LA ASTUCIA DEL BURRO
La abuela María Luisa de 73 años estaba débil y delgada con ojos negros, ausentes e
inexpresivos.Habí...
entiendo cómo mi padre puede odiar tanto su entorno; el campo, las cuadras de caballos… A mí
me parece algo mágico.
Parece...
Me acerco a la mesa. Los ánimos no parecen muy caldeados… Quién diría que se trata de una
boda y no de un funeral, las exp...
abrir su mente y no seguir en sus trece. Viendo que así no conseguirá nada, decide aceptar.
Todo sea por el bien de su hij...
me quita los ojos de encima; esos ojos grandes, de un color verdoso que me hacen
sentirme nerviosa. ¿Nerviosa yo? No puede...
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respondo sin creerme las estupideces que me está diciendo.- Yo creo que
estás celoso de que haya quedado con él para sa...
Noto un fuerte dolor en el pecho y todo se desvanece a mí alrededor. Me parece
escuchar los gritos de la patrulla al entra...
Me mostró una sonrisa de ternura, en efecto, aquel momento entraría pensando que era
tonto. Pero ella era impresionante, t...
Peter Dingo no se encontraba bien para justificar, estaba con resaca, se pasó toda la noche
bebiendo en el bar. No tenía o...
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Las 4 narraciones

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Las 4 narraciones

  1. 1. LA ASTUCIA DEL BURRO La abuela María Luisa de 73 años estaba débil y delgada con ojos negros, ausentes e inexpresivos.Había enfermado de anginas y, además, tenía Alzheimer. Vivía en una casa aislada con su nieta Laura, ellas solas, porque sus padres habían fallecido en un incendio. Laura, de 15 años, era alta, rubia, con ojos azulados y vivos, tez blanquecina y de carácter afable, alegre, inteligente y generoso. Eran las ocho de la tarde y la abuela ya estaba cenada y resguardada en la cama. Le había subido la fiebre y la adolescente, muy preocupada, se sentó a su lado haciéndole compañía. Fuera, hacía un frío espantoso, pero la abuela sudaba continuamente. No tenía ganas de nada, solo de oír algún cuento de Laura mientras el analgésico le hacía efecto. A la entrada del invierno, cuando las tardes empiezan a ser cortas y los anocheceres largos, siempre le contaba la misma historia, que María Luisa lo olvidaba, pero le escuchaba atentamente sin perder un solo detalle. La historia trataba de un burro, gris oscuro y con dientes amarillentos, que estaba plácidamente comiendo unas hojas del arbusto, el único recurso alimenticio de aquel momento porque había caído una gran nevada. Entonces, se percató de que venía un zorro, marrón claro y con una nariz fina y larga, corriendo hacia él con el único propósito de comerle. Cuando lo tuvo cerca, empezó a hacerse el cojo. El zorro, que le encantaba enterarse de todo, se dirigió al burro y le preguntó: -¿Qué te pasa en la pata trasera que la llevas arrastrando? El burro continuó con su estrategia y le explicó que mientras pasaba junto a un seto, se le había clavado una gran espina que se encontraba en el suelo. El borrico tras lamentarse de su mala suerte le dijo al lobo que antes de que lo coma era preferible que le arrancara la espina no fuese que, cuando empezara a tragarlo, se le clavase en la garganta. Totalmente confiado en la bondad del burro, el zorro se dispuso a quitarle la espina cuando, sin esperarlo, recibió una fuerte coz que le dejo aturdido en el