Domar a un jeque                              Olivia Gates                     1º Pasión entre dunasDomar a un jeque (2012...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas                                         Capítulo 1     Johara Naza...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      Aún recordaba ese momento muchas veces. Sabía que habría podi...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Pero lo difícil sería encontrar valor para acercarse a Shaheen...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      La mirada de Shaheen.      El impacto fue tan tremendo que se...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      Aidan sonrió de nuevo.      —No vas a perder tu libertad. He ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Durante años, Shaheen había sabido que no podría escapar a su ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —¿No sabes qué decirme o no sabes por dónde empezar?      —Sh...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas                                         Capítulo 2      ¿No la hab...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Y sólo había una razón para que se hubiera acercado a ella: Sh...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —Ya, claro.     —¿Crees que no tengo imaginación? ¿Que usaría...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —Era una pregunta hipotética.    Shaheen se detuvo. Pero no s...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Acababa de llamarle «la criatura más bella del universo». Segu...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      Shaheen suspiró exageradamente.      —Ojalá me hubieras dicho...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas                                         Capítulo 3      Johara no ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Todo lo que decía parecía dejar claro que pensaba que no iban ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Se acercó un poco más, su corazón latiendo como las alas de un...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Shaheen pasó las manos por su espalda hasta tocar la cremaller...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      La habitación, de techo altísimo, estaba iluminada sólo por u...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Nunca había imaginado la tierna ferocidad con la que la devora...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     En medio del delirio, lo vio beberla, devorarla, disfrutar de ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —B’Ellahi! —exclamó él, intentando apartarse.      Johara enr...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     —Esto ha sido lo mejor que me ha pasado nunca. Tú eres lo mejo...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas                                         Capítulo 4      En cuanto ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Y ya no podía imaginar la vida sin ella. La vida que Gemma hab...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      Consideró la idea de entrar allí desnudo pero al final se pus...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     No había pensado en absoluto. No había pensado más que en ella...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas    No había manera de escapar. Tenía que enfrentarse con la verdad...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —Mejor —dijo Shaheen.      Debería contentarse con que hubier...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas    —Estás exagerando. Todas las candidatas son jóvenes bellas, int...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunasla amenaza de guerra con el reino de Azmahar y, además, era imperat...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas                                         Capítulo 5      Shaheen pe...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —Pareces nervioso, hermano. ¿Has fumado algo para soportar es...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas        Harres chascó los dedos frente a su cara.        —Despierta...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     Él no la había reconocido pero ella tenía que saber quién era ...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      —Estoy aquí mismo, no habléis de mí en tercera persona —les d...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas    Pero era el comportamiento de los hombres lo que hizo que se of...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas      Porque allí estaba. Gemma. Johara.     Allí estaba, con el ve...
Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas     —No quería que esto pasara —empezó a decir Johara, sollozando ...
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Gates, olivia   domar a un jeque - 01 pasión entre dunas
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Gates, olivia domar a un jeque - 01 pasión entre dunas

9.213 visualizaciones

Publicado el

Harlequin Iberica

Publicado en: Educación
0 comentarios
6 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
9.213
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
4
Acciones
Compartido
0
Descargas
196
Comentarios
0
Recomendaciones
6
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Gates, olivia domar a un jeque - 01 pasión entre dunas

  1. 1. Domar a un jeque Olivia Gates 1º Pasión entre dunasDomar a un jeque (2012)Título Original: To Tame a Sheikh (2010)Serie: 1º Pasión entre dunasEditorial: Harlequin IbéricaSello / Colección: Deseo 1835Género: ContemporáneoProtagonistas: Shaheen Aal Shalaan y Johara NazaryanArgumento: Estaba decidido a poseerlaEl jeque Shaheen Aal Shalaan se fijó en ella en una fiesta y enseguida decidió quesería suya. Tras intercambiar unas cuantas palabras, Shaheen tuvo a lamisteriosa mujer en su cama, donde ella despertó las pasiones que se había estadonegando durante tanto tiempo. Entonces, el jeque descubrió la verdaderaidentidad de su amante. Era Johara, su amiga de la infancia, ahora convertida enuna mujer bellísima sin la que no podía vivir. Sin embargo, su puesto en la casareal de Zohayd exigía un matrimonio de Estado. Pero ¿cómo iba a darle laespalda a la mujer que esperaba un hijo suyo?
  2. 2. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Capítulo 1 Johara Nazaryan había ido a ver al único hombre al que había amado en todasu vida. Antes de que él se casara con otra. Su corazón latía con una mezcla de anticipación, miedo y desesperaciónmientras miraba a los elegantes invitados a la despedida de soltero que su socio,Aidan McCormick, había organizado en honor de Shaheen. Pero no había ni rastro del príncipe Shaheen Aal Shalaan. Johara respiró profundamente mientras se escondía un poco más en unaesquina, esperando no llamar demasiado la atención. Agradecía el tiempo extra paracalmarse, aunque la espera estaba poniéndola nerviosa. Aún no podía creer que hubiera decidido volver a verlo después de doce años. Durante ese tiempo había leído todo lo que se publicaba sobre él, incluso lohabía visto alguna vez, de lejos. Pero aquella noche estaba decidida a acercarse aShaheen para saludarlo. Shaheen. Para todo el mundo, era un príncipe de Zohayd, un reino del desierto, el hijomás joven del rey Atef Aal Shalaan y la difunta reina Salwa. También era unempresario que, en los últimos seis años, se había convertido en uno de los máspoderosos en el mundo de la construcción y el transporte. Para Johara, siempre sería el chico de catorce años que había salvado su vidaveinte años atrás. Entonces ella tenía seis años y era su primer día en el palacio real de Zohayd. Supadre, un estadounidense de ascendencia armenia, había sido nombrado ayudantedel joyero real, Nazeeh Salah. Mientras su padre se entrevistaba con el rey, ella había salido al balcón y,siendo como era una niña, se asomó demasiado y quedó colgada del alféizar. Acudió mucha gente al escuchar sus gritos pero nadie era capaz de llegar hastaella. Su padre había lanzado una cuerda desde el balcón para que se agarrase a ella ycuando Johara intentaba hacerlo, alguien le gritó que se soltara. Asustada, miro haciaabajo… Y entonces lo vio. Parecía estar demasiado lejos pero mientras su padre le gritaba que se agarrasea la cuerda, Johara se soltó, dejándose caer más de diez metros, sabiendo que él laatraparía. Y tan rápido y precioso como el halcón que le daba nombre, Shaheen lo habíahecho. Nº Páginas 2-90
  3. 3. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Aún recordaba ese momento muchas veces. Sabía que habría podido agarrarsea la cuerda pero había elegido confiar su seguridad a una magnífica criatura que lamiraba con un destello de seguridad en sus brillantes ojos dorados. A partir de ese día había sabido que siempre sería suya. Y no sólo porque lahubiera salvado. Shaheen se convirtió en el mejor amigo de su hermano mayor,Aram, y en mucho más para ella pero Johara sabía que su sueño de ser suya algúndía era imposible. Shaheen era un príncipe, ella la hija de un empleado de palacio. Aunque con eltiempo su padre se había convertido en el joyero real, con la importanteresponsabilidad de conservar el tesoro de la nación, las joyas llamadas El Orgullo deZohayd, seguía siendo un empleado, un extranjero de origen humilde que habíalogrado aquel puesto gracias a su talento y a su trabajo. Pero Shaheen no la hubiese mirado aunque fuera la hija del noble más noble delreino. Siempre había sido extraordinariamente amable con ella, pero salía con lasmujeres más bellas y sofisticadas desde los diecisiete años. Entonces, Johara estabaconvencida de no poseer belleza y sofisticación suficientes para llamar su atenciónpero para ella era suficiente con estar a su lado, amándolo en silencio. Durante ocho maravillosos años, Shaheen le había ofrecido su amistad y paraestar a su lado, Johara decidió quedarse con su padre cuando sus progenitores sesepararon y su madre, francesa, se marchó de Zohayd para continuar su carreracomo diseñadora de moda en París. Y entonces, de repente, todo terminó. Poco antes de cumplir los catorce años,Shaheen se había apartado abruptamente de su hermano y de ella. Aram, furioso, ledijo a Johara que Shaheen había decidido dejar de confraternizar con los empleados ydedicarse a su papel como príncipe de Zohayd. Aunque Johara no podía creerlo y estaba convencida de que el enfado de Aramtenía otro origen, la repentina distancia del príncipe era una llamada de atención. Porque en realidad, ¿qué podía esperar más que un amor no correspondidohasta que un día Shaheen se casara con una mujer noble, como era su destino? Tal vez se había alejado porque conocía sus sentimientos por él y no queríahacerla sufrir. En cualquier caso, su alejamiento había influido en su decisión demarcharse del país. Unas semanas antes de su cumpleaños, Johara se había ido deZohayd para vivir en Francia con su madre. Y no había vuelto nunca. Desde ese día, encontraba consuelo sólo cuando leía alguna noticia sobreShaheen, amándolo en secreto. Pero pronto no tendría derecho a amarlo y tenía que verlo por última vez. Deverdad tenía que verlo… antes de que se casara con otra mujer. Uno de sus socios, Aidan McCormick, había organizado una de despedida desoltero para él en Nueva York y Johara había decidido acudir a la fiesta. Trabajabacomo diseñadora de moda y joyas, con gran éxito en Francia en los últimos años, y laconsideraron una invitada VIP. Nº Páginas 3-90
