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HACIÉNDOSE NIÑOS, DIOS Y EL HOMBRE SE ENCUENTRAN.
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero el no quería que
nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días
después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían
miedo de pedir explicaciones.
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el
camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido
sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los
Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el
servidor de todos”.
Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que
reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí no
me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.
1.- Muy gentiles amigos:
Como si fuera una puesta en escena en tres actos, el día de hoy la Palabra de
Dios escruta y aconseja sobre lo que debe ser el actuar de un hombre que
quiera ser auténticamente cristiano.
Pareciera también nuestro relato tomado de san Marcos un tríptico, ¿te
acuerdas? aquella especie de pinturas, grabados o relieves en tres hojas, cada
una de ellas con una escena y unidas de tal modo para que las laterales se
puedan doblar hacia la del centro, pero que al desplegarse forman en la
totalidad de los grabados una escena en mucho más perfecta que cada una de
las tres parciales.
En el primer cuadro se asoma la bella imagen de Jesucristo, el Hijo de Dios
hecho hombre, el cual en su anonadamiento ha querido asumir todos los
procesos humanos, incluyendo el hacerse niño y así como Verbo Encarnado,
en su crecimiento humano, hoy quiere invitarnos para que no le tengamos
miedo al despojo y a la muerte de nuestro propio anonadamiento.
Se trata del Dios que haciéndose hombre ha nacido fuera de la ciudad y que
nos está anunciando que, como Hijo del hombre, fuera de la ciudad también
habrá de morir. Se trata del Dios que nace despojado en una gruta, que vive sin
tener donde reclinar la cabeza y que muere despojado en la cruz. Se trata del
mismísimo Hijo de Dios que, salvo en el caso de la cuarta palabra en la cruz,
¿te acuerdas? aquella en la que dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?” (Mt 27,46), en todo momento se relacionó con Dios a través
de un lenguaje doméstico llamándole Abbá, es decir: papito. Un lenguaje
infantil que resultó molesto e irreverente a los oídos de los ancianos y de las
autoridades religiosas de aquel entonces. No obstante, el abandono, la
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confianza y la entrega voluntaria serán las actitudes que tendrá el Hijo del
hombre ante lo que será el injusto proceder de los hombres.
En el segundo cuadro, nos encontramos representados todos los hombres,
aquellos que ufanamente pretendemos ser grandes, y que a base de codazos
nos vamos disputando en la vida el llegar a ser los más importantes. Se trata de
la clara actitud de aquellos que nos sentimos los adultos en la historia. Aquellos
que nos pasamos la existencia luchando por ser alguien en la búsqueda de la
propia autoglorificación y de nuestro agigantamiento a costa del
empequeñecimiento de los que nos rodean.
No es otra cosa, sino los afanes que tenemos todos nosotros, los adultos, los
que nos catalogamos como los hermanos mayores y que vamos invirtiendo
nuestros días y nuestras noches en ese intento por destacar o por impresionar
a todos los demás. Aquellos que debajo de nuestras caretas somos en la
realidad una cosa y, ante los demás, fingimos ser algo muy diferente. Aquellos
que vivimos una especie de justa olímpica en la que todos nuestros esfuerzos
se desgastan por competir, compararnos con los demás y pretender
sobreponernos a todos los que nos rodean, a como de lugar y pasando por
encima de quien sea que se nos pudiere poner enfrente.
Y entonces viene el tercer cuadro, el cual es ocupado inocentemente por los
niños. Un niño expresa, en la Palabra de Dios, aquello que no es grande en
ningún orden. Si bien un niño es una promesa también puede ser contemplado
como un ser inacabado, y con ello humana y erróneamente imperfecto. Aunque
no lo creas, los judíos los veían así. Recuerda que las mujeres y los niños no
contaban en la multiplicación de los panes, aunque pudieran comer
mucho: “Eran como cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los
niños”
El niño es un signo de la debilidad y de la imperfección nativas, de allí el que
aparezcan constantemente como seres privilegiados de Dios, tanto en el
Antiguo Testamento en el que Dios se quiso manifestar como el protector del
huérfano (Sal 68,6), como también en el Evangelio en donde ellos se convierten
en un espejo del rostro divino.
Los niños son el símbolo de la perfecta confianza, por ello el Salmista para
expresar su abandono confiado en las manos de Dios, no encontró una mejor
imagen que la de un niño que se duerme inconmovible en los brazos de su
madre (Sal 131,2).
Este es el tríptico de nuestra reflexión: Allí se encuentra el Hijo de Dios hecho
hombre, en el principio de la escena, abandonándose totalmente en las manos
de su Padre. Y allí se encuentran, al final de la misma, también los niños
abrazados por el Hijo de Dios y elegidos por Él para instruir y exhortar a unos
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Apóstoles que pretenden ser grandes conforme a los criterios del mundo,
olvidándose fácilmente de los criterios de Dios.
Y así, acontece que en el punto intermedio de Dios y de los niños nos
encontramos todos aquellos que pretendemos ser Adultos. Ubicados en el
punto medio de la línea que se traza entre el origen temporal y el destino de
eternidad nos ubicamos aquellos que un día nos sentimos ya maduros ¿Te das
cuenta como el Evangelio nos muestra la pedagogía divina? El Señor nos
invita, el día de hoy como todos los días, a que descubramos la rica
composición de las escenas para comprender el trasfondo de sus enseñanzas.
Este es sólo uno, de los diferentes pasajes, en los que el Señor Jesús suele
adoptar actitudes y gestos concretos con los cuales nos manifiesta el mensaje
salvífico, pero que al mismo tiempo inculca categóricamente a los suyos el que
tengamos las mismas actitudes sí es que queremos ser sus discípulos.
Y así es como tenemos que asimilar que si todos nosotros conocemos,
profesamos y celebramos el que la plenitud de la Salvación para todos los
hombres, de todos los pueblos y de todos los tiempos, haya llegado a través del
acontecimiento encarnatorio en Nazareth por el que el Hijo de Dios nos ha
nacido como un niño pequeño en la gruta de Belén; de esta misma manera,
debemos conscientizarnos de esta realidad que nos anuncia un hecho
imprescindible en la vida cristiana: nuestra salvación personal solamente se
obtendrá cuando los cristianos seamos capaces de hacernos auténticamente
como niños y que nos convirtamos en los servidores de nuestros hermanos.
Sobre el nacimiento de Jesucristo, que ha tomado el rostro del niño, nos ha
escrito bellamente San Agustín en los siguientes términos: “Cristo ha nacido,
como Dios del Padre, como hombre, de la Madre; de la inmortalidad del Padre, de la
virginidad de la Madre; del Padre sin madre, de la madre sin padre; del Padre sin tiempo,
de la madre sin semen; en el nacimiento del Padre es principio de la vida, en el nacimiento
de la madre, fin de la muerte”.
Y, ¿sabes qué? Sobre el nuevo nacimiento del hombre ha escrito bellamente
Don Miguel de Unamuno un texto que te he compartido recurrentemente, pero
que en mi apreciación personal me ha sido de suma y expresa utilidad:
“Agranda la puerta, Padre,
Porque no puedo pasar;
La hiciste para los niños,
Yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
Achícame por piedad;
Vuélveme a la edad bendita
En que vivir es soñar.
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Gracias, Padre, que ya siento
Que se va mi pubertad;
Vuelvo a los días rosados
En que era hijo nada más...”
“Agranda la puerta, Padre,
Porque no puedo pasar;
La hiciste para los niños,
Yo he crecido a mi pesar.
El Hijo eterno del Padre ha cruzado los umbrales del tiempo y del espacio y ha
ingresado a la historia en ese hacerse un pequeño niño por obra y gracia del
Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen María. En nosotros los
hombres será en nuestro nacer de nuevo, aún siendo ya viejos, como
podremos cruzar nuestros umbrales del espacio y del tiempo para ingresar a las
coordenadas de la eternidad.
En lo expresado con anterioridad, debemos considerar en modo absoluto
nuestro nacimiento por el agua y el espíritu, a través del sacramento del
bautismo; pero, al mismo tiempo tenemos que asumir la invitación evangélica
de este domingo: El niño es lo más cercano al origen de la Creación, un niño es
un niño, aunque suene a redundancia.
Contemplar en las Navidades cristianas, al Dios hecho niño, nos debe llevar al
aprendizaje de Aquel que elige ser niño y que nos enseña a vivir en la sencillez
y en el servicio. Es nuestra tarea, el contemplar al Hijo de Dios hecho hombre
en su infancia que debe conducirnos a buscar regresar a la infancia de nuestra
vida, a la aurora y amanecer de nuestra creación como seres humanos.
La tarea se antoja difícil, casi imposible: “aprender a ser como niños”. La
historia se ha invertido en nuestra apreciación y, en muchos más, en la
realización, el revés de la historia se nos antoja mucho más factible: Es más
fácil que le enseñemos a un niño a comportarse como un adulto, que el hecho
de que los adultos aprendamos a ser como un niño. Y sin embargo, ésta
seguirá siendo nuestra tarea.
La infancia espiritual ha sido el camino cristiano de muchos grandes santos,
entre ellos Santa Teresita del Niño Jesús. ¿Qué es la infancia espiritual? Según
Emmanuel Mounier, la infancia espiritual, no consiste sino en ese tener un alma
perdonada y perdonadora, que ha recibido de Dios el regalo de una mirada
humilde vuelta hacia él.
