comunista vasco afincado en el Principado: José María Laso Prieto. “Es muy amigo de Brosio”. De Laso Prieto conocía una anécdota que circulaba por Asturias y que hablaba de cómo esta gente había hecho de la cárcel una escuela. Estaba Laso en Oviedo por motivos laborales y acu- dió a la presentación del libro del conocido filósofo Gustavo Bueno “El papel de la filosofía en el conjunto del saber”. Allí, entre cátedros y filósofos, nuestro personaje participó activamente en el debate, hasta el punto que Bueno pidió hablar con el al final del acto. Le preguntó donde
  16. 16. daba clase y José María Laso le dijo: “Soy viajante de chocolates Zahor y ahora estoy estudian- do el bachillerato”. Laso era buen amigo de Brosio, como me había dicho Horacio “El Paisano”. También había sido compañeros de presidio en Burgos y el antiguo viajante de chocolates estaba en el secre- to de la formación de Brosio como artista autodidacta. “Allí todos hacíamos algo para sobrevi- vir, para olvidar y para formarnos. Brosio pintaba y pintaba”. El ‘viajante’ me remite en mi acercamiento al pintor palentino a unas palabras del escritor y pro- fesor Carlos París, que hablaba de ambos con motivo de una exposición de temas mineros en Madrid en la que participaba su amigo el de Barruelo de Santullán: Escribía París: “Tanto Brosio como José María Laso no sólo encarnaban la larga y dura lucha de la izquierda, sino la liberación de lo que yo he llamado, en uno de mis libros, el rapto de la cultura. Hombres sali- dos de las capas populares, trabajadores, que habían accedido a la convencionalmente llama- da ‘cultura superior’ a través de estudios nocturnos o de universidades a distancia, si no entre los muros de un penal. Convertido, según se dijo con el humor que, en medio de las situacio- nes más trágicas no abandona a nuestro pueblo, en la Universidad de Burgos, donde llegó a existir una gran biblioteca de marxismo, astutamente encuadernados los volúmenes, que el sacristán dejaba pasar inconscientemente con peregrinos e inofensivos títulos. Y en semejan- te tan poco propicio ámbito, allí donde, como escribió Cervantes, ‘toda incomodidad tiene su asiento’, allí Brosio se lanzó a la creación pictórica, y Laso fue adquiriendo una sólida forma- ción en filosofía y en ciencias jurídicas, que luego completaría en la Universidad”. Laso Prieto repitió la misma frase que ya era el estribillo de la vida del artista que ahora llega al Museo de la Minería: “Imposible olvidarse de Brosio”. Si os cuento todo esto es evidente que no lo hago por abrumaros con mis afanes por acercar- me a la figura de Brosio sino por poner sobre la mesa el ambiente en el que este artista se con- virtió en el pintor de los mineros. Fueron otras muchas las personalidades que convivieron con 021el pintor de los mineros
  17. 17. él en los largos 23 años que Ambrosio Ortega permaneció en las cárceles franquistas. Más tiempo incluso del máximo que permitían las duras leyes de la dictadura: 20 años. Él propio Brosio explicaba las causas, sin ocultar nada, como siempre hace. “A causa de la presión inter- nacional Franco promulgó una ley que establecía el tiempo máximo de estar en prisión por motivos políticos en 20 años. Pero como yo había participado en un intento de fuga cuando lle- vaba tres años allí (entró en 1946) pues decidieron que aquellos tres años no contaban y empe- cé de nuevo a cumplir los veinte de mi pena. ¿Injusto?, claro, pero ¿a quién iba a reclamar?”. No hace falta imaginarse las condiciones en las que vivirían Brosio y otros tantos compañeros en penales como el de Burgos o Santoña, que en ambos estuvo nuestro pintor, o en Teruel, donde sufrió un degradante castigo colectivo. No hace falta imaginarlo porque lo han contado y porque el abatimiento y el aburrimiento era tan grande que el poeta salmantino Marcos Ana, (otro resistente, seguramente el único que pasó en cárceles franquistas tanto tiempo como nuestro pintor por motivos políticos) nos recuerda en su ‘Tercera balada en la cárcel de Burgos” lo que podían llegar a hacer los allí encerrados para entretenerse y matar el tiempo, para no caer en la depresión o la desesperanza: “El patio consta de 6.587 losas. Las 153 de los ejes a nivel miden 60 centímetros por 70. Las doce que van en declive, desde cada uno de los vérti- ces del cuadrilátero secundario hasta el centro de éste, es decir, hasta los sumideros, 1,20 por un metro”. Hay otros muchos testimonios que hablan del impacto que Brosio causó a sus compañeros y el generoso recuerdo que guardan de él. Como el de dos dirigentes comunistas catalanes, Emiliano Fábregas y Miguel Núñez. El segundo de ellos cuenta en su libro ‘La revolución y el deseo’ como “al llegar al penal de Burgos, tras los cacheos desagradables –por no decir humi- llantes–, la toma de huellas dactilares y las fotografías con el número infamante de fuera de la ley, me trasladaron a la celda del período obligatorio de aislamiento en el segundo piso, donde se permanecía unos quince días. No se comía más que el rancho y no se permitían comuni- caciones”. Y recuerda posteriormente que esta vida entre rejas era la que llevaban artistas
