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CAPÍTULO 1
Un sueño es un sueño, ¿cierto? Sólo el producto de deseos ocultos y una
vívida imaginación.
¿Entonces por qué...
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Cerré los ojos y cuando los volví a abrir mi recámara había desaparecido.
Fruncí el entrecejo, puesto que en realidad n...
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Para aquel momento mis ojos finalmente se habían acostumbrado a la
acentuada penumbra que me rodeaba, por lo que me puse...
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pronunciado mi nombre con tal claridad que parecía que lo habían murmu-
rado justo en mi oído.
Nada. Nadie.
Mis ojos me...
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alguna manera el lograr distinguir un poco sus viejas y derruidas cortezas
y el musgo del suelo gris, me provocaba una ...
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¿Y por qué demonios tenía tanto miedo, si esto sólo se trataba de mi men-
te? Solté una carcajada ahogada al caer en la...
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—¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Fue aquella voz la que me obligó a alzar la mirada. Y fue ése el instante
en que me...
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Después de su rostro me desvié hacia su cuerpo. Era alto, significativa-
mente más alto que yo, a pesar de que mido un m...
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—¡Santo cielo, Nessa! ¡Ni siquiera sabes en lo que te estás metiendo!
—gritó, y entonces mi temor volvió; no porque hub...
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—¡Estás loco! ¡Psicópata, desquiciado, demente! ¡Bájame ya! —continué
gritando improperios mientras le azotaba la espal...
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—Impresionante, eres la quinta persona que me dice eso hoy —respon-
dió sarcástico.
—¡Bájame ya, mandril sin zoológico!...
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Al principio logré mantenerme a su paso, pero en instantes más bien pa-
recía arrastrarme tras él. Estuve a punto de qu...
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aterrorizada ante esta maldita pesadilla que había llegado a arruinarme la
existencia.
—Escúchame bien, porque no tenem...
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debo confesar que más de la mitad de mi joyería de fantasía está regada por
toda mi casa.
—Bien —fue lo último que dijo...
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Vanessa tiene 17 años, está en el último semestre de la preparatoria y tiene una vida muy aburrida (según ella). Lo único que hace que sus días sean tolerables son sus sueños, los cuales la llevan a lugares muy apacibles. Lo malo es que últimamente éstos no han sido cordiales. Si bien en ellos se ha topado con Erick, un apuesto joven que se siente irremediablemente atraído por Vanessa, también ha estado en un par de ocasiones en peligro de muerte.
A pesar de esos riesgos, la chica se ha obsesionado de tal modo con Erick, que ya no pone atención a nada de lo que ocurre en su vida cotidiana, aunque esto le cueste la posibilidad de hacerse novia del alumno más guapo (y real) de toda la escuela.
Tras varias semanas de incertidumbre, el mundo de Vanessa se desmorona cuando descubre que nunca ha soñado, sólo se ha transportado a una realidad alterna, la cual se encuentra amenazada por un ser malévolo que se está apoderando de las almas de sus habitantes. Pero el panorama no es tan desolador como aparenta. Antiguas profecías señalan a Vanessa como la elegida para salvar (o llevar a su destrucción) a los habitantes de esa realidad, entre ellos el apuesto Erick, quien ha jurado proteger a la joven aun a costa de su propia vida (y de paso ganarse su corazón).

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LOS DOMINIOS DEL ÓNIX NEGRO - LA ELEVACIÓN de Adriana González Márquez - Primer Capítulo

  1. 1. 9 CAPÍTULO 1 Un sueño es un sueño, ¿cierto? Sólo el producto de deseos ocultos y una vívida imaginación. ¿Entonces por qué mis sueños siempre parecían tener más consistencia que la realidad? ¿Por qué parecían más intensos e interesantes que mi vida cotidiana? ¿Por qué a veces me resultaba posible extraer de ellos detalles inexistentes y convertirlos en algo tangible? Supuse que era tiempo de pedirle a mis padres que me mandaran al psi- quiatra cuando dormida lograba sentir más que despierta; no lo hice, pero tal vez habría sido lo correcto. Tenía diecisiete años cuando lo soñé por primera vez. Lo recuerdo con más claridad que muchas de las cosas que me sucedieron en aquel entonces estando despierta, lo cual resultaría extraño en cualquier otra persona, pero a mí me sucedía tan a menudo que llegó el momento en que dejé de tomarle importancia y me dediqué a tratar de erradicar la idea de que