Cerremos el tríptico de esta reflexión y que las dos imágenes externas, la
primera del Señor Jesús en su total disposición a la voluntad del Padre y la
segunda, la de los niños presentados como el estereotipo de una vida
auténticamente cristiana recaigan sobre esa imagen central de nuestra propia
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vida de hombres pretensiosos y ufanos, y dejémosle así varios días, quizás
varios años, ¡mejor toda la vida! Ojalá que se nos pegue algo.
Sería bueno, que el Dios hecho hombre y que los niños nos enseñen a los
hombres la verdad. Dejemos que el Hijo de Dios le enseñe al hombre la
grandeza de ser niño. Ojalá que los niños le enseñen a los hombres la sencillez
que tuvo Dios.
Dios ha salido al encuentro del hombre y lo hizo haciéndose niño. Recordemos
que el hombre, solamente al hacerse como niño, podrá ir al encuentro de Dios.
LA VERDAD QUE ACOMPAÑA AL SERVICIO.
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero el no quería que
nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días
después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían
miedo de pedir explicaciones.
1.- Muy queridos amigos:
El Evangelio de este domingo, y toda nuestra existencia cristiana, nos invitan a
considerar nuestra vida sin protagonismos, sin exigencias, sin pretensiones de
dominio ni arrogancias. No hay quien se salve, ni puede conocer lo que es vivir
desde la creencia de sentirse superior, distinto, desde la postura de mirar un
poco, o un mucho, por encima del hombro al hermano que se acerca a
nosotros, a aquellos a los que nos hemos acercado o a aquellos a quienes Dios
un día nos ha acercado.
Cristo nos invita a vivir el reinado del servicio. Saber que la autoridad se
encuentra en la entrega y que, entre nosotros no debe ser como entre los jefes
de las naciones que, al mismo tiempo que esclavizan exigen el reconocimiento
de sus súbditos.
Aquí, en la vida auténticamente cristiana, el que quiera ser el más importante
debe ser el último y el servidor de todos y aquel que quiera ser el primero
deberá de ser el último de todos.
2.- Para asimilar los valores ya expresados, es necesario el recuperar
algunos elementos propios del servicio plenamente cristiano.
Y es que todo el mundo reconoce que para vivir es necesario dar, participar,
colaborar, sentirse útil, etc... Sin embargo hay quienes sirven para recibir a
cambio, para recibir dinero o gratificación, mientras que hay otros que sirven sin
esperar ni exigir, sin pretensiones ni de dominio ni de poder.
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Dar sin esperar es la verdadera forma de vivir amando. Amor que es el orígen y
el fin de la vida, que quiere decir dar sin pretender que el resultado o el final sea
lo que espero, al menos no el final inmediato pero sí el eterno.
3.- Las desgracias y las penas de los que damos para recibir en este mundo,
empiezan cuando la respuesta es desagradecida, cuando vemos a los hijos, los
amigos, el esposo,... en definitiva cuando aquellos que más queremos no son
como queremos ni responden a lo que esperamos. Porque sin darnos cuenta,
muchos de nosotros hemos ido dando con la intención de recibir, para
conseguir que sean o vivan como mejor creemos o como nosotros queremos.
Los sufrimientos se van originando por la respuesta libre de los que más
queremos que no tiene porque ser como yo se los delíneo, porque ni los
comprendemos ni podemos sufrir su propia desgracia.
Los que dan para ser vistos, para recibir la respuesta a la que tienen derecho,
para recibir el premio, los que dan con exigencias de reconocimiento, ya han
recibido su paga aquí en la tierra; pero es que además, la postura de exigencias
siempre crea distanciamiento y soledad. Nadie se acerca al que nos va a exigir
pleitesía o va a esperar algún pago por los favores, nos acercamos a quien nos
ama sin esperar, sin reclamar, y sin que nos venga a pedir cuentas: “Después
de todo lo que hicimos por ustedes,... ¡ése es su agradecimiento!, ¡qué
malagradecidos!”, dicen muchas veces algunos padres, que al mirar en el
espejo podrán ser reconocidos.
El agradecimiento o es de corazón o es una imposición que repele tener que
darlo. Uno se siente amado cuando sabe que no le van a pasar una factura,
cuando sabe que es libre, cuando no siente la pretensión o la exigencia de ese
amor que no es más que una necesidad cubierta de dominio, compañía, o
deseos personales. ¡Una forma maquillada del autoritarismo! De ese
autoritarismo del que el Señor nos habla ampliamente.
4.- Y es que no entendemos que Nuestra vida es un proceso de crecimiento:
Se empieza exigiendo al nacer, se pasa a dar para recibir, y se descubre la
plenitud dando sin esperar.' Digámoslo de otra manera: el hombre al nacer
nace con sus manos cerradas y al morir lo hace con las manos abiertas.
Entendamos que el proceso de una vida que se desarrolla entre la estancia en
el vientre materno y el regreso al vientre de la tierra, estriba en ese aprender a
abrir las manos, y es esto lo que nos sacará de nuevo del reposo mortal para
ingresar al goce de la eternidad.
La verdadera esclavitud del hombre es una cadena que le ata a la respuesta
esperada, parece que la vida no tiene sentido si no recibimos la respuesta
deseada, la gratitud o el servicio merecidos. El hombre ha de aprender a dejar a
los otros la misma libertad que exige para sí. Dominar es cuestión de poder,
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servir es cuestión de amor. Otra vez la diferencia entre la autoridad y el
autoritario. Pero entendamos que ¡Esto es lo verdaderamente cristiano!
El instinto da para recibir, el verdadero amor no pide respuesta esperada. Y
frente a la pasión instintiva, el hombre puede reconocer que hay un camino más
profundo, el que da porque ama el bien, porque pone en manos de Aquél que
es la Vida la respuesta adecuada a su desprendimiento oculto, y espera la
recompensa sin pretenderla ni buscarla, y mucho menos exigirla.
Cuando se da esperando recibir algo a cambio. Se desea, se busca, se obtiene,
y cuando no es posible sufrimos o hacemos sufrir. Cuando no se recibe,
creemos que son malagradecidos, que no merecían lo que hicimos por ellos. Si
lo que hicimos fue para ellos, son ellos los que darán la respuesta que puedan,
no la que nosotros queremos o esperábamos.
¡Fíjate cómo muchos miembros del pueblo de Cristo vamos juzgando con los
criterios del mundo y no con los criterios del Rey del Mundo!
Nuestro mundo se ha convertido en un gran negocio en el que queremos
comprar nuestra felicidad y la de los demás dando dinero, regalos, amor,
servicio, a cambio de objetos, personas o agradecimiento. Con dinero
compramos cosas, pero el amor, el respeto y el agradecimiento que esperamos
los da Jesucristo a quienes son capaces de amar sin exigencia.
5.- A diferencia de lo anterior, nada que se hace por amor desinteresado
puede resultar inútil. La recompensa que puede dar este mundo a los que
considera benefactores es oropel que puede engañar nuestros sentidos, pero
es mucho más profunda la respuesta de Dios a todos aquellos que son capaces
de amar sin pretensiones de agradecimiento.
Todos sabemos que la alegría consiste en dar más que en recibir, pero parece
que este mundo nos ha acostumbrado a dar para conseguir, a dar para
escuchar un gracias, a dar para decidir sobre la vida de los demás. No se
comprende que es más provechoso dar por amor. Todo dolor desaparecerá
cuando dejemos en libertad a los otros para que nos quieran como quieren o
pueden, para que nos den lo que quieran, porque entonces recibimos el amor
que es vida, y recibiremos la Vida de Aquel que es el Amor verdadero. Es la
forma de dar sin ser vistos, es la forma de dar lo mejor que tenemos.
6.- Muy queridos amigos:
Jesucristo murió como consecuencia de haber vivido el amor con libertad y
solidaridad, un amor que se convirtió en donación, donación que más que dar
objetos se convierte en el darnos a nosotros mismos.
Es por ello que el Gólgota se convierte en el lugar más sagrado, en primer lugar
porque la cruz se ha convertido en el árbol de la vida, porque el sepulcro de
Cristo se convirtió en la cuna de la glorificación, pero también desde otro
aspecto que hoy quiero señalar: Jesús ofreció en su oración todo lo que vivió en
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el Gólgota: “perdónales porque no saben lo que hacen” y desde allí ofreció la
vida verdadera: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.
De la misma manera en que Jesús ora desde el Gólgota, nosotros también
debemos orar desde nuestro propio Gólgota.
7.- Hermanos muy amados:
Un día nuestro fin iniciará y con el momento final se dará el principio de la
eternidad.
No le tengamos miedo al fin de la jornada, tengamos miedo a que no hagamos
algo en nuestra jornada o que lo hagamos por intenciones inapropiadas. No nos
atemoricemos de cruzar la meta, tengamos pavor de habernos pasado la vida
arrastrando los pies y en la mediocridad. ¡A eso si debemos tenerle miedo!
Santa Teresa de Ávila expresa que al final de nuestra vida seremos juzgamos
por el amor, por la caridad.
¿Pero que es la caridad? Se trata de un amor sobrenatural, infundido en
nosotros por el Espíritu Santo (cfr. Rom. 5,5). La caridad, que tiene su raíz en la
palabra latina carus: algo de gran valor, es la única virtud que permanece hasta
el más allá (cfr. 1Cor 13,8) y que conforme lo que nos dice el Evangelio nos
puede permitir acceder al más allá.
La caridad no es sólo la primera de las virtudes, sino que es un orden distinto,
superior. En este orden de lo definitivo, las demás virtudes valen únicamente en
cuanto que nos ayudan al incremento de la caridad o están informadas por ella,
ya que ésta nos configura en el modo de ser del mismo Dios y nos hace
participar de su propia riqueza y felicidad, similarmente a como, por el amor a
otra persona, hacemos de su felicidad o de su dolor, nuestra propia riqueza.