  18. 18. como Agustín Ibarrola o el palentino Ambrosio Ortega, “cuyos cuadros de temática minera reci- birían años después el elogio unánime de la crítica”. Agustín Ibarrola estuvo mucho menos tiempo en la cárcel y él mismo reconocía en una larga entrevista que hasta en prisión se puede mantener la dignidad y recuerda para ilustrar estos comportamientos dignos a gente como Brosio, Marcos Ana… gente que reconoce que le dejó una huella muy profunda. También Miguel Núñez rememora el curioso (más bien significativo) episodio de la llamada Universidad de Burgos. “No era algo casual, sino que respondía a la intensa actividad literaria y artística que realizaban los presos. Éstos organizaban, con gran sentido práctico y aprove- chando el talento y los estudios de muchos de sus compañeros de infortunio, cursos que inclu- ían estudios de gramática, literatura, matemáticas, historia, contabilidad y, por descontado, política. Algunos de ellos se convirtieron en excelentes jugadores de ajedrez. Disponían de una biblioteca clandestina, que incluía las más importantes obras de Marx y Engels, entre ellas ‘El capital”. Bien es cierto que en la cubierta de los mismos no aparecía el nombre de Marx, como ya se ha dicho. En aquel ambiente creció la pasión de Brosio por la pintura, aunque no fue en Burgos sino antes, en otro penal con fama de muy duro cuando retomó aquella afición que ya había teni- do de niño, pero no eran tiempos para pinturas. “Estaba en El Dueso y a otro compañero le enviaron para que se entretuviera una cajita con pinceles, pinturas... A él no le hizo mucha ilu- sión y me dijo: Mira a ver si tú sacas algo de esto. Así comencé a experimentar, sin que nadie me dijera nada, ni me explicaran, siempre fui un autodidacta”. Tal vez por ello Ambrosio Ortega a la hora de definir, con su habitual parquedad, su estancia en la cárcel lo haga recordando su anterior trabajo de minero y vinculando los dos mundos que habían marcado profundamente su dura biografía: “La mina y la cárcel son muy parecidas; es cierto que tienen una gran diferencia, la libertad, pero también muchos puntos en común, son 023el pintor de los mineros
  19. 19. dos mundos crueles en los que la supervivencia resulta penosa, porque con la mina también se han contado muchas mentiras, a la gente la llevan allí de visita, les montan en unas vago- netas y realizan unos 'recorridos turísticos' por lugares muy bonitos con la disculpa de que no se puede bajar a los pozos por motivos de seguridad". Esos dos mundos, la cárcel y lo que nos ocultan de aquellas minas, están en sus cuadros. Los verán en la exposición del Museo de la Siderurgia y la Minería y de su evolución, de su técni- ca, de su maestría, les hablarán voces mucho más autorizadas en este mismo catálogo y en otros foros. Yo sigo empeñado en la gran obra de Brosio, su propia biografía, aunque hace falta ser muy bruto para no emocionarse ante obras como ‘Celda de castigo’. También la dureza de los trabajos mineros se hace muy evidente en sus cuadros dedicados a esta profesión, anulan- do así la mentira de las minas para turistas que tanto molestan al viejo minero de Barruelo de Santullán. Un reportaje sobre el tren de la Feve me llevó hace bastantes años hasta una carretera que, según los carteles, iba a Barruelo de Santullán. La cogí sin dudar, pregunté por Brosio y me advirtieron que iba a encontrar a un hombre enfermo. Lo encontré. Y estaba enfermo. Era complicado hablar con él pero utilizar nombres como Laso Prieto pareció ablandar a aquel hombre cansado que dejó asomar su “noble calavera” y una mirada penetrante. “No estoy para muchos esfuerzos y las pocas fuerzas que me quedan las tengo que emplear en pintar, para vivir, que a mi nadie me paga nada”. –¿23 años en las cárceles de Franco como preso político y no tiene derecho a nada, a una pensión? No es eso lo que dicen en los informativos, donde se habla de ayudas, de restituciones, de... No dijo ni una palabra pero no hizo falta, no seguí por esos caminos. Su mirada pronto me hizo comprender que el crédito que había logrado con mis credenciales de presentación estuve a punto de perderlo en un solo segundo.
