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  1. 1. Domingo, 2 de Febrero de 2014
  2. 2. Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. Al coincidir con un domingo del tiempo ordinario, se celebra de modo especial en la liturgia.
  3. 3. Es una fiesta principalmente del Señor. Es presentado o se presenta y se ofrece, como cuando al entrar en el mundo se ofrecía: “Heme aquí que vengo a hacer tu voluntad”, un ofrecimiento que será continuo hasta llegar a la cruz.
  4. 4. Decía Benedicto XVI: “Estamos ante un misterio, sencillo y a la vez solemne, en el que la santa Iglesia celebra a Cristo, el Consagrado del Padre, primogénito de la nueva humanidad”.
  5. 5. Pero también es fiesta de María: Ella es la que presenta a Jesús y se ofrece con su Hijo. Al ponerlo en las manos de Simeón, podemos decir que lo está presentando a todo el mundo.
  6. 6. Durante varios siglos esta fiesta se ha titulado más de la Virgen María, pues se llamaba: Fiesta de la Purificación de María. Pero era más un recuerdo de las leyes de la Antigua Alianza que consideraban a las madres impuras en el sentido legal durante 40 días.
  7. 7. De hecho este era el dato necesario para ir al templo a los 40 días. Había otra ley sobre el rescate de los primogénitos; pero no se indicaba el momento. La mayoría de las madres aprovechaban llevar a su primogénito al templo a los 40 días, ya que debían ir ellas. Así lo hizo María. Comienza el evangelio de hoy diciendo:
  8. 8. Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
  9. 9. María, por su parto especial, y Jesús Niño, por ser el Dueño del templo, no estaban obligados a guardar la ley externa; pero quieren ser iguales que los demás. La ofrenda que se pedía era un cordero y una paloma; pero ellos, como eran pobres, dieron dos tórtolas o pichones. Con ello el evangelista presenta a José y María como cumplidores de la Ley, personas religiosas y justas.
  10. 10. Había también otra ofrenda, que era de cinco monedas de plata, como rescate del primogénito. La Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Quizá san Lucas no lo menciona para que quede más claro que aquel niño no les pertenece, sino que es propiedad de Dios.
  11. 11. Toda la vida de Jesús fue un ofrecimiento de su vida al Padre, desde el momento en que entró en este mundo. Pero en esta celebración la Iglesia da mayor realce al ofrecimiento que María y José hacen de Jesús. Ellos reconocen que este niño es propiedad de Dios y salvación para todos los pueblos.
  12. 12. Esta fiesta era muy antigua en Jerusalén, de la cual ya se habla por el año 350. Lo de la procesión de las candelas fue más tarde. Después esta procesión de candelas quedó como algo propio de la liturgia, hasta llamarse la fiesta de la Candelaria.
  13. 13. Como pobres lo normal sería pasar desapercibidos; pero en aquel momento aparece Simeón. Era un hombre inspirado en el Espíritu Santo. Es interesante constatar que por tres veces nombra el evangelista al Espíritu Santo al hablar de Simeón. Dios le ilumina. Dice así el evangelio sobre el anciano Simeón:
  14. 14. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."
  15. 15. A Simeón «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor», y hoy, «movido por el Espíritu», ha subido al Templo. Quizá no era ni levita, ni escriba, ni doctor de la Ley. Lo importante es que era un hombre «justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel». Y lo más importante es que se dejaba guiar por el Espíritu. Por eso es profeta.
  16. 16. Simeón emocionado toma al Niño Jesús en sus brazos y levantándolo hacia el cielo proclamó en voz alta varias noticias, de las que podemos decir que unas son buenas o alegres, y otras son tristes. La primera noticia buena se refiere al él mismo: ha visto cumplidas sus esperanzas y ya puede marchar en paz.
  17. 17. Ahora puedes dejar, oh Señor, a tu siervo marchar en la paz, Automático
  18. 18. La que tu preparaste a la vista de todos los pueblos.
  19. 19. Es la luz que ilumina las gentes,
  20. 20. De tu pueblo esplendor. Hacer Click
  21. 21. Una profecía alegre de Simeón respecto al Niño es que será como un faro de luz para la vida de muchos, de modo que le seguirán como en una batalla los soldados fieles en favor de su bandera. Y esto se ha cumplido muy bien. Jesús ha sido el iluminador de todas las naciones del mundo. Y una multitud de personas se han entregado a Él, no por premios materiales, sino guiados por su amor.
