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Momentos, cosas y cuentos (el hombre del martillo)

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  1. 1. Cuento EL HOMBRE DEL MARTILLO Por Adán Meza Álvarez 05-06-03 Eso es todo… ¡Ah! El martillo, ¡Qué torpeza! ¿Qué pensaba hacer sin él? Aquí está. ¿Dónde lo pongo? no traigo en donde echarlo, odio cargar cosas. Si, si en el cinto, mmm... pareceré carpintero. Bueno mejor lo llevaré en la mano, si así está mejor. ¿Las llaves? Cierro la puerta ,giro hacia la derecha, dos vueltas, ok ya voy. Quien sale de casa sin llaves a conciencia, es por que no piensa regresar, yo traigo las mías en la bolsa izquierda de mi pantalón, siempre lo hago. Camino media cuadra, espero el camión… Allí viene, es el mismo de todos los días, un día más, pero hoy se siente diferente. Ya estoy abordo, colgado como murciélago del este tuvo apestoso a fierro, pero si lo suelto me caigo. Tanto he planeado este momento que nada saldrá mal, el martillo, los clavos y... bueno lo demás. ¡Señora quítese! Me estorba, me aplasta contra el asiento, si no estuviera tan gorda tal vez seríamos más felices en este camión. Maldita ha de querer que use mi martillo en ella, que le perfore el cráneo de un solo golpe, me vió. ¿Habrá leido mis pensamientos? Qué importa, seguro sabe my bien que se hechó sobre mí. La gente es masoquista por naturaleza, esta señora incitándome a semejante barbaridad. No sabe lo que hace!!! pero no lo usaré en ella, tengo mejores planes. El edificio está cerca, unas cuadras mas y… el timbre, ¡timbra!, maldita sea no sirve. ¡Que novedad! ¡Bajan!¡ bajan! puf, me caigo, ¡ha! me golpee con el tuvo en la cabeza por el frenón. Le gritaría de cosas, pero solo es otro necio, estúpido víctima como los demás del va y ven de todos los días, uno igual a otro. Ese chofer que se aleja no se imagina quien bajó del camión, en realidad pocas veces sabe quien lo aborda, en su ignorancia debe ser más feliz. Allí está el edificio, caminando son solo dos minutos. Bien, ya estoy aquí. Este nerviosismo no estaba previsto. Solo esto me faltaba, bueno nadie lo notará, no han notado otras cosas mas evidentes en mi... o si, bueno eso no importa jahjahja. ¡Mensos! Más bien se disimular. Toc…toc.
  2. 2. Hola buena tarde. Tengo que ser amable, como siempre. Licenciado pase. ¡Licenciado! ¡Licenciado! ¡Licenciado! Todos me saludan como si en realidad me estimaran o yo a ellos. No saben que me hartan sus gritos, pero ni uno mas. Solo hago lo que vine a hacer y me largo. Hoy no estoy dispuesto a soportar a nadie, simplemente no estoy de humor. No diré nada, no es necesario, ya saludé y con eso basta. Nadie se imagina como lo haré. Solo lo haré sin dar explicaciones de por qué así, ellos tienen la culpa de que sea así, no se organizaron a tiempo. ¡No licenciado¡ ¡No! No le haga nada, déjelo así, por lo va a dañar. Ya lo atravesó con el clavo, ¡déjelo. No creí que se sintiera tan bien clavar de esta manera. El martillo y yo somos uno. Pero ellos, me molestan hoy más que otros días. Esa cara de estúpidos me divierte, hablan y gritan si saber porque lo hacen, creyedo que los voy a escuchar como todos los días, si se vieran en un espejo con esa expresión jamás la volverían a hacer. Parece que los ojos se saldrán de sus órbitas. Esto... Aquí está bien. No entiendo porque tanto alboroto si solo estoy clavando mis "obras de arte." - ¿Por qué clavó sus dibujos en la pared? ¿Acaso hay otro lugar para eso? Solo resta esperar. Saludo amablemente, sonrío. ¿Por qué me ven así? No importa. Cinco minutos, unas cuantas fotos junto a mis dibujos y me voy. - Ya es hora ¡Hasta luego¡ Le grito al guardia y me voy sin decir nada mas, si quieren saber mas de mi, ya les dejé mi obra, que la interpreten si pueden. Otra vez el camión. Que flojera me dan estas cuadras. ¿Mi martillo? Ah si, aquí lo traigo. Que tonto si lo traigo en la mano, ja ja ja. Y ahora solo me resta llegar a casa para guardarlo y bueno seguir mi vida. Ya no tiene ninguna utilidad en mi mano. Levanto la mano para pedir que se detenga el camión… no hay asiento libre. ¡Qué novedad! Otra vez iré parado. Será por poco rato. Unos minutos y… ¡Bajan! ¡Bajan! A estos camioneros si que les gusta que les griten. ¡Bajan! Finalmente se detuvo y claro, frenón y su respective cabezazo. Camionero estúpido, ahora tengo que cruzar la calle por su culpa. Qué mas da, ya casi estoy en casa. El semáforo está en rojo allá voy casa. Ya estoy de otro lado, qué extraño presentimiento. Es como si algo fuera a pasar. ¡Bah! Nunca he creído en esas cosas. No pasa nada, una cuadra, una calle por cruzar y media a mi casa. No está mal, hay quienes caminan
  3. 3. kilómetros para llegar a la suya y no les pasa nada, además la gente de por aquí ya me conoce. Allí está la casa. Cinco pasos más. ¡Oh! Este camión está sobre mí. ¡Que dolor! hizo que me golpeara el pecho con el martillo, se siente calientito, respiraré profundo, ya está. Ya se me pasará. ¿Por qué grita esa gente? Esos llantos me erizan la piel. No volteará para atrás. No me gusta ver a ala gente demostrando así sus emociones. Mi mano… ¿Qué tiene mi mano? Y este calor en el pecho, que raro. ¡Ah! Es sangre. Casi llego a casa allí me reviso. ¡Maldita curiosidad! Veré que pasó atrás. Con razón gritan, si hay un hombre tirado en el piso. Su camisa es del mismo color que la mía. Que coincidencia, y con ese camión encima, seguro está muerto. ¿Qué trae en la mano, no la sangre no me deja ver. Lo que sea el camión se la apretó contra el pecho. ¡Pobre hombre! Y siguió caminando…  

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