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EXISTE UN ABISMO ENTRE EL VALOR Y EL COSTO.
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los
escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las
calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los
banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos
rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.
En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando
cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En
esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre
viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo
que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.
1.- Muy queridos amigos:
¡Qué lamentable es la situación de esclavitud que nos han acarreado estas
nuestras cadenas de oro que tanto presumimos! Vivimos bajo las seducciones
del mundo y nos hemos acostumbrado a nuestra prisión de diamantes. Este
mundo en el que vivimos nos ha engañado arteramente y parece que tú y yo
hemos convertido los grilletes en prolongación de nuestras extremidades. Hoy,
tenemos que admitir, aunque nos avergüence, que hemos caído en su juego y
que ladinamente nos ha entrampado. Sucede que todos nos hemos dejado
embaucar y hemos dejado que nos mintiera con sus falacias y sofismas.
¡Creánme!, no se trata solamente de una visión negativa del mundo, ni se trata
de alguien que carga irremediablemente sus fobias patológicas. Puedo
asegurarles que no tengo delirios persecutorios.
Se trata, más bien, de una visión realista sobre este mundo que necesita de
redención. Se trata de un mundo, que sin duda es valioso, pero que en nuestro
tiempo se ha erguido como si fuera el valor absoluto y ha desplazado a Dios, en
un sin fin de corazones. Digamos que este es el elemento externo o exógeno
que nos ha acarreado no pocas veces la desventura de un proyecto divino no
alcanzado en muchos nosotros.
2.- Al mismo tiempo, tenemos que ser justos y asumir en nuestro cuadro de
responsabilidades todo aquello que desde nuestra condición humana, tenemos
de propensiones.
Considero que los hombres nos hemos convertido en una presa sino fácil sí al
menos poco difícil de nuestra misma constitución concupisciente: Olvidamos la
grandeza de una historia de libertad cimentada en el ejercicio de la inteligencia y
de la recta voluntad, para así orientamos instintivamente hacia el mundo terreno,
temporal y experimental, y esto hace que se vaya retrasando e impidiendo
nuestra apertura hacia los bienes superiores, y especialmente a Dios.
Lo anterior, se ha convertido también en la razón principal por la cual nos
ilusamente nos hemos creído de las enseñanzas erráticas de este, nuestro
mundo, que nos ha hecho creer que lo importante en la vida es el “blof”, la
apariencia, el ostentar, el presumir, el disimular, el fingir, el comprar y el
consumir.
Nuestro tiempo, no es otro sino el de aquellos que equivocadamente pensamos
que nuestras cosas sólo son valiosas en cuanto que son costosas y nos
gastamos la vida confundiendo el valor de algo con su costo monetario. Hoy
todos nos pasamos la existencia juzgando las cosas por el volumen, la
cantidad, la forma, el aspecto, la figura, la traza,... por la apariencia. Y, en la
realidad de nuestra vida auténticamente tangible, que poco tiene que ver con lo
efímero de las quimeras, nos convertimos en unas víctimas de lo ilusorio, lo
ficticio y lo engañoso.
3.- ¡Qué eficiente Peste es ésta, al mismo tiempo tan contagiosa y tan
mortífera, y que lamentable pandemia la de este mal endémico! Los hombres
nos hemos convertido en seres vulnerables de nuestras propias pretensiones, y
cuando el enfermo se enamora de los estragos que le ha traído la enfermedad
qué inoperante se vuelve el medicamento.
Se trata de algo tan real y extraño, que se da en esta situación, y que, sin lugar
a dudas, puede ser tan difícil de explicar, pero tan fácilmente de experimentar
y... de padecer.
Lo más interesante de todo, radica en nuestras torpes creencias, o mejor dicho,
en nuestra ingenuidad de pensar que Dios cae en nuestros propios juegos. Se
nos olvida que mientras que los hombres miramos y juzgamos por las
apariencias, Dios es Aquel que realmente conoce el corazón del hombre, y que
en el laberinto de nuestro corazón Él conoce lo más secreto.
4.- Pero, por favor dígame: ¿qué podemos hacer? Es cierto que ni tú ni yo
podemos abstraernos de este mundo cuantificante, en el que el uso de las
matemáticas se utiliza como único criterio valorante. Y tenemos que admitir que
es esta nuestra actitud ordinaria con la cual nos presentamos ante Dios, y ante
nuestros seres más queridos.
Es por ello, que te invito para que nos detengámonos a mirar la escena que
Jesús ha contemplado con sus ojos divinos, en el grandioso e imponentísimo
Templo de Jerusalém.
Detente a mirar, por un solo momento aquello que contempla Aquel que es
dueño de todo y de todos, al presenciar a aquella viuda pobre y su ofrenda,... y
su corazón,... y date cuenta de que, como lo diría Santa Teresa de Ávila, “Dios
no pide mucho sino que pide todo”.
5.- ¿Sabes qué? Dios conoce a la perfección y distingue con claridad cuando
lo que se le da se trata de un todo que puede ser poco y cuando puede ser un
mucho que no lo es todo, y,... aunque no lo entiendas, aún cuando algo
aparenta ser poco y otro se presumiera como si fuera mucho, a Él le agrada
más ese todo de la mujer sencilla, que la ofrenda de aquellos que ofreciendo lo
mucho no le entregan la totalidad.
Hoy el Señor nos está invitando a que le demos a Dios no de lo mucho que nos
sobra, sino a ofrecerle todo nuestro haber, aunque pareciera ser poco.
Ofrecerle a Dios mucho y no todo es un querer engañar a quien le son claras
nuestras motivaciones.
6.- Al Señor le interesa nuestra calidad más que la cantidad. A Él le agrada
mucho más el óbolo, la pequeña ofrenda de la viuda que todo ese dinero del
mundo que dan aquellos que le ofrecen de lo que les sobra.
Digamos que el Evangelio de hoy nos invita a la generosidad, y que el juicio de
Dios sobre la generosidad en el hombre no se ubicará nunca ni en el volumen
ni en las cantidades de la ofrenda sino en el volumen y las cantidades de
nuestro desprendimiento. Tanta razón tenía San Ambrosio Obispo de Milán al
predicarle a su pueblo en la segunda mitad del siglo IV, acerca de la ofrenda en
nuestra vida cristiana: “¿Quieres saber cómo es tu ofrenda para Dios?
Tienes que saber que Dios no se fija en lo que das, sino en aquello con lo
que te quedas”.
La viuda de Sarepta en la primera lectura y la viuda que asiste al Templo de
Jerusalém en el Santo Evangelio, han sabido ser generosas desde su pobreza.
El pan más valioso, aunque no el más costoso, se le ha ofrecido al profeta de
Dios en aquel que se elaboró con el último puñado de harina. Unas monedas
pequeñas, insignificantes pero divinamente invaluables, están cayendo casi sin
hacer ruido como el más precioso tesoro a través de aquella rendija en la
alcancía del Templo.
7.- ¿Oye cura, entonces cuál es la propuesta? ¿La vida cristiana consiste en
dar poco o en dar mucho? Ni una cosa ni otra, se trata de darlo todo.
No podemos engañar a Dios, ya que para Él tan valioso le resultó la ofrenda de
un San Pedro que al hablarle de “todo aquello que han dejado” para seguirle, se
está refiriendo a una barca avejentada y a unas redes que necesitan estarse
remendando con frecuencia, así como valiosa le resultó aquella ofrenda en
manos de un San Luis de Gonzaga quien también renunció a la totalidad, y su
totalidad para él significó renunciar a favor de su hermano a aquel puesto de la
nobleza por ingresar a la Compañía de Jesús para ser sacerdote jesuita. Los
ojos de los hombres se engañan, pero Dios sabe valorar tanto la renuncia del
humilde pescador de Galilea como la de aquel joven de la nobleza. Ellos le
están ofreciendo no poco ni mucho, sino todo.
Tú sabes que hay unas palabras de la Beata y añorada Madre Teresa de
Calcuta que me agradan en demasía y que casi se me han convertido en una
especie de letanía: “No importa lo que das, sino el amor con el que lo das”.
Pareciera que la referencia es explícita sobre la escena de la ofrenda de la
viuda: “A Dios, no le interesa lo que das, sino el amor con el que lo das”.
Se trata de ofrecer lo que posees: El último puñado de harina, el último hilo de
aceite, las últimas monedas que se tienen para vivir.
8.- Si tú y yo dirigiéramos por un solo segundo nuestra mirada al escenario
de nuestras vidas cotidianas después de mirar aquella escena que el Señor
contempló en el Templo y escucháramos la profundidad de su Palabra
podríamos encontrar una de las razones de aquello por lo que padecemos los
hombres.
Los abuelos, los nietos, los esposos, los padres, los hijos, los hermanos, los
amigos, los clérigos, los feligreses, debiéramos ser conscientes de que lo que
importa no es lo que damos, sino el amor con el que lo damos.
Oye ¿En alguna parte de este planeta tú haz oído alguna expresión irónica
como: “Yo no se de qué te quejas si no te falta nada”? ¿Te parece familiar una
expresión vulgar y corriente como la siguiente: “Muchas personas quisieran
tener lo que tú tienes y estar en dónde tú estás”...¿Dónde lo hemos escuchado?
¿Dónde lo he escuchado: ”Tú lo tienes todo, no te falta nada”?
Y cuántas veces nos agradaría responder con ironía aunque no con vulgaridad
ni correntía: “Tienes toda la razón en decir que no nos falta nada, ¡No nos falta
nada! en realidad nos falta alguien... Alguien que nos escuche, que esté con
nosotros, que aconseje o que corrija a sus hijos, que nos apoye, que nos
respete... nos falta alguien que nos ame.
9.- Es posible, que ahora estés ya en la posibilidad de comprender que
existen muchas cosas que si bien pueden ser demasiado costosas no tienen
real y auténticamente tanto valor en la vida, y que al mismo tiempo, hay no
pocas cosas que son tan valiosas aún cuando no tienen un alto costo, al menos
en lo monetario.
Revisemos nuestra vida cotidiana y aprendamos a tener un juicio adecuado no
tan sólo sobre lo que le ofrecemos a Dios sino también a nuestros seres más
queridos.
