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Imagen y significado
la imagen que el hombre
medieval tenía del mundo
en el que vivía estaba
preñada de miedos e inter-
pretaciones de todo tipo
de fenómenos dándoles
significados simbólicos.
Ninguna cosa, ningun
acontecimiento quedaba
reducido a su simple apa-
riencia. Todo trascendía de
alguna manera al más allá,
fuera al de los santos o al de
los demonios. En la misma
medida en que lo santo
podía aparecerse en casi
todo lo que era perceptible
por los sentidos humanos,
también le era posible
hacerlo a lo diabólico. Y fre-
cuentemente no se hacia
fácil distinguir si lo que
acaecía a los hombres era
obra del Bien o del Mal,
pues Dios siempre era libre
de adoptar cualquier forma
para manifestarse a los
hombres. De ahí que los
símbolos y referencias siem-
pre estuvieran orientados a
156
la forma muy particular con
que interpretaba el mundo
la sociedad medieval.
Como en su comprensión
todo estaba entretejido en
una trama de similitudes, el
hombre del medievo creó
numerosos referentes con
los que podía vincular los
objetos visibles y los fenó-
menos naturales con el
mundo sobrenatural y con
la Verdad suprema.
Muerte de un papa en el
retrete. Con esta l'Slena
escultórica ~e da un ejemrlo
de una muerte dcgradada
por no haberse prep,;rado,
de la que ni t•l Papa quedaba
exento. Semw- en-Brion-
nais, t.lct.1lle del tímpano de
la portada Ol''>IC, igln XII
Cortejo de ángele~ en una
muerte dichosa, l·.lne, lápida
funcrana de la catet.lr.¡l de
Santa l.ufalia
Abajo: Muerte y entierro de
un monje, e u•na t.lE· un
manusuito fram:e~ le tina
le del siglo XI, rroyc,,
Hibl. MunícqMI, . ls ~27:~
Raras veces estos rderentes
eran unívocos, pues según
las circunstancias de su apa-
rición podían transformarse
en cualquier momento en
otro concepto, adoptar una
nueva forma. Pero srempre
estaban en primer término
las cualidades, que se rela-
cionaban unas con otras.
Así, por ejemplo, el azul
claro del zafiro y el azul
claro del cielo despejado
se relacionaban entre sí
de forma tal que la piedra
precios;~ e interpretaba
como símbolo del cielo.
Ahora bien, este srgnrficado
se pod1a ampliar o t.1mbren
transformar rqualment .
Esa forma de pensar espcc·-
ficJmente medieval, que
esencralmente se reduCI, u
una s1mph.• rela(lon socid-
tiva de las formas en que
aparecran las cosas, se
reflejo en el Phys,ologus
("El conocedor dc l<l natu-
raleza"), un manuscrito que
era una e pecie de tempra-
na encitlopedia sobr (-1
mundo dnimal, tantds veces
representado en el arte
románrco En una formd
alegorrca ingenua se aso·
cian las cualidades d los
anrmal s con e¡emplos dE'
formas de vrda crrslranas o
incluso con e1
propro C.risto.
SupuestamentE escrito en
torno al año 200 d C., t:>l
Phyúoloqus fue ampl1ado y
revisado und y otra vez y es
hasta hoy una de Id fuen-
tes más rmpo<tantes para
entender el mundo d( l1s
imagwe~ medievales.
La muerte y sus miedos
Riguroso y tem1ble era, sin
duda, lo que el creyente
rned1eval ve1a cuando se
dicoor11.1 a entrar en la casa
de DIOS' antE: SUS OJOS esta-
ba lo que apenas se podía
lrnJqmar, E! f1n del mundo.
De~d ~ tiempos remotos
srgu:a v1va la amenaza de
un D1os vengador reflejada
en el Ant1guo Testamento.
De ahí que los hombres
e~tL1v1eran dornmados por
u!1 profundo temor a una
muert!;; súbita sin t1empo
para hacer el acto de contri-
cien y CJicanzar f'l perdón de
sus pecados. As1, mcluso un
papa podía ser sorprendido
por la muerte en el lugar
más despreciable -sentado
en la letrina· ; mientras su
alma con forma de niño le
es arrancada de la boca por
tres diablos cornudos para
llevársela a los infiernos, su
trono popal queda detrás
desierto (ilustr. pág. 156
IZquierda).
