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ELISA LAMAS, una escritora creyente y progresista

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Recopilación de artículos de ELISA LAMAS

Publicado en: Arte y fotografía
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ELISA LAMAS, una escritora creyente y progresista

  1. 1. ELISA LAMAS (María Elisa Maseda de Arango, nombre real) Una escritora creyente, y progresista (1929-2012) Selección: © Julio Pollino Tamayo cinelacion@yahoo.es
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  3. 3. 3 ÍNDICE -Introducción............................5 -Anécdotas...............................5 -Artículos censurados....................7 -Cuento “Juana quiere ser cura”.........19 -Artículos en “Destino” (selección).....27 -Artículos en “La Vanguardia” (selección).............................51 -Entrevista de Carmen Mieza..............55
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  5. 5. 5 -¿Creyente y progresista? ¿Eso existe? ¿No son todas conservadoras, de derechas? Pues no, haberlas haylas, pocas, muy pocas, incluso feministas. Lo que ya es imposible, o debería serlo, es ser mujer y aceptar sin rechistar la repugnante misoginia de la Iglesia, de su jerarquía. Pero va a ser que no, mujeres creyentes, practicantes, que cuestionen de forma pública el retrógrado machismo de la religión cristiana, la Biblia debería ser prohibida como libro que hace apología de la violencia de género, son una pequeña minoría silenciosa, dentro de la dictadura fascista de Franco, una excepción. “Es fundamental que en la política se integren los valores femeninos, que nunca han sido tenidos en cuenta de una manera clara y explícita. Hasta que la mujer no intervenga en la vida política no se logrará que exista la paz en el mundo. Esto no lo conseguirán nunca los hombres” (finales de los años 60) Bastan dos anécdotas para situar al personaje, a la persona: 1- Agreden a su marido (Manuel Jiménez de Parga, Presidente del Tribunal Constitucional del 2001 al 2004) un grupo de ultraderechistas a la salida de una conferencia en Sabadell a mediados de los años 60. Reconoce a uno de los agresores en las fotos que le muestra el juez de instrucción, y el juez trata de convencerla de que no denuncie porque es un conocido político local. Su respuesta es: “Creía que había venido a declarar ante un juez y me doy cuenta que no estoy siquiera ante un hombre”.
  6. 6. 6 2- Su cuñado Carlos Jiménez de Parga, sacerdote obrero en Vallecas, es acusado de cobijar en su parroquia a unos sindicalistas de Comisiones Obreras, sindicato ilegal. Al terminar el juicio María Elisa Maseda le suelta al Magistrado lo siguiente: “Señor Presidente, ustedes pueden condenar a mi cuñado o absolverlo. Espero la sentencia. Pero lo que no aguanto ni un minuto más es quedarme parada ante esta mesa presidida por un crucifijo. Soy católica practicante y no tolero que un crucifijo se utilice en este tipo de juicios. ¡Así que me lo llevo!”. Y agarra el crucifijo y sale corriendo con él. El profesor Serge Vedel y Elisa Lamas en Bidart (País Vasco francés) 1973
  7. 7. 7 -¿Nada más? ¿En eso consistió toda su rebeldía, todo su compromiso cívico? Pues de nuevo va a ser que no, ese compromiso lo explicitó en cientos de conferencias, de seminarios, de provocadores artículos, en las revistas Destino, El Ciervo, y los periódicos La Vanguardia y Diario 16, que levantaron muchas ampollas, sólo hay que leer las cientas de cartas al director que suscitaron, como si de una Oriana Fallaci a la española se tratase. En cuatro ocasiones artículos suyos fueron denunciados por la censura, por el Tribunal de Orden Público, el legendario TOC. En concreto los siguientes: 1- “El sentido de la navidad”, Destino, 23- Diciembre-1972. El 19 de enero compadeció ante un Juzgado de Barcelona, ratificando expresamente las afirmaciones contenidas en el artículo. Fue sobreseída la causa el 5 de marzo de 1973 por el Juzgado de Orden Público. Un extracto del artículo: [...] Las fiestas navideñas son una ocasión para disfrutar de los afectos familiares, hacer un alto en la monotonía de las tareas diarias, olvidar por unas horas trabajos y preocupaciones. ¿Son algo más que eso? ¿Tienen algún otro sentido para los hombres de hoy?
  8. 8. 8 A primera vista se diría que sólo conservan alguna otra significación para los creyentes muy sinceros. El folklore y el comercio han tomado posesión de la Navidad. En la medida de las propias fuerzas cada uno gasta más que de costumbre en comer y beber, en regalos, en divertirse; muchos también en viajes –marcharse al lugar de origen, al campo o a esquiar-. No es que esté mal todo ese tráfago. La gente se alegra un poquito, hace un intento de olvidar problemas, estrecheces, tedio. Si probáramos a llevar a cabo una encuesta en la calle sobre lo que la Navidad significa, ¿qué resultados arrojaría? ¿Qué mensaje encuentra el hombre medio en las fiestas de Navidad? Para muchos se trata tan sólo de una adaptación de antiguos festejos paganos. Se celebra el fin de otoño y la alegría de que pronto las horas de sol comenzarán de nuevo a crecer, como cada año. En el ritmo repetitivo de la naturaleza las fiestas de Navidad marcan el final de una estación y el comienzo de otra, como siempre, como ayer y como mañana. Para otros es un conjunto de ritos que poco a poco han ido perdiendo vigencia barridos por los vientos implacables del progreso técnico y científico. Para bastantes de los que creen en el mensaje de Cristo es un tiempo de esperanza y de humildad.
  9. 9. 9 Elisa Lamas con su esposo, Manuel Jiménez de Parga, y sus siete hijos 2-“Contra la voluntad general”, Destino, 20-Octubre- 1973. El expediente se archivó el 17 de abril de 1974. Un extracto del artículo: [...] La reacción de los destinatarios de una ley es parte importante de la suerte que esa ley correrá en el futuro. Tal reacción es lo que se ha llamado, en el mundo del Derecho, “la voluntad general”, concepto que ha volcado ríos de tinta sobre los papeles científicos. La discusión arrancó ya de su misma base. ¿Hay que entender la voluntad general como la suma aritmética de las voluntades individuales, o es una voluntad distinta, que resulta de la concurrencia de los criterios diversos? Mucho se ha afirmado sobre estos temas, pero lo que nunca hemos visto en parte alguna es que la ley debe ir en contra de la voluntad general. Que esto sea posible, es decir, que se pueda llevar adelante una ley contra el parecer masivo de todos los destinatarios de ella –en este caso estudiantes, padres y profesores- es, a mi modesto entender, un caso de enfermedad social, una muestra más de los desequilibrios que pueden aparecer en una sociedad donde no existen cauces suficientes ni para la expresión eficaz de la opinión pública ni para sancionar al administrador cuya gestión no satisface al país.
  10. 10. 10 Elisa Lamas con su esposo, Manuel Jiménez de Parga 3-“Polémica sobre el aborto”, Destino, 29 de junio de 1974. El Juez especial de prensa acordó el secuestro del número de la revista y abrió sumario contra la escritora. Extractos del artículo: “[...] Hay, pues, dos problemas que enfrentar en conciencia: el legal y el moral. Del legal ya he dicho que la legislación debe ser realista, no utópica. Desconocer la realidad social, no darse por aludido y legislar sobre el papel, no sobre la vida, siempre trae consecuencias incalculables. El problema moral es delicadísimo, y, en última instancia, privado. Nadie, absolutamente nadie, puede imponer a una mujer un hijo contra su voluntad. Tal imposición lesiona gravemente la dignidad humana desconoce los daños psicológicos para la madre, y puede significar una vida inhumana para el hijo.
  11. 11. 11 [...] De la aceituna al olivo hay todo un largo proceso de cuidados, de trabajos, de inteligencia humana funcionando. Del embrión prehumano a la persona humana, es decir, al adulto capaz de actos libres y responsables, hay un proceso infinitamente más largo y complicado de cuidados amorosos, de clima afectivo, de unión espiritual entre el padre y la madre, indispensable, según la mayoría de los psicólogos, para que ese proceso de hominización desemboque en un nuevo ser completo, no en un ser con apariencia humana pero incapaz de ser auténtico dueño de sus actos, y que no da así ni gloria a Dios, ni felicidad a sí mismo, y es casi siempre un verdadero peligro social.” Elisa Lamas con su esposo, Manuel Jiménez de Parga, y sus siete hijos
  12. 12. 12 4-“La educación política de nuestros gobernantes”, Destino, 2-Noviembre-1974. Artículo acusado por el fiscal de propaganda ilegal, el ministerio fiscal solicitó también que se secuestrara la publicación, petición que no fue atendida por el Juzgado. Extractos del artículo: [...] Unas fotos del mismo don Manuel Fraga, paseando por un parque londinense con una aire tan británico que parece imposible que haya nacido en Villalba, me levantaron el ánimo aún más. Aquel señor tan elegante, con tanta clase, que en otra foto aparece eligiendo los vinos para un almuerzo en la bodega de la Embajada, no recuerda en nada al mismo que empapeló sin pausa ni respiro a Néstor Luján, que entiende tantísimo del buen comer y beber. Esto es otro señor Fraga. Aire sereno, reposado, sin una arruga en el impecable corte del correcto traje, salido, sin duda, de alguna sastrería de los aledaños de Bond Street. ¿Qué se hicieron, como diría Jorge Manrique, de los gritos con que contestó en una famosa rueda de prensa a algún corresponsal extranjero que se atrevió a preguntarle si eran ciertos los rumores de que en el recuento de los votos habían salido dos millones más de “síes” que de votantes? ¿Qué es lo que ha transformado de esta manera a un político? ¿Será una combinación de la lectura del “Times” a la hora del desayuno, los paseos por las calles y los parques londinenses y el cambio de sastre?
  13. 13. 13 [...] La metamorfosis de don Pedro Cortina, según actúe intra o extramuros, no es tan espectacular, visualmente hablando, porque don Pedro Cortina no ha sido nunca ministro de Información y Turismo –que es, reconozcámoslo, una prueba de fuego- y además posee ese estilo peculiar del diplomático con experiencia que, como sabemos, está muy adiestrado para sostener cualquier tesis con la misma falta de pasión que su contrario si le avisan sus superiores un cambio en la política con el extranjero. Además, don Pedro Cortina es mucho más delgado que el señor Fraga y su delgadez le confiere un aspecto menos autóctono, aunque defienda una doctrina fuera de las fronteras y otra para los ciudadanos del país. Ya sólo por esto, merecería ser reconocida, recordada, como una incansable luchadora por los derechos civiles individuales y colectivos, en plena dictadura. Pero además escribió un libro de cuentos que redunda en esa rebeldía, en ese compromiso, titulado: “Once historias perversas y una ejemplar”
  14. 14. 14 (Laia, 1986), y que por desgracia no tuvo continuidad, no publicó más (escribió otro libro inédito, "La mujer en el cristianismo de hoy", que presentó al Premio "Monte de Espiritualidad" (Burgos, 1968), obteniendo el segundo premio. Gracias a este hecho se conoció que detrás del seudónimo Elisa Lamas (nombre de su abuela) se encontraba María Elisa Maseda de Arango). Esto es lo que dijo la crítica de él: 1-“La articulista Elisa Lamas, colaboradora habitual de “La Vanguardia”, acaba de publicar en Editorial Laia su primera obra de ficción literaria, titulada “Once historias perversas y una ejemplar”. La obra fue presentada en la librería Itaca, en un acto en el que estuvo presente Josep Tarradellas, ex- presidente de la Generalitat. Lorenzo Gomis glosó la obra diciendo que en ella “tanto los personajes como las historias son reales”, aunque recreadas literariamente con “el humor gallego de la autora, que da como resultado una obra llena de gusto y entusiasmo y gracia”. Gomis se congratuló de que, “si hasta ahora teníamos en Elisa Lamas una gran articulista, ahora tenemos a una gran narradora”. Manuel Jiménez de Parga, catedrático de Derecho Político y esposo de la autora, recordó la trayectoria literaria y vital de Elisa Lamas, destacando sus inquietudes de justicia social y “sus artículos de corte progresista” en “El Ciervo” – revista dirigida por Lorenzo Gomis en la que Elisa Lamas cuenta con una sección fija, “La Vanguardia” y “Diario 16”. Elisa Lamas explicó que esta obra ha surgido de una “sensación de tranquilidad personal” experimentada en los últimos tiempos.”
