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La vida antes de la vida - Helen Wambach

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La vida antes de la vida - Helen Wambach

  1. 1. lAY VIDA ANTES DE NACER? H^EI Una destacada psicóloga explora, con asombroso detalle, las experiencias de ,^M personas que. hipnotizadas, revivieron extr^^dinarios momentos vividos días y meses antes de su aparición en el mundo por el nacimiento.
  2. 2. Digitized by the Internet Archive in2010 http://www.archive.org/details/vidaantesdelavidOOwamb
  3. 3. VT ^ Y (^^
  4. 4. |EDAF MADRID
  5. 5. HELEN WAMBACH Doctora en Psicología VIDA ANTES DE LA VIDA NUEVOS TEMAS
  6. 6. Título del original inglés: LIFE BEFORE LIFE Traducción de: ANA M.* AZNAR Copyright © 1979 by Helen Wambach. © Para la lengua española, Hditorial H{)AF. S A Jorge Juan, 30. Madrid, 1985. Publicado por acuerdo con BANTAM BOOKS INC. — New York, N. Y. U.S. A. Reservados todos los derechos. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida en cualquier forma o por cualquier medio, elec- trónico o mecánico, incluyendo fotocopiadora, grabadoras sono- ras, etcétera, sin el permiso escrito del Editor. ISBN: 84-7168-639-1 Depósito legal: M. 40.152-1991 Printed in Spain Impreso en España Gráficas Rogar, S. A. - León, 44 - PoL Ind. Cobo Calleja - Fuenlabrada (Madrid)
  7. 7. índice Págs. Sobre la autora 9 Introducción: Por qué emprendí esta investigación 15 1 . Cómo realicé la investigación 21 2 Mi grupo de Chicago refiere sus experiencias 35 3. La elección de volver a vivir 49 4. La elección del siglo XX y del propio sexo 69 5. ¿Por qué estamos en la Tierra? ¿Hemos conocido a nuestra familia y amigos en otras vidas? 83 6. ¿Cuándo entra el alma en el feto? ¿Es consciente el alma del niño de los sentimientos de la madre? 99 7. El paso decisivo: el nacimiento 119 v^. Niños adoptados, nacimientos prematuros, cesáreas. .2) 145 9. «¡Fue una experiencia extraña!», refieren mis sujetos 163 10. El hallazgo de la verdad a través de las charlas por toda América 179
  8. 8. SOBRE LA AUTORA La doctora Helen Wambach es una psicóloga que se está convirtien- do rápidamente en una de las mujeres sobre las que más se escribe y se habla en América. Su libro, Recalling Past Uves: The Evidence From Hypnosis, ha aparecido recientemente, publicándose artículos de crítica sobre su trabajo en publicaciones tan dispares como Human Behavior, Time, California Living, Oui, Village Voice y Star. Su artículo «La vida antes de la Vida» (que sirve de base al libro) se publicó en el Psychic Magazine (febrero de 1977) y provocó una avalancha de cartas y llama- das telefónicas de personas de todo el país que opinaban que sus inves- tigaciones eran interesantísimas y muy significativas.
  9. 9. ¿QUE LE OCURRIÓ? «La primera inhalación de aire fue maravillosa.» «Percibí la felicidad y el alivio de los demás en la sala de partos.» «Me daba cuenta de que mi madre tenía miedo de la experiencia del parto.» «El sentimiento que me embargó fue el de encontrar- me muy solo. No veía a nadie.»
  10. 10. VIDA ANTES DE LA VIDA
  11. 11. INTRODUCCIÓN POR QUE emprendí ESTA INVESTIGACIÓN Al extenderse el rumor de mi investigación, se me preguntó por qué la había emprendido. «¿Qué es lo que le hizo interesarse por este trabajo?» Comentó el pe- riodista que la mayoría de los psicólogos se mantenían dentro de los seguros límites de la ciencia, sin aventurarse por las desconocidas arenas movedizas de lo oculto. ¿Por qué, entonces, había empezado a hacer aquellas extrañas preguntas: «¿Elige usted nacer?» y «¿Conocía usted a su futura madre de una vida anterior?» Siempre me ha parecido una pregunta difícil de responder. Suelo des- viar la cuestión bromeando y diciendo que después de doce años de en- señar psicología preliminar a estudiantes de primer año de universidad, estaba aburrida. «Si le parece que es aburrido estudiar psicología 101, ¡imagínese lo que será enseñarla año tras año!» Y es cierto. Nunca he creído que la modificación del comportamiento o la teoría del aprendiza- je aportaran nada nuevo al estudio del comportamiento humano. En cuanto recibí el cheque en pago a lo que había hecho, me pareció que aquello era una demostración adecuada de la teoría de que recompen-
  12. 12. 16 VIDA ANTES DELA VIDA sas y castigos alteran la conducta. Más allá de esta comprobación, poco me interesaban los trabajos que sobre el tema habían elaborado Skinner y sus colaboradores. Me había hecho psicóloga porque me parecía que era una forma de llegar a la gente y de conocer cómo trabajaba la mente humana. Me di cuenta de que la investigación psicológica no me informaba de cómo pensaba la gente ni de cómo reaccionaba, tanto como me había ense- ñado la psicoterapia con pacientes. Por esa razón dejé de lado la investi- gación, por considerar que eso era propio de gentes de bata blanca que se encargaban de elaborar teorías cada vez menos interesantes. Los sujetos de la investigación eran ratas blancas o estudiantes de segundo año, que era lo que más a mano tenían los investigadores. Yo ya sabía todo lo que quería saber sobre ratas blancas y estudiantes de segundo año. Cuando empecé a trabajar con pacientes en psicoterapia, me fui entusiasmando por la forma tan fascinante que tienen los seres huma- nos de enfrentarse con sus problemas. Partí de la idea del «doctor» observando a sus «pacientes», pero no tardé en darme cuenta de que aquello era una mera idea social que poco tenía que ver con lo que real- mente ocurría en la sala de consultas cuando alguien acudía a mí con la esperanza de resolver algún problema humano. De todos los casos de psicoterapia que he visto en veinte años de terapias, jamás he encontrado a dos personas iguales. Nunca he dado con una explicación aplicable a más de un caso. La maravillosa unicidad de la gente y de las formas complejas con que tratan de enfrentarse al mundo que les rodea, siguió fascinándome. Las teorías psicológicas al uso me parecían cada vez menos válidas y más superficiales. Quería ahondar y llegar a explorar aspectos de la personalidad que yo sabía existían: la dimensión espiritual del hombre. Pero mi interés no era meramente profesional. Yo también soy un ser humano, y he vivido durante cincuenta y tres años en el tumultuoso siglo veinte. Todas las corrientes de nuestros tiempos —las dunas cam- biantes de las alineaciones nacionales e internacionales, las novedades y caprichos de la cultura americana, los restos comunes que nos impone una sociedad tecnológica en rápido cambio— son cosas que he com-
  13. 13. INTRODUCCIÓN 17 partido con cada cual en América. La vida me ocurría a mí, y no sólo a mis «pacientes». Y al fluir a través mío la vida del siglo veinte, y al fluir yo con las corrientes culturales de mi tiempo y lugar, se me planteaban insistentemente ciertas preguntas. ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es la finalidad de todas las emociones, luchas y padecimientos de nuestra época? Recuerdo cuando mi madre, octogenaria y senil, salió de su dulce ne- blina de desorientación y preguntó, con los ojos brillantes de miedo: «Voy a morir, ¿verdad? ¡Ayúdame!» Como el lector de este libro, he tenido que enfrentarme con la rueda de la vida y con la inevitable muerte de los seres queridos. La vida de mi madre me parecía haberse abierto como una flor en su infancia, y ahora que tenía ochenta años y se dispo- nía a dejar este mundo, su mente y su espíritu se estaban cerrando des- pacio, como una flor al declinar el día. Su mente desvariaba y confundía a sus nietos con sus compañeros de juegos infantiles. Su vida volvía a cerrarse sobre sí misma y revivía experiencias del comienzo de sus ochenta años de existencia. Pero a través de esa dulce bruma que la lle- vaba a la muerte y más allá de ella, en aquel preciso momento, su mente cobró vivacidad y aterrorizada lucidez. Sabía- que se estaba muriendo y se hallaba asustada. Había llevado una existencia agradable, segura entre los algodones de la clase media americana. Había recibido una educación metodista y aceptado la teología de su época con indudable sumisión. Había inter- pretado a su manera que la doctrina cristiana significaba que siempre hay que ser amable con los demás, ir a la iglesia el domingo y confiar en la autoridad del ministro y en su experta interpretación de la Biblia. Pero cuando el momento de la plena conciencia de la mortalidad se abrió paso por la neblina de su mente, sintió que aquello no era suficiente. ¿Qué le esperaba después de la muerte? Poco podía hacer yo por tranquilizar a mi madre. Me pidió que leyera la Biblia, y así lo hice. Seleccioné los párrafos que insistían en la inmor- talidad del espíritu, pero no creo que llegase a oírme. Su huesuda mano de anciana agarró con fuerza la mía cuando leí las palabras de la Biblia, pero sus ojos volvieron a sus visiones y se sumió en sus nebulosos pen- samientos. Cuatro semanas después cayó en coma y dejó esta vida ofi-
  14. 14. 1 8 VIDA ANTES DELA VIDA cialmente unos tres días después de pronunciar sus últimas palabras. Había pasado dulcemente a lo que ella temía fuera la muerte del alma. Pero ¿qué es la muerte? Y si hemos de morir, ¿por qué hemos naci- do? Puede parecer presuntuoso por mi parte tratar de responder a unas preguntas que han desconcertado a los filósofos a lo largo de toda la historia. Pero otras preguntas ocupaban mi mente y dirigen ahora mi in- vestigación. El mundo de mi madre era seguro y ordenado. Nacida en 1894, había aceptado todas las invenciones tecnológicas de su época como adelan- tos exorbitantes. No encontraba discrepancias entre disfrutar de auto- móviles, radio, televisión, aviones, y las plácidas certidumbres de su infancia protestante de caballo y calesa. El progreso avanzaría de la mano de la alfabetización y de la ilustración y todos caminaríamos hacia un mundo mejor y nos haríamos cada vez más ricos. Vivía el sueño ame- ricano sin dudas ni vacilaciones. Pero yo pertenecía a otra generación. Nací en 1925 y recuerdo el es- panto que la Gran Depresión pintó en los rostros de los hombres por todas las esquinas. Aunque yo crecí en un ambiente agradable, me en- contraba en el Midwest donde la cruda realidad de la Revolución Indus- trial extendió su mortaja por los verdes campos. En mi juventud habría de ver que la tecnología conllevaba la fealdad, la división entre los hombres, y profundos cambios en la forma de entender el mundo. El alejarnos de la tierra y conquistar el espacio nos había dado el poder de los dioses de volar por el cielo, de hacer llover la muerte y la destrucción sobre extensas áreas con nuestras bombas y armas. Nos habíamos con- vertido sin duda en dioses del trueno, en dioses de milagros, capaces de desplazar montañas con sus bulldozers. Mas cuando desplazamos esas montañas dejamos las cicatrices de las minas a cielo abierto. Cuando hicimos llover truenos desde el cielo como los antiguos dioses de los volcanes, despedazamos cuerpos humanos y perdimos la inocencia. La Segunda Guerra Mundial demostró que no era a los dioses a quienes había que aplacar, sino algo dentro del corazón del hombre que le permite destruir con salvaje intensidad y en gran escala a los de su misma especie que le han ofendido. En la guerra del simple campesino o del hombre tribal, la doctrina del
  15. 15. INTRODUCCIÓN 19 ojo por ojo y diente por diente se basaba en combates semejantes entre animales por la hegemonía territorial o por un puesto en el orden de picoteo. Mas cuando nosotros los humanos nos convertimos en dioses y utilizamos el poder tecnológico de la bomba atómica, el antiguo ojo por ojo tribal se nos antojó demasiado horrible. Todo el que haya vivido el siglo veinte y haya sobrevivido hasta 1978 es consciente de que el hombre ha aportado algo nuevo a su mundo al salir de los confines de su aldea y acabar con la limitación de los viajes a la distancia que pudiera cubrir a pie. Los dioses tribales y una compren- sión del universo basada en la simplista noción de un grupo que tuviera más razón que otro son lujos que no podemos permitirnos ahora que nos hemos convertido en dioses. Se nos impone una concepción de nuestro lugar en el universo y la verdadera naturaleza de nuestro ser. Porque, a menos que mejoremos, a menos que alcancemos esa porción de nuestra conciencia que va más allá de las simples limitaciones del animal humano, tendremos, o bien que retornar al entorno primitivo destruyendo este mundo tecnológico, o terminar nuestra historia como especie haciendo inhabitable este mundo. Esta sed de un más profundo conocimiento está muy extendida en nuestra cultura. Algunos tratan de volver a las certidumbres de las anti- guas religiones tribales, aceptando sin vacilar doctrinas abandonadas hace miles de años. Tienen !a esperanza de que, al retornar a una ino- cencia más temprana y a una más temprana dependencia de los miste- rios de un dios incognoscible, podremos salvarnos de las consecuencias de nuestros propios actos. Otros han visto que no hay retorno posible. Nos hemos convertido en criaturas razonantes que utilizan el cerebro para entender el universo físico, y una vez que lo han entendido, para cambiar ese universo físico. Nos convertimos en dioses por los mila- gros que podíamos realizar en la tierra. Pero ahora hemos de convertir- nos en dioses por el profundo conocimiento de quiénes somos, de dónde venimos y cuál ha de ser nuestro propósito. Y esto, querido lector, es lo que me hizo emprender tan desusada tarea investigadora. Yo no tenía las respuestas, aunque sí me daba cuenta, como se dan muchos en nuestra cultura, de los mundos de con- ciencia que subyacen bajo nuestra apariencia física. Soy psicóloga, y sé
  16. 16. 20 VIDA ANTES DELA VIDA que hay profundidades de la mente que han permanecido inexploradas en la mayoría de nosotros en nuestras relaciones cotidianas. Quería llegar a esa porción del cerebro de muchas personas y sacar a la luz lo que encerraba, que nadie había reconocido ni referido. Sabía que la hip- nosis era un medio de trasladarse a la mente subconsciente, a áreas de conciencia normalmente fuera de nuestra percepción. ¿Qué respuestas se guardaban allí? Y de este modo comencé mi exploración.