  20. 20. Al fin se sentó. Hablamos largo y tendido, con voz débil y pausada él. Al fin estaba ante Brosio, el de Benjamín Rubio, el de Horacio El Paisano, el de Laso Prieto, el compañero de Ibarrola… del que todos decían que “jamás te olvidas de Brosio”. Y, paradójicamente, me encontraba ante un olvidado, ante un expulsado a la cuneta de las bondades de la reconciliación y la restauración de sus derechos, de la dignidad de su lucha, de la coherencia de su vida, de la legitimidad de su postura ideológica. – ¿Ves este pueblo?, ¿sabes lo que es Palencia?, ¿imaginas lo que es ser pobre en estos luga- res? Pues aquí y así nací yo, condenado a trabajar desde niño, primero en el campo y nada más que me dejaron, con 14 años, en la mina. Fui muy poco a la escuela, aquí en el pueblo, en Barruelo de Santullán y ahí se produjo realmente mi primer contacto con la pintura. Dibujaba a lápiz, no porque me gustara sino porque era lo que había y lo que tenía a mano. Pintaba lo que veía porque ni siquiera sabía lo que era un museo, nunca había visto uno, ni sabía lo que eran los pinceles ni las paletas, ni un óleo, ni una acuarela, nada. Reproducía cua- dros que veía en los libros de la escuela, dibujaba lo que veía, lo que era la vida de entonces y así comencé a pintar cosas de la mina, que era la vida de esta comarca”. Antes de la mina, cuando sólo era un niño, vino la guerra, que le marcó profundamente. Una vez finalizada la contienda un hermano suyo fue de los que se tiró al monte, un maquis. Brosio mira a los mismos montes por los que anduvo su hermano y otros muchos guerrilleros y susurra como si todavía lamentara no haber cumplido su viejo deseo, no haber podido hacer lo que entonces le pedía el cuerpo y su conciencia, casi infantil pero rotunda y clara: “Me hubiera ido al monte con él, con mi hermano, pero no me dejó, yo era casi un niño… Y me convertí en un enlace, en su contacto, en quien llevaba mensajes del monte a la familia y de las familias al monte”. Y se afilió al Partido Comunista. Y se sentía tan orgulloso de su lucha que apenas la ocultaba por lo que en 1946 ingresa en prisión con dos penas de muerte a sus espaldas. Conmutadas por veinte años de prisión aunque, como ya se ha dicho, finalmente cumplió 23. Hasta el año 1970, en plena vejez del dictador. 025el pintor de los mineros
  21. 21. Había vivido más tiempo en la cárcel que en libertad (o, cuando menos, en la calle, lo de la libertad en aquellos tiempos también era cuestionable). Pero salió de prisión con las mismas convicciones que había entrado, convencido de que había tomado la senda correcta, y lo pri- mero que hace al recobrar la libertad es reintegrarse a su misma lucha de siempre, con sus mismos compañeros de viaje, hasta el punto que buena parte de lo recaudado con su trabajo de pintor va a parar a manos del Partido Comunista de su tierra. Dedicó sus primeras obras fuera de la cárcel a los duros trabajos de sus paisanos, al campo y la mina, a los segadores, a la trilla, a los sudores implacables bajo el sol de Palencia… Y, sin embargo, aún hoy, muchos años después, en su pueblo, en Barruelo de Santullán, hay una cuidada página web con un apartado para las personas ilustres de la localidad. Allí no figu- ra Brosio. Sí están el cerillero del café Gijón, una mujer que llevaba los santos por las casas, un cantante de ópera, un director de coros y otro escultor. Estoy seguro de que todos ellos lo merecen. Pero Brosio no está, ni por pintor, ni por luchador por la libertad, ni por digno, ni por resistente... Incluso hay un acta municipal en la que se da cuenta de la solicitud por parte del grupo muni- cipal de Izquierda Unida para que se le ponga el nombre de una calle para Brosio y Ursi (otro escultor local) y se decide “dejarlo sobre la mesa”. Era el año 2009. Sobran los comentarios, Ya sé que hay otros condicionantes, que todos los hemos sufrido alguna vez, pero lo justo es justo y colgar el nombre de Brosio en una web o ponerlo en la placa de una calle es un acto de justicia mínima que se hace muy difícil entender que se evite. Pero saltemos en el tiempo hacía aquellos días felices en los que el ‘eterno’ prisionero tenía a su disposición toda la luz de la libertad para llevarla a sus cuadros. Gustaba la obra que hacía aquel Brosio libre, llegaron las primeras exposiciones, en Gijón, en Oviedo, Avilés, Sama... Asturias. “Allí tuve éxito. También en Madrid (con una recordada reseña en Cambio 16). En Bilbao fui seleccionado –el único artista que no era vasco– con otros pintores de allí para rea- lizar los frescos en las bóvedas de los Arcos de la Ribera”.
  22. 22. Parecía que llegaba una nueva vida, más justa, para Brosio, a quien invitaron a exponer en Quito y a su regreso todo estaba preparado para acudir a otro punto del mundo con sus obras, Nueva York. Pero la suerte no debe entender de justicia y el propio pintor recuerda como se truncó todo. “A la vuelta de aquel viaje a Quito y probablemente a causa de él, sufrí el prime- ro de dos infartos cerebrales. Estuve tres días en coma, nunca pensé en volver a pintar pues creí que nunca volvería a andar, que sería un vegetal para siempre”. La enfermedad se llevó el sueño americano pero no su vida. Surgió el indomable minero y luchador. Se recuperó, para vivir y para pintar. La batalla por la vida de aquellos años no fue menos dura y valiente que las de su etapa de luchador por otras causas. Y sus problemas no parecían tener fin. Otra enfermedad, cruel para un pintor, cataratas, vino a cerrar su círculo de desgracias, también luchó contra este nuevo contratiempo. Y ahí sigue. Contra viento y marea. Sin un reproche a las piedras que el destino ha ido ponien- do en su camino. – Brosio, ¿mereció la pena? – ¿Cómo vivís vosotros hoy? – Bien. – ¿Hay libertad? – Sí. – ¿Va alguien a la cárcel por pensar diferente? – No. – Entonces mereció la pena. A mi me han machacado, pero mereció la pena. No es nada extraordinario lo que yo he hecho, no lo entendéis porque sois de otra época y cada biografía es hija de una época histórica y la mía es hija de aquellos años, que fueron malos pero fueron los que nos tocó vivir. 027el pintor de los mineros
  23. 23. Hace unos días, hablando con Evangelina Guerra, la de Los Llanos de Valdeón, recordé la refle- xión de Brosio y le quise hacer la misma pregunta. – ¿Mereció la pena Evangelina? – Claro. ¿No saqué adelante a mi hijo?, ¿no crié a mi nieta y estoy criando al biznieto? – Sí. – Entonces mereció la pena. Pero cuando me iba hizo una reflexión en voz alta. “Yo lo que digo es sí habrá un Dios? Bastaría con que hubiera justicia.
