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Francisco en
Sudamérica
TODOS LOS DISCURSOS
Y HOMILÍAS QUE PRONUNCIÓ
S.S. FRANCISCO
EN SU VIAJE APOSTÓLICO A
ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY
JULIO 2015
El Papa Francisco en Sudamérica
2
ÍNDICE
ECUADOR
Domingo 5 de julio de 2015
DISCURSO DEL SANTO PADRE EN CEREMONIA DE BIENVENIDA. QUITO
Lunes 6 de julio de 2015
SALUDO Y BENDICIÓN EN LA VISITA AL SANTUARIO DE LA DIVINA
MISERICORDIA. GUAYAQUIL
HOMILÍA EN SANTA MISA EN EL PARQUE DE LOS SAMANES. GUAYAQUIL
DISCURSO EN VISITA A LA CATEDRAL DE QUITO
Martes 7 de julio de 2015
HOMILÍA EN SANTA MISA EN EL PARQUE DEL BICENTENARIO. QUITO
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA ESCUELA Y DE LA
UNIVERSIDAD EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL
ECUADOR. QUITO
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LA SOCIEDAD CIVIL EN LA IGLESIA DE
SAN FRANCISCO. QUITO
Miércoles 8 de julio de 2015
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL CLERO, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y
SEMINARISTAS EN EL SANTUARIO NACIONAL MARIANO EL QUINCHE.
QUITO
BOLIVIA
Miércoles 8 de julio de 2015
DISCURSO EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA. LA PAZ
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES CIVILES EN LA
CATEDRAL DE LA PAZ
El Papa Francisco en Sudamérica
3
Jueves 9 de julio de 2015
HOMILÍA EN SANTA MISA EN LA PLAZA DEL CRISTO REDENTOR. SANTA
CRUZ
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS,
RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS EN EL COLEGIO DON BOSCO. SANTA CRUZ
DISCURSO EN EL II ENCUENTRO MUNDIAL DE MOVIMIENTOS POPULARES
EN EL SALÓN PRINCIPAL DE LA FERIA EXPOCRUZ. SANTA CRUZ
Viernes 10 de julio
DISCURSO EN LA VISITA AL CENTRO DE REHABILITACIÓN SANTA CRUZ-
PALMASOLA
PARAGUAY
Viernes 10 de julio
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES Y EL CUERPO
DIPLOMÁTICO EN EL JARDÍN DEL PALACIO DE LÓPEZ
Sábado 11 de julio del 2015
SALUDO Y DISCURSO ORIGINAL EN LA VISITA AL HOSPITAL GENERAL
PEDIÁTRICO NIÑOS DE ACOSTA ÑU
HOMILÍA. SANTA MISA EN LA EXPLANADA DEL SANTUARIO MARIANO DE
CAACUPÉ
ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN DE PARAGUAY A LA VIRGEN DE CAACUPÉ
LUEGO DE LA SANTA MISA EN CAACUPÉ
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON REPRESENTANTES DE LA SOCIEDAD
CIVIL EN EL ESTADIO LEÓN CONDOU DEL COLEGIO SAN JOSÉ
CELEBRACIÓN DE LAS VÍSPERAS CON LOS OBISPOS, SACERDOTES,
DIÁCONOS, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, SEMINARISTAS Y MOVIMIENTOS
CATÓLICOS EN LA CATEDRAL METROPOLITANA DE ASUNCIÓN
Domingo 12 de julio del 2015
El Papa Francisco en Sudamérica
4
DISCURSO EN LA CAPILLA SAN JUAN BAUTISTA EN LA VISITA A LA
POBLACIÓN DEL BAÑADO NORTE
HOMILÍA. SANTA MISA EN EL CAMPO GRANDE DE ÑU GUAZÚ
PALABRAS ANTES DEL ÁNGELUS Y LUEGO DE LA SANTA MISA EN EL
CAMPO GRANDE DE ÑU GUAZÚ
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES EN LA COSTANERA
El Papa Francisco en Sudamérica
5
ECUADOR
DISCURSO DEL SANTO PADRE EN LA CEREMONIA DE
BIENVENIDA. QUITO
Domingo 5 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1CeCVzV
Señor Presidente,
Distinguidas autoridades del Gobierno,
Hermanos en el Episcopado,
Señoras y señores, amigos todos.
Doy gracias a Dios por haberme permitido volver a América Latina y estar hoy aquí con
ustedes, en esta hermosa tierra del Ecuador. Siento alegría y gratitud al ver esta calurosa
bienvenida que me brindan: es una muestra más del carácter acogedor que tan bien define
a las gentes de esta noble Nación.
Le agradezco, Señor Presidente, sus palabras, le agradezco sus palabras en consonancia
con mi pensamiento, me ha citado demasiado, gracias. A las que correspondo con mis
mejores deseos para el ejercicio de su misión que pueda lograr lo que quiere para el bien
de su pueblo. Saludo cordialmente a las distinguidas autoridades del Gobierno, a mis
hermanos Obispos, a los fieles de la Iglesia en el país y a todos aquellos que me abren
hoy las puertas de su corazón, de su hogar y de su Patria. A todos ustedes mi afecto y
sincero reconocimiento.
Visité Ecuador en distintas ocasiones por motivos pastorales; así también hoy, vengo
como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. La misma fe que durante
siglos ha modelado la identidad de este pueblo y ha dado tan buenos frutos, entre los que
se destacan figuras preclaras como Santa Mariana de Jesús, el Santo hermano Miguel
Febres, Santa Narcisa de Jesús o la Beata Mercedes de Jesús Molina, beatificada en
Guayaquil hace treinta años durante la visita del Papa San Juan Pablo II. Ellos vivieron
El Papa Francisco en Sudamérica
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la fe con intensidad y entusiasmo, y practicando la misericordia contribuyeron, desde
distintos ámbitos, a mejorar la sociedad ecuatoriana de su tiempo.
En el presente, también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos
permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo
y la participación sin exclusiones, para que los logros y el progreso y todo este progreso
en desarrollo que se están consiguiendo y se consoliden y garanticen un futuro mejor para
todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las
minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene. Para
esto, Señor Presidente, podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la
Iglesia. Para servir a este pueblo ecuatoriano que se ha puesto de pie con dignidad.
Amigos todos, comienzo con ilusión y esperanza los días que tenemos por delante. En
Ecuador está el punto más cercano al espacio exterior: es el Chimborazo, llamado por
esto al lugar ‘más cercano al sol’, a la luna y a las estrellas. Nosotros, los cristianos,
identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la Iglesia y la Luna no tiene luz propia
y si la Luna se esconde del Sol se vuelve oscura. El Sol es Jesucristo y si la Iglesia se
aparta o se esconde de Jesucristo se vuelve oscura y no da testimonio. Que estos días se
nos haga más evidente a todos la cercanía ‘del sol que nace de lo alto’, y que seamos
reflejos de su luz y de su amor.
Desde aquí quiero abrazar al Ecuador entero. Que desde la cima del Chimborazo, hasta
las costas del Pacífico; desde la selva amazónica, hasta las Islas Galápagos, nunca pierdan
la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de
proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y de sus ancianos que son la
memoria de su pueblo, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su
gente y la belleza singular de su País, que según el señor Presidente es el paraíso.
Que el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, a quienes Ecuador
ha sido Consagrado, derramen sobre ustedes su gracia y bendición. Muchas gracias.
El Papa Francisco en Sudamérica
7
SALUDO Y BENDICIÓN EN LA VISITA AL SANTUARIO DE LA
DIVINA MISERICORDIA. GUAYAQUIL
Viernes 10 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1H5KGnG
Buenos días. Les invito a todos juntos a rezar a la Virgen. [Ave María]
Ahora voy a celebrar Misa y los llevo a todos ustedes, le voy a decir al Señor: Tú
conoces el nombre de los que estaban ahí y le voy a pedir a Jesús para cada uno de
ustedes mucha Misericordia, que los cubra con su Misericordia, que los cuide y a la
Virgen que esté siempre al lado de ustedes.
Y ahora antes de irme porque esto es de paso para la Misa donde me dice el Señor
Arzobispo que nos corre el tiempo, les doy la bendición, pero, no, no les voy a cobrar
nada, pero les pido por favor que recen por mí, ¿me lo prometen?
Los bendiga Dios Todopoderoso: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Gracias por el testimonio cristiano. Adiós.
El Papa Francisco en Sudamérica
8
HOMILÍA. SANTA MISA EN EL PARQUE DE LOS SAMANES.
GUAYAQUIL
Lunes 6 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1CWxWyW
El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se
realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en
súplica a Jesús: «No tienen vino» le dijo y la referencia a «la hora» se comprenderá,
después en los relatos de la Pasión. Está bien que sea así, porque eso nos permite ver el
afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No
tienen vino».
Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de
nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores
duraderos, en amores fecundos y en amores alegres. Demos un lugar a María, «la madre»
como lo dice el evangelista. Hagamos con ella, ahora, el itinerario de Caná.
María está atenta, atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de
los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia»
los otros, tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar, la
mala preparación de las bodas y como está atenta con su discreción se da cuenta de que
falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros
adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino.
Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, ¿cuándo el amor se
escurrió de su vida?
Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya
sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la
carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, de
situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es
una madre «reclamadora», tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras
El Papa Francisco en Sudamérica
9
impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María simplemente es madre!: Ahí está,
atenta y solícita.
Es lindo escuchar esto, María es Madre, ¿se animan a decirlo todos juntos conmigo?
¡Vamos!: María es Madre. Otra vez: María es Madre, otra vez: María es Madre. Pero
María, en ese momento que se percata que falta el vino acude con confianza a Jesús, esto
significa que María reza. Va a Jesús, reza. No va al mayordomo; directamente le presenta
la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: «¿Qué
podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha
dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás
apresura la «hora» de Jesús. Y María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz.
Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres
pañales y una montaña de ternura» (Evangelii Gaudium, 286) y nos recibió como hijos
cuando una espada le atravesaba el corazón, a su Hijo, Ella nos enseña a dejar nuestras
familias en manos de Dios; nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica
que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios.
Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que
nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos
en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la
oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente:
que vive bajo el mismo techo y que comparte la vida y está necesitado.
Y finalmente, María actúa. Las palabras «Hagan lo que Él les diga» (v. 5), dirigidas a los
que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús,
que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que
ama sirve, se pone al servicio de los demás Y esto se aprende especialmente en la familia,
donde nos hacemos, por amor, servidores unos de otros.
En el seno de la familia, nadie es descartado, todos valen lo mismo, me acuerdo que una
vez a mi mamá le preguntaron: ¿A cuál de sus cinco hijos (nosotros somos cinco
hermanos), a cuál de sus cinco hijos quería más? Y ella dijo: “como los dedos, si me
pinchan este, me duele lo mismo que si me pinchan este una madre quiere a sus hijos
como son y en una familia los hermanos se quieren como son nadie es descartado, allí en
El Papa Francisco en Sudamérica
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la familia «se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de
una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la
voracidad, y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño y nos
peleamos, porque en toda familia hay peleas el problema es después pedir perdón.
Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida
compartida y del respeto a lo que nos rodea» (Laudato si’, 213).
La familia es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo lo cuidan ahí mientras se
puede, la familia es la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia
imprescindible para los jóvenes, es el mejor asilo para los ancianos. La familia constituye
la gran «riqueza social», que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada
y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta
a sus ciudadanos.
En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos, estos no son una forma
de limosna, sino una verdadera «deuda social» respecto a la institución familiar, que es
la base y la que tanto aporta al bien común de todos. La familia también forma una
pequeña Iglesia, la llamamos «Iglesia doméstica» que, junto con la vida, encauza la
ternura y la misericordia divina.
En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres
se siente más cercano el amor de Dios. Y en la familia y de esto todos somos testigos los
milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano y muchas
veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que «debería ser». Hay un detalle que
nos tiene que hacer pensar: el vino nuevo ese vino tan nuevo que dice el Mayordomo en
las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos
habían dejado su pecado, nacen de lo peorcito porque «donde abundó el pecado,
sobreabundó la gracia» (Rm 5,20).
y en la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada
se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la
Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero
discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas
dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Les invito a
El Papa Francisco en Sudamérica
11
intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro,
el agua de las tinajas, nos escandalice o espante, Dios –haciéndolo pasar por su «hora»–
lo pueda transformar en milagro.
La familia hoy necesita de este milagro. Y toda esta historia comenzó porque «no tenían
vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en
manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle,
no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el
mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para
la familia está por venir.
Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos
redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de
cada día. El mejor de los vinos está en la esperanza, está por venir para cada persona que
se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a
amar. Y el mejor de los vinos está por venir aunque todas las variables y estadísticas
digan lo contrario; el mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo.
Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir. Murmúrenselo cada uno en su
corazón: El mejor vino está por venir. Y susúrrenselo a los desesperados o a los
desamorados. Ten Paciencia, ten esperanza, haz como María, reza actúa, abre tu
corazón, porque el mejor vino va a venir.
Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo
tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos
con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas.
Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga», lo que Él nos diga y
agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos
haga recuperar el gozo de ser familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea.
El Papa Francisco en Sudamérica
12
SALUDO Y BENDICIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LOS
ASISTENTES A LA CATEDRAL DE QUITO Y PRIMADA DEL
ECUADOR.
Lunes 6 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1IG4IdJ
Discurso pronunciado
Les voy a dar la bendición, les voy a dar la bendición para cada uno de ustedes para sus
familias, para todos sus seres queridos y para este gran y noble pueblo ecuatoriano, para
que no haya diferencias, que no haya exclusión, que no haya gente que se descarte, que
todos sean hermanos, que se incluyan a todos y no haya ninguno que esté fuera de esta
gran nación ecuatoriana, a cada uno de ustedes y a sus familias, les doy la bendición,
pero recemos juntos. Primero, el AveMaría: [Rezo del Ave María]
Que la bendición de Dios Todopoderoso, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca con ustedes siempre. Y por favor les pido que
recen por mí. Buenas noches y hasta mañana.
Discurso entregado
Queridos hermanos: Vengo a Quito como peregrino, para compartir con ustedes la alegría
de evangelizar. Salí del Vaticano saludando la imagen de Santa Mariana de Jesús, que
desde el ábside de la Basílica de San Pedro vela el camino que el Papa recorre tantas
veces.
A ella encomendé también el fruto de este viaje, pidiéndole que todos nosotros
pudiésemos aprender de su ejemplo. Su sacrificio y su heroica virtud se representan con
una azucena. Sin embargo, en la imagen en San Pedro, lleva todo un ramo de flores,
porque junto a la suya presenta al Señor, en el corazón de la Iglesia, las de todos ustedes,
las de todo Ecuador.
Los santos nos llaman a imitarlos, a seguir su escuela, como hicieron Santa Narcisa de
Jesús y la beata Mercedes de Jesús Molina, interpeladas por el ejemplo de Santa
El Papa Francisco en Sudamérica
13
Mariana… cuántos de los que hoy están aquí sufren o han sufrido la orfandad, cuántos
han tenido que asumir a su cargo a hermanos aún siendo pequeños, cuántos se esfuerzan
cada día cuidando enfermos o ancianos; así lo hizo Mariana, así la imitaron Narcisa y
Mercedes.
No es difícil si Dios está con nosotros. Ellas no hicieron grandes proezas a los ojos del
mundo. Solo amaron mucho, y lo demostraron en lo cotidiano hasta llegar a tocar la carne
sufriente de Cristo en el pueblo (cf. Evangelii Gaudium 24).
Ellas no lo hicieron solas, lo hicieron «junto a» otros; el acarreo, labrado y albañilería de
esta catedral han sido hechos con ese modo nuestro, de los pueblos originarios, la minga;
ese trabajo de todos en favor de la comunidad, anónimo, sin carteles ni aplausos: quiera
Dios que como las piedras de esta catedral así nos pongamos a los hombros las
necesidades de los demás, así ayudemos a edificar o reparar la vida de tantos hermanos
que no tienen fuerzas para construirlas o las tienen derrumbadas.
Hoy estoy aquí con ustedes, que me regalan el júbilo de sus corazones: «Qué hermosos
son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia» (Is 52,7). Es la belleza que
estamos llamados a difundir, como buen perfume de Cristo: Nuestra oración, nuestras
buenas obras, nuestro sacrificio por los más necesitados. Es la alegría de evangelizar y
«ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican» (Jn 13,17). Que Dios los
bendiga.
El Papa Francisco en Sudamérica
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HOMILÍA. SANTA MISA EN EL PARQUE DEL BICENTENARIO.
QUITO
Martes 7 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1CYHXLU
La palabra de Dios nos invita a vivir la unidad para que el mundo crea.
Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que
celebramos en «El Parque Bicentenario». Imaginémoslo juntos. El Bicentenario de aquel
Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de
la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, «sometidos a conveniencias
circunstanciales de los poderosos de turno» (Evangelii Gaudium 213).
Quisiera que hoy los dos gritos concorden bajo el hermoso desafío de la evangelización.
No desde palabras altisonantes, ni con términos complicados, sino que nazca de «la
alegría del Evangelio», que «llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran
con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío
interior, del aislamiento» de la conciencia aislada (Evangelii Gaudium 1). Nosotros, aquí
reunidos, todos juntos alrededor de la mesa con Jesús somos un grito, un clamor nacido
de la convicción de que su presencia nos impulsa a la unidad, «señala un horizonte bello,
ofrece un banquete deseable» (Evangelii Gaudium 14).
«Padre, que sean uno para que el mundo crea», así lo deseó mirando al cielo. A Jesús le
brota este pedido en un contexto de envío: Como tú me has enviado al mundo, yo también
los he enviado al mundo. En ese momento, el Señor está experimentando en carne propia
lo peorcito de este mundo al que ama, aun así, con locura: intrigas, desconfianzas,
traición, pero no esconde la cabeza, no se lamenta. También nosotros constatamos a diario
que vivimos en un mundo lacerado por las guerras y la violencia. Sería superficial pensar
que la división y el odio afectan sólo a las tensiones entre los países o los grupos sociales.
En realidad, son manifestación de ese «difuso individualismo» que nos separa y nos
enfrenta (cf. Evangelii Gaudium, 99), son manifestación de la herida del pecado en el
corazón de las personas, cuyas consecuencias sufre también la sociedad y la creación
entera. Precisamente, a este mundo desafiante, con sus egoísmos Jesús nos envía, y
El Papa Francisco en Sudamérica
15
nuestra respuesta no es hacernos los distraídos, argüir que no tenemos medios o que la
realidad nos sobrepasa. Nuestra respuesta repite el clamor de Jesús y acepta la gracia y la
tarea de la unidad.
A aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó ni convicción
ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los
personalismos, el afán de liderazgos únicos, la falta de comprensión de otros procesos
libertarios con características distintas pero no por eso antagónicas.
Y la evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades,
ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí; eso creemos y gritamos. «Mientras en
el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y
enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al
otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos
“mutuamente a llevar las cargas”» (Evangelii Gaudium 67). El anhelo de unidad supone
la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien
que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido
esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás (cf.
Evangelii Gaudium 9). De ahí, la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles,
luchar por la inclusión a todos los niveles evitando egoísmos, promoviendo la
comunicación y el diálogo, incentivando la colaboración. Hay que confiar el corazón al
compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas. «Confiarse al otro es algo artesanal,
porque la paz es algo artesanal» (Evangelii Gaudium 244), es impensable que brille la
unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una
búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica.
Y esto a costilla de los más pobres, de los más excluidos de los más indefensos, de los
que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los días. Esta unidad es ya una
acción misionera «para que el mundo crea». La evangelización no consiste en hacer
proselitismo, el proselitismo es una caricatura de la evangelización, sino evangelizar es
atraer con nuestro testimonio a los alejados, es acercarse humildemente a aquellos que se
sienten lejos de Dios y en la Iglesia, acercarse a los que se sienten juzgados y condenados
a priori por los que se sienten perfectos y puros, acercarnos a los que son temerosos o a
los indiferentes para decirles: «El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo
El Papa Francisco en Sudamérica
16
hace con gran respeto y amor» (Evangelii Gaudium 113). Porque nuestro Dios nos
respeta hasta en nuestras bajezas y en nuestro pecado. Con qué este llamamiento del
Señor, con qué humildad y con qué respeto lo describe en el texto del Apocalipsis: “Mira,
estoy a la puerta y llamo, si quieres abrir” No fuerza, no hace saltar la cerradura,
simplemente toca el timbre, golpea suavemente y espera, ese es nuestro Dios.
La misión de la Iglesia, como sacramento de la salvación, condice con su identidad como
Pueblo en camino, con vocación de incorporar en su marcha a todas las naciones de la
tierra. Cuanto más intensa es la comunión entre nosotros, tanto más se ve favorecida la
misión (cf. Juan Pablo II, Pastores Gregis, 22). Poner a la Iglesia en estado de misión nos
pide recrear la comunión pues no se trata ya de una acción sólo hacia afuera… nos
misionamos también hacia adentro y misionamos hacia afuera como se manifiesta una
madre que sale al encuentro, como se manifiesta una casa acogedora, una escuela
permanente de comunión misionera» (Aparecida 370).