  15. 15. 15 La Vanguardia, sábado 31 de mayo de 1986 2-“Bien conocida del gran público –Elisa Lamas es colaboradora habitual de “La Vanguardia”, “Destino”, “El Ciervo” y “Diario 16”-, ahora la escritora catalana ha publicado un libro de narraciones cortan que giran alrededor de los problemas de la mujer. Se trata de cuentos breves, escritos con dominio y sobriedad, en los que aborda casi con desenfado las circunstancias sociales e históricas que han situado a la mujer en situación de desventaja frente al hombre. El feminismo de Elisa Lamas no se expresa con estridencias, sino interiormente, sus historias y relatos no envuelven un mensaje y lo desarrollan explícitamente, quiero decir: no prefiguran una tesis “entre comillas” ni concluyen con una no menos entrecomillada moraleja. Elisa Lamas cuenta doce historias de mujer y luego, ya en la imaginación del lector, tras el diálogo con las páginas, él mismo alcanza sus propias conclusiones. Para Elisa Lamas el universo de la mujer en nuestra sociedad está determinado, sea cual sea la clase social o el nivel cultural, de antemano por la ideología que los hombres han impuesto y que la sociedad y sus instituciones –desde la familia hasta la Universidad-perpetúan con una terrible naturalidad. La mujer de las clases más acomodadas recibe una educación distinta que los hombres, una educación que la sitúa al margen del mundo y que hace de ella, sobre todas las cosas, un delicado artículo de lujo, inservible, pero absolutamente necesario. Su función es doble, por una parte cuida de la familia, da afecto y empuja a sus hijos, educa
  16. 16. 16 a las hijas, se dedica al marido y a la casa; por otra parte, la mujer ha sido bien instruida en todo aquello que sirve a aumentar y promover el prestigio social del hombre, organiza y conduce reuniones y fiestas, interviene aquí y allá cuidando todos los detalles para el mayor lucimiento del apellido familiar. ¿Qué ocurre cuando una circunstancia imprevista, un deseo distinto de lo esperable, enfrenta a la mujer con su propia condición? “Once historias perversas y una ejemplar” aborda casos y circunstancias distintos, desde la mujer que, al decidir emprender una carrera académica brillante, debe de matar a una parte de sí misma; a la hija de buena familia que ha quedado embarazada después de una violación y no puede abortar... Los casos y las historias que narra Elisa Lamas pertenecen en su mayoría a la vida real. Quizá por ello mismo una leve y fundada desesperanza recorre sus páginas, aunque a veces ellas –las protagonistas de estos cuentos- logran salvarse con alguna pirueta. Isabel, la protagonista de “Una chica preciosa” que desde niña hizo siempre preguntas impertinentes, y sin respuesta, se consolará en la búsqueda intelectual y en la apuesta de la fe.” Tulio H. Demicheli – ABC – 5 de julio de 1986
  17. 17. 17 Extraño que la crítica literaria feminista más radical no lo haya adoptado como bandera. Me refiero a esa crítica talibán que sólo se fija, resalta, el contenido de los libros, olvidándose por completo de su valor literario. Por mucho que un libro tenga un mensaje feminista, de reivindicación de la igualdad, de denuncia del machismo, si está mal escrito, no sirve para nada. La literatura doctrinaria, panfletaria, ha aportado muy pocos grandes libros, por no decir ninguno, a la historia de la literatura. No conozco a ningún gran escritor que se plantee de antemano voy a escribir un libro feminista, machista, de derechas, o de izquierdas. Si el escritor es sincero, honesto, escribe lo que siente, como lo siente, su ideología, sus valores, se acabarán plasmando en sus textos sin necesidad de subrayados. “Once historias perversas y una ejemplar” es un buen libro a secas, al margen de que sea o deje de ser feminista, que lo es. En el sentido que denuncia, critica, con humor, determinadas actitudes machistas de la sociedad, no porque los cuentos estén protagonizados por mujeres, que es lo de menos.
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  19. 19. 19 Sirva como ejemplo uno de ellos, mi favorito: Juana quiere ser cura La ciudad natal de Juana era muy hermosa, antigua y pequeña. Contaba con un pasado de esplendor desde la conquista romana, pasado cuyo cenit brilló en la Edad Media cuando formaba parte del Camino de Santiago y toda Europa pasaba por allí. Sus moradores –apenas unos cinco mil- vivían orgullosos de la belleza de su urbe, aunque en realidad hablaban de oídas, es decir, se enteraban por los elogios de los extranjeros de que era uno de los pocos conjuntos arquitectónicos que resistió en España invasiones, contiendas civiles, ignorancias y mal gusto. Ellos la encontraban húmeda, fría y aplastada por el peso tristón de las instituciones eclesiásticas. De su historia –nudo de
  20. 20. 20 comunicaciones medievales, centro comercial potente, capital de provincia- sólo quedaban la catedral y el seminario. La proporción de sotanas por habitante era abrumadora. Por las bellas calles empedradas, paseando entre casonas sin habitar o decaídas de sus nobles usos de origen se encontraban sacerdotes a todas las horas del día. Los latidos del corazón de la ciudad los marcaban las campanas de la catedral. -Date prisa. Empieza la misa mayor. -Tocan a coro. Las tres y cuatro. Lo más importante que se podía ser era obispo, “Señor Obispo”, y en orden descendente ocupar algún cargo de su entorno. Los escasos representantes de las profesiones liberales debían cuidar con mimo las relaciones con el poder eclesiástico. Las pocas familias de la antigua nobleza campesina que aún conservaban casas allí consideraban obligada una visita de cortesía al señor Obispo al llegar para el veraneo. No es demasiado extraño, puestas así las cosas, que en la mente infantil de Juana adquiriera el estado eclesiástico un relieve especial. Un día en la escuela una profesora preguntó a las alumnas qué querían ser de mayores. Casi todas soñaban con ser maestras, una profesión respetadísima y compatible con el matrimonio. Juana contestó. -Yo quiero ser cura. Se armó un escándalo fenomenal de risas y exclamaciones de asombro. La profesora intervino. -Querrás decir monja. -No, señora maestra. Quiero decir cura.
  21. 21. 21 La maestra se quedó muda de pasmo. Cuando recuperó el habla le echó una bronca a Juana. -Hija, parece mentira que seas la primera de la clase y salgas ahora con esa idiotez. Las mujeres nunca han podido ser curas. -¿Por qué? -Pues porque no, está clarísimo. A veces no son las lecciones inteligentes las que ponen en funcionamiento imparable los más íntimos resortes de un ser humano, las que determinan un destino. La vacía explicación de la señora maestra llegó como un bisturí clavarse en el profundo sentido de la justicia que poseía Juana y decidió allí mismo, de manera traumática, su trayectoria vital. Juana se sintió atacada en lo más recóndito de la totalidad de su persona. Ella era una mujer y hasta entonces jamás se le había ocurrido que las mujeres y los hombres estuvieran separados por una insalvable barrera existencial. Comenzó a observar y a pensar. En la ciudad había dos farmacias: una era de un farmacéutico y la otra de una farmacéutica. En la escuela de niños los profesores eran hombres y en la de niñas mujeres. El escaso ocupaba sin distingos a los dos sexos. En el campo, que allí constituía el organismo vivo que rodeaba y nutría a la urbe, trabajaban hombres y mujeres en todas las faenas agrícolas y ganaderas. A los mercados del domingo acudían vendedores y vendedoras con su manteca de vaca recién hecha, sus gallinas, sus frutas y sus puestos de ropa barata. Era verdad que el notario, al registrador de la propiedad y el juez eran hombres, pero en cambio la madre de Juana era la encargada de la centralita telefónica y ostentaba su cargo con una eficacia y
  22. 22. 22 una dignidad que llenaban a su hija de orgullo. Todo el mundo respetaba a su madre, incluyendo a las antiguas familias que sólo venían en verano, porque de su humor dependía que una conferencia con Madrid tardara media hora o tres horas y media. Si la madre de Juana barruntaba que alguien cometía el error de no demostrarle el respeto suficiente, el tiempo podía alargarse de manera imposible de conjeturar, porque ella se volvía sorda a ruegos y amenazas. Juana era igualita. Como la vida apremia y las dos estaban solas en el mundo, para ir ganando tiempo decidió hacerse maestra. La ciudad contaba con una fundación instituida en testamento por una solterona rica que proporcionaba becas modestas para estudiar en la capital de la provincia. Allí había Escuela Normal e Instituto de Segunda Enseñanza, paso para acceder al olimpo de los dioses o sea a la universidad. Ir directamente a la universidad parecía por el momento demasiado ambicioso; mejor sería programar por partes el futuro de Juana, porque una vez maestra era posible, con suerte y tesón, entrar en el recinto universitario por una especie de portillo: la rama de pedagogía. Así se llevó a cabo sin problemas, y durante todos los años que duraron los estudios de Juana su orgullo herido y su fuerza interior siguieron operando secretamente, dirigidas hacia el rumbo que ella, con la ingenuidad de la infancia, había cometido la torpeza de desvelar en público: su telos, la finalidad de su existencia, era llegar a obispo, o por lo menos a canónigo.
  23. 23. 23 Juana había sido educada en una fe sin fisuras y jamás se le ocurrió hacerse cuestión de ella. Siendo el cristianismo a sus ojos la más perfecta de las religiones posibles compadecía a los que no gozaban de su mensaje y de las fuerzas y los consuelos que aporta. El más noble quehacer humano consistía en propagar la doctrina liberadora. En aquella época la Acción Católica era una fuerza social vigorosa capaz de conducir incluso al poder político, aunque esto último, por supuesto, sólo en le caso de haber nacido hombre. Juana se inscribió en la rama femenina de la juventud de su parroquia movida por una serie de razones, en parte conscientes, en parte inconscientes. Las reuniones, los círculos de estudio, servirían para darle datos, para desvelar el enigma del tabú que la separaba sin solución de la meta de su vida. Además para una chica pobre y sin amistades constituía una fácil ocasión de conocer gente, quizá gente con influencia. Por otra parte, las reuniones llenaban bastante tiempo libre. Entonces no había televisión, ir al cine era un lujo semanal, y en los bares de moda se sentía incómoda: no era ni guapa ni fea pero no tenía ropa para competir con las señoritas de la provincia, dedicadas, muy seguras de sí mismas, a la caza del novio. La inteligencia de Juana empezó a empujarla hacia arriba en el escalafón organizativo. Una vez superadas todas las etapas que ofrecían los cargos parroquiales se pensó en ella para los diocesanos. Así empezó a viajar para encuentros y contactos con las demás ramas de la vasta y poderosa organización. Conoció El Escorial, Montserrat, y poco a poco fue haciéndose con una culturita pasable y un pequeño nombre personal.
  24. 24. 24 Aprendió a la fuerza a no decir nunca lo que pensaba. En la organización una cosa era la letra y otra la realidad. Oficialmente se trataba de un movimiento apostólico seglar en el que los sacerdotes, los consiliarios, tenían sólo funciones de asesoramiento. En la realidad los fieles de a pie se limitaban a obedecer y los consiliarios eran los verdaderos jefes, los que hacían y deshacían los nombramientos. Allí era impensable repetir aquella ingenuidad que soltó con tan poca diplomacia en su niñez. A pesar de su escasa belleza le salieron algunos aspirantes a novios. Los maltrataba. Los odiaba por el mero hecho de pertenecer al sexo masculino, y, como añadidura de ese pecado mortal sin perdón posible, por abrigar la pretensión de reducirla a ella a un papel despreciable, subordinado, de orden ínfimo: querían convertirla en madre de sus hijos y esposa propia. Sólo de pensarlo enrojecía de vergüenza. A fuerza de actuar de ese modo echó fama de poco femenina. Los pretendientes comenzaron a distanciarse y finalmente a desaparecer. Para ella fue un alivio. Decidió usar zapatones, cortarse el pelo como un chico para alisárselo de prisa y usar ropa cómoda y sin gracia. Aprovechó una ligerísima miopía para no desprenderse de las gafas ni de día ni de noche; así se encontraba un aire intelectual, capaz, unido a todo lo demás, de quitar a cualquier hombre la idea de mirarla como si fuera una mujer. Ya que no podía cambiar de sexo había decidido no tener ninguno.