  24. 24. Brosio, el pintor invisible JULIAN ALONSO
  25. 25. Las trayectorias existencial y pictórica de Ambrosio Ortega, a partir de cierta etapa de su vida, son como dos líneas paralelas, a veces tan cercanas la una a la otra, que terminan por converger confundiéndose en una sola. Brosio pinta porque vive y vive porque pinta. Se entrega en cuerpo y alma a plasmar sobre el papel o el lienzo lo que ha sido su periplo vital. Al igual que los primitivos pintores de Altamira o Lascaux, que por el hecho místico de plasmar en las paredes de sus cuevas las imágenes de los animales que eran su susten- to, creían firmemente que por conductos mágicos poseerían el alma de esos animales y propiciarían su caza, así Brosio pinta las escenas de su juventud, el duro trabajo minero en el que se desenvuelve antes de ingresar en una prisión en la que -cuando por fin sale- ha pasado más años que los que tenía cuando ingresó en ella, algunos con la espada de Damocles sobre su cabeza de saberse condenado a muerte. Y para él, pintar esas esce- nas de duro trabajo en las que el hombre se enfrenta y vence a una naturaleza hostil, es de alguna manera un modo de magia simpática con la que propiciar mantenerse vivo y firme en sus convicciones. “Cierra la puerta, echa la aldaba, carcelero/ ata duro a ese hombre. No le atarás el alma. No le atarás el alma… / …Porque es un pueblo el que ha gritado ¡libertad!, vuela el tiem- po. / Y las cárceles vuelan”, escribió Miguel Hernández, un poeta que murió encarcela- do tres años antes de que Brosio ingresara en la prisión que devoraría su juventud pero no le ataría el alma porque la imaginación tiene alas poderosas y Ambrosio Ortega apren- dió a moverlas gracias a los pinceles. No es casualidad que, en su exposición de mayo de 1975 en la “Galería As” de Barcelona, incluyera una obra a la que titulaba “Nunca podréis encadenarme el alma”, ni es casualidad que por aquel entonces declarara a un periodista de Cambio 16 al hablar de sus pinturas sobre la vida y el trabajo en la mina: “la mina y la cárcel tienen bastantes puntos en común: mundos dramáticos en los que la supervivencia resulta penosa”. 031el pintor de los mineros
  26. 26. De la cárcel había salido en 1970 después de 23 años de encierro, pero la mina no abando- naría nunca su corazón porque hay lazos que no se pueden romper ni aunque uno quiera y de eso, cualquier vecino de cualquier pueblo con tradición minera sabe mucho. La mina es uno de esos venenos que una vez inoculados en el cuerpo crean una dependencia devastadora, mezcla de odio y amor y Brosio, como minero de convicción, siempre ha tenido esa dependen- cia, ese maldecir de la mina para sí mismo pero no consentir que en su presencia se hable mal de ella porque sería como mentarle a la madre. Cuando presentaba en aquel mayo de 1975 su exposición en Barcelona, ya había mostrado sus obras por otros lugares. El mismo artículo de Cambio 16 y reseñas en Triunfo, Informaciones, Ya, Pueblo o La Gaceta del Norte, dan fe de ello situando exposiciones en Oviedo (1972), Madrid (1974), Gijón(1974), Segovia (1975), Guardo (1976), León (1980) y, aunque por primera vez y de manera testimonial, en septiembre de 1974 aparecerá en Palencia, con motivo de las fiestas patronales de San Antolín, en una exposición de pintores palentinos que el Ayuntamiento propicia y a la que Brosio aportará una obra. En la misma sala, que se situaba frente al Instituto Viejo, muy cerca de la ya histórica e imprescindible librería Alfar y desaparecida hace ya muchos años, a finales de noviembre de 1976, llevará a cabo su primera exposición individual en la capital palentina. Pero cabe aquí hacer un breve inciso para reproducir, por poner algún breve ejemplo, lo que decía en 1975 “La Gaceta del Norte” a propósito de nuestro artista: “Brosio es un pintor. Esto es lo que importa. Lo que asombra es esto otro: desde sus primeras experiencias autodidactas ha seguido un proceso de maduración a lo largo del cual ha logrado no sólo un lenguaje de dolor y de ternura, con el que se comunica, sino originales invenciones en el estricto terreno de la forma. Hay más, su color es alucinante y misterioso, y con él consigue una escenografía estremecedora, donde restallan los lamentos, brincan los gritos y se convulsionan las injusti- cias sociales”. O para este otro, aparecido el mismo año en el diario “Informaciones”: “Brosio: Un pintor minero, para el cuál la mina es criatura de vida apasionada y edificante: el suceso
  27. 27. de la mina, su magia y su poética, su drama y su ejemplario moral puestos a información en esta pintura por un hombre que, como Ambrosio Ortega, tanto sabe de soledades. Pintura de edificación de la soledad, de su ley y de su hombría. Pintura en su mundo, plena de virtud”. Pero volviendo a Palencia, llega a la ciudad como un cometa que desde el espacio profundo se acerca a su tierra, la ilumina, deja una estela de luces que poco a poco se van apagando y desaparece casi en el olvido, sostenido por la memoria de unos cuantos devotos que a menu- do nos hemos preguntado por dónde andaría Brosio, por qué se haría invisible como ese Garabombo, personaje de la novela de Manuel Scorza, al que nadie veía a fuerza de no que- rerlo ver. Expone en 1977 una de sus acuarelas mineras, en