La verdadera historia de                        Jack el DestripadorUn cuento "ESCALOFRIANTE" escrito por   Gabriel Pombo
A     quel otoño de 1888 había sido espantosopara los habitantes de Londres.     Y no porque la niebla y el frío resultase...
Algunas de las víctimas de Jack el Destripador     Con cada nuevo homicidio el ejecutor se tornabamás feroz y más convenci...
La reina Victoria era monarca de los ingleses en 1888    Ese atardecer, el asesino que la prensa bautizabacon el alias de ...
Una vez que avanzaba sobre las adoquinadascalles llamó su atención la cerrada oscuridad queinundaba todo a su alrededor, a...
Esta noche no sería la excepción- pensó, y unacruel sonrisa se dibujó en su rostro.      Sin embargo, esta vez Jack, quien...
Sólo había hombres: marineros, oficinistasaburridos, y obreros que cansados de su jornada enlas fábricas acudían a las can...
-realizó un paréntesis a fin de dar más énfasis a susamenazas- ¿Sabes con quién estás tratando mocito?Pues nada menos que ...
Siempre resultaba bueno sentirse distendido enaquellas noches cuando se aprestaba a salir a"trabajar" provisto de sus filo...
- No me puedo imaginar. Dígamelo mister      - Pues porque la cretina era idéntica a mi tíaEtelvina. La muy zorra de mi tí...
- Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganaspor beber un buen trago. Como te venía contando, unavez que uno le agarra la ...
Pero antes de que pudiera ejecutar movimientoalguno escuchó a su oponente repetir:      - Le aseguro que su carrera crimin...
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La verdadera historia de Jack el Destripador

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Relato humorístico donde se narra como un despistado Jack the Ripper deseando descargar su conciencia, en una noche de mucha bruma, entra a una taberna para hacer sus confidencias y jactarse de sus hazañas.

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La verdadera historia de Jack el Destripador

  1. 1. La verdadera historia de Jack el DestripadorUn cuento "ESCALOFRIANTE" escrito por Gabriel Pombo
  2. 2. A quel otoño de 1888 había sido espantosopara los habitantes de Londres. Y no porque la niebla y el frío resultasen másagobiantes que de costumbre, pues al mal clima losciudadanos británicos estaban acostumbrados. Lo que llenaba de terror a la población inglesaconsistía en unos sucesos mucho más macabros. No era para menos. Desde aquel mes de agostolos periódicos no paraban de informar que en losbarrios bajos del este de la capital -sobre todo en elmaltrecho distrito de Whitechapel- un maníaco veníaasesinando a mujeres de vida alegre. Los crímenes tuvieron su inicio en la noche del 7de agosto cuando Martha Tabran murió violentamente,tras recibir treinta y nueve puñaladas. A esa desdichada la acompañaron en fatídicodestino Mary Ann Nichols, el 31 de agosto, AnnieChapman, el 8 de septiembre, Elizabeth Stride yCatherine Eddowes, ambas durante la madrugada del30 de ese mes y -después de una engañosainterrupción- la joven y bella Mary Jane Kelly el 9 denoviembre.
  3. 3. Algunas de las víctimas de Jack el Destripador Con cada nuevo homicidio el ejecutor se tornabamás feroz y más convencido de que nunca lo iban adetener. La espantosa lista de víctimas, lejos de concluir,proseguía agrandándose, y la policía británica -lafamosa Scotland Yard- se mostraba impotente paracapturar al sádico delincuente. Por si fuera poco, esa tarde se volvióinesperadamente sombría: una falla en el sistema defarolas a gas, que por entonces iluminaba a laInglaterra gobernada por la reina Victoria, sumergió alos londinenses en la más tétrica de las penumbras.
  4. 4. La reina Victoria era monarca de los ingleses en 1888 Ese atardecer, el asesino que la prensa bautizabacon el alias de "Jack el Destripador" estaba decidido aatacar de nuevo. Se vistió muy despacio con elegantes ropasoscuras: pantalón, camisa y saco negro, y corbatín deseda gris. Por último, tras echar encima de sushombros una amplia capa, se cubrió la testa con susombrero de copa favorito. Salió de su residencia con paso firme, casipresuroso, sin olvidar llevar consigo el maletín decuero -similar al que usaban los médicos de esaépoca- en cuyo interior escondía un juego de cuchillosde recia empuñadura que, con mucho esmero,acababa de afilar.
  5. 5. Una vez que avanzaba sobre las adoquinadascalles llamó su atención la cerrada oscuridad queinundaba todo a su alrededor, aunque aún faltababastante para que cayera la noche. ¡Maldito apagón!, se dijo contrariado. Esperaba que la ausencia de luz no perjudicara eltrabajo en las tabernas. Allí era donde solía ir a beberunas copas, y desde las barras de esos antrosescudriñaba a las prostitutas. "Taberna en Whitechapel": pintura de Gustave Doré Cuando las mujeres se marchaban con algúncliente las acechaba sigilosamente, y aguardaba queel ocasional compañero de aquellas se retirase.Instantes después, por sorpresa, sin darles tiempo aoponer la menor resistencia, se abalanzaba sobre ellasy les cercenaba la garganta.