  25. 25. 25 El meollo de sus obsesiones, el sacerdocio femenino, fue nutriendo de títulos su biblioteca particular. Cada libro le proporcionaba más bibliografía y acumuló poco a poco tal cantidad de conocimientos sobre el papel de la mujer en la Iglesia y en sus instituciones que pudo redactar, al fin, una obra que le bullía en la cabeza. Algo prácticamente exhaustivo sobre la materia tratada: “La mujer y los ministerios eclesiásticos en las diferentes confesiones cristianas.” Tres tomos impresionantes que le publicó en traducción francesa una editorial calvinista localizada en la Vielle Villeginebrina. En aquellos tiempos ninguna empresa española se hubiera atrevido a lanzar algo semejante. Las iras del Poder, tanto civil como eclesiástico, habrían arruinado al autor de la fechoría y además ¿quién iba a comprar eso? Caía fuera de las preocupaciones y aficiones de la estrecha franja de ciudadanos amantes de la letra impresa. Al cambiar el régimen político y como consecuencia el clima religioso apareció un editor español dispuesto a sacar a la luz la obra, aligerada, por supuesto; en su forma original resultaba invendible. Los tres tomos convertidos en uno resultaron mucho más explosivos que la versión primitiva. Despojado de ropajes científicos excesivamente eruditos el pensamiento de la autora aparecía en toda su descarnada desnudez. Quedaba claro que nunca había habido razones bíblicas para cerrar el acceso de la mujer al sacerdocio católico. Sólo el peso de la tradición romana, reverdecida en su antifeminismo con el nombramiento de dos nuevos pontífices que dieron marcha atrás después del segundo Concilio Vaticano, impedía que desapareciera ahora la discriminación.
  26. 26. 26 Juana había abandonado por propia iniciativa sus actividades en Acción Católica bastante tiempo atrás. Asistió con secreta alegría al espectáculo de la pérdida de poder de aquellas estructuras arrastradas por el ciclón de la historia. En sus contactos con la editorial ginebrina tuvo ocasión de conocer a un pastor calvinista muy agradable. Un hombre metódico, pacífico, desprovisto de imaginación y de sentido estético, que admiraba en aquella española la tenacidad en la lucha y la amplitud de miras. Se casaron un helado diciembre y Juana se ordenó por su nueva Iglesia cuando la primavera esmaltaba de colores brillantes las praderas suizas. Aquel matrimonio resultó francamente satisfactorio. El marido fue disolviendo con paciencia el sedimento de amargura y rencor que oscurecía el corazón de Juana. El nuevo pastor Jeanne Carballeira anda ahora prestando un servicio eficaz en su comunidad. Sólo dos cosas no ha conseguido aún su cónyuge: que su mujer quiera volver a España aunque sea de visita ni que acepte colaborar en la kermesse anual a favor de la parroquia católica del pueblo. Por ahí no pasa. 1985
  27. 27. 27 Para finalizar, una pequeña selección personal de extractos de sus artículos en “Destino” y en “La Vanguardia”: Profesión sus labores (Destino, 3-febrero-1968) Los partidarios del status quo, del inmovilismo perpetuo, se inclinan a creer en una especie de manía colectiva. La mujer está muy bien donde ha estado siempre, dedicada a sus tres K, al famoso Kirche, Kinder, Küche (Iglesia, niños, cocina); es difícil, sin embargo, creer en que las manías puedan extenderse tanto sin una base real. Tal diluvio de libros y artículos, de ponencias y mesas redondas en los congresos internacionales, debe tener alguna causa, y alguna causa de importancia suficiente como para justificar esa avalancha de tinta, esa montaña de papeles, ese río de palabras. La causa, como suele acontecer en los problemas humanos, no es una sola: concurren unas cuantas. El progreso de las ciencias particulares, el avance técnico aplicado, la situación de la política internacional, la renovación de la Iglesia Católica, entre otras muchas. Todos esos factores actúan unos sobre otros, creando una situación en la que la mujer ya no puede, sencillamente, vivir como antes.
  28. 28. 28 Mujer y española (Destino, 24-febrero-1968) LAS RICAS Con muy raras y encomiables excepciones, la mujer española que pertenece al pequeño porcentaje que disfruta de la mayor parte de la renta nacional, posee un nivel de cultura muy bajo. Como ocurre en todo, faltan estadísticas bien hechas. Sería posible, utilizando la técnica del muestreo y aplicándolo a la lista de invitadas a una cacería o a la boda del hijo de un banquero, deducir el tanto por ciento aproximado de mujeres ricas que han pasado por la Universidad. Es insignificante. Este atraso cultural, y la extraordinaria facilidad de su vida, impide que la mujer española rica vea cuál es su situación auténtica. Sólo alguna más inteligente o sensible es capaz de analizar y ver el telón de acero de prejuicios e intereses creados que la rodea y la convierte en un ser socialmente inútil, conservador ciego y, a ultranza, incapaz de renovación, incluso incapaz de acceder a través de su riqueza a un lugar propio y personal. La mujer española rica, a pesar de lo sencillo que es administrar la riqueza en nuestra sociedad tan poco desarrollada e industrializada, no es casi nunca capaz de explotar sus fincas, elegir sus valores bursátiles o dirigir sus negocios. Cuando el capital le pertenece a ella, personalmente y no está en manos de padre o marido, es aún más asustadizo y falto de imaginación que en manos del capitalista masculino.
  29. 29. 29 El atraso cultural de la mujer española de la clase rica –atraso perfectamente compatible con un cierto barniz exterior compuesto de algún idioma, conocimientos superficiales, lecturas inconexas y viajes frecuentes- es causa importante de la falta de conciencia social del país. Una gran cantidad de mujeres de esta clase vive con la mayor buena fe dentro de una organización económica injusta y a expensas de ella, y no se les pasa siquiera por la cabeza la idea de que esté mal, y mucho menos de que ellas deben y pueden hacer algo para mejorarla. Las desigualdades de trato que la ley aplica y la mujer y el varón, en general le traen sin cuidado; las laborales y profesionales, no le afectan; las penales, y civiles tampoco, salvo en casos especiales, no lo bastante numerosos como para crear en las mujeres de esta clase la conciencia de ser objeto de una discriminación como sexo. No puede contarse con ella para mejorar el “status” femenino. LA MUJER DE LA CLASE MEDIA Como es sabido, las clases medias españolas carecen de solidez económica. Excepto en Cataluña y el País Vasco, desde este punto de vista puede decirse que no existe apenas una burguesía. Las capas económicas intermedias de nuestra sociedad viven inmersas en una serie de problemas derivados de la falta de posibilidades. La lucha para abrirse camino es muy áspera: los candidatos, más numerosos que los puestos; las oposiciones, “esa segunda bárbara fiesta nacional”, un derroche de energías; los trabajos, mal pagados; el pluriempleo, indispensable para subsistir; la enseñanza pública, insuficiente; la privada, carísima; los seguros sociales, mezquinos cuando los hay; la subsistencia en la vejez, dependiente en un altísimo porcentaje
  30. 30. 30 de la buena voluntad de los miembros más jóvenes de la familia. La batalla de la vida es en efecto aquí una auténtica batalla en las que son necesarios una buena preparación y nervios sólidos. En la preparación, ya pierde la mujer. Cuando hay poco dinero para los estudios, tienen preferencia los varones de la familia. Cuando un hijo sale perezoso, se gastan más energías en empujarle si es un chico, se abandona antes si es una chica. Por otro lado, el convencimiento de la terrible dureza de la lucha incita a la familia a apartar a las chicas de ella, mientras se pueda. Siempre que leo algún escrito feminista publicado en otro país compruebo una vez más que este aspecto de la aspereza de la batalla es importantísimo para comprender la situación de la mujer española. Ser médico es posible para una americana, canadiense, holandesa o sueca sin un esfuerzo excesivamente duro, pero ¿cómo no calificar de excesivamente dura la vida de un médico en España hasta que puede considerarse situado? A los padres les entran escalofríos pensando en la clase de vida que espera a su hijo, pero como eso sí que no tiene remedio...). Los padres españoles saben que el fin de la carrera es, precisamente, el principio de la lucha, lucha que coincide con los años en que normalmente se elige fundar o no una familia. En la práctica, hoy por hoy, la mujer española de las clases medias tiene que optar entre conseguir y conservar un buen puesto de trabajo o tener marido e hijos, tanto más cuanto que su esfuerzo personal también tiene que aportarse a abrir camino al marido sobre todo en las profesiones liberales. La esposa cuida de los niños y ayuda en la casa para ahorrar sueldos, pero además
  31. 31. 31 toma citas por teléfono para el despacho, sustituye a los transportes escolares, insuficientes y caros, vigila y dirige los deberes, prepara o supervisa la preparación, servicio y recogida de un sistema de comidas fatigosísimo que depende del interminable horario de trabajo del jefe de familia y no puede, por lo tanto, mejorarse. Muy pocos maridos de estas clases pueden permitirse el lujo de una mujer “que haga algo”, que tenga una actividad personal. Todo su esfuerzo, que es mucho, se agota en establecer las condiciones necesarias para que el marido sí que la tenga, y tenga además una vida de familia. Creo sinceramente que la mayor parte de estas mujeres no se dan cuenta de cuál es su situación real, de que de hecho no viven siquiera en la misma clase social que su marido, de que son las proletarias de su casa. Han sido educadas para adaptarse, y se adaptan a todo. Al marido, a los usos y costumbres establecidos, a la injusticia de la sociedad en que viven, y que en general no están capacitadas para ver. La mujer de estas clases suele ser políticamente conservadora, cuando en realidad tiene poquísimo que conservar y se beneficiaría extraordinariamente con una organización mucho más socializada. Sin embargo, bastantes mujeres de estas clases sociales empiezan a darse cuenta, a través de la creciente proletarización de sus vidas, de que algo no marcha bien, y empiezan a adquirir conciencia de las injusticias sociales y económicas en general. Paralelamente comprueban la injusticia con que son tratadas como sexo. Aunque con lentitud, esa toma de conciencia y la comparación con los patrones de vida de otros países que poco a poco van empezando a conocer, acabará por llevarles a una acción positiva en el campo de su realización personal.
