BDI 16B 31905 :c . l
E X L I B R I SHEMETHERII V A L V E R D E TELLEZEpiscopi Leonensis
Obras del Dr. D. Jaime Balines, Pbro./ CURSOD EM E T A F I S I C AUNDÉCIMA EDICIÓN1 ••  i í hC a m i o n * *litliotecs ijj...
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para convencerse de que nada se omite de lo per-teneciente á la Ontologia, basta leer el índice de laIdeología. En esta pa...
La distinción entre lo que hay en estos fenómenos de sub-jetivo y d e objetivo encierra la m a y o r parte de la lilosofia...
La distinción entre lo que hay en estos fenómenos de sub-jetivo y d e objetivo encierra la m a y o r parte de la lilosofia...
importante, cual era el desarrollo d e sus facultades intelec-tuales y morales; pues que, prescindiendo por ahora d e lasr...
q u i n a . En el agujero de delante y en su borde exterior estápegada, como un vidrio de reloj, otra m e m b r a n a tran...
llamadas órbitas, rodeados d e paredes que los preservan.La parte saliente del cráneo les sirve como d e techo; lascejas, ...
15. Las vibraciones del aire causadas por el choque d elos c u e r p o s , recogidas por la cuenca, entran en el conductoa...
de las sensaciones y d e los movimientos voluntarios; todos-Ios músculos que reciben nervios procedentes del encéfalo,está...
23. El sujeto q u e experimenta las sensaciones, no esmateria.El ser sensitivo es uno; el mismo q u e ve, es el que oye,el...
tiene fenómenos reales, como lo son las sensaciones. Además,que tampoco es verdad q u e la forma permanezca: con l aedad l...
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mos á la sensación como copia del mismo, sino como efecto,excepto el caso en que se trata d e figuras.45. La comparación c...
mos á la sensación como copia del mismo, sino como efecto,excepto el caso en que se trata d e figuras.45. La comparación c...
n a m o s sobre las sensaciones; las comparamos con otras,actuales ó p a s a d a s , y aun con las soñadas, y esto constan...
La misma sensación nos viene después d e varias muy di-ferentes entre sí. La d e la luz, por ejemplo, la experimentodespué...
por la misma razón atribuir dolores á la punta de un alfi-ler, al canto de una piedra, ó á otro cuerpo que nos las-time.64...
pues que manifiesta que n o tanto se hallan en los cuerpos,como en el ser admirable que está dentro d e nosotros. Lanatura...
carnos cómo nos pueden causar las sensaciones, porque deellos salen columnas de fluidos que afectan nuestros órga-nos; su ...
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p u r o : pues q u e la misma geometría, si quiere echar m a n ode las representaciones sensibles ó imaginarias, necesitae...
Londres, llamado Cheselden, hizo la operación de las cata-ratas, primero en un ojo y después en el otro. Los fenóme-nos má...
c a b a , DO obstante, los que le eran más gratos. Cuando se lepreguntaría sobre los límites, tamaños y figuras, n o respo...
c a b a , DO obstante, los que le eran más gratos. Cuando se lepreguntaría sobre los límites, tamaños y figuras, n o respo...
6.° Todos los medios para apreciar otras cualidades delos c u e r p o s , y a sea en s u s relaciones m u t u a s , ya con...
Curso de filosofía elemental metafísica
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Curso de filosofía elemental metafísica

  1. 1. BDI 16B 31905 :c . l
  2. 2. E X L I B R I SHEMETHERII V A L V E R D E TELLEZEpiscopi Leonensis
  3. 3. Obras del Dr. D. Jaime Balines, Pbro./ CURSOD EM E T A F I S I C AUNDÉCIMA EDICIÓN1 •• i í hC a m i o n * *litliotecs ijjrteráE y Teüei .motioteca universitarimBARCELONAI¿M-T-TIENTA BARCELONESAcalle de las Tapias, número 4.1 9 0 5 - • .C - %fr1 "4 5 8 7 3
  4. 4. S fcíffr• 6 3; 1°105propiedad.FONDO EMETEROV A L I D E Y T E U S•• i í , pADVERTENCIACuéntase que un compilador de las obras deAristóteles, no sabiendo qué título poner á variosescritos no pertenecientes á la lógica, á la moral, niá la física, los llamó metafísica; comopost-physica;de donde viene el que se haya dado esta denomina-ción á la ciencia que trata de objetos inmateriales,ó de los materiales, considerados tan sólo bajo unarazón general. Este nombre, aunque inexacto bajoal aspecto etimológico, tiene la ventaja de estarsancionado por el uso, y de expresar un conjuntode tratados, que no conviene separar, porque se ha-llan ligados con íntimas relaciones, y á los cualeses preciso designar bajo un título común.He comprendido en la Metafísica la Estética,Ideología pura, Gramática general, Psicología yTeodicea. La Gramática general no puede separarsede la Ideología, por lo cual la he introducido aquí;si no se le otorga el derecho de ciudad, al menosno se le podrá negar el de habitación, siquieracomo sirviente. Las cuestiones cosmológicas se lashallará esparcidas en los siguientes tratados; asílo exige la relación de las materias. La Ontologia la he incluido en la Ideología, por-que las cuestiones ontológicas no se resuelven comoes debido, en no situándose en la región de las ideas;
  5. 5. para convencerse de que nada se omite de lo per-teneciente á la Ontologia, basta leer el índice de laIdeología. En esta parte, como en todas las demás,trato las cuestiones nuevas sin olvidar las antiguas.Empleo el método analítico ó el sintético, segúnme parece mejor para cada caso; pero, en general,prefiero el analítico, bien que acomodándole á lacapacidad de los principiantes. No es exacto queen la enseñanza sea siempre preferible el sintético,mucho menos en los estudios meta físicos; la difi-cultad está en emplear el análisis de un modoadaptado á inteligencias tiernas: lo he intentado;no me lisonjeo de haberlo conseguido.Evito el lenguaje embrollado de algunos filósofosmodernos; pero adopto el que ha introducido la ne-cesidad ó el uso. He procurado expresar las ideascon la mayor claridad y precisión que me ha sidoposible; cuidando, al propio tiempo, de que las for-mas del estilo y de la dicción fuesen tales, que losjóvenes, al salir de la escuela, pudieran emplearlasen la discusión común; ¿. de qué sirve el aprendercosas buenas si luego no se saben expresar? Laenseñanza no es para las pequeñas vanidades delrecinto de la escuela: es para el bien del mundo.La Ética ó Filosofía moral, que ya está en pren-sa, y la Historia de la Filosofía, que completarála obra, darán idea más cumplida del plan, métodoy doctrinas de este curso elemental: ulteriores ex-plicaciones me llevarían demasiado lejos, y, ade-más, serían insuficientes.ESTÉTICANOCIONES PRELIMINARESEntiendo por Estética la ciencia q u e trata d e la sensi-bilidad.No se la debe incluir en la Ideología p u r a , supuesto quelas sensaciones y las ideas son objetos diferentes. Empiezopor ella la Metafísica, porque los fenómenos d e la sensibili-d a d son los primeros que se ofrecen al examinar las funcio-aes d e la vida animal y el desarrollo del espíritu.La Metafísica debe principiar p o r el estudio d e nuestraalma; n o porque ésta sea el origen d e las cosas, sino porque•es nuestro único punto d e partida. Hay regiones más altas,donde el observatorio estaría mejor; pero nos es preciso c o n -tentarnos con el que se nos ha dado. Para sentir y conocerlos objetos n o salimos d e nosotros; los percibimos en c u a n -to se reflejan en nuestro interior: el mundo corpóreo senos manifiesta p o r las sensaciones; el incorpóreo, por lasideas; ambas son fenómenos del a l m a , y por éstos debemosempezar.
  6. 6. La distinción entre lo que hay en estos fenómenos de sub-jetivo y d e objetivo encierra la m a y o r parte de la lilosofia:con lo subjetivo conocemos el yo, ó el alma; con el objetivo,el no yo, ó lo que n o es el a l m a , y el yo y el no yo juntosencierran todo cuanto existe y puede existir; pues que n ohay medio entre el yo y el no yo ó entre el si y el no. Estasexpresiones, a u n q u e algo extrañas, son ahora de un uso bas-tante general; cada época tiene su gusto, y la filosofía d enuestro siglo vuelve á la costumbre de emplear términos téc-nicos. Esto d a precisión, pero expone á la obscuridad; c o m oquiera, es necesario tener noticia d e la m o d a , a u n q u e n o s ela quiera seguir.La naturaleza del alma la conocemos, n o inmediata é in-tuitivamente, sino por medio del discurso; pues que sólo s enos manifiesta p o r los fenómenos que experimentamos ennuestro interior. Por cuya razón, para llegar á dicho cono-cimiento, el punto d e partida debe ser la observación y aná-lisis d e estos fenómenos. Los que se ofrecen primero son losdel orden sensible; y a porque su naturaleza los pone más alalcance d e la generalidad; y a porque en ellos principian ádesenvolverse las facultades del alma desde que empezamosá vivir; ya también porque son condiciones necesarias parael desarrollo d e la actividad intelectual.CAPÍTULO PRIMERONecesidad, objeto y condiciones de la sensibi-lidad externa.1. Unido el espíritu h u m a n o á una porción de materiaorganizada, que, como materia, está sujeta á las leyes gene-rales del mundo corpóreo, y, como organizada, se halla bajolas condiciones impuestas á ta conservación y desarrollo d ela v i d a , necesitaba el hombre medios para percibir las alte-raciones que afectaban su organización, y para ponerse encomunicación con los cuerpos que le rodean. Sin esto le e r aimposible atender á s u s necesidades; las funciones d e lavida se habrían ejercido m a l ; los individuos y la especiehubieran perecido. Estos medios son los cinco sentidos,con los cuales el hombre puede buscar lo saludable y evitarlo d a ñ o s o , combinando sus relaciones con los seres exter-nos, d e la manera conveniente para la propia conservacióny la d e la especie. Imaginémonos un viviente sin sentido:cuando se mueva, se estrellará en los objetos que encuentreal p a s o ; caerá en los precipicios; n o se apartará d e loscuerpos que se dirijan sobre él, y será aplastado; no podrábuscar los alimentos necesarios á su conservación, y moriráde hambre; si se le ofrece por casualidad algún manjar, tra-gará indistintamente lo saludable y lo v e n e n o s o , lo suscep-tible d e digestión, como las materias indisolubles; en talconjunto d e circunstancias es inevitable su pronta destruc-ción. Así es que los vegetales están pegados á la tierra, lacual provee á la conservación é incremento d e los mismos,como una madre cuida d e los hijos tiernos ó imbéciles.2. Pero, á más d e esta necesidad q u e podríamos llamaranimal y que es común al hombre c o n los b r u t o s , nuestroespíritu había menester d e los sentidos para u n objeto más
  7. 7. La distinción entre lo que hay en estos fenómenos de sub-jetivo y d e objetivo encierra la m a y o r parte de la lilosofia:con lo subjetivo conocemos el yo, ó el alma; con el objetivo,el no yo, ó lo que n o es el a l m a , y el yo y el no yo juntosencierran todo cuanto existe y puede existir; pues que n ohay medio entre el yo y el no yo ó entre el si y el no. Estasexpresiones, a u n q u e algo extrañas, son ahora de un uso bas-tante general; cada época tiene su gusto, y la filosofía d enuestro siglo vuelve á la costumbre de emplear términos téc-nicos. Esto d a precisión, pero expone á la obscuridad; c o m oquiera, es necesario tener noticia d e la m o d a , a u n q u e n o s ela quiera seguir.La naturaleza del alma la conocemos, n o inmediata é in-tuitivamente, sino por medio del discurso; pues que sólo s enos manifiesta p o r los fenómenos que experimentamos ennuestro interior. Por cuya razón, para llegar á dicho cono-cimiento, el punto d e partida debe ser la observación y aná-lisis d e estos fenómenos. Los que se ofrecen primero son losdel orden sensible; y a porque su naturaleza los pone más alalcance d e la generalidad; y a porque en ellos principian ádesenvolverse las facultades del alma desde que empezamosá vivir; ya también porque son condiciones necesarias parael desarrollo d e la actividad intelectual.CAPÍTULO PRIMERONecesidad, objeto y condiciones de la sensibi-lidad externa.1. Unido el espíritu h u m a n o á una porción de materiaorganizada, que, como materia, está sujeta á las leyes gene-rales del mundo corpóreo, y, como organizada, se halla bajolas condiciones impuestas á ta conservación y desarrollo d ela v i d a , necesitaba el hombre medios para percibir las alte-raciones que afectaban su organización, y para ponerse encomunicación con los cuerpos que le rodean. Sin esto le e r aimposible atender á s u s necesidades; las funciones d e lavida se habrían ejercido m a l ; los individuos y la especiehubieran perecido. Estos medios son los cinco sentidos,con los cuales el hombre puede buscar lo saludable y evitarlo d a ñ o s o , combinando sus relaciones con los seres exter-nos, d e la manera conveniente para la propia conservacióny la d e la especie. Imaginémonos un viviente sin sentido:cuando se mueva, se estrellará en los objetos que encuentreal p a s o ; caerá en los precipicios; n o se apartará d e loscuerpos que se dirijan sobre él, y será aplastado; no podrábuscar los alimentos necesarios á su conservación, y moriráde hambre; si se le ofrece por casualidad algún manjar, tra-gará indistintamente lo saludable y lo v e n e n o s o , lo suscep-tible d e digestión, como las materias indisolubles; en talconjunto d e circunstancias es inevitable su pronta destruc-ción. Así es que los vegetales están pegados á la tierra, lacual provee á la conservación é incremento d e los mismos,como una madre cuida d e los hijos tiernos ó imbéciles.2. Pero, á más d e esta necesidad q u e podríamos llamaranimal y que es común al hombre c o n los b r u t o s , nuestroespíritu había menester d e los sentidos para u n objeto más
