EL MONSTRUO DE LONDRES   LA   LEYENDA     DE JACK   EL   DESTRIPADOR    Gabriel Pombo             1
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INTRODUCCION       El asesino en serie que la historia registró con el alias de “Jack elDestripador” realmente existió.   ...
este de Londres como el distrito de Withechapel donde tuvieran cabida loshomicidios.        Pero parece muy claro que las ...
El lector podrá aquí ver coexistir en el mito a sujetos realespostulados como eventuales responsables junto con proposicio...
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Capítulo I                                          Los Crímenes.        En las postrimerías del siglo XIX Londres, capita...
Por esta razón, los especialistas en el asunto mantienen ciertoconsenso al estimar que las mujeres eliminadas a manos del ...
sobre la guarnición de la Torre de Londres. Se llevó a cabo un desfile desospechosos para identificar al soldado, y el que...
De todos modos, aunque la muerte de la infortunada Martha pudierahaberse debido a la intervención de canallas como los ref...
Otro homicidio del que cabe aquí dejar constancia, y al cual en laépoca de acontecer estos crímenes se lo reputó como firm...
No podía imaginar, por cierto, que le estaba deparada una muerteatroz a poco de caminar unas escasas cuadras.      El muti...
Circuló con insistencia la hablilla de que la policía creía que PollyNichols y también Martha Tabram habían sido asesinada...
envolvió las píldoras en un sobre roto que encontró tirado en el suelo. Acontinuación dijo que salía a ganarse algún diner...
otro tanto sucedía con la puerta de ingreso del pasadizo que conducía alpatio interior.       A partir de testimonios del ...
dos anillos de latón habían sido sacados a la fuerza. El cuello había sidocortado de izquierda a derecha con dos incisione...
Los homicidios tercero y cuarto de la serie indiscutida tuvieron lugarambos durante la madrugada del 30 de setiembre de aq...
Este crimen o, cuando menos, los actos inmediatamente previos almismo habrían sido presenciados por testigos.      En espe...
Sabemos que interrumpido en su sanguinaria faena salió prestamenteen busca de una nueva víctima con la cual saciar su fren...
una extraña alusión a que los judíos serán los hombres a los que no seculpará de nada.       La interpretación a otorgarse...
Kate Kelly, y como dirección el número 6 de la calle Fashion,Spitalfields...”16.      Un suplementario motivo de polémica ...
Incluso en el dibujo gráfico “From Hell”, el cual posee la virtud deque su guionista aclara que su propuesta comporta sólo...
Ningún homicidio con su sello se verificó durante el mes octubre de1888 en Whitechapel ni tampoco en el resto de Inglaterr...
La orgía de sangre desatada por el psicópata llegaría al paroxismocon el crimen de la más joven y atractiva de sus víctima...
Afuera podía oírse el jolgorio de un día festivo para los londinensesen el cual se celebraba la fiesta del Lord Mayor, tít...
terminaron esta tarea, John McCarthy rompió la puerta con unpiquete...”20.      ¡Parecía más la obra de un demonio que de ...
Dicha cualidad determinó que fuera reasignado allí para comandarlas operaciones en pos de dar caza al matador de prostitut...
los crímenes del Destripador y que dedicó muchas noches a deambular porlas calles, especulando, deduciendo y tratando de e...
Pero la palabra consignada en el muro al parecer decía “Juwes” y no“Jews” como tendría que haber sido escrita en correcto ...
metropolitana, y yo doy las ordenes aquí, y quiero que se borre eseescrito... ¡inmediatamente!      El detective miró inte...
además de los ya mencionados Warren y Abberline, debería incluir a SirRobert Anderson y a Sir James Monro, aunque estos je...
de la prostitución de no ser por el modo en que el asesino provocaba a lapolicía con notas y pistas y porque, en una infam...
Lo antedicho pues la policía y los médicos forenses británicosdescartaron que cualquier ataque ulterior se ciñera al patró...
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Capítulo II                                     Jack. El asesino mediático.       ¿Fue el verdadero Jack the Ripper un cri...
beneficiaria del mito que contribuyó a edificar y del cual fuera,posiblemente, su creadora.       Como criminalistas moder...
en la infructuosa búsqueda, y que fuera creado a instancias de comerciantesdel East End preocupados por los efectos nocivo...
humano que habían partido longitudinalmente, y aconsejó a Lusk que loenseñara a un especialista. Para entonces ya era del ...
le practicó la autopsia, y que esa víscera mostraba secuelas de ladenominada “enfermedad de Britgh”, propia de los alcohól...
La popular autora de novelas policiales deja constancia de que dichacomunicación salió a luz recientemente porque no se en...
autoridades le restaron importancia creyendo que se trataba de una toscachanza.      Cabe recordar que en el momento de es...
toda la tinta roja de las manos, maldita sea. No ha habido suerte todavía,ahora dicen que soy médico, ja, ja...”.      Est...
medios, y tenía fama de disfrutar de una fluida vinculación con las fuerzasdel orden.      Cabe especular que el creador d...
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La obra supone un investigación histórica y criminológica que se centra en la era victoriana, cuando se consumaron los horribles crímenes del asesino en serie Jack el Destripador. Representa un estudio detallado de los plausibles sospechosos a la identidad de este homicida anónimo y jamás capturado.

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El monstruo de Londres: La leyenda de Jack el Destripador

  1. 1. EL MONSTRUO DE LONDRES LA LEYENDA DE JACK EL DESTRIPADOR Gabriel Pombo 1
  2. 2. 2
  3. 3. INTRODUCCION El asesino en serie que la historia registró con el alias de “Jack elDestripador” realmente existió. No constituyó un personaje de fantasía como sí lo fuera el CondeDrácula creado por Bram Stoker o el Mr. Hyde imaginado por RobertLouis Stevenson, por sólo citar dos ejemplos de obras literariascontemporáneas a los crímenes facturados por Jack. La saga del este criminal anónimo y jamás capturado ha dado origena una extensísima colección de libros, artículos periodísticos,escenificaciones teatrales y una vasta filmografía. Hoy por hoy alcanza con ingresar a Internet y posicionarnos en elsitio web “Casebook Jack the Ripper” para formarnos una idea –cuandomenos somera– sobre la impresionante cantidad y versatilidad de cuanto seha dicho y escrito con respecto a las andanzas de este individuo y lamitología edificada a su alrededor. Y es que Jack el Destripador representa, ante todo, una leyendabritánica. Resulta desde hace mucho tiempo parte componente del folkloreinglés al punto tal de que –por mencionar un caso– en la actualidad sesiguen haciendo visitas guiadas a los lugares donde se perpetraron loscrímenes pese a que han transcurrido ciento veinte años desde aquellosluctuosos eventos. Los asesinatos cometidos por este psicópata victoriano –en tantoemprendió su matanza durante el otoño de 1888 en pleno reinado de laReina Victoria– revistieron, paradójicamente, algún efecto positivo. Al menos sirvieron a modo de llamado de atención para el gobiernoinglés de la época hacia los profundos problemas sociales existentes en elpaís entonces más poderoso del mundo. Ello no se hubiera conseguido de no ser por la intensa difusiónmediática que se le confirió al asunto y la tremenda conmoción que esosacontecimientos provocaron. Al poco tiempo se formarían fundaciones benéficas para auxiliar alos sumergidos de los barrios bajos y se aliviarían en parte las condicionesmiserables en que vivían los pobladores de los suburbios pobres de la zona 3
  4. 4. este de Londres como el distrito de Withechapel donde tuvieran cabida loshomicidios. Pero parece muy claro que las motivaciones del asesino no eranaltruistas. Aunque la desconcertante compulsión que lo llevaba a matarcontinúa siendo objeto de polémica hasta hoy día ciertamente habría quedescartar cualquier interés moral detrás de sus destructivos actos. En cuanto a la obra que aquí ofrecemos diremos que este trabajoaspira a brindarle al lector de habla hispana información de primera manoacerca del fenómeno social generado por aquellos antiguos crímenes. El libro se estructura en ocho capítulos. En el primero de ellos se describen los asesinatos en sí mismosproporcionándose un perfil de cuanto se conoce con referencia a lasinfortunadas víctimas, a los principales policías encargados de lasinfructuosas pesquisas y a las declaraciones formuladas por testigosdirectos o indirectos de aquellos hechos. El segundo capítulo aborda el tema de la notable influencia que lecorrespondió a la prensa en la creación y fomento de la leyenda delDestripador. Los capítulos tercero, cuarto y quinto se dedican, respectivamente, adar cuenta de algunas de las teorías más en boga concernientes a laplausible identidad del matador. Vale decir, se expondrá la hipótesis en la cual se postula que aquélfue un célebre pintor impresionista, la que se inclina por ver en Jack a unrico comerciante de la ciudad de Liverpool, y la denominada “teoría de laconspiración” donde el perpetrador sería un personaje de alto rangosecundado y protegido por la Corona inglesa. El capítulo sexto versará sobre la idea de que el ejecutor hubieraresultado ser un desequilibrado mental. En el mismo se pasa revista a una sucesión de personas que enverdad existieron y a las cuales se consideró sospechosas en la época de losacontecimientos o en tiempos más recientes, y también se hará alusión aalgún personaje ficticio. El siguiente capítulo incursionará por el ámbito de la leyenda y lamitología construida en torno a la misteriosa figura del asesino. Se pondrá el acento en lo cambiante de las facetas que el personajeadopta según cual devenga el autor que sobre él escriba y conforme sea lapersona propuesta como candidato a haber sido el anónimo mutilador. 4
  5. 5. El lector podrá aquí ver coexistir en el mito a sujetos realespostulados como eventuales responsables junto con proposicionesclaramente de ficción como aquellas donde se sugiere que Jack en realidadfue una mujer, o que resultó una pareja de criminales, o bien que constituyótodo un equipo de ultimadores. El capítulo de cierre, a su vez, consta de dos segmentos. En el primero se plantea un análisis técnico clasificando a diversostipos de homicidas de acuerdo a la manera de operar o a la cantidad devíctimas causadas siguiéndose al efecto las opiniones de modernos expertosen criminalística. En el segundo se cotejará el accionar de Jack el Destripador con elde dos asesinos seriales surgidos en las últimas décadas buscando puntos decontacto entre ellos así como posibles pistas que ayuden a desvelar losextraños móviles del criminal que motiva el presente libro. A los ciento veinte años de ocurrida la tragedia que costó al menoscinco vidas humanas vaya dedicado el esfuerzo de este trabajo en honor yrecuerdo de las desdichadas víctimas de aquella añeja historia, y en respetode todos aquellos seres humanos que en nuestro presente siglo XXIcontinúan perdiendo la vida ante fuerzas tan oscuras, absurdas einsondables como las que se dieron cita en aquel otoño de 1888. 5
  6. 6. 6
