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  1. 1. Silvia Giménez Rodríguez - 190 - 3.4.1. Cambio de definición y uso de diferentes definiciones Los cambios de definición desde el principio de la epidemia, hacen que el número de registros de personas VIH/SIDA varíen independientemente de la salud de las mismos. El hecho de contemplar de un día para otro la existencia de parámetros nuevos a través de enfermedades añadidas a las anteriores, varían la cuenta. Por ello, los mismos datos para un año, si los transformamos con la definición del año siguiente, automáticamente se modificarían, en este caso aumentarían. 22 Lo anterior ocurre en occidente, pero en los países empobrecidos, en especial en el continente africano, como el diagnóstico se lleva a cabo como caso clínico en la mayoría de las ocasiones, sobre todo en los primeros años de la pandemia, las cifras de SIDA son independientes al VIH. Así por poner un ejemplo, en 1993, 2.215 de 4.383 (50%) casos de pacientes africanos de SIDA de Abidjan, Ivory COSAT, Lusaka, Zambia, Kinshasa, Zaire, fueron negativos a los anticuerpos del VIH. (Duesberg, 1993b:115). Ello es curioso teniendo en cuenta de que los CDC ya identificaron SIDA sin VIH como otra enfermedad distinta. Lo cierto es que las cifras de SIDA en África conllevan casos seropositivos, más casos clínicos y teniendo en cuenta como se ha visto en apartados anteriores de este capítulo, las reacciones cruzadas que se dan a las pruebas serológicas con determinadas enfermedades y situaciones, como tuberculosis, malaria, malnutrición, entre otras. Nos encontramos con falsos positivos por un lado (algo que también ocurre en los países enriquecidos) y con sobrerrepresentación en las estadísticas del VIH/SIDA en África, cuando en realidad, lo que se vienen incrementando son las enfermedades habituales endémicas de la zona (lo que solo ocurre en los países empobrecidos). De lo anteriormente expuesto se sugiere que titular habitual sensacionalista: “África de muere de SIDA”, bien podría sustituirse por una pregunta: “¿África se muere de SIDA o se muere de pobreza y hambre?” 3.4.2. Estadísticas unificadas de personas con SIDA, testadas y no testadas Desde que en 1985 se incluye la prueba del SIDA, en occidente las personas para ser catalogadas como enfermos del SIDA tienen que dar positivo a las pruebas serológicas. De esta manera, las estadísticas unifican a todos los considerados caso SIDA anteriores a la existencia de la prueba, e incluso una vez consensuada esta, existen casos SIDA sin testar. En 1993 el director de los Centros para 22 Véase capítulo 2, apartado 2.2.3.
  2. 2. Silvia Giménez Rodríguez - 191 - el control de las enfermedades (CDC) de la división VIH/SIDA, Harold Jaffe, afirmó que 43.606 de los 253.448 casos de SIDA estadounidenses registrados a final de 1992, no estaban testados, es decir, no se sabía si tenían o no el VIH, pero engrosaban las cifras oficiales. Además, los 10.360 casos americanos de SIDA diagnosticados antes de la existencia de la prueba del SIDA en 1985, tampoco fueron testados (Duesberg, 1993b:114). 3.4.3. Presentación de las cifras como datos acumulados Otra situación irregular es la de presentar los datos de SIDA como datos acumulados, lo que es engañoso cara a la opinión pública, e incluso a la profesión. Un diario informó que un grupo de riesgo tuvo un incremento del 70% en los dos últimos años. Lo que realmente ocurría es que desde que empezó la epidemia había aumentado un 70% la incidencia en ese colectivo, pero desde el principio. Así, las cifras se van sumando como no ocurre en la información de datos epidemiológicos de ninguna otra enfermedad. El centro para el control de las enfermedades (CDC) elabora así los datos y así se lo exige ONUSIDA a todos los países. Hay registro de casos nuevos y defunciones, pero el dato que se da a los medios es el dato acumulado. En España no existe un registro en el Instituto Nacional de Epidemiología donde aparezcan las personas que viven con VIH/SIDA en España. Las