  8. 8. importante, cual era el desarrollo d e sus facultades intelec-tuales y morales; pues que, prescindiendo por ahora d e lasrelaciones d e la sensibilidad con la inteligencia, es cierto, yen ello convienen lodos los filósofos, que el ejercicio d e lossentidos es u n a condición indispensable para el desarrollode las facultades superiores, o r a se mire á la sensibilidadcomo u n verdadero germen d e los actos del orden intelec-tual, ora se la considere como una simple ocasión, á la queno se atribuye el carácter d e causa.3. De esto se infiere que los sentidos nos han sido dadoscon d o s objetos: 1.°, atender á las necesidades del c u e r p o ;2.°, desarrollar las facultades superiores del espíritu.4. Sensación es la afección que experimentamos á c o n -secuencia d e una impresión orgánica. No hay necesidad d eque la impresión d i m a n e inmediatamente de una causa dis-tinta d e nuestro c u e r p o : la simple alteración d e los órganospor el ejercicio d e s u s funciones respectivas, n o s puedecausar verdaderas sensaciones, independientemente d e lasimpresiones que nos vienen de fuera.Los sentidos externos son cinco: vista, oído, gusto, olfatoy tacto.o. En las sensaciones notamos lo siguiente: 1.°, cuerpo úotra causa que afecta alguno d e las ó r g a n o s ; 2.°, aparatoorgánico externo que recibe inmediatamente la impresión;3.°, conducto que la transmite; 4.°, aparato orgánico internodonde van á terminar las impresiones; b.°, afección interna,que llamamos sensación, sentir. Asi, para ver, necesitamos:cuerpo presente iluminado, ojo á donde vayan á parar losrayos luminosos, nervio óptico que transmite la impresiónal cerebro, masa cerebral, y, p o r fin, esa afección que lla-m a m o s ver.6. En faltando u n a cualquiera d e dichas condiciones, lasensación no existe. La experiencia enseña que, aun conser-vándose perfectamente los órganos, el viviente deja de sentirsi se cortan ó ligan los nervios que establecen la comunica-ción del órgano externo con el cerebro; y que para destruirtoda sensibilidad basta el que éste n o ejerza sus funciones.Quitad en el ejemplo anterior la presencia del cuerpo ilumi-nado, ó el ojo, ó el nervio óptico, ó el cerebro, y la visióndesaparece. Por el contrario, suponed las cuatro cosas, perosin la afección interna, ver; hay movimientos de sólidos, d efluidos, mas no la sensación. Aun cuando fuera posible cons-truir u n a m á q u i n a donde se verificasen exactamente losmismos movimientos que en u n cuerpo viviente, la máquinano sentiría. Supóngase que se encuentran medios químicospara restablecer por algunos momento»en un cuerpo difuntoel calor, la circulación d e la sangre y todo cuanto tienemientras vive; el efecto será puramente mecánico ó quími-co; en el cuerpo habrá u n a especie de imitación d e la vida;no la vida m i s m a : tendremos Ta acción galvánica en mayorescala, mas n o verdadera sensibilidad.7. La sensación, pues, se distingue esencialmente d e lasalteraciones orgánicas; éstas son necesarias para ella, perono son ella misma. Las alteraciones orgánicas son hechosp u r a m e n t e materiales; la sensación es un hecho interno, d econciencia, ó sea d e presencia intima al sujeto que siente;n u n c a se pondrá excesivo cuidado en deslindar bien estascosas.CAPÍTULO IIórgano de la vista.8. El órgano d e la vista es el ojo: especie d e instrumentoóptico, sumamente delicado, y que manifiesta la profundasabiduría que h a presidido á su construcción.El ojo es u n globo d e figura esférica imperfecta, pues estáligeramente aplanado por delante y por los lados. Su estruc-tura es la siguiente: Cna m e m b r a n a exterior, llamada escle-rótica, cubre toda s u superficie, excepto los dos agujerosque tiene delante y d e t r á s ; es d e color blanco, opaca, dura,de la consistencia necesaria para ser como la caja d e la m á -
  9. 9. q u i n a . En el agujero de delante y en su borde exterior estápegada, como un vidrio de reloj, otra m e m b r a n a transparentellamada córnea. Estas dos membranas se hallan tan perfec-tamente unidas, que se ha llegado á disputar si la u n a eracontinuación de la otra. Dejando, empero, semejantes cues-tiones á los anatómicos y fisiólogos, sólo observaremos q u ela córnea se distingue por su delicadeza, su transparencia ytambién por su estructura. El agujero de detrás da paso alnervio óptico, como veremos más abajo. Á la escleróticaestán pegados los seis músculos, cuatro rectos y dos obli-c u o s , que sirven para el movimiento del ojo.La esclerótica está cubierta en su parte interior por otramembrana negruzca, llamada coroides, la cual hace las vecesde un tapiz negro, para que el ojo sea u n a verdadera c á m a -ra obscura. La coroides no llega á cubrir la córnea, pues que,si llegase, le quitaría la transparencia, y no podríamos ver;y, además, deja también expedito el agujero posterior de laesclerótica para no impedir el paso al nervio óptico.Detrás de la córnea, y á cosa de una línea de distancia,se halla el iris, membrana circular, de varios colores, y encuyo medio hay un agujero llamado pupila. Ésta no sehalla en el verdadero centro del círculo, pues deja un pocomás de espacio por la parte de las sienes que por la de lanariz. La cara posterior del iris está cubierta de un barniznegruzco, y se llama úvea. El iris tiene la propiedad defruncirse ó dilatarse, según las impresiones de la luz; locual produce inversamente la contracción ó dilatación dela pupila, quedando el agujero más estrecho, cuando lam e m b r a n a se dilata, y más ancho, cuando ésta se contrae.El nervio óptico, atravesando por el agujero posterior dela esclerótica y coroides, se dilata sobre la superficie de ésta,y forma u n a tercera m e m b r a n a llamada retina, órgano prin-cipal de la vista.Estas m e m b r a n a s dejan entre sí espacios que se llenan devarios humores, todos adaptados á q u e el órgano ejerzabien sus funciones.En la cavidad contenida entre la córnea y el iris se hallaun h u m o r acuoso, claro, transparente, dotado de la singu-lar propiedad de no coagularse n u n c a , ni por el frió, ni porel calor, ni por el alcohol, ni por los ácidos. Se halla ence-rrado en u n a especie de cápsula membranosa. Esta cavidad,entre la córnea y el iris, comunica por la pupila con otrallena del mismo humor; las dos cavidades se llaman c á m a -ras del ojo; son desiguales, siendo mayor la de delante.Detrás de la cápsula que contiene el humor acuoso, sehalla otra que encierra el llamado cristalino. Está situadoen la dirección de la pupila, es de u n a consistencia media-na y le forman capas concéntricas, cuya consistencia esmenor á medida que se alejan del centro, por manera quelas externas son flúidas; es transparente como un cristal.La membrana que le sostiene, es también transparente y,a d e m á s , elástica, para dejar al h u m o r los movimientos li-bres. El cristalino está en forma lenticular, y en su centrotiene como dos líneas de espesor. El humor acuoso de lasegunda cámara no le permite el contacto en la cara inte-rior del iris ó la ú v e a ; esta separación tiene un objeto im-portante, porque, estando la úvea cubierta de un barniznegruzco que se desprende con facilidad, su contacto hu-biera empañado el cristalino, destruyendo ó debilitando lavisión.En la cavidad que resta entre el cristalino y la retina, sehalla el humor vitreo, encerrado en u n a membrana llamadapor los antiguos hyaloides, y por los m o d e r n o s , desde Rio-l á n , m e m b r a n a vitrea. Este humor es gelatinoso, viscoso,está distribuido en celdillas, es menos denso que el cristali-no y más que el acuoso; llena las tres cuartas partes de lointerior del ojo; su figura es la de una esfera á la cual sehubiese corlado un segmento igual á un tercio de su vo-lumen. En su convexidad posterior está cubierto por laretina.9. Los ojos se hallan en un sitio elevado para descubrirmejor los objetos; y tan acertado es su lugar, que, si se losimagina en otro punto, se notará que estarían dislocados yejercerían muy mal sus funciones. Como su delicadeza estan extremada, era preciso que estuviesen resguardados consuma precaución; asi es que se hallan en las dos cavidadesUNÍVER! /Q LEONBltliolecs valvertfe y Teílez
  10. 10. llamadas órbitas, rodeados d e paredes que los preservan.La parte saliente del cráneo les sirve como d e techo; lascejas, al paso q u e frunciéndose templan la impresión d eu n a luz demasiado v i v a , desvían el sudor q u e caería sobreellos y les irritaría; los párpados, como las hojas d e u n aventana, se cierran cuando necesitamos del sueño, y duran-te la vigilia se mueven con suma agilidad, para disminuirla acción d e la luz ó evitar un objeto que pudiera dañar elórgano. Admirablemente próvido el Autor d e la naturaleza,hizo nacer en los bordes d e los párpados las pestañas, paraque cubriesen y tapizasen bien las pequeñas hendiduras quepudiesen dejar los párpados c e r r a d o s , y para que con suincesante movimiento durante la vigilia sirviesen á manerade a b a n i c o s , ahuyentando los insectos y desviando los d e -más cuerpos que revolotean por el aire.10. Como si n o bastaran tan exquisitas p r e c a u c i o n e s ,la parte anterior del ojo está cubierta con una m e m b r a n atransparente finísima, llamada conjuntiva; ésta es á m a n e r ade un cristal, q u e preserva el órgano de la influencia delaire mientras están abiertas sus ventanas.11. Un órgano tan delicado, y que para recibir la impre-sión d e la luz n o podía estar cubierto con m e m b r a n a s fuer-tes y tupidas, se hallaba expuesto á secarse con el c o n t a c -to del aire, padeciendo continuas irritaciones; esto lo h aprevenido el Autor d e la naturaleza, colocando en la parteanterior d e la órbita u n a glándula, órgano secretorio d e u nh u m o r q u e d e continuo le humedece. Este h u m o r son lasl á g r i m a s , y su cantidad se a u m e n t a con la serosidad q u esale d e la conjuntiva. Así se hallan los ojos en u n estado d eblandura q u e contribuye á su conservación y facilita susmovimientos.Basta el ojo para demostrar la existencia d e u n S u p r e m oHacedor.12. La visión se hace d e esta manera: Los rayos l u m i -nosos q u e salen d e los objetos, atraviesan la córnea y elh u m o r acuoso d e la primera c á m a r a ; en ésta sufren u n arefracción p o r la mayor densidad del medio; a p r o x i m a -dos á la perpendicular por la refracción, entran en la segun-da cámara p o r la pupila; d e allí pasan al cristalino, q u econ su mayor densidad y su forma lenticular los refringecon más fuerza; en seguida atraviesan el vitreo, y, por lin,llegan á la retina, donde pintan inversamente los objetos»esto e s , lo d e abajo arriba y lo d e izquierda á d e r e c h a , yrecíprocamente. Pintada la imagen en la retina y conmovi-do el nervio óptico, se transmite la impresión al cerebro, yentonces hay la sensación que llamamos ver.13. Cuando la luz que hiere la retina es demasiado viva,el iris se dilata, c o n lo cual la pupila se estrecha y dejapasar menos rayos: asi es que la dilatación d e la pupila estanto mayor cuanto loes la obscuridad en que nos hallamos.De esto dimana la desagradable impresión q u e se experi-menta al pasar repentinamente d e un lugar obscuro á otroiluminado; pues estando dilatada la pupila recoge demasia-da luz. Por el contrario, al pasar d e un lugar iluminado áotro que lo esté m e n o s , n o vemos tan b i e n , porque estandocontraída la pupila n o puede recoger los rayos d e luz, q u ese necesitan en mayor número p o r ser más débiles. Pasadoalgún tiempo, la pupila se pone en el punto conveniente yse restablece el equilibrio necesario para la visión.CAPÍTULO IIIÓrgano del oído.14. El aparato del oído consta: d é l a oreja exterior, ócuenca, ó pabellón, que con el conducto auditivo forma u n aespecie d e bocina acústica; d e la caja del tímpano, cavidadcubierta por u n a membrana delgada y tendida como el par-che d e un tambor; y, p o r fin, d e la oreja interna ó laberinto,formado p o r diversas cavidades, donde se hallan bañadosen un h u m o r acuoso los delicados filamentos del nervio a u -ditivo, órgano d e la sensación.