En una epoca con tasas de
mortandad infantil enorme-
mente elevadas, debido
sobre todo a las numerosas
enfermedades y epidem1as,
y con una esperanza de
v1da promedio de apenas
35 años, la muerte era un
poderoso y omnipresente
acompañante de la vida.
Así, a los hombres de la
Edad Medía no les quedaba
más remedio que conside-
rar toda su vida desde la
perspectiva de la muerte. Y
cómo podía terminar una
vida sin penitencia estaba
descrito de forma asaz drás-
tica en las muchas escenas
del juicio Final que decora-
ban las portadas de las nue-
vas iglesias. Especialmente
all1 donde las representacio-
nes de los tormentos del
Infierno ocupaban grandes
espacios, por ejemplo en
Autun o en Conques-en-
Rouergue, ante las personas
que todavía no estaban
acostumbradas a enfrentar-
se con ese nuevo estilo de
imágenes surgía un escena-
rio amenazador que apenas
era posible soportar: en las
balanzas del juicio Final,
tras pesarlas, se decidiría a
cuál de los dos mundos del
más allá irían las almas. Y
son tan impresionantes y
naturalistas que ningún
observador podía sustraerse
a ellas sin echar de inmedia-
to una mirada temerosa a
su propia vida. Cómo podía
ser ésta, se muestra en un
relieve en Moissac, en el
que el alma de un viejo rico
avaro es atormentada por
los demonios (ilustr. izquier-
da). Pero también existen
imágenes de difuntos que
El alma de un rico es ator-
mentada al morir, Moissac,
antigua iglesia abacial de
San Pedro, atrio de la porta-
da sur, detalle de la pared
oeste. 1120-1 135
El alma de una santa
subiendo al cielo,
Riesenbeck/'l'ecklenburg,
San Calixto, I.ípida de
Reinhilda, hacia 1130/1135
han muerto en estado de
gracia. Así, por ejemplo, en
una lápida funeraria de la
localidad de Elne, en el
Rosellón, se representa el
gisant, el cuerpo a la vez
yaciente y erguido del
difunto, que sube al cielo
acompañado por dos ánge-
les (ilustr. pág. 156 dere-
cha). En ella no se represen-
ta al difunto ni como vivo ni
como muerto. Philippe
Aries observa en él la repre-
sentación de un "bienaven-
turado".
157
El juicio Final:
Cielo, Infierno y Purgatorio
En el med1evo, el miedo a
la muerte era sobre todo
un temor de carácter reli-
gioso que estaba muy
profundamente arraigado.
Como la vida, segun la
doctrina de los dos mun-
dos, continuaría en el más
alla, la muerte no significa-
ba el final de la existencia.
Por esa razón, cada mortal
tenía la agobiante incerti-
dumbre de si moriría en
estado de gracia y si sería
merecedor de la Reden-
ción, o si bien tendría que
asarse a fuego lento en el
Infierno por toda la eterni-
dad. Al final de los tiempos,
es decir, en el día del juicio
Final, se decidiría sobre el
asunto. Ése era el juicio
Final tantas veces narrado
en las esculturas que deco-
ran portadas y fachadas de
las iglesias, sobre ese tím-
pano que, además de las
arquivoltas y los muros que
lo rodean, fue uno de los
grandes inventos del
Románico como superficie
de representación escultóri-
ca. En ellas, en el centro de
la escena del juicio Final,
está siempre el trono de
Dios, el juez supremo del
mundo del Nuevo Testa-
mento, rodeado por una
multitud de bienaventura-
dos y redimidos, mientras
que enfrente de ellos, al
otro lado y representados
con frecuencia de manera
Autun, catedral de San
Lázaro, tímpano de la
portada prinopal: el juicio
rinaL l U0-11-+S
158
extremadamente drástica,
se escenifican los tormentos
que padecen los condena-
dos en el infierno.