un homenaje colectivo a Pablo Picasso y desaparece. Vuelve, unos años después, en 1981, como participante en la “I Bienal de pintu- ra Provincia de Palencia”, que con notable éxito ocupará el claustro de la catedral entre el 13 y el 31 de octubre. Del 14 al 27 de noviembre de ese mismo año, en un segundo homenaje a Picasso llevado a cabo en la Delegación Territorial de Cultura, nos mostrará otra de sus acua- relas, la que lleva por título “Mina cerrada” y desaparece de nuevo. Sale una vez más a la luz en 1984, en otra exposición de “Artistas Palentinos” propiciada por la colaboración de Ayuntamiento, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Palencia, Delegación y Casa de la Cultura, pero a partir de aquí, por lo que a la capital palentina se refiere, parece condenado por otros o por sí mismo al silencio y al olvido. No se sabrá más de él por el momento. Sin embargo, la vida y la obra de Brosio, no acaban ahí. La memoria es terca y los cometas, cada cierto tiempo, regresan a iluminar de nuevo nuestro cielo y a dejarnos un poco de su polvo de estrellas como recuerdo hasta su próxima visita. Y regresando a aquella primera exposición palentina de la galería “Medici’s”, lo que había en ella eran fundamentalmente acuarelas y algunos óleos. Acuarelas peculiarísimas, con una sabia mezcla de tonos fríos y cálidos que confiere a las obras un dramatismo raro de conse- 033el pintor de los mineros
  28. 28. guir. Trabajadas de una manera que yo calificaría de aerográfica, porque aunque se aprecia- ban perfectamente las figuras de los mineros que en ellas se representaban, tenían no sé qué calidad extraña, qué luz de otro mundo, que difuminaba los contornos para crear un todouno, como se dice en el argot de la mina, en el que la escena conservaba una calidad de figura única, sin individualidades, donde los personajes se fundían con su entorno sin solución de continuidad, creando una especie de masa moldeable, rodeada por un aura casi viva, que recordaba el ambiente de los comics de ciencia ficción planetaria que por entonces comenza- ban a publicarse y se adelantaban a la estética lumínica de películas posteriores donde lo que primaba eran las atmósferas casi fantasmagóricas, como de mundos iluminados por otros soles. Da fe de ello un pequeño folleto de ocho páginas a tamaño cuartilla, donde se reprodu- cen cuatro de aquellas obras, todas ellas del mismo tipo que las aportadas para las dos expo- siciones de homenaje a Picasso. Y tengo que decir que no andaba el pintor muy desencaminado, porque en realidad era otro mundo el que pintaba, otro mundo nada ajeno porque está en este: el del esfuerzo al límite, el afán poderoso, la muerte casi épica de quien trata de arrancarle a la tierra una riqueza que beneficia a otro. Pero ¿qué personajes son los que habitan en lo cuadros de Brosio, de aquel Brosio de la segun- da mitad de los setenta que yo más conozco?: masas obreras rodeando al compañero que les arenga y llama a la lucha, con un paisaje minero como fondo y a la vez protagonista, que muy bien pudiera ser el del barruelano y mítico “Pozo Calero”; galerías en las que vagonetas, herra- mientas y trabajadores saltan por los aires en una explosión que inunda de luz y muerte la oscuridad de la mina; luces fantasmagóricas que salen de los cascos de trabajo; seres extra- ños en mundos extraños, que se muestran al espectador con ojos alucinados. Escenas todas de un expresionismo atroz. Decía Valle Inclán y me gusta citarlo, que las cosas no son como son, sino como nos parecen –o quizás como las recordamos, añado- y la mirada de Ambrosio Ortega, tamizada entonces
  29. 29. por tantos años de encierro, es una mirada introspectiva, hacia un universo hecho de recuer- dos y sensaciones que el tiempo ha ido tamizando dolorosamente y ha dotado de una luz extra- ña y fantasmal que los pinceles del artista tratan de aprehender sobre la superficie del cuadro con la convicción de quien está seguro de su mensaje e intenta comunicárselo a los demás. Y así es como Alberto Schommer representa a nuestro hombre, como un pintor obrero, mili- tante y vital, convencido y listo para la acción, con los pinceles dispuestos como armas carga- das de futuro, para una batalla que se libra a la vez en dos frentes no tan distintos: el mundo interior del creador y la nueva y entonces esperanzadora realidad que se encuentra cuando sale a la calle, tanto tiempo después, a recorrer un país que ya no es el mismo que conoció porque se adivina más cálido. No debe extrañarnos que los personajes que llenan entonces la obra de Brosio recuerden a veces a los que poblaban la caverna de Platón, esos que veían la realidad como un juego de sombras proyectadas sobre la pared de su cueva y quedaban deslumbrados cuando salían a la luz. Ejemplo y parábola de ese deslumbramiento que alcanza al propio pintor es, un paisaje caste- llano donde, con su peculiar esfumato, representa en medio de unos campos tan contempo- ráneos como intemporales, un antiguo tractor de esos que se veían en los años cuarenta del pasado siglo. ¿Qué hace allí? ¿qué papel tiene un elemento tan fuera de lugar, tan anacrónico y tan rodeado de un aura de luz –siempre la luz- casi onírico, como si de una rara holografía se tratara, como si de una imagen pasada, superpuesta a la realidad distinta que Brosio se encuentra cuando la compara con sus recuerdos, se tratara?. ¿Será la consecuencia de su sali- da de la caverna o la añoranza de lo que conoció y ya no está?. Sea lo que sea, es. Y lo es por obra y gracia del genio que sabe transmitirnos sobre un lienzo lo que en un momento de luci- dez pasa por su cabeza. Desconozco si son resultado de la casualidad o de la convicción, pero me sospecho lo segun- do y me atrevo a decir que no hay personajes más épicos en nuestra pintura última, que los 035el pintor de los mineros