  11. 11. 15. Las vibraciones del aire causadas por el choque d elos c u e r p o s , recogidas por la cuenca, entran en el conductoauditivo, cuyas sinuosidades las aumentan hasta q u e lleganá la m e m b r a n a q u e cubre la caja del tímpano. Ésta es m u yá propósito para recibir las vibraciones, y a por su tensión,ya porque la caja está llena d e un aire continuamente reno-vado por un conducto que comunica con la b o c a , llamadotrompa de Eustaquio. Por fin. desde dicha m e m b r a n a se c o -munica la vibración á la cavidad donde reside el nervio a u -ditivo, el cual está unido con el cerebro, centro d e todas lassensaciones.16. La colocación del órgano del oído en u n a d e las par-tes más elevadas del cuerpo facilita la percepción d e los so-nidos; y e s d e notar q u e este órgano, siéndonos siemprenecesario para avisarnos las alteraciones que se verifican ennuestro alrededor, n o tiene v e n t a n a s : se halla abierto c o n -tinuamente; está como d e centinela para advertirnos d ecualquier peligro, hasta d u r a n t e el sueño. Colocadas lasorejas en los lados, n o es posible u n a posición en q u e sehallen tapadas las d o s : al echarnos sobre u n lado, quedadescubierta la del otro. ¡Cuánta sabiduría!CAPÍTULO IVÓrganos del gusto, olfato y tacto.17. El principal órgano del gusto es la superficie supe-rior y los bordes d e la lengua, a u n q u e n o carecen totalmen-te de"esta sensibilidad la membrana d e la bóveda del pala-dar, las encías y los labios. El sabor se comunica al cerebropormedio d e los nervios, cuyas ramificaciones se extiendenpor todo el órgano externo. El sentido del gusto se halladonde se necesita para discernir los alimentos.18. Como auxiliar del gusto, y también para otros usos,-está sobre la boca el olfato, situado en u n a m e m b r a n a q u ecubre las fosas nasales, y en la cual, á más de otros nervios,se hallan los propiamente llamados olfactivos, por estar e n -cargados especialmente d e esta función.19. El tacto, q u e nos era necesario en todos los puntosdel cuerpo, se halla en todos ellos. Nuestro cuerpo tiene eltejido celular como u n a especie d e cubierta general, cuyaspartes ó laminitas, ajustándose más entre sí á medida que s ea c e r c a n á la superficie, forman u n a nueva membrana, q u ese llama piel ó dermis, e n la cual se distribuye una innume-rable multitud d e nervios conductores d e la sensación. Paraque ésta n o sea demasiado v i v a , y con el fin d e evitar q u ela dermis se secase con el contacto del aire, está cubierta lapiel con la epidermis, m e m b r a n a transparente, m u y delga-da, insensible por carecer d e nervios. Sin la epidermis, s e -ría tan delicada nuestra sensibilidad, q u e los vestidos, elaire y el contacto d e qualquier cuerpo nos producirían d o -lores insufribles, como se puede conocer por lo q u e nos s u -c e d e en las llagas o en las simples escoriaciones.CAPÍTULO VSistema encefálico.20. Los nervios se hallan extendidos como una red p o rtodo el cuerpo, pero ellos n o bastan para sentir; es nece-sario que estén en comunicación con la masa llamada e n -céfalo, y que se forma: del cerebro, q u e ocupa toda la partesuperior del cráneo desde la frente al occiput; del cere-belo, q u e está en las fosas occipitales, bajo los lóbulosposteriores del cerebro; y, p o r fin, d e la médula e s p i n a l ,contenida en la canal vertebral.21. En el sistema nervioso encefálico se halla el centroMETAFÍSICA •
  12. 12. de las sensaciones y d e los movimientos voluntarios; todos-Ios músculos que reciben nervios procedentes del encéfalo,están sometidos al imperio d e lavolutad. L a experienciaenseña que, en cesando la comunicación d e los nervios conel centro nervioso encefálico, desaparecen el movimientovoluntario y la sensación; siendo notable que, en faltandola sensibilidad d e los nervios, se pierde poco después hastala contractilidad d e los músculos.22. Para formarse alguna ¡dea d e la asombrosa difu-sión de los nervios en nuestro cuerpo, basta considerar q u een cualquier punto que nos piquemos con un alfiler senti-mos dolor, lo que n o sucedería si en aquel lugar n o hubieseun ramo nervioso. P o r manera q u e n o es posible señalaru n a parte d e la superficie d e nuestro cuerpo donde n o a l -cance algún filamento d e esta red admirable.23. S e cree que las sensaciones son transmitidas al cere-bro por los filamentos nerviosos q u e forman las raíces pos-teriores d e los nervios espinales y por las fibras d e la mitadposterior d e la m é d u l a ; pero que el movimiento se comuni-ca á los músculos por las fibras que salen del cerebro y d ela mitad anterior d e la médula espinal, las cuales formanlas raíces anteriores d e los nervios. Estas fibras se unen ensu raíz, y así se hallan en un mismo lugar el centro d e lasensación y el del movimiento voluntario. Como puede su-ceder que se rompa u n a de dichas mitades quedando intactala otra, resultará que, si se rompe tan sólo la que es c o n -ducto del movimiento, continuará la sensibilidad, habién-dose perdido el movimiento Este fenómeno puede aconte-cer, ya por una perturbación orgánica q u e afecte á unasfibras sin l l e g a r á las o t r a s , ya también p o r u ñ a rupturaviolenta. Léese en los Anales d e cirugía d e Francia (enerode 1841) que u n soldado herido d e una cuchillada en el ladoderecho d e la cerviz, quedó paralizado d e dicho lado sinperder la sensibilidad del mismo. Hecha la autopsia, sehalló que la parte anterior d e la médula estaba rota y laposterior intacta.CAPÍTULO VIIncapacidad, de la materia para sentir.24. Hasta aquí hemos examinado las ruedas d e la m á -q u i n a ; hemos visto su movimiento; mas n o hemos encon-trado el agente. E n efecto: los órganos d e la sensibilidadnos ofrecen nervios, fibras, vibraciones, es decir, cuerposen movimiento; pero ¿ q u é relación tiene un cuerpo movi-do con esa afección i n t e r n a , d e conciencia ó presencia ínti-ma , d e la q u e nos damos cuenta á nosotros mismos y lla-mamos sentir? Imagínense fluidos tenuísimos, filamentossumamente delicados, vibraciones rapidísimas; n o se ade-lanta nada; los cuerpos se hacen más sutiles, pero n o dejande ser lo que s o n ; todo esto n o n o s explica nada sobre elfenómeno d e nuestra conciencia. La l u z , reflejando sobreun cuerpo, llega á mis ojos y pinta el objeto en la retina;sea en buen h o r a ; pero ¿ por qué d e esa pintura debe resul-tar la afección que llamamos v e r ? La campana herida hacevibrar el aire; éste comunica su vibración al tímpano, elcual á su vez la transmite al nervio auditivo; se comprendeperfectamente esa serie d e fenómenos físicos; pero ¿ por quédel ligero movimiento vibratorio, experimentado p o r esosfilamentos nerviosos, y d e su continuación hasta el cerebro,ha d e resultar esa sensación q n e llamamos oir? Hágase laaplicación á los demás sentidos, y se verá que la física, laanatomía y la fisiología sólo dan cuenta d e movimientos;nos conducen hasta los umbrales d e u n a región misteriosa;y nos dicen: d e aquí n o puedo pasar. Y dicen bien, porque>en efecto, el fenómeno d e conciencia está separado del fisio-lógico por u n abismo insondable; allí acaba la observacióndel fisiólogo, y se abren las puertas d e la Psicología.