8.- Todo lo que nace de abajo es transitorio, inconsistente, limitado,
condenado a la muerte. De abajo nace el desorden, la prepotencia, el mal, las
tiranías de todo género, la violencia, la injusticia, la codicia y los egoísmos.
Lo que nace de arriba es eterno, victorioso, glorioso y universal. De arriba nace
la bondad, el amor, la justicia y la verdad. La entrega desinteresada, la fidelidad,
la compasión, la vida y la paciencia vienen de Dios.
Sobre la tierra nada hay que sea definitivo, siempre, ahora y luego, la vida
verdadera seráun encuentro con la luz y una transformación de lo caduco.
9.- Hay que aprender a dar el paso del deseo al amor, el paso del instinto al
servicio en el dar.
El hombre puede tener la seguridad de que nuestro final será el paso y la
consecuencia de lo que hayamos hecho en el presente, y a esto no debemos
tenerle miedo, a nuestro egoísmo sí hay que tenerle miedo.
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Si un embrión pudiera tener conciencia de elección, evitaría abandonar el
conocido lugar en el que se va desarrollando y en el que sólo está recibiendo,
porque no ve, ni conoce, ni se imagina alguna otra realidad.
La placenta del hombre es este mundo y no quiere salir de él porque desconoce
la realidad total, porque no puede ver más allá de sus límites, pero si desarrolla
ahora sus capacidades más profundas en el amor manifiesto, a través del amor
sincero obtendrá una fuerza que es la esperanza, con esa fuerza podrá vivir
cada acontecimiento, aún aquellos que le pudieran resulta difíciles o negativos,
no como un obstáculo, sino como sucesos que van construyendo su futuro.
Un futuro de eternidad que se nos ofrece en nuestra cruz, al reconocer nuestros
errores y la bondad que Dios ha tenido para con nosotros... Nos dirá el Señor:
“Hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Te deseo que así sea.
COMPETIR CONTRA RIVALIZAR
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el
camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido
sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los
Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el
servidor de todos”.
¿Realmente existen discusiones sobre quíén es el más importante? Por
ejemplo… ¿Discutimos sobre quién es el primero en la vida y estructura de la
familia?
Hablemos sobre esas discusiones infructuosas que desgastan tanto a los
matrimonios, y por ende a las familias, y que desgarran a la sociedad e Iglesia.
El factor que une a los esposos no es otro sino la complementariedad. Si no
existe la complementariedad no hay esposos. Se trata no de un factor
accidental sino de un factor esencial.
Y es que lo esencial en el "amor de los esposos" o complementariedad, se basa
en ese descubrimiento profundo del otro, que nos llena de admiración y que
atrae al hombre hacia la mujer y a la mujer hacia el hombre porque el otro o la
otra le completa y le dinamiza.
La complementariedad se compone de dos factores: unas igualdades y unas
diferencias.
Digamos que la complementariedad es como el engraje en el que se tienen que
dar las igualdades y las diferencias.
Y es que no puede funcionar por ejemplo un piñón de plástico sobre otro de
hierro. El engranaje de una maquinaria funciona sin romperse si tiene
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igualdades, y entendemos estas igualdades como la consistencia que le da a
las dos piezas el provenir del mismo material y que posean la misma forma.
Pero son las diferencias las que hacen que un piñón mueva al otro: los relieves
de uno tienen que encajar exactamente en las hendiduras del otro. Y así
también tendríamos que entender que aquello que hace único e indisoluble el
amor entre un hombre y una mujer es la complementariedad.
Cuando se descubre a esa persona que es mi complemento, ya no se querrá
asociarse a otra persona, porque con mi complemento, esposo o esposa, me
siento pleno, satisfecho, equilibrado, en descanso e impulsado hacia mi propia
realización, hacia mi propia plenitud.
La separación de esa persona que significa la complementariedad crea ruptura.
Esa persona es parte de mí mismo, de lo más profundo de mí.
Digamos que la complementariedad es como la clave de una caja fuerte. Sólo
existe una combinación posible. Y así nos dice la Sagrada Escritura desde el
mismo libro del Génesis: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se
une a su mujer, y se hacen una sola carne”. (Gen 2,24). Y nos reiterará el Jesús
en el Evangelio: “El que se separe de su mujer y se case con otra comete
adulterio" (Mt 19,9 y Mc 10,11).
Mencionemos que la complementariedad en el cuadro matrimonial es como las
piezas qie forman un rompecabezas: Las cualidades de ella encajan
perfectamente en las de él. Los defectos de él son soportables para ella porque
encajan en alguna de sus cualidades. Por ejemplo si él es vehemente ella es
serena, si ella es miedosa él es valiente, si ella es pasiva él es activo, etc… La
complementariedad hace que el rompecabezas quede completo, que aparezca
el dibujo de la pareja, su personalidad, su misión de vida.
Digamos que este es el ideal, el complementarse, pero acontece de que en
lugar de complementarse los esposos, compiten entre sí.
Y esta historia ha nacido desde nuestra cuna, y es que desde niños
competimos en la casa… Y así un día en el matrimonio le preocupa a un
cónyuge que su pareja tenga algo que yo no tengo…
Y así se lucha para ver quien tiene la voz cantante, el voto importante,
digámoslo coloquialmente que se busca ver de quien es de quien truenan los
chicharrones, quien obedece a quien….
Las personas competimos por aquello que da poder: como el dinero, las
propiedades, el prestigio, los reconocimientos, la inteligencia, la facilidad para
entender o para realizar síntesis.
Nos incomoda que el otro sea más popular, que sea amiguero, que sea el alma
de la fiesta, que tenga más pegue, que tenga un mejor trabajo, un mejor puesto
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y un mejor salario, quién es quien realmente tiene la autoridad sobre los hijos,
quién es quien auténticamente administra los recursos.
Existen cosas que no se soportan del cónyuge:
1.- Que la otra familia si sea de dinero y la mía no…
2.- Que la otra persona baje de peso más rápido que yo, mientras que yo me
mato en las dietas...
3.- Que a la otra persona toda la ropa se le ve bien aunque sean unas garras
y yo no me veo como tú…
4.- Que los amigos me digan que tú eres un tipazo, que eres un chavo
encantador…
5.- Que mi esposo siempre tenga la razón y que tenga una inteligencia mayor
que la mía…
6.- Que al caminar en los centros comerciales lo saluden más a él que a mí…
7.- Cuando mi esposo compite por el cariño de los hijos y gana al irse ellos
con él…
8.- Que le vaya bien en el trabajo a él cuando yo tengo un grado académico
mayor y estoy en casa…
9.- Que él se vaya a trabajar y yo tenga que cuidar al bebé, y el bebé lo
quiere más que a mí...
10.- Cuando él o ella te gana en cualquier juego: dominó, continental, ajedrez,
backgamon…
11.- Cuando él, o ella, tiene mejor trabajo y salario con la misma carrera y
edad.
12.- Cuando el otro tiene el cariño del perro.
13.- Que mis papás lo quieren más que a mí.
14.- Que el marido no hace nada y dice que está cansado.
15.- Que las demostradoras de productos en el centro comercial se acercan a
él y a mí no.
17.- Que te quiten el apellido.
18.- Que me diga: te lo dije, pero no me hiciste caso.
Para poder encontrar una solución a esa búsqueda de ser los más importantes
y los primeros en la familia en detrimento de la misma familia, tenemos que
aprender a distinguir entre competir y rivalizar.
La competencia es buena porque ambos pueden crecer y superarse. Al crecer
juntos en conjunto ambos se llegan a nivelar. Y así ambos tienen lo mismo que
el otro.
Pero cuando se rivaliza se busca anular al otro con tal de yo tener algo. Yo no
puedo ganar sino pierdes tú.
En la competencia existen reglas. En la rivalidad nunca existirán las reglas. El
que pega más fuerte al otro es el que gana.
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En la rivalidad se busca:
1. Sabotear al otro: impedir que se desarrolle.
2. Devaluar a la otra persona al minimizar sus logros.
3. Minimizar la complejidad de lo que el otro hace: Yo lo haría hasta con los
ojos cerrados, que chiste tiene el cuidar a los niños y barrer.
4. Ridiculizar los proyectos del otro haciendo verlos como si fueran infantiles y
hasta fastidiosos: ayudar a la gente es una tontería.
5. Pegar donde más le duele al otro.
6. Desesperanzar al otro.
7. Desmotivar al otro: se maximizan los riesgos.
Pero,… de dónde nace la rivalidad:
En primer lugar de la Personalidad de cada uno: y es que existe un complejo de
inferioridad que lleva al egoísmo y que suscita inseguridad en uno de los dos.
En segundo lugar inciden los aprendizajes de la infancia: el hombre siempre
tiene que tener la razón ya que el hombre es el cerebro del hogar…
Y en tercer lugar las Presiones sociales y familiares: A través de la mecánica de
la recompensa y el castigo, se tiene en un lugar muy especial al que tiene el
primer lugar en las notas académicas aún cuando uno tenga un 9.5 y el otro un
9.6.
Pero entonces, ¿qué hacer como familia?
1. La vida se mueve en torno a la cooperación y la competencia.
2. Lo adecuado es que se compita hacia fuera y se coopere hacia adentro.
3. El problema es que se coopera hacia fuera y se compite hacia adentro de la
casa.
4. Dice un Proverbio Chino: “Si no tienes enemigos fuera invéntalos”.
5. Nunca amenaces al otro con lo que sabes que necesita de ti (hijos, dinero,
relación íntima).