  30. 30. picadores de Brosio, sosteniendo la herramienta entre sus manos como quien sostiene el pan de todo un pueblo, verdaderos monumentos al esfuerzo, la valentía y el trabajo. Ni hombres tan fatalistas como los que acompañan a las vagonetas mineras camino de la carga y descar- ga o tal vez de la muerte, que aceptan como un gaje más del oficio, una hipótesis contempla- ble y aceptada como algo propio que te puedes encontrar en cualquier recodo de cualquier galería. Pero Brosio no se queda ahí. No sólo pinta con esa textura casi pop, con aspecto de tintas pla- nas y difuminados que sacrifican la nitidez y la precisión en favor de la sugerencia, porque en sus siguientes exposiciones, unos cuantos años después en la palentina Caja España, que seguramente todavía se llamaría Caja Palencia, a la acuarela y al óleo, si no estoy equivocado, porque la memoria es flaca y no existen documentos accesibles para confirmarlo, incluso llega a emplear la cera en una técnica mixta que enriquece aún más su obra y su manera de traba- jar. A una de esas exposiciones pertenece el paisaje con tractor al que antes me refería. Y se vuelve también de algún modo surrealista, con obras como la de unos segadores segan- do el mar que a mi me recuerda a la que años después pintaría a la cera el malogrado y que- rido pintor Rafael Oliva para exponer en esa misma sala y en la que un campesino está aran- do las olas. ¿Qué queda de aquella exposición de la que no se hizo ni un pequeño catálogo? Ese ha sido siempre el destino de Brosio, pasar –ya lo he dicho- como un cometa, dejar su impronta y desaparecer en la oscuridad y el silencio, como si no hubiera terminado su larga condena a pesar de que, de vez en cuando, a uno le lleguen noticias de su vida, que es sólo suya y de su trabajo que es de todos. Pues hay en toda su obra un modo de grito sordo, una manera de silencio forzado y forzoso, una muda petición de auxilio que pugna por romperse, pero parece alcanzar al propio autor que se convierte a nuestro pesar y probablemente al suyo, en inaprensible. Por eso, tratando de seguir su estela huidiza, uno descubre que en un momento dado ilustró
  31. 31. la portada de un poemario de Carlos Álvarez, otro poeta que pasó lo mejor de su vida en la cár- cel. Y descubre que también llegó a realizar algún fresco en el País Vasco, que ha hecho mura- les, escultura, que hace casi nueve años expuso por penúltima vez en León, que tiene una faceta de retratista extraordinario, como el 31 de agosto de 2007, año en que su pueblo natal, Barruelo de Santullán, le rindió un merecido homenaje que incluía una exposición antológica de su obra, pudo apreciar cualquiera que por allí se acercara, del mismo modo que pudo apre- ciarse, con algunos pero exquisitos ejemplos, que posee un dominio de la composición y el dibujo difíciles de imaginar en un pintor autodidacta que, cómo el mismo confiesa, aprendió a retratar copiando las carteleras y los programas de cine. Y otro descubrimiento que abunda en la invisibilidad de Brosio, una de las pocas referencias a su persona que pueden rastrearse en Internet, es en una página vasca donde se habla de Ambrosio Ortega, pero ni siquiera como pintor sino como hermano de Mariano Ortega Alonso, uno de los fundadores de la guerrilla antifranquista en la zona norte de Palencia, con motivo de su apresamiento junto a ese hermano en un piso franco de Bilbao en el lejanísimo 1947. Qué casualidad: tuvieron que pasar sesenta años desde aquella detención que lo enterró en vida, para que Brosio regresara una vez más de la oscuridad en la que había estado sumido durante los últimos tiempos y lo hizo precisamente en su pueblo: en la “Casa del Pueblo” del lugar minero que le vio nacer, en una especie de resurrección que continuó en la sala de Caja España en Palencia, en noviembre de ese mismo 2007 y ahora enlaza con esta muestra que es una nueva –y no la última- reivindicación de la figura impresionante de un pintor que se hizo a sí mismo en la condiciones más difíciles en que una persona puede desarrollarse y una vez más nos regala una lección de dignidad y vida que todos deberíamos aceptar y mantener en la memoria. Es motivo de alegría, que se pueda llevar a cabo este merecidísimo reconocimiento a un lucha- dor y un gran artista, merecedor como pocos de todos los elogios. 037el pintor de los mineros
  32. 32. Seguro que él no le da importancia. Es un minero y un activista con muchas batallas sobre sus espaldas y convencido de que todo lo que hizo lo hizo en cumplimento de un deber histórico, pero a nosotros, sus compatriotas, sí nos tiene que importar porque es una deuda de justicia artística y humana y las deudas de justicia nunca prescriben.