  13. 13. 23. El sujeto q u e experimenta las sensaciones, no esmateria.El ser sensitivo es uno; el mismo q u e ve, es el que oye,el que loca, el q u e huele, el q u e saborea; u n o mismo es elque compara estas sensaciones, y no podria compararlassin experimentarlas; esto nos lo atestigua la conciencia vi-vísima de lo q u e pasa dentro de nosotros. La materia esesencialmente compuesta; rigurosamente hablando, no es unser uno, sino un conjunto de seres; las partes, a u n q u e uni-das, permanecen distintas, y cada una de por si es un ser.Luego la materia no puede sentir.Para hacer más inteligible la demostración, supongamosque los sujetos de las sensaciones sean cinco partes distin-tas: A, B, G, D, E, de las cuales la u n a tenga la sensaciónde ver, la otra la de oir, y asi respectivamente. A sentirá e[color, B el sonido, C el sabor, D el olor, y E el frió, calor úotra sensación de tacto. Como estas partes serán distintas,la u n a no sentirá lo que sienta la o t r a , y así no habrá unser q u e pueda decir: yo que veo soy el mismo q u e oigo,que saboreo, q u e percibo los olores y las impresiones deltacto; fallará, pues, el centro c o m ú n , único, de las s e n s a -c i o n e s , cual lo experimentamos en nuestra conciencia.26. Si se dijese que la una parte comunica su sensacióná la otra, no se adelantaría nada para hacer q u e todas lo sin-tiesen todo, en no suponiendo que todas lo comunican todoá t o d a s ; en cuyo caso resultan dos inconvenientes: 1.°, q u eno hay un sujeto sensitivo, sino cinco; luego también sedestruye la unidad de conciencia, pues se la distribuye encinco sujetos; 2.°, que se multiplican los sujetos sensitivossin necesidad, pues que, si uno lo siente todo, sobran losrestantes.27. Además, cada una de las partes sensitivas sería, ósimple, ó compuesta: si compuesta, cada sensación se distri-buiría en otras, de las cuales se podría preguntar lo mismo;si s i m p l e , entonces ¿ á q u é atribuir las sensaciones á v a -rios sujetos, cuando para cada una se necesita y basta unos i m p l e ?28. La divisibilidad de los cuerpos es u n hecho q u e porsí sólo debe a b r u m a r á los defensores de la sensibilidad de lamateria: cada parte por pequeña que sea se divide en otras,y éstas en otras; por manera que algunos admiten la divisi-bilidad hasta lo infinito, y los que no llegan á tanto, confie-san que esta divisibilidad se extiende más allá de lo que al-canza nuestra imaginación. Si, pues, la sensación se colocaen un órgano material, se admite por el mismo hecho unn ú m e r o infinito de seres sensitivos, y, por tanto, se destruyeel hecho fundamental de la unidad de la conciencia sensitivaque experimentamos dentro de nosotros.29. ¿Quién podrá persuadirse de q u e no es el propioquien ve la luz q u e quien oye el ruido, q u e no es el mismoel q u e percibe un sabor que el q u e experimenta el calor ó elfrío? Con este hecho tan claro, tan íntimo, se pone en con-tradicción á los que quieren colocar las sensaciones en losórganos materiales. (V. Filosofía Fundamental, libro I I , c a -pitulo II.)30. Á la vuelta de algún tiempo se ha mudado la materiade nuestros órganos, por manera que, en opinión de muchosfilósofos, el hombre q u e ha vivido algunos años, no llevaal sepulcro ni una sola de las moléculas que tenia al salirdel seno de su madre. Establecida la sensibilidad en los ó r -ganos, seria imposible la continuidad de la conciencia sensi-tiva; el sujeto q u e sentiría en la vejez, no seria el mismo q u esentía en la juventud; no conservaríamos, pues, ninguna me-moria de las sensaciones pasadas, y el hombre se converti-ría en una serie de fenómenos que no estarían unidos porningún vinculo. Verdad es que algunos fisiólogos creen q u een medio de la continua transformación se conserva algopermanente: m a s , sea de esto lo q u e fuere, siempre resultaq u e los órganos sufren alteraciones incesantes, las q u e bas-tarían á destruir la continuidad de la conciencia sensitiva,si en ellos residiese la sensación.81. Se replicará, tal vez, que, a u n q u e se cambie la mate-ria, continúa la forma de los ó r g a n o s , y que ella basta parala continuidad de la conciencia; pero esto es apelar al a b -surdo para eludir la dificultad. ¿ Q u é es la forma, separadade la materia? Cna pura abstracción; y un ser abstracto no
  14. 14. tiene fenómenos reales, como lo son las sensaciones. Además,que tampoco es verdad q u e la forma permanezca: con l aedad los órganos cambian d e tamaño, d e figura, d e propie-dades mecánicas y químicas; en todo sufren alteracionesprofundas. Luego nada hay permanente en la organización;y, si n o admitimos un sujeto distinto d e ella, n o es posibleexplicar la continuidad d e la conciencia sensitiva.CAPÍTULO VIIExamen de los sistemas que atribuyen sensi-bilidad á la materia.32. Algunos han sostenido que el principio d e la sensi-bilidad estaba en un fluido llamado nervioso; pero ésta esuna opinión sin fundamento y contraria á la razón. El flui-do, p o r tenue q u e se le imagine, consta d e partes, tantomás movibles y separables, cuanto es mayor su tenuidad;luego militan contra la sensibilidad d e este fluido las mismasrazones con q u e se h a probado que ningún compuesto escapaz d e sentir. (Cap. VI.)33. L o s q u e ponen el principio d e la sensibilidad en elflùido eléctrico, identificándolo con el magnético y galvánico,tropiezan con las mismas dificultades: este flùido, sea el quefuere, tiene parles, y con ellas es incompatible la unidad d ela conciencia sensitiva. Además, semejante opinión se hallasujeta á objeciones gravísimas hasta en el orden puramentefisiológico. He aquí algunos hechos.34. Es indudable que los nervios son los conductores d ela sensibilidad; y, si ésta se verificase por el flùido eléctrico,reinaría la mayor confusión en la sensaciones. Los nerviosestán en contacto unos con otros, se cruzan d e mil modosdiferentes, pues que se hallan extendidos como una red p o rtodo el cuerpo; si la sensación se transmitiese por la electri-•cidad, cada sensación se difundiría en todas direcciones porla infinidad d e los filamentos que la conducirían , lo cualnos haría imposible el sentir nada con distinción y claridad.3o. L a s fibras musculares y los tendones son conductoresde la electricidad, y, no obstante, no sirven para la sensación;¿ p o r qué se hallan los nervios con este privilegio exclusivo?Preciso es buscar la razón en otra parte.36. Aun en los mismos nervios se observa que transmi-ten la electricidad en sentidos opuestos, lo que n o sucedeen la sensación, la cual sólo se comunica de fuera á dentro;a s i como el movimiento voluntario se transmite d e dentroá fuera.3". Si se corta un nervio en varias partes, y éstas se po-nen en contacto por sus c a b o s , se nota que todavía condu--cen la electricidad; esto n o sucede en la sensación; un ner-vio corlado, a u n q u e sus extremidades se toquen, permaneceinsensible.38. Oigamos á los adversarios. Si faltan los nervios ócesan d e comunicarse con el cerebro, la sensibilidad d e s -a p a r e c e ; luego los órganos corpóreos son el sujeto de la sen-sibilidad. Éste es el Aquiles d e los materialistas; y por cier-to q u e n o es menester m u c h a sagacidad para descubrir eldefecto de semejante raciocinio. Es verdad q u e los nerviosy el cerebro son necesarios para la sensación; pero d e estono se sigue q u e resida en ellos la sensación. De q u e u n acosa sea condición indispensable para que se verifique otra,TÍO se infiere que la primera sea el sujeto d e la segunda.39. Cuando decimos que el sujeto que experimenta lassensaciones, es distinto de la materia, no negamos que hayau n a relación entre él y los ó r g a n o s , ni que las funciones d eéstos sean indispensables para q u e haya sensación: sóloafirmamos que ésta n o reside en los órganos; distinguimosijntre el sujeto q u e la experimenta y las condiciones á quepor su naturaleza se halla sometido en esta experiencia.40. Lo que prueba demasiado n o prueba n a d a , y el a r -gumento q u e se n o s objeta adolece d e este vicio. No sonúnicamente los nervios y el cerebro los necesarios para lasensibilidad; ésta desaparece también cuando cesa la circu-
  15. 15. lación d e la sangre; ¿y diremos, por eso, que la sangre es l aque siente? La luz es necesaria para la sensación d e ver, elaire para la d e oir, los fluidos olorosos para la d e oler, l a scualidades d e los cuerpos sabrosos para la del sabor, la d elos cuerpos tocados para la del tacto; ¿ y diremos por esto-q u e la luz, el aire, los fluidos y las demás cualidades mecá-nicas ó químicas d e los cuerpos sean el sujeto de la sensa-ción ? En las obras d e la naturaleza, como en las del arte,hallamos continuamente q u e una cosa es condición necesariapara otra, sin q u e aquélla sea el sujeto d e ésta. En la confu-sión d e dos ideas tan diferentes está el vicio del argumento:,señalada la diferencia, la objeción se disipa como el h u m o .CAPITULO VIIIClasificación de las sensaciones en inmanentesy representativas.41. Las sensaciones son d e dos clases: inmanentes y re-presentativas. Llamo inmanentes á las q u e son simples afec-ciones d e n u e s t a a l m a , sin relación á ningún objeto distinto-de ella; y representativas á las q u e n o s representan algo-fuera de nosotros. En vez d e inmanentes y representativas,también se las podría llamar intransitivas y transitivas; p o r -que las primeras n o nos hacen pasar al objeto, y las s e g u n -das nos trasladan á é l , haciéndonos salir fuera d e los fenó-menos internos. Una sensación dolorosa, como d e una p u n -z a d a , n o nos ofrece nada distinto d e si m i s m a ; sólo experi-m e n t a m o s aquella sensación, simple afección d e nuestraa l m a ; pero la vista d e un cuadro q u e tenemos delante, ó eltacto d e u n a bola que se mueve en nuestra m a n o , son s e n -saciones q u e se refieren á objetos externos representados-por ellas. (V. Filosofía Fundamental, lib. IV, cap. X.)42. Si bien se reflexiona, sólo la vista y el tacto tienensensaciones representativas; pues q u e ni el sonido, ni el olor,ni el sabor pueden ser tomados como copias d e cosas exter-nas. La vibración del aire es un hecho puramente mecánicoque nada tiene d e parecido al fenómeno q u e llamamos oir;el contacto d e las partículas d e los cuerpos olorosos ó s a -brosos es otro hecho también mecánico ó químico, q u e n opuede confundirse con los fenómenos internos oler y gustar.No sucede lo mismo con la vista y el tacto, pues que estossentidos nos comunican sensaciones representativas d e algodistinto d e ellas; y , a u n q u e la sensación esté en nosotros,tenemos, sin embargo, una irresistible inclinación á mirarlacomo u n a especie d e copia d e un objeto que está fuera d enosotros.43. Si experimentamos un dolor agudo semejante al d euna punzada ó d e una q u e m a d u r a , sin que se nos punce niqueme, fácilmente nos convenceremos de que no hay la causaexterna, tan pronto como nos lo haya indicado así la vistaó el tacto; m a s , si vemos un cuadro, nadie nos podrá p e r -suadir que el cuadro n o existe; y, si por casualidad tuviése-mos la imaginación trastornada y los circunstantes n o savisasen d e que nos e n g a ñ a m o s , toda la reflexión n o basta-ría para dominar completamente la impresión p o r la cualnos pareciese q u e h a y en realidad el cuadro. La razón d e ladiferencia está en q u e la impresión dolorosa n o es p o r sunaturaleza representativa; y que, si le atribuímos un objetoexterno, es únicamente por la reflexión, fundada en la ana-logia d e lo que hemos experimentado otras veces; y , por elcontrario, la sensación d e la vista es esencialmente repre-sentativa del objeto que la produce.44. El ejemplo anterior manifiesta que la vista es el sen-tido representativo por excelencia, pues q u e el tacto lo esúnicamente en sensaciones d e cierta clase, y nunca con te-nacidad igual á la d e la vista. El frió, el calor, el dolor d eu n a punzada y otras sensaciones semejantes pertenecen altacto, y, n o obstante, tampoco experimentamos una irresisti-ble inclinación á atribuirles objeto e x t e r n o ; siendo m u y d enotar q u e , a u n estando ciertos d e q u e éste exista, n o mira-
