TU PRESENCIADE HECATOMBEVicente González Navarro         Ediciones
Tu presencia de hecatombe, de Vicente González NavarroDe esta edición, reservados todos los derechos© Vicente González Nav...
Para esa gente fabulosa que predica con el ejemplo
«Todo esto ocurrió, hasta el último verso, en Lima,durante los horrorosos años noventa, únicos dignos de cantarse,        ...
LA VOZ CANTANTE
IDespués de la masacre, la policía revisó sus efectos personales. Soloyo estuve para recibirlos, Laura prefirió que fuera ...
que, apretado en la mano derecha, le acompañaba durante el verso.El gesto digno como la forma de mirar, medio animal, medi...
sociedad fraternal. Una comunidad feliz como aquella que algunavez pobló París. Una libertad sin ataduras a la propiedad n...
IIVentana pequeñita y redonda cuya luz mortecina consiente la tarde.Ese es el paisaje y también una inacabable escalera a ...
Escribir poemas en círculo significaba pocos versos y muy cortos,casi de una o dos palabras, comenzar desde la izquierda h...
IIIBajar a pie a la avenida para ahorrarse un pasaje. Tomar por asaltoel primer ómnibus que pase. Para no pagar, avisarle ...
«Cantando yo le di mi corazón, mi amor… cantando la encontré,cantando la perdí, porque no sé llorar, cantando he de morir…...
La joven perseguida me increpa, no tengo qué explicación ensayar.Su cara hasta entonces querida, que en la confusión creí ...
IVCada tarde tiene su propia música. Hoy por ejemplo me dejo llevarpor un único sonido de flauta, que trato de imitar silb...
entrañas. Alta esperándome, indefensa esperándome, sin repro-ches, enternecida por el pequeño drama que yo acababa de vivi...
VUna noche, mientras hacíamos tiempo para hacer el amor, es deciresperar a que se durmiera la última de las niñas, yo le s...
epopeya. Hazaña que debía ser contada a las generaciones venide-ras para que conocieran del pacto que las une. Por ocurren...
«¡Bah!: leyes en manos del gobierno: inmensas redes de pescar»,sentenció Buenaventura y siguió contando.Las grandes decisi...
ideas. Por eso el escarmiento que no le propinó el gobierno se lo dioSendero, porque Dimas era la otra alternativa, la alt...
VIDecía Schopenhauer que el sufrimiento mental violento se vuelveinsoportable en la medida que reside en la memoria. Ahora...
un día antes, el lunes, cuando llegó saltando en un pie (como llega laalegría) debido a un accidente con la puerta cuando ...
—Además, ¿para qué sirven los libros en un país donde nadie lee?—le discutí antes de dejarlo con la palabra en la boca enc...
aquella Navidad fue Papá Noel para nuestras hijas y todos los hijosde los vecinos del cerro, y las fotos para el recuerdo ...
VIILadrillos amontonados con cierto orden bordeaban parte de la zan-ja. Añicos de ladrillos, ocres y anaranjados la comple...
El andar desgarbado, pese a su estatura, el desaliño, mezcladoscon la parada grave y la mirada… definitivamente no hacían ...
VIIIEl lugar de reunión con Laura, siempre es alguno de los bares ale-daños a la berma de la avenida Grau, hoy convertida ...
ningún verso memorable, no hay lección que seguir, no tengo nadamás que decir; hoy, querido alumno, quiero ser el último d...
IXLa noche está hecha harapos. De pronto una tonada «… que te pasaestás llorando tienes alma de papel». Ahora la noche se ...
Pese a que recién ha amanecido los habitantes del parque son losmismos de cualquier ciudad: el inmigrante recién llegado a...
X	                            	 «A desmembrar la palabra paz.					                           A comenzar de nuevo: a …»  		...
Había un tiempo, poco después del atropello, que solo la barba merecordaba que otro día había comenzado, rozaba mis cachet...
XI		  					Voy bajando las escaleras… veintidós, veintitrés, veinticuatro, lle-gué (aun cuando debía ser una cuenta regres...
un amanecer, sí, sin duda un amanecer delirante, y un hombre conlas manos en los bolsillos, saliendo a la calle. (Aquí per...
como un aro encendido que… ¡No puede ser! Debo estar más con-fundido que de costumbre… porque el de las manos en los bolsi...
XIIYo tenía unos libros de versos y unas revistas en una caja de leche«Gloria», dibujos a lápiz que amaba, tenía una mesa ...
EL EXPEDIENTE    EL EXPEDIENTE BUENAVENTURA*          BUENAVENTURA* * «Es posible que todos los versos no pertenezcan a un...
LOS HECHOS    37
EL CHARCO IRIS		 		               ¡Charc!				                ¡Snif!				                ¡Gulp!				                ¡Puf!				...
1       PERSPECTIVALa avenida tiene cien árbolesa cada lado; viéndola en perspectivasin embargo, se juntan en uno allá arr...
BUSCANDO QUE NO VEN              2    OJOS A RIMBAUDNo podía ver, en vano al cabo peregrino,                      Poeta,tr...
3   INVENTARIO                          ADLÁTERESElla tiende la ropaPor una misma avenidaSe apura, sacude el polvoal borde...
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TU PRESENCIA DE HECATOMBE	   	             7     ILUSIÓN ÓPTICA                                                           ...
se precipitan contra mí         estallan empolvadas convertidas en cosas más pequeñas     se desparraman por el suelo     ...
8        LA VÍSPERA Y ELTRAZA                  HECHO UNA DÍA SIGUIENTE                Sin querer las lunas del escaparate ...
9     TRADICIÓN                         LA ANARQUÍA	      Acompáñamede piedra transpira conmigo           Un poeta travies...
YIN Y YANG                 10 Y no hay compañero                         del sacrificio                           referenc...
11        SIN CONTEMPLACIONES				Soy ese hilo atado al dedo y la brisafresca, cuyo ingrávido paso cuidasSoy esa arruga que...
QUÍMICA             Lo ocurrido un instante           condena inapelable la vida…               y Dios no te convida      ...
la especie reúne, puja, puja      ¡Ay! otro quebranto, otro juego…)    ¡Filósofo basta!... que no hay otra forma         ¡...
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12     Placer, si no fueras tan breve       ELLA LE VATICINÓ AL POETA                 no serías placer          Eres las g...
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Tu presencia de_hecatombe

  1. 1. TU PRESENCIADE HECATOMBEVicente González Navarro Ediciones
  2. 2. Tu presencia de hecatombe, de Vicente González NavarroDe esta edición, reservados todos los derechos© Vicente González Navarrovvvgonzalez@hotmail.comPartida registral Nº 00714-2008 Asiento 01Oficina de Derechos de Autor — INDECOPI© Alejo Ediciones (de Mammalia Comunicación Cultura) Teléfono: 566-2017 Correo eléctrónico: santiagoaugustorisso@yahoo.esEdición al cuidado de Santiago RissoDiagramación: Consuelo ManriqueTiraje: 500 ejemplaresHecho el Depósito Legalen la Biblioteca Nacional del Perú: 2008-13297Lima, PerúDiciembre de 2008
  3. 3. Para esa gente fabulosa que predica con el ejemplo
  4. 4. «Todo esto ocurrió, hasta el último verso, en Lima,durante los horrorosos años noventa, únicos dignos de cantarse, cuando aparece una raza de insurgentes delirantes que felizmente ya se extinguió». El Comercio, edición especial de fin de año
  5. 5. LA VOZ CANTANTE
  6. 6. IDespués de la masacre, la policía revisó sus efectos personales. Soloyo estuve para recibirlos, Laura prefirió que fuera así. Eran algunaspocas cosas: un portadocumentos con su libreta electoral, una fotocarné de una muchacha con uniforme escolar que no era Laura ynada más. La ropa manchada de sangre se quedó como evidencia.¡Ah! dentro de la libreta de tres cuerpos descubrí un papel recorta-do a tijera que limitaba exactamente con los bordes del poema quecontenía. Aún así, era un trozo de papel doblado una y otra vez. Elpoema llevaba como título «De amanecida.» El último verso habíasido tachado, pero aún legible el verso original decía «… porquehasta la noche alegre va muriendo, cuando tiendes su mesa de blan-co». Sin embargo, por respeto a la minuciosidad del autor trans-cribiré la versión final: «Siempre te persignas con el mismo rezo/como si explicarse debiera el verso/ La penitencia: dos avemaríasy una riña/ serás madre tú casi una niña/ tú, el timbre del recreo,la magia/ el más inocente de los misterios/ Así la poesía afirma suprocedi—miento:/ seducción, secuestro, duelo: es el viento/ comoun sueño que se zafa de otro/ es el sueño que se ha desprendido/Otro sueño, mi amor ¿has comprendido?/ porque te abrazo y milniños pobres/ conmigo cierran filas, porque la Tierra/ te precisapara amanecer más temprano».Lo conocí durante una víspera de navidades, hace varios años cuan-do, urgido de un lugar donde vivir, se posesionó de un descampadoal lado de mi casa, donde en apenas una noche improvisamos suvivienda (pese a mi deplorable estado de salud era lo menos quepodía hacer por él). Quién diría que entonces conocí a mi mejor ami-go. El mismo amigo que acabo de perder. Poeta, temible decidor deverdades. También un repentista como yo, que, de pronto, se desata-ba recitando canciones con esa voz cavernosa fruto del cigarrillo,
