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Sharia74 Octubre 2015

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Revista cultura de la Asociación Amigos de Badajoz con excelentes temas sobre la ciudad

Publicado en: Educación
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Sharia74 Octubre 2015

  1. 1. Cumplimos 20 años desde que se creara en la ciudad de Badajoz esta Asociación. Ni uno mas, ni uno menos. Puede ser poco para un colectivo o mucho, si pensamos en los logros que se han realizado o las inmnumerables acciones encaminadas a poner en valor el patrimonio de nuestra ciu- dad. Múltiples acciones encaminadas a convencernos a nosotros mismo que “Badajoz tiene mucho que ver”. Logros encaminados a difundir nuestra historia. Logros en convencer a los ciudadanos que se podía subir a la Plaza Alta y al Castillo, al Fuerte de San Cristobal. ¿Quién era Ibn Marwan?... Solo hay que tirar de hemeroteca. Es sencillo hacer balance de aquellos años iniciales hasta la actualidad. Partíamos de la nada, casi todo estaba por hacer. El patrimonio y la concepción que de él tienen los ciudadanos ha mejorado enormenente. Evidentemente esto no es mérito de esta Asociación. Las Administraciones y principal- mente nuestro Ayuntamiento tomaron el testigo de muchas de nuestras ideas, de nuestras iniciativas, quejas o denuncias. Pero nuestros políticos no se mueven porque nosotros lo digamos, sino porque du- rante todo este periodo de tiempo hemos ido creando conciencia en la ciudadanía que poco a poco fue calando en élla y demandó cambios y mejoras en la gestión del patrimonio de la ciudad, máxime cuando a nuestro alrededor, muchas ciudades mimaban el suyo y les empezaba a dar beneficios por la atracción que ello supone. Y Badajoz no iba a ser menos, ¿verdad? Pero 20 años dan para mucho, también para errores, claro. Y momentos difíciles, claro. Como las olas, unas veces hemos estado encima de la cresta y otras hemos visto muy de cerca como el agua golpeaba la arena en el suelo, fundametalmente con el asunto de la Facultad de Biblioteconomia, cuando las administraciones machacaban al unísono y sin ningún tipo de escrúpulo a esta Asociación por sacarles las verguenzas en la más alta de las instancias judiciales. Crisis que malamente se gestionó y en la que nunca se quiso utilizar el arte de la política para negociar una salida satisfactoria para am- bas partes. A los políticos se sumaban sus incondicionales que sin argumentos amplificaban las desca- lificaciones y las mentiras convirtiendo a ésta Asociación y a sus socios en verdaderos hijos de Satanás. Y el daño a la credibilidad ahí quedó, haciendo bueno el dicho de “Difama, que algo queda”. Afortunadamente el tiempo pone a cada uno en su sitio y los ciudadanos, en su mayoría, probable- mente tengan ahora una visión diferente a como se la hicieron ver. Ya no se cuestiona la ilegalidad de una obra, que sin duda se realizó con las mejores de las intenciones por parte de las Administraciones, pero quebrando la Ley. Nuetras únicas armas en todos estos años han sido la dedicación, el trabajo y el estudio silencioso en las Comisiones de Patrimonio, Comisiones de Urbanismo, múltiples visitas, conferencias, excursiones, nuestra revista y calendario, proyectos, etc. 20 años de trabajo ininterrumpido realizado de forma al- truista por personas que tienen otras tareas familiares y laborales. Agradecemos que nunca nos haya faltado el apoyo de muchos ciudadanos. Pero a quien más nos debemos es a nuestra masa de socios, porque han sabido aguantar estoicamente las cornadas que recibíamos y que año tras año han ido manteniendo económicamente a esta Asociación, a la que durante mucho tiempo se le ha negado mucho, demasiado. Y como muestra de nuestro más sincero agradecimiento queremos celebrar con vosotros nuestro 20 aniversario con la edición de un librito escrito en 1878 para enseñar la historia de Badajoz a los alumnos de la Escuela Normal. Su autor, D. Joaquín Romero Morera, ejemplo de intelectualidad, cursó sus estudios en el Seminario San Atón y dedicó toda su vida a la enseñanza en diferentes lugares de España. Se sentirá orgulloso con la reedición de su obra 137 años después y desde la Asociación vamos a cumplir su deseo de divulgar su “Historia de España y en particular de Badajoz” enviando a los centros educativos y bibliotecas su obra como muestra de nuestra inequívoca dedicación al estudio y a la promoción de nuestra cultura, como hacemos con todas nuestras revistas y publicaciones desde la fundación. Gracias a vosotros por vuestra inestimable ayuda. NI UNO MAS NI UNO MENOS
  2. 2. 2 Alfonso Bullón de Mendoza Habiendo sido nombrado director del nue- vo Instituto Nacional de Enseñanza Media Femenino creado en Badajoz, el primero en esta provincia para alumnas, me trasladé a esta ciu- dad en 1962, en que empezó su funcionamiento, y durante 15 años desempeñé la dirección del Instituto, así como la cátedra de geografía e His- toria, que había ganado por oposición en 1949. Me instalé con mi familia en una casa moder- na en la Avda. del General Varela (hoy Huelva), ocupando la que había sido vivienda del obispo Auxiliar, Monseñor Beitia. Ante todo debo señalar, que fueron esos años en los que Badajoz comenzó el ma- yor aumento del nivel de vida de sus habitantes que hasta entonces había conocido. Por un lado, la creación de nuevos centros oficiales, in- dustriales y comerciales, con nuevos centros de trabajo para empleados; por otro la emigración de trabajadores buscando mayor retribución en las naciones del norte y centro de Europa, hizo que a su regreso muchos pudieran adquirir viviendas y conseguir un mayor nivel de vida para ellos y sus familias. Repercutía también la co- lonización agraria, que había transformado en zonas de re- gadío las hasta entonces de labor y pastos, y asentando en pueblos próximos a Bada- joz, a miles de familias caren- tes de tierra. La clase media se fue ampliando y el SEAT 600 pasó a ser habitual en funcionarios y empleados. Era fácil advertir en un Instituto, a través del aumento constante del número de estudian- tes, la creación de otros centros filiales, nuevos centros privados de Órdenes Religiosas y la cul- minación del mundo cultural con la creación de la Universidad, que fue la primera de Extre- madura, seguida con Facultades en Cáceres y otras poblaciones. La mayoría de los habitantes en contacto con los nuevos medios de difusión, a través de la proliferación de las emisoras de radio y sobre todo de la televisión que empezó entonces, tuvo conocimiento de las ideologías políticas demo- cráticas en otras naciones, y una parte de los ha- bitantes de Badajoz comenzó a interesarse por las diversas ideologías. Era evidente que el sistema dictatorial del régimen de Franco (que también había tenido notables aciertos) necesitaba evolucionar. Se difundían ideas marxistas, surgiendo las primeras huelgas y conflictos con fuerzas públicas. El régimen no toleraba la creación de parti- dos políticos, y por tanto, su funcionamiento era clandestino, pero sí se consi- deraban legales la existencia de Círculos de estudios, que analizarán los movimientos históricos, entre ellos la Institu- ción Monárquica. El gran difusor de éstos fue en Extremadura, Alfonso Bardají Buitrago, abogado del Estado y emparentado con familias de Trujillo, que realizó constantes visitas, propagando la ideología monárquica y hablando en reuniones y diversas socieda- des y asociaciones. Se crearon dos Centros, uno en la provincia de Cáce- res y otro con el nombre de Donoso Cortés en Badajoz, del que inmediatamente me hice socio, siendo elegido miem- bro de su Junta Directiva. En el ejercicio de la cáte- dra de Historia, pude seña- lar la influencia positiva que tuvo casi siempre la Corona. Con el apoyo del Claustro, solicité y obtuve el nombre de Bárbara de Bra- ganza para el Instituto Femenino. Esta princesa, hija de los Reyes de Portugal, se casó en Badajoz con Fernando, príncipe de Asturias, que llegaría a ser el Rey Fernando VI, de grata memoria. A la boda vinieron los Reyes Felipe V, el primer Bor- bón, y su segunda esposa Isabel de Farnesio, así como la hija de ambos, María Ana. Igualmente, los soberanos de Portugal acompañaron a la frontera del Río Caya a su hijo José, que sería Rey de Portugal y a Bárbara de Braganza. BADAJOZ EN LOS AÑOS DE 1962 A 1977. LABOR DEL CIRCULO DE ESTUDIOS MONARQUICOS “DONOSO CORTÉS” Portada del libro que recibió D. Juan de Borbón en Estoril de manos de su autor
  3. 3. 3 La inauguración oficial del instituto se hizo el 20 de Abril de 1964, y además de las autorida- des locales, vinieron a Badajoz, el embajador de Portugal, D. Luis Da Camara Pinto Coelho, el Director General de Enseñanza Media, D. Ángel González Álvarez y autoridades portuguesas. Publiqué un librito, dando a conocer el acto celebrado en Badajoz, que entregué en propia mano a D. Juan de Borbón, al que visité con nuestro Circulo en su residencia de Estoril (1). En el Paraninfo del Instituto, en el transcurso de los años, se celebraron organizadas por el Cir- culo “Donoso Cortés”, varias conferencias, entre ellas la pronunciada por Bardají, sobre Amadeo de Saboya, rey electivo, cuyo fracaso evidenció que un monarca sólo debe serlo en España si es sucesor de una misma dinastía. También en otras ocasiones, hablaron el Marqués de la Encomien- da, a la sazón procurador en Cortés, sobre Luis XVIII, que representó tras Napoleón el restable- cimiento en Francia de la Casa de Borbón, y D. Juan Antonio Cánovas del Castillo, sobrino del Presidente Cánovas, al cumplirse el Centenario de la Restauración. Por deseo expreso de las alumnas, en 1970 fue madrina del Instituto Bárbara de Braganza Doña Pilar de Borbón, Duquesa de Badajoz, y los actos que se celebraron con este motivo, fueron muy concurridos, siendo muy aclamada la Infan- ta. En un viaje anterior, asimismo, la Duquesa de Badajoz, ya había asistido a la inauguración de las Filiales de los Institutos Bárbara de Braganza y Zurbarán de Badajoz. Jornada Académica de nombramiento al Instituto Femanino como “Barbara de Braganza”. Intervención del Director ante las autoridades Hispano-Portuguesas. 1958 Foto portada HOY. (1) Se me había comunicado por el Cónsul de Por- tugal en Badajoz, que su gobierno me concedería una condecoración, pero como al entregar mi pe- queño libro a D. Juan, le di tratamiento de Majestad y así vino en el Boletín del Conde de Barcelona, se me indicó que un director de un Centro Oficial, al ser funcionario público, no podía denominar así a quien en realidad vivía en el exilio. Miembros del Circulo Donoso Cortés visitaron frecuentemente a D. Juan en su residencia de Villa Giralda de Estoril, y se organizó una suscrip- ción para adquirir una imagen de la Virgen de Guadalupe, que llevada al Monasterio, fue ben- decida con la asistencia de los entonces Prínci- pes D. Juan Carlos y Doña Sofía y varios millares de personas. En un nuevo viaje, esta imagen fue llevada a Villa Giralda, colocando D. Juan la misma, en el salón de entrada de su casa. Restaurada las Monarquía en D. Juan Carlos, el primogénito de D. Juan, el monarca que siem- pre había representado todas las ideologías, re- nunciaría a sus derechos para delegarlos en su hijo, demostrando así que la Monarquía heredi- taria quedaba restablecida en España. N. DE LA R. BREVE BIOGRAFÍA Alfonso Bullón de Mendoza, nació en Madrid en 1923. Cursó Filosofía y Letras, obteniendo el Doctorado en la actual Universidad Compluten- se. A los 25 años obtiene la Cátedra por opo- sición de Geografía-Historia de Instituto, ejer- ciendo su Cátedra en los Institutos de Linares, La Rábida de Huelva y Santa Eulalia de Mérida, donde también fue Director. En Badajoz ejerció la Dirección del Bárbara de Braganza durante 15 años. Regresó a Madrid, concretamente al Insti- tuto San Isidro hasta su jubilación. Académico Correspondiente de la Real Aca- demia de la Historia, miembro de la Junta Direc- tiva de la real Sociedad Geográfica de Madrid, vocal de la Asociación Amigos de los Castillos, vocal de la Real Asociación de Hidalgos de Es- paña de la que sigue en dicho puesto. Tiene el Titulo Nobiliario de “MARQUES DE SEL- VA ALEGRE” del que es el VII poseedor.