Este sueño de Jesús es posible porque nos ha consagrado, por «ellos me consagro a mí
mismo, dice para que ellos también sean consagrados en la verdad» (Jn 17,19). La vida
espiritual del evangelizador nace de esta verdad tan honda, que no se confunde con
algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio; una espiritualidad quizás difusa.
Jesús nos consagra para suscitar un encuentro con Él, persona a persona, un encuentro
que alimenta el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo y la pasión
evangelizadora (Cf. Evangelii Gaudium 78).
La intimidad de Dios, para nosotros incomprensible, se nos revela con imágenes que nos
hablan de comunión, comunicación, donación, amor. Por eso la unión que pide Jesús no
es uniformidad sino la «multiforme armonía que atrae» (Evangelii Gaudium 117). La
inmensa riqueza de lo variado, de lo múltiple que alcanza la unidad cada vez que hacemos
memoria de aquel jueves santo, nos aleja de tentaciones de propuestas unicistas más
cercanas a dictaduras, a ideologías, a sectarismos. La propuesta de Jesús es concreta, es
concreta, no es de ideas, es concreta, “Anda y haz lo mismo” le dice a aquel que le
preguntó: ¿Quién es tu prójimo? Después de haber contado la Parábola del Buen
Samaritano: “Anda y haz lo mismo” Tampoco la propuesta de Jesús es un arreglo hecho
a nuestra medida, en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y
excluimos a los demás. Esta religiosidad de elite no es la propuesta de Jesús.
El Papa Francisco en Sudamérica
17
Jesús reza para que formemos parte de una gran familia, en la que Dios es nuestro Padre
y todos nosotros somos hermanos. Nadie es excluido y esto no se fundamenta en tener los
mismos gustos, las mismas inquietudes, los mismos talentos. Somos hermanos porque,
por amor, Dios nos ha creado y nos ha destinado, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos
(cf. Ef 1,5). Somos hermanos porque «Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de
su Hijo, que clama ¡Abba!, ¡Padre!» (Ga 4,6). Somos hermanos porque, justificados por
la sangre de Cristo Jesús (cf. Rm 5,9), hemos pasado de la muerte a la vida haciéndonos
«coherederos» de la promesa (cf. Ga 3,26-29; Rm 8, 17). Esa es la salvación que realiza
Dios y anuncia gozosamente la Iglesia: formar parte de un nosotros que llega hasta el
«nosotros» divino.
Nuestro grito, en este lugar que recuerda aquel primero de libertad, actualiza el de San
Pablo: «¡Ay de mí si no evangelizo!» (1 Co 9,16). Es tan urgente y apremiante como el
de aquellos deseos de independencia. Tiene una similar fascinación, tiene el mismo fuego
que atrae. Hermanos, tengan los sentimientos de Jesús ¡Sean un testimonio de comunión
fraterna que se vuelve resplandeciente! Y qué lindo sería que todos pudieran admirar
cómo nos cuidamos unos a otros. Cómo mutuamente nos damos aliento y cómo nos
acompañamos. El don de sí es el que establece la relación interpersonal que no se genera
dando «cosas», sino dándose a sí mismo. En cualquier donación se ofrece la propia
persona. «Darse» significa dejar actuar en sí mismo toda la potencia del amor que es el
Espíritu de Dios y así dar paso a su fuerza creadora. Y darse aún en los momentos más
difíciles, como aquel Jueves Santo de Jesús, donde Él sabía cómo se tejían las traiciones
y las intrigas pero se dio y se dio a sí mismo con su proyecto de Salvación. Donándose el
hombre vuelve a encontrarse a sí mismo con verdadera identidad de hijo de Dios,
semejante al Padre y, como él, dador de vida, hermano de Jesús, del cual da testimonio.
Eso es evangelizar, ésa es nuestra revolución –porque nuestra fe siempre es
revolucionaria–, ése es nuestro más profundo y constante grito.
El Papa Francisco en Sudamérica
18
DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA
ESCUELA Y DE LA UNIVERSIDAD EN LA PONTIFICIA
UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR. QUITO
Martes 7 de julio de 2015
Video: http://bit.ly/1Rjd80o
Hermanos en el Episcopado,
Señor Rector,
Distinguidas autoridades,
Queridos profesores y alumnos,
Amigos y amigas:
Siento mucha alegría por estar esta tarde con ustedes en esta Pontificia Universidad del
Ecuador, que desde hace casi setenta años, realiza y actualiza la fructífera misión
educadora de la Iglesia al servicio de los hombres y mujeres de la Nación. Agradezco las
amables palabras con las que me han recibido y me han transmitido las inquietudes y las
esperanzas que brotan en ustedes ante el reto, personal de la educación. Pero veo que hay
algunos nubarrones ahí en el horizonte, espero que no venga la tormenta, nomás una
leve garúa.
En el Evangelio acabamos de escuchar cómo Jesús, el Maestro, enseñaba a la
muchedumbre y al pequeño grupo de los discípulos, acomodándose a su capacidad de
comprensión. Lo hacía con parábolas, como la del sembrador (Lc 8, 4-15). El Señor
siempre fue plástico, de una forma que todos podían entender. Jesús, no buscaba,
«doctorear». Por el contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia, a su
vida y para que ésta dé fruto.
La parábola del sembrador, nos habla de cultivar. Nos muestra los tipos de tierra, los tipos
de siembra, los tipos de fruto y la relación que entre ellos se genera. Ya desde el Génesis,
Dios le susurra al hombre esta invitación: cultivar y cuidar.
El Papa Francisco en Sudamérica
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No solo le da la vida, le da la tierra, la creación. No solo le da una pareja y un sinfín de
posibilidades. Le hace también una invitación, le da una misión. Lo invita a ser parte de
su obra creadora y le dice: ¡cultiva! Te doy las semillas, te doy la tierra, el agua, el sol, te
doy tus manos y la de tus hermanos. Ahí lo tienes, es también tuyo. Es un regalo, es un
don, es una oferta. No es algo adquirido, no es algo comprado. Nos precede y nos
sucederá.
Es un don dado por Dios para que con Él podamos hacerlo nuestro. Dios no quiere una
creación para sí, para mirarse a sí mismo. Todo lo contrario. La creación, es un don para
ser compartido. Es el espacio que Dios nos da, para construir con nosotros, para construir
un nosotros. El mundo, la historia, el tiempo es el lugar donde vamos construyendo ese
nosotros con Dios, el nosotros con los demás, el nosotros con la tierra. Nuestra vida,
siempre esconde esta invitación, una invitación más o menos consciente, que siempre
permanece.
Pero notemos una peculiaridad. En el relato del Génesis, junto a la palabra cultivar,
inmediatamente dice otra: cuidar. Una se explica a partir de la otra. Una va de mano de
la otra. No cultiva quien no cuida y no cuida quien no cultiva.
No sólo estamos invitados a ser parte de la obra creadora cultivándola, haciéndola crecer,
desarrollándola, sino que estamos también invitados a cuidarla, protegerla, custodiarla.
Hoy esta invitación se nos impone a la fuerza. Ya no como una mera recomendación, sino
como una exigencia que nace «por el daño que provocamos a causa del uso irresponsable
y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en la tierra. Hemos crecido pensando tan
solo que debíamos “cultivarla” que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados
quizás a expoliarla... por eso entre los pobres más abandonados y maltratados, que hay
hoy día en el mundo está nuestra oprimida y devastada tierra” (Laudato si’ 2).
Existe una relación entre nuestra vida y la de nuestra madre la tierra. Entre nuestra
existencia y el don que Dios nos dio. «El ambiente humano y el ambiente natural se
degradan juntos, y no podemos afrontar adecuadamente la degradación humana y social
si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y
social» (Laudato si’ 48) Pero así como decimos se «degradan», de la misma manera
podemos decir, «se sostienen y se pueden transfigurar». Es una relación que guarda una
El Papa Francisco en Sudamérica
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posibilidad, tanto de apertura, de transformación, de vida como de destrucción y de
muerte.
Hay algo que es claro, no podemos seguir dándole la espalda a nuestra realidad, a nuestros
hermanos, a nuestra madre la tierra. No nos es lícito ignorar lo que está sucediendo a
nuestro alrededor como si determinadas situaciones no existiesen o no tuvieran nada que
ver con nuestra realidad. No nos es lícito más aún, no es humano entrar en el juego de la
cultura del descarte.
Una y otra vez, sigue con fuerza esa pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano?».
Yo me pregunto si nuestra respuesta seguirá siendo: «¿Acaso soy yo el guardián de mi
hermano?» (Gn 4, 9). Yo vivo en Roma y en invierno hace frío. Sucede muy cerquita del
Vaticano que aparezca un anciano en la mañana muerto de frío. No es noticia en ninguno
de los diarios, en ninguna de las crónicas. Un pobre que muere de frío y de hambre hoy
no es noticia. Pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres
puntos ¡se arma el gran escándalo mundial! Yo me pregunto ¿Dónde está tu hermano?y
les pido que se hagan otra vez cada uno esas preguntas y la hagan a la Universidad, a
voz Universidad Católica, ¿Dónde está tu hermano?
En este contexto universitario sería bueno preguntarnos sobre nuestra educación frente a
esta tierra que clama al cielo.
Nuestros centros educativos son un semillero, una posibilidad, tierra fértil para cuidar
estimular y proteger. Tierra fértil sedienta de vida. Me pregunto con Ustedes educadores:
¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre,
capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas
a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de
estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda? No desentenderse de
lo que pasa alrededor. ¿Son capaces de estimularlos a eso? Para eso hay que sacarlos
del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula ¿Cómo
entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida
que nos rodea, con sus preguntas, interrogantes, cuestionamientos? ¿Cómo generamos y
acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más
humano? Del diálogo, esta palabra puente, esta palabra que crea puentes.
El Papa Francisco en Sudamérica
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Hay una reflexión que nos involucra a todos, a las familias, a los centros educativos, a los
docentes: cómo ayudamos a nuestros jóvenes a no identificar un grado universitario como
sinónimo de mayor status, sinónimo de mayor dinero o prestigio social. No son
sinónimos. ¿Cómo ayudamos a identificar esta preparación como signo de mayor
responsabilidad frente a los problemas de hoy en día, frente al cuidado del más pobre,
frente al cuidado del ambiente?
Y con Ustedes, queridos jóvenes que están aquí, presente y futuro de Ecuador, son los
que tienen que hacer lío, ustedes son semillas de transformación de esta sociedad, quisiera
preguntarme: ¿saben que este tiempo de estudio, no es sólo un derecho, sino también un
privilegio que ustedes tienen? ¿Cuántos amigos, conocidos o desconocidos, quisieran
tener un espacio en esta casa y por distintas circunstancias no lo han tenido?
¿En qué medida nuestro estudio, nos ayuda y nos lleva a solidarizarnos con ellos?
Háganse esta pregunta queridos jóvenes. Las comunidades educativas tienen un papel
fundamental, un papel esencial en la construcción de la cultura y de la ciudadanía.
Cuidado, no basta con realizar análisis, descripciones de la realidad; es necesario generar
los ámbitos, espacios de verdadera búsqueda, debates que generen alternativas a las
problemática existentes, sobre todo hoy. Es necesario ir a lo concreto.
Ante la globalización del paradigma tecnocrático que tiende a creer «que todo incremento
del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de
bienestar, de energía vital, y de plenitud de valores, como si la realidad, el bien y la verdad
brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico» (Laudato si’ 105),
hoy a ustedes, a mí, a todos, se nos pide que con urgencia nos animemos a pensar, a
buscar, a discutir sobre nuestra situación actual. Y digo urgencia, que nos animemos a
pensar sobre qué cultura, qué tipo de cultura queremos o pretendemos no solo para
nosotros, sino para nuestros hijos y nuestros nietos. Esta tierra, la hemos recibido en
herencia, como un don, como un regalo.
Qué bien nos hará preguntarnos: ¿Cómo la queremos dejar? ¿Qué orientación, queremos
imprimirle a la existencia? ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué luchamos y
trabajamos? (cf. Laudato si’ 160) ¿Para qué estudiamos?. Las iniciativas individuales
siempre son buenas y fundamentales, pero se nos pide dar un paso más: animarnos a mirar
El Papa Francisco en Sudamérica
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la realidad orgánicamente y no fragmentariamente; a hacernos preguntas que nos incluyan
a todos, ya que todo «está relacionado entre sí» (Laudato si’ 138).
No hay derecho a la exclusión.
Como Universidad, como centros educativos, como docentes y estudiantes, la vida nos
desafía a responder a estas dos preguntas: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está
tu hermano?
Que el Espíritu Santo nos inspire y acompañe, pues Él nos ha convocado, nos ha invitado,
nos ha dado la oportunidad y, a su vez, la responsabilidad de dar lo mejor de nosotros.
Nos ofrece la fuerza y la luz que necesitamos.
Es el mismo Espíritu, que el primer día de la creación aleteaba sobre las aguas queriendo
transformar, queriendo dar vida. Es el mismo Espíritu que le dio a los discípulos la fuerza
de Pentecostés. Es el mismo Espíritu que no nos abandona y se hace uno con nosotros
para que encontremos caminos de vida nueva. Que sea Él nuestro compañero y nuestro
maestro de camino.
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DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LA SOCIEDAD CIVIL EN
LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO. QUITO
Martes 7 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1LRkQdz
Queridos amigos, buenas tardes.
Perdonen que me ponga de costado. Necesito la luz sobre el papel no veo bien.
Me alegra poder estar con ustedes, hombres y mujeres que representan y dinamizan la
vida social, política y económica del País. Justo antes de entrar en la Iglesia, el Alcalde
me ha entregado las llaves de la ciudad. Así puedo decir que aquí, en San Francisco de
Quito, soy de casa.
Ese símbolo que es una muestra de confianza y cariño, al abrirme las puertas, me permite
presentarles algunas claves de la convivencia ciudadana a partir de la vida familiar.
Nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente
de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está
excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los
demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos.
Me viene a la mente la imagen de esas madres, esposas, las he visto en Buenos Aires
haciendo colas los días de visita para entrar a la cárcel, para ver a su hijo o a su esposo
que no se portó bien por decirlo en lenguaje sencillo, pero no los dejan porque siguen
siendo de casa, cómo nos enseñan esas mujeres.
En la sociedad ¿No debería suceder también lo mismo? Y, sin embargo, nuestras
relaciones sociales o el juego político, en el sentido más amplio de la palabra, no
olvidemos que la política, decía el beato Pablo IV, es una de las formas más altas de la
caridad muchas veces este actuar nuestro se basa en la confrontación que produce
descarte. “Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro,
de imponerme, de descartarlo y así vamos construyendo una cultura del descarte que hoy
día ha tomado dimensiones mundiales, de amplitud ¿Eso es ser familia? En las familias,
todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular
El Papa Francisco en Sudamérica
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al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven, se pelean, pero hay algo que no se
muere, ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después.
Las alegrías y las penas de cada uno son asumidas por todos. ¡Eso sí es ser familia!: si
pudiéramos lograr poder ver al oponente político o al vecino de casa con los mismos ojos
que a los hijos, esposas, esposos, padres o madres. Qué bueno sería ¿Amamos nuestra
sociedad? o sigue siendo algo lejano, algo anónimo que no nos involucra, que no nos
mete, que no nos compromete ¿Amamos nuestro país, la comunidad que estamos
intentando construir? ¿La amamos solo en los conceptos disertados, en el mundo de las
ideas?, San Ignacio, permítame el aviso publicitario, San Ignacio nos decía en los
Ejercicios que el amor se muestra más en las obras que en las Palabras ¡Amémosla a la
sociedad en las obras más que en las palabras!
En cada persona, en lo concreto, en la vida que compartimos. Y además nos decía que el
amor siempre se comunica, tiende a la comunicación, nunca al aislamiento. Dos criterios
que nos pueden ayudar, a mirar la sociedad con otros ojos, no solo a mirarla, a sentirla,
a pensarla, a tocarla, a amasarla. A partir de este afecto, irán surgiendo gestos sencillos
que refuercen los vínculos personales. En varias ocasiones me he referido a la importancia
de la familia como célula de la sociedad. En el ámbito familiar, las personas reciben los
valores fundamentales del amor, la fraternidad y el respeto mutuo, que se traducen en
valores sociales esenciales y son: la gratuidad, la solidaridad y la subsidiariedad. Y
entonces, partiendo de este ser de casa, mirando a la familia, pensemos en la sociedad,
a través de estos valores sociales que mamamos en casa, en la familia, la gratuidad, la
solidaridad y la subsidiariedad.
La gratuidad. Para los padres, todos sus hijos, aunque cada uno tenga su propia índole,
son igual de queribles. En cambio, el niño cuando se niega a compartir lo que recibe
gratuitamente de ellos, los padres, rompe esta relación o entra en crisis, fenómeno más
común, las primeras reacciones que a veces suelen ser anteriores a la autoconsciencia
de la madre cuando la madre está embarazada, el chico empieza con actitudes raras,
empieza a querer romper porque su psiquis le prende el semáforo rojo, cuidado que hay
competencia, cuidado que ya no sos el único. Curioso.
El Papa Francisco en Sudamérica
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El amor de los padres lo ayuda a salir de su egoísmo para que aprenda a convivir con el
que viene, con los demás, que aprenda a ceder, para abrirse al otro. A mí me gusta
preguntarle a los chicos, si tenés dos caramelos y viene un amigo ¿qué hacés?
generalmente me dicen, “le doy uno” Y si tenés un caramelo y viene tu amigo, ¿qué
haces? Hay duda y van desde el “se lo doy”, “lo partimos” al “me lo meto en el bolsillo”
y ese chico que aprende a abrirse al otro, en el ámbito social esto supone asumir que la
gratuidad no es complemento, no es complemento sino requisito necesario para la justicia.
La gratuidad es requisito necesario para la justicia. Lo que somos y tenemos nos ha sido
confiado para ponerlo al servicio de los demás -gratis lo recibimos, gratis lo damos-
nuestra tarea consiste en que fructifique en obras de bien.
Los bienes están destinados a todos, y aunque uno ostente su propiedad, que es lícito pesa
sobre ellos una hipoteca social, siempre. Se supera así el concepto económico de justicia,
basado en el principio de compraventa, con el concepto de justicia social, que defiende el
derecho fundamental de la persona a una vida digna.
Y siguiendo con la Justicia. La explotación de los recursos naturales, tan abundantes en
el Ecuador, no debe buscar el beneficio inmediato. Ser administradores de esta riqueza
que hemos recibido nos compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras
generaciones, a las que no podremos legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del
medioambiente, sin una conciencia de gratuidad que brota de la contemplación del mundo
creado.
Nos acompañan aquí hoy hermanos de pueblos originarios provenientes de la amazonia
ecuatoriana, esa zona es de las “más ricas en variedad de especies, en especies endémicas,
poco frecuentes o con menor grado de protección efectiva. Requiere un cuidado particular
por su enorme importancia para el ecosistema mundial pues tiene una biodiversidad con
una enorme complejidad, casi imposible de reconocer integralmente, pero cuando es
quemada o arrasada para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables
especies, cuando no se convierten en áridos desiertos (cfr.LS 37-38).
Y ahí Ecuador –junto a los otros países con franjas amazónicas– tiene una oportunidad
para ejercer la pedagogía de una ecología integral. ¡Nosotros hemos recibido como
herencia de nuestros padres el mundo, pero también recordemos que lo hemos recibido
El Papa Francisco en Sudamérica
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como un préstamo como préstamo de las generaciones futuras a las que se lo tenemos que
devolver y mejorar! y esto es gratuidad.
De la fraternidad vivida en la familia, nace la solidaridad en la sociedad, que no consiste
únicamente en dar al necesitado, sino en ser responsables los unos de los otros. Si vemos
en el otro a un hermano, nadie puede quedar excluido, nadie puede quedar apartado.
El Ecuador, como muchos pueblos latinoamericanos, experimenta hoy profundos
cambios sociales y culturales, nuevos retos que requieren la participación de todos los
actores sociales. La migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la
familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que
constituyen una amenaza a la convivencia social.
Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la
inclusión, abrir espacios de diálogo, espacios de encuentro y así dejar en el doloroso
recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertad.
La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos,
especialmente a los jóvenes, me referí a la falta de trabajo creando empleo, con un
crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas
macroeconómicas, crear un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien
cohesionado. Si no hay solidaridad esto es imposible, me refería a los jóvenes y me referí
a la falta de trabajo, mundialmente es alarmante países europeos que estaban en primera
línea hace décadas, hoy están sufriendo y la población juvenil, de 25 años hacia abajo,
un 40 , un 50 por ciento de desocupación, si no hay solidaridad eso no se soluciona le
decía a los salesianos, ustedes que Don Bosco los crió para educar, hoy educación de
emergencia para esos jóvenes que no tienen trabajo porque emergencia para
prepararlos a pequeños trabajos que le otorguen la dignidad de poder llevar el pan a
casa, estos jóvenes desocupados que son los que llamamos “ni, ni” ni estudian ni
trabajan, qué horizonte les queda, las adicciones, la tristeza, la depresión, el suicidio, no
se publican integralmente las estadísticas de suicidio juvenil o enrolarse en proyectos de
locura social que al menos representen una idea. Hoy se nos pide cuidar de manera
especial con solidaridad este tercer sector de exclusión de la cultura del descarte.