  17. 17. 1 COMO REALICE LA INVESTIGACIÓN La nieve tenía un metro de alto fuera del motel de Chicago en el que cincuenta y cuatro personas se hallaban tumbadas cuan largas eran sobre mantas y almohadones en el salón de banquetes en penumbra. La gran ventisca que se había abatido sobre Chicago en enero de 1978 im- pidió a muchos llegar puntuales a nuestra primera cita para una sesión de hipnotismo; pero al fin estaban todos reunidos y ahora yacían en el suelo esperando desentrañar la razón de haber nacido. Cuando se apagaron las luces por completo y la habitación quedó a oscuras, todo estaba tan en silencio que se podía oír el zumbido de la maquinaria que hacía de nuestra habitación una tibia caverna frente a los montones de nieve que se veían por las ventanas. Cada uno de mis cincuenta y cuatro sujetos había realizado ya dos viajes hipnóticos a vidas pasadas en las tres horas anteriores, y yo sabía que el 90 por 100 de ellos estaban recordando una vida pasada respondiendo a mis ins- trucciones hipnóticas. Pero mientras contemplaba sentada en mi silla aquel mar de cuerpos, me sentí una vez más perpleja ante ese extraño fenómeno. Personas que nunca antes habían sido hipnotizadas, perso-
  18. 18. 22 yIDA ANTES DÉLA VIDA ñas que tenían distintas creencias acerca de la reencarnación, personas que habían recorrido hasta doscientas millas para someterse a esa expe- riencia, estaban allí esperando en silencio a que mi voz les llevara a reali- zar el viaje más interesante de todos: un viaje al origen de su persona- lidad. Empecé la inducción hipnótica al «viaje al nacimiento» igual que lo había hecho más de cuatrocientas veces. Las palabras corrían por mi mente como un carrete de cinta magnética; había aprendido a mantener mis pensamientos alejados de lo que decía mi voz, y oí mi propia voz que venía de lejos. Sabía que me encontraba en un estado de concien- cia alterado mientras dirigía aquellas sesiones. «Tienen ustedes los ojos cerrados y se sienten a gusto con los ojos cerrados. Se relajan los músculos de la cara. Ese relajamiento baja ahora de los músculos faciales a los músculos de la mandíbula, y cuando éstos se relajan, la lengua cae a la base de la boca.» Al oír mi voz decir aquellas palabras familiares volví a maravillarme del fenómeno de que cuando se relajan los músculos de la mandíbula el pensamiento de la gente parece centrarse en mi voz. Cuando se relajan los músculos de la mandíbula, se relaja la caja de la voz. Al relajarse los centros del habla, mis sujetos se desplazan de los centros del habla del cerebro —el lóbulo temporal del lado izquierdo del cerebro— a otras áreas de enfoque. Se estaban desplazando hacia la derecha de su cere- bro, hacia el lugar donde parece ser que se originan los sueños, los comportamientos artísticos y la intuición científica. Experimenté un sen- timiento agradable, por el que me dejé arrastrar, cuando oí mi voz pro- seguir con la relajación. «El relajamiento va bajando ahora de los músculos de la mandíbula a los músculos del cuello, a los músculos de los hombros; sigue por los brazos a los codos, baja por las muñecas, por las manos, por los dedos. Profunda y tranquilamente relajados.» Sentí cómo mis brazos caían relajados a los brazos del sillón, confor- me seguía mis propias instrucciones. «La relajación desciende ahora de los hombros por el dorso hasta la cintura, y la respiración se hace fácil y regular.» Un familiar sentimiento de relajamiento me recorrió cuando cambió
  19. 19. COMO REAL/CELA INVESTIGACIÓN 23 mi respiración siguiendo las instrucciones. Descendió el tono de mi voz, haciéndose más profunda y más lenta, y sus tonos se acomodaron a la respiración más profunda y más lenta que les sugería a mis sujetos. «La relajación baja de la cintura a las caderas, por los muslos hasta las rodillas, hasta los pies, hasta la punta de los dedos. Voy a contar hasta diez, y el estado de relajamiento irá aumentando.» Al llegar este momento de mi inducción hipnótica, me encontré enviando mentalmente tranquilizadores pensamientos a mis sujetos al tiempo que hablaba. Me sentía incómoda si se me olvidaba enviar pen- samientos de bienestar a todos ellos cuando les llevaba a adentrarse profundamente en sus propios recuerdos. A veces, al llegar a este punto de inducción hipnótica, sentía que alguien en algún rincón de la sala experimentaba dificultades. No podía precisar de qué se trataba exactamente, porque cuando experimento comunicación telepática procedente de otros nunca estoy segura del todo. Como la mayoría de nosotros necesitó alguna prueba objetiva antes de aceptar la telepatía como un hecho. Y sin embargo, sentía que en el rincón de la derecha alguien sentía ansiedad. Envié a aquella persona un pensamiento de que todo iría bien y de que podía confiar en mí. Mi voz siguió zumbando. «Uno, más y más profundo; dos, más y más relajados; tres; cuatro; cinco; seis; siete; ocho; nueve; diez.» Escuché una tosecilla en el extremo derecho de la habitación y me pregunté si era el sujeto de quien había recibido antes el mensaje telepá- tico. Oí decir a mi voz: «Toda intranquilidad desaparecerá de su con- ciencia. Todos sus músculos están relajados». Cesó la tosecilla. Con- tinué: «Sus cuerpos se hallan ahora profundamente relajados, pero sus mentes están desusadamente alertas y tienen fácil acceso a sus recuer- dos. Quiero que retrocedan en su memoria y encuentren una foto de us- tedes tomada cuando tenían entre trece y dieciocho años. Céntrense en esa foto. »Ahora miren detenidamente lo que llevaban puesto. Ahora retroce- derán en el tiempo. Ahora llevan ustedes puestas esas mismas ropas. ¿Les gusta cómo van vestidos? ¿Cómo se sienten sus cuerpos?» Una fotografía se me apareció en la mente mientras decía aquellas
  20. 20. 24 VIDA ANTES DELA VIDA palabras. Me vi a mí misma cuarenta años antes, con un vestido de cru- jiente sirsaca. Vi el cuerpo juvenil de entonces enterrado con el paso de tantos años bajo numerosas experiencias y cambios. Mas ahora aquel recuerdo estaba vivo dentro de mí y podía sentir aquel vestido sobre mi cuerpo. Oí que mi voz proseguía: «¿Qué zapatos llevan con ese traje?» En mi mente apareció un par de escarpines desgastados pero muy cómodos. Sonreí al pensar en la can- tidad de zapatos diferentes que veían y recordaban mis cincuenta y cuatro sujetos que allí estaban tumbados en el suelo. Me pregunté cuántos de esos trajes que ahora se recordaban habían permanecido en el olvido durante todos aquellos años. Incluso me dio tiempo a pregun- tarme qué le habría ocurrido a la tela de todos esos trajes y vestidos. Se refugiaban allá lejos en el pasado, y se materializaban misteriosamente cuando queríamos utilizarlos, y luego pasaban a tiendas de compraven- ta y terminaban muriendo como trapos o en roperos de caridad. Me dio tiempo de recordar lo que uno de mis sujetos había escrito unas sema- nas antes en las hojas de datos sobre experiencias del nacimiento: «Sólo puedo ver mi rostro en la fotografía, pero de pronto me encontré llevando el vestido que tenía puesto cuando me hicieron la foto. Todo estaba claramente representado en mi mente. ¡Desde luego no entiendo ese fenómeno de recordar bajo hipnosis, pero es realmente intere- sante!» «Ahora quiero que retrocedan en su memoria y encuentren un retra- to de ustedes tomado cuando tenían entre seis y doce años. Miren aten- tamente la fotografía. ¿Dónde estaban cuando se la hicieron? Irán recor- dando más y más detalles del lugar donde les tomaron la fotografía.» Mientras mi voz decía aquellas palabras, me vi en casa de mi abuela, en lowa. Vi el viejo garaje y el jardín donde tomaron la fotografía. ¿Cuántos jardines, cuántas casas se estarían recordando en aquel ins- tante entre los cincuenta y cinco que estábamos en la sala? «Ahora están en cuarto curso; sentados en una sillita de cuarto curso. ¿Están las ventanas a la derecha o a la izquierda? La maestra se halla en la parte frontal de la clase. Quieren hacerle una pregunta y en- tonces recuerdan su nombre.» Mi maestra era la señorita Forsberg; no se me había vuelto a pasar
  21. 21. COMO REALÍCELA INVESTIGACIÓN 25 por la imaginación desde hacía treinta y cinco años. ¿Estarían también los demás viendo a sus maestras de cuarto grado tanto tiempo olvi- dadas? «Ahora quiero que retrocedan en sus recuerdos y encuentren una fotografía de ustedes tomada cuando tenían entre uno y cinco años. Miren a los ojos a ese niño que fueron ustedes. ¿Recuerdan haber estado en ese cuerpecito tan pequeño? Ahora tienen tres años. Están en una bañera. Bajen la vista y mírense los muslos, las rodillas, las piernas, los tobillos, los pies, los dedos. ¿Cómo se sienten en ese cuerpecito? Tomen plena conciencia de su cuerpo. Tienen tres años.» Numerosos sujetos escribieron luego que aquella parte del viaje les resultó muy agradable, y que se habían sentido salpicando alegremente en la bañera. Mi propia respuesta a esas instrucciones fue un sentimien- to de sorpresa al notar lo activo y ligero que había sido entonces mi cuerpo. Era como si pudiera sentir un metabolismo mucho más vivo que el que tenía ahora en mi maciza madurez. «Ahora quiero que pongan todas esas fotografías en fila. Ustedes de niños, de niños mayorcitos, de adolescentes. ¿Qué es lo que ha perma- necido igual? Sus cuerpos cambiaron, las ropas cambiaron, el escenario también. ¿Qué es lo que siguen siendo ustedes? ¿Siguen esas etapas de su infancia en algún rincón de sus mentes?» Estaba pensando en el extraño y sorprendente misterio de dónde existe el niño que fuimos, en nuestro aquí y ahora. Todo cambia en no- sotros, a veces hasta los nombres. ¿Dónde está ese sentimiento esen- cial de ser «yo» que permanece a través de todos esos cambios físicos? Siguió oyéndose el monótono zumbido de mi voz. «Quiero que reconozcan ahora que cada una de esas fotos represen- ta sólo la vigésima parte de un segundo del tiempo en que han vivido esta vida. Detrás de esa foto de cuando eran pequeños, quiero que ima- ginen toda una hilera de fotos tomadas en todos los demás vigésimos de segundo que vivieron desde el nacimiento hasta los cinco años. Vean ahora que esas fotografías alcanzarían el infinito. Detrás de la foto de niños ya mayorcitos, nuevamente se extiende una fila de ellas de todos los vigésimos de segundo que vivieron hasta llegar a la adolescencia, y esa fila se extiende hasta el infinito. Detrás de ustedes como adolescen-
  22. 22. 26 WD>» ANTES DÉLA VIDA tes, se alarga la fila de los demás vigésimos de segundo que vivieron du- rante esa época de su vida. Si todos los cambios de sus cuerpos que ocurrieron cuando maduraron sexualmente llegaran a haberse filmado, si un tomavistas hubiera recogido todos sus sentimientos sobre ustedes mismos, sobre sus ambiciones, sus sueños, también la película llegaría hasta el infinito. «Vuelvan a mirar ahora esa hilera sin fin de fotografías que represen- tan su pasado hasta la edad de dieciocho años. ¿Cuánto recuerdan de él? Casi todo se ha perdido para su memoria consciente. El pasado que creen recordar es una historia que les ha contado su ego consciente, que recuerda fragmentos y trozos del pasado y los hilvana para compo- ner una historia titulada «Mi pasado», de forma semejante a como el montador de cine va pegando tomas para componer una película. Dense cuenta ahora de que el pasado que recuerdan es fragmentario y limitado. Para cada momento del pasado en el que creían odiar a alguien, podrían encontrar un momento en que amaban a esa misma persona. Para cada momento del pasado en el que se sentían culpables y se aver- gonzaban, podrían encontrar un momento en el que se sentían satisfe- chos y triunfantes. Perdidos en las infinitas hileras de fotos de sus primeros años hay una serie de potenciales que nunca desarrollaron, sentimientos que olvidaron hace tiempo, opciones que nunca llevaron a la práctica. Reconózcanlo ahora, en este momento, su pasado es tan cambiante como su futuro. Pueden elegir recordar trozos de su vida pasada, olvidados desde entonces, y elegir poner en funcionamiento su potencial en un futuro que también a ustedes les corresponde elegir. Esto es lo que significa el libre albedrío.» Mientras mi voz iba desgranando aquellas palabras yo trataba de recordar cuándo había decidido conscientemente introducir esta parte de las instrucciones hipnóticas. Me vino simplemente a la imaginación poco después de que empezase a retrotraer a la gente a la experiencia del nacimiento y me sentía muy bien cuando les decía aquellas cosas a mis sujetos. Aparentemente, la noción de enseñarles retratos de su pa- sado, y de ayudarles a comprender la amplia gama de posibilidades que se les abría, era una idea que se había originado en mi cerebro derecho, mientras yo me hallaba también en estado relajado. Hoy día ya he