6. No usar el chantaje como arma.
¿Qué consejos te puedo dar para pasar de la rivalidad a la
complementariedad?
1. Debe haber un acuerdo entre los esposos que diga: pase lo que pase nunca
vamos a atacarnos.
2. Dejar saber al otro que la intención no es dominar sino crear equipo.
3. Realinear el poder en la pareja, es decir crear un coliderazgo pleno y
acordado, para lo cual es necesario ser flexible, crear confianza, tener
humildad, manejarse con honestidad y apertura. Se trata de crear una
sensación y una realidad de equilibrio.
Pero, ¿cómo aterrizarlo? Que compartan los roles para balancear las
responsabilidades y la libertad: así por ejemplo el manejo de dinero, decidir
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sobre la comida, que algunos días, el fin de semana, una semana o una
temporada se intercambien los roles.
Nos ha dicho el Señor: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último
de todos y el servidor de todos”.
DESCUBRIR EN LOS BROTES LAS FLORES.
En aquel tiempo Jesús tomando a un niño, lo puso en medio de los discípulos, lo
abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe.
Y el que me reciba a mí no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.
1.- Muy gentiles amigos:
El meditar sobre estas palabras que el Señor nos dirige en el Evangelio debiera
convertirse en el momento idóneo para que reflexionemos en torno al don de la
vida humana, y al respeto que nos merece toda vida humana.
El libro del Génesis nos habla del hombre como imagen y semejanza de Dios, y
con ello nos subraya desde el ser mismo del hombre su unidad, su ser criatura
y su ser relacional. Así mismo, desde la valoración de la obra de Dios nos
presenta al hombre como el valor más grande de la creación de Dios. El
hombre es la plenitud de la creación.
En la visión cristiana, sin descartar otras ponderaciones ajenas a nosotros,
predicamos que la vida humana ha sido redimida por la obra de Cristo y que es
digna en todos los hombres. Por ello, la Iglesia ha defendido desde la más
remota antigüedad: que la vida humana ha de ser respetada y protegida de
manera absoluta desde el primer momento de su concepción, y hasta el último
momento de su existir.
Predicamos que la vida humana le pertenece a Dios y nadie puede disponer de
ella a su antojo.
Si bien, el hombre es el guardián de su hermano, no podrá ser su juez, ni
mucho menos el ejecutor de su propio hermano.
2.- Por vida humana debemos entender al hombre íntegro, en la unidad del
cuerpo y del alma, corazón y conciencia, entendimiento y voluntad.
La vida es un don de Dios que se desarrolla, crece, encuentra caminos de
superación y de realización: en lo personal, en lo interpersonal, en lo familiar y
en lo social. Vida humana encierra todas las áreas de oportunidad que el
hombre tiene: cultural, social, profesional, política, económica, sentimental,
religiosa. La fe cristiana nos enseña que la vida humana esta encaminada hacia
la vida divina, y que nuestra vida temporal se dirige hacia la vida eterna.
3.- No obstante lo anterior, el problema del tiempo actual radica en esa
nuestra mentalidad consumista desplazada a lo humano, en los criterios
13
eficientistas aplicados arbitrariamente a la vida del hombre y en la pretensión
del hombre de querer convertirse en el subjetivo juez de la misma vida humana.
Es lamentable, que hoy se violente al hombre y, que se le dañe en su vida
psicofísica y espiritual.
Lo que resulta más lamentable, es que esa violencia se le infringe al ser
humano desde su misma concepción. Los hombres y las mujeres de nuestro
tiempo parecen no comprender que el aborto no puede ser solamente un
asunto entre la mujer y su médico, y que de así entenderlo, se están olvidando
de alguien muy importante: la persona en gestación.
La vida humana con la que Dios nos ha dotado es un valor intrínseco que
posee sus propios códigos genéticos, únicos e irrepetibles, y por tanto
merecedores del respeto en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, es
decir, desde el inicio de la vida en el momento de la concepción hasta que esa
vida sea tomada, en su fin natural, por su único dueño: Dios.
4.- Ojalá que con este telón de fondo pudiéramos leer y releer el pasaje del
Evangelio de este día: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me
recibe. Y el que me reciba a mí no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.
Y es que, fíjate ¡Con cuánta frivolidad se habla hoy de cosas trascendentes! El
aborto. Ah, pero es que si la mujer fue violada... Un momento, ¿quién es el
enemigo, el inocente o el violador? ¿Por qué entonces asesinar al inocente?
¿Cómo no comprender que estamos comprometiendo el mismísimo respeto por
la vida? ¿Cómo van a vivir las generaciones futuras sin respeto por la vida? O
qué, ¿la solución está, como siempre, que la cuerda se rompa por lo más
delgado? ¿Qué? ¿Vamos a resolver nuestros problemas destruyendo al
inocente?
Es que, en los casos en que la vida viene malformada. Sí hablamos
utilitaristamente tenemos que decir que la imperfección no está reñida con la
utilidad: se puede beber agua con una taza desportillada.
Hoy se han cambiado los sustantivos con los que se identifica a aquellos que
nacen distintos de nosotros. Antes se les llamaba minusválidos, queriendo
expresar que no se podían valer por sí mismos. Un día nos dimos cuenta que
no es así. Después, queriendo corregir se les llamaba discapacitados queriendo
expresar que no tiene todas sus capacidades. Otro día nos dimos cuenta que
tampoco es así. Hoy se les empieza a llamar personas con otras capacidades,
y es que nos han demostrado lo valiosos que son y una serie de capacidades
insospechadas. En nuestra patria, estos hermanos con otras capacidades nos
han dado más satisfacciones como nación que muchos que nos envanecemos
presumiendo de nuestras muchas “capacidades”.
14
5.- La verdad es que no puedo entender como hoy en nuestro día, la ciencia
haya avanzado tanto y los ginecólogos le recomienden a la madre que le hable
y que le cante a sus hijos mientras está en el vientre. Los ginecólogos han
comprendido que tratan en una madre embarazada con dos pacientes. Hoy se
habla de psicología prenatal, del desarrollo prenatal, de la memoria prenatal,
pero al mismo tiempo hay algunos que se refieren al bebé en el vientre materno
como si fuera sólo un producto, un glóbulo, un tejido, materia fetal y alguno le
llega a llamar: "parásito". Parásitos somos otros que andamos caminando y que
hemos vivido siempre a expensas de otros.
Cuando se habla de la memoria Pre-Natal, algunos la relacionan con
conexiones neuronales simples, otros dicen que la memoria depende de las
moléculas de proteína en las células aisladas. No lo entiendo muy bien, pero
veía que en el cerebro del bebé quedan grabados tanto los aspectos positivos
como los negativos que se viven durante el embarazo.
Para muestra basta un botón: El Doctor Thomas Verny, publicó un estudio en
1981 ("Secret Life of the Unborn Child", New York) en el que afirma que Borris
Brott, director de sinfónica, era capaz de tocar las notas para el violonchelo de
algunas piezas musicales que nuca había visto antes, como si ya conociera la
partitura. Supo después por su mamá violonchelista, que ella tocaba esas
piezas cuando lo llevaba en el seno.
6.- Hoy más que nunca es urgente formar al hombre. Nos hace falta urgir una
verdadera catequesis que fortalezca en los bautizados la conciencia cristiana
ante las inyecciones de relativismo moral que aplican muchos de los Medios de
Comunicación Social. Hoy nos urge educar a la familia en el interior de las
familias, de los templos, de los espacios de catequesis y en las mismas
escuelas. Hoy más que nunca es urgente el recuperar el sentido de la vida
humana y su valor sagrado.
Nuestra Iglesia Católica, para ello, no sólo nos propone una doctrina, sino un
modo de vivir. El cristianismo no es sólo un conjunto de preceptos sino, ante
todo y sobre todo, es una forma de vida. La Iglesia nos propone criterios de
valor, procesos de maduración en la fe, una invitación a la conversión continua
y la exhortación a cuidar de los hermanos más indefensos y marginados.
7.- Decía Lao Tse, que el genio consiste en esa capacidad de ver en la
semilla las realidades. El problema del homtre de hoy radica en esa incapacidad
de respetar la semilla de la vida y el fruto que viene en el vientre.
Hoy por hoy, el bebé en gestación es un marginado de esta nuestra sociedad
de adultos, en la que nos vamos dando de codazos sin ton ni son buscando ser
los primeros y anulando a aquellos que pudieran convertirse en potenciales
amenazas de nuestro liderazgo y confort.
15
Debemos darnos cuenta de que un hombre existe en donde antes existió un
niño. Un niño existe en dónde antes existió un bebé. Si aplastamos los brotes
jamás existirán los árboles, si cortamos las flores jamás existirán los frutos.
El aborto es el más abominable de los crímenes por perpetrarse, precisamente
por que es en contra de las más indefensas de las creaturas, de los hombres y
mujeres en su etapa prenatal, como un día lo estuvimos tú y yo.
8.- Jesucristo el Redentor de todos los hombres, es quien nos hace
hermanos y nos compromete a luchar, unos a favor de otros, buscando
preferentemente la protección, la promoción y el servicio fraterno a los más
desprotegidos.
Los discípulos del Señor, hoy, no podemos ignorar los desafíos del pecado que
está destruyendo la vida; es por ello que sin temor alguno tenemos que
manifestarnos contra esta cultura de la muerte, en todas sus expresiones.
Favorecemos la vida y creemos que la mejor forma de cuidarla es
desarrollándola, como Dios quiere, en todos sus aspectos, desde cada uno de
sus momentos, incluyendo la gestación y hasta su fin natural.