  4. 4. 4 Antonio García Ramos Militar en la reserva Habrían de transcurrir 403 años desde el descubrimiento por Cristóbal Colón de la Isla de Cuba, para que en los carnavales de febrero de 1895, José Martí, pensador y político cubano hijo de españoles, ordena- se el levantamiento insurreccional en la lo- calidad de Baire (provincia de Santiago de Cuba). Al grito de ¡Viva Cuba Libre! estalló la guerra que se llevaría por delante los res- tos de los territorios españoles de Ultramar y 60.000 muertos nacidos casi todos en la Espa- ña peninsular. Unas semanas más tarde, en marzo de 1895, la Reina Regente María Cristina nombra- ba al nuevo Presidente del Gobierno Antonio Cánovas del Castillo, quien a su vez designa- ría nuevo capitán general de Cuba a Arsenio Martínez Campos, el cual conservaba buena fama por solucionar la anterior guerra cuba- na, conocida como la de los Diez Años y el conflicto con las kábilas limítrofes con Melilla, enviándose los primeros refuerzos en la segun- da quincena del mes de marzo. Más de siete mil extremeños de una mane- ra u otra, fueron enviados a luchar para man- tener la integridad de las Españas, de los que poco más de la cuarta parte no volverían ja- más a sus casas, muertos la mayor parte por las enfermedades endémicas de aquel territorio tropical antillano. En el cuadro que antecede observamos que se data desde 1891, cuatro años antes del comienzo del conflicto, es debido a que se mo- vilizaron las reservas, o sea los que ya habían acabado su servicio militar en filas y se encon- traban en sus casas. También aparecen varias localidades extremeñas, eran las que poseían zonas de reclutamiento, abarcando al resto de pueblos de la región. Las unidades militares que más personal de Extremadura encuadra- ron en sus filas fueron dos, los regimientos de infantería de Castilla nº 16 y Baleares nº 41, am- bas ubicadas en la ciudad de Badajoz. Orga- nizaron cada una un batallón expedicionario de mil plazas y fueron enviados a la guerra en Noviembre y en Junio de 1895 respectivamen- te. También participaron nuestros paisanos en artillería, caballería e ingenieros zapadores, pero en mucha menor proporción. Hasta agosto de 1898 duró la guerra; la entrada de los norteamericanos en liza a raíz de la fortuita explosión del Maine, barco de guerra fondeado en el puerto de La Habana, significó la excusa perfecta para aprovechar el agotamiento de nuestra nación y cual fru- ta madura ocupar la Isla al mínimo precio. Pero su afán imperialista no se conformó con Cuba, también Filipinas y Puerto Rico, esta últi- ma a perpetuidad por lo que parece. El verdadero precio lo pagó la generación de nuestros bisabuelos. Echemos un vistazo a los gráficos1 , referidos exclusivamente a la ca- pital de la provincia: Sin gran esfuerzo comprobamos cómo los años más luctuosos fueron 1896 y 1897, con 26 y 24 fallecidos, casi todos por enfermedades comunes, accidentes o vómito negro. Los ele- mentos que Felipe II invocó para justificar la APROXIMACIÓN AL NÚMERO DE VICTIMAS DE BADAJOZ CAPITAL EN LA GUERRA DE CUBA
  5. 5. 5 pérdida de la Armada Invencible, son aplica- bles a este momento histórico. Durante 1895 aparecen menos bajas debido a que en el primer año se iban incorporando paulatina- mente los contingentes de tropas enviadas a luchar y en el último, el fin de la guerra en agosto determinó el fin de los envíos de refuer- zos. Podemos comprobar que las 5 bajas de resultas de los combates contra los insurrectos son números muy inferiores a los 77 que lo fue- ron por enfermedades, en datos que no es- tán cerrados todavía. Una proporción similar al resto de España. A estas bajas tendríamos que añadir las de 6 más que se ignoran sus circunstancias de fallecimiento. Pero ¿cuáles fueron las causas de la alta mortalidad en las filas del ejército español, y muy especialmente en el ejército colonial de Cuba? Entre otras causas podemos enumerar las siguientes: • La pésima salubridad de los acuartela- mientos militares en la Península. • Los viajes marítimos a los destinos de Ul- tramar. • La carencia de infraestructuras militares de la Isla de Cuba. • La falta de aclimatación. • La extremada juventud de la tropa y su inexperiencia militar. • La escasa y mala calidad de la alimen- tación del soldado. • El sobreesfuerzo físico de la tropa. • La falta del merecido descanso, espe- cialmente el nocturno. • Las enfermedades infecciosas. • Los parásitos y otras afecciones. • La fiebre amarilla o vomito negro. • La organización sanitaria del ejército español. • La acción en combate o por acciones de guerra. La muerte de estos jóvenes merece la pena ser dada a la luz pública. Que las nue- vas generaciones de ciudadanos de Badajoz conozcan quienes fueron los que dieron su vida en aquella contienda, es un acto de justicia y de memoria histórica, tan de moda en España. A lo largo del siglo XX lo que per- vivió en el imaginario colectivo fue la pérdi- da de Cuba, más que la pérdida de vidas. Mozos que el Estado convirtió en soldados, víctimas de una injusta ley del servicio militar, donde aquellos que poseían dinero tuvieron la posibilidad de eludirla. ¿Que ha quedado de todo aquello, valió la pena tanto sacrificio? Poco. Actualmente en la capital de Badajoz existe una calle con el nombre Héroes de Cascorro, otra dedicada al general Neila y Ciria y una avenida al Re- gimiento Castilla nº 16, incluso como muestra de que el paso del tiempo es el mejor lenitivo para curar las heridas producidas por penas tan hondas, existe una plaza José Martí con la estatua del prócer revolucionario cubano independentista. También en otros lugares de Extremadura, como Santa Marta de los Barros, el Círculo de Cascorro trata de mantener ín- tegros los recuerdos heroicos y aciagos de la contienda, así como en la Muy Benéfica Pla- sencia. Últimos vestigios de un pasado para no olvidar. 1. Anexos del libro “De Extremadura a Cuba. Los últimos Conquistadores”. Ed. Abecedario. Badajoz 2013
  6. 6. 6 JUDIOS EN BADAJOZ Guillermo S. Kurtz Schaefer Me pide la revista Sharia.... Equivocación. La revista no tiene voz, es una voz, pero no la tiene. La revista no me ha pedido nada. Recomienzo: el incombustible Manuel Cienfue- gos me abordó un día en la calle y me pidió que aportara este trabajo para la revista Sharia. Me pidió que, dado que la revista Pax et Emeri- ta tiene un ámbito de difusión diferente del de Sharia, le hiciera una revisión o resumen de mi artículo en la primera sobre los judíos en Bada- joz, dado que es un tema de interés para los lectores de la segunda. Mi primera respuesta fue no, pues no me gusta volver atrás a un tema que había deja- do hecho y aparcado. Pero, como es público y notorio, Manuel Cienfuegos es harto persistente e insistente, con lo que no me ha quedado más remedio que ponerme a ello. En el mencionado artículo, publicado en 20051 , saqué a la luz varios datos sobre la po- blación judía de esta ciudad a partir de docu- mentación existente en el archivo de la catedral de Badajoz, con alguna aportación adicional de otras fuentes (especialmente del Archivo Históri- co Nacional) y las pocas publicaciones que pre- viamente habían tratado el tema. Aquí, tal como se me ha pedido, resumiré lo allí dicho, siento no tener nada nuevo que aportar al respecto. Y como esto es un resumen, remito a dicha publi- cación (colgada en internet) para todo aquello que tenga que ver con bibliografías, notas a pies de página y citas documentales. Un pequeño aviso: transcribiré los nombres ju- díos tal y como hice entonces, según se les cita en la documentación original, en el castellano de los siglos XIII a XV en que están escritos ta- les documentos. Considero un error traducirlos a un sistema neo-hebreo supuestamente más correcto o auténtico, pues entiendo que toda autenticidad recuperada no es más que otra fabricación, por lo que de auténtico carece in- cluso del nombre, cuando no un oxymoron. Por tanto, Ysaque se quedará y no se convertirá en Isaac ni en Yitzjak. Et caetera. Población judía existió en Badajoz al menos desde época andalusí en adelante, como de- 1. “Judíos en Badajoz: algunas notas a partir de la documentación del Archivo Catedralicio de Bada- joz”, Pax et Emerita, 1, Arzobispado de Mérida-Bada- joz, Tecnigraf, Badajoz, 2005 mostró don Fernando Díaz Esteban al publicar diversas cartas comerciales del siglo XI proce- dentes de la geniza de El Cairo. Es imposible sa- ber si esta población es la misma que se ates- tigua en la Badajoz cristiana medieval, pues el tema de las continuidades poblaciones durante la fase de la expansión cristiana conocida como Reconquista dista mucho de estar resuelta. Cierto es que en el primer documento con- servado de Alfonso X referente a esta ciudad se atestigua la existencia en la misma de una comunidad judía. Dicho documento es una car- ta, de 1253, dirigida a los judíos que moran en Vadaxoz en la que les recrimina que no quisie- ran pagar las onzenas (un impuesto que el rey había puesto a moros y judíos), y además les indica que si vendieran paños o vestiduras han de pagar impuesto por ello. Con la advertencia añadida de que, para evitar engaños, estipula que la valoración debe ser hecha no sólo por los mercaderes sino por omes buenos de la villa con presencia de escribanos públicos. No es cues- tión de glosar la evidente desconfianza ante los mercaderes judíos, cuando no flagrante antise- mitismo, que rezuma este documento, que pre- senta a los judíos como engañadores, debiendo el rey proteger a sus súbditos cristianos. Lo mismo transpira otro documento, un año posterior, por el que el rey ordena que los judíos no puedan prender (apresar) a cristianos por deudas, ni si- quiera prestar a cristianos con la garantía per- sonal de éstos, sino sólo con la garantía de sus bienes; el hecho mismo de la existencia de esta carta presupone que los judíos estaban actuan- do como prestamistas, y que los cristianos que habían puesto a su persona como aval no esta- ban pagando, lo que provocó una queja formal del concejo ante el rey. Otro documento, algo más tardío pues está fechado en 1287, demuestra que efectivamen- te había prestamistas (¿sería más elegante lla- marles financieros?) judíos, pues Pedro Andrés y María Jurdón su mujer habían contraído con cinco de ellos (Perhadia y Daví hijo de Çomaya, Alesar, Yuçaffí hijo de Çemaya yYuçafí Trapero) la importante deuda de 5.370 maravedís, lo que obligó al escribano real Joan Ferrandes a poner en almoneda varias propiedades para liquidarla. Pero no fueron las finanzas las únicas activi- dades de judíos documentadas en Badajoz. Constan algunos escribanos de esta filiación, un corretor (corredor de comercio) y varios propie-