Seamos conscientes de que la Palabra de Dios el día de hoy nos ubica en la
presencia de aquellas mujeres que le han ofrecido a Dios todo aquello que
tienen. El gesto de aquellas viudas que han sabido dar “todo lo que tenían para
vivir” las ha acercado a Aquél que se ha ofrecido “a sí mismo”.
¡Cuánta razón tenía Antonio Machado cuando afirmaba que solo los necios,
confunden el valor y precio!
UN ESCRIBA SIN TESORO.
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los
escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las
calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los
banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos
rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”.
1.- Muy queridos amigos:
Las prácticas señaladas y denunciadas por el Señor Jesús sobre las actitudes
nefastas de los escribas en el campo de la religión en un liderazgo que lejos de
convertirse en servicio se convierte en fuente de injusticias me ha hecho pensar
en aquellas cinco categorías que el mismo Maestro nos subrayó como
enfermizas dentro de la práctica de la religión: la incoherencia al decir algo y no
hacerlo, el exhibicionismo de quien hace las cosas para ser visto por los
hombres, la desproporción interesada en quien maximiza lo insignificante y
quien minimiza lo trascendente, el protagonismo hoy señalizado de quien gusta
ocupar los primeros lugares y, por último, la soberbia maquillada de quien se
siente ya santo, ya salvo, ya puro a costa de despreciar a los demás.
2.- Hoy, el Señor nos indica otro elemento de reflexión que quisiera no
dejáramos pasar por alto: el interés mezquino de algunos líderes sobre los
bienes materiales del rebaño de Cristo.
Quisiera no salir de las auténticas coordenadas de nuestra reflexión es por ello
que quisiera retomar y repetir un texto que tú y yo no deberíamos olvidar:
“¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas
haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy
riguroso”.
Para muestra nos bastarían cuatro botones:
Primero: sería suficiente que fueras con mucha cautela a un lugar en el centro
de la ciudad de personas que tienen acento extranjero y que se anuncian en la
televisión para que te dieras cuenta de aquello que hace años salió en un
noticiero de la televisión, hace pocos meses salió en un periódico y así pudieras
constatar de que hay quienes están haciendo su gran negocio con la religión
exigiendo en sus reuniones billetes de quinientos pesos para “la obra del
Señor”. ¿Sabías que esta congregación dizque cristiana tiene en su país uno de
los bancos más grandes?
Es cierto que cuando te reciben utilizan un gran aparato logístico de atenciones.
Pero, ¿Sabías que cuando no les das los billetes que ellos esperaban ver te
dan un trato distinto a causa de tu incapacidad de saciar su ambición de
dinero?
3.- Segundo: A un jugador de los equipos de futbol locales de la primera
división los líderes religiosos de su congregación le dijeron que no le era
permitido tener un coche deportivo tan ostentoso y que lo tenía que vender para
que su alma no se perdiera, y efectivamente lo vendió y compró uno más
sencillo, pero, ¡claro!, les tenía que dar el diezmo de este ingreso por la venta
de lo ostentoso para las arcas de los pobres líderes religiosos que andan tras
los bienes de las viudas y de los incautos.
Tercero: Otro jugador de futbol muy destacado que hace ya varios años militó
en un equipo de la localidad y que tuvo el obsequio del Señor de ir a un país
europeo a mostrar su calidad, pertenecía a una comunidad cristiana de la
localidad, cuyos líderes se alegraron de que pudiera incursionar en otras
naciones, se estableció con su familia en aquella ciudad y un día recibió una
llamada de los pastores de Monterrey para recordarle que no había entregado
el diezmo correspondiente, a lo que el jugador respondió desde la rectitud de su
conciencia, que ya lo había hecho para la obra del Señor en una Congregación
en esa ciudad española en la que estaba residiendo, y la respuesta que recibió
de sus líderes fue inesperada: lejos de elogiar su generosidad le expresaron
que a él le correspondía dar el diezmo a esta Iglesia del Rey en Monterrey.
¡Claro era mucho el dinero del que se hablaba! Y así, hubo un adepto que sufrió
la desilusión y hay algunos pastores que siguen buscando especialmente el
dinero de los futbolistas.
El cuarto ejemplo es sobre una situación que salió a la opinión pública en ese
programa con tono amarillo llamado ¡Primer Impacto!, en el que se hablaba de
un pastor pentecostal en Guatemala que se autosecuestró y que sacó de las
cuentas de una congregación en un país tan pobre como lo son los de nuestra
Centroamérica la friolera cantidad de 3 o 4 millones de dólares que
correspondían a las aportaciones del diezmo de esa congregación. ¿¡Qué
que!? Sí, tres o cuatro millones de dólares. En la investigación aparece aquel
hombre elegantemente vestido, con una ropa muy distinta a la que los
miembros de su congregación que fueron entrevistados tenía puesta, sacando
dinero de varios cajeros automáticos en donde hacía efectivo el rescate que
estaba cobrando por su autosecuestro.
“¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas
haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy
riguroso”.
4.- Tengo que admitir, en la sinceridad que la Palabra de Dios nos merece,
que este mal no es exclusivo de algunos y que a él somos propensos todos,
incluyéndonos los católicos, y entre ellos yo mismo, por lo cual tengo que estar
autorevisándome con mucha frecuencia y es por ello que en la autorevisión te
invito para que hablemos sobre algunas prácticas que corresponden a un
liderazgo religioso mal encausado, y que se identifica con aquello que el Señor
hoy nos está señalando.
Y es que, uno de los riesgos que padece cualquier expresión religiosa y
cualquier agrupación dentro de nuestra Iglesia es la presencia de falsos líderes.
Veamos cuáles son algunas de las características halladas en líderes falsos.
Labia: El discurso sofista, la labia, el mensaje bien estudiado con intereses
mezquinos, (cómo quiera llamársele a lo que el líder habla), es usada por ellos
para confundir y convencer a su audiencia. Para un uso más útil de su labia,
apenas permiten que los otros hablen. En el balance del tiempo hablado, el
líder habla el 90% y sus seguidores apenas un 10%. Las historias que cuentan
estos líderes suelen ser cautivantes y exudan auto-confianza y exculpación.
Éste es un rasgo curioso. Cuando ellos hablan, y sin que se les culpe de nada,
en su charla mezclan argumentos para autodisculparse: por si acaso alguien
pudiera saberle algo, ya antes se está defendiendo.
Manipulación: El líder no reconoce el derecho de los demás. La jerarquía
piramidal en donde él está solamente debajo de Dios le va a dar un arma
invaluable: auto-servicio de conductas permisibles, es decir, las conductas que
él quiera a la hora que quiera. A primera vista el líder parece ser encantador,
sin embargo, secretamente es hostil y dominante, viendo a sus seguidores
como meras víctimas para ser usadas en el momento más oportuno para sus
interese. Cuando uno de estos líderes conoce a una persona (ama de casa,
obrero, comerciante, albañil, secretaria, ejecutivo, maestro, jugador de futbol,
empresario), inmediatamente lo clasifica en su orden de usos. En el momento
adecuado, utilizará a cada uno de acuerdo a sus propias necesidades, y no
pocas veces haciendo chantaje y manipuleo de la conciencia cristiana.
5.- Grandiosidad: Estos escribas se sienten con absoluto derecho a ciertas
cosas como si fuesen de “su propiedad”. Por lo mismo, demanda adulación y
atención de todos, en ocasiones detonándola con actitudes de falsa humildad.
En reuniones, eventos y juegos organizados por su grupo religioso él debe ser
el centro de atención. Su fantasía mayor se da cuando se le nombra “vocero de
Dios”, “el ángel de Dios”, “el profeta de Jehová”, “el último de los profetas”, “el
apóstol de los últimos tiempos”, “el mensajero de la luz”... Él tiene la patente de
Dios, ¡Aunque Dios no lo sepa ni lo conozca!
Patológicamente mentiroso: Este escriba con actitudes patológicas, no tiene
ninguna dificultad al mentir fría y de la manera más descarada. Como los
miembros de su congregación callan ante sus mentiras y fantasías, él refuerza
la seguridad de que siempre dice la verdad. Le es, por lo tanto, muy difícil ser
confiable de acuerdo a bases consistentes. Lo increíble es que, con esas
mentiras, es capaz de crear, y obtener, creencias complejas de los otros acerca
de sus poderes y habilidades.
6.- Falto de remordimiento, vergüenza, culpa: Estos líderes no ven a los
otros como personas, sino sólo como objetivos y como oportunidades para
ellos. Si se aprovecha de alguno de sus adheridos, no siente remordimiento
alguno. Hace años que perdió la sensibilidad y la vergüenza. Esto es, en vez de
amigos y cristianos en su congregación él tiene víctimas. El fin, siempre justifica
los medios de acuerdo a su juicio. Claro que los fines son solamente los que le
favorecen.
Emociones frívolas: Cuando este líder parece mostrar ternura, alegría, amor,
calidez y compasión, esto es más una actitud fingida que una experiencia y un
servicio para los suyos: se trata de su arma preferida y más eficaz para hacer
caer a sus víctimas en servicio a sus propósitos y planes personales. Cuando
las cosas no se dan como él las planeó se ve violentado hasta por cuestiones
insignificantes, y permanece aparentemente inamovible y frío, como si fuera
una persona normal: eso lo hace ver como si tuviera una virtud cristiana
admirable a los ojos de quien le admira.
7.- Incapacidad para amar: Se trata del peor de los síntomas: En tanto que
él habla magistralmente del “amor de Dios”, él es incapaz de darlo porque no lo
ha recibido. Eso provoca en él una contradicción: dado que no cree en el amor
de Dios ni que el amor de sus seguidores sea tampoco genuino, se muestra
severo cuando trata de comprobar la fidelidad de sus seguidores hacia él. Así
que, cuando aquellos cometen una falla, no se tienta el corazón para
humillarlos, y hacerlos sentir culpables y avergonzados. Después les exige
sumisión total.
