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Ciclo A
Cuando vamos a misa, especialmente los domingos,
vamos principalmente a alabar y bendecir al Señor; pero
también a escuchar su palabra. El tema de hoy es
precisamente cómo debemos prepararnos a escuchar la
palabra de Dios.
Escuchemos
con atención
la palabra y
los
mensajes de
Dios a través
de la Iglesia.
Automático
Escuchemos su mensaje,
escuchemos la palabra del Señor.
Escuchemos la palabra del Señor.
Hacer Click
La palabra de Dios es algo tan importante que Dios, al
hacerse hombre, lo quiso expresar bajo este símbolo de
la “Palabra de Dios”. Así lo expresa especialmente el
evangelista san Juan. “Palabra de Dios” porque, sin que
Dios se disminuya, sale de Dios para que nosotros la
acojamos.
La palabra de Dios,
expresada para
nosotros, está escrita en
las Sagradas Escrituras.
Pero también está viva
en la vida de los santos.
Los profetas la
expresaban con viveza,
hasta llegar a decir el
autor de la “carta a los
hebreos” que la palabra
de Dios es como una
espada afilada y
penetrante (4,12).
Hoy en la
primera lectura
nos dice el
profeta Isaías
que la palabra de
Dios es como la
lluvia que cae
sobre la tierra. Y
cae sobre todos,
buenos y malos.
Así dice el Señor: “Como bajan la
lluvia y la nieve del cielo, y no
vuelven allá sino después de
empapar la tierra, de fecundarla y
hacerla germinar, para que dé
semilla al sembrador y pan al que
come, así será mi palabra, que sale
de mi boca: no volverá a mí vacía,
sino que hará mi voluntad y
cumplirá mi encargo.” (Isaías
55,10-11)
Automático
así viene
a
nosotros
tu
palabra,
Señor,
para
cumplir
tu
voluntad.
Hacer CLICK
Y alguno quizá
se pregunte: Si
la palabra de
Dios es eficaz y
cae como la
lluvia, sobre
todos, ¿por qué
no fructifica
mucho más? Y
aquí es donde
entra el
evangelio de
este día, que es
la parábola del
sembrador.
Dios nos ha dado el
don inmensurable de la
libertad. Y Dios respeta
la libertad del ser
humano. Cada uno se
prepara de modo muy
diferente para recibir la
palabra de Dios. Hoy
debemos llevarnos la
mano al corazón y ver
porqué la palabra de
Dios fructifica poco en
nosotros.
Comienza el
evangelio de
una forma
muy solemne
al comienzo
del cap. 13
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de san
Mateo:
“Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al
lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a
una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la
orilla. Les habló mucho rato en parábolas”:
¿Por qué lo hizo? Entre la exposición y la explicación hay
una pregunta de los discípulos y una respuesta por parte
de Jesús, respuesta que se hace algo difícil de entender.
Esta es la parte mediana del evangelio:
Parece
que Jesús
tenía otra
manera de
predicar y
en un
cierto
momento
se decidió
a predicar
usando las
parábolas.
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: "¿Por
qué les hablas en parábolas?" Él les contestó: "A
vosotros se os ha concedido conocer los secretos del
reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le
dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará
hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas,
porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así
se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con
los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son
duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los
ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni
convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros
ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os
aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo
que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo
oyeron.
Eso es en parte cierto para nosotros porque ya
conocemos el sentido de la parábola. Pero hay otra
explicación más conforme con lo que aparece en algunas
parábolas: porque no le aceptan algunos orgullosos
“maestros de la ley”.
Muchas veces
se ha dicho
que las
parábolas son
como ejemplos
que Jesús
pone para que
lo entienda la
gente sencilla.
Y por otra parte la gente sencilla buscaban más cosas
materiales, como cuando les dio de comer. Entonces
Jesús hablaba de forma sencilla, pero un poco
enigmática para que quien quisiera más, lo preguntase.
Jesús tenía una
experiencia algo
amarga de sus
predicaciones,
ya que la
mayoría de los
fariseos las
recibían en
contra.
Así resultaba que los orgullosos fariseos, como no
querían hacer preguntas sanas para no quedar mal, se
quedaban “sin ver ni oír ni conocer” la verdadera palabra
de Dios. Pero los apóstoles sí preguntaban y a ellos y a
otras personas sencillas Jesús se lo explicaba con
claridad. Esto sucede en esta parábola del sembrador.
