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Sueños fotográficos

Mi nombre es Marie Antoine, nací y crecí en Inglaterra, específicamente en su capital, Londres;
y como muchas historias de amor conocí a un chico, no muy especial, más bien, normal.
La historia transcurrió hace 27 años, yo, una chica de 21 decidí emprender un viaje a Colombia,
siempre me había llamado la atención aquél país, además mi primo había durado dos días allá,
y me había dicho que era una ciudad muy linda y un poco diferente, así que decidí ahorrar para
poder hacer el viaje que anhelaba.


Al poder tener la oportunidad económica le conté a mi madre sobre mi sueño.

– ¡No irás!

– Pero ¿Por qué?

– Sabes, siempre he tenido presentimientos a veces bueno o malos, pero ahora siento qué no
es nada bueno que vayas. – La preocupación se le notaba.

–Sólo viajaré para continuar mi carrera como fotógrafa, no hay nada de qué preocuparse. –
Sonrió alejando la preocupación.



A la siguiente semana decidí tomar el vuelo para Bogotá.
Un sentimiento de alegría y nostalgia transcurría por mi cuerpo, alteraba mis sentidos, quería
regresar, pero a la vez quería viajar, la despedida con mis padres fue dura, pasar 21 años
juntos, para un día separarnos….., algún día debía suceder.


El vuelo de más de 15 horas por fin terminaba, y una sensación de nervios controlaba mis
pensamientos.
Al salir del aeropuerto sólo pensaba en encontrar el hotel, el cual había reservado días
anteriores, lo siguiente fue tomar un taxi para que me llevase al hotel en La Candelaria.
Era un hotel grande, con historia en sus paredes.

Fui a recorrer la ciudad, más que todo en donde me encontraba, quería saber un poco más, así
qué recorrí el centro de aquella, pasé por parques, bibliotecas, museos, lugares importantes de
Bogotá, así corroboré lo que mi primo me había contado sobre la ciudad; después de caminar
tanto fui a la cafetería, muy tranquilamente me tomé un café y una galleta, mientras tanto me
deleitaba con Borges.


Al llegar al hotel, me percaté de qué no había televisión ni radio, por lo tanto sabía qué no
tendría mucha tecnología a mi alrededor, y sólo me acompañaría mi cámara y mis libros.
A la mañana siguiente fui a buscar la escuela de fotografía, también cerca de donde me
residenciaba, pensé que sería mejor si sólo me quedaba en esa zona, mientras me amañaba a
la ciudad.


La escuela no era nada fuera de lo normal, habían por lo menos unos 20 estudiantes, entre 18
y 24 años, unos Colombianos otros de distintas partes de Latinoamérica, por lo tanto me sentía
insegura de mi acento, me enredaba un poco al hablar español, todos notaban que era
extranjera.

El maestro nos dio nuestras primeras pautas de la fotografía, y nos dejó un trabajo a parejas
para conocernos y conocer más este arte.


Mi compañero de al lado quiso hacerse conmigo, se llamaba Alejandro, tenía unos 22 años, era
alto de pelo café oscuro y ojos verdes, me dijo que era Argentino, también estaba estudiando
artes, había llegado hace un mes a Colombia por los mismo motivos que yo tenía.
Para hacer el trabajo decidimos primero salir para saber más de nosotros, así que para el día
siguiente acordamos una cita en un café cerca al hotel en donde me encontraba.

Al día siguiente salí para conocer un poco más, luego me fui al café en donde Alejandro y yo
acordamos encontrarnos, me senté y esperé unos minutos, luego un chico se acercó
tapándome los ojos, supe que era Alejandro, no conocía a nadie más en la ciudad, se sentó y
noté qué llevaba un libro, en un descuido de él, pude notar que era la Obra poética de Jorge
Luis Borges, encantada no pude ocultarlo y le conté cuan enamorada estaba de las palabras de
aquel escritor Argentino, así que pedimos café y nos quedamos toda la tarde hablando de
aquellos escritores que acompañaban y decoraban nuestros días, se hacía tarde, así que decidí
irme a descansar.