Y aquí sobreviene una conducta consecuente con lo anterior: la
Necesidad de Simulación. Dado que él vive en el filo de la navaja moralmente,
suele utilizar técnicas para probar las creencias y conductas de sus seguidores
con reglas realmente increíbles como las de aquel que se fija en la paja para
que no se vea la viga que lleva en su ojo. Y así antes que el miembro se le
adelante en denunciarlo por conductas impropias, como él tiene el micrófono en
la mano y la sartén por el mango, él simula preocupación por la “vida espiritual”
del integrante..., pero lo hace con gritos y violencia verbal. Esto, llega a ser
“normal” para los miembros bajo tal liderazgo.
8.- Insensibilidad: El cuadro se vuelve más patológico pero real: él es
incapaz de percibir el dolor de sus víctimas, y sólo le causa contento los
sentimientos de angustia y tristeza en ellos. Esto es así, porque de esa forma
posee herramientas para tomar ventaja en cualquier momento. Por otro lado, él
se muestra insensible: a él “porque Dios sí está de su lado”, no le angustia
nada, ni le duele nada. Sus herramientas son usadas para explotar, abusar y
ejercer la tiranía.
Pobre control de conducta: Finalmente, el hecho de que sus seguidores
crean que él es “todo-poderoso”, “que todo-lo-sabe”, que “es el hombre que
Dios nos puso como pastor y ministro”, produce que el líder no tenga fronteras
para ejercer sus conductas. La primera, no aceptar culpas, pero sí las de los
demás. Esa culpa de otros refuerza en el líder su dominio de obediencia hacia
él; la obediencia produce conformidad, y la conformidad terror a hacer algo que
los saque del sitio donde los creyentes están metidos y que será muy difícil que
salgan.
“¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas
haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy
riguroso”.
HACER DEL MATRIMONIO EL CIELO.
Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre
viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo
que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”.
1.- “Decía la Madre Teresa de Calcuta: No importa lo que das sino el amor
con el que lo das” Pero no lo hemos entendido y con ello pagamos las facturas
más lamentables y dolorosas. Este fragmento que te comparto a continuación
es una condensación que he reconstruído de un material que traigo en la
memoria sobre un libro de la escritora norteamericana Erma Bombeck titulado:
Hacer del Matrimonio el cielo, en el que se nos narran sus bodas de plata y
sus preparativos.
2.- “Estábamos allí sentados, los dos, uno frente al otro, en la mesa de jardín,
en el patio de la casa.
Nos veíamos un tanto ridículos con aquellos sombreros de fiesta atados a la
barbilla, ambos con cuarentaycinco años de edad.
La verdad es que yo había imaginado siempre de una manera muy distinta mis
bodas de plata.
Yo siempre había imaginado una gran carpa blanca adornada con bellas flores.
Una orquesta iba a tocar bellas melodías, mientras los invitados iban a pasear
por doquier. Bill me iba a dar arándanos fuera de temporada, e íbamos a
compartir regalos iguales: un par de brazaletes de oro con diamantes
engarzados. Mientras la orquesta tocaba nuestra melodía preferida: “Nuestro
amor nunca acabará”, ambos nos ibamos a deslizar por la pista del baile.
Al final nos ibamos a despedir desde la cubierta de un barco. Ibamos a lanzar
serpentinas, y mientras nuestros hijos se quedaban llorando en el muelle,
nosotros íbamos a brindar con copas de champagña...
Pero,... las cosas han resultado de forma muy distinta: nuestros hijos han asado
salchichas y hamburguesas en el patio de la casa. Ellos las han engullido y se
han marchado, dejándonos a nosotros que recojamos los vasos, los platos, los
cubiertos, los manteles, las mesas, las sillas…
Mientras Bill empezaba a trabajar, yo veía sobre la mesa los regalos que nos
hicieron: nos regalaron un par... de batas de baño con nuestras iniciales
bordadas. Allí se encontraba también el regalo que Bill me hizo: me regalo un,...
dispositivo para la ducha, de esos que tienen hasta cinco operaciones, desde
una suave brisa que acaricia el rostro hasta un potente chorro que casi me
lanza contra la pared.
En otro tiempo, yo hubiese esperado una recepción distinta: que nos recibieran
todos de pie, con una ovación y un aplauso, pero ahora parece que las cosas
han cambiado: nuestros amigos nos miran un tanto con tristeza, ellos piensan
que no hemos tenido el valor como para tomar otro tipo de decisiones,... pero
ellos se equivocan, porque yo amo a Bill y sé que él me ama a mí. Nuestros
hijos nos miran con extrañeza como si fuéramos una especie de animales en
extinción.
Me gusta mucho leer las participaciones sociales en la prensa, sobretodo
cuando alguien cumple cincuenta o sesenta años de matrimonio. Pienso y me
imagino que yo también puedo cumplirlos. Lo que no me gusta es la fotografía:
dos personas sentadas una junto a la otra pero sin tomarse de la mano. A ella
se le empieza a ver el cabello ralo y a él se le mira ya el cuero cabelludo.
Ambos traen gafas iguales.
Mientras pensaba en esto, Bill se acercó y me dijo: pasamos una bonita noche,
¿no es así? “Claro que sí -le contesté-. ¿te gustaría comerte la última
hamburguesa? –me preguntó.
Yo la acepté, y mientras la empezaba a comer: pensaba en aquella lista de
cosas que hacia veinticinco años había escrito y que me hubiesen gustado que
Bill cambiara, y la verdad es que ha cambiado muy pocas cosas: Él sigue
siendo un impuntual, yo no comprendo como él no puede imaginar que la
puntualidad no es cuestión ni de un reloj ni de tiempo sino de educación, de
cariño, de respeto y de atención para la persona amada. También el sigue
siendo un desmañanado, a él le gusta levantarse muy temprano y a mí me
gusta levantarme más tarde, el problema no es a que horas se levanta, sino
que parece que le gusta azotar la puertas y los cajones mientras que yo
necesito descansar un poco más. Tengo que admitir que algunas cosas sí las
ha cambiado: antes le gustaba irse con los amigotes, y ahora lo ha modificado
por irse a trotar por las tardes o irse de pesca. Yo también le he enseñado
cosas buenas: antes no le gustaban las verduras y ahora las come dos, tres o
hasta cuatro veces por semana, y él sabe que está comiendo cosas más sanas.
Pensaba en ese momento: sí acaso él tenía alguna lista con las cosas que le
hubiese gustado que yo cambiara y me provocaba terror el pensar cuantas de
esas cosas él había tachoneado.
Mientras estaba en estos pensamientos, volteé a mirarlo y le veía que seguía
trabajando, plegando sillas y entonces no me resistí a hacerle un comentario
que nunca he podido olvidar:
¡Oye, Bill! –Mande-, me contesto sin siquiera voltear.
¿Sabías tú que Richard Burton le regalo a Elizabeth Taylor un diamante muy
raro?
Ahá – contestó sin siquiera voltear y mientras seguía trabajando.
¡Oye, Bill! –Mande-, parecía gruñir cuando nuevamente me contestó y seguía
desarmando algunas mesas.
¿Sabías tú que Elizabeth Taylor le regaló a Richard Burton un abrigo largo de
piel?
Él entonces no aguantó más, dejó a un lado las sillas y las mesas, se acercó a
donde estaba yo y me dijo con molestia: ¿Y para qué crées que iba yo a querer
un abrigo largo de piel? Después se fue a seguir trabajando.
La verdad es que yo le amo a él y sé que él me ama a mí. Hemos pasado
muchos momentos juntos, algunos alegres y otros sumamente difíciles.
Son veinticinco años juntos y hemos sobrevivido a dos guerras, a tres cambios
de casa, a ocho cambios de coche, a la muerte de dos de nuestros hijos. Sin
lugar a dudas, el momentos más difícil de nuestra vida y el momento en que
más unidos hemos estado.
Yo le he cortado el cabello unas doscientas o trescientas veces y le he doblado
la ropa interior 33, 435 ocasiones.
Él me ha lavado los pies cuando en los días de embarazo yo ni siquiera puedo
tocarlos. Y cuando he estado en el hospital, por embarazo o por enfermedad, él
ha estado siempre junto a mí. Quizá lo más extraordinario de todo es el que él
ha vuelto a estacionar el coche 18,675 veces en que yo lo he dejado mal
estacionado, incluyendo el regresar el asiento a su posición original.
Hemos compartido el closet, las deudas, el dentrífico, los parientes...
Y sobre todo me agrada que él es una persona recta, a él le gusta ser honesto
y leal. Así en el trabajo: Si él tiene un peso es porque él se lo ha ganado, a él
no le gusta hacer las cosas, más que como Dios manda. Me gusta que sea así,
porque sé que es un valor que vive también en el matrimonio: sé que él es leal
conmigo, que él es fiel, que él es honesto y que él obra como Dios manda.
Mientras pensaba en esto. Nuevamente él se acercó y me dijo: “te tengo un
regalo sorpresa”.
-¿Qué es?- Le pregunté con ilusión. -Cierra los ojos-, me dijo. Y cuando me
pidió que los abriera, él tenía escondido algo entre sus manos. Fue abriendo
dedo por dedo, y cuando al final terminó, tenía asido con el dedo pulgar e índice
de su mano derecha una.... coliflor de esas que salen en los frascos de los
pepinillos.
“La guardé para ti” –me dijo con alegría.
Después continúo: “Yo sabía que te gustaban, y si la hubiese dejado allí, los
muchachos la hubiesen devorado”. Pero, ¿sabes por qué la guarde?
Porque me recordó el día en que te conocí. ¿Tú te acuerdas?
Recordé aquel día en que entré a aquel restaurante del pueblo. Tú estabas ya
sentada en una mesa comiendo una hamburguesa. Cuando te ví, yo me senté
lo más cercano a tu mesa, te miraba de reojo, y le pedí al mesero que también
me trajera una hamburguesa y, algo como esto, que tú tenías en el plato, y que
yo ni siquiera sabía que existían, ni mucho menos cómo se llamaban.
Me recordó ese primer día en que te ví, y en que me enamoré de ti. Me recordó
que aceptaste que nos pudiéramos ver en otra ocasión.
¿Sabes? El día en que aceptaste ser mi novia, sentía que me estaba volviendo
loco por la felicidad que experimentaba en mi corazón.
Me recordó que el día en que aceptaste ser mi esposa no podía conciliar el
sueño, quería levantar a toda la gente del pueblo y decirles la noticia más
grande de mi vida.