  4. 4. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Pero lo difícil sería encontrar valor para acercarse a Shaheen. Y rezaba paradescubrir que lo había exagerado en su recuerdo, a él y sus sentimientos por él. De repente, Johara sintió que se le erizaba el vello de la nuca y se dio la vuelta… Shaheen estaba allí. La gente parecía abrirle paso, su presencia iluminando el salón como si fuese unfaro. Y su corazón se detuvo durante una décima de segundo. Siempre había sido mucho más alto que ella, aunque medía un metro setenta ydos a los catorce años. Ahora medía un metro ochenta con tacones de cuatrocentímetros y Shaheen seguía sacándole una cabeza. Pero aquel no era el Shaheen que ella recordaba. Tenía veintidós años la última vez que lo vio, en Cannes. De lejos daba unatremenda impresión de virilidad, clase y poder… había visto fotografías e imágenessuyas en programas de televisión pero nada de eso podía transmitir el carisma deaquel hombre. Sí, había sido como un dios para ella desde siempre, un magnífico dios deldesierto hecho de misterio y de fuerza. El esmoquin negro se ajustaba a unos hombros dos veces más anchos quecuando lo conoció. No llevaba hombreras en el traje, eso era evidente. Si antes lehabía parecido un joven halcón, ahora tenía la majestad de un halcón maduro. Y eso fue antes de mirar su rostro. Shaheen siempre había sido lo que los medios llamaban «espectacular», con esepelo ondulado de color tabaco y esos ojos únicos de color miel en contraste con supiel morena. De joven era impresionante, ahora era arrebatador. Pero fue su expresión, que traicionaba su estado de ánimo, lo que la hizo sentirun escalofrío. Shaheen no estaba contento. Al contrario, parecía profundamente molesto poralgo. Tal vez los demás no se daban cuenta, pero Johara podía sentirlo. Si lo hubiese encontrado sereno, divertido, relajado se habría atrevido a hablarcon él, pero ahora… En fin, al menos había algo por lo que sentirse agradecida: Shaheen no la habíavisto. Y no se acercaría a él. Acercarse en aquel momento podría tener terriblesconsecuencias. Si ejercía ese efecto devastador en ella sin haberla visto siquiera, ¿quéocurriría si estuviesen cara a cara? Tonta romántica que era, sólo había conseguido una cosa viéndolo aquellanoche: aumentar su pena. De modo que lo mejor sería evitar males mayores. Regañándose a sí misma, Johara dio un paso adelante para salir del salón… ysintió como si hubiera entrado en un campo de fuerza. Nº Páginas 4-90
  5. 5. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas La mirada de Shaheen. El impacto fue tan tremendo que se quedó inmóvil. Sus ojos siempre le habíanparecido como carbones encendidos, incluso cuando la miraba con afecto, pero ahorasentía esa quemazón en los huesos. Había sido un error acudir a esa fiesta, pensó, yno tenía la menor duda de que lo lamentaría el resto de su vida. Se quedó donde estaba, inmóvil, como hipnotizada, mirándolo con el mismofatalismo con el que uno miraría un coche que se acercara a toda velocidad. Shaheen había lamentado desde el primer momento haber ido a casa de Aidan.Y ese malestar se intensificaba con cada paso que daba en aquel salón lleno de genteque hablaba y reía. Debería haberle contado a Aidan que aquella no era una fiesta de despedidapara él sino una pira funeraria. Y allí estaba su amigo y socio, acercándose con una sonrisa en los labios. —¡Sheen! —exclamó, dándole una palmadita en la espalda—. Pensé que habíasdecidido hacerme quedar en ridículo otra vez. Shaheen intentó sonreír. Odiaba que Aidan abreviara su nombre. Sus amigosoccidentales lo hacían porque les resultaba más fácil y en casa porque era la primeraletra de su nombre en árabe. No sabía por qué lo aguantaba. ¿Pero qué era unsobrenombre que no le gustaba comparado con lo que tendría que soportar a partirde aquel momento? —De haber sabido qué clase de fiesta pensabas organizar, lo habría hecho. —Tienes que relajarte un poco, no puedes estar trabajando todo el tiempo —dijo Aidan, pasándole un brazo por los hombros. Shaheen tuvo que disimular una mueca de desagrado. Le caía bien Aidan y, ensu país, las muestras físicas de afecto era habituales entre miembros del mismo sexo.Pero, aparte de su familia, no le gustaba que lo tocasen. Ni siquiera las mujeres conlas que se acostaba. Mantenía relaciones sexuales para relajarse, no porque buscaseintimidad. Apenas podía recordar su último encuentro sexual. Los encuentros carnales, sinla menor emoción, habían perdido su atractivo para Shaheen. Y era lógico, ya que lasmujeres a las que respetaba no despertaban ningún deseo en él. —Te aseguro que prefiero trabajar a este… frenesí. Aidan lo miró, desconcertado. Después de seis años como socios, aquel hombreaún no lo conocía en absoluto. Probablemente porque lo mantenía, como a todo elmundo, a distancia. Pero Aidan había organizado aquella fiesta con la mejorintención, de eso estaba seguro, y no era justo ni educado mostrarse desagradecido. —Pero no todos los días le digo adiós a mi libertad —añadió—. De modo quetoda esta… fanfarria es bienvenida. Nº Páginas 5-90
  6. 6. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Aidan sonrió de nuevo. —No vas a perder tu libertad. He oído que esos matrimonios arreglados son elparadigma de… en fin, de la flexibilidad marital —le dijo, dándole otra palmadita enla espalda. Shaheen tuvo que hacer un esfuerzo para contenerse. Afortunadamente, Aidan se dio la vuelta en ese momento para anunciar quehabía llegado el príncipe y él actuó como un autómata, como hacía tantas veces, parano defraudar a su socio. No tenía sentido explicarle que la situación no era la que élcreía. Además, había tomado un par de copas y no estaba lúcido del todo. Dejaríaque disfrutase de la euforia del alcohol y no le hablaría de la dura realidad. Porque su vida estaba a punto de hundirse para siempre. No la vida profesional, donde no había dejado de tener un éxito detrás de otro,sino la vida personal. Las cosas habían ido deteriorándose poco a poco… inclusopodría decir el día en el que todo había empezado a ir cuesta abajo: el día de su peleacon Aram. Antes de eso, vivía una existencia encantadora, con un futuro sin límites. Perolas cosas habían ido de mal en peor desde entonces. Siempre había sabido que, como príncipe de Zohayd, se esperaba de él quecontrajese un matrimonio de Estado. Pero no había querido pensar en ello, esperandoque alguno de sus hermanos mayores se casara con la mujer adecuada para losintereses del país. Amjad, su hermano mayor y príncipe heredero, había hecho tal matrimonio yhabía terminado en desastre. La mujer de Amjad, que se había casado embarazada, conspiró para matar a suhermano y hacer pasar a ese hijo como suyo para seguir siendo la princesa y madredel heredero al trono. Tras el divorcio de Amjad, el escándalo, que aún resonaba en la región, habíadado la vuelta al mundo. Y nadie se atrevía a pedirle a su hermano que volviera acontraer otro matrimonio de Estado. Él decía que cuando llegase el momento deconvertirse en rey, su hermano Harres sería su heredero y si no, lo sería Shaheen.Punto. En cuanto a Harres, él nunca contraería un matrimonio de Estado porquecasarse con una mujer de alguna tribu de la región comprometería su posición comoministro de Interior, el mejor que había tenido nunca Zohayd. Si decidía casarse, algoque parecía imposible, ya que ninguna mujer le había interesado de verdad en sustreinta y seis años, Harres podría elegir a su esposa. De modo que dependía de él contraer un matrimonio que revitalizase los pactosentre las diversas facciones de su país. Shaheen era el último hijo del rey nacido deuna reina de Zohayd. Haidar y Jalal, sus hermanastros, hijos de la reina Sondoss, queera natural de Azmaharia, no eran considerados lo bastante «puros» de raza comopara que sus matrimonios pudiesen implementar la paz. Nº Páginas 6-90
  7. 7. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Durante años, Shaheen había sabido que no podría escapar a su destino pero enlugar de resignarse, lo odiaba más cada día. Era como una sentencia de muertependiendo sobre su cabeza. Unos días antes, el día que cumplió treinta y cuatro años exactamente, habíadecidido terminar con el sofocante suspense anunciando su capitulación. Le habíapedido a su padre que empezase a buscar candidatas y, al día siguiente, la noticia deque el príncipe Shaheen buscaba esposa había aparecido en todos los medios decomunicación. Y allí estaba, soportando una fiesta que su socio había organizado para celebrarque pronto dejaría de ser un hombre libre. Shaheen miró su reloj y frunció el ceño. Sólo habían pasado unos minutos y yahabía estrechado cientos de manos y sonreído a docenas de rostros artificialmenteembellecidos o embriagados. Ya estaba bien. Le diría a Aidan que estaba cansado y se alejaría de aquellapesadilla. Seguramente su socio ya habría bebido lo suficiente como para no echarlode menos. Pero cuando se dio la vuelta… se quedó sin aire en los pulmones. Porque al otrolado de la habitación estaba… ella. Y, de repente, el mundo pareció detenerse. Todo parecía contener el alientomientras miraba esos preciosos ojos oscuros. No hubo una decisión consciente para lo que hizo después pero unacompulsión incontenible lo empujó en su dirección, como si estuviera hipnotizado. La gente se apartaba a su paso, como empujados por una fuerza invisible.Incluso la música cesó abruptamente. Por fin, también Shaheen se detuvo a unos metros de ella para poder mirarla dearriba abajo. Para devorar con los ojos esos rizos dorados que caían sobre sus sedososhombros. Llevaba un vestido de tafetán color chocolate, a juego con sus ojos, con unhombro al descubierto, que destacaba su cintura de avispa y caía luego hasta los piesen varias capas. Tenía un rostro esculpido, exquisito, ojos inteligentes y sensibles,pómulos elegantes, nariz pequeña y unos labios hechos para la pasión. Y eso fue sólo un primer vistazo, luego llegarían los detalles. Necesitaría unahora, un día, un año para maravillarse ante todos ellos. —Di algo —le pidió por fin, con una voz ronca que parecía salir directamentede su corazón. Johara temblaba, desconcertada. —Yo… —Di algo para que pueda creer que de verdad estás aquí. —Yo no… —Johara no terminó la frase, consternada. Pero Shaheen había oído suficiente como para saber que su voz era tan bellacomo su rostro. Nº Páginas 7-90
  8. 8. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —¿No sabes qué decirme o no sabes por dónde empezar? —Shaheen, yo… De nuevo, Johara se detuvo y el corazón de Shaheen se detuvo también duranteunas décimas de segundo. Casi se había mareado cuando pronunció su nombre ycuando levantó su barbilla con un dedo para mirarla a los ojos sintió que caía en unabismo… —¿Me conoces? Nº Páginas 8-90
