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Editorial MD
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Manuel Adrián y Luis Andrés
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Créditos:
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Maya, alumna del jardín de niño...
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“-¿Verdad papá que el Diablo no existe?-
-Claro que no hijo, sólo te ...
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Patricia Mercado Capistrán
Índice
Introducción9
I. Los primeros días de clase.
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II. ¿Qué hace mi hijo en el preescolar...
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Educación preescolar una responsabilidad compartid
VII. Conducta y límites.
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VIII. Palabras altisonantes
y mentiras.39...
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Introducción.
Los avances científicos del último siglo, la innovación...
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solteras, e incluso de padres solos, que en su necesidad de trabajar requieren de un
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En mi experiencia, las educadoras y directivos nos enfrentamos a un ...
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I. Los primeros días de clase.
Para algunos resulta traumatizante el...
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Patricia Mercado Capistrán
Hablemos primero de mamá o papá que no deja ir a su bebé. Existen temores en
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En la escuela preescolar las maestras trabajan este aspecto con los ...
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Buen libro que explica los alcances de la responsabilidad compartida de la educación inicial o preescolar

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  1. 1. 1 Educación preescolar una responsabilidad compartid Educación preescolar una responsabilidad compartid Patricia Mercado Capistrán Editorial MD
  2. 2. 2 Patricia Mercado Capistrán Editorial MD
  3. 3. 3 Educación preescolar una responsabilidad compartid A mis hijos: Manuel Adrián y Luis Andrés por ser mis maestros de vida. Editorial MD
  4. 4. 4 Patricia Mercado Capistrán Créditos: Ilustración de portada: “Miss Paty y yo en patines” Maya, alumna del jardín de niños. Cinco años de edad. Diseño gráfico: L.D.G. José Luis Cuenca Jiménez. Corrección de estilo: Marcia Álvarez Manilla Morales Ilustraciones: Marcela De La Torre Mendoza. José Luis Cuenca Jimenez. Agradecimientos especiales por su valiosa colaboración a: Ericka Mendározqueta Mercado Juan Luis Spíritu Labonne Pedro Bejarano Mercado Editorial MD
  5. 5. 5 Educación preescolar una responsabilidad compartid “-¿Verdad papá que el Diablo no existe?- -Claro que no hijo, sólo te lo dicen para espantarte- -Entonces...¡¿Dios tampoco existe?! -¡¡¿¿??!!-” Diálogo de un padre con su hijo de cuatro años de edad. Editorial MD
  6. 6. 6 Patricia Mercado Capistrán Índice Introducción9 I. Los primeros días de clase. 13 II. ¿Qué hace mi hijo en el preescolar? 17 III. Desayunos y hábitos saludables. 31 21 IV. Control de esfínteres. 23 V. ¿Debe aprender a leer y escribir mi hijo en preescolar?27 VI.- Realidad de la familia actual. Editorial MD
  7. 7. 7 Educación preescolar una responsabilidad compartid VII. Conducta y límites. 35 VIII. Palabras altisonantes y mentiras.39 IX. Conductas agresivas entre compañeros.41 X. Valores en preescolar, base del desarrollo moral.45 XI. Sexualidad infantil. 49 Conclusiones 53 Editorial MD
  8. 8. 8 Patricia Mercado Capistrán Editorial MD
