SAGRADA FAMILIA 
Moniciones de entrada: 
La Familia de Jesús, pasó por muchos y graves apuros. No todo fue coser y cantar....
Gloria: 
Unidos en la única familia de los hijos de Dios, cantemos el himno de alabanza y acción de 
gracias, que entonaro...
Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber. 
El Señor se fijó en Sara, como lo había dicho; el Señor cumplió a Sara l...
No sería difícil analizar las causas de esta realidad. Echamos la culpa a esta sociedad dura, 
competitiva, que da más imp...
Credo de la familia 
Creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu, 
comunidad y hogar de amor caliente, 
que han inyectado ternu...
Presentación de ofrendas: 
a) Presentación del pan y del vino 
(Esta ofrenda debiera hacerla una pareja trabajadora: hombr...
Padre nuestro 
Estamos en familia y nos gusta mantener tradiciones familiares. Una de nuestras costumbres 
más antiguas, c...
y contigo el tiempo también crece, 
y uno puede más de lo que cree, 
porque en ti, Señor, nuestro amor aumenta 
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GUIÓN SIN CANCIONES DE LA SAGRADA FAMILIA. CICLO B. DIA 28 DE DICIEMBRE DEL 2014

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GUIÓN SIN CANCIONES DE LA SAGRADA FAMILIA. CICLO B. DIA 28 DE DICIEMBRE DEL 2014

  1. 1. SAGRADA FAMILIA Moniciones de entrada: La Familia de Jesús, pasó por muchos y graves apuros. No todo fue coser y cantar. Jesús nació lejos de su hogar y en una cueva. Pronto tuvo que emigrar con su familia a Egipto, porque el rey Herodes quería matar al Niño, al sentirse burlado y engañado por los Magos. A la vuelta del exilio vivió de forma pobre y sencilla con María y José de Nazaret. Es la historia dura de una familia, que nos recuerda la vida de muchas familias de hoy en día, de nuestro entorno. Familias rotas y separadas, familias que deben emigrar para poder subsistir. Familias destrozadas por la guerra y las injusticias humanas. En esta Celebración, vamos a tener un recuerdo y una oración para todas estas familias, para que todas vean un rayo de luz al final del túnel de su penuria y aprietos. Saludo del sacerdote: Bendigamos a Dios, que quiere ser uno más de nuestra familia. Que su paz, su amor y su gracia estén con todos vosotros… Gesto de comienzo Congregada la asamblea, entra una familia (abuelos, hijos y nietos) trayendo: – Uno una hogaza: mesa común – Otro, una piña: familia unida. – Otro un ramo de flores variadas: unidad y diversidad de la familia. – Otro, el Cirio encendido: Jesús, luz en la vida familiar. – Otro, una bandeja grande con instrumentos de trabajo: agujas de hacer punto y ovillo, llave inglesa, bayeta de polvo, libros de textos… Esta familia preside con el sacerdote la celebración… Pedimos perdón Cada uno de nosotros ha nacido en una familia que nos ha dado el pan, el vestido y, sobre todo, el cariño que la persona humana necesita para vivir. Pero muchas veces, nosotros, no sabemos responder al cariño de nuestros padres con el nuestro. Por eso, al empezar la Celebración, reconocemos nuestros fallos y pedimos perdón al Padre Dios. – Tú, que eres Padre y nos amas apasionadamente, a pesar de nuestras infidelidades. Señor, ten piedad… – Tú, que eres Hijo y supiste compartir nuestras debilidades. Cristo, ten piedad… – Tú, que eres Espíritu Santo, Amor que unes al Padre y al Hijo y has sido derramado en nuestros corazones. Señor, ten piedad.
  2. 2. Gloria: Unidos en la única familia de los hijos de Dios, cantemos el himno de alabanza y acción de gracias, que entonaron los ángeles en la noche del nacimiento de Jesucristo… Oración colecta Señor, gracias por lo que más queremos. Gracias por nuestra Familia. Esas personas son tu mejor regalo, También Tú, cuando pensaste en humano te metiste en el seno de una familia. No querías perderte la caricia de una madre, la compañía de un padre, la ternura de unos abuelos… Esas cosas, Señor, marcan nuestro desarrollo y moldean nuestro corazón. En la familia hemos aprendido lo que significa la palabra “amor” y, así, podemos entenderte mejor a Ti. Gracias, Señor. ¡Cuídanos y cuida cada una de nuestras familias!. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. Escuchamos la Palabra Monición a las lecturas En los tiempos de Jesús, los padres de un niño primogénito iban al templo para presentar a su hijo a Dios y darle gracias por este regalo. Como lo hacen María y José, como lo hace Simeón. Debemos reconocer, en este Niño, la luz de las naciones, la salvación de todos los pueblos, la luz y la salvación de todas nuestras familias. Lectura del libro del Génesis En aquellos días, Abrán recibió la palabra del Señor: – No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante. Abrán contestó: – Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa? Y añadió: – No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará. La palabra del Señor le respondió: – No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas. Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: – Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes. Y añadió: – Así será tu descendencia.