era una rarita. Pero, a pesar de mis esfuerzos, a pesar de fingir a la perfección frente a to- dos los que me rodeaban, continuaban sucediéndome situaciones extrañas, y aquellos sueños nunca me abandonaron. Él nunca me abandonó. Sí, tenía diecisiete años la primera vez que lo soñé, después de un intenso día de escuela, tareas y el interminable aseo de mi habitación. Era viernes. También es extraño que recuerde ese tipo de detalles, ¿no? Era viernes y lo único que deseaba era que llegara de lleno el fin de semana, porque a pesar de que tendría que ayudarle a mamá a arreglar la casa, me quedaría tiempo para ver la televisión, para divertirme con mi mejor amiga, y tal vez hasta para descansar… Era viernes y los planes para el sábado me hacían sentir impaciente, por lo que en cuanto terminé con todos mis pen- dientes me fui a acostar temprano, obligándome a perderme en el letargo del sueño con rapidez. Siempre he contado con esa habilidad; no sabía a qué se debía, pero lograba forzar ciertas situaciones para que el resultado me favo- reciera de alguna manera, así que me concentré en dormir al instante en que acomodé la cabeza sobre la almohada. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 9DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 9 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  2. 2. 10 Cerré los ojos y cuando los volví a abrir mi recámara había desaparecido. Fruncí el entrecejo, puesto que en realidad no me di cuenta de en qué momen- to me había quedado dormida. Me alcé un poco, recargándome sobre mis codos, mientras intentaba ajustar mi visión a la oscuridad reinante. ¿Dónde demonios me encontraba ahora? Generalmente, mis sueños me llevaban a lugares mágicos y brillantes, en donde todo solía ser colorido y estaba lleno de sitios por explorar bajo la clara luz del sol; recuerdo una vez en que soñé que me encontraba sobre una colina alfombrada por flores exóticas de diferentes colores, al tiempo que un riachuelo corría a las faldas de la elevación, con el agua más limpia y fresca que hubiera visto en mi vida. Arranqué una margarita roja y me la llevé hasta la nariz, apreciando el dulce aroma a polen y a verano, para después avanzar al pequeño arroyo, dándome cuenta hasta ese momento de que me encontraba descalza; miré entonces hacia abajo y observé mi vestimenta: lle- vaba un corto vestido blanco, de tela suave y que ondeaba con la suave brisa. Sonreí al llegar finalmente al riachuelo, en donde manchas —que podrían haber sido peces, no estaba segura— de color violeta y verde se deslizaban a toda velocidad, brincando de repente para luego sumergirse otra vez bajo la cristalina superficie del río. Fue cuando el agua me salpicó en el rostro, después de uno de esos saltos, que desperté un poco alterada y con la flor roja bien sujeta a mi mano. Ésa fue la primera vez que extraje un retazo de mi subconsciente hacia la realidad. La prueba de ello es la margarita que aún se encuentra entre las páginas 278 y 279 de mi libro favorito… Así solían ser mis sueños. Solían es la palabra clave. Este sueño era diferente, muy diferente. Para empezar, reinaba la más densa oscuridad. Yo continuaba recostada sobre el duro y frío suelo, recarga- da sobre mis codos e intentando ver más allá de mis propios pies, y entonces fueron mis pies los que atrajeron mi atención… mis zapatos, para ser más específica. ¿Botas militares color beige? ¿Desde cuándo usaba yo botas mi- litares? A mí me gustan los zapatos cómodos, y sólo de vez en cuando calzo zapatillas de tacón para asistir a alguna fiesta que requiere de un atuendo más formal… Pero... ¿botas militares? Nunca. Después le seguían unos jeans color azul oscuro, lo cual también me re- sultaba raro, porque los pantalones de mezclilla siempre han sido parte regu- lar de mi guardarropa, pero no de mis sueños; en ellos siempre uso vestidos que no me atrevería a llevar en mi vida cotidiana. Y, finalmente, mi atuendo se completaba con una camiseta negra de tirantes y una chamarra de piel. Sonreí ante esta última; desde hacía tiempo que deseaba una, pero mi padre siempre había tenido una extraña aberración hacia las prendas de cuero, por lo que jamás accedió a comprármela. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 10DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 10 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  3. 3. 