  9. 9. 9 Educación preescolar una responsabilidad compartid Introducción. Los avances científicos del último siglo, la innovación y la era de la globalización nos han alcanzado a todos introduciéndose en nuestras vidas, nuestros hogares y sin duda alguna en nosotros mismos. Nuestros niños no son como nosotros cuando teníamos su edad. La educación ha seguido un proceso evolutivo pasando del típico: “la letra con sangre entra”, seguido del estímulo-respuesta conductista: “te doy un dulce si haces tu tarea”; llegando aho- ra a enseñar el gusto por aprender, como sugiere la UNESCO en su informe Delors (1996) “aprender a aprender”. En el caso específico de nuestro país, a partir de considerarse obligatoria la educación preescolar (1993 y ratificada en 2002), existe una constante actualización de los programas, otorgando al niño un papel central. Además propone que la educación preescolar pase, de ser sólo un antecedente de la educación primaria, a formar parte de la estructura curricular de la educación básica; la cual comprende los siguientes niveles: tres años de preescolar, seis años de primaria y tres años de secundaria. La educación preescolar obligatoria sienta las bases de la educación básica; de allí su importancia. Varios son los factores que han propiciado el desafío al que se enfrenta la educación preescolar: 1. Los cambios en la estructura de las familias. Se ha convertido en una necesidad que la mujer se inserte en el mundo laboral. Esto ha ocasionado cambios importantes en la estructura básica de la familia, viéndose reducido el tiempo que se puede dedicar a los hijos; siendo, ahora, ambos padres los responsables de esta tarea. A su vez, se ha incrementado el número de madres Editorial MD
  10. 10. 10 Patricia Mercado Capistrán solteras, e incluso de padres solos, que en su necesidad de trabajar requieren de un espacio para la atención de los menores. 2. Los procesos de urbanización. Lamigracióndelcampoalasciudades,laconstruccióndemásespacioshabitacionales y la reducción de áreas de juego para los menores, impiden la socialización con otros niños. 3. Los medios masivos de comunicación. La fuerte influencia que ejercen hoy en día los medios de comunicación en la vida de las personas, y que son un estímulo para los menores, ocasiona la necesidad in- dispensable de que la escuela esté presente en su vida, no sólo para apoyarlos a procesar la información sino para mantener una actitud crítica ante los mensajes que reciben, una actitud que les permita aprender a discernir y discriminar. 4. El aumento de la violencia y la inseguridad. Es notable la reducción del espacio público, del área en donde el niño solía jugar li- bremente; ahora es la escuela quien pretende proporcionar al menor un clima de seguridad y confianza en el que pueda potenciar su desarrollo. 5. La pobreza y la desigualdad Un punto importante es que la escuela requiere ser democrática y permitir el acceso a los niños de escasos recursos. La escuela debe atender, prioritariamente, a las zonas con mayor desigualdad social y a los menores en “situación de riesgo”. Estos factores han originado que la educación preescolar sea vista, actualmente, como un espacio privilegiado en el que el menor ve potenciadas sus competencias intelectuales, la capacidad de aprender permanentemente y la formación en valores. El reto para las educadoras no ha sido fácil. Cada una de nosotras tiene referentes de trabajo distintos; pero, que ahora, han sido homogenizados. Primero con el Plan de Estudios 2004 y, más recientemente, con las modificaciones al mismo Plan, en 2011. Estas reformas tienen el objetivo de dar mayor solidez vinculándose con la trama curricular de la educación primaria. Los programas por competencias nos otorgan una nueva visión de la educación preescolar. En ellos, el alumno asume el papel principal, siendo el docente un mediador entre el conocimiento y el menor. Pasando de una “educación bancaria” -siguiendo el concepto que Freire emplea en su pedagogía del oprimido (1970) para definir el mecanismo en que el docente deposita la información en el menor- a una educación en la que el docente incita al alumno al aprendizaje, convirtiéndose a su vez en aprendiz. Editorial MD