  7. 7. Capítulo I Los Crímenes. En las postrimerías del siglo XIX Londres, capital de Inglaterra, seerigía como la metrópoli del mayor imperio mundial de esa época. La zona más paupérrima de la gran urbe la conformaban los barriosbajos del sector este londinense, el llamado “East End”. Esta última era considerada un ámbito marginal en abierta oposiciónal “West End” donde se congregaba la clase alta inglesa. Dentro del territorio del East End se ubicaba el distrito deWhitechapel –Capilla blanca– con sus barrios pobres y conflictivos. Este sector de la ciudad configuró el terreno que sirvió de coto decaza durante un muy restringido período, desde agosto hasta noviembredurante el otoño europeo del año 1888, a un asesino serial que mató ymutiló con insólito ensañamiento al menos a cinco mujeres. El impacto que tal matanza ejerció sobre la sociedad victoriana fuetremendo, al extremo de que hizo volver la atención de las clases altas y delresto de la población a la problemática de la marginalidad y la miseriaentonces imperante en los suburbios de Gran Bretaña. Así fue que el dramaturgo contemporáneo a los sucesos GeorgeBernard Shaw apuntó en una carta dirigida al periódico Star publicada el 24de setiembre de 1888: “…Mientras nosotros convencionales SocialDemócratas, desperdiciábamos nuestro tiempo en educación, agitación yorganización, cierto genio independiente tomó el asunto en sus manos ymediante el simple asesinato y destripamiento de cuatro mujeres convirtióa la prensa propietaria en una forma inepta de comunismo…”1. No hay certeza sobre si el psicópata perpetró más crímenes que loscinco que se le adjudican y tampoco se sabe si ejecutó algún homicidiofuera de los márgenes de Whitechapel y sus barrios aledaños. Sin embargo, no existen registros firmes sobre asesinatos llevados acabo con igual modus operandi por aquel tiempo en otros rincones de lagran isla británica.1 Cullem, Tom, Otoño del Terror, citado en acápite, Ediciones Ultramar, 1ª edición, 1993. 7
  8. 8. Por esta razón, los especialistas en el asunto mantienen ciertoconsenso al estimar que las mujeres eliminadas a manos del maníacoresultaron cinco. Aquí se sigue la opinión pronunciada por el Inspector de ScotlandYard Sir Melville Macnaghten quien con enfática redundancia declaró queel Destripador habría cobrado “cinco víctimas y nada más que cinco”2. No obstante, aunque se evade del modelo delictual que en losposteriores homicidios se diseñaría, otro de sus asesinatos podría haber sidoel perpetrado sobre la meretriz de treinta y cinco años Martha Turner,también conocida como Martha Tabran o Tabram por su apellido decasada, la cual fue ultimada mediante treinta y nueve cortes incisopunzantes asestados en la madrugada del 7 de agosto de 1888. No hubo destripamiento en dicha oportunidad y las heridasinflingidas difieren de las que se infirieron en los casos venideros. En especial estaba ausente el degollamiento que de izquierda aderecha del cuello se provocaba a las asesinadas, preludio de laevisceración que era practicada sobre los cadáveres y que se considerócomo la “marca de fábrica” del criminal. Los acontecimientos en torno a esta muerte serían tal como se haseñalado: “...Martha Turner murió a manos de un asesino que utilizaba uncuchillo. Turner conocida también como Tabram, era una mujer casadaque se ganaba la vida como prostituta. Ese día festivo Turner, como lamayoría de los habitantes del East End, había salido a divertirse, lo que ensu caso significaba pasar casi todo el día en las tabernas. Estuvo toda lanoche bebiendo en el Angel and Crown, cerca de la iglesia de Withechapel,y hablando con un soldado con quien salió cuando la taberna cerró. Estafue la última vez que la vieron con vida. Alrededor de las tres y media de lamañana, Albert Crow, un cochero que regresaba a su casa en el número 35de los edificios de George Yard, vio que alguien yacía acurrucado en eldescansillo del primer piso. Pasó rápidamente de lado, impaciente sinduda por acostarse y, en todo caso, pensando que la forma inertepertenecía a un borracho. Como a las cinco de la mañana John Reeves,empleado de uno de los mercados, salió de su habitación para dirigirse altrabajo. Al bajar la escalera, vio que una mujer yacía en el descansillo enun charco de sangre. Dio la alarma y la policía acudió prontamentemientras amanecía el nuevo día... La policía conocía a la prostituta detreinta y cinco años porque abordaba regularmente a los hombres en losmuelles y la zona de Tower Hamlets. Como la última vez que la vieron vivaiba acompañada de un soldado, las sospechas recayeron naturalmente2 Casebook Jack the Ripper, sitio web en Internet. 8
  9. 9. sobre la guarnición de la Torre de Londres. Se llevó a cabo un desfile desospechosos para identificar al soldado, y el que había acompañado aTurner dio un paso adelante y pudo probar que volvió a unirse acamaradas de la compañía alrededor de la una y media de la mañana.Esto era mucho antes de la hora en que se creía que había sido asesinadala mujer; en todo caso, la habían visto regresar sola al Angel and Crowncomo a la una cuarenta de la madrugada...”3. Corrió el pertinaz rumor de que este crimen pudo haber sidoocasionado por uno o más integrantes de bandas de rufianes queamedrentaban a las meretrices reclamándoles dinero. De tales pandillas la conocida indistintamente por los motes de “TheNichols Boys” –“Los Muchachos de la calle Nichols”– o “The OldNichols” –“Los Viejos de la calle Nichols”– era conceptuada como la máspeligrosa y violenta que operaba en aquel suburbio, por lo que fue objetode indagatoria y estrecha vigilancia por parte de la policía. La inclusión de pandillas como la citada en artículos de prensa y enpelículas sobre Jack the Ripper ha resultado frecuente. Sin embargo, el valor real que reviste tal inclusión más que ostentarun fundamento histórico parecería ser el de servir para decorar y conferirleun toque pintoresco a la trama. Aunque ciertamente personajes de tan baja estofa como éstospoblaban la malhadada localidad de Whitechapel. Por ejemplo, en el film “From Hell” dirigido por los hermanosHugues los espectadores podrán ver a esos malvados acosando a las futurasvíctimas de Jack al extremo de acercarles puñales a sus cuellos bajo laamenaza de matarlas si no les traían en pocas horas varias libras esterlinascada una para saldar el pago de sus pretendidos servicios por protección, ycosas por el estilo. En un artículo moderno se hace referencia a ellos anotando: “...Labanda del Old Nichol –era– un grupo de proxenetas y rufianes de la peorcatadura, que tenía atemorizadas a las prostitutas del barrio, se habíavuelto cada vez más exigente y ya había apuñalado a un par de mujeresque no habían conseguido dinero suficiente como para pagar la“protección”. De hecho, cuando comenzaron las macabras andanzas delDestripador, ésta y otras bandas similares constituyeron el grueso de losprimeros sospechosos investigados por la policía…” 4.3 Wilson, Colin y Odell, Robin, Jack el Destripador. Recapitulación y Veredicto, traducción deCristina Pagés, Editorial Planeta, 1ª edición, 1989, págs. 32 y 33.4 Camacho, Santiago, 20 Grandes Conspiraciones de la Historia, Editorial El Ateneo, Buenos Aires,1ª edición, 2003, pág. 92. 9
  10. 10. De todos modos, aunque la muerte de la infortunada Martha pudierahaberse debido a la intervención de canallas como los referidos tampoco sedescarta que el suyo constituyera el inicial crimen protagonizado por lafigura anónima que más adelante se erigiera en el homicida serial destinadoa adquirir mayor renombre en la historia. La matanza se llevó a término en medio de un frenéticoacuchillamiento donde el criminal no le sustrajo órganos al cadáver ni, enapariencia, practicó sobre éste ninguna clase de ritual. A pesar de ello, y conforme se indicase, hay autores que igualmenteestiman con fundadas razones que Martha Tabram habría representado laprimera presa del psicópata al que luego se bautizara con el seudónimo de“Jack el Destripador”. Se conjetura que este primigenio episodio hizo las veces de unensayo para el asesino, y en todo ensayo se pueden cometer errores. En esta vena se ha afirmado: “...El psicópata suele acechar a suvíctima antes de establecer contacto con ella, y durante ese períodoalimenta sus fantasías violentas. A veces realiza simulacros con objeto deponer a prueba su modus operandi y planea con sumo cuidado sus actospara asegurarse el éxito y la impunidad. Los ensayos pueden prolongarsedurante años antes del violento debut, pero ni la práctica ni las estrategiasgarantizan una actuación perfecta. Los errores ocurren, sobre todo en elestreno, y el que cometió Jack el Destripador en su primer asesinato fuepropio de un aficionado... Cuando Martha Tabram condujo a su asesino alrellano del primer piso del número 37 de George Yard Buildings, él lecedió la el mando a ella, arriesgándose sin saberlo a que su plan setorciera. Quizás el territorio de Martha no fuese el escenario que él teníaen mente. Acaso sucediera algo más que él no había previsto, como uninsulto o una provocación... Más de un siglo después de los hechos nopuedo reconstruir lo que sucedió en aquel rellano oscuro y maloliente,pero está claro que el asesino montó en cólera. Perdió el control... Fueracual fuese su móvil, debió de aprender una valiosa lección de su brutalataque a Martha Tabran: perder el control y asestar treinta y nuevepuñaladas a una persona es una guarrada. Aunque no dejase huellas desangre en el rellano ni en ninguna otra parte –suponiendo que los testigosofrecieran una descripción fidedigna del escenario del crimen–, debió demancharse las manos, la ropa y la puntera de las botas o de los zapatos, loque dificultaría su huida...”5.5 Cornwell, Patricia, Retrato de un asesino. Caso Cerrado, traducción de María Eugenia Ciocchini,Ediciones B grupo Z, 1ª edición, 2003, págs. 40, 41, 43 y 44. 10
  11. 11. Otro homicidio del que cabe aquí dejar constancia, y al cual en laépoca de acontecer estos crímenes se lo reputó como firme candidato ahaber sido el primer asesinato del mutilador victoriano, fue el concretadocontra la persona de una veterana meretriz alcohólica de cuarenta y cincoaños llamada Emma Elizabeth Smith. Esta mujer resultó brutalmente atacada en circunstancias confusas el3 de abril de 1888 presuntamente por una pandilla de rufianes -como los yamencionados “The Old Nichols”- dedicados a explotar a las prostitutasexigiéndoles dinero por “protección”, y su deceso se produjo en el Hospitalde Londres de Whitechapel Road el día siguiente al de la agresión quesufriera falleciendo como consecuencia de una peritonitis originada porgravísimas heridas que incluyeron la salvaje introducción de un palo,botella o instrumento similar en su vagina. Pero la primera víctima “oficial” e indiscutida de Jack el Destripadorla constituyó Mary Ann Nichols, conocida en su ambiente por el apodo de“Polly”, cuyo deceso acaeció durante la noche del 31 de agosto de 1888. Su cadáver encontrado en plena acera exhibía un amplio tajo en lagarganta acompañado de profundas heridas que habían interesado suabdomen y su región genital dejando al descubierto sus vísceras. Polly Nichols era una prostituta alcohólica que había experimentadotiempos mejores, pero a sus cuarenta y dos años iba rumbo a un destinodeclinante y malvivía pernoctando en míseras pensiones. La última de las que habitó se asentaba en pleno corazón deWhitechapel, en la calle Thrawl, a escasos metros de donde terminaría tantrágicamente su existencia y la noche en que perdiera la vida, en particular,habría sido expulsada por su casero por no contar con los cuatro peniquesnecesarios para abonar el precio que por día costaba una cama. Esa víspera le comentó a una compañera de oficio que habíaobtenido tres veces el importe preciso para pagarse la estadía pero que enlugar de hacerlo prefirió gastárselo en comprar ginebra. Sin embargo, estaba dispuesta a hacer un último intento y estabasegura de tener éxito, por lo que se arregló sus modestas vestimentas lomejor que pudo y jactándose de lo bien que le quedaba el sombrero nuevoque esa noche estrenaba aseguró que pronto conseguiría el dinero con elcual alquilaría la habitación. Le pidió al encargado de la pensión que le reservara una camaporque pronto regresaría con la suma debida para pagarla y salió de allí conpaso inseguro a causa de la ingesta del alcohol que saturaba su organismo aesa altura de la noche. 11