  6. 6. Esta noche no sería la excepción- pensó, y unacruel sonrisa se dibujó en su rostro. Sin embargo, esta vez Jack, quien usualmenteapenas bebía alcohol, precisaba un trago de whisky.No lo necesitaba a fin de infundirse coraje antes dematar, pues para él la vida humana nada significaba. Deseaba ingerir una generosa ración de licorantes de ponerse a conversar con un extraño al cualcontarle las ideas que rondaban por su cabeza. Queríajactarse de sus tristes hazañas, y anunciar a otros lasmaldades que, en un futuro cercano, planeabacometer. - Uno será muy asesino, pero es un ser humano alfin y al cabo- se dijo. La ocasión le venía de perillas porque no se veíanada a causa del apagón, por lo cual nadie lo iría areconocer ni podría, por ende, denunciarlo. Llegaría a una taberna, pediría al cantinero quele sirviera un trago, y hallaría a algún parroquiano aquien hacer partícipe de sus confidencias y, de paso,pegar un gran susto. Caminó y caminó, hasta advertir unas luces muytenues cuyo reflejo le permitió vislumbrar una entrada.Una taberna abierta y oscura, sin duda. Ingresó, y enseguida oyó el parloteo de variaspersonas dialogando. Voces masculinas todas ellas,ninguna voz femenina alcanzó a percibir. Tal cosa era normal porque a esa hora tantemprana las mujeres de vida alegre aún nocomenzaban su labor.
  7. 7. Sólo había hombres: marineros, oficinistasaburridos, y obreros que cansados de su jornada enlas fábricas acudían a las cantinas para relajarsebebiendo licor. Tropezó en medio de la penumbra conuna silla sobre la cual se sentó, al tiempo que sequitaba su sombrero de copa. - ¡Boby!- llamó con voz autoritaria. Cuando no conocía el nombre del taberneronunca le fallaba requerir ser atendido por algúnempleado que se llamara Boby, dado que el diminutivode Robert era muy común en la Inglaterra victoriana. No fue diferente esta vez, y de inmediatoescuchó el rumor de unos pasos aproximarse. - ¿Qué se le ofrece mister? - Pues que me sirvan una jarra de cerveza. ¡No!mejor sírveme un vaso de whisky. Escocés porsupuesto. Esta noche tengo muchas ganas de hablarcon alguien, y beberme un whisky será un buencomienzo- hizo una pausa mientras procurabadistinguir entre las sombras las facciones de suinterlocutor. - En realidad mister, no creo que aquí podamosayudarlo. Si usted busca con quien hablar deberádirigirse a otro sitio- fue la fría respuesta. Jack hirvió en cólera. Era hombre de pocaspulgas al cual le disgustaba que lo contradijesen. - Claro que me servirás, cantinerito de cuarta-rugió con mal humor. -Me traerás el trago que teordeno, y me escucharás muy atento, te guste o no.
  8. 8. -realizó un paréntesis a fin de dar más énfasis a susamenazas- ¿Sabes con quién estás tratando mocito?Pues nada menos que con el tipo al cual todos llamanJack el Destripador. No necesito aclararte porqué meapodan así. ¿No crees? Las rudas palabras del criminal parecieron surtirefecto. El sujeto anónimo pareció tragar saliva, ycambiando de tono le dijo respetuosamente: - Disculpe usted. Con esta tremenda oscuridaduno no puede saber con quién está tratando. Claro queharemos todo lo posible por servirlo- repuso, y con ungesto rápido de su mano llamó a un compañero. Cuando unos pasos se aproximaron Jack oyóque el primero le decía al otro: - El señor es Jack el Destripador. Nos hace elhonor de visitarnos. Ve a la trastienda en busca de unabotella de scotch, de la máxima calidad. Más calmado, al comprobar que sus órdeneseran obedecidas, el delincuente prosiguió: - Bien muchacho, así está mejor... Bueno, comote decía, no sé por qué razón, pero mientras caminabarumbo a esta taberna me vinieron unas enormesganas de hablar con alguien, con un desconocido. Yahora que te has puesto amable creo que te elegiré a tipara hacerte algunas confesiones... Jack pudo sentir que la respiración de suanónimo oyente se tornaba más pesada... Este pobrecantinerito debe estar muerto de miedo, ja, ja - pensó,y esa idea lo puso de ánimo alegre.