  16. 16. mos á la sensación como copia del mismo, sino como efecto,excepto el caso en que se trata d e figuras.45. La comparación con los tres sentidos restantes c o n -firma la exactitud d e la clasificación, ü n olor, un sabor, losreferimos á un objeto externo, cuando así lo indican las cir-c u n s t a n c i a s ; pero, cuando se ofrecen dudas, n o experimen-tamos repugnancia en achacarlo á la disposición d e nuestrosórganos. Tocante al oído, y a es algo mayor la dificultad, p o rla costumbre de juzgar s o b r e c o s a s externas; mas tampoconecesitamos d e grande esfuerzo para creer que u n ruido s e -mejante al d e una catarata está sólo en nuestros oídos e n -fermos. Pero ¿-quién es capaz d e persuadirse d e que no haylo que ve presente, lo que cree sentir entre las m a n o s ? Cuan-do estuviese la imaginación trastornada, un esfuerzo d e r e -flexión llegará quizás á convencer al maniático d e q u e , enefecto, n o existen los tales objetos; pero esta convicción esde la razón p u r a ; n o alcanza á destruir el juicio instintivo,por decirlo a s í , que nace d e la sensibilidad; y el desgracia-do sufre mucho al ver contradicción entre lo q u e conoce ylo que siente. U n a parte inflamada nos parece que se q u e -m a ; sabemos q u e n o es asi y permanecemos tranquilos;pero, si el doliente, por un trastorno cerebral, creyese verun hierro hecho ascua que se aplica á su mano, ¿quién lo-graría tranquilizarle?46. E s d e notar q u e las monomanías se refieren m u yespecialmente á las sensaciones representativas, p o r q u e ,siendo éstas las que nos ponen en relación con los objetose x t e r n o s , se perturba el uso d e las facultades intelectuales,cuando creemos que hay realmente estos objetos, n o obstan-te que sólo existen en nuestra imaginación. Una alteracióncerebral que excitase continuamente la sensación d e u n olorfétido, produciría u n a m o n o m a n í a verdadera; pero la per-turbación d e las facultades intelectuales del enferno n o s e -ría tan notable, n i tan p r o f u n d a , ni quizás tan difícil d e r e -mediar, como si creyese ver una mano misteriosa q u e leaplica siempre á las narices el cuerpo fétido.47. Nótese que, por ahora, sólo consignamos el carácterrepresentativo d e algunas sensaciones, considerado en g e n e -ral, prescindiendo d e su naturaleza propia y d e su valorcomo criterio. De esto trataremos en los capítulos s i -guientes.CAPITULO IXCaracteres distintivos de la vigilia y del sueño.48. Nuestros medios d e comunicación con el m u n d ocorpóreo son los sentidos; y asi conviene examinar si sutestimonio es u n seguro criterio d e la verdad.49. La cuestión q u e más c o m u n m e n t e se ofrece la pri-mera, es si podemos distinguir el sueño d e la vigilia. Cuan-do soñamos, n o s parece que estamos en comunicación a c -tual con objetos reales, los que, sin embargo, sólo existen ennuestra imaginación. Este error lo padece muchísimas n o -ches gran parte d e los hombres, y lo rectifica todas las m a -ñanas; ¿sería posible que nuestra vida entera fuese un s u e -ño y q u e la vigilia n o fuera más que un sueño de n u e v af o r m a ?50. La claridad y viveza d e las afecciones sensibles n oes suficiente indicio d e la realidad d e los objetos. Si bienes verdad q u e muchas veces las impresiones experimenta-das en los sueños son débiles y obscuras, tampoco puedenegarse q u e con tanta frecuencia son tan vivas y claras,que nos causan afecciones de alegría, tristeza, esperanza,temor, espanto, como si estuviésemos despiertos.51. Por lo dicho se v e que es necesario buscar otras d i -ferencias características; helas aquí: 1." Las sensaciones d ela vigilia están sujetas á nuestra voluntad, n o sólo en c u a n -to á sus modificaciones, sino también á su existencia. Veoeste papel porque quiero; si n o quiero, me lo quilo de de-lante y la sensación d e la vista desaparece. 2.aEn la vigilianos hallamos en la plenitud d e nuestras facultades; reflexio-
  17. 17. mos á la sensación como copia del mismo, sino como efecto,excepto el caso en que se trata d e figuras.45. La comparación con los tres sentidos restantes c o n -firma la exactitud d e la clasificación, ü n olor, un sabor, losreferimos á un objeto externo, cuando así lo indican las cir-c u n s t a n c i a s ; pero, cuando se ofrecen dudas, n o experimen-tamos repugnancia en achacarlo á la disposición d e nuestrosórganos. Tocante al oído, y a es algo mayor la dificultad, p o rla costumbre de juzgar s o b r e c o s a s externas; mas tampoconecesitamos d e grande esfuerzo para creer que u n ruido s e -mejante al d e una catarata está sólo en nuestros oídos e n -fermos. Pero ¿-quién es capaz d e persuadirse d e que no haylo que ve presente, lo que cree sentir entre las m a n o s ? Cuan-do estuviese la imaginación trastornada, un esfuerzo d e r e -flexión llegará quizás á convencer al maniático d e q u e , enefecto, n o existen los tales objetos; pero esta convicción esde la razón p u r a ; n o alcanza á destruir el juicio instintivo,por decirlo a s í , que nace d e la sensibilidad; y el desgracia-do sufre mucho al ver contradicción entre lo q u e conoce ylo que siente. U n a parte inllamada nos parece que se q u e -m a ; sabemos q u e n o es asi y permanecemos tranquilos;pero, si el doliente, por un trastorno cerebral, creyese verun hierro hecho ascua que se aplica á su mano, ¿quién lo-graría tranquilizarle?46. E s d e notar q u e las monomanías se refieren m u yespecialmente á las sensaciones representativas, p o r q u e ,siendo éstas las que nos ponen en relación con los objetose x t e r n o s , se perturba el uso d e las facultades intelectuales,cuando creemos que hay realmente estos objetos, n o obstan-te que sólo existen en nuestra imaginación. Una alteracióncerebral que excitase continuamente la sensación d e u n olorfétido, produciría u n a m o n o m a n í a verdadera; pero la per-turbación d e las facultades intelectuales del enferno n o s e -ría tan notable, n i tan p r o f u n d a , ni quizás tan difícil d e r e -mediar, como si creyese ver una mano misteriosa q u e leaplica siempre á las narices el cuerpo fétido.47. Nótese que, por ahora, sólo consignamos el carácterrepresentativo d e algunas sensaciones, considerado en g e n e -ral, prescindiendo d e su naturaleza propia y d e su valorcomo criterio. De esto trataremos en los capítulos s i -guientes.CAPITULO IXCaracteres distintivos de la vigilia y del sueño.48. Nuestros medios d e comunicación con el m u n d ocorpóreo son los sentidos; y asi conviene examinar si sutestimonio es u n seguro criterio d e la verdad.49. La cuestión q u e más c o m u n m e n t e se ofrece la pri-mera, es si podemos distinguir el sueño d e la vigilia. Cuan-do soñamos, n o s parece que estamos en comunicación a c -tual con objetos reales, los que, sin embargo, sólo existen ennuestra imaginación. Este error lo padece muchísimas n o -ches gran parte d e los hombres, y lo rectifica todas las m a -ñanas; ¿sería posible que nuestra vida entera fuese un s u e -ño y q u e la vigilia n o fuera más que un sueño de n u e v af o r m a ?50. La claridad y viveza d e las afecciones sensibles n oes suficiente indicio d e la realidad d e los objetos. Si bienes verdad q u e muchas veces las impresiones experimenta-das en los sueños son débiles y obscuras, tampoco puedenegarse q u e con tanta frecuencia son tan vivas y claras,que nos causan afecciones de alegría, tristeza, esperanza,temor, espanto, como si estuviésemos despiertos.51. Por lo dicho se v e que es necesario buscar otras d i -ferencias características; helas aquí: 1." Las sensaciones d ela vigilia están sujetas á nuestra voluntad, n o sólo en c u a n -to á sus modificaciones, sino también á su existencia. Veoeste papel porque quiero; si n o quiero, me lo quilo de de-lante y la sensación d e la vista desaparece. 2.aEn la vigilianos hallamos en la plenitud d e nuestras facultades; reflexio-
  18. 18. n a m o s sobre las sensaciones; las comparamos con otras,actuales ó p a s a d a s , y aun con las soñadas, y esto constan-temente. 8.aReina un orden fijo entre las sensaciones d e lavigilia; se suceden p o r u n a conexión d e causas que nos-otros conocemos y modificamos d e mil maneras.52. Lo contrario sucede en el sueño: las sensaciones senos ofrecen, y para atraerlas ó desviarlas nada puede nues-tra voluntad." N o somos capaces d e reflexionar sobre lasmismas, y, si llegamos á tener alguna vislumbre de reflexión,es siempre débil é incoherente. P o r fin, las sensaciones delsueño se nos ofrecen en completo desorden, sin relación álo presente ni á lo pasado; y, cuando están más c o n e x a s ,todavia forman una cadena rota por mil puntos. Son g r u -pos d e fenómenos aislados, sin enlace fijo en el curso d enuestra vida; cada noche nos a l u c i n a n , pero cada m a ñ a n alos despreciamos.53. La prueba evidente d e que hay una diferencia esen-cial entre las impresiones del sueño y las d e la vigilia, estáen q u e durante el sueño n u n c a d u d a m o s siquiera d e la r e a -lidad d e las d e la vigilia; y, despiertos, estamos siempre se-guros d e que las del sueño son vanas ilusiones. (V. FilosofíaFundamental, lib. I I , cap. III.)CAPÍTULO XRealidad externa y caracteres generales de losobjetos de la sensación.54. Señalada la diferencia entre el sueño y la vigilia,resta todavia demostrar q u e á las sensaciones les corres-ponde algo real y fuera d e nosotros; porque sin esta demos-tración los escépticos podrían decir que, a u n cuando hayaen nosotros d o s órdenes diferentes d e fenómenos, cualesson los del sueño y la vigilia, falta saber si unos y otros sonalgo más que puros hechos d e nuestra alma, sin ningún o b -jeto externo, ó bien efectos producidos en ella p o r agentesdesconocidos q u e se complazcan en causarnos ilusiones. Paramayor claridad y solidez, asentaré y probaré varias propo-siciones fundamentales.PROPOSICIÓN 1 . *55. Muchas sensaciones son del todo independientes d enuestra voluntad.Nos sucede con harta frecuencia experimentarlas, n o sólosin quererlo, sino á pesar d e querer todo lo contrario. L l e -gan á nuestros ojos objetos q u e n o s ofenden; atormentanuestros oídos un ruido molesto; el gusto y el olfato reci-ben impresiones regugnan tes; el frío, el calor, los cuerposduros ó ásperos mortifican el tacto; en las enfermedadessentimos dolores crueles, q u e n o podemos evitar.PROPOSICIÓN 2 . A56. Aun en los casos en q u e está en nuestra mano el r e -cibir ó n o determinadas impresiones, éstas se hallan sujetasá condiciones independientes d e nuestra voluntad.Si n o queremos ver la luz, lo conseguimos tapándonos losojos; pero n o s es imposible dejar d e verla, si los tenemosabiertos. Apartándonos d e la lumbre ó del s o l , dejamos d ee x p e r i m e n t a r l a sensación del calor; pero nos es imposibleevitarla permaneciendo junto al fuego, ó expuestos á losrayos solares. Para n o oir un ruido, n o tenemos otro medioque retirarnos; para n o sentir u n mal olor, n o hay otro r e -curso que taparse las narices ó alejarse del sitio; y , si n oqueremos experimentar un sabor ingrato, es necesario q u eno apliquemos al paladar el cuerpo que lo causa.PROPOSICIÓN 3 . a57. Las sensaciones n o son hechos puramente internosque dependan unos d e otros.
  19. 19. La misma sensación nos viene después d e varias muy di-ferentes entre sí. La d e la luz, por ejemplo, la experimentodespués d e una sensación d e tacto que m e resulla d e abrirla ventana; después d e la sensación d e u n a voz a j e n a , q u eme dice que va á abrirla; d e la voz mía, si dispongo que seabra; ó sin ninguna d e esas sensaciones, viéndola abierta d eimproviso. La sensación d e q u e m a d u r a en la mano la expe-rimento después d e la sensación d e aproximarla á la llama,á una a s c u a , á un hierro ardiente. Es fácil multiplicar losejemplos d e esta clase en todos los sentidos.38. C u a n d o las sensaciones dependen unas d e otras, essiempre una limitación d e ciertas condiciones; lo q u e m a -nifiesta que la serie d e los fenómenos n o es puramente in-terna.Constantemente, después de la sensación de abrir u n a ven-tana , veo u n paisaje determinado: aquí la condición d e verel paisaje está continuamente enlazada c o n la d e abrir elpostigo; pero este enlace n o es necesario, pues se alterará,si u n día me encuentro con q u e han levantado u n a paredque me impide la vista.PROPOSICIÓN 4 . a39. Las sensaciones son producidas en nosotros por cau-sas sometidas á un orden necesario.La experiencia atestigua que, poniendo ciertas condicio-n e s , podemos producirnos sensaciones d e t e r m i n a d a s : siquiero ver muchas veces un objeto, le veré en realidad, si-tuándole delante de mí; y otras tantas dejaré d e verlo, si m elo quito d e la presencia. Esto indica que el objeto d e la sen-sación n o es libre para producirla ó no, sino que está sujetoá leyes necesarias en sus relaciones con mis órganos.El mismo objeto, á pesar d e ponérseme delante, n o serávisto si está á obscuras; lo que prueba que, en faltando lacondición d e la luz, la sensación n o puede ser producidapor el objeto. Luego éste se halla en relaciones necesarias,no sólo con mis ó r g a n o s , sino también con otros seres d e lanaturaleza, independientes d e la acción del mismo, como d ela voluntad del ser sensitivo.— a l -eo. Luego las sensaciones son fenómenos producidos ennuestra alma por seres distintos de ella, n o sometidos á nues-tra voluntad, y sujetos á u n orden necesario, entre si, y conrelación á nuestros órganos. Q u e d a , p u e s , demostrado delmodo más riguroso que las sensaciones n o son fenómenospuramente internos, y, por consiguiente, resulta convencidode contrario á la razón el escepticismo idealista.CAPITULO XIAnálisis de la objetividad de algunassensaciones.61. E x a m i n e m o s ahora una cuestión más delicada: ¿quéson los objetos que nos causan las impresiones? ¿ E l m u n d oexterno está realmente representado en ellas como el origi-nal en su copia? Los colores, los sonidos, el olor, el sabor,el calor, el frío y demás cualidades relativas al tacto, ¿ sebailan realmente en los objetos, ó están sólo en nosotros?En el capítulo precedente hemos demostrado la realidady ciertos caracteres generales d e los objetos; ahora se tratade saber si esta realidad, c o m p a r a d a con la sensación, escausal ó representada; en otros términos, si la sensaciónes una imagen ó sólo un efecto del objeto que la produce.62. Nuestras sensaciones d e color, sonido, sabor, olor, yaun algunas afecciones del lacló, n o son representativas d ecualidades que estén en los objetos.63. ¿ Q u é es el calor en cuanto sensación ? E s una afec-ción d e nuestro ser sensitivo; decir, p u e s , que en el objetomismo hay algo semejante, es atribuirle sensibilidad. Un al-filer punzando nos causa u n a sensación dolorosa; y, sin e m -bargo, no nos ocurre siquiera que en la punta del alfiler hayaalgo parecido al dolor d e la punzada. La paridad n o admiteréplica; y, si queremos dar á los cuerpos que nos calientanu n a propiedad semejante al calor que nos c a u s a n , debemos