  12. 12. No podía imaginar, por cierto, que le estaba deparada una muerteatroz a poco de caminar unas escasas cuadras. El mutilado cadáver de “Polly” fue descubierto cerca de las 3 y 45de la madrugada del 31 de agosto de 1888 por el policía John Neil mientrascumplía su patrullaje de rutina por la zona de Bucks Row. Tal como se ha descrito: “...Cuando dirigió el haz de luz de sulinterna de lente abombada a la entrada, el policía Neil se dio cuentainmediatamente de que el fardo amorfo era el cuerpo de una mujer. Yacíade espaldas, con un brazo cerca de la verja del establo y el otro estiradosobre el suelo; su toca de paja negra se encontraba a corta distancia. A laluz de la lámpara, el policía Neil vio una horrible cuchillada en el cuellode la mujer, de la cual la sangre había salido en pequeños chorros hacia elarroyo. Lo que Neil no sabía en ese momento era que el cuerpo había sidodescubierto ya por un cargador del mercado, de camino al trabajo. GeorgeCross había encontrado el cuerpo en la semioscuridad, alrededor de lascuatro de la mañana, cuando caminaba Bucks Row abajo. Al principiocreyó que se trataba de una lona alquitranada que se había caído de unacarreta, Cuando la examinó más de cerca, se dio cuenta de que la formaera la de una mujer postrada. Sin el beneficio de una luz, creyó queprobablemente estaba borracha, pero cuando vio que su falta había sidolevantada hasta la cintura, pensó que era la víctima de una violación.Cross seguía examinando la situación cuando otra persona que caminabaa esa temprana hora, John Paul, llegó calle abajo. “Ven a ver a estamujer”, le dijo Cross y, como pensaba todavía que estaba borracha,sugirió que ambos la levantaran. Paul se negó a ayudarlo y, en cambio, sedobló para tocar el rostro y las manos de la mujer; estaban muy frías.Indicó que creía que había muerto y le bajó la falda para proteger supudor. Los dos hombres decidieron avisar a un policía y fueron a buscarlosin saber que el cuerpo que habían encontrado había sido acuchillado enla garganta, de oreja a oreja, y su abdomen rajado... El cuerpo era el deuna mujer de entre cuarenta y cuarenta y cinco años, pero no se supo deinmediato su identidad. Varias mujeres que creían poder identificarlavisitaron el depósito en el transcurso del día, más, aparte de satisfacer sucuriosidad, ninguna reconoció el cadáver. El sello de uno de los asilos deLambeth en una de las enaguas de la mujer proporcionó una pista. Graciasa ello, el inspector Helson pudo descubrir la identidad de la muerta. Loshabitantes de la calle Thrawl, en Spitalfilds, la conocían como “Polly” y,finalmente, se supo que se llamaba Mary Ann Nichols, una prostituta decuarenta y dos años...”6.6 Recapitulación y Veredicto, págs. 33, 34 y 35. 12
  13. 13. Circuló con insistencia la hablilla de que la policía creía que PollyNichols y también Martha Tabram habían sido asesinadas en un lugardistinto a donde finalmente se hallaron sus cuerpos y que luego fuerontrasladadas en algún carruaje. En particular, en el caso de Mary Ann Nichols habría llamado laatención, aparte de la escasa cantidad de sangre percibida a su alrededor, loseco que estarían su cuerpo y sus ropas pese a la lluvia que había caído enla noche del crimen. Pero se trató de simples conjeturas y rumores que ni siquiera fueronrelacionados en el ulterior sumario que al efecto se levantara. La instrucción judicial culminaría con una declaración del juradoconvocado a tales fines en la cual se dejó constancia de que la occisa habíaperdido la vida a manos de persona o personas desconocidas. Esta misma conclusión se repetiría como una letanía en los próximossumarios que las venideras muertes irían a provocar. El segundo homicidio incuestionable de esta vesánica saga tuvoefecto el sábado 8 de setiembre de 1888 en cuya madrugada el cadáver deAnnie Chapman de cuarenta y cinco a quien sus allegados llamaban “Anniela Morena” fue hallado frente al patio trasero de una casa de inquilinato sitaen el número 29 de la calle Hanbury, lugar frecuentemente utilizado por lasmeretrices para ejercer el comercio sexual. Esta desdichada era baja de estatura y obesa, aunque en realidad noestaba bien nutrida y, además, sufría los estragos de una enfermedadpulmonar grave tan avanzada que el médico forense examinante dejaríaconstancia en su reporte que la occisa estaba destinada a fallecer en lospróximos meses a consecuencia de ese mal por más que no hubiera entradoen escena su victimario. Había estado casada y tenía dos hijos. Abandonada por su marido a raíz de su afición a la bebida hacíatrabajos ocasionales para sobrevivir como vender flores y labores deganchillo en ferias vecinales y, ocasionalmente, cuidar a ancianos. No obstante, la necesidad la forzaba a prostituirse y, al igual quesucedía con las otras víctimas, pernoctaba en albergues de la peor catadura. Los momentos precedentes a su patético fin han quedado registradosen diversos relatos, a saber: “...Hacia las once y media de la noche del 7 deseptiembre, Timothy Donovan, encargado del albergue de Crossingham,dejó entrar a Annie Chapman en la cocina, la que sacó del bolsillo unacajita que contenía dos píldoras. La caja se rompió y entonces ella 13
  14. 14. envolvió las píldoras en un sobre roto que encontró tirado en el suelo. Acontinuación dijo que salía a ganarse algún dinero. Annie Chapman fuevista por última vez por la señora Elizabeth Darrell, parada en la aceradel número 29 de la calle Hanbury. La hora no se conoce con exactitud,pero fue entre las 5 y las 5,30 de la mañana. Estaba hablando con unhombre “que había conocido tiempos mejores”, y la señora Darrell pudooír que le preguntaba: ¿Lo harás? Sí. Respondió ella...”7. La deponente llamada Mrs. Elizabeth Darrel fue designada comoElizabeth Long de acuerdo con otras descripciones pero se considera que setrató de la misma persona a la cual se la conocía a través de dos apellidosdiversos. Respecto de dicha testigo también se indicaría que: “...caminaba porHanbury Street en dirección al mercado de Spitalfiels cuando vio a unhombre que charlaba con una mujer a unos metros de la valla que rodeabael número 29 de Hanbury, donde una hora después encontrarían elcadáver de Annie Chapman. En el proceso la Sra Long declaró que sabía“de fijo” que la mujer era Annie Chapman...”8. Otro testificante lo constituyó Mr. Albert Cadosh quien: “...vivía enla casa de al lado, en el número 25 de Hanbury, cuyo patio trasero lindabacon el número 29 y estaba entonces separado de éste por una vallaprovisional de madera que medía entre un metro con cincuenta y cincocentímetros y un metro con setenta. Más tarde declaró a la policía que alas cinco y veinticinco salió al patio y oyó que alguien exclamaba “no” alotro lado de la valla. Al cabo de unos instantes, algo pesado chocó contralas estacas. No trató de averiguar qué había causado el ruido ni quiénhabía dicho “no”...”9. Igualmente depondría en la misma emergencia una vendedora depescado de nombre Harriet Hardiman que era vecina del lugar dondeacaeciera el deceso en tanto se alojaba en la pensión en cuyo pasaje internose halló el cadáver. Esta señora aseveró estar convencida de que eran las seis de lamañana cuando la despertó un alboroto procedente desde el exterior. Acotó, al responder en aquella indagatoria, que ruidos como los queoyó en ese momento eran normales allí y explicó que los residentes delnúmero 29 de la calle Hanbury entraban y salían a todas horas de maneraque tanto la puerta trasera como la delantera quedaban siempre abiertas y7 Jack el Destripador. Diario, comentario de Harrison, Shirley, traducción de Jordi Mustieles,Ediciones B grupo Z, 1ª edición, 1993, pág. 138.8 Retrato de un asesino, pág. 165.9 Retrato de un asesino, pág. 166. 14
  15. 15. otro tanto sucedía con la puerta de ingreso del pasadizo que conducía alpatio interior. A partir de testimonios del tenor de los supra mencionados lasautoridades dedujeron que era fácil penetrar al pasaje donde la desgraciadaAnnie perdiera la vida y que seguramente ella se dirigió a ese lugarvoluntariamente en compañía de su asesino suponiendo que aquél hombresólo era un cliente más. La persona destinada a encontrar el cuerpo sin vida fue John Davis,un mozo de cuadra que vivía en la referida casa de inquilinato. Cuando salió de la pensión rumbo a su trabajo en el mercado deSpitalfieds se llevaría la muy ingrata sorpresa de toparse con el desfiguradocadáver de esta víctima yaciendo sobre el suelo del patio a medio caminoentre la casa y la valla. Unos pocos instantes previos a concretarse ese hallazgo otroresidente de la pensión apellidado Richardson se había sentado muytranquilo sobre los escalones de piedra existentes en la entrada y, una vezallí, se dedicó a reparar un calzado estropeado. Y aunque Annie Chapman por fuerza ya debía de hallarse muertacuando el joven se entretenía con dicha tarea éste se mantuvo muy firme alasegurar en el sumario que no había visto ni oído nada extraño. Momentos después de acaecido el macabro descubrimiento porcuenta de John Davis los curiosos se aproximaron a la escena del crimen. El espectáculo que ante sus ojos ofrecía el cuerpo mutilado de lamujer resultaba por demás conmovedor. Y es que el cuello de esta difunta aparecía seccionado de formasimilar al de la anterior víctima pero en este caso exhibía incisiones tanhondas y salvajes que daban a entender que el maníaco había tratado dedecapitarla. Asimismo le habían practicado la extracción del útero y de porcionesde la vejiga y la vagina. La autopsia sería encomendada al médico forense Dr. GeorgeBagster Phillips. Según se dijera, los resultados del análisis sobre las mutilacionesinflingidas fueron considerados: “...tan horripilantes que no se dieron aconocer al público, aunque se publicaron en un número posterior de larevista médica The Lancet... el médico encontró que el rostro y la lenguade la mujer estaban hinchados y que había magulladuras en la cara y elpecho, el dedo anular presentaba también señales de abrasión donde los 15
  16. 16. dos anillos de latón habían sido sacados a la fuerza. El cuello había sidocortado de izquierda a derecha con dos incisiones paralelas biendeterminadas como a un centímetro de distancia una de otra. El abdomenhabía sido abierto por completo y una parte de los intestinos, seccionadade su sostén mesentérico, le habían sacado el abdomen y colocado en elhombro izquierdo de la mujer postrada, mientras que, de la región pélvicadel cuerpo, el útero y los ovarios, parte de la vagina y una parte de lavejiga habían sido seccionadas totalmente y arrancados. Comprobó que lacausa de la muerte fue un sincope o fallo del corazón debido a una pérdidamasiva de sangre por el cuello cortado...”10. El violento final de “Annie la Morena”, operado sólo una semanadespués de tener efecto el similar homicidio de “Polly”Ann Nichols,incrementó grandemente el temor y la zozobra entre los habitantes de losbarrios bajos quienes intuían que un mismo sujeto era el culpable de losdesmanes y que de seguro los volvería a repetir a menos que fueseaprehendido. Luego de ocurridos estos trágicos sucesos un grupo compuestoinicialmente por dieciséis comerciantes del East End se reunió para dargénesis al que dio en llamarse “Comité de Vigilancia de Whitechapel” elcual tuvo por Presidente al empresario constructor Mr. George Akin Lusk. A cargo de estos animosos ciudadanos se emprendieron patrullajesnocturnos por las callejuelas próximas a donde se habían concretado loscrímenes proporcionándose de tal suerte un inesperado apoyo civil a lalabor de la policía. A todo esto, el responsable de tanta conmoción todavía no erareconocido por la prensa bajo el mote o alias que con el correr del tiempo lereportaría su histórica notoriedad sino simplemente era designado bajo elmás modesto rótulo del “Asesino de Whitechapel”. Otro acontecimiento digno de destaque que se verificó luego delatentado contra Annie Chapman fue que la policía detuvo en calidad desospechoso a un zapatero de procedencia hebrea llamado John Pizer al cualel periodismo motejó “Delantal de Cuero” por la prenda que usaba paraejercer su oficio. Algún tiempo más tarde esta persona fue puesta en libertad porinsuficiencia de pruebas en su contra e incluso le ganó a un periódico localun juicio por difamación obteniendo así una indemnización de modestomonto.10 Recapitulación y Veredicto, pág. 41. 16