Me levanté alrededor de las 6 de la mañana para llamar a mi familia en Inglaterra, ya que
serían las 12 del mediodía en Londres, salude muy amorosamente a mi madre, ella seguía muy
preocupada, aún sentía qué me podría pasar algo, y aún más sabiendo qué no había a nadie a
quien acudir si necesitaba algo, pero le conté sobre mi escuela, también qué tenía en mente
conseguirme un trabajo para poder estabilizarme en la ciudad, y no se me podía olvidar
contarle sobre Alejandro, con él podía contar si me pasaba algo, lo sentía, tenía confianza.

Empezó a llover, así que corriendo llegue a mi clase, seguimos aprendiendo, y salimos para
hacer unas prácticas en la ciudad, ahí conocí a Victoria, una chica de pelo oscuro, con ojos
color miel, estudiaba Cine y televisión en la Universidad Nacional, era relajada y con un estilo
muy divertido, ahora podía contar con una persona más.

Los días pasaron y conseguí trabajo en una cafetería, pensé que no era muy bueno, pero algo
de ingresos me ayudaría para sobrevivir, salía cada vez más con Victoria y Alejandro, nos
convertimos en muy buenos amigos.

Pasaron unos tres meses desde que había llegado a Colombia, estaba muy alegre con
Alejandro, él me acompañaba a donde fuera, me invitaba a comer y a conocer más lugares,
también íbamos a diferentes bibliotecas para conocer más escritores y leer los que ya nos
gustaban, compartíamos muchos gustos, también musicales y cinematográficos, íbamos a los
diferentes festivales de cine que se hacían en diferentes localidades de Bogotá, así
disfrutábamos nuestras tardes después de nuestros deberes.

Me sentía muy alegre, creía que era la mejor decisión que había en mi vida, pero me sentía un
poco dudosa cuando pensé lo que había hecho, aprendí muchas cosas nuevas, pero no aprendí
sobre la historia Colombiana, un grave error.

Pensando sobre eso decidí estudiarla por épocas, leí sobre sus presidentes y su forma de
gobernar, también su justicia.

Era noviembre así que nuestro profesor de fotografía nos dio nuestro último proyecto,
fotografiar los lugares más importantes de Bogotá, esa misma tarde me fui con Alejandro para
que nos ayudáramos con el proyecto, en uno de esos lugares importantes de Bogotá, en uno
de ellos descansamos en la cafetería, como siempre tomamos café, mientras leíamos y
conversábamos.

Estábamos tranquilos en esa cafetería se sentía un ambiente extraño, me sentía angustiada, no
sabía por qué, todo se veía tranquilo, algo de mí, quería salir de ese lugar lo más rápido que
pudiera, me puse ansiosa y nerviosa, movía mis manos desesperadamente; Alejandro se
percató y me intentó tranquilizar; pensé que era el café y lo dejé a un lado, mientras él me
intentaba calmarme.

Unos minutos más tarde me sentía más tranquila, pero de repente se escuchó un estruendo
que venía del parqueadero del lugar donde nos encontrábamos, sabía que algo no estaba bien,
algunos salieron corriendo, otro seguían normalmente, luego todo empeoró.
Había policías, no sabía por qué, entraron muchas personas camufladas, con armas y bombas,
me preocupé aún más, sabía que no era algo normal.

– ¡¿Qué está pasando?! – Grité desesperadamente.

– ¡No sé, nunca había visto algo así! – La desesperación se le notaba en sus expresiones, todos
en la cafetería estaban preocupados, no sabían de qué se trataba.

Tenía un recuerdo permanente, mi madre diciéndome que el viaje era peligroso, que era mejor
que no fuera, no debía haber venido, repetía intensamente en mi cabeza, pero cuando
volteaba y veía la expresión de angustia de Alejandro, sabía que debía ser fuerte y ayudarnos
para poder salir de ese infierno, personas con vestuario camuflado nos llevaban a diferentes
partes, Alejandro no soltaba mi mano, después pensé que la mejor idea sería tomar fotografías
de los hechos, sabía que iba a ser una noticia mundial, así que sería muy buen trabajo para mi
proyecto, tomé mi cámara y empecé a tomarles fotografías a las personas que estaban a mi
alrededor, a las ruinas y al incendio que comenzaba hacían que el temor fuera más intenso.

