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CONVERGENCIA EN LA UNION EUROPEA.
Manfred Nolte
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Nota: Evolución de la convergencia real PIB per cápita española.
En 1959 el PIB por habitante español sólo era del 56 po...
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Long convergencia en zona euro

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Convergence in per capita income in Europe

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Long convergencia en zona euro

  1. 1. 1 CONVERGENCIA EN LA UNION EUROPEA. Manfred Nolte El preámbulo del Tratado de la Unión Europea habla del objetivo de “lograr el refuerzo y convergencia de las economías de los Estados miembros” y vincula dicha convergencia al establecimiento de una Unión económica y monetaria (UEM) que incluye “una moneda única y estable”. La adopción del euro en 1999 abría las puertas de todos los países participantes a un futuro de mayor bienestar derivado de una integración gradual y sucesiva de las principales variables económicas que definían el proyecto. El término convergencia tiene muchas dimensiones y puede aplicarse a cualquiera de los cientos de variables relevantes para la vida económica. En esta ocasión no se utiliza para medir la convergencia nominal de aquellas variables instrumentales como el tipo de interés, nivel de precios, déficit y deuda sino a una convergencia real medida por el PIB, y más concretamente por el PIB per cápita, la renta media de los ciudadanos de los países concernidos. Más precisamente, la convergencia real sostenible es un proceso en virtud del cual los niveles de PIB per cápita de las economías menos avanzadas confluyen, de forma duradera, con los de las economías de rentas más altas. Aunque los Fondos Estructurales y el Fondo de Cohesión —los instrumentos financieros de la política regional de la UE— tienen por objeto reducir las diferencias de desarrollo entre las regiones y los Estados miembros, su alcance es mucho más limitado que el proceso de convergencia derivado de una vigorosa demanda adicional.
  2. 2. 2 La literatura económica distingue entre dos tipos distintos y complementarios de convergencia real, llamados convergencia beta y convergencia sigma. El primer tipo de convergencia se refiere al proceso mediante el cual las economías de renta inferior prosperan a mayor velocidad que las de renta más alta, lo que se traduce en un proceso real de convergencia, medido en términos de PIB relativo per cápita en igualdad de capacidad de compra (Paridad de poder adquisitivo, PPC). La convergencia sigma se refiere a una disminución de la dispersión de los niveles de renta entre las economías de los distintos países del área de integración. El objetivo anhelado de una convergencia real se refiere fundamentalmente a que los países de renta más baja crezcan a un ritmo superior al de los países mas ricos, sin que ello implique merma para estos últimos ya que el valor global de la renta no es un juego de suma cero. Por ello, la convergencia real se refiere básicamente a la dimensión beta siendo la convergencia sigma una consecuencia habitual o normal del proceso de integración. La convergencia sostenible no solo responde al objetivo de distribución y aumento del bienestar en una zona de integración sino que adicionalmente es el principal requisito para que las economías inmersas en un proceso de convergencia puedan ser resistentes a las crisis o shocks ya sean regionales o de naturaleza general y sistémica. Un reciente estudio del Banco Central Europeo(BCE) viene a evaluar dicho proceso de convergencia y a dictaminar en consecuencia en que medida la UEM y mas concretamente la adopción del euro han supuesto para sus usuarios un acercamiento común a niveles mayores de bienestar. En definitiva, si la pertenencia al club ha logrado estrechar las diferencias en la renta per cápita de los distintos países integrantes de la UEM. La investigación muestra que si bien la mayoría de los países de Europa central y oriental de los 28 han registrado avances en el proceso de convergencia con la media europea desde la constitución de la UEM, dicha convergencia se ha deshecho de forma acelerada como consecuencia de shocks asimétricos en aquellos países –fundamentalmente de la zona euro- que carecían de unos fundamentales sólidos y que habían basado su crecimiento en un endeudamiento desequilibrado sin crear unas condiciones productivas sustentadas en una oferta competitiva y eficaz. Para algunos países el porcentaje en relación a la media en 2014 comparado con 1999 es similar (España y Portugal) o incluso superior(Grecia e Italia), como suma aritmética de la mejoría inicial y de la posterior regresión por la crisis. España se encuentra en 2015 ligeramente por debajo de la media de la EU-28. La gran crisis iniciada en 2008 ha puesto de manifiesto, fundamentalmente en los países periféricos que posteriormente han debido ser objeto de rescate, que las desmesuradas entradas de capital en sus economías amparadas en unos tipos de interés excepcionalmente bajos no han conducido a una convergencia sostenible, por la falta de competitividad y de capacidad de reacción de sus estructuras productivas, poco flexibles y de reducido valor añadido. El capital no se usó bien en el sur: financió vivienda y consumo en lugar de la inversión productiva. Por eso pinchó una burbuja insostenible. Una de las constantes de