  7. 7. 7 tarios de viñas (aunque no está seguro se dedi- casen directamente a la agricultura, cabiendo la posibilidad de que arrendaran la explota- ción). Todas ellas actividades del sector terciario de la economía. Es verdaderamente escasa la información al respecto, pues la mayor parte de los documentos conservados son censos por los que el cabildo catedralicio daba casas o pro- piedades inmobiliarias a judíos, en los que no siempre se consigna cómo se ganaban la vida. Estos censos sí permiten saber exactamente dónde residían los judíos en Badajoz, lo que que- da reflejado en un plano de la ciudad: Como puede verse, y a pesar de la idea ge- neralizada de que los judíos vivían en aljamas o juderías, está claro que, en Badajoz al menos, se repartían por la mayor parte de la ciudad (con especial concentración en la parte más alta). Es más, en los documentos de censo se detallan siempre los linderos, y muchos de estos judíos tenían vecinos cristianos. Debe interpre- tarse esto como un signo de relativa integra- ción entre comunidades. De hecho, el que en las Cortes de Toledo de 1480 los Reyes Católicos ordenaran que los ju- díos de sus reinos se separasen de sus otros súb- ditos y vivieran en barrios propios indica que esta dispersión (e integración relativa) debía ser más la norma que la excepción. Esta orden real ge- neró muchos problemas en Badajoz, sobre todo porque las partes no se ponían de acuerdo en los precios de compraventa de las casas (las que ya ocupaban y debían abandonar, y las nuevas), debiendo los Reyes Católicos interve- nir varias veces (en 1483, 1489 y 1491) para obli- gar a todos a resolver el problema, amparando siempre (al menos sobre el papel) los derechos tanto de judíos como de cristianos. Es más, en 1485 Ysaque Franco vesyno de la dicha çibdad, judío, en representación de la aljama de Bada- joz, pidió el amparo real ante los desafueros a que eran sometidos por Alfón Pardo, aposenta- dor de la ciudad. Los Reyes ampararon a la co- munidad, y debieron tomar cartas nuevamen- te en el asunto en 1491. Está claro que en estos años directamente anteriores a la expulsión, la comunidad judía de Badajoz se sentía persegui- da por sus vecinos cristianos, sentimiento que posiblemente respondiera a una realidad de persecución y acoso. De la expulsión misma, año de 1492, para Badajoz no ha sido posible hallar datos concre- tos, aunque la situación de la ciudad en la fron- tera portuguesa hace pensar que los judíos re- sidentes aquí se dirigieran al reino vecino y que otros judíos pasaran por Badajoz camino del exilio. Se sabe que el alcalde mayor de sacas de esta ciudad (cargo equivalente al de jefe de aduanas), Diego de Vera, estuvo implicado en un caso de contrabando por el cual judíos expulsados consiguieron sacar más riquezas de las autorizadas; y que los reyes enviaron a la
  8. 8. 8 ciudad a Lope de Villareal a faser çiertas pes- quisas por nuestro mandado tocantes al paso de los judíos. Lamentablemente, no existe más información al respecto. Con la expulsión, se acabó la presencia propiamente judía en Badajoz. De ningún mo- mento podemos saber qué tamaño tenía esta población, pues faltan datos objetivos que per- mitan calcularlo con algo de fiabilidad. Sólo sabemos, hoy por hoy, que existió comunidad judía desde época andalusí en adelante hasta la expulsión definitiva. Pero sí es posible documentar la existencia de una población conversa de judíos en la ciudad. Rodríguez Moñino ya publicó la lista de sambe- nitos expuestos en la catedral de Badajoz. El do- cumento es importante, no sólo para conocer con cierto detalle a la comunidad conversa sino también la represión a la que fue sometida. Allí se detallan los nombres y las penas a que fueron sometidos entre 1496 y 1599 los acusados de ju- daizar, trescientas seis personas en concreto, un número relativamente significativo. Las penas aplicadas, y su distribución, fueron: Que cada cual saque sus conclusiones sobre estos datos, que a fin de cuentas tratan de la represión y persecución de un grupo social. La relativa amplitud de la información que aporta el documento de los sambenitos me permitió comparar al grupo de conversos con la población general de la ciudad en la mis- ma época, que previamente había estudia- do al tratar del Hospital de la Concepción. La conclusión de esta comparación fue que eran prácticamente indistinguibles ambos grupos en tres de los cuatro parámetros que pude compa- rar: oficios, apellidos familiares, preferencia por nombres masculinos y femeninos. Los apellidos de conversos y de cristianos viejos presentaron la misma distribución (entendida esta palabra en su sentido estadístico), ambos grupos practi- caban los mismos oficios o cargos (con la nota- ble excepción de los eclesiásticos) y los hombres de ambos grupos tenían los mismos nombres. No así las mujeres, que presentaban distribuciones diferentes. Mi conclusión al respecto es que los conversos estaban perfectamente integrados en todos los sentidos de la palabra, y sólo en el ámbito estrictamente familiar y privado (en la sociedad del XVI lo público era propio de los hombres, lo privado de las mujeres) conserva- ban algún rasgo (pequeño) de diferenciación. Que ello justificara la represión a que fueron so- metidos, no puedo explicarlo, lejano como me siento de la mentalidad de la época. Un par de datos adicionales, y poco cono- cidos, son pertinentes al tema. En 1528 el inqui- sidor badajocense, el Dr. Selaya escribió al rey portugués porque algunos huídos del reino y refugiados en Campomayor habían dado un golpe de mano armada en Badajoz, llevándose sus enseres y a una prisionera de la Inquisición; hecho que la carta relaciona con la predica- ción en la frontera del enigmático judío David Reubení, supuestamente un príncipe de los ju- díos de Oriente, y posteriormente ajusticiado en Badajoz. Tema por el cual también el Empera- dor Carlos V escribió al Rey de Portugal. Algu- nos años más tarde, cuando la comitiva de la infanta María Manuela de Portugal, prometida al entonces príncipe Felipe, cruzó la frontera de Caya, un judío intentó pasar a España aprove- chando la multidud. Fue apresado, mas unos emboscados armados le liberaron y huyeron a Portugal. Ninguno de estos incidentes ha sido suficientemente aclarados, pero demuestran, como mínimo, que hubo judíos que practicaron resistencia activa contra la política de expulsión. Poca, se enfrentaban no en vano a uno de los reinos más poderosos del momento, pero queda constancia de que no todo fue aceptación re- signada de su destino. Con esto resumo lo que, con bastante más extensión, traté en mi trabajo sobre los judíos en Badajoz publicado en 2005. A él remito a quien pueda estar interesado, que lo puede encontrar en internet.
  9. 9. 9 Miguel Nuñez Ortiz Ibn al-Sid (latinizado como Abenalsid) nació en Badajoz (de ahí su sobrenombre de al- Batalyûsî) en 1052. Fue un filósofo árabe andalusí cuya doctrina la podríamos calificar de neopitagórica-neo- platónica. La recuperación de la obra de Abe- nalsid, se la debemos a la gran labor del ara- bista español Miguel Asín Palacios (Zaragoza, 1871-San Sebastián,1944). La vida de Abenalsid transcurrió en el revuel- to periodo de los reinos taifas tras la abolición del califato en 1031, por lo que se vió obligado a viajar por la península en sucesivas ocasiones, lo que le puso en contacto con diferentes es- cuelas. Se sabe que, además de Badajoz, pasó tiempo viviendo en Valencia, Toledo, Albarracín y Zaragoza donde parece ser que murió en 1127. Donde quizás plasma mejor su pensamien- to es en su obra El libro de los cercos1 . Este libro -que estuvo mucho tiempo atribuido a Ptolo- meo- muestra el pensamiento que sobre Dios te- nía Abenalsid. Para él, Dios es pura inteligencia, y por lo tanto es la perfección del conocimiento. Este filósofo pacense (o Badajocense, que elija el lector) tuvo la buena suerte de nacer cuando en Badajoz existía una de las cortes más florecientes culturalmente -la del príncipe al- Muzzafar- pero la mala suerte de que fue mien- tras ocurrían grandes conflictos como la lucha con el reino de Sevilla, por lo que pronto se vió obligado a huir de la ciudad. Uno de los hechos que más resaltan sus bió- grafos es la larga polémica que mantuvo con el gran Avempace sobre cuestiones gramaticales y dialécticas, tema que desarrolló en su obra el Libro de las cuestiones. Aunque su mejor trabajo seguramente fuese el citado Libro de los Cercos, como indica el hecho de que ya en el siglo XIII fuese traducido por él célebre rabino de Marse- lla Mosé ibn Tibbon, así como en el XIV el tam- bien judío Samuel ibn Motot. En cualquier caso, el epicentro de toda la obra de Ibn al-Sid se encuentra, como en mu- chos pensadores de la edad media –ya sean cristianos, árabes o judíos– en la relación que podía establecerse entre razón y fe. Se trataba de utilizar la filosofía para hacer de la religión algo razonable además de intentarla explicar verdaderamente. Había que conseguir la con- cordancia entre ambas para poder encontrar el camino de la felicidad tanto en este mundo como en el del más allá. Es una pena que no se reconozca -sobre todo en las ciudades- la gran importancia de este y otros tantos filósofos islámicos, que consiguieron llevar a cabo la importatísima y trascendental misión de recuperar la filosofía griega (sobre todo Platón y Aristóteles) para el rígido occiden- te cristiano. No en vano venían de toda Europa miles de estudiosos hasta España, ya que era cul- turalmente a lo más que se podía aspirar, espe- cialmente, claro, hasta Toledo, donde su Escuela de Traductores fue la gran puerta por donde en- tró la gran ciencia-filosofía de Grecia. La contribución de Ibn al-Síd a las ciencias de la lengua árabe y de sus textos ha sido estudiada por Salvador Peña. Éste destaca la ingente erudi- ción de Abenalsid, a quien caracteriza como el principal agente de la introducción de las nove- dades de los bagdadíes en las «ciencias del len- guaje y el texto» andalusíes. Y no sólo eso. Según Salvador Peña, Ibn al-Síd llevó dichas novedades a sus últimas consecuencias, contribuyendo más que ningún otro andalusí, a una revisión crítica de la obra anterior al siglo X2 . En cuanto a su filosofía, como he dicho an- tes, tiene un concepto intelectualista de Dios como modelo de todo conocimiento posible. Conocer la naturaleza de las cosas es aproxi- marse a las ideas de Dios, es aproximarse al mis- mo Dios. De esta manera, el ignorante siempre será quien se encuentra más alejado de Dios, y conocer es perfeccionarse, santificarse. Esta escala de perfección procede del acto de la Creación, que consiste en una emanación des- de el conocimiento divino, en una transforma- ción de la Unidad hacia la pluralidad (clara in- fluencia de Plotino). Ibn al-Sid, poeta, secretario real, gramático, filósofo, viajero de los reinos de Taifa, simplemen- te tiene en Badajoz una pequeñita y escondida calle, pero eso sí, está en el barrio de San Roque. IBN AL-SID, UN FILÓSOFO DE BATALYÚS 1. Asín Palacios, M., Ibn al-Sid de Badajoz y su “Li- bro de los cercos” (“Kitab al-Hada’iq”). 2. Delfina Serrano. Al Qantara. Ibn Al-Sid Al-Batal- yawsi: de los reinos de taifa a la época Almorávide a través de la biográfia de un un ulema polifacético.