suelo. El burro aprovecho para huir y en ese momento el zorro llegó a la conclusión de que se había quedado sin comida y con un buen golpe. La abuela se quedó pensativa hasta que cinco minutos después se durmió. COMIDA FAMILIAR Todo empieza a escasas dos semanas del esperado banquete en el restaurante Banke de París. Allí las dos familias deben concretar los platos que se servirán el día del enlace. Parece ser un día perfecto; un espléndido sol de primavera, el cielo despejado y dos novios muy enamorados. ¿Qué podría arruinar este momento aparentemente de ensueño? -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Ha llegado el temido día. No sé muy bien cómo reaccionará mi padre, estoy como un flan. Miro a mi alrededor, qué bonito es París en primavera; bueno, realmente, siempre lo es. A pesar de todo, me muero de ganas de que llegue el momento de volver a ver a Pier, es perfecto. No
  2. 2. entiendo cómo mi padre puede odiar tanto su entorno; el campo, las cuadras de caballos… A mí me parece algo mágico. Parece que llegamos al famoso restaurante Banke. Allí están. Empiezan las presentaciones, mis nervios aumentan. Mi padre no parece muy entusiasmado en saludar a mi futuro marido y su familia y mi madre… Mi madre se ha quedado horrorizada con sus ropas. Siempre igual. ¿Cuántas veces les tendré que repetir que la apariencia no lo es todo? Es inútil, inútil como predicar en el desierto. Empecemos con la degustación, hoy no quiero discusiones. Todo tiene que ser perfecto. Sacan el espléndido menú lleno de marisco, ostras y champagne francés. Los padres de Pier no parecen muy contentos, “me parece algo excesivo” sugiere Antoine. En lo que respecta a Marie, tras conocer el coste que supondría, no quiere ni comentarlo. Esto último enfada todavía más a mis padres. Yo, encontrándome en medio de tal situación, aunque un poco confundida, intento sembrar paz. -Mi hija no merece menos! –protesta mi padre. -Se te olvida que no es la boda de ninguna princesa, y no estamos dispuestos a derrochar tanto en un simple día. –contratacan mis suegros. -Ves hija, te lo dije. No tendrías que haberte juntado con gente de esta calaña!Leschamps, pero ¿¡¡ qué apellido es ese?!!! Pobres nietos míos…Recapacita tu decisión, por lo que más quieras. -BASTA YA!!!!- acabo perdiendo los papeles. Es mi día y me lo están arruinando, ¿es que no se dan cuenta?- Se comerá lo que Pier y yo hemos decidido que es este menú, y no hay más que hablar. Si no queréis venir a la boda, no estáis obligados a ello.- De repente, un silencio inunda el comedor. -Tienes razón. Tal vez hayamos sido algo egoístas, lo sentimos cariño. Si esto es lo que quieres, me rindo. Acepto tu decisión. Perdón por los descalificativos señores Leschamps, en lo que concierne a mi hija, pierdo los nervios con frecuencia. -Disculpas aceptadas, todos estamos muy nerviosos. Nosotros pagaremos lo que haga falta para cumplir los deseos de nuestro hijo. Perdón a todos por nuestros impedimentos. Miro a Pier, está sonriendo. Ah, POR FIN. Empecemos a disfrutar de verdad de la comida. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Último turno del día. Por fin. Pensaba que nunca llegaría la hora de irme a casa. Con un poco de suerte este acabará rápido. “LISTA LA COMANDA DE LA MESA 3!!” oigo decir al chef. Mmmm, qué bien huele. El menú de marisco y ostras; una buena elección, sin duda.