Condenamos todo aquello que se opone a la vida y que bloquea su libre y digno
desarrollo. “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la
acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el
Creador, su único fin”.
9.- Al meditar en torno a los niños que eran abrazados por Cristo y por los
cuales nos decía que quien los recibía a ellos a Él lo recibía, quiero mencionar
una sola palabra, en la que después profundizaremos sobre algunas personas
que sufren también la marginación de nuestro tiempo: me refiero a las personas
de la tercera edad. Al pensar en los niños colocados por Cristo como nuestro
ideal de vida cristiana, te dejó danzando en tu memoria una frase de
Aristófanes: los ancianitos son niños por segunda vez.
Jesús ante nuestras discusiones sobre aquel que es el más importante y ante
aquella que cuestiona sobre quien es el mayor en el Reino, nos responde con
una invitación: que seamos como niños, que nos hagamos pequeños.
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  • 1. HACIÉNDOSE NIÑOS, DIOS Y EL HOMBRE SE ENCUENTRAN. “En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero el no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”. 1.- Muy gentiles amigos: Como si fuera una puesta en escena en tres actos, el día de hoy la Palabra de Dios escruta y aconseja sobre lo que debe ser el actuar de un hombre que quiera ser auténticamente cristiano. Pareciera también nuestro relato tomado de san Marcos un tríptico, ¿te acuerdas? aquella especie de pinturas, grabados o relieves en tres hojas, cada una de ellas con una escena y unidas de tal modo para que las laterales se puedan doblar hacia la del centro, pero que al desplegarse forman en la totalidad de los grabados una escena en mucho más perfecta que cada una de las tres parciales. En el primer cuadro se asoma la bella imagen de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el cual en su anonadamiento ha querido asumir todos los procesos humanos, incluyendo el hacerse niño y así como Verbo Encarnado, en su crecimiento humano, hoy quiere invitarnos para que no le tengamos miedo al despojo y a la muerte de nuestro propio anonadamiento. Se trata del Dios que haciéndose hombre ha nacido fuera de la ciudad y que nos está anunciando que, como Hijo del hombre, fuera de la ciudad también habrá de morir. Se trata del Dios que nace despojado en una gruta, que vive sin tener donde reclinar la cabeza y que muere despojado en la cruz. Se trata del mismísimo Hijo de Dios que, salvo en el caso de la cuarta palabra en la cruz, ¿te acuerdas? aquella en la que dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46), en todo momento se relacionó con Dios a través de un lenguaje doméstico llamándole Abbá, es decir: papito. Un lenguaje infantil que resultó molesto e irreverente a los oídos de los ancianos y de las autoridades religiosas de aquel entonces. No obstante, el abandono, la 1
  • 2. confianza y la entrega voluntaria serán las actitudes que tendrá el Hijo del hombre ante lo que será el injusto proceder de los hombres. En el segundo cuadro, nos encontramos representados todos los hombres, aquellos que ufanamente pretendemos ser grandes, y que a base de codazos nos vamos disputando en la vida el llegar a ser los más importantes. Se trata de la clara actitud de aquellos que nos sentimos los adultos en la historia. Aquellos que nos pasamos la existencia luchando por ser alguien en la búsqueda de la propia autoglorificación y de nuestro agigantamiento a costa del empequeñecimiento de los que nos rodean. No es otra cosa, sino los afanes que tenemos todos nosotros, los adultos, los que nos catalogamos como los hermanos mayores y que vamos invirtiendo nuestros días y nuestras noches en ese intento por destacar o por impresionar a todos los demás. Aquellos que debajo de nuestras caretas somos en la realidad una cosa y, ante los demás, fingimos ser algo muy diferente. Aquellos que vivimos una especie de justa olímpica en la que todos nuestros esfuerzos se desgastan por competir, compararnos con los demás y pretender sobreponernos a todos los que nos rodean, a como de lugar y pasando por encima de quien sea que se nos pudiere poner enfrente. Y entonces viene el tercer cuadro, el cual es ocupado inocentemente por los niños. Un niño expresa, en la Palabra de Dios, aquello que no es grande en ningún orden. Si bien un niño es una promesa también puede ser contemplado como un ser inacabado, y con ello humana y erróneamente imperfecto. Aunque no lo creas, los judíos los veían así. Recuerda que las mujeres y los niños no contaban en la multiplicación de los panes, aunque pudieran comer mucho: “Eran como cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños” El niño es un signo de la debilidad y de la imperfección nativas, de allí el que aparezcan constantemente como seres privilegiados de Dios, tanto en el Antiguo Testamento en el que Dios se quiso manifestar como el protector del huérfano (Sal 68,6), como también en el Evangelio en donde ellos se convierten en un espejo del rostro divino. Los niños son el símbolo de la perfecta confianza, por ello el Salmista para expresar su abandono confiado en las manos de Dios, no encontró una mejor imagen que la de un niño que se duerme inconmovible en los brazos de su madre (Sal 131,2). Este es el tríptico de nuestra reflexión: Allí se encuentra el Hijo de Dios hecho hombre, en el principio de la escena, abandonándose totalmente en las manos de su Padre. Y allí se encuentran, al final de la misma, también los niños abrazados por el Hijo de Dios y elegidos por Él para instruir y exhortar a unos 2
  • 3. Apóstoles que pretenden ser grandes conforme a los criterios del mundo, olvidándose fácilmente de los criterios de Dios. Y así, acontece que en el punto intermedio de Dios y de los niños nos encontramos todos aquellos que pretendemos ser Adultos. Ubicados en el punto medio de la línea que se traza entre el origen temporal y el destino de eternidad nos ubicamos aquellos que un día nos sentimos ya maduros ¿Te das cuenta como el Evangelio nos muestra la pedagogía divina? El Señor nos invita, el día de hoy como todos los días, a que descubramos la rica composición de las escenas para comprender el trasfondo de sus enseñanzas. Este es sólo uno, de los diferentes pasajes, en los que el Señor Jesús suele adoptar actitudes y gestos concretos con los cuales nos manifiesta el mensaje salvífico, pero que al mismo tiempo inculca categóricamente a los suyos el que tengamos las mismas actitudes sí es que queremos ser sus discípulos. Y así es como tenemos que asimilar que si todos nosotros conocemos, profesamos y celebramos el que la plenitud de la Salvación para todos los hombres, de todos los pueblos y de todos los tiempos, haya llegado a través del acontecimiento encarnatorio en Nazareth por el que el Hijo de Dios nos ha nacido como un niño pequeño en la gruta de Belén; de esta misma manera, debemos conscientizarnos de esta realidad que nos anuncia un hecho imprescindible en la vida cristiana: nuestra salvación personal solamente se obtendrá cuando los cristianos seamos capaces de hacernos auténticamente como niños y que nos convirtamos en los servidores de nuestros hermanos. Sobre el nacimiento de Jesucristo, que ha tomado el rostro del niño, nos ha escrito bellamente San Agustín en los siguientes términos: “Cristo ha nacido, como Dios del Padre, como hombre, de la Madre; de la inmortalidad del Padre, de la virginidad de la Madre; del Padre sin madre, de la madre sin padre; del Padre sin tiempo, de la madre sin semen; en el nacimiento del Padre es principio de la vida, en el nacimiento de la madre, fin de la muerte”. Y, ¿sabes qué? Sobre el nuevo nacimiento del hombre ha escrito bellamente Don Miguel de Unamuno un texto que te he compartido recurrentemente, pero que en mi apreciación personal me ha sido de suma y expresa utilidad: “Agranda la puerta, Padre, Porque no puedo pasar; La hiciste para los niños, Yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, Achícame por piedad; Vuélveme a la edad bendita En que vivir es soñar. 3
  • 4. Gracias, Padre, que ya siento Que se va mi pubertad; Vuelvo a los días rosados En que era hijo nada más...” “Agranda la puerta, Padre, Porque no puedo pasar; La hiciste para los niños, Yo he crecido a mi pesar. El Hijo eterno del Padre ha cruzado los umbrales del tiempo y del espacio y ha ingresado a la historia en ese hacerse un pequeño niño por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen María. En nosotros los hombres será en nuestro nacer de nuevo, aún siendo ya viejos, como podremos cruzar nuestros umbrales del espacio y del tiempo para ingresar a las coordenadas de la eternidad. En lo expresado con anterioridad, debemos considerar en modo absoluto nuestro nacimiento por el agua y el espíritu, a través del sacramento del bautismo; pero, al mismo tiempo tenemos que asumir la invitación evangélica de este domingo: El niño es lo más cercano al origen de la Creación, un niño es un niño, aunque suene a redundancia. Contemplar en las Navidades cristianas, al Dios hecho niño, nos debe llevar al aprendizaje de Aquel que elige ser niño y que nos enseña a vivir en la sencillez y en el servicio. Es nuestra tarea, el contemplar al Hijo de Dios hecho hombre en su infancia que debe conducirnos a buscar regresar a la infancia de nuestra vida, a la aurora y amanecer de nuestra creación como seres humanos. La tarea se antoja difícil, casi imposible: “aprender a ser como niños”. La historia se ha invertido en nuestra apreciación y, en muchos más, en la realización, el revés de la historia se nos antoja mucho más factible: Es más fácil que le enseñemos a un niño a comportarse como un adulto, que el hecho de que los adultos aprendamos a ser como un niño. Y sin embargo, ésta seguirá siendo nuestra tarea. La infancia espiritual ha sido el camino cristiano de muchos grandes santos, entre ellos Santa Teresita del Niño Jesús. ¿Qué es la infancia espiritual? Según Emmanuel Mounier, la infancia espiritual, no consiste sino en ese tener un alma perdonada y perdonadora, que ha recibido de Dios el regalo de una mirada humilde vuelta hacia él. Cerremos el tríptico de esta reflexión y que las dos imágenes externas, la primera del Señor Jesús en su total disposición a la voluntad del Padre y la segunda, la de los niños presentados como el estereotipo de una vida auténticamente cristiana recaigan sobre esa imagen central de nuestra propia 4