  9. 9. Siempre resultaba bueno sentirse distendido enaquellas noches cuando se aprestaba a salir a"trabajar" provisto de sus filosos cuchillos. Consideraba cosa positiva la adrenalina que lecorría al oír los gritos de sus víctimas, y mientrasemprendía la huída por las estrechas callejuelasburlando a los estúpidos policías. No obstante, sabíaque soportar mucho stress era malo para su salud. - Lo escucharé con toda la atención que ustedse merece- respondió suavemente el otro. - Bien Boby, te contaré porqué maté a laprimera. A esa gorda fea, la cual- al día siguienteleyendo los periódicos- supe que se llamaba MarthaTabran. Yo estaba en la taberna "El Angel y LaCorona" y me aprontaba para retirarme cuando lamujer iba saliendo del brazo con un guardia de la Torrede Londres. Un muchachito que -se veía a la legua-estaba gozando de su día franco, y al cual no se leocurrió mejor idea que gastarse la paga con unaapestosa como esa.¿Sabes? La muy furcia estaba borracha, y al pasar medio un pisotón. Sé que lo hizo sin querer. Pero, ¡por mildiablos! ¡cómo me dolió!, me apretó justo la uñaencarnada. Bueno, claro que no decidí matarla sólopor eso. Pero la seguí hasta la calle para insultarla aella y al mequetrefe que tenía por cliente, y alaproximarme logré verle bien la cara...y ahí fue que mevinieron unas ganas bárbaras de cortar su gruesopescuezo. ¿Quieres saber por qué?
  10. 10. - No me puedo imaginar. Dígamelo mister - Pues porque la cretina era idéntica a mi tíaEtelvina. La muy zorra de mi tía que me hacía la vidaimposible cuando yo era chico. La vieja hace años queestá muerta. De niño siempre quise vengarme de ella,pero se murió antes de que yo llegase a ser adulto. Yahora, al verle el rostro bajo la luz de aquella farola agas a Martha Tabran, supe que mi tía se habíareencarnado en ella.Esa fue la primera vez que lo hice. Treinta y nuevetajos le pegué. Tuve que darle tantos para liquidarlaporque el puñal lo llevaba desafilado.Después de esa vez siempre voy preparado y llevo almenos un par de cuchillos bien afiladitos, ja,ja. -Y a las demás mujeres: ¿También las asesinóporque se parecían a su tía? - No te hagas el chistoso Boby... Las matéporque le agarré el gustito a la sangre, ja,ja. Además,con lo idiota que es nuestra policía de seguro nuncame van a atrapar, - No tengo el gusto de compartir su malaopinión sobre la policía de Londres. -¿Y tú que sabes de eso infeliz?- como ya hemosdicho al criminal no le agradaba que lo contradijeran- Aquí en Inglaterra todos los policías son idiotas, ¿meoyes? Y dicho sea de paso: ¿para cuándo el whisky? - Disculpe mister, mi compañero demora porquefue hasta la bodega a buscar un whisky acorde a lacalidad de un distinguido visitante como usted.
  11. 11. - Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganaspor beber un buen trago. Como te venía contando, unavez que uno le agarra la mano a esto de cortar cuellosy destripar ya no se puede parar- hizo una interrupciónteatral para asustar a su interlocutor, y remató: -Y esta noche, cuando salga de esta taberna,pienso despachar a un par de prostitutas más, por lomenos. Se quedó aguardando el efecto que surtían susamenazas. El tipo a esta altura debe haberse hechoencima de los pantalones, ja,ja, supuso, mientrassaboreaba la agradable sensación de causar miedo. Sin embargo, un nuevo comentariode "Boby" volvió a sacarlo de sus casillas. - Como ya le dije, pienso que la policía de acá noes tan tonta como usted cree. Es más, me parece quesu carrera criminal ha terminado, y que ya no podráasesinar a ninguna mujer más- le retrucó coninesperada serenidad el otro. - Claro que seguiré despanzurrando prostitutas adiestra y siniestra. ¡No dejaré de matarlas hasta queme harte!- bramó el homicida múltiple. ¿Quien se piensa este desgraciado que es?- se dijo- Como me siga llevando la contraria abriré mi maletín,tomaré uno de mis cuchillos y le rebanaré el cuello.Lástima que no puedo verlo con esta malditaoscuridad...
  12. 12. Pero antes de que pudiera ejecutar movimientoalguno escuchó a su oponente repetir: - Le aseguro que su carrera criminal haterminado y que ya no volverá a lastimar a nadie más-el timbre del otro sonaba curiosamente muy seguro. Tanta rabia le provocó esa afirmación y el tonocon que la misma fue dicha que, por instinto, Jackadelantó sus manos con ambos puños crispadosamenazando hacia las sombras, hacia dondeprovenía la voz de aquel impertinente fastidioso. - ¿Cómo te atreves a decirme que ya no podrévolver a matar a quien a mí se me antoje?- rugiótotalmente fuera de sí el Destripador. - Porque usted no se encuentra dentro de unataberna. ¡Estas son las oficinas de la jefatura de policíade Scotland Yard!- le espetó secamente el agente, altiempo que cerraba un par de esposas en torno a lasmuñecas del atónito asesino en serie. Cuerpo de policía de la época de Jack el Destripador

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