  23. 23. COMO REAL/CELA INVESTIGACIÓN 27 aprendido a no hacerme constantemente preguntas sobre este desa- rrollo sorprendente aunque creativo. Junto con mis sujetos, he aprendi- do a mantenerme en contacto con mi cerebro derecho y a permitirle de cuando en cuando la libertad de dar lugar a nuevas ideas y acer- camientos. Además, me había dado cuenta de que sabía muy poco de mi propio pasado, e incluso de los potenciales que existían en mí en la infancia y primera adolescencia, que quedaron olvidados y relegados al hacer yo otras elecciones para la carrera de mi vida. Si aquello era cierto en mi caso, seguramente lo sería en el de todos los demás que acudieron a mí para aquella sesión de hipnotismo. «Ahora sus cuerpos yacen pesadamente en el suelo, profundamente relajados. Sus cuerpos son tan pesados que les parece como si se hun- dieran suavemente en el suelo; pero sus mentes están libres y ligeras, flotando alertas, muy a gusto y relajadas. Quiero que imaginen ahora que son como un puntito de conciencia que se aleja flotando de sus cuerpos y sube hasta casi tocar el techo de la habitación. Perciben una débil lucecilla y ahora miran hacia abajo desde un punto panorámico situado cerca del techo. ¿Ven ahora mi cuerpo sentado en esta silla? Tengo las piernas cruzadas y los brazos apoyados en los del sillón. Miren ahora a ver si pueden localizar su propio cuerpo sobre el suelo. ¿Ven a los demás a su alrededor?» Esta indicación la había sacado de mi conocimiento de la experiencia de estar fuera del cuerpo que me refirieron numerosos sujetos, y de mis propios estados de sueño. Mis sujetos decían que era un sentimiento agradable, por eso me parecía una buena introducción para trasladarse a estados más profundos. Proseguí con esta fantasía dirigida del viaje. «Ahora salen flotando, insustanciales como el humo, atravesando el tejado del edificio, hacia el claro cielo de la noche. Las estrellas brillan intensamente y hay luna, y bajo ustedes se encuentra la ciudad, cubier- ta por la nieve. Flotan cada vez más alto, por la aterciopelada oscuridad del espacio. Se sienten maravillosamente ligeros y ascienden y se alejan.» Sabía por experiencia que algunos de mis sujetos caían dormidos al llegar a este punto, pero me parecía importante llevarles a un estado hipnótico lo más profundo posible antes de comenzar con las preguntas
  24. 24. 28 VIDA ANTES DELA VIDA relativas a la experiencia del nacimiento. Me había dado cuenta de que muchos sujetos no eran capaces de responder a mis preguntas si no es- taban profundamente hipnotizados, por eso comencé otra fase de la inducción hipnótica para llevarles a ese estado profundo. «Su mente consciente no comprenderá lo que voy a decir ahora. Estoy hablando a su mente subconsciente. Quiero que reduzcan los potenciales eléctricos de las ondas de su cerebro a cinco ciclos por segundo. La longitud de onda de sus cerebros será de cinco ciclos por segundo. En este estado profundo de lentitud de onda serán capaces de alcanzar esas porciones más profundas en que hallarán las respuestas a mis preguntas. Conforme cuente hasta cinco, su actividad cerebral irá disminuyendo hasta un ritmo de cinco ciclos por segundo. Uno, más y más profundamente. Dos, más y más relajados. Tres. Cuatro. Cinco.» Elegí la instrucción de cambiar a una amplitud de onda cerebral de cinco ciclos por segundo basándome en datos que habían recogido varios amigos míos. Me refirieron que cuando se conectaba a los sujetos a máquinas de biofeedback (biorrealimentación), y registraban entre cero y cuatro ciclos por segundo, cuando despertaban eran inca- paces de recordar lo que habían dicho. Se habían «dormido». Pero cuando se les preguntaba acerca de ese estado profundo, solían referir visiones místicas. Al parecer, en ese estado profundo se lograba un material que normalmente no se conseguía en la mente consciente. Cuántos de nosotros nos hemos despertado por la noche de un sueño y al momento hemos vuelto a dormirnos, olvidándonos de él. Como yo quería que mis sujetos permanecieran despiertos lo sufi- ciente como para recordar sus respuestas, elegí cinco ciclos por segun- do como estado ideal para recibir información sobre la experiencia del pre-nacimiento. Hasta ahora este trabajo de biorrealimentación no se ha publicado ni confirmado. Espero poder trabajar mucho más en este área para que podamos ir relacionando los datos específicos de los EEG [electroencefalograma] con fenómenos subjetivos experimentados cuando el sujeto se halla en ese estado particular de onda cerebral. Había comprobado que esta instrucción daba un trance hipnótico apa- rentemente más profundo, y por tanto tendía a incrementar la respuesta de mis sujetos a mis preguntas sobre este viaje al nacimiento.
  25. 25. COMO realícela investigación 29 «Quiero que retrocedan ahora al momento que precedió inmediata- mente a su nacimiento a esta vida de ahora. ¿Eligen ustedes nacer?» A mis sujetos les concedo cinco segundos para que respondan a esta pregunta, pues me he dado cuenta de que cuanto más tiempo dé a las respuestas para que aparezcan en la mente, tanto más interfiere el ego consciente. Cuando las respuestas aparecen rápidamente, parece que proceden del cerebro derecho, o subconsciente; cuando tardan en llegar, la mente consciente tiende a especular sobre la «respuesta ade- cuada» y a interferir en el concepto sobre una base racional. Yo buscaba material del subconsciente, por lo que concedía a mis sujetos muy poco tiempo para que respondieran a mis preguntas. «¿Le ayuda alguien a elegir? Si alguien le está ayudando, ¿qué rela- ción le une con el que le aconseja?» Hacía esta pregunta porque en mis experimentos iniciales del prena- cimiento me había sorprendido el que se mencionase la presencia de otros en el momento de tomar una decisión antes de nacer. Tenía curio- sidad por saber cuántos de mis sujetos indentificarían a esos conseje- ros, por eso incluí la pregunta en el experimento. «¿Qué le parece la perspectiva de vivir esa próxima vida?» Me di cuenta de que tenía que plantear aquella pregunta con sumo cuidado. Si preguntaba qué les parecía nacer, podía obtener respuestas referentes a miedos físicos a pasar por el conducto del nacimiento. Por eso había perfilado la pregunta para que la respuesta se refiriera a los sentimientos que les inspiraba la vida, más que el proceso del naci- miento. «¿Eligieron la segunda mitad del siglo veinte para experimentar la vida física por alguna razón? ¿Cuál es esa razón?» «¿Han elegido su sexo para esa próxima vida? Si es así, ¿por qué eli- gieron precisamente ser un hombre o una mujer en esta vida? «¿Qué propósito les mueve a vivir esta vida de ahora?» Sabía por anteriores experiencias que ésta era la pregunta que la mayoría de mis sujetos querían ver contestada en esas sesiones hipnóti- cas. Muchos de ellos buscaban la razón de estar vivos, y eso les había llevado a investigar en los libros, en el estudio y en la experiencia de estados de conciencia alterados. ¿Lo encontrarían esta noche? Sabía
  26. 26. 30 • VIDA ANTES DELA VIDA por mis propias respuestas bajo hipnosis que ésa es la pregunta más difícil de contestar. En mi propio caso, se me representó la respuesta de que me habían movido tres propósitos principales, dos de los cuales ya había cumplido, mientras el tercero aún se abría ante mí; pero la natura- leza exacta de ese tercer propósito era vaga. Me preguntaba si alguno de mis sujetos de esa noche encontraría la razón de estar vivo. «Ahora quiero que dirijan su atención hacia su futura madre. ¿La habían conocido en una vida anterior? Si así es, ¿qué relación les unió antes? Ahora dirijan su atención hacia su futuro padre. ¿Le habían conoci- do en una vida anterior? Si así es, ¿qué relación les unió antes? «¿Siente usted ahora, antes de nacer, la presencia de otros a quienes conocerá en su próxima vida? ¿Los había conocido en vidas pasadas? ¿Sabe qué papel habrán de desempeñar en su próxima vida? ¿Los conocerá como amantes o como compañeros? ¿Los conocerá como hijos o como otra clase de parientes? ¿Los conocerá como amigos?» Dejé transcurrir más tiempo entre cada pregunta en esta parte de la sesión de regresión hipnótica. Muchos de mis sujetos veían las respues- tas a estas preguntas rápidamente, pero había ahí gran cantidad de material por explorar. Por eso les daba alrededor de un minuto entre cada pregunta sobre las relaciones y parentescos en la vida actual y qué habían sido en otras vidas. «Ahora quiero que dirijan su atención al feto en desarrollo que serán ustedes. ¿Se sienten dentro del feto? ¿Fuera del feto? ¿Dentro y fuera? ¿Cuándo se une plenamente su conciencia con el feto?» Esta es una de las preguntas más interesantes de la serie. Sabía por anteriores experiencias que era de suma importancia formular las pre- guntas con el mayor cuidado posible. Pregunté primero si se sentían dentro del feto, porque la gente tiende a elegir la primera respuesta que se le ofrece y no quería que los resultados pudieran tacharse de estar influidos para ir en contra de la noción tan extendida de que la vida comienza en el momento de la concepción. Pero ya en mis primeras experiencias hipnóticas del nacimiento había visto que mucha gente se
  27. 27. COMO REALICELA INVESTIGACIÓN 31 siente dentro y fuera del feto, por eso era importante que figurara esa alternativa en mis preguntas. «¿Se da cuenta de las actitudes y sentimientos de su madre justo antes de su nacimiento?» Había añadido esa pregunta porque sentía curiosidad por conocer la relación emocional entre la personalidad del feto y la personalidad de la madre. ¿Conocen los niños los sentimientos de sus madres? «Ahora están descendiendo por el conducto del nacimiento. No sen- tirán dolor, pero sí tendrán sensaciones. Ahora descienden por el con- ducto. ¿Qué sienten ahora?» Anteriormente, vi que era importante sugerir que no sentirían dolor, porque me había dado cuenta de que la gente en trance profundo se movía físicamente y sentía dolor al llegar a este punto de la experiencia del nacimiento, a no ser que se les dijera que no lo sentirían. Había teni- do algunos sujetos que se despertaban con calambres musculares, grandes dolores de cabeza y otros síntomas de traumas sufridos duran- te el nacimiento que se reflejaban en respuestas de su cuerpo actual. Al decirles que no sentirían dolor, me había dado cuenta de que podía eli- minar casi todas esas respuestas negativas. «Ahora están saliendo del conducto. Nacen. ¿Qué experimentan?» Utilizaba la palabra «experimentar» en lugar de preguntarles por sen- saciones específicas, pues no quería influir en las respuestas de mis sujetos. No quería sugerir nada de luces o de frío. «¿Se dan cuenta de las actitudes y sentimientos de otras personas que se encuentran en la sala de partos después de su nacimiento?» Quería saber si mis sujetos responderían como recién nacidos o bien si tenían plenamente conciencia de la sala de partos, aun cuando no pudieran verla físicamente o responder a ella. Conocía ejemplos de suje- tos a los que se había operado y que bajo hipnosis podían recordar lo ocurrido en el quirófano en donde se suponía habían estado «ausentes» a causa de la anestesia, y me preguntaba si aquello sería también cierto con el recién nacido. «Ahora se alejan de ese lugar. Están flotando hacia arriba y lejos de allí. Regresan flotando por el espacio, de vuelta a sus nubes. Al subirse a su nube, se estiran y se relajan y les abandona toda sensación de dolor