  11. 11. 11 Educación preescolar una responsabilidad compartid En mi experiencia, las educadoras y directivos nos enfrentamos a un reto mayor: volver a otorgar al padre de familia un papel protagónico en la vida de sus hijos. Padres y maestros preocupados y ocupados en el desarrollo de los niños. Mi experiencia de quince años como directora de Jardín de Niños -una de las modalidades de la educación preescolar- me permite afirmar que los padres están, lamentablemente, cada vez menos involucrados en impartir a sus hijos las normas de conducta que les permitan convivir y desenvolverse en un medio social; llámese escuela, casa o sociedad. Esta ausencia de compromiso surge porque piensan que la escuela es quien debe ofrecer la educación a los niños, porque sus actividades laborales no les permiten el tiempo para dedicárselo, por tener una visión de la pa- ternidad y la maternidad cada vez más ligera (es decir, sin una consciencia plena de lo que ser madre o padre representa), por ser demasiado jóvenes, por ser padres o madres solos, por la intervención de los abuelos o, simplemente, porque resulta más cómodo dejar esa responsabilidad a la escuela. Una última razón, cada vez más frecuente, es porque hay padres que piensan que dando a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron y más, están cumpliendo con su labor de educar. Existe, por supuesto, la contraparte: padres y madres demasiado preocupados que no encuentran a quién acudir cuando tienen una duda con respecto a la crianza de sus hijos. En fin, como dice el dicho: “Nadie nos enseñó a ser padres”; sin embargo, ¿saben quién puede enseñarnos?, la respuesta es clara: nuestros propios hijos. El presente material pretende acompañar a los padres de familia, vincular el trabajo de la escue- la con el de la casa y formar un equipo entre maestros, directivos y padres. Todo esto para apoyar el sano desarrollo de nuestros niños. Nace como una necesidad dentro de mi trabajo como directora: la de ofrecer a los padres de familia una alternativa que les ayude a ver, en sus hijos, seres humanos en formación y, por qué no, a sus mejores maestros. También surge como un agradecimiento a todos los padres que han confiado en mí, permitiéndome hacer un aporte a la vida de sus hijos; pero, sobre todo, como un compromiso permanente con quienes también han sido mis mejores maestros y amigos: los niños. A ellos debo mi aprendizaje y a ellos debo este material, para que cada uno tenga a sus padres cerca y pueda contar con ellos. A su vez, pretende dar respuesta, a las preguntas más frecuentes de los padres de familia. ¿Qué hace mi hijo en el preescolar? ¿Cómo es mi hijo en la escuela? ¿Qué le mando de desayunar? ¿Debe aprender a leer y escribir mi hijo en preescolar? ¿Cómo se lleva con sus amiguitos? ¿Cómo enseñan valores en el preescolar? ¿Acompañan a mi hijo al baño? Las preguntas de los padres son muchas, espero que este material les sea de utilidad y que juntos podamos, parafraseando a José Martí, ayudar a construir un mejor futuro para sus hijos. Editorial MD
  12. 12. 12 Patricia Mercado Capistrán Editorial MD
  13. 13. 13 Educación preescolar una responsabilidad compartid I. Los primeros días de clase. Para algunos resulta traumatizante el sólo hecho de pensar en dejar a su bebé en el preescolar ese temido primer día. ¿Y cómo no?, me imagino como adulto llegar a un lugar en el que no conozco a nadie ¡Sólo llegan me dejan allí y ya!, sin ninguna explicación. ¿Cómo te sentirías tú? Pues bien, debemos considerar que los niños entre los 2 años 6 meses y los cinco años de edad, que son quienes asisten al preescolar, no reconocen aún las secuen- cias temporales. Esto es, no comprenden lo que significa “al rato regreso”, “sólo es un ratito” o “regreso en 4 horas”. El menor vive el aquí y el ahora, más allá no hay nada. No comprende por qué lo han dejado en un lugar desconocido. El sentimiento, naturalmente, es de temor; sobre todo si reconocemos que a esa edad la prioridad es satisfacer la necesidad de seguridad ¿qué va a hacer cuando quiera ir al baño?, ¿quién le va a dar su comida?, ¿quién lo va a cuidar? El niño menor a 3 años de edad, por lo regular, ha pasado en familia su corta vida, ya sea en casa con mamá, papá o ambos; o bien, en casa de los abuelos o tíos. Juega, ríe, va y viene, se mueve; pero siempre ante la mirada protectora de su familia. Por supuesto, la consecuencia lógica es llorar cuando llega al preescolar, aferrán- dose a mamá y, en algunos casos, es mamá quién se aferra a él, ¡No quiere dejar ir a su bebé! Editorial MD