  22. 22. La profecía triste también es doble: muchos rechazarán a Jesús, como en una batalla los enemigos atacan la bandera del adversario. Y respecto a la Virgen María: tendrá que sufrir de tal manera como si una espada afilada le atravesara el corazón. Pronto comenzarán esos sufrimientos con la huida a Egipto. Después vendrá la pérdida del niño a los 12 años, y más tarde en el Calvario la Virgen padecerá el atroz martirio de ver morir a su hijo, asesinado ante sus propios ojos.
  23. 23. Jesús llegó a sentir en su propia carne esta bandera dividida: los amigos lo aclaman gritando “hosanna”, y los enemigos lo atacan diciendo “crucifícale”. Así ha sido y será en todos los siglos. Siempre tiene amigos y enemigos. Cada vez que pecamos lo tratamos a El como si fuéramos sus enemigos, pero cada vez que nos esforzamos por portarnos bien y cumplir sus mandatos, nos comportamos como buenos amigos suyos.
  24. 24. Las palabras de Simeón para María son como una nueva anunciación, la de la misión universal. Así lo dice Juan Pablo II en la “Redemptoris Mater”: “El anuncio de Simeón parece como un segundo anuncio a María, dado que le indica la concreta dimensión histórica en la cual el Hijo cumplirá su misión, es decir, en la incomprensión y en el dolor” (nº 16).
  25. 25. Al entregar María a su Hijo, recibido poco antes de Dios, para consagrarlo a su misión de salvación, María se entrega también a sí misma a esa misión. Se trata de un gesto de participación interior, que no es sólo fruto del natural afecto materno, sino que sobre todo expresa el consentimiento de la mujer nueva a la obra redentora de Cristo. Benedicto XVI recuerda el camino de obediencia que recorrerá Jesús.
  26. 26. Dice el papa Benedicto: “La primera persona que se asocia a Cristo en el camino de la obediencia, de la fe probada y del dolor compartido, es su madre, María. El texto evangélico nos la muestra en el acto de ofrecer a su Hijo: una ofrenda incondicional que la implica personalmente: María es Madre de Aquel que es "gloria de su pueblo Israel" y "luz para alumbrar a las naciones", pero también "signo de contradicción".
  27. 27. Continúa Benedicto XVI: A ella misma la espada del dolor le traspasará su alma inmaculada, mostrando así que su papel en la historia de la salvación no termina en el misterio de la Encarnación, sino que se completa con la amorosa y dolorosa participación en la muerte y resurrección de su Hijo. Al llevar a su Hijo a Jerusalén, la Virgen Madre lo ofrece a Dios como verdadero Cordero que quita el pecado del mundo; lo pone en manos de Simeón y Ana como anuncio de redención; lo presenta a todos como luz para avanzar por el camino seguro de la verdad y del amor.
  28. 28. No sólo es Simeón quien espera la liberación de Israel reconociendo al Mesías. También hay una anciana, Ana, mujer buena. Dice así el evangelio: Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
  29. 29. Al igual que Simeón, esta mujer no es una persona socialmente importante en el pueblo elegido, pero su vida parece poseer gran valor a los ojos de Dios. San Lucas la llama "profetisa", probablemente porque era consultada por muchos a causa de su don de discernimiento y por la vida santa que llevaba bajo la inspiración del Espíritu del Señor.
  30. 30. Podemos ver en la profetisa Ana a todas las mujeres que, con la santidad de su vida y con su actitud de oración, están dispuestas a acoger la presencia de Cristo y a alabar diariamente a Dios por las maravillas que realiza su eterna misericordia.
  31. 31. Simeón y Ana, escogidos para el encuentro con el Niño, viven intensamente ese don divino, comparten con María y José la alegría de la presencia de Jesús y la difunden en su ambiente. De forma especial, Ana demuestra un celo magnífico al hablar de Jesús, testimoniando así su fe sencilla y generosa, una fe que prepara a otros a acoger al Mesías en su vida.
  32. 32. En aquel momento los ancianos Simeón y Ana, son como los representantes de las esperanzas y anhelos de la raza humana. Estas personas justas y piadosas, envueltas en la luz de Cristo, pueden contemplar en el niño Jesús "el consuelo de Israel". Así, su espera se transforma en luz que ilumina la historia.
  33. 33. Hoy celebramos a Cristo, como luz del mundo. Jesús es la luz del mundo y para el mundo, es revelación de Dios para todos los pueblos de la tierra.
  34. 34. La bendición de las velas es un símbolo de la luz de Cristo que los asistentes se llevan consigo. Encender estas velas en algunos momentos particulares de la vida, no significa un fenómeno mágico, sino un ponerse simbólicamente ante la luz de Cristo que disipa las tinieblas del pecado y de la muerte. En este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio, aclamemos a Cristo como "luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel".
