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La poesía a partir de 1975

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La poesía a partir de 1975

  1. 1. LA POESÍA DE LOS ÚLITMOS AÑOS
  2. 2. POSTNOVÍSIMOS: POESÍA DE LA EXPERIENCIA <ul><li>Influencia poetas Generación del 50 </li></ul><ul><li>Formas tradicionales </li></ul><ul><li>Lenguaje coloquial y cotidiano. Poesía narrativa </li></ul><ul><li>Referencias a la sociedad de consumo y posmoderna </li></ul><ul><li>Temas: lo íntimo, lo urbano, experiencias personales, temas realistas, el paso del tiempo. </li></ul><ul><li>Humor, parodia </li></ul><ul><li>Ruptura yo-autor </li></ul>
  3. 3. TENDENCIAS <ul><li>Tradicionalista: Juan Lamillar </li></ul><ul><li>Minimalismo (Poesía del silencio): Amparo Amorós </li></ul><ul><li>Neoimpresionista o neosimbolista: Andrés Trapiello </li></ul><ul><li>Neosurrealista: Blanca Andreu </li></ul><ul><li>“ Nueva sentimentalidad”: Luis García Montero ( Las flores del frío , El jardín extranjero ), </li></ul><ul><li>Neorromántica: Julio Llamazares </li></ul>
  4. 4. Juan Lamillar <ul><li>Nombres del tiempo Se llama también luz. Se llama altura. Se llama certidumbre de la muerte. Se llama oscuro péndulo que advierte lo leve de tan leve arquitectura. Ignoramos su faz cambiante y muda. Su nombre es el asombro de estar vivos. En su fiel sucesión somos cautivos, y él está tras espejos, y no duda en detener con precisión su paso y asestar el fulgor de su mirada, única, última vez que la concede. Precipitada aurora hacia el ocaso, su nombre es claridad ya clausurada: finge la nada que al morir sucede </li></ul>
  5. 5. Amparo Amorós <ul><li>Luiciérnagas del agua, las estrellas, clavadas en el río simulaban ojos de luz inmóviles negándose a la ley inmutable del transcurso. </li></ul>
  6. 6. Andrés Trapiello <ul><li>Al final de la tarde las últimas estelas se detienen en la pared de cal, accidentes, cenizas. En los ojos entonces los paisajes suenan como lacados y hasta parecen lágrimas, tan suavemente llegan. Hablo de mí porque temo a la muerte desnuda de las cosas y que la muerte venga a esta azotea a quedarse en la calma y el silencioso valle. Como en su vaso el té moruno y verde o el viejo libro que abierto está a su lado han conseguido ser dueños de su quietud, y en su quietud igualarse a los astros que van en vastas órbitas, como ese viejo libro y ese vaso de té, recuerda este lugar y este momento. </li></ul><ul><li>Un día llegará en que te preguntes ¿de ti, de mí,  qué fue de todo aquello?, y de los ojos ya no vendrán palabras. </li></ul>
  7. 7. Blanca Andreu <ul><li>Así, en pretérito pluscuamperfecto y futuro absoluto voy hablando del trozo de universo que yo era, de subcutáneas estrellas de sangre cazadas por el ángel de la anemia en el cielo arterial, diciendo leucocitos del alba y rio de linfa, o bien de lo que quise:                                         el ligero Mediterráneo, la prohibición de envejecer,                                                 la gavilla del sueño barbitúrico, y sobre todo, sobre todas las cosas, Mozart anfetamínico preámbulo de pájaros, Mozart en ala y aeropuerto, arco de violín principe o piloto: Mozart el Músico. &quot;De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall&quot;1980 </li></ul>
  8. 8. Luis García Montero <ul><li>Bajo la luz quemada, tienen frío los ojos con que buscas estas horas de octubre y su jardín manchado de ginebra, hojas secas, silencios que de nosotros hablan al caerse. Porque si ya no existe, aunque nadie se ocupe de sus solemnidades, hay noches en que llega la verdad, ese huésped incómodo, para dejarnos sucios, vacíos, sin tabaco, como en un restaurante de sillas boca arriba ya punto de cerrar.                                         -Nos están esperando. Nada sé contestarte, sólo que soy consciente de mi propia ironía, porque el hombre es un lobo también consigo mismo                                          -Nos están esperando. Negras y en alto, buitres silenciosos, nos esperan las nubes en la calle. </li></ul>
  9. 9. <ul><li>Recuerda que tú existes tan sólo en este libro, agradece tu vida a mis fantasmas, a la pasión que pongo en cada verso por recordar el aire que respiras, la ropa que te pones y me quitas, los taxis en que viajas cada noche, sirena y corazón de los taxistas, las copas que compartes por los bares con las gentes que viven en sus barras. Recuerda que yo espero al otro lado de los tranvías cuando llegas tarde, que, centinela incómodo, el teléfono se convierte en un huésped sin noticias, que hay un rumor vacío de ascensores querellándose solos, convocando mientras suben o bajan tu nostalgia. Recuerda que mi reino son las dudas de esta ciudad con prisa solamente, y que la libertad, cisne terrible, no es el ave nocturna de los sueños, sí la complicidad, su mantenerse herida por el sable que nos hace sabemos personajes literarios, mentiras de verdad, verdades de mentira. Recuerda que yo existo porque existe este libro, que puedo suicidarnos con romper una página </li></ul>
  10. 10. Julio Llamazares <ul><li>La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos. </li></ul><ul><li>Y el tiempo huye de mí con un crujido dulce de zarzales. </li></ul><ul><li>Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya noche entre los blancos cercados. </li></ul><ul><li>Cuando amanezca, será ya siempre invierno. </li></ul>

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