¿Sabes? Me duele que en ocasiones las cosas no salgan como yo las planeo,
me duele que en muchas ocasiones uno tiene un proyecto y resulta todo lo
contrario. Trabajo mucho y en ocasiones gano poco, yo quisiera darte más
cosas, pero en ocasiones en lugar de avanzar retrocedo.
Pero esta noche te quiero decir una cosa: Que tú eres lo más valioso en mi
vida, que tú éres lo más grande que Dios me ha dado, que soy muy feliz en mi
matrimonio, y te quiero decir que una sola cosa le he pedido a Dios en esta
noche: le he pedido que si permitiera volver a nacer que me permitiera
conocerte otra vez, y que me permitiera volverme a casar contigo.
¿Sabes? Dios ha sido muy bueno conmigo. Y aunque no tenemos muchas
cosas, yo a ti no te cambiaría por nada de lo que hay en el mundo. Te amo, ¿lo
sabías?
En esos momentos mis ojos lloraban. Bill me había hecho comprender que el
amor está hecho de cosas muy sencillas”.
3.- Hermanos muy queridos:
¡Cuánta razón! tenía la madre Teresa de Calcuta cuando decía: No importa lo
que das sino el amor con el que lo das.
EN EL TOMAR Y EL RECIBIR ESTÁ LA DIFERENCIA.
En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando
cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En
esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor.
1.- Muy queridos amigos:
Existen dos formas de ver las cosas en la vida, y de acuerdo con esa visión que
se tenga surgen las dos diferentes actitudes que se llegan a tener en nuestra
existencia: algunos ven aquello que se nos acerca como algo que se toma y
otros lo visualizan como algo que se recibe. Pareciera que entre tomar y recibir
no existiera alguna diferencia, pero la diferencia existe y es abismal.
La diferencia entre un verbo y el otro se vuelve clara en la actitud de nuestra
vida: el que ve la vida como algo que se toma no suele ser capaz de agradecer,
mientras que aquel que ve la vida como algo que se recibe nunca terminará de
decir gracias a aquel o aquellos que están detrás de lo que se recibe.
Aquel que ve la vida como un “tomar” lo que se nos accesa va pensando que su
vida es sólo un movimiento mecánico que va aprovechando las circunstancias
y, que si acaso algo tuviera que agradecer, esta gratitud se dirige a su buena
suerte o a la fortuna de haber estado en el momento preciso y en el lugar
adecuado donde “se le dieron” las cosas.
Aquel que sabe que en la vida todo se recibe, sabe que detrás de lo que se
recibe se encuentra alguien y que para recibir algo antes de que haya un
movimiento mecánico de nuestros brazos existe el movimiento afectivo de un
corazón que nos ofrece aquello que ha llegado hasta nosotros. El rasgo más
importante de aquel que sabe que la vida es un “recibir” se ubica en la
capacidad de ver que detrás de ese alguien que nos ha ofrecido lo que hemos
recibido, está “Alguien” a quien debemos levantar nuestra mirada.
2.- Y, ¿cuál es la razón que justifique estar hablando sobre este tema en este
domingo?
El día de hoy en que el Señor pondera y agradece la ofrenda sencilla y divina
de aquella viuda debemos revisar la capacidad que hemos cultivado para
conseguir que nuestro corazón sea capaz de expanderse.
Se dice que el hombre al nacer nace con las manos cerradas y que al morir lo
hace con las manos abiertas y que el proceso de la vida no es otro sino el
aprender a abrir nuestras manos. ¿Cómo está nuestra generosidad en la vida?
Para nosotros la vida no es un tomar sino un recibir, y es por ello que no
podemos olvidar que todo en la vida proviene de la bondad de Dios, tanto
nuestra fe como los bienes económicos. De aquí surge la convicción de que
nuestra fe no puede ser algo de lo que podamos sentirnos soberbios
propietarios sino agradecidos servidores, y sí la anterior es la visión sobre
aquellos bienes que trascienden, podemos imaginar y hacer extensiva esta
aplicación hacia nuestros efímeros bienes materiales.
Pensemos en este tercer momento en los bienes materiales.
3.- Sobre los bienes materiales, te invito a visualizar la realidad con la mirada
de Dios, que quiere que todos gocen del mayor bien posible.
La exhortación no es otra sino para que aprendamos a distinguir entre lo
absoluto y lo relativo, entre lo no-sustituible y lo sustituible.
El centro del mensaje es para que tú y yo tengamos una opción más racional en
la que el cálculo económico favorezca la trascendencia del hombre; y en donde
no olvidemos la sobreabundancia de los bienes auténticos que nos ofrecen la
salvación.
El día de hoy se nos invita a una generosidad material para con Aquel que nos
ha dado todo en la vida.
4.- ¿Qué es la caridad? Si nos detenemos en su origen sabemos que es la
caridad es un Amor sobrenatural, infundido en nuestro corazón por el Espíritu
Santo (cfr. Rom. 5,5). Si consideramos lo terminológico la palabra “caridad”
proviene del término: “carus” que significa “algo de gran valor”. Y sabemos que
es esta caridad la única virtud que permanecerá hasta que lleguemos al más
allá (1Cor 13,8).
La caridad no sólo es la primera de las virtudes, sino que se convierte para
nosotros en un orden distinto y superior en la vida. Se trata del orden de lo
definitivo, en donde las demás virtudes valen únicamente en cuanto ayudan al
incremento de la caridad o están informadas por ella, ya que ésta nos configura
en el modo de ser del mismo Dios y nos hace participar de su propia riqueza y
felicidad, similarmente a cómo, por el amor a otra persona, hacemos nuestra
riqueza, su felicidad o su propio dolor.
Desde una dimensión humana y cristiana, la caridad se relaciona con la virtud
de la solidaridad, y esta surge de la exigencia de una madura y plena
realización personal. Tal como lo ha reconocido Eric Erikson, sólo existe la
adultez en “la persona que tiene cuidado de sí, del otro, del ambiente; en una
palabra, la persona solidaria. Todas las otras personas –independientemente
de sus años- o permanecen en el estado de adolescencia egoístamente
inmaduros o son viejos de espíritu. Sólo la solidaridad es capaz de hacer
madurar en la persona la estructura adulta y lograda: la personal, la altruista y
la ambiental”.
5.- Quisiera, no obstante lo anterior, que el día de hoy dirijamos la mirada a la
contemplación de la caridad cristiana y para ello, resulta necesario que
esbocemos algunos rasgos de su identidad.
En primer lugar, la caridad nos hace amar al prójimo no por sí mismo sino por
Dios, tal como lo expresaba San Gregorio Magno: “Más ninguno, por el mero
hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe
examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero
no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad
verdadera cuando se ama al amigo de Dios y al enemigo de Dios”. (Hom 38
sobre los Evangelios)
Y, ¿no es acaso la enseñanza anterior la misma que nos decía san Agustín en
su Comentario a la primera Epístola de san Juan? “Hemos de amar a todos, no
porque son hermanos, sino para que lo sean; para andar siempre con amor
fraterno: hacia el que ya es hermano, y hacia el enemigo para que venga a ser
hermano”.
Es la caridad la que se encarga de transformar nuestra vida y el ejercicio de las
virtudes en nuestra existencia, tal y como lo enseñaba magistralmente Santo
Tomás de Aquino: “Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan
la vida, si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras
preciosas, cadáver sigue”. (Sobre la Caridad, 1c). El mismo Santo Tomás de
Aquino enfatizará esta misma enseñanza en la Summa Theologica al decir: “La
caridad es la forma, el fundamento, la raíz y la madre de todas las demás
virtudes”.
Con el anterior pensamiento de Santo Tomás de Aquino ha coincidido San
Gregorio Magno al mencionar: “Así como todas las ramas de un árbol reciben
su solidez de la raíz, así también las virtudes, siendo muchas, proceden de la
caridad. Y no tiene verdor alguno la rama de las buenas obras si no está
enraizada en la caridad”.
6.- Ahora bien, el día de hoy se nos exhorta a manifestar la caridad a través
de nuestra solidaridad económica. ¿Qué es la solidaridad? La Solidaridad es la
actitud congruente de aquél que, habiendo recibido el beneficio del Dios que
ama profundamente, se dispone, en la correspondencia, a ofrecerle al hermano
una manifestación del amor.
¿Sabes? Frecuentemente las relaciones entre las personas pasan por la
mediación de las relaciones con los objetos, que en los dones y regalos que se
dan y se reciben. Y en esta mediación de los bienes se pueden señalar cuatro
etapas en la dialéctica de nuestro dar y recibir en un aparente juego de verbos:
dar por dar, dar por recibir, recibir por recibir y recibir para dar.
La actitud de “dar por dar” indica sólo en apariencia una disposición generosa
y desprendida, ya que, si se da de modo superficial, no existe un verdadero
don, sino un pasar a otros objetos que apenas se poseen, a veces cosas
superfluas o inútiles de las que, en ocasiones, no se encuentra la forma de
cómo desprenderse. Esta actitud adolece además del defecto de cerrarse a
recibir dones.
La postura de “dar por recibir” caracteriza la relación de la esfera comercial
en la que la amistad no existe o se pone entre paréntesis. Sin embargo, esta
actitud también puede darse de modo oculto en algunas relaciones de amor y
amistad inmaduros, como un sutil chantaje: “te doy para que me des”, más
frecuente de lo que pensamos.
En la disposición de “recibir por recibir” se revela la actitud egoísta del que
sólo quiere que se le den dones y regalos y no se abre a la entrega generosa
del dar.
Y aquí viene nuestra propuesta: Más allá del espíritu de la compra-venta, más
allá de la donación superficial y de la carencia en el dar, está la actitud abierta y
generosa del “recibir para dar”.
7.- El verdadero regalo es algo estrechamente ligado al donante, que pasa a
ligar a la persona amada, y de ese modo se vinculan los dos. El regalo está
cargado de intenciones y símbolos, de deseos de servicio y disponibilidad, de
afecto de comunicación y de comunión. El regalo lleva consigo un mensaje de
amor y muerte: el regalo muere para el donante, para sobrevivir en la posesión
de la persona amada. El don lleva consigo simultáneamente el dolor que
provoca el desprendimiento y la alegría que surge en el dar, ya que, así
comprendemos que “hay más alegría en dar que en recibir”, al mismo tiempo
que reconocemos que no tenemos nada que no hayamos recibido.