  3. 3. 3 la teoría de la integración, evidenciada con la crisis, es que la sostenibilidad de la convergencia ha de acarrear la conquista o adquisición de una demanda basada en los merecimientos de una estructura productiva flexible y competitiva, que implique a medio plazo un mayor potencial de crecimiento. La crisis no ha hecho sino poner al descubierto las graves deficiencias de algunos países en su marco estructural e institucional, que han acarreado pérdidas de convergencia y prolongadas caídas de su PIB. El relativo fracaso en la convergencia obedece a varias causas, destacando entre ellas la debilidad de las Instituciones, las rigideces estructurales, el anémico crecimiento de la productividad total de los factores, un excesivo crédito bancario y la ausencia de políticas dirigidas a atenuar los ciclos alcistas de los precios de los activos. Desgraciadamente, la economía española ha constado en los registros de todos los factores aludidos: mercados de bienes, servicios y trabajo rígidos, escasa calidad institucional, endeudamiento bancario excesivo, y crecimiento de la productividad total de los factores nulo o negativo. Una lección básica extraída de la crisis de la zona del euro es que la adopción de la moneda única no invalida la necesidad de adoptar sólidas políticas económicas domésticas. La moneda única implica la renuncia a mecanismos automáticos(devaluaciones, movimientos de tipo de interés etc.) utilizados anteriormente para recuperar la convergencia nominal. En la teoría de las uniones monetarias, los shocks asimétricos se corrigen con la política fiscal y en último término con menores salarios y desempleo. Una economía suficientemente flexible percibe las señales de los precios y procede en presencia de una crisis al trasvase de recursos hacia sectores de alta productividad. La política monetaria centralizada en Frankfurt necesita el complemento de políticas fiscales y macro prudenciales anticíclicas nacionales para atenuar y si es posible prevenir los efectos de los shocks imprevistos. Naturalmente, los esfuerzos desplegados a nivel nacional deben complementarse con reformas estructurales a escala europea encaminadas a reforzar el mercado único europeo. Mercado único bancario, mercado unificado de capitales, tesoro centralizado y política fiscal común. Todo ello son objetos deseables en una Europa que en estos momentos dedica su atención a otros problemas no más importantes pero si más urgentes y acuciantes. Resumiendo: A pesar de haberse producido una convergencia real inicial, la crisis ha revertido el proceso en los países periféricos. Las recetas propuestas por el BCE se inscriben en los postulados de la ortodoxia: estabilidad macroeconómica y política fiscal equilibrada, flexibilidad en los mercados de productos y de trabajo, marco institucional favorable para un uso eficiente de los factores que respalden el crecimiento de la productividad total y un uso activo de las instrumentos nacionales. Bruselas y Frankfurt a lo suyo, que es mucho: avanzar hacia la integración institucional y política.
  4. 4. 4 Nota: Evolución de la convergencia real PIB per cápita española. En 1959 el PIB por habitante español sólo era del 56 por ciento del comunitario, mientras que en 1975 ese porcentaje se había elevado al 79,2 en una carrera de crecimiento económico, el llamado "milagro económico español" del régimen franquista. Desde el comienzo de la transición se inició la divergencia real con Europa hasta llegar en 1986 al 70,4 por ciento, o sea, en los diez primeros años de la II Restauración, España retrocedió casi diez puntos, a pesar de los sucesivos planes de convergencia del gobierno socialista. 
 A partir de 1987 se inicia una lenta recuperación de parte del terreno perdido hasta alcanzar en 1993 el 76,6 por ciento del PIB por habitante español en relación con el europeo. Esa distancia se mantiene en 1998. El grafico superior marca la evolución entre 1995 y 2013, que registra niveles de convergencia similares debido a la involución sufrida con la gran crisis.
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