  7. 7. que, apretado en la mano derecha, le acompañaba durante el verso.El gesto digno como la forma de mirar, medio animal, medio hé-roe, completaba esa primera visión de Buenaventura, nombre quelo identificaba, o más bien lo perseguía como un remordimiento, adecir de él.Ambos coincidimos luego por el jirón de La Unión disfrazados dePapá Noel. Su elevada estatura se prestaba para cumplir ese pa-pel. Era el Papá Noel más destacado del grupo, por su tamaño, porsu risa estentórea, por el afecto espontáneo que demostraba con losniños. El disfraz era exacto para él. En tanto yo, con una estatu-ra promedio, la almohadilla en la panza, gafas y una cojera que sepronunciaba más cuanto más avanzaba, parecía la copia bizarra deBuenaventura. Ambos, como todos entonces, animados por un ca-chuelo en diciembre. Sin embargo, la tienda de regalos que nos con-trató no solo no nos pagó lo ofrecido, sino que nos denunció ante lasautoridades por amenazar el orden público. Por último, nos dijeronque nos cobráramos con los juguetes de plástico que cargábamos.¡Ah no! Esto no se iba a quedar así, Buenaventura y yo encabezamosuna manifestación singular. Treinta y tres hombres vestidos de PapáNoel tomando la avenida. Las barbas blancas desprendidas y losfalsos vientres también. Más que una marcha de protesta parecía uncarnaval al que se sumaron niños y sus madres que no nos tomabanen serio, pese a nuestros esfuerzos. Exigíamos nuestra paga antesde que dieran las doce. Luego, todo sucedió muy rápido. La estafano era tal, la marcha blanquirroja no era pacífica según la policía ysi era justa eso no era parte de la discusión. Que soliviantábamos ala multitud, que tuviéramos cuidado porque eran tiempos de cuida-do. Siete horas en el calabozo de Monserrate fue nuestro merecidoescarmiento. Hasta que llegó ella, Laura, la mujer de Buenaventura(¡otra aparición!) «Es Navidad, hágalo por las niñas»; le dijo al ofi-cial. ¡Cómo no aceptar sus razones! ¡Cómo resistirse a Laura! Nosdejaron libres, conservamos los disfraces, pasamos la Nochebuenaen paz, convirtiendo el cerro en el lugar más alegre de la Tierra.Aquel día recibí la primera clase de anarquismo. Que el Estado debedesaparecer, que está cerca el advenimiento de una raza solidaria.Que la anarquía no es el desorden gratuito sino la base para una
  8. 8. sociedad fraternal. Una comunidad feliz como aquella que algunavez pobló París. Una libertad sin ataduras a la propiedad ni a la he-rencia. Que la única autoridad, fuera la que dicte nuestra conciencia.Toda una canción de libertad en medio de la borrachera navideña.Que el Estado es una creación de la Iglesia que aprovechan ahoralos comunistas, esos traficantes de ideas. Ese era el evangelio segúnBuenaventura. Llegará el momento, decía, cuando la moral bastarápara respetar al prójimo, y las leyes con toda su carga de represióny amenaza resultarán innecesarias. Un grito de la naturaleza nos re-prochaba desde el fondo qué habíamos hecho reprimiendo nuestrosdeseos. Por eso la desilusión, la infelicidad. ¿Conjura? ¿Revolución?¡Nada de eso! solo unas ganas incontenibles de cantar. Versos perse-guidos los suyos, revelados. El idealismo más furioso, más poético,más indefenso, tanto que le costó la vida.Decidí conservar la foto y el poema, catorce versos, el último condos alternativas. Sospecho que debe de ser uno de esos poemas quese leen con voz entrecortada; ahí estaba, siempre a la mano del poe-ta, en el bolsillo de la camisa. Listos los versos para conmover, parasorprender con dos remates distintos. Si a él nunca lo abandona-ron a mí tampoco. Acaso recitarlos como rezando en la Taberna delos Escribanos me permita ganarme dos cervezas más a cuenta deldueño del negocio. Sigamos bebiendo. Yo no escribo, ya no. Otrosescriben. Yo canto. Yo soy la voz cantante.
  9. 9. IIVentana pequeñita y redonda cuya luz mortecina consiente la tarde.Ese es el paisaje y también una inacabable escalera a la intemperie,para alcanzarlo. Ahí vivo, desde hace tanto tiempo que no recuerdootro lugar. Cordeles y cordeles que sortear, llenos de ropa puesta asecar. Luego, una fila para ocupar el baño de todos, en fin la patria,vista mejor desde estas alturas. Empero, el crepúsculo se convier-te, de manera excluyente, en la fijación de la ventana, deslumbrónalarido, un cilindro de luz buscando mi cara, revisando los filos,despidiéndose en mis ojos, va muriendo de a pocos, por gradoscada vez más tenues, hasta desmoronarse en las tinieblas de aquellahabitación que como otras tres, de otras tantas familias, tugurizan,esta improvisada y enorme azotea de la ciudad. Repito, no recuerdocómo vine a dar aquí, pero tengo sospechas. Una es mi nombre,otra, los acontecimientos que mi memoria privilegia, empecinada-mente, cada tarde al morir.A propósito, más digno hubiera sido morir arrollado por algúnauto, en tanto escribía algún poema inédito sobre el empolvado delas lunas de los parabrisas. Un verso por cada auto estacionado enparalelo formando fila. «Versos que nunca serán mercancía» rezabael título del poema estampado sobre el Ford plateado que presidíala fila de vehículos, de modo que al avanzar por la avenida el peatónrecorría todo el poema hasta llegar al último verso antes de doblarla esquina o comenzar la próxima cuadra (... en ese estado de graciaandaba ¡gulp!).Otro ensayo poético cuyo recuerdo a menudo me asalta, son aquellosnueve poemas en círculo perdidos hace tiempo, cuando sostenía queni la hoja de papel cuadriculaba el arrebato, el desenfreno de esospoemas sin comienzo ni final. Era como la vida, todo da vueltas.
  10. 10. Escribir poemas en círculo significaba pocos versos y muy cortos,casi de una o dos palabras, comenzar desde la izquierda hacia abajoy luego subir para voltear a la izquierda de nuevo y coincidir en elmismo verso del inicio. Un remolino del cual solo recuerdo el nú-mero de círculos: nueve.Otro recuerdo, me espanta. Llego a un cruce donde acaba la ave-nida, escapo de alguien con un limpiaparabrisas en la mano. Lossemáforos no funcionan. El tráfico es insoportable y la policía noaparece para dirigir el tránsito. Llevo una vida esperando cruzar.Decido voltear a la izquierda, avanzo pero no puedo seguir. Un edi-ficio demolido lo impide. Una señal sobre la única pared en pie quela obra conserva, me indica que debo regresar por una paralela a laavenida a través de un pasaje estrecho que la corta, para voltear a laizquierda de nuevo y, de repente, estoy en el mismo lugar, a unospasos de ese cruce infernal otra vez. Estoy sitiado. Debo caminar¿pero adónde?Subo rengo, pero subo, como quien no teme por su vida, apenasuna cojera para toda la vida, la gente aquí me respeta. De pronto,la ventana… que ahora sintoniza otra escena, una persecución, lapolicía municipal acometiendo contra vendedores ambulantes aco-rralados como yo. Decomiso, saqueo, desalojo, rapiña, mercancíaspateadas, frutas pisoteadas, esparcidas por el pavimento. Mentadasde madre. Alguien cruza por el fuego cruzado, transeúnte distraído,ahora por entre la avalancha de carretillas y la turba en retirada, quele pasan por encima. Por entre las ruedas del tropel, un gigante quese arriesga, otro peatón que al caído salva, mientras las carretillassiguen pasando: celestes, verdes, amarillas. 10
  11. 11. IIIBajar a pie a la avenida para ahorrarse un pasaje. Tomar por asaltoel primer ómnibus que pase. Para no pagar, avisarle al cobradorla suerte, la gracia que se ofrece, el poema. «Déjame trabajar her-manito, no seas malo». Empujado, empujar. Solicitar entonces laatención del pasajero y su paciencia, delirar delante de todos aviva voz los propios versos. ¿Explicarlos? ¡No faltaba más! Por úl-timo, invocar una colaboración a favor del arte, un reconocimiento,«una voluntad». ¿Vender versos? ¡Nunca! Solo una colaboración afavor del arte. Luego un largo cuchicheo y por fin algún sencilloque cae en la gorra y una promesa que el público me arranca: queno vuelva más. Hasta que entendí que esos versos, los míos, servíanpara todo menos para recitarlos, eran y son irrecitables (¿versos oreversos? —me espetaba el conductor). Es así que decidí recitarversos ajenos. Yo no escribo, ya no. Otros escriben. Yo canto. Yosoy la voz cantante.Un buen día acabé en un contrapunto de tangos a capella con un ve-nerable anciano, compañero del arte, que como tantos desemplea-dos compiten por la «voluntad» de los pasajeros en los vehículosde transporte público de la ciudad. Por unos centavos daba igualvender caramelos, canciones.El duelo fue espectacular. Sombrero de hongo, zapatos que ha-blan, registro quebrado y acento argentino. Mi rival: un octo-genario de do sostenido, que hinchaba el pecho en cada alturacomo un gallo despertando al mundo, recreando el viaje o vol-viéndolo más insoportable aún. ¡Basta de inútil poesía!, ¡llegó lahora del tango y el lunfardo! —trataba de convencerme. Casi loconsigue. 11