Pasó una noche completa, pensé que se acabaría pronto, tenía hambre y sed, pero unos
uniformados nos brindaron agua, la noche anterior habían llegado otros uniformados, llegaron
proporcionándole plomo a cualquiera que se le pasara por el frente, y en un desliz hirieron a la
primera persona que me acompañó en mis primeros meses en Colombia, nunca pensé que
pasaría esto, pensé que era mi culpa, yo fui la que brindó la idea de descansar en esa cafetería,
así que prácticamente yo era la culpable de que lo hubieran herido.
Su sangre estaba en todo el piso, él lloraba y gritaba del dolor que sentía, intentaron
ayudarnos, pero resultaba inútil, así que desistimos y mientras lo tranquilizaba mis nervios
incrementaban, tenía ansiedad, sudaba frío, mi corazón latía al compás de los disparos,
respiraba agitadamente, mi boca estaba reseca, intentaba calmarme, pero era imposible, me
sentía culpable, luego empecé a ver manchas, éstas se hacían más grandes cada vez, luego
escuché un pito insoportable en mis oídos, lloraba y gritaba tapándome mis oídos en una
posición fetal, luego de un momento me desmayé.

Al despertar me sentí mucho mejor, había sol en una ventana, sonreí, pensé que todo había
pasado, pero al darme cuanta estaba en un distinto lugar, mi madre llegó, tenía el desayuno en
sus manos y con los ojos húmedos, me dijo que era la última vez que me vería ya que ese día
sería mi partida a Colombia, no sabía qué estaba sucediendo, así que me levanté
desesperadamente de mi cama mientras que mi mamá dejaba el desayuno en la mesa de mi
cuarto, nerviosa busqué intensamente mi cámara, lo que había sucedido aquella noche fue tan
real, necesitaba esclarecer todo lo que tenía en mi mente, al encontrarla miré las fotos,
estaban mis fotografías de mi familia, pero más allá estaban las fotos y la evidencia de lo que
había sucedido, las ruinas, las personas, el incendio, Alejandro, fue real lo sentí real, pero
también fue un sueño.




Simona.