  35. 35. Cristo mismo se autoproclama la “luz del mundo” porque Él es el único capaz de disipar todas las tinieblas del mundo y de nuestro corazón: la oscuridad del odio, del miedo, del pecado y de la muerte; las tinieblas de nuestros complejos, desesperanzas, angustias, quebrantos y frustraciones. Cristo es de verdad nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta.
  36. 36. Por eso hoy debemos pedirle a Jesús que nos guíe con su luz. Porque si él se va ¿Quién podrá alumbrarnos en las oscuridades de esta vida?
  37. 37. Si tu te vas, Automático
  38. 38. ¿Quién me podrá alumbrar con esa luz
  39. 39. que me hace esperar en la oscuridad, Señor?
  40. 40. ¿Quién será aliento al caminar? Hacer CLICK
  41. 41. Esta fiesta nos debe estimular a realizar cada vez más una de las más hermosas oraciones y actitudes ante Dios: la de presentarnos y ofrecernos ante El. Decía san Pablo: “Os ruego, hermanos, que ofrezcáis vuestros cuerpos, como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es el culto que debéis ofrecer” (Rom 12, 1).
  42. 42. Debemos estar atentos con amor, para ofrecer a Dios desde el amanecer hasta la noche, nuestros pensamientos, afectos, deseos, planes, fracasos, alegrías, enfermedades, llanto y tristeza, y todas las virtudes que la vida nos va proporcionando la oportunidad de practicar, y todas las batallas que debemos sostener, para unirlos al sacrificio de Cristo renovado en el altar. Esa es la ofrenda que le agrada al Padre, que busca adoradores en espíritu y en verdad.
  43. 43. Y para presentarnos ante Dios, debemos estar presentables. Claro que sabemos que cuanto más humildemente nos presentemos, Jesús, lleno de misericordia, nos irá haciendo más presentables, limpiando nuestra alma.
  44. 44. Esta presentación se realiza de una manera particular, cuando se responde a una llamada de Cristo, para seguirlo más de cerca, en una vocación específica o particular, sacerdotal, religiosa o laical. Nuestra vida debe ser un continuo ir al encuentro de Cristo que viene, como “triunfador glorioso y definitivo”. Por eso en este día debemos pedir especialmente por las personas consagradas. La presencia de Simeón y Ana es ejemplo de vida consagrada a Dios y de anuncio del misterio de salvación.
  45. 45. El cirio o candela encendida subrayan o ponen de manifiesto esta actitud tan hermosa y cristiana y la procesión de las candelas expresa muy bien nuestro caminar al encuentro de Cristo que viene...
  46. 46. Es como un pregustar la vigilia pascual cuando la Iglesia, es decir, cada uno de nosotros, llevando en alto la vela encendida cruzará los umbrales del templo cantando «Lumen Christi: Luz de Cristo». Cristo ilumina en profundidad e individualmente el misterio del hombre.
  47. 47. El caminar con la luz es un símbolo de nuestro peregrinar hasta que lleguemos a la luz definitiva. En verdad somos peregrinos en esta vida; pero caminamos guiados por la luz de Cristo y sostenidos por la esperanza de encontrar finalmente al Señor de la gloria en su reino eterno. Que así se lo pidamos a Dios en esta fiesta.
  48. 48. La fiesta de la Presentación del Señor es una fiesta de esperanza. Como María y José, como Simeón y Ana, también nosotros podemos encontrar a Jesucristo, luz de las naciones y gloria de Israel. Él viene a nuestra vida en sus sacramentos, sobre todo en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, para iniciar de este modo en nuestro corazón la vida eterna, esa vida que no tiene fin y que consiste, para siempre, en el encuentro con Cristo en el cielo.
  49. 49. Ese encuentro con Cristo en el cielo debe ser la aspiración suprema de nuestro ser. Las palabras de Simeón son el testimonio de una vida lograda: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos”. Ver al Salvador es la aspiración mayor de Israel y de toda la humanidad. Terminamos recordando la aspiración de santa Teresa de Jesús: “Véante mis ojos, dulce Jesús bueno; véante mis ojos, muérame yo luego”.
  50. 50. Automático
  51. 51. Vea quién quisiere rosas y jazmines,
  52. 52. que si yo te viere, veré mil jardines,
  53. 53. véante mis ojos, muérame yo luego.
  54. 54. No quiero contento, mi Jesús ausente,
  55. 55. que todo es tormento a quien esto siente;
  56. 56. sólo me sustente su amor y deseo;
  57. 57. Véante mis ojos, muérame yo luego.
  58. 58. Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
  59. 59. muérame yo luego. AMÉN

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