  12. 12. «Cantando yo le di mi corazón, mi amor… cantando la encontré,cantando la perdí, porque no sé llorar, cantando he de morir…»,predecía el viejo. A lo que repliqué enseguida «Canta y no llores,porque cantando se alegra, cielito lindo, los corazones…». Aqueldía mi asombro coronó de imaginario laurel la testa del anciano.Nadie miraba al cielo como ese viejo por la ventana ¿Quién era elpoeta? Yo no sé si ganó la poesía o el tango. Solo sé que entre dosalucinados ganó uno por abandono. Perdí.Luego de abrazar al ganador, apuradamente, me lancé del estribo.Sí, salté, pese a que el vehículo se encontraba en marcha, porquesino la multitud me iba a arrojar por la ventana a puntapiés comoal ganador dos minutos antes, cuando pasaba con el sombrero a re-coger la colaboración del público. «Ladrón de mierda, hijo de puta,viejo ratero! ¡más sabe el diablo por viejo que por diablo!» —alcancéa escuchar entre gritos. ¡Bah! La gente de ese ómnibus no sabe apre-ciar el arte (No saben lo que hacen, pensé, pero que no los perdonenadie). Ya sobre el asfalto, presa de mi despiste, medio descalabra-do todavía, iba remedando al viejo.No debo resignarme, debo averiguarme, recuperar mis recuerdos,me repetía a mí mismo como dándome ánimos luego de lo ocurrido.De pronto una extraña organiza mi ruta, otra extraña de un tiempoa esta parte. Me alejo de mi destino, de la programación del día asal-tando otro ómnibus (la sesenta eme o la veintidós che) para repetirla escena del recitado a capella y hartar al público que se aparta, quemira a otro lado, que se desentiende.La ruta se vuelve sinuosa a este paso rengo. Persigo a una mucha-cha, sí persigo el peligro, más bien persigo un rostro, un rostro que-rido. Entonces, la ruta cambia hacia una calle muy estrecha por elcentro de la ciudad, que a su vez me lanza hacia cinco esquinas queemergen no sé cómo. En una esquina se refugia la muchacha quesigo, junto a otras mujeres no tan jóvenes más curtidas, eso creía.. Tango Cantando de Mercedes Simone.. Cielito lindo ranchera que cantaba Pedro Infante. 12
  13. 13. La joven perseguida me increpa, no tengo qué explicación ensayar.Su cara hasta entonces querida, que en la confusión creí reconocer,ahora es un conjunto de gestos obscenos que delatan su oficio. ¡Notengo plata!, le digo, es la verdad. ¡Tampoco tengo!, repito indigna-do, cuando me pide un reloj u otro objeto robado y le muestro misbolsillos vacíos. Ella vocifera, amenaza, hago un último esfuerzo porrecordar ese rostro ahora iracundo, pero tampoco su ira me resultafamiliar. ¡Cojo de mierda!, ¡lárgate!, me grita, y las demás putas lehacen coro, mientras me arrancha las gafas. ¡Para algo servirá!, diceresignada, enseñando sus uñas negras como sus pestañas atroces.No, no es ella, ¡qué alivio! 13
  14. 14. IVCada tarde tiene su propia música. Hoy por ejemplo me dejo llevarpor un único sonido de flauta, que trato de imitar silbando, comosiempre voy camino hacia la noche. Me escondo otra vez. Queda-mos en vernos precisamente antes de que anochezca, en la esquinade Colón con Wilson. Laura y yo sincronizamos nuestros relojes,nadie debe llegar antes, es una forma de demostrar nuestro amor.No ama más el que más se impacienta, el amor no siempre es undesespero, dice Laura (pero yo desde que la conocí siempre estoydesesperado por verla). Otra coincidencia que nos imponemos esla noche, debemos vernos en el instante preciso que anochece. Sabe-mos que nos siguen, otra razón que justifica estas casi precaucionesy, sin embargo, el recuerdo perenne de Laura siempre es el mismo:la misma esquina, pero Laura entonces esperando, fue un martes dehace años. Me hicieron demorar al salir del trabajo, debía catalogarnuevos libros en la biblioteca, entonces odié como nunca los libros.El camino hacia ella distaba tres cuadras, cruzar una avenida de do-ble vía. Corrí y resbalé, la caída destrozó el codo de la manga derechade mi camisa, me incorporé, la tarde se esfumaba y yo no alcanzabala avenida Wilson, empujé a un peatón desprevenido, me disculpé,no aceptó mis disculpas, me escupió y me mentó la madre. Arremetípor la pista en sentido contrario a los carros, traté de cortar camino.Fue en vano, no coincidimos, ella había llegado mucho antes. Notemí que no estuviera, sabía que me esperaría, había un canon sinpromesas entre nosotros que ambos profesábamos. Éramos uno, ¿noes cierto, Laura? Siempre seríamos uno. Emergió de pronto, ape-nas a unos metros de mis pasos, presidía el encuentro de dos callescomo dos piernas. Anulaba el paisaje, ella era todo el paisaje. Hastael tráfico tupido se descongestionaba entonces como escarmentadopor una menta. Ya era de noche y su presencia sonaba como unabatería redoblando en mi cabeza, percutiendo en mi corazón, en mis 14
  15. 15. entrañas. Alta esperándome, indefensa esperándome, sin repro-ches, enternecida por el pequeño drama que yo acababa de vivir yque sospechaba por mi facha, por esta avidez… y qué hago si en vezde preguntar por mi tardanza, me come a besos. Descubrí así quela ternura era la hermana menor de la compasión, que Laura sentíacompasión por mí y yo... yo la amaba como ama un gigante. Hoynos volveremos a ver, como siempre. 15
  16. 16. VUna noche, mientras hacíamos tiempo para hacer el amor, es deciresperar a que se durmiera la última de las niñas, yo le servía uncafé y le contaba lo que se decía de Dimas. Los días de la invasiónpor los años sesenta, cuando se sospechaba que Cerro Colorado, undenuncio minero de un antiguo ministro de Educación o hijo de unantiguo ministro de Educación, da igual, se encontraba disponibley sobretodo cerca de la zona industrial de la ciudad. Por entonces,Dimas convocó a los maestros sindicalizados primero y no sindica-lizados después, y por fin a quienes tuvieran agallas para invadir lacuesta. La mayoría de los invasores fueron maestros de escuela pú-blica, pero los más facciosos y violentos eran los obreros textiles. Lacuesta quedó dorada de un día para otro por las esteras y luego rojapor las calaminas que justificarían el nombre de Cerro Colorado, noobstante eso vendría luego, antes solo esteras y paredes empapela-das con La Prensa o El Comercio; cuando casi de inmediato a la tomadel cerro vino la represión más salvaje, buscaban escarmentar a loscabecillas. Perdieron la vida dos maestros. El gobierno no reconociólas muertes. Pero ahí estaban Dimas y los suyos a pie firme.Sin embargo el proyecto era más ambicioso, iba más allá. Había na-cido de la solidaridad y así debía mantenerse, no necesitarían títulosde propiedad los vecinos de Cerro Colorado, ni nada que los separa-ra. Por eso, luego de dos años sin represión, volvieron las amenazas,cuando llegaron, ahora los agentes municipales, para registrarlos.Cerro Colorado había nacido del rechazo total a la autoridad y dela fraternidad de trescientas cuarenta y tres familias unidas por la. Los medios informaron que intervinieron fuerzas combinadas de la Policía y elEjército. 16
  17. 17. epopeya. Hazaña que debía ser contada a las generaciones venide-ras para que conocieran del pacto que las une. Por ocurrencia deDimas todo era de todos y nada era de nadie. Como un inmensolocal comunal.En la distribución de los lotes, la mayoría prefería la parte de abajo,colindante con la avenida, sin embargo ese privilegio fue para losmutilados producto de la invasión y las madres solteras, que ha-bían luchado sin un hombre al lado y creado las ollas comunes queluego dieron paso a los comedores populares esparcidos por todoel cerro. Hasta que intervino el gobierno que todo lo contamina.¡Todo!Quién iba a creerlo —interrumpió Laura—, así que las madres deCerro Colorado crearon los comedores populares y de seguro laspolladas.La organización de la vida en el cerro la planificó Dimas —eso diceny así lo reconoce la gente—, por ejemplo no había lote de menos dequinientos metros cuadrados, ¡sí, señor! No más hacinamiento. Si losricos establecen esas dimensiones como mínimo para sus mansionespor qué no nosotros —me contaba ayer Demetrio lleno de emoción—.Casas grandes con jardines, y como era un cerro, mejor de un piso conhuerta, una, dentro de su casa y otra, la gran chacra de todos, que erael real origen de esa propiedad; nada de denuncio minero que era elcuento del ministro aquel, para que no se tocara su feudo. Calles conseis metros de ancho, trazadas para el tránsito liviano, es decir, lostriciclos, las bicicletas y hasta para los animales. ¡Nada de gasolina!Cada casa con puerta a la calle y de preferencia abiertas siempre paralos amigos.Se había decretado un servicio comunal de jardinería no solo porel placer que le da al espíritu trabajar la tierra, sino por obligación.Dos años de servicio rural obligatorio para jóvenes de quince adiecisiete años, y a los ancianos que lo quisieran también; perotodo por consenso, nada por ley. Pues ¿qué era de lo que se acusa-ba a los pioneros de esa utopía?: Precisamente no respetar la ley. 17