Pues según la vis1on que
tuvo San Mateo del juicio
Final, Cristo apartana a las
ovejas a su derecha y a los
cabritos a su izquierda
(Mt 25,33); con gestos que
senalan a sus lados, el juez
Supremo separa el mundo
del más o~llá en el Paraíso a
su derec.ha, y el Infierno a
su izquierda. Con ello que-
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~ion aue no oto ha domi
nado el mundo mE.'diE.'v<JI.
su1o quf ha s 'guido vig ntc
hastd ICJ actualidad marcan-
do nuestr¡¡ cultura. De
hecho, rd 1fin de los
t1ernpo lo que se anuncia-
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D mon1o pre~1de ~u propto
tnbw al111femal
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Sexo y pecado
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Plat€'11as d la catedral de
SanttClgo dE' Compo~te1d,
sosti nE una calavera 1su
regazo Hasta ahora ealifica-
da como una "adultera con
ICI cabezJ desCcJrnadd de su
amantE"', tambiér> se ha
propuesto ver en elld a fvd
ba¡o la forma de la "madre
de la mue te ' por su prota-
gonr~mo n el Pecado
Oriq. , 1 P ro su r pres n
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con el cab~llo la•go y 1 ves-
ttmt'nta a.mspar nte, manr
h td como a ¡,¡ condena
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C.Ior f.Jt l. Los per(qnnos,
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E tre el fT'Iedo y el esp<!nto
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St-Pierre-de-laTour, <.apitl•l
dt:InO 10 l.Oll lllH daJ.,r,¡ ,
pn!H.I!11U d 1'1gl.1 ll
aquellos den1onios la rados
en p1edra apena~ podna
venficdre, pues en la m•s-
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11"S pret ndieron condenar
todo lo sexudl, la scul•ura
alcalizo una hberac•on en
extremo fantastic.a median-
te lcl c.orwmcente represen
t cion del me l.
Sus recursos e t1. stJOS
parece que contnbuyeron
mas J la distensión que a
desterrar un mal que s1n
duda drb•a nldntenersE'
eternamente alejado. La
la'llo~a Eva de Autun da
buen test1momo de ello
Santiago de Compostela,
Catedral, Puerta de las
?1 terías, tnnp.mo .zquwnlc ·
1d adultf'ra u ell'cc.Jdo Ori 1·
11.11 .! dccada cid Sl.!¡l(• XII
(•lustr. pags 160 161 ). Su
ensualidad y dotes s duc
toras so un casen 1a•t
ro"Ylán1c.o. Y, l1qual que 1
erpumte, se ondul c.omo
atr<IV sando el¡ rd n del
E.den. M1 ntr dmg sus
susurros al Ad n 'loy p di-
do, suq.ri r,dole hacer lo
qu< el' ya habta hecho,
dirige su m.,no JLqui ·reJa
llac•a la manza 1a qu le
ofrec.l.' la za pa del seductor
El torz do qiro con au
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dor 1:1ten 1f1c.a notablemen-
te ta preserc1a d su femi-
neia,td Esta Eva const1luye
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  • 1. Imagen y significado la imagen que el hombre medieval tenía del mundo en el que vivía estaba preñada de miedos e inter- pretaciones de todo tipo de fenómenos dándoles significados simbólicos. Ninguna cosa, ningun acontecimiento quedaba reducido a su simple apa- riencia. Todo trascendía de alguna manera al más allá, fuera al de los santos o al de los demonios. En la misma medida en que lo santo podía aparecerse en casi todo lo que era perceptible por los sentidos humanos, también le era posible hacerlo a lo diabólico. Y fre- cuentemente no se hacia fácil distinguir si lo que acaecía a los hombres era obra del Bien o del Mal, pues Dios siempre era libre de adoptar cualquier forma para