  9. 9. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Capítulo 2 ¿No la había reconocido? Johara miró a Shaheen, atónita. Pero debería haberlo imaginado. ¿Por qué iba areconocerla? Seguramente se había olvidado de su existencia mucho tiempo atrás. Yaunque no fuera así, ya no se parecía nada a la chica de catorce años que había sido. Eso era debido en parte a que empezó a crecer muy tarde y en parte a lainfluencia de su madre. Cuando vivían en Zohayd, Jacqueline Nazaryan siemprehabía intentado esconder su belleza. Más tarde le explicó que, habiendo heredado laestatura, el hermoso color de piel y los ojos de su padre, sabía que se convertiría enuna chica rubia alta y voluptuosa. Y en un país como Zohayd, donde las mujereseran bajitas y morenas, alguien como Johara sería una joya muy apreciada y unafuente de interminables problemas. Según ella, si hubiera aprendido entonces a destacar su belleza, se habríaconvertido en el objetivo de peligrosos deseos masculinos y ofertas ilícitas. Pero lahabía abandonado en Zohayd, segura de que Johara seguiría siendo una personainvisible. Una vez que se reunió con su madre en Francia, sin embargo, Jacqueline lahabía animado a destacar su belleza, enseñándole a usar lo que, según ella, eran suspoderes. A medida que Johara se convertía en diseñadora y empresaria, habíadescubierto que su madre tenía razón. La mayoría de los hombres no veían más alláde una cara bonita y un cuerpo que deseaban. Varios hombres ricos e influyenteshabían intentado adquirirla como si fuera un trofeo, aunque ella los había rechazadosin el menor incidente. Sin las repercusiones que su madre tanto temía en Zohayd. De modo que era lógico que Shaheen no la hubiera reconocido; el patito feo sehabía convertido en un elegante cisne. Y allí estaba. Mirándola como si la viera por primera vez. El brillo de interés ensus ojos era sólo eso, interés en una mujer bonita. Nada más. —Claro que sabes quién soy —dijo Shaheen entonces. Las luces de las lámparasle daban un brillo de cobre a su pelo—. Al fin y al cabo, has venido a mi despedidade soltero. Ella permaneció muda. Pensaba que lo reconocía sólo porque era unacelebridad… —¿A quién debo darle las gracias por invitarte? A Johara se le encogió el corazón. No se le había ocurrido pensar que Shaheenpodría no reconocerla después de tantos años… aunque debería haberlo esperado.Pero que no hubiera nada en ella que despertase sus recuerdos le dolía. No podíaaceptarlo. Nº Páginas 9-90
  10. 10. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Y sólo había una razón para que se hubiera acercado a ella: Shaheen estabaintentando conquistarla. —Puede que suene como la frase más antigua del mundo pero siento como si teconociera desde siempre. La música subió de volumen en ese momento, cortando de raíz la posibilidadde que Johara pudiese replicar. Shaheen miró alrededor con expresión airada antes de volver a clavar en ellasus ojos. —Este sitio es insoportable —le dijo—. ¿Nos vamos? Johara contuvo el aliento cuando la tomó del brazo en un gesto cortés yposesivo a la vez. —Pero… es tu fiesta. Shaheen esbozó una sonrisa que dejaba al descubierto unos dientes perfectos. —Así es, y puedo marcharme cuando quiera —bromeó, rozando su brazodesnudo con el pulgar; la caricia haciendo que Johara sintiera escalofríos—. Y conquien quiera. El mundo pareció transformarse cuando lo vio sonreír… pero aquello eraridículo. Johara parpadeó, desconcertada, mientras Shaheen la sacaba del salón. Derepente, estaba en un espacioso vestíbulo de mármol, caminando sobre un par depiernas temblorosas hacia el ascensor privado. ¿Cómo habían llegado hasta allí? De repente, todo aquello era demasiado para ella. Estar al lado de Shaheen ladejaba sin aire, incapaz de formar un pensamiento coherente. Pero él no la recordabay estaba intentando seducirla sin saber quién era… Sólo cuando se detuvieron frente al ascensor encontró ánimo para apartarse unpoco. Shaheen la miró con rostro serio, el frunce de sus labios casi airado. Aquella erauna cara que no había visto, la del implacable príncipe en el que podía convertirsecuando lo provocaban. No parecía entender o aceptar que una mujer pudiese tener la temeridad deapartarse de él. Tal vez aquel encuentro terminaría con su recuerdo de Shaheen parasiempre. Y no como ella había imaginado. —Estás convencido de que quiero irme contigo, ¿verdad? —le preguntó, sinpoder disimular su desilusión. —Sí, desde luego. Tan seguro como de mi deseo de irme contigo. —Tenías razón —Johara suspiró—. Son las frases más antiguas del mundo. —Sé que suenan así, pero te aseguro que son ciertas. Nº Páginas 10-90
  11. 11. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Ya, claro. —¿Crees que no tengo imaginación? ¿Que usaría algo tan manido paraexpresarme si no fuera la verdad? —Tal vez sólo eres perezoso o demasiado cínico como para pensar en algonuevo. O tal vez crees que yo no merezco el esfuerzo de decir algo más original. Shaheen la miró, atónito. Y Johara estaba tan sorprendida como él. ¿De dónde había salido eso? Era comosi la decepción que sentía se hubiera convertido en una olla a presión, obligándola adecir lo que pensaba. Lo había amado durante tanto tiempo… Había fantaseado tantas veces con cómo sería si volvieran a encontrarse… y larealidad había destrozado esos sueños. Su deseo de acostarse con ella convertía enuna triste broma el cariño que había sentido por él durante toda su infancia. Uncariño y una conexión especial que, aparentemente, sólo existían en su imaginación. Y saber eso hizo que su corazón se encogiese un poco más. —¿No se te ha ocurrido pensar que he venido con mi novio o mi marido? —No —respondió Shaheen. —¿Que pudiera estar comprometida con otro hombre no te parecía relevante? —No puedes estarlo —dijo él—. Yo lo habría sentido, me habría dado cuenta deque… Shaheen se detuvo abruptamente. Su ilimitada energía desapareció de golpe yla tristeza que había notado en él cuando entró en el salón pareció envolverlo comouna capa. Lo vio cerrar los ojos y pasarse una mano por la frente antes de mirarla a losojos. Y la tristeza que vio en ellos le partió el corazón. —No sé qué me ha pasado, perdona. Te he visto y pensé… estaba seguro deque tú me mirabas con el mismo… reconocimiento —se disculpó. —No te entiendo. —Esa sensación que experimentas cuando conoces a alguien que… es para ti.Debe haber sido un efecto de la luz, he visto lo que quería ver —dijo Shaheen—.Debo estar más cansado de lo que pensaba y te pido disculpas. A ti y a tu prometido.Debería haber imaginado que una mujer como tú no podría estar sola. Abría y cerraba los puños mientras hablaba y luego, sacudiendo la cabeza ymurmurando una imprecación ininteligible, se dio la vuelta. Johara se quedó inmóvil, como si la hubiera golpeado un rayo, viéndolo alejarsea grandes zancadas. Lo único que podía pensar era que no parecía un hombre frío, decidido aseducirla por el simple placer de hacerlo. Parecía dolido, agotado, y pensó entoncesque lo último que vería de él sería esa expresión de tristeza… Nº Páginas 11-90
  12. 12. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Era una pregunta hipotética. Shaheen se detuvo. Pero no se dio la vuelta, la tensión emanaba de susmiembros. Johara hizo un esfuerzo para seguir: —Cuando mencioné un novio o un marido, sólo lo hice para que te parases apensar un momento. —No estás con nadie —dijo él, con voz ronca, antes de volverse para mirarla. Johara negó con la cabeza. —No. —Entonces sólo has puesto objeciones porque…—mientras hablaba, Shaheen seacercaba a ella de nuevo, cada paso como un terremoto— me has tomado por unseductor perezoso que no encuentra una sola frase original para expresar su deseo deestar a solas contigo. Alguien que no es capaz de inventar una frase poética que hagajusticia a la sorpresa de nuestro encuentro. Johara intentó llevar aire a sus pulmones. —Muy bien, creo que debo revisar mi opinión. Veo que sí eres original y sípuedes ser poético. Shaheen rio entonces y a Johara se le doblaron las rodillas. Y eso fue antes deque diese el último paso hacia ella. Johara sintió que se le erizaba el vello de la nucacomo si hubiera recibido una descarga eléctrica. —Dime que tú también lo sientes —murmuró—. Dime que esta entidad casitangible que yo siento entre nosotros existe de verdad. Que no estoy loco, que noestoy imaginando cosas. Era la segunda vez que aludía a tal condición y la idea de que estuvierasufriendo la angustiaba hasta el punto de tener que morderse los labios. —Existe… no lo estás imaginando. —Voy a tocarte. ¿Te apartarás de nuevo o quieres que lo haga? Ella negó con la cabeza y Shaheen la atrajo hacia él. Johara cayó sobre su torso,con la cabeza apoyada sobre su corazón, done había soñado tantas veces. Dondehabía estado una vez, tantos años atrás, durante ese momento que cambió su destino.Él puso una mano en su cabeza para acariciar su pelo, suspirando. —Esto no tiene precedentes. Hemos tenido nuestra primera pelea y nuestraprimera reconciliación incluso antes de que me dijeras tu nombre. —En realidad, no ha sido una pelea —objetó Johara, apartándose un poco parapoder respirar, para intentar que su corazón no estallase de felicidad. Shaheen sonrió, diciéndole con los ojos lo encantado que estaba. —Yo no quería pelearme, pero tú parecías dispuesta a sacarme los ojos —bromeó—. Y yo te hubiera dejado. Dime tu nombre, ya ajaml makhloogah fel kone.Bendíceme con ese regalo. Nº Páginas 12-90
  13. 13. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Acababa de llamarle «la criatura más bella del universo». Seguramente no sehabía dado cuenta de que lo había dicho en su idioma nativo o lo habría traducido deinmediato. —Jo… —Johara se interrumpió de inmediato. No podía decirle quién era. Si lo hacía, Shaheen se apartaría. Se sentiría avergonzado, consternado. Y nopodría soportar perder aquel momento. Porque aquella iba a ser la última vez que se vieran. —Gemma. Johara estuvo a punto de darse un golpe en la frente. ¿Gemma? ¿Tenía quetraducirlo literalmente? No podía ser menos original. Debería decirle que había sido muy agradable conocerlo y despedirse de él.Salir corriendo sin mirar atrás. Tenía el resto de su vida para recordar aquel mágicoencuentro. Pero Shaheen se lo impidió estrechándola de nuevo contra su corazón. —Gemma. Perfecto, ya joharti. Johara dio un respingo al escuchar su verdadero nombre. —Significa «mi joya» en la lengua de mi madre —le explicó él—. Entonces, mipreciosa Gemma, ¿vendrás conmigo? —¿Dónde? —preguntó ella. —Mientras estés conmigo, ¿qué importa? Estaba claro que nada importaba. Nada importaba si lo comparaba con la oportunidad de estar con Shaheen unosminutos más. Ser el objeto de su interés, la instigadora de su deseo, era algoirresistible. Johara experimentó una oleada de placer mientras estaba sentada frente a él enel exclusivo restaurante al que la llevó a cenar, enteramente para ellos solos. Habían estado hablando sin parar desde que salieron de la fiesta de McCormicky Johara había contestado sus preguntas sin especificar nombres o sitios y nada de loque le había dicho parecía despertar en él recuerdo alguno. Le dolía que fuera así,pero su agradecimiento por tener unos minutos a su lado era mayor que cualquierdesilusión. —¿Quieres saber lo que dijo el maître cuando le pedí que vaciase el restaurantepara nosotros? —le preguntó Shaheen, con los ojos brillantes—. Que una táctica tangrosera no funcionaría con una mujer tan refinada como tú. Johara rió. —Un hombre muy astuto. Nº Páginas 13-90
  14. 14. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Shaheen suspiró exageradamente. —Ojalá me hubieras dicho eso antes de que él vaciase mi supuestamenteinfinita tarjeta de crédito. Johara rió de nuevo. Las fantasías que había ido creando con los añosdemostraban ser ciertas. La conexión estaba ahí. Shaheen seguía siendo el hombre alque recordaba… no, era mucho mejor. Y eso la hizo experimentar una sensación agridulce. —No, en serio, no deberías haber hecho tal gasto. Pensé que estábamos deacuerdo en que daba igual dónde estuviéramos. —Quería estar a solas contigo. —Podríamos haber ido a dar un paseo por el espigón. —No se me había ocurrido —Shaheen se encogió de hombros—. Hace frío y novas vestida para pasear por la calle —cuando la miró a los ojos, el brillo de humorhabía desaparecido, reemplazado por un brillo de deseo—. Además, tú sabes dóndequiero estar contigo, Gemma. En mi casa, en mi cama. Johara cerró los ojos, intentando contener la emoción. No podía hacerlo. No debería haberlo buscado… —Shaheen… —Te deseo, Gemma. No sabía que pudiera desear a una mujer como te deseo ati, que pudiera sentir algo tan intenso y tan puro. —¿Puro? —Puro, inmaculado. Te deseo en todos los sentidos y tú me deseas a mí. Sé queno sentiría lo que siento si no fuera así. ¿Dejarás que vea cumplido ese deseo?¿Dejarás que te adore? —Shaheen, por favor… De repente, él se levantó y, antes de que el corazón de Johara pudiese latir denuevo, se inclinó para enterrar los labios en su cuello. —Esto es lo quiero, darte placer. Una vocecita interior le repetía: «Dile quién eres». «Shaheen dejará deatormentarte en cuanto conozca tu identidad». Pero se enfadaría con ella por habérsela escondido y no podía dejar que todoterminara así, con él sintiéndose engañado. Y odiándola. Tenía que decirle que no, pensó. Shaheen soportaría el rechazo. Ella no habíaquerido que ocurriera nada pero desde que sus ojos se encontraron en el salón,estaba actuando sin control, sin pensar en las consecuencias, sin fuerza de voluntad. Johara abrió la boca y, sin pensar en las consecuencias y sin voluntad, susurró: —Sí, por favor. Nº Páginas 14-90