  32. 32. 32 Es posible que los programas de la sociedad de consumo, que la famosa mística de la feminidad encadena a la mujer española en el futuro, pero parece un peligro más auténtico para la mujer de las clases bajas –suponiendo que el nivel de vida del país no se estanque- que para la mujer de las clases medias, la cual se encuentra inmersa en un proceso de proletarización personal irreversible si en una nación atrasada aumenta la demanda de mano de obra femenina para la industria por un lado, y no se socializa la vida, por otro. LA UNIVERSITARIA La cifra de mujeres que ha hecho estudios universitarios es tan pequeña que da pena: solo el 0,55% de las mujeres españolas tuvieron en 1960 acceso a la Universidad. La situación de la universitaria española es, en general, tristísima. Desde el comienzo de sus estudios se pregunta interiormente qué podrá hacer con ellos. El problema de la elección entre esposa y madre, o ser humano completo con una actividad personal, se le plantea con mayor agudeza que a ninguna otra mujer. Ya estudia con el espíritu dividido. Si se casa, es muy difícil que pueda trabajar en serio, y si abandona el trabajo, cuando termine la crianza de sus hijos los muchachos que estudiaron con ella, o después, le han quitado los puestos. La universidad sí suele darse cuenta de lo injusta que es su situación en el mundo, de las trabas legales y de hecho que encuentra en su camino. Soporta además muy mal la incomprensión de su familia y de la de su marido (cuando no la del marido en persona) respecto a su vida, y la incomprensión del sociedad en general. Se ahoga en
  33. 33. 33 la abrumadora monotonía diaria. Ve pasar los años, compara su situación con la de sus compañeros de estudios y se da cuenta de lo difícil que es para ella abrirse camino. Tiene la impresión de estar subempleada, de perder su tiempo en trabajos que podrían hacer otras personas que no tengan su preparación. La universitaria es el fermento que puede mover a las demás mujeres españolas. Un reciente trabajo de cuatro universitarias catalanas, “La mujer en España”, me parece en este aspecto una muestra muy estimulante. Como mujer, española y universitaria, no puede menos de dar las gracias a sus autoras, Mireia Bofill, Maria Luisa Fabra, Ana Sallés y Elisa Vallés, a ninguna de las cuales tengo el gusto de conocer personalmente. Un libro de este tipo, hecho con tanta seriedad (que no excluye una amenísima lectura) apoya la confianza en las cualidades de la mujer española a medida que vaya aumentando su nivel cultural. Por supuesto, no todas las universitarias alcanzan un tal grado de lucidez. Hay bastantes que solo consideran la Universidad como una oficina de expedir títulos y, utilicen o no el suyo para ejercer una profesión concreta, no piensan en inquietarse por la situación de su país ni de las mujeres que viven en él. LA MUJER DE LAS CLASES BAJAS Si el atraso cultural influye tanto en el escaso nivel de conciencia de las mujeres de las otras clases, ¡qué podríamos decir de las de clase baja! Como ya ha sido denunciado en otros países la mujer proletaria es dos veces proletaria, de la sociedad y de su marido. Le toca bailar en todo con la más fea. Cuando se da cuenta de su situación, y solo las muy
  34. 34. 34 inteligentes se la dan de verdad, es raro que sepa separar la parte de injusticia que le toca como clase de la que le toca como sexo. Se siente –y es natural- más cerca de los hombres de su nivel social que de las mujeres de otros niveles. ¿PODEMOS TENER ESPERANZA? En este campo, como en tantos otros de la actividad humana, no se puede hacer el bien en un sitio sin que inevitablemente no vaya surgiendo a la vez en otros lugares. Nadie sabe todo el bien que hace, cuando hace el bien. Si las mujeres españolas luchamos por una sociedad más justa, conseguiremos a la vez una situación como sexo más justa. Pondré sólo un ejemplo: el acceso a la cultura. Los periódicos de estos días han dado noticia de un escrito firmado por cien procuradores y dirigido al vicepresidente del Gobierno. Las cifras que se aducen son reflejo de un gran escándalo; más de un millón de niños sin escuelas, la enseñanza media alcanza solo a un millón de españoles y podría triplicarse; en la enseñanza superior nos superan Francia e Italia cuatro o cinco veces; tenemos aún un millón de analfabetos; todos los países de Europa, e incluso Iberoamérica, dedican más porcentaje de sus presupuestos y rentas nacionales a la enseñanza... ¿Para qué seguir? Hay aún más datos igual de tristes. ¡Qué duda cabe de que si elevamos el nivel de cultura, cada vez habrá más mujeres que tomen conciencia de su condición de lo insuficiente de sus vidas! Cuando la presión de ese número de mujeres sea suficientemente grande, la sociedad en su conjunto, tendrá que aceptarla, y todo habrá cambiado para nosotros.
  35. 35. 35 El derecho a quedarse en casa (Destino, 23-marzo- 1968) Con sinceridad, no creo que la mentalidad conservadora sea más propia del sexo femenino que del masculino. La mentalidad conservadora es característica de las personas que desconfían de los cambios, o, al menos, de la velocidad de los cambios, y esa desconfianza puede darse y se da en los dos sexos, y puede darse y se da, por variadas razones basadas en caracteres constitucionales o adquiridos. Una de esas razones es el íntimo convencimiento de que no se podría afrontar con éxito un cambio demasiado grande o rápido, de que escasean las posibilidades de adaptarse a él. La inmensa mayoría de las mujeres españolas están faltas de formación profesional seria en ningún terreno, y carecen, además –y esto es aún más grave- , de imaginación. No es culpa suya, sino de la manera de educarlas, pero el hecho están ahí. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, dice un pavoroso refrán castellano. Tal podría ser la divisa del inmovilismo y del atraso. Esa es, por desgracia, la bandera obligada de muchísimas compatriotas nuestras.
  36. 36. 36 La mujer de su casa y la rebeldía de la juventud (Destino, 1-junio-1968) ¿De quién es la culpa de que nuestros hogares sean esa máquina de matar generosidades, de atrofiar impulsos altruistas? No basta decir que es inevitable que suceda así, que la vida material tiene sus exigencias, que una familia necesita recursos fijos, trabajo metódico para obtenerlos, y que la juventud tiene que aprender a aceptar la inevitable rutina y el tedio del trabajo. Esa es una gran verdad... a medias. Los jóvenes tienen razón al no encontrar estimable la sociedad que hemos montado, al desear otra en la que el dinero no sea el único ni el principal motor de las acciones humanas. Los jóvenes desean una sociedad donde, gracias al esfuerzo de todos, el bienestar mínimo esté asegurado, y quede así libre un potencial inmenso de energía, entusiasmo y tiempo para trabajar, cada uno según su personal vocación, por causas altruistas. Esto es en el fondo lo que piden los estudiantes que aclaman a Fidel Castro o a “Che” Guevara. Y no es una utopía, un ideal irrealizable. El progreso de la ciencia en todos los órdenes, las nuevas técnicas, los avances de las disciplinas sociales y políticas permiten esa moderna sociedad. En lugar de asustarnos leyendo las noticias sobre la rebelión de la juventud y enfadarnos con nuestros hijos, intentemos comprender la carga de desinterés y nobleza que encierra su rebeldía. Aunque no en la forma muchas veces, en el fondo tienen razón. ¡Si nosotras mismas aun las más apegadas a las pequeñas rutinas, allá en lo más escondido de nuestro corazón, sentimos de cuando en cuando, entre el ruido del secador de la peluquería, el barullo de los grandes almacenes, el griterío de los niños, el
  37. 37. 37 atronar de los claxons, un suave y casi ahogado murmullo que nos invita a salir fuera, a desear una vida menos encerrada en un círculo tan estrecho! Es nuestra alma, que necesita oxígeno. La mujer y la construcción de la paz (Destino, 5- abril-1969) Nosotras podemos ayudar a construir la paz. ¿Ya desde ahora? ¿Ya usted que lee y yo que escribo? Sí. Ya, ahora mismo. No ahogándonos en la rutina cotidiana, evadiéndonos en la comodidad del puesto femenino de algunas zonas sociales, ni dejándonos aplastar por el trabajo agotador y sin brillo que otras zonas reservan a sus mujeres. No permitiendo que se nos confine en el terreno acotado para nosotras por usos no escritos pero vigentes. No dejando para otros la vida política. Aceptando las cargas de una ciudadanía responsable que nadie va a regalarnos, por supuesto, que hemos de conquistar nosotras con esfuerzos. ¿Quién verá los resultados? Tal vez nuestros hijos. Tal vez nuestros nietos. No lo sé. Pero hay que empezar en este momento.
  38. 38. 38 Los ritos necesarios (Destino, 25-Noviembre-1972) [...] Cuando las costumbres se han convertido en una rígida armazón que impide el movimiento de la vida, es de toda evidencia que ha llegado el momento de deshacerse de ellas. A nuestra época le ha tocado en suerte ser un tiempo de arreglo de cuentas. Hay muchas cosas que ajustar, y por suerte la sensibilidad social va poco a poco afinándose y señalando errores, injusticias y desórdenes que corregir. Ocurre, empero, que es difícil la operación de separar los ritos que conviene barrer y los que deberían conservarse. Como ha señalado algún sociólogo, en una época crítica los ritos están más expuestos a perder su sostén porque los espíritus se encuentran inclinados a observar la disparidad que se da entre la apariencia de la ceremonia y la realidad subyacente. En nuestros días la fisura entre rito y realidad se agranda a causa del vertiginoso movimiento de la vida contemporánea. Los lutos, la manera de vestirse, la celebración de las bodas y tantas otras costumbres ritualizadas han ido borrando sus contornos. Uno puede preguntarse si, como dicen los anglosajones, no habremos tirado al niño por el desagüe de la bañera, cuando lo único que queríamos era expulsar el agua sucia.
  39. 39. 39 Mujer 73 (Destino, 6-Enero-1973) [...] En general la mujer española se desentiende de sus responsabilidades como ciudadano. Sencillamente, no le interesa el tema. Se entera de los rebotes de la vida política por su vertiente folklórica, moribunda y centelleante. Las revistas gráficas se plagan de príncipes y princesas, unos antiguos y otros recién acuñados; de reyes sin trono, de reyes en funciones –pocos-; de fiestas oficiales y privadas de los grupos en torno al poder. Por supuesto que se encuentran mujeres con conciencia clara de su situación real, pero son, hoy por hoy, minoría, y minoría, además, silenciosa. La mujer en nuestro país está ahora vendiendo su primogenitura, es decir su auténtica libertad, por un plato de lentejas en versión moderna: por más cacharros para la casa, más seriales, más revistas estúpidas y el permiso para ver películas en las que se dicen palabras malsonantes. Claro que no todo en esta triste situación es culpa de las mujeres. Hay muchos interesados en que la gente viva como vive, dócil, mansamente, aplacada con drogas de diversas suertes, sin meterse en honduras políticas ni de ninguna otra clase, pero, sobre todo, en las políticas. Y los que sí nos preocupamos por estas cuestiones nos hacemos una pregunta en el principio de este año 1973. ¿Cuándo adquirirá la mujer de nuestro país una conciencia clara de su dignidad como ciudadano, como persona responsable, como sujeto de derechos y deberes que implican a todos? ¿En 1983? ¿En el año 2000? ¡Ay!, nadie lo sabe.
  40. 40. 40 La comunicación (Destino, 3-Febrero-1973) [...] El amor humano que nos comunica con el otro es el amor comprometido, el que se lanza hacia su objeto perdiendo, sin cálculos, sus propias posiciones. Nadie puede nadar si teme que sus pies se despeguen del fondo del agua; nadie puede amar esa aventura fabulosa que nos libra del peso de nosotros mismos, si no está dispuesto a comprometerse por entero, absolutamente, sin reservarse nada. El amor verdadero necesita todo el futuro y, yo diría, toda la eternidad. Cuando se cree en un más allá el amor humano adquiere por eso un gusto diferente, un aliento cósmico, porque se abalanza perforando la muerte, atravesando incluso esa última miseria humana, el despojamiento del propio cuerpo. [...] El amor que comunica posee, sin duda, un intenso componente sexual, pero es, además, y sobre todo, ternura compartida. El amor que comunica sobreabunda inevitablemente y se reparte, fuera de los amantes, a los hijos, a los amigos. Es una fuente viva que no cesa de manar. Ese es otro de los signos que nos permiten reconocerlo. No es con leyes restrictivas del divorcio, ni con trabas a la separación de las parejas mal avenidas como se consigue una sociedad sana y en la que abunda el amor que comunica. Es luchando por vivirlo personalmente, intentando cada día depurarlo, embellecerlo, darle ese toque de poesía, de dulzura, de calor, que es tan difícil y tan hermoso de alcanzar.