manifestarse a los hombres. De ahí que los símbolos y referencias siem- pre estuvieran orientados a 156 la forma muy particular con que interpretaba el mundo la sociedad medieval. Como en su comprensión todo estaba entretejido en una trama de similitudes, el hombre del medievo creó numerosos referentes con los que podía vincular los objetos visibles y los fenó- menos naturales con el mundo sobrenatural y con la Verdad suprema. Muerte de un papa en el retrete. Con esta l'Slena escultórica ~e da un ejemrlo de una muerte dcgradada por no haberse prep,;rado, de la que ni t•l Papa quedaba exento. Semw- en-Brion- nais, t.lct.1lle del tímpano de la portada Ol''>IC, igln XII Cortejo de ángele~ en una muerte dichosa, l·.lne, lápida funcrana de la catet.lr.¡l de Santa l.ufalia Abajo: Muerte y entierro de un monje, e u•na t.lE· un manusuito fram:e~ le tina le del siglo XI, rroyc,, Hibl. MunícqMI, . ls ~27:~ Raras veces estos rderentes eran unívocos, pues según las circunstancias de su apa- rición podían transformarse en cualquier momento en otro concepto, adoptar una nueva forma. Pero srempre estaban en primer término las cualidades, que se rela- cionaban unas con otras. Así, por ejemplo, el azul claro del zafiro y el azul claro del cielo despejado se relacionaban entre sí de forma tal que la piedra precios;~ e interpretaba como símbolo del cielo. Ahora bien, este srgnrficado se pod1a ampliar o t.1mbren transformar rqualment . Esa forma de pensar espcc·- ficJmente medieval, que esencralmente se reduCI, u una s1mph.• rela(lon socid- tiva de las formas en que aparecran las cosas, se reflejo en el Phys,ologus ("El conocedor dc l<l natu- raleza"), un manuscrito que era una e pecie de tempra- na encitlopedia sobr (-1 mundo dnimal, tantds veces representado en el arte románrco En una formd alegorrca ingenua se aso· cian las cualidades d los anrmal s con e¡emplos dE' formas de vrda crrslranas o incluso con e1 propro C.risto. SupuestamentE escrito en torno al año 200 d C., t:>l Phyúoloqus fue ampl1ado y revisado und y otra vez y es hasta hoy una de Id fuen- tes más rmpo<tantes para entender el mundo d( l1s imagwe~ medievales.
  • 2. La muerte y sus miedos Riguroso y tem1ble era, sin duda, lo que el creyente rned1eval ve1a cuando se dicoor11.1 a entrar en la casa de DIOS' antE: SUS OJOS esta- ba lo que apenas se podía lrnJqmar, E! f1n del mundo. De~d ~ tiempos remotos srgu:a v1va la amenaza de un D1os vengador reflejada en el Ant1guo Testamento. De ahí que los hombres e~tL1v1eran dornmados por u!1 profundo temor a una muert!;; súbita sin t1empo para hacer el acto de contri- cien y CJicanzar f'l perdón de sus pecados. As1, mcluso un papa podía ser sorprendido por la muerte en el lugar más despreciable -sentado en la letrina· ; mientras su alma con forma de niño le es arrancada de la boca por tres diablos cornudos para llevársela a los infiernos, su trono popal queda detrás desierto (ilustr. pág. 156 IZquierda). En una epoca con tasas de mortandad infantil enorme- mente elevadas, debido sobre todo a las numerosas enfermedades y epidem1as, y con una esperanza de v1da promedio de apenas 35 años, la muerte era un poderoso y omnipresente acompañante de la vida. Así, a los hombres de la Edad Medía no les quedaba más remedio que conside- rar toda su vida desde la perspectiva de la muerte. Y cómo podía terminar una vida sin penitencia estaba descrito de forma