  28. 28. 32 /iDA ANTES DELA VIDA y de incomodidad. Siguen flotando en su nube, y mientras yo cuento, todos los sistemas de sus cuerpos volverán a la normalidad. No sentirían trastorno físico o emocional como resultado de sus experiencias en este viaje. Están ahora flotando hacia arriba y se alejan del lugar donde nacieron. Su cuerpo está relajado y todos sus sistemas orgánicos vuelven a la normalidad.» Me había dado cuenta de que era importante incluir estas instruccio- nes, pues a pesar de ellas, mis sujetos solían hacer referencia a senti- mientos de tristeza, e incluso había ejemplos residuales de dolor como cefaleas. Por eso insistía tanto en abandonar todo dolor. Aquello era de primera importancia en la experiencia del nacimiento, aunque mucho menos necesario cuando se trataba de recordar vidas pasadas. Por alguna razón que no alcanzo a comprender, el experimentar el pre-naci- miento y el nacimiento causa mucho más trastorno a la gente que el recordar vidas anteriores. «Ahora están flotando en su nube, y yo les llevaré hasta el fondo. Conforme vaya contando se sentirán más y más serenos y tranquilos. Sus mentes flotan libremente y a su alrededor se respira paz y armonía. Uno, más y más profundamente. Dos, más y más relajados. Tres. Cuatro. Cinco. Están ahora flotando en su nube, y en torno suyo hay una luz blanca muy agradable. La luz es muy pura e intensa, y cada vez se hace más brillante. Tienen un capullo de rosa sobre el plexo solar. Rayos de energía procedentes de la luz van abriendo suavemente los pétalos de la rosa hasta que aparece el corazón de la rosa. Rayos de energía fluyen bailando de la luz al corazón de la rosa, y a través de ella van a parar a sus plexos solares. Las ondas de energía procedentes de la luz borran cualquier consecuencia negativa que pudiera tener su expe- riencia en este viaje. Las ondas de energía de la luz aportan una lumino- sidad, una paz y una serenidad muy grandes a sus mentes y a sus cuerpos.» Esa imagen se me había ocurrido varios años antes, cuando me en- contraba hipnotizando. Hasta después de haberla expresado no me di cuenta de que era una versión del mantra tibetano «Om mani padmi hum». Ese mantra, traducido, significa «Ábranse los pétalos del loto». El sistema de yoga Kundalini enseña que el chakra, o centro de energía
  29. 29. COMO realícela investigación 33 del plexo solar, controla las emociones. Así pues, en esencia, lo que estaba haciendo al llevar la luz a través de la rosa al plexo solar era recoger la energía del universo para armonizar cualquier trastorno en el chakra del plexo solar. No tengo una fe especial en el yoga Kundalini, o en cualquier otro sistema hindú, pero a mis sujetos les serena, y a mí también me gusta. Quizá la idea de esa imagen la haya puesto en mi mente algún antiguo yogui que curiosea en mis sesiones hipnóti- cas... Sea como sea, yo soy norteamericana, y por eso, si da resultado, lo utilizo. «Ahora ha llegado el momento de regresar al aquí y al ahora. Cuando despierten, las respuestas que aparecieron en su mente estarán vividas en su memoria. Permanecerán vividas durante meses y las podrán recordar cuando quieran. Cuando les entregue las hojas del cuestionario, las respuestas que les vinieron a la mente fluirán a su memoria y podrán rellenar los datos sin dificultad. »Ahora imaginen que son una bola de energía surgiendo de un rincón del espacio. Represéntense esa energía rodando y bajando por la oscuridad del espacio, penetrando en la atmósfera de la tierra, llegando al hemisferio occidental, descendiendo a esta sala y entrando en su cabeza. Al penetrar la energía en la esfera de su cabeza, invade sus cuerpos una sensación de bienestar y renacen todas las energías de sus cuerpos. Se encuentran de muy buen humor al despertar y se-sienten estupendamente. Uno, la bola de energía penetra en sus cabezas y en sus rostros. Dos, la bola de energía desciende por los músculos de sus mandíbulas y llega al cuello. Tres, la energía llega a sus hombros. Cuatro, la energía baja por sus brazos, a los codos, a las muñecas, a las manos, a los dedos. Cinco, la energía desciende por sus hombros hasta el torso y la cintura. Seis, la energía llega a sus caderas. Siete, la'energía les baja por los muslos hasta las rodillas. Ocho, la energía baja por sus piernas, a los tobillos, a los pies, a los dedos. Nueve, su cuerpo está ahora vivo y vibrante de energía y se hallan preparados para despertar, sintiéndose frescos y estupendamente bien. Diez, abran los ojos: ya están despiertos.» Sabía por experiencia que el grupo tardaría en moverse tras esta ter- cera sesión hipnótica. Mis sujetos se relajaban tanto con tres sesiones V.A.V.-2
  30. 30. 34 WIDA ANTES DELA VIDA seguidas que no se movían; se limitaban a sonreírme beatíficamente cuando despertaban. ¿Cuáles serían las reacciones de estos sujetos? Lo mejor de las sesio- nes, para mí, es oír las historias que refieren después de despertar. Esta era mi última sesión de recogida de datos. Había venido al Midwest para averiguar si los sujetos de esa región daban a esas pre- guntas respuestas diferentes de las de los de California. No había forma de comprobar o verificar las respuestas. Estaba haciendo una especie de encuesta Gallup con sujetos hipnotizados. Pero me decía que si las creencias culturales tenían algo que ver en las respuestas que estaba obteniendo, quizá los sujetos de otra parte del país responderían de forma diferente a las preguntas. Eso podía demostrar que las respuestas se daban en base a creencias culturales comunes, y no procedían de lo profundo de la mente subconsciente.
  31. 31. MI GRUPO DE CHICAGO REFIERE SUS EXPERIENCIAS Encendí las luces y miré por toda la sala. Mis sujetos se estaban esti- rando y poco a poco se iban incorporando. Tenían esa mirada adormila- da, como de vagar por el espacio, que había aprendido a reconocer como resultado de cuatro horas tumbados explorando en el cerebro derecho. Cuando repartí las hojas con los cuestionarios, muchos me sonrieron. Parecían de un humor excelente, pero muy pensativos y si- lenciosos. Varios me dijeron que tenían lágrimas en los ojos, si bien no se sentían tristes. Cuando le di el cuestionario, una mujer me dijo: «Sentí tanta compasión por aquel bebé que era yo. Qué pena me dio dejar el lugar donde me encontraba y volver a la vida física. Parecía tan penoso eso de verse confinado en un cuerpecito tan pequeño, y perder la ligereza y el amor que había conocido en el estado de entre-vidas». Rió al mostrarme las lágrimas que corrían por sus mejillas. Le aseguré que su reacción era muy corriente y que pronto se senti- ría contenta. «Pero si ya estoy contenta —dijo—, lo único es que me doy cuenta de que el nacimiento no es una ocasión de regocijo. Las dos muertes que tuve en las dos vidas anteriores de esta noche fueron expe- riencias agradables. Lo que parece trágico es el hecho de nacer.»
  32. 32. 36 VIDA ANTES DÉLA VIDA Me percaté de que cerca de la mitad del grupo no escribía nada en las hojas. Pregunté cuántos habían quedado demasiado profundamente hipnotizados, y aproximadamente el 40 por 100 del grupo reconoció no recordar nada a partir del momento en que conté hasta cinco después de decirles que se representaran las fotos de su infancia. Unos diez habían ahondado demasiado y ni siquiera oyeron mis instrucciones sobre las fotografías. Otros catorce dijeron que no habían sabido res- ponder a mis preguntas, aunque se encontraban muy relajados. Dos su- jetos afirmaron que permanecieron totalmente despiertos todo el rato y que no habían resultado hipnotizados en esta ocasión. Ninguno de los dos había respondido anteriormente a las sesiones hipnóticas, por lo que deduje que eran muy resistentes al proceso hipnótico. Estos resultados eran típicos de mis grupos experimentales en todas partes. Poco menos del 50 por 100 de los sujetos dijeron haber encon- trado la respuesta a mis preguntas sobre la experiencia del nacimiento. Cuando me hallaba seleccionando los casos para mi análisis estadístico, me sorprendió este fenómeno. El 90 por 100 respondieron al recuerdo de vidas anteriores; ¿qué había en la experiencia del nacimiento que la hacía tan difícil? Por supuesto, podía ser el miedo a la experiencia del conducto del nacimiento lo que les inhibía. Por otra parte, eso no se re- flejaría para nada en sus respuestas a la pregunta de si eligieron nacer. Me dije que si fantaseaban en lo de sus vidas anteriores, también podían fantasear en lo del nacimiento. Por lo menos tienen la seguridad de estar aquí ahora. Quizá se deba a que sólo algunos de nosotros somos capaces de alcanzar ese nivel que se ha dado en llamar el supracons- ciente. Quizá también mis instrucciones de reducir a cinco ciclos por segundo significaba que estaba llevando a mis sujetos a tal profundi- dad, que más tarde no eran capaces de recordar qué habían experimen- tado en el viaje al nacimiento. Por entonces ya había acumulado los suficientes datos para saber que probablemente sólo el 40 por 100 de las hojas de cada grupo serían aprovechables. Como quería que las respuestas a esas preguntas vinie- ran de un nivel profundo, eliminé todas aquellas en que mis sujetos habían escrito cosas tales como «Creo que estuve despierto todo el tiempo, y sólo pensé en estas respuestas». También eliminé los que
  33. 33. MI GRUPO DE CHICA GO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 37 habían leído mi artículo en New Realities sobre la experiencia del naci- miento, porque sus mentes conscientes podían haber seleccionado las respuestas a las preguntas basándose en el conocimiento de mis hallaz- gos hasta entonces. Había rebuscado en la literatura para ver si encontraba referencias a la experiencia pre-nacimiento en la tradición del ocultismo, pero no encontré mucho que mis sujetos pudieran conocer conscientemente y les sugiriera respuestas a mis preguntas. La experiencia después de la muerte sí ia había descrito Raymond A. IVIoody en su libro Vida después de la Vida * , por lo que los sujetos de los viajes a vidas anteriores podían hacer referencia a una experiencia de muerte semejante a lo que habían leído. Pero aparte de la idea de que hemos nacido con otros grupos para así desarrollar el l<arma —idea que no se encuentra sólo en la tradición oculista oriental, sino también en los libros de Edgar Cayce— , no he hallado referencias a quién nos ayuda a elegir, o a si conocemos o no nuestros propósitos antes de nacer. Mis sujetos recogieron las mantas y los almohadones y salieron len- tamente de la sala. Algunos sonreían y otros parecían muy serios. Casi todos me dieron las gracias por el experimento, lo que no deja de sor- prenderme, pues pienso que soy yo quien debería estarles agradecida. Uno tras otro me fueron entregando las hojas del cuestionario ya re- llenas. Cuando leí las respuestas, me di cuenta de que eran muy típicas de mis grupos, no sólo en el Midwest sino también en California. La primera hoja que leí fue la de un joven que escribía lo siguiente: «Sí, elegí nacer. Alguien me ayudó a elegir y parecía ser una voz en la que yo tenía plena confianza. Era amable, suave y sabia, muy sabia. Mis sentimientos ante la perspectiva del nacimiento eran muy positivos. Cuando preguntó qué propósito teníamos para esta vida, se me ocurrió que era para ensanchar la mentalidad de la gente. »Elegí este período para nacer porque es una gran época de cambio * Publicado por EDAF en la colección «Nuevos Temas». Madrid, 1979. (N. del T.)