  41. 41. 41 El amor que comunica es la más plena e intensa experiencia humana, una experiencia total que abarca al ser entero y lo transforma para mejorarlo. El hace saltar en nosotros una chispa centelleante de esa hoguera sin límites, abrasadora y viva que los creyentes llamamos con una pequeña e inmensa palabra: Dios. Mujeres recuperadas (Destino, 21-Abril-1973) [...] El movimiento feminista, tan esperanzador y con tantos logros, desapareció engullido en la contrarreforma que siguió a la guerra civil. Después de haber ocupado escaños en las Cortes y altos cargos en la Administración Pública, la mujer española se vio relegada a una vía muerta, de dedicación exclusiva y sin opciones de ninguna clase a un folklórico culto a la tradición hogareña más raquítica. Eran los tiempos del paternalismo salazariano en Portugal, de las juventudes nazis y fascistas cantando a la mujer madre de héroes, a la mujer novia de soldados. Aquí todo se volvió coser y bordar, dedicarse a la renovación de las danzas populares y hablar de las virtudes de la mujer española. Adiós a todo lo conseguido antes, a la equiparación legislativa con el hombre, a las tareas públicas, a tantas otras cosas... Para huir, supongo yo, de las milicianas marimachos, se encasilló a todas las hembras del país en un candoroso Servicio Social a base de canastillas para recién nacidos y discursos de Onésimo Redondo que había que aprenderse de memoria. Durante lustros la mujer de este país ha hecho ejercicios espirituales, no ha
  42. 42. 42 sabido una palabra de la historia reciente de sus compañeras de sexo, y ha leído novelas rosa. Las nuevas generaciones, las que ahora tienen treinta años o menos, no pueden comprender lo que ha sido esta larga cuaresma antifeminista. Ya sabemos que en nuestra contienda civil murieron, además de muchísimos compatriotas, ideas, avances, logros parciales, entrañables cosas perdidas para siempre unas, para largo tiempo otras. Una de esas cosas fue el feminismo español, que ahora, lentamente, parece querer resurgir, como las aguas del Guadiana, tras su curso subterráneo. Acción popular o acción de millonarios(Destino, 5- Mayo-1973) [...] Una sociedad sin cauces para la expresión de la opinión pública, sin articulaciones legales para que esa opinión se forme, estimula el crecimiento del egoísmo, la insolidaridad, el encerramiento en el más estrecho de los horizontes vitales del ciudadano. La acción popular ofrece una vía legal para reaccionar frente al daño hecho a los demás, enseña a no dormitar ante el delito cuando personalmente no nos ha causado daño. Esta acción resulta en nuestro país, además de otras cosas, una escuela de ciudadanía, y Dios sabe la falta que tenemos de educación ciudadana.
  43. 43. 43 Reducir tensiones (Destino, 23-Junio-1973) [...] Ya lo saben las esposas de hombres abrumados de responsabilidades. No deben, en el futuro, rellenar su hoja de pasaporte no los impresos del censo con la vieja fórmula de “sus labores”. Así parece que no hacen nada útil. En la línea que dice “Profesión”, deben escribir, para estar a la última en sociología: “Profesión: reducir tensiones”. La mujer española y el trabajo (Destino, 7-Julio- 1973) [...] Si uno, tímidamente, expone su idea de que el problema de la mujer ante el trabajo debería ser un problema individual y que cada uno debería tener la posibilidad de resolverlo a su gusto, los ultras de un lado te miran como si estuvieras a la izquierda del PSUC y predicaras el amor libre; y los del otro bando te consideran una burguesa decadente y fusilable. [...] Cuando hayamos conseguido que todo ser humano, independientemente de su sexo, pueda elegir libremente su propio estilo de vida, el problema del trabajo femenino estará resuelto.
  44. 44. 44 El respeto al cuerpo (Destino, 4-Agosto-1973) [...] Yo diría que hoy poca gente respeta su cuerpo, poca gente se da cuenta de que vestido, ademanes, gestos y porte descubren el espíritu, el talante interior de cada uno. Es cierto que se había llegado a una exageración insoportable en la nones, a fines del siglo XIX y principios de éste, pero casi se echa de menos la ñoñería, después de esta indigestión de carne en crudo que padecemos hoy. Todo lo que sea liberar al ser humano de falsas servidumbres y mitos, resulta positivo. Conceder al cuerpo el tributo que merece, como obra hermosa y deleitable del Creador, es algo bueno en sí. La corriente de desprecio del cuerpo que penetró en la Iglesia, varios siglos después de su fundación, carece de verdadero contenido cristiano. Lo cristiano es amar el cuerpo, admirarlo... y no permitir que una parte de él, de esa inextricable, inseparable realidad físico-espiritual que llamamos mujer, se alce con el mando.” El final de muchas cosas (Destino, 25-Agosto-1973) En una reciente sentencia del Tribunal Supremo se confirman las graves sanciones impuestas a un semanario [Triunfo] por considerar los magistrados, entre otros motivos, “que ha existido en la publicación una falta de respeto a la verdad actual de la vida social española”. Aunque tengo bastante olvidado lo que estudié en la Facultad de Derecho, la lectura de ese “considerando” del más alto tribunal de justicia me hizo saltar de la silla. Primero creí que había entendido yo mal, y releí el texto de la solución judicial. Pero allí se decía lo
  45. 45. 45 que he transcrito: la revista faltó al respeto debido a la “verdad actual de la vida social española”, y los jueces inapelables han decidido que estaba bien castigada por la Administración pública. Se ve que estoy muy atrasada en jurisprudencia. Debe existir ahora una verdad de la vida social. La sociología, esa ciencia ambiciosa que pretende conocer –y no lo ha logrado todavía- la configuración de las sociedades, la distribución de poder de las mismas, los grupos que operan en ellas, las relaciones entre sus componentes, en suma, la verdad de la vida social, ya no tiene objeto propio. Lo que era simples opiniones científicas se ha convertido en dogmas. Hay una verdad de la vida social española, que debe acatarse sin rechistar. Los sociólogos de aquí serán en adelante teólogos. Pero de una teología cerrada, con todas sus páginas ya escritas, con dogmas de interpretación invariable “per saecula saeculorum”. Ha sonado, pues, la hora trascendental de la historia en la que se asiste al final de la sociología. Otro ocaso de un saber humano, como el que sucedió hace unos años con el ocaso de las ideologías, cuyo entierro presidieron también unos personajes de la vida española. Casi coincidiendo con la publicación de esa novísima sentencia del Tribunal Supremo, los periódicos han insertado unas declaraciones del señor subsecretario de Justicia, don José del Campo Orellana, que también ha rematado otra cosa que yo pensaba que estaba viva. Me hago cargo de que deben estar amarillentas, pasadas de moda, las hojas de los libros en que estudié Derecho.
  46. 46. 46 Según el señor subsecretario, “hoy en día el preso llamado político no tiene un estatuto especial, como tampoco lo tiene en otras muchas naciones...” Me inquieta esta advertencia de persona tan autorizada. ¿En qué naciones no existen presos políticos? Vuelvo a mis viejos libros de texto y allí encuentro una repuesta que, estoy segura, no compartirá el señor subsecretario. “Los presos políticos, como categoría especial de infractores de las normas establecidas, han sido eliminados en los regímenes totalitarios, dado que en éstos sólo se admite una única ideología política, que se impone desde arriba a todas las personas y en todos los terrenos de la vida comunitaria. El preso político no tiene estatuto especial en un país totalitario, del signo que sea, pues en esta clase de organización política se considera delito común cualquier discrepancia ideológica.” Así reza en los libros y así me lo enseñaron a mí. No obstante, podría ser que el señor subsecretario tuviera en la mente, cuando hizo sus manifestaciones a la prensa, los regímenes pluralistas, con varias ideas políticas y diversos partidos en sistema de concurrencia, donde tampoco hay presos políticos. En estos últimos países no existe el delito político, sencillamente porque se permiten todas las ideas y todas las organizaciones. Final de los presos políticos, final de la sociología. Antes, ocaso de las ideologías. Cuando abro el periódico cada mañana espero un final.
  47. 47. 47 El panorama turístico (Destino, 1-Septiembre-1973) [...] Hacía bastante tiempo que me rondaba la sospecha de que el turismo puede ser la nueva versión del oro de América que arruinó a Castilla por su imprevisión y su codicia miope, y enriqueció a los Países Bajos, que tuvieron una idea mucho más amplia del futuro. [...] Estoy firmemente convencida de que el juicio de la historia será severo con la presente época, y uno de los factores que este juicio tendrá, sin duda, en cuenta –no el más importante, pero sí uno de ellos- será el esquilmamiento irracional de nuestros paisajes, nuestra atmósfera y nuestro terreno. Hemos convertido al país, según frase del señor alcalde de Torremolinos, frase perfectamente extensible a todas las costas nacionales, “en la cloaca de Europa y de España”. La clase política (Destino, 3-Noviembre-1973) [...] No hará falta decir que las teorías elitistas fueron caras a los movimientos totalitarios, que creían en los hombres escogidos y providenciales y en las minorías destinadas, por la fuerza de las cosas, a regir los destinos de las personas comunes y corrientes. [...] Los teóricos elitistas se inclinan a reducir la historia a una lucha que enfrenta a una elite que dispone del poder y otra que se ve apartada de él y quiere conquistarlo; el resto de la población se limita a servir de masa de maniobra para los dos grupos que luchan.
  48. 48. 48 Los anónimos (Destino, 1-Diciembre-1973) “[...] A veces los anónimos tienen algún detalle divertido. Los pseudónimos que aparecen en lugar de la firma resultan sintomáticos, y hasta jocosos. Los procedentes de la ultraderecha suelen ser tan patrióticos como anticuados, por ejemplo: “Celtíbero”, “Viriato”, “Juan de Iberia”. Los de la ultraizquierda –que, en honor a la verdad, envían muchos menos- se amparan en banderas más modernas: “Un amigo de Fidel”, “Guevarista”. En cuanto al contenido, los hay amenazadores y los hay simplemente calificativos. Lo curioso de los que anuncian represalias es que las presentan como castigo de frases que uno nunca ha escrito, o de posturas que uno nunca ha adoptado. Recientemente me apellidaban en uno de esos billetitos “Elisa la Roja” y “Nueva Pasionaria”. No sé qué pensarán las lectoras que escribieron hace pocos meses al director de DESTINO echando incienso al bikini y dando a entender que me consideraban una beata gazmoña, de las que se comen los santos. [...] El hecho de que se enfaden algunos ultras de ambos lados hace pensar que quizá no se está del todo descaminado y que la postura en que uno intenta colocarse debe ser bastante razonable. En este país, al faltar cauces suficientes para la expresión de las opiniones del ciudadano, la verdad es que se vive a tientas y resulta imposible saber con alguna aproximación por dónde se mueven las ideas y los intereses de la gente. A pesar de esta grave limitación, y juzgando por lo que en lenguaje fiscal se llaman signos externos, parece que la mayoría de la gente posee sentido común y los ultras de todas las tendencias no pasan de ser una minoría.
  49. 49. 49 [...] Triste, baja manera de conducirse. Inhábil manera, además. Cada anónimo viene a ser un documento de propaganda en contra de las ideas de los que lo envían. ¿Un mundo mejor para la mujer? (Destino, 12-octubre- 1974) [...] En una sociedad competitiva, en la que el beneficio, el dinero, es el móvil último de la empresa, la mujer lleva todas las de perder. Durante los años en que sus hijos la necesiten tendrá que dejar de trabajar o hacerlo a tiempo parcial. Mientras sus compañeros mediocres dedican todos sus esfuerzos al éxito profesional, la universitaria inteligente se encuentra dividida por dentro y por fuera, en sus posibilidades y en su psicología. El marido dedica todas sus horas a la profesión elegida y al llegar a casa se siente dispensado de las tareas domésticas. Los más modernos ya arriman algo el hombro, pero prácticamente nunca medias con la esposa. En una sociedad competitiva el marido que no ayuda tiene razón. Su tiempo vale muchísimo más que el de su mujer. Si el de él es oro, el de ella es latón. Resulta ruinoso económicamente hablando, hace algo en la casa o con los niños. ¿Qué ocurriría con el trabajo de la mujer en otro tipo de sociedad, con otro tipo de empresa? Esa empresa futura que nos pinta el hombre de negocios francés, en la que lo primordial resulten los valores humanos. Pasará que ni el marido tendrá que trabajar jornadas extenuantes, en lucha sin tregua con los rivales al acecho, ni la melancólica suerte de la esposa encerrada en su aburrida rutina será
  50. 50. 50 echada en el olvido. La jornada laboral, más corta, permitirá al hombre disponer de tiempo para la vida de familia, y a la mujer de trabajo a tiempo completo, o sea de trabajo que no resulte de segunda clase.