Primero son los chicos, porque o no se los quiere en países desarrollados que tienen
El Papa Francisco en Sudamérica
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natalidad casi cero por ciento. O no se los quiere o se los asesinan antes de que nazcan,
después los ancianos, que se los abandona y se los va dejando y se olvidan que son la
sabiduría y la memoria de su pueblo y se los descarta. Ahora le tocó el turno a los jóvenes.
¿A quién le queda lugar? a los servidores del egoísmo, del Dios dinero que está al centro
de un sistema que nos aplasta a todos.
Por último, el respeto del otro que se aprende en la familia se traduce en el ámbito social
en la subsidiariedad. Asumir que nuestra opción no es necesariamente la única legítima
es un sano ejercicio de humildad. Al reconocer lo bueno que hay en los demás, incluso
con sus limitaciones, vemos la riqueza que entraña la diversidad y el valor de la
complementariedad. Los hombres, los grupos tienen derecho a recorrer su camino,
aunque esto a veces suponga cometer errores.
En el respeto de la libertad, la sociedad civil está llamada a promover a cada persona y
agente social para que pueda asumir su propio papel y contribuir desde su especificidad
al bien común. El diálogo es necesario, es fundamental para llegar a la verdad, que no
puede ser impuesta, sino buscada con sinceridad y espíritu crítico.
En una democracia participativa, cada una de las fuerzas sociales, los grupos indígenas,
los afroecuatorianos, las mujeres, las agrupaciones ciudadanas y cuantos trabajan por la
comunidad en los servicios públicos son protagonistas imprescindibles en este diálogo,
no son espectadores
Las paredes, patios y claustros de este lugar lo dicen con mayor elocuencia: asentado
sobre elementos de la cultura incaica y caranqui, la belleza de sus proporciones y formas,
el arrojo de sus diferentes estilos combinados de modo notable, las obras de arte que
reciben el nombre de “escuela quiteña”, condensan un extenso diálogo, con aciertos y
errores, de la historia ecuatoriana.
El hoy está lleno de belleza, y si bien es cierto que en el pasado ha habido torpezas y
atropellos - ¡cómo negarlo! incluso en nuestras historias personales, cómo negarlo –
podemos afirmar que la amalgama irradia tanta exuberancia que nos permite mirar el
futuro con mucha esperanza. También la Iglesia quiere colaborar en la búsqueda del bien
común, desde sus actividades sociales, educativas, promoviendo los valores éticos y
espirituales, siendo un signo profético que lleve un rayo de luz y esperanza a todos,
El Papa Francisco en Sudamérica
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especialmente a los más necesitados. Muchos me preguntarán, Padre, por qué habla
tanto de los necesitados, de las personas necesitadas, de las personas excluidas, de las
personas al margen del camino, simplemente porque esta realidad y la respuesta a esta
realidad está en el corazón del Evangelio y precisamente porque la actitud que tomemos
frente a esta realidad está inscrita en el protocolo sobre el cual seremos juzgados en Mt.
25
Muchas gracias por estar aquí, por escucharme, les pido por favor, que lleven mis palabras
de aliento a los grupos que ustedes representan en las diversas esferas sociales. Que el
Señor conceda a la sociedad civil que ustedes representan ser siempre ese ámbito
adecuado donde se vivan estos valores.
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DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL CLERO, RELIGIOSOS,
RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS EN EL SANTUARIO NACIONAL
MARIANO EL QUINCHE. QUITO
Miércoles 8 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1IJZ6z6
Oración
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes…
Oremos: Virgen María, Madre de El Quinche, escogida por Dios para darme a su Hijo y
mostrarme el verdadero camino, atiendo amorosa mi humilde oración, enséñame a vivir
como lo hiciste Tú, para vivir en paz y con serenidad. Enséñame a esforzarme como tú
Madre, para cumplir las metas señaladas por Dios. Enséñame a entregarme y ser para los
demás las manos de Dios. Enséñame a vivir con respeto a los hermanos ya que en ellos
está la persona de Jesús. Enséñame a orar para mantener el contacto con tu Hijo Divino,
enséñame a descubrir y cumplir la voluntad de Dios, ser feliz y llegar a mi plenitud.
Enséñame en fin a ser buena persona para estar contigo María con Jesús, con el Espíritu
Santo y con mi Padre Dios en la Eternidad.
Discurso pronunciado
Buenos días hermanos y hermanas:
En estos dos días, 48 horas que estuve en contacto con ustedes noté que había algo raro,
perdón, algo raro en el pueblo ecuatoriano, todos los lugares donde voy, siempre el
recibimiento es alegre, contento, cordial, religioso, piadoso, en todo lado, pero acá había
en la piedad en el modo, por ejemplo, pedir la bendición desde el más viejo hasta la wawa,
que lo primero que aprende es hacer así (manos juntas) había algo distinto, yo también
tuve la tentación como el Obispo de Sucumbíos de preguntar ¿cuál es la receta de este
pueblo? ¿Cuál es, no? y me daba vuelta en la cabeza y rezaba. Le pregunté a Jesús varias
veces en la oración, qué tiene este pueblo, de distinto. Esta mañana orando se me impuso
El Papa Francisco en Sudamérica
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aquella consagración al Sagrado Corazón. Pienso que se los debo decir, como un mensaje
de Jesús. Todo esto de riqueza que tienen ustedes, de riqueza espiritual, de piedad, de
profundidad, vienen de haber tenido la valentía, porque fueron momentos muy difíciles,
la valentía de consagrar la Nación al Corazón de Cristo, ese Corazón Divino y humano
que nos quiere tanto y yo lo noto un poco con eso, divino y humano seguro que son
pecadores, yo también, pero el Señor perdona todo y, custodien eso. Y después, pocos
años después, la consagración al corazón de María, no olviden, esa consagración es un
hito en la historia del pueblo de Ecuador y de esa consagración siento como que le viene
esa gracia que tienen ustedes, esa piedad, esa cosa que los hace distintos.
Hoy tengo que hablarles a los sacerdotes, a los seminaristas a las religiosas, a los
religiosos y decirles algo, tengo un discurso preparado pero no tengo ganas de leer, así
que se lo doy al presidente de la conferencia de religiosos para que lo haga público
después y pensaba en la Virgen, pensaba en María. Dos palabras de María, acá me está
fallando la memoria pero no sé si dijo alguna otra ¿eh? Hágase en mí, bueno sí, pidió
explicaciones, de que porqué la elegían a ella al ángel ahí, ese hágase en mí. Y otra
palabra, hagan lo que él les diga. María no protagonizó nada, “discipuleó” toda su vida.
La primera discípula de su Hijo y tenía consciencia de que todo lo que ella había traído
al mundo era pura gratuidad de Dios, consciencia de gratuidad. Por eso, hágase, hagan
que se manifieste la gratuidad de Dios, religiosos, religiosas sacerdotes, seminaristas,
todos los días vuelvan, hagan ese camino de retorno hacia la gratuidad con que Dios los
eligió. Ustedes no pagaron entrada, para entrar al seminario, para entrar a la vida religiosa.
No se lo merecieron. Si algún religioso, sacerdote o seminarista o monja que hay aquí
cree que se lo mereció que levante la mano. Todo gratuito. Y toda la vida de un religioso,
de una religiosa, de un sacerdote y de un seminarista que va por ese camino y bueno, ya
que estamos digamos, y de los obispos, tiene que ir por este camino de la gratuidad, volver
todos los días Señor hoy hice esto, me salió bien esto, tuve esta dificultad, todo esto, pero
todo viene de Dios, todo es gratis. Esa gratuidad, somos objeto de gratuidad de Dios. Si
olvidamos esto lentamente nos vamos haciendo importantes, y mirá vos ¿eh? qué obras
que está haciendo o mirá vos a este, lo hicieron obispo de tal lugar, qué importante, o a
este lo hicieron monseñor o a este... y ahí lentamente nos vamos apartando de esto que es
la base, de lo que María nunca se apartó, la gratuidad de Dios. Un consejo de hermano,
todos los días, en la noche quizás es lo mejor, antes de irse a dormir, una mirada a Jesús
El Papa Francisco en Sudamérica
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y decirle: “Todo me lo diste gratis” Y volverse a situar, entonces cuando me cambian de
destino o cuando hay una dificultad no pataleo porque todo es gratis no merezco nada,
eso hizo María.
San Juan Pablo II en la Redemptoris Mater y les recomiendo que la lean, sí agárrenla,
léanla, es verdad, el Papa San Juan Pablo II tenía un estilo de pensamiento circular,
profesor, era un hombre de Dios, entonces hay que leerla varias veces para sacarle todo
el jugo que tiene y dice que quizás María, no recuerdo bien la frase, estoy citando o quiero
citar el hecho, en el momento de la cruz de su fidelidad, hubiera tenido ganas de decir ¿y
Éste me dijeron que iba a salvar a Israel? ¡Me engañaron! no lo dijo ni se permitió decirlo,
porque era la mujer que sabía que todo lo había recibido gratuitamente. Consejo de
hermano y de padre, todas las noches resitúense en la gratuidad y digan hágase, gracias
porque todo me lo diste Vos.
Una segunda cosa que les quisiera decir es que cuiden la salud, pero sobre todo cuiden de
no caer en una enfermedad, una enfermedad que es media peligrosa o del todo peligrosa
para lo que el Señor nos llamó gratuitamente a seguirlo o a servirlo. No caigan en el
Alzheimer espiritual, no pierdan la memoria, sobre todo, la memoria de donde me
sacaron. La escena esa del profeta Samuel donde es enviado a ungir al rey de Israel, va a
Belén a la casa de un señor que se llama Jesé que tiene 7 u 8 hijos y Dios le dice que
entre esos hijos va a estar el rey. Claro, los ve y dice debe ser este porque el mayor era
alto grande, apuesto, parecía valiente y Dios le dice “no, no es ese” la mirada de Dios es
distinta a la de los hombres y así los hace pasar a todos los hijos y Dios le dice, “no, no
es” No sabe qué hacer el profeta entonces le pregunta al padre: “Ché, ¿no tenés otro?” Y
le dice: “Sí, está el más chico ahí cuidando las cabras o las ovejas” “Mándalo llamar” y
viene el mocosito que tendría 17, 18 años no sé y Dios le dice: “ese es” Lo sacaron detrás
del rebaño.
Y otro profeta cuando Dios le dice que haga ciertas cosas como profeta ¿y yo quién soy?
si a mí me sacaron de detrás del rebaño. No se olviden de dónde los sacaron no renieguen
las raíces.
San Pablo se ve que intuía este peligro de perder la memoria y a su hijo más querido, el
obispo Timoteo a quien él ordenó le da consejos pastorales, pero hay uno que toca el
El Papa Francisco en Sudamérica
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corazón. Le dice: No te olvides de la fe que tenía tu abuela y tu madre. Es decir: no te
olvides de donde te sacaron, no te olvides de tus raíces, no te sientas promovido. La
gratuidad es una gracia que no puede convivir con la promoción y cuando un sacerdote,
un seminarista, un religioso, una religiosa entra en carrera, no digo mal, carrera humana
empieza a enfermarse de Alzheimer espiritual y empieza a perder la memoria de donde
me sacaron.
Dos principios para ustedes sacerdotes, consagrados y consagradas: Todos los días
renueven el sentimiento de que todo es gratis el sentimiento de gratuidad de la elección
de cada uno de ustedes, ninguno la merecimos y pidan la gracia de no perder la memoria
de no sentirse más importante y es muy triste cuando uno ve a un sacerdote, a un
consagrado o a una consagrada que en su casa hablaba el dialecto, o hablaba otra lengua,
una de esas nobles lenguas antiguas que tienen los pueblos, que Ecuador cuántas tiene y
es muy triste cuando se olvidan de la lengua, es muy triste cuando no quieren hablar, eso
significa que se olvidaron de donde lo sacaron. No se olviden de eso. Pidan esa gracia de
la memoria. Son los dos principios que sí que quisiera marcar
Y esos dos principios si los viven, todos los días ¿eh? es un trabajo de todos los días.
Todas las noches recordar estos dos principios y pedir la gracia. Esos dos principios si los
viven, les van a dar en la vida, los van a hacer vivir con dos actitudes. Primero el servicio.
Dios me eligió, me sacó para qué, para servir. Y el servicio quien es peculiar a mí. “No,
que tengo mi tiempo, que tengo mis cosas, que tengo esto, que no, que ya cierro el
despacho, que esto, que sí, que tendría que bendecir la casa pero, no, estoy cansado, hoy
pasan una telenovela linda por televisión, entonces, para las monjitas... y entonces
servicio, servir, servir y no hacer otra cosa y servir cuando estamos cansados y servir
cuando la gente nos harta, me decía un viejo cura que fue toda su vida profesor en colegios
y universidad, enseñaba literatura, letras, un genio. Cuando se jubiló le pidió al provincial
que lo mandara a un barrio pobre a un barrio, esos barrios que se forman de gente que
viene que migran buscando trabajo. Gente muy sencilla. Este religioso una vez por
semana iba a su comunidad. Y hablaba, era muy inteligente. La comunidad era una
comunidad de Facultad de Teología, entonces hablaba con los otros curas de teología, al
mismo nivel y pero un día le dice a uno ¿ustedes qué son?, ¿quién da el tratado de la
Iglesia aquí? “profesor Tamayo”, “te faltan dos tesis”. El santo pueblo fiel de Dios es
El Papa Francisco en Sudamérica
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esencialmente olímpico, o sea hace lo que quiere y ontológicamente hartante, y eso tiene
mucha sabiduría porque quien va por el camino de servir tiene que dejarse hartar sin
perder la paciencia porque está al servicio, ningún momento le pertenece, ningún
momento le pertenece, estoy para servir, servir en lo que debo hacer, servir delante del
sagrario, pidiendo por mi pueblo, pidiendo por mi trabajo por la gente que Dios me ha
encomendado. Servicio, mezclarlo con lo de gratuidad y entonces aquello de Jesús: “lo
que recibiste gratis, dalo gratis. Por favor, por favor. No cobren la gracia. Por favor, que
nuestra pastoral sea gratuita y es tan feo cuando uno va perdiendo este sentido de la
gratuidad y se transforma en sí hace cosas buenas pero ha perdido eso. Y lo segundo, la
segunda actitud que se ve en un consagrado, en una consagrada en un sacerdote que vive
esta gratuidad y esta memoria, estos dos principios que dije al principio: gratuidad y
memoria es el gozo y la alegría. Y es un regalo de Jesús ese y es un regalo que Él da, que
Él nos da si se lo pedimos y si no nos olvidamos de esas columnas de nuestra vida
sacerdotal o religiosa que son el sentido de gratuidad renovado todos los días y no perder
la memoria de donde nos sacaron.
Yo le deseo esto. Sí, Padre, usted nos habló que quizás la receta de nuestro pueblo era
somos así por lo del Sagrado Corazón, sí, es verdad eso, pero yo les propongo otra receta
que está en la misma línea, en la misma del Corazón de Jesús, sentido de la gratuidad. Él
se hizo nada, se abajó, se humilló, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, pura
gratuidad, sentido de la memoria, rezando los salmos hacemos memoria de las maravillas
que hizo el Señor en nuestra vida.
Que el Señor les conceda esta gracia a todos, nos las conceda a todos los que estamos
aquí y que siga, iba a decir premiando, y que siga bendiciendo a este pueblo ecuatoriano
a quien ustedes tienen que servir y son llamados a servir, los siga bendiciendo con esa
peculiaridad especial que yo noté desde el principio al llegar acá, que Jesús los bendiga y
la Virgen los cuide.
Recemos todos juntos al Padre que nos dio todo gratuitamente y que nos mantiene en la
memoria de Jesús con Nosotros. [Padre Nuestro]
El Papa Francisco en Sudamérica
34
Y por favor, por favor, que recen por mí, porque yo también siento muchas veces la
tentación de olvidarme de la gratuidad con la que Dios me eligió y de olvidarme de donde
me sacaron. Pidan por mí.
Discurso Original
Traigo a los pies de Nuestra Señora de Quinche lo vivido en estos días de mi visita; quiero
dejar en su corazón a los ancianos y enfermos con los que he compartido un momento en
la casa de las Hermanas de la Caridad, y también todos los otros encuentros que he tenido
con anterioridad. Los dejo en el corazón de María, pero también los deposito en el corazón
de ustedes: sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, para que llamados a trabajar
en la viña del Señor, sean custodios de todo lo que este pueblo de Ecuador vive, llora y
se alegra.
Doy gracias a Mons. Lazzari, al Padre Mina y a la hermana Sandoval por sus palabras,
que me dan pie para compartir con todos ustedes algunas cosas en la común solicitud por
el Pueblo de Dios.
En el Evangelio, el Señor nos invita a aceptar la misión sin poner condiciones. Es un
mensaje importante que no conviene olvidar, y que en este Santuario dedicado a la Virgen
de la Presentación resuena con un acento especial. María es ejemplo de discípula para
nosotros que, como ella, hemos recibido una vocación. Su respuesta confiada: «Hágase
en mí según tu Palabra», nos recuerda sus palabras en las bodas de Caná: «Hagan todo lo
que él les diga» (Jn 2,5). Su ejemplo es una invitación a servir como ella.
En la Presentación de la Virgen podemos encontrar algunas sugerencias para nuestro
propio llamado. La Virgen Niña fue un regalo de Dios para sus padres y para todo el
pueblo, que esperaba la liberación. Es un hecho que se repite frecuentemente en la
Escritura: Dios responde al clamor de su pueblo, enviando un niño, débil, destinado a
traer la salvación y, que al mismo tiempo, restaura la esperanza de unos padres ancianos.
La palabra de Dios nos dice que en la historia de Israel, los jueces, los profetas, los reyes
son un regalo del Señor para hacer llegar su ternura y su misericordia a su pueblo. Son
signo de la gratuidad de Dios: es Él quien los ha elegido, escogido y destinado. Esto nos
El Papa Francisco en Sudamérica
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aleja de la autorreferencialidad, nos hace comprender que ya no nos pertenecemos, que
nuestra vocación nos pide alejarnos de todo egoísmo, de toda búsqueda de lucro material
o compensación afectiva, como nos ha dicho el Evangelio. No somos mercenarios, sino
servidores; no hemos venido a ser servidos, sino a servir y lo hacemos en el pleno
desprendimiento, sin bastón y sin morral.
Algunas tradiciones sobre la advocación de Nuestra Señora de Quinche nos dicen que
Diego de Robles confeccionó la imagen por encargo de los indígenas Lumbicí. Diego no
lo hacía por piedad, lo hacía por un beneficio económico. Como no pudieron pagarle, la
llevó a Oyacachi y la cambió por tablas de cedro. Pero Diego se negó al pedido de ese
pueblo para que le hiciera también un altar a la imagen, hasta que, cayéndose del caballo,
se encontró en peligro y sintió la protección de la Virgen. Volvió al pueblo e hizo el pie
de la imagen. También todos nosotros hemos hecho experiencia de un Dios que nos sale
al cruce, que en nuestra realidad de caídos, derrumbados, nos llama. ¡Que la vanagloria y
la mundanidad no nos hagan olvidar de dónde Dios nos ha rescatado!, ¡que María de
Quinche nos haga bajar de los lugares de ambiciones, intereses egoístas, cuidados
excesivos de nosotros mismos!
La «autoridad» que los apóstoles reciben de Jesús no es para su propio beneficio: nuestros
dones son para renovar y edificar la Iglesia. No se nieguen a compartir, no se resistan a
dar, no se encierren en la comodidad, sean manantiales que desbordan y refrescan,
especialmente a los oprimidos por el pecado, la desilusión, el rencor (cf. Evangelii
Gaudium 272).
El segundo trazo que me evoca la Presentación de la Virgen es la perseverancia. En la
sugestiva iconografía mariana de esta fiesta, la Virgen niña se aleja de sus padres subiendo
las escaleras del Templo. María no mira atrás y, en una clara referencia a la admonición
evangélica, marcha decidida hacia delante. Nosotros, como los discípulos en el
Evangelio, también nos ponemos en camino para llevar a cada pueblo y lugar la buena
noticia de Jesús. Perseverancia en la misión implica no andar cambiando de casa en casa,
buscando donde nos traten mejor, donde haya más medios y comodidades. Supone unir
nuestra suerte con la de Jesús hasta el final. Algunos relatos de las apariciones de la
Virgen de Quinche nos dicen que una “señora con un niño en brazos” visitó varias tardes
seguidas a los indígenas de Oyacachi cuando éstos se refugiaban del acoso de los osos.
El Papa Francisco en Sudamérica
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Varias veces fue María al encuentro de sus hijos; ellos no le creían, desconfiaban de esta
señora, pero les admiró su perseverancia de volver cada tarde al caer el sol. Perseverar
aunque nos rechacen, aunque se haga la noche y crezcan el desconcierto y los peligros.