  20. 20. por la misma razón atribuir dolores á la punta de un alfi-ler, al canto de una piedra, ó á otro cuerpo que nos las-time.64. Es evidente q u e lo mismo se puede decir del frío yalgunas otras cualidades relativas al tacto; y, por consi-guiente, debemos inferir que en los objetos externos hay con-figuraciones, movimientos, propiedades mecánicas ó quími-cas que afectan de cierta manera nuestro ó r g a n o ; pero noque ellos tengan cualidades cuya copia sean las sensa-ciones.65. El mismo raciocinio se puede aplicar al olor, al sabory al sonido. Estas cosas son fenómenos propios del ser sen-sitivo: imaginar en la comida un olor y sabor semejantes álos que nos c a u s a , es atribuirle olfato y gusto; así como elhacer del sonido u n a cosa e x t e r n a , inherente al cuerpo so-noro, es animar hasta los inorgánicos, entre los cuales sehallan los más sonoros.66. Es verdad que por falta de reflexión atribuímos e s -tas cualidades á los objetos, pero lo hacemos de u n a m a n e -ra confusa, sin deslindar entre el carácter de representacióny el de efecto. Ni tampoco es del lodo exacto que traslade-mos estas cualidades á lo exterior: aquí h a y más confusiónde palabras que de ideas. Pregúntese al hombre más igno-rante si cree que en el fuego haya una cosa q u e sienta calorcomo lo siente él, y responderá q u e n o ; preguntadle si enel hielo hay un ser que tenga frío como lo tiene él, y contes-tará q u e no; dirá q u e el fuego causa calor, pero no q u e sien-ta calor; q u e el hielo es fríot mas no q u e tenga frío. Si se leinsta para q u e deslinde bien estas cosas, se verá c o n f u n d i -do, porque no está acostumbrado á reflexionar sobre ellas,á distinguir lo puramente objetivo de lo puramente subjeti-v o ; pero esto no significa que, en el fondo, su equivocaciónsea tanta como algunos creen.61. Con respecto al color ya se ofrecen más dificultadespara deshacerse de la preocupación; porque en realidad te-nemos m u y arraigada la creencia de que en la superficieestán los verdaderos colores, y q u e nuestras sensaciones noson más que una copia de lo que hay en el objeto externo.La luz nos parece una condición necesaria para ver el color,p e r o no el color mismo. No obstante, reflexionando deteni--damente, se descubre que no hay diferencia entre esta sen-sación y las demás.68. La sensación del color, por lo mismo que es sensa-ción, es un fenómeno inherente al ser sensitivo, un hechode conciencia; luego el imaginar fuera de nosotros algosemejante, es atribuir á los cuerpos vistos la facultad dever.69. En apoyo de esta razón de estética transcendental,vienen las observaciones físicas, las cuales manifiestan q u een el color no hay nada fijo, y q u e todo es relativo á nues-tra organización y á los cuerpos intermedios. Un papelblanco resulta pintado de lindos colores si se interpone unprisma que rompa los rayos solares; lo cual muestra q u e ,según la dirección de éstos y el modo con q u e se combinan,experimentamos una sensación diferente. Si el ojo, en vez dehumores perfectamente transparentes, los tuviese colorados,venarnos los objetos de diverso color, según fuese el de losh u m o r e s ; de lo cual nos podemos formar una idea, consi-derando q u e , si miramos al través de un vidrio de color,todo lo vemos del mismo color.70. Sin q u e se llegue á un trastorno de esta naturaleza,es muy probable que hay entre los hombres no pocas dife-rencias en cuanto á los colores: no es regular q u e todos losvean exactamente de una misma m a n e r a , habiendo tantasdiferencias entre los órganos de los varios individuos.71. Estas ligeras diferencias, dado caso que las haya encuanto á los colores, no pueden producir n i n g u n a perturba-ción en el uso común, pues no resultaría ni a u n cuando fue-sen m u y graves, suponiendo, por ejemplo, q u e un individuoviese amarillo todo lo q u e los demás ven encarnado. La r a -zón es p o r q u e , siendo el vicio de nacimiento, las palabras ycuanto sirviese á designar los objetos y las sensaciones seriaio m i s m o : la diferencia estaría en el ser sensitivo, sin quejamás la sospechase ni él ni los otros.72. Esta teoría no despoja, por decirlo a s í , á la natura-ieza de sus galas, sino para trasladarlas á nuestro interior,METAFISICA 3
  21. 21. pues que manifiesta que n o tanto se hallan en los cuerpos,como en el ser admirable que está dentro d e nosotros. Lanaturaleza es hermosa cuando hay un ser q u e conoce ósiente su h e r m o s u r a ; ésta es relativa: si se le quita la rela-ción con lo viviente, deja de ser hermosa, y se convierte enun abismo de tinieblas v silencio. La belleza d e los colores,la armonía d e la m ú s i c a , la fragancia de los a r o m a s , la de-licadeza d e los sabores, están en nosotros; el m u n d o es unconjunto d e objetos que n o encierran nada parecido á estosfenómenos del ser viviente; su belleza principal está en s u srelaciones con nuestros órganos para causarnos las sensa-ciones: lo m á s recóndito y admirable d e este asombroso-misterio está en nosotros mismos.CAPÍTULO XIIRealidad objetiva de la extensión."3. El idealismo quedaría triunfante si n o encontráse-mos en los objetos externos algo parecido á nuestras sensa-ciones : porque s i , después de haber dicho que el color, s o -nido, olor, sabor, calor, frío y otras cualidades sensibles n oson, con respecto á las sensaciones originales que en ellos senos retratan, sino causas que las producen, afirmásemos lomismo d e la extensión, el m u n d o resultaría inextenso, y searruinarían todas las ideas q u e tenemos sobre el universocorpóreo. En tal caso debiéramos admitir que hay seres q u ecausan nuestras sensaciones, pero nada más sabríamos so-bre ellos; y todas las nociones d e la ciencia geométrica n otendrían ninguna correspondencia en la realidad. E s , pues,de la mayor importancia el señalar la diferencia entre lasensación d e la extensión y las demás, probando que aquélladebe tomarse como u n a copia d e lo que realmente existeen la naturaleza, y que los objetos, n o sólo nos causan l aimpresión d e ciertas formas, sino que, en efecto, las poseensemejantes á las que se representan en nuestro interior. D e -mostraremos, p u e s , la siguiente proposición.74. La extensión d e los objetos d e nuestras sensaciones,ó sea el conjunto d e las dimensiones d e longitud, latitud yprofundidad ,, es u n a cosa real fuera d e nosotros.7o. La verdad d e esta proposición se prueba primera-mente por la invencible resistencia que experimentamos alintentar ponerla en duda. Sin dificultad nos persuadimos d eque una manzana que está á nuestra vista, n o tiene nada se-mejante á las sensaciones d e sabor y olor que nos produce,y que ella en sí sólo posee ciertas partículas q u e , llegandoal olfato ó al paladar, n o s causan dichos efectos. Tampocoencontramos inconveniente en creer que el frió ó el calor,tales como los experimentamos al tocarla, n o están en ella,y que sólo posee las cualidades necesarias para excitarlosen nosotros. El leve ruido que hace al manosearla, lo atri-buímos, sin costamos trabajo, á sus vibraciones, que con-mueven un poco el aire. P o r fin, tampoco encontramos mu-cha dificultad en que se diga que su color n o es una cualidad d e la m i s m a , y que sólo dimana d e la manera especialcon que la luz refleja en su superficie. Pero s i , después d ehaber despojado á la manzana d e s u s cualidades sensibles,intentamos despojarla también d e su extensión , afirmandoque no tiene ningún volumen, que carece d e partes, que suextensión se halla sólo representada en nosotros, pero q u een realidad n o hay nada semejante, y sí únicamente un serq u e nos produce la representación interna d e la m i s m a , n o ses imposible asentir á semejante paradoja, y todos los e s -fuerzos d e la voluntad n o bastan á dominar la voz d e la n a -turaleza. ¿Quién es capaz d e persuadirse d e que su propiocuerpo n o tiene parte a l g u n a ; que n o es largo, ni ancho, nih o n d o ; que lo mismo son los objetos que le rodean ; que n ohay distancias; q u e n o hay cosas grandes ni pequeñas; yque todo cuanto significamos con estos nombres n o son másque apariencias, fenómenos puramente internos, causadosen nosotros por seres que n o tienen nada semejante?76. Mientras nos resta en los objetos la extensión, expli-
  22. 22. carnos cómo nos pueden causar las sensaciones, porque deellos salen columnas de fluidos que afectan nuestros órga-nos; su superficie se aplica á la de nuestro cuerpo para p r o -ducirnos las sensaciones del tacto, y en ella se reflejan losrayos de luz que vienen á nuestros ojos; pero, si no hay enlos objetos extensión, no hay partes, no pueden enviarnosefluvios, ni ofrecernos superficies; todo se trastorna en nos-otros y fuera de nosotros.TI. La geometria es una de las ciencias más ciertas yevidentes; y, sin embargo, desaparece del todo si quitamos álos objetos la extensión. Claro es que, al hablar de volúme-nes, superficies y líneas, no tratamos de estas cosas en cuan-to están en nuestro interior, sino en cuanto se hallan en loexterior, ó reales ó posibles. Admitiendo la hipótesis idealis-ta, la geometria se reduce á combinaciones de hechos p u r a -mente internos, á los cuales no se sabe que correspondaningún objeto real ni posible; por consiguiente, pierde sunaturaleza; y una de las ciencias más ciertas y evidentes sereduce á un juego de palabras cuando se quieran hacer apli-caciones de ella en lo exterior.78. Las ciencias naturales desaparecen también, en fal-tando la extensión. Asi, por ejemplo, cuando la catóptricaasienta que en la luz el ángulo de reflexión es igual al án-gulo de incidencia, no podrá significar otra cosa sino queen la apariencia de eso que llamamos l u z , la apariencia delángulo de reflexión es igual á la apariencia del ángulo deincidencia. Cuando la mecánica establece que las fuerzas deuna palanca están en razón inversa de la longitud de susbrazos, sólo podrá significar que la apariencia de las fuerzasde una apariencia de palanca está en razón inversa de laaparente longitud de la apariencia de sus brazos. En vanonos hablará la astronomía de masas, volúmenes, velocidady órbitas de los cuerpos celestes: no habiendo extensiónreal, sólo habrá apariencia de masas, volúmenes, movimien-tos, velocidades y órbitas; fenómenos internos que nos c a u -saría no sabemos qué objeto, y que por una estrañeza in-concebible nos obligaría á creer real y fuera de nosotros loque es meramente ideal y sólo está en nosotros.79. La realidad objetiva de la extensión no se prueba so-lamente manifestando las consecuencias absurdas que de locontrario resultarían, sino también con demostración funda-da en la íntima naturaleza de la cosa. Vamos á ver este n u e -vo género de pruebas; pero adviértase ante todo que al aña-dirla no se quiere dar á entender que la primera no sea su-ficiente. Las demostraciones que estriban en lo absurdo dela suposición contraria, son tan sólidas como las directas;porque no puede ser n u n c a verdad lo que trae consecuenciasrepugnantes. Así, basta el haber manifestado que el negar larealidad objetiva de la extensión trastorna nuestras ideascientíficas, para que jamás se la pueda poner en duda.80. La extensión i analizada ideológicamente, contiene:multiplicidad y continuidad. Multiplicidad, porque ningúnser extenso es uno, en todo el rigor de la palabra; por lomismo que es extenso, consta de partes, las que no se puedenconcebir sin ser distintas entre sí. Continuidad, porque paraformar extensión no basta que haya muchos seres; es preci-so que sean tales y estén en tal modo unidos, que puedanconstituirla. Si concebimos muchos espíritus, nos resultamuchedumbre; y, sin embargo, no concebimos nada exten-so. La aritmética se ocupa siempre en cosas múltiples, y, noobstante, su objeto no es la extensión.81. Tanto la multiplicidad como la continuidad de losseres que nos causan las sensaciones, podemos conocerlaspor medio de éstas. Cuando vemos ó locamos un objeto, lasensación se nos ofrece como de puntos distintos entre sí; yesto se halla en la misma naturaleza de dichas sensaciones.Nos es imposible ver un objeto, si no hay en él partes distin-tas que se nos presenten; la vista de un punto indivisible esu n a idea contradictoria. Lo propio sucede en el laclo, puesque las sensaciones de éste implican por necesidad una dis-tinción entre las parles de cuyo conjunto y situación nosinforma.82. La continuidad, es decir, la disposición de los objetosbajo esta forma que llamamos extensión, es un hecho que,a u n q u e de cierto existe fuera de nosotros, y esta represen-tado en nuestro interior, no puede sujetarse á riguroso aná-