  34. 34. 38 VIDA ANTES DELA VIDA en la que la gente necesita estabilidad en su interior. Se supone que he de ayudarles de alguna forma. Elegí ser varón, porque resulta beneficio- so para mi trabajo, y me gusta el papel que desempeña este sexo. Mi madre fue mi esposa en una vida anterior, mi padre fue mi hijo. He tenido algunas tenues visiones de compañeros o amantes, pero no muy claras. »En cuanto a los hijos y demás parientes, no estaba muy seguro; sólo me daba cuenta claramente de un tío mío que le había conocido antes. Tenía muchos amigos de vidas anteriores. Me uní al feto cuando decidí hacerlo, en la matriz de mi madre, justo antes del nacimiento. Los sentimientos de mi madre eran muy positivos, cálidos y de gran amor. Cuando preguntó sobre la experiencia del nacimiento percibí extraños hormigueos recorriendo aquella bola de carne que era yo. Mi impresión después de nacer fue de felicidad; el doctor parecía contento y mi madre estaba encantada. »Creo que esta vida es muy buena y positiva para mí, y después de esta sesión me siento pletórico de energía y con un propósito definido.» La siguiente hoja decía: «Sí, elegí nacer, y una especie de maestro parecía consultar conmi- go ese tema. Yo estaba deseando nacer. Pero cuando preguntó lo del propósito para esta vida, todo lo que me vino fue el esperar algo, no sé qué. Creo que no sabía por qué estaba aquí en esta época, pero supe que elegí ser hembra esta vez porque fui varón en mi vida inmediata- mente anterior. Creo que no conocí a mi madre o a mi padre en vidas anteriores, pero sí a mi marido y a varios amigos. »Me uní al feto sólo cuando me hallaba preparado para nacer. Me di cuenta de que mi madre estaba muy asustada ante el parto. Cuando me encontraba en el conducto del nacimiento, tuve una impresión de torbe- llino, de hundimiento. Después de nacer, vi una habitación blanca con muebles de madera pardos. Eso es cuanto alcancé a notar. »Este viaje hipnótico ha sido una experiencia extraña. Elegí esta vida entre otras varias alternativas. Tenía varias posibilidades de elección, pero no ilimitadas.»
  35. 35. MI GRUPO DE CHICAGO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 39 Un joven dejó caer la hoja sobre la mesa y sonrió tristemente: «Vaya un viaje más misterioso. Tuve un sentimiento de coacción cuando pre- guntó usted si elegí haber nacido, pero no obtuve respuesta a ninguna otra pregunta hasta llegar al conducto del nacimiento. ¡Fue realmente extraño!» Su hoja decía: «No creo que eligiera nacer, tengo la sensación de que me lo ordena- ron. Cuando preguntó qué sentí ante la perspectiva de vivir otra vida, noté como si se me encogiera el cuerpo. Cuando preguntó el propósito, lo único que se me ocurrió fue que tenía que experimentar esta vida, aunque no tuve elección en ello. La experiencia del conducto del naci- miento también era una impresión de encogimiento o de aplastamiento, con un peso en el pecho. Inmediatamente después del nacimiento tuve impresiones muy fuertes. Cogí aire y me sentí mejor. Todo lo que sentía era que estaba muy contento de que hubiera cesado la impresión de estrujamiento.» La siguiente hoja que recogí era la de una persona que había elegido nacer, y en respuesta a la pregunta: «¿Le ayudó alguien a elegir?», es- cribía: «Sí, uno de nosotros. (Quizá el "nosotros" lo exprese mejor. Era un grupo de cierta clase y veníamos juntos. »Cuando preguntó por la perspectiva de nacer, sentí que hubiese preferido más descanso y preparación, pero había llegado el momento de empezar. Cuando preguntó por el propósito, era el de ser útil a la evolución de la voluntad de la humanidad. Elegí esta época porque es también personalmente apropiada, a causa de la trayectoria de los vínculos kármicos en esta vida. Elegí mi sexo para experimentar mis relaciones con otros en un marco distinto. Conocía a mi madre y a mi padre de vidas anteriores, y también a mi marido y a mis amigos, pero no a mis hijos. «Cuando preguntó lo de la unión con el feto, sentí que no me uní a él realmente hasta que mi madre se puso de parto. La experiencia del con- ducto del nacimiento resultó interesante. Sentí cómo se fundía mi
  36. 36. 40 yIDA ANTES DELA VIDA energía, pero también experimenté enfado ante la pérdida de control en el momento de nacer. No estaba preparado para las emociones de los demás cuando nací.» La siguiente hoja también expresaba el resentimiento del sujeto al tener que vivir esta vida de ahora. «No, no elegí nacer; pero una hermana mía de ahora parecía estar allí instándome a ello. Yo no quería porque sentía que no estaba prepa- rada. Supe que uno de los propósitos que tenía en esta vida era aceptar a mi padre como es y llegar a conocer mejor a mi madre, que había sido mi mejor amiga en una vida anterior. Ambos vivirían en esta época, por eso elegí ese momento. »Tamb¡én elegí mi sexo porque fui varón en la vida anterior en la que conocí a mi padre. Mi madre había sido una amiga muy querida en la misma vida en que mi padre me había azotado desempeñando su papel de carcelero. No he tenido sensaciones de compañeros o amantes rela- cionados conmigo en vidas anteriores, pero sí veía claramente que mi hermano pequeño había sido eso mismo en otra vida anterior. No me di cuenta de cuándo me uní al feto, pero sé que mi madre se sentía sola pero feliz de llevarme en sus entrañas. »La experiencia del conducto del nacimiento fue algo muy penoso que duró mucho, aunque aquí en la hipnosis fueran sólo unos segun- dos. Mis impresiones después del nacimiento fueron que la mujer que asistía a mi madre se encontraba muy cansada y que mi madre estaba muy contenta de que yo fuera niña. Mis sentimientos después del naci- miento fueron de luchar contra el propósito que me había traído a esta vida, porque no quería venir en ese momento a causa de mi padre, y sólo por eso. »Esta experiencia me ha hecho darme cuenta de mis verdaderos sentimientos. Gracias.» La siguiente hoja que leí del grupo de Chicago estaba pésimamente escrita y me costó trabajo descifrarla. Observé que el sujeto decía estar experimentando escritura automática. Les había advertido a mis sujetos
  37. 37. MI GRUPO DE CHICA GO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 41 que su subconsciente referiría las experiencias aunque ellos no se dieran cuenta conscientemente, y aquella hoja era un ejemplo de la actuación del subconsciente a través del obstáculo de la mente consciente, y allí estaban las respuestas de los niveles más profundos. La hoja decía así: «Sí, elegí nacer; y sí, en torno mío había una serie de rostros. Muchos rostros —el primero era obviamente masculino—. Mis senti- mientos ante la perspectiva de nacer eran de que con el nacimiento se cumple con un deber. Algo que hay que hacer. El propósito consistía en observar, ver. Elegí esta época para ser parte del devenir, para formar parte de algo que se desarrollará en esta época. Elegí mi sexo porque había de tener hijos que serían personas conocidas de vidas anteriores. Conocía a mi madre de antes, pero no a mi padre; conocí a mi marido en otra vida, y también a mis hijos y a mis amigos. No me uní al feto hasta la primera respiración y expulsión del útero. »Mi madre se sentía desgraciada. Su vida no era lo que ella hubiera querido. Yo me daba cuenta de su infelicidad. En la experiencia del con- ducto del nacimiento me dolía la espalda, luego me flexioné y me sentí mejor. Las impresiones después del nacimiento fueron de que era muy divertido porque la gente piensa que no te das cuenta de nada, pero lo sabes todo, y resulta muy divertido.» La siguiente hoja también reflejaba una resistencia a nacer, pero al final se convertía en satisfacción: «Al fin elegí nacer; me convenció una cuidadosa reprimenda poco antes del nacimiento. Antes de nacer me vi envuelta en enormes discu- siones sobre por qué o por qué no nacería. Me sentí dividida ante la perspectiva de vivir esta vida, pero el deber y la responsabilidad me incli- naron a ello. Cuando preguntó por el propósito de esta vida, me vino una respuesta muy precisa: "Ser como una flecha en el centro de la diana. Ser hermosa, que me hicieran hermosa". »Cuando preguntó lo de la época, el siglo veinte, se me ocurrió que era porque me resultaban favorables las condiciones electromagnéticas.
  38. 38. 42 VIDA ANTES DÉLA VIDA Elegí ser una mujer para amortiguar el choque de las sensaciones físicas. Cuando preguntó lo de las relaciones kármicas, encontré res- puestas para todas. Parece ser que he conocido a todo el mundo que aparece en mi vida, o a casi todos, en vidas anteriores. Cuando pregun- tó lo de la unión con el feto, sentí que lo retrasé, y no ocurrió hasta que empezaron las contracciones. Me daba cuenta de las sensaciones de mi madre cuando me hallaba en el conducto. »Mis impresiones después del nacimiento fueron de dolorosa confu- sión en el espíritu y en el cuerpo. Parecía como si perdiera conciencia de los sentimientos de los demás y del conocimiento que tenía antes de nacer.» El siguiente informe era también el de alguien que se había resistido al proceso de vivir otra vida. «No elegí nacer, y cuando usted hizo la pregunta, pensé: "¡No, otra vez no, estoy tan a gusto aquí!" (¡Dondequiera que fuese ese aquí!) Me ayudaron a elegir. Dos consejeros me mostraron cuánto me desearía mi madre; y mi futura madre me deseaba mucho. Me cuidaría y me querría tanto que todo iría bien. Sentí que me tranquilizaban. Ante la perspecti- va de nacer, sentí que había cumplido muy bien con mi cometido en la última vida, que necesitaba descanso, y que era pronto para retornar, porque resultaría bastante traumático. «Cuando preguntó cuál era el propósito de esta vida, me di cuenta de que estoy aquí para hacer a la gente feliz, en el sentido cotidiano. El propósito era no ser superreligiosa ni nada por el estilo, sino sólo crear un sentimiento de felicidad en la gente con la que me encontrase. Cuando preguntó por la elección de esta época, pensé en tiempos re- vueltos y en el final de una especie de era. Sabía que sería difícil, y por eso también me resistía a nacer. Cuando habló de la elección del sexo, inmediatamente me di cuenta de que había elegido ser mujer porque es más fácil hacer feliz a la gente siendo hembra. Conocía a mi madre de una vida anterior, pero mi padre quedaba muy vago. A mi marido sí le conocí en otra vida, pero no a mis hijos. Vi a un amigo al que conocí bien en una vida anterior. Antes de nacer me daba cuenta de que mi
  39. 39. M/ GRUPO DE CHICAGO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 43 madre estaba muy contenta y me deseaba con todas sus fuerzas. Aquello me dio ánimos. »No tuve ninguna impresión de cuándo me uní al feto. Mi sensación después del nacimiento era de un frío intenso y de una impresión de "¿Y ahora qué?" »l/le sorprende lo vago de mi propósito; pero cuando me encontraba bajo hipnosis vi muy claro que consistía en consagrarme a los demás y no a mí.» La siguiente hoja era interesante, porque el sujeto, un varón, había elegido ser hembra. Decía: «Sí, elegí nacer, y un guía o maestro me aconsejó. Era una decisión importante y requería mucho pensar y debatir con mi guía. Mi propósito en esta vida era liberarme del materialismo y combatir la negatividad, combinar las emociones macho y hembra en el control, en el amor y en la fuerza. »Elegí esta época porque mi guía y yo pensamos que sería más difí- cil, pero mejor para mí. Quería ser hembra por capricho, pero elegí varón porque, una vez más, así sería más dura para mí la prueba. Cono- cía a mi padre y a mi madre de otra vida anterior, y también a mi mujer. No recibí impresión alguna sobre si conocía o no a mis amigos. Parece ser que me uní al feto, o al menos tuve conciencia de él inmediatamente después de la concepción. »Me daba cuenta de los sentimientos de mi madre, y aquello me causaba una extraña sensación. Me sentía unido a ella como a un posi- ble enemigo, porque mis relaciones con ella en una vida anterior no habían sido buenas. Parecía darse cuenta de ello. »No hubo problema con la experiencia del conducto del nacimiento, y las impresiones que tuve después de nacer fueron agradables.» El sujeto siguiente, también hombre, eligió su sexo por una razón diferente. Escribía:
  40. 40. 44 WIDA ANTES DÉLA VIDA «Sí, elegí nacer, pero un alto consejo parecía ayudarme a tomar una decisión. Me ilusionaba pensar en vivir esta vida y sentí que mi propósi- to era ayudar a los demás. Cuando preguntó lo del siglo veinte, me vino a la mente que ésta es la era espacial, y por eso era importante para mí; pero no sé por qué se me ocurriría eso. »Elegí mi sexo porque el macho es dominante y, al parecer, eso era lo que yo necesitaba en esta vida. No conocía a mi madre de una exis- tencia anterior, pero mi padre estuvo conmigo en Egipto en otra vida. También parece que conocía a algunos amigos que eran personas a las que yo mandaba en una época anterior. Me uní al feto sólo cuando estuvo completamente formado, poco antes del nacimiento. Sentí el calor y el cariño del cuerpo de mi madre, y también su miedo al parto cuando yo estaba en el útero. »La experiencia del conducto del nacimiento no fue dolorosa, era como deslizarse por un túnel con una luz al final. Mi impresión después de nacer fue que tenía la piel azul y sentía mucho mucho frío. El médico se reía.» El siguiente sujeto también eligió nacer como un deber, no porque le agradara: «Mi hermano y algún guardián del alma parecían ayudarme. Cuando preguntó sobre la perspectiva de volver a nacer, sentí: "¡No, otra vez no!"; pero también sabía que tenía que aprender más. Mi propósito para esta vida parece ser desarrollar mis facultades psíquicas y corregir mi salud y dieta y mis actitudes mentales y emocionales. Elegí esta época para reexperimentar la vida con mi familia y amigos de ahora, a los que ya conocía de antes y que estarían vivos en este momento. Elegí ser mujer para poder experimentar la maternidad. »Conocí a mi madre como hermana en una existencia anterior, y a mi padre como padre en una vida anterior. Conocía a mi marido, a mis hijos y a mis amigos. »Mi unión con el feto era una especie de dentro y fuera; no estaba muy claro cuándo formé parte realmente del feto. Me daba cuenta de que mi madre esperaba que fuera niño para sustituir a uno que había
  41. 41. MI GRUPO DE CHICAGO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 45 perdido. La experiencia del conducto del nacimiento fue de algo estre- cho pero cálido, y después de nacer sentí una especie de esterilidad y ruido, y luminosidad, y que el mundo externo era insensible. Me dio la impresión como si mi "alma" retuviese después del nacimiento el conocimiento que había adquirido a través de mis vidas previas.» La siguiente hoja de datos me la entregó un joven silencioso que había hablado muy poco de sus viajes a vidas anteriores. Sentía curiosi- dad por conocer sus experiencias en este viaje hipnótico, y leí con avidez. Observé que era uno de los sujetos que parecía haber ido a lo más hondo y temía que hubiera quedado demasiado profundamente hipnoti- zado en la experiencia del nacimiento, pero estaba equivocada: «Creo que estuve remiso cuando me hablaron de volver a nacer. Un hombre sabio al que yo respetaba, obedecía y amaba ayudó a conven- cerme de que sería bueno para mí venir a esta vida ahora. Era un hombre cariñoso y amable, pero firme. Mis sentimientos ante la pers- pectiva de vivir esta vida fueron casi de terror, pero sabía que mi propó- sito sería en cierto modo el de ayudar. Al parecer, elegí el siglo veinte por la gente con la que estaría. No tuve la impresión de elegir mi sexo. La verdad es que no estoy seguro. Al parecer conocí a mi madre antes, aunque no era un sentimiento demasiado vivido. Pero a mi padre sí que le conocía de otra vida anterior en la que habíamos intimado. Conocía a uno de mis hijos de una vida anterior. »Parece que tomé conciencia del feto cuando mi madre estaba em- barazada de cinco o seis meses. Me daba cuenta de que estaba nerviosa y de que se compadecía un poco de sí misma. Durante la experiencia del conducto del nacimiento, sentí que se me aplastaba la cara y los brazos. Inmediatamente después de nacer noté frío: hacía frío en la habitación. Me fastidió tener frío y que me mantuvieran fuera de mi madre bajo las luces. Me daba cuenta de todo lo que o'curría a mi alrededor en la sala de partos. Papá estaba asustado y preocupado, pero emocionado y callado. Mi madre estaba nerviosa y charlaba mucho, luego se adormi- ló. El médico permanecía impasible, pero era cariñoso.»
  42. 42. 46 VIDA ANTES DELA VIDA La siguiente hoja de datos era interesante por los connentarios adi- cionales que había escrito el sujeto: «Las sensaciones de nacer parecían muy reales. Resultó que yo era un mero observador de la primera formación del feto, pero también me daba cuenta de que sentía lo que era el feto, una especie de viajero hacia el futuro, en lugar de un viajero hacia el pasado. Elegí nacer, creo, pero me encontraba con un grupo de allegados que me ayudaban y me daban ánimos para venir a esta vida. Sin embargo, yo quería seguir con aquellos seres queridos y no volver a nacer a esta tierra. Sabía que uno de mis propósitos era amar, pero no supe por qué había elegido este período. Sentía que siempre había sido hembra, y eso no lo elegí realmente, es que me parecía lo más natural. «Conocía a mi madre de una vida anterior en la que había sido mi hermana. No conocí antes a mi padre ni a mi marido, pero sí a mis hijos de otras vidas anteriores. No me daba cuenta de los sentimientos de mi madre, y lo único que experimenté en el conducto del nacimiento fue que estaba muy húmedo y caliente. Las impresiones después del naci- miento fueron de frío y de muchas sensaciones (especialmente táctiles: otros me tocaban y me daban frío). Los que estaban en el paritorio se afanaban mucho; había mucha actividad, comparado con el útero.» La siguiente hoja que me entregaron era la de una persona que pare- cía muy remisa a nacer: «No, no elegí nacer, se me ordenó que retornara. Me daba la impre- sión de que me limitaba a obedecer instrucciones (no sé quién me las daba). No sentí rebeldía, sólo que no era yo quien elegía. Sentía una gran aprensión ante la perspectiva de venir a este mundo. Uno de los propósitos de esta vida parecía ser enseñar y ayudar a la humanidad y trabajar para el desarrollo de una mayor utilización de la mente para luego impartir enseñanzas fundamentales. »Elegí esta época porque en cierto modo me representaba el campo de la psicología, y esa psicología parecía avanzar muy lentamente y obstaculizar el desarrollo espiritual de la humanidad. No creo que eligie-
  43. 43. MI GRUPO DE CHICA GO REFIERE SUS EXPERIENCIAS 47 ra mi sexo. Mi madre había sido mi hermana en una vida anterior en la que nos peleábamos constantemente. Mi padre había sido mi abuelo en otra vida. Mi marido era un indio sioux cuando yo era un Padre francés, ¡y tampoco le quería mucho que digamos! Parece ser que me uní al feto desde la concepción, pero no lo tengo muy claro. Mi madre estaba muy contenta. En la experiencia del conducto del nacimiento contuve la respiración, y luego respiré pesadamente. «Después de nacer me daba cuenta de estar muy contento por ha- llarme en una situación deseada. Ha sido una experiencia hipnótica muy ilustradora, pues desde siempre he tenido la sensación de estar aquí por alguna razón, y se me han desarrollado algunos talentos mentales muy interesantes.» La siguiente hoja relataba la resistencia a nacer, y la aceptación pos- terior: «Había un consejo de doce que me ayudaba a elegir, y elegí libre- mente. Pero no me entusiasmaba emprender este ciclo de vida. Sentía que el propósito de esta vida era aportar cierta educación especial y cierto conocimiento al mundo para establecer un consejo especial en la tierra. Elegí esta época porque sería favorable al establecimiento de tal consejo. »Elegí mi sexo en esta vida para poder tener experiencias específicas y lograr el material necesario para proseguir con el trabajo. No conocí a mi madre en una vida pasada, pero sí a mi padre y a mis maridos. Me uní al feto el día antes del nacimiento. Mi madre se sentía triste y tenía mucho miedo. Mi experiencia del conducto del nacimiento fue tranqui- la, y mis sentimientos después de él eran de que me encontraba flotan- do; de pronto tomé conciencia de todo. Oí una voz que decía: "Qué criatura tan preciosa". »Sentí que mi padre también formaba parte del consejo interno al que yo pertenecía. Parece como si me esperara un puesto de mucha responsabilidad en esta vida.»
  44. 44. 48 yIDA ANTES DÉLA VIDA Cuando recogí las hojas del cuestionario y las metí en la cartera, me sentí impaciente por volver a mi despacho de California y totalizar las respuestas. Ahora ya sabía cómo serían casi todas, pero había llegado el momento de publicar mi trabajo y compartirlo con los demás. Y así, veamos ahora las respuestas que me dieron 750 sujetos hipno- tizados.
  45. 45. 3 LA ELECCIÓN DE VOLVER A VIVIR Creo que todos estamos de acuerdo en que la vida puede ser en oca- siones difícil y desagradable; sin embargo, nos aferramos a ella y teme- mos a la muerte. La medicina moderna se dedica a preservar la vida. Es nuestro más sagrado valor en nuestra cultura secular. Los desastres se miden en número de vidas perdidas, no en cantidad de sufrimientos y penalidades padecidas por los supervivientes. El miedo a la muerte es muy acusado en muchos de nosotros, y el motivo oculto tras nuestras fobias. Algunos dirán que el miedo a la muerte yace tras cualquier reli- gión del mundo, y como queremos borrarlo de nuestras mentes, inven- tamos el cielo, el infierno, la reencarnación. Pero ¿es a la muerte a lo que tenemos miedo, o es al dolor, físico y mental, que pensamos hemos de experimentar al morir? «Tuvo una muerte repentina, un ataque al corazón mientras dormía. Afortunada- mente, se ahorró los sufrimientos de una larga enfermedad.» Todos hemos pensado eso al enterarnos del súbito fallecimiento de un amigo. ¿Es el miedo a la muerte también el miedo a lo desconocido? ¿Es como una ansiedad de separación que sentimos ante una nueva expe-
  46. 46. 50 /IDA ANTES DÉLA VIDA riencia? Hamlet, lo sintió: «Dormir, tal vez soñar. Pero en ese sueño de la muerte, ¿qué sueños vendrán?» La experiencia del nacimiento bajo hipnosis, en mi trabajo, siguió a tres experiencias de la muerte en tres vidas previas. A todos los sujetos se les brindó la posibilidad de saltarse la experiencia de la muerte si lo deseaban. Curiosamente, menos del 10 por 100 eligieron evitar sus muertes en vidas pasadas; de esos diez, sólo el 2 por 100 evitó las muertes de las tres vidas anteriores. Hay que admitir que una cosa es «fantasear» o «recordar» muertes pasadas y otra experimentar realmente la muerte. No pretendí que el experimentar el «recuerdo de vidas pasadas» en mis trabajos hipnóticos fuera en modo alguno terapéutico. Sin embargo, numerosos sujetos me dijeron que habían perdido el miedo a la muerte después de la experien- cia de taller. «Sabe, sentí como si estuviera fabricando mis vidas pasadas en su taller. No pensaba que fuera real. Pero un par de días más tarde me di cuenta de que algo había ocurrido; algo muy importante para mí», me dijo Nancy. Nos habíamos encontrado en casa de una amiga un mes después de que Nancy estuviera en mi taller. «Me aterrorizaba que me anestesiaran, aunque fuera para sacarme un diente. Me rebelaba a quedar inconsciente. Pensaba que era como la muerte y me asustaba tremendamente. Pero después de "imaginar" mi muerte en una vida anterior, ya no me asusta la muerte, ni el quedar inconsciente.» De ese modo supe que para el 90 por 100 de mis sujetos la muerte era placentera. Sin embargo, ninguno de ellos dijo haber perdido las ganas de vivir. Por eso pensé que les parecería que el retornar a la vida en otro cuerpo era un proceso básicamente agradable. Estaba equivocada. De los 750 sujetos que refirieron la experiencia del nacimiento, el 81 por 100 dijo que eligió nacer y que a ellos les correspondía hacer la elección. Pero vi que tal vez estuvieran haciendo mal la pregunta. Mien- tras la mayoría eligió nacer, otros lo hicieron totalmente a la fuerza, y sólo tras consultar con numerosos consejeros. Mis sujetos dijeron que puesto que tenían derecho a negarse a vivir una vida planeada, se sentían obligados a aceptar. Era algo así como elegir libremente hacer el