  • 5. vida de hombres pretensiosos y ufanos, y dejémosle así varios días, quizás varios años, ¡mejor toda la vida! Ojalá que se nos pegue algo. Sería bueno, que el Dios hecho hombre y que los niños nos enseñen a los hombres la verdad. Dejemos que el Hijo de Dios le enseñe al hombre la grandeza de ser niño. Ojalá que los niños le enseñen a los hombres la sencillez que tuvo Dios. Dios ha salido al encuentro del hombre y lo hizo haciéndose niño. Recordemos que el hombre, solamente al hacerse como niño, podrá ir al encuentro de Dios. LA VERDAD QUE ACOMPAÑA AL SERVICIO. “En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero el no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones. 1.- Muy queridos amigos: El Evangelio de este domingo, y toda nuestra existencia cristiana, nos invitan a considerar nuestra vida sin protagonismos, sin exigencias, sin pretensiones de dominio ni arrogancias. No hay quien se salve, ni puede conocer lo que es vivir desde la creencia de sentirse superior, distinto, desde la postura de mirar un poco, o un mucho, por encima del hombro al hermano que se acerca a nosotros, a aquellos a los que nos hemos acercado o a aquellos a quienes Dios un día nos ha acercado. Cristo nos invita a vivir el reinado del servicio. Saber que la autoridad se encuentra en la entrega y que, entre nosotros no debe ser como entre los jefes de las naciones que, al mismo tiempo que esclavizan exigen el reconocimiento de sus súbditos. Aquí, en la vida auténticamente cristiana, el que quiera ser el más importante debe ser el último y el servidor de todos y aquel que quiera ser el primero deberá de ser el último de todos. 2.- Para asimilar los valores ya expresados, es necesario el recuperar algunos elementos propios del servicio plenamente cristiano. Y es que todo el mundo reconoce que para vivir es necesario dar, participar, colaborar, sentirse útil, etc... Sin embargo hay quienes sirven para recibir a cambio, para recibir dinero o gratificación, mientras que hay otros que sirven sin esperar ni exigir, sin pretensiones ni de dominio ni de poder. 5
  • 6. Dar sin esperar es la verdadera forma de vivir amando. Amor que es el orígen y el fin de la vida, que quiere decir dar sin pretender que el resultado o el final sea lo que espero, al menos no el final inmediato pero sí el eterno. 3.- Las desgracias y las penas de los que damos para recibir en este mundo, empiezan cuando la respuesta es desagradecida, cuando vemos a los hijos, los amigos, el esposo,... en definitiva cuando aquellos que más queremos no son como queremos ni responden a lo que esperamos. Porque sin darnos cuenta, muchos de nosotros hemos ido dando con la intención de recibir, para conseguir que sean o vivan como mejor creemos o como nosotros queremos. Los sufrimientos se van originando por la respuesta libre de los que más queremos que no tiene porque ser como yo se los delíneo, porque ni los comprendemos ni podemos sufrir su propia desgracia. Los que dan para ser vistos, para recibir la respuesta a la que tienen derecho, para recibir el premio, los que dan con exigencias de reconocimiento, ya han recibido su paga aquí en la tierra; pero es que además, la postura de exigencias siempre crea distanciamiento y soledad. Nadie se acerca al que nos va a exigir pleitesía o va a esperar algún pago por los favores, nos acercamos a quien nos ama sin esperar, sin reclamar, y sin que nos venga a pedir cuentas: “Después de todo lo que hicimos por ustedes,... ¡ése es su agradecimiento!, ¡qué malagradecidos!”, dicen muchas veces algunos padres, que al mirar en el espejo podrán ser reconocidos. El agradecimiento o es de corazón o es una imposición que repele tener que darlo. Uno se siente amado cuando sabe que no le van a pasar una factura, cuando sabe que es libre, cuando no siente la pretensión o la exigencia de ese amor que no es más que una necesidad cubierta de dominio, compañía, o deseos personales. ¡Una forma maquillada del autoritarismo! De ese autoritarismo del que el Señor nos habla ampliamente. 4.- Y es que no entendemos que Nuestra vida es un proceso de crecimiento: Se empieza exigiendo al nacer, se pasa a dar para recibir, y se descubre la plenitud dando sin esperar.' Digámoslo de otra manera: el hombre al nacer nace con sus manos cerradas y al morir lo hace con las manos abiertas. Entendamos que el proceso de una vida que se desarrolla entre la estancia en el vientre materno y el regreso al vientre de la tierra, estriba en ese aprender a abrir las manos, y es esto lo que nos sacará de nuevo del reposo mortal para ingresar al goce de la eternidad. La verdadera esclavitud del hombre es una cadena que le ata a la respuesta esperada, parece que la vida no tiene sentido si no recibimos la respuesta deseada, la gratitud o el servicio merecidos. El hombre ha de aprender a dejar a los otros la misma libertad que exige para sí. Dominar es cuestión de poder, 6
  • 7. servir es cuestión de amor. Otra vez la diferencia entre la autoridad y el autoritario. Pero entendamos que ¡Esto es lo verdaderamente cristiano! El instinto da para recibir, el verdadero amor no pide respuesta esperada. Y frente a la pasión instintiva, el hombre puede reconocer que hay un camino más profundo, el que da porque ama el bien, porque pone en manos de Aquél que es la Vida la respuesta adecuada a su desprendimiento oculto, y espera la recompensa sin pretenderla ni buscarla, y mucho menos exigirla. Cuando se da esperando recibir algo a cambio. Se desea, se busca, se obtiene, y cuando no es posible sufrimos o hacemos sufrir. Cuando no se recibe, creemos que son malagradecidos, que no merecían lo que hicimos por ellos. Si lo que hicimos fue para ellos, son ellos los que darán la respuesta que puedan, no la que nosotros queremos o esperábamos. ¡Fíjate cómo muchos miembros del pueblo de Cristo vamos juzgando con los criterios del mundo y no con los criterios del Rey del Mundo! Nuestro mundo se ha convertido en un gran negocio en el que queremos comprar nuestra felicidad y la de los demás dando dinero, regalos, amor, servicio, a cambio de objetos, personas o agradecimiento. Con dinero compramos cosas, pero el amor, el respeto y el agradecimiento que esperamos los da Jesucristo a quienes son capaces de amar sin exigencia. 5.- A diferencia de lo anterior, nada que se hace por amor desinteresado puede resultar inútil. La recompensa que puede dar este mundo a los que considera benefactores es oropel que puede engañar nuestros sentidos, pero es mucho más profunda la respuesta de Dios a todos aquellos que son capaces de amar sin pretensiones de agradecimiento. Todos sabemos que la alegría consiste en dar más que en recibir, pero parece que este mundo nos ha acostumbrado a dar para conseguir, a dar para escuchar un gracias, a dar para decidir sobre la vida de los demás. No se comprende que es más provechoso dar por amor. Todo dolor desaparecerá cuando dejemos en libertad a los otros para que nos quieran como quieren o pueden, para que nos den lo que quieran, porque entonces recibimos el amor que es vida, y recibiremos la Vida de Aquel que es el Amor verdadero. Es la forma de dar sin ser vistos, es la forma de dar lo mejor que tenemos. 6.- Muy queridos amigos: Jesucristo murió como consecuencia de haber vivido el amor con libertad y solidaridad, un amor que se convirtió en donación, donación que más que dar objetos se convierte en el darnos a nosotros mismos. Es por ello que el Gólgota se convierte en el lugar más sagrado, en primer lugar porque la cruz se ha convertido en el árbol de la vida, porque el sepulcro de Cristo se convirtió en la cuna de la glorificación, pero también desde otro aspecto que hoy quiero señalar: Jesús ofreció en su oración todo lo que vivió en 7
  • 8. el Gólgota: “perdónales porque no saben lo que hacen” y desde allí ofreció la vida verdadera: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. De la misma manera en que Jesús ora desde el Gólgota, nosotros también debemos orar desde nuestro propio Gólgota. 7.- Hermanos muy amados: Un día nuestro fin iniciará y con el momento final se dará el principio de la eternidad. No le tengamos miedo al fin de la jornada, tengamos miedo a que no hagamos algo en nuestra jornada o que lo hagamos por intenciones inapropiadas. No nos atemoricemos de cruzar la meta, tengamos pavor de habernos pasado la vida arrastrando los pies y en la mediocridad. ¡A eso si debemos tenerle miedo! Santa Teresa de Ávila expresa que al final de nuestra vida seremos juzgamos por el amor, por la caridad. ¿Pero que es la caridad? Se trata de un amor sobrenatural, infundido en nosotros por el Espíritu Santo (cfr. Rom. 5,5). La caridad, que tiene su raíz en la palabra latina carus: algo de gran valor, es la única virtud que permanece hasta el más allá (cfr. 1Cor 13,8) y que conforme lo que nos dice el Evangelio nos puede permitir acceder al más allá. La caridad no es sólo la primera de las virtudes, sino que es un orden distinto, superior. En este orden de lo definitivo, las demás virtudes valen únicamente en cuanto que nos ayudan al incremento de la caridad o están informadas por ella, ya que ésta nos configura en el modo de ser del mismo Dios y nos hace participar de su propia riqueza y felicidad, similarmente a como, por el amor a otra persona, hacemos de su felicidad o de su dolor, nuestra propia riqueza. 8.- Todo lo que nace de abajo es transitorio, inconsistente, limitado, condenado a la muerte. De abajo nace el desorden, la prepotencia, el mal, las tiranías de todo género, la violencia, la injusticia, la codicia y los egoísmos. Lo que nace de arriba es eterno, victorioso, glorioso y universal. De arriba nace la bondad, el amor, la justicia y la verdad. La entrega desinteresada, la fidelidad, la compasión, la vida y la paciencia vienen de Dios. Sobre la tierra nada hay que sea definitivo, siempre, ahora y luego, la vida verdadera seráun encuentro con la luz y una transformación de lo caduco. 9.- Hay que aprender a dar el paso del deseo al amor, el paso del instinto al servicio en el dar. El hombre puede tener la seguridad de que nuestro final será el paso y la consecuencia de lo que hayamos hecho en el presente, y a esto no debemos tenerle miedo, a nuestro egoísmo sí hay que tenerle miedo. 8