  15. 15. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Capítulo 3 Johara no sabía qué esperar cuando le dijo que sí a Shaheen. Desde luego, nada de lo que ocurrió en las siguientes dos horas. Después de obtener su capitulación incondicional, Shaheen tomó su mano parallevarla hacia la limusina que esperaba en la puerta del restaurante. En árabe, le dioal chófer la orden de dar un largo rodeo antes de ir a su casa y luego se sentó a sulado, charlando sobre mil cosas. Durante el viaje hasta su ático no la besó, no la abrazó. Sólo tocaba su mano. Nola soltó en ningún momento. Le mostró fotografías familiares en su iPhone, muchas de su padre y sushermanos, que tenían el mismo aspecto que ella recordaba, pero mayores y másserios. Y también había fotos de su tía Bahiyah, de su hermanastra, Aliyah, y de suprima Laylah, las únicas chicas de la familia en cinco generaciones. Shaheen decía que eran las únicas a las que merecía la pena fotografiar, las mássimpáticas y bellas de su familia entre un montón de hombres. A Aliyah, que era tres años mayor que Johara y a quien apenas había visto enlos ocho años que vivió en el palacio, la habían hecho pasar por sobrina del rey Atef.Sólo dos años antes se había descubierto que la princesa Bahiyah la había adoptado yhecho pasar por hija suya cuando era en realidad la hija del rey, fruto de una historiade amor extramarital con una mujer estadounidense. En lugar de provocar un escándalo, el descubrimiento había abortado unaguerra en la región cuando Aliyah se casó con el nuevo rey de Judar, Kamal AalMasood. Aliyah no parecía la chica frívola que recordaba, pensó Johara, mirando sufotografía. De hecho, era el paradigma de la feminidad y la elegancia. Y la alegría.Estaba claro que era una mujer feliz y que su matrimonio con Kamal había sido unmatrimonio por amor. Como el futuro matrimonio de Shaheen lo sería también. ¿Quémujer no lo adoraría? Johara parpadeó para contener las lágrimas, concentrándose en la fotografía deLaylah. La chica de doce años que era cuando vivía en el palacio se había convertidoen una belleza espectacular. No había tenido oportunidad de conocerla bien porquela madre de Laylah, la hermana de la reina Sondoss, nunca la había dejado mezclarsecon los hijos de los empleados de palacio. Shaheen decía que Laylah era una de las dos razones por las que perdonaba asu madrastra por existir; las otras dos eran sus hermanastros, Haidar y Jalal. Tambiéndecía que las mujeres de su familia daban a los As Shalaan, especialmente a Shaheeny a sus hermanos, una visión de la vida diferente, una que no se sometía a susdeseos. Y por eso, junto con muchas otras cosas que compartían con Johara, estabaseguro de que se llevarían de maravilla. Nº Páginas 15-90
  16. 16. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Todo lo que decía parecía dejar claro que pensaba que no iban a separarse, queaquello continuaría. Pero debía saber que eso era imposible. Parecía creer en lo que estaba diciendo, como si hubiera olvidado el matrimoniode Estado que había anunciado cuatro días antes. Johara se había dado cuenta de que ese matrimonio pesaba como una losa sobreél. Tenía que cumplir con su deber pero desde que habían vuelto a verse, todo esoparecía olvidado. Y ella no iba a recordárselo. Los dos recordarían la dura realidad muy pronto ytendrían que vivir con ella durante el resto de sus vidas. Pero esa noche era suya. De modo que allí estaba, en medio del vestíbulo, viéndolo quitarse la chaquetacon tranquilos y precisos movimientos. Johara no sabía qué esperar, pero había tenido una visión de Shaheentomándola en brazos para sacarla de la limusina, ahogándola a besos mientras lallevaba a su casa, apretándola contra la puerta en cuanto entrasen para demostrarcuánto la deseaba. ¿Habría recordado sus deberes y decidido enfriar las cosas? Tal vez debería marcharse, pensó. O no debería haber ido con él. No deberíahaber ido a la fiesta, no debería haberle dicho que sí… Johara cerró los ojos, momentáneamente cegada. Shaheen le había hecho unafotografía con el móvil y ahora se acercaba a ella, gloriosamente masculino eimponente. Pero era su expresión lo que hacía que su corazón latiera como unpéndulo. La ligereza de su paso había desaparecido, reemplazada por una ardientesensualidad que iluminaba sus ojos. Luego se detuvo a un metro de ella y tomó esamano de la que parecía enamorado. —Estás tan… pensativa. Y, si es posible, aún más bella que antes. Esta foto esalgo que los viejos maestros hubieran suplicado retratar —Shaheen se llevó su manoa los labios para besar uno a uno sus nudillos—. ¿Has decidido echarte atrás? —No —el monosílabo salió de su boca sin pensar siquiera—. ¿Y tú? Shaheen rió. —Lo único que quiero en este momento es adorarte. Te aseguro que debocontenerme para no tragarte entera. Por eso estaba conteniéndose, temía ser demasiado agresivo. Y ella se mostrabainsegura otra vez… Pero era lógico. Durante todos esos años, mientras lo adoraba en secreto, suamor por él había sido espiritual. Jamás hubiera podido imaginar que Shaheenpodría desearla como mujer, y cuando fantaseaba con él, lo único que hacía erabesarla. Y, sin embargo, estaba deseando experimentar su amor por completo. Nº Páginas 16-90
  17. 17. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Se acercó un poco más, su corazón latiendo como las alas de un colibrí dentrodel pecho por la enormidad de lo que estaba sintiendo, por lo que estaba punto dedescubrir. —Empieza por cualquier sitio, Shaheen —le dijo—. Y no pares. No quiero quepares. Cuando se quedó callada, un poco avergonzada, Shaheen levantó las manospara acariciar su rostro. —Entonces empezaré por aquí —le dijo—. Tu piel es increíble, como todo en ti.Es porcelana, alabastro. Tus ojos brillan como ónices pulidos, inundándome con unaavalancha de emociones, cada una más embriagadora que la otra. Y tus labiostiemblan… cada temblor sacudiéndome hasta que no soy nada más que una masa deansia incontenible. Johara tragó saliva. —Yo tenía razón. Eres un poeta. Shaheen esbozó una sonrisa mientras ponía un dedo sobre sus labios. —Parece que no has oído con claridad mis últimas palabras. Johara cerró los ojos, saboreando esa sensación largamente soñada. Pero sussueños no la habían preparado para la realidad y, sin darse cuenta, dejó escapar ungemido de placer; un placer que emanaba de su aliento, de su proximidad, de suroce. Y entonces sus labios hicieron lo que habían anhelado hacer toda la vida,acariciar la piel de Shaheen en un beso tembloroso. Al notar que contenía el aliento perdió parte de sus inhibiciones y abrió loslabios para chupar su dedo, el sabor salado de su piel hacía que su cuerpo seconvirtiera en un río de lava. Sabía que Shaheen podía notarlo y sintió un mareo al saber que podíancompartir aquello. Sintiéndose más atrevida, volvió a chuparlo, con los ojos cerrados, centrandotoda su existencia en ese dedo. —Esto es extremadamente peligroso —su voz era tan ronca que Johara abrió losojos. Los de Shaheen ardían mientras introducía el dedo en su boca y ella lo chupabacon abandono—. Me deseas tan ardientemente como yo a ti. Ella asintió con la cabeza, el aliento escapando de su cuerpo. Sentía que sedesintegraba de deseo. Shaheen apartó el dedo para apoyar su frente en la de ella. —Esto no puede compararse con nada. Es agónico pero sublime a la vez. —Sí —susurró ella. Aunque no tenía experiencia para apoyar esa afirmación, sabía que el ansia queprovocaban sus caricias era más satisfactorio que una frenética copula. Nº Páginas 17-90
  18. 18. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Shaheen pasó las manos por su espalda hasta tocar la cremallera de su vestido,que bajó con tortuosa lentitud sin dejar de mirarla a los ojos. Ella gimió cuandodesabrochó el sujetador y se quedó sin aliento cuando Shaheen se puso de rodillas,mirándola de arriba abajo como si de verdad pudiera tragársela. —Quiero adorarte. Johara habría caído hacia delante si el hombro de Shaheen no la hubierasujetado. Y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantenerse en pie al notarel roce de su legua en el ombligo, el roce de sus dientes en el pecho, sus gemidosaumentando de volumen cuando mordió suavemente sus pezones. —Shaheen, por favor… Como respuesta, él enganchó las braguitas con los pulgares para tirar haciaabajo. Y entonces, de repente, Johara quedó desnuda ante sus ojos. Con los zapatos y la ropa a sus pies, sintió que el mundo se detenía. Aquello notenía precedentes. No podía compararlo con nada. Estaba con Shaheen, delante de él, desnuda. Estaba a punto de ser suya en carney hueso, como lo era de cualquier otra manera. Lo miró mientras él acariciaba sus piernas, de la pantorrilla al muslo, su cerebroa punto de apagarse como una bombilla. Escuchó su magnífica voz diciendo cosas enel idioma que mejor entendían en ese momento, el idioma del deseo. Johara se había convertido en un charco de deseo cuando Shaheen se incorporó.Y habría caído a sus pies si él no la hubiera sujetado. —Abrázame, Gemma. Envuélveme en tus brazos. Al fin, pudo moverse. Quería hacerlo; sólo deseaba, como había deseadosiempre, darle lo que quería. Johara le echó los brazos al cuello, las piernas alrededor de su cintura. Y sentirel poder de su erección fue indescriptible. Se sentiría vacía, a la deriva, cuando ya nopudiera abrazarlo. Apoyó la cabeza en su hombro mientras atravesaba el ático con ella en brazos.Tenía los ojos abiertos, pero sólo registraba pinceladas del ático, impregnado delcarácter de Shaheen, en aquel espacio austero, más impresionante por ser pocopretencioso. Y enseguida llegaron al dormitorio… el dormitorio de Shaheen. Terminar en su cama era lo último que había esperado cuando se embarcó en sumisión de volver a verlo por última vez. Pero quería estar allí más de lo que había deseado ninguna otra cosa en su vida. Sus sentidos despertaron entonces de aquella especie de estupor. Allí era dondeShaheen dormía, donde despertaba, donde leía, se duchaba y se afeitaba, donde sevestía cada mañana y se desnudaba cada noche. Donde se daba placer a sí mismo ydonde, con toda seguridad, daba placer a otras mujeres. Aquel era su sancta sanctorum en Nueva York. Y estaba ofreciéndole el exclusivoprivilegio de estar allí. Sería sólo una vez, pensó. Y tenía que aprovecharla. Nº Páginas 18-90