  10. 10. 10 Pilar García de Pruneda Trevijano Nací en la calle Arias Montano, o de La Sal, en la esquina con la Plazuela de la Soledad, en la casa que construyó mi bisabue- lo, Miguel Trevijano Alba, en 1876. Es la segun- da en antigüedad, después la que hace la esquina de la Plazuela con la calle Mesones, o San Pedro de Alcántara, también conocida como casa de El Candado.No se conservan fotos en que aparezca la casa entonces pero, en algunas de principios del s.XX, aparece la ermita de La Soledad en su antiguo emplaza- miento, la casa donde luego se construyó la que hace esquina con la calle Larga, o el edi- ficio donde luego se construiría el Banco de Es- paña; hay otras donde aparece la tienda del Burro, o sea, de diversos ángulos de la Plazuela menos de ése. Mi bisabuelo también constru- yó la casa que quedó entre el Banco de Espa- ña y el hotel Madrid, que primero fue sede de Hacienda, después sería sede de la ONCE y, en el tiempo que sólo fue un solar, se celebra- ban combates de boxeo. En la elección de la Plazuela tuvo mucho que ver la bisabuela, Amalia Alvarez Ortiz, no en vano varias ramas de la la familia Alvarez terminaron instalándo- se en las inmediaciones, calle Mesones, de la Sal y, en la misma Plazuela, Juan Alvarez cons- truyó su maravillosa casa modernista al lado de la de mi bisabuelo. Antes de continuar hablando de la Pla- zuela y su entorno, me gustaría dedicar una especial mención a mi abuelo, Salvador Tre- vijano. Fue un personaje popular. Después de estudiar Filosofía y Letras y Derecho, de las que no ejerció ninguna, se dedicó a viajar. Un día dijo que iba a tomar café y se marchó a Estados Unidos, a visitar la Exposición de San Luis de Missouri y a conocer Nueva York, trajo unos accesorios de cuarto de baño, que por suerte se conservan y una lavadora, aunque nadie diría que lo era ni fue posible ponerla en funcionamiento, terminó en Sierra Trevijano, cerca de Fuente del Maestre donde fueron amontonándose las rarezas compradas en el Rastro, un salacot auténtico de la India y los distintos tipos de cafetera que iban saliendo al mercado; todo aquello se ha perdido, menos PLAZUELA DE LA SOLEDAD un sifón que me traje, junto con las Literatu- ras de Vanguardia Europeas, de Guillermo de Torre, en primera edición. Acerca de su viaje a Estados Unidos escribió una novela, El Ven- cido, seguida de La Vorágine, ambas en au- toedición en la editorial Caro Raggio. Reunió una buena biblioteca, en la que la mayoría de los libros estaban en Francés y entre ellos los más curiosos son los libros de Agricultura, en algunos puede verse el desfase entre Francia y España, cuando aquí se conocía el arado romano y poco más.No se conservan todos sus libros, ni mucho menos, pero hay alguno del s.XVIII, así, HISTÓRIAS SELÉCTAS SACADAS DE LA SAGRADA ESCRITURAS, los acentos son del original. Quienes mejor han conocido su obra, poco extensa, como puede verse, y su forma de pensar, han sido Tomás Rabanal Brito y su hijo, José Rabanal Santander. Casado con Leonor Molina, nacida en Brasil, pero afincada con su familia en Badajoz desde la niñez, tuvo seis hijos; mi madre fue la quinta. Instalado con su familia en el piso principal de la casa de sus padres, se dedicó a la decoración y moderni- zación de la misma, en la familia se decía que los cuartos de baño, con sanitarios, griferías in- glesas y azulejos traídos de Bélgica, fueron los primeros en Badajoz, pero es un detalle que, aparte de carecer de importancia, está por confirmar. Fue muy buen decorador, quizá más que en la elección de los muebles, algunos de Badajoz y muchos de Madrid o Lisboa, en el decorado de paredes o techos. Para la sala encargó a Antonio Juez diez cuadros, que se distribuyeron a izquierda y derecha, tomando como modelo la tapa de una caja de bom- bones de la abuela, con escenas de Versalles, que debió ser para Juez una perita en dulce, y donde desarrolló una imaginación exhube- rante. Mi madre lo recordaba como un chico rubio y muy callado. La idea que Juez sacó del encargo del abuelo, no fue muy positiva, en el libro con motivo de su exposición antológi- ca, habla de esos cuadros a la aguada como pintados “para el ornato ostentoso de un sa- lón”. Vamos a pasar por alto la Guerra Civil, aunque el abuelo salvó la vida por milímetros y después estuvo muy mal, no por esa circuns- tancia, sino por lo que le tocó ver en Badajoz. En 1950, fue la primera visita a Badajoz de Ca-
  11. 11. 11 milo José Cela, invitado por mi padre, Federi- co García de Pruneda. El anecdotario es am- plio, incluida la visita a las casas de lenocinio, la polémica con Lino Duarte en la librería La Alianza por haberle puesto su apellido al pro- tagonista de su novela La Familia de Pascual Duarte. Quiero quedarme con la cena que le ofrecieron en el bar El Faro, al que asistieron el abuelo y mi padre. Cela después le dedicó unas líneas a los dos en la revista Clavileño, a uno como “un novelista que viajó a Estados Unidos a principios del s.XX” al otro como “un fiscal que juega al ajedrez de espaldas, como un es- colar castigado”. Salvador Trevijano murió en Villa Ama- lia, o la Huerta, hoy atrave- sada por el Puente Real. Los peones de las fincas de la carretera, que habían pe- dido permiso para asistir, no dejaron que pusieran el ataúd en el coche fúnebre y lo llevaron a hombros hasta Puerta Palmas, donde esta- ban esperando los camare- ros y limpiabotas del Casino, que cogieron el relevo y así hasta el cementerio.Nunca fue un señorito, por eso salvó la vida un amanecer en la Iglesia de la Candelaria, de Fuente del Maestre; por eso lo llevaron a hombros una fría tarde de marzo. Hecho este inciso, tengo bastantes fotos fijas de la Pla- zuela de la Soledad. Los Wols-Wagen negros, de matrícula portuguesa, delante del Banco de España. El Candado, ferretería y Bazar, a rebosar de gente, sobre todo la ferretería. El Barato, tienda de tejidos como la que ocupa- ba el bajo de nuestra casa El Metro. El puesto de chucherías, a un lado de los urinarios pú- blicos, atendidos por una mujer viuda y sus hi- jas; después el puesto se trasladó a la esquina del Banco de España, por la mañana los due- ños llegaban con las tres maderas, pintadas de blanco, con que formaban una caseta. Era el Badajoz de los pregones, la salmodia monótona de los ciegos y más tarde el ruido de los motocarros al amanecer. El policía mu- nicipal y el barrendero, formaban parte del paisaje de la Plazuela, como Manolo “el de la goma” con su madre, como la “Mata coño”, eternamente perseguida por los niños, a los que dedicaba los peores tacos de su reper- torio. Mujeres que vendían ancas de ranas, criadillas de tierra, etc; Eladio, que venía de Alconchel con su cesta de dulces caseros o Felisa, la mandadera de las adoratrices, con su cesta de dulces del convento. Y los entie- rros, un espectáculo, cuando no había tele- visión y se tenía por todo entretenimiento la radio; el cura, revestido de alba y estola morada, acompañado por dos monaguillos, uno con el incensiario y el otro con la Cruz de la parroquia, con la manga morada también; iban a buscar al difunto a su casa, para celebrar el funeral en la iglesia y después al ce- menterio, el coche de caballos con más o me- nos lujos, los caballos con las gualdrapas negras y doradas, dependiendo de la categoría del en- tierro; la tristeza de los coches blancos, para los niños e incluso para jóve- nes solteras. Al anochecer, el desfile de los ciegos que iban a la ONCE, a la calle Montesinos. La Semana Santa vestía de color, luces, olor a cera las calles.En la feria, la ban- da municipal pasaba tocando diana florea- da, una hermosa manera de empezar el día, antes de presenciar el bullicio de San Juan; teníamos también a la banda de la Cruz Roja, porque doña Araceli Spínola, su presidenta, vivía en la Calle de la Sal y salía al balcón, cuando la banda se detenía dando vistas a su casa. Aunque sea un tópico, todo ha cambiado, pero al menos las casas se conservan, y con ellas el recuerdo, de cuando, según mis hijos y los muchachos de su generación, el mundo era en blanco y negro; menos de lo que ellos creen. Novela de Salvador Trevijano con portada de Antonio Juez
  12. 12. 12 Alfonso Domínguez Vinagre Bien hará la Ciudad de Badajoz en guardar con celo los maltrechos muros que restan de la fortaleza de Hernán Gómez de Solís en la puerta del Alpéndiz; son testimonio vivo de uno de los más apasionantes y desconocidos episo- dios de su historia. Allí continúa presente la hue- lla del principal movimiento antiseñorial prota- gonizado colectivamente a fines del medievo por los habitantes de la ciudad ante el más recio intento de sustraerla del realengo, es decir, de privarla de su libertad y autonomía. Fue en enero de 1470 cuando caballeros e hidalgos, hombres buenos, menestrales, gente del común, clérigos, campesinos, aldeanos, ju- díos y moros, vecinos todos de la ciudad y tierra de Badajoz, se alzaron a una sola voz en abierta rebeldía frente a la violenta e ilegal ocupación del usurpador Hernán Gómez de Solís, el tirano, que hacía cinco años se enseñoreaba de la principal ciudad de la Baja Extremadura. Le obli- garon a refugiarse con sus tropas tras los muros de la alcazaba y sometieron a asedio la extensa cerca. Solicitaron la ayuda del conde de Feria y tras días de cerco acometieron el asalto final simultáneamente por trece tramos distintos de la muralla. Las tropas vecinales consiguieron tomar la ciudad vieja obligando al tirano a refugiarse, acorralado, en el reducto estratégico de su fla- mante fortaleza urbana. Esos restos que ahora se come la maleza. Durante esos cinco años controló todas las estructuras del poder concejil y mantuvo un fe- rreo control militar de la plaza. Vejó y robó a los vecinos y al cabildo, extorsionó a la minoría ju- día, encarceló y desterró de la ciudad a la disi- dencia, ocupó tierras, bienes y derechos comu- nales, destruyó las casas de sus oponentes y se incautó de sus bienes, torturó hasta la muerte a varios vecinos, hizo colgar a otros, se apropió de las rentas concejiles, los obligó a hacer la gue- rra, forzó al vecindario a construir con sus ma- nos su casa-fortaleza sobre solares igualmente incautados, y obligó literalmente a los vecinos a arrodillarse para besar su mano. Hizo y deshizo a su antojo. Hasta que la ciudad dijo basta. Hernán Gómez de Solís era el hermano del poderoso Maestre de Alcántara. Prontamente huérfanos, pertenecían a la baja nobleza ur- bana del concejo cacereño, pero un golpe de suerte introdujo a uno de ellos, Gómez de Solís, como criado en la corte del príncipe Enrique. Cuando Enrique accedió al trono el cacereño aprovechó bien su buena estrella para conver- tirse en mayordomo del rey, y poco después en maestre de la milicia extremeña; la fabulosa maquinaria de riqueza y poder que era la Or- den de Alcántara en el S. XV en manos de un HERNÁN GÓMEZ DE SOLÍS Y LA ALCAZABA DE BADAJOZ recién llegado. La inmensa burbuja de la gue- rra civil castellana, cuando el patrimonio real y comunal se privatizó masivamente y a mansalva en favor de las élites nobiliarias, les pilló a los So- lís en la cresta de la ola. Y actuaron como au- ténticos brokers del medievo. Abandonaron la obediencia a Enrique y capitanearon el bando nobiliario rebelde en Extremadura, al calor de la corte del infante Alfonso donde se repartía el botín del reino en alianza política con Pacheco, Carrillo y los Zúñiga. Volaron alto, muy alto. Pla- nearon crear un sólido y nepótico bando-linaje regional, buscaron emparentar con la alta no- bleza, dotarse de gran ejército privado provisto de artillería, hombres, bases y recursos, hacerse de rentas, propiedades, cargos y títulos y exten- der su dominio sobre los principales concejos de Extremadura. La autoridad del monarca vivía sus horas más bajas y estaban quebradas todas las justicias. Ellos, en pleno subidón de poder, conscientes del momento. Gutierre, el mayor, controlaría Coria y Cáceres, donde demolió el alcázar, encendiendo la guerra intestina en la ciudad amurallada. Hernán Gómez, el más jo- ven, controlaría las encomiendas de Salvatierra y Villanueva de Barcarrota, ocuparía Badajoz expulsando al partido del conde de Feria y a los patricios tradicionales del concejo. Lo hizo. Las circunstancias fueron propicias para ha- cerse con los resortes del poder político y eco- nómico de la ciudad de Badajoz. La orden de Alcántara era rica en recursos y contaba con encomienda, casas e iglesia en la alcazaba. Era intenso el malestar y enfrentamiento ciudadano con el conde de Feria y los potentados locales por la usurpación reiterada de bienes y dere- chos comunales, por la contínua pérdida de su término. La donación que Enrique IV hizo de La Torre y Almendral, aldeas de Badajoz, a Gómez Suárez de Figueroa, a comienzos de la guerra civil castellana, colmó el vaso de los pacenses y muchos verían bien al recién llegado. Hernán Gómez de Solís contaba además con el apo- yo de Arias Mosquera, fundado en una íntima alianza personal. Y Mosquera, como alcaide del castillo, tenía en sus manos el control militar de la alcazaba. Hernán Gómez pronto intervendría las rentas y los oficios concejiles, colocándo a sus criados y fieles en los puestos clave. Él mismo comenzó a atribuirse la jurisdicción y la justicia, primero como alcalde de judíos y moros, des- pués como alcalde mayor. Siempre en nombre de su hermano el Maestre, recurriendo a la dura represión y a la violencia hasta tener el control total de la ciudad. En 1467 Gómez de Solís ya se titulaba “Señor de Badajoz” en la documen- tación que expedía. El rey, en los tristes días de Segovia, algo debió prometerle y algún papel arrancó al monarca, el que mostraría Hernán a