  3. 3. Me acerco a la mesa. Los ánimos no parecen muy caldeados… Quién diría que se trata de una boda y no de un funeral, las expresiones de sus caras lo dicen todo. Pobre pareja, están entre la espada y la pared; pero, pensándolo bien, a mí no me pagan por arreglar conflictos familiares, sino por servir, así que no voy a meterme donde no me llaman. Escucho inmóvil al lado de la mesa cómo unos y otros se atacan. Esto se pone interesante. “BASTA YA!!” explota la joven rubia y futura esposa. Yo, en su situación, hubiese salido corriendo, aquello era insoportable. Todos se callan repentinamente. Parece mentira… Cada día en este trabajo es un mundo nuevo. Nunca sabes qué te deparará el próximo turno. Se han calmado. ¡Ya era hora! Esperemos que así sigan el resto de la degustación, mi cabeza no da para mucho ya. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------“Restaurante Banke” le habían hablado bien de ese restaurante. No es todo lo lujoso que le gustaría, pero tenía que conformarse. “Mondieu!” exclama sobresaltado. “Ahí está esa panda de pueblerinos. No hay más que fijarse, ¿qué clase de vestimenta es esa?” Sigue aferrado a que una Lacoste se merece algo mejor que un simple mozo de cuadras. De todos modos, conserva la esperanza de que, al menos, el viaje hasta aquí haya merecido la pena. Sirven el menú compuesto por marisco y ostras, todo regado con un buen champagne francés. Contempla estupefacto el plato “¿Esto es todo?” Se asombra. Parece que sí. Para su sorpresa, sus futuros consuegros se quejan por el aparente “gasto excesivo” que supone este banquete. Explota. No puede consentir algo peor para su hijita e inmediatamente sale en su defensa. A mitad de la discusión, toda la mesa enmudece tras oír el grito de ira de Charlotte. Él, se estremece. Nunca la había visto así. Le hace ver que tal vez haya sido demasiado estricto, y que ya va siendo hora de que asuma la elección de su hija. ¿Qué podía hacer sino? Era su ojito derecho, no quería perderla por nada del mundo y, por eso, decide disculparse con la familia Leschamps. Después de un tenso silencio, todo vuelve a estar en calma y Charlotte sigue organizando su banquete de bodas; esta vez, en paz y armonía Vaya, parece que los señoritos de ciudad llegan tarde. Lo que hay que ver… Tanto presumir de protocolo para eso. De repente un negro Roll-Royce aparece por la avenida. Se afloja un momento la corbata, el momento se acerca. Tras varias tensas presentaciones, y una vez en la mesa, empiezan con la comida. Todo aquello le parece flipante. Ostras, marisco y champagne francés. “¿A quién se le ocurre desperdiciar este dineral en unas pocas horas? Bah, ricachones. Nunca los entenderé. Si piensan que voy a pagar este pastizal por una simple comida, van listos” dice regañadientes. Empiezan todos a discutir, hasta que, de pronto, un grito de ira de su nuera los calla. La chica tiene razón. Debe
  4. 4. abrir su mente y no seguir en sus trece. Viendo que así no conseguirá nada, decide aceptar. Todo sea por el bien de su hijo. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- ASESINATO JUNTO AL HUDSON Aquella mañana de hace tres años, me había levantado con una gran resaca, una de esas que te tienes que tomar dos ibuprofenos seguidos para que te hagan efecto; no me esperaba una noticia como aquella, en absoluto. Llegué tarde a comisaria porque paré en la farmacia de guardia a comprar aspirinas. Entré en estado de “shock” al enterarme. No me lo podía creer. Solo de pensar en que no volvería a verla me producía un nudo en el estómago. A veces sueño con aquel día, si no nos hubiéramos separado en aquella discoteca, Sheyla seguiría conmigo. Basta, no puedo sentirme culpable por aquello, lo que pasó, pasó y no hay vuelta atrás. En mi oficio a diario tengo noticias de ese tipo: asesinato en su domicilio, cuerpo descuartizado en un contenedor… Así es la vida. - ¿Carly? ¿Carly, me