8.- Nuestra generosidad en nuestra vida cristiana no debe ser otra
manifestación sino de la gratitud de aquellos que hemos comprendido que todo
en la vida se ha recibido de Dios, y que al recibirse debe agradecerse, y que la
mejor forma de agradecerle a Dios, será en el compartir con alegría aquello que
ha venido de su bondad con aquellos que lo han dejado todo por bondad, pero
sin olvidar que mucho más importante que el obsequio es el afecto que está
detrás de un obsequio.

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  • 1. EXISTE UN ABISMO ENTRE EL VALOR Y EL COSTO. En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”. 1.- Muy queridos amigos: ¡Qué lamentable es la situación de esclavitud que nos han acarreado estas nuestras cadenas de oro que tanto presumimos! Vivimos bajo las seducciones del mundo y nos hemos acostumbrado a nuestra prisión de diamantes. Este mundo en el que vivimos nos ha engañado arteramente y parece que tú y yo hemos convertido los grilletes en prolongación de nuestras extremidades. Hoy, tenemos que admitir, aunque nos avergüence, que hemos caído en su juego y que ladinamente nos ha entrampado. Sucede que todos nos hemos dejado embaucar y hemos dejado que nos mintiera con sus falacias y sofismas. ¡Creánme!, no se trata solamente de una visión negativa del mundo, ni se trata de alguien que carga irremediablemente sus fobias patológicas. Puedo asegurarles que no tengo delirios persecutorios. Se trata, más bien, de una visión realista sobre este mundo que necesita de redención. Se trata de un mundo, que sin duda es valioso, pero que en nuestro tiempo se ha erguido como si fuera el valor absoluto y ha desplazado a Dios, en un sin fin de corazones. Digamos que este es el elemento externo o exógeno que nos ha acarreado no pocas veces la desventura de un proyecto divino no alcanzado en muchos nosotros. 2.- Al mismo tiempo, tenemos que ser justos y asumir en nuestro cuadro de responsabilidades todo aquello que desde nuestra condición humana, tenemos de propensiones. Considero que los hombres nos hemos convertido en una presa sino fácil sí al menos poco difícil de nuestra misma constitución concupisciente: Olvidamos la grandeza de una historia de libertad cimentada en el ejercicio de la inteligencia y de la recta voluntad, para así orientamos instintivamente hacia el mundo terreno, temporal y experimental, y esto hace que se vaya retrasando e impidiendo nuestra apertura hacia los bienes superiores, y especialmente a Dios.
  • 2. Lo anterior, se ha convertido también en la razón principal por la cual nos ilusamente nos hemos creído de las enseñanzas erráticas de este, nuestro mundo, que nos ha hecho creer que lo importante en la vida es el “blof”, la apariencia, el ostentar, el presumir, el disimular, el fingir, el comprar y el consumir. Nuestro tiempo, no es otro sino el de aquellos que equivocadamente pensamos que nuestras cosas sólo son valiosas en cuanto que son costosas y nos gastamos la vida confundiendo el valor de algo con su costo monetario. Hoy todos nos pasamos la existencia juzgando las cosas por el volumen, la cantidad, la forma, el aspecto, la figura, la traza,... por la apariencia. Y, en la realidad de nuestra vida auténticamente tangible, que poco tiene que ver con lo efímero de las quimeras, nos convertimos en unas víctimas de lo ilusorio, lo ficticio y lo engañoso. 3.- ¡Qué eficiente Peste es ésta, al mismo tiempo tan contagiosa y tan mortífera, y que lamentable pandemia la de este mal endémico! Los hombres nos hemos convertido en seres vulnerables de nuestras propias pretensiones, y cuando el enfermo se enamora de los estragos que le ha traído la enfermedad qué inoperante se vuelve el medicamento. Se trata de algo tan real y extraño, que se da en esta situación, y que, sin lugar a dudas, puede ser tan difícil de explicar, pero tan fácilmente de experimentar y... de padecer. Lo más interesante de todo, radica en nuestras torpes creencias, o mejor dicho, en nuestra ingenuidad de pensar que Dios cae en nuestros propios juegos. Se nos olvida que mientras que los hombres miramos y juzgamos por las apariencias, Dios es Aquel que realmente conoce el corazón del hombre, y que en el laberinto de nuestro corazón Él conoce lo más secreto. 4.- Pero, por favor dígame: ¿qué podemos hacer? Es cierto que ni tú ni yo podemos abstraernos de este mundo cuantificante, en el que el uso de las matemáticas se utiliza como único criterio valorante. Y tenemos que admitir que es esta nuestra actitud ordinaria con la cual nos presentamos ante Dios, y ante nuestros seres más queridos. Es por ello, que te invito para que nos detengámonos a mirar la escena que Jesús ha contemplado con sus ojos divinos, en el grandioso e imponentísimo Templo de Jerusalém. Detente a mirar, por un solo momento aquello que contempla Aquel que es dueño de todo y de todos, al presenciar a aquella viuda pobre y su ofrenda,... y su corazón,... y date cuenta de que, como lo diría Santa Teresa de Ávila, “Dios no pide mucho sino que pide todo”.
  • 3. 5.- ¿Sabes qué? Dios conoce a la perfección y distingue con claridad cuando lo que se le da se trata de un todo que puede ser poco y cuando puede ser un mucho que no lo es todo, y,... aunque no lo entiendas, aún cuando algo aparenta ser poco y otro se presumiera como si fuera mucho, a Él le agrada más ese todo de la mujer sencilla, que la ofrenda de aquellos que ofreciendo lo mucho no le entregan la totalidad. Hoy el Señor nos está invitando a que le demos a Dios no de lo mucho que nos sobra, sino a ofrecerle todo nuestro haber, aunque pareciera ser poco. Ofrecerle a Dios mucho y no todo es un querer engañar a quien le son claras nuestras motivaciones. 6.- Al Señor le interesa nuestra calidad más que la cantidad. A Él le agrada mucho más el óbolo, la pequeña ofrenda de la viuda que todo ese dinero del mundo que dan aquellos que le ofrecen de lo que les sobra. Digamos que el Evangelio de hoy nos invita a la generosidad, y que el juicio de Dios sobre la generosidad en el hombre no se ubicará nunca ni en el volumen ni en las cantidades de la ofrenda sino en el volumen y las cantidades de nuestro desprendimiento. Tanta razón tenía San Ambrosio Obispo de Milán al predicarle a su pueblo en la segunda mitad del siglo IV, acerca de la ofrenda en nuestra vida cristiana: “¿Quieres saber cómo es tu ofrenda para Dios? Tienes que saber que Dios no se fija en lo que das, sino en aquello con lo que te quedas”. La viuda de Sarepta en la primera lectura y la viuda que asiste al Templo de Jerusalém en el Santo Evangelio, han sabido ser generosas desde su pobreza. El pan más valioso, aunque no el más costoso, se le ha ofrecido al profeta de Dios en aquel que se elaboró con el último puñado de harina. Unas monedas pequeñas, insignificantes pero divinamente invaluables, están cayendo casi sin hacer ruido como el más precioso tesoro a través de aquella rendija en la alcancía del Templo. 7.- ¿Oye cura, entonces cuál es la propuesta? ¿La vida cristiana consiste en dar poco o en dar mucho? Ni una cosa ni otra, se trata de darlo todo. No podemos engañar a Dios, ya que para Él tan valioso le resultó la ofrenda de un San Pedro que al hablarle de “todo aquello que han dejado” para seguirle, se está refiriendo a una barca avejentada y a unas redes que necesitan estarse remendando con frecuencia, así como valiosa le resultó aquella ofrenda en manos de un San Luis de Gonzaga quien también renunció a la totalidad, y su totalidad para él significó renunciar a favor de su hermano a aquel puesto de la nobleza por ingresar a la Compañía de Jesús para ser sacerdote jesuita. Los ojos de los hombres se engañan, pero Dios sabe valorar tanto la renuncia del humilde pescador de Galilea como la de aquel joven de la nobleza. Ellos le están ofreciendo no poco ni mucho, sino todo.
  • 4. Tú sabes que hay unas palabras de la Beata y añorada Madre Teresa de Calcuta que me agradan en demasía y que casi se me han convertido en una especie de letanía: “No importa lo que das, sino el amor con el que lo das”. Pareciera que la referencia es explícita sobre la escena de la ofrenda de la viuda: “A Dios, no le interesa lo que das, sino el amor con el que lo das”. Se trata de ofrecer lo que posees: El último puñado de harina, el último hilo de aceite, las últimas monedas que se tienen para vivir. 8.- Si tú y yo dirigiéramos por un solo segundo nuestra mirada al escenario de nuestras vidas cotidianas después de mirar aquella escena que el Señor contempló en el Templo y escucháramos la profundidad de su Palabra podríamos encontrar una de las razones de aquello por lo que padecemos los hombres. Los abuelos, los nietos, los esposos, los padres, los hijos, los hermanos, los amigos, los clérigos, los feligreses, debiéramos ser conscientes de que lo que importa no es lo que damos, sino el amor con el que lo damos. Oye ¿En alguna parte de este planeta tú haz oído alguna expresión irónica como: “Yo no se de qué te quejas si no te falta nada”? ¿Te parece familiar una expresión vulgar y corriente como la siguiente: “Muchas personas quisieran tener lo que tú tienes y estar en dónde tú estás”...¿Dónde lo hemos escuchado? ¿Dónde lo he escuchado: ”Tú lo tienes todo, no te falta nada”? Y cuántas veces nos agradaría responder con ironía aunque no con vulgaridad ni correntía: “Tienes toda la razón en decir que no nos falta nada, ¡No nos falta nada! en realidad nos falta alguien... Alguien que nos escuche, que esté con nosotros, que aconseje o que corrija a sus hijos, que nos apoye, que nos respete... nos falta alguien que nos ame. 9.- Es posible, que ahora estés ya en la posibilidad de comprender que existen muchas cosas que si bien pueden ser demasiado costosas no tienen real y auténticamente tanto valor en la vida, y que al mismo tiempo, hay no pocas cosas que son tan valiosas aún cuando no tienen un alto costo, al menos en lo monetario. Revisemos nuestra vida cotidiana y aprendamos a tener un juicio adecuado no tan sólo sobre lo que le ofrecemos a Dios sino también a nuestros seres más queridos. Seamos conscientes de que la Palabra de Dios el día de hoy nos ubica en la presencia de aquellas mujeres que le han ofrecido a Dios todo aquello que tienen. El gesto de aquellas viudas que han sabido dar “todo lo que tenían para vivir” las ha acercado a Aquél que se ha ofrecido “a sí mismo”.