que tienen VIH se apuntan por estimaciones pero no existe el dato de las que viven con SIDA, hoy. 3.4.4. Las estadísticas son interpretables Los datos estadísticos no dejan de ser datos mudos hasta que una interpretación les da la palabra. Si los datos son incompletos, las interpretaciones también lo serán, es por ello que ante las estadísticas del SIDA hay que afinar y relacionar cada uno de los datos obtenidos, para no caer en una excesiva simplificación que falsearía la realidad. Robert Maver en su empeño por esclarecer las estadísticas del SIDA e interpretación de las mismas, elaboró el análisis que presento a continuación (Maver, 1993:109-111). Un artículo de la revista de la Asociación Americana de Medicina firmado por Selik y colaboradores, informaba que en 1990 la infección por VIH fue la principal causa de muerte entre hombre y mujeres entre 25 y 44 años en muchas ciudades de Estados Unidos, siendo la segunda causa de
  3. 3. Silvia Giménez Rodríguez - 192 - muerte en los varones de esa edad en población general. Siguiendo la pista a este dato y buscando en los datos completos del CDC, Maver observa lo siguiente: a) De las 265 muertes de heterosexuales masculinos, los CDC revelan que 164 de ellos estaban en la categoría “sexo con abuso de drogas IV”, es decir, para la inmensa mayoría de jóvenes, los no consumidores de drogas, las muertes descienden a 101 en 1990. El total de la población masculina de esa edad eran 40 millones. Los varones homo-bisexuales, entre dos y cuatro millones. Si se usa una estimación de 800.000 para consumidores de drogas, queda un resto de 35,2 a 37,2 millones de jóvenes varones heterosexuales no consumidores de drogas. Así la tasa de muerte para este grupo quedaría en 0,28 por 100.000. Valor muy bajo. b) De las 737 muertes de mujeres, los CDC revelan que 542 eran consumidoras de drogas, es decir, para la mayoría de población de mujeres jóvenes (las no consumidoras de drogas), hubo 195 muertes en 1990. Del total de población de mujeres jóvenes entre 25 y 44 años también es de 40 millones. Si la estimación de consumidoras de drogas es de 200.000, el resto es de 39,8 millones. Así la tasa de mortalidad para este grupo será de 0,49 por 100.000. Valor muy bajo (Maver, 1993: 109-111). Estos casos revelan que la alarma social sobre la posible generalización de la epidemia, en ocasiones lanzada por los propios responsables políticos, está fuera de toda realidad. De hecho, el SIDA estaría en el límite de ser considerada una enfermedad rara. La organización Nacional de Enfermedades raras en los Estado Unidos, daba en 1998 información sobre el SIDA. Entendiendo que una enfermedad rara es aquella cuya incidencia no supera a los 200.000 habitantes23, y teniendo en cuenta que según el CDC en el HIV/AIDS Surveillance 1998 Yaer End Report24, la prevalencia de enfermos de SIDA vivos era de 270.841 en 1997. Y teniendo en cuenta que tras la nueva definición del SIDA en 1993 donde incluía una no enfermedad, el recuento de CD4 por debajo de 200. Llegamos a la conclusión que si contásemos únicamente los enfermos sintomáticos, dejando al margen el recuento de CD4 por debajo de los 200, asintomáticos, estaríamos hablando de una enfermedad rara. Lo que choca con la alarma social 23 La Unión Europea define Las Enfermedades Raras, incluidas las de origen genético como aquellas enfermedades con peligro de muerte o de invalidez crónica, que tienen una frecuencia (prevalencia) baja, menor de 5 casos por cada 10.000 habitantes en la Comunidad. 24 Disponible en: http:/ WWW.cdc.gov
  4. 4. Silvia Giménez Rodríguez - 193 - despertada por el gobierno y los medios de comunicación al respecto de riesgo a la transmisión generalizado a toda la población. El Director de la Oficina de Enfermedades Raras de los Institutos Nacionales de Sanidad, Steve Groft, confirmó que aún contabilizando los recuentos de CD4, la cifra se aproxima bastante a ser considerada una enfermedad rara. Anterior Inicio Siguiente

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