Perseverar en este esfuerzo sabiendo que no estamos solos, que es el Pueblo Santo de
Dios que camina.
De algún modo, en la imagen de la Virgen niña subiendo al Templo, podemos ver a la
Iglesia que acompaña al discípulo misionero. Junto a ella están sus padres, que le han
transmitido la memoria de la fe y ahora generosamente la ofrecen al Señor para que pueda
seguir su camino; está su comunidad representada en el «séquito de vírgenes», «sus
compañeras», con las lámparas encendidas (cf. Sal 44,15) y, en las que los Padres de la
Iglesia, ven una profecía de todos los que, imitando a María, buscan con sinceridad ser
amigos de Dios, y están los sacerdotes que la esperan para recibirla y que nos recuerdan
que en la Iglesia los pastores tienen la responsabilidad de acoger con ternura y ayudar a
discernir cada espíritu y cada llamado.
Caminemos juntos, sosteniéndonos unos a otros y pidamos con humildad el don de la
perseverancia en su servicio.
Nuestra Señora del Quinche fue ocasión de encuentro, de comunión, para este lugar que
desde tiempos del incario se había constituido en un asentamiento multiétnico. ¡Qué lindo
es cuando la iglesia persevera en su esfuerzo por ser casa y escuela de comunión, cuando
generamos esto que me gusta llamar la cultura del encuentro!
La imagen de la Presentación nos dice que una vez bendecida por los sacerdotes, la Virgen
niña se sentó en las gradas del altar y bailó sobre sus pies. Pienso en la alegría que se
expresa en las imágenes del banquete de las bodas, de los amigos del novio, de la esposa
adornada con sus joyas. Es la alegría de quien ha descubierto un tesoro y lo ha dejado
todo por conseguirlo.
Encontrar al Señor, vivir en su casa, participar de su intimidad, compromete a anunciar
el Reino y llevar la salvación a todos. Atravesar los umbrales del Templo exige
convertirnos como María en templos del Señor y ponernos en camino para llevarlo a los
hermanos. La Virgen, como primera discípula misionera, después del anuncio del Ángel,
partió sin demora a un pueblo de Judá para compartir este inmenso gozo, el mismo que
El Papa Francisco en Sudamérica
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hizo saltar a san Juan Bautista en el seno de su madre. Quien escucha su voz «salta de
gozo» y se convierte a su vez en pregonero de su alegría. La alegría de evangelizar mueve
a la Iglesia, la hace salir, como a María.
Si bien son múltiples las razones que se argumentan para el traslado del santuario desde
Oyacachi a este lugar, me quedo con una: «aquí es y ha sido más accesible, más fácil para
estar cerca de todos». Así lo entendió el Arzobispo de Quito, Fray Luis López de Solís,
cuando mandó edificar un Santuario capaz de convocar y acoger a todos. Una iglesia en
salida es una iglesia que se acerca, que se allana para no estar distante, que sale de su
comodidad y se atreve a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio (cf.
Evangelii Gaudium 20).
Volveremos ahora a nuestras tareas, interpelados por el Santo Pueblo que nos ha sido
confiado. Entre ellas, no olvidemos cuidar, animar y educar la devoción popular que
palpamos en este santuario y tan extendida en muchos países latinoamericanos. El pueblo
fiel ha sabido expresar la fe con su propio lenguaje, manifestar sus más hondos
sentimientos de dolor, duda, gozo, fracaso, agradecimiento con diversas formas de
piedad: procesiones, velas, flores, cantos que se convierten en una bella expresión de
confianza en el Señor y de amor a su Madre, que es también la nuestra.
En Quinche, la historia de los hombres y la historia de Dios confluyen en la historia de
una mujer, María. Y en una casa, nuestra casa, la hermana madre tierra. Las tradiciones
de esta advocación evocan a los cedros, los osos, la hendidura en la piedra que fuera aquí
la primera casa de la Madre de Dios.
Nos hablan en el ayer de pájaros que rodearon el lugar, y en el hoy de flores que engalanan
los alrededores. Los orígenes de esta devoción nos llevan a tiempos donde era más
sencilla «la serena armonía con la creación... contemplar al Creador que vive entre
nosotros y en lo que nos rodea y cuya presencia no hace falta fabricar» (Laudato si’ 225)
y que se nos devela en el mundo creado, en su Hijo amado, en la Eucaristía que permite
a los cristianos sentirse miembros vivos de la Iglesia y participar activamente en su misión
(cf. Aparecida, 264), en Nuestra Señora del Quinche, que acompañó desde aquí los
albores del primer anuncio de la fe a los pueblos indígenas.
El Papa Francisco en Sudamérica
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A ella encomendemos nuestra vocación; que ella nos haga regalo para nuestro pueblo,
que ella nos dé la perseverancia en la entrega y la alegría de salir a llevar el Evangelio de
su hijo Jesús –unidos a nuestros pastores– hasta los confines, hasta las periferias de
nuestro querido Ecuador.
El Papa Francisco en Sudamérica
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BOLIVIA
DISCURSO EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA. LA PAZ
Miércoles 8 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1NTYjfa
Señor Presidente,
Distinguidas Autoridades,
Hermanos en el Episcopado,
Queridos hermanos y hermanas:
Buenas tardes. Al iniciar esta visita pastoral, quiero dirigir mi saludo a todos los hombres
y mujeres de Bolivia con los mejores deseos de paz y prosperidad. Agradezco al Señor
Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia la cálida acogida y fraternal acogida que
me ha dispensado y sus amables palabras de bienvenida. Doy las gracias también a los
señores Ministros y Autoridades del Estado, de las Fuerzas Armadas y de la Policía
Nacional, que han tenido la bondad de venir a recibirme.
A mis hermanos en el Episcopado, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles
cristianos, a toda la Iglesia que peregrina en Bolivia, quiero expresarle mis sentimientos
de fraterna comunión en el Señor. Llevo en el corazón especialmente a los hijos de esta
tierra, que por múltiples razones no están aquí y han tenido que buscar «otra tierra» que
los cobije; otro lugar donde esta madre los haga fecundos y posibilite la vida.
Me alegro de estar en esta país de singular belleza, bendecido por Dios en sus diversas
zonas: el altiplano, los valles, las tierras amazónicas, los desiertos, los incomparables
lagos; el preámbulo de su Constitución lo ha acuñado de modo poético: «En tiempos
inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra
amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de
verdores y flores», y esto me recuerda que «el mundo es algo más que un problema a
resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza» (Laudato si’
12).
El Papa Francisco en Sudamérica
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Pero sobre todo, es una tierra bendecida en sus gentes, con su variada realidad cultural y
étnica, que constituye una gran riqueza y un llamado permanente al respeto mutuo, al
diálogo: pueblos originarios milenarios y pueblos originarios contemporáneos; cuánta
alegría nos da saber que el castellano traído a estas tierras hoy convive con 36 idiomas
originarios, amalgamándose –como lo hacen en las flores nacionales de kantuta y patujú
el rojo y el amarillo– para dar belleza y unidad en lo diverso.
En esta tierra y en este pueblo, arraigó con fuerza el anuncio del Evangelio, que a lo largo
de los años ha ido iluminando la convivencia, contribuyendo al desarrollo del pueblo y
fomentando la cultura.
Como huésped y peregrino, vengo para confirmar la fe de los creyentes en Cristo
resucitado, para que cuantos creemos en Él, mientras peregrinamos en esta vida, seamos
testigos de su amor, fermento de un mundo mejor, y colaboremos en la construcción de
una sociedad más justa y solidaria.
Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida
económica, social y política del País; cuenta con una Constitución que reconoce los
derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones
sensibles a estas realidades. Todo esto requiere un espíritu de colaboración ciudadana, de
diálogo y participación de los individuos y los actores sociales en las cuestiones que
interesan a todos.
El progreso integral de un pueblo incluye el crecimiento en valores de las personas y la
convergencia en ideales comunes que consigan aunar voluntades, sin excluir ni rechazar
a nadie. Si el crecimiento es solo material, siempre se corre el riesgo de volver a crear
nuevas diferencias, de que la abundancia de unos se construya sobre la escasez de otros.
Por eso, además de la transparencia institucional, la cohesión social requiere un esfuerzo
en la educación de los ciudadanos.
En estos días me gustaría alentar la vocación de los discípulos de Cristo a comunicar la
alegría del Evangelio, a ser sal de la tierra y luz del mundo. La voz de los Pastores, que
tiene que ser profética, habla a la sociedad en nombre de la Iglesia madre, porque la Iglesia
es madre y desde su opción preferencial y evangélica por los últimos. Por los descartados,
por los excluidos, esa es la opción preferencial de la Iglesia.
El Papa Francisco en Sudamérica
41
La caridad fraterna, expresión viva del mandamiento nuevo de Jesús, se expresa en
programas, obras e instituciones que buscan la promoción integral de la persona, así como
el cuidado y la protección de los más vulnerables. No se puede creer en Dios Padre sin
ver un hermano en cada persona, y no se puede seguir a Jesús sin entregar la vida por los
que Él murió en la cruz.
En una época en la que tantas veces se tiende a olvidar o tergiversar los valores
fundamentales, la familia merece una especial atención por parte de los responsables del
bien común porque es la célula básica de la sociedad, que aporta lazos sólidos de unión
sobre los que se basa la convivencia humana y, con la generación y educación de sus
hijos, asegura el futuro y la renovación de la sociedad.
La Iglesia también siente una preocupación especial por los jóvenes que, comprometidos
con su fe y con grandes ideales, son promesa de futuro, «vigías que anuncian la luz del
alba y la nueva primavera del Evangelio» decía Juan Pablo II, (Mensaje para la XVIII
Jornada mundial de la Juventud, 6).
Cuidar a los niños, hacer que la juventud se comprometa en nobles ideales, es garantía de
futuro para una sociedad. Y la Iglesia quiere una sociedad que encuentra su reaseguro
cuando valora, admira y custodia también a sus mayores que son los que nos traen la
sabiduría de los pueblos, custodiar a los que hoy son descartados por tantos intereses que
ponen al centro de la vida económica al dios dinero y son descartados los niños y los
jóvenes que son el futuro de un país y los ancianos que son la memoria del pueblo, por
eso hay que cuidarlos, hay que protegerlos son nuestro futuro.
La Iglesia hace opción por ir generando una «cultura memoriosa» que les garantiza a los
ancianos no solo la calidad de vida en sus últimos años sino la calidez, como bien lo
expresa la Constitución de ustedes.
Señor Presidente, queridos hermanas, hermanos, gracias por estar aquí. Estos días nos
permitirán tener diversos momentos de encuentro, diálogo y celebración de la fe. Lo hago
alegre y contento de estar en esta Patria que se dice a sí misma pacifista, patria de paz y
que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz.
El Papa Francisco en Sudamérica
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Pongo esta visita bajo el amparo de la Santísima Virgen de Copacabana, Reina de Bolivia,
y a Ella le pido que proteja a todos sus hijos. Muchas gracias y que el Señor los bendiga.
Jallalla Bolivia.
El Papa Francisco en Sudamérica
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DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES
CIVILES EN LA CATEDRAL DE LA PAZ
Miércoles 8 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1NYSqg3
Señor Presidente,
Excelencias,
Hermanas y hermanas:
Me alegro de este encuentro con ustedes, autoridades políticas y civiles de Bolivia,
miembros del Cuerpo diplomático y personas relevantes del mundo de la cultura y del
voluntariado. Agradezco a Mons. Edmundo Abastoflor, Arzobispo de esta Iglesia de la
Paz, su amable bienvenida. Les ruego que me permitan cooperar, alentando con algunas
palabras, la tarea que cada uno de ustedes ya realiza. Y les agradezco la cooperación
que ustedes con su testimonio de calurosa acogida me dan a mí para que yo pueda seguir
adelante. Muchas gracias.
Cada uno a su manera, todos los aquí presentes compartimos la vocación de trabajar por
el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como «el
conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de
sus miembros conseguir más plena y fácilmente de la propia perfección»; gracias a
ustedes por aspirar –desde su rol y misión– para que las personas y la sociedad se
desarrollen, alcancen su perfección.
Estoy seguro de sus búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno en este afán por el bien
común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona
humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo
integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se
produce sin una atención particular a la justicia distributiva. (cf. Laudato si’ 157). Que la
riqueza se distribuya.
En el trayecto hacia la catedral he podido admirarme de las cumbres del Hayna Potosí y
del Illimani, de ese «cerro joven» y de aquel que indica «el lugar por donde sale el sol».
El Papa Francisco en Sudamérica
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También he visto cómo de manera artesanal muchas casas y barrios se confundían con
las laderas y me he maravillado de algunas obras, de su arquitectura. El ambiente natural
y el ambiente social, político y económico están íntimamente relacionados.
Nos urge poner las bases de una ecología integral, es problema de salud. Una ecología
integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las
graves cuestiones socioambientales de nuestros días, sino los glaciares de esos mismos
montes seguirán retrocediendo y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que
queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores
también se derretirán como esos hielos (cf. Laudato si’ 159-160). De esto hay que tomar
conciencia. Ecología integral y me arriesgo, supone ecología de la madre tierra, cuidar
la madre tierra, Ecología humana, cuidarnos entre nosotros y ecología social. Forzada la
palabra.
Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar
por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma
tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y
menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad.
Es necesaria también la cultura, de la que forma parte no solo el desarrollo de la capacidad
intelectual del ser humano en las ciencias y de la capacidad de generar belleza en las artes,
sino también las tradiciones populares locales, eso también es cultura, con su particular
sensibilidad al medio de donde han surgido y al que dan sentido y del medio del que han
salido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de
solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel
específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan
aportar a la sociedad. Los cristianos, en particular, como discípulos de la Buena Noticia,
somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de
ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de
acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia
en favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen.
Esas virtudes que vuestra cultura tan sencillamente se expresan esos tres mandamientos,
“no mentir”, “no robar”, “no ser flojo”, pero debemos estar alertas pues muy fácilmente
nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, que nos volvemos insensibles a
El Papa Francisco en Sudamérica
45
sus manifestaciones. Y así confundimos sin darnos cuenta el «bien común» con el «bien-
estar», Y de ahí se va resbalando de a poquito de a poquito y el ideal del bien común
cómo que se va perdiendo y termina en el bienestar sobre todo cuando somos nosotros
los que los disfrutamos y no los otros. El bienestar que se refiere solo a la abundancia
material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los
demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en
vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la
perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal
hace. El bien común, en cambio, es algo más que la suma de intereses individuales; es un
pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello
que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a
levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.
Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción
de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para
que los pensadores, las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación desarrollen
su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos,
llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad. La luz del
Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora, la Iglesia debe
servir al Evangelio de Cristo para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una
luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que
no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada
persona y de cada convivencia humana. Respeto. El cristianismo ha tenido un papel
importante en la formación de la identidad del pueblo boliviano. La libertad religiosa –
como es acuñada habitualmente esa expresión en el fuero civil– es quien también nos
recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una
subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el
compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales. En extender el bien
común a través de las obras sociales.
Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes
por tantos factores la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción,
la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la
El Papa Francisco en Sudamérica
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calle y recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la
familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los
problemas sociales que resuelve la familia, que lo resuelve en silencio, son tantos que no
promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos.
Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de
relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos
lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los
conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los
problemas, hoy es indispensable. Estoy pensando acá en el mar. Diálogo, es
indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Construir puentes en vez de
levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones
compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso,
nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación
y hacen más difícil su resolución.
Bolivia transita un momento histórico: la política, el mundo de la cultura, las religiones
son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra donde la explotación, la
avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy
puede ser el tiempo de la integración. Y hay que caminar en ese camino Hoy Bolivia
puede «crear nuevas síntesis culturales». ¡Qué hermosos son los países que superan la
desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un
nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan,
relacionan, favorecen el reconocimiento del otro! (cf. Evangelii Gaudium 210). Bolivia,
en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser «esa multiforme
armonía que atrae» (Evangelii Gaudium 117). Y que atrae en el camino de la
consolidación de la Patria grande.
Muchas gracias por su atención. Pido al Señor que Bolivia, «esta tierra inocente y
hermosa» siga progresando cada vez más para que sea esa «patria feliz donde el hombre
vive el bien de la dicha y la paz». Que la Virgen santa los cuide y el Señor los bendiga
abundantemente. Y por favor, por favor les pido, que no se olviden de rezar por mí.
El Papa Francisco en Sudamérica
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HOMILÍA. SANTA MISA EN LA PLAZA DEL CRISTO
REDENTOR. SANTA CRUZ
Jueves 9 de julio de 2015
VIDEO: http://bit.ly/1LU8mSo
Hemos venido desde distintos lugares, regiones, poblados, para celebrar la presencia de
vida de Dios entre nosotros. Salimos hace horas de nuestras casas y comunidades para
poder estar juntos, como Pueblo Santo de Dios. La cruz y la imagen de la misión nos traen
el recuerdo de todas las comunidades que han nacido en el nombre de Jesús en estas
tierras, de las cuales nosotros somos sus herederos.
En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos describía una situación bastante similar
a la que estamos viviendo ahora. Al igual que esas cuatro mil personas, estamos nosotros
queriendo escuchar la Palabra de Jesús y recibir su vida. Ellos ayer y nosotros hoy junto
al Maestro, Pan de vida.
Me conmuevo cuando veo a muchas madres cargando a sus hijos en las espaldas. Como
lo hacen aquí tantas de ustedes. Llevando sobre sí la vida, y el futuro de su gente.
Llevando sus motivos de alegría, sus esperanzas. Llevando la bendición de la tierra en los
frutos. Llevando el trabajo realizado por sus manos. Manos que han labrado el presente y
tejerán las ilusiones del mañana. Pero también cargando sobre sus hombros, desilusiones,
tristezas y amarguras, la injusticia que parece no detenerse y las cicatrices de una justicia
no realizada. Cargando sobre sí, el gozo y el dolor de una tierra. Ustedes llevan sobre sí
la memoria de su pueblo. Porque los pueblos tienen memoria, una memoria que pasa de
generación en generación, los pueblos tienen una memoria en camino.
Y no son pocas las veces que experimentamos el cansancio de este camino. No son pocas
las veces que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos
situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van
perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve
individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y
esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más
pobres.
El Papa Francisco en Sudamérica
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A nosotros nos puede suceder lo que a los discípulos de ayer, cuando vieron esa cantidad
de gente que estaba ahí. Le piden a Jesús que los despida, mándalos a la casa, ya que es
imposible alimentar a tanta gente. Frente a tantas situaciones de hambre en el mundo
podemos decir: «Perdón. No nos dan los números, no nos cierran las cuentas». Es
imposible enfrentar estas situaciones, entonces la desesperación termina ganándonos el
corazón.
En un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que pretende
imponerse en el mundo, en todo el mundo, en nuestros días. Una lógica que busca
transformar todo en objeto de cambio, todo en objeto de consumo, todo negociable. Una
lógica que pretende dejar espacio a muy pocos, descartando a todos aquellos que no
«producen», que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente «no nos dan
los números». Y Jesús una vez más vuelve a hablarnos y nos dice...: No, no, no es
necesario excluirlos, no es necesario que se vayan, denles ustedes de comer.
Es una invitación que resuena con fuerza para nosotros hoy: «No es necesario excluir a
nadie, no es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer».
Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer.
La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre «corta el hilo» por el
más débil, por el más necesitado. Tomando «la posta» Él mismo nos da el ejemplo, nos
muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los
bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Y este
es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Jesús, por medio de estas
tres acciones logra transformar una lógica del descarte, en una lógica de comunión, en
una lógica de comunidad. Quisiera subrayar brevemente cada una de estas acciones.
Toma. El punto de partida, es tomar muy en serio la vida de los suyos. Los mira a los ojos
y en ellos conoce su vivir, su sentir. Ve en esas miradas lo que late y lo que ha dejado de
latir en la memoria y el corazón de su pueblo. Lo considera y lo valora. Valoriza todo lo
bueno que pueden aportar, todo lo bueno desde donde se puede construir. Pero no habla
de los objetos, o de los bienes culturales, o de las ideas; sino habla de las personas. La
riqueza más plena de una sociedad se mide en la vida de su gente, se mide en sus ancianos
que logran transmitir su sabiduría y la memoria de su pueblo a los más pequeños. Jesús
El Papa Francisco en Sudamérica
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nunca se saltea la dignidad de nadie, por más apariencia de no tener nada para aportar y
compartir. Toma todo, como viene.
Bendice. Jesús toma sobre sí, y bendice al Padre que está en los cielos. Sabe que estos
dones son un regalo de Dios. Por eso, no los trata como «cualquier cosa» ya que toda
vida, toda esa vida, es fruto del amor misericordioso. Él lo reconoce. Va más allá de la
simple apariencia, y en este gesto de bendecir, de alabar, pide a su Padre el don del
Espíritu Santo. El bendecir tiene esa doble mirada, por un lado agradecer y por el otro
poder transformar. Es reconocer que la vida, siempre es un don, un regalo que puesto en
las manos de Dios, adquiere una fuerza de multiplicación. Nuestro Padre no nos quita
nada, todo lo multiplica.