La parábola nos
habla de un
sembrador que,
al sembrar a
voleo según era
el estilo antiguo,
su semilla cae
en terrenos
diversos.
“Salió el sembrador a sembrar.
Al sembrar, un poco cayó al
borde del camino; vinieron los
pájaros y se lo comieron. Otro
poco cayó en terreno
pedregoso, donde apenas tenía
tierra, y, como la tierra no era
profunda, brotó en seguida;
pero, en cuanto salió el sol, se
abrasó y por falta de raíz se
secó. Otro poco cayó entre
zarzas, que crecieron y lo
ahogaron. El resto cayó en
tierra buena y dio grano: unos,
ciento; otros, sesenta; otros,
treinta. El que tenga oídos que
oiga.”
Esta última frase es como decir: El que tenga interés
que pregunte. Los apóstoles preguntaron y Jesús les
explicó estas cuatro clases de tierra referidas a la
captación diversa que se da en la gente sobre la
palabra de Dios según cómo se hayan preparado.
El sembrador es Dios que usa muchos medios. Además
de las buenas inspiraciones, que se dan, suele venir por
medio de la Iglesia y otros mensajeros de Dios. A veces
es directamente; pero también puede ser por medio de la
radio, televisión, prensa, internet, etc.
De las cuatro clases de
tierra que Jesús explica
aplicados a nuestra
captación de la palabra de
Dios, va a resultar que
tres son malas porque no
van a producir y sólo la
cuarta es la buena. Y uno
se pregunta: ¿De quién es
la culpa? Pues no es del
sembrador ni de la
semilla. La culpa será,
como iremos viendo, de
quien recibe mal la
semilla.
Ni es culpa
del
sembrador
ni es culpa
de la
semilla.
Automático
La culpa estaba en el hombre
y en cómo la recibía.
Ni es culpa
del
sembrador
ni es culpa
de la
semilla.
La culpa
estaba en el
hombre y
en cómo la
recibía.
Hacer CLICK
Hay gente dura como el camino. Hay personas que,
quizá por desconfianza o fracasos, ya no se abren a
nada: están endurecidos por el dolor y los años.
Dice Jesús: “Si
uno escucha la
palabra del reino
sin entenderla,
viene el Maligno
y roba lo
sembrado en su
corazón. Esto
significa lo
sembrado al
borde del
camino.”
Hay gentes que están
tan amargadas que la
alegría de Dios les
resbala. No es que sea
inútil la palabra de
Dios, pues el terreno
puede cambiar, pero es
difícil, pues al no
profundizar, el
enemigo, que es el
diablo, se lleva lo poco
bueno que haya.
Dice
Jesús que
los
pájaros se
llevan la
semilla.
Los pájaros suelen ser falsos profetas o
ideologías modernas engañosas, que con
facilidad admiten. Y luego se cierran para
las cosas de Dios.
2- Hay otros que son como el terreno pedregoso. De esto
sí que tenemos bastante en nuestras comunidades
cristianas. Hay muchos que tienen sólo una engañosa
capa de tierra. Hay personas que te dicen: Yo voy a
hacer esto o lo otro, voy a cambiar, voy a cumplir. Pero
nada, a la vuelta de la esquina ya no se acuerdan.
Es la tierra que con las primeras lluvias produce hasta
bonitos tallos, pero cuando arrecia el sol, se queman
porque no tienen raíces suficientes. Es una casa sin
fundamento.
Quizá hasta
hacen algún
retiro cristiano
y reciben el
sacramento de
la
confirmación;
pero no son
perseverantes,
no tienen
profundidad.
Los de esta segunda clase de tierra no son
personas de principios recios cristianos.
Por eso vemos tantos matrimonios que no
perduran o vocaciones que ya no se tienen por
verdaderas después de cierto tiempo.
Son entusiasmos
efímeros, faltos de
consistencia en
sus propósitos.
3- Hay otros que parece y
son buena tierra. Pero
¡tienen tantas espinas!