  3. 3. Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber. El Señor se fijó en Sara, como lo había dicho; el Señor cumplió a Sara lo que le había prometido. Ella concibió y dio a luz un hijo a Abrán, ya viejo, en el tiempo que había dicho. Abrán llamó al hijo que le había nacido, que le había dado Sara, Isaac. Palabra de Dios Salmo 127: Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos. + Lectura del Evangelio según san Lucas Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación,como dice la ley del Señor: «Un par de tórtolas o dos pichones». Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. Palabra del Señor Homilía En la primera lectura encontramos una fuerte interpelación en favor de los ancianos. Hoy resulta más necesaria que nunca. Hoy, los abuelos estorban, no se les integra cordialmente en las familias. Según van perdiendo facultades, se les va rebajando la estima, y ellos se dan cuenta; según van perdiendo poder -del tipo que sea-, va desapareciendo el cariño, y ellos lo saben. Nuestros ancianos están faltos de cariño, son como los niños no acogidos ni queridos. Hoy hay muchos padres sin hijos… (aunque biológicamente tengan varios…) Son padres ancianos, desilusionados, tristes, refugiados en cualquier tipo de residencias. Se dice que los viejos pierden la memoria; pero habrá que preguntarse quiénes son los que verdaderamente la pierden…
  4. 4. No sería difícil analizar las causas de esta realidad. Echamos la culpa a esta sociedad dura, competitiva, que da más importancia a los intereses que a los valores, que busca por encima de todo el bienestar y la comodidad. Si hoy se prefiere tener un buen trabajo y unas buenas vacaciones antes que tener otro hijo, ¿cómo no se va a preferir un poco más de confort y diversión antes que tener un viejo o una vieja en casa? «Hace mucho tiempo un padre casó a su hijo y le donó toda su fortuna. Solamente le pidió que le permitiera quedarse a vivir con los recién casados. Al cabo de dos años nació su nieto y así siguieron pasando los años, hasta que el nieto cumplió doce años. Para entonces, el abuelo, que se había vuelto muy anciano, estaba enfermo, no podía andar sino apoyado en su bastón, y se sentía muy triste porque su nuera, que era muy orgullosa y superficial, no lo quería y le decía continuamente a su marido: – Me voy a morir pronto si tu padre sigue viviendo con nosotros. Me es imposible aguantarlo por más tiempo. Entonces el marido le habló a su padre de esta manera: – Padre, sal de mi casa. Ya te he mantenido durante catorce años. Vete donde quieras. – Hijo, no me eches de tu casa. Soy viejo, estoy enfermo y nadie me querrá. Me conformo con un rincón en el establo. – No es posible, márchate. Mi mujer no quiere que sigas con nosotros. – ¡Que Dios te bendiga, hijo mío! Me voy, ya que así lo deseas; pero al menos dame una manta para abrigarme, pues estoy muerto de frío. El marido llamó entonces a su hijo y le dijo: – Baja al establo y dale a tu abuelo una manta de los caballos para que tenga con qué abrigarse. El niño bajó al establo con su abuelo; escogió la mejor manta de los caballos, la más grande y menos vieja, la dobló por la mitad y, haciendo que su abuelo la sostuviera de uno de los extremos, comenzó a cortarla sin hacer caso a lo que el anciano, tristemente, le decía: – ¿Qué has hecho, niño? Tu padre te mandó que me la dieras entera. Voy a decírselo a él. – Haz lo que quieras, contestó el muchacho. El viejo salió del establo y, buscando a su hijo, le dijo: – Mi nieto no ha cumplido tu orden: solamente me ha dado la mitad de una manta. – Dásela entera, ordenó el padre al muchacho. – No, contestó el niño. La otra mitad la guardaré para dártela a ti, cuando yo sea mayor y te eche de mi casa. El padre, al oír esto, llamó al abuelo, que ya se marchaba: – ¡Vuelve, vuelve, padre mío! -le dijo-. Te hago dueño y señor de mi casa otra vez, lo prometo. No comeré un pedazo de carne sin que tú hayas comido otro. Tendrás un buen aposento, un buen fuego y ropa como la que llevo yo. Después de oír esto, el buen anciano lloró con el hijo arrepentido». Moraleja: ¡Qué niño más prudente y más sabio! ¡Qué gran lección les dio a los mayores! … Dicen que la familia es el corazón de la sociedad. Precioso. Ya sabemos lo importante que es el corazón para el organismo; por eso hay que cultivarlo y cuidarlo…llenando de bondad, de amor, de gratitud… Así y sólo así lograremos que resplandezca en nuestros hogares los valores de la Sagrada Familia que hoy recordamos, celebramos y pedimos.