  18. 18. «¡Bah!: leyes en manos del gobierno: inmensas redes de pescar»,sentenció Buenaventura y siguió contando.Las grandes decisiones se tomaban en asambleas porque era ese elotro servicio comunal: la participación organizada de los vecinosen el gobierno del lugar, para evitar desalojos y rapiña. Era la li-bertad pura, Laura, la libertad espontánea que se busca en el fondodel individuo. Porque reside en la inconciencia, en ese mar que nosrecuerda cómo antes fuimos felices sin otra autoridad que no fueranuestra incondicional fraternidad. Bueno —dijo Laura—, pero eseya es un discurso tuyo, vamos a dormir. Además hoy en Cerro Co-lorado no hay jardines, solo tierra y polvo por todos lados, la gentese dedica al comercio de baratijas, a la reparación de autos viejos,por último a la venta de artículos para rezos y brujería, como nues-tra vecina de al lado. Le desbarataron el programa a Dimas, québueno que de eso él no se acuerda.No más calles de doce casas por cuadra, ni pavimento, ni asfalto enlas pistas, hoy todo es tierra de nuevo y restos de lo que alguna vezfue. Si de nada vale lustrarse los zapatos como tú hacías hasta hacepoco, hasta que te convenciste que igual llegabas a la avenida conlos zapatos llenos de polvo… y luego dejaste de afeitarte a diario…y cortarte el pelo de vez en cuando.Como siempre, en algún momento llegaron los malos y organiza-ron todo conforme a ley: la policía corrupta, los alcaldes repentinos,el mercadeo político no el bien común… y la nueva generación, lasiguiente de Dimas, la que necesitaba dividir la casa de papá o dela suegra, la que no reconoce héroes pero sí motivos para celebrary emborracharse y reproducirse a punta de polladas y chicha. ¡Ycómo no! Sendero, ofreciendo rencor más armas (¡que los pobresdeben morirse para que no sufran!). Dimas no hablaba mucho depolítica pero su influencia sobre la gente era suficiente, todos lo tra-taban de don Dimas. Sin ideario, más bien cantando, conseguía mu-cho más que otros dirigentes con millones de palabras, con miles de. Cita de Proudhon que siempre repetía. 18
  19. 19. ideas. Por eso el escarmiento que no le propinó el gobierno se lo dioSendero, porque Dimas era la otra alternativa, la alternativa frater-na. Sendero buscaba afianzar su espacio en Cerro Colorado y Dimasera incómodo (como ocurre ahora contigo, mi amor, pensó Laurasobrecogida…) Pero la utopía se quebró con él, a punta de patadasle vaciaron la memoria y acabaron con sus planes; por último, leachacaron su trayectoria sindical y lo entregaron a la policía y ¡quémiedo! al Poder Judicial del Perú.Miedo fue lo que nunca tuvo ni tendrá —volví a la carga yo. Sibien el verso acudía a él vertiginosamente, el rugido era valiente,cambiarlo todo, no tomar de ejemplo a ninguna otra invasión. QueCerro Colorado no fuera otra villa carbón, llena de ruido, fierros ycarros desarmados, otro desván más de Lima. Pero los profesoresde escuela no hacen revoluciones…Solamente fundan ciudades —interrumpió Laura.Es verdad, proseguí, ayer conversando con gente del barrio, de losantiguos, me contaron que precisamente el día que Dimas salió aescribir versos en las lunas de los carros, casi alucinado, luego de lapaliza horrorosa, quedó registrado en uno de los parabrisas: «¡Y a tiqué mierda te importa!».Y luego lo conocimos —dijo Laura—, y el destino lo convirtió en elgran amigo que conocemos, mi amor; ya basta, vamos a dormir. Sí,ya voy, Laura, repliqué entre mí, solo buscaba el origen de esa vozcantante. 19
  20. 20. VIDecía Schopenhauer que el sufrimiento mental violento se vuelveinsoportable en la medida que reside en la memoria. Ahora bien,si esa pena, ese pensamiento, son tan horrorosos, entonces la na-turaleza alarmada se vale de la demencia como último medio parasalvar la vida. La vida hasta tales extremos atormentada destruyelos hilos de la memoria, rellena la brecha con ficciones y busca en lademencia el refugio para el sufrimiento que excede su propia forta-leza, como un miembro afectado por la gangrena que es amputadoy sustituido por otro de madera. En esas divagaciones me encon-traba cuando un olor familiar me arrancó de ellas y me devolvió ala realidad insustituible. Era un olor que no me desagradaba, era elhumor que despedía mi propio cuerpo cubierto no con la camisaa cuadros manchada de sangre y la manga derecha destrozada deBuenaventura, sino una blanca que se había puesto una noche an-tes, durante la manifestación en la colina, descartada por él el día desu muerte hacía veintitrés horas, cuando por fin decidió cambiarsede camisa. Y hace veintitrés horas que veo la televisión sin ver, consolo su camisa puesta. Las niñas están con la abuela.El olfato ese último refugio que la naturaleza ha dejado en la na-riz del hombre para que éste evoque, se esmeró en distinguir en elolor que la camisa conservaba, no su olor solamente sino el olor deambos, de ambos haciendo el amor. Habré lavado cientos de vecessus camisas, su ropa interior; sin embargo, hasta entonces recién mepercataba con impudicia y fruición de que las ropas así mezcladas ysucias como estaban, nos conservaban todavía juntos.Así que tú eres la que rayas los libros sin remordimiento —mereprochó el día que cruzamos por fin unas palabras. Nos conocimos 20
  21. 21. un día antes, el lunes, cuando llegó saltando en un pie (como llega laalegría) debido a un accidente con la puerta cuando entró violentoa marcar su tarjeta de asistencia. En fin, siguió con la reprimenda,porque eran libros catalogados, rematando con que no volvería aprestarme libros. Me encogí de hombros con la contundencia de un¡No jodas! ¡Tan grande y tan cojudo!, reprimido en los labios.Éramos compañeros de trabajo en una biblioteca pública y él sinreconocerlo con la moralina aquella de que hay que predicar conel ejemplo y si trabajas aquí con más razón. Cuando yo, lejos dehacerle caso, aprovechaba esa privilegiada condición de empleadaadministrativa de una biblioteca, para leer lo que me diera la ganasin llenar ficha alguna de préstamo ni tramitar nada que se le pa-rezca. Que con él todo iba a cambiar y de qué modo cambió. Así ladiscusión que terminó en pleito y el pleito que terminó en rencor, yel rencor que terminó en las paces luego, para volvernos a pelear yla pelea en reconciliación y el amor sin papeles y los hijos: nuestroshijos. Mejor dicho, hijas, dos hijas. Todo inolvidable, incontrolablecomo incontrolables estas ganas de morir mirando televisión, casidesnuda esperando sus ojos.Hasta los diarios hablaron de su muerte gota a gota. Cuestionabanlos métodos empleados, la ferocidad de los asesinos, pero dejabanentrever que la víctima era un violento agitador profesional (ade-más, el trozo de oreja hallado en su boca). El único expediente abier-to, parece uno en su contra, como si no fuera él la víctima. Indiciosrazonables de insurgencia habitan los treinta y un poemas encontra-dos, dijo la policía (entonces críticos literarios), así obra en el Expe-diente Buenaventura. Buscan cómplices, pero de la víctima.No, no quiero volver a pensar en eso, no esta vez, pero ese olor, esteolor. Me estoy oliendo con su olor. Si algo persigo es oler siempre aél, será posible que de tanto estar juntos… Pero, por qué no estuveentonces, por qué no estaba él ahora, por qué estoy así. ¡Ah las pala-bras! ¡Qué esconden, carajo! Si algo deseo es apestar siempre a él,apestar a sus ganas… y también a las otras ganas, sus putas ganasde morir. 21