  17. 17. Los homicidios tercero y cuarto de la serie indiscutida tuvieron lugarambos durante la madrugada del 30 de setiembre de aquel fatídico año yestuvieron separados por un lapso temporal de menos de una hora. A los luctuosos hechos verificados aquella noche se los calificó conel nombre de “el doble acontecimiento”. La mujer de origen sueco apodada “ Long Liz” de cuarenta y cincoaños de edad cuyo apellido de soltera era Gustafsdotter pero a la cualentonces se la conocía por su nombre de casada -Elizabeth Stride- fuehallada muerta con el característico profundo corte inflingido de izquierdaa derecha en su cuello. Su cuerpo exánime yacía tendido en un oscuro pasaje próximo a laentrada de un local político situado en la calle Berner. Al momento de cometerse el letal ataque se celebraba en ese clubuna reunión que venía concluyendo, tal como era la costumbre, en mediode alegres canciones de corte socialista entonadas por los participantes. Según toda la apariencia, esta vez el asesino no dispuso de tiemposuficiente para saciar su sed mutiladora, tal vez al resultar interrumpido porla presencia de un ocasional transeúnte. Aunque con algunas variantes, las circunstancias que rodearon elhallazgo del cadáver de Elizabeth Stride se han descrito como siguen: “...Ala una de la madrugada, Louis Diemschutz, administrador del ClubEducativo Internacional de Trabajadores sito en la calle Berner, regresó alclub con su pony y su carro. Pese a lo avanzado de la hora, los ocupantesdel club seguían divirtiéndose, bailando y cantando... Al dar la vuelta paraentrar al callejón, el pony de Diemschutz se asustó y se negó a seguir. Trasuna segunda negación del pony, Diemschutz se bajó del carro y,percibiendo un obstáculo en la oscuridad, hurgó con su fuste. Algo yacíaen los adoquines, pero Diemschutz no pudo distinguir lo que era hasta queno encendió una cerilla. En el segundo de iluminación que le proporcionóla cerilla encendida, antes de que la brisa nocturna la apagara, eladministrador vio el cuerpo de una mujer. Su primer pensamiento fue quela mujer se encontraba borracha. Entró al club a buscar una vela y,seguido por varios miembros del mismo, regresó al callejón. Levantaron ala mujer y vieron una herida en su cuello. Su ropa se hallaba mojada, pueshabía llovido ligeramente, y su cuerpo estaba todavía tibio... Se sugiriótambién que el pony del administrador se habría asustado menos debido alcuerpo que yacía en el suelo que a la percepción de la presencia delasesino en la total oscuridad...”11.11 Recapitulación y Veredicto, pág. 50. 17
  18. 18. Este crimen o, cuando menos, los actos inmediatamente previos almismo habrían sido presenciados por testigos. En especial cabe recordar a uno de ellos –Israel Schwartz– quienextrañamente no depuso en el sumario instruido tras el homicidio sino quesus declaraciones fueron sólo reproducidas por la prensa mediantepublicaciones de los periódicos Star y Evening Post. Si tomamos en cuenta lo narrado por este hombre: “...Schwartzaseguró haber visto desde el extremo opuesto de al calle a un hombre queabordaba a una mujer parada junto al portillo del patio. El hombre laarrojó al suelo y la metió en el callejón a empujones. Schwartz dijo que “lamujer dio tres gritos, pero no muy fuerte”. Según su descripción, el hombretendría unos 30 años de edad, y llevaba un bigotito castaño y una gorracon visera negra... Hacia la misma hora, declaró Schwartz, salió unsegundo hombre de la cervecería situada en la esquina de la calleFairclough y se detuvo silenciosamente en la sombra. El atacante, al ver aSchwartz, gritó de pronto “Lipski”. Se trataba de un insulto, ya que Lipskiera un judío que había sido condenado por asesinato el año anterior. Aúnteniendo en cuenta la oscuridad de la noche lluviosa y la escasa fiabilidadde cualquier identificación visual, la descripción que dio Schwartz delsegundo hombre concuerda con la del individuo que fue visto ante el pub yla del que compró las uvas. A Schwartz le pareció que debía tener unos 35años de edad y un metro ochenta de estatura, con el cabello claro y unbigote color arena. Iba vestido con un abrigo oscuro y un sombrero defieltro de ala ancha, y llevaba un cuchillo. No obstante, el inspectorAbberline informó al Ministerio del Interior el día 1 de noviembre queSchwartz, que no hablaba inglés y necesitaba un intérprete, había dichoque el segundo hombre estaba encendiendo una pipa, no que llevaba uncuchillo...”12. Llegado a este punto deviene válido intercalar que en una carta confecha 6 de octubre de 1888 remitida presuntamente a este testigo unbromista o, quizás, el verdadero asesino, tras iniciar el mensaje con la frase:“Te creíste muy listo cuando informaste a la policía”, le advertía que seequivocaba si pensaba que no lo había visto. Concluía sus líneas con la amenaza de asesinarlo y mandarle lasorejas a su mujer si enseñaba la carta a la prensa o si ayudaba a la policíade cualquier manera. ¿Y qué había sido del criminal entre tanto?12 Jack el Destripador. Diario, págs. 152 y 153. 18
  19. 19. Sabemos que interrumpido en su sanguinaria faena salió prestamenteen busca de una nueva víctima con la cual saciar su frenesí mutilador sinreparar en los crecientes riesgos de ser atrapado. Conforme se ha especulado: “...El Destripador tuvo tiempo de sobrapara escapar mientras Luis Diemschutz corría a buscar una vela y antes deque los miembros del club salieran a ver que había ocurrido. Poco despuésde que comenzara la conmoción, una mujer que vivía unas puertas másallá, en el número 36 de Berner Street, salió a la calle y vio a un hombrejoven que andaba con paso ligero en dirección a Comercial Road. Según lamujer, éste alzó la vista hacia las ventanas iluminadas del club, y llevabauna brillante cartera Gladstone, muy popular en aquella época y parecidaa un maletín de médico...”13. Tras ejecutar su primer ataque de aquella noche el psicópata setoparía con Catherine Eddowes, mujer de cuarenta y tres años,eliminándola con más saña aún que la empleada en las situacionesanteriores. También aquí el inicial acto homicida consistió en el clásico corteprofundo inferido de izquierda a derecha en la garganta de la occisa. Ciertos autores sostienen que antes de asestar la cuchillada decisivael criminal estrangulaba de frente a su presa para hacerle perder laconciencia, luego la derribaba al suelo con la cabeza hacia su izquierda y leseccionaba la garganta desplazando el arma blanca hacia sí a fin de que elchorro de la sangre arterial se proyectara en dirección contraria evitandomancharse, lo cual sugería que era diestro 14. A esta eventual maniobra previa de estrangulación practicada paradejar en indefensión a la persona agredida se la conoce actualmente a nivelde medicina forense bajo la denominación de “...anestesia previa deBruoardel –a través de la cual–...se coloca a la víctima en estado deindefensión mediante un mecanismo lesivo y se la conduce a la muerte porotro...”15. A escasas cuadras del escenario fatal se halló sobre la vereda untrozo de delantal empapado en sangre perteneciente presuntamente a estadifunta y que el matador habría usado para limpiarse sus manos. En la pared que daba frente a la zona donde se había arrojado laprenda se podía leer una inscripción trazada con tiza cuyo texto contenía13 Retrato de un asesino, pág. 232.14 Recapitulación y Veredicto, pág. 56.15 Silva, Daniel y Torre, Raúl, Investigación criminal de homicidios seriales, Editorial GarcíaAlonso, Buenos Aires, 1ª edición, 2004, pág. 159. 19
  20. 20. una extraña alusión a que los judíos serán los hombres a los que no seculpará de nada. La interpretación a otorgarse a aquel graffiti victoriano determinaríainterminables discusiones que aún al presente subsisten y que dieron origena las hipótesis más variopintas. Muy llamativa fue igualmente la circunstancia de que el asesino trasatacar a Elizabeth Stride haya salido de la jurisdicción de la PolicíaMetropolitana inglesa para internarse dentro del ámbito de competenciareservado específicamente a la llamada “Policía de la City” londinense. Cabe preguntarse si tal actitud fue deliberada para generar confusiónen las fuerzas del orden. Lo cierto es que apenas se estaban congregando los agentespoliciales y los curiosos en torno al cadáver de “Liz Long” Stride unaspocas calles más hacía el oeste en Aldgate, avenida en donde se ubica laplaza Mitre, el Destripador ultimaría a su segunda presa de aquella noche. Atento a una descripción que con respecto a este infausto evento sediera: “...corrió rápidamente la sensacional noticia de que, esa noche, unpolicía que hacía su ronda en la plaza Mitre encontró una segunda mujerasesinada... Watkins, un policía con diecisiete años de experiencia, nuncahabía visto algo como lo que yacía ante el haz de su lámpara esa noche.Atravesó la plaza corriendo, hacia el almacén de Kearley and Tongue,para pedir ayuda al velador de noche. Tocaron su pito varias veces y atodo volumen, como se hacía tradicionalmente, y los refuerzos llegaronrápidamente. Mandaron llamar al doctor George Sequiera, que vivía en elbarrio, y el inspector Collard llegó con el doctor F. Gordon Brown, elmédico de la policía. El comandante (posteriormente sería teniente coronely sir) Henry Smith, comisario en funciones de la policía de la City, pasabala noche en la comisaría de Cloak Lane, cerca del puente Southwark. Leinformaron del descubrimiento en Aldgate, se vistió inmediatamente y seapresuró a llegar a la escena del crimen en un cabriolé con tres detectivesen los estribos del vehículo... La identificación de la víctima no significómucha paz mental para el comandante Smith cuando se enteró de que conel nombre de Kate Kelly, la mujer había estado bajo la custodia de lapolicía por borrachera esa misma noche. A las 20.30, en Aldgate,encontraron a Catherine Eddowes, pues éste era su nombre verdadero,borracha e incapaz de mantenerse en pié y la llevaron a las celdas de lacomisaría de Bishopsgate para que se le pasara la embriaguez. Pocodespués de la medianoche pidió que la pusieran en libertad y, puesto queal menos podía caminar, le permitieron marcharse. Dio como nombre el de 20
  21. 21. Kate Kelly, y como dirección el número 6 de la calle Fashion,Spitalfields...”16. Un suplementario motivo de polémica lo ofreció el apellido falso queCatherine Eddowes pretextara como suyo ante los policías de la seccionaldonde se la había recluido bajo los cargos de ebriedad y escándalo público. Se sacó a colación la extraña casualidad de que en el local policialCatherine precisamente afirmara apellidarse “Kelly” siendo que tal apellidoera igual al de la próxima infortunada muerta por cuenta del maníaco. En la teoría de que estos crímenes integraron una conspiración a granescala esta coincidencia reforzó la suspicacia de que alguno de los agentesde la comisaría de Bishopsgate, inducido a error por el apellido dado porEddowes y creyendo que se trataba de Mary Jane Kelly, avisó de algunaforma al criminal para que éste llevara a cabo su maligna tarea. Y ello porque, de acuerdo con esa hipótesis, a esta última mujer se lahabía sindicado para ser eliminada por creérsela participante en un intentode chantaje en perjuicio de la Corona británica. De tal tentativa no formaría parte, paradójicamente, la asesinadaCatherine Eddowes pero se explica su muerte como fruto de unaequivocación padecida por el ejecutor y sus cómplices. Empleando argumentos de tal calibre se hará notar: “...cabepreguntarse la razón del especial ensañamiento con el cadáver deEddowes, la única que no pertenecía al grupo original de chantajistas.Eddowes fue confundida con Kelly. La razón de tal error es sumamenteinteresante. Esa misma noche, Catherine Eddowes había estado detenidaen la comisaría de Bishopsgate por escándalo público. Lo curioso de estehecho es que dio a los agentes un nombre falso; Mary Ann Kelly. No hayque ser muy suspicaz para suponer que alguien de la comisaría avisó alasesino o asesinos de que la última de las mujeres que estaban buscando,Mary Kelly, se encontraba detenida. De ahí también que se rubricara esteasesinato con una inscripción. Al fin de cuentas iba a ser el último y, portanto, merecía ponerle un punto final adecuado. Suponemos que ladecepción debió de ser mayúscula al descubrir que se habían equivocadode presa...”17. La poco creíble idea de que estos crímenes fueron el resultado de unasofisticada y malévola conspiración tuvo su génesis en el libro de StephenKnigh “Jack the Ripper. The final solution” y fue pasando por el tamiz deposteriores versiones que le añadieron nuevos ingredientes y variaciones.16 Recapitulación y Veredicto, págs. 51 y 52.17 20 Grandes Conspiraciones de la Historia, págs. 100 y 101. 21