  19. 19. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas La habitación, de techo altísimo, estaba iluminada sólo por una lamparita en lamesilla y su mirada, ávida de secretos, acababa de registrar la decoración en tonosgrises y verdes con acentos en madera del color de sus ojos. Shaheen la dejó en el suelo y la apretó contra la puerta, como había esperado enun principio, sosteniéndola allí con su cuerpo. Johara temblaba, sintiendo la puerta de madera en su espalda desnuda, elardiente cuerpo masculino apretado contra ella, la presión de su erección contra laíntima carne, sin nada entre ellos más que la ropa de Shaheen. Unos minutos antes había sido demasiado tímida como para explorar su deseo.Incluso ahora no se atrevía a pasar de imaginarlo a verlo con sus propios ojos. Laidea de tenerlo dentro de ella era abrumadora y ni siquiera la había besado en loslabios… Shaheen levantó la cabeza. —Quiero darte placer, ya galbi. Que la llamase «mi corazón» hizo que de la garganta de Johara escapara unsollozo. —Gemma, si quieres que pare, lo haré. Si no estás segura del todo… Johara tomó su cara entre las manos para robarle el beso que había anheladotoda su vida y él se quedó inmóvil, dejando que lo besara durante unos segundosantes de apartarse para tumbarla sobre la cama; la luz de la lámpara permitiéndolomirarla a placer. —¿Qué ocurre, Gemma…? ¡Estás llorando! Johara puso las manos sobre sus hombros, intentando tirar de él. —No, yo… te deseo tanto. No puedo esperar más. Por favor, Shaheen, hazmetuya. La preocupación de su rostro se disipó, reemplazada por un deseo feroz. —Deseo tomarte, invadirte hasta que llores de placer, pero no puedo. Necesitoprepararte primero. No quiero hacerte daño. —No vas a hacerme daño —dijo ella—. Estoy lista… —Galbi, deja que yo marque el ritmo. Necesito que esto sea perfecto para ti. —Será perfecto. Cualquier cosa contigo sería perfecta… —Si no quieres tener un lunático encima de ti, no digas una palabra más,Gemma —la interrumpió él—. Jamás imaginé que pudiera perder el control de estemodo, pero lo he perdido contigo. —Si ahora has perdido el control, no querría estar contigo si algún día fuerascapaz de dominarte. Seguramente me matarías de frustración… Esa vez fueron sus labios los que la interrumpieron, con ese beso que habíaimaginado desde que tenía edad para soñar con besos. Pero estaba equivocada. Nº Páginas 19-90
  20. 20. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Nunca había imaginado la tierna ferocidad con la que la devoraba; susposesivos labios abrumándola de sensaciones, enterrándola en olas de placer. Shaheen levantó sus brazos sobre su cabeza con una mano y acarició sus pechoscon la otra. —Sólo puedes gemir para pedir más y llorar de placer. Eso será suficiente paraque pierda la cabeza. —Deja que te vea —murmuró Johara. —Aún no. Y ya te estás saltando las reglas. —Has dicho que podía gemir pidiendo más. Y quiero más de ti. —Tendrás todo, y como tú quieras. Pero no ahora mismo. —No estás siendo justo —protestó Johara. —Eres tú quien está siendo injusta. Nada debería ser tan maravilloso. Johara intentó liberar sus manos porque necesitaba tocarlo sin la barrera de laropa. Lo oyó lanzar un gemido ronco mientras la tumbaba sobre la cama de nuevopara seguir atormentándola con besos. Pero sólo cuando se deslizó hasta el borde dela cama para clavar las rodillas en el suelo de nuevo se dio cuenta de sus intenciones.Y su corazón se detuvo durante una décima de segundo. Era estúpido sentirse avergonzada por tener la boca de Shaheen sobre su partemás íntima cuando estaba suplicándole más, pero así era. Johara intentó cerrar laspiernas pero él las separó con las manos. —Ábrete para mí, deja que te prepare. —Estoy preparada —insistió ella. —No quiero que te contengas cuando te posea y sólo un par de orgasmos teprepararán para eso. —¿Un par de…? —Johara no terminó la frase, incrédula. ¿Qué iba a hacerle? Cualquier cosa. Aceptaría cualquier cosa de Shaheen. Se abrió para él y esos largos y perfectos dedos acariciaron sus femeninoslabios, abriéndose paso entre el río de lava de su deseo. Johara se estremeció,experimentando sensaciones que eran casi insoportables. Y eso fue antes de queintrodujera un dedo en su húmeda cueva. Johara se dio cuenta entonces de que se sentía vacía y sólo tenerlo dentro podríallenar ese vacío. Intentó tirar de él con las piernas, pero Shaheen no cejaba en su empeño; lamagnífica cabeza masculina entre sus muslos, invadiendo su feminidad con loslabios y la lengua. Verlo haciendo eso era casi más abrumador que las sensacionesfísicas que experimentaba. Nº Páginas 20-90
  21. 21. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas En medio del delirio, lo vio beberla, devorarla, disfrutar de su esencia. Y pareciósaber cuándo no podía soportarlo más. —Ahora, ya roh galbi, deja que vea y oiga el placer que te doy —murmuróShaheen, antes de rozarla con su lengua de nuevo. Fue una reacción en cadena de convulsiones y éxtasis mientras Johara sosteníasu mirada, dejando que viera lo que le estaba haciendo. Quería suplicarle que la hiciera suya pero él seguía variando el método,renovando su desesperación, acelerando su rendición. Había perdido la cuenta de los orgasmos hasta que en un momento, cuandoestaba a punto de experimentar otro, Shaheen se colocó a horcajadas sobre ella. —Nunca he visto o saboreado nada más hermoso —murmuró, besando suspechos. Con manos temblorosas, Johara intentó quitarle el cinturón. —Quiero verte desnudo… te quiero dentro de mí. Shaheen se apartó para quitarse la ropa con movimientos bruscos perocontenidos. Y, aunque se moría por él, aquella era la única oportunidad de verlodesnudo, de modo que Johara se puso de rodillas sobre la cama para admirar elfabuloso torso bronceado, su masculinidad acentuada por el vello oscuro que locubría. —Shaheen… —murmuró— eres más bello de lo que había imaginado. Quierobesar cada centímetro de tu piel. —Más tarde, ya hayati, nos adoraremos el uno al otro centímetro a centímetro.Ahora quiero hacerte mía y que tú me hagas tuyo. —Sí —Johara cayó sobre la cama, abriendo los brazos para él, y cuandoShaheen la cubrió dejó escapar un grito ahogado… Era perfecto. No, sublime, como él había dicho. Shaheen la miraba a los ojos, solícito y tempestuoso a la vez, mientras seenterraba en ella con un poderoso envite. Johara había estado segura de que no iba a dolerle, de que estaba preparada. Pero no estaba preparada para aquello, para él. Y no era sólo que no tuvieraexperiencia. Estaba segura de que la experiencia no la habría ayudado a soportar suprimera invasión. Fue en el segundo envite cuando él pareció darse cuenta. Pareció entender porqué se había encontrado con cierta resistencia, por qué la oyó gemir de dolor, por quésu cuerpo estaba tan tenso, por qué temblaba… Y se quedó inmóvil, atónito. —¿Eres virgen? —No pasa nada… por favor, no pares. Por favor, Shaheen, no pares. Nº Páginas 21-90
  22. 22. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —B’Ellahi! —exclamó él, intentando apartarse. Johara enredó las piernas en su cintura para evitar que se apartase. —¡Para, Gemma! —exclamó él—. Te estoy haciendo año. —El dolor no es nada comparado con lo que siento cuando te tengo dentro demí. Siento que soy tuya…por favor, has dicho que no ibas a controlarte. —Eso fue antes de saber que… —Shaheen sacudió la cabeza, incrédulo—. Yaullah. Soy el primero. —¿Y eso te decepciona? —¿Decepcionarme? No, al contrario, estoy abrumado, emocionado. —Debería habértelo dicho, ya lo sé. No ha sido una decisión consciente… todoha sido tan rápido…—empezó a decir, tragando saliva—. Está bien, me iré y nuncamás volveremos a… Pero Shaheen no permitió que se moviera. Al contrario, se movió dentro de ella,despacio, sin dejar de mirarla. —¿Crees que lamento ser el primero? —le preguntó, con voz ronca—. Yo sabíaque eras el mejor regalo que había recibido nunca pero ahora que me has dado esto,el regalo es aún mayor. Ojalá pudiera ofrecerte algo de la misma magnitud. —Tú me estás dando un regalo también —dijo ella, levantando las caderas—. Side verdad quieres hacerme un regalo, no te contengas. Dámelo todo. —No querrás un lunático enloquecido, ¿verdad? —Sí, por favor. —Dices que sí y todo dentro de mí se rompe —musitó él, sujetando sus caderascon las dos manos antes de empujar hasta el fondo. Era abrumador y cuando Shaheen se apartó, Johara lo urgió de nuevo. Él seresistió a sus ruegos por un momento… antes de volver a enterrarse en ella. Johara gritó y Shaheen se contuvo, ralentizando sus embestidas, esperando queel placer la hiciese olvidar el dolor antes de dárselo todo de verdad. —Gloriosa, ya galbi, literal y figuradamente. «Todo en ti, toda tú». Sintió que lo apretaba con fuerza y siguió empujando, llevándola a los límitesdel placer, haciéndola gritar. Sólo entonces se dejó ir, un momento que Johara guardaría en su memoria parasiempre. Experimentó un nuevo orgasmo al verlo rendido al éxtasis de su unión,echando la cabeza hacia atrás y dejando escapar un rugido de placer mientras lallenaba con el calor de su semilla. Unos segundos después, Shaheen se tumbó de lado, llevándola con él, saciadocomo nunca hubiera imaginado, en perfecta paz por primera vez en su vida. Nº Páginas 22-90
  23. 23. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Esto ha sido lo mejor que me ha pasado nunca. Tú eres lo mejor que me hapasado nunca. Y Johara lo creyó. Shaheen no era libre para decir eso, pero aún tenían el resto de la noche. Temblando, se concentró en aquel milagro, acariciando su espalda. —Tus sentimientos son el reflejo de los míos. Shaheen se apartó para mirarla con una sonrisa en los labios. —Entonces, depende de mí demostrar lo auténticos que son mis sentimientos. Y durante el resto de la noche, eso fue lo que hizo. Sin dejar ninguna duda. Johara miraba a Shaheen, en silencio. Tumbado de espaldas, con la sábana de color verde oscuro sobre un muslo y elresto de su cuerpo desnudo al descubierto, apoyaba un musculoso brazo sobre lacabeza y el otro sobre el corazón. Parecía como si estuviera guardando el beso que Johara le había dado antes desaltar de la cama, cuando le dijo que iba al baño y que volvería enseguida. Con el corazón encogido, murmuró un juramento: —Te amaré siempre, ya habibi. Él suspiró, en sueños, con una sonrisa en los labios. Y, aunque estaba al otro lado de la habitación, Johara creyó haber oído: —Yo también a ti, mi Gemma. Con lágrimas rodando por su rostro, Johara cerró la puerta y salió de lahabitación, fuera de su ático. Fuera de su vida. Sintiendo como si la suya hubiera terminado. Nº Páginas 23-90
  24. 24. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Capítulo 4 En cuanto abrió los ojos, Shaheen supo que ocurría algo extraño. Algoterriblemente extraño. Se sentía… sereno. Se quedó inmóvil durante unos segundos, cerrando los ojos de nuevo parasaborear esa sensación de felicidad. Una sensación nueva para él. Nunca se había sentido así, ni siquiera en susmejores días. Siempre había sabido que debía sentirse agradecido por todo lo que tenía yjamás había dado por sentados sus privilegios. Aceptaba el precio que debía pagarpor ellos y la carga que ponía sobre sus hombros. Incluso disfrutaba de los retos y lasdificultades que dictaba tener esos privilegios. Lo que nunca le había gustado eran las restricciones que imponían en su vida,la frustración de tener que someterse a las demandas de otros o hacer menos de loque él pensaba que debía hacer. Y esas limitaciones eran una fuente constante de tensión. Pero no había ni gota de esa tensión en aquel momento. Sentía algo que sólohabía experimentado parcialmente, que nunca había imaginado al completo: unasensación de paz. Y era por ella. Gemma. Incluso su nombre era perfecto. Todo lo que había sentido con ella, visto en ella,tenido con ella, lo era. Y la maravilla de conocerla parecía haber borrado de unplumazo todo lo anterior. Que tuviera que hacer un esfuerzo para recordar algo queno fuera ella era asombroso. Una noche con Gemma era como la suma total de su experiencia de la vida. Shaheen se estiró, canturreando una canción, satisfecho y contento. De modo que aquello era la verdadera pasión. Nunca había sentido nada así.Había conocido la pasión por el trabajo, por el éxito, el amor de su familia… perosólo había sentido un ligero y efímero interés por las demás mujeres. Nunca había imaginado algo tan poderoso. Desde el momento que puso losojos en ella, sus sentimientos se lo habían tragado, abrumándolo hasta hacerlo perderel control. Y no le importaba. Estar con Gemma lo liberaba de todas las tensiones e inhibiciones, concentradopor entero en estar con ella, en saborear cada momento con ella. Sentía como si la conociera de toda la vida. Nº Páginas 24-90