  51. 51. 51 La producción de ciudadanos de recambio (La Vanguardia, 16-julio-1975) Según todos sabemos, la mujer que dedica varios años de su vida a tener hijos no aparece en ninguna estadística oficial ni privada como .población activa. En los países donde las estadísticas funcionan—que no es, desde luego, nuestro caso— se contabilizan ‘hasta el último tornillo o. el último metro de algodón para pantalones vaqueros que se fabrican en el territorio nacional; ‘se cuentan como miembros de la población activa las jardineras de infancia, las maestras, las enfermeras, las cajeras, los barrenderos y las empleadas de las lavanderías. Si una chica guapa trabaja como secretaria o mecanógrafa, es población activa, aunque su jornada real, descontando los ratos de charla con las compañeras, las visitas al tocador, las inasistencias al trabajo por pretextos más o menos fútiles, lo días festivos y las vacaciones pagadas, arrojarían un rendimiento real bastante bajo en algunos casos. Si esa chica se casa y tiene cuatro o cinco hijos, ha de trabajar de firme durante incontables jornadas, sin domingos ni vacaciones, sin que nadie le pague un céntimo a título personal por hacerlo y, lo que es más divertido, pasando a engrosar los efectivos oficiales de la población no activa.
  52. 52. 52 La educación femenina (La Vanguardia, 29-agosto- 1975) [...] Si la educación en general va como va en este país, la educación de las niñas es algo que raya lo increíble. A todas las insuficiencias, los problemas e inconvenientes con que tropieza la formación de sus hermanos, la niña española tiene que añadir una última valla que saltar: la de haber nacido mujer. Oír las conversaciones de las jovencitas resulta con frecuencia desolador. Muchísimas —es difícil saber la proporción relativa— se han cortado las alas sin darse cuenta y hablan como viejas. A su lado, las madres cuarentonas que han sabido conservar la lozanía de espíritu, el amor a la propia realización, ofrecen un alma mucho más combativa, más moderna. Queda siempre, por supuesto, la esperanza de la repesca, porque muchas de esas madres abiertas al mundo de hoy, fueron alguna vez jóvenes estereotipadas que un buen día no pudieron aguantar más el confinamiento en un papel raquítico. El aborto y la despenalización (La Vanguardia, 4- septiembre-1982) [...] La actual legislación española no es misericordiosa, sino injusta. Porque al penalizar el aborto provocado como un delito grave crea de hecho dos tipos: el de las ricas y el de las pobres. Las primeras pueden coger el avión y marcharse a Londres, por ejemplo, donde encontrarán toda clase de garantías higiénicas. Las otras se ponen en manos de algún irresponsable que por unas pesetas coloca en grave peligro su salud y su vida. En ambos casos,
  53. 53. 53 además, se pierde el respeto a la ley, actitud que luego se trasvasa a otras leyes. Como jurista esa pérdida de respeto a las leyes en general ocasionado por una sola ley injusta me parece gravísima. Feminista (La Vanguardia, 9-Marzo-1984) [...] ¿Es que tan raro resulta que una mujer sea feminista? Una mujer en una sociedad organizada por y para los hombres, quiero decir. Si fuera al revés yo entendería muy bien que a un señor que defendiera a su sexo le pusieran debajo andrófilo, machófilo, en fin, cualquier atrocidad. En el artículo yo me quejaba de que a las mujeres nos bombardean los hombres con consejos acerca de nuestros comportamientos como mujeres, consejos unas veces pedidos y otras no pedidos, y me quejaba también de que en la Iglesia a la que pertenezco los dirigentes sean todos hombres y además célibes. Supongo que por eso me encasquetaron lo de feminista. De modo que por el momento y hasta nuevo aviso siento tener que confesarlo: me veo obligada a elegir ser feminista precisamente porque nadie me ha concedido la oportunidad de elegir mujer o no serlo.
  54. 54. 54
  55. 55. 55 ELISA LAMAS -Hazme una especie de currículum: donde naciste, cómo eras. -Pues mira, yo nací, no diremos por casualidad sino más bien por tradición familiar, en Galicia. En Mondoñedo, provincia de Lugo. En una vieja ciudad llena de carácter y de sabor, con un gran pasado histórico, donde la familia materna de mi madre tenía una casa antigua muy bonita. Mis padres no vivían allí, no vivieron allí nunca, pero de todas formas, pues para seguir la tradición familiar me llevaron allí, a que naciera yo en la vieja casa familiar, y aunque no he vivido nunca en Galicia me siento muy gallega. En fin que realmente le tengo un cariño muy inmenso a todo lo gallego, y a todas las tradiciones de mi país.
  56. 56. 56 “Estudié por libre, porque no éramos más que dos hermanas, y entonces mis padres viajaban mucho y no querían de ninguna manera someterse, digamos, a la disciplina de enviarnos a un colegio, y verse entonces frenados en sus incesantes idas y venidas. Entonces nos educamos, hicimos el bachillerato por libre tanto mi hermana como yo, con profesores privados. Teníamos una institutriz y una serie de profesores para las diferentes materias. “Pasé gran parte de mi vida en Francia, mis padres pasaban unos seis meses cada año en Francia, y de aquí viene mi amor también a la cultura francesa. Así que en cierto aspecto me siento bastante europea, porque siendo gallega, y por lo tanto teniendo raíces puramente, digamos, celtas, lo cual me entronca claro con todos los países celtas europeos, Gran Bretaña, por ejemplo, con Inglaterra sobre todo y con los galeses por otro lado, pues también he tenido siempre acceso a la cultura francesa. De modo que en este aspecto me parece que soy un poco exponente de lo que son los nuevos europeos, es decir, estoy abierta a varias culturas diferentes. He estudiado la carrera de Derecho en Salamanca, y después de terminar la carrera, me puse en relaciones con Manuel. Me casé. Entonces tuve que dejar el doctorado. “Empecé a tener niños y entonces me encontré sumergida en esa especie de hoyo que significa siete embarazos y crianzas; además no tengo muy buena salud, y para mí los embarazos fueron espantosos, porque fueron todos patológicos, y desde el primer día del embarazo, hasta el momento de dar a luz lo pase malísimamente. Cuando los gemelos estuve a punto de morir, de modo que quizás ésta es la razón por la que yo tomé partido contra la “Humanae Vitae” [Retrógrada Encíclica de Pablo VI de 1968 sobre la regulación de la natalidad, sobre la obligación de la paternidad, y que prohibía el aborto, la esterilización y cualquier método anticonceptivo, propugnando la castidad, como siempre la Iglesia a la vanguardia de la sociedad, es un decir] porque me di cuenta de que realmente era necesario desamputar ese estado de conciencia tomado, porque, en fin, me pareció que era una Encíclica que no tenía en cuenta
  57. 57. 57 la realidad de la vida moderna, ni los problemas que tenemos los católicos hoy en día para conciliar nuestra obediencia filial al Papa, con el conocimiento de los problemas reales. “Ten en cuenta que tener siete hijos en una civilización técnica y en una cultura industrial, en una ciudad enorme, que es el caso de la mayor parte de las culturas de hoy en día, pues, realmente, es algo sobrehumano; pero yo los he tenido y estoy encantada de haberlos tenido, los quiero muchísimo, y ahora me doy cuenta de que realmente uno, desde muchos puntos de vista, renuncia a una parte inmensa de su persona, realmente se queda ya dedicado, en fin, de una manera absoluta, digamos en la mayor parte de su vida...” -De una manera ¿cómo? -Absoluta, digamos al tiempo completo, de manera total a estar durante años dedicado a esto, a criar hijos; porque, claro, en lo de tener hijos lo de menos es tenerlos, lo importante es convertir a esa pequeña cosa que nace indefensa, y sin ninguna posibilidad propia, en un adulto que funcione por su cuenta, y, claro, convertir siete hijos en adultos, defendiéndose por su cuenta, a mi modo de ver, quizá justifique una vida. No lo sé, a mi modo de ver en todo caso, en fin, coge todas las posibilidades de una vida o el 90% de las posibilidades de una vida claro, pero no obstante, porque es una necesidad de la integración de la mujer en la cultura moderna, me parece a mi que es imposible pedir que la mujer se integra directamente, puesto que ya hemos visto que la integración se realiza solamente a través de la familia es incompletísima y no puede satisfacer en absoluto las aspiraciones de un ser humano, para integrarse de una manera directa a una cultura moderna no es posible tener siete hijos, y criarlos y educarlos, no puede ser, te van haciendo jirones a tu persona.