  13. 13. 13 la ciudad para forzarlos al pleito homenaje co- lectivo, pero el diploma real de donación nunca quiso Enríque concederlo. El arma preferida del menor de los Solís, au- téntico condottiero renacentista de la dehesa, sería sin embargo la arquitectura. “Las hobras son fechas en gloria de fama ynmortales, e por eso se mueven a hazer hazañas y edificar yn- synnes edifiçios, e dexar grandes patrimonios, e hazer grandes cosas dignas de perpetua me- moria”, dejó dicho en las escrituras de su mayo- razgo. Utilizó la arquitectura como arma política, como vehículo de propaganda y control social, por supuesto como central recurso militar, pero sobre todo como expresión de la voluntad de fama inmortal, de huella permanente. ¡Y vaya si lo consiguió! No solo con sus obras que fueron muchas(los castillos de Barcarrota y Salvatierra, las casas fuertes del Alpéndiz y Malpartida, las iglesias y conventos en sus villas), también con sus derribos, que no fueron pocos. Creemos encontrar en la acción de Hernán Gómez sobre la alcazaba de Badajoz algunas de las claves que explican la progresiva degra- dación urbanística y el despoblamiento que presenta la villa vieja a finales del medievo. No solo por la intensa militarización del recinto y la expulsión del mismo -familias enteras, de sus ca- sas- de numerosos adversarios políticos, sino por la demolición efectiva de numerosos inmuebles y la degradación del trazado urbanístico, sobre todo del sector noreste de la ciudadela. Maes- tros de la orden de Alcántara proyectaron una fortaleza urbana junto a la puerta del Alpéndiz. Se edificaría sobre el solar que los Suárez de Fi- gueroa donaron a Garci Méndez de Badajoz, el corrupto y odiado secretario de Enrique IV, en pago por sus gestiones en la obtención del título condal. Una sólida y alta torre, dotada de nu- merosos recursos defensivos, y adaptada para el uso sistemático de la artillería ligera, apuntaría al corazón mismo de la ciudad, como inequívo- ca expresión de dominio. Para hacer efectivo su potencial defensivo Hernán Gómez emprendió la demolición de todas las casas y edificaciones adyacentes, “por faser plaça delante”, n. Cons- tan los derribos de las casas de Fernándo de la Rocha, el depuesto alcalde mayor, de Gonzalo Tablero, de un tal Mellado, de Diego de la Ro- cha, de la viuda Ana Fernández de Fonseca, de Fernando Alonso de la Rocha y de Álvar Díaz Pa- leto, la mayoría aledañas a la fortaleza. La casa- fortaleza engulliría la propia puerta del Alpéndiz, a la que se dotó de otras dos torres de flanqueo, privatizando su uso. La planta ambién alteraría el trazado de las calles, adelantando la edifica- ción hasta ganar la muralla y colapsando la ca- lle de ronda. El edificio, cuyos patrones más cer- canos podemos encontrarlo en otras fortalezas urbanas coetáneas, como el cacereño palacio de las Cigüeñas o la casa fuerte de Luís de Cha- ves en Trujillo, lo levantarían los propios vecinos a base de peonadas forzadas y se costearía con fondos concejiles. Pero la estrella de los Solís se apagó pron- to. Alonso de Monroy, el clavero de Alcántara y mortal enemigo del maestre, destrozó con su guerra de guerrillas la maquinaria militar del bando-Solís. Perdió todos los apoyos políticos en la corte y en ñla región tras la muerte del infante Alfonso y la desintegración del bando rebelde. El conde de Feria vio llegado el momento de plantarles cara en la Baja Extremadura. En sep- tiembre de 1469 los hermanos Solís capitulaban ante Enrique IV el perdón y se comprometían a liberar la ciudad. No lo hicieron, y el rey dió vía libre a la ciudad para la revuelta antiseñorial. Y la ciudad se alzó contra el tirano. En todo movimiento antiseñorial, en toda Fuenteovejuna, hay un hecho desencadenante de la explosión, un agravio insufrible, una injus- ticia que genera una oleada de empatía que estalla. Bien podría haber sido las torturas bru- tales sufridas por Martín Fernández, el mayoral del obispo, que junto con Lope Sastre fueron descoyuntados en el potro por orden del tirano, “de manera que nunca fueron hombres como de primero eran”. Los testimonios documentales, casi treinta años después, expresan honda pena por el sufrimiento de aquel hombre, que “quedó mal despuesto hasta que murió”. La revuelta popular no fue un paseo. Tras días de cerco se acumularon un importante número de bajas entre muertos y heridos en el vecinda- rio, pero mantuvieron el cerco hasta que Her- nán Gómez, comprendiendo que no recibiría auxilio, entabló negociaciones para la entrega de la plaza y su salida de la ciudad. “Por que no hubiese más gente muerta”, la ciudad accedió a comprarle la fortaleza, a comprar su libertad, por 800.000 maravedís. Todos los vecinos, dio igual la condición y el estado, contribuyeron a reunir la cantidad. Con el conde de Feria pac- taría su impunidad, el traspaso del control militar de la alcazaba, una efímera alianza política y el matrimonio con su hermana Beatriz. La comitiva y tropas de Hernán Gómez abandonaron Bada- joz en dirección a Barcarrota llevándose toda la boyada de la ciudad y buena parte de la ca- baña ganadera de los vecinos para asegurarse el pago comprometido. Liberados del usurpa- dor, los vecinos se lanzaron sobre esa fortaleza símbolo de la tiranía, desmocharon sus torres y la derrocaron colectivamente con las mismas manos con las que la habían erigido, hasta ha- cerla inservible para la guerra. En pleno estado de empoderamiento popular también obliga- ron al conde y la nobleza local a jurar solem- nemente en la iglesia de San Juan que nunca jamás volverían a permitir que Badajoz tuviese más señor que el rey. Y donde antes vivía el tira- no ya no hubo más que ruinas. Las que ahora se come la maleza. Para saber más: Domínguez Vinagre, A., “El asalto al poder se- ñorial: Hernán Gómez de Solís y la ocupación de Badajoz”, REEx, 57, nº. 2, 2001. Altieri Sánchez, J., Sánchez Rubio, C, Melén- dez Teodoro, A.; En el castillo de esta ciudad a la puerta del Alpéndiz, Badajoz, 2013.
  14. 14. 14 CONTINUACIÓN DE LA RESEÑA SOBRE D. FRANCISCO FÉRNANDEZ MARQUESTA, EXCMO. SR. CONDE DE LA TORRE DEL FRESNO (II) Javier Teijeiro Fuentes Arquitecto e Historiador local Cecilio Calle Cabrera Profesor de E. G. B. y Licenciado en pedagogía En el anterior nº 73 de esta misma revista reivindicábamos la figura de D. Francis- co Felipe Fernández Marquesta, Conde de la Torre del Fresno, injustamente olvidada por la ciudad de Badajoz tras la muerte en el año 1931 de este singular personaje. Aristócrata con un sentimiento raramen- te igualado entre su clase social hacia el favor económico del proletariado obrero extremeño al recordar su talante de sena- dor por la provincia de Badajoz por el parti- do Republicano Progresista, netamente de ideología izquierdista. Ya expusimos, en la citada publicación, su contribución a la construcción del antiguo Centro Obrero de Badajoz (actual Círculo Pa- cense), lugar de ocio, cultura y docencia de los trabajadores que en el primer tercio del siglo XX se hallaban desasistidos y carentes de un local social en donde reunirse, aprender e intercam- biar inquietudes e información. Así pues nos centraremos en esta segunda parte, más que en su vida que quedó brevemente esbozada en el artículo anterior, en las obras importantes auspiciadas en la ciudad de Badajoz por Fer- nández Marquesta actualmente no investiga- das y publicadas lo suficientemente debido al minusvalorado interés local en el estudio de este mecenas badajocense. Comenzaremos, ya que como se suele de- cir “por sus obras los conoceréis”, por el año 1874, con apenas 26 años de edad, año en el que gracias a la intervención del Conde de la Torre del Fresno en colaboración con el Minis- tro de la Marina (recordamos que la profesión del conde era la de absentista del Ejército es- pañol) y como patrono del convento de mon- jas Clarisas Descalzas Mercedarias de Badajoz, el citado personaje sufragó parte de la restau- ración de la iglesia y de la torre-campanario del citado convento. El insigne historiador e in- vestigador local Fernando Marcos Álvarez (1) nos señala que la intervención de ambas per- sonas fue clave para que las monjas volvieran a su convento, hoy existente aún de Descalzas entre las calles Menacho y de Gabriel y que se habían refugiado en el vecino convento de Santa Ana, que había sido desamortizado por la Junta Revolucionaria tras la revolución de 1868. Tras su venta, en pública subasta, y des- pués de seis años, fue rescatado el convento por el obispo Fernando Ramírez, contribuyen- do a sus obras de rehabilitación el Conde. El 8 de septiembre de 1890 se puso en funcio- namiento la Tienda-Asilo, que se ubicó en la c/ del Río, cuyo objetivo fue la atención a los ne- cesitados de la ciudad en lo concerniente a su alimentación, sirviéndose diariamente unas 500 comidas al precio de 5 céntimos cada una. Ce- rró sus puertas en 1904 ya que el número de be- neficiarios había disminuido considerablemente en esta última fecha. De esta entidad era socia la hija del Conde, Ascensión Fernández y Pizarro, quién colaboraba altruistamente de manera económica a sustentar tal institución. En 1894 fue el tercer presidente del Casi- no de Badajoz, tras la renuncia de Manuel Marín Albarrán, sucediéndole Enrique Gar- cía Márquez. Al año siguiente, el Conde fue nombrado por Real orden vocal de la Comi- sión de Pósitos. En 1896, el Conde concede una pensión para estudiar en Madrid al artista alburquer- queño Aurelio Cabrera Gallardo que llegó a ser un conocido artista regional. En atención a este gesto, el mismo escultor en el año 1917 esculpe un bajo relieve del Conde dentro de una obra de cinco que llevaron por título “Mis padres, mis protectores y mi hijo” y que actual- mente se conserva en el Museo de Bellas Artes de Badajoz. Francisco Fernández Marquesta habita- ba, desde sus años juveniles, en el edificio de la plaza de S. Juan, actualmente habilitado como Obispado de Badajoz, en su tramo final de la C/ Moreno Nieto. Fue casa-palacio fa- miliar durante el siglo XIX, quedando a finales de este siglo pequeña esta residencia. De su paso por este singular y conservado edificio patrimonial que estuvo a punto de ser derri- bado, como bastantes inmuebles demolidos el pasado siglo por la Administración local y autonómica en esta ciudad, dan fe la Actas municipales de las sesiones ordinarias del Ple- no municipal de la ciudad (2), autorizando