11 Para aquel momento mis ojos finalmente se habían acostumbrado a la acentuada penumbra que me rodeaba, por lo que me puse de pie. Volví a fruncir el entrecejo al observar a mi alrededor, pasando una mano por los rizos oscuros de mi cabello mientras trataba de distinguir qué eran aquellas figuras que se alzaban frente a mí. ¿Árboles?... Sí, eran árboles. Gigantes- cos y terroríficos árboles secos, que parecían estirar sus ramas en forma de garras para intentar alcanzarme. Suspiré, manteniéndome inmóvil, tratando de conservar la calma, repi- tiéndome una y otra vez que aquello era sólo un sueño, un muy vívido y espeluznante sueño, pero nada más que eso. Las turbadoras imágenes frente a mis ojos eran simplemente el producto de una semana agotadora y una mente sobreexpuesta a películas de terror. Un sueño, un sueño, sólo es un sueño, me repetía una y otra vez, girando sobre mi propio eje para tratar de distinguir algo más que aquellos fantasmagóricos árboles muertos que pa- recían espiarme en medio de la oscuridad. Una pesadilla, más bien, dijo una voz en mi cabeza cuando por fin encontré el valor para comenzar a avanzar. El primer paso que di fue el peor. El suelo crujió bajo el peso de mi cuerpo, provocando una reacción en cadena; una plétora de sonidos resonó a través de la oscuridad de aquel tenebroso bosque: crujidos de madera seca, aullidos de animales desconocidos, el ulular del viento. Me detuve en se- co, dándome cuenta de que mi interrupción atraía el silencio otra vez; di otro paso y los ruidos volvieron junto con el aire, casi como si la naturaleza oscura de aquel lugar cobrara vida a través de mis propios movimientos. Nunca he sido una chica asustadiza, aunque debo confesar que aquello me atemorizó. ¡Gallina, gallina!, canturreó una voz en mi mente —una voz muy parecida a la de mi hermano Andrés— y, por un momento, me hizo enojar. Tragué saliva, cuadré los hombros y, después de respirar profunda- mente, comencé a caminar sin permitir que el renacimiento de los sonidos me detuviera esta vez. Tal vez tendría miedo, pero a mí nadie me iba a tachar de cobarde, ni siquiera yo misma. Avancé a través de los árboles, agachándome de vez en cuando para evitar que las ramas me alcanzaran, y verdaderamente agradecida por la chamarra de piel, puesto que de no ser por ella ya contaría con un montón de rasguños en los brazos. Fue hasta después de unos minutos que finalmente di con un sendero. No lucía menos tenebroso que el resto del bosque, pero por obvie- dad pensé que debía de guiar hacia algún lado, y como mi usual costumbre era explorar dentro de mis sueños, decidí seguirlo para averiguar hasta dón- de me llevaría. —Vanessa —me detuve en seco al escuchar aquel siseo. Abrí mucho los ojos tratando de distinguir de dónde había provenido la voz que había DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 11DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 11 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  4. 4. 12 pronunciado mi nombre con tal claridad que parecía que lo habían murmu- rado justo en mi oído. Nada. Nadie. Mis ojos me decían que me encontraba completamente sola dentro de aquel extraño paraje, pero mi instinto gritaba otra cosa. Negué con la cabe- za, tratando de deshacerme de las ideas paranoicas que comenzaban a em- bargarme, por lo que con renovadas energías retomé mi caminar a lo largo del sinuoso sendero que parecía no tener fin. Mientras avanzaba, miraba de un lado al otro, al frente y luego detrás de mí, sin lograr desechar por completo la sensación de ser observada por millares de ojitos invisibles que se encontraban ocultos, pendientes de cada uno de mis movimientos. ¡Idiota, idiota! Me recriminé en silencio. ¿Por qué no pensé en esto antes? Siempre he sido capaz de controlar mis sueños —otra de mis bizarras ha- bilidades—, no de forma total, pero generalmente logro imaginarme ciertas cosas —inertes e inanimadas, jamás seres vivos— y obligarlas a cobrar forma física cerca de mí. Por lo tanto, en aquel instante en que recordé mi insólita destreza, deseé con todas mis fuerzas encontrar una linterna en mi camino. Cerré los ojos, imaginándome la enorme linterna roja que papá guarda en el armario en caso de alguna emergencia o apagón, de esos gigantescos ar- tefactos que estorban más de lo que ayudan, pero que en aquel instante me vendría como anillo al dedo. Escuché entonces un estruendoso golpe a mi lado, por lo que inmediata- mente me volví para buscar el preciado objeto que había invocado, sólo que con desilusión me di cuenta de que lo que había aparecido en mi sueño no era exactamente lo que yo había pensado. Sí, era una lámpara, pero en forma de uno de esos antiguos faroles que se utilizaban antes del maravilloso descubrimiento de la electricidad; la alcé con mi mano, escuchando cómo el metal chirriaba, sintiéndolo frío contra mi palma al tiempo que percibía con claridad el inconfundible olor a petró- leo y cobre. Magnífico, pensé con ironía. Aquella noche mi sueño no era más que un cúmulo de decepciones. —¿Y cómo se supone que la voy a encender? —inquirí, como si alguien pudiera realmente escuchar mis quejas y, para mi sorpresa, la lámpara soltó una chispa y una débil llama comenzó a brillar dentro de ella—. Mucho mejor —murmuré girando una pequeña manija para alargar el fuego y así alumbrar un poco más. La alcé sobre mi cabeza, observando a mi alrededor ahora con la suave luz que proyectaba el farol. Los árboles lucían igual de aterradores, pero de DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 12DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 12 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  5. 