  • 5. ¡Cuánta razón tenía Antonio Machado cuando afirmaba que solo los necios, confunden el valor y precio! UN ESCRIBA SIN TESORO. En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. 1.- Muy queridos amigos: Las prácticas señaladas y denunciadas por el Señor Jesús sobre las actitudes nefastas de los escribas en el campo de la religión en un liderazgo que lejos de convertirse en servicio se convierte en fuente de injusticias me ha hecho pensar en aquellas cinco categorías que el mismo Maestro nos subrayó como enfermizas dentro de la práctica de la religión: la incoherencia al decir algo y no hacerlo, el exhibicionismo de quien hace las cosas para ser visto por los hombres, la desproporción interesada en quien maximiza lo insignificante y quien minimiza lo trascendente, el protagonismo hoy señalizado de quien gusta ocupar los primeros lugares y, por último, la soberbia maquillada de quien se siente ya santo, ya salvo, ya puro a costa de despreciar a los demás. 2.- Hoy, el Señor nos indica otro elemento de reflexión que quisiera no dejáramos pasar por alto: el interés mezquino de algunos líderes sobre los bienes materiales del rebaño de Cristo. Quisiera no salir de las auténticas coordenadas de nuestra reflexión es por ello que quisiera retomar y repetir un texto que tú y yo no deberíamos olvidar: “¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. Para muestra nos bastarían cuatro botones: Primero: sería suficiente que fueras con mucha cautela a un lugar en el centro de la ciudad de personas que tienen acento extranjero y que se anuncian en la televisión para que te dieras cuenta de aquello que hace años salió en un noticiero de la televisión, hace pocos meses salió en un periódico y así pudieras constatar de que hay quienes están haciendo su gran negocio con la religión exigiendo en sus reuniones billetes de quinientos pesos para “la obra del Señor”. ¿Sabías que esta congregación dizque cristiana tiene en su país uno de los bancos más grandes? Es cierto que cuando te reciben utilizan un gran aparato logístico de atenciones. Pero, ¿Sabías que cuando no les das los billetes que ellos esperaban ver te
  • 6. dan un trato distinto a causa de tu incapacidad de saciar su ambición de dinero? 3.- Segundo: A un jugador de los equipos de futbol locales de la primera división los líderes religiosos de su congregación le dijeron que no le era permitido tener un coche deportivo tan ostentoso y que lo tenía que vender para que su alma no se perdiera, y efectivamente lo vendió y compró uno más sencillo, pero, ¡claro!, les tenía que dar el diezmo de este ingreso por la venta de lo ostentoso para las arcas de los pobres líderes religiosos que andan tras los bienes de las viudas y de los incautos. Tercero: Otro jugador de futbol muy destacado que hace ya varios años militó en un equipo de la localidad y que tuvo el obsequio del Señor de ir a un país europeo a mostrar su calidad, pertenecía a una comunidad cristiana de la localidad, cuyos líderes se alegraron de que pudiera incursionar en otras naciones, se estableció con su familia en aquella ciudad y un día recibió una llamada de los pastores de Monterrey para recordarle que no había entregado el diezmo correspondiente, a lo que el jugador respondió desde la rectitud de su conciencia, que ya lo había hecho para la obra del Señor en una Congregación en esa ciudad española en la que estaba residiendo, y la respuesta que recibió de sus líderes fue inesperada: lejos de elogiar su generosidad le expresaron que a él le correspondía dar el diezmo a esta Iglesia del Rey en Monterrey. ¡Claro era mucho el dinero del que se hablaba! Y así, hubo un adepto que sufrió la desilusión y hay algunos pastores que siguen buscando especialmente el dinero de los futbolistas. El cuarto ejemplo es sobre una situación que salió a la opinión pública en ese programa con tono amarillo llamado ¡Primer Impacto!, en el que se hablaba de un pastor pentecostal en Guatemala que se autosecuestró y que sacó de las cuentas de una congregación en un país tan pobre como lo son los de nuestra Centroamérica la friolera cantidad de 3 o 4 millones de dólares que correspondían a las aportaciones del diezmo de esa congregación. ¿¡Qué que!? Sí, tres o cuatro millones de dólares. En la investigación aparece aquel hombre elegantemente vestido, con una ropa muy distinta a la que los miembros de su congregación que fueron entrevistados tenía puesta, sacando dinero de varios cajeros automáticos en donde hacía efectivo el rescate que estaba cobrando por su autosecuestro. “¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. 4.- Tengo que admitir, en la sinceridad que la Palabra de Dios nos merece, que este mal no es exclusivo de algunos y que a él somos propensos todos, incluyéndonos los católicos, y entre ellos yo mismo, por lo cual tengo que estar
  • 7. autorevisándome con mucha frecuencia y es por ello que en la autorevisión te invito para que hablemos sobre algunas prácticas que corresponden a un liderazgo religioso mal encausado, y que se identifica con aquello que el Señor hoy nos está señalando. Y es que, uno de los riesgos que padece cualquier expresión religiosa y cualquier agrupación dentro de nuestra Iglesia es la presencia de falsos líderes. Veamos cuáles son algunas de las características halladas en líderes falsos. Labia: El discurso sofista, la labia, el mensaje bien estudiado con intereses mezquinos, (cómo quiera llamársele a lo que el líder habla), es usada por ellos para confundir y convencer a su audiencia. Para un uso más útil de su labia, apenas permiten que los otros hablen. En el balance del tiempo hablado, el líder habla el 90% y sus seguidores apenas un 10%. Las historias que cuentan estos líderes suelen ser cautivantes y exudan auto-confianza y exculpación. Éste es un rasgo curioso. Cuando ellos hablan, y sin que se les culpe de nada, en su charla mezclan argumentos para autodisculparse: por si acaso alguien pudiera saberle algo, ya antes se está defendiendo. Manipulación: El líder no reconoce el derecho de los demás. La jerarquía piramidal en donde él está solamente debajo de Dios le va a dar un arma invaluable: auto-servicio de conductas permisibles, es decir, las conductas que él quiera a la hora que quiera. A primera vista el líder parece ser encantador, sin embargo, secretamente es hostil y dominante, viendo a sus seguidores como meras víctimas para ser usadas en el momento más oportuno para sus interese. Cuando uno de estos líderes conoce a una persona (ama de casa, obrero, comerciante, albañil, secretaria, ejecutivo, maestro, jugador de futbol, empresario), inmediatamente lo clasifica en su orden de usos. En el momento adecuado, utilizará a cada uno de acuerdo a sus propias necesidades, y no pocas veces haciendo chantaje y manipuleo de la conciencia cristiana. 5.- Grandiosidad: Estos escribas se sienten con absoluto derecho a ciertas cosas como si fuesen de “su propiedad”. Por lo mismo, demanda adulación y atención de todos, en ocasiones detonándola con actitudes de falsa humildad. En reuniones, eventos y juegos organizados por su grupo religioso él debe ser el centro de atención. Su fantasía mayor se da cuando se le nombra “vocero de Dios”, “el ángel de Dios”, “el profeta de Jehová”, “el último de los profetas”, “el apóstol de los últimos tiempos”, “el mensajero de la luz”... Él tiene la patente de Dios, ¡Aunque Dios no lo sepa ni lo conozca! Patológicamente mentiroso: Este escriba con actitudes patológicas, no tiene ninguna dificultad al mentir fría y de la manera más descarada. Como los miembros de su congregación callan ante sus mentiras y fantasías, él refuerza la seguridad de que siempre dice la verdad. Le es, por lo tanto, muy difícil ser confiable de acuerdo a bases consistentes. Lo increíble es que, con esas
  • 8. mentiras, es capaz de crear, y obtener, creencias complejas de los otros acerca de sus poderes y habilidades. 6.- Falto de remordimiento, vergüenza, culpa: Estos líderes no ven a los otros como personas, sino sólo como objetivos y como oportunidades para ellos. Si se aprovecha de alguno de sus adheridos, no siente remordimiento alguno. Hace años que perdió la sensibilidad y la vergüenza. Esto es, en vez de amigos y cristianos en su congregación él tiene víctimas. El fin, siempre justifica los medios de acuerdo a su juicio. Claro que los fines son solamente los que le favorecen. Emociones frívolas: Cuando este líder parece mostrar ternura, alegría, amor, calidez y compasión, esto es más una actitud fingida que una experiencia y un servicio para los suyos: se trata de su arma preferida y más eficaz para hacer caer a sus víctimas en servicio a sus propósitos y planes personales. Cuando las cosas no se dan como él las planeó se ve violentado hasta por cuestiones insignificantes, y permanece aparentemente inamovible y frío, como si fuera una persona normal: eso lo hace ver como si tuviera una virtud cristiana admirable a los ojos de quien le admira. 7.- Incapacidad para amar: Se trata del peor de los síntomas: En tanto que él habla magistralmente del “amor de Dios”, él es incapaz de darlo porque no lo ha recibido. Eso provoca en él una contradicción: dado que no cree en el amor de Dios ni que el amor de sus seguidores sea tampoco genuino, se muestra severo cuando trata de comprobar la fidelidad de sus seguidores hacia él. Así que, cuando aquellos cometen una falla, no se tienta el corazón para humillarlos, y hacerlos sentir culpables y avergonzados. Después les exige sumisión total. Y aquí sobreviene una conducta consecuente con lo anterior: la Necesidad de Simulación. Dado que él vive en el filo de la navaja moralmente, suele utilizar técnicas para probar las creencias y conductas de sus seguidores con reglas realmente increíbles como las de aquel que se fija en la paja para que no se vea la viga que lleva en su ojo. Y así antes que el miembro se le adelante en denunciarlo por conductas impropias, como él tiene el micrófono en la mano y la sartén por el mango, él simula preocupación por la “vida espiritual” del integrante..., pero lo hace con gritos y violencia verbal. Esto, llega a ser “normal” para los miembros bajo tal liderazgo. 8.- Insensibilidad: El cuadro se vuelve más patológico pero real: él es incapaz de percibir el dolor de sus víctimas, y sólo le causa contento los sentimientos de angustia y tristeza en ellos. Esto es así, porque de esa forma posee herramientas para tomar ventaja en cualquier momento. Por otro lado, él se muestra insensible: a él “porque Dios sí está de su lado”, no le angustia
  • 9. nada, ni le duele nada. Sus herramientas son usadas para explotar, abusar y ejercer la tiranía. Pobre control de conducta: Finalmente, el hecho de que sus seguidores crean que él es “todo-poderoso”, “que todo-lo-sabe”, que “es el hombre que Dios nos puso como pastor y ministro”, produce que el líder no tenga fronteras para ejercer sus conductas. La primera, no aceptar culpas, pero sí las de los demás. Esa culpa de otros refuerza en el líder su dominio de obediencia hacia él; la obediencia produce conformidad, y la conformidad terror a hacer algo que los saque del sitio donde los creyentes están metidos y que será muy difícil que salgan. “¡Cuidado con los escribas! se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. HACER DEL MATRIMONIO EL CIELO. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”. 1.- “Decía la Madre Teresa de Calcuta: No importa lo que das sino el amor con el que lo das” Pero no lo hemos entendido y con ello pagamos las facturas más lamentables y dolorosas. Este fragmento que te comparto a continuación es una condensación que he reconstruído de un material que traigo en la memoria sobre un libro de la escritora norteamericana Erma Bombeck titulado: Hacer del Matrimonio el cielo, en el que se nos narran sus bodas de plata y sus preparativos. 2.- “Estábamos allí sentados, los dos, uno frente al otro, en la mesa de jardín, en el patio de la casa. Nos veíamos un tanto ridículos con aquellos sombreros de fiesta atados a la barbilla, ambos con cuarentaycinco años de edad. La verdad es que yo había imaginado siempre de una manera muy distinta mis bodas de plata. Yo siempre había imaginado una gran carpa blanca adornada con bellas flores. Una orquesta iba a tocar bellas melodías, mientras los invitados iban a pasear por doquier. Bill me iba a dar arándanos fuera de temporada, e íbamos a compartir regalos iguales: un par de brazaletes de oro con diamantes engarzados. Mientras la orquesta tocaba nuestra melodía preferida: “Nuestro amor nunca acabará”, ambos nos ibamos a deslizar por la pista del baile.