  25. 25. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Y ya no podía imaginar la vida sin ella. La vida que Gemma había descarriladoy encauzado a la vez. Shaheen suspiró, recordando imágenes y sensaciones de la noche anterior. Le había hecho el amor como si la hubiera estado esperando toda su vida. Nisiquiera pudo parar cuando descubrió que era virgen. O más tarde, cuando se dijo así mismo que no lo harían más esa noche. Pero, de nuevo, Gemma le había robado elcontrol. De repente, se sintió inquieto. La había tomado como si fuera libre de buscar supropio destino. Y no lo era. ¿Cómo podía haber olvidado eso por un momento y menos una noche entera? Pero lo había olvidado por completo. Maldita fuera. Daba igual lo que le exigiera su país, lo que necesitara de él. Yano podía buscar una novia del catálogo real. No sabía cómo iba a evitar ese matrimonio, pero lo haría. Darían igual laspresiones y las exigencias. Todo en él exigía que hiciera suya a Gemma. Shaheen se pasó las manos por la cara. Sería una batalla épica. Pero una delicia también. En su mente, vio imágenes de ella, de los dos juntos, conversando,acariciándose, unidos. Le daba igual la batalla. Hacerla suya era más importante queel mundo entero. Shaheen se sentó en la cama y pasó las manos por el lado donde Gemma habíadormido, o al menos donde había yacido, entre las sesiones amorosas. No habíandormido hasta el amanecer, demasiado ocupados hablando y experimentándose eluno al otro en todos los sentidos: sensual, sexual, mental. Su cuerpo empezó a llamarla de nuevo pero intentó controlarse. No iba a hacerel amor con ella aquel día por mucho que Gemma se lo pidiera. Su dulce Gemmanecesitaba al menos un par de días para recuperarse. —¿Gemma? —la llamó. Silencio. Volvió a llamarla y esta vez, cuando no recibió respuesta, los labios que habíansonreído al imaginarla en la bañera se fruncieron en un gesto de alarma. Shaheen corrió al baño y empujó la puerta… Estuvo a punto de caer al suelo, aliviado, al descubrir que no estaba allí porquehabía imaginado una docena de macabros escenarios durante esos segundos. Tenía que estar en la cocina, se dijo. Y allí no podría oírlo. La imaginó recién duchada, vestida con alguna de sus camisas o envuelta enalgún albornoz, demasiado ancho para ella. Y estaría dolorida en ciertos sitios… Nº Páginas 25-90
  26. 26. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Consideró la idea de entrar allí desnudo pero al final se puso los pantalones.Gemma había respondido a sus caricias con gran pasión pero seguía siendo tímidacuando no estaban haciendo el amor y no quería ponerla a prueba por el momento.Ya la había apresurado en tantos sentidos… Que ella se lo hubiera pedido no significaba que debiera hacerlo. Él era quientenía experiencia, no Gemma, y no debería comportarse como un adolescentecargado de hormonas. Unos segundos después de darse esa charla estaba casi corriendo hacia lacocina. Ah, iba a ponerse en ridículo otra vez, pensó. Pero tuvo una premonición antes de entrar. Una sensación de… vacío, deausencia. Y la sensación se convirtió en un hecho unos segundos después. Gemma noestaba en la cocina. Shaheen se dio la vuelta y corrió para inspeccionar cada habitación. Nada. Se había ido. Se quedó en medio del salón, mirando Manhattan por las ventanas, incapaz deentenderlo. No podía haberse marchado. Debía haber tenido alguna razón importante para irse. Tal vez una emergencia.Sí, eso debía ser. Pero si le había ocurrido algo, ¿por qué no lo había despertado paradecírselo, para pedirle ayuda? Gemma sabía el poder que tenía sobre él. Si alguien de su familia, algún amigoincluso, tenía un problema, él podría ayudarla. ¿Era posible que no supiera que haría cualquier cosa por ella? ¿Que no creyera,como él, que su encuentro había trascendido todas las convenciones de una relación,que habían tomado un atajo para llegar al nivel más alto en una simple noche? ¿O era tan independiente que no pedía ayuda porque estaba decidida a lidiarsola con lo que fuera? O tal vez no se le había ocurrido pedirle ayuda en su prisa por solucionar elproblema. «Para», se dijo a sí mismo. Seguramente estaba interpretando su ausencia de manera errónea. Entonces algo lo golpeó como un martillo… Gemma no le había dado su dirección o su número de teléfono. Y ni siquiera sabía su apellido. ¿En qué había estado pensando esa noche? Nº Páginas 26-90
  27. 27. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas No había pensado en absoluto. No había pensado más que en ella, en lo queestaban compartiendo. Por primera vez en su vida, había vivido solo para elmomento. Siempre había desconfiado de los demás, incluso de su gente más cercana,porque temía las consecuencias de errores o mal comportamiento. Pero con Gemmahabía bajado la guardia, no había tenido un momento de duda. Era la mujer con laque había soñado siempre pero que jamás pensó que pudiera encontrar. Y había desaparecido después de darle la noche más perfecta de su vida.Después de hacerle creer en un futuro maravilloso, en una conexión sin precedentes,se había ido. «Cálmate». Tenía que haber una explicación, una totalmente razonable, estaba seguro.Macharse tenía que ser lo único que podía hacer o no lo hubiera hecho. Gemma no lohabría dejado así. De modo que debía calmarse. Él no sabía su dirección pero ella sí conocía lasuya. Lo único que tenía que hacer era esperar. Gemma no volvió. Parecía haberse esfumado, como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Shaheen pensó que su equipo de seguridad sabría algo de ella, que tal vez lahabrían seguido. Pero cuando la vieron salir del ático al amanecer, en el único quepensaron fue en él. Lo llamaron al móvil para comprobar si estaba bien y cuandocontestó, medio dormido, algo que Shaheen había olvidado, lo dejaron pasar. No habían visto ninguna razón para seguirla y la esperanza de encontrarla seesfumaba por segundos. Shaheen la buscó por todo Nueva York, por todo Estados Unidos. Nadie habíaodio hablar de ella. Y empezaba a pensar que ella, y la noche maravillosa que habían pasado juntos,era fruto de su imaginación. Incluso teniendo una prueba de su existencia, la foto que le había hecho con elmóvil, nadie más que él parecía haberla visto. Todas las personas a las que preguntódecían que recordarían a alguien como ella. Y no era así. En cuanto a su nombre,tampoco nadie lo recordaba. Era como si nunca hubiera existido. En su mente había aparecido una posible explicación durante la búsqueda,aunque Shaheen no había querido prestarle atención. Pero una vez que se convencióde que no había tenido un accidente o algo peor, esa explicación empezaba a ganarpeso. Nada más que eso tenía sentido. Nº Páginas 27-90
  28. 28. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas No había manera de escapar. Tenía que enfrentarse con la verdad, pordevastadora que fuera. Gemma no quería volver a verlo. Era la mujer que había puesto su mundo patas arriba pero, aparentemente, élno había sido para ella más que una noche de pasión. Un hombre al que habíaelegido para iniciarla en los ritos del amor. Tal vez le había parecido exótico, unhombre de una cultura y un país diferente, a quien podría apartar de su vida una vezque la aventura terminase. La resignación daba paso a la desesperación y si no tenía a Gemma, no habíanada más por lo que luchar, nada que lo retuviese allí. Era hora de volver a Zohayd para enfrentarse con sus deberes. Para abrazar la pesadilla. —Shaheen. Eso fue todo lo que dijo su padre, segundos después de que entrase en sudespacho. Y era más que suficiente. El rey Atef había pronunciado su nombre con un tonoexasperado, decepcionado. Y Shaheen no podía criticarlo. Se había olvidado de su padre y del resto delmundo durante las últimas ocho semanas. Después de una llamada para decir que,sencillamente, no iba a volver a Zohayd por el momento, había desaparecido paratodos sin explicar por qué. Su padre le había dejado una docena de mensajes en el móvil, había enviadoemisarios para convencerlo de que volviera o, al menos, para que le explicase cuálera el problema… Atef se levantó, majestuoso, y Shaheen sostuvo su mirada. El rey Atef AalShalaan no intentó abrazarlo como hacía cada vez que volvía de algún viaje. Aunque era un poco más bajo que él y tenía treinta años más, Shaheen siemprehabía pensado que tenía unos hombros sobre los que podía recaer el peso de todo unpaís. Pero el rey Atef necesitaba algo más que presencia para mantener el reino enpaz, para controlar a sus enemigos y a sus aliados. Más que nunca, tenía quepacificar a los jefes de las tribus más poderosas que, constantemente, exigían su partede poder, prestigio y recursos. Y eso era algo que sólo Shaheen podría conseguir sacrificándose en el altar. Su padre dejó escapar un suspiro, los ojos dorados que habían heredado tantoShaheen como su hermano Harres brillaban bajo unas cejas pobladas. —No voy a preguntar por qué desapareciste ni qué te ha traído de vuelta. Nº Páginas 28-90
  29. 29. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Mejor —dijo Shaheen. Debería contentarse con que hubiera vuelto. Lo demás no era asunto suyo. —No es el momento de reprenderte por un comportamiento potencialmentecatastrófico. La recepción ya ha empezado. La recepción. El desfile nupcial que su padre había organizado en cuanto supoque volvía a Zohayd a bordo de su jet privado. Estaba intentando atraparlo antes deque tuviera oportunidad de cambiar de opinión. Y allí estaba, a punto de entrar en el salón de ceremonias del palacio, esperandoel momento que destruiría su vida. Casi dos mil personas habían acudido, todas ellascon interés en ese matrimonio. Pero no se esperaba que Shaheen mirase a las mujeres como quien mira uncatálogo, haciendo un círculo rojo alrededor de la más deseable. Supuestamente,debería mirar la «mercancía» de manera más seria, más exhaustiva. Siendo lo que eran los matrimonios en Zohayd, especialmente en la más altaescala social, eran las familias las que se casaban, no las personas. Por lo tanto,tendría que elegir a una familia que pudiera soportar, ya que sería una presenciaconstante en su vida. —No vas vestido para la ocasión —le recriminó su padre—. Le dije a tu kabeer elyaweran lo que se esperaba de ti esta noche. El jefe de protocolo de Shaheen le había dicho que debería usar la ropa típica deZohayd pero Shaheen seguía llevando un traje de chaqueta occidental. El rey Atef suspiró, cansado. —Te ruego que, al menos, intentes disimular la repugnancia que te produceestar aquí. —No me pidas más de lo que puedo dar, padre. No puedo fingir que esto no esuna tortura para mí. —Estás siendo poco razonable. Tú no eres el primero de la familia que debehacer un matrimonio de Estado. —Ah, claro. Tú lo hiciste dos veces, ¿por qué yo no? ¿Es eso? —Shaheen sabíaque estaba traspasando la línea de respeto hacia su padre y soberano, pero le dabaigual. No tenía fuerzas para seguir el protocolo—. Estoy aquí para hacer lo que tengoque hacer, padre. Eso es lo único que importa. ¿Para qué voy a tomar parte en esafarsa? ¿Por qué no me ahorras ese tormento? Prefiero no elegir el método de miejecución. Te lo dejaré a ti, confiando en que elijas el más humano. El rey hizo una mueca. —Ése es el problema. Tiene que ser tu preferencia personal la que incline labalanza a favor de una candidata o de otra. —¿Crees que me importa si soy fusilado, electrocutado o cortado en pedazos?Da igual, elige una. Nº Páginas 29-90