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  • 1. Sueños fotográficos Mi nombre es Marie Antoine, nací y crecí en Inglaterra, específicamente en su capital, Londres; y como muchas historias de amor conocí a un chico, no muy especial, más bien, normal. La historia transcurrió hace 27 años, yo, una chica de 21 decidí emprender un viaje a Colombia, siempre me había llamado la atención aquél país, además mi primo había durado dos días allá, y me había dicho que era una ciudad muy linda y un poco diferente, así que decidí ahorrar para poder hacer el viaje que anhelaba. Al poder tener la oportunidad económica le conté a mi madre sobre mi sueño. – ¡No irás! – Pero ¿Por qué? – Sabes, siempre he tenido presentimientos a veces bueno o malos, pero ahora siento qué no es nada bueno que vayas. – La preocupación se le notaba. –Sólo viajaré para continuar mi carrera como fotógrafa, no hay nada de qué preocuparse. – Sonrió alejando la preocupación. A la siguiente semana decidí tomar el vuelo para Bogotá. Un sentimiento de alegría y nostalgia transcurría por mi cuerpo, alteraba mis sentidos, quería regresar, pero a la vez quería viajar, la despedida con mis padres fue dura, pasar 21 años juntos, para un día separarnos….., algún día debía suceder. El vuelo de más de 15 horas por fin terminaba, y una sensación de nervios controlaba mis pensamientos. Al salir del aeropuerto sólo pensaba en encontrar el hotel, el cual había reservado días anteriores, lo siguiente fue tomar un taxi para que me llevase al hotel en La Candelaria. Era un hotel grande, con historia en sus paredes. Fui a recorrer la ciudad, más que todo en donde me encontraba, quería saber un poco más, así qué recorrí el centro de aquella, pasé por parques, bibliotecas, museos, lugares importantes de Bogotá, así corroboré lo que mi primo me había contado sobre la ciudad; después de caminar tanto fui a la cafetería, muy tranquilamente me tomé un café y una galleta, mientras tanto me deleitaba con Borges. Al llegar al hotel, me percaté de qué no había televisión ni radio, por lo tanto sabía qué no tendría mucha tecnología a mi alrededor, y sólo me acompañaría mi cámara y mis libros.
  • 2. A la mañana siguiente fui a buscar la escuela de fotografía, también cerca de donde me residenciaba, pensé que sería mejor si sólo me quedaba en esa zona, mientras me amañaba a la ciudad. La escuela no era nada fuera de lo normal, habían por lo menos unos 20 estudiantes, entre 18 y 24 años, unos Colombianos otros de distintas partes de Latinoamérica, por lo tanto me sentía insegura de mi acento, me enredaba un poco al hablar español, todos notaban que era extranjera. El maestro nos dio nuestras primeras pautas de la fotografía, y nos dejó un trabajo a parejas para conocernos y conocer más este arte. Mi compañero de al lado quiso hacerse conmigo, se llamaba Alejandro, tenía unos 22 años, era alto de pelo café oscuro y ojos verdes, me dijo que era Argentino, también estaba estudiando artes, había llegado hace un mes a Colombia por los mismo motivos que yo tenía. Para hacer el trabajo decidimos primero salir para saber más de nosotros, así que para el día siguiente acordamos una cita en un café cerca al hotel en donde me encontraba. Al día siguiente salí para conocer un poco más, luego me fui al café en donde Alejandro y yo acordamos encontrarnos, me senté y esperé unos minutos, luego un chico se acercó tapándome los ojos, supe que era Alejandro, no conocía a nadie más en la ciudad, se sentó y noté qué llevaba un libro, en un descuido de él, pude notar que era la Obra poética de Jorge Luis Borges, encantada no pude ocultarlo y le conté cuan enamorada estaba de las palabras de aquel escritor Argentino, así que pedimos café y nos quedamos toda la tarde hablando de aquellos escritores que acompañaban y decoraban nuestros días, se hacía tarde, así que decidí irme a descansar. Me levanté alrededor de las 6 de la mañana para llamar a mi familia en Inglaterra, ya que serían las 12 del mediodía en Londres, salude muy amorosamente a mi madre, ella seguía muy preocupada, aún sentía qué me podría pasar algo, y aún más sabiendo qué no había a nadie a quien acudir si necesitaba algo, pero le conté sobre mi escuela, también qué tenía en mente conseguirme un trabajo para poder estabilizarme en la ciudad, y no se me podía olvidar contarle sobre Alejandro, con él podía contar si me pasaba algo, lo sentía, tenía confianza. Empezó a llover, así que corriendo llegue a mi clase, seguimos aprendiendo, y salimos para hacer unas prácticas en la ciudad, ahí conocí a Victoria, una chica de pelo oscuro, con ojos color miel, estudiaba Cine y televisión en la Universidad Nacional, era relajada y con un estilo muy divertido, ahora podía contar con una persona más. Los días pasaron y conseguí trabajo en una cafetería, pensé que no era muy bueno, pero algo de ingresos me ayudaría para sobrevivir, salía cada vez más con Victoria y Alejandro, nos convertimos en muy buenos amigos. Pasaron unos tres meses desde que había llegado a Colombia, estaba muy alegre con Alejandro, él me acompañaba a donde fuera, me invitaba a comer y a conocer más lugares, también íbamos a diferentes bibliotecas para conocer más escritores y leer los que ya nos