  47. 47. LA EL ECCION DE VOL VER A VIVIR 51 servicio militar; no era algo que se hacía automáticamente, sino necesa- rio y que se aceptaba a regañadientes. Pero hay muchas impresiones diferentes en mis sujetos, incluso entre aquellos que eligieron nacer. Sólo el 28 por 100 se sintió entusiasmado por volver a vivir, y al estar todo cuidadosamente planeado, se hallaban preparados para empezar de nuevo. «Elegí nacer y sentí que me ayudaban a elegir porque necesitaba continuar y corregir la obra de mi última vida. Estaba ansiando experi- mentar esta vida.» (Caso A-157.) «Sí, elegí nacer, y en torno mío había energías que me ayudaban; pero a mí me correspondió la elección final. No sentí ninguna apren- sión.» (Caso A- 176.) «Elegí nacer, y había otros que me ayudaban a elegir. Tenía opción entre varias entidades (cuerpos fetales). La elección fue algo muy natu- ral, porque los conocía a todos —a aquellos con los que iba a vivir—. Ansiaba esta vida con gran ilusión. Sin embargo, me preocupaba la salud de mi madre y eso me hacía vacilar.» (Caso A-217.) «Sí, elegí nacer, y muchos me aconsejaron. Deseaba ver a aquellos que ya se me habían anticipado.» (Caso A-220.) «Sí, elegí nacer. Estaba alegre, contento, confiado. Había un grupo ayudándome a elegir y decidimos venir juntos. Cada uno de nosotros tenía unas instrucciones y un trabajo específico que realizar. Me entu- siasmaba la perspectiva de nacer y sabía que lo haría bien.» (Caso A-393.) «Sí, elegí nacer, y un pequeño grupo me ayudó en mi elección. Eramos unas seis personas en el grupito. Mis sentimientos ante la pers- pectiva de la vida futura eran de entusiasmo, porque habría de tomar parte en cambios muy interesantes que se darían en la tierra. Cuando decidí venir a este mundo, sabía que en el futuro encontraría a gente con la que estaba entonces. Algunos me ayudarían y guiarían.» (Caso A-372.) «Sí, elegí nacer. Sentí una clara sensación de que mis partes dispersas y esparcidas se iban reuniendo en mi centro físico, y tuve una visión de ello. Creo que alguien me ayudó a nacer; pero de ser así, fue
  48. 48. 52 VIDA ANTES DELA VIDA antes del espacio que experimenté, pues sentí mi propia presión consti- tuir una realidad física. Mis sentimientos ante la perspectiva de venir a este mundo eran muy positivos y me sentía impaciente por empezar.» (CasoA-349.) «Sí, elegí nacer, y había otros a mi alrededor aconsejándome sobre mi vida futura. Me sentí preparado para la vida venidera, pero me hubie- ra gustado permanecer en la otra energía. Sin embargo, cuando entré en el feto me sentí contento.» (Caso A-345.) «Sí, elegí nacer, y me aconsejaban unas cuantas personas reunidas en círculo. Parecía como si estuviesen sentados en sillas de madera y con unas vestimentas antiguas. Mis sentimientos ante la perspectiva de la vida futura eran que sabía que había una lección que yo quería apren- der, y por lo tanto, me sentía satisfecho.» (Caso A-325.) «Sí, elegí nacer, y parecía haber como cuatro entes a mi alrededor aconsejándome sobre la vida futura. Mis sentimientos ante la vida que se aproximaba eran de que yo la deseaba. Me daba cuenta de que esta vida es importante, y mis consejeros insistían en que tenía que venir en esta época.» (Caso A-302.) «Sí, elegí nacer con anticipación, como si hubiera estado esperando esta oportunidad. En realidad, nadie me ayudó a elegir, pero me daba cuenta de que recibiría ayuda en caso de necesitarlo. Me sentí compla- cido ante la perspectiva de vivir la vida futura, y me vinieron a la mente las palabras "los elementos eran favorables".» (Caso A-576.) «Elegí nacer, y me encontraba con tres seres que lo harían más ade- lante y lo discutíamos juntos. Yo estaba preparado y parecía enterado de todo el proceso.» (Caso A-476.) «Sí, elegí nacer, y un grupo de nosotros estaba de acuerdo. Mis sen- timientos ante la perspectiva de la vida futura eran de que todo estaba bien y programado como un negocio. Quería realizar algo en grupo (los que se encontraban conmigo), y exponerme a una vida disoluta y no caer en ella.» (Caso A-443.) «Desde luego que elegí nacer. La persona que me ayudó a hacerlo era un hombre. Estábamos muy enamorados. Mis sentimientos ante la perspectiva de venir a este mundo fueron que elegí esta vida porque tenía que culminar algo grande, una parte importante de mi existencia.
  49. 49. LA EL ECCION DE VOL VER A VIVIR 53 Cuando hizo la pregunta sobre la elección de nacer, yo estaba mirando abajo a la tierra, a un feto. El hombre al que tanto amaba me rodeaba con un brazo y nos hallábamos entusiasmados y muy contentos. Es extraño —era como si fuéramos padres mirando por la ventana de un "nido" a un recién nacido—. Estábamos muy complacidos por nuestra elección.» (Caso A-15.) «Sí, elegí nacer. Estaba esperando el retorno. En realidad, nadie me ayudó a elegir, pero un anciano se encontraba conmigo mientras hacía mi elección. Lo que sentí ante la perspectiva de nacer fue que estaba impaciente por ver si el cuerpo estaría bien en esta ocasión. Esta expe- riencia me resultó muy extraña. Me di cuenta de que había nacido de los mismos padres, como mi hermana mayor, Daisy, que murió tres meses después del nacimiento por falta de salud. Recordaba haber pasado el tiempo intermedio viendo a ver si había otra oportunidad en este mismo entorno. Por eso sentía tanta ansiedad por ver si el cuerpo sería válido en esta ocasión.» (Caso A-43.) «Sí, elegí nacer, y en mi elección me^ ayudó un consejo de almas. Mis sentimientos ante la perspectiva de la vida futura eran de que mis padres me necesitaban porque habían perdido a una hija de quince meses en un incendio. Por eso estaba deseando venir con ellos.» (Caso A-48.) «Sí, elegí nacer, y me hallaba con un grupo de otras almas; en cierto modo me di cuenta de que nos estábamos reagrupando. Me sentía bien dispuesto ante la vida futura porque nos encontrábamos todos planean- do estar juntos antes de que yo naciera.» (Caso A-107.) «Cuando preguntó si elegí nacer, no me pareció que fuera ésa la cuestión. Parecía algo inevitable. No noté que nadie me ayudara a elegir, pero sí me sentí deseoso de emprender esta vida.» (Caso A-1 12.) «Cuando preguntó lo de la elección del nacimiento, se me ocurrió que era algo que se daba por supuesto: "Sí, todo el mundo lo hace". Me adiestraron y me aconsejaron unos maestros antes de mi nacimien- to. Me atraía mucho la idea de vivir esta vida futura.» (Caso A- 140.) «Sí, elegí nacer. En realidad, nadie me ayudó a elegir, pero me dije- ron que tenía que hacer la elección. Me encantaba venir a esta vida porque me gustaba poder tocar las cosas y sentirlas.» (Caso A-141 .)
  50. 50. 54 VIDA ANTES DELA VIDA «Sí, elegí nacer, pero no me pareció que nadie me ayudase a ello. Me daba la impresión de que esta vida venidera era una prueba, un reto, y estaba montando un escenario a propósito para aprender lo que quiero saber.» (Caso A- 154.) Un pequeño subgrupo (alrededor del 3 por 100) de los que eligieron nacer habían obrado al parecer en contra de los consejos de sus maes- tros y guías. Sus respuestas resultaban interesantes: «Sí, elegí nacer, y no todos parecían ayudarme a la elección. Pero cuando preguntó por la perspectiva de la vida venidera me di cuenta de que debía haber seleccionado mejor y haber esperado unos años más.» (CasoA-42.) «Elegí nacer porque quería pertenecer a una familia numerosa. A mi hermano le conocía de antes por haber sido un buen amigo mío. Cuando preguntó si alguien nos ayudó a elegir, me di cuenta de alguien llamado June que se encontraba junto a mí. Quería que ella también viniese, pero dijo: "Esta vez no". Cuando preguntó por la perspectiva de nacer, alguien se puso a decir: "Espera un momento más oportuno. Una familia menos numerosa podrá dedicarte más tiempo". Pero pensé: "No, debe ser ahora". Uno tiene que ponerse en marcha y no esperar demasiado. Al parecer^ eso les decía a los demás que me insta- ban a esperar.» (Caso A-191 .) «Sí, elegí nacer, pero tenía mucha prisa y no estaba seguro de mi elección. Cuando preguntó si me ayudaron a elegir, me di cuenta de que alguien, no sé muy bien quién, me hizo una advertencia, pero sentí que tenía que hacer algo y resolver alguna cosa.» (Caso A-209.) «Sí, yo mismo elegí nacer. Cuando preguntó si me ayudaron a ele- gir, me di cuenta de que alguien trataba de impedirme nacer. Me hacían una serie de advertencias. Mis sentimientos ante la perspectiva de la vida futura eran de que anhelaba venir aquí a jugar. Pero después del nacimiento sentí que era muy duro. El ambiente de aquí abajo, de la tierra, resultaba muy duro. Esperaba jugar, pero todo era conmoción y estaba deseando regresar al espacio, donde todo era liviano.» (Caso A-339.)
  51. 51. LA EL ECCION DE VOL VER A VIVIR 55 «Sí, está claro que elegí nacer. Algunos entes trataban de advertir- me, pero no escuché. Estaba impaciente por concluir algo que había empezado.» (Caso A-320.) «Sí, elegí nacer, pero en medio de un gran revuelo. No fue una deci- sión sosegada. Cuando preguntó si alguien me ayudó a nacer, me di cuenta de la presencia de unos guías que parecían grandes rayos de luz, que me aconsejaban que no naciera ahora —pero yo ya había tomado una decisión — . Mis sentimientos ante la perspectiva de la vida venidera eran de que yo la deseaba, y sabía que mi madre no estaba preparada y que esta familia no era lá apropiada. Pero tenía cosas que hacer y era necesario que completara tres viajes kármicos.» (Caso A-493.) «Cuando preguntó si elegí nacer, me'sentí arrastrada y unida al feto. Sentí que me habían enviado porque quería una madre, y mis únicos sentimientos eran de que deseaba volver con mi madre. Esta vida de ahora y el período anterior parecen ser el resultado directo de mi muerte traumática en la infancia en mi vida inmediatamente anterior.» (Caso A-440.) Este sujeto había experimentado la muerte a los cuatro años en un bombardeo de Rumania en 1942. Recordó la experiencia emocional- mente dolorosa de errar por el área devastada, llorando y llamando a su madre. El grupo más numeroso, el 67 por 100, eligió nacer pero expresó ciertos reparos a vivir otra vida. «Sí, elegí nacer. Creo que otros me ayudaron, pero nadie me ordenó hacerlo. Era como si decidiera yo y estuviera hablando con dos personas de lo que haría. Mis sentimientos ante la perspectiva de venir a esta vida fueron: "Bueno, supongo que me desbastaré un poco más".» (Caso A-418.) «Sí, elegí nacer, y parecía haber un consejo o un comité —un grupo de autoridades que me ayudaba a elegir—. No me atraía ni me inte- resaba vivir esta vida, pero sabía que tenía algo que hacer en este plano, algo que realizar. El sentimiento ante el nacimiento era el que se tiene ante un viaje fastidioso, desagradable, que hay que hacer
  52. 52. 56 VIDA ANTES DELA VIDA para llevar algo a cabo en esta vida. Era una necesidad.» (Caso A-408.) «Sí, fue una decisión difícil. Un grupo me ayudaba a elegir. Escucha- ron lo que había planeado e hicieron algunas sugerencias. Mis senti- mientos ante la perspectiva de esta vida eran de que no estaba contento, pero sabía que lo que iba a hacer era lo suficientemente im- portante como para que dejara de lado mis sentimientos de no querer verme confinado en un mundo físico.» (Caso A-431 .) «Cuando preguntó si elegí nacer, vi que no había querido, pero me convenció un consejero de que necesitaba ayudar esclareciendo cosas. El hombre que me ayudó a elegir parecía tener barba blanca y un bastón, y era una especie de guía espiritual. Cuando preguntó por la perspectiva de vivir esta vida, me di cuenta perfectamente de que yo no deseaba nacer y de que estaba más que remiso. Incluso supe que había intentado abortar mientras me encontraba en el útero.» (Caso A-434.) El sujeto siguiente se había recuperado de una gravísima enferme- dad dos años antes del experimento. «Estaba convencido de nacer con otros a los que conocía para atar todos los cabos que habían quedado sueltos en mi vida inmediatamente anterior. Cuando preguntó lo de ayudar a elegir, me di cuenta de que tenía algunos mentores, tres, pero sólo reconocí a uno. Cuando pregun- tó sobre la perspectiva de vivir esta vida de ahora, tuve un sentimiento de tedio y de nostalgia por el lugar que había dejado (no en la tierra), y determiné acabar con esto de una vez por todas. Sentí que ya no quería seguir con esto, al parecer esta vez había emprendido el estudio de demasiadas unidades de aprendizaje. Se me había dado la opción de abandonar si me sentía demasiado cansado, pero ya me he comprome- tido bastante y tengo que terminar. Al parecer sólo tengo que completar dos unidades; una ya está terminada, otra no.» (Caso A-437.) «Sí, elegí nacer, pero me hice el remolón todo lo que pude. Parece que había unos amigos, muchos, ayudándome en la elección. Querían que viniera. Yo dudaba porque mi última vida había resultado desagra- dable, y no tenía que elaborar ningún karma urgente. Allí se estaba muy cómodo. Recuerdo hablar con la gente en el otro plano, intentando