  5. 5. Credo de la familia Creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu, comunidad y hogar de amor caliente, que han inyectado ternura al universo salpicando de cariño todo cuanto existe. Por ello creemos en el amor, que viene de Dios limpio y desinteresado. Creemos en el cariño que une al hombre y a la mujer en el camino de la vida. Creemos en el amor que se proyecta en cada hijo que nace. Creemos en la familia, hogar de convivencia, donde se comparte a diario el pan de la unidad, la acogida y el perdón. Damos gracias por lo mucho que nos ha dado y nos comprometemos a cuidarla como semilla del amor original de Dios. Oraciones de los fieles En esta fiesta de la Sagrada Familia queremos acordamos no sólo de nuestros familiares y amigos, de los que más conocemos y queremos, sino de todos aquellos que desearíamos conocer y querer más, especialmente de los que más sufren o están más solos. Todos: Que nos amemos los unos a los otros. – Te presentamos, Señor, a los enfermos que van a estar sin sus familiares, viviendo la tristeza de un hospital. – Te presentamos, Señor, a los deficientes psíquicos, abandonados por sus familias en los centros psiquiátricos. – Te presentamos, Señor, a los transeúntes y emigrantes, que ruedan de una parte a otra, fuera de sus hogares. – Te presentamos, Señor, a los encarcelados, sufriendo la soledad de la prisión, sin ningún calor de familia. – Te presentamos, Señor, a los drogadictos, que siguen enganchados a su destrucción, originando sufrimiento sin límites para sus familias y para ellos mismos. – Te presentamos, Señor, a todos los refugiados, que han de vivir la Navidad en un país extraño, marginados por las guerras y violencias. – Te presentamos, Señor, a las familias que sufren las torturas del hambre y la violencia en cualquier rincón del mundo. Te presentamos, Señor, a toda la familia humana, para que la colmes de tu gracia y bendición.
  6. 6. Presentación de ofrendas: a) Presentación del pan y del vino (Esta ofrenda debiera hacerla una pareja trabajadora: hombre y mujer.Cada uno presenta uno de los signos eucarísticos. Concluida la ofrenda intervienen los dos) Hombre: Señor, yo quiero ofrecerte hoy este pan. Bien sabes que es el fruto de nuestro trabajo, de lo que nos cuesta sobrevivir y sacar adelante a nuestra familia. En él van todas nuestras ilusiones, nuestros problemas, los de la convivencia y también los económicos, pero en él va también nuestra acción de gracias, porque seguimos contando con tu auxilio, que nos sostiene, nos une y nos hace permanecer fieles. Mujer: Yo te traigo esta jarra de nuestro mejor vino. También me ha costado ganarla, porque sabes de mis esfuerzos por realizarme como mujer, a través del trabajo y del añadido que he de hacer para que todos en casa seamos una auténtica familia. Con este vino, te quiero ofrecer lo que de bonito, de convivencia y de fiesta existe en mi familia, y en todas las familias de nuestra comunidad. Y, con él, te damos gracias, porque sabemos que las dificultades se vencen siempre con lo más característico de toda fiesta, como es el compartir. b) Presentación de un niño pequeño de la Parroquia (Esta ofrenda la pueden hacer los padres o sus padrinos. Al niño se le puede llevar en su silla o coche de paseo, que se puede aparcar en el mismo presbiterio) Te traemos hoy, Señor, este último retoño de nuestra familia (de la familia de…) que bautizamos recientemente; nos comprometimos a educarle según tus mandamientos. Hoy, al ofrecértelo, no sólo traemos nuestra alegría, sino también nuestro renovado compromiso, y el de todas las familias de la Parroquia, de educar cristianamente. Estamos convencidos, además, de que de esa manera tú nos regalas abundancia de felicidad y de paz, porque nos ayudas a vivir lo que enseñamos de palabra. c) Presentación de unos globos (Los globos convenientemente inflados deben ser presentados por un niño, capaz de hacer la ofrenda) Señor, yo te traigo estos globos que son el signo de nuestros juegos infantiles y, también, de nuestra función de alegría y de futuro en nuestras casas. Sé de nuestra guerra en casa, de las travesuras y de los pequeños problemas, que entorpecen un poco la paz familiar. De verdad, a todos los niños nos gustaría ser de otra manera. Por eso, hoy te traigo nuestro compromiso de un mejor comportamiento, de colaborar y de ser la alegría, cuando nuestras casas se tiñan de tristeza.