  22. 22. —Además, ¿para qué sirven los libros en un país donde nadie lee?—le discutí antes de dejarlo con la palabra en la boca encogiéndomede hombros—. ¿Para llevarlos bajo el sobaco o para guardar una flordentro? ¡No! ¡Solo sirven para cargar un condón entre las páginasveintiséis y veintisiete! —agregué, y por fin me largué, segura dehaberlo sorprendido.No obstante, el recién ascendido empleado de la Biblioteca de Le-tras, aconsejaba cuidar los libros. Hombre ordenado como todo li-brero, pero estudioso de los anarquistas (otra paradoja). ¡Bah!, todomenos cuidarlos. Estos libros se han hecho para rayarlos, escribir almargen o debajo, apasionadamente, en fin volver al lector un lectormacho como decía Cortázar; de modo que otro lector, cuando repa-se sus páginas, lea la intensidad, la lisura, el trance padecidos. Peromi gran amor era un hombre de convicciones. Modelo «pobre perohonrado», parecía dueño de esa frase, y de otras «cada cosa en su lu-gar y un lugar para cada cosa» (bibliotecario tenía que ser) o aquella«… entonces, entre godivas y gorriones ¡asaltamos la ciudad!» ¡Quéironía!, más frases como sentencias inapelables, ¿cuántas veces aldía las aclaraciones?… Y la patria explicada en una metáfora (de lacual vivía orgulloso): «La patria se me figura un niño rubio en bra-zos de su sirvienta chola». Y sus versos, deshaciéndose con él.Una Navidad, Dimas, un vecino que vive al lado, el mismo que nosavisó de este lugar donde vivimos apretados, le pasó la voz de uncachuelito, un trabajo propio de la fecha, que al cabo le traería másproblemas que satisfacciones. Aprovechando su elevada estatura leofrecieron disfrazarse de Papá Noel y salir a las calles a tomarse fo-tos con los niños, y divertirlos de paso con su carcajada estentórea.Nunca le pagaron lo prometido, tampoco a Dimas. Entonces ambosdecidieron presidir la única marcha hasta entonces conocida de pa-panoeles. Una turba roja queriendo reivindicar los derechos de losclauns. Y así vestidos tomaron la avenida, se adueñaron del localdonde los contrataron, y a él, por supuesto, lo sindicaron como elcabecilla, y fue a dar con su disfraz al calabozo de la comisaría deMonserrate por pegarle al empresario que los defraudó. Bien valióla pena, dijo desatando toda su mirada. Se quedó con el disfraz y 22
  23. 23. aquella Navidad fue Papá Noel para nuestras hijas y todos los hijosde los vecinos del cerro, y las fotos para el recuerdo conmigo a sulado, con las niñas, con Dimas, con los hijos de los vecinos, los tressolos, yo entre dos papanoeles; en fin, una promoción tratando desalir adelante en plena época de la república corrupta. 23
  24. 24. VIILadrillos amontonados con cierto orden bordeaban parte de la zan-ja. Añicos de ladrillos, ocres y anaranjados la completaban; cerca,un laguito de orines oscurecían los restos de calamina. Ya habríadinero para hacer un cerco, un cerco de verdad. La casa del vecinomiraba, inevitablemente, al espontáneo patio formado de lo pocosin construir que dejaban libre los vecinos. No podía ser de otramanera, es un cerro, tanto más empinado que otros. La escalera deDon Macho pasa por el techo de la Albina, y dos metros más arribaya no es la escalera de Don Macho sino Pancho el que sube y baja,divisando el abismo, y de paso a la Albina. El paso se desarrollahasta el cielo, a quien quiera pasar se le permite el tránsito, bastaque diga que va de visita o viene de rezarle al santito, ubicado sobreuna ruma de piedras en la parte más alta del cerro. Aquí sí mi casaes tu casa y la casa de todos; no obstante la otra noche nadie mirabaal patio, nadie correteaba por entre el barro, el lugar estaba solo.De noche cortar camino por estos lados es peligroso; la familia: dosmujercitas más lindas que la virgen María y de apenas cinco añosla mayor, tenían permiso para quedarse con mamá en la casa de laabuela. Por cierto, esperábamos... ojalá un varoncito (sí, estaba em-barazada de nuevo).Cuando niña comencé a coleccionar miradas tristes en las revistas,formas de mirar tristemente en fotos, ojos melancólicos, me intri-gaban. Contra lo que se piensa no son frecuentes, pasa inadvertidopara quienes ven con ellos, taladran con ellos, acaso porque no sonsolo de ellos sino de quienes los miramos; yo me calcaba en una mi-rada de esas todos los días y cada vez más reaparecía de sus chapo-teadas aguas, inocente, desnuda. Hay un niño que arrullo, que miraasí desahogándose parece. (¡Han pasado cuatro meses!). 24
  25. 25. El andar desgarbado, pese a su estatura, el desaliño, mezcladoscon la parada grave y la mirada… definitivamente no hacían juego,pues resultaba como juntar la indiferencia y la protesta, lo trivialy el arrebato; pero con urgencia era eso: el arrebato y yo la pacien-cia. «Nada hay más nuestro que el cielo —es de todos— en cambiola tierra es de algunos solamente, por eso soporta que le dibujenmapas, límites, territorios, vamos a ver si alguien hace mapas delcielo». Luego, alzaba la cara confiado, mirando al infinito, asentíacomo administrando lo suyo, lo que veía era de él y mío también. Elrecoveco nos protegía de la intemperie, podíamos mantenerlo connuestros sueldos de empleados públicos venidos a menos. Sin em-bargo, cada vez más numerosos los habitantes del patio: vecinos,hijos de vecinos… en fin, habría sitio hasta que se acabe (ademásnosotros llegamos al último, gracias a la gestión de Dimas, pionerode la invasión de Cerro Colorado). Hasta que ocurra lo que ocurrióla otra noche, cuando él volvía del trabajo a casa y no había nadie,cuando no estaba yo para resistir a su lado hasta el final; para que nofuera lo que Dios quiera de nuevo; cuando sigilosamente llegarona matarlo, a acabar con el problema, con la prédica monótona en elcerro, con los volantes iracundos en la plaza, con Tu Presencia deHecatombe, bajando y subiendo. ¡Malditos! ¡Hijos de puta! ¡Ellos ylos poderosos que pagan por matar! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas!¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mier-das! ¡Mierdas! ¡Mierdas! ¡Mierdas...!!Dónde estuve que no pude evitar el ataque desigual, a traición,de dos, tres, cuatro sicarios que lo enfrentaron. Armados ellos conmachetes, él solo con sus brazos, con sus pies, con sus dientes, consu valor entre las piernas… hasta soportar el desglose violento yanimal del brazo derecho. Bastó para que se desangrara como sedesangran las fieras cuando luchan entre ellas. Como un duelo deuno contra todos donde aquél pierde su espada y muestra el pecho,así fue muriendo, en esa cumbre donde fuimos felices rugiendo,mordiendo, jodiendo y jodiendo. De él la inacabable hemorragia,de él, la furia, el alarido. 25
  26. 26. VIIIEl lugar de reunión con Laura, siempre es alguno de los bares ale-daños a la berma de la avenida Grau, hoy convertida en una granbiblioteca de Alejandría donde se venden y se compran libros viejos,revistas antiguas y casetes anarquistas con trova mucha trova. Músi-ca de protesta en el lenguaje antiguo, propaganda comunista segúnla policía. Alrededor de Grau todo es pobreza y promiscuidad; enla noche pueblan la avenida borrachos y toda suerte de putas, viejastrajinadas, gordas inmundas, jóvenes avezadas y lo peor niñas que aveces antes de caer la tarde por ganar la esquina ya transitan mediodesnudas, enanas con tetas. No obstante muy cerca queda el Pala-cio de Justicia y más cerca todavía la vieja casona de dos pisos conbalcones abandonados, donde llevamos poemas de Buenaventura,que no logramos vender ni en el micro ni en la plaza, y fumamos, fu-mamos mucho, y hablamos de política, queremos cambiar el mundoa punta de versos ¡Vivan los poetas! ¡Vivan los anarkos!, pero quevivan bien lejos, como nosotros en Cerro Colorado.Soy la persona en quien más confía Laura, además ella me recuerdauna parte de mi pasado, ella es la memoria que se empeña en recu-perar para mí; la otra parte quedó por rescatar a punta de versosque repito y repito, de paporreta, para no olvidarme de lo que fui yporque Laura me los pide.En esa niebla baja ando siempre, pero no estoy loco, aún no. Porejemplo sé que fui profesor de literatura de cuarto de secundaria deun colegio en Cerro Colorado, el Nº 3939, me conocen y reconocen al-gunos alumnos («... en este día de clases no puedo sorprenderte con. Así eran reconocidos los anarquistas por esa época. 26
  27. 27. ningún verso memorable, no hay lección que seguir, no tengo nadamás que decir; hoy, querido alumno, quiero ser el último de la filamirando desde ahí a tu compañera, alborotando el salón, armandoel caos para que repare en mí», Dimas, profesor de Literatura). Notengo remedio, mi piel tiene los hoyos de los perdigones soportadosa pie firme —dicen— en una manifestación donde perseguían al sin-dicato de maestros, buscaban a los maestros (¡maestro te buscan!).También luzco algunas marcas de latigazos en las piernas, desnudosoy un desastre dice Laura. Esos latigazos cuentan, son los recibidosen la época de la invasión a Cerro Colorado cuando era la chacra deun ministro. Ni los potentes chorros de agua helada aplicados luegolograron disimularlos. Mi piel recuerda más que Laura.Quiero saber de mi familia, por qué ando solo, ¿qué ocurrió?, todoscallan, Laura se desespera. Bueno, por ahora mejor andar solo, séque me buscan, sé que preguntan por mí y mis actividades. Dicenque es el gobierno, yo creo que es Sendero. ¡En fin! Solo sé que mebuscan.Resulta cómico ir descubriendo nuestra biografía, Buenaventura mecontaba una historia épica de marchas y protestas, de tomas de laavenida y salvajes grescas, que según él ocurrieron entonces. Losvecinos sin embargo me creen un alucinado, pero algo esconde lagente, algo saben pero tienen miedo. Me da la impresión que perderparte de mi pasado me ha devuelto a la horda, soy de nuevo el itine-rante mono que anda desnudo buscando comida. Vamos de caza. 27