escuchas? – he escuchado una voz que proviene de mi móvil. Sin darme cuenta estaba recordando de nuevo. Inconscientemente he cogido la llamada de Josh, no he escuchado lo que me estaba diciendo. - Sí, sí, perdona; ¿Qué me decías? Debes venir a comisaria ahora mismo, tenemos una noticia que te interesará. Josh es mi compañero, llevamos juntos 7 años. Siempre había sido mi persona de confianza; vivimos un corto romance juntos, pero no funcionó, trabajamos mejor como amigos. Él sigue igual; alto y corpulento, con sus ojos marrones y pelo castaño, de voz agradable, normalmente, pero esta vez no. Su voz suena diferente, como si algo le preocupara. - Está bien, me preparo y voy. No tardes, te estamos esperando. ¿Estamos? ¿Cómo que estamos? Bueno no importa, debo darme prisa y vestirme. ¿Dónde habré dejado mis pantalones? Realmente sigo siendo un desastre… No dejo de darle vueltas a la voz de Josh, estoy ansiosa por saber lo que pasa. Por fin encuentro mis pantalones, cojo las llaves del coche y bajo al garaje, andando, no tengo tiempo de esperar al ascensor. Apenas tardo 10 minutos en llegar a comisaria y aparcar. Como siempre, tengo mi propio lugar de aparcamiento reservado; es lo que tiene ser inspectora jefa. Entro en la oficina y no puedo evitar fijarme: Josh está con alguien más, un desconocido. Está de espaldas pero me parece muy atractivo, espalda ancha, musculosos y con el culo bien puesto. Noto que me late el corazón. Carly no pases de nuevo por esto, no lo hagas. El hombre se gira y me mira. Mi corazón acelera. Camino despacio hacia ellos, él no
  5. 5. me quita los ojos de encima; esos ojos grandes, de un color verdoso que me hacen sentirme nerviosa. ¿Nerviosa yo? No puede ser. Se me acerca él. - Buenas tardes, mi nombre es Michael, soy agente del FBI.- Se presenta y me extiende la mano. No reacciono, no sé qué decir, me quedo parada unos segundos. Le doy mi mano. El corazón me late aún más rápido que antes. Tienes las manos muy suaves, y una voz muy agradable, me recuerda a Josh, y a lo extraña que me ha sonado antes la suya. - Yo soy Carly, ¿a qué debemos este placer?- me dirijo a él mientas le mando una mirada desconcertante a mi compañero. Ha venido para cooperar con nosotros en el nuevo caso.- me responde Josh. ¿Qué nuevo caso? ¿Por qué no he sido avisada antes? No queríamos decírtelo por teléfono. Verás, hemos encontrado el cadáver de una joven bajo el puente del Hudson. El patrón coincide con el asesinato de Sheyla.- me comunica el nuevo.- Nos gustaría investigarlo con ustedes. No me lo puedo creer. De nuevo recuerdo aquel día. La imagen de Sheyla tirada en aquella esquina aparece ante mí. Vuelve el dolor de estómago de hace tres años. El rencor hacia el no arrestado asesino hace que una lágrima baje por mi rostro. Josh me entrega el nuevo expediente y les ordeno que me lleven al lugar del crimen. Por el camino leo las fichas. Los recuerdos vuelven a mi cabeza, rompo a llorar. Para mi sorpresa Michael me abraza y me consuela. La verdad que el chico me ha caído bien, hemos conversado de camino al coche. Tiene 26 años y me ha invitado a tomar una copa tras resolver el caso. Yo he aceptado amablemente, la idea de ir con mi nuevo compañero policial con aspecto de modelo, me agrada mucho. Siendo sincera, estoy ansiosa. Llegamos al lugar de los hechos y para nuestra sorpresa, nos dicen que ya tienen al culpable. Un señor de unos 50 años ha aparecido muerto con la ropa llena de sangre de la víctima a unas manzanas del puente. Al parecer se ha suicidado tras cometer el crimen. Michael me dedica una sonrisa. Se alegra de haber resuelto el crimen tan pronto y poder invitarme a algo esta noche. Yo no estoy segura de ello, algo en mi interior me dice que no ha sido ese señor. Recuerdo unas palabras de hace tres años “Hemos encontrado huellas parciales en el cuello y rostro de la víctima, pero no coinciden con nadie de la base de datos.”