  15. 15. 15 al Conde propietario licencia de obras para convertir, en portal de entrada, la ventana con reja de la fachada de la casa nº 11 de la plaza de la Constitución (es decir de su casa- palacio) y abrir un portado bajo el balcón úl- timo de la misma fachada, así como convertir en fachada la parte correspondiente del edifi- cio que da a la c/ Hernan Cortés. Un lustro más tarde, solicitaría permiso al Ayuntamiento para edificar de nueva planta la que sería su siguiente y definitiva residen- cia familiar hasta su muerte, también hoy conservada pero expuesta al derribo en va- rias ocasiones tras las aprobaciones del pro- yecto de Gran-Vía hasta Trinidad (la última y más amenazadora fue tras la aprobación de la revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Badajoz del año 1976 que exigía su derribo). Nos referimos a la casona ubica- da entre las calles Ramón Albarrán y Martín Cansado, hoy sede en planta baja del Cole- gio de Farmacéuticos. Del informe favorable de licencia de obras y de la aprobación por la Comisión del Ornato Público para levantar tal palacete dan fe nue- vamente el Libro de Actas municipal de Badajoz (3), edificio noble de tres plantas protegido por el Catálogo de edificaciones de interés hco.- artístico de la ciudad, aunque el mismo lo cata- logue como obra del siglo XIX. Años más tarde, en 1909, fue ampliada esta casa palacio hacia la esquina con la C/ Arco Agüero (demolida esta parte hace escasos años esta parte de ampliación para levantar el nuevo Casino intramuros de Badajoz y un edificio de �������vivien- das actualmente en estructura). Tal ampliación fue llevada a cabo debido a la demanda de espacio necesaria para albergar en sus plantas altas a sirvientes, trabajadores e invitados, y en la parta baja como almacenes y caballerizas (4). Esta vivienda particular familiar da una di- mensión exacta de la capacidad económica de la familia condal y de su importancia en la ciudad, tras la ocupación de media manzana entre las citadas calles y de las numerosas pro- piedades, como la Finca “Dehesa de Palomas” ubicada a ambos lados de la actual avenida de Elvas, de superficie aproximada de unas 200 hectáreas, y de otros cortijos repartidos por la provincia de Badajoz. Por el Diario de Sesiones del Senado (5) co- nocemos fehacientemente que fue senador por la provincia de Badajoz en dos legislaturas sucesivas, las de 1903-1904 y las de 1905-1907. Contó, en su expediente personal, con traba- jos importantes en sus viajes a Madrid como representante de la provincia para resolver conflictos entre el aparato administrativo es- tatal y el provincial. Entre ellos, destacaremos el intencionado despojo que el Estado preten- dió hacer con la propiedad de la plaza de S. Vicente (hoy paseo Castelar) quitándole la propiedad a Badajoz y que se solventó con la restitución a la ciudad de ese espacio maravi- lloso que en la actualidad disfrutamos los ba- dajocenses. La reclamación de este represen- tante provincial a la Hacienda Pública estatal fue demoledoramente atendida en Madrid, a favor de nuestra ciudad. El 2 de mayo de 1907, se publica en pren- sa (6) que el Conde de la Torre del Fresno con- cede un préstamo de 30.000 pts., de manera altruista, al Presidente en funciones de la Dipu- tación provincial de Badajoz, a la sazón Narci- so Vázquez Lemus, a causa de un descubierto que tenía esta corporación con el Ayuntamien- to de la ciudad. En la finca “Dehesa de Palomas”, cuyos te- rrenos se ubicaban en una extensión de unas 200 hectáreas aproximadas a ambos lados de la actual avenida de Elvas desde el puente de Palmas hasta la frontera de caya, se reservó un terreno de unas 8 hectáreas para la reali- zación de un cortijo-jardín de verano. Nos re- ferimos al “Parque Ascensión”, levantado en el año 1911 en homenaje a su única hija As- censión fallecida en 1894 a la temprana edad de 20 años. Actualmente, la parte arquitectó- nica y paisajística que se conserva del jardín se halla en grave peligro de destrucción ante la avalancha edificatoria que se avecina en la margen izquierda de la avenida de Elvas, propiciada por el planeamiento urbanístico del Ayuntamiento de Badajoz, aprobado en mayoría absoluta por el equipo de gobierno del Partido Popular. Una Plataforma ciudada- na de la sociedad civil, creada al efecto bajo el nombre de “Salvar Parque Ascensión”, lu- cha para evitar el arrasamiento de piezas im- portantes de ese jardín, como son la casa de residencia esporádica, el estanque de plantas y aves, la gruta de piedra y especies botáni- cas centenarias conservadas en buen estado y que en horas buenas disfrutó la familia y ami- gos del Conde de la Torre del Fresno. Futuro os- curo, incierto y evitable si el Ayuntamiento del PP tuviera voluntad política para aprobar su conservación en vez de su arrasamiento para levantar bloques de 10 alturas en su lugar. La finca “Dehesa de Palomas” fue espacio desti- nado al alojamiento del ganado que llegaba a Badajoz para la celebración de la “Feria de
  16. 16. 16 Ganado” que anualmente en mayo se orga- nizaba en esta ciudad (7). El 4 de junio de 1914, el Excmo. Sr. Conde de la Torre del Fresno fue nombrado socio ho- norario del Centro Obrero merced a su labor filantrópica realizada por él para la protección de la clase obrera badajocense. Se le hizo en- trega de una orla realizada altruistamente por el artista José Rebollo López, socio de la citada institución centenaria. Siguiendo con la cronología de obras de mecenazgo realizadas por ese insigne perso- naje, el 8 de julio de 1916 el Conde cedió, en usufructo, gratuitamente a la ciudad de Bada- joz y más concretamente al “Sporting Club de Fútbol” unos terrenos para poder disponer de un campo de juego para la práctica deporti- va. Tal espacio se segregó de la finca matriz de su propiedad, la “Dehesa de Palomas”, y se hallaban ubicados frente al Vivero de Obras Públicas, en la Real Feria de Mayo de Ganado de entonces. Es lo que actualmente queda del llamado Campo de el Vivero en la barriada de S. Fernando (8). El 29 de agosto de 1919, en el Sindicato de la Aguja ubicado en la C/ Chapín de Badajoz se hacen reuniones para una rifa mensual de 100 pts., donadas por la Condesa de la Torre del Fresno. Con motivo de un accidente de avión tripulado por el piloto portugués Díaz Leite acaecido el 16 de agosto de 1923 en Ba- dajoz, sin víctimas mortales, una propiedad inmueble del Conde ubicada en la C/ Arco Agüero nº 10 quedó dañada ante el aterriza- je forzoso que tuvo que realizar el piloto con motivo de la exhibición aérea. Días más tar- de, el Conde pidió daños y perjuicios ante la destrucción de parte de su casa, valorado el coste en 736 pts. , pero renunció a tal suma económica al donar ese dinero a la Hermani- tas de los Pobres de la ciudad (9). El día 29 de septiembre de 1926, el Centro Obrero (hoy Círculo Pacense) le da un emoti- vo homenaje al Conde colocándole una pla- ca-relieve ejecutada en mármol por el artista Angel Zoido Pérez, que se encuentra junto a la escalera del hall de entrada que sube a la planta primera de las instalaciones obreras. En ella, además de un retrato de su cara, apa- rece el siguiente texto esculpido en la placa: “Excmo. Sr. D. Francisco Fernández Marques- ta, Conde de la Torre del Fresno, constante protector de esta Sociedad. Testimonio de ho- menaje e imperecedera gratitud del CENTRO OBRERO. 29-9-1926”. Hasta los últimos años de su vida, el Con- de mantuvo su mecenazgo para esta ciudad. Así, con motivo de un merecido homenaje al doctor Augusto Vázquez se pensó en crear un centro médico denominado con su nom- bre. La Clínica-sanatorio “Augusto Vázquez”, ya desaparecida como centro sanitario pero conservado el edificio para otros usos y ubica- da en la avenida Díaz Ambrona de la barriada de S. Fernando, fue levantada tras la recauda- ción de 500.000 pts. , contando con la colabo- ración del Conde que hizo una donación al- truista al centro, en pro del progreso higiénico que el mismo suponía para la ciudad. Para terminar y como anecdotario de la fe religiosa profesada por los Condes de la Torre del Fresno, D. Francisco Felipe Fernán- dez Marquesta y Dª Dolores Pizarro Saiz, he- mos encontrado una referencia de solicitud al Ayuntamiento para hacer un panteón familiar para su descanso eterno (11). Ambos quisie- ron estar juntos, tras su muerte, y para llevar a cabo tal deseo pagaron el escaso terreno necesario para habilitar un modesto panteón (modesto en comparación con los fastuosos panteones conservados en el cementerio vie- jo badajocense de familias de menos corte aristocrático que ellos) que aún es posible vi- sitar a la entrada, mano izquierda, des espa- cio que ese cementerio destina a panteones familiares. Consta de dos tumbas en paralelo en la que fueron depositados sus cuerpos tras sus muertes, la de Dolores acaecida el 18 de marzo de 1927 a la edad de 80 años y la de Francisco el día 11 de julio de 1931 a la de 83 años y cumpliendo su deseo de ver instaurada la 2ª República española unos meses antes ya que él era de gran fervor republicano. Panteo- nes mutilados y descuidados, tras el paso del tiempo, en donde reposan en paz los restos de tan insignes mecenas de una ciudad que, has- ta el momento, no les ha rendido el merecido y reconocido homenaje que les debe. Al menos, estos dos articulistas desean se respete la voluntad de los Condes de no ser exhumados nunca del lugar en donde des- cansan en paz para la eternidad, tal y como expresaron ante el Ayuntamiento (12) a pesar de que el último de ellos murió sin testar. Que menos que de llevarse a cabo ese descabe- llado Plan Parcial que arrasaría el Jardín Histó- rico “Ascensión”, espacio en el que familiares y amigos de su creador Fernández Marquesta pasarían momentos inolvidables a lo largo de su longeva vida, los tres boulevares diseñados para espacios libres de esas 2.500 viviendas
  17. 17. 17 que se pretenden llevar a cabo en ese lugar llevasen, cada uno de ellos, el nombre de Francisco Fernández Marquesta, Dolores Piza- rro Saiz y de la hija única de ambos Ascensión Fernández Pizarro para, de esta manera, tran- quilizar la conciencia de unos gobernantes políticos municipales insensibles a ese patrimo- nio heredado y aún conservado. NOTAS: (1) MARCOS ÁLVAREZ, FERNANDO. “Apuntes para la historia de la ciudad de Badajoz. El con- vento de Ntra. Sra. De las Mercedes Clarisas Descalzas”. Revista de Estudios Extremeños de la Diputación Provincial de Badajoz, tomo LIII, nº III sept-dic de 1997. (2) ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE BADA- JOZ. Sesión Ordinaria del Ayuntamiento de fe- cha 16 de enero de 1899. (3) Ibídem. Libro de Actas del Ayuntamiento de Badajoz. Acta de la sesión del 16 de diciembre de 1903: “Permiso municipal para edificar una casa con el nº 15 y reformar huecos de fachada de otra existente con el nº 17 en la c/ Ramón Al- barrán, con arreglo a los planos presentados…” (4) Ibídem. Libro de Actas del Ayuntamiento de Badajoz. Acta de sesiones de 20 de octubre de 1909 a través de la cual: “…Se concede alinea- ción nueva a la casa nº 40 de la c/ Arco Agüe- ro esquina a Martin Cansado de Badajoz en los términos de mantener la alineación oficial exis- tente en esta última calle y retranquearse 0,80 m. de la fachada vieja que existe en la primera calle…” (5) Diario de Sesiones del Senado. Publicación y aprobación como Senador por la Provincia de Badajoz de D. Francisco Fernández Marquesta en los días 27 de mayo de 1903 para la legislatu- ra 1903-1904 y el día 20 de mayo de 1907 para la legislatura de 1905-1907. (6) Periódico “La Coalición” de fecha 2 de mayo de 1907 SÁNCHEZ MARROYO, FERNANDO, “Historia de la Diputación provincial de Badajoz (1812-2000)”. Edita Diputación Provincial de Badajoz. Coor- dinador Juan García Pérez. Año 2007, tomo II, pág. 83. (7)ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE BADA- JOZ. Actas de las Sesiones Ordinarias municipa- les del Ayuntamiento de Badajoz de fecha 3 de junio de 1908 en la que: “se formaliza contrato de arrendamiento de la finca dehesa de Palo- mas, propiedad del Conde de la Torre del Fres- no, por un período de 6 años con objeto de ser utilizada para el pasto de ganado que viene de fuera de la ciudad con motivo de la Feria de Ganado de Mayo”. Exclusivamente, condición 2ª del contrato, se enajenan 5,20 hectáreas en ese acuerdo para la utilización del propietario de la finca. A ellas se sumaban las 3 hectáreas de las que ya disponía en Conde para su uso personal. (8) Ib�������������������������������������������í������������������������������������������dem. Sesión Ordinaria del acta del Ayunta- miento de Badajoz de fecha 8 de junio de 1916. MARTÍNEZ MONROY, JOSÉ Mª. “El Club Deportivo Badajoz”. Autoedición. Págs. 15, 16, 412 y 414. “El C.D. Badajoz se fundó en el año 1905…Al fir- marse las escrituras de cesión del campo de el Vivero, el Sr. Conde de la Torre del Fresno con- siguió imponer a sus familiares que dicha dona- ción a los equipos de Badajoz quedaran libres de impuestos y derechos reales. Además, tapió el recinto y levantó las casetas de árbitros fue- ra de la tribuna central, la cual también mandó construir, y levantó una fila de bancadas alre- dedor del campo todo ello a cuenta del bene- factor. El 15 de mayo de 1959, la Junta Directiva del C.D. Badajoz, presidida provisionalmente por D. Alberto Matallana, organizó unos actos para conmemorar el cincuentenario de la existencia del club y los 43 años del histórico campo del Vivero. Se celebró una misa en la capilla de la Soledad en memoria del eterno descanso del Excmo. Sr. D. Francisco Fernández Marquesta, Conde de la Torre del Fresno”. (9) Revista “GRADA”, Año VII, nº 76 en un artículo de equipo realizado por Javier Teijeiro, Juan C. Vidarte, Carlos Sánchez y Luis Palacios. ARCHIVO HISTÓRICO MNICIPAL DE BADAJOZ. Le- gajo 158, nº 21. (10) Periódico “El Correo Extremeño” de fecha 14 de junio de 1928, pág. 1, columnas 3 y 4. GONZÁLEZ GONZÁLEZ, JOSÉ MANUEL. “Guía de arquitectura de Badajoz. 1900-1975”. Edición de la Junta de Extremadura y la UNEX. Año 2011, pág. 88. (11) ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE BADA- JOZ. Sesión ordinaria del Pleno del Ayuntamien- to de Badajoz de fecha 13 de octubre de 1917, sobre solicitud de construcción de un panteón familiar en el cementerio de S. Juan (cementerio viejo de Badajoz). (12) Ibídem. Acta de Sesiones Ordinarias de fe- cha 24 de agosto de 1918, en donde se hace constar “la expresa prohibición de inhumación y exhumación de los restos de él y de su esposa…”. N.R. Por error en el número anterior de Sharia, se incluyó en el artículo sobre el Conde de la Torre del Fresno, un escudo que nada tiene que ver con el de su familia. Error que es ajeno a los autores del artículo.