Entrega. En Jesús, no existe un tomar que no sea una bendición, y no existe una bendición
que no sea una entrega. La bendición siempre es misión, tiene un destino, compartir, el
condividir lo que se ha recibido, ya que sólo en la entrega, en el com-par-tir es cuando las
personas encontramos la fuente de la alegría y la experiencia de salvación. Una entrega
que quiere reconstruir la memoria de pueblo Santo, de pueblo invitado, a ser y a llevar
por la alegría de la salvación. Las manos que Jesús levanta para bendecir al Dios del cielo
son las mismas que distribuyen el pan a la multitud que tiene hambre. Y podemos
imaginar cómo iban pasando de mano en mano los panes y los peces hasta llegar a los
más alejados. Jesús, logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo
lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse,
increíblemente sobró: lo recogieron en siete canastas. Una memoria tomada, una memoria
bendecida, una memoria entregada siempre sacia a un pueblo.
La Eucaristía. Es el «Pan partido para la vida del mundo», como dice el lema del V
Congreso eucarístico que hoy inauguramos y tendrá lugar en Tarija. Es Sacramento de
comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento y nos da
la certeza de lo que tenemos, de lo que somos, si es tomado, si es bendecido y si es
entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en Pan de Vida
para los demás.
Y la Iglesia celebra la Eucaristía, celebra la memoria del Señor, el sacrificio del Señor.
Porque la iglesia es comunidad memoriosa. Por eso fiel al mandato del Señor, dice una y
El Papa Francisco en Sudamérica
50
otra vez: «Hagan esto en memoria mía» (Lc. 22,19) Actualiza, hace real, generación tras
generación, en los distintos rincones de nuestra tierra, el misterio del Pan de Vida. Nos lo
hace presente, nos lo entrega. Jesús quiere que participemos de su vida y a través nuestro
se vaya multiplicando en nuestra sociedad. No somos personas aisladas, separadas, sino
somos el Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada.
Una vida memoriosa necesita de los demás, del intercambio, del encuentro, de una
solidaridad real que sea capaz de entrar en la lógica del tomar, bendecir y entregar; en la
lógica del amor.
María, al igual que muchas de ustedes llevó sobre sí la memoria de su pueblo, la vida de
su Hijo, y experimentó en sí misma la grandeza de Dios, proclamando con júbilo que Él
«colma de bienes a los hambrientos» (Lc. 1,53), que ella sea hoy nuestro ejemplo para
confiar en la bondad del Señor que hace obras grandes con poca cosa, con la humildad de
sus siervos. Que así sea.
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Todos los discursos del Papa en Ecuador, Bolivia y Paraguay

  • 1. Francisco en Sudamérica TODOS LOS DISCURSOS Y HOMILÍAS QUE PRONUNCIÓ S.S. FRANCISCO EN SU VIAJE APOSTÓLICO A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY JULIO 2015
  • 2. El Papa Francisco en Sudamérica 2 ÍNDICE ECUADOR Domingo 5 de julio de 2015 DISCURSO DEL SANTO PADRE EN CEREMONIA DE BIENVENIDA. QUITO Lunes 6 de julio de 2015 SALUDO Y BENDICIÓN EN LA VISITA AL SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. GUAYAQUIL HOMILÍA EN SANTA MISA EN EL PARQUE DE LOS SAMANES. GUAYAQUIL DISCURSO EN VISITA A LA CATEDRAL DE QUITO Martes 7 de julio de 2015 HOMILÍA EN SANTA MISA EN EL PARQUE DEL BICENTENARIO. QUITO DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA ESCUELA Y DE LA UNIVERSIDAD EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR. QUITO DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LA SOCIEDAD CIVIL EN LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO. QUITO Miércoles 8 de julio de 2015 DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL CLERO, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS EN EL SANTUARIO NACIONAL MARIANO EL QUINCHE. QUITO BOLIVIA Miércoles 8 de julio de 2015 DISCURSO EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA. LA PAZ DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES CIVILES EN LA CATEDRAL DE LA PAZ
  • 3. El Papa Francisco en Sudamérica 3 Jueves 9 de julio de 2015 HOMILÍA EN SANTA MISA EN LA PLAZA DEL CRISTO REDENTOR. SANTA CRUZ DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS EN EL COLEGIO DON BOSCO. SANTA CRUZ DISCURSO EN EL II ENCUENTRO MUNDIAL DE MOVIMIENTOS POPULARES EN EL SALÓN PRINCIPAL DE LA FERIA EXPOCRUZ. SANTA CRUZ Viernes 10 de julio DISCURSO EN LA VISITA AL CENTRO DE REHABILITACIÓN SANTA CRUZ- PALMASOLA PARAGUAY Viernes 10 de julio DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO EN EL JARDÍN DEL PALACIO DE LÓPEZ Sábado 11 de julio del 2015 SALUDO Y DISCURSO ORIGINAL EN LA VISITA AL HOSPITAL GENERAL PEDIÁTRICO NIÑOS DE ACOSTA ÑU HOMILÍA. SANTA MISA EN LA EXPLANADA DEL SANTUARIO MARIANO DE CAACUPÉ ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN DE PARAGUAY A LA VIRGEN DE CAACUPÉ LUEGO DE LA SANTA MISA EN CAACUPÉ DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON REPRESENTANTES DE LA SOCIEDAD CIVIL EN EL ESTADIO LEÓN CONDOU DEL COLEGIO SAN JOSÉ CELEBRACIÓN DE LAS VÍSPERAS CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, DIÁCONOS, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, SEMINARISTAS Y MOVIMIENTOS CATÓLICOS EN LA CATEDRAL METROPOLITANA DE ASUNCIÓN Domingo 12 de julio del 2015
  • 4. El Papa Francisco en Sudamérica 4 DISCURSO EN LA CAPILLA SAN JUAN BAUTISTA EN LA VISITA A LA POBLACIÓN DEL BAÑADO NORTE HOMILÍA. SANTA MISA EN EL CAMPO GRANDE DE ÑU GUAZÚ PALABRAS ANTES DEL ÁNGELUS Y LUEGO DE LA SANTA MISA EN EL CAMPO GRANDE DE ÑU GUAZÚ DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES EN LA COSTANERA
  • 5. El Papa Francisco en Sudamérica 5 ECUADOR DISCURSO DEL SANTO PADRE EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA. QUITO Domingo 5 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1CeCVzV Señor Presidente, Distinguidas autoridades del Gobierno, Hermanos en el Episcopado, Señoras y señores, amigos todos. Doy gracias a Dios por haberme permitido volver a América Latina y estar hoy aquí con ustedes, en esta hermosa tierra del Ecuador. Siento alegría y gratitud al ver esta calurosa bienvenida que me brindan: es una muestra más del carácter acogedor que tan bien define a las gentes de esta noble Nación. Le agradezco, Señor Presidente, sus palabras, le agradezco sus palabras en consonancia con mi pensamiento, me ha citado demasiado, gracias. A las que correspondo con mis mejores deseos para el ejercicio de su misión que pueda lograr lo que quiere para el bien de su pueblo. Saludo cordialmente a las distinguidas autoridades del Gobierno, a mis hermanos Obispos, a los fieles de la Iglesia en el país y a todos aquellos que me abren hoy las puertas de su corazón, de su hogar y de su Patria. A todos ustedes mi afecto y sincero reconocimiento. Visité Ecuador en distintas ocasiones por motivos pastorales; así también hoy, vengo como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. La misma fe que durante siglos ha modelado la identidad de este pueblo y ha dado tan buenos frutos, entre los que se destacan figuras preclaras como Santa Mariana de Jesús, el Santo hermano Miguel Febres, Santa Narcisa de Jesús o la Beata Mercedes de Jesús Molina, beatificada en Guayaquil hace treinta años durante la visita del Papa San Juan Pablo II. Ellos vivieron
  • 6. El Papa Francisco en Sudamérica 6 la fe con intensidad y entusiasmo, y practicando la misericordia contribuyeron, desde distintos ámbitos, a mejorar la sociedad ecuatoriana de su tiempo. En el presente, también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros y el progreso y todo este progreso en desarrollo que se están consiguiendo y se consoliden y garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene. Para esto, Señor Presidente, podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la Iglesia. Para servir a este pueblo ecuatoriano que se ha puesto de pie con dignidad. Amigos todos, comienzo con ilusión y esperanza los días que tenemos por delante. En Ecuador está el punto más cercano al espacio exterior: es el Chimborazo, llamado por esto al lugar ‘más cercano al sol’, a la luna y a las estrellas. Nosotros, los cristianos, identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la Iglesia y la Luna no tiene luz propia y si la Luna se esconde del Sol se vuelve oscura. El Sol es Jesucristo y si la Iglesia se aparta o se esconde de Jesucristo se vuelve oscura y no da testimonio. Que estos días se nos haga más evidente a todos la cercanía ‘del sol que nace de lo alto’, y que seamos reflejos de su luz y de su amor. Desde aquí quiero abrazar al Ecuador entero. Que desde la cima del Chimborazo, hasta las costas del Pacífico; desde la selva amazónica, hasta las Islas Galápagos, nunca pierdan la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y de sus ancianos que son la memoria de su pueblo, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su País, que según el señor Presidente es el paraíso. Que el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, a quienes Ecuador ha sido Consagrado, derramen sobre ustedes su gracia y bendición. Muchas gracias.
  • 7. El Papa Francisco en Sudamérica 7 SALUDO Y BENDICIÓN EN LA VISITA AL SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA. GUAYAQUIL Viernes 10 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1H5KGnG Buenos días. Les invito a todos juntos a rezar a la Virgen. [Ave María] Ahora voy a celebrar Misa y los llevo a todos ustedes, le voy a decir al Señor: Tú conoces el nombre de los que estaban ahí y le voy a pedir a Jesús para cada uno de ustedes mucha Misericordia, que los cubra con su Misericordia, que los cuide y a la Virgen que esté siempre al lado de ustedes. Y ahora antes de irme porque esto es de paso para la Misa donde me dice el Señor Arzobispo que nos corre el tiempo, les doy la bendición, pero, no, no les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí, ¿me lo prometen? Los bendiga Dios Todopoderoso: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Gracias por el testimonio cristiano. Adiós.
  • 8. El Papa Francisco en Sudamérica 8 HOMILÍA. SANTA MISA EN EL PARQUE DE LOS SAMANES. GUAYAQUIL Lunes 6 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1CWxWyW El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino» le dijo y la referencia a «la hora» se comprenderá, después en los relatos de la Pasión. Está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No tienen vino». Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos y en amores alegres. Demos un lugar a María, «la madre» como lo dice el evangelista. Hagamos con ella, ahora, el itinerario de Caná. María está atenta, atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros, tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar, la mala preparación de las bodas y como está atenta con su discreción se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, ¿cuándo el amor se escurrió de su vida? Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, de situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es una madre «reclamadora», tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras
  • 9. El Papa Francisco en Sudamérica 9 impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María simplemente es madre!: Ahí está, atenta y solícita. Es lindo escuchar esto, María es Madre, ¿se animan a decirlo todos juntos conmigo? ¡Vamos!: María es Madre. Otra vez: María es Madre, otra vez: María es Madre. Pero María, en ese momento que se percata que falta el vino acude con confianza a Jesús, esto significa que María reza. Va a Jesús, reza. No va al mayordomo; directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: «¿Qué podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás apresura la «hora» de Jesús. Y María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Evangelii Gaudium, 286) y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón, a su Hijo, Ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios; nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios. Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: que vive bajo el mismo techo y que comparte la vida y está necesitado. Y finalmente, María actúa. Las palabras «Hagan lo que Él les diga» (v. 5), dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos, por amor, servidores unos de otros. En el seno de la familia, nadie es descartado, todos valen lo mismo, me acuerdo que una vez a mi mamá le preguntaron: ¿A cuál de sus cinco hijos (nosotros somos cinco hermanos), a cuál de sus cinco hijos quería más? Y ella dijo: “como los dedos, si me pinchan este, me duele lo mismo que si me pinchan este una madre quiere a sus hijos como son y en una familia los hermanos se quieren como son nadie es descartado, allí en
  • 10. El Papa Francisco en Sudamérica 10 la familia «se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño y nos peleamos, porque en toda familia hay peleas el problema es después pedir perdón. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida compartida y del respeto a lo que nos rodea» (Laudato si’, 213). La familia es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo lo cuidan ahí mientras se puede, la familia es la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, es el mejor asilo para los ancianos. La familia constituye la gran «riqueza social», que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a sus ciudadanos. En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos, estos no son una forma de limosna, sino una verdadera «deuda social» respecto a la institución familiar, que es la base y la que tanto aporta al bien común de todos. La familia también forma una pequeña Iglesia, la llamamos «Iglesia doméstica» que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente más cercano el amor de Dios. Y en la familia y de esto todos somos testigos los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano y muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que «debería ser». Hay un detalle que nos tiene que hacer pensar: el vino nuevo ese vino tan nuevo que dice el Mayordomo en las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado, nacen de lo peorcito porque «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). y en la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Les invito a
  • 11. El Papa Francisco en Sudamérica 11 intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, el agua de las tinajas, nos escandalice o espante, Dios –haciéndolo pasar por su «hora»– lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro. Y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en la esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar. Y el mejor de los vinos está por venir aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario; el mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir. Murmúrenselo cada uno en su corazón: El mejor vino está por venir. Y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados. Ten Paciencia, ten esperanza, haz como María, reza actúa, abre tu corazón, porque el mejor vino va a venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas. Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga», lo que Él nos diga y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de ser familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea.
  • 12. El Papa Francisco en Sudamérica 12 SALUDO Y BENDICIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LOS ASISTENTES A LA CATEDRAL DE QUITO Y PRIMADA DEL ECUADOR. Lunes 6 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1IG4IdJ Discurso pronunciado Les voy a dar la bendición, les voy a dar la bendición para cada uno de ustedes para sus familias, para todos sus seres queridos y para este gran y noble pueblo ecuatoriano, para que no haya diferencias, que no haya exclusión, que no haya gente que se descarte, que todos sean hermanos, que se incluyan a todos y no haya ninguno que esté fuera de esta gran nación ecuatoriana, a cada uno de ustedes y a sus familias, les doy la bendición, pero recemos juntos. Primero, el AveMaría: [Rezo del Ave María] Que la bendición de Dios Todopoderoso, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca con ustedes siempre. Y por favor les pido que recen por mí. Buenas noches y hasta mañana. Discurso entregado Queridos hermanos: Vengo a Quito como peregrino, para compartir con ustedes la alegría de evangelizar. Salí del Vaticano saludando la imagen de Santa Mariana de Jesús, que desde el ábside de la Basílica de San Pedro vela el camino que el Papa recorre tantas veces. A ella encomendé también el fruto de este viaje, pidiéndole que todos nosotros pudiésemos aprender de su ejemplo. Su sacrificio y su heroica virtud se representan con una azucena. Sin embargo, en la imagen en San Pedro, lleva todo un ramo de flores, porque junto a la suya presenta al Señor, en el corazón de la Iglesia, las de todos ustedes, las de todo Ecuador. Los santos nos llaman a imitarlos, a seguir su escuela, como hicieron Santa Narcisa de Jesús y la beata Mercedes de Jesús Molina, interpeladas por el ejemplo de Santa
  • 13. El Papa Francisco en Sudamérica 13 Mariana… cuántos de los que hoy están aquí sufren o han sufrido la orfandad, cuántos han tenido que asumir a su cargo a hermanos aún siendo pequeños, cuántos se esfuerzan cada día cuidando enfermos o ancianos; así lo hizo Mariana, así la imitaron Narcisa y Mercedes. No es difícil si Dios está con nosotros. Ellas no hicieron grandes proezas a los ojos del mundo. Solo amaron mucho, y lo demostraron en lo cotidiano hasta llegar a tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo (cf. Evangelii Gaudium 24). Ellas no lo hicieron solas, lo hicieron «junto a» otros; el acarreo, labrado y albañilería de esta catedral han sido hechos con ese modo nuestro, de los pueblos originarios, la minga; ese trabajo de todos en favor de la comunidad, anónimo, sin carteles ni aplausos: quiera Dios que como las piedras de esta catedral así nos pongamos a los hombros las necesidades de los demás, así ayudemos a edificar o reparar la vida de tantos hermanos que no tienen fuerzas para construirlas o las tienen derrumbadas. Hoy estoy aquí con ustedes, que me regalan el júbilo de sus corazones: «Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia» (Is 52,7). Es la belleza que estamos llamados a difundir, como buen perfume de Cristo: Nuestra oración, nuestras buenas obras, nuestro sacrificio por los más necesitados. Es la alegría de evangelizar y «ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican» (Jn 13,17). Que Dios los bendiga.
  • 14. El Papa Francisco en Sudamérica 14 HOMILÍA. SANTA MISA EN EL PARQUE DEL BICENTENARIO. QUITO Martes 7 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1CYHXLU La palabra de Dios nos invita a vivir la unidad para que el mundo crea. Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que celebramos en «El Parque Bicentenario». Imaginémoslo juntos. El Bicentenario de aquel Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, «sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno» (Evangelii Gaudium 213). Quisiera que hoy los dos gritos concorden bajo el hermoso desafío de la evangelización. No desde palabras altisonantes, ni con términos complicados, sino que nazca de «la alegría del Evangelio», que «llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento» de la conciencia aislada (Evangelii Gaudium 1). Nosotros, aquí reunidos, todos juntos alrededor de la mesa con Jesús somos un grito, un clamor nacido de la convicción de que su presencia nos impulsa a la unidad, «señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable» (Evangelii Gaudium 14). «Padre, que sean uno para que el mundo crea», así lo deseó mirando al cielo. A Jesús le brota este pedido en un contexto de envío: Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. En ese momento, el Señor está experimentando en carne propia lo peorcito de este mundo al que ama, aun así, con locura: intrigas, desconfianzas, traición, pero no esconde la cabeza, no se lamenta. También nosotros constatamos a diario que vivimos en un mundo lacerado por las guerras y la violencia. Sería superficial pensar que la división y el odio afectan sólo a las tensiones entre los países o los grupos sociales. En realidad, son manifestación de ese «difuso individualismo» que nos separa y nos enfrenta (cf. Evangelii Gaudium, 99), son manifestación de la herida del pecado en el corazón de las personas, cuyas consecuencias sufre también la sociedad y la creación entera. Precisamente, a este mundo desafiante, con sus egoísmos Jesús nos envía, y
  • 15. El Papa Francisco en Sudamérica 15 nuestra respuesta no es hacernos los distraídos, argüir que no tenemos medios o que la realidad nos sobrepasa. Nuestra respuesta repite el clamor de Jesús y acepta la gracia y la tarea de la unidad. A aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó ni convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos, la falta de comprensión de otros procesos libertarios con características distintas pero no por eso antagónicas. Y la evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. Claro que sí; eso creemos y gritamos. «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”» (Evangelii Gaudium 67). El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar, la convicción de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunicándolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere más sensibilidad para las necesidades de los demás (cf. Evangelii Gaudium 9). De ahí, la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles, luchar por la inclusión a todos los niveles evitando egoísmos, promoviendo la comunicación y el diálogo, incentivando la colaboración. Hay que confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas. «Confiarse al otro es algo artesanal, porque la paz es algo artesanal» (Evangelii Gaudium 244), es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica. Y esto a costilla de los más pobres, de los más excluidos de los más indefensos, de los que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los días. Esta unidad es ya una acción misionera «para que el mundo crea». La evangelización no consiste en hacer proselitismo, el proselitismo es una caricatura de la evangelización, sino evangelizar es atraer con nuestro testimonio a los alejados, es acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y en la Iglesia, acercarse a los que se sienten juzgados y condenados a priori por los que se sienten perfectos y puros, acercarnos a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles: «El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo
  • 16. El Papa Francisco en Sudamérica 16 hace con gran respeto y amor» (Evangelii Gaudium 113). Porque nuestro Dios nos respeta hasta en nuestras bajezas y en nuestro pecado. Con qué este llamamiento del Señor, con qué humildad y con qué respeto lo describe en el texto del Apocalipsis: “Mira, estoy a la puerta y llamo, si quieres abrir” No fuerza, no hace saltar la cerradura, simplemente toca el timbre, golpea suavemente y espera, ese es nuestro Dios. La misión de la Iglesia, como sacramento de la salvación, condice con su identidad como Pueblo en camino, con vocación de incorporar en su marcha a todas las naciones de la tierra. Cuanto más intensa es la comunión entre nosotros, tanto más se ve favorecida la misión (cf. Juan Pablo II, Pastores Gregis, 22). Poner a la Iglesia en estado de misión nos pide recrear la comunión pues no se trata ya de una acción sólo hacia afuera… nos misionamos también hacia adentro y misionamos hacia afuera como se manifiesta una madre que sale al encuentro, como se manifiesta una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera» (Aparecida 370). Este sueño de Jesús es posible porque nos ha consagrado, por «ellos me consagro a mí mismo, dice para que ellos también sean consagrados en la verdad» (Jn 17,19). La vida espiritual del evangelizador nace de esta verdad tan honda, que no se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio; una espiritualidad quizás difusa. Jesús nos consagra para suscitar un encuentro con Él, persona a persona, un encuentro que alimenta el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo y la pasión evangelizadora (Cf. Evangelii Gaudium 78). La intimidad de Dios, para nosotros incomprensible, se nos revela con imágenes que nos hablan de comunión, comunicación, donación, amor. Por eso la unión que pide Jesús no es uniformidad sino la «multiforme armonía que atrae» (Evangelii Gaudium 117). La inmensa riqueza de lo variado, de lo múltiple que alcanza la unidad cada vez que hacemos memoria de aquel jueves santo, nos aleja de tentaciones de propuestas unicistas más cercanas a dictaduras, a ideologías, a sectarismos. La propuesta de Jesús es concreta, es concreta, no es de ideas, es concreta, “Anda y haz lo mismo” le dice a aquel que le preguntó: ¿Quién es tu prójimo? Después de haber contado la Parábola del Buen Samaritano: “Anda y haz lo mismo” Tampoco la propuesta de Jesús es un arreglo hecho a nuestra medida, en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y excluimos a los demás. Esta religiosidad de elite no es la propuesta de Jesús.