  33. 33. Mina
  34. 34. Barrenistas Acuarela, 64 x 88 cm Propietario Galería Ármaga
  35. 35. Barrenistas II Acuarela, 63 x 87,5 cm Propietario Ángeles Riaño Reyero
  36. 36. Picador IV Acuarela, 68 x 47 cm Propietario Vicente de los Ríos López
  37. 37. 045el pintor de los mineros Pozo Calero Acuarela, 67 x 43 cm Propietario Galería Ármaga
  38. 38. Entrando en la mina Acuarela, 48 x 63 cm Propietario Izquierda Unida Palencia
  39. 39. Entrando en la mina II Acuarela, 49 x 63 cm Propietario Galería Ármaga (no expuesto)
  40. 40. Minero Acuarela, 51 x 66,5 cm Propietario Julian Zapico
  41. 41. 049el pintor de los mineros Galería de mina Acuarela, 86 x 53 cm Propietario Gonzalo Suárez
  42. 42. Cargando la vagoneta Acuarela, 50 x 70 cm Propietario Jesús Revilla (no expuesto)
  43. 43. 051el pintor de los mineros Mula y mina Acuarela, 51,5 x 69,5 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  44. 44. Picadores en la mina Acuarela, 97 x 67 cm Propietario Obra Social Caja España-Caja Duero
  45. 45. 053el pintor de los mineros Picador III Acuarela, 97 x 66,5 cm Propietario Familia Arias Navarro Tronco
  46. 46. Picador Acuarela, 96,5 x 66,5 cm Propietario Diputación Provincial de Palencia
  47. 47. Picador II Acuarela, 73,5 x 51cm Propietario Galería Ármaga
  48. 48. Trabajo en las galerías Acuarela, 97 x 67 cm Propietario Galería Ármaga
  49. 49. 057el pintor de los mineros Entibador II Acuarela, 97 x 66,5 cm Propietrio Mª Dolores Garrido Prieto
  50. 50. Entibando la Galería Acuarela, 96,5 x 66 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  51. 51. 059el pintor de los mineros Entibando Acuarela, 87 x 55 cm Propietario Rosa María Riaño Reyero (no expuesto)
  52. 52. Entibador Acuarela, 67 x 47 cm Colección Izquierda Unida Palencia
  53. 53. 061el pintor de los mineros El derrabe Acuarela, 96 x 66,5 cm Propietario Antonio Herreros
  54. 54. Minero herido Acuarela, 53 x 67,5 cm Propietario Feli Cueto
  55. 55. 063el pintor de los mineros Entierro Acuarela, 68,5 x 97 cm Propietario Feli Cueto
  56. 56. Tirando de la mula Acuarela, 64 x 48 cm Propietario Jesús Revilla (no expuesto)
  57. 57. 065el pintor de los mineros Sudando sangre Acuarela, 47 x 70 cm Propietario Jesús Revilla (no expuesto)
  58. 58. Mitin en el pozo calero Acuarela, 50 x 70 cm Popietario Jesús Revilla (no expuesto)
  59. 59. 067el pintor de los mineros Lucha obrera, Acuarela, 9,5 x 66,5 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  60. 60. Dando la tira Cera, 44,5 x 61,5 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  61. 61. 069el pintor de los mineros Basculador Cera, 44,5 x 56,5 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  62. 62. Protesta Carboncillo, 67 x 46,5 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  63. 63. 071el pintor de los mineros Picador andando Carboncillo, 46 x 65,5 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  64. 64. Eco Carboncillo, 31,5 x 46 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  65. 65. 073el pintor de los mineros Cara Carboncillo, 33 x 46 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  66. 66. Descanso Cera, 33 x 45 cm Propietario Mª Rosa Ramos Calvo Serie Negra
  67. 67. 075el pintor de los mineros Picando Cera, 64,5x 45,5 cm Propietario Jesús María Fernández Corral Serie Negra
  68. 68. Cárcel
  69. 69. Durmiendo en la celda Acuarela, 59 x 44 cm Propietario Galería Ármaga
  70. 70. Durmiendo en la celda II Acuarela, 59 x 44,5 cm Propietario Izquierda Unida Palencia
  71. 71. Entierro en la cárcel Acuarela, 66,5 x 96,5 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  72. 72. Entierro en la cárcel II Acuarela, 66,5 x 96,5 cm Propietario Familia Arias Navarro Tronco
  73. 73. Celda de día Acuarela, 59,5 x 44,5 cm Propietario Galería Ármaga
  74. 74. Celda de día II Acuarela, 58 x 42,5 cm Propietario Izquierda Unida Palencia
  75. 75. Fusilamiento Acuarela, 67 x 97 cm Propietario Sandra Ruiz Ogarrio González
  76. 76. Campo y mar
  77. 77. Campo Acuarela, 54,5 x 75 cm Propietario Gonzalo Suárez
  78. 78. 089el pintor de los mineros Labores de campo Acuarela, 55 x 76 cm Propietario Galería Ármaga
  79. 79. Atardecer Acuarela, 44 x 60,5 cm Propietario Antonio Herreros
  80. 80. Atardecer II Acuarela, 49,5 x 64,5 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso (no expuesto)
  81. 81. Tractorada Comunera Acuarela, 66,5 x 96,5 cm Propietario Antonio Herreros