  • 9. Si un embrión pudiera tener conciencia de elección, evitaría abandonar el conocido lugar en el que se va desarrollando y en el que sólo está recibiendo, porque no ve, ni conoce, ni se imagina alguna otra realidad. La placenta del hombre es este mundo y no quiere salir de él porque desconoce la realidad total, porque no puede ver más allá de sus límites, pero si desarrolla ahora sus capacidades más profundas en el amor manifiesto, a través del amor sincero obtendrá una fuerza que es la esperanza, con esa fuerza podrá vivir cada acontecimiento, aún aquellos que le pudieran resulta difíciles o negativos, no como un obstáculo, sino como sucesos que van construyendo su futuro. Un futuro de eternidad que se nos ofrece en nuestra cruz, al reconocer nuestros errores y la bondad que Dios ha tenido para con nosotros... Nos dirá el Señor: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Te deseo que así sea. COMPETIR CONTRA RIVALIZAR Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. ¿Realmente existen discusiones sobre quíén es el más importante? Por ejemplo… ¿Discutimos sobre quién es el primero en la vida y estructura de la familia? Hablemos sobre esas discusiones infructuosas que desgastan tanto a los matrimonios, y por ende a las familias, y que desgarran a la sociedad e Iglesia. El factor que une a los esposos no es otro sino la complementariedad. Si no existe la complementariedad no hay esposos. Se trata no de un factor accidental sino de un factor esencial. Y es que lo esencial en el "amor de los esposos" o complementariedad, se basa en ese descubrimiento profundo del otro, que nos llena de admiración y que atrae al hombre hacia la mujer y a la mujer hacia el hombre porque el otro o la otra le completa y le dinamiza. La complementariedad se compone de dos factores: unas igualdades y unas diferencias. Digamos que la complementariedad es como el engraje en el que se tienen que dar las igualdades y las diferencias. Y es que no puede funcionar por ejemplo un piñón de plástico sobre otro de hierro. El engranaje de una maquinaria funciona sin romperse si tiene 9
  • 10. igualdades, y entendemos estas igualdades como la consistencia que le da a las dos piezas el provenir del mismo material y que posean la misma forma. Pero son las diferencias las que hacen que un piñón mueva al otro: los relieves de uno tienen que encajar exactamente en las hendiduras del otro. Y así también tendríamos que entender que aquello que hace único e indisoluble el amor entre un hombre y una mujer es la complementariedad. Cuando se descubre a esa persona que es mi complemento, ya no se querrá asociarse a otra persona, porque con mi complemento, esposo o esposa, me siento pleno, satisfecho, equilibrado, en descanso e impulsado hacia mi propia realización, hacia mi propia plenitud. La separación de esa persona que significa la complementariedad crea ruptura. Esa persona es parte de mí mismo, de lo más profundo de mí. Digamos que la complementariedad es como la clave de una caja fuerte. Sólo existe una combinación posible. Y así nos dice la Sagrada Escritura desde el mismo libro del Génesis: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”. (Gen 2,24). Y nos reiterará el Jesús en el Evangelio: “El que se separe de su mujer y se case con otra comete adulterio" (Mt 19,9 y Mc 10,11). Mencionemos que la complementariedad en el cuadro matrimonial es como las piezas qie forman un rompecabezas: Las cualidades de ella encajan perfectamente en las de él. Los defectos de él son soportables para ella porque encajan en alguna de sus cualidades. Por ejemplo si él es vehemente ella es serena, si ella es miedosa él es valiente, si ella es pasiva él es activo, etc… La complementariedad hace que el rompecabezas quede completo, que aparezca el dibujo de la pareja, su personalidad, su misión de vida. Digamos que este es el ideal, el complementarse, pero acontece de que en lugar de complementarse los esposos, compiten entre sí. Y esta historia ha nacido desde nuestra cuna, y es que desde niños competimos en la casa… Y así un día en el matrimonio le preocupa a un cónyuge que su pareja tenga algo que yo no tengo… Y así se lucha para ver quien tiene la voz cantante, el voto importante, digámoslo coloquialmente que se busca ver de quien es de quien truenan los chicharrones, quien obedece a quien…. Las personas competimos por aquello que da poder: como el dinero, las propiedades, el prestigio, los reconocimientos, la inteligencia, la facilidad para entender o para realizar síntesis. Nos incomoda que el otro sea más popular, que sea amiguero, que sea el alma de la fiesta, que tenga más pegue, que tenga un mejor trabajo, un mejor puesto 10
  • 11. y un mejor salario, quién es quien realmente tiene la autoridad sobre los hijos, quién es quien auténticamente administra los recursos. Existen cosas que no se soportan del cónyuge: 1.- Que la otra familia si sea de dinero y la mía no… 2.- Que la otra persona baje de peso más rápido que yo, mientras que yo me mato en las dietas... 3.- Que a la otra persona toda la ropa se le ve bien aunque sean unas garras y yo no me veo como tú… 4.- Que los amigos me digan que tú eres un tipazo, que eres un chavo encantador… 5.- Que mi esposo siempre tenga la razón y que tenga una inteligencia mayor que la mía… 6.- Que al caminar en los centros comerciales lo saluden más a él que a mí… 7.- Cuando mi esposo compite por el cariño de los hijos y gana al irse ellos con él… 8.- Que le vaya bien en el trabajo a él cuando yo tengo un grado académico mayor y estoy en casa… 9.- Que él se vaya a trabajar y yo tenga que cuidar al bebé, y el bebé lo quiere más que a mí... 10.- Cuando él o ella te gana en cualquier juego: dominó, continental, ajedrez, backgamon… 11.- Cuando él, o ella, tiene mejor trabajo y salario con la misma carrera y edad. 12.- Cuando el otro tiene el cariño del perro. 13.- Que mis papás lo quieren más que a mí. 14.- Que el marido no hace nada y dice que está cansado. 15.- Que las demostradoras de productos en el centro comercial se acercan a él y a mí no. 17.- Que te quiten el apellido. 18.- Que me diga: te lo dije, pero no me hiciste caso. Para poder encontrar una solución a esa búsqueda de ser los más importantes y los primeros en la familia en detrimento de la misma familia, tenemos que aprender a distinguir entre competir y rivalizar. La competencia es buena porque ambos pueden crecer y superarse. Al crecer juntos en conjunto ambos se llegan a nivelar. Y así ambos tienen lo mismo que el otro. Pero cuando se rivaliza se busca anular al otro con tal de yo tener algo. Yo no puedo ganar sino pierdes tú. En la competencia existen reglas. En la rivalidad nunca existirán las reglas. El que pega más fuerte al otro es el que gana. 11
  • 12. En la rivalidad se busca: 1. Sabotear al otro: impedir que se desarrolle. 2. Devaluar a la otra persona al minimizar sus logros. 3. Minimizar la complejidad de lo que el otro hace: Yo lo haría hasta con los ojos cerrados, que chiste tiene el cuidar a los niños y barrer. 4. Ridiculizar los proyectos del otro haciendo verlos como si fueran infantiles y hasta fastidiosos: ayudar a la gente es una tontería. 5. Pegar donde más le duele al otro. 6. Desesperanzar al otro. 7. Desmotivar al otro: se maximizan los riesgos. Pero,… de dónde nace la rivalidad: En primer lugar de la Personalidad de cada uno: y es que existe un complejo de inferioridad que lleva al egoísmo y que suscita inseguridad en uno de los dos. En segundo lugar inciden los aprendizajes de la infancia: el hombre siempre tiene que tener la razón ya que el hombre es el cerebro del hogar… Y en tercer lugar las Presiones sociales y familiares: A través de la mecánica de la recompensa y el castigo, se tiene en un lugar muy especial al que tiene el primer lugar en las notas académicas aún cuando uno tenga un 9.5 y el otro un 9.6. Pero entonces, ¿qué hacer como familia? 1. La vida se mueve en torno a la cooperación y la competencia. 2. Lo adecuado es que se compita hacia fuera y se coopere hacia adentro. 3. El problema es que se coopera hacia fuera y se compite hacia adentro de la casa. 4. Dice un Proverbio Chino: “Si no tienes enemigos fuera invéntalos”. 5. Nunca amenaces al otro con lo que sabes que necesita de ti (hijos, dinero, relación íntima). 6. No usar el chantaje como arma. ¿Qué consejos te puedo dar para pasar de la rivalidad a la complementariedad? 1. Debe haber un acuerdo entre los esposos que diga: pase lo que pase nunca vamos a atacarnos. 2. Dejar saber al otro que la intención no es dominar sino crear equipo. 3. Realinear el poder en la pareja, es decir crear un coliderazgo pleno y acordado, para lo cual es necesario ser flexible, crear confianza, tener humildad, manejarse con honestidad y apertura. Se trata de crear una sensación y una realidad de equilibrio. Pero, ¿cómo aterrizarlo? Que compartan los roles para balancear las responsabilidades y la libertad: así por ejemplo el manejo de dinero, decidir 12