  28. 28. IXLa noche está hecha harapos. De pronto una tonada «… que te pasaestás llorando tienes alma de papel». Ahora la noche se me figurafrágil, el día tierno, no sé quién me reprocha algo desde el fondo.Es un niño y ya está enfrentándome con la mano extendida, supli-cando una caridad. No tengo ni para el pasaje de vuelta, le dije ca-tegórico. Súbitamente se cuelga de mi corbata, como quien baja lapalanca de un retrete. Gira. Me obliga a dar vueltas tirando de micorbata. No opongo resistencia. No contesto la agresión, es un niño;por fin me zafo.Otra vez la canción desde la cantina «… qué te pasa estás llorando,tienes alma de papel». ¡Bah! (¿Tendrá que ver con lo que pasa? ¿Quépasa?). Me desentiendo. Como en un sueño que se deshace, así caminohacia la luz del día por las calles de la ciudad, apenas antes del amane-cer. Al pasar la siguiente cuadra será de día, lo tengo medido...Es de día. Avanzo sin convicción como quien se aleja expulsado.Llego al parque, yo entre desconocidos que atraviesan el parque.Parece que son forasteros que recién arriban de alguna ciudad ybuscan hospedaje en horas tan tempranas. De pronto el fogonazo deuna cámara. Una foto para el recuerdo, yo que sin querer cruzo dis-traído y formo parte contra mi voluntad del recuerdo de otra gente;con mi cara de tonto, con mis lentes de tonto y una sonrisa furtivacomo de disculpa. Trashumante de parques que al pasar desplaza aalguien en la toma (acaso al papá, ojalá al tío). Otro absurdo… comovivir cada día, cada noche, cada minuto, con la foto de un gran amoren el bolsillo.. Periódico de ayer salsa que cantaba Héctor Lavoe. 28
  29. 29. Pese a que recién ha amanecido los habitantes del parque son losmismos de cualquier ciudad: el inmigrante recién llegado a la capital,los vagos que durmieron en sus bancas buscando un pucho por elsuelo y los árboles como siempre pintados de blanco hasta la cin-tura. ¿Qué hora es? («Nuestro amor no es una amor convencional—le dediqué— no se para en la vereda siquiera a conversar, nuestroamor es un nudo en la garganta, el llamamiento telépata, fisiológico,nervioso, animal; la respuesta sonámbula. Es aquel que se acuclillatras los matorrales…». —No le gustó, más bien le daba ganas de iral baño). El «catre, ropa, periódico, botellas…» me suena como a lasnueve de la mañana.Abreviemos, salgo de una situación confusa que me ocupó la noche.Estoy en la resaca de una borrachera inesperada. Solo recuerdo quesalí a caminar ya avanzada la noche, como quien busca algo distin-to; a medida que me aproximaba al centro de la ciudad, un tumultome toma de sorpresa. El problema es en la calle. Me refugio en lacantina más próxima donde bebo con los parroquianos para justifi-carme. ¡Invito yo! Súbitamente… ¡otra redada! Ingresa la policía albar, revisión de papeles que no tengo. Pago por un escondrijo. Voya dar a un cuarto maloliente ¡Qué importa! Bebo con una extraña, aquien le dedico unos versos y le pido que cambie de vida en tantopugno por un último trago, pago por un último beso en esa habita-ción en tinieblas. 29
  30. 30. X «A desmembrar la palabra paz. A comenzar de nuevo: a …» LauraA partir del mediodía de hoy lunes veinte de octubre, soy un desem-pleado más que no se desespera. Sucede que en mi país es muy fre-cuente que eso ocurra. Lo raro es que me arrojarán de la manera quelo hicieron. Tenía razón el dueño del negocio, no puedo concentrar-me en el trabajo, soy un peligro, siempre presa de la ensoñación yel delirio (… con estocadas fallidas, seguimientos infructuosos, aco-rralamientos salvados, tiempo perdido matutinamente, ¡sin podermatar una maldita mosca!, ¡hija de otra maldita mosca!).El caso es que luego del accidente no pude volver a enseñar Litera-tura. Diagnosticaron que parte del hemisferio occipital del cráneoquedó dañado, entonces la cojera era irreversible. El nombre cien-tífico es paramnesia. La memoria remota iba ir apareciendo peropor ahora se encuentran desdibujados los recuerdos como un pa-limpsesto donde los recientes sucesos borran el recuerdo anterior.Es cuestión de tiempo, ya volveré al tiempo lineal, en tanto asumomi historia como quien recién comienza la vida. Laura forma partede este presente como Buenaventura hasta que murió. Pero olvi-daba decir, estoy en una cantina, he pedido una cerveza y espero aLaura, que ya se enteró de todo y tiene pena. ¡Llegó Laura!Laura se preocupa por mí, yo me preocupó por ella. Insiste en escu-char los versos de Buenaventura, que ya me aprendí. Por ejemplome pide la «Nueva versión de Romeo y Julieta». Me cuesta recordar,pero el estribillo lo resuelve todo, la tonada, la rima, ¡qué sé yo! 30
  31. 31. Había un tiempo, poco después del atropello, que solo la barba merecordaba que otro día había comenzado, rozaba mis cachetes y siraspaba, era que otro día había pasado (luego llegaba el enferme-ro que nos rasuraba a todos como quien pelaba pollos, inclusivela cabeza). La luz de los cuartos del Hospital Loayza con un solofluorescente apenas alumbraba, pero quedaba encendida siempre,noche y día. Había un reloj, pegado en la pared, pero había olvi-dado cómo interpretar la hora. A partir de entonces hasta ahora,todo asunto relacionado con el tiempo se vuelve confuso y luegose aclara, y vuelve a confundirse y aclararse gradualmente. Lau-ra ha cambiado, antes hubiera rechazado la cantina y las cervezas,ahora no; inclusive se junta con otra gente, gente peligrosa, genteperseguida, no anarkos sino más bien gente vinculada a Socorro Po-pular, el ala más extrema de Sendero. Fuma sin cesar con la mismagravedad que lo hacía Buenaventura, sus dedos amarillos y la carademacrada, más su dulzura, cambian de pronto cuando se acuerdade sus encargos con la humanidad, «conviene ahora la táctica sen-derista de alcanzar el poder, después veremos». Laura es hermosa,siempre lo supo, Buenaventura se lo dijo en todos los idiomas y lagente también. Laura, víctima de su delirio, arremete ahora, estáen la parte más inflamada de su discurso, la gente le hace rueda, esun espectáculo que una mujer hermosa hable de esa manera. Laurapercute y repercute los tambores de guerra, de venganza, de justi-cia, de victoria. Laura dispara.La verdad tengo miedo de decirle que sospecho de sus nuevas jun-tas, esas juntas no me aceptan, se refieren a mí como el cojo, el loco.¡Como si no lo supiera! Un loco que sospecha que los asesinos deBuenaventura han sido precisamente ellos. Nadie sabe de dóndevinieron las balas o, más bien, los machetazos. Nadie reivindicó sumuerte. 31
  32. 32. XI Voy bajando las escaleras… veintidós, veintitrés, veinticuatro, lle-gué (aun cuando debía ser una cuenta regresiva: cuatro, tres, dos,uno). El cerro se presenta más plano que de costumbre. La cuestasiempre empinada, hoy parece como si tuviera un cartoncito dobla-do en una de las patas, de modo que la empareja, que vuelve amablela ruta. Me dejo seducir por esa señal prometedora, yo también ca-mino como tantos otros que no tienen cómo pagar un colectivo quelos lleve hacia otro colectivo que va —ese sí— hacia el centro de laciudad. (La inocencia es una mañana temprano, una mañana por lamañana).¡Vaya! Basta con bajar luego a la calle para sufrir lo que pasa. Y loque pasa es que todo el mundo vende en este lugar. Ya me habíancontado cómo había cambiado todo en Cerro Colorado, de un tiem-po a esta parte. Ahora no hay reparo en vender la calle para queahí, a su vez, se venda. Todo es comercio. Comercio entre pobres.Para pasar de una calle a la otra debo abrirme paso entre dos carre-tillas color pastel y cajones de esos con listones de madera. Vendeny compran. Venden la carrocería de un auto abandonado o lo quequeda de él, en plena puerta de una casa. Mi vecino vende al otrovecino que se resiste y regatea; una anciana humilde vende sobresu falda de franela, caramelos y chicles, interrumpiendo el paso porla vereda. Ya abrió Demetrio su ventana, desde ahí ofrece cerveza.El policía vende a escondidas una rifa «Pro Navidad de los Hijosde los Policías», pese a que aún es octubre. Y la mezcla de músicaa todo volumen de los que venden en carretillas, discos y casetes.Sin embargo, hoy no me desagrada este mercado persa que se im-provisa todas las mañanas frente a mi casa. Hoy no. Inclusive yotambién participé de las compras. He adquirido una lámina insólita: 32