. Se me acaba de ocurrir una gran idea. - Perdone señor, ¿puede hacerme un favor? Compare las huellas del culpable con las que se recogieron hace tres años. Sí claro, ahora mismo las llevo a laboratorio inspectora. Gracias. Dígales que me llamen cuando terminen. Josh me agarra de un brazo y me aleja de la gente. Estoy algo exhausta la verdad. - - Tenemos que hablar. Algo me huele mal de ese tipo. Ha venido solo, sin ayudantes. No se ha ofrecido a prestarnos su placa para identificarse, como suele ser lo habitual. No creo que sea buena idea que salgas esta noche con él. Al menos hasta que llame al FBI para confirmar que lo mandan ellos. ¿Estás de acuerdo? Vamos Josh, no digas tonterías. Yo si le creo. No puedes desconfiar de un inspector del FBI solo porque se haya olvidado de entregarte su placa.- le
  6. 6. - respondo sin creerme las estupideces que me está diciendo.- Yo creo que estás celoso de que haya quedado con él para salir.- Josh abre los ojos al escucharme. No seas tonta Carly y hazme caso, por favor. No quiero que te pase nada. Aparte, le has conocido hace apenas cuatro horas, ¿crees que puedes confiar en él?- me dice intentando que cambie de opinión. Sin embargo no lo consigue. Me alejo y voy a donde Michael. Él me está esperando para irnos. Cojo mi chaqueta y nos alejamos en su jeep. Para delante de su hotel y bajamos del coche. El chico parece que no se anda con rodeos y subimos a su habitación. Durante el trayecto no ha dejado de hacerme preguntas sobre lo que me gustaba y no me gustaba, también me ha piropeado. Sobre él, por lo que me ha contado, se hizo policía porque asesinaron a sus padres y quería la venganza. Me cae muy bien, creo que me gusta. Aunque solo nos conozcamos de unas horas… Su habitación no es una suite pero está muy bien. Me sirve una copa de vino y salimos al balcón. Tiene muy buenas vistas, a lo lejos precisamos el río Hudson. Charlamos un buen rato. Me siento muy a gusto con él. Nos miramos a los ojos, esa mirada, me tiene enloquecida. Se acerca cada vez más y me besa. Al principio es un beso corto y suave, pero luego viene otro, y después otro. El chico besa muy bien. Lástima, me suena el teléfono. Me disculpo un momento diciendo que debo ir al servicio. Es Josh. Le cojo. Me dice que las huellas no coinciden, pero que si lo hacen con las de Michael. Al parecer un vaso de agua sirve más que para beber. En ese momento toca la puerta. - Carly, ¿estás bien? Sí, ahora mismo salgo. Josh ha escuchado la conversación, me pregunta donde estoy y me indica que salga lo antes posible de aquí; que ha mandado una patrulla a por mí. Le digo que intentaré escaparme y le mando un beso. Está bien Carly, piensa. Debes encontrar la manera de escaquearte o distraerle mientras que sacas el arma del bolso. Creo que lo he dejado en el sofá. - Michael, parece que me acaba de bajar la regla, así que dudo que podamos hacer nada esta noche, ya lo siento. Bueno, tú sal lo antes posible, tengo una sorpresa que darte.- me responde y se aleja. ¿No se te podía haber ocurrido nada mejor verdad Carly? Que estúpida que eres. Tiro de la cisterna y salgo sin crear sospechas. No lo veo y me acerco al sofá con intención de coger mi pistola. Noto que alguien me agarra del brazo. Michael tira de mí y me besa. Yo me aparto de él. Observo que tiene un cuchillo en la mano. De pronto me doy cuenta, las dos víctimas han muerto apuñaladas. Siento miedo. Creo que nunca antes había pasado por un momento así. Deseo que los refuerzos lleguen ya. Me acuerdo de todos mis amigos y mi familia, concretamente pienso en Sheyla y en Josh. Creo que sigo sintiendo algo por él. Michael me mira y sonríe. - Me gustaría haber podido hacer algo más contigo, preciosa, pero no es posible. Tu querido compañero ya te ha puesto al día. De acuerdo, lo confieso todo. Yo soy el verdadero asesino.- lo dice y veo como empuña su cuchillo.