  82. 82. 093el pintor de los mineros Campo sembrado Acuarela, 38,5 x 64 cm Propietario José María Carnero Huerga
  83. 83. Sembrando en el campo Acuarela, 47,5 x 59 cm Propietario Izquierda Unida Palencia
  84. 84. 095el pintor de los mineros Agricultores Acuarela, 44 x 61 cm Propietario Galería Ármaga
  85. 85. Segador Acuarela, 62 x 79 cm Propietario Mª Dolores Garrido Prieto
  86. 86. 097el pintor de los mineros Secando la hierba Acuarela, 65 x 48,5 cm Propietario Galería Ármaga
  87. 87. Mariscadoras Acuarela, 33 x 47,5 cm Propietario Gonzalo Suárez
  88. 88. 099el pintor de los mineros “Rula” de mariscadoras Acuarela, 33,5 x 48 cm Propietario Galería Ármaga
  89. 89. Retratos
  90. 90. Autorretrato Pastel, 64,5 x 48,5 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso
  91. 91. 103el pintor de los mineros Rosana Carboncillo, 64,5 x 49,5 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso
  92. 92. Feli Acuarela, 59 x 46,5 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso (no expuesto)
  93. 93. 105el pintor de los mineros Retrato Sanguina, 70 x 50 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso (no expuesto)
  94. 94. Paisajes
  95. 95. Paisaje Óleo, 101 x 94 cm Propietario Marcelina Benito Camino (no expuesto)
  96. 96. 109el pintor de los mineros Paisaje Óleo, 63 x 101 cm Propietario Marcelina Benito Camino (no expuesto)
  97. 97. Paisaje Óleo, 47 x 96cm Propietario Marcelina Benito Camino (no expuesto)
  98. 98. 111el pintor de los mineros Paisaje Óleo, 44 x 69 cm Propietario Marcelina Benito Camino (no expuesto)
  99. 99. Otra Obra
  100. 100. Frescos de la Ribera Es el único artista no vasco participante en la colosal obra de los llamados “Frescos de la Ribera”, un monumental tapiz pictórico en el techo de la arcada del casco viejo de Bilbao, junto al Teatro Arriaga. Sus compañeros de creación fueron Alejandro Quincoces, Roberto Zalbidea, Justo Sanfelices y Ángel Cañada.
  101. 101. 115el pintor de los mineros Brosio despliega en este proyecto, él, un hombre de tierra adentro, privado de luces y paisajes durante más de un cuarto de siglo en prisiones, una verdadera sinfonía de color y luz, una épica del mar –tipos, faenas, utillajes, escenarios– que siguen conmoviendo a los espectadores asombrados de hoy.
  102. 102. Frescos de la Ribera Detalle
  103. 103. 117el pintor de los mineros
  104. 104. Frescos de la Ribera Detalle
  105. 105. 119el pintor de los mineros
  106. 106. Frescos de la Ribera Detalle
  107. 107. 121el pintor de los mineros
  108. 108. Frescos de la Ribera Detalle
  109. 109. 123el pintor de los mineros
  110. 110. Bosnia, niños Acuarela, 88 x 64 cm Propietario Galería Ármaga
  111. 111. 125el pintor de los mineros Ferrocarril Acuarela, 68,5 x 99 cm Propietario Vicente de los Ríos López
  112. 112. Arrastre Acuarela, 66,5 x 96,5 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  113. 113. 127el pintor de los mineros Aizcolari Acuarela, 96,5 x 66,5 cm Propietario Alfredo Escandón Ales
  114. 114. La Ermita Acuarela, 61 x 80,5 cm Propietario José Fraguas Álvarez
  115. 115. 129el pintor de los mineros Florero Óleo, 63,5 x 48,5 cm Propietario Ambrosio Ortega Alonso (no expuesto)
  116. 116. Escultura
  117. 117. 133el pintor de los mineros Monumento a los mineros Detalle Villablino (León)
  118. 118. Monumento a los mineros Detalle Villablino (León)
  119. 119. 135el pintor de los mineros
  120. 120. 137el pintor de los mineros Monumento a los mineros Detalle Villablino (León)
  121. 121. Monumento a los mineros Detalle Villablino (León)
  122. 122. 139el pintor de los mineros Monumento a los mineros Detalle Villablino (León)
  123. 123. Exposición
  124. 124. MSM
  125. 125. Ambrosio Ortega Alonso, en persona, con sus ochenta y seis años recién cumplidos, y una salud cuarteada por tantos avatares biográficos, presidió la inauguración de la expo- sición que llevaba su nombre “Brosio, el pintor de los mineros”. Fue la noticia esencial del evento. Le estaban esperando numerosas personas, vinculadas, según códigos dife- rentes a su vida y su obra: compañeros de actividad política, propietarios de sus cua- dros, galeristas, críticos y especialistas de arte, familiares, admiradores y amigos. Recorrió fatigosamente la muestra en medio de una marea de saludos, abrazos y bre- ves intercambios de conversación. Prometió regresar pronto. Pasaba, en ese mediodía luminoso, del olvido oscuro a la claridad de la memoria.

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