  • 17. El Papa Francisco en Sudamérica 17 Jesús reza para que formemos parte de una gran familia, en la que Dios es nuestro Padre y todos nosotros somos hermanos. Nadie es excluido y esto no se fundamenta en tener los mismos gustos, las mismas inquietudes, los mismos talentos. Somos hermanos porque, por amor, Dios nos ha creado y nos ha destinado, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos (cf. Ef 1,5). Somos hermanos porque «Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama ¡Abba!, ¡Padre!» (Ga 4,6). Somos hermanos porque, justificados por la sangre de Cristo Jesús (cf. Rm 5,9), hemos pasado de la muerte a la vida haciéndonos «coherederos» de la promesa (cf. Ga 3,26-29; Rm 8, 17). Esa es la salvación que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia: formar parte de un nosotros que llega hasta el «nosotros» divino. Nuestro grito, en este lugar que recuerda aquel primero de libertad, actualiza el de San Pablo: «¡Ay de mí si no evangelizo!» (1 Co 9,16). Es tan urgente y apremiante como el de aquellos deseos de independencia. Tiene una similar fascinación, tiene el mismo fuego que atrae. Hermanos, tengan los sentimientos de Jesús ¡Sean un testimonio de comunión fraterna que se vuelve resplandeciente! Y qué lindo sería que todos pudieran admirar cómo nos cuidamos unos a otros. Cómo mutuamente nos damos aliento y cómo nos acompañamos. El don de sí es el que establece la relación interpersonal que no se genera dando «cosas», sino dándose a sí mismo. En cualquier donación se ofrece la propia persona. «Darse» significa dejar actuar en sí mismo toda la potencia del amor que es el Espíritu de Dios y así dar paso a su fuerza creadora. Y darse aún en los momentos más difíciles, como aquel Jueves Santo de Jesús, donde Él sabía cómo se tejían las traiciones y las intrigas pero se dio y se dio a sí mismo con su proyecto de Salvación. Donándose el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo con verdadera identidad de hijo de Dios, semejante al Padre y, como él, dador de vida, hermano de Jesús, del cual da testimonio. Eso es evangelizar, ésa es nuestra revolución –porque nuestra fe siempre es revolucionaria–, ése es nuestro más profundo y constante grito.
  • 18. El Papa Francisco en Sudamérica 18 DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA ESCUELA Y DE LA UNIVERSIDAD EN LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR. QUITO Martes 7 de julio de 2015 Video: http://bit.ly/1Rjd80o Hermanos en el Episcopado, Señor Rector, Distinguidas autoridades, Queridos profesores y alumnos, Amigos y amigas: Siento mucha alegría por estar esta tarde con ustedes en esta Pontificia Universidad del Ecuador, que desde hace casi setenta años, realiza y actualiza la fructífera misión educadora de la Iglesia al servicio de los hombres y mujeres de la Nación. Agradezco las amables palabras con las que me han recibido y me han transmitido las inquietudes y las esperanzas que brotan en ustedes ante el reto, personal de la educación. Pero veo que hay algunos nubarrones ahí en el horizonte, espero que no venga la tormenta, nomás una leve garúa. En el Evangelio acabamos de escuchar cómo Jesús, el Maestro, enseñaba a la muchedumbre y al pequeño grupo de los discípulos, acomodándose a su capacidad de comprensión. Lo hacía con parábolas, como la del sembrador (Lc 8, 4-15). El Señor siempre fue plástico, de una forma que todos podían entender. Jesús, no buscaba, «doctorear». Por el contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia, a su vida y para que ésta dé fruto. La parábola del sembrador, nos habla de cultivar. Nos muestra los tipos de tierra, los tipos de siembra, los tipos de fruto y la relación que entre ellos se genera. Ya desde el Génesis, Dios le susurra al hombre esta invitación: cultivar y cuidar.
  • 19. El Papa Francisco en Sudamérica 19 No solo le da la vida, le da la tierra, la creación. No solo le da una pareja y un sinfín de posibilidades. Le hace también una invitación, le da una misión. Lo invita a ser parte de su obra creadora y le dice: ¡cultiva! Te doy las semillas, te doy la tierra, el agua, el sol, te doy tus manos y la de tus hermanos. Ahí lo tienes, es también tuyo. Es un regalo, es un don, es una oferta. No es algo adquirido, no es algo comprado. Nos precede y nos sucederá. Es un don dado por Dios para que con Él podamos hacerlo nuestro. Dios no quiere una creación para sí, para mirarse a sí mismo. Todo lo contrario. La creación, es un don para ser compartido. Es el espacio que Dios nos da, para construir con nosotros, para construir un nosotros. El mundo, la historia, el tiempo es el lugar donde vamos construyendo ese nosotros con Dios, el nosotros con los demás, el nosotros con la tierra. Nuestra vida, siempre esconde esta invitación, una invitación más o menos consciente, que siempre permanece. Pero notemos una peculiaridad. En el relato del Génesis, junto a la palabra cultivar, inmediatamente dice otra: cuidar. Una se explica a partir de la otra. Una va de mano de la otra. No cultiva quien no cuida y no cuida quien no cultiva. No sólo estamos invitados a ser parte de la obra creadora cultivándola, haciéndola crecer, desarrollándola, sino que estamos también invitados a cuidarla, protegerla, custodiarla. Hoy esta invitación se nos impone a la fuerza. Ya no como una mera recomendación, sino como una exigencia que nace «por el daño que provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en la tierra. Hemos crecido pensando tan solo que debíamos “cultivarla” que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados quizás a expoliarla... por eso entre los pobres más abandonados y maltratados, que hay hoy día en el mundo está nuestra oprimida y devastada tierra” (Laudato si’ 2). Existe una relación entre nuestra vida y la de nuestra madre la tierra. Entre nuestra existencia y el don que Dios nos dio. «El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podemos afrontar adecuadamente la degradación humana y social si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social» (Laudato si’ 48) Pero así como decimos se «degradan», de la misma manera podemos decir, «se sostienen y se pueden transfigurar». Es una relación que guarda una
  • 20. El Papa Francisco en Sudamérica 20 posibilidad, tanto de apertura, de transformación, de vida como de destrucción y de muerte. Hay algo que es claro, no podemos seguir dándole la espalda a nuestra realidad, a nuestros hermanos, a nuestra madre la tierra. No nos es lícito ignorar lo que está sucediendo a nuestro alrededor como si determinadas situaciones no existiesen o no tuvieran nada que ver con nuestra realidad. No nos es lícito más aún, no es humano entrar en el juego de la cultura del descarte. Una y otra vez, sigue con fuerza esa pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano?». Yo me pregunto si nuestra respuesta seguirá siendo: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4, 9). Yo vivo en Roma y en invierno hace frío. Sucede muy cerquita del Vaticano que aparezca un anciano en la mañana muerto de frío. No es noticia en ninguno de los diarios, en ninguna de las crónicas. Un pobre que muere de frío y de hambre hoy no es noticia. Pero si las bolsas de las principales capitales del mundo bajan dos o tres puntos ¡se arma el gran escándalo mundial! Yo me pregunto ¿Dónde está tu hermano?y les pido que se hagan otra vez cada uno esas preguntas y la hagan a la Universidad, a voz Universidad Católica, ¿Dónde está tu hermano? En este contexto universitario sería bueno preguntarnos sobre nuestra educación frente a esta tierra que clama al cielo. Nuestros centros educativos son un semillero, una posibilidad, tierra fértil para cuidar estimular y proteger. Tierra fértil sedienta de vida. Me pregunto con Ustedes educadores: ¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Un espíritu que sea capaz de buscar nuevas respuestas a los múltiples desafíos que la sociedad hoy plantea a la humanidad? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda? No desentenderse de lo que pasa alrededor. ¿Son capaces de estimularlos a eso? Para eso hay que sacarlos del aula, su mente tiene que salir del aula, su corazón tiene que salir del aula ¿Cómo entra en la currícula universitaria o en las distintas áreas del quehacer educativo, la vida que nos rodea, con sus preguntas, interrogantes, cuestionamientos? ¿Cómo generamos y acompañamos el debate constructor, que nace del diálogo en pos de un mundo más humano? Del diálogo, esta palabra puente, esta palabra que crea puentes.
  • 21. El Papa Francisco en Sudamérica 21 Hay una reflexión que nos involucra a todos, a las familias, a los centros educativos, a los docentes: cómo ayudamos a nuestros jóvenes a no identificar un grado universitario como sinónimo de mayor status, sinónimo de mayor dinero o prestigio social. No son sinónimos. ¿Cómo ayudamos a identificar esta preparación como signo de mayor responsabilidad frente a los problemas de hoy en día, frente al cuidado del más pobre, frente al cuidado del ambiente? Y con Ustedes, queridos jóvenes que están aquí, presente y futuro de Ecuador, son los que tienen que hacer lío, ustedes son semillas de transformación de esta sociedad, quisiera preguntarme: ¿saben que este tiempo de estudio, no es sólo un derecho, sino también un privilegio que ustedes tienen? ¿Cuántos amigos, conocidos o desconocidos, quisieran tener un espacio en esta casa y por distintas circunstancias no lo han tenido? ¿En qué medida nuestro estudio, nos ayuda y nos lleva a solidarizarnos con ellos? Háganse esta pregunta queridos jóvenes. Las comunidades educativas tienen un papel fundamental, un papel esencial en la construcción de la cultura y de la ciudadanía. Cuidado, no basta con realizar análisis, descripciones de la realidad; es necesario generar los ámbitos, espacios de verdadera búsqueda, debates que generen alternativas a las problemática existentes, sobre todo hoy. Es necesario ir a lo concreto. Ante la globalización del paradigma tecnocrático que tiende a creer «que todo incremento del poder constituye sin más un progreso, un aumento de seguridad, de utilidad, de bienestar, de energía vital, y de plenitud de valores, como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico» (Laudato si’ 105), hoy a ustedes, a mí, a todos, se nos pide que con urgencia nos animemos a pensar, a buscar, a discutir sobre nuestra situación actual. Y digo urgencia, que nos animemos a pensar sobre qué cultura, qué tipo de cultura queremos o pretendemos no solo para nosotros, sino para nuestros hijos y nuestros nietos. Esta tierra, la hemos recibido en herencia, como un don, como un regalo. Qué bien nos hará preguntarnos: ¿Cómo la queremos dejar? ¿Qué orientación, queremos imprimirle a la existencia? ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué luchamos y trabajamos? (cf. Laudato si’ 160) ¿Para qué estudiamos?. Las iniciativas individuales siempre son buenas y fundamentales, pero se nos pide dar un paso más: animarnos a mirar
  • 22. El Papa Francisco en Sudamérica 22 la realidad orgánicamente y no fragmentariamente; a hacernos preguntas que nos incluyan a todos, ya que todo «está relacionado entre sí» (Laudato si’ 138). No hay derecho a la exclusión. Como Universidad, como centros educativos, como docentes y estudiantes, la vida nos desafía a responder a estas dos preguntas: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano? Que el Espíritu Santo nos inspire y acompañe, pues Él nos ha convocado, nos ha invitado, nos ha dado la oportunidad y, a su vez, la responsabilidad de dar lo mejor de nosotros. Nos ofrece la fuerza y la luz que necesitamos. Es el mismo Espíritu, que el primer día de la creación aleteaba sobre las aguas queriendo transformar, queriendo dar vida. Es el mismo Espíritu que le dio a los discípulos la fuerza de Pentecostés. Es el mismo Espíritu que no nos abandona y se hace uno con nosotros para que encontremos caminos de vida nueva. Que sea Él nuestro compañero y nuestro maestro de camino.
  • 23. El Papa Francisco en Sudamérica 23 DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LA SOCIEDAD CIVIL EN LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO. QUITO Martes 7 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1LRkQdz Queridos amigos, buenas tardes. Perdonen que me ponga de costado. Necesito la luz sobre el papel no veo bien. Me alegra poder estar con ustedes, hombres y mujeres que representan y dinamizan la vida social, política y económica del País. Justo antes de entrar en la Iglesia, el Alcalde me ha entregado las llaves de la ciudad. Así puedo decir que aquí, en San Francisco de Quito, soy de casa. Ese símbolo que es una muestra de confianza y cariño, al abrirme las puertas, me permite presentarles algunas claves de la convivencia ciudadana a partir de la vida familiar. Nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos. Me viene a la mente la imagen de esas madres, esposas, las he visto en Buenos Aires haciendo colas los días de visita para entrar a la cárcel, para ver a su hijo o a su esposo que no se portó bien por decirlo en lenguaje sencillo, pero no los dejan porque siguen siendo de casa, cómo nos enseñan esas mujeres. En la sociedad ¿No debería suceder también lo mismo? Y, sin embargo, nuestras relaciones sociales o el juego político, en el sentido más amplio de la palabra, no olvidemos que la política, decía el beato Pablo IV, es una de las formas más altas de la caridad muchas veces este actuar nuestro se basa en la confrontación que produce descarte. “Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro, de imponerme, de descartarlo y así vamos construyendo una cultura del descarte que hoy día ha tomado dimensiones mundiales, de amplitud ¿Eso es ser familia? En las familias, todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular
  • 24. El Papa Francisco en Sudamérica 24 al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven, se pelean, pero hay algo que no se muere, ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después. Las alegrías y las penas de cada uno son asumidas por todos. ¡Eso sí es ser familia!: si pudiéramos lograr poder ver al oponente político o al vecino de casa con los mismos ojos que a los hijos, esposas, esposos, padres o madres. Qué bueno sería ¿Amamos nuestra sociedad? o sigue siendo algo lejano, algo anónimo que no nos involucra, que no nos mete, que no nos compromete ¿Amamos nuestro país, la comunidad que estamos intentando construir? ¿La amamos solo en los conceptos disertados, en el mundo de las ideas?, San Ignacio, permítame el aviso publicitario, San Ignacio nos decía en los Ejercicios que el amor se muestra más en las obras que en las Palabras ¡Amémosla a la sociedad en las obras más que en las palabras! En cada persona, en lo concreto, en la vida que compartimos. Y además nos decía que el amor siempre se comunica, tiende a la comunicación, nunca al aislamiento. Dos criterios que nos pueden ayudar, a mirar la sociedad con otros ojos, no solo a mirarla, a sentirla, a pensarla, a tocarla, a amasarla. A partir de este afecto, irán surgiendo gestos sencillos que refuercen los vínculos personales. En varias ocasiones me he referido a la importancia de la familia como célula de la sociedad. En el ámbito familiar, las personas reciben los valores fundamentales del amor, la fraternidad y el respeto mutuo, que se traducen en valores sociales esenciales y son: la gratuidad, la solidaridad y la subsidiariedad. Y entonces, partiendo de este ser de casa, mirando a la familia, pensemos en la sociedad, a través de estos valores sociales que mamamos en casa, en la familia, la gratuidad, la solidaridad y la subsidiariedad. La gratuidad. Para los padres, todos sus hijos, aunque cada uno tenga su propia índole, son igual de queribles. En cambio, el niño cuando se niega a compartir lo que recibe gratuitamente de ellos, los padres, rompe esta relación o entra en crisis, fenómeno más común, las primeras reacciones que a veces suelen ser anteriores a la autoconsciencia de la madre cuando la madre está embarazada, el chico empieza con actitudes raras, empieza a querer romper porque su psiquis le prende el semáforo rojo, cuidado que hay competencia, cuidado que ya no sos el único. Curioso.
  • 25. El Papa Francisco en Sudamérica 25 El amor de los padres lo ayuda a salir de su egoísmo para que aprenda a convivir con el que viene, con los demás, que aprenda a ceder, para abrirse al otro. A mí me gusta preguntarle a los chicos, si tenés dos caramelos y viene un amigo ¿qué hacés? generalmente me dicen, “le doy uno” Y si tenés un caramelo y viene tu amigo, ¿qué haces? Hay duda y van desde el “se lo doy”, “lo partimos” al “me lo meto en el bolsillo” y ese chico que aprende a abrirse al otro, en el ámbito social esto supone asumir que la gratuidad no es complemento, no es complemento sino requisito necesario para la justicia. La gratuidad es requisito necesario para la justicia. Lo que somos y tenemos nos ha sido confiado para ponerlo al servicio de los demás -gratis lo recibimos, gratis lo damos- nuestra tarea consiste en que fructifique en obras de bien. Los bienes están destinados a todos, y aunque uno ostente su propiedad, que es lícito pesa sobre ellos una hipoteca social, siempre. Se supera así el concepto económico de justicia, basado en el principio de compraventa, con el concepto de justicia social, que defiende el derecho fundamental de la persona a una vida digna. Y siguiendo con la Justicia. La explotación de los recursos naturales, tan abundantes en el Ecuador, no debe buscar el beneficio inmediato. Ser administradores de esta riqueza que hemos recibido nos compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras generaciones, a las que no podremos legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del medioambiente, sin una conciencia de gratuidad que brota de la contemplación del mundo creado. Nos acompañan aquí hoy hermanos de pueblos originarios provenientes de la amazonia ecuatoriana, esa zona es de las “más ricas en variedad de especies, en especies endémicas, poco frecuentes o con menor grado de protección efectiva. Requiere un cuidado particular por su enorme importancia para el ecosistema mundial pues tiene una biodiversidad con una enorme complejidad, casi imposible de reconocer integralmente, pero cuando es quemada o arrasada para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos (cfr.LS 37-38). Y ahí Ecuador –junto a los otros países con franjas amazónicas– tiene una oportunidad para ejercer la pedagogía de una ecología integral. ¡Nosotros hemos recibido como herencia de nuestros padres el mundo, pero también recordemos que lo hemos recibido
  • 26. El Papa Francisco en Sudamérica 26 como un préstamo como préstamo de las generaciones futuras a las que se lo tenemos que devolver y mejorar! y esto es gratuidad. De la fraternidad vivida en la familia, nace la solidaridad en la sociedad, que no consiste únicamente en dar al necesitado, sino en ser responsables los unos de los otros. Si vemos en el otro a un hermano, nadie puede quedar excluido, nadie puede quedar apartado. El Ecuador, como muchos pueblos latinoamericanos, experimenta hoy profundos cambios sociales y culturales, nuevos retos que requieren la participación de todos los actores sociales. La migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que constituyen una amenaza a la convivencia social. Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión, abrir espacios de diálogo, espacios de encuentro y así dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertad. La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, me referí a la falta de trabajo creando empleo, con un crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas macroeconómicas, crear un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien cohesionado. Si no hay solidaridad esto es imposible, me refería a los jóvenes y me referí a la falta de trabajo, mundialmente es alarmante países europeos que estaban en primera línea hace décadas, hoy están sufriendo y la población juvenil, de 25 años hacia abajo, un 40 , un 50 por ciento de desocupación, si no hay solidaridad eso no se soluciona le decía a los salesianos, ustedes que Don Bosco los crió para educar, hoy educación de emergencia para esos jóvenes que no tienen trabajo porque emergencia para prepararlos a pequeños trabajos que le otorguen la dignidad de poder llevar el pan a casa, estos jóvenes desocupados que son los que llamamos “ni, ni” ni estudian ni trabajan, qué horizonte les queda, las adicciones, la tristeza, la depresión, el suicidio, no se publican integralmente las estadísticas de suicidio juvenil o enrolarse en proyectos de locura social que al menos representen una idea. Hoy se nos pide cuidar de manera especial con solidaridad este tercer sector de exclusión de la cultura del descarte. Primero son los chicos, porque o no se los quiere en países desarrollados que tienen
  • 27. El Papa Francisco en Sudamérica 27 natalidad casi cero por ciento. O no se los quiere o se los asesinan antes de que nazcan, después los ancianos, que se los abandona y se los va dejando y se olvidan que son la sabiduría y la memoria de su pueblo y se los descarta. Ahora le tocó el turno a los jóvenes. ¿A quién le queda lugar? a los servidores del egoísmo, del Dios dinero que está al centro de un sistema que nos aplasta a todos. Por último, el respeto del otro que se aprende en la familia se traduce en el ámbito social en la subsidiariedad. Asumir que nuestra opción no es necesariamente la única legítima es un sano ejercicio de humildad. Al reconocer lo bueno que hay en los demás, incluso con sus limitaciones, vemos la riqueza que entraña la diversidad y el valor de la complementariedad. Los hombres, los grupos tienen derecho a recorrer su camino, aunque esto a veces suponga cometer errores. En el respeto de la libertad, la sociedad civil está llamada a promover a cada persona y agente social para que pueda asumir su propio papel y contribuir desde su especificidad al bien común. El diálogo es necesario, es fundamental para llegar a la verdad, que no puede ser impuesta, sino buscada con sinceridad y espíritu crítico. En una democracia participativa, cada una de las fuerzas sociales, los grupos indígenas, los afroecuatorianos, las mujeres, las agrupaciones ciudadanas y cuantos trabajan por la comunidad en los servicios públicos son protagonistas imprescindibles en este diálogo, no son espectadores Las paredes, patios y claustros de este lugar lo dicen con mayor elocuencia: asentado sobre elementos de la cultura incaica y caranqui, la belleza de sus proporciones y formas, el arrojo de sus diferentes estilos combinados de modo notable, las obras de arte que reciben el nombre de “escuela quiteña”, condensan un extenso diálogo, con aciertos y errores, de la historia ecuatoriana. El hoy está lleno de belleza, y si bien es cierto que en el pasado ha habido torpezas y atropellos - ¡cómo negarlo! incluso en nuestras historias personales, cómo negarlo – podemos afirmar que la amalgama irradia tanta exuberancia que nos permite mirar el futuro con mucha esperanza. También la Iglesia quiere colaborar en la búsqueda del bien común, desde sus actividades sociales, educativas, promoviendo los valores éticos y espirituales, siendo un signo profético que lleve un rayo de luz y esperanza a todos,
  • 28. El Papa Francisco en Sudamérica 28 especialmente a los más necesitados. Muchos me preguntarán, Padre, por qué habla tanto de los necesitados, de las personas necesitadas, de las personas excluidas, de las personas al margen del camino, simplemente porque esta realidad y la respuesta a esta realidad está en el corazón del Evangelio y precisamente porque la actitud que tomemos frente a esta realidad está inscrita en el protocolo sobre el cual seremos juzgados en Mt. 25 Muchas gracias por estar aquí, por escucharme, les pido por favor, que lleven mis palabras de aliento a los grupos que ustedes representan en las diversas esferas sociales. Que el Señor conceda a la sociedad civil que ustedes representan ser siempre ese ámbito adecuado donde se vivan estos valores.