  • 3. gustaban, compartíamos muchos gustos, también musicales y cinematográficos, íbamos a los diferentes festivales de cine que se hacían en diferentes localidades de Bogotá, así disfrutábamos nuestras tardes después de nuestros deberes. Me sentía muy alegre, creía que era la mejor decisión que había en mi vida, pero me sentía un poco dudosa cuando pensé lo que había hecho, aprendí muchas cosas nuevas, pero no aprendí sobre la historia Colombiana, un grave error. Pensando sobre eso decidí estudiarla por épocas, leí sobre sus presidentes y su forma de gobernar, también su justicia. Era noviembre así que nuestro profesor de fotografía nos dio nuestro último proyecto, fotografiar los lugares más importantes de Bogotá, esa misma tarde me fui con Alejandro para que nos ayudáramos con el proyecto, en uno de esos lugares importantes de Bogotá, en uno de ellos descansamos en la cafetería, como siempre tomamos café, mientras leíamos y conversábamos. Estábamos tranquilos en esa cafetería se sentía un ambiente extraño, me sentía angustiada, no sabía por qué, todo se veía tranquilo, algo de mí, quería salir de ese lugar lo más rápido que pudiera, me puse ansiosa y nerviosa, movía mis manos desesperadamente; Alejandro se percató y me intentó tranquilizar; pensé que era el café y lo dejé a un lado, mientras él me intentaba calmarme. Unos minutos más tarde me sentía más tranquila, pero de repente se escuchó un estruendo que venía del parqueadero del lugar donde nos encontrábamos, sabía que algo no estaba bien, algunos salieron corriendo, otro seguían normalmente, luego todo empeoró. Había policías, no sabía por qué, entraron muchas personas camufladas, con armas y bombas, me preocupé aún más, sabía que no era algo normal. – ¡¿Qué está pasando?! – Grité desesperadamente. – ¡No sé, nunca había visto algo así! – La desesperación se le notaba en sus expresiones, todos en la cafetería estaban preocupados, no sabían de qué se trataba. Tenía un recuerdo permanente, mi madre diciéndome que el viaje era peligroso, que era mejor que no fuera, no debía haber venido, repetía intensamente en mi cabeza, pero cuando volteaba y veía la expresión de angustia de Alejandro, sabía que debía ser fuerte y ayudarnos para poder salir de ese infierno, personas con vestuario camuflado nos llevaban a diferentes partes, Alejandro no soltaba mi mano, después pensé que la mejor idea sería tomar fotografías de los hechos, sabía que iba a ser una noticia mundial, así que sería muy buen trabajo para mi proyecto, tomé mi cámara y empecé a tomarles fotografías a las personas que estaban a mi alrededor, a las ruinas y al incendio que comenzaba hacían que el temor fuera más intenso. Pasó una noche completa, pensé que se acabaría pronto, tenía hambre y sed, pero unos uniformados nos brindaron agua, la noche anterior habían llegado otros uniformados, llegaron proporcionándole plomo a cualquiera que se le pasara por el frente, y en un desliz hirieron a la primera persona que me acompañó en mis primeros meses en Colombia, nunca pensé que pasaría esto, pensé que era mi culpa, yo fui la que brindó la idea de descansar en esa cafetería,
  • 4. así que prácticamente yo era la culpable de que lo hubieran herido. Su sangre estaba en todo el piso, él lloraba y gritaba del dolor que sentía, intentaron ayudarnos, pero resultaba inútil, así que desistimos y mientras lo tranquilizaba mis nervios incrementaban, tenía ansiedad, sudaba frío, mi corazón latía al compás de los disparos, respiraba agitadamente, mi boca estaba reseca, intentaba calmarme, pero era imposible, me sentía culpable, luego empecé a ver manchas, éstas se hacían más grandes cada vez, luego escuché un pito insoportable en mis oídos, lloraba y gritaba tapándome mis oídos en una posición fetal, luego de un momento me desmayé. Al despertar me sentí mucho mejor, había sol en una ventana, sonreí, pensé que todo había pasado, pero al darme cuanta estaba en un distinto lugar, mi madre llegó, tenía el desayuno en sus manos y con los ojos húmedos, me dijo que era la última vez que me vería ya que ese día sería mi partida a Colombia, no sabía qué estaba sucediendo, así que me levanté desesperadamente de mi cama mientras que mi mamá dejaba el desayuno en la mesa de mi cuarto, nerviosa busqué intensamente mi cámara, lo que había sucedido aquella noche fue tan real, necesitaba esclarecer todo lo que tenía en mi mente, al encontrarla miré las fotos, estaban mis fotografías de mi familia, pero más allá estaban las fotos y la evidencia de lo que había sucedido, las ruinas, las personas, el incendio, Alejandro, fue real lo sentí real, pero también fue un sueño. Simona.