  30. 30. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Estás exagerando. Todas las candidatas son jóvenes bellas, inteligentes,educadas y agradables. Te gustará tu novia y tal vez, con el tiempo, aprenderás aamarla. —¿Como tú amas a la reina Sondoss? ¿O a mi madre? Su padre lo fulminó con la mirada. Lo máximo que pudo conseguir con lamadre de Shaheen fue una convivencia pacífica. En cuanto a la reina Sondoss, abiertahostilidad era lo único que podían esperar. —También están Aliyah y Kamal. Y no creo haber visto una pareja más feliz. —No los menciones, padre. Ellos estaban locamente enamorados antes decasarse. El destino los obligó a separarse y, afortunadamente, los reunió de nuevo. Su padre suspiró, agotado, dejando a un lado su regia postura. Nada quedaba del formidable rey, sólo un padre dolido por aquello de lo queno podía salvar a su hijo. —No sé cómo decirte cuánto siento que tengas que seguir mis pasos. Pero nopodemos hacer otra cosa y por eso te pido que mires atentamente a las candidatas. —Las candidatas —repitió Shaheen, despectivo. —Al menos tú tienes más que yo donde elegir. Yo no tuve nada que hacer en laelección de tu madre o la reina Sondoss. Puede que tú tengas más suerte encontrandoa alguien compatible entre una docena de posibles novias. Shaheen apretó los dientes. Ya había encontrado a una mujer que eracompatible con él en todos los sentidos. Gemma, por el contrario, no sentía lo mismo. Ni siquiera lo había creídomerecedor de una despedida. Eso no cambiaba nada. Ahora sabía que aquello que había soñado existía,aunque ella no lo quisiera, aunque nunca pudiera tenerla. ¿Qué posibilidades había de que el destino le tuviera preparada una mujercomo Gemma? Él sabía que no era posible. Pero no lo dijo. Su padre tendría que lanzar los dedos y decidir su destino. Por fin, Atef pasó a su lado para ir al salón de ceremonias y Shaheen lo mirócon cierta compasión. Su tarea no era fácil. De hecho, la vida de su padre no había sido fácil. Sus hermanos y él siemprehabían creído que no había conocido otra felicidad que su pasión por el trabajo y sushijos pero varios años atrás descubrieron que una vez había conocido el amor conuna extranjera, Anna Beaumont. Había tenido una aventura con ella durante su separación de la reina Sondossdos años antes de que nacieran Haidar y Jalal. Anna quedó embarazada y, cuandolos esfuerzos de Atef por divorciarse de Sondoss fracasaron, tuvo que romper con suamante, lo más difícil que había hecho en su vida. No podía volver a verla debido a Nº Páginas 30-90
  31. 31. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunasla amenaza de guerra con el reino de Azmahar y, además, era imperativo que notuviera a ese hijo. Pero Anna había tenido a su hijo, una niña a la que había dado en adopción. La tía de Shaheen, Bahiyah, sabiendo de la aventura de su hermano, habíaadoptado a Aliyah haciéndola pasar por su hija. Sólo muchos años después, mientras su padre se recuperaba de un infarto, sehabía descubierto la verdad. Un descubrimiento que llegó justo a tiempo, ya que laamenaza de guerra en la región sólo podía ser evitada si una hija del rey Atef secasaba con el rey de Judar. Ahora Aliyah era la esposa del rey Kamal, la queridareina de Judar, y Anna Beaumont se había convertido en una presencia constante enla vida de Aliyah. Pero eso sólo había servido para aumentar la infelicidad de su padre, que nopodía tener a la única mujer a la que había amado y, si Shaheen no se equivocaba,seguía amando. Su padre y él tenían eso en común. Shaheen mantuvo los ojos fijos en los hombros caídos del rey Atef mientrasentraba en el salón de ceremonias. Su entrada provocó murmullos en el majestuoso salón. Había cientos depersonas delante de él y ninguna de ellas le importaba… Pero, de repente, sintió que el vello de su nuca se erizaba. ¿Qué era aquello? Shaheen miró alrededor, buscando la fuente de esa turbación… Y entonces todo pareció detenerse. Su corazón estuvo a punto de saltar de su pecho porque allí, al fondo delsalón… Gemma. Nº Páginas 31-90
  32. 32. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Capítulo 5 Shaheen pensó que se había vuelto loco. Estaba viendo visiones. Tuvo que hacer un esfuerzo para tragar saliva, con un nudo en la garganta. Estaba viendo a Gemma. Pero no podía ser. Su mente enfebrecida debía estar proyectando su deseo deverla, la mujer cuyo recuerdo había quedado grabado en su mente y en su corazónpara siempre, la mujer que lo había vuelto loco y a quien había perdido la esperanzade ver otra vez. Shaheen cerró los ojos. Pero cuando volvió a abrirlos, Gemma seguía allí. —Shaheen, ¿por qué te paras? Shaheen escuchó la voz de su padre como si llegara de muy lejos. Gemma, queestaba al fondo del salón de más de cien metros, le parecía estar a unos centímetros. Su mirada lo tenía prisionero como la primera vez, en Nueva York, con lamisma intensidad, la misma emoción. Pero faltaba una cosa, la sorpresa. Ella esperaba encontrarlo allí, por supuesto. No había elemento sorpresa enaquella ocasión. Pero en su expresión había algo… aprensión, aversión incluso. ¿Le disgustaba verlo? ¿Entonces por qué estaba allí? Esa pregunta lo sacudió más que la emoción de volver a verla. ¿Cómo había llegado al palacio de Zohayd? Pero cuando volvió a buscarla con la mirada, Gemma apartó los ojos, seescondió de él. Frustrado, Shaheen no dejaba de hacerse preguntas. El deseo de abrirse pasoentre la gente para llegar hasta ella, de apartar a todo el mundo de su camino, loabrumaba. Se imaginó a sí mismo tomándola en brazos para llevarla a sushabitaciones, apretándola contra la primera superficie plana que encontrase paradevorarla… No era consideración por los invitados de su padre, la gente más influyente deZohayd, lo que detuvo a Shaheen. Era que Gemma hubiese apartado la mirada. Saber que no lo quería como la quería él, que no había ido a buscarlo, le rompíael corazón. Durante unos minutos interminables respondió con monosílabos cuando lehablaban, estrechó manos e intentó disimular su disgusto al ver a las posiblescandidatas y a sus familias, sin dejar de buscar a Gemma entre la gente, intentandodesesperadamente que volviese a mirarlo. Su hermano Harres apareció entonces a su lado. Nº Páginas 32-90
  33. 33. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Pareces nervioso, hermano. ¿Has fumado algo para soportar esto? Shaheen tuvo que contener el deseo de darle un puñetazo. —¿Y si fuera así? Harres hizo una mueca. —Me he ofrecido a contraer matrimonio por ti. Ya he dicho que a mí me daigual y que seguiría siendo neutral ya que nunca me encariñaría con la mujer que mecorrespondiera. Pero el consejo se ha negado. Shaheen asintió con la cabeza. Era cierto. Harres había intentado ocupar supuesto pero el consejo real había rechazado la petición. —Ellos saben que te encariñarías con tus hijos. Su hermano se encogió de hombros. —Tal vez, probablemente sí. No lo sé. No me puedo imaginar a mí mismo comomarido y menos como padre —le dijo, pasándole un brazo por los hombros ymirándolo con los ojos dorados que ambos habían heredado de su padre—. Habríahecho lo que fuera por evitarte esto, hermano. —Sí, lo sé. Entonces volvió a ver a Gemma entre la gente y dio un involuntario pasoadelante, como empujado por una fuerza incontenible. —Y yo sé lo que estás buscando con la mirada —dijo su hermano entonces—.¿Quién hubiera podido imaginar que nuestra pequeña Johara acabaría siendo unamujer tan bella? Las palabras de Harres no tenían sentido para Shaheen. ¿Estaría su mentedeteriorándose debido al estrés? Harres era el ministro de Interior de Zohayd, el encargado de su seguridad, yestaba haciendo un trabajo fabuloso. Pero en su rostro, oscurecido por el sol deldesierto, había una expresión que Shaheen no había visto nunca salvo cuando estabacon las mujeres de la familia, una ternura extraña. Y le había parecido que decía… no, no podía haber dicho ese nombre. ¿Por quéiba a hacerlo después de tantos años? Shaheen sacudió la cabeza, desesperado por aclarar sus ideas. —¿De qué estás hablando? —La visión dorada ahí, al fondo. Nuestra Johara… o tal vez debería decir tuJohara, se ha hecho una mujer —Harres señaló a Gemma con la mano—. No hasmirado a otro sitio desde que has llegado y te comprendo. Yo tuve que mirarlafijamente durante quince segundos cuando Nazaryan apareció con ella del brazo.¿Quién lo hubiera imaginado? Shaheen miró a su hermano como si estuviera hablando en un idioma que noentendía. —¿Nazaryan? Nº Páginas 33-90
  34. 34. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Harres chascó los dedos frente a su cara. —Despierta de una vez, Shaheen. Me estás asustando. Él sacudió la cabeza de nuevo. —¿Cómo que Nazaryan? —Berj Nazaryan, el joyero real, su padre. Shaheen volvió la cabeza para buscarla con la mirada, incapaz de ordenar suspensamientos. No podía ser… Pero Gemma era la única mujer que llevaba un vestido dorado. Harres estabahablando de ella. Y estaba llamándola… Johara. La burbuja de incomprensión estalló de repente dentro de Shaheen. Gemma era Johara. Y la sorpresa fue como una detonación nuclear. Su misteriosa Gemma era Johara, la hija de Berj Nazaryan, la hermana de Aram,la chica a la que conocía desde que tenía seis años. La que se había convertido en susombra desde el día que se lanzó del balcón y él la sujetó entre sus brazos. Por eso le había parecido como si la conociera desde siempre. Así era. La habíareconocido con esa primera mirada, aunque no de manera consciente. Y era lógico. No se parecía nada a la chica de catorce años que recordaba.Delgada, con gafas y aparato en los dientes, Johara era más bien tímida y aniñada. Yen esos años, se había convertido en todo lo contrario. Él creía haber visto todos los tipos de belleza que este mundo pudiera ofrecerpero Johara era algo que jamás hubiera podido imaginar, todas sus fantasías hechasrealidad. Y eso sólo en la superficie. En el fondo, donde importaba de verdad, la pequeñaJohara, como la llamaba Harres, se había convertido en una mujer que lo habíaseducido en un segundo, que lo había poseído para siempre en una sola noche. Shaheen iba a dar un paso delante pero la mano de Harres en su brazo lodetuvo. —¿Estás bien? —le preguntó su hermano. —Sí, estoy bien —consiguió decir Shaheen, en medio de una tormenta desentimientos. Pero no era cierto, no estaba bien, al contrario. Tal vez jamás volvería a estarbien. Se había acostado con Johara. La había hecho suya de todas las formas posibles. Cuando pensaba que no podía estar más sorprendido, más conmocionado, susojos capturaron los hermosos ojos oscuros de Johara y la pieza final delrompecabezas cayó en su sitio. Nº Páginas 34-90