5. 13 alguna manera el lograr distinguir un poco sus viejas y derruidas cortezas y el musgo del suelo gris, me provocaba una ligera sensación de calma, de encontrarme más en control dentro de mi propia imaginación. —Vanessa —aquella voz otra vez, esa voz que parecía provenir de todas direcciones. Giré de un lado al otro tratando de alumbrar la mayor canti- dad de espacio posible, pero aún así no logré distinguir más que árboles y maleza. Nada. Nadie. Inhalé profundamente y aceleré mis pasos, mirando siempre al frente, con la mente fija en la idea de que, una vez que el sendero se terminara, yo llegaría a mi destino y finalmente despertaría de este inusual y lúgubre sueño. A mí me encantaba soñar, me fascinaban mis sueños, ¿por qué demonios tenía que llegar esta estúpida pesadilla y arrebatarme algo que yo amaba tanto? Culpé a mis padres y a mi hermano por su ridícula fijación por rentar películas de terror, con tramas que simplemente no lograba resistir y que terminaba viendo con ellos. Así que avancé y avancé, maldiciendo a mi imaginación una y otra vez mientras que, poco a poco, mi caminar se transformaba en correr. Ya no mi- raba por dónde iba, simplemente trataba de alejarme de aquello que lograba sentir tras de mí. Corrí y corrí, lo más rápido que mis piernas me lo permi- tían, con aquellas estúpidas botas militares que tanto me estaban sirviendo en aquel momento, sabiendo por pura intuición que el final del camino esta- ba cerca, que mi meta se encontraba a unos cuantos metros de distancia, que pronto estaría a salvo. —Vanessa —giré el rostro sin detenerme. Nada. Nadie. Seguí avanzando a gran velocidad, distraída, atemorizada, intentando obligarme a despertar, pero para ello debía concentrarme, y en aquel mo- mento me resultaba imposible pensar en algo más que no fuera aquella voz que me llamaba. —¡Aaah! —grité cuando una masa oscura cruzó frente a mi rostro, for- zándome a detenerme. Alcé la lámpara de petróleo, aliviada al descubrir que la sombra que había volado a mitad de mi camino había sido tan sólo un búho—. Me asustaste, idiota —le reclamé al ave nocturna, que se había posado sobre una de las ramas del árbol a mi costado y me miraba con sabia indiferencia. Entonces caí en la cuenta de algo más: en mis sueños nunca había ani- males. ¿Por qué estaba soñando ahora con animales? ¿Y con voces ex- trañas? DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 13DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 13 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  6. 6. 14 ¿Y por qué demonios tenía tanto miedo, si esto sólo se trataba de mi men- te? Solté una carcajada ahogada al caer en la cuenta de la forma tan ridícula en que me estaba comportando… Me llevé una mano al cabello mientras proseguía con mi caminar, que era relajado otra vez, tranquilo y sin prisas, tomándome ahora el tiempo para observar los alrededores con más calma. —Debería imaginarme un arma —dije en voz alta, ideando maneras de sentirme más segura. Pero inmediatamente deseché la idea; con la suerte que había tenido aquella noche, trataría de invocar una escopeta y terminaría con una pistola de agua. Continué avanzando durante largo rato, sorprendida ante la duración del sueño. A pesar de que a esas alturas ya nada debería asombrarme, me re- sultaba extraño que hubiera pasado más de una hora y yo continuara sin despertar, cuando generalmente mis sueños parecían durar apenas unos mi- nutos, sin importar que me fuera a la cama temprano y despertara cuando ya había amanecido. Me dolían los pies de tanto avanzar y los brazos por estar sosteniendo la lámpara en alto, cuando finalmente creí distinguir cómo el sendero llegaba a su fin. Fruncí el entrecejo avanzando con mayor rapidez, sorprendida al ver cómo de repente una nueva luminosidad aparecía frente a mí, no muy potente, pero sí lo suficiente como para esclarecer un poco la densa negrura. Luz blanca, suave… Luz de luna. Sonreí cuando me di cuenta de que el camino se abría para dar paso a un gigantesco claro, coronado con una brillante luna llena que se reflejaba en las aguas oscuras de un enorme lago, situado justo a la mitad de aquella extraña pradera gris. Bajé la lámpara, avanzando despacio hacia la ondulante laguna, sintiendo una suave brisa rozar mi piel, acariciándome, tranquilizán- dome. A pesar de la oscuridad, a pesar de la falta de color y de tibieza, tuve que admitir que aquello era extrañamente bello. Me mordí el labio inferior, tratando de contener una carcajada nerviosa, cerrando los ojos para permitir que el viento nocturno y los rayos de la luna me inundaran, calmando mis atrofiados sentidos y otorgándome una rara sensación de paz. Pero entonces sentí algo en mi cuello. Algo frío, duro, filoso. Abrí los pár- pados de golpe, no distinguiendo nada más que la larga hoja de una espada frente a mí, con su punta rozando muy de cerca mi yugular. Solté la lámpara, que cayó en el piso con un ruido sordo, apagándose su flama de manera instantánea. Tragué saliva intentando deducir qué demonios hacer ahora, procurando que la punzante suavidad de la espada no atravesara mi delgada piel por algún movimiento en falso. Pero entonces escuché una voz ronca, baja, amenazante. Una voz que ja- más había escuchado pero que sé que nunca olvidaré. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 14DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 14 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  7. 7. 15 —¿Qué demonios estás haciendo aquí? Fue aquella voz la que me obligó a alzar la mirada. Y fue ése el instante en que me topé con un par de ojos color esmeralda, brillantes, chispeantes, completamente bellos. —¡Te hice una pregunta! ¿Qué demonios estás haciendo aquí? Y no supe por qué, creo que nunca lo sabré, pero fue en ese momento cuando comencé a reír. De mi pecho brotaba carcajada tras carcajada, re- sonando en medio del silencioso y quieto ambiente que de repente se veía interrumpido por mis estruendosas risotadas. —¿Qué te parece tan gracioso? —preguntó el sujeto frunciendo el ceño, mirándome entre molesto y desconcertado, como si yo fuera un bicho raro al que no sabía si ignorar o aplastar bajo su suela. Negué con la cabeza, intentando calmar mi risa, aunque sin mucho éxito. —¡Por todo lo que es sagrado, esto no es divertido! —gritó finalmente, bajando la espada, para después, con un rápido movimiento, situarla en una funda que colgaba de su cinturón—. Te lo preguntaré una última vez: ¿qué estás haciendo aquí? Tú no deberías de estar en este dominio, aún no es tiempo. Con un esfuerzo sobrehumano, por fin fui capaz de detener mis carcaja- das. Me llevé una mano hasta las mejillas para limpiar las lágrimas que me habían provocado las risas. —Perdón… ¿Qué? —articulé sin entender nada de lo que me decía. —Tú no deberías de estar aquí. Estás en peligro. ¿No lo entiendes? Alcé una ceja con gesto de total sarcasmo. —Vaya, éste es sin lugar a dudas el sueño más extraño que he tenido en mi vida. —¿Sueño? ¿Crees que…? A pesar de que continuaba hablando, ya no lo escuché. Me miraba con la más completa confusión reinando en su rostro… En su muy atractivo ros- tro, debo agregar. Llevaba el cabello oscuro más largo de lo habitual en los hombres, un par de mechones negros le surcaban la frente cayendo sobre su ojo derecho. Fruncía el ceño, atrayendo mi atención hacia ahí; sobre su ceja izquierda se lograban distinguir dos cicatrices muy delgadas, perpendicula- res y paralelas, que le otorgaban cierto grado de peligro a sus facciones; sus resplandecientes ojos verdes continuaban brillando al observarme; su nariz era recta y masculina, como esculpida a partir de alguna estatua griega, per- fecta y sin desviaciones; y sus labios, ¡oh, Dios, esos labios! El superior era algo delgado, pero este detalle simplemente resaltaba lo carnoso del labio inferior. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 15DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 15 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  8. 8. 16 Después de su rostro me desvié hacia su cuerpo. Era alto, significativa- mente más alto que yo, a pesar de que mido un metro con setenta centíme- tros. Vestía una camisa negra de mangas anchas, un chaleco de piel negro y de corte extraño y largo, y unos pantalones entallados de la misma tela del chaleco; para completar el atuendo, calzaba unas toscas botas oscuras y sucias, llenas de fango seco. Sus hombros eran anchos y, a pesar de las prendas, su pecho lucía fuerte y musculoso; sobre éste resaltaba un medallón plateado con una intrincada forma que me resultó ligeramente familiar… Pero nada de todo aquello llamaba realmente mi atención como esos ojos color esmeralda. Mi intenso y nada sutil escrutinio me impidió recordar qué había sido lo último que él había exclamado. —¿Qué dijiste? —inquirí cuando logré tomar de nuevo el control de mi sobrecalentado cerebro. —¿Que si aún sigues creyendo que éste es sólo un sueño? —articuló con desdén, y ahora fue él quien levantó una ceja con cinismo. Sonreí burlona. —Sí, y bastante original, si me permites agregar. —¿Original? ¡Esto no es original, es extremadamente peligroso! Vételo grabando en tu dura y bella cabecita. ¡No deberías estar aquí! —¿Peligroso? —dije, sintiendo otra vez las irremediables ganas de es- tallar en carcajadas—. ¿Peligroso? ¡Todo esto es producto de mi mente! ¿Cómo va a ser peligroso? —¡Lo es! ¡Maldición! Tiene que haber