  18. 18. 18 UN EMBAJADOR DE CARLOS V, OTRO ESLABÓN DE LA BIBLIOTECA DE BARCARROTA. Manuel Cienfuegos y Ruiz-Morote Lo que le voy a contar, a buen seguro, hu- biera gustado a D. Fernando Castón Durán, canónigo, archivero de la Catedral y biblioteca- rio de la Diputación, porque de él parte el ini- cio de esta historia. Él, que siempre supo beber de las inmejorables fuentes que le daban sus archivos eclesiásticos, nos contaba los bienes y rentas que tenía la Encomienda de Calatrava y las dos parroquias de Barcarrota, una de las 12 encomiendas con que contaba el Partido de la Serena de la Orden de Alcántara. En un primer artículo1 Castón se centra principalmente en la descripción de la Iglesia de la Encomien- da de Calatrava, de enorme importancia para la historia de nuestra ciudad, que a día de hoy aún podemos contemplar su esqueleto aban- donado en la Alcazaba, junto a la llamada sala de autopsia y frente a la Biblioteca de Extrema- dura, que custodia la Biblioteca de Barcarrota. Junto a su Iglesia se encontraban las casas de la Encomienda, residencia de su Comendador, administrador, empleados, etc. A través de los visitadores de la Orden que acudían a inspeccionar las encomiendas, cono- cemos su radiografía exacta; el estado de sus posesiones, situación económica, patrimonio, etc., sabemos que esta iglesia empieza a decli- nar por falta de feligresía primero y después por la absoluta negligencia de los Comendadores en su guarda y dedicación, principalmente du- rante la segunda mitad del XVI y señala a Mon- sieur de Pechín y a su sucesor don Diego Hur- tado de Mendoza, el insigne poeta, político y diplomático con Carlos V y después con Felipe II. Casualmente el pseudo-autor del Lazarillo del Tormes, nos relata Castón en el año 1930. La demostración de que Diego Hurtado fue el Comendador de la Encomienda de Cala- trava “al menos desde los años 1567 y 1569” queda estudiado en el artículo de Castón de la R.E.E. en 19302 al cual deben remitirse aquellos interesados. Queda claro que la desidia y su falta de atención llevan al visitador a culparle de los ma- 1. La Encomienda de Calatrava I. Pero Pérez. REE T III n.3 1929 sept-dic 2. La Encomienda de Calatrava II. Pero Pérez. REE T II n.2 1930 may-agos les que adolece la Encomienda, imponiéndole multas severas, obligándole a residir y censarse en la ciudad, incluso le indica cómo debía de ser su vestimenta conforme a su Orden, etc. Será su criado, Juan de Agüero, quien justifique su au- sencia por estar unas veces en la Corte, o preso en la cárcel en el Castillo de la Mota o en Gra- nada, etc. Criado que además de intentar llevar los asuntos propios del Comendador también viajaba por asuntos particulares de D. Diego a otras ciudades. Acertó plenamente Castón y podemos decir que por orden de Carlos V, en 1553 se pide infor- mación de limpieza de sangre, concediéndole el hábito el 13 de marzo de 1554, obligándole a vivir en la observancia y en la disciplina de la or- den de Alcántara. Estuvo un año instruyéndose en San Benito. En 1556 figura ya como Comen- dador de las casas de Badajoz y Comendador de las casas de Calatrava sigue llamándose has- Retrato de Hurtado de Mendoza realizado por Tiziano Vecellio. Palacio Pitti. Florencia.
  19. 19. 19 ta su muerte. Sabemos que en 1566 se le impuso una multa por no haber asistido a comulgar la Pascua con sus compañeros. La figura de Diego Hurtado de Mendoza, al que hace referencia Fernando Castón por su presencia en Badajoz como Comendador “desmotivado”o mas bien merecedor de un castigo o destierro, es el menor del segundo conde de Tendilla y primer Marqués de Mondé- jar, uno de los introductores del humanismo y del Renacimiento en España. Nació en Grana- da en 1503 y estudiaría en Granada, Toledo y Salamanca con lo mejores perceptores y huma- nistas de entonces, destacando por su valía. Su dominio del latín, griego y árabe y de los idio- mas en general, le produjo no sólo satisfaccio- nes literarias y bibliográficas, sino que le permitió dedicarse a la carrera diplomática como su padre. Estuvo en la conquista de Túnez en 1534. En 1537 participó en una embajada en Inglaterra. En Venecia es cuando desarrolla sus mejores años di- plomáticos y personal por frecuentar el am- biente artístico e incre- mentar su biblioteca ya celebre en 1543. La cultura europea pa- sea a diario por su embajada. Fue el embaja- dor de Carlos V en el concilio de Trento donde se enfrenta duramente al papa Paulo III defen- diendo los intereses del Emperador. Embajador en Roma y gobernador en Siena para intentar apaciguar la sublevación contra el imperio Es- pañol y debido a su mala gestión, le costó el puesto y su regreso a España, entrando al servi- cio del entonces príncipe Felipe y otorgándose- le su inclusión como administrador perpetuo de la orden y caballero de Alcantara en 1554. Pero su figura se ve envuelta en turbios asuntos eco- nómicos arrastrando dudas y recelos de su eta- pa como embajador en Roma. Aunque Felipe II lo nombró con poco éxito virrey de Aragón, el enojo con el rey se irá acentuando con el paso del tiempo. Un incidente con D. Diego de Leiva en la corte, moribundo el hijo del rey destinado a ser su heredero, le costó el encierro en el cas- tillo de la Mota en Medina del Campo (1568), y después su destierro a Granada (1569) donde vivió de primera mano el levantamiento morisco contra su ciudad natal y de cuya cronología nos describe Fernando Castón en su artículo porque durante esta etapa estaba de Comendador de la encomienda de Badajoz. En 1574, Felipe II le autorizaría a regresar a la corte para asistir a la rendición de cuentas de sus años en Italia y al año muere en Madrid, nombrando a Felipe II heredero universal de sus bienes, entre ellos su codiciada biblioteca con cerca de 1600 volú- menes entre ellos 265 manuscritos, que pasarían a engrosar la Biblioteca que estaban montando en el Escorial nuestro paisano Benito Arias Mon- tano. Para su regreso a la Corte, Hurtado pide a su amigo Jerónimo Zurita que le busque una casa para su estancia. Jerónimo era el asesor de Felipe II en materia inquisitorial y de expurgación de libros, de la que a buen seguro Hurtado esta- ría perfectamente informado. Nuestro personaje también cultivó las letras; posee una amplia obra poética y fue un gran prosista. No editó en vida ninguna de sus obras, aunque tradu- jo al castellano todas las obras de Aristó- teles. En prosa “La guerra de Granada” editada tras su muer- te, trata la subleva- ción morisca que le tocó vivir desterrado por Felipe II. La consi- dera Menéndez Pidal como la obra termi- nación de la crónica medieval y comienzo de la historia moderna. Fa- llecido también se publican parte de sus poesías aunque ninguno de sus poemas burlescos, satíri- cos y eróticos. Se le consideró el autor del Laza- rillo de Tormes, aunque con el paso del tiempo se han venido barajando otros autores. En 2010 la paleógrafa Mercedes Agulló encontró entre los documentos de su albacea, un legajo de co- rrecciones de la obra que le identifica como su autor. Tengo sospechas de que la colección de li- bros que engrosan la tan celebre Biblioteca de Barcarrota tiene relación con Diego Hurtado de Mendoza, basándome exclusivamente en coincidencias donde ninguna pueden consi- derarse pruebas científicas, entre otras razones porque difícilmente las habrá ni nunca me he puesto a investigarlas. Además a los ojos de un investigador transcienden de mi propia forma- ción. Simplemente las expongo por si a algún iluminado, en el tiempo, puede serle de utilidad esta información. Dicho esto, ya es una coincidencia que este señor anduviera en esta época por Badajoz y Relieve de Mendoza en la fachada de la Biblioteca Nacional de España.
  20. 20. 20 su comarca y por que no, por Barcarrota, pues aunque la Orden se desprendió de la Villa en 1539 por venta a D. Juan Portocarrero, en lo es- piritual, las iglesias y algunas posesiones más se- guían perteneciendo a la Orden. Llama la atención que ninguno de libros cen- surados o comprometedores de Barcarrota es- tén en la lista de libros y manuscritos censados en la Biblioteca del Escorial donados al monarca tras su fallecimiento. De ser Hurtado el propieta- rio, probablemente no desearía entregar al rey libros que pudieran perjudicar más su imagen. Es curioso que la ma- yor parte de los libros empotrados duran- te siglos tengan una procedencia mas allá de los Pirineos, Francia e Italia, prin- cipalmente venecia- na, su Venecia, don- de pasó los mejores años como embaja- dor, literato, bibliófilo, etc. Me parece ade- más muy curioso que aparezca un Lazari- llo entre esa colec- ción. Y no cualquier Lazarillo, sino la me- jor de las ediciones. Es cuando menos coincidente que las ediciones impresas de los primeros Lazarillos fueran al año siguien- te de ser cesado de embajador y sabemos que tras su marcha a Roma a empaquetar su biblio- teca, regresa definitivamente en 1554 que es cuando se edita el Lazarillo de Barcarrota, que es cuando se le designa el hábito de Alcánta- ra. ¿Firmaría un libro satírico contra la iglesia un recién ordenado? Sabemos que la edición del Lazarillo de Alcalá editada también en 1554, el autor inserta una referencia a la “Oración de la Emparedada” cuya obra también está entre los libros de Barcarrota. La colección de libros de Barcarrota está destinada a una persona con conocimiento de varios idiomas; latín, griego, hebreo, español, portugués, francés e italiano y Hurtado cumple perfectamente esta premisa dada su formación y sus relación con estos países. Esta demostrada su visita a Portugal donde residía una hermana exiliada de la Corte Española, además de su vinculación con la frontera portuguesa por la encomienda otorgada. Tenemos un manuscrito portugués entre la colección y sabemos el gusto de Hurtado por poseer buenas copias de libros a los que dedicó personal y dinero, no en vano su biblioteca destaca por su abultado número de volúmenes manuscritos. Otro libro emparedado que también me lla- ma la atención es “Confusión de la Sesta Ma- hometana” que es una traducción al italiano de la obra del converso Juan Andrés. Pues bien, la obra está tradu- cida por Domingo de Gaztelu y fecha- da en 1543 que ca- sualmente ese año es su secretario en Venecia y posterior- mente en el Concilio de Trento. Gaztelu es otro gran huma- nista y muy dado a traducciones de obras del castellano al italiano y junto a Hurtado crearon en Trento una Acade- mia Aristotélica con los manuscritos que Hurtado tenía de Aristóteles, mientras esperaban la aper- tura del Concilio. Y como no comentar entre los libros la obra erótica Italiana de “la Ca- zzaria” cuando son bien conocidos los sonetos eróticos y subidos de tono de nuestro personaje. No hay espacio para más, pero sí debería in- cidir en que no todo está dicho sobre la biblio- teca de Barcarrota y que se debería aportar un estudio serio y comparativo de estos libros em- potrados con la Biblioteca que nuestro Embaja- dor donó a Felipe II para resarcirse de sus males. Un personaje con una dimensión estratosférica en cuanto a sus conocimientos y vivencias, que estuvo preocupado mas por sus libros que por su Encomienda y que al final de su vida estuvo dedicado a recuperar cuantos libros y manuscri- tos tenía prestados. Y más, era adinerado. Nadie ha valorado el importe de los libros de Barcarro- ta incluido el manuscrito, en el contexto social de la época. Les aseguro que pocas personas podrían disponer de esta biblioteca pues el libro era un bien escaso y por lo tanto caro, muy caro. En primer termino los restos de la Iglesia de Santa María de Calatrava. Al fondo la antigua sala de Autopsia del Hospital Militar.