  14. 14. 14 Patricia Mercado Capistrán Hablemos primero de mamá o papá que no deja ir a su bebé. Existen temores en los padres, lo he visto en sus rostros y a través de sus preguntas constantes cuando quieren elegir escuela para sus hijos. Lo primero es recordar que si bien, para no- sotros como padres, nuestro hijo es el ombligo del mundo, existen muchos otros ombligos del mundo. Cada hijo para cada padre es su mayor tesoro. Tu hijo, al llegar a la escuela, se relacionará con otros niños, de allí parte la mayor riqueza del prees- colar. Por otra parte, vale la pena recordar que a los 3 años, un niño ya no es un bebé. Las mamás, sobre todo, nos enfrentamos a un sentimiento de pérdida, parecido al que sentimos cuando nació nuestro hijo, ¡ya no está dentro de nosotros! Ese mismo sentir nos acompaña el primer día de escuela ¡se fue! ¡ya no está con nosotros!; es un segundo parto y, sin duda, habrá otros. Puedo asegurarte que sufre más la mamá que el niño. El niño llora un poco, pero al final juega y se reconforta. La mamá siempre va a recordar el primer día de clases de su hijo con un sentimiento de pérdida, de vacío y de nostalgia. Para apoyarte como padre a superar el primer día de clases, lo primero es saber en dónde y con quién estás dejando a tu hijo. Necesitas sentir esa confianza con la edu- cadora o directora de la escuela que elegiste. Necesitas conocer si la escuela sostiene los mismos principios y valores que quieres inculcarle a tu hijo. Por ejemplo, no vas a llevar a tu hijo a una escuela de una doctrina religiosa que tú no profesas. Necesitas tomarte el tiempo para hablar con la directora, para conocer a la educadora, por lo menos saber sus nombres, su preparación profesional, tener una clara imagen de las personas que estarán a cargo de tu hijo durante el horario de clase. En este senti- do, las escuelas públicas realizan una reunión de padres de familia los primeros días de clase; en ella, la directora y el personal docente explican su forma de trabajo. En las escuelas particulares, por lo general, el trato es más personalizado; la directora y la docente tienen una reunión con el padre de familia para explicar cómo se ha de trabajar, para conocer a la familia y al mismo niño. Recuerda que es indispensable mantener una buena comunicación entre padres y maestros. El segundo punto es el niño. ¿Cómo ayudarlo en éste primer día de clases?, el pequeño requiere seguridad y confianza. En la medida que tú como padre te sientas cómo- do con la escuela que elegiste para tu hijo, podrás transmitir seguridad y confianza. ¿Cómo?, comunicándote con él, explicándole que no lo vas a dejar abandonado en la escuela; que vas a regresar pronto por él. Aunque no comprenda las secuencias temporales, sí podrá comprender la seguridad de tus palabras. Dale estusiasmo co- mentándole acerca de los beneficios de la escuela: que tendrá amigos, que estará bien, y siempre hazle saber que volverás por él… siempre. Un juego que le puede ayu- dar es el de las escondidas. Juega a esconderte y regresa, de esta manera estarás dando el mensaje correcto: “Voy a regresar”. Cuando dejes a tu hijo en casa de abue- los o familiares, dile la verdad: voy a salir pero regreso. Decir mentiras al niño acerca de a dónde irás o cuánto tardarás, crea sentimiento de inseguridad en él. Algunos papás le dan un reloj y le dicen: cuando la manecilla llegue aquí, yo regreso. Es una buena idea, ya que además estarás enseñando al niño la utilidad de medir el tiempo. Editorial MD
  15. 15. 15 Educación preescolar una responsabilidad compartid En la escuela preescolar las maestras trabajan este aspecto con los niños muy de cerca, poniendo especial atención en quienes entraron recientemente. Les explican cómo es un día de escuela, qué hacen durante él, los llevan a recorrer las instalacio- nes para que ubiquen el espacio en el que se encuentran. El objetivo de la educadora debe ser que el niño se sienta cómodo y seguro. En este caso las palabras claves son: confianza y comunicación. Editorial MD
  16. 16. 16 Patricia Mercado Capistrán Editorial MD

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