  22. 22. Incluso en el dibujo gráfico “From Hell”, el cual posee la virtud deque su guionista aclara que su propuesta comporta sólo una fantasíaliteraria, se muestra a un corrupto policía dando aviso al allí designadocomo Destripador –que en esa historia está encarnado en el médico de laCorona Dr. William Gull– para que siga los pasos de la presunta Mary JaneKelly y acabe con ella. Una vez apagados los ecos del doble crimen de aquel fatídico 30 desetiembre se produjeron dos situaciones peculiares. En primer lugar, la prensa arreció concediendo gran difusión al temade los asesinatos el cual pasó a ser tapa de portada en la mayoría de los casidoscientos periódicos que entonces se publicaban en el país. El pánico de los habitantes del distrito aunado al sensacionalismocreciente que tomaba el caso comenzaría lentamente a forjar una historiacon ribetes legendarios. Por si algo le había faltado a la trama ahora había adquirido estadopúblico el apodo del hasta entonces anónimo matador. Y es que el pegadizo mote de “Jack el Destripador” fue determinantepara asentar la fama de la cual gozaron estos crímenes. En nuestra época llamaríamos a esto marketing. No cabe dudar que de no haber sido por el inspirado nombre con queeste asesino se bautizó a sí mismo –o fue bautizado por otros– suscrímenes, pese a lo espantosos que fueron, habrían quedado relegados en elolvido siendo opacados por la cantidad de víctimas logradas por homicidasseriales más modernos. Sin ir más lejos en 1994 se ajusticiaría en la entonces UniónSoviética a Andrei Romanovich Chikatilo bajo el cargo de cincuenta y tresasesinatos y, años más tarde, en Latinoamérica Luis Alfredo Garavito seríacondenado a reclusión perpetua acusado de ocasionar casi doscientasmuertes infantiles. En segundo orden, parecía estarse operando un intervalo. No se sumaban nuevos crímenes. El culpable parecía replegarse y descansar. Ahora, cuando más inquietud se había generado en la población y elbrumoso perfil del matador de prostitutas empezaba a cobrar forma en laimaginación colectiva; ahora, cuando el anodino “Asesino de Withechapel”había sido sustituido por el muy concreto “Jack el Destripador” el criminaldejaba de golpear y se esfumaba. 22
  23. 23. Ningún homicidio con su sello se verificó durante el mes octubre de1888 en Whitechapel ni tampoco en el resto de Inglaterra. Hasta quedaba la sensación de que el psicópata estabadeliberadamente creando un clima de “suspense” para fomentar en supúblico la mayor expectación posible. O tal vez se había vuelto más cauteloso a medida que percibía comose hacía sentir la intensa presión de la búsqueda y se iba acentuando laposibilidad de ser atrapado. El despliegue policial no tenía precedentes. Se requisaron las casas, tabernas y pensiones del distrito. Los miembros civiles del Comité de Vigilancia cooperabanpatrullando día y noche por las calles más peligrosas. Los afiches con el texto y la letra de las cartas que presuntamenteJack había enviado a la prensa y a la policía se reproducían en lascomisarías y por distintos lugares de la vía pública. Hasta se había llegado a recurrir al uso de perros sabuesos puestos ala orden de las autoridades para perseguir al homicida tras olfatear lasangre de una nueva víctima. El 11 de octubre de 1888 el mayor jerarca policial de Inglaterra SirCharles Warren intervino en un simulacro realizado en plena vía públicacon los dos mejores sabuesos del país “Barnaby” y “Burgho” donde sepuso a prueba la capacidad de estos animales para perseguir pistas por lacuidad. Sin embargo, los canes perdieron el rastro del señuelo y el resultadodel experimento fue más bien decepcionante. De cualquier forma, y aunque dando palos de ciego, se volvíaevidente que la cacería se hallaba en pleno apogeo. ¿Presintiendo su aprehensión, se habría acobardado Jack elDestripador? ¿Cambiaría al menos de escenario buscando uno menos riesgosodonde proseguir sus ataques? Pronto la población saldría de dudas. Así fue que en los primeros días de noviembre de aquel año todaGran Bretaña se vería estremecida al enterarse que había tenido efecto unode los asesinatos más horrorosos e indignantes de sus anales criminales. 23
  24. 24. La orgía de sangre desatada por el psicópata llegaría al paroxismocon el crimen de la más joven y atractiva de sus víctimas, Mary Jane Kellyde 25 años, a la cual literalmente descuartizaría dentro del estrecho interiorde una miserable chabola sita en el número 13 de Miller´s Court durante lamadrugada del 9 de noviembre del trágico otoño de 1888. Mary estaba atrasada en el pago de la renta del cuchitril que ocupabay en el cual había convivido hasta apenas unos días atrás con un peón de laconstrucción de nombre Joseph Barnett, pero ese hombre se retiró de lavivienda porque, a estar a la versión que luego suministró a la policía,Kelly había llevado a vivir con ella a una prostituta. En realidad no se supo si María Harvey, que así se llamaba estamujer, era una meretriz o se ganaba la vida trabajando como lavandera. Y tampoco quedó nunca aclarado si ésta mantenía con Mary JaneKelly una relación lésbica como se ha sugerido 18. Joseph Barnett antes de hacer abandono del lecho de su concubinahabía protagonizado con ella varias peleas y en medio de una de estasrefriegas se arrojaron toda clase de objetos rompiendo el vidrio de laventana contigua a la puerta de entrada. De acuerdo con la versión proporcionada por aquel ex concubinohabían perdido la llave de la única puerta de ingreso y tomaron lacostumbre de abrirla desde adentro introduciendo la mano por la aberturadel vidrio quebrado. La desaparecida llave del triste hogar de esta atractiva víctimarepresentaría todo un misterio puesto que al suceder el crimen la habitaciónse hallaba cerrada por dentro y fue preciso derribarla para dar ingreso a lospolicías y médicos forenses. El mutilado cadáver tuvo por descubridor a Thomas Bowyerconocido como “Indian Harry” por tratarse de un militar retirado delejército inglés de la India quien mejoraba los ingresos de su magrajubilación trabajando como empleado de comercio al servicio de Mr. JohnMc Carthy, dueño de las miserables habitaciones ocupadas en su mayoríapor mujeres de la vida como la difunta Kelly. En horas de la mañana del domingo 9 de noviembre de 1888 eldependiente se apersonó al número 13 de Miller´s Court para tratar decobrar la renta adeudada.18 Moore, Alan y Campbell, Eddie, From Hell, traducción de Jaime Rodríguez y Nuria Barba,Editorial Planeta de Agostini, 2da edición, 2003, viñetas de pags. 323 a 325. 24
  25. 25. Afuera podía oírse el jolgorio de un día festivo para los londinensesen el cual se celebraba la fiesta del Lord Mayor, título que recibe el Alcaldede Londres, York y otras ciudades importantes del Reino Unido. El macabro hallazgo que Mr. Bowyer tendría la desgracia de hacerfue relatado en los siguientes términos: “...Eran alrededor de las 10 y 45de la mañana del 9 de noviembre, y un gentío jubiloso se dirigía acontemplar el paso de la carroza dorada, una de las celebracionestradicionales que aún hoy acompañan la investidura anual de un LordMayor de Londres. La llamada de Bowyer no obtuvo respuesta.Introduciendo la mano por la ventana rota, apartó la mugrienta cortinaimprovisada y escudriñó el cuchitril que constituía el patético hogar deMary Jane Kelly. Sobre la cama empapada de sangre yacía todo lo quequedaba del cuerpo de la muchacha. Estaba desnuda, aparte de unmenguado camisón. Se había producido un resuelto intento de cortarle lacabeza. Tenía el estómago rajado, completamente abierto. Le habíanseccionado la nariz, los pechos y las orejas, y fragmentos de pielarrancados de la cara y los muslos yacían junto al cuerpo despellejado.Los riñones, el hígado y otros órganos estaban esparcidos alrededor delcadáver, que tenía los ojos muy abiertos, con una mirada fija yaterrorizada en el rostro mutilado y desfigurado...”19. Y prosiguiendo el relato de acuerdo a la descripción suministrada porotros comentaristas: “...Horrorizado, Bowyer regresó corriendo alcolmado de McCarthy y le soltó a éste lo que había descubierto. El tenderoy su ayudante volvieron corriendo a Miller´s Court y M´Carthy miró através de la ventana rota hacia la sangrienta escena del interior...McCarthy envió a su empleado a buscar ayuda a la comisaría de la calleComercial mientras el permanecía afuera del número 13 de Miller´s Court.El inspector Beck llegó prontamente y, tras una ojeada por la ventana,envió un telegrama pidiendo que fuera el superintendente de la división,Arnold. Notificaron al inspector Abberline de Scotland Yard y llamarontambién al doctor Phillips. Abberline llegó al lugar hacia las 11.30 y dioinstrucciones de acordonar Miller´s Court. La puerta del número 13 estabacerrada con llaves y los resultados de este último crimen tuvieron queobservarse a través de la ventana rota. Según el doctor Phillips, a lavíctima obviamente ya no le servía ninguna ayuda... Finalmente, a las 1330, el superintendente Arnold decidió responsabilizarse del asunto.Primero, ordenó que quitaran la ventana a fin de que se examinaraadecuadamente el cuarto y se pudiesen tomar fotografías. Cuando19 Jack el Destripador. Diario, págs. 54 y 55. 25
  26. 26. terminaron esta tarea, John McCarthy rompió la puerta con unpiquete...”20. ¡Parecía más la obra de un demonio que de un hombre! habríaexclamado Mr. John McCarthy, casero de la infortunada inquilina, aldeponer en el sumario subsiguiente dejando constancia de la terribleimpresión que le produjo el hallazgo que estremeció incluso a los másendurecidos policías que concurrieron a la tétrica habitación. Este brutal crimen puso punto final, según las apariencias, a la locuraasesina desatada por Jack. No se llegó nunca a procesar a nadie por las horribles muertes, y Mr.James Berry, quien ejercía por aquellos años el cargo de verdugo oficial deGran Bretaña no pudo ejecutar al culpable. A no dudar que lo hubiera ejecutado ya que la muerte en la horcaconstituía, de acuerdo a la legislación entonces imperante, el destino que laley y la sociedad agredida le reservaban al sádico personaje. Los homicidios seriales que se acaban de relatar acaecieron en unespacio y tiempo en extremo peculiar que contribuyó a dotarlos de laenorme trascendencia que poseyeron. Se enmarcaron dentro una época en la cual Inglaterra se erigía en laprincipal potencia mundial y su capital Londres representaba una de lasurbes más pobladas del globo con una población próxima a los diezmillones de personas. Su policía, la mundialmente célebre “Scotland Yard” era, porañadidura, altamente respetada en virtud de su profesionalismo y se la teníapor prácticamente infalible. Y precisamente, el fracaso en atrapar al primer homicida serial de lostiempos modernos provocó una conmoción tan aguda que determinó ladimisión del supremo jefe de la policía en tanto el General Charles Warrenrenunció el mismo día en que se cometió último homicidio de seguraautoría del criminal siendo sustituido tiempo más tarde por Sir JamesMonro. Paradójicamente, más renombrado que Sir Charles Warren en lahistoria de Jack el Destripador resultó uno de sus subordinados, elInspector de Scotland Yard Mr. Frederick George Abberline. Este detective contaba con fuerte experiencia por haber actuado enaños anteriores específicamente en el distrito de Whitechapel.20 Recapitulación y Veredicto, pág. 73. 26