Son aquellos que están
llenos de negocios
materiales,
preocupaciones
terrenales, ilusiones,
riquezas. Como le pasó a
aquel joven rico que fue
donde Jesús. Era buena
tierra, cumplidor de los
mandamientos; pero las
riquezas le ahogaban
para entregarse a la obra
del Señor.
Esta tercera clase es tierra buena, con hondura,
pero con muchas zarzas y espinas. Son las
personas que tienen valores positivos y fe, que
podrían dar mucho fruto espiritual, pero tienen
demasiadas “preocupaciones de la vida”.
Alguno puede decir: Si
yo fuese Dios, no
mandaría la semilla
donde sabe que se va a
perder. Pero es que
Dios es bueno de
verdad: sigue
sembrando porque toda
clase de tierra puede
cambiar. Esto es lo que
nos quiere decir hoy la
Iglesia para que
aspiremos siempre a
ser la cuarta tierra: la
buena.
4- Parecería que la
parábola fuese
pesimista; pero la
cuarta clase de
tierra contrarresta
a las otras y llena
al corazón de
Jesús. Y lo llenará
más, si nosotros
nos esforzamos
para pertenecer a
esta clase.
Son aquellos que
oyen la palabra,
procuran
entenderla y la
acogen con amor
en su corazón.
No sólo la acogen
con humildad y
con deseos de
progreso en el
bien, sino que
perseveran y
piden gracia para
perseverar.
Entre los de
tierra buena
hay muchas
diferencias:
unos
producirán
el 30, otros
el 60 y otros
el 100.
Pero siempre ha habido, y continúa habiendo,
muchos santos que aceptan plenamente la
palabra y la ponen en práctica.
Dios sigue sembrando, porque estamos destinados a
grandes cosas. Hoy en la 2ª lectura san Pablo nos habla
de que toda la creación está destinada a dar gloria a Dios;
pero será a través de nosotros, al mismo tiempo que es
nuestra felicidad. Para ello debemos escuchar la palabra
de Dios, acogerla y ponerla en práctica. Dice así la carta a
los romanos (8,18-23).
Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no
pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Porque la creación, expectante, está aguardando la plena
manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la
frustración, no por su voluntad, sino por uno que la
sometió; pero fue con la esperanza de que la creación
misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción,
para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está
gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso;
también nosotros, que poseemos las primicias del
Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la
hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro
cuerpo. Romanos 8,18-23.
Y recordemos
que no sólo
somos tierra,
sino que
también
debemos ser
sembradores.
Debemos ser como los brazos del
Sembrador, para esparcir la semilla de la
palabra de Dios en los ambientes donde
vivamos.
Terminamos pidiendo al
Señor que nuestro corazón
no sea duro como el camino
ni como la tierra pedregosa,
ni como la tierra llena de
espinas, sino que sea tierra
abierta a la palabra de Dios,
donde Dios pueda fructificar
y que por medio de
nosotros otros conozcan la
palabra de Dios y le amen y
así puedan ser felices.
una parte cayó
en la tierra (la
tierra buena)
Automático
una parte
cayó en la
tierra, (la tierra
buena)
y dio fruto a
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El que tenga oídos y quiera oír,
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donde
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XV Domingo ordinario ciclo a

  • 2. Cuando vamos a misa, especialmente los domingos, vamos principalmente a alabar y bendecir al Señor; pero también a escuchar su palabra. El tema de hoy es precisamente cómo debemos prepararnos a escuchar la palabra de Dios. Escuchemos con atención la palabra y los mensajes de Dios a través de la Iglesia.
  • 5. escuchemos la palabra del Señor.
  • 6.
  • 7.
  • 8. Escuchemos la palabra del Señor.
  • 10. La palabra de Dios es algo tan importante que Dios, al hacerse hombre, lo quiso expresar bajo este símbolo de la “Palabra de Dios”. Así lo expresa especialmente el evangelista san Juan. “Palabra de Dios” porque, sin que Dios se disminuya, sale de Dios para que nosotros la acojamos.
  • 11. La palabra de Dios, expresada para nosotros, está escrita en las Sagradas Escrituras. Pero también está viva en la vida de los santos. Los profetas la expresaban con viveza, hasta llegar a decir el autor de la “carta a los hebreos” que la palabra de Dios es como una espada afilada y penetrante (4,12).