  23. 23. lisis. Nada significa el decir q u e la extensión es la ocupacióndel espacio, porque faltará entonces explicar en qué c o n -siste la extensión del mismo espacio. Añadir q u e ser extensoes hallarse u n a s partes fuera de otras, tampoco aclara nada,porque ese fuera no es concebible en no habiendo extensión;luego entonces se explica la extensión por la extensiónm i s m a , y, por tanto, se incurre en el vicio de hacer entraren lá definición la cosa definida.88. Parece, pues, q u e nos es preciso mirar la extensiónexterna, como un hecho q u e no podemos analizar, sino paradescubrir en él la multiplicidad y sujetarle á medida; y q u esu representación interna la debemos considerar tambiéncomo un hecho primitivo de nuestro espíritu, q u e se des-arrolla en nosotros tan pronto como se ponen en ejercicio lasfacultades sensitivas.84. Aquí se nos puede objetar u n a dificultad. La exten-sión, como representada en nosotros, es un fenómeno p u r a -mente interno, es una sensación; luego, si la atribuímos á losobjetos externos, los hacemos sensitivos. Precisamente, éstees el raciocinio con q u e hemos combatido la realidad objeti-va de las cualidades sensibles, consideradas como tipos denuestras sensaciones; ¿por qué, pues, no se podrá aplicar ála extensión? La dificultad se funda en una paridad, y asiquedará desvanecida, si señalamos las diferencias entre unoy otro caso.8a. La primera y más obvia es q u e el negar la realidadobjetiva de las cualidades sensibles como tipos de nuestrassensaciones, no trastorna nuestras ideas científicas, lo q u esucede si aplicamos lo mismo á la extensión. Así, a u n supo-niendo q u e el raciocinio nos pareciera concluvente tambiénpara ésta, deberíamos d e t e n e r n o s , porque no h a y razón deninguna especie que pueda legitimar la afirmación de unabsurdo. Cuando ocurre un conflicto de esta naturaleza, yel absurdo en que vamos á incurrir es evidente, la razónnos prescribe q u e reconozcamos un vicio oculto en el a r g u -mento q u e nos lleva á lo contradictorio.Esta solución desvanece la dificultad, apelando, por decirloasi, á u n a prudencia filosófica; bastaría para no caer en elabsurdo; sabríamos q u e hay disparidad, pero ignoraríamose n q u é consiste y dónde nace. Asi, conviene señalar otradiferencia, fundada en la misma naturaleza de la cosa.86. La extensión, a u n q u e sea una condición indispensa-ble para el uso de los sentidos, no es objeto directo de n i n -g u n o de ellos. La vista y el tacto, q u e son los q u e se refierená ella de un modo m á s especial, no la sienten directa é inme-diatamente. El ojo para ver los colores necesita tenerlos enuna extensión, pero no ve la extensión m i s m a , sino loscolores; el tacto para sentir la blandura ó la aspereza nece-sita u n a extensión, pero no siente la extensión por si misma,sino las cualidades de blandura ó aspereza inherentes á ella.Así, la extensión debe ser mirada como u n a especie de su-jeto de las cualidades sensibles de los objetos; pero no comoobjeto inmediato y directo de la sensibilidad. Si concibiése-m o s una extensión sin olor, sabor, sonido, color ni propie-d a d alguna relativa al tacto, sería incapaz de afectar n u e s -tros sentidos.81. Esta observación deshace radicalmente la dificultadpropuesta: porque, si la extensión no es un objeto inmediatoy directo de las sensaciones, al afirmarla existente en lo ex-terior, no atribuimos á los objetos extensos el carácter desensitivos; sólo señalamos una propiedad q u e s e n o s haceperceptible por medio de ios sentidos. He aquí, pues, cómono hay paridad entre las sensaciones propiamente dichas yla percepción de la extensión; aquéllas son fenómenos in-ternos q u e no podemos trasladar á lo externo; pero ésta esun hecho externo q u e se nos hace perceptible por conducto•de los fenómenos internos. Las figuras, que no son más q u emodificaciones de la extensión, se hallan representadas ennuestro interior; pero esta misma representación es imposi-ble sin el color; luego, ni a u n la disposición de partes, esto•es, lo más característico q u e hay en la extensión, no se ofre-c e directa ó inmediatamente á nuestras facultades sensitivas.88. La geometría trata de la extensión, prescindiendo delos colores y de toda cualidad sensible; entonces no se hallala ciencia en el terreno de las representaciones sensibles, sinod e las ideas p u r a s , ó sea de los objetos del entendimiento
  24. 24. p u r o : pues q u e la misma geometría, si quiere echar m a n ode las representaciones sensibles ó imaginarias, necesitaemplear el color ú otra cualidad que pueda afectar los s e n -tidos. Este carácter d e la extensión, ó su posibilidad d e serdespojada d e las propiedades sensibles, convirtiéndose enobjeto del entendimiento puro, manifiesta más y m á s q u eella en s í , en su esencia, n o es una sensación, pues que, sital fuese, n o podría ser despojada de su naturaleza sensible;no se puede destruir la esencia d e u n a cosa sin destruir lacosa misma. (V. Filosofía Fundamental, l i b l l , caps. VIIIy I X , y libro I I I , caps, desde el I hasta el VII y desde elXVIII hasta el X X X . )CAPÍTULO XIIIComparación de la aptitud respectiva de la vistay el tacto para darnos idea de los objetos ex-ternos.89. Condillac es d e opinión que el sentido maestro es e ltacto. Según este filósofo, sólo con el tacto podemos f o r m a r -nos idea d e la extensión; d e manera q u e la vista por si solano bastaría para darnos idea de los objetos externos; la vi-sión se nos ofrecería como u n fenómeno puramente subjeti-vo; no conoceríamos figuras, distancias ni movimiento. Estaopinión me parece infundada.90. La vista tiene por objeto propio y característico loscolores; y los colores n o se pueden ni siquiera concebir sinuna superficie. Toda superficie es extensa; luego en la mis-m a sensación visual entra por necesidad la representaciónd é l a extensión.91. Para c o m p r e n d e r cómo la vista puede darnos idea del.volumen, basta considerar q u e éste no es más que el c o n j u n -to d e las tres dimensiones: longitud, latitud y p r o f u n d i d a d ;la vista nos d a idea de las dos p r i m e r a s , como acabamos d edemostrar (90); pues la superficie implica longitud y latitud;luego n o hay inconveniente en q u e n o s la d é de la otra.Se convendrá en la legitimidad d e la consecuencia, si sereflexiona q u e las tres dimensiones q u e constituyen el v o -lumen n o se distinguen sino por la posición que ocupan res-pecto á nosotros; la misma que llamamos longitud del libro,por ejemplo, se convertirá en latitud y profundidad si se lecoloca d e diferente m a n e r a , ó se le mira d e un punto diver-so. Luego el sentido que percibe las dos dimensiones, podrápercibir fácilmente la tercera, con tal que la variedad d e lasposiciones d e los objetos le presente esas dimensiones enuna relación diferente. Esto último sucederá por necesidad,á causa del movimiento d e los objetos ó del o j o ; por consi-guiente, la vista por si sola podría darnos ¡dea d e las figu-ras y d e las distancias sin necesidad del tacto. (Véase Filo-sofía Fundamental, lib. I I , caps, desde el X hasta el XVI.)92. L a m i s m a idea de resistencia, la q u e parece exigirde u n modo más especial el sentido del tacto, puede t a m -bién resultar d e la sola vista. Para concebirlo, adviértase q u eno se trata d e la sensación d e tacto q u e experimentamos alencontrar un cuerpo resistente, porque esto equivaldría ádecir que la vista puede tocar. S e h a b l a , pues, únicamentede la resistencia c o m p a r a d a como simple relación d e u ncuerpo á otro detenido en su movimiento. S e a un cuerporecorriendo la línea b d c;si un observador v e que el cuerpo recorre constantementetoda la línea b c, excepto cuando se interpone otro en elpunto d , inferirá naturalmente que la detención del c u e r p omovido depende d e la interposición d e otro, y, p o r tanto,mirará á este último oomo resistente. Nada más se necesitapara formar la idea de resistencia; pues la sensación d e tactoes un hecho subjetivo del ser q u e la experimenta, y q u en a d a tiene q u e ver con el objetivo, ó sea con la relación delcuerpo detenido al obstáculo q u e le detiene.93. El argumento más grave en favor d e la opinión q u ecombatimos es la experiencia hecha en u n ciego, joven d etrece á catorce a ñ o s , á quien un distinguido cirujano d e
  25. 25. Londres, llamado Cheselden, hizo la operación de las cata-ratas, primero en un ojo y después en el otro. Los fenóme-nos más notables fueron los siguientes:1.° Cuando el niño comenzo á ver, creyó que los objetostocaban á la superficie de sus ojos.2." No se formaba ninguna idea de la relación de lostamaños y distancias. A.sí no sabía concebir cómo la casapodia parecerle á la vista más grande que su gabinete.T a m p o c o alcanzaba á comprender cómo pudiese haber otrosobjetos fuera de los que veía: todo le parecía inmenso.3." No distinguía entre los objetos, por más diferentesque fueran de tamaño y forma.Infiere de esto Condillac que la vista por si sola no nosdaría idea de la extensión ni de las distancias, pues q u e ,habiéndola observado en los primeros pasos de su ejercicio,dió los resultados que acabamos de consignar.94. El argumento es especioso, y por de pronto parececoncluyente; pero, examiuado con severa crítica, se le en-cuentra muy débil. Para comprender bien la solución de ladificultad, conviene también notar alguna circunstancia delhecho.95. El niño antes de la operación no estaba completa-mente ciego: distinguía el «día de la n o c h e ; y, en habiendom u c h a luz, discernía lo blanco, lo negro y lo encarnado.Esta circunstancia es importante, porque manifiesta que elciego debía de tener la costumbre de considerar los objetospegados á sus p á r p a d o s ; de lo cual nos formaremos u n aidea, observando lo que nos sucede cuando cerramos losojos en medio de la luz. Así, pues, ya no es tan extraño queal caer las cataratas creyese que los objetos que se le pre-sentaban más claros estaban en el mismo sitio al cual solíareferir las sensaciones obscuras.96. La confusión de sus sensaciones nuevas, sólo pruebaque la vista, para darnos idea clara y exacta de los objetos,necesita de cierta práctica que le sirva de educación. ¿ Q u ésucedería si á un hombre privado del tacto se le despertasede repente este sentido? Es cierto que sus sensaciones alprincipio estarían en una confusión semejante. La experien-cia de cada día nos enseña que el tacto se perfecciona m e -diante el ejercicio; luego en sus primeros actos estaría en lamayor imperfección.9". Un órgano que ejercía sus funciones por primeravez, debia ser sumamente débil, y transmitir muy mal lasimpresiones. Si nosotros. al pasar repentinamente de lastinieblas á la luz, apenas alcanzamos á distinguir los obje-tos , y á veces no vemos casi n a d a , ¿ q u é debía suceder enquien veia por primera vez y á la edad de trece a ñ o s ?98. En la relación del oculista parece notarse u n a con-tradicción : dice que el niño no discernía los objetos, peroq u e le gustaban con preferencia los más regulares; si unosle agradaban más que otros, los discernía, pues que sindiscernimiento no hay preferencia.99. El no reconocer con la vista los objetos que tenía yaconocidos con el tacto, tampoco prueba otra cosa sino q u eno estaba acostumbrado á comparar los dos órdenes de sen-saciones. Sabia, por ejemplo, que una bola le causaba en eltacto la sensación de un cuerpo esférico, pero ignoraba quésensación debía causarle á la vista; y así no podía verificarel reconocimiento de los objetos hasta que la experiencia lehubiese enseñado á combinar las sensaciones, reuniéndolasen uno mismo, como en su causa c o m ú n .100. Es también de notar que se trata de un niño de trecea ñ o s , fallo, por consiguiente, de espíritu de observación, yque, en el atolondramiento de las primeras impresiones, de-bía de decir mil cosas incoherentes, y mucho más hablandoen una lengua que no entendía, cual era la de las sensacio-nes visuales. Él sabía los nombres de los colores, t a m a ñ o s ,figuras, lindes, movimientos, etc., etc.; pero nada de estopodía haber referido á las sensaciones de la vista: así, hastaque pasase algún tiempo, no pudo responder con exactitud ámuchas preguntas que le harían, por ignorar su significado.El ciego habla de los objetos de la vista; mas para él laspalabras no representan lo mismo que para nosotros.101. La impresión de agradable ó desagradable es algocomún á todas las sensaciones; y he aqui explicado por quéel niño, de quien se dice que no distinguía los objetos, indi-