  • 10. Al final nos ibamos a despedir desde la cubierta de un barco. Ibamos a lanzar serpentinas, y mientras nuestros hijos se quedaban llorando en el muelle, nosotros íbamos a brindar con copas de champagña... Pero,... las cosas han resultado de forma muy distinta: nuestros hijos han asado salchichas y hamburguesas en el patio de la casa. Ellos las han engullido y se han marchado, dejándonos a nosotros que recojamos los vasos, los platos, los cubiertos, los manteles, las mesas, las sillas… Mientras Bill empezaba a trabajar, yo veía sobre la mesa los regalos que nos hicieron: nos regalaron un par... de batas de baño con nuestras iniciales bordadas. Allí se encontraba también el regalo que Bill me hizo: me regalo un,... dispositivo para la ducha, de esos que tienen hasta cinco operaciones, desde una suave brisa que acaricia el rostro hasta un potente chorro que casi me lanza contra la pared. En otro tiempo, yo hubiese esperado una recepción distinta: que nos recibieran todos de pie, con una ovación y un aplauso, pero ahora parece que las cosas han cambiado: nuestros amigos nos miran un tanto con tristeza, ellos piensan que no hemos tenido el valor como para tomar otro tipo de decisiones,... pero ellos se equivocan, porque yo amo a Bill y sé que él me ama a mí. Nuestros hijos nos miran con extrañeza como si fuéramos una especie de animales en extinción. Me gusta mucho leer las participaciones sociales en la prensa, sobretodo cuando alguien cumple cincuenta o sesenta años de matrimonio. Pienso y me imagino que yo también puedo cumplirlos. Lo que no me gusta es la fotografía: dos personas sentadas una junto a la otra pero sin tomarse de la mano. A ella se le empieza a ver el cabello ralo y a él se le mira ya el cuero cabelludo. Ambos traen gafas iguales. Mientras pensaba en esto, Bill se acercó y me dijo: pasamos una bonita noche, ¿no es así? “Claro que sí -le contesté-. ¿te gustaría comerte la última hamburguesa? –me preguntó. Yo la acepté, y mientras la empezaba a comer: pensaba en aquella lista de cosas que hacia veinticinco años había escrito y que me hubiesen gustado que Bill cambiara, y la verdad es que ha cambiado muy pocas cosas: Él sigue siendo un impuntual, yo no comprendo como él no puede imaginar que la puntualidad no es cuestión ni de un reloj ni de tiempo sino de educación, de cariño, de respeto y de atención para la persona amada. También el sigue siendo un desmañanado, a él le gusta levantarse muy temprano y a mí me gusta levantarme más tarde, el problema no es a que horas se levanta, sino que parece que le gusta azotar la puertas y los cajones mientras que yo necesito descansar un poco más. Tengo que admitir que algunas cosas sí las ha cambiado: antes le gustaba irse con los amigotes, y ahora lo ha modificado
  • 11. por irse a trotar por las tardes o irse de pesca. Yo también le he enseñado cosas buenas: antes no le gustaban las verduras y ahora las come dos, tres o hasta cuatro veces por semana, y él sabe que está comiendo cosas más sanas. Pensaba en ese momento: sí acaso él tenía alguna lista con las cosas que le hubiese gustado que yo cambiara y me provocaba terror el pensar cuantas de esas cosas él había tachoneado. Mientras estaba en estos pensamientos, volteé a mirarlo y le veía que seguía trabajando, plegando sillas y entonces no me resistí a hacerle un comentario que nunca he podido olvidar: ¡Oye, Bill! –Mande-, me contesto sin siquiera voltear. ¿Sabías tú que Richard Burton le regalo a Elizabeth Taylor un diamante muy raro? Ahá – contestó sin siquiera voltear y mientras seguía trabajando. ¡Oye, Bill! –Mande-, parecía gruñir cuando nuevamente me contestó y seguía desarmando algunas mesas. ¿Sabías tú que Elizabeth Taylor le regaló a Richard Burton un abrigo largo de piel? Él entonces no aguantó más, dejó a un lado las sillas y las mesas, se acercó a donde estaba yo y me dijo con molestia: ¿Y para qué crées que iba yo a querer un abrigo largo de piel? Después se fue a seguir trabajando. La verdad es que yo le amo a él y sé que él me ama a mí. Hemos pasado muchos momentos juntos, algunos alegres y otros sumamente difíciles. Son veinticinco años juntos y hemos sobrevivido a dos guerras, a tres cambios de casa, a ocho cambios de coche, a la muerte de dos de nuestros hijos. Sin lugar a dudas, el momentos más difícil de nuestra vida y el momento en que más unidos hemos estado. Yo le he cortado el cabello unas doscientas o trescientas veces y le he doblado la ropa interior 33, 435 ocasiones. Él me ha lavado los pies cuando en los días de embarazo yo ni siquiera puedo tocarlos. Y cuando he estado en el hospital, por embarazo o por enfermedad, él ha estado siempre junto a mí. Quizá lo más extraordinario de todo es el que él ha vuelto a estacionar el coche 18,675 veces en que yo lo he dejado mal estacionado, incluyendo el regresar el asiento a su posición original. Hemos compartido el closet, las deudas, el dentrífico, los parientes... Y sobre todo me agrada que él es una persona recta, a él le gusta ser honesto y leal. Así en el trabajo: Si él tiene un peso es porque él se lo ha ganado, a él no le gusta hacer las cosas, más que como Dios manda. Me gusta que sea así,
  • 12. porque sé que es un valor que vive también en el matrimonio: sé que él es leal conmigo, que él es fiel, que él es honesto y que él obra como Dios manda. Mientras pensaba en esto. Nuevamente él se acercó y me dijo: “te tengo un regalo sorpresa”. -¿Qué es?- Le pregunté con ilusión. -Cierra los ojos-, me dijo. Y cuando me pidió que los abriera, él tenía escondido algo entre sus manos. Fue abriendo dedo por dedo, y cuando al final terminó, tenía asido con el dedo pulgar e índice de su mano derecha una.... coliflor de esas que salen en los frascos de los pepinillos. “La guardé para ti” –me dijo con alegría. Después continúo: “Yo sabía que te gustaban, y si la hubiese dejado allí, los muchachos la hubiesen devorado”. Pero, ¿sabes por qué la guarde? Porque me recordó el día en que te conocí. ¿Tú te acuerdas? Recordé aquel día en que entré a aquel restaurante del pueblo. Tú estabas ya sentada en una mesa comiendo una hamburguesa. Cuando te ví, yo me senté lo más cercano a tu mesa, te miraba de reojo, y le pedí al mesero que también me trajera una hamburguesa y, algo como esto, que tú tenías en el plato, y que yo ni siquiera sabía que existían, ni mucho menos cómo se llamaban. Me recordó ese primer día en que te ví, y en que me enamoré de ti. Me recordó que aceptaste que nos pudiéramos ver en otra ocasión. ¿Sabes? El día en que aceptaste ser mi novia, sentía que me estaba volviendo loco por la felicidad que experimentaba en mi corazón. Me recordó que el día en que aceptaste ser mi esposa no podía conciliar el sueño, quería levantar a toda la gente del pueblo y decirles la noticia más grande de mi vida. ¿Sabes? Me duele que en ocasiones las cosas no salgan como yo las planeo, me duele que en muchas ocasiones uno tiene un proyecto y resulta todo lo contrario. Trabajo mucho y en ocasiones gano poco, yo quisiera darte más cosas, pero en ocasiones en lugar de avanzar retrocedo. Pero esta noche te quiero decir una cosa: Que tú eres lo más valioso en mi vida, que tú éres lo más grande que Dios me ha dado, que soy muy feliz en mi matrimonio, y te quiero decir que una sola cosa le he pedido a Dios en esta noche: le he pedido que si permitiera volver a nacer que me permitiera conocerte otra vez, y que me permitiera volverme a casar contigo. ¿Sabes? Dios ha sido muy bueno conmigo. Y aunque no tenemos muchas cosas, yo a ti no te cambiaría por nada de lo que hay en el mundo. Te amo, ¿lo sabías?