  21. 21. 21 Eladio Méndez Venegas Sacerdote Según deseo expreso de los Soberanos Españoles y de acuerdo con el monar- ca portugués de encontrar travesía más fácil de acceso a las Indias Orientales, así parece deducirse de documentos emitidos por D. Fer- nando y Da. Isabel, recogidos en “Colecciones de Documentos de Indias...” Terminaba de ser conquistado el último reducto árabe, el rei- no de Granada, por los Reyes Católicos, y salvo pequeños enclaves del mismo y del reino de Navarra, bien puede decirse que se había logrado la unidad nacional. Ahora se presentaba la ocasión de acceder a la “tie- rra de las especias” por caminos diferentes a los llevados a cabo en periodos precedentes. El Mediterráneo estaba plagado de piratas y el intento de con- seguir tales productos, llevaba consigo serios peligros. Por otra parte, bordear África, como lo venían haciendo los portugue- ses, aparte de ser camino largo, sería difícil de evitar enfrenta- mientos con ellos, con quienes se buscaba una política de her- manamiento y paz. Viejas teorías sobre la redon- dez de la tierra volvían a resurgir, pero seguía siendo difícil calcu- lar con exactitud, o al menos, con aproximación la distancia entre Europa y la India, siguien- do la trayectoria solar, o mejor, el giro terrestre ante el sol. Es verdad que algunos estu- diosos como Erastótenes de Abdera (Cirene), habían llegado a conseguir, mediante cálcu- los y observaciones, una aproximación de la circunferencia de la redondez de la tierra. Se- gún él, la circunferencia de la tierra tenía unos 42.000 Km. Apreciación muy cercana a la reali- dad. Todo ello sonaba bien, pero faltaba la per- sona o personas que dieran los primeros pasos, para comprobarlo. Permanecía en la mente de los teóricos y más aún en los prácticos, es decir, en los navegantes, la duda, si todo sería como se formulaba. Estas ideas se discutían en la Sorbona (Pie- tro d’Ailly, Silvio Eneas Picolomini (Papa Pio II), Gerson), etc, en Bolonia y, sobre todo, en Flo- rencia con Toscanelli, donde este sabio floren- tino llegaba a serias convicciones y mantenía relación epistolar con un sabio portugués, muy en contacto con la Escuela de Navegantes de su país y de fácil acceso a la Corte de Lisboa; su nombre era Fernando Martín. En una carta dirigida a Martín en 25- 6-1474 (cfr. o.c. vol. 19 pag 451) le decía Toscanelli que siguiendo el camino de occidente el viaje sería mas corto, más exitoso y de menor peligro; le enviaba gráfi- cos y, según sus cálculos, le refe- ría la distancia. Invitaba Toscanelli a Martín a hablar con el monar- ca portugués para que llevara a cabo la propuesta; sin embargo el monarca luso quería más pre- cisión y concreción: ¿Cuántas le- guas?, ¿Cuánta distancia? Nadie sabia ni podía dar respuesta. Can- sado de esperar en Lisboa, donde mantuvo estrecha relación con navegantes portugueses y donde contrajo matrimonio con una hija de un navegante y comerciante genovés (Francisca Muñiz de Per- estrello), manteniendo también relación con gente muy experta en el conocimiento de mar en la ciudad de Oporto, Colón decidió ir a exponer sus convicciones a los Reyes Católicos, que se hallaban en Santa Fe, de la vega de Gra- nada, pasando con su hijo Diego por Badajoz. En Palos de Moguer en el Convento Franciscano, encontró un Frai- le, Antonio de Machena, muy interesado en las propuestas de Colón y le acompaño a manifes- tarlo a los Reyes Católicos, quienes se manifesta- ron interesados por ellas. A poco mas de tres meses de la Conquista de Granada, se entró de lleno en el tema del Descubrimiento. Se redactaron las Capitulacio- CONGRESO DE SABIOS EN BADAJOZ Y ELVAS EN TIEMPOS DE LOS REYES CATÓLICOS Pintura de Ntra. Sra. de la Anti- gua con D. Juan Fonseca oran- do. Es copia de la existente en la catedral de Sevilla.y la man- dó hacer D.Juan Fonseca para la Catedral de Badajoz.
  22. 22. 22 nes de Santa Fe, en las que se precisaba todo lo concerniente a las tierras descubiertas y a los bienes que pudieran lograrse; se dignificaba al emprendedor Cristóbal Colón y sin que la reina tuviera que desprenderse de las joyas, como se ha supuesto, por el mes de abril de 1492 se ini- ciaron los preparativos, obteniendo ayuda de las gentes lo más necesario para pagar las em- barcaciones, las armas y productos, que habían de llevar Colón y sus acompañantes. Vuelto Colón de su viaje con relativo éxito, portando consigo animales y pájaros exóticos y especialmente personas, que fueron bautizados en Guadalupe, de la que dan testimonio las actas bautismales y la Pila Bautis- mal, frente a la Puerta Prin- cipal del Monasterio, que hoy se haya como fuente en medio de la plaza. Esta alegría del primer viaje de Colón, requería una exploración más ex- haustiva de lo recien des- cubierto; de ahí que ense- guida los Reyes Católicos se pongan a organizar el segundo viaje. El organiza- dor elegido por los Reyes Católicos fue el Arcediano de Sevilla, D. Xoan (Juan) Fonseca, sobrino del Arzo- bispo de aquella ciudad, y emparentado con el Obis- po de Ávila, que, aunque habían colaborado con la organización del pri- mer viaje, ahora se convertía D. Juan, podemos decir, en el mayor responsable de la organiza- ción de la segunda expedición. De él han es- crito muchos autores, ensalzando sus dotes de organizador. Con las cartas credenciales de los reyes en la mano y ya advertidas las autorida- des y pueblos de la geografía española, que hi- cieran todo lo que le ordenara D. Juan. Con este fin, su nombre se repite casi en cada pagina del volumen 30 de “Colección de Documentos del Descubrimiento” y en numero- sas ocasiones en los volúmenes 19, 20, 21 y 24 de la misma colección. D. Juan Fonseca sirvió a la Iglesia hispalense como Dean y Arcediano durante el mandato de su tío D. Alonso Fonseca, quien pasado un tiempo en la Sede de Sevilla, intercambió su puesto, por mandato de Roma, con otro sobri- no, a la sazón Obispo de Ávila. Este se sintió fa- vorecido en el cambio y cuando su tio le dijo que las cosas debían volver a su estado ante- rior, el sobrino le manifestó: “Que quien se fue de Sevilla, perdió su silla”; de ahí el dicho tantas veces repetido. D. Juan Solano de Figueroa incluye a este Obispo, D. Juan de Fonseca, en su Segunda Par- te, Vol 1 de su “Historia de la Ciudad y Obispado de Badajoz”, Edición 1933, pag. 7 y ss con el nu- mero 73 de la lista de Obispos de esta Diócesis y como es frecuente en nuestro más prestigio- so historiador eclesiásti- co, comete varios errores de cronología, que en este punto concreto, no hemos visto corregido en la edición sobre Sola- no, aparecida reciente- mente. Solano dice que el antecesor de D. Juan Fonseca fue promovido al Obispado de Cartagena en 1496 y un año después (1497) se tiene noticia de que D. Juan Rodríguez de Fonseca, es el nuevo Obis- po de esta Diócesis. Naturalmente esta no- ticia de Solano choca con las que nos muestra las referencias a D. Juan Fonseca, como siempre lo mencionan las cartas de los reyes, omitiendo el apellido “Rodríguez “ y las que ya, en 1495, se dirigen a él como Obispo de Badajoz. Los reyes coinciden con los Registros Vaticanos1 . La Historia de Solano nos dice que trajo con- sigo el Cuadro de Nuestra Señora de la Antigua, copia del existente en Sevilla, al que le tenía gran devoción y en el que está él mismo repre- sentado, venerado en la nave izquierda de la Catedral de Badajoz. Sigue afirmando el histo- riador pacense que desde Sevilla envió nuevas Constituciones Capitulares (30-6-1497), forma- das de 25 apartados para mejorar el Cabildo y evitar su relajación (S.F. pags 1030 o.c.). A una historia tan rica en sucesos importantes como la del Obispo de Badajoz Juan de Fon- seca, bien mereciera dedicarle mas espacio, Y aunque por razones lógicas y exigencias de la revista, éste queda limitado, quiero solo men- 1. Don Juan fué obispo de Badajoz 1495-1499 Escudo Obispal de D. Juan Fonseca 1495-1499
  23. 23. 23 cionar algunos detalles de la alta consideración que los Reyes Católicos le tuvieron; por ejemplo en una cédula enviada por los RRCC en 7-5-1493 (Vol.19, pag. 473) a Gómez Tello para que éste fuera a las Indias y reciba lo que le pertenece y lo envíe a Castilla (Badajoz pertenecía al reino de Castilla) insisten los Reyes que “debe enviar- lo según y la forma que le diga D. Juan Fonse- ca”, (aún) Arcediano de Sevilla; 18 días después los reyes mandan a Francisco Pinelo pagar a D. Juan Fonseca 2.000 mrvs de ayuda de costa cada año mientras tenga el cargo de hacer la Armada. A D. Juan y a Cristóbal Colón le orde- nan los Soberanos el mismo día 23 de mayo de 1493 que prohíban que vayan a las Indias otros navíos con mercaderías y otras cosas... Basten estos tres ejemplos para hacernos una idea de compromiso que tuvo D. Juan Fonseca con el descubrimiento de América. A él le fue encargado por parte de los Reyes Católicos la Organización del segundo Viaje de Colón e in- tervención en otros viajes sucesivos. Sin embar- go, la Diócesis de Badajoz solo pudo tenerlo pro- piamente entre sus feligreses “unos dos años”, aunque fue nombrado Obispo de la misma en 1495 y, por tanto, su periodo de Obispo de Ba- dajoz fue de cuatro años (1495-1499). A todo esto se preguntará el lector de este pequeño artículo sobre la referencia al Congreso o Reunión de Sabios en Badajoz y Elvas. En este punto he preferido que sean los Reyes Católicos, quienes hablen de ello. He aquí literalmente: “TRESLADO DE UNA CÉDULA QUE SE ESCRIBIÓ AL OBISPO DE BADAXOZ PARA LA DIVISORIA DEL MAR OCCÉANO SIN FECHA2 El Rey e la Reyna. Reverendo yn Cristo Padre Obispo. Ya sabeys como otras veces Vos obiamos es- cripto, que porque Nos abyamos asentado con el Rey de Portugal que para en fyn del mes de Setiembre, primero que verná, ymbiásemos cier- tos astrólogos, pylotos e maryneros a Badaxoz, para que se xuntasen con otros tantos quél ha de ymbiar a Yelves, para platicar en la forma como se faga la raya e partición entre Nos y él por Ma Océano a la parte de las Yndias, e que vos buscáredes ende algunas personas que Vos pareciere que serian para esto, e ymbiásedes acá a un astrólogo, e dos pylotos e otros marine- ros questobiesen bien ynformados de todo; plati- cando allá con Vos e con personas que supieses 2. Archivo de Indias. Est.1-C-1-L. 2/9. Mayo de 1493. desto, e fasta agora non abemos abido Vuestra rrespuesta. E por qué término se cumple para esto, Nos Vos mandamos y encargamos que lue- go busqueis estas personas que aquí decimos, e nos las ymbieis, e si os pareciere que deba venir acá Pinçon, el que fue la primera vez.- Esta rubri- cado e sellado. Un gran número de propuestas sobre la dis- tancia en leguas existen en los años posteriores, que necesitarían un amplio artículo, pero nada en concreto, incluidas las bulas pontificias con seria base en la denominada “Donnatio Cons- tantini” posteriormente demostrada como falsa y explica el porqué de la intervención del papa, dan solución a la distancia. El Tratado de Tor- desillas trató de resolver el problema. NOTA D. Alonso Fonseca, Arzobispo de Sevilla tiene dos sobrinos: Sobrino 1) Juan de Fonseca, Dean y Arcediano de la Diócesis de Sevilla bajo el pontificado de su tío D. Alfonso de Fonseca. Colaborador en el 1er. Viaje de Colón, encargado del 2º y 3er. Viaje de Colón, etc. Fue nombrado obispo de Badajoz en Abril de 1495 por su compromiso con los RR Católi- cos. Posteriormente fue nombrado Obispo de Cór- doba, de Palencia y de Burgos. Solano de Figueroa dice lo ya expuesto. Sobrino 2) Alonso de Fonseca, Obispo de Avila, después pasó a Cuenca y después a Osma. ROMA traslada a D. Alonso de Fonseca (tío), Ar- zobispo de Sevilla a Santiago de Compostela en 1460 y nombra Administrador Apostólico de Sevilla al Obispo de Ávila, Alonso de Fonseca (homónimo del anterior y sobrino). Este para el gobierno de Ávila deja personal del Cabildo Catedralicio y se viene a Sevilla a cumplir el cargo de Administrador Apostólico. A los 4 años, en 1464, Roma traslada de nuevo a D. Alonso de Fonseca (tío), desde San- tiago de Compostela a Sevilla, y su sobrino (homó- nimo), que se encontraba bien en Sevilla dice la consabida frase de “quien se fue de Sevilla perdió su silla”. En la nave de la izquierda, junto al Altar Mayor de la catedral de Badajoz, se encuentra el Altar de Ntra. Sra de la Antigua que contiene la pintura que Juan de Fonseca mandó copiar de la existente en la catedral de Sevilla cuando fue nombrado Obis- po en 1495. A los pies de la Virgen se encuentra el Obispo donante. Este cuadro estuvo colocado inicialmente en el Trascoro y después pasó a la Ca- pilla del Sagrario. En 1554 fue restaurado por Luis de Morales pues debió estar bastante deteriorado. El pago ascendió a 28 ducados y el oro emplea- do ascendió a 1211 maravedies. Posteriormente se volvió a restaurar por Antonio Montreal en 1632.

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