  • 12. Hoy en la primera lectura nos dice el profeta Isaías que la palabra de Dios es como la lluvia que cae sobre la tierra. Y cae sobre todos, buenos y malos.
  • 13. Así dice el Señor: “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.” (Isaías 55,10-11)
  • 15.
  • 18. Y alguno quizá se pregunte: Si la palabra de Dios es eficaz y cae como la lluvia, sobre todos, ¿por qué no fructifica mucho más? Y aquí es donde entra el evangelio de este día, que es la parábola del sembrador.
  • 19. Dios nos ha dado el don inmensurable de la libertad. Y Dios respeta la libertad del ser humano. Cada uno se prepara de modo muy diferente para recibir la palabra de Dios. Hoy debemos llevarnos la mano al corazón y ver porqué la palabra de Dios fructifica poco en nosotros.
  • 20. Comienza el evangelio de una forma muy solemne al comienzo del cap. 13 del evangelio de san Mateo: “Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas”:
  • 21. ¿Por qué lo hizo? Entre la exposición y la explicación hay una pregunta de los discípulos y una respuesta por parte de Jesús, respuesta que se hace algo difícil de entender. Esta es la parte mediana del evangelio: Parece que Jesús tenía otra manera de predicar y en un cierto momento se decidió a predicar usando las parábolas.
  • 22. Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les contestó: "A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
  • 23. Eso es en parte cierto para nosotros porque ya conocemos el sentido de la parábola. Pero hay otra explicación más conforme con lo que aparece en algunas parábolas: porque no le aceptan algunos orgullosos “maestros de la ley”. Muchas veces se ha dicho que las parábolas son como ejemplos que Jesús pone para que lo entienda la gente sencilla.
  • 24. Y por otra parte la gente sencilla buscaban más cosas materiales, como cuando les dio de comer. Entonces Jesús hablaba de forma sencilla, pero un poco enigmática para que quien quisiera más, lo preguntase. Jesús tenía una experiencia algo amarga de sus predicaciones, ya que la mayoría de los fariseos las recibían en contra.
  • 25. Así resultaba que los orgullosos fariseos, como no querían hacer preguntas sanas para no quedar mal, se quedaban “sin ver ni oír ni conocer” la verdadera palabra de Dios. Pero los apóstoles sí preguntaban y a ellos y a otras personas sencillas Jesús se lo explicaba con claridad. Esto sucede en esta parábola del sembrador.
  • 26. La parábola nos habla de un sembrador que, al sembrar a voleo según era el estilo antiguo, su semilla cae en terrenos diversos.
  • 27. “Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.”
  • 28. Esta última frase es como decir: El que tenga interés que pregunte. Los apóstoles preguntaron y Jesús les explicó estas cuatro clases de tierra referidas a la captación diversa que se da en la gente sobre la palabra de Dios según cómo se hayan preparado.
  • 29. El sembrador es Dios que usa muchos medios. Además de las buenas inspiraciones, que se dan, suele venir por medio de la Iglesia y otros mensajeros de Dios. A veces es directamente; pero también puede ser por medio de la radio, televisión, prensa, internet, etc.
  • 30. De las cuatro clases de tierra que Jesús explica aplicados a nuestra captación de la palabra de Dios, va a resultar que tres son malas porque no van a producir y sólo la cuarta es la buena. Y uno se pregunta: ¿De quién es la culpa? Pues no es del sembrador ni de la semilla. La culpa será, como iremos viendo, de quien recibe mal la semilla.
  • 31. Ni es culpa del sembrador ni es culpa de la semilla. Automático
  • 32. La culpa estaba en el hombre y en cómo la recibía.
  • 33. Ni es culpa del sembrador ni es culpa de la semilla.
  • 34. La culpa estaba en el hombre y en cómo la recibía. Hacer CLICK
  • 35. Hay gente dura como el camino. Hay personas que, quizá por desconfianza o fracasos, ya no se abren a nada: están endurecidos por el dolor y los años. Dice Jesús: “Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.”
  • 36. Hay gentes que están tan amargadas que la alegría de Dios les resbala. No es que sea inútil la palabra de Dios, pues el terreno puede cambiar, pero es difícil, pues al no profundizar, el enemigo, que es el diablo, se lleva lo poco bueno que haya.