  • 13. En esos momentos mis ojos lloraban. Bill me había hecho comprender que el amor está hecho de cosas muy sencillas”. 3.- Hermanos muy queridos: ¡Cuánta razón! tenía la madre Teresa de Calcuta cuando decía: No importa lo que das sino el amor con el que lo das. EN EL TOMAR Y EL RECIBIR ESTÁ LA DIFERENCIA. En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. 1.- Muy queridos amigos: Existen dos formas de ver las cosas en la vida, y de acuerdo con esa visión que se tenga surgen las dos diferentes actitudes que se llegan a tener en nuestra existencia: algunos ven aquello que se nos acerca como algo que se toma y otros lo visualizan como algo que se recibe. Pareciera que entre tomar y recibir no existiera alguna diferencia, pero la diferencia existe y es abismal. La diferencia entre un verbo y el otro se vuelve clara en la actitud de nuestra vida: el que ve la vida como algo que se toma no suele ser capaz de agradecer, mientras que aquel que ve la vida como algo que se recibe nunca terminará de decir gracias a aquel o aquellos que están detrás de lo que se recibe. Aquel que ve la vida como un “tomar” lo que se nos accesa va pensando que su vida es sólo un movimiento mecánico que va aprovechando las circunstancias y, que si acaso algo tuviera que agradecer, esta gratitud se dirige a su buena suerte o a la fortuna de haber estado en el momento preciso y en el lugar adecuado donde “se le dieron” las cosas. Aquel que sabe que en la vida todo se recibe, sabe que detrás de lo que se recibe se encuentra alguien y que para recibir algo antes de que haya un movimiento mecánico de nuestros brazos existe el movimiento afectivo de un corazón que nos ofrece aquello que ha llegado hasta nosotros. El rasgo más importante de aquel que sabe que la vida es un “recibir” se ubica en la capacidad de ver que detrás de ese alguien que nos ha ofrecido lo que hemos recibido, está “Alguien” a quien debemos levantar nuestra mirada. 2.- Y, ¿cuál es la razón que justifique estar hablando sobre este tema en este domingo? El día de hoy en que el Señor pondera y agradece la ofrenda sencilla y divina de aquella viuda debemos revisar la capacidad que hemos cultivado para conseguir que nuestro corazón sea capaz de expanderse.
  • 14. Se dice que el hombre al nacer nace con las manos cerradas y que al morir lo hace con las manos abiertas y que el proceso de la vida no es otro sino el aprender a abrir nuestras manos. ¿Cómo está nuestra generosidad en la vida? Para nosotros la vida no es un tomar sino un recibir, y es por ello que no podemos olvidar que todo en la vida proviene de la bondad de Dios, tanto nuestra fe como los bienes económicos. De aquí surge la convicción de que nuestra fe no puede ser algo de lo que podamos sentirnos soberbios propietarios sino agradecidos servidores, y sí la anterior es la visión sobre aquellos bienes que trascienden, podemos imaginar y hacer extensiva esta aplicación hacia nuestros efímeros bienes materiales. Pensemos en este tercer momento en los bienes materiales. 3.- Sobre los bienes materiales, te invito a visualizar la realidad con la mirada de Dios, que quiere que todos gocen del mayor bien posible. La exhortación no es otra sino para que aprendamos a distinguir entre lo absoluto y lo relativo, entre lo no-sustituible y lo sustituible. El centro del mensaje es para que tú y yo tengamos una opción más racional en la que el cálculo económico favorezca la trascendencia del hombre; y en donde no olvidemos la sobreabundancia de los bienes auténticos que nos ofrecen la salvación. El día de hoy se nos invita a una generosidad material para con Aquel que nos ha dado todo en la vida. 4.- ¿Qué es la caridad? Si nos detenemos en su origen sabemos que es la caridad es un Amor sobrenatural, infundido en nuestro corazón por el Espíritu Santo (cfr. Rom. 5,5). Si consideramos lo terminológico la palabra “caridad” proviene del término: “carus” que significa “algo de gran valor”. Y sabemos que es esta caridad la única virtud que permanecerá hasta que lleguemos al más allá (1Cor 13,8). La caridad no sólo es la primera de las virtudes, sino que se convierte para nosotros en un orden distinto y superior en la vida. Se trata del orden de lo definitivo, en donde las demás virtudes valen únicamente en cuanto ayudan al incremento de la caridad o están informadas por ella, ya que ésta nos configura en el modo de ser del mismo Dios y nos hace participar de su propia riqueza y felicidad, similarmente a cómo, por el amor a otra persona, hacemos nuestra riqueza, su felicidad o su propio dolor. Desde una dimensión humana y cristiana, la caridad se relaciona con la virtud de la solidaridad, y esta surge de la exigencia de una madura y plena realización personal. Tal como lo ha reconocido Eric Erikson, sólo existe la adultez en “la persona que tiene cuidado de sí, del otro, del ambiente; en una palabra, la persona solidaria. Todas las otras personas –independientemente
  • 15. de sus años- o permanecen en el estado de adolescencia egoístamente inmaduros o son viejos de espíritu. Sólo la solidaridad es capaz de hacer madurar en la persona la estructura adulta y lograda: la personal, la altruista y la ambiental”. 5.- Quisiera, no obstante lo anterior, que el día de hoy dirijamos la mirada a la contemplación de la caridad cristiana y para ello, resulta necesario que esbocemos algunos rasgos de su identidad. En primer lugar, la caridad nos hace amar al prójimo no por sí mismo sino por Dios, tal como lo expresaba San Gregorio Magno: “Más ninguno, por el mero hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad verdadera cuando se ama al amigo de Dios y al enemigo de Dios”. (Hom 38 sobre los Evangelios) Y, ¿no es acaso la enseñanza anterior la misma que nos decía san Agustín en su Comentario a la primera Epístola de san Juan? “Hemos de amar a todos, no porque son hermanos, sino para que lo sean; para andar siempre con amor fraterno: hacia el que ya es hermano, y hacia el enemigo para que venga a ser hermano”. Es la caridad la que se encarga de transformar nuestra vida y el ejercicio de las virtudes en nuestra existencia, tal y como lo enseñaba magistralmente Santo Tomás de Aquino: “Ni el don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan la vida, si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista de oro y piedras preciosas, cadáver sigue”. (Sobre la Caridad, 1c). El mismo Santo Tomás de Aquino enfatizará esta misma enseñanza en la Summa Theologica al decir: “La caridad es la forma, el fundamento, la raíz y la madre de todas las demás virtudes”. Con el anterior pensamiento de Santo Tomás de Aquino ha coincidido San Gregorio Magno al mencionar: “Así como todas las ramas de un árbol reciben su solidez de la raíz, así también las virtudes, siendo muchas, proceden de la caridad. Y no tiene verdor alguno la rama de las buenas obras si no está enraizada en la caridad”. 6.- Ahora bien, el día de hoy se nos exhorta a manifestar la caridad a través de nuestra solidaridad económica. ¿Qué es la solidaridad? La Solidaridad es la actitud congruente de aquél que, habiendo recibido el beneficio del Dios que ama profundamente, se dispone, en la correspondencia, a ofrecerle al hermano una manifestación del amor. ¿Sabes? Frecuentemente las relaciones entre las personas pasan por la mediación de las relaciones con los objetos, que en los dones y regalos que se
  • 16. dan y se reciben. Y en esta mediación de los bienes se pueden señalar cuatro etapas en la dialéctica de nuestro dar y recibir en un aparente juego de verbos: dar por dar, dar por recibir, recibir por recibir y recibir para dar. La actitud de “dar por dar” indica sólo en apariencia una disposición generosa y desprendida, ya que, si se da de modo superficial, no existe un verdadero don, sino un pasar a otros objetos que apenas se poseen, a veces cosas superfluas o inútiles de las que, en ocasiones, no se encuentra la forma de cómo desprenderse. Esta actitud adolece además del defecto de cerrarse a recibir dones. La postura de “dar por recibir” caracteriza la relación de la esfera comercial en la que la amistad no existe o se pone entre paréntesis. Sin embargo, esta actitud también puede darse de modo oculto en algunas relaciones de amor y amistad inmaduros, como un sutil chantaje: “te doy para que me des”, más frecuente de lo que pensamos. En la disposición de “recibir por recibir” se revela la actitud egoísta del que sólo quiere que se le den dones y regalos y no se abre a la entrega generosa del dar. Y aquí viene nuestra propuesta: Más allá del espíritu de la compra-venta, más allá de la donación superficial y de la carencia en el dar, está la actitud abierta y generosa del “recibir para dar”. 7.- El verdadero regalo es algo estrechamente ligado al donante, que pasa a ligar a la persona amada, y de ese modo se vinculan los dos. El regalo está cargado de intenciones y símbolos, de deseos de servicio y disponibilidad, de afecto de comunicación y de comunión. El regalo lleva consigo un mensaje de amor y muerte: el regalo muere para el donante, para sobrevivir en la posesión de la persona amada. El don lleva consigo simultáneamente el dolor que provoca el desprendimiento y la alegría que surge en el dar, ya que, así comprendemos que “hay más alegría en dar que en recibir”, al mismo tiempo que reconocemos que no tenemos nada que no hayamos recibido. 8.- Nuestra generosidad en nuestra vida cristiana no debe ser otra manifestación sino de la gratitud de aquellos que hemos comprendido que todo en la vida se ha recibido de Dios, y que al recibirse debe agradecerse, y que la mejor forma de agradecerle a Dios, será en el compartir con alegría aquello que ha venido de su bondad con aquellos que lo han dejado todo por bondad, pero sin olvidar que mucho más importante que el obsequio es el afecto que está detrás de un obsequio.