  27. 27. Dicha cualidad determinó que fuera reasignado allí para comandarlas operaciones en pos de dar caza al matador de prostitutas. La posteridad lo elevó al sitial de figura romántica. Algo así como el idealista que enfrenta al mal encarnado en lapostura del malévolo asesino que persiguió y a las poderosas fuerzasocultas lo protegían. De tal modo se lo podrá ver en el ya citado film “From Hell” endonde la calidad actoral de Johnnie Deep hace olvidar lo inverosímil delpapel asignado al Abberline que allí se representa. Por cierto que el verdadero policía además de no ser tan joven comose lo pretende en esa historia tampoco consumía drogas ni poseía talentosmísticos aptos para permitirle dar solución a los crímenes gracias a previasvisiones que la ingesta de opio le generaba. También la figura del valeroso Inspector Abberline destacará en latrama de ágiles novelas. Entre éstas –y sólo a modo de ejemplo– cabe recordar a “La nochedel Destripador” creada por la pluma de Robert Bloch, autor que cimentarasu fama tras el éxito de su novela “Psicosis” inspirada en la vida delpsicópata y necrófilo norteamericano Ed Gein y que fuera llevada al cinepor el genial Alfred Hitchcock. La circunstancia de que en dicha novela Mr. Bloch termineadscribiéndose a la improbable tesis de que en realidad el Destripadorestaba conformado por dos personas, una sociedad integrada por unaperversa pareja al estilo de “Jack” y “Jill”, no desmerece su atractivo comoentretenimiento. En un interesante racconto sobre el “currículum vitae” de estedetective victoriano la novelista estadounidense Patricia Cornwell resaltó:“... Frederick George Abberline era un hombre modesto, afable y honrado,tan fiable y metódico como los relojes que reparaba antes de ingresar en lapolicía metropolitana en 1863. Durante sus treinta años de servicio, ganóochenta y cuatro menciones de honor y premios de jueces, magistrados y elfeje de la policía... Aunque no escribió su autobiografía ni permitió quenadie contara su historia, llevaba una especie de diario: un álbum de unascien páginas con recortes sobre los casos en los que trabajó, acompañadosde comentarios escritos en letra grande y elegante... No aparece siquierauna referencia velada a Jack el Destripador. No hay una sola palabrasobre el escándalo de Cleveland Street –un burdel masculino descubiertoen 1889–, que debió de ser complicado para Abberline ya que entre losacusados había hombres cercanos a la Corona... Sospecho que sufrió por 27
  28. 28. los crímenes del Destripador y que dedicó muchas noches a deambular porlas calles, especulando, deduciendo y tratando de encontrar pistas hasta enel sucio y denso aire... Abberline debió de sentirse triste y furioso en elotoño de 1888, cuando se vio obligado a confesar a la prensa que “por elmomento no se ha podido obtener la más remota pista”. Estabaacostumbrado a vencer a los criminales. Se dijo que había trabajado tantopara resolver los crímenes del Destripador que “casi se derrumbó bajo lapresión”... A pesar de su experiencia y sus méritos, Abberline no consiguióresolver el caso más importante de su vida. Sería una pena que ese fracasole hubiera causado dolor y remordimientos, aunque solo fuera por uninstante, mientras trabajaba en su jardín en sus años de retiro. FrederickAbberline se fue a la tumba sin saber a qué se había enfrentado...”21. Los medios de prensa se cebaron con la policía incrementando laacidez de sus críticas a medida que transcurrían los días y no sólo no selograba detener al responsable sino que aquél continuaba sumando víctimasen su sangriento haber. En cuanto a la estructura de las fuerzas del orden que intentaron sinfortuna la aprehensión del criminal -y a la que comúnmente se conocecomo “Scotland Yard”- cabe precisar que por un lado se hallaba la PolicíaMetropolitana con control sobre todo el país, y gozando de una másacotada jurisdicción estaba la denominada “Policía de la City” – o sea, la“Policía de la ciudad de Londres”- Esta última tenía por jefe principal en aquellos tiempos al InspectorMayor Sir Henry Smith y su esfera de autoridad comprendía sólo a la zonadel Londres antiguo -por lo cual abarcaba unas escasas millas- mandandosobre la totalidad del territorio inglés, incluido el resto de su capital, la“Policía de la Metro”. Dicha diferenciación revestiría importancia en el decurso de loscrímenes de Whitechapel porque uno de ellos en concreto -el perpetradocontra Catherine Eddowes- cayó dentro de la competencia de la Policía dela City londinense. Llamativamente un incidente ligado a este asesinato, la pintada sobreuna pared en la calle Goulston -presuntamente realizada por el homicida-distante a escasas cuadras de donde se halló el cadáver, quedaría fuera delámbito competencial de la Policía de la City. El críptico mensaje que hasta el presente continúa siendo motivo dediscusión entre los estudiosos del tema aludía a que los judíos serían loshombres a quienes no se culparía por nada.21 Retrato de un asesino, págs. 152, 153, 159 y 160. 28
  29. 29. Pero la palabra consignada en el muro al parecer decía “Juwes” y no“Jews” como tendría que haber sido escrita en correcto idioma inglés. La decisión del jefe máximo de la Policía Metropolitana de hacerborrar ese mensaje daría origen a posiciones encontradas entre losinvestigadores. Una ficticia aunque creíble descripción acerca de esta disputa nos labrinda Robert Bloch en “La noche del Destripador”. Allí nos cuenta: “...cuando el mayor Smith apareció en escena, otrasorpresa reclamó toda su atención. Detrás del punto en donde yacía eltrozo del delantal manchado de sangre, se alzaba una lóbrega entrada. Enel friso oscuro de la pared se habían garrapateado tres líneas con tiza.Smith observó el mensaje: Los judíos no son los hombres que seránacusados por nada. Las palabras estaban todavía allí a las cinco de lamadrugada cuando llegó Sir Charles Warren. El mayor Smith le esperabacon Mac Williams, inspector de la Policía de la City, y dos detectives.Warren examinó el mensaje a través de su monóculo, y después hizo unruido desdeñoso. Bórrenlo – dijo. El mayor Smith ya había sufrido bastantes sorpresas durante lasúltimas horas, y esta era la gota final. Pero Sir Charles... ¡esto es evidencia importante! He ordenado auno de mis hombres que vaya en busca de una cámara y tan pronto comose haga de día fotografiaremos el escrito... ¡A paseo cuando se haga de día! –Warren se sacó el monóculo ehizo un gesto con él–. No podemos esperar más. En Petticoat Lane hay unmercado los domingos y dentro de pocos minutos los vendedores yaestarán ahí. Si alguno de ellos ve un mensaje como éste tendremos unalboroto entre manos. ¿Podría hacer una sugerencia señor? – Uno de los detectives hablósuavemente – Si son los judíos lo que le preocupan ¿no podríamos borrarla primera línea? Quizá si quitamos esa palabra precisamente... Warren sacudió la cabeza. No quiero arriesgarme. Bórrelo todo hombre... ¡todo! El detective vacilaba y el mayor Smith dio un paso adelante. Le ruego me perdone. Sir Charles, pero estoy aquí a cargo de todo yrehúso dar mi permiso para borrarlo. ¡Al cuerno su permiso! –rugió Warren– La Policía de la City tieneautoridad sobre Mitre Square, pero esta calle está bajo la jurisdicción 29
  30. 30. metropolitana, y yo doy las ordenes aquí, y quiero que se borre eseescrito... ¡inmediatamente! El detective miró intensamente a su superior, pero el mayor Smith noreaccionó. Warren se volvió al inspector Mac Williams y al otro detective;ninguno de ellos se movió. Insubordinación ¿eh? –El rostro de Warren era ceñudo– Si ese esvuestro juego ¡yo mismo borraré ese condenado escrito! Y así lo hizo...”22. Y aún el lugar exacto donde se estampó la pintada resultó fuente dedudas. A estar a una versión ofrecida en un reporte del SuperintendenteThomas Arnold la consigna escrita con tiza sobre la pared se situaba a laaltura de los hombros y estaba ubicada en el pasaje interior a la puerta quedaba entrada al número 108 de la calle Goulston. De aquí que el comunicado no habría quedado tan visible comotradicionalmente se muestra en las películas sobre Jack el Destripadordonde raramente deja de recordarse esta escena. Por su parte Sir Charles Warren, quien finalmente asumiría laresponsabilidad de hacer desaparecer el ominoso graffiti, explicaría lasrazones de su resolución por medio de un informe policial de circulacióninterna. “...La escritura estaba en la jamba del arco abierto o entrada,visible para cualquiera de la calle y no podría haber sido cubierto sinpeligro de que la cobertura se rompiese enseguida. Tuvo lugar unadiscusión sobre si la escritura podía cubrirse o si se podría dejar parte deella durante una hora hasta que pudiera ser fotografiada, pero una vezvalorado el estado de nerviosismo de la población de Londres en generalen aquel momento en que se había promovido un fuerte sentimiento contralos judíos, y el hecho de que en poco tiempo habría una gran concurrenciade gente en las calles, y al tener ante mi el informe de que, de ser dejadaallí, era probable que la casa fuese destruida (en lo que a partir de mipropia observación, yo estaba completamente de acuerdo), considerépreferible borrar completamente la escritura, tras haber sacado una copiade la que adjunto un duplicado...”23. Una breve reseña de los más recordados investigadores que de unmodo directo o indirecto se abocaron a la persecución del Destripador,22 Bloch, Robert, La noche del Destripador, traducción de Monserrat Solanas Marta, Plaza Janeseditores, 1ª edición, 1987, págs. 111 y 112.23 Evans, Stewart P. y Skinner, Keith, Jack el Destripador, Cartas desde el infierno, traducción deMaría Teresa de Cuadra, Ediciones Jaguar, Madrid, 2003, pág. 51. 30
  31. 31. además de los ya mencionados Warren y Abberline, debería incluir a SirRobert Anderson y a Sir James Monro, aunque estos jerarcas no ejercieronsus cargos durante el período crítico del otoño de 1888. El primero por haber pedido licencia por enfermedad y el segundoporque había renunciado al asumir Sir Charles Warren, aunque luego deque éste último dimitiese fue llamado para ocupar el cargo vacante. Asimismo cabe mencionar al Inspector Donald Swanson de laPolicía Metropolitana y al Jefe de la Policía de la City Sir Henry Smithjunto al Superintendente de la misma Thomas J. Arnold. Otros funcionarios del orden destacados fueron Walter Andrews,Joseph Henry Nelson, Edmund Reid, el Inspector Frederick Williamson, elDetective Sargento William Thick –quien detuviera al sospechoso apodado“Delantal de Cuero”– el Detective Sargento Stephen White, el DetectiveSargento George Godley, los Detectives Walter Drew y Robert Sagar, y lospolicías que respectivamente hicieran los hallazgos de los cuerpos dedistintas víctimas como John Neil, James Harvey, William Smith y EdwardWatkins entre otros. Pero sin importar el empeño que en su labor pusieron los citadospolicías y muchos otros más el fracaso en la captura del criminal no lessería perdonado por los medios de comunicación de la época. Para la prensa los horrores que tuvieron cabida desde agosto de aquelaño configuraron un estupendo regalo que sabrían diestramente capitalizar. Su papel en el fomento de la leyenda y mitología de “Jack theRipper” devendría determinante. De hecho, el alias “Jack el Destripador” sale a la luz pública a partirde una célebre y muy controvertida carta dirigida bajo el encabezado de“Querido Jefe” –“Dear Boss”– al Director de un renombrado órgano deprensa británico de la época: la Agencia Central de Noticias. Y tal cual acertadamente se ha puesto de manifiesto en torno a estepunto: “...Jack el Destripador apareció en un momento en que losperiódicos estaban sedientos de sensacionalismo. La mayor difusión de laenseñanza y los avances de la tecnología habían conducido a una guerrade tiradas entre los casi doscientos diarios de Gran Bretaña... Todas lasmuertes habían ocurrido los fines de semana, en los límites de las mismamilla cuadrada de sórdidas callejuelas que era, y sigue siendo, una de laszonas más miserables de Londres. El asesino estrangulaba a las mujeres,las apuñalaba y finalmente las mutilaba en ataques cada vez más feroces...Pese a la atrocidad de los crímenes, seguramente habrían sido olvidados oconsiderados como la consecuencia habitual del mero riesgo profesional 31