  7. 7. Noto un fuerte dolor en el pecho y todo se desvanece a mí alrededor. Me parece escuchar los gritos de la patrulla al entrar en la habitación. Todo se vuelve negro. Solo frena, pequeño Bull Jackson Ruffnord es un artista contemporáneo Neoyorquino de estatura media, con cierto atractivo y una imaginación sublime. Le habían invitado a una exposición en Phoenix, y la única manera de llegar era en tren. Llevaba con él su mejor obra, considerada tan famosa como “La Mona Lisa” en cuanto a fama y tamaño, pues la mayoría de sus obras eran pequeñas por comodidad. La estación de New York estaba abarrotada de personas, no había ni un segundo de calma; personas gritando por teléfono, grupos turísticos, hombres trajeados, empresarias hablando teléfono… El tren, a simple vista tenía un toque agradable, una fusión entre lo clásico y lo futurista. Era un Br405 de 1870 restaurado por un ingeniero prematuro con un talento en evolución. Nada más entrar notó el ambiente sereno, una gran concentración de gente con cierta fama. Entre ellos destacaban la gran empresaria Mery Clark que ha creado su propio imperio modistico; WoodMall; Sandy Makisa, célebre bailarina de danza interpretativa que arrasó en Bollywood y tiene intenciones de hacer lo mismo en la versión americana; por último, tenemos a Peter Dingo, actor e hijo de Charles Dingo jefe del canal infantil patentado con su apellido. Todos estaban en sus respectivas habitaciones cuando el tren empezó a moverse, se balanceaba de un lado a otro hasta que paró en seco. Los primero en llegar a la sala de controles fueron los guardas y algún que otro pasajero. Al abrir la puerta no encontraron al maquinista, la sala estaba vacía no había rastro de él. Gracias al sistema “hombre muerto” el tren había conseguido parar y no había ningún herido grave, aun así toda esa situación era un tanto enigmática. Contemplaba las pocas vistas que la ventana de aquel vagón le ofrecía. Elegir BullinghamSpress, cómo se me ocurría, pensaba que el sufijo Bull le daba un toque potente, ojalá, potencia era una de las muchas cosas que a ese tren le faltaba. Era de noche y también un viaje largo, así que me acomodé en mi “cama” del vagón-habitación. Un estruendo me alteró el sueño, alguien estaba intentando forzar la puerta pero no le pude prestar mucha atención y es que me entró una colosal oleada de sueño. A la mañana, me despertó un murmullo en el comedor principal, algo habría pasado. Me vestí lo más rápido que pude y fui a ojear. Me extrañó que hubiera tanta gente en el vagón de controles, da la casualidad de que me alojo justo a la par. No pude observar gran cosa pero sí vi a Mery Clark comentando lo sucedido con la prensa local, un poco de publicidad gratis no le vendría mal. -Impresionante, ¿verdad? -¿Perdón?- pregunté sorprendido. -Que es impresionante cómo puede aprovecharse de esta situación para aparecer delante de la cámara- entonces la reconocí, era Sandy Makisa. -Sí, tienes razón, pero ¿qué ha pasa? - Me parece que tenemos una marmota por aquí, ¿no has escuchado nada sobre la desaparición del conductor? -¿Desaparición? ¿Conductor?- En aquel momento tenía los ojos realmente desorbitados.