  35. 35. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Él no la había reconocido pero ella tenía que saber quién era desde el primermomento. De hecho, lo sabía porque había pronunciado su nombre en cuanto seacercó a ella… Y luego le había hablado de sí misma, de su familia, sin nombres, fechas o sitios. Y cuando él no supo unir los puntos, tan conmocionado que no había sidocapaz de hacer la conexión, Johara decidió no decirle nada. La aprensión que habíanotado en ella debía ser ansiedad o temor por su reacción. —Ahora que has visto a tus potenciales novias, ¿qué tal tienes el estómago? —escuchó una voz femenina tras él. —¿Podemos dar pistas de a quién no elegir? Shaheen se volvió para ver a Aliyah y Laylah, que estaban poniéndose depuntillas para darle un beso en la cara, sus exquisitos rostros llenos de vitalidad yalegría de vivir. Automáticamente, Shaheen las abrazó, sin querer pensar en las ramificacionesde lo que había pasado entre Gemma y él… Johara, se corrigió a sí mismo. —La belleza de esmeralda, la que tiene el pelo largo hasta los pies —empezó adecir Laylah, dándole un pellizco en la mejilla—. No la mires siquiera. Por fuera esuna belleza pero se convertirá en una serpiente en el momento oportuno. —La pelirroja de ahí —añadió Aliyah, señalando discretamente con la cabeza ala mujer de la que hablaba—. Sal corriendo si vuelves a verla. Le salen escamas en lapiel por las noches. Harres soltó una carcajada. —Si lo que queréis es que Shaheen se sienta mejor, lo estáis haciendo de unamanera muy extraña. Laylah le dio un codazo en las costillas. —Estamos salvándolo de elegir a la flor más bonita y ser devorado vivo. —Y ahora que habéis eliminado las flores más bonitas, ¿debe elegir a la másfea? Aliyah hizo un gesto de horror. —No, no, esas dos son igualmente feas aunque no lo parezcan. Lo que haydentro es lo que cuenta. De hecho, ya hemos elegido por él. Tenemos dos que seríanperfectas. Harres lanzó un bufido. —En realidad, las dos son guapas —dijo Laylah—. Una no es tan sofisticadacomo a Shaheen le gustaría, pero nosotras creemos que lo sería cuando se convirtieraen su esposa. La otra es muy agradable, pero no tiene mucho sentido del humor,pero con Shaheen como marido, seguramente acabaría teniéndolo. Shaheen sentía como si estuviera en la zona crepuscular y esperaba escucharuna carcajada histérica en cualquier momento. Nº Páginas 35-90
  36. 36. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —Estoy aquí mismo, no habléis de mí en tercera persona —les dijo, después deaclararse la garganta—. Gracias por vetar a mi novia de pesadilla como sólo vosotraspodíais hacerlo. Escribid el nombre de vuestras elegidas y dádselo a mi padre. Pero siél decide que una de las diablesas es la más beneficiosa para las negociaciones, conella es con la que me casaré. Todo ha terminado para mí y, como le he dicho antes ami padre, una catástrofe con la que terminar mi vida es tan buena como cualquierotra. Las dos mujeres lo miraron, entristecidas. No se habían dado cuenta de cuánto odiaba Shaheen hacer aquello y se sentíanmortificadas por haberle tomado el pelo. —Yo no sabía que fuera tan duro para ti… —No me daba cuenta… Aliyah y Laylah empezaron a hablar a la vez y, al fin, las dos se quedaroncalladas, Aliyah mordiéndose los labios, Laylah con los ojos llenos de lágrimas. Shaheen miro a su captora, a Gemma… a Johara, pero ella apartó la miradaenseguida. Había estado mirándolo, pensó. No quería pero estaba mirándolo, tal vezno podía evitarlo. El móvil de Harres sonó en ese momento y, después de intercambiar unasfrases tensas, cortó la comunicación y se volvió hacia Shaheen. —Siento tener que irme, pero hay un problema en nuestras fronteras. Puedeque tarde horas en controlarlo. Cuando Harres se alejó, Shaheen volvió a mirar a Aliyah y Laylah. —Os perdonaré si le concedéis a este hombre condenado un último deseo. Las dos prometieron concederle lo que fuera. Shaheen miró a Johara, que de nuevo apartó la mirada, antes de volverse haciaellas. —¿Recordáis a Johara Nazaryan? —Pues claro —respondió Laylah—. Mi madre solía apartarme cada vez queintentaba hablar con ella. Y ahora mírala, tratándola como si fuera una estrella deHollywood. Todas nuestras amigas y parientes, que nunca se habían dignado ahablar ni con ella ni con su madre, están locas por ser presentadas. —Qué superficiales —dijo Aliyah—. Nunca quisieron reconocer el talento deJacqueline Nazaryan o lo dulce que era Johara. Pero ahora que Johara se haconvertido en una famosa diseñadora, todas quieren ser las primeras en lucir susexclusivos diseños. Es asombroso pensar que un vestido les parece más importanteque sus maridos. Míralos, todos babeando y a ellas no les importa nada. Shaheen se fijó en la gente que rodeaba a Johara por primera vez. Mujeres quela habían tratado con condescendencia, incluso a veces con descortesía, ahora latrataban no sólo como a una igual sino como a una celebridad. Nº Páginas 36-90
  37. 37. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Pero era el comportamiento de los hombres lo que hizo que se ofuscara.Muchos estaban mirándola descaradamente, buscando su atención. Shaheen apretó los puños, preparado para una lucha a muerte por conseguir asu compañera. Sí. Daba igual lo que hubiera hecho o lo imposible que fuera la situación, sucuerpo, todo su ser la consideraba ya su compañera. Y no aceptaría nada menos. Aliyah se volvió hacia él. —¿Qué pasa con Johara? —Traédmela —murmuró Shaheen. Shaheen estaba a punto de explotar. De frustración. Habían pasado dos horas desde que le pidió a Aliyah y Laylah que le llevasen aJohara. Y a las dos, que evidentemente no entendían su necesidad de contraer unmatrimonio de Estado, les pareció una buenísima idea. Ellas pensaban que debería olvidar los decretos del consejo real y casarse conquien quisiera. ¿Y quién mejor que Johara? Cuando se apartaron, una docena de personas rodeó a Shaheen de nuevo y élintentó concentrarse en la conversación mientras las observaba por el rabillo del ojointentando acercarse a Johara… pero la perdieron, empujadas por una ola de fans. YJohara desapareció. Miró de un lado a otro, la buscó entre la gente pero se había ido. Y Shaheen no tenía la menor duda de que lo había hecho a propósito. Podría interrogar a los guardias y criados y dejar que la noticia de que estababuscándola se extendiera por todo el país, o inspeccionar todas las habitaciones deinvitados y causar un escándalo aún mayor para ella y para su padre. De modo que allí estaba, paseando por su habitación, teniendo que hacer unesfuerzo sobrehumano para no golpear la pared con el puño. No podía dejar que se le escapase por segunda vez, tenía que hablar con ella. Estaba haciendo planes que deshacía un minuto después, cada uno más ridículoque el anterior, cuando un golpecito sonó en la puerta. —¡Vete! —gritó. Pensó que el pobre que se hubiera atrevido a llamar se habría ido, asustado,cuando de nuevo volvió a sonar un golpecito, esta vez más urgente. Shaheen se dirigió a la puerta, dispuesto a decirle cuatro cosas a la persona queestaba molestándolo… Pero se quedó inmóvil. Nº Páginas 37-90
  38. 38. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas Porque allí estaba. Gemma. Johara. Allí estaba, con el vestido dorado que destacaba el increíble lustre de su pelo,mirándolo con expresión ansiosa, con esos labios temblorosos que Shaheen habíanecesitado como loco durante esas horribles ocho semanas. —Shaheen… Él recordó esa noche, cuando dijo su nombre por primera vez, cuando lo miróasí y cambió su vida para siempre… Y no le dio oportunidad de decir nada más. La tomó entre sus brazos con la misma velocidad y determinación que dosdécadas antes, cuando la salvó de la muerte. Entró en la habitación y cerró la puerta sintiendo como si sus pies no tocaran elsuelo, desesperado por tenerla a su lado, debajo de él. Parecía la secuencia de un sueño. Gemma… Johara, estaba en sus brazos, sudulce aliento mezclándose con el suyo, su calor envolviéndolo. Pero Shaheen no dejaba de hacerse preguntas y esas preguntas hacían unagujero en su corazón. ¿Por qué le había ocultado quién era? ¿Por qué se había ido sin decir nada? ¿Porqué había decidido volver? Y la pregunta más importante de todas: ¿había vuelto porél? —¿Cómo has podido…? Ella dio un respingo, como si la pregunta hubiera sido una bofetada. —Estás enfadado —le dijo. —¿Enfadado? —repitió él, levantando una ceja—. ¿Crees que estoy enfadado? —No, sí, no lo sé —murmuró Johara, con lágrimas en los ojos—. Estás más queenfadado, estás furioso. Y tienes derecho a estarlo. —No estoy enfadado y no estoy furioso. Estoy… —Shaheen se pasó una manopor el pelo—. Sigo sin creer que me hayas hecho esto. —Lo siento mucho. Sé que debería haberte dicho quién era… —Sí, deberías habérmelo dicho. Pero no me refería a eso. ¿Cómo pudistemarcharte así, sin decirme nada? ¿No sabías lo que sentía por ti? Sentía… —Shaheenvaciló, buscando una palabra que pudiera describir la desolación que había sentidotras su desaparición—. Abandono. Johara apretó los labios, dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Y él la estudió, paralizado por la enormidad de la pena que irradiaba. Y luego laabrazó de nuevo, temiendo que se desvaneciera. Se quedó sin respiración al sentir elcalor de su cuerpo cuando había desesperado de encontrarla de nuevo. Nº Páginas 38-90
  39. 39. Olivia Gates - Domar a un jeque - 1º Pasión entre dunas —No quería que esto pasara —empezó a decir Johara, sollozando sobre suhombro—. Sólo fui a la fiesta para verte, no se me ocurrió que tal vez no mereconocieras después de tantos años. Pero cuando no lo hiciste… cuando tú… Shaheen se apartó un poco para mirarla a los ojos, para llenarse de su presencia,de su proximidad. —¿Qué? ¿Cuando me volví loco? ¿Cuando perdí la cabeza al verte? —Jamás imaginé que las cosas podrían llegar tan lejos. Quería verte por últimavez antes de que te casaras y ya no pudieras… en fin, debería haberte dicho quiénera, pero sabía que si lo hacía te apartarías o me tratarías como a una vieja amiga. Yyo no quería perder ese momento contigo. Si te lo hubiera dicho no me habrías hechoel amor, así que no te lo dije. Y tuve que marcharme, Shaheen, tuve que irme porqueno quería comprometerte. Por eso se había ido. Había pensado que eso era lo que debía hacer. Por él. Esanoche había sido tan mágica para Johara como lo había sido para él. Lo deseabacomo la deseaba él y le había dolido en el alma tener que marcharse. Sólo una cosa logró contener su emoción, que se culpara a sí misma cuando ellano tenía la culpa de nada. Shaheen tomó su mano, esa mano que había besado tantas veces aquella noche,para llevársela a los labios. —Te equivocas, Gemma, ya joharti, mi Johara. Tú no me has comprometido, alcontrario, me diste energía, me estabilizaste. Me liberaste. Y te equivocas tambiénsobre tus dudas. Puede que hubiera vacilado al descubrir quién eras por la sorpresa,pero nada podría haber evitado que te hiciera mía. Nada más que tú si no mehubieras querido. Johara dejó de llorar, el remordimiento dio lugar a la incredulidad, al alivio y,por fin, a la alegría. El corazón de Shaheen se expandió, expandiendo su mundo con él. Y la abrazó,apretándola contra su corazón. La otra mitad que le había faltado durante esas ochosemanas por fin estaba a su lado. —Pero me deseabas —murmuró sobre sus labios—. Sigues deseándome. Ella cerró los ojos, admitiendo su deseo, y Shaheen la besó con toda su alma.Johara estaba en sus brazos de nuevo y pensaba retenerla allí. No iba a dejarlaescapar. —Nunca dejaré de desearte. Johara dejó escapar un gemido cuando los labios de Shaheen aplastaron lossuyos. Su mundo era un caleidoscopio de felicidad, su cuerpo una tormenta desensaciones. Pero no había ido allí para eso. Nº Páginas 39-90

×