una manera de sacarte de aquí sin usar el Portal de la Roca —por un momento parecía hablar más consigo mismo que conmigo—. Si utilizamos un Portal Fijo él podría enterarse de su localización y eso nos perjudicaría bastante… Si tan sólo hubieras entrenado ya, te podrías obligar a ti misma a regresar a casa pero… —¡Hey, guapo! —exclamé, chasqueando mis dedos frente a su rostro, tratando de atraer de nuevo su atención; nunca en mi vida había actuado así frente a alguien, pero aquél era mi sueño, así que supuse que mis modales no importaban mucho—. Estás balbuceando demasiado y comienzas a marear- me. Ahora, si me disculpas, voy a continuar explorando. —Tú no vas a ningún lado más que fuera de aquí —ordenó, cruzándose en mi camino, con obvias intenciones de detenerme. —Qué increíble. A pesar de que eres una creación de mi mente, no eres muy amable que digamos, ¿sabes? —¿Ah, sí? Pues tú tampoco estás siendo la dulzura personificada. —Creo que durante un sueño importa poco cómo me comporte. Ahora déjame ir. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 16DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 16 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  9. 9. 17 —¡Santo cielo, Nessa! ¡Ni siquiera sabes en lo que te estás metiendo! —gritó, y entonces mi temor volvió; no porque hubiera alzado su tono, ni por el brillo peligroso de su mirada, sino por cómo me había llamado, por cómo había pronunciado aquel diminutivo, que a mí me fascinaba pero que la gente había dejado de usar desde que salí de la primaria. —¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté, dando un paso atrás. Pareció estar a punto de responder pero en un instante se detuvo, como si se hubiera dado cuenta de que había cometido un error. —Eso no es importante en este momento. Ahora lo urgente es encontrar la manera de sacarte de aquí antes de que él te encuentre —exclamó, al tiempo que me tomaba por el codo, para entonces obligarme a avanzar a su lado. —¿De qué demonios estás hablando? —pregunté mientras comenzába- mos a rodear el perímetro del inmenso lago. —Guarda silencio. Ya atrajimos bastante la atención. De un jalón me solté de su contacto, deteniéndome de golpe y cruzando los brazos frente a mi pecho. —Lo lamento, guapo, pero comienzas a sacarme de mis casillas. O me dices quién eres y qué quieres de mí o no me muevo de este lugar. Tomó mi rostro entre sus grandes manos, acercándose tanto a mí que logré sentir su aliento contra mis labios. Me olvidé de cómo se respiraba. —Soy el hombre que está intentando salvarte la vida. Me sentí ligeramente mareada y algo atontada, como si flotara. El calor que él irradiaba chocaba en cálidas olas contra mi piel; al mismo tiempo, la frescura de su respiración contrastaba con el fuego que yo percibía espar- ciéndose sobre mis mejillas. —¿Qué? —dije con voz ahogada, aún sin recordar inhalar, aún sintiendo su aliento sobre mi rostro. Las palabras hombre y vida eran las únicas que continuaban resonando en mis oídos. —Ya basta de preguntas. Y entonces, sin aviso alguno, me cargó. Pero no de la manera caballerosa en que una mujer se imagina ser levantada en vilo, ¡oh, no! Me alzó como si fuera un saco de papas, echándome sobre su hombro mientras comenzaba a avanzar otra vez. El asombro me enmudeció durante unos instantes, pero entonces la indignación se abrió camino a través de la sorpresa. —¡Bájame! ¡Bájame! ¡Bájame, cucaracha piojosa! —grité al tiempo en que golpeaba su ancha espalda, sintiendo los fuertes músculos de su brazo y su pecho contra mis piernas y mi estómago—. ¡Que me bajes, te digo, o comenzaré a gritar por ayuda! —¿Qué no lo entiendes? Yo soy la ayuda. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 17DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 17 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  10. 10. 18 —¡Estás loco! ¡Psicópata, desquiciado, demente! ¡Bájame ya! —continué gritando improperios mientras le azotaba la espalda y pataleaba con todas mis fuerzas, pero todo fue en vano puesto que él ni se inmutó. Prosiguió rodeando el lago, alejándonos cada vez más del sendero por el que había arribado al claro, pero en realidad no lograba ver a dónde nos dirigíamos gracias a la postura muy poco favorecedora de mi pobre cuer- pecito, que rebotaba contra su dura musculatura a causa de su acompasado caminar. Me alzaba y me dejaba caer, me removía y pataleaba, gimiendo cada vez que sentía cómo su brazo me aprisionaba con más y más firmeza. Nada pa- recía perturbarlo, mientras que yo estaba prácticamente berreando de impo- tencia, enojo y desesperación. —Deja de retorcerte —murmuró unos minutos más tarde, y yo casi po- dría jurar que lo sentí reír. —¡Que me bajes ya, héroe de segunda mano! —insistí llena de ira, con renovado ímpetu al notar cómo él sonaba entretenido con la situación; pero entonces me di cuenta de que, al