  32. 32. de la prostitución de no ser por el modo en que el asesino provocaba a lapolicía con notas y pistas y porque, en una infame carta de burla, se dio unapodo que provocó escalofríos en todo Londres y mucho más allá: Jack elDestripador...”24. Aparte de los homicidios que la mayoría de los especialistas imputanal desventrador del East End y que resultaran aludidos líneas atrás, otroscrímenes posteriores también podrían haber sido de su autoría aunque elmodus operandi y otros aspectos disímiles en su ejecución determinan quepor lo común no se los incluya en la lista. En especial, los investigadores hacen a este respecto alusión a lamuerte de Alice Mac Kenzie, prostituta a la cual se conocía por elseudónimo de “pipa de barro” dado que solía portar una pipa de dichomaterial asida a un collar la cual al ser visualizada bajo su cadáver ayudó aque la identificaran. Alice resultó victimizada el día 17 de julio de 1889. El Dr. Thomas Bond –uno de los facultativos que examinaron sucadáver– opinó que su matador era el tan buscado asesino serial. Del hecho de que desde el principio las autoridades temieron queeste homicidio pudiese haber sido obra del criminal de Whitechapel dacuenta la circunstancia de que dicho forense fue llamado para colaborar eneste examen precisamente a causa de que había tomado parte en la autopsiade Mary Kelly. El médico percibió ciertas coincidencias entre las muertesinequívocamente inferidas por el monstruo de Londres y la forma en queMac Kenzie fue ultimada. No obstante, prevaleció la posición del Dr. Frederick Gordon Browny de otros galenos quienes desestimaron cualquier posibilidad de que elfallecimiento de esta mujer constituyese facturación del ya famosopsicópata. Pero, ¿en verdad terminaron luego del crimen cometido en Miller´sCourt las andanzas del Destripador? Así sería si se observa la tesis de que el homicida serial mantiene unesquema de conducta donde repite básicamente sus actos delictivos. Es decir, si se nos atenemos al tan manido “modus operandi” cabríaconcluir que ese asesinato sí resultó el último de la terrible serie.24 Jack el Destripador. Diario, págs. 70, 55 y 56. 32
  33. 33. Lo antedicho pues la policía y los médicos forenses británicosdescartaron que cualquier ataque ulterior se ciñera al patrón impuesto poraquel criminal. Por tal razón Sir Melville Macnaghten en sus memorias sostuvo queel ejecutor se suicidó al poco tiempo de ultimar ferozmente a Mary Kelly y,por ello a su vez, otros propusieron que fue encerrado en un hospitalpsiquiátrico por sus familiares para evitar la vergüenza. En recientes estudios sobre el tópico se ha cuestionado la rigidez delconcepto de modus operandi en un asesino serial. Si el psicópata resultaba capaz de alterar por propia voluntad suconducta homicidios ulteriores ocurridos en Inglaterra, y quizás también enotros países, pudieron ser igualmente elaborados por el mítico mutilador. Una de estas teorías en particular se esgrime para secundar lacandidatura de un célebre artista de la era victoriana nominado a ocupar laanónima figura del Destripador y cuya larga vida concluiría recién durantela segunda guerra mundial. Al desarrollo de esta última hipótesis dedicaremos uno de loscapítulos entrantes. 33
  34. 34. 34
  35. 35. Capítulo II Jack. El asesino mediático. ¿Fue el verdadero Jack the Ripper un criminal bromista, un guasónque enviaba cartas confeccionadas de mano propia a los periódicos, a lapolicía, e incluso a ciudadanos particulares, a través de las cuales alardeabaacerca de sus nefastas hazañas? ¿Resulta esta conducta, patentemente signada por un afánsensacionalista y mediático, habitual entre los homicidas seriales? Al parecer no sería así, pues como atinadamente observa elespecialista en esta materia Martín Fido: “...aparte de unos casosdestacados como el de David Berkowitz “El hijo de Sam”, el “Asesino dela Zodiac” (sin identificar), Conn Edison y Unabombers, no esespecialmente común que este tipo de hombres se impliquen en sus casospor correspondencia...”25. La cuestión de las cartas asignadas a la autoría de Jack conforma unode los hitos más misteriosos y fascinantes en el estudio de estos brutaleshechos. También comportó uno de los tópicos que más ayudaron aobscurecer la comprensión del asunto y a confundir a las autoridades. La policía de aquel entonces se vio literalmente bombardeada porcientos de mensajes cuyos signatarios proclamaban ser el matador deprostitutas de Whitechapel. El jaez de los escritos transcurría desde los cuales se dejaban seudopistas para “colaborar” con la resolución del enigma hasta aquellos endonde los remitentes transitaban por la fina ironía hacia la burla torpe y dellenguaje soez a las amenazas morbosas. Fueron las cartas atribuibles al homicida las que catapultaron sudifusión mediática, y resultó la prensa la principal propulsora y la gran25 Fido, Martin, en el prefacio de Cartas desde el infierno, op, cit, pág. 15. 35
  36. 36. beneficiaria del mito que contribuyó a edificar y del cual fuera,posiblemente, su creadora. Como criminalistas modernos advierten: “...Habiendo existido otroscriminales contemporáneos a “Jack”, autores de no menos deleznableshechos y aún en cantidades que asombran, ¿por qué esa estrecha relaciónentre “Jack” y la prensa?. La respuesta resulta obvia: las cartas, lasfantasías, las prostitutas ¡el sexo! nuevamente recordemos el tiempo en quese sitúan los crímenes, a the queen Victory y a los victorianos nosreferimos... Estas epístolas conmovían aún más a la opinión pública yfueron muy importantes para crear el clima de agitación social, además degenerar acusaciones a la policía por falta de profesionalidad, e inclusive,ocultación de pruebas que inculpaban a personalidades importantes delestablishment... podríamos decir que la sociedad se enfrentaba con unasesino mediático; alguien que no solo mataba sino que, además, quería,de algún modo, estar presente en todos los medios de comunicación... LaReina Victoria, su gobierno prolongado y ordenado; Londres y el sistemasocial; bastaron los crímenes de “Jack the Ripper” para dejar a la vista lamiseria proletaria de Whitechapel, geográficamente casi parte de la city, ytambién demostraron las falta de confianza en las modalidades científicas,dejando todo librado a la sagacidad de los sabuesos, que se dirigieron aun irremediable fracaso... Con los homicidios de Jack the Ripper, no dacomienzo únicamente el crimen serial contemporáneo, o el enigma másgrande de la criminología moderna sino también queda al descubierto elmejor y más complejo símbolo de la parte más oscura del capitalismo. Enlo técnico, indudablemente el hito, que marcó la saga de “Jack theRipper”, iba a permitir una rápida credibilidad y evolución de los métodoscriminológicos, médico – legales y criminalísticos, de importancia capitalen futuras investigaciones de criminalidad seriada...”26. De la trascendencia que revistieron las cartas en la saga asesina delDestripador deja constancia el hecho de que el título de la taquillerapelícula “From Hell” –“Desde el Infierno”- basada en el estupendo comicdibujado por Eddie Campbell con guión de Alan Moore debe suprocedencia a una de las más notorias y espeluznantes misivas que semandaron en el transcurso de estos infaustos acontecimientos. Nos referimos a la que arribara el 16 de octubre de 1888 al domicilioGeorge Akin Lusk, empresario de origen judío que oficiaba en calidad dePresidente del llamado “Comité de Vigilancia de Whitechapel” el cual eraun grupo no gubernamental conformado por una serie de ciudadanoscomunes quienes de modo voluntario cooperaron con las fuerzas del orden26 Homicidios seriales, págs. 188, 153, 149, 219 y 220. 36
  37. 37. en la infructuosa búsqueda, y que fuera creado a instancias de comerciantesdel East End preocupados por los efectos nocivos que los crímenesprovocaban en la zona. Menudo sobresalto sufriría el buen Mr. Lusk cuando al abrir la cajade cartón que a su casa le enviaran vio que ella guardaba la mitad de unriñón humano conservado en alcohol. Junto con el macabro obsequio iba un recado escrito con una letrairregular, tosca y plagada de errores gramaticales -que en esta trascripciónse obvian- la cual decía: “...Desde el Infierno: Mr. Lusk. Señor: Le envío lamitad del riñón que saqué de una mujer, lo guardé para usted, la otraparte la freí y me la comí, estaba muy buena. Puedo mandarle el cuchilloensangrentado con el que lo saqué sólo si espera un poco. Firmado:Atrápame si puedes. “Mister Lusk...”. Mr. George Akin Lusk había cobrado notoriedad ya en los díasprevios a la recepción del tétrico envío y, por consiguiente, configuraba unperfecto candidato para ser objeto de bromas malintencionadas. Entre otras acciones que llevara a cabo se destaca una petición queformuló a Su Majestad la Reina Victoria en nombre del recién formadoComité de Vigilancia de Whitechapel y de los habitantes de la zona engeneral donde se solicitaba le fuere ofrecida una recompensa financiera aquienes ayudasen a capturar al perpetrador de los asesinatos. Esta petición fue elevada a la monarca por conducto del Secretariode Estado del Departamento de Asuntos Internos británico y a la misma serespondió manifestándose que, aunque se agradecía profundamente elinterés denotado por George Lusk y sus representados, el gobiernomantenía la postura de que el ofrecimiento de recompensas en casoscriminales traería más mal que bien. Pese a todo se les aseguró que no se escatimarían los esfuerzoseconómicos y materiales para conseguir el arresto del responsable. Si bien el receptor de tan macabra misiva y obsequio tendió a restarletrascendencia al suceso y, al principio, se negó a dar cuenta del asunto a lasautoridades, sus compañeros del Comité de Vigilancia finalmente lopersuadieron de la conveniencia de plantear la denuncia policial. La secuencia de los acontecimientos se ilustra como sigue: “...Elseñor Lusk, que ya había recibido varias cartas que pretendían venir delasesino de Whitechapel, pensó que esta última horrible ofrenda era unamás de las bromas de mal gusto. Sin embargo él y alguno de los miembrosde su comité llevaron la caja de cartón y su repugnante contenido a unmédico del barrio. A éste le pareció que se trataba de la mitad de un riñón 37
  38. 38. humano que habían partido longitudinalmente, y aconsejó a Lusk que loenseñara a un especialista. Para entonces ya era del dominio público queun riñón había sido extraído del cuerpo de Catherine Eddowes y existía almenos una seria posibilidad de que hubiese reaparecido el órgano quefaltaba...”27. El sobre portador de la caja y del mensaje que pasaría a la historiacomo la carta “Desde el infierno” se hallaba muy borroso, por lo cual nopudo determinarse si el paquete fue mandado desde los distritos de LondresE o E. C, y mucho se discutió ya desde el comienzo acerca de laautenticidad y credibilidad que cabía concederle al contenido del recado yal fragmento de riñón. Ante todo se tuvo en cuenta la autopsia practicada sobre el cadáverde la fallecida Catherine Eddowes. Pero incluso el Dr. Frederick Gordon Brown, quien fungiera comomédico forense encargado de dicha autopsia, opinó que el órgano nopertenecía a la occisa. El fragmento ulteriormente fue llevado para su análisis a cargo delpatólogo Dr. Thomas Openshaw y este profesional ratificó el carácterhumano del riñón en examen concluyendo que había pertenecido a unamujer adulta, de cuarenta años o más, afectada por enfermedadesvinculadas al exceso de alcohol. Más que un órgano extraído para su disección de un hospital alespecialista le pareció que le había sido extirpado a un cadáver nodispuesto para ese fin. A partir de este dictamen prevaleció la idea de que el trozo de víscerapodía muy bien haber sido obtenido de una persona muerta a la que se lehubiese realizado una autopsia por cualquier razón y de la cual unestudiante de medicina, por ejemplo, podría haberse apropiado para llevar acabo la desagradable travesura. Contrario a esta posición era el Jefe de Policía de la City de Londres,Teniente Coronel Sir Henry Smith, quien se mostraba a favor de que eselúgubre remito efectivamente lo había hecho el asesino, y así lo propuso enun libro publicado en 1910 bajo el rótulo “De Policía a Comisario” donderelacionara sus memorias. Allí anotó que el segmento de la arteria renal adherida a la mitad deriñón de referencia concordaba con la porción de la arteria renal queexhibía el cadáver de Catherine Eddowes, según fuera advertido cuando se27 Recapitulación y Veredicto, pág. 66. 38