  • 29. El Papa Francisco en Sudamérica 29 DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON EL CLERO, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS EN EL SANTUARIO NACIONAL MARIANO EL QUINCHE. QUITO Miércoles 8 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1IJZ6z6 Oración En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes… Oremos: Virgen María, Madre de El Quinche, escogida por Dios para darme a su Hijo y mostrarme el verdadero camino, atiendo amorosa mi humilde oración, enséñame a vivir como lo hiciste Tú, para vivir en paz y con serenidad. Enséñame a esforzarme como tú Madre, para cumplir las metas señaladas por Dios. Enséñame a entregarme y ser para los demás las manos de Dios. Enséñame a vivir con respeto a los hermanos ya que en ellos está la persona de Jesús. Enséñame a orar para mantener el contacto con tu Hijo Divino, enséñame a descubrir y cumplir la voluntad de Dios, ser feliz y llegar a mi plenitud. Enséñame en fin a ser buena persona para estar contigo María con Jesús, con el Espíritu Santo y con mi Padre Dios en la Eternidad. Discurso pronunciado Buenos días hermanos y hermanas: En estos dos días, 48 horas que estuve en contacto con ustedes noté que había algo raro, perdón, algo raro en el pueblo ecuatoriano, todos los lugares donde voy, siempre el recibimiento es alegre, contento, cordial, religioso, piadoso, en todo lado, pero acá había en la piedad en el modo, por ejemplo, pedir la bendición desde el más viejo hasta la wawa, que lo primero que aprende es hacer así (manos juntas) había algo distinto, yo también tuve la tentación como el Obispo de Sucumbíos de preguntar ¿cuál es la receta de este pueblo? ¿Cuál es, no? y me daba vuelta en la cabeza y rezaba. Le pregunté a Jesús varias veces en la oración, qué tiene este pueblo, de distinto. Esta mañana orando se me impuso
  • 30. El Papa Francisco en Sudamérica 30 aquella consagración al Sagrado Corazón. Pienso que se los debo decir, como un mensaje de Jesús. Todo esto de riqueza que tienen ustedes, de riqueza espiritual, de piedad, de profundidad, vienen de haber tenido la valentía, porque fueron momentos muy difíciles, la valentía de consagrar la Nación al Corazón de Cristo, ese Corazón Divino y humano que nos quiere tanto y yo lo noto un poco con eso, divino y humano seguro que son pecadores, yo también, pero el Señor perdona todo y, custodien eso. Y después, pocos años después, la consagración al corazón de María, no olviden, esa consagración es un hito en la historia del pueblo de Ecuador y de esa consagración siento como que le viene esa gracia que tienen ustedes, esa piedad, esa cosa que los hace distintos. Hoy tengo que hablarles a los sacerdotes, a los seminaristas a las religiosas, a los religiosos y decirles algo, tengo un discurso preparado pero no tengo ganas de leer, así que se lo doy al presidente de la conferencia de religiosos para que lo haga público después y pensaba en la Virgen, pensaba en María. Dos palabras de María, acá me está fallando la memoria pero no sé si dijo alguna otra ¿eh? Hágase en mí, bueno sí, pidió explicaciones, de que porqué la elegían a ella al ángel ahí, ese hágase en mí. Y otra palabra, hagan lo que él les diga. María no protagonizó nada, “discipuleó” toda su vida. La primera discípula de su Hijo y tenía consciencia de que todo lo que ella había traído al mundo era pura gratuidad de Dios, consciencia de gratuidad. Por eso, hágase, hagan que se manifieste la gratuidad de Dios, religiosos, religiosas sacerdotes, seminaristas, todos los días vuelvan, hagan ese camino de retorno hacia la gratuidad con que Dios los eligió. Ustedes no pagaron entrada, para entrar al seminario, para entrar a la vida religiosa. No se lo merecieron. Si algún religioso, sacerdote o seminarista o monja que hay aquí cree que se lo mereció que levante la mano. Todo gratuito. Y toda la vida de un religioso, de una religiosa, de un sacerdote y de un seminarista que va por ese camino y bueno, ya que estamos digamos, y de los obispos, tiene que ir por este camino de la gratuidad, volver todos los días Señor hoy hice esto, me salió bien esto, tuve esta dificultad, todo esto, pero todo viene de Dios, todo es gratis. Esa gratuidad, somos objeto de gratuidad de Dios. Si olvidamos esto lentamente nos vamos haciendo importantes, y mirá vos ¿eh? qué obras que está haciendo o mirá vos a este, lo hicieron obispo de tal lugar, qué importante, o a este lo hicieron monseñor o a este... y ahí lentamente nos vamos apartando de esto que es la base, de lo que María nunca se apartó, la gratuidad de Dios. Un consejo de hermano, todos los días, en la noche quizás es lo mejor, antes de irse a dormir, una mirada a Jesús
  • 31. El Papa Francisco en Sudamérica 31 y decirle: “Todo me lo diste gratis” Y volverse a situar, entonces cuando me cambian de destino o cuando hay una dificultad no pataleo porque todo es gratis no merezco nada, eso hizo María. San Juan Pablo II en la Redemptoris Mater y les recomiendo que la lean, sí agárrenla, léanla, es verdad, el Papa San Juan Pablo II tenía un estilo de pensamiento circular, profesor, era un hombre de Dios, entonces hay que leerla varias veces para sacarle todo el jugo que tiene y dice que quizás María, no recuerdo bien la frase, estoy citando o quiero citar el hecho, en el momento de la cruz de su fidelidad, hubiera tenido ganas de decir ¿y Éste me dijeron que iba a salvar a Israel? ¡Me engañaron! no lo dijo ni se permitió decirlo, porque era la mujer que sabía que todo lo había recibido gratuitamente. Consejo de hermano y de padre, todas las noches resitúense en la gratuidad y digan hágase, gracias porque todo me lo diste Vos. Una segunda cosa que les quisiera decir es que cuiden la salud, pero sobre todo cuiden de no caer en una enfermedad, una enfermedad que es media peligrosa o del todo peligrosa para lo que el Señor nos llamó gratuitamente a seguirlo o a servirlo. No caigan en el Alzheimer espiritual, no pierdan la memoria, sobre todo, la memoria de donde me sacaron. La escena esa del profeta Samuel donde es enviado a ungir al rey de Israel, va a Belén a la casa de un señor que se llama Jesé que tiene 7 u 8 hijos y Dios le dice que entre esos hijos va a estar el rey. Claro, los ve y dice debe ser este porque el mayor era alto grande, apuesto, parecía valiente y Dios le dice “no, no es ese” la mirada de Dios es distinta a la de los hombres y así los hace pasar a todos los hijos y Dios le dice, “no, no es” No sabe qué hacer el profeta entonces le pregunta al padre: “Ché, ¿no tenés otro?” Y le dice: “Sí, está el más chico ahí cuidando las cabras o las ovejas” “Mándalo llamar” y viene el mocosito que tendría 17, 18 años no sé y Dios le dice: “ese es” Lo sacaron detrás del rebaño. Y otro profeta cuando Dios le dice que haga ciertas cosas como profeta ¿y yo quién soy? si a mí me sacaron de detrás del rebaño. No se olviden de dónde los sacaron no renieguen las raíces. San Pablo se ve que intuía este peligro de perder la memoria y a su hijo más querido, el obispo Timoteo a quien él ordenó le da consejos pastorales, pero hay uno que toca el
  • 32. El Papa Francisco en Sudamérica 32 corazón. Le dice: No te olvides de la fe que tenía tu abuela y tu madre. Es decir: no te olvides de donde te sacaron, no te olvides de tus raíces, no te sientas promovido. La gratuidad es una gracia que no puede convivir con la promoción y cuando un sacerdote, un seminarista, un religioso, una religiosa entra en carrera, no digo mal, carrera humana empieza a enfermarse de Alzheimer espiritual y empieza a perder la memoria de donde me sacaron. Dos principios para ustedes sacerdotes, consagrados y consagradas: Todos los días renueven el sentimiento de que todo es gratis el sentimiento de gratuidad de la elección de cada uno de ustedes, ninguno la merecimos y pidan la gracia de no perder la memoria de no sentirse más importante y es muy triste cuando uno ve a un sacerdote, a un consagrado o a una consagrada que en su casa hablaba el dialecto, o hablaba otra lengua, una de esas nobles lenguas antiguas que tienen los pueblos, que Ecuador cuántas tiene y es muy triste cuando se olvidan de la lengua, es muy triste cuando no quieren hablar, eso significa que se olvidaron de donde lo sacaron. No se olviden de eso. Pidan esa gracia de la memoria. Son los dos principios que sí que quisiera marcar Y esos dos principios si los viven, todos los días ¿eh? es un trabajo de todos los días. Todas las noches recordar estos dos principios y pedir la gracia. Esos dos principios si los viven, les van a dar en la vida, los van a hacer vivir con dos actitudes. Primero el servicio. Dios me eligió, me sacó para qué, para servir. Y el servicio quien es peculiar a mí. “No, que tengo mi tiempo, que tengo mis cosas, que tengo esto, que no, que ya cierro el despacho, que esto, que sí, que tendría que bendecir la casa pero, no, estoy cansado, hoy pasan una telenovela linda por televisión, entonces, para las monjitas... y entonces servicio, servir, servir y no hacer otra cosa y servir cuando estamos cansados y servir cuando la gente nos harta, me decía un viejo cura que fue toda su vida profesor en colegios y universidad, enseñaba literatura, letras, un genio. Cuando se jubiló le pidió al provincial que lo mandara a un barrio pobre a un barrio, esos barrios que se forman de gente que viene que migran buscando trabajo. Gente muy sencilla. Este religioso una vez por semana iba a su comunidad. Y hablaba, era muy inteligente. La comunidad era una comunidad de Facultad de Teología, entonces hablaba con los otros curas de teología, al mismo nivel y pero un día le dice a uno ¿ustedes qué son?, ¿quién da el tratado de la Iglesia aquí? “profesor Tamayo”, “te faltan dos tesis”. El santo pueblo fiel de Dios es
  • 33. El Papa Francisco en Sudamérica 33 esencialmente olímpico, o sea hace lo que quiere y ontológicamente hartante, y eso tiene mucha sabiduría porque quien va por el camino de servir tiene que dejarse hartar sin perder la paciencia porque está al servicio, ningún momento le pertenece, ningún momento le pertenece, estoy para servir, servir en lo que debo hacer, servir delante del sagrario, pidiendo por mi pueblo, pidiendo por mi trabajo por la gente que Dios me ha encomendado. Servicio, mezclarlo con lo de gratuidad y entonces aquello de Jesús: “lo que recibiste gratis, dalo gratis. Por favor, por favor. No cobren la gracia. Por favor, que nuestra pastoral sea gratuita y es tan feo cuando uno va perdiendo este sentido de la gratuidad y se transforma en sí hace cosas buenas pero ha perdido eso. Y lo segundo, la segunda actitud que se ve en un consagrado, en una consagrada en un sacerdote que vive esta gratuidad y esta memoria, estos dos principios que dije al principio: gratuidad y memoria es el gozo y la alegría. Y es un regalo de Jesús ese y es un regalo que Él da, que Él nos da si se lo pedimos y si no nos olvidamos de esas columnas de nuestra vida sacerdotal o religiosa que son el sentido de gratuidad renovado todos los días y no perder la memoria de donde nos sacaron. Yo le deseo esto. Sí, Padre, usted nos habló que quizás la receta de nuestro pueblo era somos así por lo del Sagrado Corazón, sí, es verdad eso, pero yo les propongo otra receta que está en la misma línea, en la misma del Corazón de Jesús, sentido de la gratuidad. Él se hizo nada, se abajó, se humilló, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, pura gratuidad, sentido de la memoria, rezando los salmos hacemos memoria de las maravillas que hizo el Señor en nuestra vida. Que el Señor les conceda esta gracia a todos, nos las conceda a todos los que estamos aquí y que siga, iba a decir premiando, y que siga bendiciendo a este pueblo ecuatoriano a quien ustedes tienen que servir y son llamados a servir, los siga bendiciendo con esa peculiaridad especial que yo noté desde el principio al llegar acá, que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide. Recemos todos juntos al Padre que nos dio todo gratuitamente y que nos mantiene en la memoria de Jesús con Nosotros. [Padre Nuestro]
  • 34. El Papa Francisco en Sudamérica 34 Y por favor, por favor, que recen por mí, porque yo también siento muchas veces la tentación de olvidarme de la gratuidad con la que Dios me eligió y de olvidarme de donde me sacaron. Pidan por mí. Discurso Original Traigo a los pies de Nuestra Señora de Quinche lo vivido en estos días de mi visita; quiero dejar en su corazón a los ancianos y enfermos con los que he compartido un momento en la casa de las Hermanas de la Caridad, y también todos los otros encuentros que he tenido con anterioridad. Los dejo en el corazón de María, pero también los deposito en el corazón de ustedes: sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, para que llamados a trabajar en la viña del Señor, sean custodios de todo lo que este pueblo de Ecuador vive, llora y se alegra. Doy gracias a Mons. Lazzari, al Padre Mina y a la hermana Sandoval por sus palabras, que me dan pie para compartir con todos ustedes algunas cosas en la común solicitud por el Pueblo de Dios. En el Evangelio, el Señor nos invita a aceptar la misión sin poner condiciones. Es un mensaje importante que no conviene olvidar, y que en este Santuario dedicado a la Virgen de la Presentación resuena con un acento especial. María es ejemplo de discípula para nosotros que, como ella, hemos recibido una vocación. Su respuesta confiada: «Hágase en mí según tu Palabra», nos recuerda sus palabras en las bodas de Caná: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,5). Su ejemplo es una invitación a servir como ella. En la Presentación de la Virgen podemos encontrar algunas sugerencias para nuestro propio llamado. La Virgen Niña fue un regalo de Dios para sus padres y para todo el pueblo, que esperaba la liberación. Es un hecho que se repite frecuentemente en la Escritura: Dios responde al clamor de su pueblo, enviando un niño, débil, destinado a traer la salvación y, que al mismo tiempo, restaura la esperanza de unos padres ancianos. La palabra de Dios nos dice que en la historia de Israel, los jueces, los profetas, los reyes son un regalo del Señor para hacer llegar su ternura y su misericordia a su pueblo. Son signo de la gratuidad de Dios: es Él quien los ha elegido, escogido y destinado. Esto nos
  • 35. El Papa Francisco en Sudamérica 35 aleja de la autorreferencialidad, nos hace comprender que ya no nos pertenecemos, que nuestra vocación nos pide alejarnos de todo egoísmo, de toda búsqueda de lucro material o compensación afectiva, como nos ha dicho el Evangelio. No somos mercenarios, sino servidores; no hemos venido a ser servidos, sino a servir y lo hacemos en el pleno desprendimiento, sin bastón y sin morral. Algunas tradiciones sobre la advocación de Nuestra Señora de Quinche nos dicen que Diego de Robles confeccionó la imagen por encargo de los indígenas Lumbicí. Diego no lo hacía por piedad, lo hacía por un beneficio económico. Como no pudieron pagarle, la llevó a Oyacachi y la cambió por tablas de cedro. Pero Diego se negó al pedido de ese pueblo para que le hiciera también un altar a la imagen, hasta que, cayéndose del caballo, se encontró en peligro y sintió la protección de la Virgen. Volvió al pueblo e hizo el pie de la imagen. También todos nosotros hemos hecho experiencia de un Dios que nos sale al cruce, que en nuestra realidad de caídos, derrumbados, nos llama. ¡Que la vanagloria y la mundanidad no nos hagan olvidar de dónde Dios nos ha rescatado!, ¡que María de Quinche nos haga bajar de los lugares de ambiciones, intereses egoístas, cuidados excesivos de nosotros mismos! La «autoridad» que los apóstoles reciben de Jesús no es para su propio beneficio: nuestros dones son para renovar y edificar la Iglesia. No se nieguen a compartir, no se resistan a dar, no se encierren en la comodidad, sean manantiales que desbordan y refrescan, especialmente a los oprimidos por el pecado, la desilusión, el rencor (cf. Evangelii Gaudium 272). El segundo trazo que me evoca la Presentación de la Virgen es la perseverancia. En la sugestiva iconografía mariana de esta fiesta, la Virgen niña se aleja de sus padres subiendo las escaleras del Templo. María no mira atrás y, en una clara referencia a la admonición evangélica, marcha decidida hacia delante. Nosotros, como los discípulos en el Evangelio, también nos ponemos en camino para llevar a cada pueblo y lugar la buena noticia de Jesús. Perseverancia en la misión implica no andar cambiando de casa en casa, buscando donde nos traten mejor, donde haya más medios y comodidades. Supone unir nuestra suerte con la de Jesús hasta el final. Algunos relatos de las apariciones de la Virgen de Quinche nos dicen que una “señora con un niño en brazos” visitó varias tardes seguidas a los indígenas de Oyacachi cuando éstos se refugiaban del acoso de los osos.