  33. 33. un amanecer, sí, sin duda un amanecer delirante, y un hombre conlas manos en los bolsillos, saliendo a la calle. (Aquí percibo las li-mitaciones de nuestro lenguaje lineal tratando de describir la rea-lidad más abrumadora, intentando captar la simultánea ocurrenciade eventos. Para muestra lo que ocurre ya: una perrita preñada quedesprevenida cruza la calle mientras un loco desnudo hace obsceni-dades frente al escaparate. Y para completar la escena en la esquina,colgado en un quiosco amarillo, el titular de un periódico: «Menorembarazada sale a orinar y se cuelga de un árbol». Todo en un vis-tazo, una misma secuencia. No acaba de pasar).De toda la susodicha lámina hay una imagen que destaca de lasotras: Es el hombre que espera al fulano que baja con las manos enlos bolsillos. Fulano éste que se encuentra elementalmente desnudo.Bien, hasta aquí la bendita lámina, la enrollo y al hombro, o paragolpear la rodilla de vez en cuando; aunque la verdad ya me estor-ba, somete a la intemperie una parte más de mí.Este día que no se parece a otros y en cuya parsimonia floto no oca-siona problemas. ¿Terminará desmoronado también? Casi no mepreocupa, tampoco el frío que me va desvistiendo y que ingresa porlas manos. Decido no ir al trabajo. Más bien me impongo el deber deaveriguar lo de la embarazada suicida. Compro el diario, reconozcosu nombre, fue anoche y es verdad, no tienen baño ni agua, ni ganasde ir al baño por estos lugares recónditos. Perderse entonces por ahípara orinar era un buen pretexto para salir.El matutino señala como causa del suicidio, el pánico de la mucha-cha al castigo que le impondría su madre al enterarse de su preñez,cada día más difícil de ocultar.Pretendo olvidar que la conocí, esto no forma parte de este día, delos presentes mil cuatrocientos cuarenta minutos que no terminan.Recién ahora recuerdo no haber desayunado, tampoco habermeafeitado, pero la barba está detenida y mi apetito también. Parecieraque estoy en suspenso. Observo al loco y me devuelve a la lámina.Ya la entiendo mejor, esa salida a la calle, por ejemplo, es un umbral 33
  34. 34. como un aro encendido que… ¡No puede ser! Debo estar más con-fundido que de costumbre… porque el de las manos en los bolsillosya no simula tener las manos en los bolsillos inexistentes, sino figu-ra más bien con los brazos abiertos y en intención de impulso, comosi fuera a zambullirse. Al frente, cada vez más cerca uno del otro,el desnudo lo imita al pie de la letra, aunque ya no sé quién imitaa quién. Alguien quiere echar a perder el día. Ahora sí, veintitrés,veinticuatro, leo un aviso pegado en una puerta que debe ser la mía:«Se venden marcianos». Casi no tengo cobija y subo de mentira,caigo sobre mi propia cama, está por amanecer, debo apurarme. Soyun cobarde, siempre lo fui, y éste es un legañoso día más que co-mienza arrancado de mis sueños. 34
  35. 35. XIIYo tenía unos libros de versos y unas revistas en una caja de leche«Gloria», dibujos a lápiz que amaba, tenía una mesa de madera,tenía también una colección de discos de vinilo, en otra caja de leche«Gloria» y más libros rojos sobre la pila de revistas al lado de micama; y en el cajón de la cómoda, también de madera, guardabatreinta y nueve poemas y otros versos muy breves en círculo quecorregía y corregía; tenía varias camisas blancas para el trabajo quemi madre zurció hasta morir de pena, una corbata que conservo,y otra camisa roja. Tenía una casa con una sola habitación grande,todavía sin dividir, en la cumbre de Cerro Colorado. Una máquinade escribir con la que dormía la siesta de la tarde, escribiendomientras miraba a la ventana hasta que se hacía de noche, y con lasluces de la ciudad alucinar como reaparecía el paisaje de la ventana,convertidas las sombras de la máquina en un castillo con una torrea cada lado, a su vez sombras de mis pies sobre la mesa, mitadtinieblas mitad borrachera. Tenía la tarde, como ya dije, hasta quemoría. Tenía la noche alevosa y violenta. Tenía una familia que roguéme abandonara porque era peligrosa mi compañía, de la familiaasesinaron a mi hermano al confundirlo conmigo en un jirón deBarrios Altos. También tuve un amor adolescente que moría por mí,y esperaba tiernamente mis versos al empezar la clase, tuve su foto.Tenía una hoja de afeitar entre los tres cuerpos de mi libreta electoralque, lo juro por mi hermano muerto como un héroe, yo nunca usé;sin embargo, la libreta le sirvió a Buenaventura para cambiar deidentidad hasta su muerte cruel. Tenía unos versos borrosos quevolvieron a mí inesperadamente, tenía amigos feroces, tenía vestido,piel, animales alrededor que ya no me hablan. Rosas que no medevuelven el saludo, soy peligroso, dicen. Muy peligroso. 35
  36. 36. EL EXPEDIENTE EL EXPEDIENTE BUENAVENTURA* BUENAVENTURA* * «Es posible que todos los versos no pertenezcan a un mismo puño caligráfico, porello, su autoría no resulta atribuible sólo a la víctima. Es más, al registrar su vivienda,los poemas fueron hallados encima de un viejo televisor de antena de conejo, dentro deun fólder rojo, que al caerse echó a perder el orden de los versos. En suma, el ordenen que aparecen a continuación no corresponde al deseo del autor o autores, sino másbien a la voluntad del perito consultado por el juzgado quien para justificar su labor,improvisó un orden según su real parecer y entender. Por tanto, la mujer de la víctimay el hombre que recogió sus efectos personales, resultan sospechosos de sedición».Extraído del dictamen fiscal a fojas 39. 36
  37. 37. LOS HECHOS 37
  38. 38. EL CHARCO IRIS ¡Charc! ¡Snif! ¡Gulp! ¡Puf! Mala suerte peatón no fue mierda lo que pisaste Fue un charquito dibujado como una Ese antes del canto de la vereda al fin del jardín ¡Pobre charco! El arco iris aparecido sobre sus aguas descompuestas (la fiestecita humilde) acabó desbaratado para siempre ¡bajo la suela de este mal paso! 38
  39. 39. 1 PERSPECTIVALa avenida tiene cien árbolesa cada lado; viéndola en perspectivasin embargo, se juntan en uno allá arribaque no aparece ni a las finalesPues no se sabe de ilusiones talesque la realidad construya y pervivanSe sabe de cien sueños y otros cien, la masivatoma de la avenida, sin lados a las finalesINDICIOS RAZONABLES 39
  40. 40. BUSCANDO QUE NO VEN 2 OJOS A RIMBAUDNo podía ver, en vano al cabo peregrino, Poeta,trataba de asirse a una mano un verano del siglo XIX Jean Arthur Rimbaud,tomar del brazo a alguien se marchó de París.para cruzar latras sus pasos, mojones tenía el camino. Salí densa calle; quienlo advertía, se apuraba, lo evadía. sumergí en el infierno Irrumpí en sus delirios, me Un enanoal cabo, que él había pasando, del tamaño otro peatón buscado: paisaje silvestre, bambú,de un bastón, se percata, rescata insectos, alucinaciones, iluminacionesdescalabrado al extraño tribus, tambores.… a lo lejos parecen uno Entre la maleza africana lo hallé:¡Parecen un regaño! Adornado con una guirnalda, sin variar la posición, sin volver la mirada, ocupaba un trono. Alrededor le rendían culto, un mono y hombres salvajes como el sacrificio que le ofrendaban. Reverentes y obscenos como se adora un talismán Rimbaud, lisiado y ciego, cantaba: «… Yo soy el poeta de la alegría, los árboles, un camino, el sol entre los cerros, una casita sin puertas, la petrificada ironía» 40
  41. 41. 3 INVENTARIO ADLÁTERESElla tiende la ropaPor una misma avenidaSe apura, sacude el polvoal borde de una tardeLava los trastos ¡cómoen dirección al parque se acumula la rutina!Recoge la basura, busca algo en el tacho:o a la nochedos vehículos pasan por la veredaVamos a ver…… Una envoltura de jabónUna silla de ruedas conducidaun destreza, con cuidado,concojín, vasos y botellas filialmentedescartables, transporta ya una ancianauna etiqueta sus achaques con en paralelo, en inglés:casi una palabra a mínima distanciawater closet compite, inadvertidamente,un cochecitoque denominaun adminículo que desocupa…al final de una rutinaañicos, carambas, bordocon una criatura atrizas,una sandalia sin guíay una madre queparejay con el mañana sueñaun permiso, perdón, graciasun chisguete estranguladoAl cruzar la calzada coinciden exactosuna chapa sin premioYa obedecen una señaabracadabra: programacionesde televisión, boletosfilas para comprar, para pagar,¡para todo! Entonces ¡otra bolsa!:Propaganda de dulces, de pólizas,una hoja de almanaque marcadacon aspas en lunes, en martes,puchos de cigarrillos, una tazasin asa, un abrazo, otro, la familiano acaba uno de conocerla…Un billete de lotería,un arete de fantasíaun frasco, dos frascos 41