  26. 26. c a b a , DO obstante, los que le eran más gratos. Cuando se lepreguntaría sobre los límites, tamaños y figuras, n o respon-dería con e x a c t i t u d , ya por la debilidad del órgano, ya porsu atolondramiento, y a por n o entender bien lo q u e se lepreguntaba; pero, al tratarse de las sensaciones de placer, laconfusión desaparecía, comprendía muy bien lo que las pa-labras significaban, y por lo mismo era capaz de señalar ácuál d e los objetos daba la preferencia.102. De estas observaciones inferimos q u e los experi-mentos hechos en el ciego d e Cheselden sólo p r u e b a n : que ,el órgano de la vista n o adquiere la debida fuerza y preci-sión sino con algún tiempo d e ejercicio; q u e sus primerasimpresiones son por necesidad confusas; y q u e , faltando lacostumbre de compararlas entre sí y con las d e otros senti-d o s , han d e inducirnos á juicios inexactos.108. Pero, como lo mismo sucede en todos los sentidos,resulta que Condillac nada adelanta en p r o d e la superiori-dad del tacto. Sin desconocer la utilidad de este sentido parala rectificación d e muchos juicios relativos á la extensión,me parece que, lejos de que se le haya d e levantar sobre losdemás, es uno d e los más inferiores. Limitado á lo contiguo,no puede salvar las distancias, ni apreciar sino objetos muyreducidos; su medio de percepción, la aplicación d e superfi-cie con superficie, es d e lo más grosero y tardío en el ordende la sensibilidad. La vista nos ofrece las estrellas fijas, dis-tantes de nosotros millones d e leguas; el oido nos avisa d elo que acaba d e suceder en sitios muy lejanos; hasta el olfatonos advierte d e la cercanía d e un objeto fétido ó aromático.104. En la naturaleza misma podemos observar que eltacto se halla en los últimos limites del reino a n i m a l ; escomún al hombre con el gusano y el pólipo, y aun algunoscreen que con la hierba llamada sensitiva. En el hombre sehalla con m a y o r perfección que en todos los animales; masesto n o indica s u preferencia sobre los demás sentidos, sinoque estaba destinado á funciones más nobles, entre las cua-les se distingue el concurrir á la formación y rectificaciónde las ideas relativas al mundo sensible. ( V . La Lógica,lib. I , cap. I.)CAPÍTULO XIVQué nos enseñan los sentidos con respecto almundo corpóreo.105. Por el análisis que precede, resulta claro q u e lossentidos n o nos dan á conocer la naturaleza d e los c u e r p o s ;sólo nos ponen en relación con ellos, sin presentarnos d e losmismos otra cosa que la forma d e la extensión. Asi, deslin-dando lo que hay en nuestras sensaciones d e subjetivo y d eobjetivo, hallamos q u e , excepto la extensión y el principiod e causalidad (física ú ocasional) residentes en los cuerpos,todo lo demás es subjetivo.106. La sensibilidad externa es una facultad que se n o sha dado para la conservación del individuo y d e la especiey para conocer las relaciones de las partes del mundo cor-póreo entre si y con nuestros órganos: estas relaciones, e ncuanto sujetas á nuestros sentidos, se reducen á extensión ymovimiento.10". Resumiendo esta doctrina, diremos.que los sentidosnos enseñan lo siguiente:1.° Existencia d e seres distintos d e nosotros, y que (físi-ca ú ocasionalmente) influyen sobre nosotros.2." Distinción d e los seres entre sí, y, por consiguiente,multitud en s u conjunto.3.° Sujeción d e los mismos seres á leyes constantes, ensus relaciones entre sí y con nuestros órganos.4.° F o r m a c o m ú n á todos ellos, é indispensable para q u ep o d a m o s percibirlos sensiblemente: la extensión ó la conti-nuidad.5.° Mudanzas d e la relación d e las extensiones parcialesc o n la extensión total, ó en el espacio; lo que constituye elmovimiento.
  27. 27. c a b a , DO obstante, los que le eran más gratos. Cuando se lepreguntaría sobre los límites, tamaños y figuras, n o respon-dería con e x a c t i t u d , ya por la debilidad del órgano, ya porsu atolondramiento, y a por n o entender bien lo q u e se lepreguntaba; pero, al tratarse de las sensaciones de placer, laconfusión desaparecía, comprendía muy bien lo que las pa-labras significaban, y por lo mismo era capaz de señalar ácuál d e los objetos daba la preferencia.102. De estas observaciones inferimos q u e los experi-mentos hechos en el ciego d e Cheselden sólo p r u e b a n : que ,el órgano de la vista n o adquiere la debida fuerza y preci-sión sino con algún tiempo d e ejercicio; q u e sus primerasimpresiones son por necesidad confusas; y q u e , faltando lacostumbre de compararlas entre sí y con las d e otros senti-d o s , han d e inducirnos á juicios inexactos.108. Pero, como lo mismo sucede en todos los sentidos,resulta que Condillac nada adelanta en p r o d e la superiori-dad del tacto. Sin desconocer la utilidad de este sentido parala rectificación d e muchos juicios relativos á la extensión,me parece que, lejos de que se le haya d e levantar sobre losdemás, es uno d e los más inferiores. Limitado á lo contiguo,no puede salvar las distancias, ni apreciar sino objetos muyreducidos; su medio de percepción, la aplicación d e superfi-cie con superficie, es d e lo más grosero y tardío en el ordende la sensibilidad. La vista nos ofrece las estrellas fijas, dis-tantes de nosotros millones d e leguas; el oído nos avisa d elo que acaba d e suceder en sitios muy lejanos; hasta el olfatonos advierte d e la cercanía d e un objeto fétido ó aromático.104. En la naturaleza misma podemos observar que eltacto se halla en los últimos limites del reino a n i m a l ; escomún al hombre con el gusano y el pólipo, y aun algunoscreen que con la hierba llamada sensitiva. En el hombre sehalla con m a y o r perfección que en todos los animales; masesto n o indica s u preferencia sobre los demás sentidos, sinoque estaba destinado á funciones más nobles, entre las cua-les se distingue el concurrir á la formación y rectificaciónde las ideas relativas al mundo sensible. ( V . La Lógica,lib. I , cap. I.)CAPÍTULO XIVQué nos enseñan los sentidos con respecto almundo corpóreo.105. Por el análisis que precede, resulta claro q u e lossentidos n o nos dan á conocer la naturaleza d e los c u e r p o s ;sólo nos ponen en relación con ellos, sin presentarnos d e losmismos otra cosa que la forma d e la extensión. Así, deslin-dando lo que hay en nuestras sensaciones d e subjetivo y d eobjetivo, hallamos q u e , excepto la extensión y el principiod e causalidad (física ú ocasional) residentes en los cuerpos,todo lo demás es subjetivo.106. La sensibilidad externa es una facultad que se n o sha dado para la conservación del individuo y d e la especiey para conocer las relaciones de las partes del mundo cor-póreo entre si y con nuestros órganos: estas relaciones, e ncuanto sujetas á nuestros sentidos, se reducen á extensión ymovimiento.10". Resumiendo esta doctrina, diremos.que los sentidosnos enseñan lo siguiente:1.° Existencia d e seres distintos d e nosotros, y que (físi-ca ú ocasionalmente) influyen sobre nosotros.2." Distinción d e los seres entre sí, y, por consiguiente,multitud en s u conjunto.3.° Sujeción d e los mismos seres á leyes constantes, ensus relaciones entre sí y con nuestros órganos.4.° F o r m a c o m ú n á todos ellos, é indispensable para q u ep o d a m o s percibirlos sensiblemente: la extensión ó la conti-nuidad.o.° Mudanzas d e la relación d e las extensiones parcialesc o n la extensión total, ó en el espacio; lo que constituye elmovimiento.
  28. 28. 6.° Todos los medios para apreciar otras cualidades delos c u e r p o s , y a sea en s u s relaciones m u t u a s , ya con nos-otros, se reducen á determinar sus efectos por las modifica-ciones d e la extensión. Los grados d e calor ó d e frío sonmedidos por la altura del mercurio en el termómetro; paraotras variaciones atmosféricas nos sirve el barómetro; y, engeneral, la intensidad d e las fuerzas mecánicas y químicas laapreciamos por medidas del movimiento, esto es, p o r rela-ciones en la extensión. (Y. Filosofía Fundamental, lib. 111,cap. III.)CAPÍTULO XYLa imaginación, ó sea la representación sensibleinterna. Su necesidad y caracteres.108. Las sensaciones externas son insuficientes para di-rigirnos en las relaciones con el mundo corpóreo; por cuyarazón se nos h a dado la facultad d e reproducir en nuestrointerior, y sin l a presencia de los objetos, las impresionesque ellos nos h a n causado. Á esta facultad se la llama i m a -ginación ó fantasía.109. Para convencerse d e la utilidad y necesidad d e laimaginación, considérese lo q u e resultaría, si ella nos falta-se. Sólo podríamos tener relaciones con los objetos presen-tes; pues que, n o habiendo representación interna, perdería-m o s la memoria d e las sensaciones tan pronto como dejasende existir. Esto haría imposible el satisfacer las necesidadesde la vida. No conoceríamos el alimento q u e otras veces h u -biésemos t o m a d o ; n o acertaríamos á volver á nuestra habi-tación, ni la reconoceríamos, a u n q u e la encontrásemos porcasualidad. No teniendo memoria d e nada, n o sabríamos loque anteriormente nos ha sucedido; careceríamos d e unidadde conciencia; y u n a sensación recibida pocos momentosantes, n o s sería tan indiferente y desconocida, como si lahubiese recibido otro hombre en el pais m á s remoto. P o rdonde se manifiesta q u e la facultad d e reproducir en nues-tro interior las sensaciones pasadas, nos es absolutamentenecesaria, y q u e el Criador nos h a dotado d e ella, para quelos fenómenos sensibles n o fuesen en nosotros u n a serie d ehechos inconexos que á nada pudiera conducir.110. La imaginación es una especie d e continuación d elos sentidos; pues q u e sólo representa lo q u e ellos nos hantransmitido alguna vez; pero se distingue por ciertas p r o -piedades características q u e importa consignar.111. Una d e las cualidades distintivas d e la sensibilidadimaginaria está en q u e nos ofrece s u s representaciones e n -vueltas con la idea del tiempo. Al recordar un paisaje q u ehemos visto, se nos presenta en nuestro interior el paisaje,no d e una manera absoluta, sino como reaparición d e u n asensación pasada, lo cual d a á la representación el carácterde recuerdo. Si se n o s hiciese la descripción d e un paisajeno visto por nosotros, su representación n o se nos ofreceríacon el carácter d e recuerdo, sino como un producto d enuestra fantasía excitada por la narración.112. Reflexionando sobre esta cualidad, se echa d e verque nos era absolutamente necesaria, para n o andar perdi-dos continuamente en un laberinto d e representaciones inco-n e x a s ; la mania y la locura consisten en esa confusión d elo real con lo puramente imaginario, y el linaje h u m a n ono debía ser una reunión d e maniáticos y d e locos.113. La imaginación n o sólo nos reproduce las sensacio-nes pasadas, sino q u e sigue en esto un orden que es el m á sconveniente para nosotros. Al recordar un lugar ó tiempo,recordamos naturalmente las varias sensaciones que hemosrecibido en ellos, a u n q u e sean m u y diversas. La unidad d elugar ó tiempo Ies sirve d e lazo.114. Esta unión d e las sensaciones pasadas por el vincu-lo del lugar ó del tiempo, dimana d e que, habiendo sido r e -cibidas en un mismo tiempo ó lugar, la impresión orgánicade éstos queda naturalmente ligada con la d e las sensacio-nes particulares; y así, en reproduciéndose la u n a , se r e -produce naturalmente la otra.

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