  7. 7. Padre nuestro Estamos en familia y nos gusta mantener tradiciones familiares. Una de nuestras costumbres más antiguas, cuando nos sentamos a la mesa para comer, es rezar una oración de bendición. Y la oración más antigua y más bella que se reza en todos los idiomas y en todos los hogares es la que nos enseñó Jesús para hablar con Dios nuestro Padre. Todos juntos lo decimos: Padre nuestro… Pedimos la Paz El saludo de paz que nos damos hoy tiene un sentido especial: Comprometernos en que la paz del Señor reine en nuestros corazones y en nuestros hogares, así como el contagiarla a todos los hombres y a todas las familias de la tierra. Para esta reconciliación vino Cristo al mundo. Amigos, que la paz del Señor esté con todos vosotros… Compartimos el pan La familia se reúne alrededor de la mesa, pero cada vez nos cuesta más poder comer todos juntos. Jesús nos invita ahora a su mesa a comer el mismo Pan. Vamos a su encuentro, a sentarnos a la mesa de la fraternidad. Dichosos los invitados… Oración Nos vuelves más familiares Señor, aunque, a veces, nosotros, somos egocéntricos, Tú nos recuerdas al hermano, Tú nos haces familiares. Aunque queramos acordarnos sólo de los nuestros, Tú nos hablas del mundo, nos presentas a los otros humanos. De niños sólo pensamos en nosotros, poco a poco vamos haciendo sitio a los demás en el corazón, pero a veces, y poco a poco, vamos recuperando nuestros egoísmos, hasta terminar viviendo centrados solamente en lo nuestro. Tú, Señor, que eres salud para nuestra personalidad, nos ayudas a salir de nosotros, nos abres a la vida de los demás, nos susurras sus historias, sus preocupaciones y sus necesidades, para que la entrega sea una forma de llenar nuestra vida de sentido. Tú nos sacas de nuestra mirada raquítica que nos reduce el mundo a lo propio, Tú nos trasladas de la pobreza del guardar a la grandeza de la entrega, Tú nos magnificas llenando nuestra vida de sentido y de misión, Tú nos invitas a generar encuentros familiares, afectuosos y cálidos. Contigo, Señor, uno crece en amor. El corazón parece que se estira, que llega a mucha gente, a casi todas las personas…
  8. 8. y contigo el tiempo también crece, y uno puede más de lo que cree, porque en ti, Señor, nuestro amor aumenta y nuestra persona se magnifica. Gracias Padre, porque nos haces sentirnos hijos tuyos y hermanos de todos los seres humanos, constructores de esa gran familia humana, en la que todos se cuidan, comparten y viven la vida en abundancia. Cada uno de tus hijos aquí reunidos, te presentamos las familias del mundo, con las dificultades de cada una de ellas y que Tú bien conoces; te presentamos a cada niño, joven, adulto, o anciano, que la forman, para que a todos, uno a uno, les envuelvas en tu amor. Haznos querernos como la gran familia humana y salir al encuentro del que está solo y sin amor. Bendición y despedida Amigos, volvemos ahora a nuestros hogares, pero lo hacemos después de haber escuchado la Palabra que Dios nos ha dirigido hoy y de haber comulgado el Cuerpo entregado de Jesucristo por nosotros. Ahí ha de estar la clave de la novedad de nuestra vida familiar y la fortaleza para vivirla y ser testimonio ante los hombres y las otras familias. No olvidemos que la fe ha de ser el cimiento sobre el que hemos de construir nuestras casas. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén. Adoración del niño Antes de despedirnos, yo os pido que nos acerquemos hoy, familia tras familia, a adorar al Niño Jesús. Cuando lleguéis aquí, yo os entregaré al Niño a cada uno de los padres, para que se lo ofrezcáis a cada uno de los miembros de vuestra familia y estampe en él su beso. Beso, por cierto, que yo os invito a que sea vuestra firma del compromiso contraído de vivir en vuestras familias la paz, la alegría, el respeto mutuo, el amor incondicional.

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