  42. 42. una receta descartada GERENTE GENERAL 4una sonrisa perfectaadorna la etiquetade tus últimasClip:toallas higiénicas… si a tu nombre o broma le sumáramos un cero a la derecha, rimarías con hipo… pero se dice clip y usas slip y te embriagas ¡hip! con whisky y mientras no dejas de hipar, juntar, clasificar, discriminando lo útil de lo no tanto… Eficaz juntapapeles Eres una pieza a remover por una grapa, estimado clip o Gerente General 42
  43. 43. 5 SOCIEDAD DE CONSUMO ¡Ah, socio! ¡No hay negocio que se te escape! ¡Compraste todo y todo lo vendiste! …Acabo de verte doblado en la madera atormentado por la canga1 consumido por la cianosis… LA MIRADAlasPERDIDA ¡Rifando manos ! ¡Subastando la cabeza ! ¡quién da más!1. Canga: tortura china que consiste en dejar cabeza y manos aprisionadas en unmadero. (Diccionario Sopena) 43
  44. 44. TU PRESENCIA DE HECATOMBE 7 ILUSIÓN ÓPTICA «…Y el paisaje que brota de Planteo la siguiente hipótesis: tu presencia cuando Si encerramos la palabra hombre la ciudad no era no entre sucesivos y concéntricos paréntesis sino el podía ser percibiremos una curiosa figura: (((hombre))) de tu reflejo inútil semeja el símbolo acosado de la humana desesperación presencia de hecatombe!». Propongo otra mirada, la refutación:César Moro un sustantivo tirado al agua Ahí me encontraba… cual piedra, cual miga reclamando un lugar cual pubescente niña que con pudor en el desván se baña y va formando junto a todo lo inútil graciosas ondas a su alrededor que amontonando van fosa común de cosas y más cosas reprobadas con once vanas, groseras cosas y aparatosas reservadas acaso para la acumulación el desorden, el olvido en apariencia muertas solo en apariencia… porque, la verdad, algo maquinan … Cosas que brillan a mi paso torpe caen alucinantes de los rincones vienen de las tinieblas 44
  45. 45. se precipitan contra mí estallan empolvadas convertidas en cosas más pequeñas se desparraman por el suelo ora piezas, ora añicos cosas hace tiempo descartadas se estorban, sin molestar a nadie tras la puerta confinadas en esa habitación Nadie las recuerda Nadie las requiere ¡Salvo yo! Desde entonces ¡su compañero!Desde entonces ¡a cargo de su rescate! … porque a más tardar mañana ¡Tomaremos la avenida!¡Libres y felices sin remedio vamos! Remotos, sucios, delirantes, Ese caos que va desnudo adelante rapada la cabeza y luenga la barba soy yo, mírame por las calles gobernando la marcha ¡agitando alegre una campana! 45
  46. 46. 8 LA VÍSPERA Y ELTRAZA HECHO UNA DÍA SIGUIENTE Sin querer las lunas del escaparate Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo he perseguido ansioso arrojaron una imagen al través de mil demoras vanas sin descanso, a pasar … hecho una traza, un disparatefurioso de semanas! impaciente de meses, de carne y hueso; sin reparar Paul Verlaine siquiera, en el mayor asesino de moscas, la más acabadaEl que libra ¡sabemirada¡qué impaciencia! Dios! al cielo ¡embrujadatensa, sigilosamente… él la amami rostro! casa atisboÉl alista para ella porque la ama una bragueta Entonces, comouna fiesta hecha toda se abre impúdicamente, que de su ausencia ¡mi carcajada! Él se apura, para mañana es la urgencia La fatalidad largamente esperada, la trama en vano postergada, el último recurso, el drama … empero el día pasa con violencia¡Viva la fiesta! De pronto una cadencia…alguien al fondo canta la verdad, se desmiente, clamaella busca al anfitrión ¡él busca otra coartada! Que a través de las cortinas, declara, la ama Por los bordes la voz —atiéndela— te ama, ¡devastada por otras voces, te ama! 46
  47. 47. 9 TRADICIÓN LA ANARQUÍA Acompáñamede piedra transpira conmigo Un poeta traviesa persigue a las bestias, se asombra con el fuego a tocar timbres de madrugada, bailemos sobre el asfalto la última pieza recita sus sueños y que vaya de corneta mi nariz resfriada… me sopla la respuesta ¡El dato! ¡La idea! ¡El no temas. Acompáñame, colmo esperado! No maldigas más tu agazapado El mensaje naturaleza delirante, es tan fiel que aparece tras una forma ¡Apenas pierdo la cabeza! de nombre ¡Entrañable deseo de cantar! Parto en tu busca todas las noches… Padre de todos los poetas Desátate y cuenta: ¿Cómo era el hombre cuando era mono? ¿Cómo las tortugas cuando eran piedras? Anónima tribu, siempre en trance Que camina y camina incansable por el mapa de la memoria Siendo instinto, son rabia, ganas, cosquillas corazonada, fantasía … Una costumbre degenerada, ¡Otra piedra! ¡Quién sabe, poeta, acabó tu vida! 47
  48. 48. YIN Y YANG 10 Y no hay compañero del sacrificio referencia Tu ejercicio Acabas de llegar otra veznuestrasorprendido es quedo íntima túcorrespondencia entre la multitud yo de nuevo una campana Pero ¡qué poca cosa soy! boca estás, retorcida mi te reconoce, el alarido me impone de un brinco salvo el himno El asombro que cantabas ¡unatus ojos ¡los tambores! de piedra! reflejada en resto hace el el charco la estrella de tus amores ¡Allá voy! Es mía la mano que lanza la piedra Yo el manifestante que declara su alegría rompiendo los vidrios del segundo piso del Palacio de Justicia Tú que gritas y brotas del gentío Que marchas a mi lado Que tomas mi mano Que compartes mi suerte …Un secreto les voy a confiar una mitad del universo busca la otra una saga es la ruta hasta lo más simple: la unidad ¡La razón lo mismo del tuétano que de la eternidad! 48
  49. 49. 11 SIN CONTEMPLACIONES Soy ese hilo atado al dedo y la brisafresca, cuyo ingrávido paso cuidasSoy esa arruga que no disimulaspor temor a perder la sonrisa A tu alrededor ¡Oh mujer! el espacio se apaga se incendia eres la decisiva, yo una cadencia, un hilo, una brisa, un tiempo que perder… CADENA PERPETUA 49
  50. 50. QUÍMICA Lo ocurrido un instante condena inapelable la vida… y Dios no te convida de su eternidad, un instante Entonces, ¿por qué internarse, sin esperanza alguna, en la insondable intimidad de los elementos a contemplar una laguna? Dogmas, filosofías copiaron redimidaa la criatura: imperfección por la Perfección creada humano por culpa humana ¡un buen polvo de madrugada! De la contradicción somos la prueba Heredando ganas y reproches en esta caminata silbando que no acaba que no acaba Pujando entre dos piernas del Paraíso nos expulsaron ¡Una vida, dos vidas! ¡Cuánto dura el castigo! —¡Yo la llevo!— (¡Qué sueños traerá la agonía! La muerte no es el enemigo… … Luego seremos ceniza, polvo, una nada al cosmos luego 50
  51. 51. la especie reúne, puja, puja ¡Ay! otro quebranto, otro juego…) ¡Filósofo basta!... que no hay otra forma ¡Ya tienes del zapato, la horma!¡Mira, la Verdad desnuda al borde de la laguna! ¡Oh no! Ahora soy un ciervo Ya me arrojan los perros Devoran ¡Ay! mi carne ¡Ay! el hocico escarbando la herida La tragedia reaparece esta mirada no la olvida 51
  52. 52. INCONSCIENTE COLECTIVO¡Grrr! ¡Crash! ¡Zummmm! ¡Chistsss! ¡Mendam! ¡Cuántos nombres para mí! Acaso vuelva la cabeza si me llaman ¡Nadie! Empero… ¡Qué si al final de otra rutina, una tarde hostil como ésta me lleva a un cementerio desvanecido a descargar mi conciencia! ¡Qué si una lápida borrosa como todo ahí lanza mi nombre, la fecha! (Única es la genealogía que nos une a todos los hombres alrededor del fuego) ¡Qué más da un nombre! Cuesta aceptar que ese que llaman doloridos unos labios extenuados ¡sea yo! una inscripción, un registro… …de Ser o No Ser, el auténtico No Ser, una carga de impresiones remotas antes del individuo, ocupando su lugar dentro de mí Iracundo, ancestral, gobierna este sitio como gobernó la horda Se agazapa a esperar al otro, al bueno (Son enemigos, sospecho) 52
  53. 53. 12 Placer, si no fueras tan breve ELLA LE VATICINÓ AL POETA no serías placer Eres las ganas mi No Ser, Buscando un destino busca Ciego placer en apropiado entre la fe y aquel placer derribado de más sueño El viaje nos quiero un ¡Libre teha dadover! hijo que desde hoy prolijo habitará tu sonrisa ael bueno, Pero, llega el otro, destiempo el necesario (¡uf! ¡ya era tiempo!) mas comoquecomo agua hirviendo el tú tiene nombre será reclama heredero se vapor que cantando de va deshaciendo se todos los pactos ¡Los frenos del caballo! ¡Cómo debe ser! Demasiado tarde ¡Rechazado! Mi No Ser ocupa su lugar Alegre, satisfecho, fatal ¿Quién eres mi No Ser? ¿O de verdad no eres? ¡Qué importa! Solo sé que se desbarata la cadena de causas Trasciendo al despertar en nuevos sueños ¡Si estoy muerto me da igual! 53

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