  39. 39. le practicó la autopsia, y que esa víscera mostraba secuelas de ladenominada “enfermedad de Britgh”, propia de los alcohólicos, mal que ladifunta padecía. Sin embargo al parecer no quedaron registros en la aludida autopsiasobre la existencia de arteria renal en el cadáver. Por ello es que en estudios más recientes acerca de esta temática seconcluye: “...Smith parece ser una voz solitaria del lado oficial, queinequívocamente aceptaba que el riñón era el de Eddowes, lo queconvertía la “carta de Lusk” en auténtica a sus ojos. Por desgracia paraSmith, no hay evidencia alguna que pueda confirmar la presencia de laarteria renal, y su correspondencia con lo que quedaba del cadáver, ni sepuede confirmar la enfermedad de Britgh... el misterioso episodio de la“carta y el riñón de Lusk” fueron destinados a las páginas de la historia yallí permanecen sin resolver, como tantos misterios de este caso. Paraalgunos la carta “Desde el infierno” acompañada de un trozo de riñónhumano, más los puntos vista de Henry Smith de la Policía de la Ciudadindican que el mismo asesino lo envió. Para otros, las opiniones del Dr.Brown, la policía y la creencia del mismo George Lusk tienden la balanzaa favor de una broma macabra...”28. Pero no alcanza con relatar este episodio aislado para arribar a lacomprensión cabal de la trascendencia e impacto que la publicidadproporcionada a las cartas suscritas bajo la firma de “Jack the Ripper”tendrían sobre la sociedad de la era victoriana sino que para obtener unaidea apropiada de ello es menester conocer la cronología y lascircunstancias en que esas misivas adquirieron notoriedad pública. La exitosa escritora Patricia Cornwell hace referencia a que sedescubrió la existencia de una primera carta atribuible a esta saga en cuyotexto literalmente se alude al “querido compinche Jacky”, expresión que lavincularía estrechamente con los mensajes remitidos manifiestamente bajola rúbrica de “Jack el Destripador”. Esta comunicación habría sido recibida por la policía el 17 desetiembre de 1888, y el texto completo de la epístola – respetando los gafesortográficos del original- diría como sigue: “...Querido Jefe: Así que ahoradicen que soy judío ¿cuando aprenderan querido jefe? Uste y yo sabemosla verdad. Lusk puede buscarme eternamente que nunca me encontrarápero estoy ante sus narices todo el tiempo. Los veo buscarme y me danataques de risa ja ja. Amo mi trabajo y no pararé hasta que me pillen eincluso entonces cuidado con su querido compinche Jacky. Atrápenme sipueden...”28 Cartas desde el infierno, págs. 101 y 102. 39
  40. 40. La popular autora de novelas policiales deja constancia de que dichacomunicación salió a luz recientemente porque no se encontraba en losarchivos de la Policía Metropolitana sino en los Home Office -ArchivosPúblicos de Londres-29. Sin embargo, no se aclara de cuál fuente provino esta información, yla presencia de dicho recaudo no es referida en la notable obra “Jack elDestripador. Cartas desde el infierno”, elaborada en conjunto por losespecialistas en la materia Stewart P. Evans y Keith Skinner, la cualcomprende un largo apéndice donde se relaciona toda la correspondenciaimputable al asesino que actualmente se conserva en la Oficina de ArchivosPúblicos y en la Oficina de Archivos de la ciudad de Londres. Por lo general se especula que aquel instrumento supone unafalsificación moderna que fue insertada en los expedientes de la policíabritánica ya entrado el Siglo XX en tanto sobre él no luce ningún sellooficial apto para corroborar la fecha de recepción ni se consignaron lasiniciales del investigador que debía de haberla examinado si se laponderaba como una evidencia potencial. Por último, se destacó que para la confección de dicho remito fueutilizada una tinta de bolígrafo que recién se inventaría luego detranscurridos unos cincuenta años de cometidos los asesinatos. Formuladas las precedentes salvedades cabría concluir que el primermensaje veraz ligado con los crímenes –aunque no está firmado con elmote del Destripador– del cual se posee conocimiento cierto fue mandadoal máximo jefe de la policía inglesa Sir Charles Warren. Data del 24 de setiembre de 1888 y allí el emisor se describeanunciando que: “...soy el hombre que cometió todos esos asesinatos...”, yluego de aludir especialmente al último crimen perpetrado por aquellasfechas; es decir, el de Annie Chapman, sostenía que quería entregarseporque las pesadillas lo torturaban, puesto que: “...si alguien viene aprenderme me rendiré, pero yo no voy a ir a la comisaría por mi mismo...”. Culminaba sus líneas el tosco dibujo de un cuchillo y debajo de éstese proclamaba: “...Este es el cuchillo con el que he hecho estos asesinatos,tiene una empuñadura corta y una hoja larga de doble filo...”. No obstante, de la presencia de este primigenio comunicado sólo setendría noticia en tiempos recientes. Cuando acontecieron aquellos desgraciados eventos este hecho semantuvo oculto al conocimiento de la opinión pública, tal vez porque las29 Retrato de un asesino, pág. 217. 40
  41. 41. autoridades le restaron importancia creyendo que se trataba de una toscachanza. Cabe recordar que en el momento de estas iniciales misivas nada másse habían materializado dos de los crímenes clásicos que inequívocamentese imputan al Destripador -el de Polly Nichols y el de Annie Chapman-aunque se sospechaba que igualmente al menos las muertes de EmmaSmith y de Martha Tabram habían sido provocadas por la misma persona. El maníaco carecía aún del seudónimo que le valdría su renombreuniversal. La prensa, a falta de otro nombre, se limitaba a referirse a él como el“Asesino de Whitechapel”. Durante un breve lapso se lo designó bajo el mote de “Delantal deCuero” mientras se creyó que el culpable era un hombre que respondía auna descripción semejante a la de John Pizer a quien ulteriormente sedetuviera pero que fuera rápidamente sobreseído al esgrimir una sólidacoartada. Pero llegaría el 27 de setiembre de 1888. Ese día la denominada “Agencia Central de Noticias de Londres”alegaría haber recibido una carta firmada por el homicida anunciandonuevos crímenes, y el día 29 de ese mes se la hizo llegar a la policía. El tenor de la luego famosa epístola relacionaba: “...Querido Jefe:Constantemente oigo que la policía que ha atrapado pero no me echaránmano todavía. Me he reído cuando parecen tan listos y dicen que están trasde la pista correcta. Ese chiste sobre Delantal de Cuero me hizo partir derisa. Odio a las putas y no dejaré de destriparlas hasta que me harte. Elúltimo fue un trabajo grandioso. No le di tiempo a la señora ni de chillar.¿Cómo me atraparán ahora? Me encanta mi trabajo y quiero empezar denuevo si tengo oportunidad. Pronto oirán hablar de mi y de mis divertidosjueguecitos. Guardé algo de la sustancia roja en una botella de cerveza dejengibre para escribir, pero se puso tan espesa como la cola y no la puedousar. La tinta roja servirá igual, espero ja, ja. En el próximo trabajo lecortaré las orejas a la dama y se las enviaré a la policía para divertirme.Guarden esta carta en secreto hasta que haya hecho un poco más detrabajo y después tírenla sin rodeos. Mi cuchillo es tan bonito y afilado quequisiera ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la ocasión. Buenasuerte. Sinceramente suyo. Jack el Destripador...” Y en una especie de posdata impresa transversalmente el redactor delcomunicado se mofaba: “…No se molesten si les doy mi nombreprofesional. No estaba bastante bien para enviar esto antes de quitarme 41
  42. 42. toda la tinta roja de las manos, maldita sea. No ha habido suerte todavía,ahora dicen que soy médico, ja, ja...”. Estaba escrita con tinta roja y, en cuanto a su forma, en el mensajeaparecían patentes americanismos como “Boss”, “fix me” y “quit”. El contenido de este recado sería crucial para cimentar y propalar laleyenda en tanto aportaría ante la opinión general el mote con el cual sehabía bautizado a la hasta entonces anónima y fantasmagórica figura deldelincuente. Ese alias lo haría tristemente célebre en todo el mundo. Por primera vez tomaba estado público el cruel y burlón apodo:“Jack el Destripador”. A esta comunicación se le adicionaría muy pronto una tarjeta postaltambién presuntamente recibida por la Agencia Central de Noticias el 1 deoctubre de 1888 en donde su emisor se manifestaba en los siguientestérminos: “...No estaba de broma querido jefe cuando le di la información.Mañana se enterará del trabajo de ese descarado de Jacky. Doble funciónesta vez. La número uno chilló un poco. No pude acabar en seguida. Notuve tiempo de cortar las orejas para la policía. Gracias por guardar lacarta hasta mi último trabajo. Jack el Destripador...” Pero probablemente muy poca publicidad hubiera merecido el aliasque se suministraba al criminal de no ser porque presuntamente unaamenaza de lo que el redactor le iba a hacer a sus futuras víctimas -cortarles las orejas- pareció haberse verificado exactamente tal como en lacarta se predecía que se llevaría a cabo. Aunque, ¿fue esto así en realidad? Atendamos a los hechos: Para empezar resulta curioso que la primeracarta de la cual se posee certeza documental de haberse suscrito a nombredel homicida bajo el luego afamado seudónimo fuera enviada a la AgenciaCentral de Noticias, la cual era un órgano de prensa muy importante deLondres, pero solamente una agencia informativa al fin y al cabo. De la Agencia Central de Noticias se sabe que había sido creada en1870 por el parlamentario William Saunders y constituía un serviciomediático que recogía reportajes enviados por telégrafo de corresponsalesde todo el Reino Unido y del exterior. Diez años luego de su fundación se convirtió en una compañía deresponsabilidad limitada, se hizo de la reputación de conseguir exclusivasen las cuales se solía adelantar a las fuentes informativas de los otros 42
  43. 43. medios, y tenía fama de disfrutar de una fluida vinculación con las fuerzasdel orden. Cabe especular que el creador de los mensajes elegiría aproximarse alos órganos de difusión privados porque ya anteriormente había mandadocomunicaciones a la policía las cuales no alcanzarían a ver la luz pública. El silencio opuesto ante misivas como la fechada el día 24 desetiembre de 1888 y, más dudosamente, la que figura hecha el 17 de esemes y año arribadas a poder de la policía abona la referida posibilidad. Entonces, en esta hipótesis, el criminal sería una persona sedienta denotoriedad, y como las autoridades no divulgaban sus reclamos optó pordirigirse a la prensa a sabiendas de que ésta sí le aseguraría la publicidad yla promoción que tan vehementemente anhelaba. Sin embargo, la autoría de la carta que cobró renombre gracias a suencabezado “Querido Jefe” –“Dear Boss”- fechada el 25 de setiembre de1888 que habría sido recepcionada por la Agencia Central de Noticias el 27de ese mes y que el periodista Tom Bulling remitiese al Inspector AdolphusWilliamson de Scotland Yard antes del 30 de setiembre en que secometería el doble homicidio de la plaza Mitre contra Elizabeth Stride yCatherine Eddowes, así como la posterior tarjeta postal, son consideradascon profundo escepticismo y recelo por los especialistas en la cuestión. De esta manera, Collin Wilson y Robin Odell en su muydocumentado libro “Jack el Destripador. Recapitulación y Veredicto” haránnotar: “...teniendo en cuenta la fecha de la carta, la referencia a “elpróximo trabajo le cortaré las orejas a la dama...” parecía una amenaza.De hecho, las mutilaciones inflingidas a Catherine Eddowes incluían unaoreja rajada, si bien no había sido separada de la cabeza...”, y citando aldiario The Times apuntan: “...no se dio a conocer el contenido de ningunade las dos comunicaciones hasta el 2 de octubre. Los detalles del “dobleacontecimiento” no se publicaron el lunes, primero de octubre, por lo quealguien que no fuera el asesino pudo haber escrito la tarjeta postal...” 30. Lo cual implica que un sector de la opinión periodísticacontemporánea a los acontecimientos se inclinó por ponderar que unbromista podía haber tomado conocimiento sobre los detalles de loscrímenes leyendo la prensa que se vendía al público desde la madrugadadel 30 de setiembre y así dispuso del tiempo necesario para redactar lapostal haciéndose pasar por el asesino. Claro que la discusión dejaría de revestir sentido si la amenaza dearrancar orejas no se compadecía con las heridas inflingidas a las30 Recapitulación y Veredicto, pág. 64. 43

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