  8. 8. Me mostró una sonrisa de ternura, en efecto, aquel momento entraría pensando que era tonto. Pero ella era impresionante, tenía el cabello tan oscuro como el carbón y la piel como el café recién tostado. Sus rasgos eran un poco occidentales y a la vez orientales, me perece haber leído que su madre era noruega y su padre indio. Tenía una mirada penetrante y seductora a le vez, no estaba acostumbrado a estar cerca de chicas como ella. -Señor Ruffnord, proceda, por favor, no nos incumben sus relaciones sentimentales. -Sí, su señoría. Como decía, estaba con Sandy y fue ella quien encontró un dardo en mi nuca, se lo entregamos inmediatamente a la policía. Tenía la ligera sensación de que yo estaba involucrado en este caso; sueño profundo, dardo, desaparición… Solo dudaba dos cosas; quién y por qué. Alguien tocaba mi puerta, era Peter Dingo, otra vez. No soportaba a ese “crío” y lo llamaba así porque se comportaba como tal, un inmaduro hijo de papá. Le ordene que se fuera, estaba realmente estresada. Al de un rato abrí la puerta para ver si seguía allí y por suerte, no lo estaba. Entonces apareció Mery Clark, iba con un atuendo negro y se tapaba la cara, pero la muy ignorante no se quitó las joyas Swarovski. Y como mujer que soy, recordaba perfectamente ese colgante y los pendientes a juego de Zafiro, no era difícil reconocer que era ella. No estaba juzgándola por ir de negro, la señora iba con una escopeta en la mano en plena noche, lógicamente, me escondí. A la mañana siguiente escuché lo del conductor, pero por no precipitarme, no puse ninguna denuncia por el momento. Lo curioso es que encontré a Jackson aturdido en la entrada de su cuarto, no parecía haberse enterado de lo que había sucedido. -Quiere decir, señorita, ¿que Jackson Ruffnord es inocente?- dijo el abogado de Jackson. -Sí. -Tengo para añadir, su señoría, que el acusado fue disparado por un dardo hipnotizante, este en cuestión- le mostró el artilugio. -Llamo al estrado a Mery Clark- dijo el defensor. Mery Clark estaba firme y serena, llevaba el mono un naranja con el número que le correspondía. Empezó a recordar, estaba en su despacho controlando la situación. Tenía cámaras de cada instalación de WoodMall. El gobierno no le permitiría tenerlas, estaban en contra de la ley, es más la violaba. Estaba enferma por dentro, pasaban las semanas, pero seguía recordando a su prometido, sentado, como siempre, junto al minibar de su despacho Él pensaba ir a Phoenix con su amante, y ella planeaba impedírselo. Lo tenía todo previsto, pero no sabía a quién culpar. Entonces vio un cuadro, un cuadro minúsculo colgado en la pared. Lo tomó como una seña del propio diablo. El primer paso fue fácil, el dardo cumplió con su deber nada más entrar en la piel del artista. Lo dirigió al vagón donde se encontraba Peter Dingo, su ex-prometido. Era simple, anestesiarlo y quitarle la vida. Con tirarlo por un precipicio sería suficiente. Para su asombro, Peter no estaba allí, le entró un gran ataque de ansiedad al instante. La venganza que había planeado durante semanas se fue al garete. Entonces, le pareció que lo esencial sería que no llegara a Phoenix. Su nuevo plan consistía en destrozar aquel tren, y la forma más fácil era matando al conductor. No le fue difícil acceder, el, el maquinista era confiado y no cerraba la puerta con cerrojo. Puede decirse que se confió demasiado.
  9. 9. Peter Dingo no se encontraba bien para justificar, estaba con resaca, se pasó toda la noche bebiendo en el bar. No tenía otra cosa que hacer ya que Sandy no le hacía caso. Dejó a Mery por temor, estaba loca. Tanto trabajo y tan poca vida social la había desorbitado. En el fondo, solo quería su dinero, pero se dio cuenta de que le costaría la vida. Le dijo que la dejaba por su amante Sandy Makisa, pero en realidad solo se habían visto un par de veces. Desde entonces la seguía a todas partes intentando seducirla, le parecía extraño, pues él era rico y atractivo. No sabía que defectos le veía. Sin humor para dormir, se fue al bar. Le pidió a la barwoman que le sirviera el vaso y, así transcurrió el resto de su noche. A la mañana le contaron algo sobre una desaparición, no hizo mucho caso y se fue a dormir. Esa misma tarde se celebró un juicio urgente, tenían miedo de que Mery Clark abandonara el país. Epílogo Según el veredicto del juez, Mery Clark debía cumplir una condena de 30 años de cárcel y pagar la suma de 3.000.000$ a la familia del afectado. Peter Dingo fue alistado en la armada por su padre, al parecer, se dio cuenta de que necesitaba un poco de disciplina. Jackson Ruffnord quedó fuera de cargos, fue declarado inocente al cometer delito bajo un hipnotizante. Sandy Makisa y él empezaron una bonita amistad que, quién sabe a dónde llegará a parar.

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