asaz drás- tica en las muchas escenas del juicio Final que decora- ban las portadas de las nue- vas iglesias. Especialmente all1 donde las representacio- nes de los tormentos del Infierno ocupaban grandes espacios, por ejemplo en Autun o en Conques-en- Rouergue, ante las personas que todavía no estaban acostumbradas a enfrentar- se con ese nuevo estilo de imágenes surgía un escena- rio amenazador que apenas era posible soportar: en las balanzas del juicio Final, tras pesarlas, se decidiría a cuál de los dos mundos del más allá irían las almas. Y son tan impresionantes y naturalistas que ningún observador podía sustraerse a ellas sin echar de inmedia- to una mirada temerosa a su propia vida. Cómo podía ser ésta, se muestra en un relieve en Moissac, en el que el alma de un viejo rico avaro es atormentada por los demonios (ilustr. izquier- da). Pero también existen imágenes de difuntos que El alma de un rico es ator- mentada al morir, Moissac, antigua iglesia abacial de San Pedro, atrio de la porta- da sur, detalle de la pared oeste. 1120-1 135 El alma de una santa subiendo al cielo, Riesenbeck/'l'ecklenburg, San Calixto, I.ípida de Reinhilda, hacia 1130/1135 han muerto en estado de gracia. Así, por ejemplo, en una lápida funeraria de la localidad de Elne, en el Rosellón, se representa el gisant, el cuerpo a la vez yaciente y erguido del difunto, que sube al cielo acompañado por dos ánge- les (ilustr. pág. 156 dere- cha). En ella no se represen- ta al difunto ni como vivo ni como muerto. Philippe Aries observa en él la repre- sentación de un "bienaven- turado". 157
  • 3. El juicio Final: Cielo, Infierno y Purgatorio En el med1evo, el miedo a la muerte era sobre todo un temor de carácter reli- gioso que estaba muy profundamente arraigado. Como la vida, segun la doctrina de los dos mun- dos, continuaría en el más alla, la muerte no significa- ba el final de la existencia. Por esa razón, cada mortal tenía la agobiante incerti- dumbre de si moriría en estado de gracia y si sería merecedor de la Reden- ción, o si bien tendría que asarse a fuego lento en el Infierno por toda la eterni- dad. Al final de los tiempos, es decir, en el día del juicio Final, se decidiría sobre el asunto. Ése era el juicio Final tantas veces narrado en las esculturas que deco- ran portadas y fachadas de las iglesias, sobre ese tím- pano que, además de las arquivoltas y los muros que lo rodean, fue uno de los grandes inventos del Románico como superficie de representación escultóri- ca. En ellas, en el centro de la escena del juicio Final, está siempre el trono de Dios, el juez supremo del mundo del Nuevo Testa- mento, rodeado por una multitud de bienaventura- dos y redimidos, mientras que enfrente de ellos, al otro lado y representados con frecuencia de manera Autun, catedral de San Lázaro, tímpano de la portada prinopal: el juicio rinaL l U0-11-+S 158 extremadamente drástica, se escenifican los tormentos que padecen los condena- dos en el infierno. Pues según la vis1on que tuvo San Mateo del juicio Final, Cristo apartana a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda (Mt 25,33); con gestos que senalan a sus lados, el juez Supremo separa el mundo del más o~llá en el Paraíso a su derec.ha, y el Infierno a su izquierda. Con ello que- daba hecha tdmbi ., una división de este mundo entre el b1en y el mal, diVI- ~ion aue no oto ha domi nado el mundo mE.'diE.'v<JI. su1o quf ha s 'guido vig ntc hastd ICJ actualidad marcan- do nuestr¡¡ cultura. De hecho, rd 1fin de los t1ernpo lo que se anuncia- ba en los t1mpanos con es