  • 37. Dice Jesús que los pájaros se llevan la semilla. Los pájaros suelen ser falsos profetas o ideologías modernas engañosas, que con facilidad admiten. Y luego se cierran para las cosas de Dios.
  • 38. 2- Hay otros que son como el terreno pedregoso. De esto sí que tenemos bastante en nuestras comunidades cristianas. Hay muchos que tienen sólo una engañosa capa de tierra. Hay personas que te dicen: Yo voy a hacer esto o lo otro, voy a cambiar, voy a cumplir. Pero nada, a la vuelta de la esquina ya no se acuerdan.
  • 39. Es la tierra que con las primeras lluvias produce hasta bonitos tallos, pero cuando arrecia el sol, se queman porque no tienen raíces suficientes. Es una casa sin fundamento. Quizá hasta hacen algún retiro cristiano y reciben el sacramento de la confirmación; pero no son perseverantes, no tienen profundidad.
  • 40. Los de esta segunda clase de tierra no son personas de principios recios cristianos. Por eso vemos tantos matrimonios que no perduran o vocaciones que ya no se tienen por verdaderas después de cierto tiempo. Son entusiasmos efímeros, faltos de consistencia en sus propósitos.
  • 41. 3- Hay otros que parece y son buena tierra. Pero ¡tienen tantas espinas! Son aquellos que están llenos de negocios materiales, preocupaciones terrenales, ilusiones, riquezas. Como le pasó a aquel joven rico que fue donde Jesús. Era buena tierra, cumplidor de los mandamientos; pero las riquezas le ahogaban para entregarse a la obra del Señor.
  • 42. Esta tercera clase es tierra buena, con hondura, pero con muchas zarzas y espinas. Son las personas que tienen valores positivos y fe, que podrían dar mucho fruto espiritual, pero tienen demasiadas “preocupaciones de la vida”.
  • 43. Alguno puede decir: Si yo fuese Dios, no mandaría la semilla donde sabe que se va a perder. Pero es que Dios es bueno de verdad: sigue sembrando porque toda clase de tierra puede cambiar. Esto es lo que nos quiere decir hoy la Iglesia para que aspiremos siempre a ser la cuarta tierra: la buena.
  • 44. 4- Parecería que la parábola fuese pesimista; pero la cuarta clase de tierra contrarresta a las otras y llena al corazón de Jesús. Y lo llenará más, si nosotros nos esforzamos para pertenecer a esta clase.
  • 45. Son aquellos que oyen la palabra, procuran entenderla y la acogen con amor en su corazón. No sólo la acogen con humildad y con deseos de progreso en el bien, sino que perseveran y piden gracia para perseverar.
  • 46. Entre los de tierra buena hay muchas diferencias: unos producirán el 30, otros el 60 y otros el 100. Pero siempre ha habido, y continúa habiendo, muchos santos que aceptan plenamente la palabra y la ponen en práctica.
  • 47. Dios sigue sembrando, porque estamos destinados a grandes cosas. Hoy en la 2ª lectura san Pablo nos habla de que toda la creación está destinada a dar gloria a Dios; pero será a través de nosotros, al mismo tiempo que es nuestra felicidad. Para ello debemos escuchar la palabra de Dios, acogerla y ponerla en práctica. Dice así la carta a los romanos (8,18-23).
  • 48. Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Romanos 8,18-23.
  • 49. Y recordemos que no sólo somos tierra, sino que también debemos ser sembradores. Debemos ser como los brazos del Sembrador, para esparcir la semilla de la palabra de Dios en los ambientes donde vivamos.
  • 50. Terminamos pidiendo al Señor que nuestro corazón no sea duro como el camino ni como la tierra pedregosa, ni como la tierra llena de espinas, sino que sea tierra abierta a la palabra de Dios, donde Dios pueda fructificar y que por medio de nosotros otros conozcan la palabra de Dios y le amen y así puedan ser felices.
  • 51. una parte cayó en la tierra (la tierra buena) Automático
  • 52. una parte cayó en la tierra, (la tierra buena)
  • 53. y dio fruto a sesenta y otros cuarenta,
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  • 55. El que tenga oídos y quiera oír,
  • 56.
  • 57.
  • 58.
  • 60.
  • 62. AMÉN