parecer, a mí me dolían los golpes que le propinaba más de lo que en realidad le molestaban a él; me detuve, mirando mis enrojecidos puños, resoplando para quitarme el cabello que caía sobre mi cara; doblé los codos recargándolos en su espalda, para después acomo- dar mi barbilla sobre las palmas de mis manos—. Esto es ridículo. ¡Ridícu- lo! Y no es gracioso. —Lo lamento, pero en eso no estamos de acuerdo —contestó con di- versión. —Puedo caminar perfectamente, ¿sabes? Y no necesito que me rescaten, eso tenlo por seguro. —En serio que eres obstinada. —¿Y me vas a decir que tú no? —¡Oh, claro que lo soy! Es una de mis cualidades… Sólo que lo mío es tenacidad, no terquedad —respondió con sarcasmo. Casi podría jurar que sonreía burlón. —¡Cómo si existiera mucha diferencia! —¡Pero por supuesto que la hay! Tan sólo fíjate quién de los dos va de pie, y quién recorre las distancias con el trasero apuntando al cielo. Yo llegaba al límite de mi paciencia. —¡Agh! ¡Bájame ya, estúpido mastodonte de circo, que me quiero ir a casa! —Vaya, hasta que coincidimos en algo. Yo también quiero que te vayas. —¡Ja! ¡Muy gracioso! ¿Has considerado convertirte en comediante? DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 18DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 18 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  11. 11. 19 —Impresionante, eres la quinta persona que me dice eso hoy —respon- dió sarcástico. —¡Bájame ya, mandril sin zoológico! —Lo que tiene que hacer uno para pasar de guapo a mandril… Qué in- sultos más curiosos. —¡Cuento con un extenso repertorio, troglodita descerebrado! Finalmente soltó una carcajada. —No puedo esperar para escucharlos todos… —Vanessa —aquella voz lo interrumpió, aquella voz siseante y tétrica re- sonando otra vez. Me petrifiqué sobre su hombro, notando entonces cómo él también había detenido sus movimientos—. Vanessa… —Tú también oíste eso, ¿verdad? —susurré asustada; él asintió sin ha- blar. Bueno, al menos no estaba loca: él también lo había escuchado. Me sentí ligeramente aliviada. —Vanessa… Adiós alivio, hola terror. —Está aquí —murmuró con tono ronco. —¿Quién? —pregunté, abriendo mucho los ojos. —Arématis. —¿Are-qué? —¡Guarda silencio! —ordenó sin alzar la voz. Finalmente me bajó, pero en ningún momento se despegó de mí; su brazo continuaba rodeándome la cintura de forma protectora. Tuve que alzar el rostro para mirarlo, sorprendiéndome otra vez ante su imponente altura; él se pasó la lengua por los labios mientras observaba a su alrededor, después se llevó la mano libre hasta los ojos y murmuró unas palabras que no logré entender, bajando el brazo un segundo más tarde para luego entrecerrar los párpados, como si intentara ver más allá de la negrura que dominaba el pa- raje. Lucía concentrado, feroz, implacable y, a pesar de mi miedo, nunca me sentí más segura como en aquel instante. Fue hasta entonces que me di cuenta de que había cerrado las manos sobre la tela de su camisa, asiéndola con fuerza como si intentara acercarme aún más a él; lo solté y de manera involuntaria alisé las arrugas que había formado con mis puños. Levanté el rostro otra vez, notando que ahora él también me miraba, de la forma más intensa en que jamás he sido observada por alguien. —Vanessa —la voz rompió de tajo nuestro contacto visual. —Maldición. ¡Corre! —gritó, tomándome de la mano y obligándome a avanzar. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 19DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 19 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  12. 12. 20 Al principio logré mantenerme a su paso, pero en instantes más bien pa- recía arrastrarme tras él. Estuve a punto de quejarme, sintiendo como si me fuera a arrancar el brazo en su intento por mantenernos en movimiento, pero entonces se me ocurrió mirar hacia atrás. Nunca lo hubiera hecho. La oscuridad crecía y crecía, convirtiéndose en la más profunda de las noches, en la más espeluznante nada. No existía un cambio significativo en el paisaje, pero de alguna forma mis ojos lograban percibir como si la negrura estuviera devorándolo todo, con afilados dientes que iban engullendo los árboles, la maleza, las rocas. —¡Oh, por Dios! ¡Oh, por Dios! —dije, casi sin aliento. —No te detengas —ordenó por lo bajo. Y de manera innecesaria, debo admitir, porque después de aquel espectáculo lo que menos deseaba era dete- nerme para ser tragada por aquella densa y cortante oscuridad, que se sentía como un ente vivo, como un implacable engendro listo para arrastrarlo todo hacia el completo olvido, hacia el más intimidante vacío. —¿Qué es eso? ¿Qué demonios es eso? —pregunté resollando. —No te detengas —repitió como única respuesta. Nos adentramos de nuevo en la profundidad de aquel bosque sin vida, escapando, corriendo lo más rápido que podíamos, huyendo durante kiló- metros y