  • 4. Pn 1qu ya no er· fK'Stbl retrot der ni urr pentm . !' ro, como n Congu, -en Rouergu~, tampoco la repr nl ctón 1 , lnfoo•rno dE'Jd lu1Jar ,1 e p <.uldu n 1lguna pu• df 1•.~ pu rtc1 dei Av me som,m las f.1u- cr>s b Prtd~ d 11t!vlcJtar¡, que engulle v •c11mente a lo condenc~dc> Detrás, el D mon1o pre~1de ~u propto tnbw al111femal M1 ·ntras ll crPenn,, popu· lc~r ya c.onodct el Purgatorio d sde rnvy dirás, tl c.on cepc.lón teologica apenas ~e fonnul<l en los siglo XII y XIII Se con 1bio un "tPr Cf-r luq r" (Lutero) entre el 1 lo y t 1nfierno. n 1que w 1ma 11naba a lo~ pecc~do· res expu('sto a un fuego purtflc.ddor; •ba c1sooado d 1 esp •r mzll d quE' no 1 1cf S habf~ dE 1d1rl0 futuro entrP el momento de la rnuert y t'l ju1cio ~Jn<ll n 1 que aun pod1an cnmend, rse. Y ·e !l~·m¡ o d pn~t.:bd pod1an 1c ort rfo 1 S VIV 1S C(ill SUS Ofi!(IOrleS y .os santo ~ton anl D1 As1 pu s, en 1Purgatorto, como en la li , r 1, no E' i.!lna s1n espe- runza, pUI::s 1empre er pOSibl j, salVciCIOn. wb.t· utun, <.tlL•dr.tl dl' .tn 1.tL.tro, JHJrt.ld 1 prmu p l tJlllp.tr1 : jwc1ü (¡na/. Ju 1/ma on 1uprmdn 11 ~~ 114 rd Jlll'l 159
  • 5. Sexo y pecado La demonización de lo carnal En u:1a r-poc<~ d rechazo moral}' r liqrO>O a tod•l lo corporal y a ~u expre~ro! artrstica, a los e~cultore del Románico SP les concedro sorprendenlf:ment' murha 1bertJd vespaov parct rerresentar la~ formc~s stultorrca~ del hombre desnudo Y pr Ci~tlmentc ese desprecro por 1cuerpo !es hrzo desarrollar un arte ambiv rle11tc que Jdemas lo escenr'icaron rn luq.ue' muy destac<Jdos de la a''4UI· tecturc.~. Es famosd la Lu¡urra de Morssac. que en un 11nprrsionante modrlado nQs muestra ~u desnudez femenr 1a. Su sen•·r. li lad, 162 acentuada por el caoel o lrrqo y ond·J rdo," ce d" ella rl paradigm, dP Id lu, n.1, dunque es d asrd del brdZo p r un de m{"'' o ton una Cclr ta: ¡ ssu q, •,m o mas brPn ~E;• el qLI la ca,tr· que? Hdcr ndo refE:, enea a ese dr~prHro, lds ~erprE'I1 t s, 1 cl rcp• sr ntacioP omnr pr ~entE- del mal, 1 'ln mordrdo su) pecho~ Inclu- so en su ..rctual estado de dd rioro debrdo a la mte rn pene, estas 1máqen s ~rq.rel' exhibiendo Jquel dram..rtismo amenazador con el que se mostrab,m al hombre medieval ~¡los órganos genrta E:s llegan a aparee( r inclu o en las .rqu ra~. ~·J de,.noniz, eron pare- ce en extr mo tosca, rdya r en la deformdc: m grotescd. fn Jo< <dn€Cillo~ de Id rqlr~ra di' ').m Martm, Ul la loe ali da·l pi:lnr.:a d Frómbt,r dp.!rec n t-ombrE , y mu¡e rb ton lo; e:,, ')a ·os Qf.· :ta- l ~ a Id v td ponrPndo (., vrdPnc id lo qu €" l e nd na 1 • E. extra lrdrr,clria y tod<J u. l mcoqr1rta parJ llUP~ ro r-_t ndrm1 nto c1qu ,',¡ nu er 1 os•• ndo Id vulv1 n la io<aild u rnq' ~a U( Krl¡rec. , •Jbra que se lOilS!df·,¡¡.,sp rJdc~ !"n los er"'mpru ~ ~pdnnle; del gemro. E~J frg-. ;¡ grotesc:c1 y rnuy .reo' t..rdd de ,nedid- do~ dE:'! ~iq't'l XII parece mJs dE'monraca qu f nenina. on los bra..os cru ·a lo~ bdjO las pr rllGI , Er Sf.na la vu'vd abr rt, ton 'U~ m,.nos Aunq•Je s·as rcprc- s ntacro, s st> remon•an hdsta la E:d,ld de Predrd, su dl'nomr11Jc ron "~hl'ei 1 na grq" quiere dnir alqo .!Sr comtJ "leo rc·.no El peca- de/'. E.r la huopa roma1 ea, rna~ pJrecen ref cj..r las ob>e ;ion s d la t")JO< a y