  • 36. El Papa Francisco en Sudamérica 36 Varias veces fue María al encuentro de sus hijos; ellos no le creían, desconfiaban de esta señora, pero les admiró su perseverancia de volver cada tarde al caer el sol. Perseverar aunque nos rechacen, aunque se haga la noche y crezcan el desconcierto y los peligros. Perseverar en este esfuerzo sabiendo que no estamos solos, que es el Pueblo Santo de Dios que camina. De algún modo, en la imagen de la Virgen niña subiendo al Templo, podemos ver a la Iglesia que acompaña al discípulo misionero. Junto a ella están sus padres, que le han transmitido la memoria de la fe y ahora generosamente la ofrecen al Señor para que pueda seguir su camino; está su comunidad representada en el «séquito de vírgenes», «sus compañeras», con las lámparas encendidas (cf. Sal 44,15) y, en las que los Padres de la Iglesia, ven una profecía de todos los que, imitando a María, buscan con sinceridad ser amigos de Dios, y están los sacerdotes que la esperan para recibirla y que nos recuerdan que en la Iglesia los pastores tienen la responsabilidad de acoger con ternura y ayudar a discernir cada espíritu y cada llamado. Caminemos juntos, sosteniéndonos unos a otros y pidamos con humildad el don de la perseverancia en su servicio. Nuestra Señora del Quinche fue ocasión de encuentro, de comunión, para este lugar que desde tiempos del incario se había constituido en un asentamiento multiétnico. ¡Qué lindo es cuando la iglesia persevera en su esfuerzo por ser casa y escuela de comunión, cuando generamos esto que me gusta llamar la cultura del encuentro! La imagen de la Presentación nos dice que una vez bendecida por los sacerdotes, la Virgen niña se sentó en las gradas del altar y bailó sobre sus pies. Pienso en la alegría que se expresa en las imágenes del banquete de las bodas, de los amigos del novio, de la esposa adornada con sus joyas. Es la alegría de quien ha descubierto un tesoro y lo ha dejado todo por conseguirlo. Encontrar al Señor, vivir en su casa, participar de su intimidad, compromete a anunciar el Reino y llevar la salvación a todos. Atravesar los umbrales del Templo exige convertirnos como María en templos del Señor y ponernos en camino para llevarlo a los hermanos. La Virgen, como primera discípula misionera, después del anuncio del Ángel, partió sin demora a un pueblo de Judá para compartir este inmenso gozo, el mismo que
  • 37. El Papa Francisco en Sudamérica 37 hizo saltar a san Juan Bautista en el seno de su madre. Quien escucha su voz «salta de gozo» y se convierte a su vez en pregonero de su alegría. La alegría de evangelizar mueve a la Iglesia, la hace salir, como a María. Si bien son múltiples las razones que se argumentan para el traslado del santuario desde Oyacachi a este lugar, me quedo con una: «aquí es y ha sido más accesible, más fácil para estar cerca de todos». Así lo entendió el Arzobispo de Quito, Fray Luis López de Solís, cuando mandó edificar un Santuario capaz de convocar y acoger a todos. Una iglesia en salida es una iglesia que se acerca, que se allana para no estar distante, que sale de su comodidad y se atreve a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del evangelio (cf. Evangelii Gaudium 20). Volveremos ahora a nuestras tareas, interpelados por el Santo Pueblo que nos ha sido confiado. Entre ellas, no olvidemos cuidar, animar y educar la devoción popular que palpamos en este santuario y tan extendida en muchos países latinoamericanos. El pueblo fiel ha sabido expresar la fe con su propio lenguaje, manifestar sus más hondos sentimientos de dolor, duda, gozo, fracaso, agradecimiento con diversas formas de piedad: procesiones, velas, flores, cantos que se convierten en una bella expresión de confianza en el Señor y de amor a su Madre, que es también la nuestra. En Quinche, la historia de los hombres y la historia de Dios confluyen en la historia de una mujer, María. Y en una casa, nuestra casa, la hermana madre tierra. Las tradiciones de esta advocación evocan a los cedros, los osos, la hendidura en la piedra que fuera aquí la primera casa de la Madre de Dios. Nos hablan en el ayer de pájaros que rodearon el lugar, y en el hoy de flores que engalanan los alrededores. Los orígenes de esta devoción nos llevan a tiempos donde era más sencilla «la serena armonía con la creación... contemplar al Creador que vive entre nosotros y en lo que nos rodea y cuya presencia no hace falta fabricar» (Laudato si’ 225) y que se nos devela en el mundo creado, en su Hijo amado, en la Eucaristía que permite a los cristianos sentirse miembros vivos de la Iglesia y participar activamente en su misión (cf. Aparecida, 264), en Nuestra Señora del Quinche, que acompañó desde aquí los albores del primer anuncio de la fe a los pueblos indígenas.
  • 38. El Papa Francisco en Sudamérica 38 A ella encomendemos nuestra vocación; que ella nos haga regalo para nuestro pueblo, que ella nos dé la perseverancia en la entrega y la alegría de salir a llevar el Evangelio de su hijo Jesús –unidos a nuestros pastores– hasta los confines, hasta las periferias de nuestro querido Ecuador.
  • 39. El Papa Francisco en Sudamérica 39 BOLIVIA DISCURSO EN LA CEREMONIA DE BIENVENIDA. LA PAZ Miércoles 8 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1NTYjfa Señor Presidente, Distinguidas Autoridades, Hermanos en el Episcopado, Queridos hermanos y hermanas: Buenas tardes. Al iniciar esta visita pastoral, quiero dirigir mi saludo a todos los hombres y mujeres de Bolivia con los mejores deseos de paz y prosperidad. Agradezco al Señor Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia la cálida acogida y fraternal acogida que me ha dispensado y sus amables palabras de bienvenida. Doy las gracias también a los señores Ministros y Autoridades del Estado, de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, que han tenido la bondad de venir a recibirme. A mis hermanos en el Episcopado, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles cristianos, a toda la Iglesia que peregrina en Bolivia, quiero expresarle mis sentimientos de fraterna comunión en el Señor. Llevo en el corazón especialmente a los hijos de esta tierra, que por múltiples razones no están aquí y han tenido que buscar «otra tierra» que los cobije; otro lugar donde esta madre los haga fecundos y posibilite la vida. Me alegro de estar en esta país de singular belleza, bendecido por Dios en sus diversas zonas: el altiplano, los valles, las tierras amazónicas, los desiertos, los incomparables lagos; el preámbulo de su Constitución lo ha acuñado de modo poético: «En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores», y esto me recuerda que «el mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza» (Laudato si’ 12).
  • 40. El Papa Francisco en Sudamérica 40 Pero sobre todo, es una tierra bendecida en sus gentes, con su variada realidad cultural y étnica, que constituye una gran riqueza y un llamado permanente al respeto mutuo, al diálogo: pueblos originarios milenarios y pueblos originarios contemporáneos; cuánta alegría nos da saber que el castellano traído a estas tierras hoy convive con 36 idiomas originarios, amalgamándose –como lo hacen en las flores nacionales de kantuta y patujú el rojo y el amarillo– para dar belleza y unidad en lo diverso. En esta tierra y en este pueblo, arraigó con fuerza el anuncio del Evangelio, que a lo largo de los años ha ido iluminando la convivencia, contribuyendo al desarrollo del pueblo y fomentando la cultura. Como huésped y peregrino, vengo para confirmar la fe de los creyentes en Cristo resucitado, para que cuantos creemos en Él, mientras peregrinamos en esta vida, seamos testigos de su amor, fermento de un mundo mejor, y colaboremos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política del País; cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente, y con unas instituciones sensibles a estas realidades. Todo esto requiere un espíritu de colaboración ciudadana, de diálogo y participación de los individuos y los actores sociales en las cuestiones que interesan a todos. El progreso integral de un pueblo incluye el crecimiento en valores de las personas y la convergencia en ideales comunes que consigan aunar voluntades, sin excluir ni rechazar a nadie. Si el crecimiento es solo material, siempre se corre el riesgo de volver a crear nuevas diferencias, de que la abundancia de unos se construya sobre la escasez de otros. Por eso, además de la transparencia institucional, la cohesión social requiere un esfuerzo en la educación de los ciudadanos. En estos días me gustaría alentar la vocación de los discípulos de Cristo a comunicar la alegría del Evangelio, a ser sal de la tierra y luz del mundo. La voz de los Pastores, que tiene que ser profética, habla a la sociedad en nombre de la Iglesia madre, porque la Iglesia es madre y desde su opción preferencial y evangélica por los últimos. Por los descartados, por los excluidos, esa es la opción preferencial de la Iglesia.
  • 41. El Papa Francisco en Sudamérica 41 La caridad fraterna, expresión viva del mandamiento nuevo de Jesús, se expresa en programas, obras e instituciones que buscan la promoción integral de la persona, así como el cuidado y la protección de los más vulnerables. No se puede creer en Dios Padre sin ver un hermano en cada persona, y no se puede seguir a Jesús sin entregar la vida por los que Él murió en la cruz. En una época en la que tantas veces se tiende a olvidar o tergiversar los valores fundamentales, la familia merece una especial atención por parte de los responsables del bien común porque es la célula básica de la sociedad, que aporta lazos sólidos de unión sobre los que se basa la convivencia humana y, con la generación y educación de sus hijos, asegura el futuro y la renovación de la sociedad. La Iglesia también siente una preocupación especial por los jóvenes que, comprometidos con su fe y con grandes ideales, son promesa de futuro, «vigías que anuncian la luz del alba y la nueva primavera del Evangelio» decía Juan Pablo II, (Mensaje para la XVIII Jornada mundial de la Juventud, 6). Cuidar a los niños, hacer que la juventud se comprometa en nobles ideales, es garantía de futuro para una sociedad. Y la Iglesia quiere una sociedad que encuentra su reaseguro cuando valora, admira y custodia también a sus mayores que son los que nos traen la sabiduría de los pueblos, custodiar a los que hoy son descartados por tantos intereses que ponen al centro de la vida económica al dios dinero y son descartados los niños y los jóvenes que son el futuro de un país y los ancianos que son la memoria del pueblo, por eso hay que cuidarlos, hay que protegerlos son nuestro futuro. La Iglesia hace opción por ir generando una «cultura memoriosa» que les garantiza a los ancianos no solo la calidad de vida en sus últimos años sino la calidez, como bien lo expresa la Constitución de ustedes. Señor Presidente, queridos hermanas, hermanos, gracias por estar aquí. Estos días nos permitirán tener diversos momentos de encuentro, diálogo y celebración de la fe. Lo hago alegre y contento de estar en esta Patria que se dice a sí misma pacifista, patria de paz y que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz.
  • 42. El Papa Francisco en Sudamérica 42 Pongo esta visita bajo el amparo de la Santísima Virgen de Copacabana, Reina de Bolivia, y a Ella le pido que proteja a todos sus hijos. Muchas gracias y que el Señor los bendiga. Jallalla Bolivia.
  • 43. El Papa Francisco en Sudamérica 43 DISCURSO EN EL ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES CIVILES EN LA CATEDRAL DE LA PAZ Miércoles 8 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1NYSqg3 Señor Presidente, Excelencias, Hermanas y hermanas: Me alegro de este encuentro con ustedes, autoridades políticas y civiles de Bolivia, miembros del Cuerpo diplomático y personas relevantes del mundo de la cultura y del voluntariado. Agradezco a Mons. Edmundo Abastoflor, Arzobispo de esta Iglesia de la Paz, su amable bienvenida. Les ruego que me permitan cooperar, alentando con algunas palabras, la tarea que cada uno de ustedes ya realiza. Y les agradezco la cooperación que ustedes con su testimonio de calurosa acogida me dan a mí para que yo pueda seguir adelante. Muchas gracias. Cada uno a su manera, todos los aquí presentes compartimos la vocación de trabajar por el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente de la propia perfección»; gracias a ustedes por aspirar –desde su rol y misión– para que las personas y la sociedad se desarrollen, alcancen su perfección. Estoy seguro de sus búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno en este afán por el bien común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva. (cf. Laudato si’ 157). Que la riqueza se distribuya. En el trayecto hacia la catedral he podido admirarme de las cumbres del Hayna Potosí y del Illimani, de ese «cerro joven» y de aquel que indica «el lugar por donde sale el sol».
  • 44. El Papa Francisco en Sudamérica 44 También he visto cómo de manera artesanal muchas casas y barrios se confundían con las laderas y me he maravillado de algunas obras, de su arquitectura. El ambiente natural y el ambiente social, político y económico están íntimamente relacionados. Nos urge poner las bases de una ecología integral, es problema de salud. Una ecología integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las graves cuestiones socioambientales de nuestros días, sino los glaciares de esos mismos montes seguirán retrocediendo y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores también se derretirán como esos hielos (cf. Laudato si’ 159-160). De esto hay que tomar conciencia. Ecología integral y me arriesgo, supone ecología de la madre tierra, cuidar la madre tierra, Ecología humana, cuidarnos entre nosotros y ecología social. Forzada la palabra. Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad. Es necesaria también la cultura, de la que forma parte no solo el desarrollo de la capacidad intelectual del ser humano en las ciencias y de la capacidad de generar belleza en las artes, sino también las tradiciones populares locales, eso también es cultura, con su particular sensibilidad al medio de donde han surgido y al que dan sentido y del medio del que han salido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportar a la sociedad. Los cristianos, en particular, como discípulos de la Buena Noticia, somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia en favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen. Esas virtudes que vuestra cultura tan sencillamente se expresan esos tres mandamientos, “no mentir”, “no robar”, “no ser flojo”, pero debemos estar alertas pues muy fácilmente nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, que nos volvemos insensibles a
  • 45. El Papa Francisco en Sudamérica 45 sus manifestaciones. Y así confundimos sin darnos cuenta el «bien común» con el «bien- estar», Y de ahí se va resbalando de a poquito de a poquito y el ideal del bien común cómo que se va perdiendo y termina en el bienestar sobre todo cuando somos nosotros los que los disfrutamos y no los otros. El bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace. El bien común, en cambio, es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares. Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para que los pensadores, las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación desarrollen su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos, llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad. La luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora, la Iglesia debe servir al Evangelio de Cristo para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana. Respeto. El cristianismo ha tenido un papel importante en la formación de la identidad del pueblo boliviano. La libertad religiosa – como es acuñada habitualmente esa expresión en el fuero civil– es quien también nos recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales. En extender el bien común a través de las obras sociales. Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes por tantos factores la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la
  • 46. El Papa Francisco en Sudamérica 46 calle y recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia, que lo resuelve en silencio, son tantos que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos. Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Estoy pensando acá en el mar. Diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución. Bolivia transita un momento histórico: la política, el mundo de la cultura, las religiones son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy puede ser el tiempo de la integración. Y hay que caminar en ese camino Hoy Bolivia puede «crear nuevas síntesis culturales». ¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro! (cf. Evangelii Gaudium 210). Bolivia, en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser «esa multiforme armonía que atrae» (Evangelii Gaudium 117). Y que atrae en el camino de la consolidación de la Patria grande. Muchas gracias por su atención. Pido al Señor que Bolivia, «esta tierra inocente y hermosa» siga progresando cada vez más para que sea esa «patria feliz donde el hombre vive el bien de la dicha y la paz». Que la Virgen santa los cuide y el Señor los bendiga abundantemente. Y por favor, por favor les pido, que no se olviden de rezar por mí.
  • 47. El Papa Francisco en Sudamérica 47 HOMILÍA. SANTA MISA EN LA PLAZA DEL CRISTO REDENTOR. SANTA CRUZ Jueves 9 de julio de 2015 VIDEO: http://bit.ly/1LU8mSo Hemos venido desde distintos lugares, regiones, poblados, para celebrar la presencia de vida de Dios entre nosotros. Salimos hace horas de nuestras casas y comunidades para poder estar juntos, como Pueblo Santo de Dios. La cruz y la imagen de la misión nos traen el recuerdo de todas las comunidades que han nacido en el nombre de Jesús en estas tierras, de las cuales nosotros somos sus herederos. En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos describía una situación bastante similar a la que estamos viviendo ahora. Al igual que esas cuatro mil personas, estamos nosotros queriendo escuchar la Palabra de Jesús y recibir su vida. Ellos ayer y nosotros hoy junto al Maestro, Pan de vida. Me conmuevo cuando veo a muchas madres cargando a sus hijos en las espaldas. Como lo hacen aquí tantas de ustedes. Llevando sobre sí la vida, y el futuro de su gente. Llevando sus motivos de alegría, sus esperanzas. Llevando la bendición de la tierra en los frutos. Llevando el trabajo realizado por sus manos. Manos que han labrado el presente y tejerán las ilusiones del mañana. Pero también cargando sobre sus hombros, desilusiones, tristezas y amarguras, la injusticia que parece no detenerse y las cicatrices de una justicia no realizada. Cargando sobre sí, el gozo y el dolor de una tierra. Ustedes llevan sobre sí la memoria de su pueblo. Porque los pueblos tienen memoria, una memoria que pasa de generación en generación, los pueblos tienen una memoria en camino. Y no son pocas las veces que experimentamos el cansancio de este camino. No son pocas las veces que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más pobres.
  • 48. El Papa Francisco en Sudamérica 48 A nosotros nos puede suceder lo que a los discípulos de ayer, cuando vieron esa cantidad de gente que estaba ahí. Le piden a Jesús que los despida, mándalos a la casa, ya que es imposible alimentar a tanta gente. Frente a tantas situaciones de hambre en el mundo podemos decir: «Perdón. No nos dan los números, no nos cierran las cuentas». Es imposible enfrentar estas situaciones, entonces la desesperación termina ganándonos el corazón. En un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que pretende imponerse en el mundo, en todo el mundo, en nuestros días. Una lógica que busca transformar todo en objeto de cambio, todo en objeto de consumo, todo negociable. Una lógica que pretende dejar espacio a muy pocos, descartando a todos aquellos que no «producen», que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente «no nos dan los números». Y Jesús una vez más vuelve a hablarnos y nos dice...: No, no, no es necesario excluirlos, no es necesario que se vayan, denles ustedes de comer. Es una invitación que resuena con fuerza para nosotros hoy: «No es necesario excluir a nadie, no es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer». Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre «corta el hilo» por el más débil, por el más necesitado. Tomando «la posta» Él mismo nos da el ejemplo, nos muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Y este es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Jesús, por medio de estas tres acciones logra transformar una lógica del descarte, en una lógica de comunión, en una lógica de comunidad. Quisiera subrayar brevemente cada una de estas acciones. Toma. El punto de partida, es tomar muy en serio la vida de los suyos. Los mira a los ojos y en ellos conoce su vivir, su sentir. Ve en esas miradas lo que late y lo que ha dejado de latir en la memoria y el corazón de su pueblo. Lo considera y lo valora. Valoriza todo lo bueno que pueden aportar, todo lo bueno desde donde se puede construir. Pero no habla de los objetos, o de los bienes culturales, o de las ideas; sino habla de las personas. La riqueza más plena de una sociedad se mide en la vida de su gente, se mide en sus ancianos que logran transmitir su sabiduría y la memoria de su pueblo a los más pequeños. Jesús
  • 49. El Papa Francisco en Sudamérica 49 nunca se saltea la dignidad de nadie, por más apariencia de no tener nada para aportar y compartir. Toma todo, como viene. Bendice. Jesús toma sobre sí, y bendice al Padre que está en los cielos. Sabe que estos dones son un regalo de Dios. Por eso, no los trata como «cualquier cosa» ya que toda vida, toda esa vida, es fruto del amor misericordioso. Él lo reconoce. Va más allá de la simple apariencia, y en este gesto de bendecir, de alabar, pide a su Padre el don del Espíritu Santo. El bendecir tiene esa doble mirada, por un lado agradecer y por el otro poder transformar. Es reconocer que la vida, siempre es un don, un regalo que puesto en las manos de Dios, adquiere una fuerza de multiplicación. Nuestro Padre no nos quita nada, todo lo multiplica. Entrega. En Jesús, no existe un tomar que no sea una bendición, y no existe una bendición que no sea una entrega. La bendición siempre es misión, tiene un destino, compartir, el condividir lo que se ha recibido, ya que sólo en la entrega, en el com-par-tir es cuando las personas encontramos la fuente de la alegría y la experiencia de salvación. Una entrega que quiere reconstruir la memoria de pueblo Santo, de pueblo invitado, a ser y a llevar por la alegría de la salvación. Las manos que Jesús levanta para bendecir al Dios del cielo son las mismas que distribuyen el pan a la multitud que tiene hambre. Y podemos imaginar cómo iban pasando de mano en mano los panes y los peces hasta llegar a los más alejados. Jesús, logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse, increíblemente sobró: lo recogieron en siete canastas. Una memoria tomada, una memoria bendecida, una memoria entregada siempre sacia a un pueblo. La Eucaristía. Es el «Pan partido para la vida del mundo», como dice el lema del V Congreso eucarístico que hoy inauguramos y tendrá lugar en Tarija. Es Sacramento de comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento y nos da la certeza de lo que tenemos, de lo que somos, si es tomado, si es bendecido y si es entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en Pan de Vida para los demás. Y la Iglesia celebra la Eucaristía, celebra la memoria del Señor, el sacrificio del Señor. Porque la iglesia es comunidad memoriosa. Por eso fiel al mandato del Señor, dice una y
  • 50. El Papa Francisco en Sudamérica 50 otra vez: «Hagan esto en memoria mía» (Lc. 22,19) Actualiza, hace real, generación tras generación, en los distintos rincones de nuestra tierra, el misterio del Pan de Vida. Nos lo hace presente, nos lo entrega. Jesús quiere que participemos de su vida y a través nuestro se vaya multiplicando en nuestra sociedad. No somos personas aisladas, separadas, sino somos el Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada. Una vida memoriosa necesita de los demás, del intercambio, del encuentro, de una solidaridad real que sea capaz de entrar en la lógica del tomar, bendecir y entregar; en la lógica del amor. María, al igual que muchas de ustedes llevó sobre sí la memoria de su pueblo, la vida de su Hijo, y experimentó en sí misma la grandeza de Dios, proclamando con júbilo que Él «colma de bienes a los hambrientos» (Lc. 1,53), que ella sea hoy nuestro ejemplo para confiar en la bondad del Señor que hace obras grandes con poca cosa, con la humildad de sus siervos. Que así sea.