  58. 58. 58 -¿Por qué estudiaste derecho? -Pues supongo que en parte por tradición familiar, porque mi padre era abogado, y yo he vivido siempre en un ambiente muy jurídico; de modo que en parte por tradición familiar, y en parte también porque realmente el mundo del derecho me parecía absolutamente apasionante. Cuando estudiaba derecho lo hacía porque me gustaba la carrera de derecho, porque pensaba ejercerla, y todavía continúo con la esperanza de que cuando los niños crezcan lo suficiente podré integrarme en el bufete de mi marido. -¿No has ejercido nunca? -Nunca, no. Ya te digo que cuando terminé la carrera me puse en relaciones con Manuel, le conocí... bueno cuando terminé la carrera pasé en principio una temporada, como suele ocurrir a los estudiantes, un poco indecisa respecto qué es lo que quería hacer. Por un lado pensé en integrarme a la vida universitaria, porque en un tiempo estuve pensando en ser adjunto de una de las cátedras de Salamanca, cuyo catedrático estaba muy empeñado en que aceptara la oferta de la Adjuntía, estuve meditando esto. Por otro lado, pues me gustaba muchísimo el periodismo y la literatura, entonces empecé a trabajar en Madrid, en, digamos, en los ambientes de periodismo apostólico. Entonces, pues, fue fundado por una serie de personas que antes eran muy conocidas cuando yo era una chiquilla, como Lilí Álvarez, y Heriz Magdalena, y mi amigo José Luis Aranguren de escritores, por otro lado yo escribía prácticamente en todas las revistas católicas que existían, en “Signo” que era el órgano de la juventud masculina de acción católica, en “Cumbres” que lo era de la de juventud femenina de acción católica, luego yo era la encargada de la sección de editoriales y periódicos sacerdotales de la Universidad Pontificia de Salamanca que se llamaba “Incunable”, pero allí fue muy gracioso, tenía que firmar con seudónimo masculino, porque consideraban que mis pequeñas ideas servían para los sacerdotes, pero en cambio lo que no estaba bien era que firmara
  59. 59. 59 una mujer, pero ten en cuenta que de esto hace ya dieciséis o diecisiete años. -Eso es una discriminación total y absoluta. -Total, total, pero es que eran otros tiempos. Me parece que estamos hablando de hace dieciséis o diecisiete años, y entonces no había ni sombras de una perspectiva en la que se pudiera convocar un Concilio Ecuménico en le que hubiera en la Iglesia una reforma del calibre de la que ha habido; o sea que, entonces hablando del catolicismo pre-conciliar salmantino, imagínate tú, como si dijéramos que vivíamos en la Edad Media. -¿Te doctoraste después? -No, no pude doctorarme. Eso es una inexactitud que no sé por qué ha salido en el libro de José María Gironella, porque en realidad, yo le di a José María, con quien nosotros llevamos una fraternal amistad, un pequeño currículum, y allí no aparece, como es natural, ningún doctorado, puesto que no lo he hecho, cuando salió el libro, porque yo no vi las pruebas. -¿Has pensado en hacerlo? -Sí que lo he pensado, y es un proyecto que he tenido siempre, pero que he tenido que abandonar, pues ten en cuenta que yo me casé un 20 de octubre y mi primera hija nació el 30 de julio siguiente, o sea que aunque esto no lo pongas en el libro me dejó diez días para quedar bien ante la gente... -¿Te especializaste en alguna rama del derecho? -No, no llegué a especializarme en ninguna. Es curioso, les ocurre también mucho a los estudiantes. Cuando estudiaba la carrera me interesaba enormemente el derecho privado, tanto que estuve un tiempo pensando, en especializarme en civil o en procesal. Entonces me gustaba mucho el derecho privado, enormemente, y no me gustaba nada el derecho
  60. 60. 60 público; tanto que creo recordar que el único suspenso que tengo en toda la carrera es justamente el derecho público, imagínate tú. Y luego con el tiempo, cuando conocí a Manuel, empecé a interesarme por el derecho público, que no me había interesado nada durante la carrera. Claro, esto me hizo cambiar mucho la perspectiva, porque creo que en un principio cuando tenga tiempo y pueda hacer el doctorado lo haré con tema de derecho público, porque el derecho privado ya lo he dejado un poco a un lado en mis aficiones. Ahora me interesa francamente más el derecho público. Encuentro que tiene unas perspectivas mucho más cercanas a mis preocupaciones actuales, sin comparación, muchísimo más, empezando desde el punto de vista, digamos, incluso literario. A mí me parece más enlazado con las perspectivas filosóficas humanistas de una cultura que el derecho privado, que por otro lado está en franca crisis y en completa revisión. -¿Qué te parece la idea de este libro? ¿Tú crees que será eficaz para mejorar un poquito la mentalidad de la mujer? -A mí me parece que todo lo que sea hacer eso que llaman ahora con una palabra feísima, pero muy auténtica, mentalizar a la gente, me parece importantísimo, o sea que me parece una idea buenísima ésta del libro, porque me da la impresión de que quizás uno de los obstáculos con que más tropezamos en España, bueno, en España y en Europa y en el mundo, hoy por hoy, es la mentalidad de las familias y la mentalidad de la mujer. Es evidente que se opera una discriminación sexual ya desde cualquier nivel de enseñanza, o sea como una niña empieza a flaquear, se la oriente hacia otra parte. En el caso del niño, aunque sea un vago de espanto, el padre, la madre, todo el mundo se empeñan en que estudie ocurra lo que ocurra, aunque no sea ninguna lumbrera. El niño pertenece a una familia o a un ambiente en el cual la tradición es que tenga una carrera universitaria o un ambiente en el cual, aunque no sea tradicional, se desea, para mejorar el status social, que el chico tenga una carrera
  61. 61. 61 universitaria; vamos, la familia se destroza para conseguirlo. Como sea una niña, no; si la niña buenamente puede... -Consideran que la carrera será el matrimonio, y creen que es el camino más fácil, cuando en realidad es el más difícil ¿no? -Y cuando en realidad, además de ser muy difícil, ocurre que no es la meta total ni muchísimo menos, porque hay que tener en cuenta que, sobre todo y en esto insisto siempre que tengo ocasión de hacerlo, hay que tener en cuenta los factores de hoy en día como el alargamiento espectacular de la vida que hace que la mujer viva dos vidas de las de antes, una detrás de la otra. Antes 35 años era la expectativa de vida media, y es todavía la que hay hoy en día en el Nordeste del Brasil, y que era la que había en Europa en el siglo pasado. Hoy, en Suecia, ya están en los 74 años de promedio de expectativa de vida media para la mujer y 72 para los hombres. Esto significa que la mujer de hoy en día vive una vida a continuación de la otra. Antes la mujer moría normalmente cuando todavía estaba en la edad de procrear. Y la expectativa de la hembra no era muy... -Sí, sí. Moría casi siempre. -Y la que no moría se quedaba hecha puré, ya no estaba para bromas. Estaba ya envejecida y destrozada. Hoy en día, en cambio, no; no cabe la menor duda que cuando una acaba de tener hijos es porque físicamente no puede, o porque ya no le interesa. Claro que por otro lado están los adelantos de la medicina en el aspecto de haber hecho al ser human dueño también de la procreación, y no un mero sujeto pasivo desde que deja de tener hijos hasta que se muere. Entonces le quedan ahí una barbaridad de años para hacer algo, si es que no has hecho más que tener hijos que hacen que te encuentres con la vida totalmente vacía.
  62. 62. 62 -Y más ahora que las mujeres tienen una mentalidad mucho más clara y son más lúcidas en cuanto a sus propias actitudes. No se pueden conformar con tener hijos, criarlos, educarlos, y hacerlos adultos... -¡Ah! Eso tampoco, porque significa vivir siempre a través de otra persona, no vivir nunca como si dijéramos para uno mismo, de una manera digamos... -La propia vida ¿no? Eres la madre de esos hijos, y te conviertes en la madre de Jenny, la madre de Juan, de José, o de Alberto, y eso es lo trágico, dejar de ser una misma para pasar a ser madre solamente. -Esto es terrible y a mi modo de ver ha sido bastante estudiado, pero todavía no lo suficiente. Loa fenómenos digamos de angustias y de neurosis e incluso de aberraciones psicológicas de todo tipo se dan en proporción inmensa entre las mujeres que no hacen ni más ni menos que ser esposas y madres. Se sienten indefensas por completo ante la vida, no tienen ninguna otra posibilidad. Y, luego, los fenómenos del colonialismo materno, la madre abusiva, la madre que no quiere que los hijos se casen, que no quiere que las hijas se vayan; eso es terrible, eso son fenómenos de autodefensa, claro. Una persona que ve que se le acaba eso, que no tiene otra cosa, ¿a qué demonios se dedica? De modo que yo soy sincera, partidaria de que se vaya mentalizando a la gente lo más posible, y, por eso, este aspecto me parece una cosa importante. Todo lo que se haga en este aspecto me parece muy positivo, y me parece que es una tarea absolutamente necesaria, en la que tenemos que colaborar todos. -¿Cuál es el camino más fácil para obtener la libertad de la mujer? ¿Cuáles los mínimos derechos a que tenemos derecho? Valga la redundancia. -¿El camino más fácil...?
  63. 63. 63 -Más rápido en nuestra sociedad actual, tal y como está montada, y tal como los hombres enfocan hoy las cosas. -Pues a mí me parece que el camino más rápido es la integración de las nuevas generaciones en el mundo del trabajo. A mí me parece que ése es el camino más fácil; o sea, que toda niña que está estudiando, que toda jovencita que está acabando el bachillerato, que se haga a la idea de adquirir una profesión lo más apropiada a sus aptitudes y a sus posibilidades, e integrarse inmediatamente en el mundo del trabajo. En la actual organización de la cultura... -Esta es una pregunta que suelo hacer y he observado un fenómeno curioso, todas las mujeres conscientes me contestan lo mismo. ¿crees que la liberación de la mujer está en el trabajo? -Creo que sí. -¿Libera el trabajo a la mujer? -Ahora tropezamos con un problema gravísimo. A mi modo de ver no hay más que ese camino, pero ese camino es, por decirlo así, una especie de salto en el vacío, porque me parece observar, sin duda alguna, que ninguna de las culturas existentes ha encontrado aún un hueco apropiado para el trabajo de la mujer. Y esto tanto en los países capitalistas como en los países comunistas. O sea, ninguna cultura actual ni la capitalista ni la comunista ha encontrado aún un sistema de trabajo que permita que la mujer se realice a la vez como madre y como ser humano. En el actual estado de las culturas, tanto en un campo como en otro, tanto en los países del Este como en los países occidentales, la mujer que trabaja se encuentra con que tiene que trabajar mucho más que el hombre, se encuentra con que si tiene que tener y criar hijos por un lado, por el otro continuar su profesión, pasa toda su juventud llevando unas jornadas de trabajo abrumadoras, verdaderamente agobiantes. Es inhumana la actual situación del trabajo, y te vuelvo a repetir que, a
  64. 64. 64 través de todos los datos a que tengo acceso, no es mejor en absoluto la situación de la mujer en las culturas socialistas que en las culturas capitalistas. -Yo no creo en eso. Por mis conocimientos y por los viajes que he hecho, creo que donde mejor solucionado lo tienen, sin que todavía hayan conseguido el éxito absoluto, es en Estados Unidos. Por dos razones: porque la sociedad está montada de otra forma, hay muchas más facilidades para la mujer en guarderías, en cuestión de horarios, y, después, el hombre colabora si no exactamente, casi al mismo nivel que la mujer en el hogar. -Estoy de acuerdo contigo, aunque Estados Unidos sin ser como tú bien dices el ideal ni mucho menos, es, sin embargo, un país en el cual se está más cerca de alcanzar un status razonable para la personalidad de la mujer. Precisamente iba a decirte en este momento que hay ya soluciones parciales que van apuntando en diferentes países y entre ellos, como tú hacías notar, está Estados Unidos. Soluciones parciales que hacen conjeturar lo que será una futura civilización, en la cual se hayan integrado los valores femeninos, y en la cual las mujeres tengan posibilidad de desarrollar su personalidad con las mismas posibilidades que el hombre. Evidentemente, en los Estados Unidos, debido en parte al altísimo nivel de vida que el país se puede permitir, a la riqueza inmensa en todos los órdenes y a la riqueza económica de ese país, es evidente que la mujer ha tenido ocasión hasta ahora de demostrar sus posibilidades mucho más que en otros países cualesquiera. “Ahora bien, esto nos lleva a un problema político de mucho más largo alcance pues es que esta situación privilegiada de Estados Unidos es una situación que, desde el punto de vista de la justicia mundial, no puede continuar. Es una situación que se monta sobre el privilegio del nivel de vida altísimo de este país, se monta sobre el nivel bajísimo de otros países, de modo que es evidente que hace falta ir a una reestructuración mundial, de modo que este camino no es un camino que