  • 13. sobre la comida, que algunos días, el fin de semana, una semana o una temporada se intercambien los roles. Nos ha dicho el Señor: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. DESCUBRIR EN LOS BROTES LAS FLORES. En aquel tiempo Jesús tomando a un niño, lo puso en medio de los discípulos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”. 1.- Muy gentiles amigos: El meditar sobre estas palabras que el Señor nos dirige en el Evangelio debiera convertirse en el momento idóneo para que reflexionemos en torno al don de la vida humana, y al respeto que nos merece toda vida humana. El libro del Génesis nos habla del hombre como imagen y semejanza de Dios, y con ello nos subraya desde el ser mismo del hombre su unidad, su ser criatura y su ser relacional. Así mismo, desde la valoración de la obra de Dios nos presenta al hombre como el valor más grande de la creación de Dios. El hombre es la plenitud de la creación. En la visión cristiana, sin descartar otras ponderaciones ajenas a nosotros, predicamos que la vida humana ha sido redimida por la obra de Cristo y que es digna en todos los hombres. Por ello, la Iglesia ha defendido desde la más remota antigüedad: que la vida humana ha de ser respetada y protegida de manera absoluta desde el primer momento de su concepción, y hasta el último momento de su existir. Predicamos que la vida humana le pertenece a Dios y nadie puede disponer de ella a su antojo. Si bien, el hombre es el guardián de su hermano, no podrá ser su juez, ni mucho menos el ejecutor de su propio hermano. 2.- Por vida humana debemos entender al hombre íntegro, en la unidad del cuerpo y del alma, corazón y conciencia, entendimiento y voluntad. La vida es un don de Dios que se desarrolla, crece, encuentra caminos de superación y de realización: en lo personal, en lo interpersonal, en lo familiar y en lo social. Vida humana encierra todas las áreas de oportunidad que el hombre tiene: cultural, social, profesional, política, económica, sentimental, religiosa. La fe cristiana nos enseña que la vida humana esta encaminada hacia la vida divina, y que nuestra vida temporal se dirige hacia la vida eterna. 3.- No obstante lo anterior, el problema del tiempo actual radica en esa nuestra mentalidad consumista desplazada a lo humano, en los criterios 13
  • 14. eficientistas aplicados arbitrariamente a la vida del hombre y en la pretensión del hombre de querer convertirse en el subjetivo juez de la misma vida humana. Es lamentable, que hoy se violente al hombre y, que se le dañe en su vida psicofísica y espiritual. Lo que resulta más lamentable, es que esa violencia se le infringe al ser humano desde su misma concepción. Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo parecen no comprender que el aborto no puede ser solamente un asunto entre la mujer y su médico, y que de así entenderlo, se están olvidando de alguien muy importante: la persona en gestación. La vida humana con la que Dios nos ha dotado es un valor intrínseco que posee sus propios códigos genéticos, únicos e irrepetibles, y por tanto merecedores del respeto en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, es decir, desde el inicio de la vida en el momento de la concepción hasta que esa vida sea tomada, en su fin natural, por su único dueño: Dios. 4.- Ojalá que con este telón de fondo pudiéramos leer y releer el pasaje del Evangelio de este día: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”. Y es que, fíjate ¡Con cuánta frivolidad se habla hoy de cosas trascendentes! El aborto. Ah, pero es que si la mujer fue violada... Un momento, ¿quién es el enemigo, el inocente o el violador? ¿Por qué entonces asesinar al inocente? ¿Cómo no comprender que estamos comprometiendo el mismísimo respeto por la vida? ¿Cómo van a vivir las generaciones futuras sin respeto por la vida? O qué, ¿la solución está, como siempre, que la cuerda se rompa por lo más delgado? ¿Qué? ¿Vamos a resolver nuestros problemas destruyendo al inocente? Es que, en los casos en que la vida viene malformada. Sí hablamos utilitaristamente tenemos que decir que la imperfección no está reñida con la utilidad: se puede beber agua con una taza desportillada. Hoy se han cambiado los sustantivos con los que se identifica a aquellos que nacen distintos de nosotros. Antes se les llamaba minusválidos, queriendo expresar que no se podían valer por sí mismos. Un día nos dimos cuenta que no es así. Después, queriendo corregir se les llamaba discapacitados queriendo expresar que no tiene todas sus capacidades. Otro día nos dimos cuenta que tampoco es así. Hoy se les empieza a llamar personas con otras capacidades, y es que nos han demostrado lo valiosos que son y una serie de capacidades insospechadas. En nuestra patria, estos hermanos con otras capacidades nos han dado más satisfacciones como nación que muchos que nos envanecemos presumiendo de nuestras muchas “capacidades”. 14
  • 15. 5.- La verdad es que no puedo entender como hoy en nuestro día, la ciencia haya avanzado tanto y los ginecólogos le recomienden a la madre que le hable y que le cante a sus hijos mientras está en el vientre. Los ginecólogos han comprendido que tratan en una madre embarazada con dos pacientes. Hoy se habla de psicología prenatal, del desarrollo prenatal, de la memoria prenatal, pero al mismo tiempo hay algunos que se refieren al bebé en el vientre materno como si fuera sólo un producto, un glóbulo, un tejido, materia fetal y alguno le llega a llamar: "parásito". Parásitos somos otros que andamos caminando y que hemos vivido siempre a expensas de otros. Cuando se habla de la memoria Pre-Natal, algunos la relacionan con conexiones neuronales simples, otros dicen que la memoria depende de las moléculas de proteína en las células aisladas. No lo entiendo muy bien, pero veía que en el cerebro del bebé quedan grabados tanto los aspectos positivos como los negativos que se viven durante el embarazo. Para muestra basta un botón: El Doctor Thomas Verny, publicó un estudio en 1981 ("Secret Life of the Unborn Child", New York) en el que afirma que Borris Brott, director de sinfónica, era capaz de tocar las notas para el violonchelo de algunas piezas musicales que nuca había visto antes, como si ya conociera la partitura. Supo después por su mamá violonchelista, que ella tocaba esas piezas cuando lo llevaba en el seno. 6.- Hoy más que nunca es urgente formar al hombre. Nos hace falta urgir una verdadera catequesis que fortalezca en los bautizados la conciencia cristiana ante las inyecciones de relativismo moral que aplican muchos de los Medios de Comunicación Social. Hoy nos urge educar a la familia en el interior de las familias, de los templos, de los espacios de catequesis y en las mismas escuelas. Hoy más que nunca es urgente el recuperar el sentido de la vida humana y su valor sagrado. Nuestra Iglesia Católica, para ello, no sólo nos propone una doctrina, sino un modo de vivir. El cristianismo no es sólo un conjunto de preceptos sino, ante todo y sobre todo, es una forma de vida. La Iglesia nos propone criterios de valor, procesos de maduración en la fe, una invitación a la conversión continua y la exhortación a cuidar de los hermanos más indefensos y marginados. 7.- Decía Lao Tse, que el genio consiste en esa capacidad de ver en la semilla las realidades. El problema del homtre de hoy radica en esa incapacidad de respetar la semilla de la vida y el fruto que viene en el vientre. Hoy por hoy, el bebé en gestación es un marginado de esta nuestra sociedad de adultos, en la que nos vamos dando de codazos sin ton ni son buscando ser los primeros y anulando a aquellos que pudieran convertirse en potenciales amenazas de nuestro liderazgo y confort. 15
  • 16. Debemos darnos cuenta de que un hombre existe en donde antes existió un niño. Un niño existe en dónde antes existió un bebé. Si aplastamos los brotes jamás existirán los árboles, si cortamos las flores jamás existirán los frutos. El aborto es el más abominable de los crímenes por perpetrarse, precisamente por que es en contra de las más indefensas de las creaturas, de los hombres y mujeres en su etapa prenatal, como un día lo estuvimos tú y yo. 8.- Jesucristo el Redentor de todos los hombres, es quien nos hace hermanos y nos compromete a luchar, unos a favor de otros, buscando preferentemente la protección, la promoción y el servicio fraterno a los más desprotegidos. Los discípulos del Señor, hoy, no podemos ignorar los desafíos del pecado que está destruyendo la vida; es por ello que sin temor alguno tenemos que manifestarnos contra esta cultura de la muerte, en todas sus expresiones. Favorecemos la vida y creemos que la mejor forma de cuidarla es desarrollándola, como Dios quiere, en todos sus aspectos, desde cada uno de sus momentos, incluyendo la gestación y hasta su fin natural. Condenamos todo aquello que se opone a la vida y que bloquea su libre y digno desarrollo. “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin”. 9.- Al meditar en torno a los niños que eran abrazados por Cristo y por los cuales nos decía que quien los recibía a ellos a Él lo recibía, quiero mencionar una sola palabra, en la que después profundizaremos sobre algunas personas que sufren también la marginación de nuestro tiempo: me refiero a las personas de la tercera edad. Al pensar en los niños colocados por Cristo como nuestro ideal de vida cristiana, te dejó danzando en tu memoria una frase de Aristófanes: los ancianitos son niños por segunda vez. Jesús ante nuestras discusiones sobre aquel que es el más importante y ante aquella que cuestiona sobre quien es el mayor en el Reino, nos responde con una invitación: que seamos como niños, que nos hagamos pequeños. 16