kilómetros, mientras yo sentía que mis pulmones estallarían en cualquier momento, que devolvería el cereal que había comido durante la cena, que los músculos de mis piernas ardían ante el esfuerzo sobrehumano que realizaba por mantenerme en movimiento. —Ya no puedo… ya no puedo… —murmuraba a manera de ruego. Tal vez aquella negrura no era tan mala, tal vez ofrecería algún tipo de consuelo, de descanso de esta interminable carrera, tal vez sería mejor que sentir que todos los órganos de mi cuerpo iban a explotar gracias al cansan- cio y al derroche excesivo de adrenalina. —Un poco más. Ya casi llegamos —exclamó volviendo su rostro un se- gundo, sonriéndome un instante, como si deseara darme ánimos. —Ya no… puedo… —Sí puedes, Nessa. Vamos, sólo un poco más. Si alguien puede lograrlo, ésa eres tú. —¿De qué diablos… estás… hablando? De repente se detuvo, tan de golpe que mi cuerpo chocó contra el suyo. Estuve a punto de caer pero me sostuvo por la cintura, rodeando mi cuerpo otra vez entre sus protectores brazos. Puse mis manos sobre sus hombros, sosteniéndome mientras trataba de mantener la compostura, de no gritar DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 20DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 20 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  13. 13. 21 aterrorizada ante esta maldita pesadilla que había llegado a arruinarme la existencia. —Escúchame bien, porque no tenemos mucho tiempo —dijo en cuanto notó que había recobrado el equilibrio, aunque todavía me costaba mucho trabajo mantenerme en pie. A decir verdad, me costaba mucho trabajo hasta respirar. —¿Qué? —articulé, tratando de distinguir sus palabras por encima del agudo zumbido que resonaba en mis oídos, al tiempo que giraba la cabeza para intentar ver si aquella palpitante oscuridad seguía detrás de nosotros. Logré distinguirla a lo lejos, pero acercándose cada vez más, aumentando de velocidad, de intensidad. Parecía uno de esos agujeros negros que ha- bía estudiado hacía años en la clase de Ciencias Naturales de la secundaria, succionando todo lo que se encontraba a su paso, transformándolo en un páramo desierto y de noche eterna. Me estremecí ante el miedo que aquella idea me provocó. —¡Nessa, escúchame, por favor! ¡Pon atención durante un segundo si- quiera! —exclamó impaciente, tomando mi rostro de nuevo entre sus manos ásperas y masculinas, atrayendo mi mirada otra vez hacia él—. No debes volver aquí, por ningún motivo, ¿me entendiste? No estás preparada. —¿De qué me hablas? No comprendo nad… —¡Te lo explicaré después! Ahora sólo quiero que me prometas que no volverás. Arrugué la frente con desconcierto. No tenía ni la menor idea de cómo había llegado a aquel sitio en primer lugar, ¿así que cómo prometer no vol- ver? ¿Cómo ordenarle a mi mente que no lo volviera a soñar? —¡Prométemelo! Me sobresalté ante su grito lleno de desesperación. —Lo prometo —murmuré con un dejo de voz. —Bien… Sé que debes de estar muy confundida, pero después habrá tiempo para las explicaciones. Te encontraré, ¿quedó entendido? Eso es lo que yo te prometo a ti. —Está bien —dije, sin encontrar una mejor respuesta. —Ten —llevó una mano hasta el medallón y con un tirón lo arrancó de su cuello—. Llévatelo. De otra manera no podré localizarte. Alcé la mano hasta rodear el adorno de plata con mis dedos, sintiéndolo extrañamente cálido contra mi palma. —No lo vayas a extraviar, por favor. Es demasiado importante… Y no lograré llegar a ti si lo pierdes. —No lo haré —articulé con cierto grado de indignación. ¿Quién creía que era? ¿Una niñita distraída que no sabe dónde deja las cosas? Aunque DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 21DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 21 21/11/15 20:5921/11/15 20:59
  14. 14. 22 debo confesar que más de la mitad de mi joyería de fantasía está regada por toda mi casa. —Bien —fue lo último que dijo, para entonces tomarme por los hombros hasta hacerme avanzar caminando hacia atrás. —¿Qué haces? —pregunté frunciendo el ceño, sintiendo cómo mi espal- da se topaba con una enorme formación rocosa detrás de mí. Mis pulmones se vaciaron por completo, mi corazón se saltó un latido, una resplandeciente luz púrpura brilló cegándome al instante y entonces desperté en mi cama, sentándome de golpe, inhalando grandes bocanadas de aire en un intento por recobrar el aliento. Me llevé una mano al rostro empapado de sudor, y fue hasta que sentí algo frío y duro contra mi piel que levanté la vista, colocando la palma abier- ta frente a mí. El medallón plateado pareció devolverme la mirada, fulguran- do bajo la luz de la mañana con destellos que me daban la impresión de estar burlándose de mí. DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 22DB Dominio Onix 456pp 13.5x21cm.indd 22 21/11/15 20:5921/11/15 20:59

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