  53. 53. LA EL ECCION DE VOL VER A VIVIR 57 decidir. Sabía que tenía que cuidar de algunas cosas, pero nada urgente. Sentí algo así como si me dejara llevar.» (Caso A-481.) «Sí, elegí nacer. Había un grupo hablando de ello, pero a mí me correspondía decidir. Mis sentimientos ante la perspectiva de vivir es^ta próxima vida eran de que es como tener que ir a trabajar, prepararse para el viaje y empacar las energías.» (Caso A-482.) «Sí, elegí nacer, pero muy a disgusto. Había otros a mi alrededor mientras decidía y parecían iguales que yo. Dijeron que estarían conmi- go para ayudarme en mi próxima vida. Cuando preguntó por la perspec- tiva de nacer, sentí que no quería abandonar el hermoso jardín y los amigos que tenía allí.» (Caso A-489.) «A regañadientes, elegí nacer. Había unas presencias alrededor mío cuando tomé la decisión, pero no se habló de ello. Lo que sentí ante la perspectiva de vivir esta vida fue que no resultaba demasiado interesan- te. Era algo así como tener que finalizar una tarea, sin la certeza de que se fuera a terminar.» (Caso A-490.) «Sí, elegí nacer, pero un poco a disgusto. Otros me estaban ayudan- do a ello y parecían ser siluetas muy vagas. Algunos tenían forma huma- na y otros formas geométricas. Estuvimos todos de acuerdo en que era en cierto modo necesario, pero me sentí empujado a ello.» (Caso A-491.) El siguiente sujeto describió un interesante caso de elegir un cuerpo que otro ente había rechazado. «Sí, elegí nacer. Y alguien que me ayudaba a decidir era la persona que primero había optado por el cuerpo que yo tendría. Me sentía muy inquieto ante la perspectiva de vivir una vida. Al parecer había muerto no hacía mucho y me preocupaba regresar a un cuerpo. Pensé que el tiempo y el lugar me darían la oportunidad de vivir una vida muy distinta a la de antes, en la que fui una calamidad.» (Caso A-494.) «Cuando preguntó si había elegido nacer, me sentí escéptica. Hay imágenes de gente a mi alrededor en ese momento, sugiriendo el traba- jo que yo podía llevar a cabo, pero tenía dudas. Mis sentimientos ante la vida venidera eran de que me esperaba mucho trabajo y yo quería que-
  54. 54. 58 yIDA ANTES DELA VIDA darme donde estaba. No me entusiasmaba la idea de vivir otra vida.» {CasoA-524.) «Sí, elegí nacer. Sentí que me apoyaban mucho, que me querían y me apreciaban, que me confortaban los numerosos entes de que estaba rodeado. Fue una despedida muy cariñosa. Mis sentimientos ante la perspectiva de vivir esta vida eran ambivalentes. Notaba que estaba por encima de ella, mirando desde lo alto a mi futura madre y familia. Sentía la ansiedad de la separación del plano existencial en que me encontra- ba.» (Caso A-527.) «Sí, elegí nacer. Eramos un grupo, y me aconsejaban; estábamos haciendo planes para ir juntos. Sentí mucho marcharme de allí, pero tenía que dedicarme al plan que habíamos trazado para trabajar con los demás.» (Caso A-307.) «Se me ofreció la oportunidad de nacer, y la acepté en una especie de conferencia importante. Parecía haber allí un anciano de barba blanca que era el "jefazo". Quería tener otra vez un cuerpo, por eso me alegró la perspectiva de vivir una vida, y sonreí. Lo que no me hizo gracia fue volver a ser mujer. Eso me dio como rabia; pero de todas formas elegí venir.» (Caso A-316.) «Sí, elegí nacer. Alguien me ayudó a la elección, y esa persona era un buen amigo. Me dijo que estaría amparado. Otra persona también me "habló". Lo que sentí ante la perspectiva de volver a esta vida era que significaba mucho trabajo, pero pensé en la comida que podría comer. Antes de mi nacimiento parece que hubo como una conferencia y uno de mis consejeros me amaba profundamente. Hablamos de mi aprendizaje para alcanzar mi plano de vida. Tuve la clara impresión de que existía un plan.» (Caso A-341 .) «Sí, elegí nacer. Cuando preguntó si alguien me ayudó, se me representó un hombre con sombrero de copa y capa. Mi primera impre- sión fue de que era mi esposo (pero no en apariencia), y luego me di cuenta de que mi esposo, en esa época, tenía que haber sido un niño pequeño. Lo que sentí acerca de lo de nacer fue que me estaba metien- do en un río helado que sabía que tenía que cruzar.» (Caso A-350.) «Cuando preguntó que si elegí nacer, sentí: "Bueno, supongo que sí, está bien". Alguien me ayudó a elegir y me dijo que esas dos perso-
  55. 55. LA EL ECCION DE VOL VER A VIVIR 59 ñas, mis futuros padres, estaban dispuestas a darme amor, estabilidad, confianza, consejo y perseverancia. Lo que sentí ante la perspectiva de nacer fue: "Muy bien"; ¿porqué no?» (Caso A-351.) «Cuando preguntó si elegí nacer, estaba como remiso; pero sabía que tenía que ir allá. Otros se hallaban a mi alrededor cuando elegí. Era mi hermana, con otros cuantos, y mi hermano de otra vida anterior, y mi novio de ahora. Cuando preguntó lo que sentíamos ante la próxima vida, yo no quería venir antes que los demás, pero tuve que hacerlo porque "los del consejo" insistieron en que les demostrara que todo iría bien. Me gustó la experiencia del estado entre vidas. ¡Era asombroso eso de reconocerá la gentél» (Caso A-354.) «Sí, elegí nacer. Me di cuenta de que el compañero de mi alma, que es mi marido en esta vida, me ayudó a elegir. Tuve la impresión de que tenía que volver a la vida en la tierra, pero me sentía triste al regresar a este plano.» (Caso A-361 .) «Elegí nacer, pero al principio no me hizo gracia. Creo que había como cinco consejeros, una especie de jefes que yo había conocido en vidas anteriores. Me asustaba mucho tener que vivir esta vida, pero me gustó la mujer que vi aquí abajo, y que sería mi madre, y deseaba hacer- la feliz. Me dijeron mis consejeros que tenía que venir a encontrar, a mostrar, a enseñar, a aprender. Al parecer, mis amigos y amantes serían personas de mentalidad parecida.» (Caso A-371 .) «Sí, elegí nacer. Otros me ayudaban a ello y algunos amigos lo hacían con sincero interés; pero mis sentimientos eran ambivalentes ante la perspectiva de vivir esta vida. Tengo que ir, y una vez que me haya embarcado, todo irá bien. Pero el conocimiento en ese plano es muy agradable. ¡Qué bueno es ver las cosas en perspectiva!» (Caso A-398.) «Sí, elegí nacer, aunque me di cuenta de que se armaría jaleo. Alguien me ayudó a elegir, alguien de más conocimientos que yo. Lo que sentí sobre lo de vivir otra vida fue que era algo que había que hacer, como fregar el suelo cuando está sucio.» (Caso A-285.) «Sí, elegí nacer, pero no lo decidí yo, fue como cuando en la agencia de viajes te proponen un tour que tú puedes hacer. Cuando preguntó si alguien me ayudó en la elección, vi a un par de amigos, y uno de ellos
  56. 56. 60 yiDA ANTES DÉLA VIDA era una especie de sabio. Mis sentimientos ante la perspectiva de nacer fueron de algo así como cuando te obligan a tirarte a la piscina. Eso de pasar a un estado cárnico no es que apetezca mucho.» (Caso A-231 .) «Cuando preguntó si elegí nacer, sentí que realmente no lo había elegido, sino que me llevó a ello una figura maternal. Yo me agarraba a ella en las nubes y dudaba en venir a esta vida. Lo que sentí ante la pers- pectiva de vivir esta próxima vida fue que sabía que necesitaba encon- trar a mi otra mitad y unidad. Me pareció que antes de nacer yo era una niña con el pelo largo.» (Caso A-207.) «Sí, elegí nacer, y había unos cuantos ayudantes y guías que me ayu- daban a ello. Me apoyaron mucho. Mis sentimientos ante la perspectiva de vivir la próxima vida fueron de que me sentía presa de ansiedad y esperaba un trauma. No tanto por mi parte como, originalmente, por parte de otros, y luego repercutiría en mí. Tuve un sentimiento previo de la confusión y excitación de los vivos que esperaban que naciera.» (CasoA-204.) «Cuando preguntó si elegí nacer, me pareció como si estuviera en fila para ello y me saliera de la misma. No tuve la impresión de que nadie me ayudara a elegir. Me estaba divirtiendo y bromeaba con los demás que esperaban nacer. Sentí que, después de nacer, vería a esos otros con los que me encontraba antes del nacimiento.» (Caso A-198.) «Me resistía a nacer, pero lo elegí. Alguien me estaba diciendo que debería hacerlo. La verdad es que no quería bajar y dejar la seguridad de la nube, y sentir frío y encontrarme solo.» (Caso A-190.) «Sí, elegí de mala gana nacer. Parece que tomé la decisión tras estu- diar las necesidades. Preferiría no vivir esta próxima vida, pero sentí que tenía que ser así.» (Caso A-185.) «Elegí nacer porque mi alma compañera me pidió que regresara para conseguir más méritos. Creo que estuve remiso, pero me aseguraron que sería mejor amar más sinceramente y apreciar las cosas.» (Caso A-169.) «Elegí nacer, y no me di cuenta de que hubiera otros ayudándome en la elección. Sentí que necesitaba la experiencia de la próxima vida, pero recelaba de lo que se abría ante mí.» (Caso A- 165.) «Sí, elegí nacer, y había varios amigos ayudándome a decidir. Me
  57. 57. LA ELECCIÓN DE VOL VER A VIVIR 61 asustaba tremendamente la perspectiva de vivir esta vida, pero me daba cuenta de que era una gran oportunidad.» (Caso A-162.) «Sí, elegí nacer, pero de mala gana. Creo que había varios amigos animándome, diciendo: "Vamos, ya verás cómo resulta bien". Mis sen- timientos ante la perspectiva de vivir la próxima vida eran de que me esperaba mucho trabajo, sobre todo en lo referente a mis relaciones con mi madre.» (Caso A- 142.) «Elegí nacer, pero de mala gana. No me alegraba la idea. Me vi como a un anciano antiguo con una barba larga, muy larga, una túnica y un báculo. Después del nacimiento seguía siendo el mismo anciano, pero en un cuerpecito pequeño.» (Caso. A-116.) «No se puede decir que eligiera venir a este mundo. Era simplemente algo que tenía que hacer para superar ciertas pruebas o aprender ciertas lecciones. Había algo así como una computadora ayudándome en la elección, y lo que sentí ante la perspectiva de vivir la próxima vida fue que era un deber. Oí a gente discutir sobre un aborto o intentar convencer a mi madre de que abortara. Me decidí entonces a nacer.» (Caso A- 104.) «Sí, elegí nacer, y sin embargo no puedo decir que fuera una deci- sión racional o analítica —era más bien como una intuición de una superalma — . Mis sentimientos ante la perspectiva del nacimiento eran de cierta ansiedad y como de algo familiar. Sé que tenía que hacerlo, y sé por qué tenía que hacerlo, y sé que volveré y me apetece hacer lo debido.» (Caso A-101.) «La verdad es que no sé si elegí nacer, me daba cuenta de que había varias formas vagas a mi alrededor ayudándome; pero todo estaba muy borroso.» (Caso A-84.) «Sí, elegí nacer, y al parecer había a mi alrededor varios consejeros. Me sentía deprimido y desgraciado. Me corrían las lágrimas por las meji- llas aquí, cuando preguntó usted qué sentíamos ante la perspectiva de vivir la próxima vida.» (Caso A-55.) «Sí, elegí nacer, y había otros a mi alrededor enseñándome y guián- dome. Pero me deprimía mucho la idea de vivir otra vida. Yo no quería, pero sabía que necesitaba esa experiencia.» (Caso A-51 .) «Sí, elegí nacer. Parece que fue mi actual marido quien decidió

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