  65. 65. 65 podamos esperar que se dé en todos los países a la vez. Habrá que ir a otra reestructuración, a otro cambio, a otro sistema político y económico mundial. Ahora bien, como si dijéramos separando de este otro problema enorme de justicia, de lo que es la justicia respecto a los pueblos subdesarrollados, a los países del tercer mundo, dejando aparte este problema político y circunscribiéndonos exactamente al mundo norteamericano, hoy se ve muy bien, efectivamente, lo que podría ser en el futuro, en el porvenir, una parte de una cultura en la que los valores femeninos estuvieran integrados. A mí me parece que, en el futuro, cuando merced a los avances técnicos y sobre todo si se consigue una socialización mucho mayor y una justicia social en todos los países, se podrá pensar en una jornada de trabajo de cinco o seis horas para todo el mundo, tanto para el hombre como para la mujer. Si a la vez se va educando al hombre de las nuevas generaciones para que considere que los trabajos del hogar no tienen sexo, que son tanto del hombre como de la mujer, ésta podrá tener posibilidades idénticas a las del hombre. Si la jornada de trabajo es de cinco o seis horas y los trabajos del hogar son comunes, son compartidos, entonces la mujer tendrá un status parecido o sensiblemente igual al del hombre. Para eso hace falta conseguir que la jornada de trabajo no sea mayor ni para la mujer ni para el hombre; porque si la jornada de trabajo para el hombre sigue siendo mucho más larga que la de la mujer, la mujer se encuentra con el terrible problema de supeditar su trabajo al del hombre.” -O sea que, de no ser así, siempre estará en trabajos de segunda categoría... -Si coge un trabajo a full time, a tiempo completo, se encuentra totalmente aplastada por el hecho de ser mujer, porque primero ha de trabajar en la fábrica, o en el taller, o en la oficina, o en la editorial, o en la universidad, o donde sea, una jornada larguísima y, luego, tiene que llegar a casa y ponerse a trabajar dentro de la casa. Esto significa que para liberar a la mujer es necesario que la jornada de trabajo, tanto del hombre como de
  66. 66. 66 la mujer, no sea excesivamente larga, por un lado, y, por el otro, que los trabajos domésticos sean compartidos. Yo no veo ninguna otra salida más que ésta. -Pero ¿cómo se va a meter esto dentro de las cabezas masculinas? -Bueno, los hombres, aunque sin darse cuenta del todo, van poniendo en práctica un poco lo de aquel viejo aforismo moralista que dice que “nadie sabe todo el bien que hace cuando hace una cosa buena”. Los hombres a través, por ejemplo, de la política van marcando, sensibilizando a todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres, respecto a la necesidad de que todos los seres humanos tengan las mismas posibilidades, que no hayan discriminaciones de ningún tipo, etcétera. Todo ello son como ladrillos que ellos van fabricando pero que podemos nosotras también utilizar para nuestro propio edificio. Eso por un lado. Por otro, me parece a mí que los hombres, quizá sin darse cuenta, van, a través de los adelantos técnicos que ellos han hecho sin nuestra colaboración puesto que estábamos completamente al margen de la posibilidad de colaborar en la vida cultural, avanzando técnicamente de tal forma que, cosas, adelantos que en otros tiempos hubieran parecido utópicos, por ejemplo, esto de una jornada de cinco o seis horas de trabajo sea una realidad. En el futuro estas reivindicaciones masculinas, servirán para nosotras, encontraremos el camino abierto, esto es evidente. “Así ocurre en los kibutz israelíes. Allá la jornada de trabajo es de cuatro a seis horas para todo el mundo, y se desarrolla simplemente por la mañana. Los trabajos comunitarios, los trabajos, digamos, de limpieza, de preparación de comidas, se hacen por equipos. Todo el mundo interviene, tanto hombres como mujeres, y las tardes se dedican a actividades culturales y artísticas, y de este tipo, y de, digamos, de trabajo no pagado. Esto, en el futuro, a mí me parece que significará un adelanto, un salto enorme en el aspecto cultural. Será la creación de una nueva sociedad en la cual los valores femeninos, por primera vez en la historia,
  67. 67. 67 serán integrados realmente en la cultura masculina. Entonces desparecerá aquello de poder comparar la cultura con un árbol que crece arrimado a una tapia y no se puede desarrollar más que por una lado, el lado de las culturas masculinas. La cultura femenina nos se ha podido desarrollar nunca. Hasta ahora hemos llamado cultura femenina a una especie de subproducto de la Cultura, con mayúscula, donde nos han tenido encajonadas durante siglos y siglos. “Pero todo esto ha sido debido, entre otras cosas, a que los adelantos técnicos, las diferentes técnicas, las diferentes ciencias estaban atrasadísimas. Hasta hace poco las mujeres se morían a chorros en los partos por infecciones, por problemas ginecológicos que hoy están totalmente resueltos. Naturalmente no se podía pensar en nada de todo esto y esta conversación tuya y mía sería impensable hace cine años. Tú te acuerdas, por ejemplo, de la señora de Moratín, aquella famosa mujer, la madre explicando sus terribles embarazos, y tal y cual, y claro hoy lo lees y te asustas. Pero es que entonces ésa era la vida de la mujer.” -A veces la mujer emplea sus encantos para liberarse. ¿Tú crees que con esto consigue algo? ¿No crees que en el fondo es un cambio vulgar de amo? -Esto es evidente. En este aspecto yo, como católica, me voy dando cuenta de que muchos de nuestros viejos esquemas que la Iglesia, en fin, que la comunidad católica, cultivó durante siglos como valores, han ido siendo olvidados, y ahora están siendo redescubiertos, incluso por los no creyentes. El otro día –esto me hizo mucha gracia- volvía de ir a recoger unos niños por la ronda del general Mitre, y había un cartelón enorme de anuncios, de estos pósters enormes que ponen anunciando unos leotardos, unos pantys; la señorita estaba arrodillada en un sofá con una falda realmente mini, y alguien había escrito encima, “manipulación, no”. Bueno, esto de que ahora esté siendo denunciada por personas al margen de toda ideología religiosa, la manipulación erótica como una nueva alienación, pues esto es el sentido, el profundo sentido de lo que la Iglesia defendió como el sentido del pudor, que consideraba
  68. 68. 68 que la mujer no podía ser de ninguna forma vetada como un objeto sexual, que no podía ser considerada ni agotada su personalidad en el sentido de tenerla como una especie de objeto de placer y de lujo, sino que era un ser humano con todas sus responsabilidades. Bueno, pues esto, que fue tan profundo en el sentido de lo que la comunidad cristiana siempre consideró, ha sido, por una serie de razones larguísimo de desmenuzar, ha sido siendo olvidado y ahora está siendo redescubierto por personas completamente ajenas a lo que son los viejos valores cristianos del pudor femenino y de la profunda personalidad femenina. Yo, en este aspecto, me siento totalmente cristiana. Quiero decir que me da la impresión, estoy convencida, de que la personalidad femenina es una cosa demasiado seria para poderla reducir a esto, a un objeto sexual, en fin, a una chica que porque sea guapa se casa con un chico rico, eso me parece sencillamente deplorable bajo todos los puntos de vista, y no utilizo palabras más fuertes que deplorable, por respeto al prójimo, pero se me ocurren verdaderas barbaridades. -La galantería de los hombres ¿no crees que es una especie de trampa para demostrar la superioridad que creen tener sobre nosotras? -Hombre sí, eso es evidente. Durante mucho tiempo la han utilizado como arma, para tenernos encadenados en la clásica jaula de oro. Pero la mujer siempre ha sentido la necesidad de agradar al sexo opuesto. Y claro, estos instintos normales colocados en unas situaciones sociales disparatadas, convertirán a la mujer en un corderito, esto es evidente. Se la comprará con nada, como a los salvajes, vamos, cuando iban los exploradores con tres collares de cuentas de cristal, que no valían más de tres perras chicas.
  69. 69. 69 -¿Somos víctimas de la sociedad de consumo, de la publicidad erotizada? -Bueno, somos víctimas igual que los hombres. Aunque en este aspecto quizás tenga razón Betty Friedman, cuando asegura que la mujer es más víctima que el hombre de la publicidad, de la propaganda de la sociedad de consumo. Quizá sí, y quizá tenga razón porque, efectivamente, la situación en la cual se ve situada la mujer en la sociedad de consumo, es una situación verdaderamente, cómo diría yo... de cárcel; se la encierra en una casita, generalmente como decimos nosotros, se le ponen una serie de aparatos y de cacharros, se la limita enormemente en sus campos de actividad, a ver unos cuantos amigos al cabo del año, siempre con el marido a la hora de cenar. En fin, está la pobre coartada, separada de toda posibilidad de realización personal. En esas condiciones, es evidente que los objetos que utiliza para ella son su mundo, para ella tienen un valor realmente impresionante, no tiene otro aspecto del mundo más que la pantalla de televisión, y eso es atroz. Es un ambiente demencial, es un ambiente, digamos, de cápsula espacial con la diferencia que la cápsula va a un sitio y el hogar no va a ninguno, se está ahí, quieto, cada día se desintegra más, cada día que pasa el hogar se va convirtiendo en el mínimo posible núcleo familiar: padre, madre e hijos menores de edad. En eso ha quedado reducida la vieja familia patriarcal, padre, madre e hijos menores de edad. Cuando los hijos dejan de ser menores eso estalla como una bomba, y se desintegra, ya no existe, queda la pareja, y el día que uno de los miembros de la pareja se muere el otro queda totalmente pulverizado y arrojado en medio del mundo sin nada a que agarrarse. Encuentro que es realmente cruel la situación a que la sociedad, la cultura actual, reduce a la mujer. En ciertos aspectos se puede decir que la ha despersonalizado al máximo.
  70. 70. 70 -En los Estados Unidos ha comenzado la lucha de sexos, por medio de una serie de asociaciones femeninas que estudian y discuten los problemas vitales de la mujer. Tú decías que las cosas... -¡Ah! que las cosas tienen un aspecto positivo y uno negativo. Me parece que el aspecto negativo es querer hacer las cosas de una manera, digamos, a la tremenda, y yo creo que éste no es el camino. Además, tampoco veo por qué tenemos que suscitar el antagonismo masculino. Sí, claro, empezamos a hacer la vida imposible a los maridos en casa, a base de este tipo de huelgas, pero a mí me parece que por este camino no se puede ir a ninguna parte. -Bueno, yo nunca he creído en las asociaciones femeninas. No creo que las mujeres no deban asociarse, tienen que integrarse. -Integrarse, exacto. -Por lo tanto, las asociaciones femeninas ¿a qué conducen? ¿A discutir? Sí, se discuten los problemas y se clarifican mucho las ideas en este aspecto sí... -Bueno, en ese aspecto han hecho una labor positiva y continúan haciéndola. -Sí. -Esto me recuerda, por ejemplo, lo del diario femenino. Cuando se iba a empezar a publicar me escribió Carmen Alcalde que, entonces, era la encargada de colaboraciones, y yo le dije: “Mira Carmen, a mí esto de un diario femenino me parece una cosa francamente terrible, yo creo que los diarios no tienen sexo, lo natural es que leamos La Vanguardia, el Diario de...
  71. 71. 71 -Una mujer que depende económicamente y totalmente del marido. ¿Cómo crees que debe reaccionar? O sea, el hecho de depender económicamente del marido significa que no tiene un trabajo, por lo tanto, esa mujer se ocupa del hogar, de los hijos, algunas carecen totalmente de servicio. La finalidad de esta mujer ¿cuál tiene que ser? -A mí me parece que la misma que dije antes de la integración en el mundo del trabajo. Creo que un tipo de mujer que no tiene más que posibilidades económicas que el trabajo de su marido, es una mujer que, quiera o no quiera, vive a través de otra persona. Desgraciadamente, el hecho es que ahora la inmensa mayoría de las mujeres, en el actual sistema económico y social, viven de esa forma, y, realmente, no creo que el mercado de trabajo en este momento sea de tal naturaleza que soportara la oferta masiva de las ama de casa ociosas. Se formaría un lío económico de mil demonios, si de repente convenciéramos a todas las amas de casa de todo el país, si no a todas las amas de casa sí a las que están dedicadas solamente a sus labores, las convenceríamos de una manera mágica de que en 24 horas todas ellas pidieran trabajo, desde luego no se podría... -No podría ser, pues la mayoría de ellas no saben ningún trabajo. Quizá las labores caseras, pero es muy distinto cocinar en tu casa que hacer de cocinera fuera de casa. Por lo tanto, eso no puede suceder, primero hay que preparar a estas mujeres. -Bueno, esto hace que la mayoría de ellas, en este momento, no puedan reaccionar de ninguna forma diferente de cómo lo hacen. Al no tener ninguna preparación técnica, el mercado de trabajo no tiene amplitud suficiente para coger esa cantidad de mano de obra en potencia. De modo que no creo que puedan hacerse ninguna pregunta. Me parece que, tal y como están las cosas, en este momento no pueden hacer nada más que lo que hacen: continuar donde están. Este es el problema.
  72. 72. 72 -Ten en cuenta que la mayoría de las rebeliones que uno puede percibir en varios estratos sociales proviene de la economía. La mujer que tiene algo, un pequeño trabajo, un ingreso por su cuenta, se siente ya bastante liberada. -Se siente mucho más segura de sí misma. -Exacto. -No tiene amargura, no tiene resentimiento. Claro, esto es evidente. Y en este aspecto es por lo que soy tan partidaria de que en la medida de las fuerzas de cada una, cada mujer se vaya integrando al mundo del trabajo como pueda. Esto me remite a la pregunta respecto a cuál será el sistema mejor o más fácil. Bueno, pues yo creo que en la medida en que la mujer se pueda ir haciendo un pequeño hueco donde meter sus manos, donde poder empezar a actuar, debe hacerlo. Ahora, desde un punto de vista de planificación general, me parece que no hay mercado de trabajo suficiente para todos, y que no hay, desde luego, preparación técnica suficiente. Por eso me parece que por el momento serán únicamente las pioneras, las más inteligentes, las más preparadas, las que tienen más conciencia, las que irán haciendo. Hay que procurar que, a medida que se vaya ensanchando ese mercado de trabajo, se vayan creando otros nuevos puestos y se vayan creando nuevas posibilidades. Es necesario que las nuevas generaciones se vayan integrando desde el principio y mejor. Ahora, las generaciones que están en plena vida activa, me de la impresión de que no tienen otra posibilidad de la que hay. O sea, es muy difícil conseguir puestos de trabajo para todas ahora.

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