no solo de 1115 monje;, pues la vu:va se !1SOC ,Jb..r con el miedo d ser dEvorados por bE tr 1s y dEmonios. Y preci- SJrnente la entrada , la cueva dellnfrerno eran las fdLKCs clel demonto, srem· pre t~socradJs con l.:t "bo~a de la vulvcl" Co. e-1 pavor a un mundo tt:rrrb e y, c.or!'o te1on de lzqtw'rda Moissac. antigua iglesi abacial de San Pedro, p.utct du atr•o del portdl <ur. dttal' l' ~>ur~ •nto la LU:L·T- J, 112U·I, ~'i I'Iba dt:l ha. Fromlsta, San Martrn, · p:tl.'i hombre U'' lll . h' 1· 11t~R/QO rrl>.r· Kilpcck St. M ry, <.••p1t t ··'ir· m((i.ad rag 1óO 1ó 1 Antun, cate- dral di:' 'ian Lazaro, 1 ,, dmtd d• lllld ntrgt•J n h.:TIJ r,ortc dd ·~"'' ptu, ¡, 11 O, utur., f.J co t • n
  • 6. fondo, la certidumbre de cual ra Ja ab rtura por la qu s venra a mundo, se q nefe~lizó el rmedo ha~ta tdl gr<~do que e considero co:no d moniaco todo lo rPI C.IOilddo con el ~exo Y e< no IJ vulva era le~ cúspt- dP del d ~eo maw..:ino, p ro som ttda a1" autono m1a fE'rr"n:,,, s ; .puso un profw do miedo a la vul- va, que se refl •o en las lma- g nes d ere~ devorados E~ am naza cast arquetlpl- ca trae •u'lados tambten a)p c.tos '1lorales o rel<lcio- nados con la muerte. Así, hd ta nu ~tros dtt~s ha pe-rman cido incierta la interprelacion de la 1mag n de aqueiiJ mu¡er que, en el t•mpa'lo de la Pul'rta de las Plat€'11as d la catedral de SanttClgo dE' Compo~te1d, sosti nE una calavera 1su regazo Hasta ahora ealifica- da como una "adultera con ICI cabezJ desCcJrnadd de su amantE"', tambiér> se ha propuesto ver en elld a fvd ba¡o la forma de la "madre de la mue te ' por su prota- gonr~mo n el Pecado Oriq. , 1 P ro su r pres n tacón corporal y s"n ua•, con el cab~llo la•go y 1 ves- ttmt'nta a.mspar nte, manr h td como a ¡,¡ condena d 1ma podta tamb •n em nar su fuerLil de atrac- C.Ior f.Jt l. Los per(qnnos, obl1gados sin cxcepnón a en1r ntdrs~ a su tm.Jqen, ten an qu sent~rs agitado E tre el fT'Iedo y el esp<!nto No obstante, el efecto de la mt ncic; apotropaKa de Aulnay-de-Salntognc, antigua colegiata de St-Pierre-de-laTour, <.apitl•l dt:InO 10 l.Oll lllH daJ.,r,¡ , pn!H.I!11U d 1'1gl.1 ll aquellos den1onios la rados en p1edra apena~ podna venficdre, pues en la m•s- ma medida qu le~s rrJ9e- 11"S pret ndieron condenar todo lo sexudl, la scul•ura alcalizo una hberac•on en extremo fantastic.a median- te lcl c.orwmcente represen t cion del me l. Sus recursos e t1. stJOS parece que contnbuyeron mas J la distensión que a desterrar un mal que s1n duda drb•a nldntenersE' eternamente alejado. La la'llo~a Eva de Autun da buen test1momo de ello Santiago de Compostela, Catedral, Puerta de las ?1 terías, tnnp.mo .zquwnlc · 1d adultf'ra u ell'cc.Jdo Ori 1· 11.11 .! dccada cid Sl.!¡l(• XII (•lustr. pags 160 161 ). Su ensualidad y dotes s duc toras so un casen 1a•t ro"Ylán1c.o. Y, l1qual que 1 erpumte, se ondul c.omo atr<IV sando el¡ rd n del E.den. M1 ntr dmg sus susurros al Ad n 'loy p di- do, suq.ri r,dole hacer lo qu< el' ya habta hecho, dirige su m.,no JLqui ·reJa llac•a la manza 1a qu le ofrec.l.' la za pa del seductor El torz do qiro con au muestra su tórax al obs rva- dor 1:1ten 1f1c.a notablemen- te ta preserc1a d su femi- neia,td Esta Eva const1luye el cl1max de una epoca del arte europeo 1, n, de fanta- Sia, en la que la e wltura fue> dotJdJ c..on un lenguaJe d vibrc~nte expr sividad porunosartUasqued nmguna t'llJnera quedaron sum1dos en el .mo•umato. 163